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L a Doctora Gencvicvc De Hoyos ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la


sociedad, de la personalidad humana y del evangelio. De los cuatro libros que ha
escrito, éste es el segundo en español. El título que seleccionó está basado en la idea de que
las montañas, a través de los siglos, han representado la Majestad Divina y la añoranza del
hombre de, en ellas, encontrar al Creador.
Nacida y criada en Francia, en la ciudad de Orléans. unos ciento veinte kilómetros al
sur de Paris. la familia de la hermana De Hoyos emigró a Sudamérica cuando ella tenía
escasos quince años. Vivió cinco años en Argentina y cinco años en Uruguay y. antes de
radicarse en los Estados Unidos, cumplió una misión en Uruguay, siendo la primera mujer
misionera en América del Sur.
Después de su misión, llegó a Provo. Utah, para ingresar a la Universidad de Brigham
Young. Allí, conoció y se casó con Arturo de I Joyos, de México, también un ex-misionero.
Los dos obtuvieron sus diplomas de la BYU. Luego fueron a Michigan donde Arturo
recibió un doctorado en sociología, y Genevieve una maestría en trabajo social psiquiátrico.
Eventualmente. ella también recibió un doctorado en sociología de la Universidad de
Indiana. Los dos empezaron sus carreras académicas en Indiana. Después de pasar diez años
como profesionistas en esa región de los Estados Unidos, volvieron a Utah para enseñar en la
Universidad de Brigham Young. Allí enseñaron, hicieron estudios científicos y publicaron
por veinticinco años.
Al jubilarse, fueron llamados a servir como Presidentes de la Misión México-Tijuana,
durante la cual la hermana De Hoyos presentó muchas charlas y conferencias sobre la
familia, basadas en el evangelio. Después de la misión, usando su extenso conocimiento y
experiencia profesional sobre la personalidad humana, dedicó mucho de su tiempo a proveer
terapia en inglés y en español y a escribir sobre el evangelio.
Para los hermanos De Hoyos, el mayor logro de sus cincuenta y dos años de casados es
su hermosa familia. Tienen tres hijas, casadas en el templo, y dieciocho nietos.
Recientemente, empezaron su cuarta generación con siete bisnietos, así como dos por nacer.
Y los dos saben que la familia es lo que más les traerá gozo y bendiciones eternas.
Este libro representa un profundo estudio de la realidad pura del evangelio: cómo
reconocer y salir de la condición Telestial en la cual muchos de nosotros nos encontramos
antes de empezar a vivir el evangelio, y cómo poner nuestra vista a la esperanza Celestial que
Cristo nos ayuda a conocer.
Dios promete todo si cumplimos con manos limpias y corazón puro, pero si no
cumplimos, no hay promesa. Este libro es para estudiarse, no sólo para leerse. Y lodos
podemos escalar el monte a la exaltación.

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Contenido
Reconocimiento .......................................................................................... 4
Prefacio ....................................................................................................... 5
I El Plan de Salvación - Primera Parte ............................................... 7
II El Plan de Salvación - Segunda Parte ............................................... 16
III Nuestra vida aquí es una prueba de obediencia ................................ 26
IV Tres estilos de vida: Lo telestial ........................................................ 36
V El Poder y La Grandeza de Dios ....................................................... 45
VI El Poder del Espíritu Santo ................................................................ 57
Vll De lo Telestial a lo Terrestre: Dispersión y Recogimiento .............. 70
VIII Conversión: La Restauración de Linajes Justos ............................... 83
IX Haciéndonos Santos de los Últimos Días: Primera Parte, ............ 99
X Haciéndonos Santos de los Últimos Días: Segunda Parte, ............ 112

Esto es una copia de seguridad de mi libro original en


papel, para mi uso personal. Si ha llegado a tus manos,
es en calidad de préstamo, de amigo a amigo, y deberás
destruirlo una vez lo hayas leído, no pudiendo hacer,
en ningún caso, difusión ni uso comercial del mismo.

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Reconocimiento

M uchísimas personas me han ayudado a escribir este libro, porque cada


persona que nos toca el corazón nos enseña muchas cosas que no
hubiéramos, por nosotros mismos, encontrado e integrado en nuestro ser.
Esta vez, quiero agradecer, primero, a mi Madre quien, a través de los años, me
ha inspirado, en conversaciones y por el ejemplo, una gran sed de saber y entender,
un sentido común excepcional, así como gran integridad. Todo eso me ha preparado
bien para un estilo de vida terrestre.
Más en el presente, quiero agradecer a Elvia De Hoyos Flores, sobrina de mi
esposo, quien, desde el comienzo, me ha alentado a escribir este libro. Muchas veces,
hemos dialogado sobre principios de la vida y del evangelio que, aquí y allá, van
apareciendo en esta serie de libros. Ella, en todo, ha sido sumamente amable en su
apoyo.
Y en el pasado, presente, y futuro, agradezco a mi esposo quien,
constantemente, me hace pensar, y en su inimitable estilo también me apoya.
Además, él ha leído y editado este libro, y corregido mis errores en español. Y ha
aceptado publicar este libro para mí.
¡Mi agradecimiento a todos ellos no tienen límite!
Aun así, tomo completa responsabilidad por el contenido de este libro.

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Prefacio

la edad de veintitrés años, cuando mi mamá sugirió que me quedara en


A Uruguay para cumplir una misión, no estaba bien preparada para representar a
la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días. Ciertamente había ganado un fuerte
testimonio de Dios, y una gran dependencia de él, y no dudaba que José Smith era un
profeta. Había leído toda la Biblia y todo el Libro de Mormón. Mi familia había sido
activa en todas las ramas en las cuales habíamos residido. Y cuando no había rama o
misioneros, siempre habíamos quedado en contacto con la iglesia, primero en Francia, y
después en Argentina, y en Uruguay. Pero no tenía mucho conocimiento. Me di cuenta
de mi falta de preparación cuando fui con una de las hijas de nuestro presidente de misión,
a folletear. Un hombre nos preguntó cual era la diferencia entre nuestra iglesia y las
muchas iglesias protestantes que trataban de ganar conversos entre los católicos. Y
aunque las dos más o menos contestamos algo, me quedé con la espina de que
francamente, no sabía con exactitud por qué nuestra iglesia era diferente.
Sintiéndome algo abatida, visité a nuestro Presidente Frederick S. Williams, y
compartí con él esa experiencia y mi ignorancia. Él inmediatamente buscó en sus
estantes un libro (en Inglés), en el cual encontré una lista de los profetas que
encabezaron las siete dispensaciones. Y así, por primera vez en mi vida, entendí que
nuestra iglesia poseía el mismo evangelio que fue revelado tantas veces por nuestro
Señor, por medio de los profetas de Dios.
Más tarde un misionero me prestó una lista de nuestras creencias comparándolas con
lo que creían otras iglesias Cristianas. Lo que más me extrañó fue que nuestra iglesia era
la única iglesia Cristiana que cree en la vida pre-mortal. Para entonces ya había notado
que, al hablar con investigadores, a pesar de que ninguna de las iglesias enseña esa
doctrina, nadie protestaba cuando nos referíamos a nuestra vida premortal. Obviamente,
muchos son los que "recuerdan," aun si muy vagamente, de su estadía allí. En ese
tiempo, usábamos mayormente la Biblia para tener un punto de referencia con nuestros
investigadores, así que busqué en ese libro todas las referencias posibles sobre una vida
anterior. Había pocas, pero ésas definitivamente indicaban que habíamos existido antes de
nacer. En mi misión, la vida pre-mortal llegó a ser uno de mis temas favoritos.
Muy pronto, al oír del "Plan de Salvación," organicé en mi mente nuestra jornada de
eternidad a eternidad. Estudié nuestro estado como inteligencia y después como espíritus
hijos e hijas de nuestro Padre Celestial. Leí mucho sobre nuestra estadía y prueba, aquí en
ia tierra, así como sobre el reino de los espíritus después de nuestra muerte. Y
eventualmente, me fascinaron las escrituras y los libros sobre la Segunda Venida, el
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Milenio, el Juicio Final, y nuestra colocación en una de las tres glorias... para la
eternidad.
Ese esquema me proveyó por años el marco de referencia donde cualquier cosa que
leía en las escrituras y oía en la iglesia, encontraba su lugar para reforzar mi fe. Y ese
esquema fue el que muchas veces enseñé a nuestras tres hijas, porque sabía que, si
entendían el Plan de Salvación, nunca podrían apartarse del evangelio.
Años más tarde, mi amistad con Joyce Harper, me enseñó que existían más campos
de conquista en el evangelio. Ella solía decir: "En el evangelio, hay respuestas buenas, y
hay respuestas mejores." Eventualmente, entendí exactamente lo que ella quería decir.
Todos podemos tener excelentes respuestas a nuestros problemas, pero esas respuestas
solamente son terrestres. Por otra parte, algunas personas se esfuerzan por conocer la
mente de Dios, entonces, sus respuestas son celestiales. Después, Joyce empezó a hablar de
la necesidad de cambiar, de extendernos, estirarnos, alargarnos hacia Cristo, para poder
llegar a ser como él. Y es así cuando se me ocurrió que todos podemos tomar la triste
alternativa de establecernos en una vida telestial. O podemos tratar algo mejor y vivir una
vida terrestre. O eventualmente, podemos extendernos aun más, y vivir una vida
celestial.
Entonces me di cuenta que nuestro Señor, desde el comienzo, ha establecido ciertas
mesetas que, muchas veces penosamente, debemos escalar. Esas mesetas nos llevan,
principio por principio, gracia por gracia, a la plenitud del evangelio, y nos llevan, si
perseveramos hasta el fin, a la vida eterna.
Eso es lo que justifica el escribir estos dos libros.

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CAPÍTULO 1
El Plan de Salación
Primera Parte

E l conocer y entender el Plan de Salvación establecido por nuestro Padre Celestial antes de
la fundación de esta tierra, es una de las más grandiosas y significantes bendiciones en nuestra
dispensación. El plan de salvación nos da a conocer tantas cosas. Nos dice de donde venimos, a donde
vamos, y para qué estamos aquí en la tierra. Nos revela la mente de Dios. Aunque sea brevemente, el
revisar este plan siempre alimenta nuestra fe y da aliento a una vida que, a veces, se hace algo difícil para
todos nosotros. En este libro, el plan de salvación nos servirá de marco de referencia para entender,
evaluar, y tal vez cambiar lo que estamos haciendo con nuestra vida aquí en la tierra.
LAS SEIS ETAPAS DEL PLAN DE SALVACIÓN
En este capítulo, relatamos brevemente los eventos preparados por Dios para nosotros. Porque
suponemos que la mayoría de los lectores ya conocen el plan muy bien, usaremos pocas referencias.
Además, la Guía para El Estudio de las Escrituras puede resolver cualquier duda.1 Como sabemos, las
seis etapas del plan de salvación son:
• Como Inteligencia(s)
• Nuestra Vida Pre-mortal
• Nuestra Prueba Mortal
• El Mundo de los Espíritus
• El Fin del Mundo y el Milenio
• El Juicio Final y las Tres Glorias
Aquí revisaremos brevemente cada una de estas seis etapas, con el propósito de recordar quienes
somos realmente, de cómo entender lo que nos pasa en esta vida, y de saber las cosas maravillosas que nos
esperan si buscamos el camino recto y tratamos de cambiar. Nuestro Padre Celestial nos ha dado albedrío
moral y el evangelio nos dice que nuestra vida y nuestro futuro eterno dependen de nosotros.
Depende:
• De la fuerza de nuestro deseo de conocer y obedecer la voluntad de Dios por medio de las
escrituras y del Espíritu
• De nuestra paciencia
• De seguir siendo justos a pesar de todo lo que está pasando en nuestras vidas, a pesar de las
tentaciones
• De no dejar que nuestro corazón se endurezca
• De cambiar dentro de nosotros lo que tiene que ser cambiado, y
• De nuestra esperanza en Cristo, porque sólo él puede ayudarnos a sanar y cambiar nuestra
mente y nuestro corazón

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ETAPA NO. 1 COMO INTELIGENCIA(S)
Existe en el universo una materia prima y eterna llamada inteligencia. Esa inteligencia no tiene ni
comienzo, ni fin. No fue creada ni hecha, y tiene albedrío. (DyC 93:29-31) Es luz y verdad así como
la gloria que hace resplandecer a los seres divinos. En diferentes grados esa luz y verdad, esa inteligencia
está en el centro de todo y da vida a todas las creaciones de Dios.2
Entonces, siempre hemos existido. Fuimos parte de la materia prima-qtre existe por todo el
universo. Por eso se ha dicho que somos como un anillo, sin comienzo y sin fin. Esa inteligencia es
usada para dar vida a todas las creaciones de Dios. Así nuestra inteligencia dio vida a nuestro
espíritu, al ser creado hijo o hija espiritual de nuestros Padres Celestiales. Y nuestro Padre Celestial
estableció el plan de salvación con el solo propósito de ayudarnos a sus hijos e hijas, a llegar a ser
como él.
ETAPA NO. 2 LA VIDA PRE-MORTAL
Todos nosotros, los seres humanos, nacimos de nuestro Padre y Madre Celestiales, fuimos creados a
su imagen, y vivificados con esa inteligencia eterna. Todos fuimos criados y educados por nuestros
padres, en preparación para nuestra venida a este mundo.
Por medio de La Perla de Gran Precio sabemos cómo nuestro Padre Celestial nos llamó a todos en
un Gran Concilio, para compartir su visión para con nosotros.3 Su deseo era que todos tuviéramos la
oportunidad de llegar a ser como él, seres resucitados y dioses, con su conocimiento, su poder, y su
sabiduría. Quería que heredáramos tronos, reinos, principados, potestades y dominios.
Para realizar ese fin, Dios el Padre nos presentó su plan de salvación que incluye (1) una caída, y
(2) una redención. La caída nos separa de Dios, para ver si tenemos una fe suficiente para volver a Dios
por medio de la redención. En el proceso, nuestro deseo de seguirle obedeciéndolo es severamente
probado.
Y con esto los probaremos para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare. (Abraham
3:25)
Entendiendo perfectamente el plan de nuestro Padre Celestial, el mayor de todos nosotros,
Jehová, se ofreció como cordero expiatorio. Vendría a esta tierra, guardaría su inocencia al no hacer
nada que no fuera la voluntad del Padre, sacrificaría su vida por nosotros, y daría a Dios toda la gloria.
Fue entonces cuando una rebelión se levantó. Lucifer, uno de nuestros hermanos mayores, también
se ofreció como redentor... PERO, a su manera. Él no solamente quería la gloria, sino que también
decidió que sería más fácil quitarnos el albedrío y obligarnos a aceptar las condiciones establecidas
para ganar la salvación. Así todos se "salvarían," según él.
Eso fue totalmente inaceptable para nuestro Padre Celestial porque, en su sabiduría, él sabía que
por la fuerza nada de valor se obtiene. Pero ese segundo plan no les pareció tan mal a una tercera parte de
los hijos espirituales de Dios. Y así se declaró una guerra de testimonios, en nuestro hogar celestial, entre
los que siguieron a Lucifer y los que siguieron a Cristo. Por supuesto que, al final, la justicia ganó, y
Lucifer y sus partidarios fueron echados a la tierra.
Sin saberlo, Lucifer (ahora llamado Satanás) y su hueste están ayudando al plan de Dios, porque
proveen oposición en todas las cosas. Así, aquí en la tierra, la guerra entre el bien y el mal sigue. Y
Satanás no da cuartel.

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ALGUNOS PENSAMIENTOS SOBRE LA VIDA PRE-MORTAL
Nuestra iglesia es la única iglesia Cristiana que cree en la doctrina de la vida pre-mortal. Todas las
demás iglesias creen que somos creados al momento de nacer aquí en la tierra, a pesar de que esa
doctrijia es mencionada tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.4
El saber que hemos vivido antes con nuestro Padre Celestial nos da:
1. Una visión de quienes somos, de los propósitos de Dios para con nosotros, del valor que él nos
da, y el potencial que tenemos. Y eso nos ayuda grandemente a tratar de subyugar a nuestro
hombre (y mujer) natural mientras estamos aquí en la tierra.
2. Una perspectiva más realista de nuestra vida aquí en la tierra. Como inteligencia y como hijos
espirituales de nuestro Padre Celestial hemos vivido por eones de tiempo, y después de esta vida
viviremos eternamente. Si así es, cuan corta es esta vida: el promedio de setenta años, es como
una gota de agua en un océano. Y sin embargo, cuan importante porque determina donde
pasaremos nuestra eternidad.
3. El saber que hemos vivido antes explica tanto. Venimos aquí con una historia, y esa historia
explica todo lo que somos: nuestra personalidad, nuestros dones, nuestra situación, nuestras
oportunidades, nuestra relación con nuestro Padre Celestial. Hemos hecho convenios con él y
con muchos alrededor nuestro. Y todo fue hecho por la sabiduría de Dios con el único fin de
que podamos alcanzar la exaltación.
ETAPA NO. 3 NUESTRA PRUEBA MORTAL
La prueba mortal empezó cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido.
La Caída
Nuestro Padre Celestial mandó a Jehová que creara nuestro mundo en un ambiente terrestre. Ahí
todos los animales vivían juntos, en paz. Todas las plantas crecían sin obstáculo y sin malas yerbas.
Después de su creación, Adán y Eva también vivían en paz, cuidando del jardín y caminando con Dios al
atardecer. Nuestro mundo era un paraíso. Pero no era perfecto porque en ese estado, no podían
progresar o cumplir el propósito de su creación. Es decir, no podían morir y no podían tener
progenie.
Satanás, ansioso de hacer sentir su presencia, y sin conocer la mente de Dios (Moisés 4:6), tentó a
Eva quien comió del fruto prohibido. Adán, para no quedarse solo, también comió del fruto, y esa
transgresión abrió ia puerta a nuestra experiencia terrenal que nos había hecho gritar de alegría en el
Gran Concilio.
La tierra cayó literalmente a un nivel telestial (de la misma manera que volverá al nivel terrestre
antes de la Segunda Venida del Señor. (Isa 13:13) Con lo telestial vinieron enemistad entre animales así
como malas yerbas. Vinieron las enfermedades, la vejez, y la muerte. Se extendió un velo entre Dios y
los seres humanos, trayendo la ignorancia y la muerte espiritual.
Pero desde el comienzo, en el plan, no existe tal cosa como "caída sin redención." Adán y Eva, los
que cayeron, fueron los primeros que iban a entender el sublime favor que nos hicieron. En su amor
infinito, nuestro Padre Celestial mandó a su ángel para hacerles saber que Cristo vendría para redimir
al mundo no solamente de la transgresión original, sino de todos los pecados que, de otra manera, nos
hubieran destinado a una destrucción eterna. De esta manera empezó la primera de las siete
dispensaciones. (Moisés 5:4-12)

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Las Siete Dispensaciones del Evangelio
Oficialmente, entre Adán y la Segunda Venida, siete dispensaciones fueron establecidas por siete
profetas de Dios. Siete veces el mensaje de la redención fue mandado a esta tierra, seis de ellas después
de serias apostasías. La sexta dispensación fue abierta por el Hijo de Dios, perfecto en obediencia, y digno
de ser el cordero propiciador, el sacrificio expiatorio para todos nosotros. Los otros seis profetas que
abrieron dispensaciones, aunque sobresalientes en fe, en obediencia, en humildad, en dedicación, y en
sacrificio, también demostraron flaquezas humanas. Y eso nos hace entender que, gracias a Cristo, aún
el más débil de nosotros puede tener esperanza de salvación.
Esas dispensaciones fueron abiertas por:
Antes del diluvio: En el tiempo de !os patriarcas
Adán
Enoc
Noé
Entre el diluvio y Cristo: Entre el Pueblo de Israel Abraham
Moisés
En el meridiano de los tiempos: De los Judíos a los gentiles
Cristo
Los últimos días: Recogimiento de Israel
José Smith
Todos esos profetas fueron hombres fascinantes, con vidas igualmente fascinantes. Todos eran
únicos en personalidad. Pero todos vinieron para proclamar el evangelio de redención, el evangelio de
Cristo. Todos pusieron su fe en el Señor y se dejaron guiar por él, y llegaron a ser uno con Dios. Y todos
fueron exaltados por sus sacrificios al obedecer.
Edad al llamamiento
Con excepción de Cristo y José Smith, todos fueron llamados después de los sesenta años de edad.
Linaje
Todos los profetas vinieron de familias justas y creyentes, con la excepción de Abraham. Su
padre era un idólatra empedernido.
Reacción al llamamiento de Dios
Tres de esos profetas, antes de recibir su llamamiento, solicitaron una manifestación de Dios: Adán
(con Eva), Abraham, y José Smith. Cristo, antes que el mundo fuera, ofreció su vida así como su
muerte para salvarnos. En cambio, al menos dos de ellos no se sentían dignos o particularmente
entusiasmados al ser llamados.
Enoc tampoco reaccionó muy bien. Dijo que era demasiado joven, un jovenzuelo de 65 años, y que
era despreciado por su gente por ser tardo en el habla. El Señor le prometió que su boca se llenaría y le
presentó una visión panorámica del mundo. Con eso, Enoc fue y convirtió a muchos, estableciendo la
primera Sión.
Moisés fue el que protestó más. Apacentaba las ovejas de su suegro cuando fue llamado por Jehová

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de una zarza ardiente. En seguida dijo: "Quién soy yo para que vaya a Faraón?" Argüyó muchos puntos,
hasta que finalmente reclamó que era tardo en el habla y torpe de lengua. Entonces, Jehová se enojó con
Moisés. Pero en su bondad, ei Señor ya le tenía preparado a su hermano Aarón, para servirle de boca.
Finalmente, Moisés, entendiendo su pre-ordinación, se resignó y aceptó el llamamiento.
Intervención de Satanás
Cada profeta de las siete dispensaciones, incluyendo a Jesús, fue llamado a predicar de Cristo. Ese
mensaje aterra a Satanás, porque trae salvación al mundo. Por eso, tan pronto como nuestro Señor llama
a un profeta para abrir una nueva dispensación, Satanás se tira al ruedo. Para los cinco primeros
profetas, eso está claramente indicado en la Perla de Gran Precio.
Con Adán, Satanás trató de destruir la obra de Dios tentándolo en el jardín de Edén. Luego tentó a
sus hijos, primero los mayores, luego a Caín, y ellos prefirieron seguir al diablo que a Dios.
Enoc vio a Satanás levantar enemigos en contra de él. Pero, él habló la palabra del Señor y tembló
la tierra, huyeron las montañas, los ríos se desviaron, y el rugido de los leones sonó en el desierto. Llenos
de temor, los enemigos del Señor huyeron lejos y cesaron de ser un peligro para los justos.
Para Noé, la oposición tomó la forma de ciento veinte años de rechazo a su predicación.
Desde el principio, Satanás trató de matar a Abraham. Tentó al padre de Abraham, Taré, quien
ofreció a su hijo al sacerdote de Faraón, como sacrificio al dios Elkénah. Sólo la intervención de un
ángel lo salvó.
Moisés tuvo un encuentro con Satanás, después de conversar con Jehová. Pero el profeta había
hablado cara a cara con Dios, y la diferencia entre la gloria de Dios y las tinieblas del enemigo fue tan
grande que no tuvo dificultad en saber a quien seguir.
Cristo fue tentado tres veces por Satanás, después de ayunar por cuarenta días y cuarenta noches.
Pero Cristo simplemente no le hizo caso.
José Smith tuvo su encuentro con el diablo al momento de recibir la contestación a su Primera
Oración, Envuelto por la oscuridad del mal, el poder de Dios lo salvó de la destrucción.
Satanás siempre ha tratado de destruir la obra de Dios, atacando a sus profetas.
Experiencias muy especiales
Las escrituras relatan eventos que nos dan una visión del calibre de hombres llamados por Dios para
abrir nuevas dispensaciones. Esos hombres, con Dios y con los justos, eran humildes, abiertos,
enseñables, obedientes, benignos, cariñosos, generosos y propensos a perdonar. Pero hacia los rebeldes y
hacia el mundo, eran indómitos, poderosos, fuertes, firmes, duros, apasionados, impetuosos, y sin
temor.
Adán
La historia de Adán demuestra su fe,la grandeza de su alma, su obediencia, y su gran paciencia en
los años difíciles entre su expulsión del jardín de Edén y su reintegración en la gracia de Dios. (Véase,
Moisés capítulos 5y 6). En el jardín, él recibe instrucciones y en esta tierra telestial, las pone en prác-
tica. Por ejemplo,
Su esposa es su igual, su compañera idónea (de su mismo calibre) / Adán establece una
asociación firme con su esposa y los dos trabajan juntos, uno al lado del otro.

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Él debe dominar su medio ambiente y proveer para su familia: cultiva la tierra, cuida sus
rebaños;y los dos tienen y crían hijos. El hombre debe dejar a sus padres para allegarse a su mujer:
Adán y su esposa dejan que sus hijos se vayan, para poblar el mundo, pareja por pareja.
Dios nos ama, nos enseña, y nos guía:
Adán y Eva invocan el nombre del Señor hasta que su voz les manda ofrecer el sacrificio y
ofrenda de las primicias de sus rebaños. Y sin conocer la razón, Adán cumple con eso.
Después de muchos días (que muchas veces son años de nuestro tiempo), un ángel viene y explica a
Adán que los sacrificios son para anunciar el futuro sacrificio del Redentor. Así aprenden nuestros primeros
padres que la caída había sido necesaria y que Cristo moriría para borrarla y traernos salvación.
Eva se regocija y su sentido de culpabilidad desaparece. Ahora, solamente quiere convencer a sus
hijos e hijas que la salvación es posible. Pero no es fácil: los hijos no creen y Caín mata a Abel. Finalmente
viene Set, quien establece el linaje justo de los patriarcas.
Enoc
Enoc nace en una época de semi-apostasía. Los "hijos de Dios" todavía son dirigidos por los
patriarcas y todavía poseen el sacerdocio. Pero en otras partes, Satanás reina en medio de tinieblas,
rebeldía, juramentos, asesinatos y feroces guerras.
Cuando el Señor llama a Enoc como el profeta de la segunda dispensación, su autoestima anda por
los suelos. Pero Dios le promete conocimiento y poder celestiales. Y le muestra una visión panorámica
de toda la historia de esta tierra, desde el comienzo hasta el fin. Entendiendo su misión, Enoc empieza a
predicar el evangelio de Cristo, llamando a todos al arrepentimiento. Su entusiasmo es tal que sus
amigos lo llaman vidente, y sus enemigos, demente. Pero todos tiemblan en su presencia. Los ejércitos de
sus enemigos se levantan en contra de él, pero al retirarse vencidos, murmuran: "Cada vez que salimos a
la batalla en contra de ese hombre, la tierra tiembla, las montañas desaparecen, los ríos nos bloquean el
camino, los leones rugen amenazantes en el desierto. ¿Qué podemos hacer en contra de él?" Le toma
trescientos sesenta y cinco años perfeccionar a su pueblo. Les enseña a vivir la ley de Cristo y la ley de
consagración, y a ser uno en corazón y voluntad. Cristo camina con ellos, y al final, su ciudad es llevada
al cielo. Y la gente alrededor dice: "Sión ha huido."
Noé
Como todos los profetas que abren una dispensación, Noé se distingue por su obediencia a la
voluntad de Dios. Pero no todos han tenido la experiencia de predicar el evangelio por ciento veinte años
sin convertir a nadie, salvo a su esposa, sus tres hijos con sus tres esposas.
Abraham
La historia de Abraham está llena de drama y aventura. (PdeGP 1-2; Génesis 11-25) Nacido en
Mesopotamia de un padre idolatra, sólo la intervención de un ángel lo salva de ser sacrificado a un dios
falso. Escapando del hambre, pasa un tiempo en la tierra de Ur donde toma como esposa a la
hermosísima Sarai. Más tarde, guiado por el Señor hacia la tierra de Canaán, recibe las promesas que su
descendencia iba a ser la casa de Israel, el pueblo de Dios, y que todo el mundo sería bendecido por
medio de su posteridad. Escapando de otra temporada de hambre, Abraham se refugia en Egipto donde
enseña lo que Dios le ha revelado sobre las estrellas en el firmamento. Bien acogido en la corte de
Faraón, Abraham empieza a acumular una fortuna en siervos y ganado. De vuelta a Canaán, Abraham
ya no es un simple pastor. Es tan rico y tiene tanto poder que puede involucrarse con éxito en una

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guerra entre reyes, para liberar a su sobrino, Lot, quien ha caído prisionero. En ese tiempo él también
visita a Melquisedec, el justo rey de Salem.
La fe de Abraham llega a ser legendaria cuando acepta sin objeciones el terrible mandato de
sacrificar a su hijo único, tan esperado y tan amado, el hijo de la promesa. Tampoco lo detiene el
recuerdo de su propio fallido sacrificio a manos de su idólatra de padre. Lo para hasta que un ángel de
Dios procura un escape, un cordero para el sacrificio requerido por Dios. Pero en el proceso, Abraham
se da cuenta de lo que Dios iba a sufrir al dejar que su Hijo Bienamado muriera en la cruz. Al morir,
Abraham deja a ocho hijos, y ocho pueblos. Pero es el hijo de la promesa, Isaac quien, por medio de
Jacob, establece las doce tribus de Israel.
Moisés
Moisés, un Israelita de la tribu de Leví, nacido esclavo, es criado como un príncipe de Egipto.
Siendo adulto, Moisés huye de Egipto a la tierra de Madián, donde Jehová lo llama como profeta para
liberar a Israel.
Moisés, con Aarón, confronta al Faraón con diez plagas milagrosas antes de que éste deje libres a
los Israelitas. El último milagro, la muerte de todos los primogénitos, incluyendo al hijo del Faraón,
toma lugar durante la Pascua, cuando un ángel de Dios protege a todo Israel. Pero el Faraón persigue a
Israel, alcanzándolos en el Mar Rojo, que Israel cruza sin mojarse los pies, mientras que los Egipcios
mueren ahogados. Después de eso, Moisés dirige a Israel hacia la tierra prometida, recibiendo las tablas
de piedra con la ley de los Diez Mandamientos. Esa ley menor es la única que los Israelitas pueden
aguantar, y esto, a duras penas. Al desaparecer en el desierto, Moisés pasa su manto a Josué. Más tarde,
él trae las llaves del sacerdocio a Cristo, Pedro, Santiago y Juan, en el monte de transfiguración, y las llaves
del recogimiento de Israel a José Smith en el templo de Kirtland. Los Diez Mandamientos que Moisés
recibe de Jehová en el monte Sinaí, rigen a Israel hasta la Primera Venida de Cristo, y hoy siguen
influenciando a muchas naciones del mundo.
Cristo
Cristo viene a abrir la dispensación del meridiano de los tiempos para traer el evangelio verdadero
después de una larga semi-apostasía dentro de la tribu de Judá. También viene para proveernos con un modelo
de cómo actúa un Hijo de Dios que solamente hace la voluntad de Dios. Pero sobre todo, Cristo viene para
ofrecer un sacrificio perfecto y sin mancha, para que todos seamos redimidos. Todos conocemos su corta vida.
Nace en Belén, en un pesebre. Después de un corto tiempo en Egipto, vive con sus padres en Nazaret, trabajando
como carpintero. Es bautizado en el río Jordán por Juan el Bautista. Después de ayunar por cuarenta días, la
tentación ofrecida por Satanás no tiene ningún efecto sobre Jesús. Declara ser el Hijo de Dios y el Mesías en
Nazaret donde casi lo matan. Camina por todo Israel, con sus doce apóstoles, enseñando y curando a muchos
por tres años. En el proceso, hace muchos enemigos. Es severamente condenado por los Fariseos y Saduceos.
Es condenado al echar los vendedores del templo. Es condenado por violar el día de reposo, viajando,
recogiendo y comiendo trigo, haciendo milagros, y curando a los necesitados. Es condenado por perdonar y
comer con los pecadores. Es condenado por modificar la Ley de Moisés, y por enseñar que él era el Hijo de
Dios, el Salvador, el Pan de Vida. Es traicionado por uno de sus discípulos, por los líderes religiosos de Israel,
por los líderes Romanos, y por todo su pueblo. Después de su sufrimiento en Getsemaní, es ridiculizado,
torturado, azotado, y finalmente ejecutado por aquellos a quienes traía salvación.
Pero, por ser el Unigénito de Dios, resucita al tercer día, gloriosamente. Y sigue enseñando por muchos
días, primero entre los Judíos, después entre los Nefitas, y aún después, entre las Diez Tribus Perdidas.
Pero Jesús es distinto de los demás profetas porque siempre consulta con Dios en todo. Por eso nunca

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peca y nunca hace nada que no sea la voluntad de Dios. Inocente como un cordero, perfecto y sin mancha, sólo
él pudo ser sacrificado para traer salvación al mundo.
José Smith
Todos conocemos la historia de José, el jovencito de catorce años que se dirige a Dios para saber a
cual iglesia debería unirse. Esa simple súplica resulta en una cadena sin fin de visiones celestiales,
revelaciones, dones espirituales, milagros que abren al mundo una nueva dispensación del evangelio. Así
son introducidas muchas nuevas escrituras, la autoridad del sacerdocio, y una iglesia organizada
perfectamente para preparar al mundo para la Segunda Venida de nuestro Señor.
A pesar de las muchas y seguidas persecuciones de sus enemigos, José crece de un jovenzuelo sin
educación a un experto en lenguas antiguas y modernas, un traductor de libros, un autor de renombre, el
gobernante de su pueblo, el constructor de dos templos, y el fundador de toda una ciudad. Abre la obra
misional para el recogimiento de Israel en los últimos días. Es el portavoz de nuestro Señor Jesucristo,
abriendo para nosotros la inmensidad del universo y la profundidad del evangelio de Dios en ésta, la
dispensación de la plenitud de todos los tiempos.
Hoy, seguimos recibiendo la voluntad de Dios en todas las cosas por medio de nuestros profetas.
Dentro de la iglesia tenemos la obra misional que predica el evangelio por todo el mundo, para recoger a
todo Israel en estos últimos días. Tenemos organizaciones que perfeccionan a los santos, los quorums
del sacerdocio para los hombres, la sociedad de socorro para las mujeres, la organización de los adultos
solteros para los que todavía no están casados, la primaria para los niños, y el programa de Hombres y
Mujeres Jóvenes para la juventud. Tenemos una organización que nos ayuda a hacer la genealogía de
nuestros antepasados y a salvar a nuestros familiares muertos. Tenemos templos para todos los adultos
que son dignos, en muchos lugares de la tierra. Tenemos programas para ayudar a los pobres dentro de la
iglesia, y programas mundiales para ayudar en casos de desastres naturales. Y todo es para que el pueblo
de Dios establezca a Sión antes de la Segunda Venida de nuestro Señor.
Algunas impresiones personales
Primero, sin excepción, el propósito de cada dispensación ha sido el enseñar que Cristo es nuestro
Redentor, nuestro Salvador, el único nombre por el cual podemos retornar gloriosamente a nuestro
Padre Celestial. La Perla de Gran Precio confirma que todos los profetas enseñaron de Cristo y su
plan de redención. (D&C 20:26) Empezando con Adán. (Moisés 5:7-9; 6:62) Nuestra iglesia, por ser el
portavoz de la séptima dispensación, ofrece al mundo exactamente el mismo mensaje de salvación por
medio de Cristo. Y ese mensaje es sostenido por la misma organización, con un profeta a la cabecera, con
la autoridad del sacerdocio para bautizar y otorgar el don del Espíritu Santo, predicar el evangelio,
perfeccionar a los santos, y oficiar en las ordenanzas del templo.
Segundo, nuestra experiencia en esta vida, sea buena o mala, es últimamente positiva porque el
ganar un cuerpo es indispensable para nuestro progreso eterno. Y el grado de gloria que ganamos, sea lo
que sea, nos trae más cerca de nuestro Padre Celestial. Por eso, en el Gran Concilio, gritamos con alegría.
Tercero, nuestra tierra ha sufrido de mucha apostasía, pero en nuestra generación, el evangelio de
Cristo de nuevo está entre nosotros. Estamos viviendo en un tiempo magnífico, lleno de desafíos y
problemas, pero en medio de un tremendo conocimiento tecnológico y científico, y con mucha libertad,
un tiempo cuando el seguir a Dios o a Satanás depende enteramente de nosotros. La maldad está
creciendo todo alrededor nuestro, y el fin del mundo como lo conocemos se acerca más y más. Pero
también está creciendo la influencia de Dios por medio de sus profetas, por medio de sus misioneros, y por
medio de nuestros propios esfuerzos en perfeccionarnos. Nosotros somos los guerreros de los últimos

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días. Nosotros, así como nuestros hijos e hijas, nietos y nietas, somos los que estableceremos Sión. Para
entonces, tenemos que estar escalando el monte a la exaltación, para que podamos morar en la presencia
de nuestro Señor sin ser destruidos por su ardiente gloria. Ya listos y llenos de rectitud, somos los que
estableceremos Sión en el estado de Missouri. Somos los que oiremos de la visita de Cristo a los Judíos,
en Jerusalén. Somos los que recibiremos a las Diez Tribus Perdidas. Somos los que daremos la
bienvenida a Cristo y su hueste, en su Segunda Venida. Somos los que atestiguaremos de los grandes
cambios milagrosos que vendrán al cambiarse nuestra tierra del nivel telestial al nivel terrestre. Y
somos los que abriremos el Milenio, los mil años de justicia, paz, y felicidad.
Pero antes de que eso llegue, muchos de nosotros moriremos e iremos a juntarnos con nuestros
antepasados en el mundo de los espíritus. Si hicimos todo lo necesario para cumplir las condiciones de
salvación, estaremos listos para resucitar y juntarnos a las huestes que bajarán con Cristo, para traer la
gloria milenaria a nuestra tierra.

Resumen

Hicimos la lista de las seis etapas del Plan de Salvación, establecido por
nuestro Padre Celestial en el Gran Concilio en los cielos.
Después revisamos las primeras etapas del plan:
Primera etapa: •Como inteligencia(s)
Segunda etapa: •La vida pre-mortal
Tercera etapa: •Nuestra prueba mortal, incluyendo
•La caída, y
•Las siete dispensaciones del evangelio
En el Capítulo 2, revisaremos las últimas etapas del plan, el mundo de los espíritus, el fin del
mundo y el milenio, y el juicio final y las tres glorias.
/ También pueden consultarel7/broEl Plan de Salvación, porGenevieve y'Arturo De Hoyos, México,
D.E, EditorialZarahemla, S.A., 1986.
2 Véase las referencias bajo "Inteligencia fsj"en ia GEE, la Guía para el Estudio de las Escrituras, página
99.
3 GEE, Vida Preterrenal, páginas 209-210.
4. GEE, Vida Preterrenal.

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CAPÍTULO 2
El Plan de Salación
Parte 2

E n el primer capítulo, presentamos el Plan de Salvación, el programa que nuestro Padre


Celestial ha establecido con el propósito de ayudarnos a llegar a ser como él. Ya hemos
presentado tres de las seis etapas por las cuales hemos de pasar.
Vimos que, originalmente, éramos parte de la inteligencia, la materia prima eterna que existe en
todo el universo. Dios seleccionó y organizó esa inteligencia, formándola a su imagen, sus hijos e
hijas espirituales. Para preparar nuestra tercera etapa, Dios nos reunió en el gran concilio para
establecer el plan de redención. Allí, llamó a su Hijo Primogénito para que fuera nuestro Salvador.
Así, el mundo empezó. Satanás, desterrado en la tierra, trajo la Caída. Con la Caída vino no solamente la
muerte física, sino también la muerte espiritual, que nos separó de nuestro Padre Celestial para que
fuéramos probados. Pero porque Dios nos ama, manda sus profetas quienes anuncian y predican la
venida de nuestro Salvador, Jesucristo. A través de los tiempos, todos los que oímos de Cristo tenemos
la oportunidad de vivir su ley, de arrepentimos, de aceptar y vivir las ordenanzas de salvación. Y si
ponemos toda nuestra fe en el poder que Jesús ganó por medio de su sacrificio supremo, podemos ser
purificados y santificados, y podemos entrar en la vida eterna. Pero como muchos no oyeron acerca de
Cristo en esta tierra, Dios nuestro Padre nos ha dado otra oportunidad de oír el evangelio de Cristo, en
el mundo de los espíritus.
ETAPA NO. 4: EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS
Un velo nos impide ver el lugar donde vamos a ir al morir. Pero, por medio de las escrituras,
tenemos algo de información sobre ese lugar. Sabemos que los justos van al paraíso, mientras que los
injustos van al infierno para pagar por sus propios pecados (Alma 40:9-14; DyC 19:4,15-18), a menos
que se arrepientan. También sabemos que el infierno no es para siempre. (DyC 19:6-12) Solamente
dura hasta el fin del milenio cuando todos los muertos resucitan.
Sabemos que el paraíso es un lugar de paz y felicidad, un lugar donde descansamos de todos
nuestros labores en este mundo. Sabemos que Cristo, después de su muerte, organizó la obra
misional para la conversión de los habitantes de la prisión. (DyC 138:6-9; 18-19) También sabemos
que el infierno fue llamado por Alma las "tinieblas de afuera," un lugar de oscuridad y frío. El fuego
mencionado tan a menudo por el mundo, en conexión con el infierno, debe referirse al dolor que los
malvados sienten cuando están en la presencia de la luz y verdad que Dios les manda para que se
arrepienten. En realidad, es en el paraíso donde moran los personajes de luz y verdad, de poder y
gloria, los que resplandecen como un fuego ardiente, como Cristo. (Apo 1:13-16; DyC 110:2-3) Ni los
malvados, ni los habitantes de esta tierra y ni siquiera los que viven de manera terrestre pueden
aguantar la plenitud de la gloria de Dios, sin que él los proteja.
Secularmente, también estamos ganando más información sobre la vida después de la muerte.
Por años, se han publicado muchos relatos escritos por personas que han tenido la experiencia única

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de morir y volver a la vida. Pero más recientemente, debido a adelantos médicos, muchos más casos
de resucitación ocurren. Los profesionales y algunos científicos, al fin, se están interesando en ese
fenómeno y sus estudios se han publicado, dándonos más y más entendimiento de nuestro futuro en
el otro lado del velo.
Brent L. Top y Wendy C. Top, un autor Mormón y su esposa (él es el decano de uno de los
departamentos de religión en la universidad de Brigham Young, en Provo, Utah), escribieron un libro
para ver hasta qué punto esos relatos reflejan las doctrinas de nuestra iglesia. En Inglés, ese libro es
titulado: Beyond Death s Door: Understanding Near-Death Experiences in Light ofthe Restored
Gospel, Salt Lake City Utah: Bookcraft, 1993. En ese iibro, los autores concluyen que, por cierto, los
reportes de los que tuvieron la oportunidad de ver al mundo de los espíritus, en nada contradicen lo que
creemos.
Usaremos algunos de sus relatos y conclusiones, junto con las escrituras, para entender mejor
esta cuarta etapa de nuestra existencia.
Ubicación del mundo de los espíritus
Por medio de las escrituras, sabemos que, cuando morimos, entramos en un lugar invisible,
detrás de un velo, un lugar paralelo a nuestro mundo. Es allí donde pasamos un intervalo de tiempo,
entre la muerte y nuestra resurrección.
Los que vuelven de la muerte también nos dicen que el lugar que visitaron está en esta tierra,
muy cerca pero en otra dimensión, y por eso invisible para nosotros. Todos los que vuelven están de
acuerdo que ese lugar es muy similar a la tierra pero muchísimo más hermoso, mejor organizado, y
muy pacífico. [Topy Top, Capítulo 7)
Tres sectores en el mundo de los espíritus
Alma, cuando enseña acerca de lo que nos espera al morir (Alma 40:9-14), solamente menciona
dos sectores:
El paraíso donde residen los justos
El infierno donde viven los injustos.
Y posiblemente así era en el tiempo de Alma. Pero ahora tenemos tres fuentes de conocimiento
que claramente declaran que Jesucristo, durante los tres días entre su muerte y su resurrección,
estableció un tercer lugar para la obra entre los muertos.
1.En DyC 76:73 y 1 Pe 3:19-20 se habla de espíritus de los hombres encerrados en prisión, que
fueron visitados, y enseñados por Jesucristo.
2.En DyC 138:29-34, se clarifica esta misma situación. Cristo no fue personalmente a esa prisión
donde residían los que habían rechazado los profetas. Lo que hizo nuestro Señor fue el establecer un lugar
para organizar sus fuerzas y dar poder y autoridad a sus mensajeros para que fueran a predicar a los
encarcelados que estaban dispuestos a arrepentirse de sus pecados y recibir el evangelio.
A ellos se les enseñó la doctrina de fe, arrepentimiento, bautismo para la remisión de pecados y el
don del Espíritu Santo por imposición de manos, así como otros principios del evangelio. (DyC 138:33-34)
3.Mundo de los Espíritus, en Doctrina Mormona (pág. 499) Élder McConkie resuelve todo eso
diciendo que:
Existe un gran golfo entre los justos y los inicuos. Los justos están en el paraíso y los inicuos están

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en el infierno. Pero cuando Cristo, durante su corta estadía en el mundo de los espíritus, organizó la obra
misional entre los inicuos arrepentidos, se creó un lugar donde los dos grupos se podían juntar y
entremezclarse. McConkie no da nombre a ese nuevo lugar, pero menciona que la prisión es realmente
parte del infierno. Duane Crowther, en su libro La Vida Sempiterna, habla de tres sectores: el paraíso, el
infierno, y en medio, la prisión. (Duane S. Crowther, La Vida Sempiterna, México, DF. Editorial
Zarlahemla, SA, 1984, Caps. 3, 5, 6).
En este libro, guardaremos esa nomenclatura, aunque creemos que la parte del medio podría
llamarse: la escuela.
El Paraíso
La gran mayoría de los que vuelven del mundo de los espíritus no han visitado el Paraíso. Pero
todos saben que los guías, espíritus radiantes de luz y gloria, vienen de allí. Esos guías son luminosos.
Se visten de ropa larga hecha de luz, tan blanca que resplandece. Se comunican por medio de la telepatía.
Enseñan, edifican, hacen que todos se sientan amados y estimados. Hasta tienen sentido del humor.
Nunca son crueles, ni siquiera son negativos. (Top y Top, Capítulo 6)
Los visitantes oyen de la ciudad amada donde viven los espíritus llenos del radiante y puro amor de
Cristo. En el centro están los más justos, los que viven en familia. Los que son menos justos, pero que todavía
pertenecen al paraíso, resplandecen menos y viven en la periferia de la ciudad. (Top y Top, Capítulos 7,9)
El Infierno
Las escrituras claramente anuncian que hay un infierno. Los que directamente van ahí son los que
no escucharon, a nuestro Dios, y que no se arrepintieron de pecados telestiales, pecados de maldad
hacia otros y hacia ellos mismos, así como pecados de rebelión en contra de nuestro Padre Celestial. En
vida ni siquiera trataron de obedecer la ley preparatoria, los Diez Mandamientos de Moisés. Son los
mentirosos, envidiosos, adúlteros, asesinos, que simplemente hicieron y todavía hacen lo que se les da la
gana, sin tomar en cuenta a Dios. (D&C 1:16; 88:35; 1 Ne 15:33-35)
También algunos de los que visitaron el reino de los espíritus testifican de la realidad del infierno.
Sus relatos verifican que es un lugar sin luz y sin calor. Observaron que esos espíritus, sólo por estar
en el infierno, no se libran de su maldad, de su crueldad, de sus adicciones. Ni siquiera se dan cuenta de
que el bien les rodea. No ven que personajes de luz los observan y supervisan de arriba. Siguen
viviendo como lo hicieron en sus vidas. Allí hay orgullo, celos, frustración, resentimiento y odio, una
profunda furia que lleva al conflicto y a la violencia. Su mayor frustración viene de su inhabilidad de
seguir hiriendo a otros. Les enfurece el no tener el poder que les da un cuerpo, el poder de lastimar.
Además, algunos notaron que el infierno es un lugar donde no existe el amor. Ciertamente no hay amor
entre los prisioneros, pero tampoco existe el amor de Dios. Y esa falta del amor de Dios es lo que hace
ese lugar tan siniestro. (Top y Top, Capítulos 6 y 10)
La Prisión (o sea, la Escuela)
Lo que llamamos aquí la prisiones un lugar de enseñanza, donde todos son al menos terrestres en
su estilo de vida. Pero todavía necesitan cambiar algunas cosas. Tienen que prepararse con
conocimiento, y una más profunda conversión. Tienen que aceptar y recibir (en los templos de la tierra)
las ordenanzas y los convenios necesarios para adelantar en el camino a la rectitud. Así, los que
entran allí son:
1.Los que mantuvieron una vida justa en esta tierra, a pesar de no haber conocido el evangelio, o
tomado las ordenanzas requeridas

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2.Los que recibieron el evangelio pero no fueron tan valientes como hubieran debido en su
testimonio de Cristo
3.Los que se arrepintieron después de pasar tiempo en el infierno, para pagar por sus propios
pecados. Gracias a los relatos hechos por los que murieron y volvieron al mundo, tenemos más detallada
información acerca de ese lugar que cualquier otro. (Top y Top, Capítulo 6, 7-9)
El Juicio Preliminar
Al llegar, todos son recibidos por un personaje de luz, un representante de Cristo, quien recibe su
autoridad por investidura divina. Muy pronto ese personaje de luz hace preguntas que indican lo que
se considera importante en ese reino. No preguntan los títulos universitarios que uno trae, su posición
social, o sus riquezas. Preguntan: "¿Como trató usted a su esposa o esposo, a sus hijos e hijas?" Y
también preguntan: "¿Cuan honesto fue dentro de su familia? ¿en sus negocios con otros?" Además de
esas preguntas personales, al llegar, muchos reportan que pasaron por la experiencia de ver
públicamente proyectadas, las memorias que son parte íntegra de su ser. Esas memorias,
aparentemente grabadas en el espíritu mismo, se hacen imágenes para que todos puedan observarlas.
No es necesario el tener testigos. No se requiere confesión verbal, porque la comunicación es telepática.
Así, no hay manera de ocultar, de mentir, de negar la realidad de esas memorias que involuntariamente
surgen de uno mismo.
Al final del examen, aunque el guía celestial no critica ni reprende, el enjuiciado sabe
perfectamente bien lo bueno y lo malo que ha hecho. También sabe claramente el lugar donde
pertenece. Y el que tiene que volver al mundo para completar su misión, también sabe lo que deberá
cambiar antes de morir de nuevo. (Top y Top, Capítulo 11)
Ese juicio también puede dar entendimiento y puede sanar
Entre los muchos que pasaron por ese juicio preliminar, algunos mencionaron que esa experiencia
les dio un profundo entendimiento del porqué de su mal ajuste a la vida. Ese entendimiento vino a su
mente al entender la conexión entre lo que les pasó de niños y lo que hicieron el resto de su vida. Con ese
entendimiento, se sintieron sanados y finalmente libres de profundos traumas psicológicos que
ocurrieron en su infancia.
Por ejemplo, una mujer se vio a sí misma, de niña, maltratada por su madre quien la acusó de ser
una muchacha tonta y mala, una niña sin corazón. Y vio como después de tales maltratos, ella se
convenció que era muy mala y muy tonta. Por eso, toda su vida, buscó la compañía de personas que tenían
muchos problemas como ella. Se casó con una de esas personas problemáticas, un joven que
eventualmente, la abandonó con sus niños. Por primera vez ella entendió la conexión entre todas esas
cosas, y sintió como si un peso enorme hubiera caído de sus hombros. Al retornar al mundo, con una
mejor y más realista imagen propia, ella cambió su vida completamente y, al fin, logró felicidad. (Top y
Top, Capítulo 11)
La belleza del mundo de los espíritus
Durante su estadía, los que visitan se maravillan de las cosas extrañas y bellas que encuentran en
ese mundo.
La naturaleza presenta colores más brillantes y al mismo tiempo, más suaves que aquí en la
tierra, colores más allá del arco iris, colores con reflejos de oro y plata. Las montañas, las cascadas de
agua, las praderas, los valles son todos más opulentos que en nuestro mundo. Las piedras y los metales
son extraordinarios en su brillo, colores, y texturas. Fragancias, sonidos, música no son de este mundo.

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Reflejan una combinación de serenidad y de luz. (Top y Top, Capítulo 7)

La organización social
En todas partes, hay orden y paz. Hay paz en la atmósfera porque el tiempo no existe. El pasado, el
presente, y el futuro, todo tiene lugar en el presente. Hay paz entre los que residen allí porque todos son
buena gente, satisfechos de estar con sus seres amados. Hay paz porque todos parecen sumamente
ocupados haciendo muchas cosas interesantes, pero todo en perfecto orden, guiados por "ángeles,"
obviamente espíritus que vienen del paraíso.
Los edificios son más magníficos que ef templo de Salomón. Hay galerías llenas de trabajos de arte,
algunos conocidos aquí en la tierra, otros nunca vistos antes. Las librerías están llenas de libros que traen
todo el conocimiento del universo a través de las edades. Las universidades están tan bien
organizadas que caben en un solo edificio.
Las ocupaciones varían, como aquí. Hay barrenderos en las calles, mientras otros espíritus pasan
todo su tiempo estudiando, creando ideas o tecnologías, no solamente para los que viven allí, sino
también para ayudar a los hombres y mujeres de la tierra. (Top y Top, Capítulos 7 y 8)
La educación
Obviamente existe un gran interés en la educación, porque hay muchos maestros. Algunos
predican, otros enseñan asuntos cívicos, aun otros enseñan el evangelio. Hay clases por doquier. Los
alumnos son agrupados por edad, las mujeres de un lado y los hombres del otro.
Por eso, a algunos de los que volvieron, se les dijo que deberían esforzarse más en estudiar y
aprender de todo. Según eso, la educación adquirida en esta vida conduce a muchas oportunidades
especiales y maravillosas en el más alia. Como vimos, algunos relatos mencionan la existencia de univer-
sidades, oficinas, aulas y laboratorios donde los que estudiaron en este mundo, siguen estudiando y
enseñando en el mundo de los espíritus. El entender eso ha llevado a muchos de los que vuelven,
hombres y mujeres, a cambiar de carrera, a ir de vuelta a la escuela, a empezar a leer de todo, a educarse
de una manera u otra. (Top y Top, Capítulos 7 y 8)
De hecho muchos, al retornar de una visita al mundo de los espíritus, entendieron que tres cosas
son sumamente importantes para los personajes de luz:
•buen trato y amor dentro de la familia
•ayuda al prójimo, y
•la adquisición de conocimiento
Adicionalmente, los que vieron el infierno se dieron cuenta que el negativismo, la impaciencia,
el enojo, la rabia, el resentimiento, y la violencia pertenecen al infierno. Ninguna de esas cosas se
permiten excepto en el infierno.
Los que volvieron a la tierra recuerdan más que nada la sensación de paz que sintieron allí. Pero
también sienten que, antes de morir de nuevo, tienen que hacer dos cosas: (1) resolver pacíficamente los
problemas que tienen con otros; y (2)completar sus misiones aquí. Habiendo hecho eso, pueden ir de
vuelta en paz. (Top y Top, Capítulo 14)
Mientras tanto, en la tierra, las cosas no andan tan bien.

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ETAPA NO. 5: EL FIN DEL MUNDO Y EL MILENIO
Sobre los inicuos, los profetas han dicho que, antes de que venga el Milenio, tiene que venir la
destrucción del mundo como lo conocemos. Estamos en los últimos días y el proceso de la destrucción
ya ha empezado. Los terremotos y las erupciones de volcanes se multiplican. El clima está cambiando y
señales están apareciendo en los cielos. Las aguas se están saliendo de sus límites. Crueles y
destructivos conflictos y guerras ya no cesan por todo el mundo. Este es el tiempo cuando "los 'esclavos'
(todos los que se sienten abusados y explotados) se sublevarán contra sus amos, los cuales serán
movilizados y disciplinados para la guerra." (DyC 87:4)
Mucho más está por venir: tempestades y granizos, la destrucción de cosechas, pestes,-escasez de
comida, epidemias, la disolución de instituciones sociales. Poco a poco el mal se extiende en todas
partes. Los justos tienen que aislarse y establecer Sión. El recogimiento de Israel se completa y la gran
destrucción toma lugar. Cristo aparece primero a los judíos en Jerusalen, salvándolos de sus enemigos.
Y cuando llegan las diez tribus perdidas, el Señor aparece a todo el mundo.
Simultáneamente la tierra vuelve a su lugar terrestre, (el lugar donde estaba en el tiempo de Adán
y Eva, Isa 13:13) ganando de nuevo su gloria paradisiaca. En el proceso, la tierra es renovada por fuego,
las estrellas parecen caer, el sol y la luna cambian de lugar. Las montañas y los océanos desaparecen. Y
por toda la tierra brotan innumerables fuentes de agua.
Los sobrevivientes son resucitados y cambiados en un abrir y cerrar de ojos. Al volver, ellos son los
testigos de grandes alteraciones en todo. Ahora Jesús el Cristo gobierna al mundo. Los animales ya no se
pelean entre sí, y ya no atacan a los seres humanos. Las malas yerbas y las plagas han desaparecido. Hay
agua dulce por doquier. Hay paz y tranquilidad. Todos los que sobrevivieron son buena gente, al menos
terrestres. Satanás está atado. Los pecados telestiales han desaparecido, como la pobreza, el crimen, la
maldad, así como la pena y el dolor. Ya no hay enfermedades o muerte. Hay paz, felicidad y amor por
doquier.
La tierra está lista para dar la bienvenida a los que vienen resucitando mientras siguen las
generaciones, una tras otra trayendo almas buenas que crecen en salud, bienestar, satisfacción, justicia y
bondad.
Durante el milenio, hay dos resurrecciones que realmente son tres
El Milenio comienza cuando Cristo baja de los cielos vestido de rojo. Con él vienen los
resucitados celestiales, las primicias, los primeros frutos dei sacrificio de Cristo. Y poco a poco, en esa
mañana de la primera resurrección, resucitan todos los justos con un cuerpo celestial.
Eventualmente, más o menos a mediados del milenio, empieza la tarde de la primera
resurrección. Ésa es la resurrección de honorables hombres y mujeres, honestos en sus relaciones con
otros, los que resucitan con un cuerpo terrestre.
La segunda resurrección viene al fin del milenio. Es la resurrección de los telestiales, los que
hicieron lo que se les dio la gana en esta vida, maltratando a todos los que les molestaron en su
camino. Éstos han pasado todo el milenio en el infierno para pagar por sus propios pecados, y para
darles tiempo de reconocer a Cristo como nuestro Dios y Salvador.
Cuando los telestiales resucitan, muy pronto Satanás es desatado y enseguida se dirige a los
recién llegados. El los reúne para la batalla final en contra de la ciudad amada. Pero esta vez, Dios no
les da tiempo de hacer mucho daño. Manda fuego del cielo que los consume. (Apo 20:5-10)
Ese es el tiempo cuando el milenio termina, y la tierra es preparada para servir de residencia
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para los que ganan la gloria celestial: "un globo semejante a un mar de vidrio y fuego," un mar de
cristal, un gran Urim y Tumim. (DyC 130:7-9) Y se abren los libros de la vida, para el juicio final.
Cristo es el juez supremo y cada uno de nosotros compareceremos delante de él. Todos nuestros hechos
serán publicados, excepto por los santificados. Los santificados han sido perdonados y purificados
porque se arrepintieron de sus pecados y pusieron toda su fe en el poder de Cristo para salvar.
Al final, aceptando la infalible justicia de Dios, aceptamos el juicio y nos colocamos por el resto
de las eternidades, en el lugar que ganamos dentro de una de las tres glorias.
ETAPA NO. 6: LAS TRES GLORIAS
La sección 76 de Doctrina y Convenios nos provee con una buena descripción de los que serán
recibidos en cada gloria.
La Gloria Telestial es para los mentirosos, los adúlteros, los que aman y obran la mentira. (DyC
76:103-106) Es para los que, sin preocuparse de la voluntad de Dios, hicieron lo que se les dio la gana
aquí en la tierra. (DyC 1:16; 88:35) Son los que causaron dolor y pena a sus familiares, sus vecinos, en el
mundo. Son los que, si no se arrepienten en esta vida, buscando el poder de Cristo para salvar, irán al
infierno para pagar por sus propios pecados. Son los que ganan la gloria de las estrellas.
La Gloria Terrestre se alcanza al tratar a otros con honestidad y equidad. Los terrestres son los
hombres y mujeres honorables de la tierra que fueron cegados por las artimañas del mundo. También
son los que recibieron un testimonio de Cristo pero que no fueron valientes, y por eso no guardaron todos
los convenios que habían hecho con él. (DyC 76:71-79) Los de la gloria terrestre serán juzgados por la
ley que aprendieron dentro de sus familias, de su pueblo, aun si la ley que rige su pueblo no es la ley
dada por Dios.
Esa gloria, la gloria de la luna, será supervisada por la gloria celestial. Así mismo de la gloria
terrestre, saldrán los líderes que supervisarán a los telestiales. (DyC 76:86-88)
La Gloria Celestial es para los que recibieron el testimonio de Jesús, guardaron sus mandamientos,
y ganaron la compañía constante del Espíritu Santo, la santificación. Son los que pusieron su fe en Cristo,
en el poder que él ganó en la cruz, el poder de purificarnos de todos nuestros pecados, el poder de
traernos salvación. No podemos entrar en la gloria celestial sin ganar la santificación. (DyC 105:36)
Pero para lograr la vida eterna, o sea la vida que los dioses obtuvieron, debemos tener nuestro
matrimonio sellado por el Santo Espíritu de la Promesa, y recibir nuestra vocación y elección segura.
(DyC 131) Esto nos dice que logramos la vida eterna, el poder de tener progenie por la eternidad, y de
crear mundos para estos hijos e hijas espirituales. (DyC 132) Así continuará la obra y gloria de Dios que
es el llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre. (Moisés 1:39)
Los que logran la vida eterna son parejas quienes, además de guardar todos sus convenios con Dios,
también han ganado, AQUÍ EN LA TIERRA, una relación muy especial como esposo o esposa.
Esa buena relación vino porque los dos decidieron temprano al casarse, vivir dentro del sistema de
mayordomia, que es el estilo del gobierno de Dios. Este sistema requiere que los dos participantes
compartan todo lo que tienen según la ley de consagración, con el propósito de salvarse mutuamente. Por
eso, desde el comienzo, se trataron mutuamente con amor y respeto, como iguales, compartiendo todo.
Compartieron su amor, sus sentimientos, sus actividades, sus bienes temporales, su dolor y sus alegrías,
sus pensamientos, sus posesiones, su conocimiento de las cosas de Dios, así como su amor por Dios y por
Cristo. Trabajaron íntimamente juntos, sin coerción, con igual poder, como socios, en todas las áreas de
la vida, como se indica en DyC 121. Así establecieron entre sí una intimidad emocional, una intimidad

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intelectual, una intimidad financiera, una intimidad religiosa, una intimidad en la crianza de los hijos,
una intimidad en el trabajo, una intimidad al tomar decisiones, todo eso en el proceso de alcanzar metas
justas que los dos establecieron juntos.
Esa intimidad es la mayor señal de que una pareja ha llegado a ser uno. Y las escrituras nos dicen
que el ser uno es la bendición que viene a los que viven el sistema de mayordomia establecido por Dios en
la administración de su reino. (DyC 72:3-4; 51:19)
Los que llegaron a ser UNO son los que reciben el segundo sellamiento por el Santo Espíritu de la
promesa. Ese sellamiento viene años y años después de hacer el nuevo y sempiterno convenio del
matrimonio en el templo. Después de que una pareja establece esa vida de intimidad y amor, esa unidad
divina, sea en este mundo o en el otro, los dos son llamados en el templo por el profeta, y una segunda
ceremonia tiene lugar. Pero esta vez la unión es sellada por el Santo Espíritu de la promesa, o sea, el
Espíritu Santo.
Esta ceremonia ya no es un ensayo, es de verdad y durará por todas las eternidades. Y es cuando ese
segundo sellamiento toma lugar que ganamos la vida eterna. (DyC 131, 132) Entonces ellos serán
sacerdotes y sacerdotizas, reyes y reinas, dioses y diosas, e hijos e hijas de Dios. Y continuarán la obra
de Dios para siempre.
Desde antes de la fundación del mundo, ésta fue la gloriosa meta del plan de salvación: que
ganáramos la vida eterna, como parejas, ni el hombre sin la mujer, ni la mujer sin el hombre. Si
alcanzamos esto, podemos llegar a ser como Cristo, co-herederos con él, y como él, dioses para toda la
eternidad, dedicados a repetir para siempre jamás, el ciclo que nuestro Padre Celestial empezó.

Resumen

El plan de salvación ha sido preparado con un propósito divino. El propósito ha sido, desde el
comienzo, de ayudarnos a progresar:
•de inteligencia a
•espíritu hijo e hija de nuestros Padres Celestiales, •de espíritu hijo e hija de Dios a •alma
viviente de carne y hueso •de alma viviente que busca hacer la voluntad de Dios a •un ser resucitado y
glorioso como nuestro Padre y Madre Celestial
Todo eso ocurre en seis etapas
•Como inteligencias
•En la vida pre-mortal
•En nuestra prueba mortal
•En el mundo de los espíritus
•Pasando por los últimos días y el Milenio
•Y obteniendo una posición en una de las tres glorias
Con una estadía en tres lugares:
•En algún lugar en el universo,

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•Donde nuestros Padres Celestiales viven,
•En la tierra de nuestra probación
•En la tierra pero en otra dimensión, y de nuevo
•En la tierra si ganamos la gloria celestial
Pasando tres pruebas rigurosas:
Primera prueba: Seguramente Dios estableció su propio criterio para seleccionarnos como sus
futuros hijos e hijas. De otra manera hubiéramos podido ser llamados como parte de una montaña, de
un océano, del polvo de la tierra, o como una zanahoria, o tal vez como un pájaro, un león, o una
mariposa. En vez de eso, se nos dio la gran oportunidad de vivificar un cuerpo espiritual hecho a la
imagen de nuestros Padres Celestiales, con la potencialidad de llegar a ser como ellos.
Segunda prueba: Luego pasamos con éxito nuestra segunda prueba en la vida pre-mortal, cuando
no nos dejamos engañar por Satanás y participamos en la guerra al lado de Cristo.
Tercera prueba: Ahora estamos en este mundo, pasando nuestra tercera y última prueba, la
mayor de todas, porque lo que elegimos hacer en esta vida determinará el resto de nuestra eternidad.
Pero ese maravilloso plan de salvación solamente fue posible porque, en el gran concilio, se
estableció un plan de redención.
El Plan de Redención
Este plan de redención era necesario para resolver el dilema en el cual todos nosotros nos
encontramos:
1.No podemos adquirir un cuerpo sin volvernos hombres y mujeres naturales
2.Separados de nuestro Padre Celestial todos nosotros, los hombres y mujeres naturales,
cometemos pecados, porque hacemos nuestra propia voluntad (o la voluntad del adversario) en lugar de
obedecer la voluntad de Dios
3.Al pecar, nuestro mismo cuerpo registra nuestros pecados y somos sucios. Al morir en ese estado
de pecado, por nosotros mismos, no podemos resucitar. Y aun menos tenemos el poder de volver a
Dios, porque no podríamos estar en la presencia de Dios sin ser consumidos por su gloria.
Este dilema solamente podía ser solucionado por medio del plan de redención que fue instituido
durante el gran concilio. Fue allí cuando Cristo, nuestro hermano mayor, voluntariamente propuso venir
a la tierra, con el propósito de morir por nosotros y así redimirnos.
Como muchas veces las escrituras explican, nuestro Padre Celestial cesaría de ser Dios si no fuera
justo, equitativo, e imparcial. Pero, él puede invocar una ley mayor, la ley de la misericordia si un ser
sin pecado, sin mancha es sacrificado por nuestra salvación.
Así se estableció el plan: al sufrir el martirio en Getsemaní y en la cruz, Jesús el Cristo adquiere el
poder de resucitar a todos los que vivieron y murieron en esta tierra. Ese sufrimiento que ni siquiera
podemos imaginar, también le da a Cristo el poder de limpiar, santificar, purificar todos los pecados
incrustados en nuestros seres, para que podamos volver a nuestro Padre Celestial, en su reino. Pero eso
solamente puede ocurrir después de hacer cuanto podamos (2Ne 25:23), y después de ejercer la fe de
Enós, la fe que lo hizo orar fervientemente por unas veinticuatro horas en los bosques de la tierra de
Nefí.

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No es nada sorprendente que cada dispensación fue establecida con el propósito de introducir de
nuevo a los hijos de los hombres, las buenas nuevas, el evangelio de nuestro Señor, el conocimiento del
sacrificio de Cristo, el único nombre por medio del cual podemos ganar salvación.
Unos comentarios sobre el plan
Primero, no hay otra iglesia que tenga un plan de salvación tan completo como el nuestro.
Es fácil darnos cuenta cuan completo es el plan de salvación presentado por Dios. Etapa por etapa, el
plan nos lleva de nuestro primer estado (la materia prima llamada inteligencia), hasta la posibilidad de
llegar a ser dioses, como nuestro Padre y Madre Celestiales. Somos la única iglesia cristiana que nos
provee con esa visión, la visión completa del plan de Dios. Las demás iglesias Cristianas enseñan que
nuestro comienzo ocurre al momento de la concepción o del nacimiento. Sin conocer los propósitos de
Dios, muchos se sienten perdidos en estasegunda etapa, niegan a Dios, o piensan que Dios ha muerto.
La vida no parece tener razón de ser. Y la tercera etapa es todavía peor, porque no ofrece una segunda
oportunidad, y no tiene fin.
Después de la muerte, la mayoría de las iglesias Cristianas ofrecen solamente dos alternativas
donde pasar el resto de la eternidad: el paraíso para los que cumplen con todo lo requerido; el infierno
para los que no. Algunas ofrecen, caritativamente, un tercer lugar para los que, sin culpa propia, no
pudieron cumplir con todo: el limbo. Típicamente, lo requerido es muy específico y muy estricto. Para
algunos es el participar en todas las ordenanzas ofrecidas por la iglesia, para otros, es aceptar a Cristo
como el Salvador. No es que esos requerimientos sean difíciles. El problema es que la vida, a veces, no
facilita las cosas. Muchos han vivido en países donde jamás oyeron de Cristo. Muchos buenos cristianos
nacieron y murieron en lugares lejos de ministros de su fe, otros murieron de pronto, tal vez en un campo
de batalla donde no recibieron la última unción. Según esas creencias, millones de buenas personas son
destinadas a pasar las eternidades sufriendo quemazones horribles, simplemente porque no nacieron o
no murieron en otra situación distinta. Y eso ocurre sin explicación alguna de parte de Dios.
Porque conocemos seis de nuestras etapas en lugar de solamente dos, es muchísimo más fácil para
nosotros entender la mente de Dios y su plan para nosotros. Por supuesto, ese conocimiento también nos
da muchísima más responsabilidad para estudiar ese plan y vivirlo correctamente.
Además, el plan de salvación nos da un marco de referencia que puede mejorar grandemente
nuestro entendimiento de la vida y de las opciones abiertas en esta maravillosa vida que Dios nos ha
dado.

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CAPÍTULO 3
Nuestra vida aquí es
una prueba de obediencia

L os dos primeros capítulos nos dieron un bosquejo del plan de salvación. Ahora, entendemos
que somos eternos. Sabemos que, en perspectiva, nuestra vida no dura más que unos pocos
momentos, entre dos eternidades. Pero, a pesar de ser tan corta, la vida es sumamente importante
porque lo que hacemos durante nuestra estadía en esta tierra, determina donde vamos a pasar la siguiente
parte de nuestra eternidad: la gloría celestial, la gloria terrestre, o la gloria telestíal.
No hay duda alguna que el estar aquí es asunto serio. Si no queremos que nuestra experiencia
terrenal nos deje con la mitad (o menos) de la gloria que teníamos antes de venir, tenemos que entender
el porqué de las cosas, así como cuáles son nuestras opciones.
NUESTRA PRUEBA TERRENAL ES UNA PRUEBA DE OBEDIENCIA
Las escrituras muy claramente nos dicen que nuestra gloria futura depende totalmente de nuestra
obediencia a la voluntad de Dios aquí en la tierra. La escritura dice:
y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare. (Abr3:25)
El Señor reitera esa conclusión repetidas veces en las escrituras, indicando que las bendiciones
aquí en la tierra o en la eternidad, dependen de nuestra obediencia. Dice que si no obedecemos,
seremos desarraigados (DyC 56:3), que no tenemos promesa. (DyC 82:10) Y dice que, si él tiene que
revocar un mandamiento porque nadie lo obedece, también tiene que revocar la bendición
correspondiente. (DyC 58:32) En Doctrina Hormona, el Élder McConkie dice que la obediencia es la
primera ley del cielo, la piedra angular sobre la cual toda rectitud y progresión depende, (p. 516)
Pero nuestro Padre Celestial sabía desde el comienzo que, al usar nuestro albedrío moral aquí en
esta tierra telestial, no íbamos automáticamente a seguir las direcciones de Dios. Al contrario, separados
de él por un velo, íbamos a hacer las cosas según nuestro criterio propio, así como al criterio de los
demás alrededor nuestro. Así, algunos de nosotros volveríamos a él, otros seguirían al mundo, y los
demás seguirían a Satanás.
Porque Dios nos conoce, sabe que la mayoría de nosotros no somos muy obedientes. Por eso su
Plan de Salvación tenía que incluir un plan de Redención, y un Salvador. Sabía que los que finalmente
se redimen por medio de Cristo, son los que alcanzan de verdad, el calibre de los dioses.
EL PECADO ES INEVITABLE, POR ESO, DIOS Y SU HIJO
JESUCRISTO HAN ESTABLECIDO EL PLAN DE REDENCIÓN
Es Adán el que recibe del Señor, la información que todos nosotros, de niños, caemos en el pecado.
Primero, vamos a escribir toda la larga cita en Moisés 6:55-58, y después vamos a analizarla.

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...Por cuanto se conciben tus hijos en (un ambiente de) pecado, de igual manera,
cuando empiezan a crecer, el pecado nace en sus corazones, y prueban lo amargo
para saber apreciar lo bueno.
Y les es concedido discerniré! bien del mal; de modo que, son sus propios agentes, y
otra ley y mandamiento te he dado,
Enséñalo, pues, a tus hijos, que es preciso que todos los hombres, en todas partes, se
arrepientan, o de ninguna manera heredarán el reino de Dios, porque ninguna cosa
inmunda puede morar allí, ni morar en su presencia; porque en el lenguaje de Adán,
su nombre es Hombre de Santidad, y el nombre de su unigénito es el Hijo del
Hombre, sí, Jesucristo,
un justo Juez que vendrá en el meridiano délos tiempos.
Por tanto, te doy el mandamiento de enseñar estas cosas sin reserva a tus hijos...
(Moisés 6:55-58)
Al tratar de entender ese pasaje, necesitamos dividir esa larga escritura en dos partes.
La primera parte (versículos 55-56) se refiere al hecho que, en el proceso de usar nuestro
albedrío moral y aprender a discernir entre el bien y el mal, por necesidad, vamos a experimentar
con buenas y malas cosas. En el proceso, cada uno de nosotros vamos a pecar.

En este mundo telestial, al crecer, porque nos dieron agencia propia, en el proceso
de probar lo amargo, el mal, para así reconocerá lo bueno, el pecado nace en
nuestros corazones.
Pero, les daré el don de discernimiento para que sean sus propios agentes... (Moisés
6:55-56)
Según esa escritura, el pecado es inevitable en el proceso de crecer en este mundo telestial,
porque es imposible entender lo bueno sin haber tenido algo de experiencia con lo malo. Parece
que, con la excepción de Jesús, eso ocurre a cada ser humano, en cada generación. Por eso Pablo
dice, hablando tanto de los Judíos como de los Gentiles: "...todos están bajo pecado... no hay justo,
ni aun uno." (Rom 3:9-10) Y también dice:
Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. (Rom 3:23)
Si todos nosotros, los humanos, vamos a pecar, y si solamente los que son totalmente limpios y sin
mancha pueden morar con Dios, necesitamos una solución para volver a Dios. El Señor propone esa
solución en la segunda parte de esa misma escritura, debemos enseñar a todos la expiación de
Jesucristo y su poder para salvar; o sea, el plan de redención. (Moisés 6:57-58)
Por eso, el Señor le da a Adán el mandamiento:
Enseña esto a todos los hombres (y mujeres) que todos debemos arrepentimos o de
ninguna manera podremos heredare! reino de Dios.
La razón es simple: nada inmundo puede morar en la presencia de Dios.
(Moisés 6:57-58)
Así, el problema es que todos pecamos. Y la solución consiste en enseñarnos mutuamente el plan
de redención que nos permite redimirnos y santificarnos por medio del Espíritu y por el poder de
Jesucristo. Así seremos purificados y limpios de nuestros pecados y podremos volver a Dios.

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EL PLAN DE REDENCIÓN
Sabiendo que, a pesar de todos nuestros esfuerzos, nuestros hijos e hijas van a pecar, las escrituras
específicamente, nos dicen que debemos enseñarles el plan de redención, la parte más notable del plan
de salvación. Aunque muchas veces usamos esos dos conceptos como si fueran uno, existe una
distinción importante entre ellos.
El plan de salvación es el programa que Dios estableció, antes de la fundación de la tierra, para
que nosotros, sus hijos e hijas espirituales, podamos llegar a ser dioses, como él.
El plan de redención no se refiere a esos eventos. Se refiere al poder que salva, al poder que nuestro
Señor Jesucristo, nuestro Redentor, ganó al cumplir con la voluntad de Dios, y pasar por el sufrimiento
insoportable del Getsemaní y de la cruz en el Gólgota. (DyC 19:13-19) Al morir por nosotros, el
redentor tiene el derecho y el poder de hacer dos cosas:
1.Incondicionalmente traer la resurrección a cada hombre y mujer que ha vivido en esta tierra.
2.Y condicionalmente, si nos arrepentimos, si nos bautizamos por agua, si recibimos el don del
Espíritu Santo (Moisés 6:52)
Y si entregamos todo nuestro ser a nuestro Redentor podemos ser purificados y santificados de
todo pecado por el Espíritu Santo, y eventualmente ganar la vida eterna (Moisés 6:59; Alma 22:13;
21:9; 34:16;42:13; Morm 9:12)
Si nuestro Padre Celestial no hubiera instituido el Plan de Redención desde antes de la fundación del
mundo, o si, al último momento, Cristo se hubiera rehusado a hacer el sacrificio expiatorio para todos
nosotros, nunca hubiéramos podido volver a Dios. Y nuestra dirección, nuestro destino hubiera sido el
vacío para siempre jamás.
Podemos ver que la prueba de la vida no es fácil, y muchos de los que vienen a esta tierra no
podrán volver a Dios. Pero si no nos salvamos no será culpa de nuestro Padre Celestial o de Cristo.
Ellos, con gran amor y gran sacrificio, han establecido un plan perfecto dentro del cual todos tenemos la
oportunidad de salvarnos.
NUESTRA PREPARACIÓN EN LA VIDA PRE-MORTAL
Porque somos sus hijos e hijas, desde el comienzo, Dios ha cuidado de nosotros. Nos preparó
antes de venir aquí a la tierra, con conocimiento y entendimiento, con talentos, dones espirituales, y con
misiones y llamamientos específicos.
Somos hijos e hijas de Dios
El saber que no fuimos creados al momento de nacer, sino que fuimos primero creados hijos e
hijas espirituales de nuestros padres celestiales y que vivimos con ellos por miles de años, nos dice que
somos muy especiales. Somos hijos e hijas de dos dioses, y potencialmente, podemos llegar a ser dioses y
diosas, como nuestros padres celestiales. Somos dioses en embrión.
Fuimos criados y educados como hijos e hijas de dioses
Vivimos por siglos en un mundo celestial, circundados por seres de gloria: dioses y diosas,
sacerdotes y sacerdotisas, y ángeles. Allí fuimos criados, encaminados, iniciados, formados, moldeados
por todos ellos. Nos enseñaron, por instrucción y por su ejemplo, los valores celestiales, la verdad de
todas las cosas, y un comportamiento aceptable a la vista de nuestros padres celestiales. Pero no todos
aceptamos esas enseñanzas con la misma seriedad. (Alma 13:4)

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En la medida que interiorizamos esas enseñanzas celestiales, haciéndolas nuestras, algo nos
quedó. Por eso notamos que, desde muy jóvenes algunos de nuestros hijos e hijas tienen más fe y
demuestran más interés en las cosas de Dios que otros. Algunos tienen una tendencia natural hacia
el bien mientras que otros no parecen tenerla.
En nuestra vida premortal, adquirimos talentos
De la misma manera y por la misma razón, muchos de nosotros hemos desarrollado ciertos
talentos en la vida pre-mortal. Algunos son deportistas y ganan todos los premios habidos y por
haber. Otros dibujan o pintan cuadros que perduran por siglos. O tocan, arreglan, o componen
música divina. O escriben novelas o piezas de teatro inolvidables. O descubren o inventan cosas
que revolucionan al mundo.
Muchos artistas, inventores y científicos reconocen la ayuda que reciben del más allá. Muchos
admiten que sus ideas vienen a su mente, temprano en la mañana, al despertar. Muchos pintores
"vieron" lo que deben pintar antes de tomar el pincel en sus manos. Mozart podía escribir música con
una pluma, porque no tenía que borrar nada. Y Handel escribió su oratorio, El Mesías, en tres
semanas. Es como sí hubieran trabajado en sus obras antes de venir al mundo. Y aquí se acuerdan de lo
que hicieron allá, y simplemente lo hacen de nuevo.
Nuestros profetas confirman eso cuando nos dicen que los grandes descubrimientos que han
ocurrido en estos últimos días, vienen de Dios para preparar la tierra para la Segunda Venida de Cristo.
Ciertamente la obra para los muertos y la obra misional no hubieran crecido como lo han hecho sin los
tremendos desarrollos en transportación, en comunicación, en el campo de la electrónica, o en la
filmación y preservación de documentos.
Así nuestro Padre Celestial ha preparado, desde la vida premortal, todas las cosas que deben
ocurrir para preparar al mundo para la Segunda Venida de nuestro Señor.
En la vida premortal, ganamos dones espirituales
Según las escrituras, todos traemos con nosotros dones del espíritu, ganados antes de nacer, a
la medida de nuestro interés en las cosas espirituales que nos enseñaron allá. Con nosotros trajimos la
fe que salva, o al menos la fe en los que tienen fe. 0 trajimos la sabiduría que es la habilidad de
traducir nuestro conocimiento religioso en actos inteligentes y sabios, en acciones que reflejan
nuestro entendimiento del evangelio. 0 tenemos el don de enseñar el evangelio, o un conocimiento
más secular, tal vez un entendimiento de la ciencia. 0 traemos el don de sanar o el don de ser
sanado. 0 podemos aquí, obrar poderosos milagros, o profetizar. 0 tenemos el don de lenguas, y
somos muy buenos con los idiomas, idiomas que podemos usar para diseminar el evangelio entre
otros pueblos. 0 tenemos el don de discernimiento, el don de organización, o de administración. Y
todos esos dones son para el beneficio nuestro y de la congregación de los santos. (Moro 10:8-19;
DyC 46:10-26; 1Cor 12:4-11) Muchas veces nuestros dones son mencionados directamente o
indirectamente en nuestras bendiciones patriarcales. Pero todos llevamos dentro de nosotros al menos
uno de esos dones espirituales. (1 Cor 12:4-12; Moro 10:9-17; DyC 46:13-26)
Así, cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de recobrar los dones espirituales que
recibimos durante nuestra vida premortal, bajo la supervisión de seres celestiales. En esta vida,
esos dones llegan a ser bendiciones e instrumentos para nuestra salvación y la salvación de toda la
comunidad de los santos.

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En la vida premortal, recibimos llamamientos y misiones, con
la oportunidad de cumplirlos aquí en la tierra
En la vida pre-mortal recibimos llamamientos, oportunidades de servir que nos ayudan a ganar
nuestra salvación. Cristo fue llamado allí como el Redentor del Mundo. (Abr 3:27; Moisés 4:2) Líderes
fueron escogidos de entre espíritus buenos, antes de que nacieran. (Abr 3:23) Sumos sacerdotes fueron
llamados y enseñados desde la fundación del mundo, mucho antes de nacer. (Alma 13:1-7)
Nuestra bendición patriarcal nos da nuestro linaje que tantas veces nos dice que nacimos dentro de
la Casa de Israel, con el derecho de recibir el evangelio verdadero y de servir en el reino de Dios, aquí en
la tierra. Y típicamente también nos da una lista de misiones y llamamientos para los cuales hemos sido
preparados en la vida premortal.
A menudo, nuestras bendiciones patriarcales nos dan algo de información acerca de nuestra vida
premortal. Por ejemplo, hace unos años, un misionero, volviendo de una misión en Australia, reportó en
nuestro barrio haber bautizado a una mujer de unos sesenta años. Al recibir su bendición patriarcal, le fue
dicho que ella debió de haber sido bautizada cuarenta años antes. Pero el misionero que se había
comprometido en bautizarla aquí en la tierra, había decidido no ir a la misión. Por eso ella había tenido
que esperar tanto tiempo.
Así, en la vida premortal, hemos aceptado llamamientos y misiones. Una vez en la tierra, si
buscamos y aceptamos esas responsabilidades y las cumplimos, ayudaremos a que otros se salven. Muchas
veces nuestras bendiciones patriarcales nos traen a la memoria lo que prometimos hacer aquí. Y de esa
manera podemos ganar de nuevo la gloria que teníamos con nuestro Padre Celestial. Como vemos,
mucho depende de como usamos nuestro albedrío.
En esta vida, al nacer y por ocho años, recibimos tres
importantes protecciones
Al llegar a este mundo, nos encontramos de repente en una esfera telestial, llena de oscuridad y
maldad, y en la presencia de las huestes de Satanás. Eso puede hacernos sentir totalmente abandonados,
como si estuviéramos en medio de una selva hostil en las Amazonas.
Pero de hecho, nuestro Padre Celestial no nos abandona. Nos provee con el Espíritu de Cristo,
con ocho años libres de la influencia de Satanás, y con una familia que nos da amor, enseñanzas, y
valores.
Al nacer, cada uno de nosotros recibimos el Espíritu
de Cristo, su luz y verdad
Al nacer, cada hombre (y mujer) recibe el Espíritu de Jesucristo, su luz y verdad. (Juan 1:9; DyC
93:2; 84:45-48) Esa es la misma luz que está en el sol, en la luna, en las estrellas, así como en la tierra.
Es la misma luz que ilumina nuestros ojos, la misma luz que vivifica nuestro entendimiento, nuestra
alma. Esa luz procede de la presencia de Dios y llena la inmensidad del espacio. Es el poder de Dios y la ley
que gobierna todas las cosas, que existe en todas las cosas, y que da vida a todas las cosas. Es el poder de
nuestro Dios quien se sienta sobre su trono en el seno de la eternidad, en el centro de su universo. (DyC
88:7-13; 50) Y esa misma luz ilumina nuestra mente y nos llena de gozo. (DyC 11:13)
Ese poder tan maravilloso es nuestro, y sirve como nuestra consciencia por tanto tiempo como
amamos, escuchamos, respetamos y obedecemos a Dios.
Además, el Señor nos protege de nuestro peor enemigo a una edad cuando no sabríamos como

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escaparnos.
Hasta los ocho años de edad, el diablo no tiene el
derecho o el poder de tentarnos
Dios ha decretado que Satanás no tendría el poder de tentar a los niños hasta después que lleguen
a la edad de responsabilidad, a los ocho años. (DyC 29:46-47) Esto les da, a todos los habitantes de la
tierra, la oportunidad de moldear a sus hijos e hijas sin intervención negativa de parte del adversario. Por
todo el mundo, esos ocho primeros años representan el tiempo que nosotros los padres tenemos para
enseñar a nuestros hijos e hijas todo lo mejor que tenemos en cuanto a valores, creencias, actitudes, y
manera de hacer las cosas. Y ese es el tiempo de hacerlo, porque típicamente esos son los pocos años
durante los cuales nuestros hijos e hijas nos quieren complacer, son inocentes, enseñables, y se lo creen
todo. Mi querida amiga y mentor, Joyce Harper, solía decir:
¡Esos ocho años son una bendición tan grande! Es como el jugar un partido de fútbol donde nos darían
ocho minutos de juego, sin un equipo adversario, sin oposición. Solos en la cancha con nuestros hijos menores,
nosotros los padres tenérnosla oportunidad de poner tantos goles, osea, tantospedacitosdeluzy verdad como
podamos durante ocho minutos. Cuando finalmente, el otro equipo (el enemigo) entra en la cancha, tenemos tantos
goles acumulados, que nadie puede vencernos ya.
Qué bien ilustra la posición de nuestros hijos en la vida, si les enseñamos bien desde el
principio.
Nacimos dentro de una familia que siente la responsabilidad
de cuidarnos y darnos todo lo que necesitamos en la vida
La familia ideal fue establecida por el Señor, en el Jardín de Edén. Se compone de un hombre y de
una mujer que deben dejar a sus padres, para allegarse uno al otro y llegar a ser uno.
La mujer tiene la responsabilidad del hogar. Pero cuando ella, en dolor, da luz a sus hijos, ella
tiene la mayor responsabilidad de amamantarlos, de darles amor, de criarlos, de enseñarlos, desde el
primer día.
El hombre es el proveedor de la casa. Pero sobre todo, porque el propósito más importante de la
familia es criar y salvar a sus hijos e hijas, el padre también debe enseñarlos, así como proveer para ellos,
protegerlos y presidir, con amor y amistad, sobre un hogar en buen orden.
Y los dos, padre y madre, son socios entre sí y con Dios, para manejar los asuntos del hogar, y para
enseñar a sus hijos buenos valores, buenas costumbres, y sobre todo, un conocimiento de Dios y fe en él y
su plan. Al hacer esas cosas, los padres preparan a sus hijos para una vida adulta responsable ante su Dios,
ante su propia familia, ante su comunidad, y su nación, así como para la vida eterna.
Así Dios lo ha decretado, porque sin el cuidado paterno, de parte de la madre o del padre, un
bebito no puede sobrevivir. Y sin la preparación que los padres pueden dar a sus niños, hijos e hijas
adultos no tienen tantas oportunidades de tener una buena vida, en una buena comunidad, y de ganar
salvación en el reino de Dios. Según el Señor, cada generación debe tomar responsabilidad por la
generación que viene.

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Además, en cada dispensación, nosotros los padres, recibimos
el mandamientode enseñar el evangelio a nuestros hijos e hijas
Las escrituras nos dicen que debemos enseñar diligentemente a nuestro hijos e hijas, las cosas de
Dios. (Deut 6:7) Recibimos el mandamiento de" enseñarles el plan de redención antes de que lleguen a los
ocho años. (Moisés 6:57-58; Moroni 8:10; DyC 68:25) También debemos enseñarles luz y. verdad (DyC
93:40,42), por medio de las escrituras. (Mosíah 1:4) Debemos convencerlos a "temer" a Dios (Deut 4:10;
Salmos 34:11), y a orar y andar rectamente delante del Señor (DyC 68:28), para que ganen salvación.
(Salmos 132:12; 34:11; Alma 13:6) Y debemos enseñarles a amar y servir exclusivamente al Dios
verdadero y viviente.
En otras palabras, el mensaje que las escrituras nos dan es que nuestros hijos e hijas son muy
vulnerables cuando vienen a este mundo. Por eso nuestro Padre Celestial ha establecido mucha
protección para que ellos no se pierdan antes de participar en la prueba de la vida. El los provee con
una familia que les da amor, experiencias positivas, asi como una oportunidad de sobrevivir
físicamente. Les da el Espíritu de Cristo que les ayuda a desarrollar una consciencia. No permite que su
mayor enemigo les ataque con sus tentaciones. Pero sobre todo, cuenta con padres justos y positivos
para proveer a sus hijos e hijas con mucho amor, y para enseñarles el bien del mal, y lo que el Señor
llama el temor de Dios.
Pero tenemos que vencer tres mayores obstáculos para alcanzar salvación
A pesar de su divina protección, no es tan fácil volver a nuestro Padre Celestial, porque mucho
depende de nosotros mismos. El Señor extiende la mano y la mantiene extendida, pero nosotros
tenemos que estirar todo nuestro ser para alcanzarlo a él. Nos da la oportunidad, pero nosotros tenemos
que hacer el esfuerzo, orando y obedeciendo para establecer y mantener nuestro contacto con Él. Al
menos tres elementos nos ponen en peligro de no encontrar el camino de vuelta a Dios. (1) Satanás y sus
ayudantes, desde el comienzo, han declarado ser enemigos de nuestra salvación. (2) Nuestro propio
cuerpo de carne y huesos fácilmente nos puede llevar al pecado. (3) La caída de Adán ha establecido un
velo entre nuestro Padre Celestial y sus hijos e hijas aquí en la tierra. Y es solamente al usar nuestro
albedrío correctamente, que podemos penetrar el velo y encontrar a Cristo.
Satanás y el mundo telestial
Satanás se ha jactado de ser el dios de nuestra tierra, y en estos, los últimos días, así parece ser.
Sabemos que él está siguiendo aquí la guerra que empezó en los cielos, y esta vez, de verdad que quiere
ganar. Usa no solamente a sus huestes, sino que también a los que lo siguen, los telestiales, para
perseguir a los justos, engañar a los terrestres, y tentar a todos.
Hablando a nuestra generación, Nefi explica que, en estos últimos días, Satanás usa estrategias
increíbles para engañar a muchos. El diablo nos dice que podemos comer, beber, y divertirnos,
porque, después de todo, mañana moriremos. Nos sosiega, diciéndonos que todo va bien en Sión...
mientras nos lleva poco a poco y astutamente al infierno. Nos dice que, si somos algo culpables, tal vez
Dios nos dé algunos azotes, pero al final, nos dejará entrar en su reino. Nos inspira a que llamemos a lo
bueno malo, y a lo malo bueno. Nos incita a la ira en contra de lo bueno. Nos miente diciendo que Dios ha
dado su poder a los hombres, y que ya no necesitamos a un Dios de milagros. Nos convence que ya tenemos
toda la información que necesitamos, y no queremos más. Y nos dice que no hay diablo, ni hay infierno,
hasta que nos prende en sus terribles cadenas, de las cuales no hay rescate. (2Ne cap. 28) No hay astucia
que él no conozca, no hay engaño que él no se atreva a usar, y no hay maña que no haya usado antes. Pero
nuestro Señor nos recuerda que la oración tiene el poder de protegernos y salvarnos del enemigo.

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Nuestro hombre (y mujer) natural
No todo lo malo viene de afuera. Nuestro cuerpo, el premio que recibimos por haber pasado la
prueba premortal, también nos da muchos problemas, y muchas veces causa nuestro pecar. Las
escrituras nos enseñan que nuestra naturaleza es doble. Tenemos un espíritu etéreo y de origen divino,
dentro de un cuerpo terrenal, lleno de necesidades, complejos, y flaquezas muy humanas. Los dos forman
el alma. (DyC 88:15) Es a causa del cuerpo que, al nacer los bebitos, por muy ¡nocentes que sean, nos
dan a conocer sus necesidades básicas, gritando y pataleando de lo lindo. Gritan cuando tienen hambre o
sed. Gritan cuando tienen sueño. Gritan cuando algo les duele. Gritan cuando quieren algo, y gritan
cuando ^a no lo quieten.
Cuando de pequeños se les permite que hagan lo que se les da la gana, puede parecemos muy
gracioso. Pero cuando lo siguen haciendo después de tener ocho años, o quince, o veinticinco, o cuarenta,
ya no lo es. Y lo que solía ser gracioso llega a ser inaguantable para nosotros, y para Dios, es pecado.
Un mayor problema es que si no aprendemos, temprano en nuestra vida, a controlar a nuestro
hombre o mujer natural, no podemos escapar la influencia del diablo, y nos volvemos carnales,
sensuales, y diabólicos. (Moisés 5:13; 6:49) Entonces, ni siquiera nuestra familia nos aguanta a menos
que nos controlemos. Por eso, la mayoría de nosotros eventualmente aprendemos a controlar algunas de
nuestras pasiones infantiles, pero nunca del todo. Por eso también las escrituras nos dicen que todos
pecamos (Rom 3:10,23; 7:18) y que toda la humanidad llega a ser carnal, sensual y diabólica, sabiendo lo
bueno, pero sujetándose al diablo. (Mos 16:3)
De grande, nos es mucho más difícil aprender a controlarnos, porque nunca nos hemos
acostumbrado a escuchar a Dios o al Espíritu. (1Cor 2:14; Alma 26:21) Así, sin darnos cuenta, podemos
llegar a ser enemigos de Dios (Mos 3:19), metiéndonos en horribles situaciones a causa de celos,
contiendas, y disensiones (1Cor 3:3), y trayendo pena a todos, particularmente a nosotros mismos. (Alma
41:11) Y así, no podemos morar con nuestro Padre Celestial. (DyC 67:12)
Nuestro Señor no quiere que eso nos pase. Por eso, nos manda que todos aprendamos a refrenarnos y
dejar de ofender a otros. (Stg 3 y 4) También, por medio del Rey Benjamín, nos da el proceso de cambiar del
hombre natural al hombre espiritual. Debemos aceptar la autoridad del Señor, como un niño sumiso,
manso, humilde, paciente, lleno de amor que se somete a sus padres. Cuando, por la expiación de Cristo,
podemos, queremos, y estamos dispuestos a someternos a lo que él juzga bueno para nosotros, ya no
estamos a la merced de nuestro hombre o mujer natural. (Mos 3:19)
El velo y el albedrío moral
La Caída de Adán ha traído a esta tierra, una muerte espiritualY Alma 42:6) o sea, un alejamiento de
Dios. (Hel 14:16; D&C 29:41) Dos eventos tomaron lugar, haciendo ese alejamiento más tangible.
Primero, geográficamente, nuestro Padre Celestial movió la tierra de una región paradisíaca (o terrestre)
a una región telestial, muy muy lejos de Kolob. (Las escrituras confirman ese movimiento, al decirnos
que la tierra será retornada a su lugar terrestre a la Segunda Venida. (Isa 13:13; AdeF 1:10)) Segundo, un
velo de tinieblas se deslizó entre la tierra y Dios. Ese velo hace que nos olvidemos de nuestra vida
anterior, y así, facilita el ejercicio de nuestro albedrío.
Por su parte, a través de los siglos, nuestro Padre Celestial muy pocas veces ha intervenido
directamente cuando elegimos el mal. De hecho, si Dios nos diera un coscorrón cada vez que hacemos
algo mal, muy pocos de nosotros nos atreveríamos a apartarnos de sus vías. Nuestro albedrío sería
invalidado, y también nuestra prueba terrenal.

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Es absolutamente necesario, para que el plan trabaje, que mantengamos nuestro albedrío. Así cuando
comparezcamos ante Cristo, en el día del juicio, sin duda alguna tendremos que sentirnos claramente
responsables por lo que hicimos durante nuestra estadía en esta tierra. (DyC 1091:78)
En cambio, recibimos la promesa que si usamos nuestro albedrío para el bien, para quitarnos todo
temor y envidia y para humillamos delante de Dios, el velo de tinieblas se rasgará. (DyC 67:10) Y al
rasgarse el velo, recibiremos grandes bendiciones de luz y verdad. Nuestro entendimiento se abrirá. (DyC
110:1) Veremos la luz de la gloria de Dios, la maravillosa luz de su bondad, la que trae gozo en nuestra
alma, la luz de la vida eterna. (Alma 19:6) Y como el hermano de Jared, podremos ver a Cristo. (Etér
3:6,20; DyC 67:10)
Así las escrituras nos dan a conocer tres de los más serios obstáculos a nuestra exaltación:
Satanás, nuestro mayor enemigo quien, desde el comienzo ha organizado sus tropas para
tentarnos y hacernos caer, uno por uno, en el pecado
Nuestro propio hombre o mujer natural quien, a menos que lo controlemos muy temprano en
nuestra vida, puede interferir diariamente con nuestros deseos de complacer a nuestro Padre Celestial
El velo que ahora nos separa de nuestro Padre Celestial, ha sido absolutamente indispensable para
que podamos mantener nuestro albedrío moral. Pero como dice Pablo, ese velo, en esta vida, solamente
nos deja ver "por espejo, oscuramente." (1Co 13:12) Y eso nos deja labrando nuestra salvación con
temor y temblor ante Dios. (Mormón 9::27)
En conclusión
Nuestra prueba terrenal puede ser algo más compleja de lo que generalmente pensamos.
Cuando vivíamos como seres celestiales, aparentemente, nuestro espíritu se prestaba a ser tan celestial
como nuestros padres. Pero, sin un cuerpo, no podíamos alcanzar un gozo divino. Por eso aceptamos
separarnos de nuestros padres, venir a un mundo telestial donde seríamos probados ya que queríamos
tener un cuerpo como ellos.
El problema es que el cuerpo que nos dan es de esta tierra, y por eso, de naturaleza telestial. Y ese
cuerpo puede fácilmente dominar nuestro espíritu y los dos llegar a ser telestiales. Por eso nuestra tarea
es que nuestro espíritu gane ascendencia sobre nuestro cuerpo, para presentar, al final de todo, un espíritu
y un cuerpo domado y limpio, por medio de la sangre de nuestro Redentor, nuestro Señor Jesucristo.
Por nosotros mismos jamás podríamos alcanzar esa meta. Todo se lo debemos a nuestro Señor, que
nos ama tanto que sufrió lo indecible y sacrificó su propia vida para redimirnos y glorificarnos, SI
reconocemos nuestra total dependencia en él.

Resumen

Los dos primeros capítulos revisaron las seis etapas del plan de salvación. Eso nos recordó
nuestra vida anterior, la experiencia terrenal por la cual ahora pasamos, así como lo que todavía falta
antes de instalarnos para siempre jamás en una de las tres glorias preparadas por nuestro Padre
Celestial.
En este capítulo, hemos reconocido que, en el proceso de pasar nuestra prueba de obediencia para
volver a Dios, tenemos fuertes enemigos, pero también recibimos muchísima protección, y muchísimas

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bendiciones.
1. En nuestra vida premortal, ya hemos recibido un cuerpo de fino material, un cuerpo de espíritu,
así como una buena preparación con Padres y mentores celestiales:
a.una naturaleza de dioses
b.crianza y educación dignas de futuros dioses
c. talentos divinos y dones espirituales, así como
d.llamamientos específicos y misiones que cumplir aquí en la tierra.
2.Al nacer, recibimos tres poderosas protecciones antes de que empiece
nuestra prueba:
a.El Espíritu de Cristo, tanto tiempo como lo aceptamos, nos guía hacia
el bien.
b.Le es prohibido a Satanás tentarnos antes de los ocho años de edad.
c. Y nos es dada una familia quien nos ayuda a sobrevivir bien nuestros primeros años, y que,
esperamos, nos de creencia en Dios y buenos valores
3.Pero también sabemos que el regreso a nuestro Padre Celestial no será fácil porque aquí, al
crecer, tenemos tres fuertes enemigos.
a.Satanás y sus huestes quienes quieren vencer en su guerra en contra
de Dios y de nuestro Señor Jesucristo, a costa de todos nosotros.
b.Nuestra naturaleza de hombre y mujer naturales que nos lleva a rebelarnos en contra de las leyes
de Dios. Así muchos entre nosotros sucumbiremos.
c. Nuestro propio albedrío nos anima a experimentar no solamente con el bien, sino que también
con el mal. Sin el plan de redención, sin Cristo, todos nos perderíamos para siempre.
En este capítulo, el tercero, hemos tratado de entender el propósito de nuestra vida en esta tierra,
nuestra responsabilidad, así como las fuerzas en nuestro favor, y las fuerzas en contra nuestra. El
propósito de esta prueba es ver si voluntariamente volvemos a Dios, aceptando el sacrificio de Cristo y
obedeciendo no solamente sus mandamientos sino también su voluntad.
Al entender esas cosas, nos será más fácil visualizar lo que debemos hacer para pasar nuestra
prueba terrenal, y ganar la exaltación.

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CAPÍTULO 4
Tres Estilos de Vida:
Lo telestial

A l tratar de entender el propósito de nuestra vida aquí en la tierra, hemos revisado el plan de
salvación y analizado como nosotros los hijos e hijas de Dios, nos ubicamos poco a poco en
esta tierra. En el último capítulo, vimos que el proceso de crecer en este planeta caído, no es nada
fácil. Vimos como nacimos "¡nocentes." Vimos que nuestros Padres Celestiales nos dieron una
preparación fantástica en el mundo pre-mortal. También vimos que Dios, para protegernos del diablo,
de nuestro ambiente telestia!, y de la vida en general, nos ha dado, al nacer, el Espíritu de Cristo. Prohibió
a Satanás el tentarnos hasta los ocho años. Y nos dio una familia que, esperamos, nos dé protección,
amor, buenas enseñanzas, y tal vez hasta nos enseñe el evangelio.
A pesar de tantas dádivas y tantas protecciones, también vimos como nuestro mundo telestial,
nuestro albedrío moral, Satanás, y sobre todo nuestro hombre (o mujer) natural nos llevan
inexorablemente a distintos grados de pecado. Sabiendo eso desde el comienzo, con gran amor, nuestro
Padre Celestial estableció el Plan de Redención. Así, nuestro hermano mayor, Jesucristo, vino al
meridiano de los tiempos para sacrificar su vida por nosotros, ofreciéndose como sacrificio expiatorio.
Ese sacrificio es el evento central del plan de redención, establecido antes de que el mundo fuera, para
invitarnos a todos a aceptar a Cristo como nuestro Salvador, y así, volver a nuestro Padre Celestial.
En este capítulo, seguimos con nuestro tema, tratando de entender como para muchos,
aparentemente, se les hace fácil el hundirse en lo telestial.
TRES ESTILOS DE VIDA:
LO TELESTIAL, LO TERRESTRE, LO CELESTIAL
Nuestro Señor Jesucristo ha prometido que heredaríamos el reino cuya ley tratamos de vivir aquí
(DyC 88:22-24), sea ésa la ley de la gloria telestial, la ley de la gloria terrestre, o la ley de la gloría
celestial. Y porque él tiene el poder de redimirnos, nos prometió que, si solamente ganamos una
porción de una de esas tres glorías, él nos daría la plenitud. (DyC 88:29-31) Por eso mucho nos
conviene entender las condiciones que nos darán entrada a una de esas tres glorías.
Nuestro futuro eterno depende enteramente del nivel de ley que deseemos vivir, porque la ley que
seleccionemos nos prepara para la gloria donde residiremos el resto de las eternidades. Tenemos tres
alternativas.
Vivir la Ley Telestial
Podemos elegir el vivir como si no existiera ni Dios, ni ley, simplemente respondiendo
emocionalmente a las demandas de nuestro hombre (o mujer) natural, del mundo, y de Satanás. No
sentimos la necesidad de tratar de controlar nuestras emociones, nuestras pasiones, o a postergar
nuestros apetitos. Así hacemos espontáneamente lo que se nos da la gana, y somos telestiales.
Desgraciadamente, si decidimos hacer esas cosas, nos espera la miseria, la soledad, el remordimiento,
y la hiél de la amargura.

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Vivir la Ley Terrestre
Podemos aceptar la influencia del Espíritu de Cristo, y vivir de acuerdo con los Diez
Mandamientos y una ley de justicia, de reciprocidad, de imparcialidad, una ley equitativa, una ley de
orden, una ley de paz. La bendición prometida al obedecer las leyes del evangelio preparatorio es una
bendición de prosperidad, o sea, de multiplicación de bienes, de salud, y de paz. Esas bendiciones que
vienen al vivir esa ley son tan visibles, tan claras que nos llevan a fortalecer nuestra fe en Dios, y nuestra
obediencia a sus mandamientos. En el proceso, ganamos un testimonio de que es mejor vivir por una
ley divina que vivir a la merced de nuestras emociones, del mundo, o de Satanás. Y nos apartamos del
mal, de lo telestial. Así nos hacemos terrestres.
Vivir la Ley Celestial
Una vez que vivimos la ley terrestre, y dejamos atrás todo pecado telestial, podemos empezar a
examinar la ley de Cristo, la ley que nuestro Señor enseñó en el Sermón del Monte. Aquí es cuando nos
damos cuenta de que no es suficiente cambiar nuestro comportamiento, sino que, más profundamente,
también debemos cambiar nuestra mente y nuestro corazón.
Luego, por medio del poder del Espíritu Santo, podemos buscar no solamente la palabra de Dios,
sino también su voluntad para con nosotros. Y entonces, como Cristo, podemos cumplir no solamente
con sus mandamientos, sino que también con su voluntad para con nosotros. Así ganamos los frutos y
dones del Espíritu.
Eventualmente, al entender que solamente podemos entrar en su gloria celestial si somos limpios
de nuestros pecados, desarrollamos gran amor, dependencia, y esperanza en Cristo. Pues comprendemos
que sólo por medio de ¡a fe en nuestro Redentor podemos hacer todo lo que nos corresponde hacer para
ganar el perdón de nuestros pecados, y obtener purificación, y santificación.
Entonces, si perseveramos hasta el fin, llegaremos a ser como Cristo, teniendo su caridad, su
constante contacto con Dios, y su perfecta obediencia. Así, llegamos a ser celestiales y podemos
heredar la vida eterna.
Esta reseña inmediatamente nos dice que la mayor diferencia entre estos tres estilos de vida es el
nivel de obediencia:
• Los Celestiales obedecen la ley de Cristo, y reciben las bendiciones de salvación y exaltación
• Los Terrestres obedecen los Diez Mandamientos y la Ley de Moisés, y reciben las
bendiciones de prosperidad
• Los Telestlales van por su cuenta y eventualmente reciben la miseria, el remordimiento y la
soledad.
La Obediencia Celestial y la exaltación
Jesucristo fue el único ser que se ha guardado perfecto y sin pecado, todos los días de su vida
mortal. Nunca pecó porque, al ser uno con el Padre, nunca hizo nada que no fuera la voluntad de Él.
(Lucas 22:42; Juan 5:19; 6:38; 17:4,21; 3Ne 27:13) Por eso pudo servir como sacrificio perfecto y sin
mancha, en su acto de redención. Y como las escrituras nos dicen, Cristo resucitó y obtuvo un trono de
gloria, a la diestra de nuestro Padre Celestial. Por nosotros mismos no podemos alcanzar ese nivel de
obediencia y de perfección. Pero, porque Cristo sacrificó su vida para salvarnos, todos podemos tratar
de emular a nuestro Hermano Mayor, obedeciendo a Dios en todas las cosas. Si enfocamos nuestra fe
en nuestro Señor, podemos obtener el perdón de nuestros pecados, así como nuestra santificación. Y
si perseveramos hasta el fin, podemos ganar exaltación, o sea, la vida eterna.

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La Obediencia Terrestre y la prosperidad
Por medio de Moisés, el Señor establece el hecho que hay tres bendiciones que vienen a los que
obedecen su evangelio preparatorio, o sea, sus Diez Mandamientos (Deut 5:6-21; Exo 20:1-17) y la ley
de Moisés. (Lv, Nm, Dt) Esas tres bendiciones son:
• Multiplicación de bienes
• Salud, y
• Paz entre los hombres (Deut 7:12-24; Deut 28:1-14)
Los profetas se refieren a esas tres bendiciones, cuando hablan de prosperidad.
Según las escrituras, prosperidad es una gran bendición de Dios, una bendición que viene,
condicionalmente, basada en nuestra obediencia al evangelio de preparación.
LA PROSPERIDAD ES UNA MARAVILLOSA BENDICIÓN TEMPORAL
Es una bendición de Dios, y a nuestro Padre Celestial le complace mucho hacernos prosperar
(Sal 35:27; Jer 33:9; Mos 14:10).
Viene a los que habitan en nuestra tierra prometida al obedecer sus mandamientos (1 Ne 2:20;
13:15,20; 2Ne 1:98,20; 4:4; Jarom 1:98; Omni 1:6; Mos 1:17;2:22,31; Alma 9:13; 36:1,30; 37:13; 38:1
;48:15,25; 50:20)
• Si somos justos (Hel 3:24-26)
• Si servimos a Dios (1 Ne 2:20; Mos 2:31; 25:24; Hel 12:1-2; 3Ne 5:22; DyC 9:13;97:14-18)
• Si Sión se perfecciona (DyC 97:14-18)
• Cuando somos industriosos (2Cró 14:7; Esd 6:14; 2Ne 5:11; Mos 9:9; 10:5)
• Cuando reconocemos que todo bien viene de Dios (Alma 62:49; Hel 4:13)
• Y cuando utilizamos la "prosperidad de Cristo" (4Ne 1:23) con sabiduría (Mos 2:36; Alma
1:30), o sea, según las leyes de Dios.
Pero la prosperidad no significa que, de repente, el dinero nos va a caer del cielo. La prosperidad
viene poco a poco, en la medida que desarrollamos las virtudes de lo terrestre. Eso es, la prosperidad
requiere una seria conversión a los valores terrestres demostrados en la ley de Moisés: un gran deseo
de trabajar, de progresar, de estudiar, de disciplinarse, y de controlar el hombre o mujer natural. Así
ganamos prosperidad, o sea, multiplicación de bienes, salud, y paz. Esa bendición temporal nos trae más
bienestar, más comodidad, más facilidades, más tiempo para servir, más tiempo para estudiar, para
conocer mejor a Dios. Sobre todo, nos da un sentido de logro, un sentido de que Dios se da cuenta de
nuestros esfuerzos, que vela por nosotros, que nos bendice con cosas concretas, que aprueba y quiere
recompensarnos por nuestro deseo de complacerlo. Y todo eso nos trae mucha más satisfacción que la
pobreza.
La mayoría de nosotros hemos tenido la oportunidad de observar ese crecimiento material,
educacional, y social en nuestras propias vidas. Y todos podemos observar el tremendo progreso de
muchos de nuestros conversos, al verlos cambiar de domingo a domingo.

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LO QUE DEBEMOS BUSCAR SON LAS BENDICIONES
DE SALVACIÓN
Pero porque la prosperidad solamente es una bendición temporal, y por sí sola, no nos trae
salvación, al crecer dentro del evangelio, nuestra responsabilidad es el darnos cuenta que:
la prosperidad es solamente una bendición temporal, que requiere completa obediencia a los
Diez Mandamientos que también requiere el ayudar a los pobres y si nos trae orgullo, también nos
lleva al famoso "ciclo Neflta " de: obediencia —> prosperidad —> orgullo —> descuido de los
pobres —> guerra con los tamañitas u otro desastre muy costoso —> arrepentimiento —>
obediencia —>
Sobre todo, por sisola, no nos trae exaltación. Las escrituras nos advierten que la prosperidad se
pierde fácilmente si nos metemos en disensiones (Mos 27:9), si transgredimos leyes (Mos 7:29), si nos
rebelamos (DyC 49:4), y sobre todo si nos volvemos orgullosos, nos vestimos con esplendor, y des-
preciamos a los pobres. (2Ne 26:20; Alma 1:32; Hel 4:11-13; 13:22-28)
Y si empezamos a pensar que la prosperidad viene por nuestros propios esfuerzos, si nos olvidamos
de nuestro Padre Celestial y de sus mandamientos, nos perderemos dentro de lo telestial.
Es obvio que no podemos simplemente quedarnos satisfechos con la bendición de la prosperidad.
Llega un punto donde debemos tornarnos a Cristo, a lo Celestial, y buscar bendiciones de salvación.
La falta de obediencia de los telestiales
Si el ser justo, puro, y sin mancha es hacer exclusivamente la voluntad de Dios, el ser injusto y
pecador es exactamente lo opuesto.
• Es no prestar atención a la presencia de Dios en el universo
• Es no darse cuenta de su poder, del hecho que somos sus hijos e hijas, y que él ha preparado todo
el universo con el propósito de proveernos con la oportunidad de llegar a ser como él
• Es el no aprender a controlar nuestras emociones, nuestras pasiones, y vivir para complacer
nuestro hombre o mujer natural
• Es el no hacer una conexión entre el poder de Dios y nuestro futuro eterno
• Es el no interesarse en los principios eternos, las leyes eternas, y los mandamientos eternos que
existen, y el no aceptar que podemos aprender a obedecer, y así llegar a ser como Cristo y uno con él y
nuestro Padre Celestial.
El ignorar a Dios de esa manera es ofensivo a Él, porque nuestro Señor ha dicho:
Y en nada ofende el hombre a Dios, ni contra ninguno está encendida su ira, sino contra aquellos que no
confiesan su mano en todas las cosas y no obedecen sus mandamientos. (DyC 59:21)
El resultado de ignorar el poder de Dios es devastador, porque el hombre (o mujer) que ignora a
Dios, no tiene como dominar, y ni siquiera frenar, las pasiones de su hombre natural. Así, los que no se
dejan regir por Dios, hacen lo que se les da la gana, lo que, emocionalmente les complace. No tratan de
ver las consecuencias que sus actos traen, ni tratan de proteger a otros de esas consecuencias. Por eso
hacen tanto daño a todos los que los rodean.
Nuestro Señor confirma eso cuando habla de los que se han desviado de sus ordenanzas y han
violado su convenio sempiterno, los telestiaíes. Esos, él dice, son los que,
En lugar de buscarlo a él, andan por su propio camino. (DyC 1:15-16)

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Procuran ser una ley a sí mismos y, por eso, se quedarán en el pecado. (DyC 88:35)
Por su propia voluntad se rebelan en contra de Dios. Han sabido los mandamientos de Dios, no
quisieron observarlos, y mueren en sus pecados. (Mosíah 15:26)
Basado en todo eso, ésta es nuestra definición de lo telestial: El ser telestial es el hacer lo que
se nos da la gana, respondiendo a nuestro hombre o mujer natural, sin hacer caso a la voluntad de
Dios, y sin preocuparnos del juicio final, o de nuestro futuro eterno.
Como vamos a ver, eso de no hacerle caso a Dios y de simplemente hacer lo que se nos da la gana,
trae muchos desastres. Ahora vamos a tratar de entender, por medio de las escrituras, no solamente lo que
es el vivir una vida telestial, sino también las consecuencias de vivir a ese nivel.
LAS CONSECUENCIAS DE LA VIDA TELESTIAL
Los problemas que los telestiales traen a sus vidas y a la sociedad son descritos de una manera
magistral por Moisés, por medio de cincuenta y tres versículos dentro del capítulo 28 de
Deuteronomio.
Las maldiciones de la desobediencia
Moisés nos enseña que las consecuencias de NO obedecer la ley Mosaica, son tres:
• Pérdida de bienes
• Enfermedad y muerte
• Conflicto y violencia (Deut 28:15-68)
Es que, al no hacerle caso a Dios, perdemos la luz de Cristo, la luz que ilumina nuestros ojos y que
vivifica nuestro entendimiento. No pensamos bien. Descuidamos nuestras oportunidades, hacemos
decisiones tontas y sin racionalidad o visión, y nos metemos en horribles líos. Al final, para
protegernos de las consecuencias de nuestros actos irracionales, muchos recurrimos a la mentira, a la
deshonestidad y, si creemos que es necesario, al crimen y a la violencia.
Las maldiciones de la desobediencia
a tres diferentes niveles de telestialización
A primera vista, esos cincuenta y tres versículos del capítulo 28 de Deuteronomio
simplemente parecen repetir tres distintas versiones de las tres maldiciones que Dios manda a los
telestiales. Pero de hecho, cada una de estas tres versiones habla de lo que les pasa a los telestiales:
1. cuando son pocos y aislados; (Deut 28:15-28)
2. cuando se han establecido como poderosos grupos; (Deut 28:29-44)
3. cuando una sociedad ha llegado a la madurez de su iniquidad y Dios decreta que debe ser
destruida. (Deut 28:45-68)
Estos cincuenta y tres versículos, no solamente describen las consecuencias de vivir la vida
telestial, sino que también nos proveen con un modelo que describe y explica como la telestialización
poco a poco entra en una sociedad... en tres fases.
PRIMERA FASE: CONSECUENCIAS DE LA TELESTIALIZACIÓN INDIVIDUAL
La voz de Jehová anuncia que, como consecuencia de no oír su voz y no procurar cumplir todos sus
mandamientos y estatutos, estas maldiciones vendrán. (Deut 28:15)

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1. Fracaso y falta de multiplicación
Maldito serás en la ciudad y en el campo
Maldita tu canasta y tu artesa de amasar
Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y
los rebaños de tus ovejas
Maldición de fracaso, quebranto, asombro en todo

2. Enfermedades
Sobre la gente:
La mortandad hasta que te consuma. Tisis, fiebre, inflamación, ardor. Ulceras, tumores, sarna,
comezón incurable. Locura, ceguera, turbación de espíritu
Sobre los campos:
Calamidad repentina. Cielos descienden sobre ti. Añublo (un honguillo parásito).
Sequía. Los cielos de bronce y la tierra de hierro. Polvo y ceniza en lugar de lluvia.
3. Conflicto, y destrucción
Serás derrotado delante de tus enemigos. Por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos
huirás delante de ellos. Serás maltratado y molestado por todos los reinos de la tierra. Tus cadáveres
servirán de comida a toda ave del cielo y fiera de la tierra, y no habrá quien las espante... hasta que
seas destruido.
La vida de un telestial no es muy divertida. Todas las cosas le salen mal. Sufre muchos fracasos.
Va de crisis en crisis. Y cuando tiene peleas con otros telestiales, las cosas se ponen más peligrosas.
SEGUNDA FASE: CONSECUENCIAS DE LA TELESTIALIZACIÓN DE GRANDES GRUPOS
Grupos telestiales" resultan cuando los telestiales se organizan (como los ladrones de
Gadianton) para robar, oprimir, y cometer injusticias en contra de Jos que se dejan. Muy a menudo, las
víctimas también son telestiales, pero no se organizaron. Por eso, no tienen poder. Hoy día, eso es lo
que pasa entre los carteles de drogas y los drogadictos, o entre industrias que conspiran y el público.
(DyC 89:4)
Jehová describe los sufrimientos de los telestiales sin poder, los que sufren bajo el yugo de los
telestiales que tienen poder. Dice: «para el desobediente que no se torna a Dios, mediodía será oscuridad.
No será prosperado. Será oprimido y robado todos los días, y no habrá quien lo salve. (Deut 28:29)»
1. Robado de su familia y de sus bienes:
Te desposarás con mujer y otro varón dormirá con ella
Tus hijos e hijas serán entregados cautivos, a otro pueblo
Edificarás casa y no habitarás en ella; plantarás viña y no la disfrutarás
Tu buey será matado delante de tus ojos, y no comerás de él
Tu asno será arrebatado y no te será devuelto
Tus ovejas serán dadas a tus enemigos sin rescate
El fruto de tu tierra y trabajo será comido por un pueblo que no conociste

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2. Enfermedades vendrán a causa de las penas, y con esas enfer medades vendrán
pestes, y plagas, y te encontrarás en un país extraño
Serás oprimido y quebrantado todos los día
Desfallecerás por tus hijos perdidos todo el día, y no habrá fuerza en tu mano
Y enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos
Tendrás maligna pústula en las rodillas y en las piernas, desde la plantilla del pie hasta la
coronilla, sin posibilidad de ser curado La langosta consumirá tu semilla, tu arboleda, el fruto de tu
tierra. El gusano se comerá las uvas, y tu aceituna se caerá
3. Serás oprimido, sin paz, y robado de tu dignidad
Serás llevado a nación que no conociste y servirás a dioses ajenos, dioses de palo y piedra
Y ahí, serás motivo de horror, y servirás de refrán y de burla. El extranjero que estará en medio
de ti se elevará sobre ti muy alto, y tú descen derás muy abajo. El extranjero te prestará a ti y tú no le
podrás prestar a él. El será tu cabeza y tú serás la cola.
Para el telestial, esta segunda fase es peor que la primera, porque ahora, además de la miseria
que trae a sí mismo, también tiene que aguantar las penas que hombres poderosos e injustos imponen
sobre él. Y todos nosotros sabemos que los telestiales son expertos en lastimar a otros.
TERCERA FASE: CONSECUENCIA DE LA TELESTIALIZACIÓN DE
TODO UN PUEBLO, LA DESTRUCCIÓN
La tercera fase viene, como en Sodoma y Gomorra, cuando el Señor no puede hallar a
cincuenta, cuarenta, treinta, veinte, o diez justos en toda una ciudad. Todo un pueblo ha dejado de
atender a la voz de Jehová, no ha guardado sus mandamientos y estatutos, y ya no sirve a su Dios, a pesar
de haber recibido la abundancia de todas las cosas. (Deut 28:45-47) Entonces Jehová manda a enemigos
para que sitien las ciudades.
1. Jehová manda un enemigo que no perdona
El Señor traerá una nación de lejos, del extremo de la tierra, que vuela como águila, una nación
cuya lengua no entiendas, gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al niño.
Comerán fruto de tu bestia y de tu tierra, hasta que perezcas Tu ciudad será sitiada y tus
fortificaciones caerán Vendrá un hambre devastador, así como sed, desnudez, y falta de todas las cosas.
Ese hambre hará que aun los padres más tiernos comerán a sus propios hijos.
2. Vienen plagas que dejan pocos sobrevivientes
El Señor aumentará tus plagas y las plagas de tu descendencia. Vendrán enfermedades
malignas, duraderas, permanentes, hasta que seas destruido por no obedecer a Jehová.
3. Después vienen constantes conflictos, peligros, temor, y tristeza de alma
Servirás a tus enemigos que enviare contra ti Jehová pondrá yugo de hierro sobre tu cuello,
hasta destruirte.
Entonces, Jehová te dará corazón temeroso, desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma.
Constantemente en peligro, estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad en tu vida.
Con miedo en el corazón estarás amedrentado por lo que verán tus ojos.

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Seréis vendidos a vuestros enemigos por esclavos y no habrá quien os compre.
Y el Señor concluye:
Así como Jehová se gozaba en haceros bien y en multiplicaros, así se gozará Jehová en
arruinaros y en destruiros. (Deut 28:63)
Cuando un pueblo pierde la fe, pierde la luz, pierde el Espíritu de Cristo, ha madurado tanto en la
iniquidad, que ni uno entre ellos, puede volver a Dios. Y cuando un pueblo trae, o profundo dolor o
profunda maldad al corazón de los niñitos, entonces ha perdido su razón de existir. Es entonces cuando
el Señor permite que un pueblo sea destruido.
Nuestro Padre Celestial tiene el poder de parar en seco las iniquidades de un pueblo, mandando
en un momento, muchos de ellos al mundo de los espíritus. Allí van al infierno donde les dan tiempo para
arrepentirse y pagar por sus propios pecados. (DyC 19:15-18) Y eventualmente, heredarán la gloria más
baja de todas, la telestial.
Aunque yo, personalmente, he encontrado el vivir entre los telestiales bastante doloroso, no les
tengo rencor, simplemente porque me siento bastante bien en el ambiente terrestre. Pero en el futuro,
quiero asegurarme de no volver a vivir en un ambiente telestial.
Ahora podemos visualizar el modelo sugerido por Moisés en Deuteronomio 28:15-68.
Principio básico y eterno
Los que no obedecen a Dios (los telestiales) no multiplican sus bienes, sufren de plagas y pestes,
y no tienen paz.
El proceso de telestialización de una nación
1a fase: Los que, individualmente, rechazan la verdad, se hacen telestiales, y pierden las
bendiciones de la prosperidad
2a fase: Los telestiales que se organizan en grupos poderosos y ricos, oprimen y abusan de los
que no tienen poder.
3a fase: Finalmente, cuando toda una nación se vuelve telestial, viene la destrucción
Todos, al morir, van al infierno para pagar por sus propios pecados. Y en el Juicio Final, serán
juzgados por Cristo, y colocados en la gloria que les corresponde en base a sus actos aquí en la tierra.
Esos principios son básicos, eternos, y universales. Por eso, todo eso suena muy familiar. Todos
conocemos a familias encabezadas por individuos telestiales y porque todos los telestiales, por definición,
hacen sufrir a otros, hemos observado la pena sufrida por los que dependen de ellos. Todos también
hemos conocido buena gente así como mala gente explotada por gente rica, malvada, y telestial. Y
hemos leído de naciones enteras que fueron desplazadas o destruidas, porque habían llegado a tal nivel
de maldad que el Espíritu de Cristo ya no podía morar entre ellos. La exterminación de los Jareditas y
de los Nefitas, son buenos ejemplos de eso.
Hoy día, Satanás y sus huestes, andan sueltos por toda la tierra, tratando por última vez de ganar
la guerra en contra de Cristo. Por eso se nos hace fácil encontrar, entre las naciones del mundo,
ejemplos de las tres fases de lo telestial.
1a. Fase Aquí y allá, hay países que todavía funcionan más o menos bien, aunque muchas familias
están viviendo telestialmente. Sus vidas son inestables. Pasan de crisis en crisis. No enseñan buenos

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principios de vida a sus hijos. Entre ellos, la inmoralidad, la deshonestidad, y la violencia oculta es
común, así como mucho desencanto, sufrimiento, e instabilidad.
2a. Fase En muchos países existen extremos de pobreza y riquezas. Allí, los que no tienen
bastante para sobrevivir son oprimidos y robados por los que tienen demasiado y lo usan para el mal. Y
los que tienen demasiado dinero y poder, fácilmente puede juntarse para conspirar con otros, para
ganar más, o para proteger lo que ya acumularon deshonestamente.
3a. Fase En este mundo, hoy día, existe mucha violencia así como mucha destrucción: masacres
entre tribus en Ruanda, entre católicos y protestantes en Irlanda, entre Judíos y Musulmanes en Israel,
entre grupos étnicos y religiosos en Serbia, Macedonia, en Indonesia, India, y Pakistán.
Y mientras tanto, para llamarnos la atención, el Señor ha prometido mandar a la tierra,
terremotos, tempestades, inundaciones, plagas, pestes, guerras y rumores de guerras. Y todo eso ya ha
comenzado a nuestro alrededor.
Los que nunca aprendieron a dominar su hombre o mujer natural, los que creen en hacer lo
que se les de la gana, son los que establecen lo telestial en medio de nosotros. Pero al hacer eso,
nadie gana nada, porque como dijo Alma a su hijo Coriantón, los malvados obran en contra de la
naturaleza de Dios, y se hallan en un estado contrarío a la naturaleza de la felicidad. (Alma 41:10-13) Y
ni pueden ser felices aquí en la tierra, ni pueden ser felices en el más allá.

Resumen

En la primera parte de este cuarto capítulo, estudiamos la vida telestial. Basados en las
escrituras, encontramos que:
1. El ser telestial es el hacer lo que se nos da la gana sin referirnos a Dios, a sus mandamientos,
a su voluntad.
2. Al vivir telestialmente, perdemos la prosperidad, la salud, y la paz
3. Al comienzo, el ser telestial es una preferencia individual. Pero luego, los telestiales se
organizan en grupos para oprimir y abusar de los que no tienen poder. Y al final, toda una nación puede
volverse telestial y traer la destrucción a todos.
De esa manera, los telestiales pierden la posibilidad de ser felices aquí en esta vida así como en
la vida venidera, porque allá irán al infierno y al final, a una gloria menor. ¡Y Satanás se regocija!

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CAPÍTULO 5
El Poder y
la Grandeza de Dios

E n este libro, hemos revisado el Plan de Salvación. Luego vimos que, al nacer en un mundo
telestial, con nuestro albedrío y con nuestro nuevo cuerpo, todos pecamos. Afortunadamente,
la Redención de Cristo nos permite volver a Dios, y ganar exaltación. También vimos las consecuencias
de vivir una vida telestial: todos los que siguen al hombre natural y a Satanás, se vuelven carnales,
sensuales y diabólicos, y sufren una vida de frustración, inseguridad, fracaso, dolor, y eventualmente de
destrucción.
Sabemos que Cristo dijo que nuestra tierra era la más inicua de todas sus creaciones (Moisés
7:36), porque los hombres fácilmente, y muy a menudo, han aceptado la influencia de Satanás. Y todos
conocemos los resultados devastadores de la maldad. Sabemos que Satanás se jacta de reinar en nuestro
mundo ¡con sangre y horror! Sólo bajo la influencia de Satanás, pudo el pueblo de Dios rechazar y matar
a su propio Dios y Redentor. Sólo así pueden los hombres establecer combinaciones secretas para matar
por lucro y aparentemente evitar el castigo. (Moisés 8:22, 28-30; Gen 6:5-6) Solamente Satanás puede
traer tal odio, ceguedad, y violencia que naciones se dividan y se maten, como los Jareditas (Éter caps.
14-15) y más tarde los Nefitas y Lamanitas. (Mormon 4:10-12) En nuestra propia generación (DyC
112:23), Satanás puede crear un increíble odio e ira entre hermanos, en lugares como Irlanda, Ruanda,
Bosnia, Israel o como entre Musulmanes y el resto del mundo. Y así, miles de personas sufren y
mueren por "ideales" que no tienen lugar en el evangelio de Cristo.
Sabemos que Dios no acepta tales iniquidades. Sabemos que eventual-mente destruye a los inicuos
como lo hizo con el diluvio, y en este continente antes de la visita de Cristo. (3Ne Caps 8-9) Y uno se
pregunta: Mientras Satanás, en su rebeldía en contra de Dios, causa tanto desorden, crueldad y violencia
¿qué hace nuestro Padre Celestial para guardar un cierto orden mientras continúa llevando a cabo su meta
de traer la inmortalidad y la vida eterna del hombre?
En este capítulo, tenemos que admitir el horrible poder que nosotros, los hombres y mujeres de este
mundo, hemos dado a nuestro mayor enemigo, Satanás. Y por eso necesitamos escudriñar nuestros libros
sagrados para entender los atributos de Dios, particularmente su omnisciencia, que le permite administrar
su plan de salvación y guardar su mano en todas las cosas.
EL PODER Y SABIDURÍA DE DIOS
Aunque Satanás piensa que tiene todo poder aquí en la tierra, su poder, y su gloria, como Moisés
descubre, son como tinieblas en comparación con el poder, la sabiduría, y la gloria deslumbrante de
Dios. (Moisés 1:9-15) Dondequiera que la influencia de Dios está, encontramos justicia y amor, luz y
verdad, conocimiento y entendimiento, sabiduría y paz, así como un plan perfecto para llevarnos a una
eternidad de gozo y exaltación.
LOS ATRIBUTOS DE DlOS
José Smith, en Discursos sobre la Fe. nos da dos listas de los atributos de nuestro Padre Celestial.
En el Tercer Discurso, la primera lista habla del carácter de Dios:

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1.Dios era Dios, antes de la creación de esta tierra, y sigue siendo Dios después
2.Dios es misericordioso y lleno de gracia, lento para la ira, grande en bondad, y así es de
eternidad en eternidad
3.No cambia, ni hay en él variación. Es el mismo de eternidad en eternidad, y su curso es un giro
eterno, sin variación.
4.No puede mentir
5.No hace acepción de personas. En cada nación, el que teme a Dios y obra rectitud, es aceptado
por él
6.Dios es amor. (DsF 3:52-53)
Entonces, José Smith indica que si no creemos que esos atributos representan el carácter de Dios, no
podemos ejercer bastante fe en él para salvarnos. (DsF 3:53-55)
En su Cuarto Discurso, José Smith nos da seis atributos más de nuestro Dios:
1.Dios tiene todo conocimiento
2.Tiene fe, o sea, poder, y por medio de ese poder, creó el universo
3.Administra todo en justicia
4.Tiene el poder de juzgar y lo hace en justicia
5.Tiene misericordia. Es clemente y piadoso. Perdona
6.Es un Dios de Verdad, tardo en la ira, grande en misericordia y verdad. Su obra es perfecta y
no hay iniquidad en él.
De nuevo, José Smith concluye que, al saber, entender, y tener fe en que Dios tiene todos esos
atributos, podemos desarrollar la fe en que él nos salvará.
1.Sabiendo que Dios tiene todo conocimiento, sabemos que él nos puede dar el entendimiento
suficiente para eventualmente participar en la vida eterna.
2.Al saber que él tiene poder sobre todas las cosas, podemos confiar que él ganará la batalla en
contra del mal y que puede salvarnos. Por eso nada tenemos que temer.
3.Al entender que él hace todo en justicia, sabemos que aunque temporalmente existe tanta
injusticia en esta tierra, en el reino de Dios siempre seremos tratados justamente.
4.Sabiendo que él tiene el poder de juzgar en justicia, también sabemos que podemos confiar
totalmente en su poder de separarnos y protegernos de los inicuos, y de recompensarnos según nuestras
obras en esta vida, como lo ha prometido.
5.Con la certeza de su misericordia, sabemos que él reconoce las aflicciones que hemos sufrido
aquí en la tierra, y nos envolverá en sus brazos con amor y recibiremos su gloria y su paz.
6.Y sabiendo que él es verdad y veracidad, sabemos que todas las enseñanzas e instrucciones que
Dios nos da reflejan principios justos y eternos, y que sus promesas y bendiciones se cumplirán en su
debido tiempo.
Así, al saber todas esas cosas sobre Dios, podemos confiar en él en todo, y dedicarnos a vivir el tipo
de vida que él quiere que tengamos, sabiendo que todo lo que él promete se cumplirá si somos fieles.

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(DsF 4:60-66)
EL PLAN DE SALVACIÓN
El plan de salvación (Alma 24:14) es el plan total establecido y presentado por nuestro Padre
Celestial, en la vida premortal. Ya lo hemos reseñado en los dos primero capítulos de este libro. Ese plan
nos da las etapas de nuestro viaje hacia la vida eterna. Ese plan también se ha llamado el misericordioso
designio del gran Creador (2Ne 9:6), porque incluye el plan de redención. (Alma 34:9) Juntamente,
esos dos planes pueden traer la resurrección y la exaltación. (2Ne 9:6,13) Eso es, los dos planes traen
inmortalidad a todos, y la vida eterna a los que buscamos la gracia de Cristo... después de hacer cuanto
podamos. (2Ne 25:23)
La razón que todo eso funcione tan bien para traer salvación a los hombres y mujeres justos, es
porque nuestro Padre Celestial es omnisciente y tiene su mano en todas las cosas. Y en la vida premortal,
él organizó a los espíritus buenos para que nacieran en ciertos linajes seleccionados para formar su
pueblo aquí en la tierra. Esos linajes son bendecidos con lo que unos han llamado "sangre creyente," y
reconocen el evangelio al oírlo. Por eso los miembros de la iglesia son típicamente identificados, por sus
bendiciones patriarcales, como miembros de la Casa de Israel. Así lo explica Joseph Fielding Smith en
Doctrinas de Salvación (Vol. 3, pp 247-248)
La Omnisciencia de Dios
Ahora que ya revisamos el poder de nuestro Padre Celestial, el poder que Satanás cree tener sobre
la tierra, resulta ridículo. ¡Es tan obvio que Dios, a través de los siglos, ha mantenido su mano en todas las
cosas! De hecho, periódicamente, él ha establecido dispensaciones del evangelio que han traído salvación a
millones de sus hijos e hijas. Y ahora, en estos últimos días, ya ha puesto en marcha la culminación de
su programa de recogimiento y salvación que no va a parar hasta el Juicio Final.
Dios conoce el fin desde el principio
Sabemos que, desde el comienzo de esta tierra, nuestro Padre Celestial ha sabido exactamente lo
que iba a pasar hasta el fin. Lo sabemos porque él pudo mostrar una visión panorámica de la historia del
mundo a varios profetas, como Enoc, el hermano de Jared, Moisés, Isaías, Nefi, y Juan el Amado. Es al
leer las palabras de Nefi relatando su visión, que nos damos cuenta que esa visión panorámica, de hecho
fue muy personal, muy específica, y muy real. Cuando Nefi dice que vio a la Virgen con su niño, no
vio una imagen, no vio una representación, no vio una efigie. Vio a la madre con el niño que iba a ser
nuestro Redentor. Vio al Hijo de Dios entre los hombres, muchos de los cuales se caían a sus pies para
adorarlo. Vio en esas escenas como Cristo iba a ser visto, ¡n vivo, siglos más tarde. Por eso, cuando
describe el bautismo de Cristo por Juan el Bautista, Nefi Vio el bautismo. De la misma manera, Vio su
crucifixión. Vio la gran destrucción antes de la visita de Cristo en nuestro continente. Vio a los apóstoles
nefitas seleccionados por Cristo. Vio los violentos conflictos entre los nefitas y los lamanitas. Vio la
venida de los Gentiles de Europa a las Americas. Vio como la Biblia y el Libro de Mormón vinieron a
los lamanitas, en nuestra generación. Y vio muchas cosas más. (1Ne caps. 11-13) Y las vio tal como
fueron vistas, años y siglos después, cuando realmente ocurrieron.
En su bondad, nuestro Señor nos dice cómo eso es posible. Dios vive en un globo semejante a un
mar de vidrio y fuego, un mar de cristal, un Urim y Tumim. (DyC 130:6-7) Por eso, él puede mirar en el
piso de su oficina y ver todas las cosas pasadas, presentes y futuras, que están continuamente delante de
él. Y por eso, sus profetas conocen la mente de Dios, y saben el porvenir de esta tierra.
Por supuesto que nosotros, ahora, no sabemos precisamente cómo todo eso trabaja. Pero sí sabemos

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que un Dios que puede dirigir la creación de universos, el balanceo de planetas alrededor de un sol, y la
construcción de un cuerpo humano con todos sus maravillosos sistemas, también puede producir
imágenes de cosas que todavía no han existido pero que sí, tomarán lugar.
Después de todo nosotros, meros humanos que somos, al recibir su inspiración, podemos ir a la
luna. Podemos ver y oír al instante lo que está pasando en Afganistán, sentados en nuestro sillón en
nuestra propia casa. Podemos reemplazar un corazón, unos ríñones, pulmones y otros órganos de nuestro
cuerpo indispensables pero dañados. Podemos, por medio del milagro de lo electrónico calcular cosas en
un momento, cosas que a mano tomarían toda una vida para calcular. Podemos obtener toda la
información de todas las bibliotecas del mundo, diagnosticar una enfermedad, identificar el sexo de un
bebito todavía en el vientre de su madre, reparar una válvula en el corazón de un niño que todavía no
ha nacido, identificar al padre de una criatura o a un criminal, o hacer muchos otros milagros que
consideramos hoy, parte de la vida.
Muchas escrituras nos dicen que Dios lo sabe todo. (2Ne 2:24; 9:20; Morm 8:17; DyC 127:2) Sabe
todas las cosas que vendrán. (PdeM 1:7) Hasta sabe todos nuestros pensamientos y las intenciones de
nuestro corazón. (Alma 18:32; DyC 6:16) Por supuesto que ahora no entendemos exactamente cómo
trabaja el Urim y Tumim. Pero eventualmente, al ganar nuestra exaltación, también viviremos en un Urim
y Tumim, un globo como un mar de cristal, y recibiremos una piedrecita blanca que nos dará a conocer
todas las cosas de Dios. (DyC 130:7-10) Y eso, solamente será como una televisión para nosotros.
El saberlo todo por adelantado, le permite a Dios planear
y tener una mano en todas las cosas
Tal vez alguien diga: "Pues, si Dios sabe de antemano lo que nos va a pasar ¿qué de nuestro
albedrío?" ¡La contestación es simple! El hecho que nuestro Padre Celestial sabe todo lo que vamos a
hacer en nuestra vida, de ninguna manera puede afectar lo que nosotros hacemos, mientras nosotros
mismos no tengamos ninguna idea de cómo va ser nuestro futuro. Así, nuestra agencia no está de ninguna
manera violada. En cambio, el saberlo todo, lo pasado, y lo futuro, permite que nuestro Padre Celestial
tenga su mano en todas las cosas.
Un interesante tema en el Libro de Mormón nos da una idea de cómo trabaja eso. Por ejemplo,
Nefi escribe dos historias de su pueblo: una historia secular, otra religiosa... por un sabio propósito,
desconocido en su tiempo.
Todos hemos oído de las 116 páginas del manuscrito de la primera parte del Libro de Mormón que
se perdieron en las manos de Martin Harris. (DyC secciones 3 y 10) José Smith, bastante dependiente de
la ayuda económica de Martin Harris, despreció el consejo del Señor, y "temió al hombre más que a
Dios." (DyC 3:7) Y esas páginas se perdieron, quedando en las manos de enemigos de Dios.
Pero nuestro Padre Celestial, con su Urim y Tumim, sabía siglos antes, la mala decisión que José
Smith iba a hacer ese día. Obviamente, esa mala decisión hubiera podido arruinar totalmente el plan de
Dios y su nueva dispensación.
Por eso, en su sabiduría, nuestro Señor resolvió ese problema, muy por adelantado, revelando su
voluntad a tres de sus profetas: Nefi, Mormón, y José Smith:
A Nefi:
1.Por inspiración, Nefi escribe su propio libro, comenzando con las palabras: "Yo, Nefi, nací de
buenos padres..."
2.En esas planchas, las planchas menores, Nefi escribe lo que sabe puede persuadir a los hombres a
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que vengan a Cristo, para que ganen salvación. (1Ne 6:3-6)
3.Un poco más tarde, Nefi nos informa que en las planchas mayores va a escribir la historia secular
de su pueblo, mientras que en las planchas menores (los primeros seis libros en nuestro presente Libro de
Mormon), va a escribir una relación de su ministerio a su pueblo, para un sabio propósito. Porque
aunque Nefi no sabe exactamente porque Dios le pide que escriba dos distintos registros, imagina que la
razón de las segundas planchas es para que las obras futuras del Señor se realicen. (1Ne 9:2-6)
A Mormon:
4.A Mormon, el Señor le pide que haga un compendio de las planchas mayores de Nefi. A esas
planchas, Moroni agrega su compendio de las planchas de Éter.
5.Cuando Mormon está trabajando en el compendio de las planchas mayores, encuentra, entre los
registros, las planchas menores de Nefi. Las lee y se da cuenta de su valor espiritual, y está muy
complacido con ellas. El Espíritu del Señor lo inspira a poner esas planchas con su propio compendio. Y
agrega que hace esto para un sabio propósito, inspirado por el Señor que sabe todas las cosas. (PdeM
1:3-7)
A José Smith:
6.Más o menos un mes después de que José Smith pierde las 116 páginas del manuscrito del Libro
de Mormon, el profeta recibe de vuelta las planchas del compendio de Mormon. Con esas planchas,
también recibe las planchas menores de Nefi. Al mismo tiempo, el profeta recibe la Sección 10 de
Doctrina y Convenios, con las siguientes instrucciones:
Satanás inspiró a hombres inicuos para quese robaran las i 16páginas, y quecambiaran unas palabras aquí y allá,
para atraparte con la traducción. Por eso, no traduzcas de nuevo lo que perdiste. En lugar de eso, sigue traduciendo
el compendio de Mormon, empezando con el reinado del rey Benjamín, o sea el libro de Mosíah. Después, traduce
las planchas (menores) de Nefi y ponías al comienzo del libro, para reemplazar las 116páginas perdidas. (DyC
10:23-43)
El resultado de todo eso es que los primeros seis libros del Libro de Mormon (las planchas
menores) son aun más instructivas espiritualmente que las páginas robadas. De esa manera, cuando
Dios arregla las cosas, nadie pierde, todos ganan... con la excepción de los malvados.
Con nuestros limones, Dios hace limonada
Lili, una de nuestras tres hijas enseña este concepto. Dice que muchas veces, como débiles
humanos que somos, "metemos la pata" y por causa nuestra, la salvación de otros se pone en peligro.
Cuando esto ocurre, nosotros dejamos atrás "limones" ácidos, limones que podrían causar muchos
desastres. Pero, como se puede ver en las escrituras, nuestro Señor recoge esos limones y hace limonada
con ellos. Entonces, por medio de la sabiduría de nuestro Dios, todo se repara, porque lo que podría haber
causado un tropiezo, llega a ser una prueba que ayuda a muchos, a alcanzar la salvación.
En las escrituras, eso ocurre muchas veces. Por ejemplo,
1.Satanás tienta a Adán y Eva, y comen el fruto prohibido... el Señor los echa del jardín para que
vivan en la tierra telestial. Tienen progenie y todos los hijos e hijas espirituales son probados para que
muchos alcancen la vida eterna.
2.José, el hijo favorito de Jacob y Raquel, es vendido por sus hermanos, y es llevado a Egipto. Pasa
muchos años como esclavo y en prisión, pero salva a todo Israel de perecer por hambre. Y cuando Israel
sale de Egipto, ya no son doce hermanos que no se quieren mucho. Son un pueblo, un pueblo más

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unido y más identificado entre sí y con el Señor.
3.Una banda Lamanita ataca a los Anti-nefi-lehitas y empieza a matarlos. Sin resistir, mil cinco de
los conversos de Ammón y de sus hermanos, se dejan matar, hasta que los corazones de los Lamanitas se
ablandan y se arrepienten. Ese día, se convierten más al evangelio, que los que fueron muertos. Al final
de todo, los que murieron obtuvieron felicidad en el reino de los muertos, sabiendo que han ganado la
exaltación. Y los que se convirtieron son felices porque tienen ahora la esperanza de ganar la exaltación.
(Alma, cap. 24)
4.Las 0\ei Tribus apostatan ^ so o'\eráen pov el norte... Peto el Señor nace que parte de la tribu de
Efraín se quede atrás y se mezcle con los gentiles, para bendecirlos. Así, los gentiles, con sangre creyente
en sus venas, están más preparados para aceptar la influencia del Espíritu Santo, servir al Señor, y abrir
la última dispensación. 5. José Smith pierde las 116 primeras páginas del Libro de Mormon... y en su
lugar, recibimos los libros de Nefi, Jacob, Enós, Jarom, y Omni. Con esos libros, recibimos más luz y
verdad de lo que hubiéramos recibido por medio de las 116 páginas originales.
Y existen muchos más casos de esos en las escrituras. ¿Cómo podemos dudar el tremendo poder de
nuestro Padre Celestial?
Y todo eso Dios hace para cumplir con la meta que Él, Cristo, y el Espíritu Santo tienen en común.
Los tres quieren que el Plan de Salvación funcione bien, con el fin de llevar a cabo la inmortalidad y la
vida eterna de todos nosotros, sus hijos e hijas.
Las profecías nos dan una idea de lo que Dios va a hacer en los
últimos días
Estudiando las maravillosas profecías que tenemos concerniente al fin del mundo, vemos el
inimaginable poder que Dios ejerce en nuestro mundo para preparar esta tierra para el futuro Milenio. Para
destruir a los malvados, el clima cambia, terremotos, huracanes, tornados y otros desastres ocurren más a
menudo. Plagas y pestes aparecen, desaparecen, y vuelven. Guerras y rumores de guerra se multiplican.
Las aguas se vuelven peligrosas.
Y muchos más cambios están viniendo. Nuestro Padre Celestial cambiará la posición de nuestra
tierra en el universo, y eliminará su naturaleza telestial, haciendo de ella, un paraíso. Juntará los
continentes de nuevo. Secará los mares y hará que los desiertos se llenen de fuentes de agua y de
vegetación. Atará a Satanás por mil años. Introducirá una nueva población celestial y terrestre.
Establecerá su paz en este mundo, por medio de su Hijo Jesucristo y de un gobierno mundial de justicia
y amor, bajo el sacerdocio de Melquisedec.
Mientras tanto, muchos en el mundo ignoran las señales de los tiempos, y todas esas profecías.
Muchos rechazan la idea de un Dios, y otros piensan que Dios se ha muerto. Muchos dudan, muchos lo
ignoran. Muchos dicen que creen en él, pero de hecho, no le hacen caso. Muchos prefieren las ¡deas de
Satanás a las ideas de Dios. Y solamente unos cuantos lo conocen y tratan de hacer su voluntad.
Es obvio que nuestro Padre Celestial no gobierna como los hombres lo hacen. El respeta el
albedrio moral que nos ha permitido retener aquí en la tierra. Ese albedrio es el poder que se nos dio, de
escoger la libertad y la vida eterna, o la cautividad y la muerte. (2Ne 2:15-16) Es la libertad de elegir a Dios
o a Satanás, al bien o al mal, al plan de salvación o al plan de destrucción.
En estos, los últimos días ¿decidiremos seguir a Dios, o seguiremos al mundo y a Satanás? O
¿seguiremos a Dios y haremos todas las cosas que el Señor nos mande? ¿Haremos y guardaremos
convenios con él, esos convenios que, uno por uno, nos llevan primero a un estilo de vida terrestre, y

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luego a una vida celestial? Si lo hacemos, podemos volver a Dios, y morar con él, en su reino.
Aunque el mundo en general no se da cuenta de la sabiduría y del poder de Dios, nosotros los que
creemos, los que obedecemos, sabemos que la victoria será de él. Y se nos hace fácil creer que, dentro del
desorden creado por Satanás, nuestro Padre Celestial guarda su mano en todas las cosas. (DyC 59:21)
LA TRINIDAD
Nuestro Padre Celestial, Elohim, tiene un poder enorme de salvar. Y no trabaja solo. Tiene dos
consejeros. Él, con Jesucristo y el Espíritu Santo, forman nuestra Primera Presidencia eterna.
Dios el Padre es el gobernante supremo del universo. Es omnipotente y omnisciente. Todos
nosotros, los humanos, somos sus hijos e hijas espirituales. Él es quien diseñó el plan de salvación, el
plan que nos da la posibilidad de llegar a ser dioses como él. Y él es el que administra ese plan por medio
de su hijo Jesucristo.
El Padre ha delegado su poder a su Hijo y, por eso, las escrituras nos dicen que su presencia entre
nosotros, con unas pocas excepciones (Hech 7:55:56), se limita a introducir a su Hijo, nuestro Redentor.
(Mateo 3:17,17:5; Juan 12:28-29; 3Ne 11:3-7; DyC 76:20,23; JS-H 1:17)
Jesucristo es el Creador dt nuestro universo así como de una innumerable cantidad de otros
mundos. (Moisés 1:32-33) Es el Dios de nuestra tierra, es quien, desde el comienzo, ha implementado
el plan de salvación. Es quien habla a nuestros profetas, el que dirige cada dispensación por medio del
Sacerdocio de Melquisedec. El fue el Gran Jehová del Antiguo Testamento. (DyC 110:2-4; 76:1) Fue
Jesús, el Hijo Unigénito de Dios, que ministró tres años entre los hombres. Al fin de esos tres años,
cumplió con su mayor llamamiento, como el sacrificio sin mancha, Redentor y Salvador que nos trae a
todos la inmortalidad y la posibilidad de la vida eterna. Él sufrió el dolor de todos nuestros pecados en
el jardín de Getsemaní y en dolor e ignominia sobre la cruz. Por eso él posee el poder de sanar y de
salvar a todos los que tienen completa fe en él, como Enós. (Enós 1:2-8) Ahora su trono está a la derecha
de Dios el Padre. De allí él, un ser resucitado, sigue dirigiendo todos los asuntos de nuestra tierra. Y es el
que intercede por nosotros con nuestro Padre Celestial.
El Espíritu Santo, en estos últimos días, tiene una responsabilidad muy personal para con
nosotros. Su trabajo ahora consiste de influenciarnos y prepararnos para aceptar el poder de salvar que
posee Cristo. El Espíritu Santo es el santificados el que nos instruye en la verdad y toca nuestro
corazón. Su influencia nos cambia del hombre y mujer natural al hombre y mujer espiritual y nos limpia
de nuestros pecados, preparándonos para morar de nuevo con nuestro Padre Celestial.
Los tres trabajan juntos en perfecta armonía, para lograr el mismo propósito: nuestra salvación.
(GEE, Trinidad, p. 205-206)
Estoy muy agradecida a mi madre por haberme guiado a conocer a mi Padre Celestial muy
temprano en mi vida, como un personaje importante pero cariñoso, interesado en mí, y mi bienestar,
capaz de mucho amor y atención. Fue mucho más tarde, que me di cuenta que ese mismo Dios que
me ama y a quien amo, es también omnipotente y omnisciente, gobierna y juzga mundos, estableció el
plan de salvación, y tiene su mano en todas las cosas en todo el universo. Y me agrada saber que, a pesar
de conocer, ahora, su increíble grandeza, mi primera impresión de que él y yo gozamos de una relación
de amor no se ha aminorado en nada. Y ahora no se me hace nada extraño que podría alabarlo y
adorarlo con admiración... con lágrimas de amor y gratitud corriendo en mis mejillas. Y eso se debe a
que mi Mamá, cuando yo era muy joven, me enseñó que a cualquier momento que yo me sintiera con
necesidad de amor, de apoyo, o de ayuda concreta, podía orar a Dios y él me haría sentir bien y me
ayudaría.

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Sabiendo que eso era posible, al crecer, cada vez que me metí en "camisa de once varas," oraba
desesperadamente, pidiendo un favor que, pensaba, me podría salvar la vida. No eran cosas muy graves,
pero de niño, ¡todo nos parece tan importante! Tal vez se me había olvidado una tarea. No podía
solucionar un problema matemático. No había estudiado para un examen. 0 se me había perdido un libro.
0 tal vez me sentía totalmente sola porque una amiga se sentía ofendida conmigo. 0 mi papá que no
quería verme "perder el tiempo," me agarraba leyendo una novela.
¡En tantas ocasiones yo sentí el amor de Dios y su protección! Pronto aprendí a hablarle a él muy
personalmente, de mis penas, de mis enojos, de mis resentimientos. Y siempre sentí que él me tenía amor
y simpatía. Cuando me sentía aislada de todos, sentía que existía todo un mundo del otro lado, un
mundo donde, por alguna razón, personas divinas me tenían aprecio, cariño, y amor, un mundo poblado
de ángeles que me cuidaban.
Y es el saber eso que me hace apreciar aun más la grandeza de Dios, de Cristo, y del Espíritu Santo.
Y es sobre ese primer testimonio que edifiqué testimonios adicionales: un testimonio de la iglesia, un
testimonio de mi Señor Jesucristo que sólo él puede salvarme, así como un testimonio del Espíritu
Santo que puede cambiar mi corazón, mi alma.
El Padre e Hijo son uno en todo
Muchas escrituras afirman que:
Nuestro Padre Celestial y nuestro Señor Jesucristo son uno en todo. Cristo, hablando de sus
discípulos a su Padre, dice: Para que sean uno, así como nosotros somos uno (Juan 17:21-23; 10)
• Como yo soy uno en el Padre, como el Padre es uno en mí, para que seamos uno (DyC
35:2)
• El Padre y yo somos uno. Yo soy en el Padre y el Padre en mí (DyC 50:43)
Tienen una unión única entre ios dos:
• Cristo es de Dios (DyC 76:59)
• Estuve en el principio con el Padre, y soy el Primogénito (DyC 93:21)
Los dos hicieron, hacen, y harán muchas cosas juntos:
• Aunque llamamos a Jesús el creador (Moisés 3:5), sabemos, por medio de las escrituras y de
las enseñanzas que recibimos en el templo, que Dios el Padre dirigió la creación y que Cristo
implemento el trabajo.
• Sabemos que durante su vida Cristo no hizo nada sino la voluntad de su Padre.
• Y sabemos que los eventos de los últimos días son todos planeados por nuestro Padre Celestial
porque él (con Jesús) es el único que sabe el tiempo y la hora de la Segunda Venida.
Los dos establecieron el evangelio sobre la tierra:
• Bajo la dirección del Padre, Cristo ha establecido cada una de las
dispensaciones del evangelio entre el pueblo de Dios. Y a menudo, Dios
ha presentado a Cristo a sus profetas.
Presentan el evangelio como de los tres:
• La doctrina de Cristo, la única y verdadera doctrina del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo
(2Ne 31:21)

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• Y seremos juzgados ante el tribunal de Cristo el Hijo, y Dios el Padre, y el Santo Espíritu, que
son un Eterno Dios (Alma 11:44)
• Además, José Smith habla claramente de la estrecha unión que existe entre los miembros de
la Deidad:
• Y estos tres constituyen la Deidad y son Uno. El Padre y el Hijo poseyendo la misma mente, la
misma sabiduría, gloria, poder y plenitud llenando todo en todo. El Hijo estando lleno de la plenitud, de
la mente, gloria y poder, o en otras palabras, del espíritu, gloria y poder del Padre, poseyendo todo
conocimiento y gloria y el mismo reino, sentado a la mano derecha del poder, en la expresa imagen y
semejanza del Padre, mediado entre los hombres, estando lleno con la plenitud de la mente del Padre
o, en otras palabras, del espíritu del Padre... (Discursos sobre la Fe, p. 70)
• Y José Smith sigue enseñándonos que si nosotros somos obedientes, también podemos tener
UNA mente con la Deidad y parecemos a ellos en todo: en imagen y semejanza, con una plenitud de
gloria. (Discursos sobre la Fe, págs 70-71)
Ni Cristo, ni los profetas diferencian mucho entre Cristo
y Dios el Padre
Sabemos que Jesucristo es el Hijo Unigénito. Y también sabemos que desde el comienzo, ha sido
Cristo quien ha inspirado o dictado las escrituras a los profetas. Por eso es algo sorprendente que las
palabras, "Mi Hijo Unigénito, "aparezcan unas cincuenta veces en las escrituras, (según el programa de
computadora en Inglés) ¿Cómo es posible que Cristo se llame a sí mismo: "A//Hijo Unigénito?"
Eso ha llamado la atención de unos cuantos estudiantes de las escrituras. Algunos se sintieron
confusos por eso. Otros hicieron preguntas. Y aun otros escudriñaron las escrituras y confirmaron lo que
nuestros profetas ya habían concluido: Cristo y Dios son uno. Por eso, a menudo, Cristo habla como si
Dios hubiera hablado. Eso confirma lo que, en vida, Cristo dijo, orando a Dios por sus discípulos: "todo
lo mío es tuyo, y lo tuyo mío." (Juan 17:10) No solamente eso, sino que también nos acostumbra a
visualizar la Trinidad como tres personajes que se consideran uno.
Así encontramos unas escrituras que muy claramente demuestran que Cristo habla con la voz de
Dios el Padre, y habla de sí mismo como "mi Hijo Unigénito." Por ejemplo:
1.Cristo empieza a dictar esa revelación a José Smith (DyC 29:1), termina hablando de los niños
pequeños que son redimidos desde la fundación del mundo "mediante mi Unigénito."'(DyC 29:46)
2.Dios el Señor, o sea Cristo el que está a cargo de declarar el plan de redención, menciona la
"redención mediante la fe en el nombre de mi Hijo Unigénito." (DyC 29:42)
3.Así dice el Señor; yo soy Dios, y he mandado a mi Unigénito Hijo al mundo para la redención del
mundo. (DyC 49:5)
4.Hablando del Sacerdocio de Melquisedec, el Señor explica que ese sacerdocio es "según el
orden de mi Hijo Unigénito." (DyC 124:123)
5.El Señor le dice a Enoc (Moisés 7:60) que, en los últimos días, él hará brotar la verdad de la
tierra para testificar de "Mi Unigénito. "(Moisés 7:62) Algunos de los profetas parecen entender ese
principio de ser uno tan bien, que tampoco hacen una gran diferencia entre los nombres de Cristo y del
Padre Eterno.
1.En Ammoníah, Amulek batalla con Zeezrom y le dice: Sí, el Hijo de Dios es el mismo Padre
Eterno del cielo, la tierra, y todas las cosas que en ellos hay... y vendrá al mundo para redimir a su

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pueblo. (Alma 11:38-40)
2.Abinadí también llama a nuestro Redentor el Padre y el Hijo: el Padre porque fue concebido
por el poder de Dios, pero también el Hijo, por haber venido al mundo en carne. Y concluye que Cristo
es un Dios, el Padre Eterno del cielo y de la tierra. (Mos 15:2-4)
3.Y Cristo mismo se llama a sí mismo: el Padre y el Hijo. (Éter 3:14) Obviamente, no existe
ninguna clase de celos entre los miembros de la Trinidad. Por eso, Isaías llama al Hijo de Dios
"Padre Eterno," (Isaías 9:6), un nombre por el cual nuestro Padre Celestial es bien conocido.
Y cuando Juan transcribe la oración de Cristo por sus discípulos, nos da a conocer no solamente la
tierna unidad que existe entre Cristo y nuestro Padre Celestial, sino también su deseo de que todos
nosotros podamos llegar a obtener esa unidad con ellos:
Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es
tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos... y guárdalos (mis discípulos) en tu nombre, para que sean uno, así
como nosotros. (Juan 17:9-10)
Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de
ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros;
para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloría que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así
como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo
conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. (Juan
17:20-23)
En esa perfección de amor y unidad, ninguno de los tres miembros de la Trinidad está en la
defensiva. Ninguno de ellos se preocupa de quien dijo que, o quien debe ganar crédito por eso o
aquello. Los tres hablan uno por el otro sin pensarlo dos veces, porque trabajan juntos para gobernar y
salvar a tantos como desean volver a Dios.
Y parece que eso también se extiende a ángeles, quienes también son uno con Dios y con Cristo.
En el tiempo de los Jueces, un ángel visitó a Israel, y como si fuera Jehová, les habló en la primera
persona, de haber sacado al pueblo de Israel de Egipto. (Jueces 2:1-4)
No es sorprendente que todo eso ha traído confusión a ciertas iglesias Cristianas. Pero a nosotros,
no nos confunde porque sabemos que muchos de nuestros profetas han visto a Dios el Padre y a Cristo
(Hech 7:55; JS-H 1:17), así como a Dios el Padre, a Cristo, y al Espíritu Santo. (Mateo 3:16-17; Marco
1:10-11 ¡Lucas 3:22)
DIOS, CRISTO, Y EL ESPÍRITU SANTO EJERCEN SU PODER DE SALVAR
POR MEDIO DEL SACERDOCIO DE MELQUISEDEC
Para entender la importancia del Sacerdocio de Melquisedec, ayuda el recordar la historia de
Moisés cuando subió al Monte de Sinaí, para conversar con el Señor cara a cara, y recibir de él las tablas
de piedra con los Diez Mandamientos. (Ex 31:18) Desafortunadamente, cuando Moisés se demora, el
pueblo de Israel requiere de Aarón un becerro de oro para adorarlo. (Éx 32:1-6) Al bajar de la montaña,
Moisés ve la maldad de su pueblo. Su reacción es un terrible y justificado enojo, y quiebra las tablas.
(Éx 32:19)
Más tarde, Jehová instruye a Moisés. El profeta tiene que preparar dos nuevas tablas de piedra,
para que el Señor escriba en ellas las mismas palabras de la ley que estaban escritas en las primeras...
pero con una importante diferencia: el Señor les ha quitado el derecho al sacerdocio de Melquisedec. (Ex
34:1; TJS Éx 34:1 -2) Esa pérdida tiene consecuencias cruciales y eternas. En nuestra dispensación, nuestro
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Señor Jesucristo, explica esas consecuencias al diferenciar entre los dos sacerdocios:
El sacerdocio menor, o sea el Sacerdocio de Aarón
Tiene la llave del ministerio de ángeles y del evangelio preparatorio
El evangelio del arrepentimiento, del bautismo, y de la remisión de pecados, y La ley de los
mandamientos carnales (DyC 84:26-27)
El sacerdocio mayor, o sea el Sacerdocio de Melquisedec
Administra el evangelio
Posee la llave de los misterios del reino, la llave del conocimiento de Dios
En sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad
Sin esas ordenanzas, ningún hombre puede ver la faz de Dios... y vivir (DyC 84:19-22)
Por eso en la dispensación de Moisés, aunque los profetas (quienes poseen el Sacerdocio de
Melquisedec) diligentemente tratan de santificar a su pueblo, Israel nunca puede ver la faz de Dios o entrar
en su reposo, o sea la plenitud de su gloria. Y eso es porque al endurecer sus corazones, Jehová les quito
el sacerdocio de Melquisedec, y sin ese sacerdocio, no pueden resistir su presencia. (DyC 84:23-25)
En nuestra dispensación, tenemos la maravillosa oportunidad de pertenecer a la iglesia de
Jesucristo en su plenitud. En estos, los últimos días, nuestra iglesia es administrada por el Sacerdocio de
Melquisedec. Así, todos nosotros tenemos la oportunidad de participar en las ordenanzas del
Sacerdocio de Melquisedec y de eventualmente ver la faz de Dios, o sea, de ganar la vida eterna.
En nuestra dispensación, todos los hombres pueden poseer y bendecirnos a todos con el poder y la
autoridad del sacerdocio de Melquisedec. Con ese poder, el trabajo de salvación puede tomar lugar entre
todos los miembros. Templos pueden ser edificados, Y en ellos todos podemos aprender los misterios y
la mente de Dios, así como el poder de la divinidad, preparándonos a todos para ver la faz de Dios, y vivir,
y introduciéndonos a la vida celestial.

Resumen

En el capítulo anterior, vimos el poder que Satanás tiene sobre los hombres para llevarlos al
mal y a la destrucción. En este capítulo, hemos tratado de entender lo opuesto: el Poder y la
Grandeza de Dios, la unidad de la trinidad, y el poder que los tres comparten para traernos inmortali-
dad y la vida eterna.
Primero. Dios es perfecto y poderoso. Podemos contar con él en todo. Desde el comienzo
nuestro Padre Celestial ha establecido el plan de salvación, con el propósito de traer inmortalidad y vida
eterna a sus hijos e hijas espirituales, tratando de hacerlos, como él, dioses y diosas.
Segundo. La omnisciencia de Dios es lo que le permite tener su mano en todas las cosas. Porque
él sabe todo anticipadamente, le permite organizar las cosas para que sus fines se lleven a cabo. Por
ejemplo, aunque José Smith se equivocó al perder las 116 páginas del Libro de Mormón, todo se arregló
porque Dios supo siglos antes de que eso pasaría, y pudo arreglar las cosas para que todo saliera bien.
Eso indica que Dios puede arreglar nuestros errores con anticipación, y sin que nada de sus planes

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se pierda. Ahora esta arreglando las cosas para que el Fin del mundo salga como él lo planeó.
Tercero. La Trinidad, Dios el Padre, Cristo, y el Espíritu Santo forman nuestra presidencia eterna.
Dios es el creador del plan. Cristo es el creador de muchos mundos, incluyendo el nuestro. Y es el
Redentor. El Espíritu Santo es el santificador, el que nos cambia el corazón y nos limpia de nuestros peca-
dos. Los tres son tan unidos, que intercambian nombres porque ninguno de los tres buscan
reconocimiento por lo que cada uno hace, para llevar a cabo la meta que comparten: el de salvarnos.
Cuarto. El Sacerdocio Aarónico se preocupa principalmente de asuntos temporales. En cambio,
el Sacerdocio de Melquisedec provee la estructura y la organización de la Iglesia de Cristo, y así, muchas
oportunidades de ganar la exaltación. Es ese sacerdocio el que administra el evangelio, y facilita el
conocer la mente y los misterios de Dios, el poder de la divinidad. Por medio de sus ordenanzas, el pueblo
de Dios, al hacer convenios, puede conocer los misterios de Dios y ganar exaltación.
En el próximo capítulo, vamos a estudiar todo lo que hace el Espíritu Santo para facilitar
nuestra exaltación.

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CAPÍTULO 6
El Poder del
Espiritu Santo

A l vivir en un mundo telestial, muchos en la tierra se han olvidado del poder de Dios. Por eso,
en el capítulo 5, escudriñamos las escrituras que testifican que nuestro Padre Celestial nunca
ha abdicado su poder sobre la tierra. Vimos como Dios, siendo omnisciente, tiene su mano en todas las
cosas y, con su tremendo poder, está llevando a cabo su meta de salvar a todos los que tienen el deseo de
volver a él. Vimos que nuestro Padre Celestial reina, junto con Jesús el Cristo, y el Espíritu Santo, en
una primera presidencia eterna, tan unida que los tres son uno en todo, sin hacer ninguna diferencia entre
uno y el otro. Finalmente, vimos como Dios ha organizado a su pueblo por medio del Sacerdocio de
Melquisedec, con el propósito de perfeccionarnos, para que podamos llegar a ver la faz de Dios.
Además de su propio poder, nuestro Padre Celestial tiene el poder de sus dos consejeros. Cristo,
como Dios de nuestra tierra, está administrando el plan de salvación aquí, usando el poder que nuestro
Padre comparte con él. Además, Cristo ha ganado, al morir por nosotros, el poder de salvar. Esto lo
estudiaremos en otro volumen. En este capítulo, vamos a estudiar la extraordinaria influencia que el
Espíritu Santo ejerce entre y sobre nosotros en estos últimos días. De los tres miembros de nuestra
presidencia eterna, es él el que tiene mayor contacto personal con cada uno de nosotros. La meta de los
tres es el prepararnos para entrar no solamente en el reino Celestial, sino que también, a la vida eterna.
LA HISTORIA DE LAS DIEZ VÍRGENES
Jesús contó, en el meridiano de los tiempos, la parábola de ¡as Diez Vírgenes quienes salieron a
esperar al esposo. Cinco eran prudentes. Ho solamente llenaron su lámpara, sino que también llenaron una
vasija adicional con aceite, por si el esposo tardaba en venir. Las otras cinco eran insensatas y despre-
venidas. Al demorarse el esposo, éstas tuvieron que ir a comprar más aceite. Pero al volver,
encontraron que se habían perdido las bodas. La puerta ya se había cerrado. (Mateo 25:1-13)
En nuestra dispensación, el Señor se refiere a esa misma parábola, y explica que el aceite que las
cinco vírgenes prudentes trajeron con elias (aceite que no pueden compartir), es el Santo Espíritu que
han tomado por guía en sus vidas. Y como saben cómo vivir según el Espíritu Santo, no serán engañadas y
no serán taladas y echadas al fuego, cuando llegue la Segunda Venida. Aguantarán y sobrevivirán el día.
Recibirán la tierra como herencia, y seguirán viviendo durante el Milenio, teniendo hijos e hijas que
crecerán sin pecado. Y todos obtendrán salvación. (DyC 45:56-58)
Esa parábola es una profecía. Anuncia que, cuando viene Cristo en su Segunda Venida, solamente
la mitad de los miembros fieles de nuestra iglesia estarán listos para recibir al Cristo. Aquí, Jesús no está
hablando de miembros inactivos, ni siquiera de miembros semi-activos. Esos miembros fieles asisten a
la iglesia cada domingo, saben que Cristo viene, y su mira está en la Segunda Venida del Señor. Sin
embargo, si tomamos esa advertencia seriamente, más de la mitad de nosotros que estamos en la capilla
cada domingo, no estaremos preparados para la Segunda Venida, porque no nos hemos acostumbrado a
depender del Espíritu.
Ya que nuestra salvación depende de nuestra dependencia en el Espíritu Santo, en este capítulo,

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vamos a escudriñar las escrituras para entender lo que debemos hacer para obtener el compañerismo
constante del Espíritu.
El Espíritu Santo tiene el poder de cambiar nuestra
mente y nuestro corazón, y traernos a la vida eterna
El Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad, y es uno con el Padre y el Hijo. No tiene un
cuerpo de carne y huesos. Es un personaje de espíritu. De otra manera, no podría morar dentro de
nosotros. (DyC 130:22-23) Su misión es el traer información a nuestra mente y a nuestro corazón; el
influenciarnos a hacer lo bueno, y a creer en Jesucristo.
Pero, el Espíritu Santo trabaja de dos distintas maneras entre los hijos e hijas de nuestro Padre
Celestial. Con los que no han recibido el evangelio, no se han arrepentido, no se han bautizado, y por eso
no han recibido el don del Espíritu Santo, el Espíritu puede mandar luz y verdad o influenciarlos de
alguna manera... y entonces retirarse de ellos. Por otra parte, todos los que se arrepienten de sus pecados,
aceptan el evangelio, y son bautizados con autoridad, tienen la oportunidad de obtener el Don del Espíritu
Santo. Entonces también tienen el derecho a las bendiciones de salvación.
La misión del Espíritu Santo entre los Gentiles
Durante su visita a los Nefitas, Cristo mencionó que él no se manifestaría personalmente a los
Gentiles. (3Ne 15:23) Sin embargo dijo que, por medio del Espíritu Santo, recibirían conocimiento (3Ne
16:4), una creencia en Dios y Cristo (3Ne 16:6), y el evangelio. (3Ne 16:7;
21:2-6) Es decir que todas las familias de la tierra serían bendecidas por Cristo, a través del
Espíritu Santo. (3Ne 20:27)
Y así fue desde el comienzo de la era Cristiana, entre los Gentiles. Históricamente sabemos que, en
varios lugares del mundo, buenos hombres, influenciados por el Espíritu Santo, trajeron más luz a la
sociedad donde vivieron.
Las escrituras también nos dicen que el Espíritu de Dios ha estado influenciando a los Gentiles,
recientemente así como por siglos. Por ejemplo Nefi, en su visión panorámica del mundo, vio la influencia
del Espíritu de Dios ayudar a Colón a cruzar las aguas y descubrir América. (1 Ne 13:12) Vio a ese
mismo Espíritu que obraba sobre otros gentiles para que salieran de la cautividad y la persecución religiosa
en Europa, y vinieran a establecerse en nuestro continente. (1 Ne 13:6,13) Vio que el Espíritu de Dios
estaba con los Gentiles que habían venido a las Américas, y así, prosperaron. (1 Ne 13:1416) Más tarde,
esos nuevos Americanos fueron ayudados a ganar sus guerras de independencia. (1 Ne 13:17-19) Y Nefi
vio que esos gentiles estudiaban la Biblia y que por eso prosperaron. (1 Ne 13:20-25) Y vio que a través
de ellos, el evangelio iba a venir. (1Ne 14:7)
Las escrituras modernas también nos dicen que la Constitución Norteamericana fue inspirada por
el Señor para preservar los derechos y la protección de toda carne (DyC 101:77), y permitir el
establecimiento de nuestra iglesia allí.
Más recientemente, las autoridades generales de nuestra iglesia, de vez en cuando en sus discursos,
mencionan que es el Espíritu Santo el que ha inspirado los grandes adelantos de la ciencia y de la
tecnología de este y del siglo pasado. Ciertamente ese progreso ha ayudado muchísimo la obra del Señor,
creando nuevos medios de transporte, nuevos medios de comunicación, nuevos medios de guardar
datos.

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LA MISIÓN DEL ESPÍRITU SANTO ENTRE LOS SANTOS DE LOS
ÚLTIMOS DÍAS, O SEA LA CASA DE ISRAEL
Entre la Casa de Israel, en nuestra dispensación, la misión principal del Espíritu Santo es el preparar
a los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días, para la Vida Eterna, haciéndolos seres
celestiales, aun dioses y diosas.
El DON del Espíritu Santo se confiere a los que se arrepienten de sus pecados y se bautizan. (DsF
5:61) Por eso, al salir de las aguas bautismales, un hombre que posee el poder y autoridad del sacerdocio
de Melquisedec, impone sus manos sobre la cabeza del nuevo miembro para conferirle el DON del Espíritu
Santo. Aun así, típicamente el Espíritu Santo no nos viene automáticamente. De hecho, como bien
sabemos, nada en el evangelio nos viene sin esfuerzo propio. Por eso, la ordenación incluye el
mandamiento: "¡Recibe el Espíritu Santo!" Nosotros mismos tenemos que prepararnos para que se
quede con nosotros, porque el Espíritu Santo no puede morar donde hay pecados, malas acciones, malos
pensamientos, malos sentimientos.
El propósito de recibir el don del Espíritu Santo es que, eventualmente, él pueda permanecer con
nosotros, como nuestro compañero constante (DyC 121:46), y que seamos bautizados por fuego y el
Espíritu Santo. (DyC 20:41) Cuando eso ocurre, tenemos el derecho a la entrada al reino Celestial. Pero
tenemos que ganar el derecho de recibir esas bendiciones de salvación. Una hermosa escritura nos dice
cómo lo podemos ganar, y aunque la escritura se dirige a los que tienen el sacerdocio, seguro que también
se dirige a todas las mujeres que quieren hacerse dignas de su presencia constante.
Deja también que tus entrañas se llenen de caridad para con todos los hombres, y para con los de la
familia de la fe, y deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente, entonces tu confianza se
fortalecerá en la presencia de Dios;y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo. El
Espíritu Santo será A/compañero constante, y tu cetro, un cetro inmutable dejusticia y de verdad; y tu dominio será
un dominio eterno, y sin ser competido fluirá hacia ti para siempre jamás. (DyC 121:45-46)
El élder McConkie nos da una lista de lo que el Espíritu Santo puede llegar a ser para nosotros:
nuestro Consolador
nuestro Testificador
nuestro Revelador
nuestro Santificador
nuestro Sellador, o sea, el Santo Espíritu de la Promesa.
(Doctrina Mormona, p. 261)
Después de estudiar esos cinco llamamientos del Espíritu Santo, podemos ver que, en nuestra
dispensación, esa lista demarca paso a paso, nuestra senda hacia la salvación. El compendio presentado
en seguida, resume las bendiciones de salvación que podemos ganar en el proceso de obtener la compañía
constante del tercer miembro de nuestra Presidencia Eterna.
EL ESPÍRITU SANTO
El Espíritu Santo nos prepara, por medio de sus ministraciones como:
Consolador - a conocer y compartir el evangelio de Cristo
Testificador - a tener un testimonio de Dios y de Cristo
Revelador - a recibir revelaciones para nuestra mayordomía
Como Santificador, el Espíritu Santo también nos prepara, por medio de sus ministraciones, para

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obtener:
un cambio de corazón
el nacer de nuevo
el bautismo por fuego y el Espíritu Santo
la purificación y limpieza de nuestros pecados
la santificación, o sea, la entrada a la Gloria Celestial
Como el Santo Espíritu de la Promesa
nos ayuda a perseverar hasta el fin
nos da la Palabra profética más segura (revelación al profeta)
hace nuestra vocación y elección segura (una ordenanza)
O sea, entrada a la Vida Eterna
Entonces, Jesucristo ministra como nuestro Segundo Consolador
En este capítulo, vamos a estudiar el proceso de alcanzar la santificación. Dejaremos el segundo
nivel a la exaltación, el Espíritu Santo como el Santo Espíritu de la Promesa, para un futuro volumen.
Ahora, afrontamos un dilema. Podríamos terminar este capítulo aquí, y tal vez algunos lectores
estarían satisfechos. Nos damos cuenta que no todos tienen mucho tiempo para entrar en tantos
detalles y tantas referencias. Otros quieren algunos detalles, pero encuentran que es pesado y aburrido
para ellos el proceso de leer cuando están constantemente interrumpidos por tantos detalles y tantas
referencias a las escrituras.
No queremos que se desalienten. Unos lectores tal vez estarían satisfechos reconcentrándose en
los títulos y sub-títulos, además de un vistazo aquí y allá... para pronto pasar al capítulo siguiente.
Otros lectores quieren tener más detalles, pero francamente las referencias a las escrituras
interrumpen, y les molesta. Pero concentrándose un poco, es posible saltar toda letra más pequeña, para
no perder el hilo de la narración.
El resto de este capítulo francamente ha sido escrito para personas que quieren estudiar ese tema
con mucho cuidado. Ellos son los que quieren no solamente los detalles, sino que también quieren saber
donde esos detalles se encuentran en las escrituras, para estudiarlas a fondo. Esperamos que esos
estudiantes de las escrituras estén satisfechos con este esfuerzo, y que se deleiten en las palabras de
Cristo. (2Ne 31:20; 32:3)
El Espíritu Santo como Consolador,
Testificado, y Revelador
Como Consolador, Testificador, y Revelador, el Espíritu Santo influencia nuestra mente y nuestro
corazón. Y en el proceso, ganamos gran conocimiento del evangelio, de la mente de Dios, y de sus
misterios. (DyC 6:7) Nuestra fe en Cristo, nuestra dependencia en Dios, y nuestro amor y confianza en el
Espíritu Santo nos han hecho crecer tanto, que nos sentimos muy agradecidos y con mucha más fe en
Dios y en el evangelio. Nuestra interacción con los tres ha cambiado. Es mucho más personal y de
confianza, más llena de amor.
Como Consolador
El Espíritu Santo es el Primer Consolador (EPJS, págs 177-178; Doctrina Mormona,
"Consolador"), el que nos ministra a todos nosotros, los miembros de la iglesia, después de recibir el
don del Espíritu Santo. Por supuesto, el Consolador nos trae consuelo. Pero más a menudo las escrituras

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mencionan que el Consolador nos enseña la verdad y nos ayuda a comunicar a otros el conocimiento
que obtenemos de él. El Primer Consolador sabe (DyC 35:19) y nos enseña todas las cosas
• Nos enseña la verdad (DyC 50:14), y todas las cosas que son necesarias, para ganar salvación.
(DyC 75:10; 124:97)
• Nos recuerda ese conocimiento (Juan 14:26)
• Nos dice el camino que debemos seguir (DyC 79:2; 75:27) y lo que debemos hacer. (DyC
31:11)
• Nos explica y aclara las revelaciones de Dios, sus mandamientos (DyC 28:1), las escrituras
(DyC 24:5), y los misterios del reino. (1Ne 10:17-19; DyC 90:14)
• Nos enseña las cosas apacibles del reino (DyC 36:2; 39:6), y nos llena de esperanza y de amor
perfecto. (Moroni 8:26)
• Ya medida que aprendemos las cosas de Dios, el Consolador nos ayuda
• A predicar con convicción, por el Espíritu (DyC 28:4; 50:17; 124:97)
• Nos dice lo que debemos decir (DyC 124:97)
• Nos da la habilidad de convencer a otros (DyC 28:1), de acuerdo con la voluntad de Dios. (DyC
42:16)
• Nos inspira y ayuda a escribir las cosas de Dios. (DyC 47:4)
• Al enseñarnos el evangelio, el Espíritu Santo cambia nuestra mente y nuestro corazón, y nos
trae a Cristo.
• En caso de que alguien pregunte, el Segundo Consoladora nuestro Señor Jesucristo (EPJS,
Págs. 178-179; DyC 20:77; 3Ne 32:6; Doctrina Mormona, "Segundo Consolador") el que ministra a los
que ya han obtenido su vocación y elección. (EPJS, p. 178; DyC 88:3-4)
Como consolador
El Espíritu Santo nos instruye y nos moldea
1. nos enseña la verdad de las cosas
nos ayuda a entender la mente de Dios
los misterios del reino
las cosas apacibles del reino
nos dice lo que debemos hacer
nos prepara con esperanza en Cristo, y con candad
2. nos ayuda a compartir nuestro conocimiento
nos ayuda a salvar a otros
enseñando, convenciendo, convirtiendo
Asi, nuestra mente y nuestro corazón cambian y nos traen a Cristo
Como Testificador
• El Espíritu Santo inscribe nuestro testimonio en nuestros corazones.
• Y porque el Espíritu Santo es uno con Dios y Cristo (DsF 5:60; DyC 42:17),
• Testifica de Dios el Padre y de Dios el Hijo. (2Ne 31:18; 3Ne 28:11; DyC 42:17;90:11;
Éter12:41)
• Testifica a los Gentiles (3Ne 16:6) que Jesús fue crucificado por los pecados del mundo, para la
remisión de pecados de todos los de corazón contrito. (DyC 21:9; 90;11)
• Nosotros, al recibir ese testimonio del Espíritu Santo, también seremos testigos del Señor.
(Hech 1:8; 5:32)

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Como Testificador
El Espíritu Santo: testifica a nuestra mente y testifica a nuestro corazón Así nos convertimos de
verdad
Como Revelador
El Profeta José Smith afirma la necesidad de la revelación, diciendo que sin revelación, ningún
pueblo tiene los oráculos de Dios. Y sin los oráculos de Dios, ningún pueblo es de Dios. (EPJS p. 333)
También nos dice: "Ningún hombre puede recibir el Espíritu Santo sin recibir revelaciones. El Espíritu
Santo es un revelador." (EPJS, p. 405) Así es. Las revelaciones vienen por medio del Espíritu Santo,
dándonos conocimiento de Dios. (EPJS p. 162)
Sin embargo, porque el reino de Dios es un reino de orden, solamente el profeta recibe
revelaciones para toda la iglesia.
Las revelaciones de Dios se han dado a los profetas, videntes, y reveladores, desde el comienzo y
para siempre. (Mos 8:16-17; DyC 107:91-92; 125; DyC Declaración Oficial 2)
Las revelaciones de Dios para toda la Iglesia deben venir por medio de la Presidencia. (EPJS p.
130)
En cambio, por medio del Espíritu Santo, todos nosotros podemos recibir:
Un conocimiento de Dios (EPJS p. 162)
El espíritu de profecía y el espíritu de revelación (Alma 9:21) profecías (Juan 16:13), dones
espirituales (3Ne 29:6), y revelaciones del Señor (DyC 20:35)
Es muy significativo lo que Moisés dijo, "Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta" (Núm
11:29), porque cuando dejamos que el Espíritu Santo nos inspire, ¡todo anda tan bien!
Pero las revelaciones personales solamente pueden aplicarse a las mayordomías que nos
son dadas.
Todos podemos y, de hecho, deberíamos recibir revelaciones para nuestra propia mayordomía. El
presidente de estaca debe recibir revelaciones para su estaca. Un obispo debe recibir revelaciones para su
barrio. El presidente de un quorum debe recibir revelaciones para su quorum. El maestro de una clase en
la Escuela Dominical debe recibir revelaciones para su clase. Y por supuesto, un padre y una madre deben
recibir revelaciones para su familia.
También podemos y deberíamos recibir revelaciones personales para aclarar, confirmar y
darnos un testimonio de la verdad, dentro del evangelio
Los misioneros sugieren a sus conversos, que pidan a Dios la confirmación de que el Libro de
Mormón es de Dios. (Moro 10:4) El Espíritu Santo revela con el sólo fin de glorificar a Cristo. Por eso al
leer las escrituras, es bueno orar y guardar nuestra mente abierta, no dudando nada, para entender más
profundamente las palabras de Cristo. También todos nosotros podemos recibir una confirmación de
cualquier aspecto del evangelio, sea la Palabra de Sabiduría, la ley del diezmo, las ofrendas, o la
necesidad de asistir a las tres reuniones los domingos. Una confirmación personal puede crear dentro de
nosotros un cometido que nos ayude en nuestra obediencia. Pero también nos recuerda las palabras del
Señor cuando nos dice: "...no pretendáis aconsejar a vuestro Dios." (DyC 22)
Pero ese principio de revelación tiene que ser usado con prudencia. Debemos saber que no tenemos
el derecho a ese poder si estamos pecando o si somos rebeldes. Tampoco es prudente pedir revelaciones

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que ya se han recibido por medio de los profetas. (EPJS p. 20) Sobre todo, no es propio usar lo sagrado
para incitar contenciones (Mos 18:21) que dividen a los Santos. (DyC 10:63)
Como Revelador
El Espíritu Santo, al darnos revelaciones y profecías personales
• nos hace establecer un diálogo con Dios
• nos trae más éxito en nuestras mayordomías
• nos hace más sumisos, más humildes
• ya no nos atrevemos a desobedecerle o a no hacerle caso
Y así establecemos una relación con Dios, mucho más similar a la relación que Cristo siempre ha
tenido con nuestro Padre Celestial. Así todos nosotros, los miembros, necesitamos orar por la influencia
del Espíritu Santo en nuestras vidas. Por medio del Consolador, podemos ganar más conocimiento y
entendimiento de los principios del evangelio, principios que salvan. Al mismo tiempo, ganamos más
interés en compartir esos principios, para que otros también se salven. Por medio del Testificador, nuestro
testimonio de la obra de Cristo puede llevarnos a la fe que salva. Y por medio del Revelador, podemos ganar
confianza en nuestra habilidad de comunicarnos con nuestro Padre Celestial, de dejarnos guiar por él, de
tener más éxito con nuestras mayordomías, de guardarnos sumisos, humildes, y obedientes. Y todo eso nos
lleva a saber que Dios, Cristo, y el Espíritu Santo nos aman y que desean nuestra salvación.
El Espíritu Santo Como Santificador
Como santificador, el Espíritu Santo nos cambia totalmente, anticipando nuestra entrada en la
Gloria Celestial.
Como santificador, su llamamiento es el cambiarnos, limpiarnos, y sanarnos. Eso es, cambiar,
limpiar, y sanar nuestra mente, nuestro corazón, nuestro espíritu, nuestro cuerpo, nuestros valores,
nuestras tradiciones falsas, nuestros complejos, nuestra alma. Ese tipo de cambio es lo que el Señor
llama el santificarnos "por el Espíritu para la renovación de (nuestros) cuerpos." (DyC 84:33) Y eso, el
Espíritu Santo lo puede hacer por el poder que Cristo ganó al morir sobre la cruz, su poder de sanar, su
poder de salvar.
Cuando los profetas hablan de santificación, notamos que consistentemente incluyen cuatro
conceptos adicionales:
•Cambio de corazón
•Nacer de nuevo
•Bautismo por fuego y el Espíritu Santo
•Purificación y limpieza de nuestros pecados Estos cuatro conceptos simplemente describen
cuatro diferentes aspectos del mismo proceso de la santificación, un proceso que nos trae la limpieza de
nuestros pecados para que podamos entrar sin mancha en la gloria celestial. No parece que vienen en un
orden determinado. Mas bien, las escrituras indican que los cuatro (o cinco si incluimos la palabra
"santificación") están conectados:
• la purificación con la santificación (3Ne 27:20)
• el nacer otra vez con la purificación, la santificación, y la salvación. (Moisés 6:59)
• la santificación con la purificación, con un cambio de corazón, y con el reposo del Señor.
(Alma 13:12)
• un cambio de corazón con el nacer espiritualmente de Dios, y la purificación. (Alma 5:12-15)
• el cambio de corazón con el nacer de nuevo. (Mos 5:7)
• la santificación con la purificación, y al fin, el descanso de Dios. (Moisés 7:48)

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En base de esas escrituras, aceptamos que el cambio de corazón, el nacer de nuevo, el bautismo
por fuego y el Espíritu Santo, así como la purificación, son pasos requeridos en el proceso de ganar la
santificación. Ahora los estudiaremos uno por uno.
Cambio de corazón
El cambio de corazón requiere conocimiento, fe, y obediencia. Según las escrituras, obtendremos
un cambio de corazón si: Ganamos conocimiento y entendimiento de la verdad, reconocemos las ini-
cuas tradiciones de nuestros padres, tenemos fe en las escrituras, las profecías, y demostramos fe y
arrepentimiento. (Hel 15:7) Ejercemos nuestra fe en la redención. Así recibimos la imagen de Dios
en nuestros rostros. (Alma 5:12-15) Hacemos un convenio de obediencia con Dios, y demostramos fe
en el nombre de Cristo. (Nos 5:5-7)
Al obtener un cambio de corazón somos más perfectos Nos humillamos y ponemos nuestra
confianza en Dios (Alma 5:13) Ya no tenemos más disposición de obrar mal (Mos 5:2; Alma 19:33)
Deseamos cantar la canción del amor que redime (Alma 5:26) Recibimos la imagen de Dios en
nuestros rostros (Alma 5:14)
Al cambiar nuestro corazón
el Espíritu Santo requiere de nosotros
más conocimiento y entendimiento de la verdad
más fe y arrepentimiento y más obediencia.
Entonces.seremos más humildes y tendremos más confianza en Dios
ya no tendremos disposición de obrar mal y tendremos más amor
Así seremos más como Cristo.
El nacer de nuevo
Jesús dijo que no podemos entrar en el reino de Dios sin nacer de nuevo. El nacer de nuevo es
absolutamente necesario para entrar en el reino de Dios, Jesús dijo a Nicodemo. (Juan 3:3) El nacer
de nuevo requiere arrepentimiento, fe, y ser justo. El nacer de nuevo requiere el arrepentirse (Alma
5:49), tener fe en el cordero (Alma 7:14), así como la aprobación de Dios. (1Pe 1:23) Al nacer de
nuevo, ya no somos carnales. Somos purificados y santificados, podemos entrar en el reino celestial, y
llamarnos hijos e hijas de Dios Al nacer de nuevo, somos cambiados de un estado carnal y caído a un
estado de rectitud, somos redimidos por Dios, sus hijos e hijas. (Mos 27:25) Somos purificados por la
sangre del Unigénito y santificados de todo pecado. (Moisés 6:59)
Y podemos entrar en el reino de Dios, el reino de los cielos. (Juan 3:5-6; Alma 7:14)
Para nacer de nuevo
el Espíritu Santo requiere de nosotros
el arrepentimiento, fe en Cristo, y la aprobación de Dios
Entonces,
somos rectos, redimidos por Dios
somos cambiados de un estado carnal y caído
somos purificados por medio de la Redención de Cristo
podemos entrar en el Reino Celestial
No podemos entrar en el Reino Celestial sin nacer de nuevo

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EL BAUTISMO POR FUEGO Y EL ESPÍRITU SANTO
El bautismo de fuego y del Espíritu Santo viene después de bautizarnos por agua, después de
ganar humildad, y después de demostrar obediencia. El bautismo de fuego y del Espíritu Santo viene
después del bautismo por agua. (Mateo 3:11; Lucas 3:16; DyC 33:11; 39:6) Al tener un corazón
quebrantado y un espíritu contrito. (3Ne 9:20)
Y después de demostrar nuestra resolución de guardar los mandamientos de Dios. (2Ne 31:14)
Después de ser bautizados por fuego, somos vivificados por dentro, y nuestros pecados son
perdonados. Entonces somos hijos e hijas de Dios, uno con él, llenos del Espíritu Santo, y hablamos la
lengua de ángeles.
Al recibir el bautismo por fuego, somos vivificados en el hombre (o mujer) interior. Si somos
hombres, pertenecemos al orden del sacerdocio de Melquisedec. Y todos somos uno con Dios, así como
hijos e hijas de Dios. (Moisés 6:66-68)
El bautismo por fuego y el Espíritu Santo nos trae la remisión de nuestros pecados (Éter 12:14; DyC
19:31), y nos llena. (3Ne 19:13)
Llenos del Espíritu Santo y de fuego, podemos recibir conocimiento, y hablar la lengua de
ángeles. (3Ne 19:13-14)
Y en ese lenguaje, podemos alabar al Santo de Israel. (2Ne 31:13-14)
Al recibir el bautismo por ruego
El Espíritu Santo requiere de nosotros. Haber sido bautizado por agua y recibido el Don del
Espíritu Santo, el tener un corazón quebrantado y un espíritu contrito
el demostrar nuestra resolución de guardar los mandamientos
Entonces,
somos vivificados de muy adentro
recibimos la remisión de nuestros pecados
somos llenos del Espíritu Santo y de fuego
Así, podemos alabar al Santo de Israel en la lengua de ángeles
La purificación y limpieza de nuestros pecados
Ya vimos que Dios no puede morar donde existe el pecado. Por eso, antes de entrar en la gloria
Celestial, debemos ser humildes, arrepentimos, y recibir purificación.
Las escrituras nos dicen que nada impuro puede entrar en su reino (3Ne 27:19) porque
nuestro Padre Celestial no puede morar donde existe el pecado (Alma 45:16; DyC 1:31)
Así, debemos arrepentimos y ser fieles hasta el fin. (3Ne 27:19)
Debemos perfeccionarnos en santidad en el temor de Dios. (2Co 7:1)
Debemos limpiar nuestro interior para que nuestro exterior también quede limpio. (Alma 60:23)
Debemos dejar de ser de doble ánimo, o sea, queriendo y no queriendo, de aquí y de allá. (Stg 4:8)
Debemos hacernos más y más fuertes en nuestra humildad, más y más firmes en la fe de Cristo,
llenando nuestras almas de gozo y consolación. Y debemos entregar nuestro corazón a Dios. (Hel 3:35)
Y cuando nos toque morir, tenemos que ser suficientemente humildes para saber que, de seguro,

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nuestros vestidos han sido blanqueados mediante la sangre de Cristo. (Alma 5:24,27)
Sólo así podemos ser redimidos y entrar en el Reino de Dios. Seremos purificados (Morm 9:6),
salvos y redimidos (Alma 5:21)
Y al ser purificados, nuestros nombres serán contados y nutridos por la buena palabra de Dios,
para guardarnos en el camino recto, confiando en los méritos de Cristo, el autor y perfeccionador de
nuestra fe. (Moro 6:4). Seremos justificados en el nombre del Señor Jesús (1 Cor 6:11) y santificados
(Alma 13:11), para que podamos presentarnos ante Cristo, en el postrer día, sin mancha. (3Ne 27:20) Y así,
podremos entrar en el Reino de Dios. (3Ne 27:20)
Al purificarnos y limpiarnos de nuestros pecados
El Espíritu Santo demanda que:
sigamos arrepentidos y perfeccionándonos en todo
entregando nuestro corazón a Dios
estando seguros que nuestros vestidos son blanqueados
mediante la sangre de Cristo
Entonces,
seremos purificados, salvos, redimidos, justificados, santificados
seremos nutridos por la palabra de Dios
para guardarnos en el camino recto
Así, podemos presentarnos ante Cristo, en el postrer día, sin mancha. Y podremos entrar en el
Reino de Dios
La Santificación
Las escrituras mencionan la palabra "Santificación," 205 veces. Pero de esas, no vamos a tomar
en cuenta las 110 menciones de santificación en el Antiguo Testamento. Eso es porque la santificación en
el Antiguo Testamento mayormente se refiere a sacrificios y rituales hebreos de limpieza externa.
Entonces, solamente tomaremos en cuenta unas 95 citas que se refieren a la santificación y limpieza
interna que la Ley de Cristo nos manda obtener. Sí examinamos tantas escrituras es porque la
santificación significa nuestra entrada en la Gloria Celestial. Eso es tan importante para nosotros que nos
conviene entender tanto como podamos. El santificarnos es un mandamiento de Dios
El Señor quiere que seamos santificados. (1 Cor 6:11; Efe 5:26) Y nos manda que obtengamos la
santificación (DyC 43:11), para juntarnos en Sión (DyC 133:4), y para que un día veamos a Dios. (DyC
88:68; Alma 13:11-12) Todo y todos los que quieren sobrevivir la presencia de Dios, deben obtener la
santificación
La iglesia (DyC 100:15), Sión (DyC 105:31; 119:6) La Casa del Señor, o sea, los templos (DyC
109:12-13)
El mundo (DyC 76:41, la tierra (77:1,12; 88:26), para volverse como un Urim yTumim(DyC
130:7-9) Los Elegidos (DyC 119:6)
Todos los niños que mueren pequeñitos (DyC 74:7) Los santificados están en la presencia de
Dios, con los ángeles, delante del trono de Dios, adorando a Dios y al Cordero para siempre jamás (DyC
76:21) Somos santificados por medio del Espíritu Santo (1Pe 1:2; Alma 5:54; 3Ne 27:20), por medio de
nuestra fe en el Cordero de Dios (3Ne 27:19-20; Alma 7:14), y por el poder que Cristo ganó
sufriendo y muriendo sobre la cruz (Heb 10:10; 13:12; .1 Pe 1:2; Moro 10:33; DyC 20:31; Moisés 6:60;
7:45) La santificación, como todo don, viene condicionalmente Si ejercemos nuestra fe (Éter 4:7)

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Si nos arrepentimos de todos nuestros pecados (Alma 5:54; 3Ne 27:19-20; DyC 88:35)
Si amamos y servimos a Dios con toda nuestra alma, mente y fuerza (DyC 20:31) y si somos
obedientes a Dios (1Pe 1:2)
Si participamos de la Santa Cena, renovando el convenio que tomamos sobre nosotros mismos el
nombre del Hijo, que lo recordamos siempre, y que guardamos sus mandamientos (Moro 4:3; 5:2; DyC
20:77-79) Si no rehusamos soportar la disciplina de Cristo (DyC 101:5) Si podemos vivir, al menos, una
porción de la ley celestial (DyC 88:20-22,29,34) Si ayunamos y oramos frecuentemente, si llegamos a ser
más y más fuertes en humildad y más y más firmes en nuestra fe en Cristo (Hel 3:35) Al llorar a causa
de la maldad (Moisés 7:45)
Al haber obtenido las llaves del reino y del ministerio, como José Smith (DyC 115:19)
Al obtener y al magnificar los dos sacerdocios, el sacerdocio de Aarón y el sacerdocio de
Melquisedec podemos ser santificados por el Espíritu, para la renovación de nuestros cuerpos, y para que
podamos ver la faz de Dios (DyC 84:19-22;33)
En cambio, el pueblo de Moisés endureció su corazón y no pudo aguantar la presencia de Dios.
Así el Sacerdocio de Melquisedec fue tomado de entre ellos. Y sin el Sacerdocio de Melquisedec no se
pudieron santificar y no pudieron llegar a ver la faz de Dios. (DyC 84:23-25) Al ser santificados,
obtenemos
E! perdón de nuestros pecados (DyC 39:18) y una herencia entre los santificados (Hech 26:18)
El ser uno (Heb 2:11) y el don de la caridad (Moro 7:47-48) Nuestro nombre escrito en el libro
de los del mundo celestial (DyC 88:2) Así podemos obtener la gloria celestial (DyC 88:18) y el
descanso del Señor. (Moisés 7:48) Y eventualmente, podemos ganar la vida eterna (DyC 133:62; Moisés
7:45)
Como el Santificador
El Espíritu Santo demanda
que ejercemos nuestra fe, para arrepentimos de todo pecado
que amemos y sirvamos a Dios con toda nuestra alma y mente
que seamos totalmente obedientes a Dios
que soportemos la disciplina de Cristo
que obtengamos y magnifiquemos los dos sacerdocios
y que, al menos, vivamos una porción de la ley celestial
Entonces, obtenemos
el perdón de nuestros pecados
el ser uno con los santos
el tener el don de la caridad
la santificación por medio del Espíritu Santo
por medio de nuestra fe en el Cordero de Dios
la santificación y la gloria celestial, para poder ver a Dios
Así, eventualmente, podemos obtener la vida eterna
El obtener la santificación nos da la entrada en la Gloria Celestial. ¡Eso es maravilloso! Pero, para
algunos de nosotros, eso todavía no es suficiente, porque el premio que verdaderamente queremos es la
Vida Eterna.

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Después de la santificación y la gloría celestial, la
vocación y elección segura y la vida eterna
En este capítulo estudiamos en detalle la mayor obra del Espíritu Santo: el traernos a la Gloria
Celestial. Pero todos nosotros que hemos leído la Sección 131, sabemos que en la gloria celestial, hay
tres cielos o grados. (DyC 131:1)
La trayectoria de la santificación a ese tercer cielo, o sea a la vida eterna, no será tratado en detalle
en este volumen. Pero porque necesitamos tener, en nuestra vida, una esperanza de lograr la vida eterna, y
para que podamos anticipar lograrla, proveeremos aquí un bosquejo de los pasos requeridos, y
estudiaremos ese aspecto de nuestra salvación en detalle, cuando hablemos del estilo de vida celestial.
Muy brevemente,
1.Nefi nos da la Doctrina de Cristo, en el capítulo 31 de Segundo Nefi. Allí, él nos explica como
alcanzamos la Santificación. (2Ne 31:1-17) Entonces, él anuncia que, finalmente, ahora estamos en la
estrecha y angosta senda a la vida eterna. (2Ne 31:18-19) Pero todavía hay ciertos obstáculos por los
cuales tenemos que pasar.
2.Nefi nos advierte que, después de recibir el bautismo de fuego y del Espíritu Santo, si negamos
a Cristo (o sea el testimonio que el Espíritu Santo nos ha testificado) habría sido mejor nunca haberlo
conocido. Ese es el pecado imperdonable que cometemos al negar el testimonio de Cristo que ya
hemos recibido por el Espíritu Santo. Los que se rebelan y buscan matar a los profetas, después de haber
recibido el Espíritu Santo como compañero constante, llegan a ser Hijos de perdición.
3.Si después de haber recibido la santificación, no nos hemos rebelado en contra de nuestro profeta
o en contra de Cristo, Nefi nos aconseja a marchar adelante, deleitándonos en la palabra de Cristo y
perseverando hasta el fin. Entonces nos dirán: Tendréis la Vida Eterna. (2Ne 31:20)
4.Es el Espíritu Santo, como el Santo Espíritu de la Promesa, que nos sella, pero son las palabras de
Cristo, el Segundo Consolador (EPJS págs. 178-179) quien nos dice lo que debemos hacer. (2Ne 32:3; DyC
131:5) Luego, en DyC 132, el Señor explica los requisitos para recibir ese sellamiento por las manos del
Ungido del Señor, nuestro profeta viviente.
5.Y ahora podemos entrar en la Vida Eterna con una digna esposa (o esposo) con quien hemos
llegado a ser uno. Y seremos dioses y diosas, sacerdotes y sacerdotizas. Y podremos tener progenie
eterna, creando más espíritus quienes eventualmente vendrán a poblar innumerables mundos, para ser
también probados antes de llegar a ser dioses y diosas, sacerdotes y sacerdotizas... en un giro eterno.
(DyC 35:1)

Resumen

En este capítulo, estudiamos el tremendo poder e influencia que el Espíritu Santo tiene sobre esta
tierra, en esta época. Aquí vemos como la unión perfecta de Dios, Cristo, y el Espíritu Santo trabaja para
que podamos volver a Dios, teniendo un cuerpo resucitado, controlado, perfeccionado, y tan puro y
limpio como los seres celestiales deben ser.
Dios el Padre estableció el plan. Cristo dio su vida para ganar el poder de tomar sobre sí los pecados
de los que creen en él, se arrepientan, se bautizan, y se santifican. El Espíritu Santo es quien nos
influencia hasta que abandonemos nuestro hombre o mujer natural. Es el que nos da un profundo

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conocimiento y testimonio de las cosas de Dios, el que revela la voluntad de Dios para con nosotros. Es el
quien nos santifica, haciendo que nuestro corazón cambie, haciéndonos nacer de nuevo, bautizándonos
con fuego y el Espíritu Santo, purificándonos y limpiándonos de nuestros pecados, y santificándonos.
Y así podemos entrar en la Gloria Celestial.
Aquí no hemos estudiado a fondo el proceso de obtener la Vida Eterna. Pero sabemos que para
hacer nuestra vocación y elección segura, después de la santificación, debemos evitar la rebelión, debemos
seguir en el camino derecho y estrecho, perseverando hasta el fin, bajo la influencia del Espíritu Santo.
Entonces la Palabra profética más segura puede anunciar que es tiempo para nosotros, de entrar en la
vida eterna, al hacer nuestra vocación y elección segura, una ordenanza del templo bajo la dirección de
nuestro profeta y de Cristo, nuestro Salvador y Redimidor.
En el próximo capítulo, volvemos a la realidad terrestre para ver como nuestro Padre Celestial,
Jesucristo, y el Espíritu Santo, continúan con el plan de salvación como ha sido establecido en la vida
pre-mortal.

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CAPÍTULO 7
De lo Telestial a
lo Terrestre:
Dispersión y Recogimiento

H asta ahora, en este libro, hemos presentado el plan de salvación, los obstáculos y las
tentaciones que encontramos en este mundo telestial, los desastres que nos vienen si
hacemos lo que nos da la gana, así como la maravillosa protección que el enorme poder de Dios, de
Cristo, y del Espíritu Santo nos ofrece.
El plan de salvación explica que el propósito de nuestra vida es el demostrar que podemos llegar a
ser como nuestro Padre Celestial: un ser resucitado, un Dios. La prueba por la cual estamos pasando es
a veces dura y llena de tentaciones: tentaciones de seguir a nuestro hombre o mujer natural, y tentaciones
de seguir al mundo y a Satanás. Pero al entender los magníficos beneficios que podemos ganar al
escuchar la voz de Dios, y dejar de lado lo que el diablo tan falsamente nos promete, podemos
encontrar el camino derecho y estrecho que nos lleva donde podemos alcanzar gozo eterno.
Los capítulos cinco y seis demostraron, por medio de las escrituras, que Dios guarda su poderosa
mano en todas las cosas que ocurren en este mundo. Vimos que Jesucristo ha cumplido ya con su mayor
misión de morir para redimirnos de la muerte espiritual, para que podamos volver a nuestro Padre
Celestial. Y sigue administrando esta tierra y su iglesia en los últimas días. También vimos que la
influencia del Espíritu Santo grandemente ha adelantado las ciencias y tecnología aquí en la tierra, y
cambiado grandemente nuestro nivel y estilo de vida. Y también vimos que, individualmente, el Espíritu
Santo tiene el poder de influenciarnos, de cambiarnos, de salvarnos.
Reconociendo el poder que nuestra primera presidencia eterna posee y sabiendo que su mayor
deseo es salvarnos, nos ayuda a decidir que bien vale la pena dejar atrás al mundo, el mundo telestial, y
tratar de complacer a nuestro Dios.
En este capítulo, vamos a ver cómo nuestro Padre Celestial, desde el comienzo, ha seleccionado a
los espíritus más justos para que sean sus profetas y sus líderes, así como su pueblo. Y en estos, los
últimos días, podemos ver que nuestro Padre Celestial prosigue su obra entre nosotros, muy
serenamente y con completa seguridad. Dios, Cristo, y el Espíritu Santo están levantando un ejercito de
hombres y mujeres justos, que están preparando la tierra para que reciba a Cristo, en su Segunda Venida.
Mientras tanto, Satanás piensa estar ganando la guerra que empezó en la vida pre-mortal, su
guerra en contra del bien y en contra de Jesucristo. Los últimos días están aquí, y pronto nuestro Padre
Celestial va a destruir el mal, a cambiar la tierra de un nivel telestial a un nivel terrestre, y a introducir su
Milenio de paz.
UN CORTO RESUMEN DE LA
HISTORIA RELIGIOSA DE NUESTRO MUNDO
Al estudiar las escrituras, nos maravillamos del plan que Dios ha instituido. Todo es lógico. Todo

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es consistente. Todo tiene su propósito. Y todo trabaja para traernos inmortalidad y vida eterna. Es al
estudiar los escritos de los profetas, y al juntar todo lo que escribieron en el curso de seis milenios, que
principio por principio y gracia por gracia, entendemos lo que nuestro Padre Celestial tenía en mente
desde el principio. Y cada vez que el Espíritu Santo abre nuestra mente para darnos el significado y las
implicaciones de ciertas escrituras, una luz se despliega dentro de nosotros que nos hace, una vez más,
apreciar y conocer la mente de Dios, su amor hacia nosotros, y su poderoso deseo de salvarnos.
Desde el principio, nosotros los espíritus nos organizamos
en linajes, en base a nuestro interés y nuestra obediencia
En la vida premortal, no todos teníamos los mismos intereses y no éramos todos del mismo
calibre. Y de la misma manera que lo hacemos aquí en la tierra, allá nos dividimos más o menos en tres
grupos. Algunos nos apegamos a nuestros padres celestiales y quisimos mucho ser como ellos. (Abr
3:23) Otros no querían perder la protección de Dios, pero tampoco querían sacrificar mucho. Y a otros no
les importaba tanto las clases que los ángeles enseñaban, y (como a veces mi esposo dice), "muchos de
los alumnos se escapaban para jugar a las canicas, en lugar de ir a la escuela dominical."
Aunque distintos en nuestro interés en el evangelio, todos nosotros los que venimos a este
mundo, queríamos adquirir un cuerpo, y quisimos guardar nuestro albedrío. Por eso, todos rechazamos
el liderazgo de Lucifer, y todos sostuvimos al plan ofrecido por nuestro Padre Celestial, el plan que
Cristo iba a implementar, ofreciendo su vida para redimirnos de la Caída.
Dentro de cada uno de esos tres grupos, de una manera muy natural, nos organizamos como
grupos fraternales, como (aunque, por supuesto, todos solteros) linajes eternos, con amor y con un
sentido de responsabilidad uno para el otro. Los que quisimos seguir y complacer a nuestro Padre
Celestial, nos organizamos en forma de lo que podríamos llamar, linajes celestiales. Los que
quisimos seguir la guía de nuestro Padre Celestial, pero sin demasiada responsabilidad o demasiado
trabajo, nos organizamos en linajes terrestres. Y los que prefirieron una vida de libertinaje y placer,
sin preocuparse mucho por el futuro, se organizaron en linajes telestiales.
En la vida premortal los linajes celestiales ganaron el don de
la fe se cometieron a ayudar a la obra de Dios así recibieron la
oportunidad de pertenecer al pueblo de Dios
Aunque Dios siempre respeta nuestro albedrío moral, como ya dijimos, no ha abdicado su
derecho de guardar su mano en todas las cosas. Él sabe que el habernos juntado a los linajes celestiales,
en la vida premortal, de ninguna manera garantiza que, al ser probados aquí, guardaremos nuestro Se-
gundo Estado. (Abr 3:25-26) Y es ese mensaje que Juan el Bautista quería comunicar a los Judíos cuando
dijo que Dios podía levantar a hijos de Abraham aun de esas piedras. (Mat 3:9) Y cuando Pablo dice que
no todos los descendientes de Israel son Israelitas, nos recuerda que todos debemos ganar y mantener el
privilegio de ser contados como descendientes de Abraham. (Rom 9:6-7)
Pero sí, el haber seleccionado un linaje celestial nos ha dado la oportunidad de ganar el don de la
fe, Y también nos ha dado la oportunidad de nacer entre el pueblo de Dios, de aceptar el evangelio de
Cristo, de recibir no solamente el sacerdocio (Alma 13:1-11), sino también responsabilidades y misiones
para ayudar a nuestro Redentor en la salvación de otros, aquí en la tierra. (Abr 3:23) Eso explica por qué
nuestro Padre Celestial ha dado el evangelio primeramente a los que hicieron esos convenios en la vida
premortal.
Sin embargo, debemos recalcar que Dios no hace todo esto por favoritismo. Nuestro Señor ha

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enseñado muchas veces, que él no hace acepción de personas. (DyC 1:34-35; 38:16; Hech 10:34-35;
Moro 8:12) Él da su verdad a cualquiera que la desea y que es justo, venga de donde venga. (Alma 29:8)
Y él ha bendecido grandemente a los que lo buscan. Por ejemplo, una Egipcia fue la madre de nuestros
antepasados, Efraín y Manases. (Gen 41:45; 48:1,8-9) Sabemos que Rut la Maobita, la hija política de
Naomi, se casó con Booz, y su descendencia incluyó a David y a Cristo. (Rut 4:22) Y sabemos que,
después de su crucifixión, Jesucristo ha mandado que el Espíritu Santo ministre a los Gentiles. Y por eso,
primero, los Gentiles Europeos, y más tarde, ios Gentiles Norte Americanos se han hecho más fuertes
que todos. (3Ne 20:27)
Pero típicamente, nuestro Señor hace que los que se juntaron a los linajes celestiales, nazcan
dentro del Pueblo de Dios, porque en la vida premortal, se prepararon a vivir de acuerdo con el Plan de
Salvación. Antes del diluvio, los que pertenecieron al Pueblo de Dios se llamaron: Hijos e Hijas de Dios.
Después del diluvio, se llamaron la Casa de Israel.
Los Hijos de Dios y los Hijos de los hombres
Después de la Caída, Adán y Eva aceptaron la voluntad de Dios, recibieron revelaciones, y así,
ganaron el título de Hijos de Dios. (Moisés Cap 5-6) Pero sus primeros hijos e hijas rechazaron el
evangelio, y al amar a Satanás más que a Dios, se volvieron carnales, sensuales y diabólicos (Moisés
5:12-13), y se llamaron Hijos de los hombres. Caín la hizo peor todavía. Instruido por Satanás, estableció
combinaciones secretas, con los de sus hermanos que rechazaron al Señor, con el propósito de asesinar
para obtener lucro sin castigo. (Moisés 5:28-31) Y Dios lo llamó Perdición. (Moisés 5:24)
Los patriarcas (Adán, Set, Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared, Enoc - el que estableció a Sión,
Matusalén, Lamec, y Noé y sus tres hijos) con sus familias, escucharon y obedecieron al Señor, y por eso
fueron llamados hijos e hijas de Dios. (Moisés 8:13) Justo antes del diluvio, todos los demás habitantes
de la tierra siguieron a Satanás y se llamaron hijos e hijas de los hombres. (Moisés 8:14) Y cuando vino
el diluvio, sólo los hijos e hijas de Dios (ocho personas) se salvaron.
Las Doce Tribus de Israel
Abraham, por su obediencia y lealtad a Jehová, recibió tres promesas:
1.una tierra extraña (la tierra de Canaán) por posesión perpetua
2.el formar una nación grande y especial que
3.bendeciría todas las familias de la tierra
con el sacerdocio, y
con las bendiciones de salvación y de la vida eterna (Abr 2:6-11) Abraham y Sara tuvieron a
Isaac quien, por su rectitud, heredó la primogeni-tura y el sacerdocio. Isaac y Rebeca tuvieron gemelos,
Esaú y Jacob. Esaú menospreció su primogenitura, vendiéndola a Jacob por un plato de lentejas. (Gen
25:29-34) Además se casó con no-creyentes. (Gen 26:34-35) Jacob recibió la primogenitu-ra, o sea, el
derecho a la presidencia del sacerdocio.
Engañado por su suegro, Jacob se casó primero con Lea y después con Raquel, su bienamada.
Eventualmente, con dos esposas y dos concubinas, tuvo doce hijos, (y una hija, Dina, hija de Lea)
Con Lea, tuvo a Rubén
Simeón
Leví
Judá
Isacar

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Zabulón
Con Raquel, José
Benjamín

Con Bilha, sierva de Raquel, Dan


Neftalí
Con Zilpa, sierva de Lea, Gad
Aser (Gen 35:22-26)
Pero Rubén por pecar, perdió la primogenitura. A la tribu de Leví, no se le dio tierra, porque su
llamado fue de proveer sacerdotes para las Doce Tribus. José ganó la primogenitura, pero su tribu se
dividió entre sus dos hijos: Efraín a quien le fue dada la primogenitura y Manases. Eventualmente, la
Casa de Israel se dividió como sigue:

Reino del Norte Efraín (1 Rey 15:6)


o Israel Manases
(Las 10 tribus) Rubén
Simeón
Isacar
Zabulón
Dan
Neftalí
Gad
Aser
Reino del Sur o Judá Judá (1 Rey 14:21)
Benjamín

Así, diez de los doce hijos de Jacob (o sea Israel), y dos de sus nietos, hijos de José, formaron las
Doce Tribus de Israel... porque José fue reemplazado por sus dos hijos, y los descendientes de Leví se
distribuyeron entre las doce tribus para ministrar en sus actividades religiosas.
La Guía para el Estudio de las Escrituras, bajo Israel (GGE, pp. 101-102), nos da una idea de lo
que, después, pasó con el pueblo de Dios: (Véase también el Mapa # 3 "La División de Canaán entre las
Doce Tribus de Israel."
1.Después del éxodo, Moisés estableció un gobierno de jueces que duró más de 400 años.
2.El profeta Samuel, sin muchas ganas, llamó y ungió el Rey Saúl. Más tarde, Samuel ungió al
Rey David. Al morirse el Rey David, Salomón fue ungido por el profeta Natán.
3.Después de la muerte de Salomón (975 a.C), las Diez Tribus se rebelaron en contra del hijo de

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Salomón, formando su propio reino del norte, llamado el Reino de Israel bajo el Rey Jeroboam de la
tribu de Efraín. Después de 19 reyes y cerca de 200 años de apostasía (en 721 a.C.) el reino de Israel fue
conquistado por Asiría, quien se llevó cautivas a las Diez Tribus. Eventualmente, esas Diez Tribus
desaparecieron al viajar hacia el norte.
Pero nosotros sabemos donde están. Sabemos que las profecías se cumplieron. Al menos parte de
la tribu de Efraín se quedó atrás, "escondida" entre los Gentiles para bendecirlos con su sangre
creyente, según la promesa hecha a Abraham. Son los de Efraín quienes, actuando como levadura entre
los Gentiles, trajeron tantas bendiciones y grandeza a los países de Europa y de América. Son los que
establecieron nuestra dispensación y quienes (con parte de la tribu de Manases) están a cargo del gran
recogimiento de Israel, en estos, los últimos días.
El resto de las tribus del reino de Israel se conoce como las Diez Tribus Perdidas. En los últimos
días, esas diez tribus serán convertidas al evangelio de Cristo y vendrán del norte, para juntarse a Efraín,
en Sión. (DyC 133:26-34)
4. Cuando la Casa de Israel se dividió, después de la muerte de Salomón (en 975 a.C), el reino
deJudáfue gobernado por muchos reyes, algunos justos, otros muy malos. En 587 a.C, Jerusalén cayó en
las manos de Babilonia. Unos 140 años más tarde, Ezra y Nehemías reconstruyeron a Jerusalén. Pero ya
nunca Judá fue totalmente libre. Uno después del otro, los Egipcios, los Griegos, y luego los Romanos
se apoderaron de la Judea... hasta después de la muerte de Cristo. En el año 70 (d.C), Jerusalén cayó en
las manos de los Romanos, y los Judíos fueron dispersados por todo el mundo.
Los Gentiles
Mientras tanto los que se organizaron, en la vida premortal, dentro de linajes terrestres o telestiales,
se llaman en las escrituras, Gentiles, o sea, todos ios que no pertenecen a la Casa de Israel. Son los que, en
la vida premortal, rechazaron el Espíritu de Dios, la oportunidad de conocer el evangelio. (Alma 13:4) Y
por eso ahora, en la tierra, también tienen menos oportunidades de recibir el evangelio. Pero no fueron
olvidados. Dios ama a todos sus hijos e hijas, y los bendice según la capacidad de estos de usar sus
bendiciones. El sabe que muchos de sus hijos e hijas no pueden o no quieren vivir sus leyes y
mandamientos, y que darles toda la verdad, aquí en la tierra, sería destruirlos espiritualmente, para
siempre.
Pero, para que todos tengan una oportunidad de aceptar su evangelio, Dios ha establecido tres
programas adicionales:
Programa # 1 - Jesús abre la obra misionera entre los muertos
A su muerte, el cuerpo de Jesús yació tres días en la tumba. Mientras tanto, su espíritu pasó tres
días en el reino de los muertos. Allí, su asignación fue el establecer un programa misionero en el
mundo de los espíritus. (DyC 138:29-37) Al llegar allá, él habló con los que, aquí en la tierra, habían
sido fieles en su testimonio de Jesús y se habían arrepentido en el nombre de Cristo. Y les predicó la
doctrina de la resurrección y redención. (DyC 138:11-19) Reconociendo a su Redentor, los justos
cantaron alabanzas a su santo nombre y entre ellos, hubo paz y gran regocijo. (DyC 138:22-24)
Eso fue cuando el Señor organizó a los justos, dándoles poder y autoridad para llevar la luz del
evangelio a los que todavía estaban en la oscuridad. Desde entonces, ellos trabajan como misioneros,
predicando la doctrina del arrepentimiento, del bautismo vicario para la remisión de los pecados, y del
don del Espíritu Santo por la imposición de las manos. (DyC 138:29-34) De esa manera se sabe, en el
reino de los muertos que Cristo ha cumplido con su sacrificio infinito en la cruz, trayendo no

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solamente la resurrección a todos, sino que también la redención a todos los que se arrepienten de sus
pecados en su nombre. (DyC 138:35-37)
Por eso a nosotros, aquí en la tierra, nos mandan que busquemos los nombres de nuestros
antepasados y hagamos su trabajo vicario, para que podamos traerles salvación, y regocijarnos con ellos
para siempre jamás.
Programa # 2 - Después de la crucifixión, el evangelio de
Cristo es pasado a los Gentiles
Los descendientes de Abraham siempre se consideraron un pueblo elegido, el pueblo de la
promesa. Y no se hacían fácilmente amigos de los que llamaban Gentiles, los que no creían en
Jehová.
Cristo vino a la Casa de Israel y tuvo muy poco contacto con los Gentiles. El Nuevo Testamento
solamente relata una ocasión cuando, viajando por Tiro y Sidón, Jesús se maravilla de la fe expresada por
una mujer Gentil, cuando él cura a su hija. (Mateo 15:21-28; Marco 7:24-30) Pero su misión no fue el
enseñar el evangelio a los Gentiles. Y cuando visitó a los Nefitas, Cristo explicó que solamente el Espíritu
Santo se manifestaría a los Gentiles. (3Ne 15:22-24)
Después de la muerte de Cristo, Pedro, todavía con dudas a pesar de una revelación directa de Dios,
bautiza a Cornelio, el primer converso Gentil. (Hech caps. 10-11) Es Pablo el que abre el evangelio de Cristo
al mundo Gentil, convirtiendo a muchos de ellos en Asia Menor, así como en Grecia y Roma.
Cuando el Emperador Constantino se convierte, toda Europa se vuelve Cristiana. Pero muy pronto
viene una larga apostasía durante la cual el tercer programa se solidifica.
Programa # 3 - Nuestro Padre Celestial, para bendecir a los Gentiles,
dispersó a Israel entre ellos, especialmente la tribu de Efraín
Como ya dijimos, en este mundo, la mano de Dios siempre está en todas las cosas. Así fue desde el
comienzo.
Nuestro Señor, tres veces, declaró (una vez por medio de su profeta, Jacob), que la Casa de Israel
iba a bendecir a los Gentiles.
Primero, Jehová hizo un convenio con Abraham, al llevárselo a la tierra de Canaán, haciéndole tres
promesas: (1) Haría de Abraham una nación grande. (2) Engrandecería su nombre entre todas las
naciones. Pero sobre todo, (3) sería una bendición para su descendencia, para que en sus manos
llevaran su ministerio y sacerdocio a todas las naciones. (Abr 2:9)
Secundo, Jacob al dar la primogenitura (o sea el derecho a las llaves del sacerdocio) a Efraín, le hizo
la promesa que su descendencia formaría multitud de naciones. (Gen 48:19)
Tercero, mucho más tarde cuando, después de su resurrección, Cristo visitó a los Nefitas, esa
promesa fue repetida aun más claramente cuando dijo:
Y después que hayáis sido bendecidos, entonces cumplirá el Padre el convenio que hizo con Abraham,
diciendo: En tu posteridad serán benditas todas las familias de la tierra, hasta el derramamiento del Espíritu Santo
sobre los gentiles por medio de mí, y esta bendición a los gentiles los hará más fuertes que todos, por lo que
dispersarán a mi pueblo, oh casa de Israel. (3Ne 20:27; Véase también, Gal 3:8)
Así, Jehová prometió a Abraham que su descendencia sería dispersada por todas las naciones del
mundo, para traerles las tremendas bendiciones del Espíritu de Cristo, de su Luz y Verdad, y sobre todo,

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del Espíritu Santo, y eventualmente de su sacerdocio. Eso ocurrió de dos maneras:
1. Cuando la tribu de Efraín salió hacia el norte, con el resto de las Diez Tribus, parece que se
quedó atrás, dispersándose y mezclándose con los pueblos Europeos, haciendo muy fuertes a esos
pueblos.
2. Cuando Lehi y su familia (de la tribu de Manases) salieron de Jerusalén para establecerse en las
Américas, se juntaron y se mezclaron con la familia de Ismael (tribu de Efraín)y con el pueblo de
Zarahemla (tribu de Judá), las tres tribus se juntaron bajo la dirección de los Nefitas, o sea, la tribu de
Manases. Al apostatar, todos los sobrevivientes de las últimas batallas fueron dispersados por el
continente Americano. Después de la llegada de Cristóbal Colón, los Gentiles Europeos se mezclaron
con la "sangre creyente" de la tribu de Manases.
Ahora la descendencia de Efraín y de Manases tienen el derecho a las bendiciones del evangelio y del
sacerdocio. Es por eso que, al recibir nuestra bendición patriarcal, casi todos nosotros somos de la tribu de
Efraín o de Manases. Eso es, somos los descendientes de los dos hijos de José de Egipto.
Pero Efraín había recibido la primogenítura. Por eso, el evangelio vino de nuevo a la tierra por medio
de José Smith, y de sus primeros conversos que, muy pronto, al oír del Libro de Mormón, reconocieron
el evangelio. Ellos eran descendientes de Efraín, y establecieron la iglesia. (2Ne 2:14-16; 27:10 96:6-7;
132:39) Los que no se convierten, los rebeldes, la escritura nos dice, no son de la sangre de Efraín.
(DyC 64:36)
Pero antes de hablar de la restauración del evangelio, necesitamos entender las muchas apostasías
que ocurrieron a través de la historia de nuestra tierra.
Las apostasías
Como bien sabemos, muchos de los que parecían amar al evangelio en la vida premortal, no lo
vivieron bien aquí en la tierra. Muchos de ellos se rebelaron en contra de Dios y mataron a los profetas.
Y fue entre ellos que el Hijo de Dios, el Dios de nuestra tierra, fue arrestado, martirizado, y levantado en
la cruz.
Las muchas apostasías entre linajes justos
Cada vez que el evangelio fue revelado aquí en la tierra, terminó en apostasía, con dos
excepciones: Sión, la ciudad del Pueblo de Enoc (Moisés 7:69) y Salem, la ciudad del Príncipe de Paz,
Melquisedec. (JSTGén 14:25-34) Esas dos ciudades, al ser arrebatadas de la tierra, nunca llegaron a la
apostasía. En cambio, al alcanzar un cierto nivel de maldad, cada pueblo de Dios fue esparcido o
destruido. El pueblo de Noé apostató y fue destruido por el diluvio. En el continente Americano, los
Jareditas apostataron y en una larga guerra civil, se mataron entre sí. Siglos después, los Nefitas
apostataron y fueron exterminados por los Lamanitas. Luego, guerras entre tribus Lamanitas causaron su
dispersión por todo el continente.
Las diez tribus Israelitas fueron esparcidas en los países del norte, cuando se empedernieron en la
adoración de falsos dioses. Después de Cristo, Judá y Benjamín desaparecieron como nación, y fueron
esparcidos por todo el mundo. Sin embargo, fueron los únicos que jamás perdieron su identidad, así
como sus tradiciones Israelitas.
Pero antes del esparcimiento del pueblo Judío, Pablo, el apóstol a los Gentiles, con éxito llevó a
cabo su misión entre los que no habían conocido a Jehová. Pero él muy pronto se dio cuenta que los
Gentiles, en lugar de abandonar sus tradiciones, constantemente trataban de integrarlas con el evangelio
de Cristo. Por eso, en la mayoría de sus epístolas Pablo trataba de clarificar principios básicos del
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evangelio, para guardar a sus conversos en el camino de la verdad. Él sabía que si no abandonaban sus
tradiciones falsas, la apostasía vendría muy pronto. Y así fue.
La Gran Apostasía empezó casi tan pronto como los apóstoles fueron martirizados y muertos,
iniciando la terrible oscuridad de la Edad Media con su tiranía religiosa y política que apagó la luz de
Cristo por más de mil años.
Después de la oscuridad de la Edad Media, la luz del Renacimiento
Pero no todo se perdió, porque nuestro Señor había bendecido a los Gentiles Europeos, al
introducir entre ellos, parte de las tribus del norte con su sangre de Efraín. Esos linajes, con corazones
llenos de fe y de buenas intenciones, más fácilmente aceptaban el Espíritu y sus direcciones. Y poco a poco
trajeron más luz al mundo, y los países de Europa poco a poco florecieron
Eventualmente, muchos hombres justos sacrificaron sus vidas para introducir y mantener una porción
de la verdad y de la sabiduría de Dios, en las ciencias, las bellas artes, y la religión. Así trajeron la época
del Renacimiento.
Unos siglos más tarde, la Edad de la Razón empezó a desafiar los gobiernos autocraticos de Europa,
y hombres inspirados empezaron a demandar más derechos políticos y económicos, así como más
derechos humanos.
Mientras tanto, inspirados por el Espíritu Santo, muchos descendientes de la tribu de Efraín
escaparon la pobreza y la tiranía de países Europeos, viniendo a este continente. (1Ne 12-15) Aquí, se
rebelaron y ganaron su libertad, estableciéndose bajo el nombre de Estados Unidos (1Ne 13:17-19),
organizados bajo una constitución inspirada por Dios. (DyC 101:80; 109:54; GEE, Constitución, pág 37;
Mormon Doctrine, Constitución, pp. 147-148; EPJS, págs. 174-175)
Ese es el gobierno que permitió el establecimiento de la última dispensación del evangelio,
establecido por hombres y mujeres que descendían de Efraín, esparcidos entre los Gentiles.
Cristo había predicho que el Espíritu Santo iba a testificar de Dios el Padre y del Hijo. Y fue por
su fe que los "Gentiles," en los últimos días recibieron la plenitud del evangelio. (3Ne 16:7)
LA RESTAURACIÓN DEL EVANGELIO
El tiempo había llegado para que la plenitud del evangelio fuera restaurada entre los hijos de los
hombres, y para que el pueblo de Dios fuera recogido, instruido, y preparado para recibir a Cristo en su
Segunda Venida.
Los justos siempre se han preocupado por su linaje futuro
Por sus escritos, sabemos que todos los profetas de las varias dispensaciones se preocuparon mucho
por la salvación de su generación. Pero el Libro de Mormón muy claramente indica que los linajes
justos se preocuparon por sus descendientes que eventualmente perderían el evangelio.
Nefi escribe un segundo juego de planchas para sus descendientes (1Ne6:6)... por un "sabio
propósito." (1 Ne 9:3-6) También, después de recibir una visión de los últimos días, nos advierte de los
problemas que nuestra generación tendría que afrontar en el futuro. (2Ne caps. 28-30)
Enós, en sus oraciones después de recibir su santificación, ora por su pueblo, los Nefitas. Al saber
que los Nefítas serían juzgados por sus transgresiones (Enós 1:9-10), Enós ora con ahínco por los
Lamanitas. Explícitamente él pide a Dios que guarde una historia de los Nefitas para que sus hermanos los
Lamanitas puedan recibir el evangelio en un tiempo futuro. Y solamente se tranquiliza cuando nuestro

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Señor hace un convenio con él que los Lamanitas recibirían el evangelio en los últimos días por medio de
las planchas en las cuales Enós está escribiendo. (Enós 1:13-17)
Mormón explica como él compiló los anales Nefitas, para que las generaciones futuras volvieran al
conocimiento de Dios y llegaran a ser de nuevo un pueblo deleitable. Y con su libro, también agrega las
planchas menores escritas por Nefi. (Palabras de Mormón 1:1-8)
El detallado relato de la visita de Jesucristo a los habitantes de este continente fue escrito para
nosotros, para que sea nuestro "Otro Testamento cíe Jesucristo." También es para nuestra generación que
Jesús hace que nuevas escrituras sean agregadas al Libro de Mormón. (3Ne caps. 23-25)
Y todo lo que escribe Morón/, el sobreviviente de las últimas batallas (el compendio del Libro de
Éter y los últimos capítulos de su libro)fue para nuestro beneficio, para los linajes de Efraín y de Manases,
en estos últimos días.
Y ahora, en nuestra dispensación, nuestro Señor quiere que tengamos esa misma visión, esa
misma preocupación. Quiere que sepamos que su obra y gloria de llevar a cabo la inmortalidad y la vida
eterna del hombre, también es nuestra obra y gloria.
Restauración del Evangelio y el Recogimiento
En la primavera del año 1820, los cielos se abrieron a José Smith, el profeta que estableció
nuestra dispensación, la última, la que nunca será quitada de la tierra (DyC 13:1; 86:10), laque recibió la
plenitud del evangelio (DyC 66:2), la que recibirá a Cristo y abrirá el Milenio.
José supo que el Señor está contando con esta dispensación para recoger:
a sus santos de entre los gentiles (EPJS, p. 78)
a sus escogidos (EPJS, págs. 96-97)
a Israel
En esta última declaración, el profeta menciona que el recogimiento será hecho por medio de la
conversión de los Lamanitas y del resto de Israel. Después de su conversión, el Señor los sacará de cada
nación del mundo para traerlos a Sión, la ciudad de justicia, donde todos serán de un corazón y una
mente, y sin pecado. Entonces, los puros de corazón verán a Dios y reinarán con él mil años. (TPJS, pp.
92-93, resumen y traducción del Inglés)
Ahora mismo, nuestra iglesia está recogiendo a Israel para preparar la Segunda Venida de Cristo
cuando nuestro Señor declarará el comienzo de los mil años de paz. Y todos los miembros de la iglesia
estamos cumpliendo con esa asignación obrando dentro de las tres misiones de la iglesia.
El recogimiento de Israel
por medio de las tres misiones de la iglesia
Predicando el evangelio
Convirtiendo y recogiendo a Israel
Perfeccionando a los santos
Preparando a Israel para que pueda vivir celestialmente en Sión
Redimiendo a los muertos
Recogiendo los nombres de nuestros linajes y participando en las
ordenanzas del templo para ellos
Veamos ahora lo que, como iglesia, estamos haciendo en esas tres misiones.

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1. El recogimiento de Israel por medio del sistema misionero Un año antes de la primera
publicación del Libro de Mormón, José Smith recibió una revelac¡ón(en Febrero de 1829) para su padre,
de su mismo nombre, que introduce el trabajo misionero en nuestra iglesia. El Señor dice:
He aquí, una obra maravillosa está a punto de aparecer entre los hijos de los hombres...
De modo que, si tenéis deseos de servirá Dios, sois llamados a la obra; pues he aquí, el campo blanco está ya
para la siega; y he aquí, quien mete su hoz con su fuerza atesora para sí, de modo que no perece, sino que trae
salvación a su alma. (DyC 4:1,3-4)
Esta revelación es el primer anuncio oficial del sistema misionero que ha existido en nuestra
iglesia, desde el principio. Introduce el trabajo de recoger y convertir a la Casa de Israel, la obra
profetizada por Daniel el Profeta cuando interpretó el sueño del Rey Nabucodonosor. En su sueño, el rey
vio una piedra, cortada sin mano que, después de desmenuzar la imagen imponente de un hombre (hecha
de oro, plata, bronce, hierro, y barro), se hizo monte y llenó toda la tierra. (Daniel 2:31-35)
Daniel interpretó ese sueño al rey, explicando que la estatua representa los reinos del mundo. La
piedra (no cortada con mano) destruirá los reinos de la tierra, y levantará un reino que llenará la tierra y
nunca será destruido. (Dan 2:36-45)
Esta profecía se está cumpliendo. El trabajo misionero de nuestra iglesia está llenando al mundo e
introducirá el milenio que durará hasta que la tierra sea renovada a la gloria celestial. Ya ahora,
nuestros barrios, estacas, y templos existen en casi todas las naciones del mundo. Este trabajo misionero
empezó primero con el recogimiento de Efraín. Simultáneamente, siguió con el recogimiento de
Manases. Y más recientemente, nuestros misioneros ya están empezando a trabajar entre todas las
naciones. Y el recoger es el acto de convertir.
Para todos nosotros los santos de los últimos días, este trabajo misionero representa el comienzo
de la preparación de la tierra para la Segunda Venida del Señor.
Y los que traen salvación a sus conversos también reciben salvación.
2. El Perfeccionamiento de los santos, o sea la preparación del pueblo de Israel para Sión y
la Segunda Venida del Señor
Nuestro Padre Celestial, desde el comienzo, ha dado a todos nosotros, sus hijos e hijas, agencia
moral. Él desea que voluntariamente, nosotros hagamos lo que Jesucristo hizo: entregar su voluntad a
los requisitos del plan de redención, y de nuestro Padre.
El injusto dominio jamás es permitido entre los que quieren vivir una vida más celestial. (DyC
121:39) Por eso, el enseñar es una parte tan grande e importante dentro de la iglesia. En lugar de
dominar, demandar, exigir, nuestro Señor constantemente nos recuerda que la mejor manera de in-
fluenciar el comportamiento de otros es el enseñar el evangelio, con amor y respeto, para que todos se
convierten. Pero si enseñar es tan importante, el aprender tiene que ser igualmente crucial en nuestra
vida. Por eso la iglesia se interesa tanto en la educación.
Es para instruir, perfeccionar, y convertir a Israel que nuestra iglesia construye capillas,
organiza ramas, barrios, estacas, y presidencias de área. Es por la misma razón que la iglesia imprime las
escrituras, los manuales, y toda clase de material de instrucción para que dentro de las ramas, los
barrios, y las estacas, todos nos enseñemos mutuamente. Es por eso que la Escuela Dominical nos
presenta cada año un nuevo curso de estudio que cubre cada uno de nuestros libros canónicos.
Nuestra iglesia ha establecido un sistema educativo religioso, por medio de los seminarios,

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institutos, así como los departamentos de religión en sus tres universidades de Brigham Young, en Utah,
en Idaho, y en Hawai. Ese sistema hace que muchos adultos así como muchos educadores dediquen toda
su vida al estudio del evangelio y de la iglesia. Esos educadores, así como muchos líderes, oficiales, y
simples miembros de la iglesia, publican montones de libros que llenan las bibliotecas y librerías de la
iglesia. De esta manera el escribir y el leer tienen mucha prioridad dentro de la iglesia, porque el evangelio
sugiere que busquemos conocimiento toda nuestra vida... por fe así como por el estudio. (DyC 88:118;
109:7,14)
Es por eso también que la iglesia ha publicado una nueva triple, con numerosas referencias que nos
ayudan a entender muchos puntos del evangelio. Esa triple también nos ofrece un Guia para el Estudio de
las Escrituras, una referencia maravillosa que nos permite buscar cualquier tema en el cual pudiéramos
estar interesados. Y es por eso también que la iglesia ha producido, para los que tenemos la oportunidad de
usar una computadora, un C.D. de todas las escrituras, que nos permite buscar, encontrar, y copiar
cualquier escritura (o una serie de escrituras) que, sin ese programa, nos podría tomar una semana para
encontrar. Esos impresionantes adelantos nos permiten a todos aprender el evangelio como nunca
pudimos hacerlo unos años atrás.
Con todos esos adelantos, cada uno de nosotros podemos llegar a ser estudiantes de las escrituras,
no solamente para prepararnos mejor para la Segunda Venida, sino también para simplemente
deleitarnos en las palabras de Cristo. Y ahora, no solamente podemos proclamar: "Cada miembro, un
misionero, "sino que también podemos proclamar: "Cada miembro, un maestro del evangelio."
Es un mandamiento de Dios el enseñarnos mutualmente: Debemos enseñarnos mutuamente la
doctrina del reino (DyC 88:77-78; DyC 38:23). Todos los que magnifican su sacerdocio, a cualquier
nivel, deben predicar, enseñar, exponer, exhortar... (DyC 20:42,46,50,59), enseñar los principios del
evangelio por medio de las escrituras, para enseñar la plenitud del evangelio. (DyC 42:12) También
debemos enseñar las revelaciones de Dios (DyC 43:7), e invitar a todos a que vengan a Cristo. (DyC
20:59)
Los que magnifican el sacerdocio mayor, y los profetas (como Moisés) enseñan los misterios del
reino y la llave del conocimiento de Dios. Lo hacen con el propósito de santificar al pueblo de Dios, y
para que vean la faz de Dios. (DyC 84:19-23)
Pero antes de enseñar, primero deberíamos estudiar las escrituras con la ayuda del Espíritu
Santo.
El Señor nos dice que es por la oración de fe que el Consolador puede enseñarnos las cosas de Dios.
(DyC 52:9) Cristo nos mandará al Consolador para enseñarnos la verdad y el camino que debemos seguir.
(DyC 79:2) Y él también prometió a Hyrum Smith que, antes de salir a una misión, le daría el Espíritu
que iluminaría su mente y llenaría su alma de gozo, para que pudiera enseñar la palabra de Dios, la roca
de su iglesia, su evangelio, su doctrina. (DyC 11:3,13,16) Eso es para que el pueblo de Dios sea instruido
con mayor perfección. (DyC 105:10) Por otra parte, el Señor también nos dice que, si no recibimos el
Espíritu, no debemos enseñar. (DyC 42:14) Todos necesitamos recibir las enseñanzas de Dios
Debemos enseñar a los niños luz y verdad (DyC 93:42), a como ser justos, y también a como
orar. (DyC 68:28) A los jóvenes, debemos enseñarles los deberes de su oficio en el sacerdocio, de
acuerdo con los convenios. (DyC 107:86-89)
Todos debemos buscar conocimiento por el estudio así como por la fe; y también debemos
enseñarnos mutuamente palabras de sabiduría. (DyC 88:118; 109:7,14) Además, los profetas y los que
presiden tienen el derecho de comunicarnos la voluntad de Dios para con nosotros, los santos. (DyC

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136:16)
Y al enseñarnos mutuamente las palabras de Cristo, desarrollamos la caridad, que es el amor
de Cristo, el amor que salva, el amor que salva a los que aprenden, así como a los que enseñan.
3. El recogimiento de nuestros antepasados, nuestros linajes que no recibieron las
ordenanzas del evangelio durante la Gran Apostas/a
Sabemos que Cristo organizó a los justos en el reino de los espíritus, para que los muertos
quienes, en vida, no oyeron del evangelio, lo reciban allí.
Nos toca a nosotros llevar a nuestros templos, los nombres de nuestros ancestros que han muerto sin
haber recibido las ordenanzas del evangelio. Nosotros mismos podemos actuar como sus representantes
para que reciban todas las ordenanzas necesarias para la salvación. Al aceptar el evangelio y esas
ordenanzas, los muertos todavía pueden obtener gloria. Por eso los que trabajan para la salvación de
los muertos, pueden ser llamados Salvadores en el Monte de Sión.
Nuestra iglesia tiene la biblioteca genealógica más grande del mundo en Lago Salado. Además,
muchas estacas por todo el mundo, tienen bibliotecas con libros y micro películas. Esas bibliotecas nos
permiten buscar nuestra propia genealogía hasta donde existan registros. Y si pertenecemos a una linea
de reyes, a veces hasta podemos llegar hasta Adán.
Así nuestro Padre Celestial sigue con su trabajo de redimir y salvar a sus hijos e hijas espirituales,
dondequiera que estén. Ven el proceso de salvar a nuestros muertos, también nos salvamos
nosotros.
Ahora los Santos de los Últimos Días, estamos trabajando en lo que Élder McConkie ha llamado el
recogimiento espiritual de Israel (Doctrina Mor mona, p. 138), o sea, la conversión de todo Israel, para
llenar el mundo con el evangelio de Cristo. (Daniel 2:13-26; 43-45) Y eso es en preparación para la
Segunda Venida de Cristo.
El recogimiento literal de las Diez Tribus (Doctrina Mormona, p. 138), ocurrirá, según la
escritura, cuando las Diez Tribus llegan al estado de Misurí, en los Estados Unidos, probablemente muy
cerca del tiempo cuando Cristo viene en su gloria. (DyC 133:26-35)

Resumen

En este capítulo encontramos, por medio de las escrituras, que nuestro Padre Celestial prosigue con
su plan, guardando su mano en todas las cosas, y dirigiendo todo lo que ocurre aquí en la tierra. Lo hace
por medio del poder que otorga a su Hijo, Jesucristo, y al Espíritu Santo, utilizando su pueblo en cada
dispensación.
1.En la vida pre-mortal, nuestra obediencia nos llevó a juntarnos con linajes justos, a ganar
conocimiento y el don de la fe, a ganar entrada en el "pueblo de Dios" y a hacer convenios para ayudar a
nuestro Hermano Mayor en su trabajo de salvación
2.Nuestro Padre Celestial ha hecho un convenio sempiterno de dar el evangelio a los linajes justos
que se formaron en la vida premortal. Por eso, no fue por casualidad que todos nosotros nacimos dentro
de la tribu de Efraín o de la tribu de Manases, y dentro de la última dispensación del evangelio.
3.Pero Dios nos ama a todos, y no tiene favoritos. Aunque él no ha ofrecido el evangelio verdadero

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a todo el mundo durante nuestra vida mortal, él ha establecido tres programas para dar la misma
oportunidad a los que no son de su pueblo, a los Gentiles:
•El establecimiento de la obra misionera entre todos los muertos
•El pasar el evangelio de Cristo a los Gentiles
•El esparcimiento de Efraín y Manases entre los Gentiles para bendecirlos.
4.Hemos visto que aun los que vienen de linajes justos tienen gran dificul
tad en mantener la iglesia de Cristo activa y justa, sin apostasía. Pero
después de la muerte de los apóstoles de Cristo, y de la larga y Gran
Apostasía, la "sangre creyente" de Efraín y Manases trajo grandes ade
lantos sociales, científicos, y tecnológicos en el mundo. Esos adelantos eventualmente facilitaron la
restauración del evangelio, en estos últimos días.
Ahora nuestro Señor puede presidir sobre el Recogimiento de las Tribus de Israel, sobre la
restauración de todas las cosas, y preparar la tierra para su Segunda Venida y para el Milenio. 5.
Nosotros los santos de los últimos días, hemos nacido dentro de la tribu de Efraín o dentro de la tribu de
Manases. Y a nosotros nos toca la responsabilidad de recoger a Israel y de preparar a todos los santos,
vivos o muertos, para la Segunda Venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo.
En el Capítulo ocho, encontraremos que, en nuestra dispensación, Cristo da la oportunidad a linajes
justos que se perdieron dentro de lo telestial, de volver al pueblo de Dios. Y lo hace al mandar fuertes y
justos espíritus en esos linajes, para establecer una nueva y justa rama dentro de ese linaje.

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CAPÍTULO 8
Conversión:
La Restauración de
Linajes Justos

D esde el comienzo, nuestro Padre Celestial estableció el Plan de Salvación, la Caída y la


Redención. Pero, al adquirir un cuerpo nos hacemos hombres y mujeres naturales. Y si, al
usar nuestra agencia moral, preferimos y aceptamos las tentaciones de Satanás a la influencia del
Espíritu de Cristo, de Dios y del Espíritu Santo, nos volvemos carnales, sensuales y diabólicos, así como
enemigos de Dios. (Moisés 5:13; Mos 3:19) Cada vez que el pueblo de Dios ha escuchado a Satanás, se
metieron en el pecado, el dolor, y la apostasía.
Sin embargo, nuestra falta de firmeza moral no quiere decir que Satanás esté ganando la batalla en
contra de Cristo. El poder de Dios es tremendo. Y aunque él nos ha permitido guardar nuestra agencia
moral, su mano está en todas las cosas. Nuestro Señor Jesucristo, ya ha cumplido la obra de nuestra
redención de la muerte física y la muerte espiritual. Y el Espíritu Santo, si lo dejamos, poco a poco nos
lleva a Cristo y a la vida eterna. Además, el evangelio de Cristo ha sido restaurado para recoger a todo
Israel y para preparar la tierra para su Segunda Venida.
B\ el capítulo anterior, vimos que nuestra dispensación tiene la responsabilidad de recoger al resto
de la Casa de Israel. Todavía estamos en la primera etapa del recogimiento espiritual de Israel, o sea, la
conversión del pueblo de Dios, uno por uno, familia por familia, por medio del sistema misionero de
nuestra iglesia. (Doctrina Mormona, Recogimiento de Israel)
En este capítulo, identificaremos dos tipos de conversión:
1. Entre los gentiles, en todos los países del mundo, nuestros misioneros encuentran y convierten
la sangre creyente de Israel, los que se "acuerdan" de Dios y del plan de salvación.
2. Por otra parte, la Gran Apostasía ha causado que unos cuantos linajes celestiales se hayan vuelto
profundamente telestiales. Pero sus ancestros, hombres justos como Nefi, Mormón, Moroni, y muchos
otros se preocupan por sus descendientes, y oran por ellos. Para redimirlos, nuestro Padre Celestial
manda a espíritus justos y fuertes quienes voluntariamente aceptan la difícil y penosa misión de
redimir al menos una rama de su linaje.
Con algunas excepciones al bautizarse la mayoría de los conversos, aun los contactos de oro, salen
de un mundo telestial, donde pocos hacen caso a la voluntad de Dios. Por eso la conversión no es fácil o
automática. Es aún más difícil para los que se sacrifican para salvar a su linaje. Para entender el proceso
de la conversión, veremos lo que pasa a niños que vienen al mundo en hogares telestiales, y sufren la vida
de crisis, conflictos, y dolor que típicamente se encuentran en un ambiente telestial. Y examinaremos lo
que se requiere para que esos niños, de adultos, rechacen ese estilo de vida, se conviertan, y elijan la
vida terrestre.
Así entenderemos mejor los requisitos necesarios para pasar de lo telestial a lo terrestre.

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Espíritus valientes son mandados a la tierra con
la misión de romper la cadena de maldad en un
linaje que, en el pasado, fue justo
Primero, vamos a evaluar una tesis presentada por un presidente de estaca en los Estados Unidos,
quien trabajó muchos años con mujeres victimizadas y abusadas en su juventud. Él sugirió que muchas
de esas mujeres tienen una fe tremenda y la fuerza de carácter de salirse de su ambiente telestial para
hacerse miembros de la iglesia y así, terrestres. Eso le hizo concluir que Dios manda a espíritus fuertes
para cambiar la dirección de linajes originalmente justos, que en el pasado, se habían desviado hacia lo
telestial.
La tesis del Dr. Carlfred Broderick
Carlfred Broderick, ya difunto, fue el presidente de su estaca, un autor, un profesor en la
Universidad de California del Sur, y un terapeuta de familia de mucha reputación, dentro y fuera de la
iglesia. Por años, él fue un miembro activo de una asociación de terapeutas Mormones. Y como un líder
dentro de nuestra iglesia, así como un profesional de renombre, él ha escrito sobre las almas valientes
que cambian totalmente el curso tomado por sus familias.
En un artículo publicado en el Ensign (Agosto 1986, p. 38), primero habla de familias
problemáticas que pasan su maldad de padres a hijos, la víctima de una generación volviéndose el
victimario de la generación que sigue. Nuestro Señor conoce este fenómeno, que ocurre entre familias
que odian las cosas de Dios, sin arrepentirse por tres y cuatro generaciones. (Exo 20:5; DyC
124:50,52)
Entonces el Presidente Broderick presenta su tesis. Explica que, en el pasado, nuestro Padre
Celestial ha mandado el diluvio, terremotos y guerras con el objeto de destruir linajes profundamente
telestiales. En nuestra generación, antes de destruir todo el mundo inicuo, en preparación para la Segunda
Venida de Cristo y el Milenio, Dios activamente interviene dentro de linajes destructivos. Manda en
esas familias, espíritus valientes, asignados con la responsabilidad de romper esa cadena de
destrucción, y establecer una nueva y justa generación que pueda recibir a Cristo.
Esa responsabilidad quiere decir que ese espíritu valiente, de niño,
1. Sufre inocentemente violencia, abandono, explotación,
2. Tiene que disipar el veneno acumulado en su alma, rehusando pasarlo a las generaciones
futuras,
3. Y establecer una nueva generación, basada en principios justos, principios que traen
salvación.
Esos espíritus que sufren terribles humillaciones y dolor con el propósito de eventualmente salvar
a muchos en generaciones por venir, llegan a ser, en el más allá, Salvadores en el Monte de Sión. (Abd
1:21) Son salvadores porque salvan a las familias pasadas así como a sus familias futuras, produciendo
un nuevo eslabón entre las generaciones de los justos.
Es fácil para mí aceptar esa tesis, porque yo sé que, en mi propia familia, mi madre fue la que
cambió la dirección tomada por, al menos, dos, tres o más de nuestras generaciones pasadas. Su
poderosa fe la ayudó a salir de su familia telestial, e influenció a sus hijas a escoger lo terrestre. Y así se
salvaron el futuro de los linajes de mi padre y los linajes suyos.
En otro ensayo intitulado "Los Usos de la Adversidad," (en My Parents Married on a Pare, and

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Other Favor/te Essays on Life, Salt Lake City, Utah: Deseret Book, 1996), Carlfred Broderick comparte las
historias de varios de esos espíritus valientes. Esas historias nos ayudan a entender el dolor que sufrieron
durante y después del abuso. Pero también demuestran la gloria que están acumulando al salir de un
ambiente tan doloroso para entrar en lo terrestre, en camino hacia lo celestial. Después de esta vida,
serán considerados héroes y heroínas, así como salvadores en el Monte de Sión. Serán salvadores porque
aceptaron, en la vida pre-mortal, la misión de salvar a su linaje, estableciendo un nuevo linaje de
familias justas, listas para recibir a Cristo en su Segunda Venida.
Tres Casos
Caso # 1 : Una joven, en su hogar paternal, había sido victimizada psicológica, física, y
sexuaímente por su padre, un alcohólico. Su madre, una mujer neurótica, se quedaba en cama todo el día,
dejando a su hija hacer todo el trabajo de la casa. A pesar de su situación, un joven miembro de la iglesia
se amistó con ella y la llevó a la iglesia con él. Ella se convirtió, y se casaron. Aunque tenía varios y serios
problemas al relacionarse con un hombre, su esposo fue paciente y amoroso con ella, y criaron con éxito
varios niños.
Pero no era fácil. La joven pasaba por temporadas de depresión cada vez que observaba niñas
felices con sus padres y madres. Se preguntaba que era lo que ella había hecho en la vida pre-mortal para
merecer el ser colocada en tan terrible hogar.
Cuando presentó a su presidente de estaca (el Presidente Broderick) sus angustiadas preguntas, él
oró fervientemente por una respuesta que la pudiera ayudar. Ella, como parte de su mayordomía, tenía
derecho a una respuesta, y él la recibió. De esa manera le fue revelado que ella, en la vida premortal, se
había ofrecido como sacrificio para establecer un nuevo y justo linaje. Al oír esa explicación, esa joven
deseó una bendición, y todo le fue confirmado en un instante. Con ese conocimiento, ella siguió su vida
con mayor fe y aliento.
Caso # 2 A la edad de doce años, un niño perdió a su mamá. Su padre respondió a la muerte de su
esposa volviéndose algo loco, emborrachándose y trayendo mujeres inmorales a su casa. Mientras esas
mujeres lo visitaban, encerraba a su hijo en su cuarto, sacándolo de vez en cuando, para golpearlo hasta
el punto de romperle sus huesos.
El joven creció lleno de confusión, odio hacia sí mismo, y resentimiento. Pero el Señor le dio
buenos amigos así como oportunidades espirituales. Eso lo llevó a una buena mujer con quien se casó
en el templo. Los dos, dedicados a tener un buen hogar, criaron a sus hijos en justicia, bondad, y amor.
Caso # 3 Viajando en un país extranjero, el Presidente Broderick fue llamado por el presidente
de misión para que hablara a una de sus misioneras que había decidido dejar la misión e irse a casa.
También esa joven había sido abusada sexualmente en una familia muy pobre y muy telestial. Por años,
ella había tratado de confiar su problema a alguien en la iglesia, pero nadie la escuchó. Finalmente, ya de
adolescente, una maestra le creyó y consultó con el obispo. El padre fue excomulgado y la joven fue
sacada de su hogar. El obispo y su esposa la recogieron y la sostuvieron mientras ella terminó la
preparatoria, fue a la universidad, y salió a la misión.
Pero en la misión, ella se sentía mal entre tantos jóvenes justos y felices sirviendo al Señor. Sintió
que estaba pretendiendo ser tan buena como ellos, pero se sentía indigna de estar en ese ambiente, y quería
irse de vuelta a su casa. El presidente Broderick le habló, recordándole que ella había sido una princesa en
la casa de nuestro Padre Celestial, y que se había sacrificado para salvar a muchos otros. Y la desafió,
preguntándole si ella estaba lista a abandonar su misión eterna cuando las cosas se ponían duras. Le
aconsejó que demostrara a Dios que ella era digna de ser esa princesa, aquí en la tierra, para poder

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volver a Dios con honor. La joven se quedó. Dos o tres años más tarde, el Presidente Broderick la
encontró en una conferencia, en la universidad de Brigham Young. La encontró bien dedicada a completar
su misión en esta tierra, preparándose educacíonalmente para casarse y tener hijos criados con amor y
buenos principios y así establecer un linaje digno de nuestro Padre Celestial.
EL SUFRIR SIN TENER CULPA PUEDE SALVARNOS
Esos relatos ilustran el principio presentado por el Presidente Carlfred Broderick que Dios
permite el sufrimiento de muchos inocentes que fueron colocados, con una misión, en un hogar telestial.
No hay duda alguna que el vivir en medio de los telestiales es extremadamente doloroso y peligroso. Y
se requiere tener una fortaleza espiritual muy especial, para escaparse de un ambiente profundamente
telestial. Pero sabemos que nada es imposible para Dios, y que si nos tornamos a Cristo, él puede
eventualmente, sanar nuestras memorias y nuestras cicatrices, las que se ven, y las que no se ven. (Éter
12:27)
Pedro, en su primera epístola (1Pe 2:18-25), nos provee con la mejor explicación de ¿por qué
buenas personas padecen injustamente? En ese pasaje, Pedro pregunta ¿de qué nos sirve si sufrimos en
consecuencia de nuestros pecados? Solamente pagamos las consecuencias de nuestros actos, y por eso
no vamos a ganar gloria. En cambio, si padecemos injustamente y lo aceptamos, en algo nos parecemos
a Cristo quien, sin pecado, sufrió y aceptó lo indecible, sin rebelarse, sólo para salvarnos.
Por eso podemos decir que los que aceptaron venir, para padecer injustamente con el propósito de
salvar a generaciones futuras y pasadas, eligieron seguir el ejemplo de Cristo. También han elegido
obedecer y sacrificarse para obedecer el mandamiento restaurado por medio de Elias. (DyC 2:1-3) Por
eso, en el más allá, serán llamados héroes y salvadores en el Monte de Sión. (Abd 1:21) Y serán
coronados de gloria.
No todos nosotros hemos sufrido tanto como esos tres pacientes del Dr. Broderick. Pero muchos
somos hijos e hijas de personas que nunca entendieron al evangelio. Tal vez no se bautizaron, o si se
bautizaron nunca realmente se convirtieron. Y al no dejar lo telestial atrás, siguen lastimando a otros.
Una experiencia personal: escapando de una familia telestial
Cuando pienso en lo telestial, en seguida me vienen a la mente mi vida hasta los diecisiete años en
un hogar telestial, además de los cinco largos años que nos llevó, educacional, económica, y
socialmente, el salimos de ese ambiente tan doloroso y triste. Sólo se necesita un individuo telestial
para hacer de un hogar, un infierno. En nuestra casa, era mi padre.
Criado en Francia por un padre alcohólico y una madre enfermiza y débil, sin protección efectiva,
mi padre sufrió maltratos e inseguridad hasta los dieciocho años, cuando su padre murió.
Desgraciadamente, sin esfuerzo, se deslizó de una posición de víctima a una posición de victimario (el
que victimiza). Para entonces, su carácter ya había sido tan estropeado que él no supo como apreciar y
aprovechar las magníficas oportunidades que un tío rico le proporcionó. Su vida continuó llena de malas
decisiones, numerosos fracasos, desaliento, carencia, ira y resentimiento, envenenando la vida de nueve
personas: su primera esposa, su segunda esposa, seis hijas, y un hijo. Me acuerdo de mi juventud, también
en Francia, como un desfile de momentos medio gratos (cuando él estaba de buen humor, pero más a
menudo cuando él no estaba en casa), y de momentos horribles cuando él aparecía en la puerta gritando.
Su necesidad básica era controlar a otros, y mayormente, lo hacía gritando: gritando órdenes, reproches,
críticas, e insultos que devastaban el alma. Y también golpeaba... no todos los días, pero sí, amenazaba
diariamente y pegaba de vez en cuando. No sentía ni lástima, ni compasión. Con él, no era posible argüir
para obtener justicia.

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Su vida fue un desastre después de otro desastre, porque nunca había aprendido a controlar su
hombre natural. Reaccionaba a cada situación con emoción, siguiendo sus propios deseos, sus intereses, sus
pasiones, sin considerar las opiniones de Dios, las escrituras, y menos la sensibilidad o las opiniones de
los que lo amaban. Y era demasiado orgulloso para pedir consejo o ayuda. No se le ocurría analizar
racionalmente los puntos a favor y los puntos en contra de sus decisiones. Ni veía las consecuencias de
sus actos. Hacía lo que se le daba la gana. Desgraciadamente, la mayoría de sus decisiones eran malas
y todo le salía mal.
Mientras más fallaba en sus negocios, más rabia acumulaba en su pecho, y más culpaba a otros. Por
eso, al final, se peleaba con todos: con su familia, con sus clientes, con sus competidores, con sus enemigos,
así como con sus amigos. Además, le gustaba escribir cartas ofensivas a los políticos en nuestra
comunidad, aumentando nuestro sentido de inseguridad.
Mis padres habían conocido la iglesia cuando mi hermana y yo teníamos siete y seis años,
respectivamente. Desgraciadamente, mi padre no dejó que el evangelio lo cambiara. Mi madre, en
cambio, sí se había convertido. Cuando yo tenía catorce años, mi madre empezó a pensar que una guerra
venía en Europa, y se "sintió" profundamente inspirada con la idea que nuestra familia debía salirse de
Francia. Investigó la posibilidad de movernos a los Estados Unidos o a,Canadá, pero en esa época, muchas
fronteras estaban cerradas. Entonces oyó que Argentina prometía terreno virgen para los que querían
establecerse en el campo. Esa oferta le pareció muy atractiva a mi padre, y después de un largo viaje por
barco, llegamos a Buenos Aires el primero de Setiembre 1938, exactamente un año antes del ataque
alemán en contra de Polonia, el evento que inició la segunda guerra mundial.
Así empezó nuestra experiencia pionera de tres años en Neuquén, en el sur de Argentina, una
experiencia inolvidable. La vida era dura, y desgraciadamente, nuestro padre se volvió aún peor. Cada
mañana, a la salida del sol, él nos levantaba y nos daba una lista de cosas que hacer ese día. Pero
ninguna de nosotras teníamos mucha experiencia y las cosas no siempre salían bien. Entonces él
explotaba con ira en contra de una o más de nosotras. Y cuando se enojaba, ya no amenazaba con golpes,
sino que nos amenazaba con cuchillos y con su escopeta. Después de tres años, mi madre, mi hermana, y
yo decidimos que ya no podíamos quedarnos.
Debo admitir que, aunque mis memorias de él no son buenas, mi padre, como muchos otros
telestiales, no fue cien por ciento malo. Por años se llevó muy bien con mi hermana, y la trató bien. No
era mal parecido y en la compañía de extraños, era un hombre muy placentero y bonachón. Me salvó la
vida dos veces, cuando una vez, me sacó del río donde me estaba ahogando, y unos años después, cuando
paró la sangre que salía a chorros de una artería cortada en mi brazo, después de un accidente. Tampoco
puedo considerar que hubo abuso físico, a pesar de que cuando pegaba, la injuria emocional se quedaba
conmigo unos días. Tampoco hubo abuso sexual. Pero su casi continuo maluso del poder, su abuso
verbal, y su obvio rechazo de mí fueron lo que me hirieron más. Por él, nunca me sentí amada o digna de
ser amada. Al final, los abusos se multiplicaron y se dirigieron a las tres en el mismo grado.
Además del maltrato, el vivir en un hogar telestial nos deja con muchos complejos emocionales. El
fracaso y la dureza proveen una vida difícil, una vida sin justicia, una vida humillante, una vida sin
oportunidades, una vida que nos llenó a todos (y eso incluye a mi padre) de inseguridad, así como de un
sentido de impotencia. Y fue esa inseguridad, esa impotencia, la que lo llevó a usar la violencia para
controlar lo único que, en su vida, podía todavía controlar: mi mamá, mi hermana, y yo.
Desgraciadamente, su control era tan negativo y tan exagerado, y de vez en cuando, tan violento que
creó, en mi hermana y en mí, rebelión y un profundo deseo de escapar. Así puedo testificar que, en un
ambiente telestial, nadie gana, nadie es feliz.

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Recién había cumplido yo los diecisiete años, cuando empezamos a prepararnos para dejar a nuestro
padre. Estábamos en contacto con miembros de la iglesia, teníamos un poco de dinero ahorrado, y
grandes esperanzas. Cuando varios milagros nos ayudaron con los últimos preparativos, supimos que,
con la aprobación de Dios, todo ¡ba a ir bien. Y así fue. Tuvimos que aprender paciencia, pero recibimos
muchas bendiciones.
Tan pronto como nos salimos, nos encontramos en un ambiente terrestre. Todo era pobre, porque
sufrimos varios años de privación pero, en nuestro nuevo hogar, ya no había gritos, insultos o
amenazas. Había industria, paz y amor, así como una esperanza esplendorosa de gozar de la felicidad de
lo terrestre, para seguir hacia el gozo de lo celestial.
Mi hermana y yo, durante esos tres años, aprendimos mucho. Maduramos, aprendimos a trabajar
muy duro, y a confiar en Dios y depender de él. Aprendimos a rebelarnos en contra del mal y de
abandonarlo en nuestras vidas. Y aprendimos a salimos de lo telestial y a establecernos en lo terrestre.
Y ahora, como vamos a ver, esta historia trae los elementos que salvan:
• el Espíritu de Cristo y fe en Dios
• una persona inspirada (mi madre)
• que no es parte de lo telestial
• que constantemente presenta otra realidad y que, en el proceso, establece una línea de
demarcación firme entre el bien y el mal
• que provee apoyo moral
• que provee oportunidades de expresar sentimientos negativos en un ambiente de amor
• y una relación con Dios y Cristo, una relación que trae salvación
El salimos del abuso telestial requiere una linea de
demarcación entre el bien y el maly es el evangelio de
Cristo que provee esa línea de demarcación
Muchos piensan que, naturalmente, todas las víctimas del abuso están ansiosas de escapar sus
hogares telestiales. Sin embargo no siempre es así. A veces oímos de mujeres golpeadas por sus
esposos, quienes rechazan buenas y realistas oportunidades de salirse, y se quedan... a veces hasta que
el esposo las mata.
El hecho es que el abuso crea en sus víctimas, sentimientos muy complejos: una mezcla de amor y
odio, una autoestima muy baja, un fuerte sentido de culpabilidad, y mucha confusión. Los niños
victimizados por el abuso también reaccionan de esa manera. Pero porque son muy jóvenes y porque
vivieron de esa manera toda su vida, sin haber jamás tenido la experiencia de vivir en un hogar sano, se
les hace aún más difícil escapar de su ambiente telestial.
Aquí, queremos tratar de entender como un niño maltratado se sale de un hogar telestial, porque
ese entendimiento puede ayudarnos a entender el proceso de Ja conversión.
El primer paso para escapar el abuso telestial es el
reconocer que el mal está en la persona telestial que abusa
Todos sabemos que el adulto que abusa de niños de cualquier manera (sea verbal, emocional,
física, o sexualmente) malusa su poder y es totalmente responsable por el daño que hace. Culpara la
víctima no tiene sentido. Eso, todos lo sabemos... menos el que fue maltratado.
Muchas víctimas, aunque muy resentidas por el abuso, admiten sentir, muy adentro, que tal vez

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como víctimas, "causaron" el abuso. Así, muchos que fueron abusados físicamente de niños, piensan
que las cicatrices, los huesos quebrados, las quemaduras de cígarillos que recibieron fueron causados
porque eran demasiado inquietos o revoltosos. Las niñitas que fueron abusadas sexualmente piensan
que tal vez fueron demasiado "seductoras..." (Como si eso fuera posible, a menos que adultos las
"sexualizen.") Y los muchos que sufrieron por el abuso verbal, piensan que los insultos eran
probablemente justificados porque eran feos, tontos, o perversos.
Es mucho más fácil salimos de una situación desagradable cuando estamos convencidos de que
no somos responsables. Pero, si nos sentimos aunque sea medio culpables, es mucho más difícil
salimos de la situación ilesos. Además, los pasos que siguen requieren aun más esa seguridad de que
el victimario es totalmente responsable por sus actos.
El segundo paso para escapar del abuso telestial requiere
rebelión en contra del abuso, en contra de lo telestial
Muchos de los niños maltratados se sienten totalmente desconcertados por lo que les pasa en la
vida diaria. No entienden lo que es aceptable y lo que no es. ¿Es justificado que un padre o una madre
grite a un niño o una niña, insultando, degradando con tanta ira, tanto desprecio en su voz? ¿Es aceptable
que un padre o una madre golpee a su hijo o hija hasta que le salga sangre? ¿Está bien que un padre o una
madre o un hermano mayor toque a una niña o a un niño de una manera inapropiada, una manera que
causa dolor así como, a veces, placer? Es entonces cuando un niño o niña pierde de vista los límites
que típicamente todos conocemos.
Además, muchas veces, los padres de niños maltratados también son los que, de vez en cuando,
demuestran algo de amor y protección. Y porque esos padres son los únicos que también demuestran
algo de atención y amor, aun si también son los que los tratan tan horriblemente, esas víctimas aman a sus
victimarios. Los aman y quieren ser amados y aprobados por los que les causan tanto dolor. Y así
desarrollan una ambivalencia desconcertante, un amor mezclado con resentimiento que les hace sentir
culpables por algo que no entienden.
La confusión nos guarda en lo telestial
Y es esa confusión que les impide rebelarse en contra de esa persona que los martiriza. Pocos
pueden establecer una línea realista de demarcación entre lo aceptable y lo inaceptable, porque al
decidir, tendrían que admitir que sus padres son villanos.
Por eso encontramos entre muchos de los que fueron maltratados, mucha confusión, un profundo
sentido de inferioridad, así como una mescolanza muy rara de profundo resentimiento (muchas veces
reprimido y negado), y de amor hacia el que abusó. Y en lo más profundo, sienten un gran pesar y un
sentido de culpabilidad totalmente erróneo e innecesario.
Es por eso que, en esa confusión, muchos de los niños maltratados, tienen gran dificultad de salirse
de su ambiente telestial. Esa situación de abuso duele, pero al menos es familiar. Los que viven en ese
ambiente telestial, sean víctimas o victimarios, tristemente aprenden a acomodarse a la situación.
Al quedarse allí, sin una seria rebelión y sin firme línea de demarcación entre la tolerancia del
abuso y el completo rechazo del abuso, las víctimas solamente tienen dos alternativas: de grandes, o se
pueden volver victimarios, o pueden seguir siendo víctimas el resto de su vida. Desafortunadamente, no
llegan al ideal de ser ni víctima y ni victimario.

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Los victimarios
A menudo ocurren dos, tres o más generaciones de alcohólicos, de droga-dictos, de fornicadores,
de adúlteros, de ladrones, de personas inestables, de personas que constantemente pierden sus empleos,
de gritones, de gente que ofenden, critican, golpean, se aprovechan, explotan, y abusan emocional, verbal,
física, y/o sexualmente dentro de su propia familia.
Por eso sabemos que la gran mayoría de los victimarios han sido victimizados en su niñez. Pero
cuando se les pregunta como se sintieron al ser maltratados, típicamente dicen algo así: "Pues no fue
muy divertido, pero sobreviví, y no salí tan mal." Hacen poco caso del dolor, de la humillación, de la
impotencia, y de la ira que obviamente sintieron. Desafortunadamente, al no admitir su sufrimiento, y al
no expresar una profunda indignación y rebelión en contra del que los hirió, tampoco se rebelaron en
contra del abuso en general. Y se les hace fácil abusar de otros.
Las víctimas
Las víctimas no se identifican con el victimario. Tal vez se identificaron con una madre también
victimizada, una madre sufrida. Tal vez pidieron ayuda de otros, de un pariente, de un maestro, de un
vecino, pero no fueron aceptadas, o fueron llamadas mentirosas. Así, no pudieron convencerse total-
mente que el victimario era el único responsable por el abuso. Todavía están confusas, todavía se culpan.
Y por eso no .pudieron, en su mente, rebelarse en contra del victimario.
Y el resultado es que muchas veces se dejan maltratar el resto de sus vidas. Son las víctimas de
padres alcohólicos que muchas veces se casan con no solamente un borracho, sino que con una serie de
borrachos, uno después del otro. 0 son las que fueron molestadas sexualmente por sus padres y que se
escapan de su casa, para hacerse prostitutas, o para casarse con un hombre que molesta a sus niños.
Típicamente son las que inconscientemente piensan. "Quiero a mi padre, pero me ha lastimado. A él no
lo pude cambiar. Pero me puedo casar con ese joven, que me recuerda algo de mi padre, porque a él, sí
lo voy a cambiar. Así, será el esposo perfecto." Y un joven puede pensar exactamente lo mismo
concerniente a su futura esposa.
Los que, de adultos, siguen siendo víctimas, típicamente no se han rebelado totalmente en contra de
la maldad que sufrieron, y en contra de la persona que se atrevió a herirlos. Desafortunadamente, a
menos que sientan repulsión, rebelión, un horror a ese mal que tuvieron que sufrir, no pueden
totalmente dejar lo telestial atrás. Y no pueden tomar este tercer paso sin ayuda humana, así como
ayuda divina.
El tercer paso requiere ayuda de personas terrestres que
proveen apoyo moral, una nueva realidad, y una línea de
demarcación establecida por la comunidad
Miles de víctimas, cada año, dejan lo telestial por lo terrestre cuando descubren una nueva
realidad, y establecen una línea de demarcación entre lo que entienden es aceptable y lo que saben que
no lo es, en su comunidad, en su familia extendida, o en su iglesia.
Así, una tía que no grita puede demostrar, delante de una víctima de abuso verbal, como una
buena madre, en lugar de insultar, con amor enseña buenos principios, buenos valores a sus hijos. Y al
ver eso, el niño maltratado se da cuenta que existe otra realidad. Un vecino puede, en frente de una
víctima de abuso físico, quitar ciertos privilegios a un hijo desobediente, dándole a conocer una nueva
realidad. 0 una muchacha que asiste a la secundaria o la prepa, oyendo hablar a sus compañeras de
escuela de la amistad que éstas tienen con sus papas, de pronto se da cuenta que no todos los padres

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hacen lo que su padre hace. Y eso también le da una ¡dea que existe una realidad, distinta a la suya.
Cada pueblo en el mundo ha recibido suficiente de la verdad de Dios, para establecer una línea de
demarcación, relativamente firme y clara, que excluye lo peor del abuso. Y los victimarios saben que lo
que hacen es inaceptable dentro de su comunidad. Por eso el abuso verbal se controla algo en público,
y el abuso físico y sexual sólo existe en secreto.
Es al entender esa nueva realidad, que la víctima puede empezar a prepararse para su futuro
terrestre. Al sentir indignación y rebelión en contra de su victimario, se siente justificada al rechazar sus
actos. Un adolescente finalmente puede confrontar a su padre, darle una paliza, y parar el abuso. Una
muchacha se puede quejar de su padre a sus vecinos. Al menos, se puede distanciar física y
emocionalmente del victimario, y eventualmente, se puede salir de su hogar telestial.
Es cuando las víctimas necesitan ayuda concreta. Un vecino puede proveer un empleo. Una
maestra puede adoptar a una joven víctima. Un pariente puede proveer un segundo hogar donde la
víctima pueda sentirse segura.
Sobre todo, todas esas buenas personas terrestres pueden dar apoyo moral y oportunidades de
hablar de lo que lastima tanto. La víctima necesita hablar de su dolor, de su indignación, de su
resentimiento, de su ira. Si es posible, puede hablar con un terapeuta. Y a medida que expresa todos esos
sentimientos negativos a una persona que la entiende, la acepta, y la apoya con amor, el sentido de
culpabilidad, el resentimiento y la ira pueden empezar a disiparse. Entonces la imagen propia cambia y la
confianza en otros aumenta.
Ahora podemos identificar los factores que nos permiten escapar de un hogar telestial.
Escapándonos de lo Telestial
1. Una persona del nivel terrestre
a.nos da un modelo de un ambiente terrestre
b.acepta nuestros sentimientos de dolor, rabia, e impotencia
c. al aceptarnos como somos, nos permite establecer una imagen propia más positiva
2.Esa persona terrestre nos ayuda a establecer una clara línea de demarcación entre el bien y el
mal, entre lo apropiado y lo inapropiado
a.el aceptar esa línea de demarcación nos permite rechazar y rebelarnos en contra del
tratamiento que sufrimos a manos de lostelestiales
b.también nos permite rechazar y rebelarnos, aun si es sólo en secreto en nuestro corazón, en
contra de nuestro victimario, de quien nos causa tanto dolor, humillación, y pena. Eventualmente, eso
puede llevarnos a confrontar a nuestro victimario, acabando con el abuso, al menos por un tiempo.
c.Nos ayuda a desarrollar esperanza para un mundo mejor, así como bastante paciencia para
esperar el tiempo apropiado para salimos de lo telestial
3.Esa misma persona terrestre nos ayuda a crear un escape realista a una vida más terrestre, por
medio de
a.un nuevo hogar
b.una oportunidad de terminar la escuela, de conseguir un empleo, o de obtener más
independencia, más auto-suficiencia

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Así poco a poco, víctimas pueden llegar a ser no-víctimas y no-victimarios. Pero muchas veces, para
realmente alcanzar eso, la ó el que fue víctima necesita sanarse en el proceso de conocer las cosas de
Dios.
El cuarto paso es el establecernos en lo terrestre, conociendo el
Plan de Salvación, entendiendo los mandamientos de Dios, y
eventualmente, perdonando a nuestros victimarios
Para establecernos en lo terrestre, debemos conocer los propósitos de Dios para entender el
propósito de nuestra vida, y el papel que desempeñamos aquí en la tierra para salvar a otros.
Para nunca actuar como un victimario, necesitamos conocer los mandamientos que Dios nos
da acerca de como tratar a nuestra descendencia y a todos alrededor nuestro.
Para dejar de sentirnos como una víctima de la vida, debemos eventualmente perdonar a
nuestros victimarios, no solamente porque Dios lo manda, sino que también porque eso nos librará de
sentimientos negativos que fácilmente pueden amargar y destruir nuestra vida terrestre.
Primero, necesitamos conocer el plan de salvación para
entender el propósito de nuestra vida aquí
Las escrituras nos dan el plan de salvación que nos ayuda a entender no solamente los propósitos
de Dios, sino también cómo esos propósitos se están llevando a cabo. Ese plan fue presentado e
implementado en el concilio en los cielos. Allí nuestro Padre Celestial explicó que nos mandaría a esta
tierra para ser probados y para retornar a él con un cuerpo dominado por el espíritu, y limpio por la gracia
de un Redentor. Así, se cumple su obra y gloria de "llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del
hombre."
Durante ese Concilio, Dios primero llamó a nuestro hermano mayor, Jesucristo, como ese
Redentor, y Salvador. Fue también allí donde tomó lugar el llamamiento de espíritus que iban a ser los
profetas, los gobernantes de Dios, salvadores de generaciones de miembros del Pueblo de Dios aquí en la
tierra. (Abraham 3:23) Y es también en la vida premortal donde recibimos nuestras misiones y nuestras
mayordomías, para que tuviéramos la oportunidad de "salvar" a otros, y llegar a ser "salvadores en el
Monte de Sión."
• el llamamiento de padres y madres, para tratar de salvar a nuestra descendencia
• el llamamiento de misioneros y misioneras, para tratar de salvar a personas en el mundo
• llamamientos en nuestras estacas, barrios y ramas, tratando de salvar a los miembros bajo
nuestra mayordomía
• el llamamiento de salvar a nuestros ancestros, haciendo nuestra genealogía y trabajando en el
templo
• y tal vez el llamamiento de salvar a nuestro linaje telestial, sufriendo y resistiendo el abuso y
la maldad, y haciéndonos terrestres para que espíritus buenos y justos, de nuevo pudieran venir a la
tierra, entre ese linaje.
Eso es cuando nosotros, los espíritus que fuimos llamados para resistir el mal y cambiar la dirección
de nuestros linajes injustos, supimos que nuestra vida sería una prueba dura y difícil. Pero también
entendimos que lo que íbamos a hacer después de escapar el abuso, determinaría donde y como íbamos a
pasar el resto de nuestra eternidad. Sabíamos que, probablemente, pasaríamos por momentos muy
penosos, como Cristo y la mayoría de los profetas lo hicieron (y todavía lo hacen y lo harán). Pero
también supimos que nuestro Padre Celestial no nos abandonaría. Dios iba a proporcionar tanta ayuda

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como fuera posible, sin violar la agencia moral, el principio del albedrío, nuestra libertad de aceptar el
bien o el mal. También parece que pensamos que podíamos hacerlo, porque el premio, el llegar a ser
dioses como nuestros padres celestiales, valía la pena. Y con todos los demás, gritamos de alegría al
saber que el plan se iba a poner en acción. (Job 38:7)
Por supuesto que, al nacer en esta tierra, olvidamos nuestra vida anterior. Pero nuestro Padre
Celestial nos manda que nos enseñemos el uno al otro, diligentemente (DyC 88:77-78), porque él quiere
que todos entendamos su plan. Y quiere que sepamos que nuestros sacrificios por otros no serán
ignorados, sino que nos traerán paz y gloría. (1 Pe 2:17-25)
Segundo, necesitamos conocer, entender, y obedecer los
mandamientos de Dios, para nunca abusar de nadie
Las escrituras nos proveen con una lista de mandamientos que establecen para nosotros la línea de
demarcación entre el bien y el mal que Dios ha establecido. Esa línea de demarcación es definitiva y
mucho más estricta que la línea cultural recomendada por la sociedad. Pero esta lista propuesta por
nuestro Señor, nos ayuda a establecer, en nuestra mente y nuestro corazón, lo que podemos y lo que no
debemos hacer con nuestros hijos e hijas, si queremos seriamente evitar la posibilidad de continuar con
la victimización que nosotros hemos sufrido. Y así podremos completar nuestra misión de
salvar a nuestras próximas generaciones. Por medio de las escrituras, sabemos que: El abuso
en contra de niños será gravemente castigado Dios está siempre pendiente de como los niños son
tratados por sus
padres, porque Cristo dice que los ángeles que acompañan a los niños, siempre ven el rostro de
Dios. (Mateo 18:10)
No quiere que ni uno de ellos se pierda. (Mateo 18:14)
Hubiera sido mejor para los que traen tropiezos a los niños, que se les hubiera atado al cuello una
piedra de molino y arrojado al mar. (Lucas 17:1-2) Los que hacen pecar a sus niños serán echados al
infierno. (Jacob 3:10-11) Dios está al tanto de todo lo que hacemos con nuestros hijos e hijas. Y los que
los maltratan de cualquier manera, irán al infierno y serán destruidos.
Porque Dios no quiere que ninguno de ellos se pierda a causa nuestra.
Nuestro Señor declara que nuestros hijos e hijas tienen derechos recibidos de Dios
Nuestros hijos tienen derecho a no ser explotados: Deben ser mantenidos financieramente por
sus padres (DyC 75:28) Los hijos tienen derecho a no ser abusados sexualmente o asesinados:
Los Diez Mandamientos claramente prohiben el cometer adulterio o el matar. (Éx 20:13-14)
Los hijos tienen derecho a no ser abusados verbal, física, o sexualmente:
Tienen derecho al respeto de sus padres (Efe 6:4; Col 3:21) a la instrucción de sus padres (Or
29:15; DyC 93:42-43; 68:25) a las oraciones de sus padres (3Ne 18:21; Mos 27:14; Alma 19:22-23) a
poder tener confianza en sus padres (Jacob 2:35; 1Tim 3:1-7) a que no haya favoritismo dentro de la
familia (DyC 38:24-26) y a no ser provocados a la ira por sus padres (Efe 6:4; Col 3:21) Nuestro Padre
Celestial explícitamente dice que nadie tiene el derecho de malusar su poder No solamente nuestro
Señor nos aconseja ser humildes, pacíficos, y sin orgüilo, sino que nos da una escritura que nos enseña a
no malusar el poder que el sacerdocio o el ser padres podría darnos. Esa escritura dice:
Ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud deisacerdocio, sino por persuasión, por

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longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero; por bondad y por conocimiento puro, lo cual
ennoblecerá grandemente el alma sin hipocresía y sin malicia; reprendiendo en el momento oportuno con severidad,
cuando lo induzca el Espíritu Santo,'yentoncesdemostrando mayoramorhacia el que has reprendido, no sea que te
considere su enemigo;para que sepa que tu fidelidades más fuerte que los lazos de la muerte. (DyC
121:41-44)
Analizando esa escritura, punto por punto, entendemos mejor lo que Dios tiene en mente.
No debemos malusar el poder
Esta escritura nos advierte que nadie tiene el derecho de malusar su poder o influencia, sea ese
poder, el del sacerdocio o el de nosotras las madres. El Señor explica como el poder debe ser usado:
no a la fuerza, sino por persuasión, con paciencia, y amor, de una manera absolutamente honesta, sin
que intervengan las necesidades propias de nuestro hombre o mujer natural.
Solamente podemos reprender si estamos inspirados por el Espíritu Santo
Nuestro Señor, muy claramente nos dice que solamente tenemos su permiso de reprender, cuando
el Espíritu Santo nos dice, por inspiración, que debemos hacerlo. Eso nos podría hacer sonreír, porque ni
una vez en mi vida he visto a nadie esperando hasta que el Espíritu Santo le diga que reprendiera. La
mayoría de nosotros, impacientemente, esperamos que alguien "nos dé la oportunidad» de
reprenderlos.
Por supuesto, sabemos que Dios no puede permitirse malusar su autoridad. Con su tremendo
poder, podría destruirnos a todos, en cinco segundos. Y nosotros, si queremos heredar la vida eterna,
tenemos que practicar el don de la paciencia divina.
Si tenemos que reprender, debemos redoblar nuestro amor
El Señor también nos avisa que, si tenemos que reprender a cualquiera, aun a nuestros propios
hijos, debemos en seguida demostrarles mucho amor, para que no vayan a pensar que somos sus
enemigos. Nuestros hijos e hijas tienen el derecho de saber, en todo momento, que siempre los amamos
y que siempre estamos en su esquina.
Más bien que reprender, necesitamos enseñar
Sabemos por muchas escrituras, que la manera más efectiva de guiar e! comportamiento de
nuestros pequeñitos, es por medio de la enseñanza. En la Guía para el Estudio de las Escrituras, vemos
muchas referencias dicién-donos que debemos enseñar buenos principios y buenos valores. (Pág. 62) Los
niños nunca son demasiado jóvenes para aprender esas cosas... pero eso sí, con amor, para enseñar, no
para reprender.
Además, el Libro de Mormón nos provee con un maravilloso ejemplo de como enseñar a un hijo
errante, cuando cita las palabras de Alma a su hijo, Coriantón. En los capítulos 39 a 42 de Alma, vemos
que Coriantón había ofendido no solamente a su padre y hermano, Shiblón, sino también a personas muy
importantes y queridas por Alma: a tres de los hijos del Rey Mosíah, sus compañeros de juventud, los
que fueron convertidos con él, por el ángel, así como a Amulek y a Zeezrom, sus conversos de
Ammoníah.
La mayoría de los hombres se hubieran muerto de vergüenza. Pero Alma no era un hombre del
mundo. Como el Señor, Alma sabía que lo más importante era el salvar a Coriantón. Por eso, sigue las
instrucciones que Cristo nos da en nuestra generación. Alma espera hasta volver a casa y tener la
oportunidad de dar instrucciones a sus tres hijos acerca de un futuro cuando él ya falte.

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Alma sabe que debe enseñar a Coriantón un principio eterno: que, al pecar, vienen consecuencias
eternas. Primero, le recuerda el daño que él causó a la obra de Dios; por haber abandonado su misión
para seguir a la ramera Isabel. Entonces, empieza a explicarle el plan de redención, el plan que nuestro
Padre Celestial ha establecido para que los justos puedan resucitar y limpiarse de sus pecados, para poder
morar de nuevo con Dios. Al final, Alma aplica esa doctrina de redención al caso de Coriantón. Pone
bien en claro que la misericordia solamente puede sobreponer a la justicia si nos arrepentimos y si
ganamos, por medio de nuestra fe en Cristo, el derecho de obtener la misericordia que nuestro Redentor
ganó en la cruz. Si no admitimos nuestros errores humildemente, si no nos arrepentimos, y si no tene-
mos una fe total que Cristo tiene el poder de perdonarnos, no podemos obtener el perdón, la limpieza y
la purificación de nuestros pecados que sólo Jesús tiene el poder de otorgarnos. Y si no recibimos ese
perdón, no hay exaltación.
El saber eso debería ser suficiente para evitar ser un victimario, uno que hiere y causa gran
sufrimiento a otros.
Tercero, debemos llegar al punto de perdonar y olvidar la maldad
de nuestro pasado telestial para dejar atrás la posibilidad de llegar
a ser una víctima o un victimario
Hemos dicho antes que, en el proceso de dejar nuestro hogar telestial, era absolutamente necesario
sentirnos muy enojados, resentidos, llenos de rebelión. Ese resentimiento es lo que nos ayuda a salimos
de ese ambiente, de alejarnos de los sentimientos ambivalentes que típicamente nos detienen dentro de
ese hogar telestial.
Sin embargo, cuando finalmente nos instalamos bien dentro de un hogar terrestre, necesitamos
perdonar y olvidar. Existen tres argumentos poderosos para eso:
1.El perdonar es un mandamiento de Dios. Cristo nos dice que debemos perdonar a los hombres sus
ofensas, si queremos ser perdonados por Dios. Y también nos avisa que no podemos entrar en el reino
de Dios si no hemos resuelto nuestros problemas con otros en esta vida. No hay lugar para el enojo y
resentimiento en el reino celestial. (3Ne 12:21-26)
2. El enojo y resentimiento pueden ser una poderosa defensa en contra del mal. Pero cuando
entramos en lo terrestre, no deberíamos tener que protegernos tanto en contra del mal. Y si seguimos a la
defensiva, con enojo en nuestro corazón, anticipando un ataque, nosotros somos los que traemos en
nuestras vidas conflictos telestiales.
3. Además, si guardamos todo el enojo y resentimiento que acumulamos en nuestro ser, durante
nuestros años en un ambiente telestial ¿qué haríamos con las frustraciones e irritaciones que ocurren
diariamente, aun en un ambiente terrestre? La acumulación del enojo del presente, encima de la rabia
pasada, nos haría sentir todo el tiempo, como un volcán listo para explotar. Y de nuevo, nosotros
traeríamos lo telestial en nuestro nuevo ambiente terrestre.
Todos los terapeutas, aun los que no parecen creer en Dios, recomiendan el perdonar a nuestros
victimarios, no necesariamente por el bien de ellos, sino por nosotros mismos, para no seguir siendo
sus víctimas. Y la ciencia médica nos promete que nuestra salud será mucho mejor, si nos quitamos
todo el enojo y resentimiento del corazón. Por supuesto, muchas víctimas rehusan perdonar
No es tan fácil quitarnos el resentimiento del pasado porque ese enojo nos ha sido muy útil en el
pasado. Lo hemos usado para intimidar a personas que nos querían atacar; para obligar a otros a hacer
lo que queríamos; y para permitirnos el lujo de insultar o de ser desagradables con otros. Parece

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protegernos y darnos poder. Pero los terapeutas saben que, a lo largo, ese maluso de poder nos va a
dejar solos, porque nadie aguanta a alguien que ataca todo el tiempo.
Los terapeutas sugieren que las víctimas escriban de su sufrimiento y resentimiento .Muchas
veces, los terapeutas sugieren que las víctimas escriban una carta a sus victimarios, acusándolos de lo que
han hecho, abiertamente expresando su ira en contra de ellos. PERO entonces esa carta nunca se debe
mandar. Eso es porque, si los victimarios no se han arrepentido, atacarían de nuevo a su víctima,
culpando, negando, hiriendo, victimizando. como si fuera ayer. Entonces, todas las heridas del pasado se
abrirían de nuevo, y las víctimas se sentirían más abusadas y más enojadas que nunca.
El escribir esa carta y luego guardándola en un diario personal, típicamente tiene buenos
resultados. El sólo hecho de escribir lo que nos ha ocurrido, nos permite examinar la realidad más
racionalmente y con una nueva perspectiva. Al tratar de entender exactamente lo que ha pasado,
muchas veces, las víctimas se dan cuenta que el victimario también es una víctima, de sí mismo así
como de otros en su pasado. Lo que probablemente ayuda aun más, es el discutir la carta con el
terapeuta y descubrir con él (o ella) que nuestra ira es justificada. Y sólo el reconocer eso nos ayuda a
resolver, desahogar, limpiar y sanar nuestra alma. Podemos pedirle a Dios que nos quite el enojo
Pero, nosotros que conocemos el poder de sanar que Cristo ha ganado por su sacrificio en la cruz,
sabemos que existe otro medio aun más efectivo. Si ya nos hemos desahogado de gran parte de nuestro
resentimiento, hablando y escribiendo sobre nuestras experiencias con lo telestial, entonces podemos ir a
Cristo. Personalmente, yo puedo testificar que no hay mejor manera de eventualmente limpiarnos
totalmente y definitivamente del enojo.
Lo que uno puede hacer es muy simple. De noche, antes de dormir, hablamos con nuestro Padre
Celestial, admitiendo el terrible resentimiento que todavía está en nuestro corazón, y pidiendo con toda
la fuerza de nuestra alma, que él nos quite nuestro enojo... porque ya no queremos sentirlo. Esa oración
no requiere muchas palabras, sino una sinceridad total así como mucha fe. Una oración tal como un niño la
haría. Típicamente, a la mañana siguiente, nos despertamos sin sentir nuestra rabia bramando en nuestro
pecho. Cuando ya sentimos que nuestros sentimientos negativos se calmaron, podemos con una oración
en nuestro corazón, de nuevo revisar las cosas que pasaron, invitando al Espíritu que nos haga entender
la razón de todo ese sufrimiento, y que sugiera algunas soluciones.
Repitiendo eso tan a menudo como sentimos que sea necesario, a través de los años, podremos
llegar del otro lado, limpios de todo enojo y resentimiento. Y nuestra vida, con nuestro esposo o esposa y
con nuestros hijos e hijas, será mucho mejor.
Eso es parte del proceso que Cristo sugiere cuando nos habla de como, eventualmente, podemos
librarnos de todos nuestros complejos, con su ayuda. Él dice:
Y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y
basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque sise humillan ante mí, y tienen fe en mí,
entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos. (Éter 12:27)
Esta escritura es sorprendente porque en ella, nuestro Señor admite que él es responsable por
nuestra debilidad (debilidad que tenemos porque nacimos en un hogar telestial). Aquí es cuando, muy
rápido, debemos recordar que nosotros aceptamos ese llamamiento porque, en la vida premortal, en-
tendimos que eso alegraría y salvaría a miles de personas que nacerán durante el Milenio, además de
miles y miles que murieron años atrás.
Y lo más importante es que nuestro Señor se compromete, si vamos a él con fe, a quitarnos los
complejos que resultaron del abuso y del sufrimiento, complejos que nos traen perturbaciones, flaquezas,

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y debilidad. Y son esas debilidades las que Cristo promete transformar en fuerzas para nosotros. Y
muchos de nosotros ya nos hemos dado cuenta que, el haber pasado por esas pruebas, nos ha dado, a
algunos compasión, a otros paciencia, a otros un deseo de vencer los obstáculos de la vida, así como una fe
mucho más grande.
De nuevo, dondequiera que esté Dios, todo sale bien. Todos fuimos probados. Los injustos serán
castigados, a menos que se arrepientan. Y los justos ganarán gloria sin fin.
VOLVIENDO AL TEMA DE LA CONVERSIÓN
Al leer este capítulo, esperamos que todos nos acordemos de comparar lo que sufrió la víctima
del abuso al salir de lo telestial para ajustarse a lo terrestre, con las dificultades que encuentra el
converso al dejar su vida telestial y entrar en el ambiente terrestre de nuestra iglesia. Sugerimos que el
proceso es el mismo, aunque es mucho más penoso y drástico para el que fue llamado a salvar su linaje
en esta tierra.

Escapando lo Telestial Convirtiéndose a la Iqlesia


1. Una persona terrestre 1. Misioneros/misioneras
a. nos da modelo terrestre a. presentan plan de salvación
b. acepta nuestro dolor e ira b. prometen mayor felicidad
c. mejora nuestro auto-estima c. sostienen nuestros sueños
2. La víctima establece una clara línea 2. El converso establece una clara
de demarcación entre el bien y el mal línea de demarcación entre el
a. se rebela contra el dolor telestial mundo y Dios
b. se rebela contra los victimarios a. deja atrás lo telestial
c. poco a poco gana esperanza b. rechaza el ambiente telestial
terrestre c. gana esperanza de gloria
3. La víctima recibe ayuda para escapar 3. Converso recibe hermanamiento en le
a lo terrestre iglesia
a. un nuevo hogar a. nuevos amigos, nuevo hogar
b. oportunidades de progreso b. oportunidades de progreso
social, y de ganar seguridad espiritual

Como se ve, la comparación es válida. El proceso de conversión, hablando generalmente, es el


mismo para la víctima y el converso. La mayor diferencia entre los dos podría ser que la víctima corre al
huir de su ambiente telestial, mientras que el converso camina al seleccionar un ambiente más terrestre.
Esto seguramente hará que la víctima necesite más apoyo de parte de los que la reciben. Necesitará
mucho amor, reconocimiento, y envolvimiento, para establecer para sí misma, un sentido de seguridad,
autoestima, y confianza en otros.

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Resumen

Sabemos que el Recogimiento de Israel es la responsabilidad de nuestra dispensación. Después


de la Gran Apostasía, Dios reveló que en estos, los últimos días, nuestra iglesia tiene la responsabilidad
de preparar al mundo para la Segunda Venida del Señor. La primera etapa de esta misión es el
recogimiento espiritual de Israel por toda la tierra. Eso es, la conversión del pueblo de Israel por medio
de los misioneros de nuestra iglesia, en todos los países de la tierra.
La segunda etapa viene cuando nuestro profeta establece a Sión, en el estado de Misuri, en los
Estados Unidos, para el recogimiento temporal, literal, físico de Efraín, Manases y las demás diez
tribus.
Por eso, en este libro, nos interesa el proceso de la conversión. Proponemos que nuestro Padre
Celestial ha instituido dos movimientos de conversión.
El más obvio, el que más conocemos es:
El recogimiento de la sangre creyente en todo el mundo, por medio de nuestro sistema misionero.
Esos conversos mayormente son descendientes de Israel quienes se "recuerdan" de Dios y del plan de
salvación.
El segundo no es tan obvio, pero existe también. Consiste del:
Recogimiento de linajes que fueron justos y celestiales, pero que, aquí en la tierra, se hicieron tan
profundamente telestiales, que solamente evitarán la destrucción de los últimos días, si son redimidos
por "salvadores en el Monte de Sión."
Esos salvadores en el Monte de Sión son espíritus justos y fuertes que fueron llamados, en la vida
premortal, y aceptaron el llamamiento de nacer en familias profundamente telestiales para cambiar la
dirección de sus descendientes. Así, ese linaje será representado en la Segunda Venida.
Aunque esos espíritus justos y fuertes sufren horriblemente en sus hogares telestiales, sostenidos por
el Espíritu de Cristo, no se doblegan. Rehusan aceptar el mal. Y nuestro Padre Celestial les manda
personas terrestres que les ayuda a establecer una línea de demarcación entre el mal y el bien, una línea
establecida a base del evangelio de Cristo.
Esa línea es la que los guía, eventualmente, al evangelio. Al entender el plan de salvación,
aprenden a no ser ni víctimas, ni victimarios. Y al conocer los mandamientos de Dios, pueden establecer
un hogar terrestre. Eventualmente, por medio de Cristo, pueden perdonar a sus victimarios. Entonces,
según la promesa, sus debilidades y complejos se transforman en fuerzas.
Al final, al comparar los conversos con esas víctimas, encontramos que el proceso de conversión es
muy similar en los dos casos. Aunque posiblemente las víctimas encuentran que su conversión es más
dura, los dos empiezan a cambiar cuando descubren una línea de demarcación basada en el evangelio de
Cristo.
Los capítulos nueve y diez tratarán el tema de los cambios que todos los conversos al evangelio de
Cristo deben hacer en sus vidas.

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CAPÍTULO 9
Haciéndonos Santos
de los Ultimos Días
Parte 1
V irnos como el Plan de Salvación explica nuestra jornada en nuestro universo. Nuestro Padre
Celestial nos creó. Y, como él quiere que todos lleguemos a ser como él, nos ha dado un
cuerpo, nos ha puesto en esta tierra organizada para nosotros, y ahora en medio de la guerra entre
Cristo y Satanás, en semi-oscuridad, estamos tratando de volver al Dios que nos creó.
En este libro, vimos que nuestro Dios Todopoderoso sigue totalmente a cargo de lo que ocurre en
esta tierra. Destruye a los que se entregan totalmente a Satanás. Desparrama a otros. Y después de que
Cristo ha asegurado, por medio de su sacrificio infinito, la resurrección y salvación de sus hijos e hijas,
Dios manda al Espíritu Santo a que prepare esta tierra para la Segunda Venida de Cristo. Y ahora viene el
recogimiento de todos los que aceptan vivir el evangelio de Cristo, para que todo esté listo cuando nuestro
Señor venga en su gloria.
En este capítulo, vamos a examinar tres de los requerimientos que nos ayudan a dejar
completamente lo telestial, para establecernos de una mañera sólida dentro de la vida terrestre: el
establecernos sólidamente dentro de la iglesia, el "temer a Dios," y el identificarnos con el pueblo de
Dios.
EL PROCESO DE LLEGAR A SER UN SANTO DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
Después de bautizarnos, recibimos el don del Espíritu Santo, con el mandamiento de recibir a ese
Espíritu, como nuestro compañero constante. Nada nos viene automáticamente. Juan el Revelador
testificó que nadie recibe la plenitud al principio, y por eso debemos, como Cristo, continuar de gracia en
gracia hasta que recibamos la plenitud. (DyC 93:11-14) Eso toma tiempo y demanda grandes esfuerzos.
Sea cual sea la edad cuando nos bautizamos, todos somos conversos. Por eso todos, con
diligencia, necesitamos hacer constantes cambios en nuestras vidas. Por supuesto, lo primero que
debemos hacer es acomodarnos dentro de la iglesia., el reino de Dios aquí en la tierra. Simultáneamente,
necesitamos aprender a respetar a Dios y obedecerle, así como identificarnos con su pueblo. En el
proceso, aprendemos a ser más cuidadosos en nuestra obediencia a Dios. Y al identificarnos con Dios,
Cristo y su iglesia, poco a poco ganamos entrada en su reino.
Primero, nos acomodamos bien dentro de la iglesia
Si no fuimos criados dentro de la iglesia, encontramos muchas cosas medio extrañas allí, y de vez en
cuando cosas absolutamente extraordinarias. Aprendemos un nuevo vocabulario que describe las cosas
que son puramente "Mormonas," y que reflejan lo que creemos y hacemos en la iglesia. Aprendemos a
dar nuestro testimonio, a dar discursos, a enseñar clases. Nos acostumbramos a participar en la Santa
Cena, en discusiones en la Escuela Dominical, en la Sociedad de Socorro, y en el Sacerdocio. Con las
hermanas, traemos comida en las fiestas, decoramos el salón, aprendemos nuevas habilidades para hacer
nuestros hogares más placenteros, y también más seguros, para los últimos días. La ¡dea es que

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aprendemos trabajando juntos, en un ambiente positivo, lleno de amistad y amor.
Una vez tuvimos un obispo que tomaba a cada nuevo miembro y lo llamaba como acomodador en
nuestras reuniones sacramentales. Con un rótulo en la solapa, el pobre hombre, que no conocía a nadie,
tenía que venir un poco temprano y saludar a cada persona que pasaba por la puerta y más o menos indicar
donde había asientos. Pero los Mormones somos medio simpáticos, así que, sabiendo que el hombre era
nuevo en la iglesia, nos presentábamos a él y le hacíamos pensar que sin él no sabíamos donde sentarnos
cómodamente. Muy pronto, con los diáconos, ese nuevo miembro pasaba el sacramento a personas que ya
conocía. Después bendecía el sacramento, y eventualmente era consejero al presidente de la Escuela
Dominical, o algo así. En menos de tres meses el hombre se sentía en la iglesia como en casa, totalmente
activado y feliz.
Al principio, las responsabilidades nos abruman algo. Pero pronto vemos que aprendemos mucho,
crecemos espiritualmente y socialmente, y ganamos mucha satisfacción, así como amor y
reconocimiento. Y de repente, sentimos que no tenemos ninguna gana de quedarnos en casa los domin-
gos, porque el estar donde nuestros hermanos y hermanas están, y donde Dios quiere que estemos, nos
da mucho contentamiento y paz.
Gustosamente empezamos a hacer algunos sacrificios. Nos acostumbramos a ayunar, a compartir
nuestro testimonio, nuestros pensamientos y sentimientos sobre el evangelio, las cosas que nos pasan, y
nuestro amor a Dios y a nuestro Salvador. Ya pagamos nuestros diezmos y ofrendas, y empezamos a
acumular comida para cuando los últimos días nos traigan condiciones difíciles. Nos acostumbramos a
participar en las discusiones en clase, no tanto para demostrar lo que ya sabemos, sino para de veras
entender mejor el evangelio, y para compartir del Espíritu. En nuestra vida social, las fiestas toman lugar
entre miembros. Y poco a poco, hacemos el esfuerzo de visitar a las familias que nos fueron asignadas,
antes del último día del mes. Nuestra vida social, nuestras fiestas toman lugar entre miembros. Y así,
nuestro barrio llega a ser nuestra segunda familia.
Ahora, reconocemos las muchas bendiciones que vienen de Dios. Cuando alguien en nuestra
familia se enferma, sabemos donde ir para obtener una bendición de salud. Podemos recibir nuestra
bendición patriarcal que nos hace sentir que, de verás, somos hijos e hijas de Dios, que nuestro Señor nos
conoce, se preocupa por nosotros, y quiere guiarnos en todos los eventos de nuestra vida. Finalmente,
podemos entrar en el templo donde hacemos nuevos convenios, con Dios y con nuestra familia. Y
sabemos que si guardamos esos convenios, nos traerán salvación y exaltación, y nuestra familia estará
junta por las eternidades.
Así, para establecernos bien dentro de la iglesia, tenemos que aceptar el hecho que debemos hacer
muchos cambios en nuestras vidas y dentro de nosotros mismos. Mucho de lo que es aceptable en el
mundo, simplemente NO cabe dentro de la iglesia verdadera de Dios, y tenemos que dejarlo de lado.
Así, abandonamos lugares, amistades, hábitos y costumbres que traen en nuestras vidas un ambiente
telestial. Dejamos atrás cualquier comportamiento, cualquier persona que nos lleva donde el Espíritu
Santo no puede morar. Vivimos nuestra vida no tanto para complacer a otros, sino por principios divinos
que complacen a nuestro Padre Celestial.
De hecho, tenemos que admitir que, aunque ya cambiamos mucho, tal como somos ahora, no nos
aguantarían donde mora Dios. Por eso, si queremos ganar la vida eterna y vivir con nuestro Padre Celestial
eternamente, todos debemos seguir cambiando.
Segundo, aprendemos a "temer" los juicios de Dios
Me doy cuenta que a muchos no les gusta la frase "temer a Dios." Prefieren pensar que nuestra

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relación con Dios siempre es una relación de amor. Pero, en la Guía para el Estudio de las Escrituras,
al comienzo de la sección sobre el temor, inmediatamente explica que "temer a Dios" no quiere decir
que debemos tenerle miedo o pavor, sino que significa:
sentir reverencia y admiración por Él y obedecer sus mandamientos. (GEE, p. 199)
Esta definición de "temor" no es nada ofensiva, pero sí, nos invita a tomar en cuenta la voluntad de
Dios en todo lo que hacemos. El mensaje es que, mientras participamos, aun en un grado menor, en
pecados telestiales, nos
conviene sentir "temor," simplemente porque es un hecho que, eventual-mente, tendremos que
presentarnos en el juicio final para reportar, y responder por todos los actos de nuestra vida terrenal, sean
buenos o malos. Recordando que Dios no piensa como nosotros, y sabiendo que el "temer" obviamente
tiene mucho que ver con nuestra salvación, nos conviene escudriñar las escrituras para entender lo que
nuestro Padre tiene en mente.
Muchas escrituras nos dicen que debemos "temer" a Dios
Para este segmento, consulte Infobase, un programa de escrituras en mi computadora. A través de
ese programa, encontré que, dentro de los libros canónicos, existen al menos 579 referencias que hablan
del temor.
Muchas de esas 579 referencias (210) hablan de diversos tipos de miedo, y no son pertinentes a
nuestro estudio de "Temor a Dios." Ésas fueron inmediatamente descartadas.
Tampoco incluí 65 referencias (de las 579 escrituras), aunque eran muy interesantes. Sugerían que,
si tememos a Dios, y tenemos fe en él, no tenemos porque tenerle miedo a nada o a nadie, porque
ultimadamente, no nos pueden destruir. (DyC 38:15,30; 101:36)
Al final de cuentas, usamos solamente 304 de las 579 referencias originales. De esas 304 escrituras,
204 nos dicen que debemos temer a Dios y obedecer sus mandamientos. Ese número es muy imponente y
nos lleva a creer que el "temer" a Dios nos puede ayudar poderosamente en evitar los pecados telestíales.
También puede evitarnos el riesgo de tener que pagar por nuestros propios pecados en el infierno,
además de terminar en el reino telestiai. (Enós 1:23; Mos 15:26)
Por otra parte, 100 referencias sugieren que, eventualmente, ese "temor" desaparece, cuando
alcanzamos un cierto nivel de progreso espiritual. Entonces es reemplazado por amor a Dios, un amor que
puede motivarnos aun más a comportarnos de acuerdo con su voluntad. (Uuan 4:17-18)
Por eso, dividí esas 304 entradas en dos categorías, y encontré lo siguiente:
204 entradas 67% Debemos temer a Dios
100 entradas33% El amor reemplaza el temor
Esta distribución confirma que nuestro Señor insiste que debemos "temer a Dios," y que ese
principio es sumamente crucial para nuestra salvación.
El sentido común nos dice que el temor debe venir primero, porque la obediencia que el "temor"
nos trae, es lo que nos saca de lo telestial. Pero se me ocurrió que el saber a quién hablaba Cristo cuando
enseñaba que debemos temerlo, y a quién hablaba cuando enseñaba que debemos amarlo, nos ayudaría
a confirmar eso.
Descarté la Perla de Gran Precio, porque las siete veces que la palabra "temer" se usa en ese libro
no se refiere a "temer a Dios." Pero comparando el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, el Libro

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de Mormón, y Doctrina y Convenios, obtuve el porcentaje de "temor" a "amor" en cada uno de esos
libros. Estos son los resultados:

"Temor a Dios" Amor a Dios


Antiguo Testamento 138 73% 51 27%
Nuevo Testamento 34 62% 21 38%
Libro de Mormón 29 74% 10 26%
Doctrina y Convenios 3 14% 18 86%
Total 204 67% 100 33%
Pero pensé que, porque esos cuatro libros no tienen el mismo número de páginas, o la misma
cantidad de palabras por página, esos porcentajes tal vez no signifiquen mucho. Así que, por pura
curiosidad, calculé el promedio de veces que el concepto "temer a Dios" aparece en cada libro.
Número de "Temer a Dios"
Páginas Veces por libro Una vez por cada
AT 872 138 6 páginas
NT 282 34 8 páginas
LdeM 642 29 22 páginas
DyC 343 3 170 páginas
La primera tabla nos dice claramente que nuestro Padre Celestial quiere que nosotros, sus hijos e hijas,
sepamos que debemos temerlo. Por cada vez que el Señor habla de amor, dos veces menciona que debemos
"temer a Dios."
La segunda y tercera tablas nos dicen que los pueblos del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento, y del
Libro de Mormón reciben ese mismo mensaje, más o menos en la misma proporción. Pero no es así cuando habla
a los primeros miembros de nuestra dispensación. A estos, les manda mucho más amor.
Al tratar de entender esa discrepancia, esto se me ocurre: los pueblos del Antiguo Testamento duraron
unos 4004 años, los pueblos del Libro de Mormón duraron poco más de mil años, y los dos pasaron por
muchas apostasías. Los conversos de los discípulos de Cristo no duraron muchos años, pero, leyendo las
epístolas de Pablo, sabemos que, desde el comienzo, sufrieron de aposta-sía. Así, no es sorprendente que
nuestro Señor tenía que recomendarles a todos ellos que "temieran" a Dios.
Doctrina y Convenios es muy distinto. No se concierne con la larga o corta historia de un pueblo. Ese
libro es un libro de revelaciones dadas por Cristo al profeta de un pueblo fiel, entre 1823 y 1847 (durante unos
24 años).
Durante ese tiempo, la iglesia era nueva y vigorosa. Los miembros no eran perfectos, pero los que se
quedaban dentro de la iglesia hadan tantos sacrificios que obviamente, todos querían complacer a Dios. Por él
habían dejado sus hogares, sacrificado sus bienes, y demostrado que estaban listos para afrontar persecuciones
y dar sus vidas por el evangelio. No se necesitaba que el Señor les recordará que, antes de todo, debían temer
a Dios. Estaban constantemente demostrando su lealtad a Dios y a su nueva dispensación.
Todo eso nos permite concluir que a menos que estemos totalmente dedicados al evangelio, y listos para

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sacrificar el todo por Dios y su iglesia, todavía necesitamos oír el mensaje de que debemos "temer a Dios."
POR MEDIO DE LAS ESCRITURAS,, NUESTRO SEÑOR Nos ENSEÑA
QUE AL "TEMER A Dios," MÁS FÁCILMENTE GANAREMOS
EXALTACIÓN
Sabemos que no recibimos vanos mandamientos . Cada mandamiento tiene, como propósito, el
salvarnos.
1.El "temer a Dios" es un mandamiento que todos debemos oír
Nuestro Señor Jesucristo, por medio de sus profetas, nos informa que todos, en este mundo,
debemos saber que nuestro Padre Celestial espera que lo "temamos."
Debemos "temer a Dios" porque es un mandamiento. (Ecle 12:13; Sal 96:9; 102:15; Isa 8:13)
Debemos enseñar el "temer a Dios"
A nuestros hijos e hijas (Deut 4:10; 31:13; Sal 34:11)
A todos los pueblos de la tierra (Deut 31:12; Josué 4:24; 1 Rey 8:40,43)
para que "teman a Dios" y obedezcan sus mandamientos. (Deut 31:12)
2. El "temer a Dios " nos bendice y nos salva
El "temer a Dios" nos ayuda a perfeccionarnos
Nos perfecciona y nos limpia de nuestros pecados. (2Cor 7:1)
Nos perfecciona y así ganamos exaltación (Lucas 1:50)
Nos ayuda a ser más justos, y a recibir más gloria. (Enos 1:23)
El "temer a Dios" nos trae maravillosas bendiciones
Hace que las iglesias crezcan, fortalecidas por el Espíritu Santo (Hech 9:31)
Trae unión y amor entre los santos (Heb 13:16; 2Cor 7:15)
Trae muchas maravillas y señales (Hech 2:43)
Y trae salvación (Filip 2:12)
El ver la Segunda Venida de nuestro Señor (DyC 45:39; 88:1)
El "temer a Dios" nos lleva a respetar y amar a Dios
Magnificar al nombre del Señor Jesús (Hech 19:17)
Santificar al Señor. (2Ne 18:13; 27:34)
Entonces, las potencias de los cielos son conmovidas (Lucas 21:26)
3.El "temer a Dios, "más que nada, quiere decir que nos estamos preparan
do para el Juicio Final
La mayor prueba que el mandamiento de "temer a Dios" es uno de los mandamientos más
importantes en las escrituras, para nuestra salvación, es que Satanás enseña exactamente lo opuesto. El
tema de los anticristos que Satanás ha mandado a los Nefitas (Alma 1:4; 30:17-18) y los que va a mandar
en nuestros últimos días (2Ne 28:7-9) nos quiere convencer que no hay nada que temer porque no habrá
juicio final.
En las escrituras, Cristo y sus profetas nos dejan sin duda alguna de que, si no obramos nuestra
salvación con temor y temblor, durante el tiempo de nuestra probación aquí en la tierra, temeremos y
temblaremos al día del Juicio Final. (1 Ne 22:23; 2Ne 9:46; 12:19; Apoc 11:18; 14:7; 15:4; DyC 133:38)
El "temer a Dios" nos hace aceptar el inmutable hecho que, en el juicio final, seremos juzgados

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por nuestros actos, sean buenos o malos.
Lo que nuestro Padre Celestial quiere, es que nosotros establezcamos un sistema de alarma, una
conexión rápida y constante, entre lo que hacemos y una campanita en nuestro cerebro. Y esa campanita
nos recordaría que Dios, Cristo, y los ángeles están mirando en nuestro corazón, y reportándolo todo en
nuestro libro de la vida. Y ese libro de la vida se abrirá el día que nos llamen frente en el Juicio Final.
¡Un sistema de alarma de ese tipo sería tan útil para todos nosotros! Cuando le gritamos a
nuestros hijos o hijas, o maltratamos a nuestra esposa o esposo, podríamos recordar que ellos son nuestros
hermanos y hermanas espirituales y que, si fuimos muy duros y no nos arrepentimos, podrán testificar en
contra nuestra, al juicio final.
Cuando nos peleamos con alguien y no queremos perdonarlos por un año entero, o más, nos
podríamos acordar que si no nos sacamos el resentimiento del corazón, no podremos entrar donde
Cristo mora.
Cuando dejamos de atender nuestras reuniones por un tiempo, podríamos ensayar un diálogo
que iría algo así:
El ángel acusador: Veo aquí que dejó de ir a la iglesia después de oír un discurso dado por hermana
Tal y Tal Nosotros: ¡Oh, sí! ¡Y nunca volví! ¡Me sentí muy ofendida ese día! El ángel acusador:
¿Ooooooooh?"
Ese mismo sistema de alarma podría también ser sumamente útil cuando nos contentamos con
atender nuestras reuniones, sin tratar de hacer mucho más que estar allí todos los domingos. Es para
casos de esos que Pedro, con gran sabiduría, nos dice que, sabiendo que seremos juzgados por un Dios
que trata a todos con completa justicia, nos conviene conducirnos con temor durante nuestra prueba
terrenal. (1Pe 1:17) Porque a veces, nos quedamos dormidos y pasan los años, y podría ser demasiado
tarde. (Heb4:1)
Un buen sistema de alarma podría hacer la diferencia, para muchos de nosotros, entre la vida
eterna, y una temporadita en el infierno, y luego lo terrestre, o acaso, lo telestial.
4. Dos Experiencias Personales
Aquí me gustaría relatar dos experiencias personales que me convencieron, hace unos años, que
debemos pasar un buen tiempo de nuestra vida "temiendo" a Dios, porque sin "temer a Dios," no
avanzamos mucho espiritual-mente. Y a veces podemos creer que estamos en el camino a lo celestial,
cuando apenas estamos en lo terrestre o aun en lo telestial.
a. Lina experiencia profesional
Una vez, trabajé profesionalmente con un grupo de jóvenes que estaban envueltos en un pecado
telestial. Profesaban estar en el proceso de dejar ese pecado, aunque admitían que todavía no lo habían
logrado. De vez en cuando, daban su testimonio del amor que Dios les ofrecía cada vez que oraban.
Aunque me alegraba del hecho que seguían comunicándose con Dios, siempre trataba de recordarles
que Dios bendice a los obedientes. Eso no les gustaba mucho, y trataban de convencerme que Dios ama
aun a los pecadores y que su amor es incondicional. Eso será cierto, pero ni Dios puede salvar a los
pecadores en sus pecados si no se arrepienten. (Alma 42:13)
Lo que sé por cierto es que, el sentirse amado de Dios y de Cristo no ayudaba a esos jóvenes a
dejar el pecado. Seguían pecando.
Eso me lleva a pensar que en la vida diaria, así como en el evangelio, existe un principio eterno: el

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respeto viene primero, y cuando viene el amor, ese amor puede perdurar. Donde no se respeta, no hay
verdadero amor. A veces vemos esposos que no respetan a sus esposas, ¿pueden acaso amarlas? Vemos
jóvenes que no respetan a sus padres, ¿acaso los aman? Eso es muy dudoso. Y al estudiar ese tema,
vemos que eso es un principio que nuestro Padre Celestial nos quiere enseñar: primero, respeten,
entonces, pueden amar.
Este segundo caso es muy personal. Y puedo testificar que, al no "temer a Dios," malgasté,
espiritualmente, unos veinte años de mi vida. Y fue solamente después de darme cuenta del poder de
Dios y de la necesidad de "temerlo" que pude empezar a hacer cambios que finalmente me ayudaron a
moverme hacia una vida más celestial.
b. Una experiencia muy personal: mi tercera conversión
Mi "primera" conversión tomó lugar, durante mi niñez y juventud (fui bautizada a los ocho
años) cuando poco a poco desarrollé un fuerte testimonio y una gran dependencia en Dios el Padre.
Mi "segunda" conversión vino al comienzo de mi misión en Uruguay, al estudiar el gran plan de
salvación. Fue entonces que entendí que el mismo evangelio revelado en cada una de las siete
dispensaciones, fue exactamente el mismo evangelio que fue dado a nuestro Profeta José Smith. Este
entendimiento reforzó mi testimonio de que nuestra Iglesia era la única iglesia verdadera y restaurada, y
que representaba el evangelio entero y puro de Cristo.
Por años después de eso, sin preocuparme mucho de complacer (o "temer" a Dios) gocé de una
existencia terrestre relativamente tranquila.
Mi "tercera" conversión no vino de una manera tan calmada. Ya había usado veinte años
dedicados a prepararme y practicar mi profesión. Estaba satisfecha. Pensaba que todo iba bien en mi vida,
y no tenía mayor deseo de progresar espiritualmente. Había sido muy activa en la iglesia, y siempre
había evitado el ser telestial. Pero no había sentido "temor" a Dios y por eso no había prestado mayor
atención a algunos de sus mandamientos, por ejemplo, el mandamiento de leer las escrituras.
Ahora recuerdo, con algo de vergüenza, que un día, una de nuestras hijas me preguntó ¿qué es lo
que teníamos que hacer para ganar la exaltación? Pensé, y con algo de seguridad, le dije que, si seguimos
atendiendo nuestras reuniones cada domingo, si hacemos lo que podemos para vivir justamente, si
pagamos nuestros diezmos y ofrendas, si oramos, si vamos al templo, y como buena gente ayudamos a
otros, nos aceptarán en el reino celestial. Pero me alegro tener que reportar que, poco después de ese
evento, muy de pronto, aprendí a "temer a Dios." Al cambiar de opinión, me arrepentí de mi contestación
superficial, el producto de pura ignorancia. Y espero que esa respuesta tan vacía, nunca sea mencionada en
mi juicio final.
Afortunadamente, Dios me amaba, y poco después de ese evento, me mandó unas pruebas muy
penosas que me hicieron reconsiderar toda mi relación con él. Primero, traté de resolver mis problemas
usando mi conocimiento terrestre. Pero cuando eso también me falló, lo que hice fue leer mi
bendición patriarcal de nuevo, verificando que había recibido la promesa de tantas bendiciones, que
apenas podría contenerlas. Ahí fue cuando fui a reclamarle a Dios.
Supongo que su contestación fue muy clara: YO debía cambiar, porque me arrepentí y en
seguida empecé a estudiar las escríturas, cada mañana, por una hora, empezando con La Perla de
Gran Precio
Más y más me di cuenta que, hasta entonces, no había "temido" a Dios, y por eso, no había
tomado sus mandamientos muy seriamente. De hecho, había escogido esmeradamente de entre todos

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los mandamientos mencionados en la iglesia, en discursos y lecciones, los que yo iba a adoptar y ios
que pasaría por alto. Pero ahora, al leer las escrituras, estaba empezando a ver que Dios requiere de
nosotros muchas cosas que no son típica y claramente enseñadas en nuestra casa o en la iglesia. Y me di
cuenta de cuanto tiempo había perdido.
Al comienzo, traté de vivir los mandamientos más cuidadosamente y más completamente que
antes. Debo admitir que muchos de esos cambios eran más bien cosméticos y relacionados a pecados
de omisión. Por sí solos, no me habrían traído salvación. Pero al menos, cumpliendo con mis sinceros
deseos de hacer las cosas mejor, testifiqué a Dios y a mí misma que mis esfuerzos eran reales. Ya no
arremangué las manguitas de mis "garments," cuando hacía calor. Dejé totalmente de tomar Coca
Cola. Me cuidé de ser más seriamente honesta con mis semejantes. Hice lo posible por no enojarme
cuando las cosas andaban mal. Como siempre, cada domingo asistía a mis reuniones, pero ahora me
sentaba y escuchaba todos los discursos y todas las lecciones, sin tratar de escapar soñando de otras
cosas. Oré durante el Sacramento, tratando de ver lo que debía cambiar en mi vida o pensando en el
sacrificio infinito de nuestro Señor, y, más tarde, expresando mi gran deseo de obtener mi santificación.
Empecé a ayunar las veinticuatros horas en lugar de sólo el desayuno. Mis oraciones personales se
alargaron mucho, y ayuné para sentir el Espíritu y sentir que mis palabras subían más allá del cielo raso
y lo alcanzaban personalmente a él. Además trate de consultar con él mucho más a menudo durante el
día, pidiendo por su ayuda en mucho más cosas, y para saber su voluntad. Quería entender mejor lo que
Dios quería de mí para poder complacerlo. Pronto, fui guiada a preocuparme por la salvación de otros.
Así, empecé a hacer genealogía, a asistir al templo más a menudo, y a ayudar a otros con sus problemas.
Es que ya me había dado cuenta, estudiando las escrituras, que había montones de expectativas de
parte de Dios que ni siquiera conocía. Empecé a visualizar que no era suficiente ser simplemente un fiel
miembro de la iglesia. Me di cuenta que el compararme favorablemente con mis vecinos que ni
siquiera conocían el evangelio, no impresionaría ni a los ángeles. Lo que Dios requería de mí era un
cambio de corazón. Era cambiar mi naturaleza natural, tratando de pensar, sentir, y hacer como Cristo lo
hizo aquí en la tierra. Al leer las escrituras, me di cuenta que además de complacer a Dios el Padre,
también debía trabajar con Cristo y con el Espíritu Santo, porque no podía salvarme sin envolverlos
en mi vida.
Al principio, todas esas expectativas me parecían algo vagas, hasta que, en su bondad, el Señor
me mandó una maravillosa hermana de mi barrio quien, como mi mentora, me mandó leer las
escrituras enfocando los que nos llevan a la salvación. Ella me mandó leer escrituras específicas que me
ayudaron a entender la Doctrina de Cristo. (2Ne caps. 31-32) Y poco a poco, empecé a ver que
existían pasos, escalones que nos llevan a la exaltación. Ella fue la que me dio un entendimiento de
como el Espíritu Santo tiene el poder de santificarnos, y eventualmente, de sellarnos para obtener
nuestra vocación y elección segura.
Para concluir, ésa fue, para mí, una conversión mayor. Y nuevas conversiones siguen viniendo.
Pero ésta, mi tercera conversión es la que me ha traído muchísimo gozo al abrirme un nuevo horizonte,
un horizonte sin fin, un horizonte que, espero, me pueda llevar a la morada de Cristo y de los justos. Y
todo eso empezó cuando me di cuenta que debía "temer a Dios."
5. Cuando el temor se vuelve amor
Al escudriñar las escrituras sobre el "temer a Dios," encontramos una vez más que nuestro Padre
Celestial quiere que sigamos creciendo todo el tiempo. Cada vez que alcanzamos un escalón, nos da una
visión de otro escalón que nos lleva aun más cerca a la exaltación. Así es como, paso a paso, escalamos
nuestro monte a la exaltación

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No hay duda alguna que él quiere que le "temamos." Quiere que nuestro sistema de alarma nos
recuerde en todo momento, que Dios y sus ángeles están siempre presentes, y que tendremos "que rendir
cuentas de todo lo que hacemos en nuestra vida. Pero una vez que el sistema trabaja bien, quiere que
escalemos otro paso y que, sin perder de ninguna manera nuestro respeto por él, sigamos obedeciendo sus
mandamientos, y que lo amemos.
Así Jehová enseña a Israel:
Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus
caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma... PfDeut 10:12)
Ahora podemos ver como pasamos del temor de Dios al amor de Dios
Del temor a la obediencia
Al temer a Dios, guardamos sus mandamientos, escuchamos su voz, lo seguimos y lo servimos.
(Deut 13:4)
Poco a poco, nuestro temor a Dios llega a ser odio y temor del mal (Prov 8:13; Hel 15:9; 3Ne 1:18;
3:16,25)
De la obediencia a la sabiduría
El temor es el comienzo de la sabiduría y del apartarse del mal. (Job 28:28;Sal 111:10;
Prov9:10; 3:7; 15:33)
Es sabiduría y el comienzo de nuestro conocimiento y entendimiento de Dios. (Prov 9:10; 2:5;
1:7; Isa 11:2-3)
Y la sabiduría y ese conocimiento nos traerá a la salvación. (Isa 33:6)
De la sabiduría a la esperanza en la redención
Los que tememos a Jehová reconocemos su misericordia (Sal 118:4; 147:11; Lucas 1:50;
12:32) porque creemos en las promesas de la redención. (2Cor 7:1)
Si tememos a Dios y somos justos, ya no tenemos que tener miedo, porque el Señor nos
promete salvación (Prov 14:26-27; 1 Pe 3:15; DyC 10:55; 35:27; 38:15; 50:41 -42; 76:5)
De la esperanza en la redención, al saber que somos dignos...
Entonces, el temor se vuelve amor
José Smith, en Discursos sobre la Fe, dice que todos necesitamos tres cosas para poder ejercer
fe en Dios para vida y salvación:
•La idea que Dios verdaderamente existe
•Una idea correcta de su carácter, perfección, y atributos
•Un conocimiento verdadero de que la dirección que lleva su vida está de acuerdo con la
voluntad de Dios (DsF pp. 49-50)
Parece que es el saber que estamos bien con Dios lo que nos da una "confianza en la presencia de
Dios" (DyC 121:45-46), una confianza que nos permite modificar nuestro "temor" en una confianza, una
fe, y un amor que salvan. Nuestro Padre Celestial y nosotros sabemos que, en ese nivel, no vamos a dejar
de respetarlo y darle honor. Pero es tiempo para enfocarnos en el amor que existe entre Dios y nosotros.
Por eso Cristo nos enseña que:

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Deja también que tus entrañas se llenen de caridad para con todos los hombres, y para con los de la
familia de la fe, y deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente;entonces tu confianza se
fortalecerá en la presencia de Dios/y/a doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo. El
Espíritu Santo será tu compañero constante, y tu cetro, un cetro inmutable de justicia y de verdad; y tu dominio será
un dominio eterno, y sin ser competido fluirá hacia ti para siempre jamás. (DyCí21:45-46)
En otras palabras, cuando llegamos a un cierto nivel de perfección, alcanzando caridad, virtud, y
confianza con Dios, obtendremos la vida eterna. Y con la salvación, recibiremos palabras de amor de
nuestro Padre Celestial. (DyC 6:34-37; 35:26-27)
Con más confianza de que Dios nos ama, sentimos que nuestro Padre Celestial seguirá
bendiciéndonos.
Sintiendo el amor de Dios, ya no tenemos que temer a nuestros enemigos
Nuestro Señor nos dice muchas veces de ya no temer y de ser más fuertes porque el Señor
vendrá y nos ayudará (Isa 41:10; 41:13-14; 44:2,8) Nos protegerá (54:4,14; Zac 8:13)
Peleará nuestras batallas (Isa 59:19) y nos vengará (Isa 35:4) Nuestro Señor dice: No temas, te
oigo (Gen 21:17; Deut 31:8; Jue 6:23; Hageo 2:5; JSTMateo 10:27)
No temas, te salvaré de tus enemigos (Gen 15:1; Éx 14:13; Núm 14:9; Deut 3:2; Josué 8:1 ;2Rey
6:16; Sal 27:3) Te bendeciré (Gen 26:24; 46:3; Sal 23:4)
No temas a los hombres (2Ne 8:7; Moro 8:16; DyC 60:2-3; 122:9; JSTIsa 51:7 Pero para cesar de
temer, debemos estar completamente seguros que estamos bien con Dios
Mientras no tenemos completa seguridad que estamos bien con Dios, teme-mos. (Sah 19:120; 2Co
7:11,15; Heb4:1; Éter 3:6; Alma 58:9; 60:;14;Mos4:1)
Sin embargo, al final, el amor perfecto del Señor, desecha todo temor
Al final, el perfecto amor echa fuera el temor, o el que teme no ha sido perfeccionado en el
amor (Uuan 4:18) Porque el amor perfecto desecha todo temor (Moro 8:16) Entonces podemos
demostrar todo nuestro amor hacia el Señor (Rom 8:15) Y el Señor puede demostrar todo su amor hacia
los que lo aman (DyC 121:45-46; 6:34-37; 35:26-27; Mateo 10:31; 2Tim 1:7)

Así vemos que, primero, nuestro Padre Celestial espera que le temamos y respetemos.
Y sabe que,cuando llegamos a saber en lo más profundo de nuestro ser, que él
aprueba lo que hacemos y lo quesomos, nosotros le tendremos completa confianza. Y
nos sentiremos amados de él y lo amaremos.

Pero, antes de que esta relación esté totalmente establecida entre Dios y nosotros, él nos prueba...
hasta la muerte. Y cuando demostramos que sí somos dignos de su confianza, obtenemos la vida eterna.
Nos quiere probar en todas las cosas para ver si guardamos sus convenios hasta la muerte. Si no,
no somos dignos. (DyC 98:14)
Debemos ser disciplinados y probados, así como Abraham a quien se le mandó ofrecer a su único
hijo (DyC 101:4)
Es preciso que seamos probados en todas las cosas, a fin de que estemos preparados para recibir

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la gloria que él tiene para nosotros, la gloria de Sión. Pero el que no aguanta el castigo, no es digno
de su reino. (DyC 136:31)
El espera que nosotros le probemos que somos fieles en todas las cosas que nos manda. Así nos
puede bendecir y coronar con honra, inmortalidad y vida eterna. (DyC 124:55)
El Señor nos dice: Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida (Apoc2:10)
Dios sabe que él puede glorificar a los que le obedecen, y que no puede glorificar a los que no
lo hacen. Y sabe que los que empiezan a obedecer por "temor a Dios," eventualmente obedecerán
por amor.
EL TRINOMIO DE LA OBEDIENCIA
El Señor muchas veces nos enseña por medio de trinomios que expresan tres etapas en nuestro
crecimiento espiritual. Por ejemplo,
•La ley telestial, la ley terrestre, la ley celestial (DyC 88:22-24)
•Arrepentimiento, bautismo, don del Espíritu Santo
•Fe, esperanza, caridad
•Justificación, santificación, y la palabra profética más segura
En el curso de este estudio, me pregunté si posiblemente podría haber una tercera etapa, después
de obedecer, primero, por "temor a Dios," y entonces, por "amor a Dios." Y finalmente encontré esa
tercera razón para obedecer, al leer la oración de intercesión ofrecida por Cristo, poco antes de su arresto
y muerte. Esa tercera razón es el ser uno con Dios.
En esa oración, Jesús presenta su reporte a nuestro Padre Celestial, en cuanto a su mayordomía
sobre sus discípulos. El Señor ora diciendo que ha acabado su obra con ellos, y que ninguno de ellos se
perdió... con la excepción de Judas, el hijo de perdición. (Juan 17:4-12) Ahora sus discípulos son uno
entre sí, como él y su Padre son uno. (Juan 17:19-23) Y ahora los discípulos también son uno con Cristo y
con Dios el Padre. Y por eso les obedecen, porque solamente quieren lo que Dios quiere.
Algo similar ocurrió con Nefi, el hijo de Helamán, cuando recibió el poder de sellar todo en la
tierra y en los cielos... porque, dice el Señor, "tú no pedirás lo que sea contrario a mi voluntad." (Hel
10:5-10) Cuando llegamos al punto de solamente querer lo que Dios quiere, no solamente obtenemos
exaltación, sino que como Cristo, tenemos el poder de salvar a muchos otros.
Ahora podemos agregar este trinomio en la lista de trinomios nombra dos en las escrituras:

Obedecer por"temor" a Dios


Obedecer por"amor" a Dios
Obedecer por'ser uno" con Dios
Así, podemos concluir que, al comienzo, es en el proceso de "temer a Dios," que el Señor nos hace
saber lo que debemos cambiar para ser aceptables en círculos celestiales. Al acostumbrarnos a consultar
con Dios casi automáticamente sobre lo que hacemos diariamente, nuestra relación con él cambia. El
temor desaparece para transformarse en amor. Ahora hacemos la voluntad de Dios porque lo amamos,
y no queremos ofenderlo.
Y eventualmente, al querer más y más hacer la voluntad de Dios, entendemos más y más como él
piensa y siente, y nos hacemos más y más como él. Eventualmente, llegamos a ser uno con Dios, y

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obedecemos porque solamente queremos lo que él quiere. Y heredamos la vida eterna.
Tercero. Debemos hacernos parte del pueblo de nuestro
Señor, un pueblo "peculiar"
Tan pronto como tratamos de vivir según los mandamientos de Dios, nuestro Señor nos considera
SU pueblo, "un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra." (Deut 7:6)
Sabemos que, en la vida pre-mortal, hubo buenas, nobles y grandes almas, y que Dios las
seleccionó para ser sus gobernantes. (Abr 3:22-23; Deut 10:15; 14:2) Nosotros, los que fuimos guiados a
aceptar el evangelio de Dios, fuimos parte de ese grupo. Antes del diluvio, vinimos en el linaje de los
patriarcas. Después del diluvio, vinimos entre el pueblo de Israel, separados del resto del mundo (Lev
20:26), porque desde el comienzo pertenecíamos a nuestro Señor. (Sal 135:4)
Ahora, en los últimos días, casi todos nosotros los miembros de la iglesia, pertenecemos al linaje de
Efraín o al linaje de Manases. Por eso, al bautizarnos, automáticamente somos del pueblo de Israel, el
pueblo amado de Dios. (Isaías 41:8) Y somos muy especiales. Venimos en un linaje escogido, formando
un real sacerdocio, una nación santa, con la responsabilidad de representar a Dios en este mundo. (1Pe
2:9)
Por eso tenemos que guardar sus mandamientos (Deut 26:18; 2Ne 1:19) y nuestros convenios con
él. (Ex 19:5) Tenemos que purificarnos y servir a otros (Tito 2:14; DyC 100:16), y ser la sal de la tierra
y una luz para las naciones. (DyC 86:11; 101:39; 115:5)
Lo más interesante para mí es el nombre que se usa siete veces, en Inglés, para describir ese
pueblo al cual pertenecemos. En Inglés, las escrituras usan la palabra peculiar, un pueblo peculiar. En
ambos lenguajes, peculiar tiene el mismo significado y más o menos la misma implicación. Si somos
peculiares es porque somos distintos, únicos, y tal vez un poco raros. Es que, en tanto que nuestra lealtad
es primeramente con Dios, no nos acomodamos tan bien al mundo. Me gusta esa implicación. El ser
"especial" o "único" no me parece bastante especial o único. Prefiero ser parte de un pueblo peculiar,
parte de los pocos quienes, en esta tierra, ya no quieren complacer al mundo. Quieren una relación
mucho más cercana con Dios y con su Hijo, desean más que todo complacer a nuestro Padre Celestial, y
ganar sus bendiciones y protección aquí en la tierra, así como obtener un futuro eterno y glorioso con
ellos, del otro lado.
De la misma manera, queremos sentirnos uno con todos los demás miembros de la iglesia.
Queremos regocijarnos por sus éxitos, por sus logros. Queremos sentirnos uno y alabados cuando
cualquiera de nuestros miembros sobresale en la música, el arte, el estudio, la ciencia, aun en el negocio
honesto. Queremos sentirnos uno cuando cumplimos con el convenio que hicimos en las aguas del
bautismo, de llorar uno con otro, y de llevar sus cargas para que sean ligeras, testificando de Dios (Mos
18:8-9) y enseñándonos mutuamente. (DyC 42:12; 68:25-28; 88:77-78) Queremos sentirnos uno y
demostrar nuestro amor cuando las hermanas nos visitan para la Sociedad de Socorro, y cuando el
sacerdocio visita a familias, demostrando su interés para su bienestar. Queremos sentirnos uno cuando
nos encontramos en la calle, en nuestras reuniones, o en una fiesta secular, donde podemos demostrar
nuestro placer y amor al relacionarnos de una manera distinta, sana y sobria. Y en el proceso, nos
sentimos hermanos y hermanas en la fe, un grupo peculiar, distinto del resto del mundo, sin orgullo y
sin pretensión, amigos eternos en quienes podemos confiar y a quienes podemos amar para toda la
eternidad. Al identificarnos con ese pueblo peculiar, ese pueblo de Dios, pasamos de lo telestial a lo
terrestre, porque aceptamos la autoridad divina del Padre y del Hijo, y nos comprometemos a obedecer
sus mandamientos. Y eso es lo que nos diferencia de los telestiales.

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Resumen

La conversión es un proceso que dura toda una vida. Por eso, no podemos decir que el bautizarnos,
automáticamente nos coloca en lo terrestre.
Primero, tenemos que acomodarnos sólidamente dentro de la organización y cultura de nuestra
iglesia y aprender lo que allí se piensa, se siente, y se hace.
Segundo, las escrituras enseñan que debemos "temer a Dios," reconociendo su poder y aceptando
la clara conexión entre nuestros actos y el juicio final. En su debido tiempo, establecemos una relación
más intima con Dios. Entonces, obedecemos porque queremos sentir su amor, y reforzar nuestra
dependencia espiritual de él. Por eso, no nos atrevemos a salimos del camino recto y ofender a nuestro
Señor. Y eventualmente, obedecemos porque nuestra conversión nos lleva a pensar, sentir como él, y
querer exactamente lo que él quiere, porque "somos uno con él."
Tercero, tenemos que identificarnos y vernos como un pueblo peculiar un pueblo especial, un
pueblo amado de Dios, un pueblo que recibe, acepta y vive los mandamientos de Dios.
En el Capítulo 10, vamos a continuar ese tema, y encontraremos que para asentarnos
sólidamente dentro de lo terrestre, debemos seguir cambiando. Necesitamos aprender a obedecer más
estrictamente los Diez Mandamientos y la ley de Moisés, así como abandonar las falsas tradiciones de
nuestros padres.

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CAPÍTULO 10
Haciéndonos Santos
de los Ultimos Días.
Parte 2

E ste capítulo sigue con el tema del capítulo anterior. Estamos tratando de entender lo que
necesitamos hacer para realmente salimos de lo telestial. Ya hemos revisado el Plan de
Salvación, la tendencia de los seres humanos de dejarse llevar a lo telestial, a causa de nuestro hombre y
mujer naturales. Vimos el gran poder de nuestro Padre Celestial, de Cristo, y del Espíritu Santo quienes
han dirigido el trabajo de probar a todos nosotros, los hijos e hijos de Dios. Estos son los últimos días,
durante los cuales, Dios ha asignado a nuestra dispensación la obra de recoger a Israel, para la Segunda
Venida de Cristo. Estudiamos el recogimiento de Israel, o sea el convertir y bautizar a nuevos
miembros de la iglesia, ahora especialmente de entre las tribus de Efraín y de Manases, y muy pronto,
de las demás tribus de Israel. Hemos visto que el salirse del mundo telestial a lo terrestre puede ser
extremadamente difícil y penoso para algunos conversos.
Ahora, estamos usando las escrituras para identificar los requisitos para salir de lo telestial y
acomodarnos dentro de lo terrestre. En el capítulo 9, examinamos el proceso de acomodarnos dentro de
la iglesia, el aprender a "temer a Dios," y el identificarnos con el Pueblo Peculiar de Dios.
En este capítulo, introducimos tres más cambios que necesitamos considerar, si de veras queremos
que nuestra familia deje completamente atrás lo telestial. Necesitamos seriamente estudiar y entender,
para poder observar más estrictamente los Diez Mandamientos así como la Ley de Moisés. También
necesitamos identificar las tradiciones que aprendimos en el hogar de nuestros padres, y evaluarlas en
términos del evangelio, y de las escrituras. Si esas tradiciones no reflejan el evangelio puro de Cristo,
fueron introducidas por Satanás, y simplemente son falsas. Necesitamos saber eso, para no dejar que
esas falsedades controlen nuestras vidas y traigan penas a nuestra familia. Y necesitamos modificarlas, o
rechazarlas, porque bien podrían arruinar nuestra salvación.
Cuarto: debemos observar tan estrictamente como
podamos, los Diez Mandamientos
Hasta que nos comprometamos firmemente a obedecer a Dios, todos nosotros violamos algunos de
los Diez Mandamientos. (Ex cap. 20; Deut cap. 5) Y así es como muchos de nosotros guardamos un pie
en lo telestial.
1. Un Solo Dios
No imagen de Dios. Las autoridades generales, muy a menudo, nos han recordado que es bastante
fácil reemplazar a nuestro Padre Celestial con el dios del dinero, o del prestigio, o del orgullo, y con
montones de símbolos e imágenes que acompañan el éxito o las posiciones sociales. También es fácil
reemplazar nuestro Dios Eterno con el dios de los deportes, el dios del negocio, o el dios de la familia
extendida, o el dios de los amigos, o lo que sea. Esos "dioses" pueden llegar a ser el centro de nuestra

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vida, y hacernos pensar que son los que nos proveen con una posición, o estatus de gran importancia... en
este mundo. Y si de veras nos interesan esas cosas más que nuestro Padre Eterno, no podemos evitar el
violar algunos de sus mandamientos.
2. No tomar el nombre de Dios y de Jesucristo en vano
Sabemos que no debemos tomar el nombre de Dios en vano... Pero muchos encontramos excusas
para blasfemar cuando nos lastimamos, o cuando nos enojamos con alguien, o cuando queremos agradar
al público... con la esperanza que Dios nos perdonará.
3. Guardar el día de reposo para santificarlo
Yo todavía me acuerdo del tiempo cuando vendedores colocaban su mercancía, cada domingo, al
frente de nuestras capillas para vender comida y golosinas a los niños. Y clientes tenían por montón.
Ya eso se acabó. Pero si ahora se nos olvida llenar el tanque de gasolina del carro, o comprar pan, o si
solamente el domingo nuestro esposo puede acompañarnos al mercado, o si hay una venta especial en
una tienda, o si hay un partido de fútbol... pues tal vez podemos faltar a la iglesia, o paramos ahí,
después de nuestras reuniones del domingo. Pero el quebrar ese mandamiento, por fuerza hace que
otros también tienen que quebrarlo. Y así ese pecado se extiende, y toda una nación puede olvidarse
de respetar el día del Señor.
4. Honrar a nuestros padres
Muchos somos muy buenos con nuestros padres. Los visitamos y les traemos cosas. Pero algunos
de nuestros líderes nos recuerdan que ese mandamiento incluye traerles honor. Ahí a veces fallamos.
Traerles honor quiere decir que completamos nuestros estudios para aprender una profesión decente.
Significa que sabemos buscar y guardar buenos empleos. Quiere decir ser buenos ciudadanos y buenos
vecinos. Sobre todo, quiere decir tomar responsabilidad por nosotros mismos y por nuestra nueva
familia. Significa hacer nuestra esposa (o esposo) y nuestros niños felices y confortables, eso es amados,
protegidos, y relativamente tranquilos con un futuro mayormente seguro.
Encima de todo, quiere decir que tomamos seriamente el mandamiento de enseñar (y de
ejemplificar) el evangelio, para que nuestros descendientes estén presentes, limpios y puros, para recibir
nuestro Señor a su Segunda Venida. Así, cuando empieza el Milenio, el linaje nuestro, el linaje de
nuestros padres, podrá establecer una dinastía justa, como la de Adán, antes del diluvio, o como la de
Alma, en el Libro de Mormón.
5. El no matar
El no cometer adulterio
Supongo que no tenemos mucha razón de suponer que, después de haber aceptado al evangelio, un
miembro activo de nuestra iglesia pueda matar a alguien. En cambio, el adulterio ocurre aun entre
miembros que han tomado convenios de pureza moral en el templo. Pero Alma enseña a su hijo,
Coriantón, que la fornicación (como el adulterio) es una abominación a los ojos del Señor, aun más
abominable que todos los pecados, salvo el derramar sangre ¡nocente o el negar al Espíritu Santo. (Alma
39:5) El cometer ese pecado nos deja solamente a un pasito más arriba de los hijos de perdición.
6. El no robar
En cambio, existen tantas maneras y oportunidades de robar, y tantas cosas ajenas que tomar, que
muchos de nosotros participamos en eso como si no fuera pecado. Típicamente, no nos robamos un
millón, pero sí, "encontramos" cosas; una moneda aquí o allá, o un libro que alguien perdió. 0

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recogemos una pluma en un negocio, o una chaqueta que no nos pertenece. No devolvemos el cambio que
nos favorece. 0 no devolvemos el dinero que alguien nos prestó. 0 dejamos que nuestros hijos e hijas
corran por todo el mercado, comiéndose una uva aquí, o una golosina allá. Y así, dejamos de tener o de
enseñar la integridad que nuestro Señor exige de los que reclaman ser Santos de los últimos días.
7. No falso testimonio
¿Qué de los chismes? Pocos somos los que nos disciplinamos para no repetir cosas negativas de
otros miembros, o vecinos, o parientes... cosas que ni siquiera nos preocupamos por verificar.
8. No codiciar
Eso es un gran problema de siempre. En nuestra dispensación, el Señor también nos da el
mandamiento de no codiciar lo que pertenece a nuestro hermano. (DyC 136:20) Pero tenemos que
admitir que es muy fácil el codiciar lo que otros poseen, particularmente si no tenemos mucha
esperanza de jamás en nuestra vida, ganar esas cosas.
Sólo nosotros mismos podemos decidir donde exactamente nos ubicamos en cuanto a nuestra
obediencia a los Diez Mandamientos. Pero los ángeles toman notas y saben. Testigos son llamados.
(Mos 24:14) En los últimos días, todos nuestros hechos secretos serán gritados desde los techos de las
casas. (DyC 1:3; 88:108-110) Y en el juicio final, el libro de vida será abierto, y lo que está escrito nos
juzgará. (2Ne 29:22; 3Ne 27:26)
Cinco: Guardamos un pie en lo telestial si no tratamos de
entender y vivir el espíritu de la Ley de Moisés
No podemos decir que vivimos de acuerdo con el evangelio preparatorio a menos que, después de
bautizarnos, pensemos y actuemos de una manera racional, disciplinando nuestro hombre o mujer natural,
tratando a otros con justicia y respeto, buscando la voluntad de Dios, y obedeciendo sus mandamientos.
Porque si no vivimos por esos mandatos, violamos el espíritu de la Ley de Moisés.
Al establecer la ley de Jehová entre los Israelitas, Moisés creó un pueblo extraordinario y muy
visible en medio de la crueldad, lo emocional, y la arbitrariedad que existían dentro de las culturas del
Medio Oriente. Reyes y tíranos eran caprichosos. Respondían emocional y cruelmente a cualquier
posible desafío a su poder. Y entre el pueblo, el mismo espíritu de tiranía caprichosa reinaba en la
familia, en las iglesias, en los negocios, en todo.
En cambio, las leyes y reglas establecidas por Jehová en la ley de Moisés, eran leyes y reglas sociales,
para establecer un pueblo justo, un pueblo de iguales que se trataban bien mutuamente y que vivían en
paz. Las consecuencias por quebrantar leyes y reglas eran lógicas, racionales y bien conocidas por todos.
(Deut caps. 10-27)
Es en el proceso de vivir esas numerosas leyes y reglas, diariamente, que el pueblo de Israel
aprendió valores y un estilo de vida terrestre.
El estilo de vida terrestre requiere:
El desarrollar racionalidad, disciplina propia, y gratificación diferida para controlar nuestro
hombre y mujer naturales. La importancia de escuchar, respetar y obedecer la voz de Jehová. Justicia
y respeto para todos, sin hacer caso a diferencias sociales, y sin hacer acepción de personas.
Obediencia a leyes y reglas, para establecer una nación de orden.
Respeto hacia todos ios seres humanos y a sus derechos.

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El uso de la razón, para hacer decisiones considerando sus consecuencias.
Esos valores son valores terrestres, centrados en los Diez Mandamientos y en la Ley de Moisés.
Esos valores nos protegen de lo telestial. Sin embargo aun personas que hicieron y están haciendo
grandísimos sacrificios para seguir al Señor, al no aprender a vivir por esos principios, pueden, de vez en
cuando, guardar un pie en lo telestial.
Una escritura dada en nuestra dispensación, demuestra cuan difícil es verdaderamente cambiar de
lo telestial a lo terrestre. En 1847, Brigham Young pidió y recibió una revelación sobre como
organizar a los pioneros que iban a atravesar las praderas hacia las montañas de Utah. (DyC 136) Los
pioneros eran todos conversos al evangelio de Jesucristo. Todos habían sido probados a lo máximo. Habían
sido echados de Nauvoo, la Ciudad Hermosa. Habían sacrificado sus casas, su segundad, su templo, y
muchas veces, su salud, sus vidas, para seguir, primero al profeta José Smith, y ahora, a Brigham Young.
Por un año habían vivido prácticamente en la intemperie (en o alrededor de Winter Quarters). Con muy
poca protección, habían sufrido del horrible calor del verano, y del horrible frío en el invierno. Habían
pasado por epidemias de cólera y de escorbuto. Aun así, habían preparado y sembrado la tierra para
sostener a la ola de inmigrantes que vendrían atrás para salir durante el siguiente año. Eran gente buena
y justa que habían disciplinado sus cuerpos, sus mentes, sus sentimientos. Pero parece que todavía no
eran totalmente terrestres, porque en esa sección de Doctrina y Convenios, el Señor recomienda que
abandonen algunos comportamientos telestiales, y los reemplacen con comportamientos más terrestres.
La escritura menciona:

Lo telestial Lo terrestre
Si un hombre procura elevarse a sí mismo y Si pides prestado a tu vecino, devuélvele lo
no busca mi consejo, no tendrá poder, y su prestado
insensatez se hará manifiesta Si no puedes devolverle lo prestado, ve luego
No falten en cumplir con toda promesa el uno y díselo, no sea que te condene Si encuentras
con el otro lo que tu vecino ha perdido, investiga
No codiciéis lo que pertenece a vuestro diligentemente hasta entregárselo
hermano Preserva diligentemente lo que tengas, para
Guardaos de tomar el nombre del Señor en que seas mayordomo sabio; porque es el don
vano porque soy vuestro Dios gratuito del Señor tu Dios, y tu eres su
Cesad de contender unos con otros mayordomo
Cesad de hablar mal el uno contra el otro Si te sientes alegre, alaba al Señor con cantos,
Cesad la ebriedad música, baile, oración de alabanza y acción de
No hablen con palabras que no edifiquen unos gracias Si estás triste, clama al Señor tu Dios
a otros con súplicas, a fin de regocijarte No temas a
tus enemigos, porque están en mis manos
(DyC 136:19-31)

La Ley de Moisés provee muchísimas reglas de comportamiento que tienen, como tema, el no
lastimar a otros, el tratarlos justamente y amablemente. Esas reglas traen paz y justicia para todos los
que las viven.
Nos dicen que, como hombres y mujeres dignos de llamarnos hijos e hijas del Señor, todos
debemos establecer, entre nosotros, convenios honestos, con amor, consideración y respeto, y sin abusar de
nadie. (Véase Éx Cap. 21-22) Contratos verbales, o por escrito, deben ser hechos y guardados

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puntualmente. Por ejemplo, la ley de Moisés indica que los empleados deben ser pagados antes del
anochecer. Si encontramos a un animal extraviado, debemos buscar al amo para devolvérselo. Si
encontramos un buey caído en un pozo, debemos sacarlo y devolverlo a quien le pertenece. Si
lastimamos a alguien debemos pagar el valor de lo que se ha perdido. 0 sea, debemos restituir
adecuadamente lo que se perdió. Obviamente, la ley del talión, ojo por ojo y diente por diente, no se
refiere a tomar venganza, sino se refiere a esa ley de restitución.
Los profetas en nuestra dispensación, nos recuerdan de mandamientos similares para tratar a los
miembros de nuestra familia. No debemos, de ninguna manera demostrar favoritismo. No debemos
criticar, usar malas palabras, demostrar enojo, impaciencia, falta de respeto, mal humor, o rudeza.
Ciertamente nunca debemos gritar, causar conflicto, riñas, peleas, contención, porque todo eso lastima,
trae dolor, o crea en el que fue atacado, resentimiento, así como una mala imagen propia. Y nunca, nunca
debemos hacer uso de violencia. Al contrario, debemos traer paz y contentamiento. Debemos ser justos
con todos, y tratarlos como nos gustaría ser tratados. De esa manera podemos demostrar la influencia del
evangelio en nuestras vidas, el amor que desarrollamos con nuestros hermanos y hermanas, y el hecho
que deseamos complacer a Dios y nuestro Señor, guardando la ley de lo terrestre. Es en tanto que
vivimos esa ley terrestre que dejaremos atrás lo telestial, y podremos aguantar y sostener una gloria
terrestre. (DyC 88:23) De otra manera, tendremos que heredar una gloria menor, y ésa sería, la gloria
telestial... después de pasar una temporada en el infierno, para pagar por nuestros pecados.
Seis: Guardamos un pie en lo telestial en tanto que no
identificamos y abandonamos las falsas tradiciones de nuestros
padres que nos impiden vivir la ley terrestre
Todos los pueblos de esta tierra tienen sus propias tradiciones. Algunas de esas tradiciones vienen
de Dios y traen felicidad en esta vida, y gozo en la vida venidera. Otras tradiciones vienen de Satanás.
Ésas traen pena y dolor en esta vida y aun más pena de! otro lado. Eso será cuando nos demos cuenta
que perdimos grandes bendiciones por seguir ciegamente esas tradiciones, simplemente porque creíamos
que venían de la sabiduría de nuestros padres, cuando de hecho, muchas de ellas vienen del diablo.
En el Libro de Mormón, se habla mayormente de dos tradiciones. (Alma 3:11) Los Nefitas creían
en la tradición de Cristo (Alma 23:5), mientras que los Lamanitas creían en tomar revancha de los Nefitas
quienes, en su opinión habían robado la primogenitura y herencia de sus padres, Laman y Lemuel. (Mos
10:11 -17) Por ser tan distintas esas dos tradiciones, los Anti-Nefi-Lehitas no tuvieron ninguna dificultad
en rechazar sus propios valores como Lamanitas, y adoptar totalmente los valores Nefitas. Así, muy
pronto, los nuevos conversos, amaron a los Nefitas, juraron nunca tomar armas, abandonaron sus vidas
nómadas de cazadores, y se volvieron pacíficos agricultores en la tierra de Jersón. (Alma cap. 27)
Pero hoy día, no es tan fácil decidir cuales son las tradiciones que deberíamos desechar porque no
son de Dios. (DyC 123:7) De hecho, es solamente si escudriñamos las escrituras, que nos damos cuenta
que algunas de nuestras tradiciones van directamente en contra de la voluntad de Dios. Y si no fuera por
las escrituras y el don de discernimiento, no podríamos aislar las cosas que deberíamos dejar atrás.
Satanás constantemente crea "nuevas" falsas tradiciones en el evangelio Satanás es un experto en
distorsionar las tradiciones de Cristo y en crear tradiciones paralelas y falsas, con el intento de destruir el
plan de nuestro Padre Celestial. Satanás, constantemente, imita las leyes, reglas, y mandamientos de Dios,
cambiándoles una cosita aquí, y otra allá. Y esas "cositas" distorsionan completamente los propósitos de
Dios. Por eso, falsas tradiciones muchas veces son muy parecidas a los mandamientos de Dios... pero
con una diferencia. Porque lo que había sido establecido para salvar, ha sido cambiado, y ahora trae dolor
y nos lleva a la destrucción.

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SATANÁS, EL CREADOR DE FALSAS TRADICIONES
Dios el Padre propone su plan de salvación, para probarnos sin destruir nuestro albedrío moral,
estableciendo el Plan de Redención por medio de su Hijo mayor, Jesucristo. En seguida, Lucifer presenta
su plan: de quitarnos el albedrío y de usar poder para estar seguro que ganemos nuestra salvación.
Dios el Señor da el mandamiento a Adán de hacer sacrificios de animales para representar el
sacrificio redimidor que vendría a hacer en el meridiano de los tiempos. Pronto el diablo sugiere a Caín
que haga un sacrificio de frutos de la tierra. Y eventualmente, entre los que adoran falsos dioses,
Satanás establece sacrificios humanos.
Cristo introduce al "otro Consolador," el Revelador, el Espíritu Santo. Así, después de ser
bautizados, recibimos el don del Espíritu Santo que nos ayuda a desarrollar nuestros dones, nos manda
conocimiento, revelaciones, y señales que siguen a los que creen. Adicionalmente, nos santifica, nos
purifica, nos cambia el corazón, y nos bautiza por fuego. Para no quedarse atrás, Satanás desarrolla las
artes negras de brujería, astrología, encantos, adivinación, necromancia que pretenden revelar el futuro,
darnos poder sobre las incertidumbres de la vida, lo cual, de hecho, destruye nuestra fe en Dios y Cristo.
El Señor hace convenios que son mandamientos que condicionalmente nos traen bendiciones aquí
en la tierra, y salvación y exaltación para las eternidades. Satanás establece combinaciones secretas entre
los telestiales, quienes hacen convenios entre sí y con el Padre de mentiras, para cubrir sus robos y
asesinatos, sus obras de tinieblas.
Dios gobierna su reino por el poder del sacerdocio, estableciendo mayordomías con el
propósito de salvar a su pueblo. Satanás gobierna su gente por medio de falsos sacerdotes que usan
supercherías sacerdotales, para obtener lucro y alabanzas del mundo.
Nuestro Dios manda a sus profetas que testifiquen de él, para que su pueblo sepa que, por medio
de Cristo, nuestro Redentor, todos podemos salvarnos... si obedecemos sus mandamientos. Satanás,
tratando de destruir la obra de Cristo, manda a sus falsos profetas, los anticristos, quienes sugieren hacer
lo que nos da la gana, deniegan la existencia de un Juicio Final, y denuncian la necesidad del sacrificio
expiatorio de nuestro Señor.
Si el diablo introduce falsas tradiciones dentro del evangelio, también lo hace en otras áreas de
nuestras vidas. Aquí vamos a ver algunas serias perversiones que han traído mucho dolor dentro de
nuestra vida familiar.
Tradiciones falsas dentro de la familia
La institución de la familia ha sido establecida por nuestro Señor desde el comienzo, con el
propósito de preparar y salvar a cada generación. Por eso él nos ha mandado, por medio de sus profetas
antiguos y modernos, muchos mandamientos acerca de la familia. Sólo esos mandamientos pueden
ayudarnos a establecer hogares que protegen y preparan generación tras generación, hasta el fin de los
tiempos.
Pero desde el comienzo, Satanás ha falsificado los mandamientos de Dios. Él es muy mañoso y tiene
mucha experiencia, y por siglos ha sembrado sus mentiras por todo el mundo, estableciendo falsas
tradiciones que no solamente distorsionan los mandamientos de Dios en cuanto a la familia, sino que también
arruinan la felicidad y la salvación de muchos. Esas modificaciones son tan sutiles que parecen ser la mera
verdad. Y sin la ayuda de las escrituras y del Espíritu, ya no podemos discernir lo que es verdad de lo que es
mentira.

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El Machismo
Satanás sugiere que el hombre es superior a la mujer, y lo prueba el hecho que el hombre gana y
dispone de dinero. Y también, la iglesia le da el sacerdocio. Esto le da el derecho de hacer y deshacer
como se le da la gana.
Nuestro Señor, muchas veces, ha dicho que no aprecia a los orgullosos, los soberbios. (Isa 57:15;
Mateo 18:4; 1 Pe 5:5-6) Él ha dicho que el que sirve a otros obtiene la autoridad de dirigir (Lucas 22:26) y
que debe hacerlo con amor. (Gal 5:13) También sabemos que el Señor Dios creó a la mujer para que sea
una compañera idónea (o sea, del mismo calibre) para Adán. (Moisés 3:20)
El hombre y la mujer tienen diferentes llamamientos en la familia, pero uno no es más alto que el
otro. Los dos recibirán el mismo galardón si cumplen con sus respectivos deberes como padres.
En el próximo volumen, hablaremos de la familia terrestre.
La familia extendida o la esposa
Satanás sugiere que, cuando vienen problemas, uno siempre puede depender de la lealtad de la
familia extendida, pero que, en cambio, un hombre siempre tiene que cuidarse de su esposa.
El Señor enseña que el hombre debe dejar a su padre y su madre para allegarse a su mujer para que
sean una sola carne. (Moisés 3:24; Abr 5:18; Gen 2:24; Mateo 19:5-6) Eso es porque la unidad que gana
la vida eterna, no es el hombre y sus padres, o el hombre y su madre, o el hombre y sus hermanos, o su
familia extendida. Ni siquiera es con los hijos e hijas.
La única unidad que obtiene la vida eterna es la pareja, el esposo y la esposa. (DyC 49:16-17;
131:1-3; 132:19) Sólo con el esposo o la esposa puede una persona fiel entrar en el grado más alto en
la gloria celestial (DyC 131:1-3), y juntarse a la cadena de las generaciones justas.
Además, el matrimonio en el templo, tiene que ser aprobado SI la pareja ha alcanzado llegar a ser
una sola carne. Entonces el matrimonio es sellado por el Santo Espíritu de la promesa. (DyC 132:18) Y si
esa aprobación no tomó lugar, no pueden llegar a ser dioses y diosas, sacerdotes y sacerdotizas, y no
pueden tener progenie para la eternidad.
Por eso toda nuestra lealtad tiene que ser otorgada a nuestro esposo o esposa. Esa lealtad tiene
que existir al punto de que si la esposa tiene problemas con el padre o la madre del esposo, el esposo
debe tomar el lado de la esposa. Y la esposa tiene que hacer lo mismo para el esposo. Y eso ha sido
también pronunciado por nuestros profetas modernos.
Obviamente, esa lealtad no se gana sin esfuerzos. Debe ser cultivada todos los días de nuestra
vida, con justicia, bondad, y gentileza. Y nunca debe ser traicionada, sin un profundo arrepentimiento
y cambio.
Satanás sugiere que el esposo necesita cuidarse de su esposa y controlarla
Cuando un hombre anuncia que se va a casar, los chistes vienen: ¡Mejor te cuidas y no la dejes que
lleve los pantalones! ¡Acuérdate que si le das la mano, va a tomar el brazo! ¡No le vayas a decir cuanto
dinero ganas o dejarla que maneje TU dinero! ¡Hazle saber quien manda en tu casa!
El Señor Dios le dio a Adán una compañera idónea, o sea, una igual, del mismo calibre que él
(Moisés 3:20; Abr 5:14; Gen 2:20), para que los dos sean iguales, socios en el propósito y negocio de
establecer y levantar una familia. Entre los dos, la pareja debe establecer una confianza completa y
exclusiva, para formar una presidencia recta sobre la familia: el padre y la madre, bajo la dirección de
Cristo y la inspiración del Espíritu Santo.

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Nuestro Señor también nos advirtió en contra de controlara otros. Dice que la naturaleza y
disposición de casi todos los hombres (y también de las mujeres), es de ejercer injusto dominio. Por eso
muchos son llamados pero pocos son escogidos. (DyC 121:39) Cristo dice que nadie debe usar el
sacerdocio para tener poder o influencia sobre otros. Quien ha recibido autoridad, solamente debe usar
persuasión, longanimidad, benignidad, mansedumbre y amor sincero, así como bondad y conocimiento.
Todo debe ser hecho sin hipocresía, nunca para beneficio propio, o con malicia.
Uno solamente tiene el derecho de usar severidad, cuando el Espíritu Santo lo induce. Además,
en seguida después, uno debe demostrar mayor amor para que el que fue reprendido, no vaya a considerar
al que reprende como enemigo. (DyC 121:43) Y uno puede suponer que, en el reino celestial, no se
admiten a los gritones, los que recriminan, critican, insultan, o abusan psicológica o físicamente a
alguien, particularmente dentro de la familia.
Satanás sugiere que no hay nada de malo tener favoritos. Es
natural amar a unos más que a otros
Está bien tratar a un hijo mejor que a otro, o tratar mejor a personas que conocemos, o a gente que,
en el futuro, nos pueden ayudar. Por ejemplo, dentro de la familia, el más chico necesita protección de los
más grandes, además cuando son tan jóvenes, no se les puede exigir mucho. Los hombres necesitan más
libertad que las mujeres, y es justo que las mujeres sirvan a los hombres. ¿Y qué puede tener de malo el
tratar mejor a los que son más cariñosos o más bonitos, o más vivos? Fuera de la familia conyugal,
también es justificado invertir en parientes o amistades que nos podrían ser útiles, eventualmente.
José Smith nos dice que para obtener la fe que salva, debemos conocer y confiar totalmente en Dios.
Debemos saber que él tiene poder, que es totalmente justo, que es misericordioso y nos ama. Además, no es
un Dios cambiante y no miente. Pero sólo podemos confiar en él, porque sabemos que nos trata a todos lo
mismo, que no hace acepción de personas. (DsF, pág 42-45)
Encontramos el mismo mensaje en nuestras escrituras: ni Dios el Padre, ni Cristo tienen favoritos.
(Rom 2:11 -12; 10:12; Col 3:24-25; 1 Pe 1:17-19; DyC 1:35; 38:16-26) Seamos lo que seamos, ricos o
pobres, esclavos o libres, hombres o mujeres, y de cualquier color, si nosotros creemos en Dios y
Cristo, y si hacemos y guardamos los convenios necesarios para ganar la vida eterna, ganaremos
salvación.
Tampoco debemos nosotros tener favoritos. El Señor nos dará grandes bendiciones si no usamos
favoritismo cuando ayudamos a los que necesitan (Alma 1:30) o cuando predicamos el evangelio. (Alma
16:14-16) Es obvio que nuestro Padre Celestial está muy en contra del favoritismo, porque lastima a
todos:
Lastima a los que no son favorecidos, porque son hechos de menos, sufren y se resienten (DyC
38:16,26)
Lastima también al favorecido, porque la escritura dice:
Hacer acepción de personas no es bueno, (porque) hasta por un bocado de pan prevaricará el
hombre (favorecido). (Prov 28:21) En otras palabras, el que fue favorecido es capaz de cualquier cosa
para continuar siendo el favorecido.
Otras escrituras dicen que el favoritismo lastima a los que favorecen, porque usan favoritismo al
juzgar a otros, y eso no es bueno. (Prov 24:23). De hecho es pecado. (Santiago 28:10)
Cuando favorecemos a algunos y no a otros, generalmente es para ganar algo: nos sentimos más
necesitados, más apreciados, más especiales. Así, cuando demostramos favoritismo, dependemos de la

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gente del mundo, del brazo de carne. En eso no hay salvación. Cuando nuestra vida se basa en principios
eternos del evangelio, dependemos enteramente de Dios. Y eso es lo que quiere nuestro Señor, porque
así, él puede darnos la vida eterna.
Satanás sugiere que, si uno quiere tener éxito en la vida, tiene que
usar unas mañas, ser algo vivillo
Hay tantas cosas que uno puede ganar en esta vida, cuando hace arreglos con la gente, aunque
sean un poco chuecos.
El Señor manda que mutuamente, todos nos tratemos honradamente. (Alma 41:14) Por eso, uno
de los artículos de fe dice que nosotros, los santos de los últimos días, creemos en ser honrados,
verídicos, virtuosos, y de buena reputación (AdeF 13) ante el Señor y también ante los hombres. (2Cor
12:17) Como Pablo amonestó a los santos de su generación, todos podemos ayudar a la obra de Dios
viviendo todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de
buen nombre, y todo lo que tiene virtud y es digno de alabanza. (Filip 4:8) En cambio, cada vez que el
mundo nos ve actuar de una manera deshonesta ¡cuan grande es nuestra responsabilidad por los que
aceptan el reino por culpa nuestra!
Nuestro Señor quiere que vayamos aun más allá de la honestidad. Quiere que tengamos un
corazón sincero, porque solo así somos aceptados por él. (DyC 97:8) Habla de integridad, o sea, entereza
de nuestro ser, con núestra mente, nuestro corazón, y nuestro comportamiento todo de una pieza,
consistente, y firme.
Las escrituras nos dicen que nuestro Redentor ama a los hombres de integridad: Job (Job 2:3; 27:5;
31:6), Hyrum Smith a quien Dios ama a causa de la integridad de su corazón (DyC 124:15), o George
Miller, un hombre sin engaño, en quien se puede confiar por motivo de la integridad de su corazón. (DyC
124:20) Y ama también a los dos mil jóvenes del pueblo de Ammón, porque eran hombre verídicos y
serios, bien enseñados a guardar los mandamientos y a andar rectamente ante Dios. (Alma 53:20-21) Y las
escrituras dicen que los justos tienen integridad (Prov 20:7), hacen que sus hijos sean dichosos (Prov
20:7) y obtendrán salvación (Prov 11:3), mientras que el embustero será arrojado al infierno. (2Ne
9:34)
Así, al analizar nuestras tradiciones familiares, muchas de las cuales vienen de Satanás, nos damos
cuenta que muchas van totalmente en contra de la voluntad de Dios. Eso implica que todos, en todos los
países del mundo, al juntarnos a la iglesia, necesitamos tomar el tiempo de evaluar nuestras tradiciones de
familia. Tenemos que estar dispuestos a examinar nuestra cons-ciencia, usar las escrituras, y depender del
Espíritu, para decidir cuales, de entre todas nuestras tradiciones familiares, nos traen salvación, y las
que nos llevarían a lo telestial. Es sumamente importante para nuestra salvación, no presuponer que
todo lo que aprendimos de niños es aceptable al Señor. Después de todo, sabemos que el evangelio es
para ayudarnos a cambiar.

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Resumen

Así, el bautizarnos no hace, automáticamente, que seamos terrestres. Por eso tenemos que
cambiar unas cuantas cosas para que podamos sentirnos confortables en lo terrestre.
En el Capítulo 9, vimos que,
Primero, es importante integrarnos dentro de la cultura de la iglesia, atendiendo nuestras
reuniones y participando con los miembros, en sus actividades y llamamientos.
Segundo, necesitamos "temer a Dios," porque eso nos lleva a la obediencia, a la sabiduría, y a la
vida eterna.
Tercero, debemos vernos como parte del pueblo de Dios, un pueblo santo, un pueblo peculiar.
Esas tres cosas nos ayudarán a identificarnos con Santos de los Últimos Días, como hijos e hijas de
Dios, y como un pueblo peculiar. En este Capítulo 10, vimos:
Cuarto, debemos cuidarnos de obedecer cada uno de los Diez Mandamientos.
Quinto, debemos estudiar y adquirir el espíritu de la Ley de Moisés, convirtiéndonos a la idea de
adquirir racionalidad, disciplina propia, y gratificación deferida, para controlar nuestro hombre (y mujer)
natural, para llevarnos bien con todos, y establecer una vida de orden
Sexto, debemos re-evaluar las tradiciones de nuestros padres y desechar las que no están de
acuerdo con el evangelio de preparación.
De otra manera, nos arriesgamos a guardar un pie en lo telestial.
Al cumplir con esas cosas, podremos progresar de lo telestial a lo terrestre y eventualmente, de
lo terrestre a lo celestial.

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Resumen
ESCALANDO EL MONTE A LA EXALTACIÓN
De lo Telestial a lo Terrestre
Podemos dividir este libro en cuatro partes:
Primera Parte Capítulos 1 y 2 El plan de salvación
Segunda parte
Capítulos 3y4
La vida es una prueba de obediencia y los que no dominan su hombre natural se vuelven telestiales
Tercera parte
Capítulos 5, 6. 7
El poder de Dios, de Cristo, y del Espíritu Santo en la tierra. DíoselPadretiene su mano en todas las
cosas. Da el evangelio a los que nacen en linajes celestiales. Pero a causa de muchas apostasías, dispersó a su
pueblo. Su Hijo Jesucristo^ ha obrado la redención del mundo. El Espíritu Santo, el Consolador, influencia
el corazón y la mente de los hijos de Dios, si lo permiten, hasta que estén preparados para entrar en la vida
eterna
Cuarta parte
Capítulos 8, 9, 10
El recogimiento del pueblo de Dios está tomando lugar, por medio de la conversión individual,
de lo telestial a lo terrestre. Eso implica el vivir los Diez Mandamientos, y de dejar atrás tradiciones falsas
Este libro se considera como el primer volumen de una serie de dos libros que presenta los puntos
principales del tema: Escalando el Monte a la Exaltación. Se ha basado mayormente en las escrituras así como
en algunos de los escritos de profetas modernos. Este primer libro ha tratado el proceso de moverse de lo
telestial a lo terrestre.El segundo libro (en preparación) tratará el proceso de moverse de lo terrestre a lo
celestial.

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