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UNA CARICATURA DE UNIDAD: EL FALSO ECUMENISMO

"ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DEL CONCILIO"

El organismo Romano que reúne a todas las Congregaciones misioneras de la Iglesia publicó en enero de 1974
un artículo del padre Timoteo Mc Carthey, y la Congregación de los Padres del Espíritu Santo lo retomó en su
propio boletín.

Con el sugestivo título de "Antes, durante y después del Concilio", el padre Mc Carthey analizó los
cambios sufridos por la doctrina en relación a la mediación de Cristo y a la salvación.

En cuanto a Cristo Mediador, el autor nos dice que antes del Concilio, el misionero enseñaba que Jesús
fundó una única y verdadera Iglesia, la Católica, en la cual Él está presente como Mediador ante el Padre, y
que, por lo tanto, existía una separación radical entre el campo cristiano y las religiones no cristianas.

El padre Mc Carthey nos dice que esta doctrina sufrió un primer cambio puesto que, durante el Concilio,
Jesús apareció como llevando a la perfección las otras religiones cristianas e incluso las no cristianas, que
contienen auténticos gérmenes del Evangelio.

La Iglesia no carece de vínculos con esas religiones, sino que está en ellas como levadura.

Por lo tanto, la misión no es una competencia, un esfuerzo de substitución, sino una obra de sublimación:
toma aquello que hay de verdadero y sano en esas religiones y muestra cómo encontrar su perfección en
Cristo.

El articulista nos presenta un segundo cambio doctrinal; en efecto, después del Concilio, la mediación
universal de Cristo se mantiene, pero respetando el pluralismo religioso.

Lo que Dios ha revelado en Jesús, una vez y para siempre, es que la decisión crucial referente a lo divino es
tomada por el hombre en su relación con la comunidad humana.

Jesús ha proclamado la interconexión entre el amor a Dios y el amor al prójimo, que son indisociables. Es en
su relación con la comunidad humana que el hombre se abre a lo divino y comunica con Dios.

Cuando el misionero enseña a los no cristianos a amar a todos los hombres, es entonces que él evangeliza.

Ya podemos vislumbrar las sorprendentes afirmaciones del padre Mc Carthey respecto de la doctrina de la
salvación.

El nos dice que, conforme a la doctrina anterior al Concilio, los miembros de la Iglesia tienen todo lo
necesario para salvarse; y que la pertenencia a la Iglesia es la única vía normal de salvación.

Por lo tanto, el deber de la Iglesia era predicar a los hombres para que se convirtiesen.

Los no cristianos pueden salvarse si ellos lo son de buena fe; pero su salvación requiere una intervención
extraordinaria de Dios en sus vidas.

Esta concepción de la salvación estaba esencialmente centrada en la Iglesia.


Pero llegó el Concilio y durante el mismo la Iglesia ha reconocido el valor salvífico de las otras religiones
cristianas, e incluso de las no cristianas.

El Concilio ha declarado que Dios obra a través de ellas y no las desdeña. Ellas son, por lo tanto, legítimas y
tienen su lugar en el plan de Dios.

Los no cristianos, aceptando su humanidad, sus vidas y los misterios que los rodean, han aceptado a Cristo, al
menos implícitamente.

Los cristianos, habiendo recibido la gracia de conocer explícitamente a Cristo, deben ser signo de que todos los
hombres están salvados en Cristo.

Esta concepción de la salvación está centrada en Cristo.

Evidentemente que las cosas no podía quedar aquí y han seguido su rumbo. Después del Concilio se
enseña que cada religión tiene su identidad y su autonomía como consecuencia de la absoluta certeza que la
fe inspira al creyente.

Cuando un no cristiano hace un acto de fe se encuentra en una relación con Dios que no es menos inmediata
que la del cristiano.

El Evangelio no es más que un medio de salvación entre otros.

Esta concepción de la salvación está esencialmente centrada en Dios. La Iglesia, en efecto, se ordena al Reino
de Dios, y Jesús se ordena a la obra del Padre; por lo tanto, no es necesario para los no cristianos adherir a la
Iglesia para salvarse, si adhieren a Dios.

El objetivo del mensaje cristiano es liberar a los no cristianos en vista de un contacto salvífico con aquello que
hay de mejor en cada una de sus tradiciones religiosas.

El misionero debe ayudar a los no cristianos a resolver sus problemas. Lo hará de manera humilde, sincera,
respetando sus tradiciones y estando disponible a aprender de ellos respecto de Dios.

Los no cristianos tienen necesidad de ver cómo la vida cristiana se distingue de las otras religiones creando
una transfiguración de la consciencia y una nueva visión del hombre, del mundo, de la historia y de Dios.

El padre Mc Carthey no lo dice, pero, por lógica consecuencia, ya hemos llegado a que la salvación está
centrada en el hombre.

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CRISTO MEDIADOR SALVACIÓN

Antes del Concilio Cristo presente en la Iglesia Centrada en


fundada por Él: la Católica
la Iglesia Católica.

La pertenencia a la única Iglesia es


la única vía de salvación.

Durante el Concilio Las otras religiones cristianas son Centrada en Cristo


llevadas a su perfección; e incluso
las no cristianas. Valor salvífico de las religiones
cristianas e incluso de las no
cristianas.

Después del Concilio Pluralismo religioso. Centrada en Dios

Jesús presente en la comunidad Identidad y autonomía de cada


humana. Es su relación con ésta religión.
que el hombre se abre a Dios.

Ahora La Comunidad Humana realiza y Centrada en el Hombre


santifica al hombre.

POSICIÓN CATÓLICA HASTA 1960

LOS DOCUMENTOS (49)

PONTIFICADO DE PIO VI

Instrucción LAUDABILEM MAIORUM, del 26 septiembre de 1791, a los Obispos de Francia.


Respuestas a las cuestiones sometidas al Papa respecto del clero cismático: casos de
bautismos, matrimonios y funerales.

PONTIFICADO DE GREGORIO XVI

Carta HAS AD TE LITTERAS, del 23 mayo de 1840, al Obispo de Chelm, sobre la tendencia
cismática de los rutenos unidos, que sostienen que los puntos de divergencia son de poca
importancia. Relaciones con los cismáticos. Vigilancia en los seminarios.

PONTIFICADO DE PIO IX

Carta IN SUPREMA PETRI, del 6 enero de 1848, a los orientales separados, sobre el
fundamento de la unidad.

Encíclica NEMINEM VESTRUM, del 2 febrero de 1854, a los armenios católicos. Sobre las
discordias en la iglesia armenia y las medidas para hacerlas cesar. El problema del retorno de
los disidentes. Caridad para con ellos, pero no atenuar las diferencias en los ritos.
Carta SINGULARI QUIDEM, del 17 marzo de 1856, al Episcopado austríaco. Única es la
verdadera Iglesia, Santa, Católica, Apostólica y Romana. Única la Cátedra fundada sobre Pedro.
Fuera de ella no se encuentra ni la verdadera fe, ni la salvación eterna.

Encíclica AMANTISSIMUS, del 8 abril de 1862, a los Obispos orientales. La Iglesia fundada
por Jesucristo. Pedro y sus sucesores.

Carta QUANTO CONFICIAMUR, del 10 agosto de 1863, al Episcopado Italiano. La Iglesia,


único medio de salvación.

Carta APOSTOLICAE SEDI, del Santo Oficio a los Obispos de Inglaterra, del 16 de septiembre
de 1864; firmada por el Cardenal Patrizi, prefecto de dicha Sagrada Congregación. Prohíbe
expresamente el ingreso de católicos en la Sociedad para la unión de los cristianos de Londres,
fundada y dirigida por acatólicos para promover la así llamada "unión" de todos los cristianos.
Fundamenta tal prohibición en los manifiestos errores profesados acerca de la constitución de la
Iglesia de Cristo, y en el peligro de indiferentismo que implica.

SYLLABUS o colección de los principales errores modernos, tomados de las Actas del Sumo
Pontífice, del 8 de diciembre de 1864. Publicado conjuntamente con la encíclica QUANTA
CURA. Condena proposiciones que afirman la libertad religiosa (proposición 15) y que fomentan
el indiferentismo (proposiciones 16, 17, 18).

15. "Todo hombre es libre en abrazar y profesar la religión que, guiado por la luz de la razón,
tuviere por verdadera".

16. "Los hombres pueden encontrar en el culto de cualquier religión el camino de la salvación
eterna y alcanzar la eterna salvación".

17. "Por lo menos deben tenerse fundadas esperanzas acerca de la eterna salvación de todos
aquellos que no se hallan de modo alguno en la verdadera Iglesia de Cristo".

18. "El protestantismo no es otra cosa que una forma diversa de la misma verdadera religión
cristiana y en él, lo mismo que en la Iglesia Católica, se puede agradar a Dios".

38. "Las demasiadas arbitrariedades de los Romanos Pontífices contribuyeron a la división de la


Iglesia en oriental y occidental".

77. "En nuestra época no conviene ya que la religión católica sea tenida como la única del
Estado, con exclusión de cualesquiera otros cultos".

Carta QUOD VOS, del Santo Oficio al clero y pueblo ingleses, del 8 de noviembre de 1865,
firmada por el cardenal Patrizi. Tiene por objeto prevenir y condenar los errores de la "branch
theory" sostenida por Pusey, según la cual la verdadera Iglesia estaría formada por tres
"comuniones" lamentablemente separadas entre sí (romana, anglicana, ortodoxa). Reafirma la
doctrina católica: la verdadera unidad, prometida por Cristo a su Iglesia, existe indefectible en
la Iglesia Católica.

Carta REVERSURUS, del 12 julio de 1867, al Patriarca armenio de Constantinopla, sobre la


autoridad de los Patriarcas y el Primado de Pedro.

1868, septiembre 8 y 13: Dos cartas dirigidas por PIO IX, en vísperas de la reunión del
Concilie Vaticano:

- A los Patriarcas y obispos de las iglesias ortodoxas, invitándolos a poner fin a su separación y
regresar al seno de su Madre común, la Iglesia Católica (8 septiembre 1868)

IAM VOS OMNES, del 13 septiembre de 1868, a los protestantes y demás no católicos,
exhortándolos a regresar a la unidad católica, exponiéndoles detalladamente que sus "iglesias",
por sí solas o conjuntamente, no constituían ni podían constituir la verdadera Iglesia de Cristo.

Carta PER EPHEMERIDES, del 4 septiembre de 1869, al Arzobispo de Westminster, sobre la


pregunta del doctor si los disidentes podrían presentar sus argumentos al Concilio.

Carta NON SINE GRAVISSIMO, del 24 febrero de 1870, al Delegado Apostólico de


Constantinopla, sobre las controversias y disidencias de la iglesia armenia.

Carta QUO IMPENSIONE, del 20 mayo de 1870, a los armenios católicos, sobre el cisma, la
violación de las censuras y las falsas alegaciones de fidelidad.

Encíclica QUARTUS SUPRA, del 6 enero de 1873, a los armenios, sobre los orígenes y
desarrollo del cisma, y la falsa declaración de fe del 6 de febrero de 1870.

Encíclica ETSI MULTA, del 21 noviembre de 1873, sobre la Comunión Romana, los Viejos
Católicos en Alemania y su falso obispo.

PONTIFICADO DE LEON XIII


Carta PRAECLARA GRATULATIONIS, del 20 de junio de 1894, que es un ardiente llamado a
todas las confesiones que se denominan cristianas, para regresar a la unidad de la Iglesia
Católica; a la vez, expone los peligros que amenazan al mundo presente y los beneficios que
surgirían de la unidad cristiana.

Carta apostólica ORIENTALIUM DIGNITAS, del 30 de noviembre de 1894; dirigida en primer


lugar a las iglesias orientales unidas a la Sede Romana, se refiere al mantenimiento y
conservación de los ritos y la disciplina propios. Pero a la vez señala cómo los orientales unidos
pueden ser ejemplo y fermento de unidad, para atraer a los separados a la verdadera Iglesia.

Encíclica CHRISTI NOMEN, del 24 de diciembre de 1894. Expone los medios que favorecerán
el regreso de los orientales separados de Roma.

"Motu proprio" OPTATISSIMAE, del 19 de marzo de 1895; acerca de la creación de la


Comisión Pontificia establecida para favorecer la reconciliación de los disidentes orientales con
la Iglesia.

Carta AMANTISSIMAE VOLUNTATIS, al pueblo inglés, del 14 de abril de 1895. Es


nuevamente una ardiente exhortación dirigida a los anglicanos, e invitando a todos los católicos
a rezar por su regreso a la comunión con Roma.

Encíclica ADIUTRICEM POPULI, del 5 octubre de 1895. Oración por la unidad y retorno de
los disidentes.

"Motu proprio" AUSPICIA RERUM, del 19 de marzo de 1896, sobre el método a seguir, los
medios a emplear y la concordia a observar para asegurar el avance del catolicismo en Oriente.

Encíclica SATIS COGNITUM, del 29 de junio de 1896, acerca de los rasgos principales y la
unidad de la Iglesia Católica. Expone claramente la verdadera doctrina sobre esta unidad: solo
la Iglesia de Cristo es una y única, y solo la Iglesia Romana es la Iglesia querida y fundada por
Cristo; fuera de ella, fuera de la comunión en su fe, en su culto y en su autoridad, no existe
ninguna otra iglesia.

I: Objeto:

1. Preocupación del Pontífice por el regreso de los disidentes al seno de la Iglesia.


2. Medio utilísimo: trazar la imagen de la Iglesia, destacando como su distintivo más
característico la unidad, señal de la verdad y del poder que Cristo le dio.

3. Al considerarla así, los disidentes verán que las condiciones que para su regreso impone la
Iglesia, no son creación humana, sino que lo han sido por orden y voluntad de Dios.

II: La Iglesia de Cristo:

A) Constitución de la Iglesia:

1. La doctrina católica:

a) Plan de Cristo: envío de los Apóstoles a enseñar todo lo que El les enseñara, para
que, profesando su doctrina y obedeciendo sus leyes, los hombres pudieran adquirir la santidad
en la tierra y la felicidad eterna en el Cielo.

b) Si consideramos su fin último y las causas por las que produce la santidad en las
almas: la Iglesia es espiritual, invisible.

c) Si consideramos sus miembros y los medios por los que los dones espirituales llegan
a nosotros: la Iglesia es externa, visible.

d) Por ello, la Iglesia, sociedad divina, es también visible, un Cuerpo animado.

e) La Iglesia es perenne.

2. Errores:

a) Invisibilidad.
b) Institución de creación humana.

B) La unidad de la Iglesia:

1. Planteo del problema:

a) Existe acuerdo en que la Iglesia es una. Los errores surgen al tratar de establecer la
naturaleza de esta unidad.

b) No debe tratar de averiguarse de qué modo la Iglesia podría ser una, sino de qué
unidad ha querido dotarla Nuestro Señor Jesucristo.

2. La Iglesia es una en su naturaleza:

a) Razones:
1) Cristo instituyó una Iglesia, no varias comunidades, semejantes pero
distintas entre sí.

2) Debe ser una, en todo el mundo, en todo tiempo, para extender a todos los
hombres la salvación y los beneficios de Cristo.
3) San Pablo: doctrina del Cuerpo Místico: los miembros separados y dispersos
no pueden constituir un solo Cuerpo, unidos a la misma Cabeza. Debería imaginarse
otra Cabeza, otro Cristo, si se quiere imaginar otra Iglesia fuera de la que es Su
Cuerpo. Quien se separa de Ella, se aparta de la voluntad y orden de Cristo, deja el
camino de salvación y corre a su perdición.

b) Unidad de los miembros del Cuerpo Místico:

1) La Iglesia es una: de tal naturaleza, que todos los miembros están


estrechamente unidos, de modo tal que forman un solo pueblo, un solo Reino, un solo
Cuerpo.

2) Fundamento de esta unidad: armonía y unión de las inteligencias, de la que


se seguirá naturalmente la armonía de voluntades y acciones.

3. En qué consiste la unidad que Cristo dio a su Iglesia:

a) La unidad de fe: es el primero de los vínculos que unen al hombre con Dios.

1) Principios para conservar la unidad de fe:

- Rechazo del libre examen: si la doctrina, en gran parte consignada en


la Sagrada Escritura, hubiese sido entregada a los pensamientos de los
hombres, no podría unir los espíritus.

- Necesidad de otro principio aparte de la Sagrada Escritura: el


Magisterio.

- Misión constante e inmutable: enseñar lo que Cristo enseñó.

- Obligación de aceptar y profesar la doctrina enseñada.

- Magisterio: vivo, auténtico, perpetuo, investido con Su propia


autoridad: Cristo quiso y ordenó que las enseñanzas doctrinales infalibles de
ese Magisterio fuesen recibidas como propias.

2) Necesidad de creer en la doctrina íntegra de Cristo:

- No es lícito separarse en lo más mínimo del Magisterio verdadero.

- Separarse en un punto equivale a separarse en el todo.

b) La unidad de culto: Cristo ordenó a la Iglesia que en la verdad de la doctrina buscase


la santificación y salvación de los hombres:

1) No por la fe sola,

2) Sino también por el culto dado a Dios en espíritu de justicia y piedad:

- Sacrificio,

- Sacramentos.

c) La unidad de régimen: en la Iglesia, sociedad divina y humana, la unidad de


gobierno produce y comprende la unidad de comunión.
1) Una potestad suprema en la Iglesia:

- No basta reconocer a Cristo como Cabeza y Jefe.

- San Pedro.

- Primado conferido por Cristo mismo.

- Cimiento de la Iglesia: para ello, posee poder de jurisdicción


verdadero y propio.

- Pedro y la Iglesia son la misma cosa.

- Poderes soberanos e independientes.

- Pastor Universal.

- Columna de la Fe.

- Jefe de la sociedad cristiana.

- En el Pontífice, se suceden los poderes conferidos a San Pedro.

- Testimonios antiguos: Santos Padres, Concilios.

- El Pontífice y el Episcopado universal.

d) Conclusión: Unidad de fe, de gobierno y comunión.

III: Exhortación:

1. A los fieles católicos.

2. A los que están fuera de la Iglesia: necesidad de tomar a Cristo todo entero, Cabeza y
Cuerpo.

3. A los que vacilan.

4. Conclusión: Palabras de San Agustín: Dios por Padre y la Iglesia por Madre.

Carta APOSTOLICAE CURAE, septiembre de 1896; establece definitivamente la invalidez de


las ordenaciones anglicanas, por defectos de forma y de intención en el ritual utilizado.

Carta CUM DIVINI PASTORIS, del 25 de mayo de 1898: determina la erección de una
archicofradía de oraciones y obras piadosas para el retorno de los disidentes a la unidad
católica.
TESTEM BENEVOLENTIAE, del 22 enero 1899.

Carta al CARDENAL VICARIO DE ROMA, Pietro Respighi, del 19 de agosto de 1900, acerca
del proselitismo protestante en la Urbe: caridad fraterna y brazos abiertos a los disidentes, pero
sin la más mínima tregua para su error.

PARVENU, del 15 marzo de 1902.

PONTIFICADO DE PIO X

Carta EX QUO NONO LABENTE, del 26 de diciembre de 1910, a los Delegados Apostólicos de
Oriente, en la cual señala algunos errores manifestados acerca de la posible unión de las
iglesias orientales, para concluir que todo esfuerzo por la unidad será vano si no se mantiene
en su integridad la fe católica.

Carta Apostólica QUOTIES ANIMUM, del 2 febrero 1911. Aprobación de los estatutos de una
asociación para el retorno a la unidad de los pueblos de lengua inglesa.

PONTIFICADO DE BENEDICTO XV

Carta Apostólica ROMANORUM PONTIFICUM, del 25 febrero de 1916, a la Sociedad de la


Expiación de Nueva York. Sobre la Nota de unidad y el retorno de los que se han separado
contra su voluntad.

Carta Apostólica CUM CATHOLICAE ECCLESIAE, del 15 de abril de 1916, encomendando la


oración por la unión de los pueblos cristianos disidentes de Oriente con la Iglesia Romana, y
manifestando que la verdad de la Iglesia Católica aparece de modo evidente en su unidad
indefectible a través de los siglos.

Motu proprio DEI PROVIDENTIS ARCANO, del 1º de mayo de 1917 por el cual se funda la
Sagrada Congregación para la Iglesia Oriental, a la vez que expresa que la Iglesia Católica
constituye el único Cuerpo Místico de Cristo.
"Motu proprio" ORIENTIS CATHOLICI, del 15 de octubre de 1917, sobre la creación del
Pontificio Instituto Oriental.

Carta del Santo Oficio, del 4 de julio de 1919, recordando la vigencia de las disposiciones
establecidas por las cartas Apostolicae Sedi y Quod vos.

Ver Denzinger 2181 a), del 17 de mayo 1916, sobre Extremaunción.

PONTIFICADO DE PIO XI

Encíclica ECCLESIAM DEI, del 12 de noviembre de 1923, en el III centenario del martirio de
San Josafat, recordando que la Iglesia Católica es el único Cuerpo de Cristo. Recuerda asimismo
los vínculos que con la Iglesia Católica mantienen las iglesias ortodoxas y las exhorta a
regresar rápidamente a la unidad.

I: Introducción

1. La Iglesia es divinamente notoria por su unidad ecuménica.

2. El Colegio Apostólico fue uno:

a) por su vínculo interno: fe, caridad;

b) por su vínculo externo: gobierno de uno solo. El Primado es fundamento de la


unidad.

3. La Iglesia creció como un solo cuerpo, animado por un solo espíritu. De este Cuerpo, Cristo
es la Cabeza. La Cabeza visible es el Pontífice.

4. El enemigo ha combatido encarnizadamente esta unidad de régimen:

a) el Cisma bizantino y eslavo;

b) los esfuerzos de los Pontífices para el regreso de los disidentes;

c) la unión de Kiev y de los Obispos rutenos.

5. Ocasión de la Encíclica: el tercer centenario del martirio de San Josafat, que derramó su
sangre por la unidad de la Santa Iglesia.

II: San Josafat Kunciewicz


1. Vocación: determinado a la comunión en la única Iglesia ecuménica, la Católica.

2. Vida monástica y pastoral. Su objetivo: restaurar la unidad.

3. Mártir por la restauración de la unidad y la obediencia a Roma.


III: La unidad
1. A la vez que deplora las persecuciones comunistas, dirige un llamado a los eslavos orientales
disidentes para que se reintegren en la unidad.

a) Ejemplo de los católicos.


b) Mutua comprensión, deponer prejuicios, y no achacar a la Iglesia las faltas de los
particulares.

c) Ampliación del Instituto Oriental.

2. Los vínculos de la unidad:

a) Caridad: deponer prejuicios, sospechas, odios. Por la perfecta reconciliación de


hombres y pueblos se favorece regreso de los disidentes a la unidad.

b) Eucaristía.

c) Amor a la Virgen.
3. Llamado a reintegrarse a la unidad indefectible, en Pedro y sus sucesores.

El Santo Oficio, el 8 de julio de1927, emite la respuesta a una cuestión presentada a dicha
Congregación, acerca de la participación de católicos en congresos ecuménicos, tales como el
de Lausana. La respuesta es obviamente negativa, dada la vigencia de las disposiciones
anteriores.

Encíclica MORTALIUM ANIMOS, del 6 de enero de 1928, acerca del ecumenismo católico.
Suscitada en parte por los excesos del Monasterio de la Unión, de Amay, expone con claridad y
firmeza los principios rectores del verdadero ecumenismo, señalando los errores y peligros que
implican una concepción desviada. Uno solo es el camino a la unidad: el regreso de los
disidentes a la Iglesia Católica. Constituye esta encíclica la verdadera "carta fundamental del
ecumenismo católico".

I: Ocasión y objeto de la Encíclica


1. Ansia universal de paz y fraternidad.

2. La fraternidad en religión auspiciada por acatólicos:

a) Fundamento de esta unidad: acuerdo fraternal en algunas doctrinas que sean base
de la vida espiritual.

b) Reunión de congresos ecuménicos.

c) Errores en que incurren:

1) Indiferentismo, que lleva al naturalismo y al ateísmo.

2) Pan cristianismo. Argumentos falaces que utiliza.


3. En consecuencia: necesidad de fijar la verdadera norma en la cuestión.

II: Principio y fundamento


1. Sólo la religión revelada por Dios es la verdadera.

2. Todos convienen en que Cristo fundó una Iglesia para gloria de Dios y salvación nuestra.

3. Errores acerca de cuál es la Iglesia fundada por Cristo.

4. Naturaleza de la verdadera Iglesia:

a) Sociedad perfecta, externa, visible.


b) Guiada por una sola Cabeza, un solo Magisterio, los mismos Sacramentos.

c) Indefectible, infalible.

5. Esta Iglesia es la Católica Romana.

III: El falso ecumenismo


1. Errores más frecuentes en que incurre:

a) Interpretación desviada de "ut unum sint":


1) La unidad todavía no se ha realizado, es un ideal lejano.

2) La verdadera unidad de la Iglesia no ha existido nunca y aun no existe.

b) División de la Iglesia:

1) La Iglesia está dividida: integrada por varias comunidades distintas,


coincidentes sólo en algunos puntos de doctrina, cada una con los mismos derechos
que las demás.

2) Búsqueda de una norma común de fe que una fraternalmente a las iglesias.

c) Oposición al Primado del Romano Pontífice deseo de actuar en igualdad de nivel con
la Iglesia Católica.

2. La Sede Apostólica rechaza estos errores y afirma:

a) Participar en congresos "ecuménicos" es dar autoridad a un falso cristianismo, ajeno


a la verdadera única Iglesia de Cristo.

b) La verdad revelada no admite transacciones.

c) La Iglesia Católica es la depositaria infalible de esa verdad.

d) La fe íntegra es fundamento y raíz de la caridad

3. Síntesis doctrinal católica frente al falso ecumenismo:

a) Es imposible una unión cristiana que no esté basada en la unidad de la fe íntegra.


b) La unidad sólo puede surgir de un solo magisterio, de una sola ley de creer, y de una
sola fe cristiana
c) En consecuencia, se rechazan absolutamente los errores modernistas:

1) Estos errores son principalmente:

- la verdad dogmática no es absoluta, sino relativa

- distinción entre verdades fundamentales y no fundamentales.

2) Se rechazan estos errores: la causa formal de la fe es la autoridad de Dios


revelante, que no admite tales distinciones

IV: El verdadero ecumenismo


1. La unión de los cristianos sólo se puede lograr fomentando el retorno de los disidentes a la
verdadera Iglesia de Cristo, la Iglesia Católica.

2. El Cuerpo Místico de Cristo es uno, tal como su Cuerpo físico: la Iglesia no está formada por
miembros separados.

3. Necesidad absoluta de reconocer obediencia al Sumo Pontífice.

V: Conclusión
1. Llamado a las sectas disidentes a someterse al Magisterio y al gobierno de la Santa Iglesia.

2. Plegaria a Nuestro Señor Jesucristo y a María Santísima para que se dignen llamar a la
unidad de la Iglesia a los que se han separado de Ella.

Encíclica RERUM ORIENTALIUM, del 8 de septiembre de 1928, acerca de favorecer el estudio


de los asuntos orientales para propagar y procurar la legítima unidad de los disidentes.

Encíclica LUX VERITATIS, del 25 diciembre de 1931, sobre la doctrina del Concilio de Éfeso.
Condenación de Nestorio, los errores de las iglesias cismáticas y la adhesión a la Iglesia.

PONTIFICADO DE PIO XII

Encíclica MYSTICI CORPORIS, del 29 junio de 1943. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, uno,
indivisible, visible, constituido orgánica y jerárquicamente.
Encíclica ORIENTALIS ECCLESIAE, del 9 de abril de 1944, en ocasión del aniversario de la
muerte de San Cirilo de Alejandría. Expone en qué consiste la unidad: en la profesión de la
misma fe, en la sumisión a la misma autoridad, en la mutua caridad.

I: Introducción
1. Ocasión de la encíclica:

a) Alabanza a San Cirilo en el XV° centenario de su muerte.

b) Recuerda los elogios de los Santos Padres y la veneración que por su autoridad han
tenido los Concilios de Calcedonia, Constantinopla y Letrán I.

2. Brevísima exposición de su vida:

a) Combate las herejías de Novaciano y Nestorio.

b) Doctor de la Virgen en el Concilio de Efeso.


c) Esfuerzos por convertir a los alejados del recto camino de la verdad.

d) Venerado por los cristianos orientales y Doctor de la Iglesia universal...

3. El momento presente:

a) Enorme tristeza por la separación: no todos convienen en la unidad que San Cirilo

amó y promovió.

b) Más dolorosa en el momento actual, ante los ataques de la impiedad.

c) Único modo de hacer frente a estos embates: que todos, a ejemplo de San Cirilo,
convengan en la unidad que Cristo dio a Su Iglesia, y que es triple:

1) única fe católica,

2) única caridad, hacia Dios y hacia el prójimo,

3) única obediencia y sumisión a la jerarquía instituida por Cristo.

d) Si uno de tales vínculos falta, no hay verdadera unidad.

II: La unidad de Fe
1. Ejemplo de San Cirilo: esfuerzos en controversia con los nestorianos.

2. En qué consiste:

a) Es convenir en la doctrina íntegra, transmitida por la Sagrada Escritura y los Santos


Padres, propuesta clara e infaliblemente por la Santa Iglesia.

b) Se rechaza el error de los obispos de Antioquía, en tiempos de San Cirilo, que creían
que bastaba afirmarse sobre el Credo de Nicea, pues:

1) No basta aceptar sólo los antiguos documentos; hay que creer también las
definiciones infaliblemente propuestas luego por la Iglesia.
2) No es lícito, en aras de la unidad, ocultar o silenciar un solo dogma.

3) Y, fundamentalmente, no se regresa a la unidad de Cristo basándola en


aquellas partes de doctrina en que se hallen de acuerdo la mayor parte de las
comunidades cristianas.

3. Nuevamente el ejemplo de San Cirilo: su actividad contra la herejía, su firmeza en las


persecuciones.

III: La unidad en la caridad


1. Liga entre sí a los miembros del Cuerpo Místico y acoge fraternalmente a los que se han
desviado del recto camino.

2. Ejemplo de San Cirilo: sus consejos al respecto, su benevolencia hacia los extraviados, su
alegría por la paz obtenida con los Obispos de Antioquía.

3. Necesidad de promover y fomentar el mutuo conocimiento:

a) Pasos ya dados: Pontificio Instituto Oriental.


b) Respecto a la liturgia:

1) Estimar la liturgia oriental y conservarla.

2) Justificación de los ritos y su diversidad: no se opone a la verdadera unidad.

IV: La unidad en la autoridad


1. Fundamento: debe apoyarse sobre Pedro y sus sucesores, única piedra sobre la que ha sido
fundada la Iglesia.

2. Ejemplo de San Cirilo: presidencia del Concilio de Efeso en nombre del Papa, concordia con
la Sede Romana. Testimonios de los Pontífices al respecto: San Celestino, Sixto III.

V: Exhortación final
1. Bajo el patrocinio de San Cirilo debe promoverse el regreso de los disidentes a la única
Iglesia de Cristo, en la unidad cimentada sobre el triple vinculo:

a) única fe de todos,

b) única caridad que nos una al Cuerpo Místico,

c) única fidelidad a la Sede de Pedro.

2. Medios para lograrlo:

a) Oración y ejemplo, especialmente de los orientales católicos, y de todos los fieles.


b) Patrocinio de la Santísima Virgen.

c) Día del Oriente.


3. Que San Cirilo sea maestro y ejemplo para restaurar la concordia. Ansia de que llegue el día
en que la grey entera esté en el único redil, bajo la dependencia de Cristo y Su Vicario en la
tierra.

4. Exhortación especial a los nestorianos.

Monitum CUM COMPERTUM, del Santo Oficio, del 5 de junio de 1948, prohibiendo la
participación de los católicos en congresos ecuménicos tales como el de Amsterdam.

Instrucción ECCLESIA CATHOLICA, del Santo Oficio, del 20 de diciembre de 1949, acerca del
movimiento ecuménico. Firmada por el Cardenal Marchetti-Selvaggiani, Prefecto, y Monseñor
Ottaviani, asesor. Expone las causas por las cuales la Iglesia Católica no participa en el
movimiento ecuménico, previene contra los peligros que de él surgen, y dicta las estrictas
normas a seguir en el trato con los disidentes.

I: Ocasión de la presente Instrucción


1. La Iglesia Católica no participa en los congresos llamados "ecuménicos", pero anima y
promueve todas las empresas que, con autorización de la autoridad eclesiástica, se realizan
para:

a) instruir en la fe a los que van camino de convertirse,

b) hacerla conocer más perfectamente a los convertidos.

2. Ansia general de unidad de los cristianos, ocasión de alegría para la verdadera Iglesia,
aunque las tentativas no siempre se fundamenten sobre principios justos o estén expuestas a
ciertos peligros.

3. En consecuencia: necesidad de recordar e imponer ciertas prescripciones.

II: De motione oecumenica


1. Principios generales:

a) Fundamento: la reunión de los "cristianos" es deber y función de la Iglesia


verdadera.
b) Deberes de los Obispos:

1) Velar eficazmente sobre el "movimiento ecuménico", promoverlo y dirigirlo


con prudencia para:

- ayudar a los que buscan la verdad,

- apartar a los fieles de los peligros que fácilmente de él se derivan.

2) Sumisión a directivas de la Santa Sede, especialmente a: Satis cognitum,


Mortalium Animos, Mystici Corporis.
3) Vigilancia sobre publicaciones.

4) Establecer oficinas a las que los acatólicos puedan recurrir en busca de


consejo.

c) Errores a evitar:

1) Pretexto de que hay que considerar más lo que nos une que lo que nos
separa ( indiferentismo).

2) Irenismo: que la doctrina católica sea englobada o adaptada en algún


aspecto a las doctrinas disidentes, afectándose así su pureza u oscureciéndose su
sentido.

3) Ambigüedad de expresión, que da lugar a opiniones erróneas y esperanzas


falaces que jamás podrán realizarse.

4) Exageración desmesurada de los defectos católicos en ocasión de la


"Reforma", oscureciendo lo esencial: la defección de la fe católica.

5) Silenciar o usar palabras ambiguas al exponer los puntos centrales de


disidencia:

- justificación,

- constitución de la Iglesia,

- primado del Romano Pontífice,

- única unión verdadera (= la que se realiza por la vuelta de los


disidentes a la Santa Iglesia).

6) Permitirles creer que con su regreso aportan a la Iglesia algo que a esta le
faltaba.

2. Las reuniones "ecuménicas":

a) Principios:
1) Se requiere especial vigilancia de los obispos.

2) Peligro grave de indiferentismo.

3) La experiencia enseña que son de poco resultado y generalmente peligrosas.


Por ello, autorizadas luego de serio examen.

b) Normas generales:

1) Sumisión a las prescripciones de la Iglesia.

2) Necesidad de autorización previa de la jerarquía.

c) Normas particulares:

1) Conferencias o reuniones locales:

- Evitar participación mutua en oficios litúrgicos.


- Cuidadosa vigilancia y dirección de las mismas.

- Informe al Santo Oficio.

2) Coloquios entre teólogos:

- Iguales condiciones.

- Informe pormenorizado al Santo Oficio (temas, personas, etc.).

3) Conferencias interdiocesanas, nacionales, internacionales:

- Permiso previo de la Santa Sede.

- No emprender ningún preparativo sin la obtención de este permiso.

4) Se aconseja colaboración estrecha entre Obispos.

III: Conclusión
1. Se recomienda a los obispos difundir estos esfuerzos y las prescripciones de la Iglesia al
respecto, para que la reunión de todos los cristianos en la única fe verdadera y en la única
Iglesia verdadera sea implorada fervorosamente por los fieles.

2. A los sacerdotes, se los exhorta a oraciones y sacrificios.

3. Nada convencerá más que la pureza de vida de los católicos.

Encíclica HUMANI GENERIS, del 12 de agosto de 1950; en la cual afirma la identidad entre la
Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica Romana: "Algunos no se creen obligados por la doctrina
hace pocos años expuesta en Nuestra Carta encíclica y apoyada en las fuentes de la revelación,
según la cual el Cuerpo Místico de Cristo y la Iglesia Católica Romana son una sola y misma
cosa". Cita: Dz. 2319. Suprimida en Ds. del 12 de agosto de 1950; en la cual afirma la identidad
entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica Romana: "Algunos no se creen obligados por la
doctrina hace pocos años expuesta en Nuestra Carta encíclica y apoyada en las fuentes de la
revelación, según la cual el Cuerpo Místico de Cristo y la Iglesia Católica Romana son una sola y
misma cosa". Cita: Dz. 2319. Suprimida en Ds.

SINTESIS DOCTRINAL CATOLICA

SOBRE EL ECUMENISMO

I: LA UNIDAD DE LA IGLESIA

1. La unidad es una propiedad de la Iglesia de Cristo.

2. La verdadera y única Iglesia de Cristo es la Católica, Apostólica y Romana.


3. La unidad es, ha sido y será indefectible en la Iglesia Católica.

4. Dicha unidad es triple: de fe, de culto y de gobierno; y si uno de tales vínculos falta,
no hay verdadera unidad, sino falsa unidad.

5. La unidad de fe consiste en la profesión íntegra de la doctrina católica.

6. La unidad de culto consiste en la aceptación y realización del mismo Sacrificio y de los


mismos Sacramentos.

7. La unidad de gobierno consiste en la sumisión a la Sede de Pedro.

II: EL VERDADERO ECUMENISMO

1. La única unidad posible radica en el regreso de los disidentes al seno de la Iglesia


Católica, culpable y desgraciadamente abandonada por ellos.

2. Pues la unidad solo puede surgir de una sola fe cristiana, de una sola ley de creer, de
un solo magisterio.

3. Es imposible decir que se adhiere a Cristo, Cabeza de la Iglesia, si no se adhiere


también a Su Cuerpo, la Iglesia. Y como ésta sólo es la Iglesia Católica, es imposible decirse
cristiano estando fuera de ella.

4. Para lograr la unidad, no basta afirmar lo que hay de común entre católicos y
disidentes. No se puede fundamentar la unidad sólo en aquellas partes de doctrina en las que
haya acuerdo.

5. Para lograr la unidad, no es lícito silenciar un solo dogma.

6. Fuera de la Iglesia Católica existen valores de salvación, pero sólo por lo que
conservan de la verdadera Iglesia.

III: ERRORES DEL FALSO ECUMENISMO

1. Tres son los errores fundamentales:

a) Trastornar la constitución divina de la Iglesia, considerándola como dividida, integrada


por varias comunidades o "comuniones" distintas, coincidentes sólo en algunos puntos de
doctrina, cada una con los mismos derechos que las demás para ser considerada como la
verdadera Iglesia de Cristo.

b) Considerar que la unidad de la Iglesia es sólo un ideal lejano. Es decir, que la Iglesia
nunca ha sido y aún no es una.

c) Promover un falso concepto de unidad: una cierta comunidad de creencias y un cierto


intercambio de caridad fraterna.
2. Ante la falta de acuerdo en las doctrinas, basa la unidad sólo en la caridad fraterna, la
cual, por sí misma, provocaría una evolución interna hacia la unidad en la doctrina.

3. Para facilitar el acuerdo en las doctrinas, afirma:

a) el relativismo de las verdades fundamentales, esenciales y accidentales.

b) la distinción entre verdades fundamentales y no fundamentales, esenciales y


accidentales.

4. Rechaza acerbamente cualquier autoridad real a la Iglesia Católica:

a) oposición al Primado del Romano Pontífice,

b) reconocimiento sólo de una primacía de honor del Pontífice,

c) deseo inmoderado de actuar en pie de igualdad con la Iglesia Católica.

IV: PELIGROS QUE ACECHAN A LOS CATOLICOS QUE TRABAJAN POR LA


UNIDAD

1. Irenismo: disminuir o disimular las verdades y obligaciones católicas en aras de una


falsa paz ("eirene") o armonía con los disidentes.

2. Pérdida del celo misionero.

3. Pancristianismo: considerar que se puede constituir una unión federativa de las


confesiones cristianas, manteniendo cada una su independencia y sin renunciar a sus dogmas.

4. Indiferentismo: considerar que en cualquier confesión cristiana, y en cualquier religión,


se puede igualmente complacer a Dios y esperar con igual confianza la salvación eterna.

V: ERRORES A EVITAR EN EL TRATO CON LOS DISIDENTES

1. Ambigüedades de expresión, que podrían dar lugar a esperanzas falaces y opiniones


erróneas.

2. Exposición parcial de la doctrina católica, olvidando que la unidad solo puede


fundamentarse en la profesión de la doctrina íntegra.

3. Silenciar los puntos centrales de disidencia: justificación, constitución de la Iglesia,


Primado, calidad de la verdadera unión, etc.

4. Permitir que los disidentes crean que, regresando a la verdadera Iglesia, le aportan a
ésta algo que le faltaba.
5. Exageración desmesurada de los defectos humanos del catolicismo (especialmente en
la historia de la Reforma), distrayendo la atención de lo esencial: que los disidentes han
defeccionado de la fe católica.

SINTESIS DEL ECUMENISMO POST-CONCILIAR

Decisión previa: El ecumenismo, tal como ha nacido del Concilio, es irreversible.

I: LA UNIDAD DE LA IGLESIA

1. La unidad ha fallado en la Iglesia de Cristo: a través de los siglos, se ha quebrado la


unidad de fe y la unidad de caridad.

2. La unidad es por lo tanto imperfecta: es capaz de mayor o menor perfección. Fue


perfecta en los primeros siglos; se perdió tal perfección por los cismas y herejías.

3. En consecuencia, hoy no existe la unidad que Cristo quiso para su Iglesia.

4. El único modo de reintegrar tal unidad: el diálogo en la caridad.

II. EL ECUMENISMO

A) Objetivo: “Ut unum sint”, “que todos sean uno”.

B) Medios:

1. Reconocimiento de la libertad religiosa como derecho absoluto del hombre, surgido de


su naturaleza misma. Consecuentemente, rechazo de la confesionalidad del Estado.

2. Relativización de los dogmas:

a) distinción entre verdades fundamentales y no fundamentales.

b) afirmación del progreso del dogma (adquiriendo un sentido distinto al que


anteriormente tenía),

c) búsqueda de un acuerdo en los dogmas fundamentales de la fe.

3. Reconocerse como « iglesias hermanas », lo cual implica:

a) que todas se hallan en un plano de igualdad;


b) el Pontífice no tiene primacía de jurisdicción y magisterio, sino un cierto primado
honorífico;

c) el Pontífice Romano es solo el presidente de una iglesia local, heredero y sucesor de


uno de los integrantes del Colegio Apostólico.

C) Modo de tratar con los disidentes:

1. Exponer ante todo aquello que nos une.

2. Silenciar o posponer todo aquello que nos separa.

3. Reconocer humildemente los defectos y culpas de la Iglesia Romana.

4. Agradecer a los disidentes por permitirnos tomar conciencia de tales defectos y culpas.

5. Reconocer que el regreso de los disidentes permitirá que la Iglesia supere su


imperfección actual.

D) Medidas prácticas inmediatas:

1. Aliento del diálogo, rechazo de las misiones o del proselitismo.

2. Rehabilitación de los "hermanos separados".

3. Autorización de la “communicatio in sacris”.

4. Evolución hacia una liturgia interconfesional.

MAGISTERIO TRADICIONAL LA CARICATURA


1. La unidad es una propiedad de la Iglesia 1. La unidad ha fallado en la Iglesia de Cristo: a
de Cristo. través de los siglos, se ha quebrado la unidad de fe y
la unidad de caridad.
2. La unidad es por lo tanto imperfecta: es capaz de
LA UNIDAD DE LA IGLESIA 2. La unidad es, ha sido y será indefectible en mayor o menor perfección. Fue perfecta en los
la Iglesia Católica. primeros siglos; se perdió tal perfección por los
cismas y herejías.
3. En consecuencia, hoy no existe la unidad que
Cristo quiso para su Iglesia.
1. La única unidad posible radica en el A) Objetivo: “Ut unum sint”, “que todos sean
regreso de los disidentes al seno de la Iglesia uno”.
Católica, culpable y desgraciadamente
abandonada por ellos. B) Medios:
2. Pues la unidad solo puede surgir de una
sola fe cristiana, de una sola ley de creer, de 1. Reconocimiento de la libertad religiosa como
un solo magisterio. derecho absoluto del hombre, surgido de su
3. Es imposible decir que se adhiere a Cristo, naturaleza misma. Consecuentemente, rechazo de la
Cabeza de la Iglesia, si no se adhiere también confesionalidad del Estado.
a Su Cuerpo, la Iglesia. Y como ésta sólo es la 2. Relativización de los dogmas:
Iglesia Católica, es imposible decirse cristiano a) distinción entre verdades fundamentales y no
estando fuera de ella. fundamentales.
4. Para lograr la unidad, no basta afirmar lo b) afirmación del progreso del dogma (adquiriendo
que hay de común entre católicos y un sentido distinto al que anteriormente tenía),
disidentes. No se puede fundamentar la c) búsqueda de un acuerdo en los dogmas
unidad sólo en aquellas partes de doctrina en fundamentales de la fe.
las que haya acuerdo. 3. Reconocerse como « iglesias hermanas ».
5. Para lograr la unidad, no es lícito silenciar
un solo dogma. C) Modo de tratar con los disidentes:
6. Fuera de la Iglesia Católica existen valores
de salvación, pero sólo por lo que conservan 1. Exponer ante todo aquello que nos une.
EL ECUMENISMO de la verdadera Iglesia. 2. Silenciar o posponer todo aquello que nos separa.
3. Reconocer humildemente los defectos y culpas de
1. Tres son los errores fundamentales: la Iglesia Romana.
a) Trastornar la constitución divina de la 4. Agradecer a los disidentes por permitirnos tomar
Iglesia, considerándola como dividida, conciencia de tales defectos y culpas.
integrada por varias comunidades o 5. Reconocer que el regreso de los disidentes
"comuniones" distintas, coincidentes sólo en permitirá que la Iglesia supere su imperfección
algunos puntos de doctrina, cada una con los actual.
mismos derechos que las demás para ser
considerada como la verdadera Iglesia de D) Medidas prácticas inmediatas:
Cristo.
b) Considerar que la unidad de la Iglesia es 1. Aliento del diálogo, rechazo de las misiones o del
sólo un ideal lejano. Es decir, que la Iglesia proselitismo.
nunca ha sido y aún no es una. 2. Rehabilitación de los "hermanos separados".
c) Promover un falso concepto de unidad: 3. Autorización de la “communicatio in sacris”.
una cierta comunidad de creencias y un cierto 4. Evolución hacia una liturgia interconfesional.
intercambio de caridad fraterna.

DOCTRINA CATOLICA SOBRE LA COMMUNICATIO IN SACRIS

La communicatio in sacris es la participación con otros en la oración y el culto, en


forma privada o pública.

El precepto natural y divino que prohíbe la communicatio in sacris con los no-católicos
obliga solo a los fieles católicos, ya que no tiene por objeto castigar a los herejes y cismáticos,
sino preservar la fe de los hijos de la Iglesia.

La prohibición de tal participación obliga:

(a) ex praecepto fidei: pues los que participan con los no-católicos en sus ritos, o bien
admiten interiormente sus errores (al menos de una manera general) y son entonces ellos
mismos herejes y cismáticos; o bien, repudiando interiormente el cisma y la herejía, participan
"in sacris" por temor o algún otro motivo, simulando exteriormente una falsa doctrina, lo cual
está expresamente prohibido; o se exponen voluntariamente al peligro de perversión.

(b) ex praecepto charitatis: obliga a evitar lo que pueda escandalizar a los católicos, y la
obligación es tanto más grande cuanto que se trata de algo delicadísimo, tal como es la
integridad de la fe, que cada católico debe estimar más que cualquier otra cosa.

Fundamento teológico de la prohibición de la communicatio in sacris:

Tal prohibición se fundamenta en la comprensión que de sí misma tiene la Iglesia


Católica: ser la una y única Iglesia fundada por Jesucristo.

Sólo la Iglesia de Cristo honra a Dios con el culto público querido por Él mismo. El culto
rendido por otras comunidades, (aunque en ellas sobrevivan algunos elementos de los que
constituyen la verdadera Iglesia) no es bueno, ni es el querido por Dios, dado que esas
comunidades se han separado de la Iglesia fundada por Cristo.

Sólo las iglesias locales que se hallan en comunión con el Sucesor de Pedro, a quien
Cristo hizo cabeza de su Iglesia, pueden ser consideradas partes auténticas de la Iglesia
universal.

La participación en el culto público de la Iglesia, especialmente en la Eucaristía, es un


decisivo signo de unidad en la Iglesia de Cristo.

La prohibición de la communicatio in sacris ha sido constantemente mantenida por el


Magisterio:

Juan XXII, en una carta del 11 de octubre de 1322, al Patriarca latino de Constantinopla,
condenó la práctica de los católicos de Acaya (Grecia): asistir a la Misa de los cismáticos, recibir
de ellos los sacramentos, y a la vez, admitir a los no-católicos a los oficios religiosos en las
iglesias católicas. Tal práctica fue estrictamente prohibida pues implicaba peligro para las
almas, una ofensa a la Divina Majestad y un considerable daño para la religión cristiana.

Urbano V exigió al Arzobispo de Chipre, bajo amenaza de excomunión, que eliminara


tales abusos.

La enseñanza definitiva (mantenida en la práctica hasta el Concilio Vaticano II) fue la


dada por la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe (Propaganda Fidei), en su
Instrucción del 5 de julio de 1729:

“Desde hace tiempo y con frecuencia, los misioneros y los Obispos de Oriente han
solicitado la regla a seguir para las participaciones "in sacris" de los católicos con los herejes y
cismáticos, en caso de utilidad, necesidad, peligros, vejaciones, incluso persecuciones a sufrir
por los fieles.

La Sagrada Congregación ha respondido siempre de modo uniforme: NO ES LICITO.

También espera que los misioneros comprendan fácilmente que, si bien se pueden
imaginar especulativamente algunos casos en que se podría tolerar esta "communicatio in
divinis", es totalmente distinto en la práctica; cuando se consideran atentamente todas las
circunstancias (...) la "communicatio in divinis" con los cismáticos y herejes debe ser
regularmente considerada como ILÍCITA EN LA PRÁCTICA, ya sea por el peligro de perversión
de la fe católica, o por el peligro de participación en un rito herético o cismático, o igualmente
por el peligro y ocasión de escándalo. Ahora bien, como estos peligros se encuentran
regularmente en la práctica en la "communicatio in divinis" con los cismáticos y herejes, y esta
prohibido exponerse de un modo universal por el derecho natural y el derecho divino, de los
cuales ningún poder puede dispensar, y que no hay además ninguna razón que pueda excusar,
no se puede, de ahora en adelante, plantear ninguna nueva duda (…)”
Algunos teólogos han ensenado que los católicos podrían participar "in sacris" con los no-
católicos, e incluso recibir los sacramentos de sus manos, sin cometer falta, si se presentasen
TODAS las circunstancias siguientes:

(a) de parte de los católicos: una causa gravísima y muy urgente;

(b) de parte de los ministros heréticos o cismáticos: una ordenación valida y la


administración del sacramento según el rito de la Iglesia Católica;

(c) que esta "communicatio" no sea considerada como la profesión de un culto falso;

(d) que no se cause escándalo a nadie.

Como todas estas condiciones a la vez son imposibles de reunir, Benedicto XIV ha
expresado claramente que EN LA PRÁCTICA, LOS CATOLICOS DEBEN CONSIDERAR
SIEMPRE PROHÍBIDA LA "COMMUNICATIO IN SACRIS" CON LOS NO-CATOLICOS.

¿TENEMOS EL MISMO DIOS QUE LOS JUDÍOS Y MUSULMANES?

Muchos católicos están turbados en su fe por afirmaciones tales como "Cristianos, judíos y
musulmanes tenemos el mismo Dios" o "Cristianos, judíos y musulmanes creemos en el mismo
Dios".

Esta frase, lanzada a comienzos del siglo por el famoso sacerdote apóstata Jacinto Loyson, es
tema común hoy en día en alocuciones, discursos y diálogos en los encuentros ecuménicos.

Para confirmarla dicho, demos ante todo algunas citas de discurso de Juan Pablo II:

17/11/80 = A la comunidad judía en Maguncia: "¡Shalom!... El encuentro entre el pueblo de


Dios de la Antigua Alianza, que nunca fue rechazada por Dios, y el de la Nueva, es asimismo un
diálogo interior a la Iglesia misma, como si fuera entre la primera y la segunda parte de la Biblia
(...) Judíos y cristianos están llamados como hijos de Abraham a ser bendición para el mundo (...)
Diálogo entre las dos religiones que, con el Islam, deben dar al mundo la fe en el único e inefable
Dios que nos interpela"

13/4/86 = Visita a la sinagoga de Roma: "La religión judía no nos es extrínseca, sino que, en
cierto modo, es intrínseca a nuestra religión. Sois nuestros hermanos predilectos y, en cierto
modo, se podría decir, nuestros hermanos mayores"

9/5/85 = Coloquio islámico-cristiano: "Como lo he dicho muchas veces en otros encuentros con
musulmanes, tenemos un solo y mismo Dios y somos hermanos y hermanas en la fe de Abraham"
11/8/85 = Homilía en el aeropuerto de Camerún: "Queridos amigos, nosotros compartimos con
vosotros la fe en el Dios único, vivo, misericordioso y omnipotente, Creador del cielo y de la tierra.
Vosotros sentís veneración hacia Jesús y honráis a la Virgen María, su Madre. Podemos progresar
en un diálogo sincero para comprender mejor nuestro patrimonio religioso mutuo y vivir en la
amistad, cuyo camino nos señala Dios"

19/8/85 = Encuentro con jóvenes musulmanes en el estadio de Casablanca: "Cristianos y


musulmanes, tenemos muchas cosas en común, como creyentes y como hombres (...) Abraham
es para nosotros un modelo de fe en Dios, de sumisión a su voluntad y de confianza en su
bondad. Creemos en el mismo Dios, el Dios único, el Dios viviente, el Dios que creó los mundos y
lleva las criaturas a su perfección. Es hacia Dios que se dirige mi pensamiento y que se eleva mi
corazón: es de Dios mismo que deseo ante todo hablarles; de El, porque es en El que creemos,
vosotros musulmanes y nosotros católicos (...) La Iglesia manifiesta una atención particular por
los creyentes musulmanes, dada su fe en el Dios único, su sentido de la oración y su estima por la
vida moral"

30/12/87 = Encíclica Sollicitudo Rei Socialis: "A quienes comparten con nosotros la herencia de
Abraham, nuestro padre en la fe, y la tradición del Antiguo Testamento, es decir, los judíos; y a
quienes, como nosotros, creen en Dios justo y misericordioso, es decir, los musulmanes, dirijo
igualmente este llamada, que hago extensivo, también, a todos los seguidores de la grandes
religiones del mundo"

Objeción: Ahora quiero presentar una objeción, que se plantea de la siguiente manera:

Los judíos y los musulmanes creen en el Dios único, infinito, creador y señor del cielo y de la
tierra.

Podemos considerar que los judíos actuales creen en el Dios en el cual creían los judíos del
Antiguo Testamento, incluso si ellos han renegado del Mesías prometido.

Si decimos que ese dios es distinto que el Dios de los cristianos, debemos decir también que los
judíos del Antiguo Testamento, antes de la venida de Jesucristo, no tenían el mismo Dios que los
cristianos.

Además, se puede conocer la existencia de Dios incluso fuera de la Revelación, a la simple luz de
la razón natural.

Respuesta:

La reducción de las religiones monoteístas al mínimo denominador común es el alma del


ecumenismo actual. Para responder a la objeción, vayamos por partes.

A) "Tener el mismo Dios" no quiere decir tener algunas nociones en común sobre Dios, sino que
significa creer en el mismo Dios, creer las mismas cosas sobre Dios. Esto significa que hay que
aceptar el testimonio que Dios ha dado de sí mismo.
Si bien es cierto que objetivamente existe un solo verdadero Dios y, en ese sentido, tenemos el
mismo Dios que los judíos, los musulmanes, las plantas y los animales, también es totalmente
cierto que existe una sola Revelación de este único y verdadero Dios, de la cual el hombre no
puede hacer abstracción sin caer en el error.

En consecuencia, no puede haber más que una única fe en Dios, así como único es el verdadero
Dios y única es su Revelación.

Por lo tanto, se tiene el mismo Dios cuando se creen las mismas cosas sobre Dios; y se puede
creer en las mismas cosas sobre Dios solamente cuando se cree en su única Revelación.

Esto basta para demostrar que no tenemos el mismo Dios que los judíos, los musulmanes y los
filósofos paganos:

1º) Porque ellos no creen en la divina Revelación

2º) Porque ellos no creen las mismas cosas que nosotros creemos.

Existe una diferencia abismal entre la realidad divina, alcanzada en sí misma en su verdadera
esencia, tal como la luz de la fe nos la revela, y las representaciones humanas de Dios que
proponen las falsas religiones. Si negamos esta diferencia, si solamente atenuamos esta
diferencia, entonces reducimos a una trivialidad la necesidad de una revelación divina.

[ejemplo del hombre que pasa por la calle]

Incluso el monoteísmo de judíos y musulmanes, monoteísmo sobre el cual se apoya el


ecumenismo actual, no es el mismo monoteísmo católico. En efecto, el monoteísmo cristiano
profesa un Dios tal cual es: uno en la naturaleza y trino en las Personas. En cambio, el
monoteísmo judeo-musulmán profesa un dios uno en naturaleza y uno en persona.

No podemos decir que el Dios de la Revelación es el mismo dios que el de los judíos y
musulmanes por el solo hecho que tienen en común la unidad de naturaleza, puesto que judíos y
musulmanes no se limitan a afirmar la unidad de naturaleza, sino que afirman igualmente la unida
de la persona en Dios.

Si decimos que la Unidad de naturaleza ofrece una noción común inicial sobre la cual los adeptos
de las tres religiones podrían unirse, mientras que la Trinidad de Personas se presenta como una
fase ulterior, la Revelación hecha por el Verbo de Dios se agregaría como un piso a esa planta
baja indispensable: la Trinidad no influiría verdaderamente en la Unidad.

El dios natural, supuesto común a las tres religiones monoteístas, es un ente de razón, una
concepción puramente humana sin fundamento en la realidad, un dios que no existe más que en
el espíritu de ciertos hombres.
La Santísima Trinidad es un concepto ontológicamente primordial y no una noción que se agrega
a la substancia divina. No es un agregado secundario o facultativo. La Trinidad de Personas es la
esencia divina; lejos de ser una noción accidental, la Trinidad es la manera única, inimitable que
tiene Dios de ser Uno.

Es indispensable rechazar una teología a dos niveles: una planta baja universal y evidente, y un
primer piso facultativo y agregado, que sería el verdadero obstáculo para la unidad.

El monoteísmo cristiano difiere totalmente del monoteísmo judío o musulmán.

Monseñor de Castro Mayer dice con claridad y firmeza: "Sólo es monoteísta quien adora a la
Santísima Trinidad, porque la Unidad de Dios es inseparable de la Trinidad de Personas.

Es falso decir que los musulmanes son monoteístas. No lo son porque no adoran al Unico Dios
verdadero, que es Trino. Ellos son monólatras, o sea, que adoran un solo ídolo supremo. Dígase
lo mismo de los judíos, que rechazaron la Revelación de la Santísima Trinidad. Ellos también
dejaron la adoración del verdadero Dios Trino, para inclinarse ante un ser inexistente, un ídolo.

Sólo hay una religión monoteísta: es la Católica, que adora a la Santísima Trinidad".

B) Los cristianos tenemos la misma fe que los Patriarcas y los Profetas del Antiguo Testamento,
pero no tenemos la misma fe que los judíos de hoy en día.

Tenemos el mismo Dios que los Patriarcas y los Profetas:

1º) porque ellos creyeron como nosotros en Dios, en el único Dios verdadero, que comenzó a
revelarse en el Antiguo Testamento y acabó su Revelación en el Nuevo;

2º) y porque en esta fe sobrenatural ellos abrazaron de manera implícita, en el tiempo de la


promesa, el mismo objeto material de la fe que nosotros. Habiéndose cumplido la promesa,
nosotros lo abrazamos explícitamente.

Por otra parte, Patriarcas y Profetas sabían bien que la Revelación divina no estaba terminada (Dt.
18: 14-20) y vivieron en la espera de Aquél al cual aspiraba como a su fin todo el Antiguo
Testamento y al cual estaba reservado, como Hijo de Dios, hacer la Revelación trinitaria.

Los cristianos no tenemos el mismo Dios que los judíos incrédulos porque el desarrollo de la fe
depende del desarrollo de la Revelación divina.

Ignorar aquello que todavía Dios no ha revelado es una cosa, y otra muy distinta es rechazar
como una injuria y una herejía aquello que Dios revela, sosteniendo, contra la Revelación divina,
que Dios es una sola persona como es uno en naturaleza.
Por eso Jesús dijo de sus adversarios: "Si Yo no hubiese venido, y no les hubiese hablado, no
tendrían pecado; pero ahora su pecado no tiene excusa" (Jn. 15:22).

Rechazando la fe en Aquél que es el "autor y el consumador de la fe", los judíos han rechazado el
evangelio de Dios, que El les había prometido por sus profetas".

Rechazando la realización, los judíos conservan en vano las promesas y las figuras contenidas en
la Revelación preparatoria al Mesías. Es una ingenuidad pensar que los judíos leen y comprenden
el Antiguo Testamento como nosotros lo leemos y comprendemos. San Pablo dice claramente que
un velo permanece delante de sus ojos cuando ellos leen las Escrituras; velo que será levantado
cuando sus corazones se vuelvan hacia el Señor (II Co. 3:16).

Por eso Jesús les dijo: "Si creyeseis en Moisés, también me creerías a Mí, pues de Mí escribió él",
demostrándoles el verdadero motivo de su resistencia: la ausencia de esa fe en Dios.

C) Es cierto que la Iglesia afirma la posibilidad de conocer la existencia de Dios por medio de las
cosas creadas; pero también sostiene:

1º) que el conocimiento natural de Dios no es la fe;

2º) que lo que se puede conocer de Dios por la razón natural es absolutamente insuficiente para
salvarse;

3º) que en el estado actual del género humano las verdades religiosas naturales pueden ser
conocidas por todos fácilmente, con firme certeza y sin ninguna mezcla de error únicamente por
medio de la Revelación divina.

Además, las verdades religiosas naturales, si son aceptadas por el testimonio de la razón, no son
objeto de fe, sino de simple conocimiento racional. Por lo tanto, la diferencia entre aquél que
acepta la Revelación y aquél que sólo acepta lo que su razón le demuestra no solamente una
diferencia de perfección en el conocimiento de Dios (conozco más o conozco menos sobre Dios),
sino una diferencia de fe: para uno son objeto de simple creencia humana, para otro es objeto de
fe sobrenatural.