Vous êtes sur la page 1sur 4

Migrantes: La irregularidad migratoria como

causa de exclusión

SOCIEDAD
 | 24/01/2017
Por: Miguel Yaksic S.J.

Los resultados de la última encuesta CASEN ratifican la necesidad de que


el Estado elimine trabas burocráticas de forma y fondo que dificultan la
regularización migratoria: no hacerlo, contribuye a la pobreza, el racismo,
la xenofobia y la discriminación.

Varios de los resultados arrojados por la encuesta CASEN 2015 en relación


con la situación socioeconómica de las personas migrantes en Chile son muy
preocupantes. Y lo son no porque se trate de personas vulnerables o de baja
escolaridad, sino porque las estructuras políticas, administrativas y legales
hacen lento, difícil y engorroso el proceso de inclusión social y laboral de un
extranjero en Chile. En promedio, los migrantes tienen 12,5 años de
escolaridad, superando los 10,9 de la población nacional. Sin embargo, a pesar
de que ellos están más educados que los chilenos, están más excluidos que
estos en varias de las dimensiones en que indaga la CASEN. Veremos que las
exclusiones en pobreza multidimensional, en acceso al trabajo formal, en
acceso a la vivienda adecuada y en materia de trato justo e igualitario tienen
una causa común.
En pobreza monetaria, los migrantes son menos pobres que los chilenos (9,7%
vs. 11,7%). Pero en pobreza extrema lo son más (3,9 vs. 3,5). Además, la
pobreza extrema de los migrantes ha subido de 3,5% a 3,9% desde 2013. Y en
la medición de la pobreza multidimensional, la distancia empeora. Los
migrantes exhiben más de dos puntos porcentuales que los chilenos (23% vs.
20,8%). 
A pesar de estar más calificados que los chilenos, las condiciones laborales de
las personas migrantes son más precarias. La informalidad resulta más
pronunciada en las regiones del Norte Grande. Alcanza a 19,5% en Arica y
Parinacota, 28,7% en Tarapacá y 19,7% en Antofagasta. Mientras, los índices
de informalidad laboral de la población chilena se limitan a 11,8%, 5,5% y 4,5%
en las regiones respectivas. Es significativo que, a nivel nacional, los migrantes
que trabajan informalmente exhiben en promedio mayor escolaridad incluso
que los chilenos que trabajan en el mercado formal. Los primeros alcanzan
11,8 años de estudio y los segundos solo 10,4. Al mismo tiempo, el número de
personas migrantes que trabajan en el mercado informal aumentó en el período
2013-2015 de 4,5% a 6,7%. Así, casi se duplica en términos absolutos el
número de trabajadores migrantes sin acceso a los derechos laborales,
pasando de 15.871 a 31.016 personas. 
Ocurre que en Chile el Estado entrega al sector privado la regularización
migratoria de una persona extranjera por la vía del contrato de trabajo. Desde
que un empleador contrata a un migrante hasta que este reciba el permiso de
trabajo, pueden pasar 45 o más días. Esta situación desincentiva a un
empleador a contratar a un extranjero. Y sabemos que sin contrato no hay visa
y sin visa no se puede acceder a un trabajo formal: no hay afiliación a Fonasa,
el trabajador no cotiza, no paga impuestos y no puede celebrar un contrato de
arriendo. En definitiva, queda excluido de sus derechos, del sistema de
protección social y de ser un aporte al Fisco en cuanto contribuyente. 
Si bien en el período 2013-2015 el hacinamiento disminuyó porcentualmente
entre extranjeros y chilenos, en la última medición se registraron 16.614 nuevos
migrantes hacinados a lo largo del país. Es decir, hay un aumento en términos
absolutos. A nivel porcentual se experimentó un incremento dramático del
hacinamiento entre la población migrante en la Región de Antofagasta,
pasando de 22,6% a 33,9%; lo que representa 4.349 nuevas personas
extranjeras viviendo hacinadas en esa zona. Es un aumento grave y se debe,
en gran medida, al mercado desregulado de arriendo de piezas en cités y
casonas antiguas en mal estado. Además, un migrante, aunque esté en
situación migratoria regular, no podrá arrendar si no tiene cuenta bancaria,
aval, historia financiera, etc. Ello los obliga a un arriendo en condiciones
precarias a precios altos. En esa misma línea y por las mismas razones, el
porcentaje de migrantes que vive en viviendas en mal estado material subió de
7,4% a 13,3%. Hay que agregar que, según la Encuesta Nacional de
Campamentos (Techo 2015), 32,8% de los habitantes de campamentos en
Antofagasta son extranjeros. 
Es metodológicamente probable que las personas migrantes en situación
migratoria irregular estén subrepresentadas por la CASEN. Dada su
irregularidad, serían más reticentes a aportar información. Pero sí es claro que
el aumento de la informalidad en el trabajo en los últimos años tendría por
causa un reciente aumento proporcional de la irregularidad migratoria (no tener
una visa). Malas políticas públicas, como una visa especial para los nacionales
dominicanos o el rechazo discrecional de nacionales colombianos en la
frontera, la demora de más de 45 días en que el Departamento de Extranjería y
Migración entregue un permiso de trabajo a una persona que ya tiene un
contrato, son situaciones que solo favorecen la irregularidad migratoria
estructural.
 
NUEVAS DIMENSIONES A CONSIDERAR
 
En su versión de 2013, la CASEN medía cuatro dimensiones: trabajo, vivienda,
educación y salud. En su versión 2015 incorpora dos novedades. A la
dimensión de vivienda se suma la medición del entorno. Y se agrega una
quinta dimensión, la de redes y cohesión social. Esta última ha entregado
información muy relevante, pues el 24,3% de los migrantes declara haber sido
tratado injustamente o haber sido discriminado por ser extranjero en Chile. En
Antofagasta esta cifra sube a un preocupante 37,3%. A nivel nacional destacan
dos colectivos entre los más discriminados por su origen: el 63,5% de los
entrevistados dominicanos y el 50,2% de los entrevistados colombianos
denuncian tratos injustos y/o discriminatorios en razón de su origen. Llama la
atención que se trate justamente de los colectivos que más dificultades
enfrentan a la hora de migrar a Chile. Los primeros por la visa consular de
turismo ya mencionada. Y los segundos por tener la más alta tasa de rechazo
en frontera. Es decir, las políticas restrictivas no solo aumentan la irregularidad
migratoria estructural sino también el racimo, la xenofobia y la discriminación. 
Para focalizar la atención social, jurídica y laboral que hacemos a varios miles
de migrantes en Chile, el SJM ha elaborado un índice de priorización. Nuestra
experiencia en la intervención social, así como en el análisis de nuestros
registros estadísticos sobre las condiciones socioeconómicas de la población
con que trabajamos, revela que la irregularidad migratoria es por lejos la causa
que genera la mayor exclusión socioeconómica de un migrante y el principio de
muchos males. 
El mayor aprendizaje que podemos sacar de un análisis de la CASEN 2015 es
que el Estado debe orientar su política pública hacia la promoción de la
regularización migratoria eliminando trabas burocráticas de forma y fondo. Se
requiere desestimar políticas restrictivas que solo hacen más vulnerable la vida
de las personas. Facilitando el proceso de inclusión social y laboral, los
migrantes podrán acceder y ejercer sus derechos como cualquier chileno.
Podrán darle provecho a su educación y serán, además, un aporte para el
desarrollo del país. 
Chile necesita una política migratoria integral y con mirada de largo plazo. Ello
supone normas y políticas con enfoque de derechos humanos, un trabajo de
articulación intersectorial, la aplicación de una perspectiva intercultural en las
intervenciones sociales y educativas, y requiere de una autoridad empoderada
capaz de gestionar la visión del Estado sobre la migración. Tenemos la
oportunidad de convertirnos en un país modelo de buenas prácticas en materia
de inclusión y protección de los derechos de los migrantes. Que no nos ganen
la burocracia ni los prejuicios. MSJ
Fuente: http://www.mensaje.cl/sociedad/migrantes-la-irregularidad-migratoria-
como-causa-de-exclusin