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RETROCESO OMINOSO

Por Francisco Ortíz Bello


Periodista y Analista Político

Con los gobiernos emanados del Revolucionario Institucional, en los recientes


procesos electorales del 2010 hemos vuelto, al menos en Chihuahua y otros 10
estados, a los tiempos del desorden financiero, indisciplina administrativa y
opacidad en la gestión de gobierno.

De acuerdo con información publicada en Reforma, con base en el reporte


Obligaciones Financieras de las Entidades Federativas y Municipios (SHyCP),
estados como Nuevo León, Sonora, Tamaulipas, Veracruz y Chihuahua, entre
otros, alcanzaron niveles de endeudamiento que ponen en serio riesgo la
viabilidad de las finanzas locales.

De acuerdo con el reporte de la SHCP, José Reyes Baeza Terrazas habría


recibido el gobierno estatal en 2004, con una deuda de mil 369 millones de
pesos, para dejar en el 2010 en endeudamiento por 13 mil 261 millones de
pesos, es decir, un crecimiento del 869 por ciento.

Esta cifra representaría también alrededor del 40 por ciento del presupuesto
total de la entidad para este año, lo que de acuerdo con el informe financiero de
la dependencia federal, pone en serios predicamentos a la administración del
actual gobernador Cesar Duarte.

Si a estos datos le sumamos que Chihuahua vive hoy la peor crisis de


inseguridad de toda su historia, el balance de la gestión gubernamental de
Reyes Baeza resulta poco favorable.

Lo preocupante de esta información es que pone de relieve que, a pesar de la


supuesta fiscalización de los recursos por los órganos correspondientes, los
gobiernos priistas han logrado evadir la transparencia en el manejo de fondos
públicos y la obligada rendición de cuentas.

¿Qué como lo han hecho? Simple. A través de sus participaciones en los órganos
de representación popular, tanto en el Congreso de la Unión, como en los
Congresos locales y Ayuntamientos, en donde ejercen la fuerza de su
representación mayoritaria para terminar aprobando cuentas públicas con
grandes irregularidades.

Auxiliados por las Auditorias Superiores de los Congresos, por las Sindicaturas
y por los regidores, también de filia priista, los gobiernos emanados del tricolor
han podido salvar el escollo de la rendición de cuentas.

Tan solo como un ejemplo que ilustra lo anterior, en el caso de la gestión


municipal 2007-2010 que recibió graves señalamientos de irregularidades
financieras, algunos incluso llevados al ámbito penal por regidores de esa
administración, y que el propio Presidente Municipal en funciones y algunos de
sus funcionarios de primer nivel denunciaron, por lo menos en los medios de
comunicación, sin que tales denuncias se hayan cristalizado en procesos o
consecuencias para ninguno de los involucrados.

Incluso, la cuenta pública de Juárez, correspondiente al ejercicio 2009 ya fue


aprobada por los diputados, sin que se observe una real voluntad de
transparentar la forma en que tales recursos fueron manejados.

Volviendo al informe de la SHCP, que hace evidente que estas mismas prácticas
se observan en 11 de los 12 estados en donde hubo elecciones este año y, en las
que fueron gobiernos priistas quienes entregaron arcas endeudadas y sin
viabilidad financiera, éste reporte señala que Tamaulipas incrementó su deuda
en un 582 por ciento; Nuevo León aumentó en un 222 por ciento; Veracruz en
un 163 por ciento más y Sonora en un 106 por ciento, siendo de esta manera
Chihuahua el estado con un mayor crecimiento de su deuda en 6 años con un
869 por ciento de incremento.

En estas circunstancias, desde el punto de vista de operación financiera e


inversión de recursos en programas sociales, considerando que el gobierno
estatal también dejara de percibir en 2011 aproximadamente mil millones de
pesos por concepto de tenencias y placas vehiculares, el escenario previsible se
percibe poco halagüeño.

Sin embargo, hay otra perspectiva de este análisis financiero y numérico, ¿Qué
papel está jugando realmente la sociedad en esto de la transparencia y de la
rendición de cuentas?
No es un dato menor este crecimiento desproporcionado de deuda pública en
estados y municipios que, tarde que temprano, se convertirá en deuda interna
para el país y, en consecuencia, una presión adicional a la economía mexicana.

Pudiera parecer que a los mexicanos, a los chihuahuenses y a los juarenses,


poco nos importa qué hacen nuestros gobernantes con el dinero de los
impuestos que todos pagamos, porque informaciones como la descrita pasan
sin pena ni gloria en el animo social.

Sin embargo, este significativo retroceso en aspectos de pulcritud en el manejo


financiero de las haciendas gubernamentales y la falta de interés y reclamo
social, pudiera ser el preámbulo al regreso de maneras de hacer gobierno que
los mexicanos ya habíamos descartado, lo que inexorablemente nos llevaría
también a formas y esquemas viejos de la política mexicana: el control y
manipulación antidemocráticos de recursos públicos con fines clientelares y de
corporativismo electoral.