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Creer y crear

Emilio del Barco

Creyendo, no se crea. Hay que crear, primero, para creer después. Las creencias
asumidas, adormecen la mente. Hay que investigar, dudar, buscar tras la pantalla
de la creencia, para ver su apoyo, su base, su justificación. Sacando a la luz lo
desconocido, para crear evidencia de lo conocido. La mente humana es la mayor
creadora. Tanto de realidades como de fantasías. Depende del camino que
escojamos.

Todas las técnicas de engaño están basadas en creencias previas. Hacer creer, es
una forma de obnubilar la mente, apropiándosela. Una mente que basa su actividad
en la creencia, prescinde de la realidad. La creencia se transforma en algo más
esencial que la existencia de la realidad misma. Quien sólo ve catástrofes y
tinieblas en la vida, vive, siempre, en la oscuridad de la ignorancia. No están
interesados en vivir, sino en ver lo que la vida les va destruyendo. Sin tener en
cuenta que, primero, fue todo creado, por la misma fuerza vital. Pretendiendo
ignorar que la creación necesita hacerse a partir de lo destruido, En lo pasado, está
la semilla del futuro.

Para conocer, hay que dudar. El poder dictatorial no está basado en la razón, sino
en la creencia. Asumiendo que tal poder es legítimo. Un ser humano siempre es
reflejo de otros. Heredero y partícipe. Receptor, transmisor y emisor del medio en
que vive inmerso. Contribuyendo a transformar lo que recibe. Que, siempre será
distinto a lo que transmite.

La humanidad ha de considerarse como un todo indiviso. Muy probablemente, con


un origen común. Que recibe y transmite su ser esencial. Entre los humanos, no se
ha de buscar la paz, sino la inquietud creadora que nos induzca a proporcionar
dicha paz. Los científicos, por su labor creadora, son quienes asumen,
modernamente, la tarea divina de crear. Las creencias son destructoras de cuanto
no las incluya.

Ayudando a un hombre, se ayuda a toda la Humanidad. Ayudando a tus próximos,


a través de ellos se expandirá el bien, beneficiando a otros. Pues, el concepto de la
Humanidad, debe ser global, unitario. Como si de un conjunto interdependiente se
tratara. Aún admitiendo las diferencias entre los hombres, se ha de considerar, a
cada uno de ellos, como una parte de un mecanismo, necesaria para que el total
funcione. Y, ciertamente, con un desarrollo universal, aunque no uniforme. Un
hombre, además de ser él mismo, es también una parte del todo; como si fuese un
reflejo de cuanto le rodea. Receptor, transmisor, emisor, en cuanto transformador
de lo que recibe. Lo vivo no conoce la quietud.

Quien razona, crea. Quien quiere saber, conocer, vive. Quien tiene miedo a razonar,
está ya muerto. Al menos, intelectualmente. Quien vive del recuerdo, sigue en el
pasado, sin aportar nada al futuro. Lo absoluto no existe. Todo es compuesto. Esa
es la esencia misma de lo vivo, de la vida, Donde hay bien, hay mal. Un
desinfectante no es bueno para los microbios. Sino su exterminador.

Emilio del Barco. 11/12/10