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Índice
Staff
Sinopsis
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Siguiente libro
Sobre la autora

3
Staff
Moderadora de traducción:
*~Vero~*

Traductoras:
*~Vero~* Val_mar
Gaz ALETI M M PLACERES
Celemg ஓ¥anliஓ
Marijf22
Mary Jose

Moderadora de corrección:
*elis*

Correctoras:
Gaz Viqijb
Liraz Pachi15
Marta_rg24 Pily

Revisión final:
Marta_rg24
4
Diseño:
Nati Bell
Sinopsis
A
lgo mágico está por venir...
Callie siempre ha sabido que los Abbott eran diferentes. Brujas,
aunque se hacen llamar "Magos". Ellos son su segunda familia.
Harrison Abbott ha sido su mejor amigo desde que eran niños. Tucker
Abbott, su amor platónico de toda la vida. Y su hermano, Tyghe? Un
mágico dolor en su parte trasera.
Cuando los Abbotts necesitan su perspectiva humana para resolver un misterio,
ella no duda. Sobre todo porque significa tener todo lo que siempre quiso. Una
oportunidad de ser una de ellos, de tener magia, incluso si es sólo temporal.
Alguien está atacando a las mujeres jóvenes en Triune, un ritual que ayuda a los
Magos a encontrar a su perfecto trío - el partido que completará su magia y sus
corazones. Callie espera ser deslumbrada por su primer vistazo al mundo de los
Magos, pero el deseo que derrite los huesos entre ella y los hermanos Abbott no es
parte del plan.
Tampoco lo es el secreto de décadas de antigüedad que la convierte en el blanco de
un asesino...

Wicked #1

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Para Cookie —el amor es la razón. A mis divas y Smutketeers,
especialmente a Eden Bradley, por todo su aliento e inspiración. Y, por
último, a Beth, una gran editora y una amiga insustituible.

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Traducido por Celemg y *~Vero~*
Corregido por Gaz

—¿C rees que tu vida amorosa es mala? Prueba la mía. Sólo necesitas
un Sr. Correcto. Yo espero hallar dos.
Callie Turned levantó la mirada a los sándwiches delicados
de pepino que el ama de llaves, Jenner, siempre hacía cuando iba de visita, y se
conmovió de inmediato. Harrison Abbott palmeó su espalda.
—¿Estás bien, Cal?
—¿Dos? —Miró a su enfadada amiga, preguntándose por qué estaba sorprendida.
Harrison nunca hacía nada de la forma normal. No, la insólita aristócrata era más que
sólo una rebelde.
Era una bruja.
—Ningún mago se ha quejado de esa tradición en particular. Déjalo para nuestra
dulce y agradable Harrison. —Jenner, con su metro cincuenta de altura, se precipitó
como un pájaro hacia Callie con un vaso de agua en la mano.
Su amiga dejó escapar un malhumorado bufido.
—No veo por qué no podemos salir como personas normales. Ir a ver una película
o a un juego de béisbol. Ver si nos gustamos uno al otro antes de combinar nuestra
magia juntos para siempre. Pero no. Nosotros no. Tenemos que ir a Triune para el
momento en que cumplamos veintiséis. No hay opciones. ¿Qué si no queremos que
dos hombres nos sigan, diciéndonos que hacer? ¿Qué si quiero ser…?
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—¿Cómo yo? —Jenner negó con la cabeza y suspiró—. No soy una maga
ordinaria, Harrison. Lo sabes. Si mal no recuerdo, tu madre era justo tan reacia como
tú ahora. Pero Moira Abbott vivió en concubinato con su pareja Triune por décadas y
con tres chicos problemáticos, aunque no lo creas. Esa es la forma de hacer las cosas.
¿Triune? ¿Eso no significaba tres en uno? ¿Así que cada maga, cada bruja, había
tenido dos esposos? Pero la madre de Harrison… Callie tragó.
—¿Ustedes dos están diciéndome que el Tío Jackson es en realidad…?
Harrison miró sobre el hombro de Callie culpablemente.
—Mamá no pensó que fuera algo que entenderías cuando te encontramos. Eras
muy joven. Después de un tiempo no sabíamos cómo decirte la verdad. Especialmente
desde que tus padres adoptivos eran tan…
Jenner hizo un movimiento fulminante con sus manos cruzando su cuello, y
Harrison se detuvo a mitad de la oración.
Callie bajó su sándwich.
—Bueno, demonios.
Todo este tiempo y a ella nunca le había llamado la atención. En alguna forma,
realmente tenía sentido. El tío Jackson era siempre extremamente afectuoso con la
madre de Harrison, Moira. Pero su esposo, Douglas nunca parecía importarle. Callie
pensó que eran sólo una familia demasiado emotiva.
Aparentemente más de lo que ella se había dado cuenta.
El dolor de ser mantenida en la oscuridad por tantos años fue reemplazado por
fascinación. Y envidia. ¿Dos hombres para satisfacer cada una de sus necesidades?
Firmaría. Desafortunadamente, ella era sólo una humana común. Y los humanos
tenían reglas. Debía saber… que era una policía. Bueno, casi. Faltaba otro mes. Pero
ella siempre había sabido cómo divisar algo, especialmente con su amiga de la
infancia.
Harrison no estaba sólo saliendo de esta particular tradición. Nunca había sido
muy tolerante por su suerte en la vida.
—Uno de los más poderosos magos en generaciones. —¿Cuántas veces había oído
Callie a Moira y a los otros miembros de la familia Abbott decir eso? Lo que quería
decir que Harrison nunca había podido divertirse. Nunca ser normal. Tenía que ser la
mejor. Y eso también quería decir que todos sus colegas magos tampoco querían ser

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sus amigos, para estar cerca de su foco mágico, o hallar la forma de confundirla.
Volver loca a Harrison.
Quería sentir lástima por ella, pero era difícil. Ella había venido a esta destartalada
casa Dorchester desde los once años Harrison la había encontrado agachada debajo de
un tobogán en el patio de juegos. Había sido el doceavo cumpleaños de Callie, y nadie
lo había recordado. Había ido al parque, decidida a disfrutar el día, y el cielo se había
abierto, arruinándolo todo. La belleza, si una seria y extraña joven sostiene su mano, y
supo mientras ella tomaba su mano que sería una amiga de verdad.
Cuando Harrison llevó su bolso a su enorme casa, llena de recovecos, la familia
Abbott le había dado una calurosa bienvenida. Moira dijo que ella había sentido un
espíritu familiar en Callie, y cualquier amiga de Harrison era amiga de ellos. Nunca
habían ocultado sus habilidades, y ella nunca había temido de ellas o del mundo del
que ellos le habían mostrado sus atisbos. Por el contrario, siempre había deseado poder
ser parte de eso.
Esa casa comenzaba a ser un segundo hogar para ella. Allí conoció el tipo de amor
y aceptación que solía desear de su familia adoptiva. Allí podía imaginar que en
realidad estaba siendo uno de ellos. Realmente una Abbott. Una maga.
Nunca entendió por qué Harrison quería ser normal.
Cuando los Abbotts fueron al festival skyclad anual en Salem para rendir
homenaje a los inocentes humanos que habían muerto allí, Harrison había lanzado
una rabieta, vociferando contra la forzosa desnudez. Callie, por otro lado, se quedó
escondida en su dormitorio, soñando poder disfrutar con ellos.
Cuando los Abbott lanzaron la pelota para introducir a su muy especial hija en la
comunidad de magos, Callie observaba el espejo encantado de su amiga con Jenner
mientras la joven debutante fruncía el ceño, a regañadientes mostró sus habilidades
para la aprobación de la multitud.
El césped era siempre verdoso, o así le había dicho Jenner muchas veces. Pero
creía que estaba vacía de sentimientos. Harrison no sabía que era ser un humano
promedio, para lidiar con el tipo de cosas que ella había tenido que lidiar. Fue positiva,
a ella no le gustaría la idea.
Pero no era sólo otra rebeldía. Harrison no parecía tan molesta como nerviosa.
Ancestral.
—¿Por qué ahora? ¿Por qué, después de todo este tiempo, te decides a compartir
esta pizca insignificante de magia conmigo? ¿Saben tus padres lo que me estás
diciendo?
Jenner y Harrison compartieron una mirada expresiva.
—No. —Negó con la cabeza—. Están celebrando su aniversario en un torbellino
de vacaciones Europeas. De acuerdo a su programa deberían estar en París. Ha pasado
mucho tiempo desde que mamá fue capaz de convencer de tomar vacaciones de la
joyería, y sabíamos que volvería enseguida si se lo decíamos. Yo, nosotras no
queremos preocuparlos.
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Callie se inclinó en su silla y se cruzó de brazos.
—¿Preocuparlos? Sí, lo sabía. Bien, ¿qué está pasando aquí, Harry? ¿Otro hechizo
en un ataque de ira? ¿Los perros le están ladrando al cartero de nuevo? ¿O finalmente
le pusiste un revés a ese extraño chico gótico del supermercado que siempre te sigue?
—Qué más quisiera. —Harrison se paró, paseando agitada alrededor de la mesa—.
Además, no he hecho nada interesante en estos años. No es sobre mí. No
directamente. Necesito tu sentido arácnido, Cal necesito que me ayudes a descubrir
quién está atacando brujas.
—¿Atacando? ¿Alguien está atacando brujas? ¿Has llamado a la policía? —Empujó
su silla atrás y estiró su mano a su celular, pero Harrison la detuvo.
—No podemos, cariño.
—Jenner se encogió de hombros como disculpándose—. Es otro mago. No hay
nada que sus policías puedan hacer.
—Bueno, ¿qué hay de tus policías? ¿Cuerpos policiales de magos? Sé que tienen
sus propios códigos, ¿cierto?
Harrison asintió.
—Sí, La Rede. Y los magos encargados de hacer cumplir la ley tienen que hacer
una rápida investigación, pero quienquiera que sea este chico, vuela bajo su radar.
Ninguna de las mujeres tuvo alguna pista de residuos mágicos cuando fueron halladas.
Sin que hechizos u objetos encantados puedan ser encontrados que vayan incluso a
mostrar los últimos momentos de la víctima antes del ataque, y ninguna de ellas puede
recordar nada acerca del hombre, que debe sospechar lo suficiente como para retrasar
el próximo ritual. Especialmente desde que hay sólo una cosa que sabemos que
conectan a las mujeres. —Ante la apariencia confundida de Callie, Harrison se encogió
de hombros—. Todas habían estado participando en el ritual de este mes. Como dijo
Jenner, eso es llamado Truine. Algunas veces cada año, las magas solteras van al
Triune a buscar su sexualidad y parejas mágicamente compatibles. El mismo ritual
supongo que dura en parte una semana.
Corrió su mano a través de su cabello.
—Harrison, sabes que nunca que nunca me dejarían asistir a un ritual de magos.
Ellos me detectarían como una forastera inmediatamente. De todas formas ayudaré en
lo que pueda, pero no estoy segura de que eso sea lo que quieres que haga.
Jenner palmeó su hombro, sacó su atención lejos de su agitada amiga.
—¿Conoces esos programas de cambios de imagen que adoro ver? Nuestra
pequeña y maravillosa bruja ha descubierto un estilo para tu, este, desventaja. 10
—Caray, gracias. No me siento insultada del todo ante ese comentario. —rodó los
ojos, pero la adrenalina se apoderó de ella ante la conclusión de Jenner. Se volteó
hacia Harrison—. ¿Harry? ¿Ella está en lo cierto? ¿Puedes volverme una bruja?
Una voz seca, masculina inmediatamente apagó su emoción.
—Maga, pequeña, maga. Y Harrison no puede hacer que seas lo que no eres, no es
tan buena. Pero, aunque odio admitirlo, su encanto es bastante impresionante.
Tyghe.
Demonios. Esperaba que él estuviera fuera de la ciudad.
Tyghe era uno de los hermanos mayores de Harrison, y la única nube negra en su
tiempo con los Abbott. Se llevaba bien con el resto de los hermanos de su amiga,
Tucker y Lorie. Especialmente con Tucker. El hermano mayor era perfecto a los ojos
de Callie. Alto, moreno, guapo y por encima de todo, amable. Siempre había sido
paciente con ella. Siempre hizo que se sintiera bienvenida. Cuando le enseño las
interesantes leyes de la magia, su aspiración a ser oficial de policía parecía conectarla
con ellos de alguna forma. Además era otra razón para que ella lo admirara, avivando
el fuego de sus fantasías secretas. Había estado enamorada de él por tanto tiempo
como podía recordar.
Pero no de Tyghe.
El canalla de cabello caoba se había burlado despiadadamente de ella a través de
sus años de adolescencia. La hizo sentir insuficiente de alguna forma porque no era
como ellos. No era una maga. Y sus penetrantes ojos grises se habían dado cuenta de
todo siempre. Incluso de cosas que ella no quería que nadie viera, como la forma en la
que reaccionaba ante su hermano mayor.
Tyghe sonrió como si supiera que la estaba importunando su llegada.
—No sé si puedes hacerlo, Harry. —Inclinó su cabeza, estudiando a Callie en su
holgada sudadera con capucha—. ¿Realmente crees que puedes convertir a esta
humana ordinaria en una malvada bruja?
Harrison miró fijo a su hermano en advertencia.
—Cállate, Tyghe. No eres de ayuda.
Él puso su mano en el pecho, quitando su atención de la reticente mirada de Callie
hacia su esbelto, musculoso físico. Su boca se iba secando. Malditos hombres Abbott.
¿Qué tuvieron que hacer ellos para ser tan impresionantes? ¿Cómo podía odiar a
alguien que quería lamer?
Su suspiro atrajo la atención de todos.

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—Mi querida, dulce hermana. Es exactamente lo que vine a hacer aquí. Ayudar.
Muestra un poco de gratitud.
—¿Lo sabe? —Callie cruzó sus brazos a la defensiva. Ella no era de la forma en la
que Tyghe la estaba mirando.
—No tuve otra opción. —Harrison arrugó su nariz—. Tucker estaba listo para ir a
su caminata anual en tierra salvaje antes del primer ataque. Además, el definitivamente
no aprobaría que tratemos de atrapar a ese chico nosotras solas. Y bueno… Lorie,
conoces a Lorie.
La conocía. Lorie era un buen chico cuando estaba alrededor, pero no era el
miembro más confiable de la familia Abbott. El soñador, su madre lo llamaba así a
menudo. Desde que eran niños, él prefería hallar el rincón más remoto en una
polvorienta librería de magos y leer y leer que ser parte de alguna de sus aventuras.
Tyghe se acercó.
—Yo sé que, por una vez, Harrison está en lo cierto. Cada uno de los ataques de
los que he oído se han vuelto sucesivamente peores. Y la falta de pruebas los hace
extremadamente sospechosos. Incluso a aquellos de nosotros que no tenemos complejo
de Nancy Drew. —Miró puntualmente a Callie—. Aún creo que algo anda mal. No
podemos quitar la opción de que mi hermana pueda ser el siguiente objetivo de ese
psicópata. Sólo que no estoy seguro de ella a pesar de su plan. Usar una humana
como anzuelo está bien y es bueno, pero tener el anzuelo dentro es sólo la mitad de la
batalla. No serías capaz de participar. No al menos que los hombres con quienes
estabas estén en eso.
¿Hombres? ¿Anzuelos?
—Bien, tiempo fuera. ¿Tyghe está en lo cierto, Harry? ¿Quieres que vaya de
encubierto y elimine al chico?
Jenner miró a Tyghe antes de agarrar el codo de Callie confortándola.
—Él nunca ha sido conocido por su sutileza, pero tiene un punto. No tenemos
intención de usarte como anzuelo, querida. Nosotras, Harrison y yo, ambas confiamos
en tus instintos. Puede que veas algo que nuestra atención ha pasado por alto. Pero
estarías en peligro. De cualquier clase. Podemos conseguir que entres, pero con la
magia de Harrison disfrazándote, vas a tener que lidiar también con potenciales
pretendientes mientras buscas pistas.
—Y van a amarla. ¿Esos grandes, inocentes ojos? ¿Esa ingenua sensualidad? Los
tiburones comenzaran circundar en poco. Y su disfraz podría fastidiarse. —La barbilla
de ella e sacudió rápidamente ante el cumplido. Al menos, ella creyó que era un
cumplido. De Tyghe, nunca podría estar segura.
—No estaba planeando dejar a mi mejor amiga sola en ese lugar —gruño
Harrison—. Jenner y yo estaríamos con ella todo el tiempo. Todo lo que tiene que

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hacer es usar su intuición, una intuición que ni siquiera Tucker puede igualar, y
golpear al hijo de una bruja hasta que él chille.
Sintió que sus labios se torcían. Ella había visto a Harrison enojada, visto la
electricidad que podía generar cuando abrazaba el poder. Sabía que su amiga la
protegería.
Tal vez conseguiría unos buenos golpes ella misma. ¿Qué tipo de loco iba por ahí
aterrorizando jóvenes mujeres? Brujas o no, esas mujeres habían estado, sin duda, en
su punto más vulnerable en busca de amor.
Lo último que uno de ellos habría esperado era un ataque de otro Mago en un acto
tan sagrado.
—Estoy dentro.
—Yo también. Eso es lo que estoy tratando de decir. Puedo unirme a Callie como
pretendiente potencial, incluso con la historia prima lejana que has decidido correr.
Voy a declinar cualquier tercero que encuentre inadecuado, que serán todos ellos, y
mantener un ojo en mi hermana problemática al mismo tiempo.
Callie y Harrison hacen sonidos de negación, pero Tyghe no estaba retrocediendo.
—Pregúntenle a Jenner. Esta es la única manera en que su plan va a funcionar. O
me uno para sus preparativos y el Triune, o voy a llamar al resto de la familia. Su
elección.
Jenner inclinó la cabeza, una pequeña gorrión estudiando a Tyghe con una
extraña expresión de complicidad.
—Él tiene razón, chicas. Necesitamos un hombre para hacer este trabajo.
Tyghe rió.
—Palabras por las que vivir.
—No te pongas tonto, muchacho. Todavía puedo ponerte sobre mi rodilla.
Callie miró Jenner arriba y abajo, dudando que la pequeña mujer podría cumplir
su amenaza, pero Tyghe parecía debidamente castigado.
Harrison echó los brazos al aire. —Está bien. Estás dentro, pero no interfieras con
nuestra investigación. No eres exactamente conocido por ser discreto. En cuanto
ponga el glamour en Callie, tenemos que empezar a prepararla, hacer correr la voz que
hay un nuevo Mago en la ciudad. Y que ella va a estar yendo al Triune de este
trimestre.
¿En qué se había metido?
Callie se sentó en la cama lujosa de Harrison en nada más que una toalla pequeña,

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viendo las dos mujeres murmurando la una a la otra mientras reunían sus suministros.
Esto era lo que siempre había querido. Más o menos. Ella había querido ser una
Abbott, en verdad ser un Mago nato. El arreglo temporal de Harrison tendría que
hacerlo.
Si funcionaba, podría ver por fin las personas y lugares que Harrison le había
contado hasta altas horas de la noche durante esas ocasiones afortunadas cuando su
madre adoptiva le permitía dormir con ella. Y esas historias que Jenner contaba en la
mesa de la cocina antes de nadie estuviera despierto. Historias de batallas tormentosas
y los orígenes de los Magos. Cuentos que la llevaron lejos de su torpe, vida infeliz el
tiempo suficiente para darle esperanza por algo más. Algo mágico.
Por favor, que esto funcione.
Callie no tenía miedo del misterioso Mago que estaban buscando. Ellos la habían
dado tanto, era agradable ser necesaria por ellos por una vez. Y ella estaba esperando
para utilizar las habilidades que había estado aprendiendo en la academia de policía.
Harrison tenía razón, otra que el tío Jackson siendo su amigo segundo padre,
Callie tenía una extraña habilidad para descubrir la verdad. Siempre ha sido así.
Llámalo instinto o suerte —la mayoría de las veces se trataba de un arma de doble filo.
Desde el descubrimiento de que su familia adoptiva la creía una molestia y sólo la
habían mantenido alrededor por el dinero, hasta descubrir que su profesora de
matemáticas participaba en actividades extracurriculares con el entrenador de fútbol,
ella simplemente siempre... lo sabía. Como cosquillas por su espalda. Y siempre se
demostró correcta.
La única cosa que no estaba esperando era fingir ser la pretendiente amorosa de
Tyghe por la próxima semana. Casi no podía imaginarlo. Bueno, eso era una mentira.
Ella no quería imaginarlo, pero ya que la idea había sido presentada era prácticamente
todo en lo que podía pensar.
Él era un idiota, pero era un sexy idiota. Siempre lo había sido. Y él lo sabía
también, idiota arrogante. Harrison estaba siempre diciéndole una historia salvaje u
otra, por lo general girando en torno a Tyghe y sus predilecciones sexuales. Ya había
sido reprendido dos veces por la ley de los Magos por usar su magia en público, y, de
acuerdo con su hermana, el sexo usualmente había estado involucrado.
Sexo con Tyghe en público. Nunca podría ser tan audaz, tan descarada. Su piel se
calentó mientras cerraba sus ojos, instantáneamente imaginando los tormentosos ojos
del Mago presionándola contra una pared y tomándola mientras una multitud de gente
miraba. Él quería que lo miraran para saber lo loco que ella lo volvía. Queriendo que
ellos sepan que era de él.
—No te pongas nerviosa, Cal. Prometo que sé lo que estoy haciendo.
Los ojos de Callie se abrieron y se ruborizó, encogiéndose de hombros. —Sé que
lo haces, Harry. Confío en que no me conviertas en un hámster... otra vez.
—¿Nunca vas a dejar que me olvide de eso verdad?
—No hay chance.
Jenner sonrió, llegando a pararse en el otro lado de la cama. —Los espíritus las
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bendijeron cuando las trajo la una a la otra. Fue destino. Los lazos de amistad son más
poderosos que cualquier magia que podría nombrar. —Ella se sorbió la nariz y las dos
mujeres jóvenes rodaron los ojos, fingiendo que no se conmovieron por las palabras de
su gentil compañía. —Yo sólo pienso que es maravilloso que estés de acuerdo en hacer
esto, Calliope. Eso está finalmente sucediendo. Ojalá que no fuera bajo estas
circunstancias, pero sé que eres lo suficientemente mayor como para cuidar de ti
misma.
—¿Qué quieres decir con finalmente suced...?
—Por favor... —Callie se acercó para sacudir el brazo de Jenner juguetonamente,
interrumpiendo la pregunta sorprendida de Harrison —No me llames así. Nunca voy a
entender por qué la mujer que me ha traído a la casa había sido aparentemente tan
porfiada sobre mi nombre. ¿Calliope? Eso es sólo agregar insulto a una lastimadura.
"Aquí, no te queremos, pero queremos darte un nombre para asegurarnos de que te
recojan los otros niños" —Suspiró dramáticamente, sabiendo que Harrison sonreiría.
—Calliope fue la musa de épica poesía. La odisea del héroe. Es un precioso
nombre. —Jenner sonaba molesta en nombre de la monstruosidad del nombre.
Harrison se rio de Jenner, pero Callie oyó una nota inusual en su voz. —Sí, bueno,
no puede ser de confianza. Pensaste que todos nuestros nombres eran una maravilla.
No creo que a una mujer se le debiera permitir nombrar a sus hijos hasta que se
recupere del parto. Sobre todo no a mi madre.
Jenner carraspeó antes de descansar la mano en el hombro de Callie. —Ella sabía
exactamente lo que estaba haciendo. Ella te nombró después de un estupendo mago
joven. Un hombre que murió antes de su tiempo, y uno de sus mejores amigos de la
infancia. Y creo que he mantenido bastante de tus secretos, Harrison Jennera Abbott,
para que confíes en mí con tu vida. Debería ser fácil. Te ayudé a traerla. —Ella frunció
los labios. —Ahora es hora. Debemos hacer esto pronto para que ella tenga la
oportunidad de recuperarse antes del salón de mañana y sus citas.
—¿Salón? ¿Citas? —La voz de Callie chilló. La idea de eso era mucho más
aterradora que un encantamiento loco de glamour. Lo suficiente como para distraerla
de la tensión palpable en el aire, así como de los orígenes del nombre de Harrison.
Harrison sonrió. —Ajá. ¿Olvidé mencionar eso? Es parte de la preparación. Lo
que cada Mago hembra a punto de participar en Triune hace. Eso significa que las
cuatro víctimas han ido a los mismos lugares a los que vamos, cotillearon con las
mismas viejecitas, consiguieran la, em, vestimenta apropiada.
—Oh, señor. ¿Puedo cambiar de opinión? —Callie parpadeó sorprendida cuando
su amiga le agarró la barbilla entre sus dedos largos y elegantes.
El rostro de Harrison era sombrío, preocupado. —Sí, Cal. Pero si vas a hacerlo,

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tiene que ser ahora. Una vez que empecemos estarás en el radar de todos. El mundo de
los Magos detectará tu presencia, sentirá tu magia, real o no. No sólo eso, este hechizo
es glamour mezclado con una especie de llamado de alma que Jenner ha estado
enseñándome durante los últimos años. Cada ser tiene un poco de magia en su interior
- es sólo una cuestión de tirar de ello hacia fuera y entrelazar la verdad con la ilusión.
Callie sonrió. —Suena complicado. ¿No crees que puedas tirarlo, Harry? ¿No
piensas que puedes convertirme en una verdadera bruja?
Harrison sonrió, reconociendo la luchar por la respuesta que era. —Oh puedo
hacerlo, está bien. Con la orientación de Jenner, estoy bastante segura de que será un
éxito perfecto. Simplemente no estoy segura lo que una Cal con magia será. Ya eres
imposible ahora.
—Ponlo en marcha, Glenda.
—Cállate, o te meto y te vuelvo un par de calcetines de gimnasia de Tyghe.
—Dalo por callado. —Callie dejó a Jenner acostarla en el sedoso edredón rubí,
viendo a Harrison poner una bolsa de hierbas, un cristal y algún tipo de líquido con un
pincel junto a él en la cama.
Esto debe ser un gran hechizo. Harrison le había dicho una vez que, a pesar de que
la magia estaba presente en cada Mago, había algunos hechizos que necesitaban un
poco de estímulo extra. Una poción, un ritual, un canto para traer la energía a la
superficie, concentrar el poder.
Sólo podía imaginarlo.
Jenner comenzó a murmurar rítmicamente en voz baja, y Callie bajó los párpados,
hasta que pudo verlas a través de sus pestañas. Se tensó un poco cuando Harrison
deslizó la toalla hasta sus caderas, pero estas mujeres la conocían tan bien como se
conocían a sí mismas. Ella exhaló, relajándose contra el colchón suave.
Harrison puso el pequeño cuarzo por debajo de su ombligo, ahuecando sus manos
sobre él y cerrando sus ojos que eran de un gris más oscuro que los de Tyghe, pero
igual de tormentosos.
Callie se quedó sin aliento y sintió los pequeños pelos en sus brazos elevarse
mientras una eléctrica luz azul comenzó a parpadear entre los dedos de Harrison. Era
remachado. Hipnótico, la forma en que la luz arqueante rodeaba su mano como un ser
vivo, creciendo ante sus ojos hasta que fue lo único que veía.
Sintió su estómago caliente, una pulsante sensación contra su carne donde el
cristal estaba descansando. Cuando miró hacia abajo se dio cuenta de que estaba
brillando, imitando la energía de Harrison. Se sentía como si el calor líquido estuviera
siendo absorbido en su piel profundamente dentro de ella.
El canto de Jenner se hizo más fuerte, y Callie pudo verla iluminada con una

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energía solar amarilla, alegre, poderosa - tan grande como para ponerle un marco.
Cerró los ojos, pero todavía podía verlas a ambas mientras Harrison alcanzaba el
pequeño pincel, mojándolo en el aceite perfumado y dulce y pintando sobre la piel de
Callie. Su cuello. Detrás de sus orejas. Alrededor de sus pezones.
Era una sensación sensual. Las mojadas cerdas raspando, ligeras como una pluma
contra su piel. Al igual que el rastrojo de un hombre. Una vez más la imagen de Tyghe
presionándola contra una pared exterior le vino a la mente. Sólo que esta vez, Callie
no estaba avergonzada. Esta vez, lo tomó con tanta ferocidad y necesidad como él la
tomaba. No se preocupó por la multitud. No se preocupó por la pérdida de control. Se
deleitaba en ello. Queriéndolo. Buscando reclamarlo.
Callie estaba tan perdida en su fantasía que el flash de energía azul-verdosa la
tomó por sorpresa, un choque eléctrico azotando a través de su sistema y arqueándola
de la cama.
Algo estaba dentro de ella, reaccionando a la energía de Harrison y Jenner,
alcanzándola. Su columna vertebral zumbaba, sus huesos vibraban casi
dolorosamente. ¿Había ido algo mal? ¿Estaba funcionando?
Como si de lejos pudiera oír el gaspeo de Harrison y la serena respuesta de Jenner.
—Ahí ahora. Has hecho un buen trabajo, querida.
—No puedo creerlo. Todo este tiempo.
Callie trató de hablar. ¿Qué no puedes creer, Harrison? Durante todo este tiempo,
¿qué? Pero se sentía separada de su cuerpo, flotando por encima de la cama.
Jenner volvió a hablar. —Creo que sería lo mejor mantener esto para nosotras
mismas por un hechizo. Tu familia podría no reaccionar bien. Especialmente tus
hermanos.
—Mis herm... oh infiernos, no me lo digas, Jenner. Creo que no quiero saber. Nos
mantendremos en silencio. Por ahora. Pero tu y yo tenemos que tener una charla
privada. Pronto. Y Callie...
—Estará bien. Dejémosla descansar ahora, ¿de acuerdo?
¿Se merece saber qué? ¿Estoy muriendo? Se siente un poco como que me estoy
muriendo.
Callie estaba frenéticamente intentando recuperar el control de su cuerpo, de sus
cuerdas vocales, pero la energía azul-verdosa la rodeó. Comenzó a combinarse con un
hermoso color violeta que la calmó. Debería dormir. Necesitaba dormir. Necesitaba
soñar.
Al menos no era un hámster esta vez.

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2
Traducido por Marijf22
Corregido por Liraz

—E
ntonces él dijo: «Charity, ¿prefieres que el dragón
duerma en la cama?»
Callie se rio junto con los otros con el final del
chiste de la peluquera.
Su risa fue más bien un alivio algo histérico que una reacción a la historia de la
mujer relatando el infortunio de sus compañeros Magos y sus mascotas inusuales.
Lo estaba haciendo. Engañándolos. Nadie había puesto en duda la historia que
Harrison había inventado, que Callie era una prima lejana de una oscura rama de la
familia Abbott. Harrison, al ser la chica prodigio poderosa, benevolente que era, había
decidido tomarla bajo su ala, y presentarla a los machos Magos elegibles de Boston. Sí,
las mujeres en las sillas de al lado la miraban de arriba abajo cómo la competencia
potencial, pero ninguna de ellos sabía que no era una bruja. No era mágica.
Ya ni si quiera estaba segura de nada.
Cuando despertó ayer, se había sentido con náuseas, desorientada. Diferente.
Jenner le había dado de comer un caldo ligero y la arrulló, cuidando de ella, cómo
siempre lo había hecho. Le había dicho que tendría que tomar las cosas con calma,
hasta que descubrieran qué tipo de poder el hechizo había sacado de ella. Harrison
había hecho todo lo posible para que fuera inocuo, eso había dicho, algo con lo que no

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podría herirse accidentalmente a sí misma. Sólo el tiempo lo diría. Las dos mujeres
habían estado extremadamente satisfechas, aunque Harrison parecía cada vez menos
segura de su plan según pasaban las horas. Pero incluso estuvo de acuerdo, sus
sentidos le decían que Callie era Maga. Al igual que ellos.
Aunque sabían que no era verdad, todavía era lo suficientemente fuerte para
engañar a todos aquellos que importaban. Incluyendo, esperaba, al que ellos estaban
buscando.
Había algo en el borde de su memoria, algo que había querido preguntarle acerca
de lo que sucedió durante el hechizo, pero ni por su vida, podía recordar lo que era.
Ahora se encontraba sentada en un exquisito y hermoso día de spa, haciéndose un
peinado con una estilista Maga.
El único problema era, que este lugar no debería existir. Ayer, cuando había
pasado junto a este edificio, este había estado abandonado, cubierto con paneles.
Jenner le había dicho que el mundo de los Magos trabajaba un poco diferente al de
ella. Que, a fin de que prosperaran y coexistieran con los humanos, habían tenido que
hacer algunos ajustes menores dimensionales.
Esto no parecía menor. No creía que cualquier cosa con la palabra dimensional
podría serlo. Para Callie todo era tan... tan... maravilloso. Cómo salido de un sueño o
una película. Un gran spa llena de oro y mármol, lleno de mujeres en varios estados de
desnudez, algunas con máscaras faciales, algunas en envolturas que brillaban con luz
mágica. Sus compañeros seres humanos estaban caminando y conduciendo por allí,
ninguno de ellos enterados de las maravillas que estaban a una pizca de polvo de hadas
de distancia. Pero este no se trataba de un cuento de hadas. Era real. Se encontraba
aquí. Y Charity, la peluquera conversadora, le hacía una pregunta.
—¿Qué?
Charity arrugó la nariz mientras estudiaba el pelo largo de Callie, de color rubio
oscuro.
—Me preguntaba dónde te habías hecho el peinado antes de hoy. ¿Tu familia va a
esas peluquerías humanas de cortes? Sé que algunos Magos aspiran a encajar, pero hay
normas que nadie debería tener que caer por debajo. —Sacudió la cabeza con
tristeza—. Estas puntas son abismales, y necesitas un hechizo de condición tan
desesperadamente.
Callie se sonrojó, agachando la barbilla con vergüenza. Harrison, con sus propios
rizos oscuros envueltos en una toalla que estaba masajeando, literalmente, su cabeza
mientras miraba, se acercó a zancadas para fulminar a la mujer con la mirada.
—Mi prima perdió a su madre cuando ella era joven. Ella nunca tuvo a nadie que
le mostrara cómo acicalarse a sí misma. —Miró a Charity de arriba hacia abajo—. Yo
la traje aquí porque he oído que eras la mejor, que un Mago dejaba este lugar
sintiéndose cómo una reina. ¿Era todo un despliegue publicitario? ¿Un encantamiento

19
publicidad falsa?
Charity palideció y tragó saliva mientras estudiaba a Harrison Abbott. Callie podía
ver las ruedas mentales de la peluquera girar. La familia Abbott era prestigiosa. No
quería arriesgar su trabajo, su reputación, molestándolos.
La mujer negó con la cabeza.
—No, no. Sólo quise decir... bueno, ella es naturalmente bella, de eso no hay
duda. Verdaderamente, apenas necesitaría de mucho trabajo de mi parte para hacer de
ella la reina de la Triune. —Comenzó a pasar sus dedos por el cabello de Callie
nuevamente—. Sí. Esto puede arreglarse. Un enjuague de brillo, un recorte aquí y allá.
Difícilmente te reconocerás a ti misma. No sé en qué pensaba.
Harrison guñó a su amiga antes de pasearse tranquilamente de vuelta a la mesa
donde había estado recibiendo una manicura. Una joven mujer moviéndose
incómodamente a su lado atrajo su atención.
Nunca había visto a un Mago morderse las uñas antes. La revelación que le hizo
cosquillas en la parte superior de la columna se volvió loca.
Mientras Charity comenzaba a trabajar en un silencio laborioso, ella hizo contacto
visual.
—¿Estás bien?
Los ojos castaños de la chica se abrieron cómo plato, y miró rápidamente a su
alrededor para ver si su madre, que estaba hablando con un grupo de mujeres de edad
avanzada en la esquina, había oído la pregunta. Cuando se hizo evidente que no lo
había hecho, su vecina respondió en voz baja, intimidada.
— B-bien. ¿Eres la prima de Harrison Abbott?
—Algo así cómo prima tercera lejana por parte de mi madre, pero sí. —Vio los
labios de la chica crisparse en su intento de humor, y sonrió—. Mi nombre es Callie,
¿cuál es el tuyo?
—Verónica. Mis amigos me llaman Ronnie. —Se mordió la uña del pulgar con
ansiedad, observando los movimientos eficientes de Charity antes de conectar con la
mirada de Callie, una vez más—. Tú no pareces nerviosa por la próxima semana.
—¿No lo estoy? Bueno, un poco. Me siento cómo un pedazo de carne a punto de
ser puesto en exhibición. —Vio el alivio en los ojos de Ronnie, y supo que había
encontrado la apertura correcta—. Tú también, ¿eh?
—Sí. —Su voz bajó—. Yo no sé por qué mamá está insistiendo. Padre pensó que
yo podía esperar a que uno o dos hayan pasado por el Triune, a causa de lo que ha
pasado.

20
—¿Qué ha pasado? —Juntó las cejas para formar una mirada de confusión.
Cuanto menos pareciera saber, mejor. Ella era de fuera de la ciudad, después de todo.
Ronnie se inclinó hacia delante.
—¿Quieres decir que nadie te lo dijo?
Charity estaba desacelerando sus movimientos detrás de ella, y supo que estaba
escuchando atentamente la conversación. Al parecer, su nueva Maga peluquera no era
diferente de la chica en su peluquería habitual en ese sentido. Perfecto.
—¿Decirme qué, Ronnie?
—Cuatro mujeres Magas han sido atacados en el Triune en las últimas semanas.
La mayoría simplemente sufrieron alguna paliza, una sacudida, pero la última fue
golpeada bastante mal. La próxima semana es la última vez que el ritual se producirá
hasta el solsticio. Nadie sabe cómo ni por qué ha estado sucediendo, pero me temo que
una de nosotras puede ser la próxima.
Charity hizo un ruido suave mientras se agachaba y susurraba con complicidad.
—Srta. Ronnie, yo no creo que tenga nada de qué preocuparse. Por lo que he
oído... Cada una de esas pobres chicas tiene un tipo particular de magia, y es bastante
rara. Me sorprende que haya habido tantas en una temporada.
Callie volvió la cabeza y se encontró con la mirada de complicidad de Charity.
— ¿Qué clase de magia?
Charity se mordió el labio mientras consideraba a su cliente.
—El poder de obligar. Ninguna de ellas tenía el mismo tipo, por supuesto.
Algunas lo tenían mental, algunas físicos, pero es distintivo y raro, cómo ya he dicho.
Conozco sólo un puñado de Magos que tienen algún aspecto de convencimiento en su
composición genética. La mayoría de ellos son hombres, y ninguno de ellos se
encuentra en esta sala. Mientras tanto, el resto de nosotros tenemos que mezclar
hechizos complicados y lentos para recrear débiles versiones temporales de poder. —
La peluquera suspiró—. Confía en mí, tengo que volver a encantar mis tijeras de
peluquería una vez por semana.
Callie miró a Ronnie, ahora radiante de alivio.
—Luces cómo si te sintieras mejor. ¿Asumo que no tienes ese tipo de magia?
La chica sonriente negó con la cabeza, extendiendo sus manos hasta que una
energía verde brillante destelló en sus palmas. El jarrón de flores sobre el mostrador de
la peluquería se iluminó, las flores estallando a la vida ante sus ojos. Se quedó sin
aliento.
Ronnie se encogió de hombros, malinterpretando el sonido.

21
—Lo sé. No es tan asombroso. Sólo soy un cultivador de naturaleza, al igual que
mi padre. Antes de que esto comenzara, mamá se lamentaba del hecho de que tenía la
desgracia de ser mayor de edad para el Triune al mismo tiempo que —miró a la
preocupada Harrison, sonrojándose— muchos Magos poderosos. Pero ahora me
alegro de no ser parte de esta maldición o lo que sea.
No era una maldición. Era una ola de crímenes. Charity y Veronica sólo le habían
dado una pieza vital del rompecabezas.
Una pista que no podía creer que la ley de los Magos hubiera ignorado. A menos
que ellos hubieran estado tratando de mantener esa información para sí mismos. Pero
¿por qué?
Se encontró deseando que Tucker estuviera aquí. Él era un policía, cómo ella.
Vivía, comía y dormía la ley de los Magos. Averiguaría por qué habían estado
ocultando información. Por qué permitirían que mujeres jóvenes inocentes entraran en
uno Triune sin la información que pudiera protegerlas.
Seguramente Tucker no sabía nada de ello. Si lo hiciera, estaría aquí, sentado
sobre su hermana si tenía que hacerlo, deteniéndola de ir allí.
¿Qué pensaría del disfraz de Callie? ¿De sus acciones? ¿Estaría decepcionado de
que se hubiera involucrado, o admiraría su ingenio? ¿Por qué a ella siquiera le
importaba tanto aún? Él no estaba aquí.
Estaba Tyghe.
Ese era otro misterio en sí mismo. En su experiencia, Tyghe rara vez hacía nada
sin una razón.
Por lo general, la auto-motivación. Aparte de tener la oportunidad de jugar al
héroe con su hermana, y ser un dolor en el culo de Callie, ella no podía ver su punto de
vista.
Todavía.
Ella quería regresar a la parte de su día de spa que le hicieron masajes. ¿Por qué
Harrison la había alejado de esas manos celestiales, y metido en esta cámara de
tortura? Ella salió de los vestuarios, tratando de tomar un respiro en ese traje de gato
de cuero ceñido que era, según su amiga bruja, el furor entre todas las Magas
consciente de la moda. O prostitutas.
Una mujer con el pelo teñido del color de un mango maduro se adelantó con sus
manos levantadas.
—Ohhh, Srta. Callie. Ahora, ese atuendo establece una declaración. Ningún
hombre será capaz de resistirse a ti.
—No voy a ser capaz de resistirme a ellos tampoco, ya que apenas puedo
moverme —se quejó, haciendo que Harrison inhalara un poco de su margarita de
melocotón por la nariz. Callie le sacó la lengua.

22
—Te lo mereces, prima. Ya no conseguirás escoger lo que estaré usando. Por
cierto, yo no te veo desfilando en cualquiera de estos atuendos. ¿Tendré mi turno de
reír a costa tuya?
—Me encantaría llevar algo así. Pero mamá insiste en que me ponga el vestido que
ella usó, el vestido que su madre usó, etcétera, etcétera. Voy a lucir anticuada y
ridícula. Definitivamente te reirás. —Hannah sonrió a la vendedora que se cernía sobre
ellas.
—¿Madame Aubrey? Creo que a Callie le gustaría algo un poco más sencillo. Algo
un poco menos revelador.
Madame Aubrey se tocó la barbilla, inclinando la cabeza mientras estudiaba su
cuerpo.
—Creo que tengo justo lo necesario para una conocedora más exigente. Es nuestra
más nueva adquisición. Encantada para adaptarse perfectamente a la personalidad del
portador.
—Ahora, eso debería ser interesante.
Oh Dios. ¿Podría esto ser peor?
Ella aquietó su estómago.
—¿Qué estás haciendo aquí, Tyghe? Pensé que este lugar era sólo para mujeres.
Él sonrió a Madame Aubrey mientras ella le repasaba lentamente con una curiosa
sonrisa. Se volvió hacia Callie, mirándola de arriba abajo. Su mirada se estrechó en el
escote que hacía que sus senos se vieran dos tallas más grandes de lo que eran. Ella se
cruzó de brazos y lo miró, pero él sólo curvó sus labios.
—Ellas hacen una excepción para mí. Soy muy... generoso con mis amigas. Voy a
tener que comprarte eso, Callie. Siempre y cuando te comprometas a usarlo sólo en el
dormitorio. Y sólo para mí.
Harrison se puso de pie.
—Estoy sintiendo unas náuseas repentinas. Creo que necesito otra margarita, tal
vez un par de pajitas para meter en mis oídos.
La observó seguir a la vendedora chismosa a través de la puerta, refunfuñando en
voz baja por el abandono de su mejor amiga.
Tyghe cerró la puerta, devorando la distancia entre ellos con pasos largos y
rápidos. Se acercó a su oído, agarrándola de los brazos cuando ella comenzó a alejarse.
Callie respiró hondo ante la sacudida de energía eléctrica que zigzagueó a través de
ella con el contacto.
Casi podía oír el chisporroteo.

23
Sus ojos grises se oscurecieron. ¿Él lo habría sentido también?
—Sólo hago mi trabajo, cariño. Madame Aubrey me conoce, sabe que yo sólo
aparezco cuando quiero algo. A alguien. Ahora ella les dirá a todos en el salón que
estoy detrás de ti. Pero tienes que hacer tu parte. Esta ilusión sólo funciona si pretendes
que me quieres, Callie, sólo un poco. —Le acarició los brazos desnudos, con la mirada
en sus labios—. La pasión entre compañeros Magos no es una cosa sutil. Es poderosa.
Innegable. Eléctrica. Si yo soy la mitad de tu compañero, no serás capaz de mantenerte
alejada de mí, así como yo no seré capaz de mantenerme alejado de ti... especialmente
antes de que encontremos a nuestro tercero y nos unamos oficialmente.
El aliento de Callie salió entrecortado. Su toque le estaba quitando su capacidad de
pensar. ¿Alguna vez había la había tocado antes de ese día? No. Por supuesto que no.
Ella habría recordado las chispas, la intensidad. A menos que fuera una parte del
hechizo de Harrison. Su magia, así cómo era, respondiendo a la de él.
Se humedeció el labio inferior, y Tyghe gimió.
—Deberíamos practicar. Haz de cuenta que no puedes mantener tus manos fuera
de mí, Callie. Voy a hacer que sea más fácil para ti. Finge que soy Tucker.
Ella abrió la boca para protestar, y él estuvo allí, su lengua enredándose con la
suya, sus labios separando los de ella más ampliamente, tomando más, tomándolo
todo. Callie cerró los ojos y vio remolinos de chispas de color violeta y plata
explotando a la vida detrás de sus párpados.
Tyghe Abbott la estaba besando.
La había vuelto loca con sus burlas y sonrisas sarcásticas por más de una década, y
ahora él la saboreaba cómo un adicto desesperado por una dosis de droga, cómo un
amante que la anhelaba con un hambre que no podía controlar. Y Callie le estaba
devolviendo el beso. Devolviéndole el beso y encantándole hacerlo. La lengua de él se
deslizó a través de la de ella cuando su mano se deslizó por su espalda para agarrarle
su cadera, arrastrando su cuerpo con rudeza contra el suyo. Dio un suspiro
tembloroso, la sensación de su dura erección presionada contra su estómago
poniéndola dolorida.
Enlazó sus brazos detrás de su nuca y cuando él gruñó y la levantó más alto en sus
brazos, ella envolvió sus piernas alrededor de su cintura. Lo sintió moverse, sintió que
su espalda chocaba contra la pared y luego sus caderas estuvieron presionadas entre
sus muslos, su polla empujándose contra ella a través de su ropa mientras él seguía
degustando sus labios.
Ningún manoseo a tientas en el coche después de una cita donde la llevaran a
cenar, ningún beso dulce en la puerta después de un baile se había sentido alguna vez
así. Ni siquiera la relación de un año que ella tuvo con Mitchell, el hombre con quien
había pensado que en realidad podría casarse, nunca la hizo sentir esto. Esto era deseo.
Hambre.

24
Callie se apartó para tomar aire.
Su atuendo y el tacto de Tyghe estaban haciendo que fuera difícil para ella
respirar.
Quería que este se fuera, quería destrozarlo fuera de su cuerpo para poderlo sentir
a él por todas partes. Sobre ella. Dentro de ella.
Sus ojos se abrieron en estado de shock cuando escuchó el sonido de destrozo. Ella
miró hacia abajo para ver caer la ropa en pedazos pequeños hacia el suelo, volviendo a
fundirse nuevamente en una pila cuidadosamente doblada a los pies de Tyghe. Pero él
seguía con ella. ¿Cómo...?
—¿Madame Aubrey no te contó acerca de este atuendo en particular o sí? El
diseñador sabía que sería muy difícil de despegar en el calor del momento, por lo que
encantó para que cayera. —Sus brillantes ojos encontraron los de ella y él sonrió con
malicia—. Pero sólo cuando el usuario realmente deseara que lo hiciera.
Sintió el calor en su cara, pero difícilmente podía negarlo. No se atrevía a sentirse
avergonzada tampoco. Eso vendría después. Ahora, lo necesitaba. Necesitaba más.
Podía sentir la mezclilla áspera de sus vaqueros contra su sexo desnudo, y ella se frotó
contra él, apretando las piernas a su alrededor.
—¿Ya terminamos con la práctica?
La sonrisa de él desapareció, y su mandíbula se apretó.
—Ni si quiera cerca. —Se movió, y ella sintió su mano ahuecando su sexo
húmedo, su pulgar buscando, y encontrando, su clítoris sensible. —Pequeña Callie
malvada —murmuró contra su mejilla—. Sé exactamente lo que necesitas.
Sí. Sintió esa sacudida eléctrica de nuevo cuando deslizó un dedo dentro de ella,
ambos gimiendo con el encaje delicioso y ceñido. Ella mordió su barbilla, meciendo
sus caderas contra su mano, siendo puro instinto y demanda. No tenía pensamiento
alguno excepto esto. Él.
—Así es. Gime para mí, Callie. Mientras mis caricias te vuelven loca. A los
compañeros Magos les encanta tocarse. Ellos lo necesitan. Fortalece su magia, carga
sus espíritus.
Se sentía increíble. El calor en su vientre se convirtió en una llamarada de fuego
cuando otro dedo se unió al primero, el estiramiento siendo más fácil por el líquido de
su excitación. Él bombeó dentro de ella, cada vez más rápido, volviéndola loca de
deseo. Ella deslizó sus manos en su cabello y colocó un desesperado beso con la boca
abierta en su cuello. Olía bien, picante. Su sabor era adictivo.
—Callie, yo… —Pero no quería que hablara. No quería pensar. Ella cubrió sus
labios con los suyos y adelantó sus caderas hacia delante, sintiendo sus dedos
impulsarse más hondo en su interior. Oh Dios, tan profundamente.
Su clímax la tomó por sorpresa, cómo una tormenta de verano, rayos se estrellaron

25
a su alrededor, la electricidad vibrando por su espalda y disparándose a través de sus
miembros.
—Tyghe.
—Sí. Mierda. Puedo sentir que te corres alrededor de mis dedos. Tan apretada,
Callie. ¿Apretarías mi polla así de fuerte? ¿Callie? ¿Nena?
Sintió que él la bajaba sobre sus pies, escuchó la preocupación en su voz, como si
estuviera muy lejos. No se detenía. Las ondas de energía rodando a través de su cuerpo
se estaban volviendo más fuertes. Pulsando en su interior cómo un poderoso golpe de
tambor. El placer era tan intenso que era casi doloroso.
Ella abrió los ojos de nuevo y se quedó sin aliento en estado de shock. Unos arcos
de luz de color violeta se arremolinaban a su alrededor, en torno a él. Pudo ver su aura
de plata alrededor de su cuerpo, fuerte con su excitación.
Callie se empujó fuera de sus brazos, su cuerpo hormigueaba más intensamente
cuando él la tocaba.
—¿Qué está pasando? Oh mierda, Tyghe. Me siento... ¿Cómo hago que se
detenga? —¿Cómo se sentía? ¿Excitada? ¿Asustada? ¿Vulnerable? Sí a todo lo anterior.
Una repentina toma de conciencia de su desnudez, y su reacción natural a Tyghe, la
hicieron envolver sus brazos alrededor de ella y agacharse para alcanzar el traje negro,
utilizando la tela para cubrirse.
—Callie, cálmate. Es sólo la magia. A pesar de que no debería estar afectándote de
esta manera. Esto sólo ocurre cuando los Magos... Mierda, Callie, déjame... —
Extendió la mano para tomarla en sus brazos de nuevo, su expresión amable,
preocupada, pero Callie no confiaba en eso. Él usaría esto para burlarse de ella, para
hacerla sentir cómo si ella no pudiera manejar el regalo que Harrison le había dado.
No podía manejar la pasión de los Magos. Nunca debería haber perdido el control.
Nunca debería haber permitido que la tocara.
Levantó la mano.
—Detente. Sólo vete. Sal de aquí.
Tyghe se congeló en medio de un paso, con los ojos muy abiertos, la expresión
aturdida mientras comenzaba a caminar hacia atrás. Una lenta, y torpe retirada que
hizo que las cejas de Callie subieran casi hasta la línea del cabello. ¿Qué estaba
haciendo?
La miró, los tendones de su mandíbula esforzándose mientras su cuerpo parecía
moverse en contra de su voluntad.
—Hija de puta. Voy a matar a Harrison por jugar con este tipo de magia. Si lo
hubiera sabido… —Se golpeó contra la puerta, extendiendo la mano hacia atrás para
abrirla así podría salir. Agarró el marco de la puerta, el crujido de la madera mientras
intentaba impedir su retirada—. Esto no ha terminado, Callie. Puedes enviarme lejos y

26
volver a fingir que me odias. Pero dijiste mi nombre cuando te corriste. El mío. No te
olvides de eso. —Mientras él desaparecía por la esquina, le oyó murmurar—: Yo
seguro que no lo haré.
3
Traducido por Mary Jose
Corregido por marta_rg24

―¿Q ué diablos fue eso, Harry? ―por fin consiguieron volver a la


casa de los Abbott, sus brazos llenos de bolsas del salón de
belleza.
Todo encantador, desde el gel de peinado hasta los tacones asesinos. Callie colocó
sus compras sobre la cama en el cuarto de huéspedes, dejándose caer en la silla más
cercana con un suspiro.
Harrison empujó las bolsas del camino y se sentó en la cama, mirándola con
recelo.
―No sé, Cal. Te lo juro. Eso no se suponía que sucediera. ―Ella hizo una
mueca―. Me siento como si últimamente hubiera estado diciendo mucho eso. Todo lo
que quería era que tuvieras suficiente magia para que te reconocieran como uno de
nosotros. Jenner... ―Él vaciló, como si hubiera algo molestándolo, antes de sacudir la
cabeza con una risa resignada―. Lo que quiero saber es por qué estabas peleando con
Tyghe.
La frente de Callie se frunció y la culpa hizo que apartara la mirada de su amigo.
―¿Por qué crees tú?

Harrison levantó la mano, contándo con los dedos mientras hablaba.

27
―En primer lugar, ustedes dos siempre se disparan el uno al otro. En segundo
lugar, lo vi en el vestíbulo al salir, y si las miradas mataran yo sería un debutante
muerto ahora mismo. ―Miró a Callie; la preocupada, cautelosa y casi culpable vista
regresó a sus ojos―. Además, ese tipo de explosión de energía por lo general sólo
proviene de una intensa emoción. Ira, miedo...
O lujuria, caliente y sudorosa. Ella terminó el pensamiento en su cabeza. Se pasó
una mano temblorosa por el pelo, distraída, pensando que nunca se había sentido o
visto de mejor forma. Era increíble lo que un poco de magia podía hacer.
Inclinó la cabeza, se le ocurrio algo de repente.
―¿Sería el hechizo el que me hizo actuar de manera diferente? Yo, es decir, ¿he
agregado algún tipo de magia afrodisíaca o algo así?
―Afro-no. ―Los ojos de Harrison se agrandaron, sacudiendo la cabeza hacia
atrás y adelante sucesivamente―. No, Callie, dime que no has dicho lo que pienso
que has dicho. ―Ella se ruborizó mientras él resopló con incredulidad. ―¿Tú y
Tyghe?
―No, quiero decir, solo estábamos... practicando... para el Triune. ―Debía haber
sonado poco convincente, si la expresión de su amigo fuera algo que pasar. ―No sé lo
que se apoderó de mí. Realmente no lo sé. Yo es decir, ¿Tyghe? ¿El chico que convirtió
mi cara verde la noche antes del primer día del octavo grado? ¿El que maldijo a mi
bicicleta para perseguir a George Anderson de casa a la escuela todos los días?
Harrison alzó las manos, lágrimas de alegría inundando sus mejillas.
―Hay que admitir, que fue divertido.

―George no lo creía. El pobre chico estaba traumatizado, y nunca me invitó a


salir de nuevo. ―Callie enterró el rostro entre las manos―. Tenía la esperanza de que
fuera su hechizo.
― No tengo nada que ver con eso, ni con el nivel de energía descrito.

No le gustó el sonido de eso. Levantó la vista.


―Hay más. Sólo te hablé de la energía loca. No te dije lo que le hice a Tyghe.
La sonrisa de él era esperanzadora.
―Dime que lo abofeteaste por tocarte y mi fe en el género femenino será
restaurado.
Callie sacudió la cabeza.
―Lo obligué a marcharse. ―Harrison comenzó a interrumpirla, pero ella habló
antes de que pudiera hacerlo―. Quiero decir que lo obligué, Harry. Yo le dije que se
fuera y se fue como... como si no tuviera otra opción. También estaba bastante

28
enfadado.
Harrison se quedó inmóvil, su sonrisa desapareciendo.
―Callie, dijiste que Charity le dio alguna nueva información acerca de los
ataques.
El cambio abrupto de tema la confundió por un momento.
―Sí. Ella nos dijo que las mujeres tenían algún tipo de poder de convicción era
muy raro. Le sorprendió que tantos magos salieron con ella al mismo tiempo.
Los ojos grises se estrecharon en Callie.
―¿De qué color era su energía, Cal?

―Violeta. ¿Por qué? ―Y de repente lo entendió. Obligación. Ella había obligado a


Tyghe a irse―. ¿Es el poder que me diste, Harry? El poder de la compulsión?

―No sé cuántas veces tengo que decírtelo. Te di un camuflaje mágico genérico y


sacaste tus propios dones naturales. Yo no podía darte la compulsión aunque quisiera.
Como Tyghe dijo, no soy tan bueno. Estás mostrando todos los signos de un
mentalista, alguien que obliga a los demás a través de la sugestión. También eres
fuerte, si puedes afectar a un mago tan dotado como siempre lo ha sido Tyghe.
―Harrison se mordió el labio con preocupación―. Realmente necesito hablar con
Jenner. Creo que deberíamos suspender esto.
Callie saltó de su silla, agarrando el brazo de Harrison antes de que ella pudiera
marcharse.
―De ninguna manera. Tyghe fue quien sugirio que fuera el cebo, ¿verdad? Bueno,
justo como Charity, me convertí en un señuelo irresistible. Tenemos una mejor
oportunidad ahora para atrapar a este tipo, asegurarse de que no hace daño a nadie
más. ¿Quién sabe? Ahora que tiene un gusto por la violencia, puede no querer
detenerse una vez que llegue a todos con esta capacidad. Podría seguir adelante con
otros poderes. Otras mujeres. Pobres, la inocente Verónica. Tú. ―Callie sacudió su
cabeza―. No voy a dejar que eso suceda.
Harrison miró como si quisiera discutir, pero algo en la expresión de Callie debía
haberle dicho que no iba a funcionar.
―Debería haber llamado a Tucker a casa. Él tiene una magia convincente, aunque
la suya es más de naturaleza física. ¿Sabías eso? ―Callie negó con la cabeza y
Harrison suspiró―. Está bien, Cal. Déjame que le cuente las novedades a Jenner, a
ver qué podemos hacer para que tengas la protección que necesitas para cuando el
Triune se presente. Si vamos a hacer esto, no quiero que estés en más peligro del
necesario.
La dejó a solas con un suave clic en la puerta al cerrar. Miró alrededor de la
habitación sin ver nada. No lo entendía. ¿No había sido la intención de Harrison de
darle la capacidad de compulsión? Edo significaba que tenía que ser algo latente dentro

29
de ella.
Cada ser tiene un poco de magia dentro, ¿no es eso lo que le había dicho? Pero
seguro que no era la suya. Nunca fue capaz de que otros hicieran lo que ella quería. Su
don ha sido siempre la deducción, lograr que la gente dijera sus secretos. Suponía que
era una especie de compulsión, aunque siempre pensó que tenía una de esas caras
dignas de confianza.
Tyghe estuvo sorprendido. Trastornado. Ella no había tenido la intención de
obligarlo a actuar contra su voluntad. Había sido avergonzado, confundido. Asustado
por el poder de su clímax y la energía mágica que fluía a través de ella.
Quiso que se fuera, sí, pero no de esa forma. No por control. Lo que era una
habilidad desconcertante por decir lo menos.
¿Y si no hubiera sido capaz de echarlo? El la habría tocado de nuevo, lo sabía.
Tomándola, allí mismo, en el vestuario, donde cualquier persona podría haberlos
visto... y a Callie no le habría importado.
Al parecer, en un día había cambiado tanto. Tenía poder. Desde su experiencia
con Tyghe todavía podía sentirlo, un zumbido constante por debajo de la superficie.
Esperando. A Tyghe. Alguna vez pensó en él como algo más que el hermano mayor
magnifico, pero perturbador de su mejor amigo? Se había metido bajo su piel más
fácilmente que cualquiera que hubiera conocido. Una mirada de él era todo lo que
tomó para llevarla al borde. Había estado ahí, incluso entonces, atracción disfrazada
de irritación?
Si era así, se encontraba en serios problemas. Le parecía que estaba condenada a
pasar su vida atraída a hombres que no podía tener. Magos Abbott. En primer lugar
Tucker, ahora Tyghe.
Después de que esta aventura terminase y se graduase en la academia, podría usar
el dinero que había estado ahorrando para días lluviosos y tomar un crucero. En algún
lugar cálido y tropical. Lejos de Boston. Lejos de la tentación. Pero para ello, tenía que
atrapar a un criminal.
Fue un momento antes de que darse cuenta de que no podía moverse. El pánico
fue instantáneo. ¿Era ese, otro extraño efecto secundario de tener poderes?
Su cerebro mandaba órdenes a sus manos y pies, pero su cuerpo no respondía.
Abrio la boca con la intención de gritar, sin embargo, no salía sonido alguno.
―Cálmate, Callie. Nada está mal. Soy yo.
Madre de mía, hijo de puta. ¿Tyghe? Ella oyó su voz por atras. ¿Cómo se había
metido en la habitación sin notarlo? ¿La había inmovilizado él? Iba a matarlo. Tan
pronto como pudiera moverse.
Rodeó su cuerpo hasta que estuvo frente a ella, sus ojos grises estrechándose en
una mirada venenosa.
―No me mires así. Yo diría que ahora estamos en paz. Te llevaste mi control,
ahora tengo tomado el tuyo. ―Se frotó la parte posterior de su cuello con la mano, la
imagen de la frustración―. No voy a pedir disculpas. Si quieres comprensión
30
encuentra a Lorie. O Tucker. Tus héroes te dirían suaves palabras y sonrisas
tranquilizadoras, pero eso no es lo que soy.
No, no lo era. Ante la mención de sus acciones anteriores, sintió como se calmaba
un poco. El miró ojeroso, y una chispa de compasión y calor renovado la calentó
mientras lo observaba. Estaba sin camisa, el primer botón de sus vaqueros deshecho,
su cabello húmedo, como si acabara de salir de la ducha.
Él siguió el movimiento de sus ojos e hizo una mueca.
―Las duchas frías no funcionan para magos igual que he oído que trabajan para
los seres humanos. No son más que frío. ―Él se acercó más―. No me hizo dejar de
querer follarte, o tomar el olor de tu miel de mis dedos.
Parpadeó. Él lo dijo sin tapujos, siempre lo hacía. Tan simple como eso, lo quería
otra vez. La forma en que ella lo tenía sólo horas antes. Locamente.
Sin pensarlo. Desenfrenadamente. La energía dentro de ella se construyó, el
cabello se le levantó en el parte posterior del cuello por la carga estática.
Tyghe la estudió atentamente.
―Tus los ojos están cambiando, Callie. ¿Sabías eso? Siempre son azules claros,
como un cielo de invierno. Pero ahora... ahora se ven más oscuros, como el océano.
Lo que esos ojos me están diciendo es que una ducha fría no funcionará para ti
tampoco. ― Él miró a su blusa, y ella podía sentir las puntas duras de sus pezones
rozando contra la seda cruda en reacción―. Te libero, Callie, pero te lo advierto. Si
me despides otra vez, no seré responsable de mis acciones.
Con esas palabras ella sintió las manos estirarse, su cuerpo se liberó de la poderosa
influencia de Tyghe. Se tambaleó y le envió una compungida expresión.
―En todos estos años no he sabido lo que eras capaz de hacer. Me alegro.
Probablemente me habría dado pesadillas.
―No puedo decirte cuántas veces he sentido la tentación de usarlo, mocosa. Pero
pesadillas no es lo que yo quiero darte. Nunca lo ha sido, creo que lo sabes. Todo lo
que tienes que hacer es decir sí.
Sus palabras comenzaron un toque de tambor en sus venas. Era una locura, era
magia. Cuando hubiera terminado, ¿cómo sería capaz de formar parte de esta familia?
¿Actuar como si nada hubiese cambiado? Pero él tenía razón, alguna en ella siempre
supo que por debajo de toda la fricción entre con Tyghe se encontraba un atisbo
diferente. Algo que les hizo caminar en círculos uno al otro como animales cautelosos.
Negar eso ahora era imposible. Incluso pensando en la intimidante perspectiva de

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lo que vendría después, no podía dejar lo que había dentro de ella. Era una necesidad
instintiva, algo profundo llorando por él. ¿Cómo podía hacer otra cosa distinta que
ceder?
―Sí, Tyghe.
Él extendió la mano para tocar el cuello de la blusa con los dedos, el parpadeo de
la energía de plata en las almohadillas ásperas haciendo estremecer a Callie.
―¿Sí qué, cariño? ¿Cualquier cosa? Porque puedo pensar en todo tipo de cosas que
me encantaría hacer contigo. Me viene a la mente, lanzarte por encima de mi regazo y
dar nalgadas a ese pequeño culo apretado hasta que se vuelva rosa por dejarme
desearte durante tanto tiempo. Te volvería loca haciéndolo una y otra vez, y no
permitir venirte hasta que me estés rogando, también tiene su atractivo. ¿Me rogarías,
pequeña? ¿Rogarías por que te folle para correrte?
―Bésame el culo, Abbott. ―Se dio la vuelta alejándose, enojada con él por usar la
necesidad en su contra. ¿Quería que rogara? ¿Por qué? ¿Para que pudiera reírse de ella?
No iba a ser capaz de tomar ese tipo de humillación. No de él. No ahora.
Callie lo sintió moverse detrás de ella, y entonces estaba sobre sus rodillas en el
suelo junto a la cama, el cuerpo de Tyghe la quemaba a través de su ropa.
―¿Es una orden, Callie? ¿Estás obligándome? Porque sabes que voy a tener que
obedecer. No me importaría amar tu culo.―Luchó con poco entusiasmo en su
apretón, y él se rio―. Sí, me encantaría azotarlo y besarlo... lamerlo. ―Se apoyó cerca
de su oído, susurrando: ―Y algún día, pronto, voy follarlo.
Una emoción puramente femenina, miedo mezclado con entusiasmo y curiosidad,
corrio a través de los miembros de Callie en un temblor apresurado. Él lo sintió y
gimió.
―Maldita sea, Callie. No me tientes. Te necesito demasiado para ser paciente.
―Sus acciones emparejaron sus palabras cuando sintió que él cambiaba detrás de ella,
triturando la camisa de su espalda. Murmuró: ―Te voy a comprar una nueva. ―Fue
seguido por el sonido de un botón rodando por el suelo mientras desgarraba el
pantalón y tiraba hacia abajo sobre sus caderas.
A ella le encantó. Su desenfreno. Sus energías jugando mutuamente, creciendo
más caliente, más intenso con cada toque. Lo quería dentro. Deseaba ser reclamada.
Se sintió primitiva. Una leona que ansía a su compañero. Se inclinó hacia delante
sobre los codos, arqueando la espalda para levantar alto el culo desnudo contra él.
―Joder, Callie. ―Podía sentirlo hurgar en sus propios pantalones vaqueros,
reventando los botones con una rapidez que hizo que le doliera.
―Ahora, por favor.

Tyghe se inclinó sobre ella otra vez, piel contra piel desnuda. Sus muslos

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extendiendo los suyos más separados. El primer deslizamiento de su polla contra su
sexo los tenía a los dos jadeando como si hubieran sido tocados con un cable de alta
tensión.
Ella gimió.
―¿Qué es esto?
Él sabía que no estaba hablando de su erección, sino de las inusuales sensaciones
eléctricas que se producían entre ellos con cada toque, cada caricia.
―Eres tú, Callie. Sabía que iba a ser así. No tiene un maldito mínimo sentido,
pero eres tú.
Lanzó un grito de sorpresa por el placer en su primera embestida. Cerró los dientes
alrededor de su hombro, gritando contra su carne mientras sus músculos se apretaban
alrededor de él, instintivamente reaccionando, estirándose. Era grande. Duro. Se abrio
paso entre la resistencia hasta que sus caderas se presionaban contra su culo, su frente
contra su espalda. Sobre ella y en ella. Poseyéndola.
Callie presionó la frente contra el suelo, meciendo sus caderas cuando él no
comenzó inmediatamente el ritmo de su cuerpo que ahora estaba desesperado. No le
preocupó que estuviera medio desnuda, sus pantalones alrededor de sus rodillas. No le
importó si alguien los veía. Necesitaba sentirlo de nuevo. Sabía que este clímax
rivalizaría con el último.
Él gimió. Deslizó una mano entre sus piernas donde estaban unidos, la otra la
deslizó debajo del sostén para ahuecar su pecho.
―He imaginado esto tantas veces. Luchado conmigo mismo para permanecer
lejos de ti. ―Él inclinó sus caderas, yendo más profundo, y ambos gimieron―.
Humana o no, yo sabía que nunca sería capaz de dejarte ir una vez que entrase dentro
de ti. Pero no era a mí a quien querías en ese entonces, ¿es eso? ―apretó su pezón duro
entre los dedos, y ella se arqueó contra él, gritando. Sabía que Tyghe hablaba de
Tucker. Sacudió la cabeza, no queriendo escucharle, no queriendo ser arrastrada de
este momento, pero esta vez él estaba en control―. Él nunca hizo esto, ¿verdad? Por
mucho que lo querías. Nunca deslizó su polla entre estos deliciosos muslos. Nunca te
tocó fuera de tus sueños.
Callie hizo un sonido de frustración en el fondo de su garganta. Su cuerpo estaba
ardiendo de necesidad por él, pero su conversación de almohada la estaba haciendo
enojar.
―¿No piensas que puedes igualar a tu hermano mayor, Tyghe? ¿Quieres oír acerca
todas las veces que me toqué en mi cama de noche, deseando que fuera él? Nosotros
siempre podríamos parar y hablar de ello.
Si se detenía ahora lo mataría.
―Soy un masoquista, ¿no lo sabías? ―se rio sobriamente. Callie empujó sus
caderas duro hacia atrás, con pasión enojada, y él gimió, jadeando contra su pelo―.

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Chica mala. Quieres que pierda el control, ¿no es así?
Levantó la cabeza y se volvió hasta que sus miradas se enfrentaron. Su cara estaba
apretada con moderación, los ojos oscuros de la necesidad.
―Sí, Tyghe, realmente lo hago. No te contengas. Deja de hablar y fóllame. ―
Sintió la explosión de energía fluir de ella a él, sabía que su necesidad lo había hecho
de nuevo, le envió una compulsión. Jadeó cuando sus ojos se estrecharon. ―Esto no
es una orden, maldita sea. Sólo una sugerencia. ―No quería forzarlo, ni que esta
extraña magia dentro fuera la razón por la que la tomase.
Tyghe sonrió.
―Demasiado tarde. No me detendré. ―Su pecho se levantó, con las manos
deslizándose de su clítoris hasta la cadera, la de su pecho hasta el hombro―. Tú lo has
pedido, Callie. Tú pediste que te follara.
La columna vertebral de Callie se arqueó cuando él comenzó a impulsarse dentro,
su cadera golpeando contra la suya, la sacudió hasta los huesos.
Sí. Esto era lo que quería. Necesitaba. Sin pretextos. No suaves caricias. Deseaba
ser marcada, tomada de tal forma que hiciera que nunca olvidase esa sensación.
Era lanzada al centro de un huracán, una tormenta arremolinándose a su
alrededor mientras él cambió el ángulo de sus embestidas, golpeando una parte que la
hizo gritar.
―Tyghe.
―Sí. Mi nombre, Callie. ―El agarre en su hombro se apretó, sosteniendo todavía
con su ritmo castigador―. Yo soy el que te está follando. El único que te puede dar
esto. ―La mano de su cadera se deslizó sobre su piel, el pulgar sobre sus mejillas para
presionar contra su culo―. Y esto.

―Oh Dios. ― Quería sus dedos, su polla en todas partes y en cualquier lugar. No
podía tener suficiente, nunca sería bastante. Cuando el pulgar empujó dentro, su polla
todavía llenaba su sexo, no pudo contenerse y gritó.
―Oh, te gusta esto, ¿verdad, Callie? Fuiste hecha para ello, para mí. Dime que lo
deseas. Que quieres más. Dime que quieres que folle tu culo.
―Sí. Me encanta. Más. ― Se había convertido en una cosa salvaje, ajena a todo
menos las sensaciones que se estaban creando a través de su cuerpo. Su pulgar empujó
dentro de su culo, empujes cortos y superficiales que coincidían con el movimiento de
su polla dentro de ella. Una súbita imagen de otro hombre uniéndose a Tyghe, de
ambos dentro de ella, tomándola, la lanzó sobre el borde.
Energía violeta estallando alrededor ellos, mezclada con la plata de Tyghe. Su
cuerpo estaba en llamas, latiendo con vida, con la luz. Podía sentir cómo su clímax lo
estaba afectando, sabía que no esperaría para unirse ella, llenarla con su corrida.

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De repente, él estaba allí, gritando su placer mientras continuaba bombeando
dentro, su agarre en el hombro casi contusionándola mientras se molía contra ella
una y otra vez. Se inclinó y Callie giró la cabeza besándolo con toda la pasión que
poseía.
Tyghe rasgó sus labios, jadeando contra su boca.
―Tira de la energía hacia atrás, Callie. Puedes hacerlo. Correcto. ―Gimió
cuando ella se centró en lo que dijo, en calmar su energía―. Se sintió tan bien, mi
chica mala. Te corriste tan duro, yo sabía que serías adictiva. Ahora que he estado
aquí y he sentido tu apretado y mojado coño a mi alrededor... Nunca voy a conseguir
lo suficiente.
Su corazón dio un salto al oír esas palabras, pero sabía que la gente decía cosas en
el momento de la pasión que no siempre significaban algo. Conocía mucho acerca de
su pasado con las mujeres, él no era el tipo de hombre que se quedaba. Ella necesitaba
más de fantástico y alucinante sexo, alguien con quien pudiera contar y en quien
confiar.
Él vio su cambio de expresión y agarró su barbilla con los dedos.
―Ni se te ocurra. ― Apretó las caderas contra ella, podía sentir su polla, aún dura
en su interior―. No niegues lo que es esto. No pretendas que no es el mejor polvo
que alguna vez has tenido. ¿O tengo que recordártelo otra vez?
―¿Interrumpo algo?― Tyghe se puso rígido, su expresión cerrada cuando vio a
Callie palidecer ante la nueva voz en la sala―. Me gustaría decir que sí, pero parece
como si Callie y yo terminamos, por ahora. Aunque creo que ella preferiría que
hubieses llamado antes de que nos pillases en el acto, por así decirlo.
Esto era una pesadilla. Tenía que serlo. Tucker Abbott estaba lejos en su viaje
anual para estar en comunión con la naturaleza. En realidad no podía encontrarse de
pie en la puerta, observando como su hermano se deslizaba de entre sus muslos,
dejándola medio desnuda a cuatro patas sobre el piso, la prueba de su pasión
chorreando por sus muslos. No había ninguna humillación en su infancia en la que
ella podría pensar que superase esta. Gimió y cerró los ojos. Al menos sabía que los
magos no se reproducían a menos de que estuviesen casados o emparejados. Algo por
lo que agradecía que Jenner se lo hubiera contado. No es que esto hiciera el momento
menos incómodo. Por favor, que sea un sueño.
Tyghe apareció a su lado, protegiendo su cuerpo de la vista.
―Ven ahora, se una buena chica, traje una de sus camisetas. ―Él habló por
encima del hombro a su hermano mientras Callie tenía los ojos y la mente brumosa
por el caos, le permitió tirar de los jirones de su blusa fuera de su cuerpo y deslizar una
limpia camiseta por encima de su cabeza―. ¿Qué te trae a casa, Tucker? ¿Te sentías
solo en el bosque? Eso es lo que consigues por preferir árboles y rocas a camas suaves
y mujeres bonitas.
Deslizó la toalla entre sus piernas con movimientos rápidos, eficientes, el amante

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apasionado de momentos antes aparentemente desaparecido. Debería abofetear su
mano, pero no se atrevía a moverse. Tucker la había visto con Tyghe. Todos los años
que soñó con Tucker a su lado y así. Bueno, no como esto. De hecho, este escenario
nunca había pasado por su cabeza.
Él nunca la querría ahora.
Que mujer pervertida era para siquiera pensar en ello después de tener el mejor
sexo de su vida con su hermano.
―Ahora tengo que matarte.―La voz de Tucker era baja y peligrosa, pero sus
palabras no se registraron hasta que Tyghe fue arrancado de ella y lanzado contra la
pared.

36
4
Tradudicido por ஓ¥anliஓ
Corregido por Pily

―H
ijo de puta. ―Tyghe juró cuando el yeso voló en torno a sus
hombros por la fuerza del golpe. Callie observó cómo Tucker
con cara de piedra se estiraba hacia él de nuevo con un brillo
peligroso en sus ojos.
Tyghe, quien podría haber inmovilizado a Tucker en el acto, en cambio bajó la
cabeza y se estrelló contra el pecho de su hermano, enviándolo a los dos directo al
suelo a su lado.
Ella se puso de pie, casi tropezando con sus pantalones en el proceso. Tiró de ellos
con rapidez, su atención nunca dejando a los dos hombres que luchaban. Tenía que
hacer algo. Esto era más que el combate juguetón que había visto entre los hermanos
en el pasado. Parecía como si estuvieran realmente tratando de hacer daño el uno al
otro.
―Dejen de pelear. Ambos. Ahora. ―Trató de concentrarse mientras decía las
palabras. Trató de usar su magia.
Se detuvieron, aunque ninguno de ellos parecía muy feliz por eso. Especialmente
no Tucker, quien se negó a mirar en su dirección mientras se levantaba hasta quedar
sentado y ahuecó su mandíbula donde Tyghe le había golpeado.

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―Así que es verdad. ―Se volvió hacia Tyghe―. ¿Harrison está haciendo esto?
Trató de sonreír, pero hizo una mueca en su lugar cuando se levantó, rodando los
hombros.
―¿Incluso tienes que preguntar?

―Supongo que no. Aunque tengo que admitir, que no pensé siquiera que tu
tendrías el descaro de dejar que una mujer, una amiga de nuestra familia, se pusiera en
peligro simplemente para conseguir meterte en sus pantalones.
Callie se estremeció al oír las palabras de Tucker, pero su hermano se limitó a reír
burlonamente.
―Por lo menos yo tomo lo que quiero en lugar de huir de ello. Tú puedes ir de
excursión a todas las montañas, acabar con todos los criminales que quieras, y sigues
siendo el cobarde.
Tucker se puso en pie, con un claro propósito, y Callie reaccionó instintivamente.
Corrió entre ellos, una mano en cada uno de sus pechos para mantenerlos separados.
Fue entonces cuando sucedió.
La sacudida que había sentido cuando Tyghe la había tocado antes, esa misma
extraña energía que había aumentado entre ellos eran unidos, pero más. La boca de
Callie se abrió en un grito silencioso mientras levantaba la barbilla para mirar a Tucker
en shock.
Cuando su mano cubrió su camisa, chispas de luz violeta y morado oscuro se
arremolinaron alrededor de sus dedos. Se encontró con sus ojos azul-grisáceos,
intensos con enojo, sorpresa y algo más. ¿Deseo? Ella se estremeció. ¿Qué estaba
sucediendo? Era similar a lo que había sucedido cuando ella y Tyghe se habían
tocado... pero más.
Recordaba con total nitidez una noche, hace años, cuando había llegado a la casa
Abbott con necesidad de consuelo. Su madre adoptiva había sido cruel, y Callie se
había sentido perdida, sola. Corrió hacia la familia que deseaba fuera la de ella, la
familia que no la trataba como si fuera una extraña. Cuando se dio cuenta de que
ninguno de los Abbott se encontraba en casa, quedó decepcionada que había
colapsado en el porche y lloró como si su corazón se estuviera destrozando.
Tucker la había encontrado. Tan pronto como se dio cuenta de que ella no resultó
herida físicamente, él la levantó a su regazo y la acunó en sus brazos en silenciosa
comodidad. Sólo tenía doce años de edad, y él quince, pero estaba segura en ese
momento que se había enamorado de él. Nunca hubo ninguna chispa que pudiera ver,
pero se había sentido segura por primera vez en su vida. Cálida. Amada.
Fue devota. Pero él dejó claro, por sus acciones a través de los años, que no sentía

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lo mismo. Siempre era amable, pero nunca la miró como si fuera una mujer. Nunca
había visto sus ojos oscurecerse con pasión por ella.
Había pasión allí ahora.
Estudió su rostro. Un rostro que conocía tan bien como el suyo. La fuerte
mandíbula, los hoyuelos tan profundos que podía verlos incluso cuando él no estaba
sonriendo. Sus labios carnosos, sensuales y ojos azul-grisáceos. Ojos que estaban
diciéndole que la deseaba. La necesitaba.
Se inclinó más cerca, como si fuera a presionar sus labios contra los de ella, por fin
podría besarla después de tantos años de espera. Callie torció la cabeza hacia atrás.
Tyghe comenzó a reírse de nuevo, un sonido chirriante, sarcástico que rompió el
momento. Él se alejó de su toque, y la energía entre ellos decayó. Callie curvó su mano
por la pérdida, dando un paso hacia atrás y cruzando los brazos a la defensiva.
Tyghe juntó las manos aplaudiendo y negó.
―Esto no tiene precio. Bueno, pequeña niña, parece que no soy el único que
puede sonar tu campana mágica, aunque puede ser temporal. Si sólo tu héroe hubiera
llegado aquí un poco antes, no habrías tenido que perder el tiempo con el segundo
mejor.
―Tyghe, espera... Pero pudo oír sus pasos mientras bajaba por las escaleras,
seguido rápidamente por el portazo de la puerta principal. Se había ido―. Maldita sea.

―Lo siento, Callie. ―Se volvió hacia Tucker, de pie rígido e incómodo a su
lado―. Si hubiera sabido que él estaba aquí dentro...

Ella suspiró.
―Lo sé. No tienes que decirme. No habrías entrado.

Encontró su mirada.
―Eso no era lo que iba a decir. Si lo hubiera sabido, habría venido antes.
―Estudió la masa de enredos que habían sido su cabello y sonrió―. Has cambiado tu
cabello. Está más corto, y el color es un poco diferente. Me gusta.
¿Notó su cabello? ¿Por qué eso hace que su corazón lata más rápido?
―Fui a la peluquería con Harrison.

Al oír el nombre de su hermana su sonrisa se desvaneció.


―Tengo que hablar con ella. No puedo creer que Jenner no la detuviera. El hecho
de que no pudiera hacer nada del todo es... yo no sabía que tenía tanto poder. ―Se
dirigió hacia la puerta, parando en la apertura, sin mirar hacia atrás―. Callie, yo...
hablare contigo más tarde. No te preocupes. Lo arreglaré todo.
Cuando se fue cayó de espaldas sobre la cama, con la cabeza dando vueltas. Tal

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vez tener magia no era todo lo que pintaba. Pensó en lo que había pasado desde que
había despertado del hechizo de Harrison y se dio cuenta de que estaba realmente
sonriendo. ¿A quién estaba tratando de engañar? Había tenido más emoción en un día
que en toda su vida combinada. Más pasión, caos y confusión, por no hablar de un
tratamiento facial mágico.
Y Tyghe.
Frunció el ceño. No podía negar la fuerza de su deseo por él. Ni siquiera podía
negar que la sola idea de él provocándola, hizo que sus muslos hormiguearan con
calor. Estar con él sólo hacía quererlo más. Iría a buscarlo ahora mismo, pero sabía
que él no estaba en un estado de ánimo acogedor. Deseaba que no se hubiera ido así,
pero no podía culparlo. Casi había besado a Tucker, lo habría hecho si él no hubiera
interrumpido, justo en frente del hombre que acababa de darle un orgasmo alucinante.
Inocente y apropiada Callie, era una fresca cuando se trataba de los Abbott.
Se sentó, dirigiéndose a la ducha. Necesitaba un momento a solas antes de
enfrentarse al león. Sabía que Tucker trataría de ponerse firme y les impediría ir al
Trino. Pero ya era demasiado tarde. Callie era tan terca como él, lo supiera o no. Ella
iba. Y Tyghe iba con ella.
No se iba a echar para atrás ahora.
Callie escuchó su voz a mitad de camino a la cocina. Con el cabello húmedo en
una cola, sus jeans cómodos y una sudadera que cubrían todas las pruebas de su
comportamiento anterior, estaba lista para enfrentarse a Tucker.
Harrison sonaba cansada.
―Eso es lo que estoy tratando de decirte, Tuck. No fue obra mía.

―Así que entonces, la única otra forma sería… Mierda. Esto no tiene una maldita
pisca de sentido.
Hubo silencio por un momento, luego oyó la sonrisa en la voz de Jenner mientras
hablaba con Tucker.
―Salvo que, de un modo extraño y perfecto, en cierto modo está hecho. ¿No
crees? ―Ella levantó la voz―. Callie, te he hecho algunos sándwiches de pepino,
cariño. Debes estar muerta de hambre.
Ella dio la vuelta a la esquina, su mirada chocando al instante con la de Tucker.
La frustración en su expresión rápidamente se transformó en risas y recuerdos
compartidos.
La primera vez que empezó a ir a la casa Abbott, ella había pensado que era tan
grandioso, que había mencionado su sorpresa a que no tuvieran meriendas como las
damas británicas que había leído en sus libros. Moira y Jenner habían decidido en ese
momento darles a las dos jóvenes una fiesta de té, con sombreros de fantasía y
sándwiches de pepino con las cortezas cortadas. Callie había hecho tanto alboroto

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sobre ellos, sobre todo debido a la novedad del dulce que la entrañable Jenner empezó
a hacerlos cada vez que ella llegaba a la casa. Ella no tenía el corazón para decirle a la
mujer mayor que preferiría tener una hamburguesa con queso.
Aceptó el plato que Jenner le entregó con una sonrisa de agradecimiento,
arrugando la nariz ante Tucker juguetonamente.
―¿Te han puesto al corriente del plan?

Su expresión se endureció.
―El plan ha cambiado. La ley Magian se hará cargo del criminal, Harrison
esperará unos cuantos meses más para al Triune, y tú, bueno, puedes volver a tu vida.
Ir a la escuela. Donde perteneces.
Callie no pudo evitar la punzada de dolor que sintió ante su significado tácito.
―Estoy en descanso. Además, la ley Magian no ha hecho mucho para detener los
cuatro ataques anteriores, ¿qué te hace pensar que pueden manejar el siguiente?
―Cinco ― murmuró Harrison empujando su propio sándwich, de carne, por
supuesto, alrededor de su plato.
El estómago de Callie gruñó con envidia ante el almuerzo más sustancial de su
amiga, y luego se apretó cuando ella captó su significado. Se volvió hacia Tucker.
―¿Hubo otro? ¿Está bien la chica?

La mandíbula de Tucker se apretó, la ira en sus ojos fue respuesta suficiente.


―La mató ¿no es así? ¿Y todavía no hay pruebas? Nada para encontrarlo más que
el conocimiento de que le gustan las chicas Magian con la magia irresistible, y que él
estará en la próxima reunión del Triune. ―Dejó el plato en la mesa y plantó las manos
en sus caderas―. ¿Vas a decirme que tienes a una hembra Magian a la espera? Un
ejecutor encargado de cumplir las reglas como tú, que ya ha hecho amigos en el salón?
Admítelo. Soy la mejor apuesta que tienes para atrapar a este tipo antes de que pueda
matar a más gente.
Siempre fue capaz de leer su expresión. Estaba en lo cierto, y él lo odiaba. Habló
con rigidez.
―En este momento no tenemos mujeres entrenadas que tengan esa magia
especial, no.
Callie se abalanzó.
―Déjame hacerlo, Tucker. Puedo hacer esto.

―Tal vez Tucker tiene razón, Callie. ―Harrison lucía sombría―. Mataron a
Marion. Yo la conocía. Ella no merecía morir. No me puedo imaginar lo que haría si

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algo te pasara a ti.
―¿Cuándo te he dado la impresión de que no podría cuidar de mí misma?
¿Cuándo tuve que ir a casa por mi cuenta a mis amorosos padres protectores adoptivos
todas las noches? ¿Cuándo conseguí mi cinturón negro en karate? ¿Mi medalla en
atletismo? ¿O qué tal cuando me inscribí en la Escuela de Policía? ―Sacudió la cabeza
ante sus expresiones obstinadas―. No soy una flor que se marchite. Ni una debutante
que confía en la bondad de los extraños. Si fuera realmente Magian, probablemente
sería un ejecutor como Tucker a estas alturas y lo sabes. Si hay algo que no pueda
manejar por mi cuenta, Tyghe estarás conmigo.
―Tiene razón. Ella puede cuidarse sola. Y voy a ser su respaldo.

Callie sintió que sus hombros se relajaban. No estaba segura de que siquiera
hablaría con ella de nuevo. Se volvió para verlo en una camiseta blanca y pantalones
vaqueros, su cabello alborotado por el viento, diciéndole que había estado montando
su moto. Su rebelde.
―Gracias, Tyghe.

Trató de decirle con la mirada que lo sentía. Estaba confundida, pero no se


arrepentía de lo que había pasado entre ellos. ¿Cómo podría? Él le guiñó un ojo, pero
ella sabía que aún la tenía al margen, esperando para ver lo que hacía. ¿Cómo actuaba
ahora que Tucker estaba de vuelta?
Tucker estaba enojado.
―Sé exactamente lo que puede hacer. ―Él capturó su mirada y bajó la voz―.
Siempre lo he hecho.
Jenner se acercó a Callie y envolvió un brazo de apoyo alrededor de su cintura.
―Todos tenemos fe en ti, querida. Siempre que sepas que todos estaremos allí en
caso de que nos necesite. ―Miró a los hermanos Abbott severamente―. Todos
nosotros. Incluyendo a Harrison y a mí. Tenemos unos pocos días, deberíamos usar
ese tiempo para asegurarnos de no dejar algún margen de error.
Ella sonrió a la diminuta mujer.
―¿Te he dicho últimamente que te quiero?

Jenner se ruborizó e hizo un movimiento desdeñoso con la mano.


―Por supuesto que sí. Siempre supe que eras brillante.

42
5
Traducido por val_mar & Mary Jose
Corregido por Viqijb

—M
e veo ridícula. Y de encaje. Un encaje, ridícula
chica tonta.
Callie bufó mientras se paraba detrás de
Harrison en el espejo, sacudiendo la cabeza.
—Luces increíble, Harry. Como una princesa de cuento de hadas.
Realmente lo hacía. El vestido llegaba hasta el suelo y era marfil y gris, resaltando
sus hermosos ojos. Tenía mangas abultadas y un escote cuadrado que la hacía ver
como alguien salida de una novela de regencia. Pero Harrison se lo quito. Con su
cabello levantado y reluciente con broches de diamantes, estaba maravillosa.
Miserable, pero maravillosa.
—No puedo hacerlo. Si esto es lo que el hombre Magian quiere, pueden encontrar
a alguien más para dárselo.
Agarró una pequeña botella de perfume de la vanidad en su habitación y roció el
líquido sobre todo su corpiño. Antes de que pudiera chirriar en negación ante la
mancha de humedad en el pecho de Harrison, la mancha cambió. Se propagó. Callie
sabía que su mandíbula se abrió, en unos instantes, el vestido había cambiado de marfil
a negro, el largo del vestido se acorto hasta que se detuvo arriba de las rodillas de

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Harrison, mostrando sus largas y torneadas piernas.
—¿Harrison? ¿No les dijiste a tu madre y a tu abuela que llevabas este vestido?
Su amiga sonrió, sacudiendo su cabello hasta que calló debajo de su espalda en
salvajes risos color ébano.
—Sí. Estoy manteniendo mi promesa. Técnicamente, este es el mismo vestido.
Ella nunca dijo algo sobre unas cuantas alteraciones aquí y allá.
Callie sacudió su cabeza. Harrison nunca cambiaría, tenía que hacer las cosas a su
manera. Era algo que siempre había admirado de ella, que había esperado borrar.
Ella había sido diferente esta semana. Fuerte. Después de pararse firme contra la
desaprobación de Tucker, y experimentando la pasión que tenía con Tyghe, pensaba
que podía manejarlo todo. Soy mujer, mírame presumir. Río debajo de su aliento.
Ahora sólo tenía que seguir con esa confianza esta noche, cuando estaba rodeada
por hechiceros extraños, incluyendo a uno que podría no dudar en tratar de matarla.
—Espero que cambies eso de nuevo antes de que mamá llegue a casa, podría
encerrarte en un cinturón de castidad hasta tu quincuagésimo cumpleaños por ir al
Trino así.
Harrison sonrió afectadamente.
—Dudo eso, Tuck. Mamá no es puritana. Además, eso significaría que estaría
pegada conmigo por las próximas décadas.
—Cierto. —Tucker giró su atención a Calllie, que había estado teniendo un
momento difícil con su respiración desde que él había abierto la puerta de la
habitación—. Harrison, Jenner te quiere abajo. Ella dice que tiene algo que darte, algo
más que nuestra madre quiere que lleves puesto.
Harrison rezongó mientras empujó pasando a su hermano en su nuevamente
transformado pequeño vestido negro.
—¿Ahora qué? ¿Un vestido con volantes?
Tucker apoyó su hombro contra el marco de la puerta, su sonrisa torcida.
—Parece como que no eres la única a la que mi hermano y yo necesitaremos
mantener un ojo. Harrison esta de un humor esta noche. Te ves hermosa, a propósito.
Ella suavizó sus manos nerviosamente sobre la sedosa tela de su inusual vestido.
Una vaina beige del largo de coctel que tenía, primero, parecía increíblemente simple
para todas protestas de Harrison y Madame Aubrey habían hecho sobre ello. Hasta
que se lo puso.
Mientras se calentaba contra su piel, se había vuelto un vestido halter, subiendo y
ahuecando sus pechos para mostrarlos en su perfecta ventaja, la falda suelta para fácil

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movilidad, alcanzando sus rodillas. Incluso extraño, el color del vestido seguía
cambiando.
Rió mientras miraba hacia abajo, dándose cuenta de que cambiaba de un profundo
fresco azul a un morado apasionada mientras Tucker siguió mirando.
—Estoy usando un anillo de humor de cuerpo completo. Es un poco más de la
cima, incluso para moda mágica.
—Es sexy. —Tucker se sacudió, de pie erguido en la puerta, su expresión le dijo
que él no había querido decir eso. Pero lo hizo.
Callie pasó sus dedos a través de sus pérdidas ondas rubias, el nuevo corte hasta
los hombros, la reluciente mirada de eso después del reflejo especial de Charity. Se
sentía sexy.
—Probablemente deberíamos irnos. ¿Algún consejo de último minuto? ¿De un
policía a otro? —Ella se dio la vuelta para una última mirada en el espejo, y entonces
él estaba ahí, detrás de ella.
Dios, era hermoso. Siempre lo había sido. Estaba sorprendida de que alguna
suertuda maga no lo hubiera llevado ya lejos y empezado a tener perfectos, con
hoyuelos, bebés brujos.
Se paró cerca detrás de ella, tan cerca que podía sentir su corazón saliendo en
ondas. Ella encontró su mirada y se estremeció mientras él lamia sus labios.
—Callie —empezó, su voz ronca—. No eres un policía todavía. Y no eres… tu no
entiendes la mente maga. Nuestros criminales piensan diferente a los humanos, tienen
diferentes motivos.
—Es mierda. —Ignoró su expresión en shock y rodó sus ojos—. He conocido a tu
familia la mayor parte de mi vida. Tienes los mismos motivos como cualquier otro.
Ira, aburrimiento, codicia… placer. Solo porque un mago usa sus poderes dentro de
cuchillos o armas, no quiere decir que sus motivos sean algo más o menos complejos
que los de los humanos. —Se dio la vuelta para enfrentarlo—. Eres más silencioso que
Tyghe, pero te sientes de la misma forma que él lo hace, ¿no es así? Los humanos son
inferiores. Incluyéndome. Entre ustedes dos, estoy sorprendida de que siquiera me
dejes estar en tu casa. Conociendo tan insignificantes especies estaban debajo de tu
sillón la mayoría te han hecho llor…
Su pulgar presionó suavemente contra los labios, callándola instantáneamente con
el poderoso destello que provocaba su toque. Sus ojos se estrecharon en su boca, su
pulgar deslizándose por su labio inferior, abriendo su boca con la ligera presión.
―Tú me has vuelto loco, desde el momento que Harrison te trajo a casa. No
puedo negar esto. Asimismo, no puedo mentir y decir que durante mucho tiempo tú
humanidad no fue un problema. Pero no por las razones que piensas. ―Se inclinó
más cerca, estudiando sus rasgos tan atentamente que podía sentir físicamente su la

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mirada sobre su piel.
Ella quería que la besara. Incluso cuando este hombre a quien siempre había
creído que era diferente, le dijo que su ser humano le inquietaba. Incluso aunque ella
había estado con Tyghe algunos días antes, a pesar de que él parecía estar evitando su
domicilio familiar un poco desde que regresó.
―¿Quieres un consejo? ― Su voz era cruda, caliente―. Por esta noche, tu, Tyghe
y yo vamos a hacer el papel de un trio apasionado. Vamos a estar a tu lado, tocarte,
acariciarte, como si no pudiéramos conseguir lo suficiente de la sensación de tu piel, tu
olor. ―Su pulgar dejó sus labios, y él se apartó―. Se no debería haber ningún
problema para ti con mi hermano. Pero para que esto funcione tendrás que ser mía
también. Para que los Proxenos nos permitan el tipo de acceso que necesitarás, me
besarás con facilidad, con tanta pasión como lo haces con él.
Callie intentó frenar la carrera de su corazón. ¿Pensaba que sería difícil para ella?
Sería más difícil fingir que no lo estaba deseando tan desesperadamente como había
empezado a anhelar a Tyghe. Sin embargo, daría su mejor oportunidad. Lo último que
quería era que Tucker sintiera pena por ella.
―Puedo manejar cualquier cosa por una noche.
Ella podía recoger los pedazos de su corazón roto cuando la magia terminase.
―¿Dónde está Jenner?

―Ella va a estar alrededor. Dejó una nota para que nosotros usemos estos. Mamá,
obviamente, me hizo algunas de sus joyas especiales para la ocasión. Conociéndola, no
hay ninguna duda que lo amañó para notificarlo si no lo uso en Triune. Piensa en ello
como un amuleto de la suerte, entrometida y maternal pulsera. ―Harrison deslizó un
brazalete en forma de serpiente de oro en la muñeca de Callie, una pieza que coincidía
con el collar alrededor suyo―. ¿Ahora entiendes cómo funciona esto?
Ella suspiró, temblando bajo la capa gruesa que Tucker la había obligado a
ponerse. Estaban de pie en un garaje congelado en Boston por la noche, no es
exactamente lo que había imaginado cuando ella había llegado vestida arriba. Pero ella
siguió el juego.
—¿Triune? Ya lo creo. Magian viene desde muy lejos para buscar el perfecto trío
para que puedan vivir perversamente para siempre. Suena bastante sencillo para mí.
Tyghe rió a su lado.
―Sabelotodo.

Sus ojos se encontraron y Callie se estremeció en el conocimiento y el deseo en su


vistazo. Se había corrido tres veces más desde su altercado con Tucker, a escondidas a
través de su ventana y conduciéndola a la locura profunda en la noche con su
insaciable apetito.

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Se sentía culpable, pero no lo suficiente para alejarlo. No lo suficiente para no
deleitarse con sus lecciones, su magistral acto sexual. Él la tomó en la ducha, en el
dormitorio de invitados. La última vez que se había encontrado con ella en el pasillo
de arriba, unos cuantos, los nervios sacudían las puertas lejos de la habitación de
Tucker.
Él estuvo enojado.
―Intenté sacarte fuera de mi mente. Traté de demostrarme a mí mismo que podía
permanecer lejos de ti. Tenía una mujer, lista y dispuesta, muriendo para que yo la
tomará, y lo único que podía pensar era en ti.
La apretó contra la pared, levantado uno de sus muslos en el brazo y la tomó. No
hubo preliminares, pero entonces, ella no tenía ninguna necesidad. En el momento en
que le había visto había estado lista. Mirándolo ahora, lo sabía, incluso con Tucker y
Harrison junto a ellos, lo necesitaba de nuevo.
Sus ojos se oscurecieron, una turbulenta tormenta, y sabía que él estaba sintiendo
el mismo anhelo intenso que ella.
―Si quieren que esté vomite todo vestido de mi madre, sigan comiéndose con los
ojos el uno al otro. ―Callie dio un salto y se volvió, con la cara roja, hacia su amiga.
Harrison sacudió la cabeza―. Gracias. Algunas cosas son demasiado inquietantes
para ser testigo. En cuanto a lo que estaban hablando antes de que fueras... distraída...
hay un poco más en Triune que el sexo. Tres magos mayores llamados Proxenos una
especie de matrimonio consejero y juez en uno, deben dar su aprobación del partido.
Por lo general, lo hacen, por lo que tengo escuchado, ya que una vez un Mago
encuentra sus cumplidos, es casi imposible separarlos. ―Ella envió una elocuente
mirada a los dos hombres a cada lado―. Pero tú todavía tienes que soportar delante de
ellos en algún momento para el juicio, sólo para estar seguro. Los Proxenos se
encuentran cuando son muy jóvenes, capacitados para garantizar que los partidos no
son coaccionados o ilusorios. Así que sin duda serían capaces de olfatear la artimaña.
Por lo tanto, si pudiéramos encontrar al asesino antes de que la primera ronda de
bebidas sea vertida, podemos salir pitando de allí antes de que alguien se convierta en
una calabaza.
Estudió su tensa amiga.
―¿Y si no encuentras tus partidos en una de estas cosas? ¿O sólo encuentras uno?
La voz de Tucker hizo eco en el silencio del garaje de estacionamiento.
―Hay cuatro Reuniones anuales. Son de Magos retirados para encontrar su
ausente elogios, sus partidos. Es parte de lo que somos, y sabemos que nuestra magia
nunca verá su verdadero potencial si no lo hacemos.
Callie no quería pensar en porque sus palabras la entristecían.
―Supongo has estado en un montón de estas cosas por ahora.

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―Ninguno. ― Tyghe sonaba resignado―. Tucker no ha ido a una sola. Él debe
ser la excepción a la regla.
Su voz sonaba como si hubiera más que eso, y ella sintió que subían cosquillas por
su espalda, su sentido arácnido, como Harrison lo llamó, pero no había tiempo. Un
destello de luz atrajo su mirada hacia un brillante Porsche plata aparcado, ilegalmente,
en un lugar de estacionamiento para discapacitados.
El sonido del crujir de metal hizo caer su mandíbula, mientras observaba como el
capó del Porsche despegaba como una lata de sardinas, tirando algunos al hormigón
lejos para revelar una puerta de vidrio ahumado... completa con un gorila grande,
calvo.
―Bueno, eso no es algo que se ve todos los días.
―Hola, Jake. Hace tiempo que no te veía. ―Tyghe se acercó para estrechar la
mano del gigante, los dos charlando como viejos amigos.
Callie miró a Harrison.
―Creo que podemos adivinar en cuántos de éstos han estado.

―Eso me recuerda… ― Harrison mordió su labio mientras caminaba junto a


ella―. Los Magos son un poco... más libres con sus cuerpos que el ser humano
promedio. Incluso aquellos que no son necesariamente compatibles tienen una
tendencia a ir un poco salvajes en Triune, me han dicho. Infiernos, algunos tríos
jóvenes que ya están emparejados y todavía aparecen para disfrutar de la fiesta. Piensa
en cada despedida de soltera en la que has estado y multiplica por cuatro.
Tyghe, oyendo el último comentario de su hermana, sonrió con malicia.
―Somos una especie sensual. De todos modos, ¿cómo podemos saber si nos
complementamos entre sí, sin muestreo?
Se alegró de que los Hermanos Abbott estuvieran cerca esta noche. No quería
aprender como un mago lujurioso reaccionaba a su rechazo.
Tucker tomó sus hombros y se inclinó para hablar al oído.
―Nadie te tocará, Callie. Te lo prometo.

¿Cómo podía ser una frase tranquilizadora, erótica y aterradora al mismo tiempo?
Pero ella estaba agradecida de lo que le había dicho. No quería que ninguno de ellos la
tocase o probase tampoco. La mera idea le hizo hervir la sangre. ¿Qué estaba mal con
ella?
―Gracias.

Jake, el gorila mágico, sonrió a Callie y Harrison tímidamente, una extraña

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expresión en un por lo demás intimidante rostro.
―¿Tres elegibles Abbott en un Triune? Y esta se debe ser la prima lejana de
Charity, ha habido chismes acerca de todas las personas al alcance del oído. Van a
estar hablando de esta noche en los próximos años. Esto es un honor. ―Se inclinó
galantemente, abriendo una puerta que había aparecido de ninguna parte.
Tyghe puso al lado de su hermana en frente a ella, y Tucker siguió cerca detrás de
Callie, intercalándose entre ellos a medida que entraban. Sabía que ellos la estaban
protegiendo, y tuvo que admitir, que aunque podía cuidar de sí misma, le gustaba la
sensación. Podía llegar acostumbrarse a ella. Era un pensamiento peligroso. Cuanto
más se acercaban al punto de no retorno, más se preguntaba sobre su futuro con la
familia Abbott. ¿Seguiría siendo bienvenida una vez que esto hubiera terminado?
¿Ahora que todo había cambiado?
Tucker sacó la capa caliente de sus hombros y se lo entregó a la chica en el
mostrador del guardarropa. Podía oír el latido moderno golpeando de la música, y oyó
el zumbido de más voces que las que había estado esperando. ¿Qué tan grande era este
lugar?
Ella obtuvo su respuesta cuando dejaron la entrada principal y se dirigieron al mar
de cuerpos. Era enorme. Como un enorme club almacén-orgasmo-discoteca. La gente
de arriba se inclinaba sobre la barandilla para estudiar los cuerpos que se movían en la
pista de baile principal abajo. Un disc-jockey sacudido por encima de la multitud bajo
las luces de colores. ¿Era su equipo flotante?
Tucker puso su mano en la parte baja de su espalda, guiándola hacia la barra larga
y bulliciosa, sus pestañas revoloteaban. Ella nunca se acostumbraría al choque de la
magia que sentía siempre que Tyghe o Tucker la tocaban. La emoción de la energía
que despertó al instante, la hizo querer atacarlos. Se preguntó si cómo Magos
conseguían algo hecho, si esto era lo que se sentía al tocarse el uno al otro. O tal vez,
eran sólo sus emociones propias, sus propios deseos de los dos hombres haciéndola
reaccionar de manera intensa.
―Callie. —Se dio la vuelta en el sordo chillido, sonriendo al ver a la joven del
salón, Veronica, saludándola y radiante como si fueran viejas amigas―. He estado
esperando que aparecieras. ¿No es genial? Nunca había visto tantos magos en un solo
lugar en mi vida.
Ella sonrió ante su entusiasmo, secretamente de acuerdo. Era una concurrencia
impresionante. Por la forma en que algunos de ellos estaban vestidos, ella sabía que no
eran de Boston. Las puertas debían aparecer en los garajes de estacionamiento en todo
el mundo para este evento.
Se echó a reír y le dio a la chica un apretón amistoso.
―Te ves maravillosa, Ronnie. ¿Te has reunido con el hermano mayor de
Harrison, Tucker?

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Veronica se sonrojó.
―En realidad, él es por el que me alejé de mi madre. Ella insistió en venir, y ella
no ha dejado que me pierda de vista una vez. ―Su sonrisa se convirtió en traviesa―.
Hasta que mencioné que los hombres Abbott habían llegado y ella prácticamente me
empujó de la silla y en el suelo.
Tucker hizo una mueca y levantó cortésmente su mano a los labios.
—¿Cómo puedo pasar yo la oportunidad de salvar a una hermosa joven de la
desaprobación de su madre? ―El rostro de Verónica se fue del rosa al rojo remolacha
en un santiamén. Tucker sonrió―. Ella no tiene que quedarse tú sabes.
Callie observó los ojos de la muchacha ampliarse.
―¿Qué quieres decir?

―Quiere decir que por la ley de los magos, es permisible durante Triune para uno
solicitar la ausencia de la presencia de los padres. Tiene sentido para mí. ¿Cómo
puedes disfrutar y encontrar un compatible, un partido, bajo la mirada de halcón de los
ojos de mamá?
La risa encantadora de Tyghe hizo que Callie sonriera, como lo hizo el aspecto de
la revelación en el rostro de Verónica.
―¿Tendrá que ir?

Tyghe deslizó su mano por el culo de Callie, haciéndola saltar. Los dedos de
Tucker se crisparon sobre su espalda, dejándola saber que él sabía lo que su hermano
había hecho. Si él sintiera el mismo tipo de electricidad que ella cada vez que los dos la
tocaban, no estaría sorprendida. Era imposible perdérselo.
Su respuesta a Veronica fue entrecortada.
―Sí. Es la ley. Puedes decirles que te lo he dicho si estás nerviosa acerca de su
reacción.
―¿Es una broma? ―Veronica giró, dando palmadas casi con deleite infantil―. He
tenido mis ojos en este atractivo australiano durante horas. Es un cultivador, igual que
yo. Ahora puedo finalmente acercarme a él. Después le digo a mamá que no me
espere. ―Abrazó a Callie de nuevo―. Siempre tienes la suerte de entrar funcionando.
Disfruta de la velada. Sé que lo harás. ―Con un guiño y una risita, ella había
desaparecido.
―Nuestra buena acción de la noche. Ahora podemos ser malos. ―Tyghe le
susurro las palabras en su oído y le calentó la sangre. Tucker tiró de ella estrechándola
contra su lado, su mirada se estrechó en su hermana―. ¿Harrison?
―Haz de modo seguro las rondas con nuestro viejo amigo Conway. ―Tyghe
miró a Callie y le explicó―: Conway es un poderoso mago, y un primo Abbott
verdadero. Ella está tan segura como si estuviera con uno de nosotros. Más segura, ya

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que la magia de Conway la está protegiendo. La multitud sólo será capaz de llegar tan
cerca de mi hermanita sin ser presionada de nuevo por la energía de Con.
La música se detuvo cuando el DJ habló por el micrófono.
―Nuestro primer éxito de la noche. Es temprano, gente, pero estos tres tienen que
volver a su tiempo privado con una combinación perfecta. Vamos a mostrarles un poco
de amor Triune.
La multitud rugió. Callie vio la hembra ruborizada, su energía brillando y
entrelazando con sus dos homólogos, los diferentes colores arremolinándose alrededor
de ellos como fuegos artificiales en miniatura.
―¿Eso es normal?

Tyghe no le quitaba los ojos de encima al trío mientras salían de la vista por un
pasillo acordonado.
―Si el partido es verdadero, sí. No dura mucho tiempo, pero mientras lo hace no
hay que negarlo. Ese brillo ha salvado a muchos magos de las familias manipuladoras
que desean alianzas rentables en lugar de amor. Por eso Triune, a pesar del ambiente
de fiesta, es tan importante. No estamos más obligados a matrimonios arreglados.
Aprendimos hace mucho tiempo que un partido incompatible puede lanzar nuestro
mundo fuera de balance. Sin equilibrio, tenemos el caos. Ahora vamos al encuentro de
los Proxenos, para ganar la aprobación para su unión. ―Se inclinó alrededor de ella y
envió a su hermano una mirada―. Hablando de uniones, hermano...

―Sutil, Tyghe. ―Tucker la mantuvo cerca cuando comenzó a caminar a través de


la multitud, seguía detrás, de cerca.
Estudió a las personas a su paso, bailando, retorciendo sus cuerpos tan hermosos
por debajo de la luces estroboscópicas.
―¿Dónde vamos? ¿No deberíamos estar buscando al asesino? ―Aunque como era
de suponer, estudiar a cualquier persona en este tipo de la atmósfera estaba más allá de
ella. ¿Por qué no le había dicho Harrison que este ritual era más como un delirio?
Tucker se llevó un dedo a los labios, diciéndole que guardara silencio, a pesar de
que la música estaba a todo volumen, tan alta que apenas podía oírse a sí misma
pensar. La pulsera en su muñeca se calentó, y ella miró hacia abajo con sorpresa,
sintiendo la energía calmante. ¿Había hecho Moira Abbott esta joya para calmar los
nervios de su hija tempestuosa? Puede que no funcionase en Harrison, pero a Callie la
estaba haciendo sentir muy relajada. Más que relajada. Un poco borracha.
Tucker giró en una esquina y la condujo hasta un tramo de escaleras, a una pared
de puertas, la mayoría con signos ocupados que colgaban de sus perillas. Cuando
encontró una sin un signo, la abrió y tiró de ella rápidamente detrás de él, cerrando la
puerta tan pronto como Tyghe estuvo de pie a su lado.
Era una habitación blanca. Brillantemente blanca. No tenía cuadros, ni muebles.
No podía ver dónde estaba la puerta que Tucker acababa de cerrar.
―¿Estamos en Matrix? ¿Qué diablos está pasando?
Tyghe se rio en voz alta, e incluso el sombrío Tucker sonrió, profundizando sus
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hoyuelos lamibles.
―Supongo que se trata de algo así. La habitación está encantada. Tomará unos
minutos para que nos lea y lleguemos con la combinación perfecta.
―¿Combinación?
Tyghe se humedeció los labios.
―Nuestras fantasías, Callie. La sala puede leer nuestras fantasías. Encontrará los
que son más compatibles y creará una habitación hecha solamente para nosotros tres.
―¿Nosotros tres? ―Ella se había convertido en un loro―. ¿Es esto parte del plan?
Pienso que yo definitivamente lo recordaría si fuera parte del plan.
Tucker se acercó lentamente, con determinación en su dirección.
―Ha habido un nuevo desarrollo. Después que les dije a mis superiores sobre
nuestro plan, me dieron un poco más información. Por ejemplo, sé que para que los
poderes se puedan hacer se aseguraron que de todas las personas de Triune esta noche,
sólo dos tengan magia convincente.
Callie supo que era uno de ellos, pero cuando ella lo miró a los ojos jadeó.
―¿Tú?

Tucker asintió.
―Y tú. También sé que hasta que se revele nuestra magia a través de un
acoplamiento compatible, la atacante no hará nada. Esa es la única manera de que
estos ataques tengan sentido. Esto no sólo reduce nuestra lista de posibles sospechosos,
nos deja con sólo una elección.
Se quedó sin aliento.
―¿Qué?

Tyghe la hizo girar para enfrentarla a él, con una expresión inconfundible.
―Nosotros te follaremos, por supuesto. Nosotros dos.

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6
Traducido SOS por Mary Jose
Corregido por Pachi15

C
uando él pronunció estas palabras, la habitación comenzó a formarse
alrededor de ellos. Como pintura goteando en las paredes incoloras,
llenando cada rincón y grieta hasta que cada partícula de blanco fue
cubierta.
―Dulce cielo. ―El susurro desigual de Tucker capturó sus propias emociones
perfectamente.
Al parecer, sus mentes estaban irremediablemente en la cuneta. La habitación era
una verdadera cornucopia de cópula. Cadenas colgaban de la pared con brillantes
esposas rosas, difusas en sus extremos. Los juguetes, incluidos vibradores, vendas de
los ojos, un látigo, varios tapones anales y suficiente lubricante para que todo el mundo
fuera a unirse a ellos alineados en los estantes junto a la cama. Que cama. La cama era
enorme. Más que suficientemente grande para que los tres se tumbasen en ella.
Los tres. ¿Esto estaba realmente pasando? ¿Realmente iba a tener sexo con ellos
dos? Ella estaba segura de que iba a despertar en cualquier momento. Tenía que ser un
sueño. Tyghe sólo podía estar haciéndolo por la novedad. Tucker sólo podía estar
haciéndolo para atrapar a un criminal., ¿pero Callie? No podía mentirse a sí misma.
Sabía exactamente por qué ella no iba a cuestionar este fascinante cambio de
acontecimientos.

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Los amaba. A Ambos. Siempre había sabido lo que sentía por Tucker. Lo que
sentía por Tyghe había sido una sorpresa. Toda la irritación y la inseguridad que
siempre había sentido a su alrededor había cambiado en la semana pasada a hambre y
deseo. Ella lo había echado de menos cuando no estaba allí, y cada noche que pasaba,
sólo alimentó su deseo por él. Los sentimientos eran tan fuertes, al igual que reales
como los que ella siempre había tenido por Tucker.
Pero tenía que saber.
―¿Y si no funciona? ¿Si el hechizo que Harrison ha utilizado nos permitiera,
bueno, fusionar nuestras energías como los otros?
Tucker levantó la barbilla, volviendo la frente a la suya. Se veía más ligero que lo
había visto en mucho tiempo. Más joven.
―Tyghe me habló de la energía que estaba emitiendo en el salón. Vi por mí
mismo lo que uno de nosotros podemos hacer para ti. ―Apretó la mandíbula, casi
imperceptiblemente, pero lo vió―. Somos compatibles, Callie. No hay duda en mi
mente. Ahora tan hermoso como ese vestido es, creo que es tiempo para quitártelo.
Los sorprendió a ambos esquivando las rodillas y levantándola por encima del
hombro, llevándola, pronto se dio cuenta de la pared con las esposas.
―Oh, maldición.

Él juguetonamente azotó su trasero.


―No te hagas la tímida con nosotros, chica mala. No estarías aquí si no fueras al
menos curiosa. Y no puedo decirte lo feliz que me hace. ―La puso en el suelo,
levantando una mano para colocar un beso el interior de su palma, su lengua trazando
su línea de vida. Callie se estremeció, y él sonrió, deslizando un brazalete de piel
sintética alineado alrededor de su muñeca―. En honor a la verdad, debes saber que
esta no es la primera vez que Tucker y yo hemos compartido una mujer.
Tucker maldijo y ella se estremeció, pero no dejaría libre su mano, metódicamente
cerró el puño con un fuerte chasquido. De hecho, él continuaba, gruñendo cuando
ajustó las cadenas para levantarle los brazos por encima de la cabeza, evitando su
rodilla.
―Durante un año o dos, desarrollamos bastante reputación. ―Tyghe arriba, y
Tucker hacia afuera―. ¿Recuerdas, Tuck?
Callie lo miró airadamente, pero era ella la que estaba enfadada. Atada, los dos
hombres la miraban fijamente, desnudándola, seguía excitada. Tyghe desabrochó la
roja llama ahora de su vestido de detrás de su cuello, dejándolo caer al suelo,
dejándola expuesta con nada más que su ropa interior y tacones. Le encantaba el fuego
que encendió en sus ojos tormentosos. Ella no tenía vergüenza. Habían hecho esto con
otras mujeres, y a ella no le importaba. Al menos, no lo suficiente como para pedir
que se detuviesen.

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Eso no significaba que no podía torturarlos de la misma manera que la estaban
torturando.
―Gracias por la lección de historia. ―Sacudió sus brazos, haciendo tintinear las
cadenas―. Este no es mi primer rodeo tampoco.

La sonrisa de Tyghe era tensa.


―¿Por qué me da la sensación de que no estás hablando sobre lo que hicimos la
otra noche? Te refieres a tu antiguo novio. ¿Cómo olvidar al bueno de Mitchell? El
rebelde sin aplausos.
―No había nada de malo en Mitchell. ―Simplemente no era ninguno de ellos.

―No había nada correcto sobre él, tampoco ―gruñó Tucker en voz baja,
sorprendiéndola. Las pocas veces que había salido con Harrison cuando Callie estaba
con Mitchell, fue siempre educado.
―Él es la razón de que Tucker fuera un poco salvaje por un tiempo. Mitchell fue
el primer chico que parecías salir en serio, el primero del que te colgaste el tiempo
suficiente para satisfacer a todos nosotros. Creo que Tucker folló su camino a través de
la mitad de las mujeres solteras en Boston antes de que él tomara un descanzo.
―Tyghe, eres un hijo de puta. ―Tucker estaba desabrochándose la camisa negra,
su mirada clavada en los pezones endurecidos de Callie.
―Sí, soy el hijo de puta. Solo no quería su culto a los héroes a ciegas al hecho de
que yo no soy el único pecador en esta sala.
Ella comenzó, con la mirada en colisión con la vulnerabilidad en los ojos grises de
Tyghe. Habían sido más íntimos en los últimos días de lo que había alguna vez había
sido con otro. Hicieron el amor en posiciones y lugares que la hizo sonrojar al
pensarlo. Pero ellos nunca habían hablado de su reacción al toque de Tucker. Nunca
hablaron de las inseguridades de Tyghe. Creyó que había superado sus
preocupaciones. Hasta ahora. Ahora podía ver que todavía estaba preocupado, incluso
después de todo lo que habían hecho, que estaría dejado a un lado por su hermano
mayor. Por mucho que quisiera Tucker la tocase a ella, tanto como la revelación de
que él había estado celoso de su última relación la emocionó, ella no podía dejar a
Tyghe pensar que ella no lo quería de igual manera.
Le sonrió, un poco maliciosamente.
―Entonces, ¿qué haces con una mujer una vez que la atas?

Ambos hombres se relajaron ante sus palabras. Podía verlo en el conjunto de sus
hombros, sus sonrisas coincidentes. Tucker, sobre todo, le había parecido preocupado
por cómo iba a tomar la información sobre su pasado.
Tyghe sacó la camisa de seda, con botones por la cabeza. Se revolvieron sus

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cabellos de fuego, haciéndolo lucir un poco salvaje.
―Podría decírtelo. Pero ¿por qué no mostrártelo en su lugar?

Respiró profundamente, temblorosa cuando los dos hombres, los impresionantes


hombres Abbott se acercaron más hasta que se quedaron a ambos lados de ella, sus
pechos desnudos presionados contra su piel sensible. Tucker tomó su mejilla en la
mano, girándole la cara hacia la de él.
―Me muero de ganas de besarte.
Su cabeza descendió lentamente, sus ojos estudiando los suyos, como si no
estuviera seguro de su bienvenida. Ella se alzó de puntillas, arqueando su cuello para
apretar los labios contra los suyos, impaciente por el sabor de él.
Saltaron chispas. Se sintió como si estuviera flotando, volando. Había sabido que
iba a ser así. Había imaginado besar a Tucker tantas veces. Siempre había querido que
fuera su primero. Pero desde el momento en que sus labios la tocaron, supo que había
valido la pena esperar. Valía la pena todos los demás besos que había tenido con torpes
universitarios y las citas a ciegas. Era la magia.
Su gemido angustiado vibró contra sus labios y luego sus manos estaban en su
pelo, inclinando la cabeza para él pudiera hacerlo más profundo, tomar más. El suave
beso se volvió carnal, íntimo. Su lengua buscó cada parte oculta de su boca. Parecía
estar bebiendo de ella, saboreando su gusto.
Sus manos se curvaron en puños, muriendo por tocarlo. Gimió en su boca cuando
sintió otra sacudida, otro poderoso toque. Tyghe. Él estaba de rodillas junto a ella,
deslizando sus zapatos, arrastrando las medias de muslo alto, dándole mordeduras de
amor y lamiendo por sus muslos, el interior de su rodilla, la pantorrilla. Él tiró de sus
bragas simples de algodón por sus piernas, su aliento caliente contra su sexo mojado.
Fuego ardía en su vientre, la excitación haciendo que sus caderas se inclinaran
impotentes hacia su boca, pidiendo en silencio. Pero él ignoró su súplica, ofreciendo la
más ligera pizca antes de que sus labios se elevaran para acariciar la curva de su
vientre, la parte inferior de su pecho.
Tucker chupó el labio inferior en su boca al mismo tiempo que Tyghe envolvía sus
labios alrededor de un pezón, sus dedos suavemente pellizcando el otro. Callie gritó
contra los labios de Tucker, arqueando la espalda para empujar su pecho más
profundamente en la boca de Tyghe. Sí. Era abrumador. Manos tocando, labios
saboreando por todas partes. Pero ella necesitaba más.
Su clítoris se sentía hinchado, el aire fresco de la sala torturaba su sexo sensible.
Sus muslos estaban mojados por la necesidad, una necesitad que deseaba que uno de
ellos cumpliera. Sacó su boca lejos de Tucker, jadeando en busca de aire.
―Por favor.

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Tyghe levantó la cabeza de su pecho.
―Maldita sea, me encanta cuando ruega.
Tucker gruñó.
―¿Por favor, qué, bebé? Dinos lo que necesitas.

Ella cerró los ojos con un gemido, cuando dos manos se deslizaron por sus
costados, trazando sus caderas antes de pasar hacia el interior. Dos juegos de dedos se
enredaron en los rizos de su sexo, y dos coincidentes gemidos masculinos llenaron el
aire cuando se empaparon las manos con su excitación.
―Fóllame, nena.

―Maldita sea, Callie.

Tucker le mordió la barbilla.


―¿Es esto lo que necesitas? ―Deslizó un dedo dentro de ella, Tyghe rápidamente
después siguió su ejemplo―. ¿Nos necesitas meternos dentro de ti? ¿Necesitas ser
llenada?
Oh Dios.
―Sí. Llénenme. Fóllenme ambos. Lo he deseado durante tanto tiempo. ―Más de
lo que ella se había dado cuenta. Y cuando ella había descubierto que los magos tenían
dos compañeros cada uno, una parte de ella había vociferado a los destinos que la
mantuvieron así cerca de lo que ella quería. Tan cerca, sin embargo mundos aparte.
Pero no esta noche. Podría tenerlos esta noche.
―Tyghe, cuidado. No puedo esperar. No con ella. No ahora. ―Tucker dio un
paso atrás, alejándose de ella a pesar de su sonido de negación. Sus pestañas
revolotearon, y sus ojos se ampliaron. Parecía feroz. Primitivo.
Sus mejillas se habían sonrojado, con la cara apretada, las fosas nasales se
dilataron como si olfateara su presa. Él levantó la mano que la había tocado hacia los
labios de ella. Callie gimió mientras lamía sus dedos, sus ojos azules-grises ardientes
con el deseo. Por ella.
Hizo un movimiento con la mano y sus esposas se abrieron, liberándola de su
confinamiento. ¿Tucker había hecho eso? Sintió a Tyghe extender la mano, frotándole
los brazos hasta que ella apartó la mirada del vigilante Tucker para mirarlo. Él estaba
en mala forma también. Su sonrisa dura, los ojos chispeando con un rayo de plata.
―Él te necesita, Callie. Te necesitamos. Eso es lo que te hace diferente. Ni burlas.
Ni juegos. No contigo. Todavía no de todos modos. ―Él guiñó un ojo, y ella asintió
con la cabeza, sintiendo lo mismo. Quería saborear y tocar cada parte de ellos. Quería
estudiar sus cuerpos hasta que ella los conociera mejor que el suyo propio. Pero no
ahora. Ahora, el latido de su corazón era un golpe de tambor, golpeando su
impaciencia por sus venas. Ella los necesitaba en su interior. Los necesitaba para estar

57
entera. Ahora.
Tyghe frotó sus hombros y le dio la espalda a su hermano. Tucker, que se había
inclinado para quitarse los zapatos y los pantalones, estaba parado. Callie se lamió los
labios, su garganta seca a la vista de su cuerpo desnudo. Hombros anchos, esbelto,
musculoso torso, abdominales por los quería deslizar su lengua. Tucker era una obra
maestra. Perfectamente hecho. Y su polla... tragó. Dura y enrojecida y tan grande que
se preguntó si encajaría.
Fue a acostarse en la cama, ni una sola vez apartó la mirada de su cuerpo. Tyghe
la soltó, y ella se volvió hacia él, viendo como él se despojaba rápidamente los
pantalones también. Habían estado juntos de manera tan rápida cada vez, que nunca
había tenido oportunidad de estudiar realmente su cuerpo.
Más flaco que Tucker, pero igual de cincelado, tan bendecidos en todos los
sentidos que contaba. ¿Podría alguna vez tener demasiado de una buena cosa? Ella
seguro como el infierno esperaba que no.
Tyghe sonrió e inclinó la cabeza.
―¿Vas a ver escaparates en todo el día o quieres probar algo?

Una risa sorprendida burbujeó en su garganta. Seguía riendo cuando la besó. No


hubo vacilación en ello. Se la llevó a la boca como si tuviera todo el derecho, su lengua
enredándose con la suya mientras la acompañaba hacia atrás hacia la cama.
Sintió el dorso de sus rodillas tocar el cobertor suave, y luego fue girada y
levantada, sus manos alcanzaron hacía afuera para equilibrarse y aterrizó en el pecho
duro de Tucker.
Tyghe estaba detrás de ella, con el brazo alrededor de su cintura mientras la guiaba
en la cama hasta que ella estuvo a horcajadas en las caderas de Tucker.
―¿No es la cosa más sexy que has visto nunca, Tuck? ¿Quién sabía que todas
estas, dulces curvas comestibles se ocultaban bajo las sudaderas anchas que ama a
llevar?
―Lo hice. ―Tucker no estaba sonriendo, y Callie temblaba ante la necesidad dura
en su voz.
Los labios del hermano se frotaron contra su hombro, las manos suavizando sus
caderas mientras murmuraba.
―Sí. Lo hice también. ―Él tomó una respiración profunda, besándola una última
vez antes de inclinarse hacia atrás sobre sus talones.
Tucker levantó sus manos a las caderas de Callie, mordiéndose el labio en el arco
de electricidad que ella podía ver que fluía hasta sus brazos con el toque.

58
―¿Estás lista, nena? Yo no creo que pueda esperar mucho más tiempo.

Asintió con la cabeza, bajando sus caderas hasta que pudo sentir la amplia cabeza
de su polla presionando insistentemente contra su sexo.
Él gruñó.
―Estás tan mojada, Callie. Caliente. Más. ―Su agarre se apretó, y la cabeza de
Callie cayó hacia atrás con un gemido cuando la penetró lentamente, centímetro a
centímetro, gruesa deliciosa. Ella trató de presionar con más fuerza, tener más, pero él
la retuvo rápido―. No, quiero disfrutar esto. No sabes cuánto tiempo he... aah,
mierda, nena. Tan apretada.
Tyghe se inclinó para susurrarle en su oído.
―Yo sé lo que se siente en este momento, Callie. No he sido capaz de sacar tu
dulce coño en mis sueños desde que te tuve. Estar lejos de ti esta semana casi me mató.
Pero la espera ha terminado. Tómalo, toma todo de él, así es. Muéstrale cuánto lo
quieres.
Las palabras de Tyghe sobre Tucker la llenaron añadiéndose al erotismo del
momento. Energía violeta brillante estaba ya arremolinándose en su interior y en
torno, y ella sabía que había algo más por venir.
Se meció en su contra lentamente, sensualmente. Él se mordía el labio con fuerza
suficiente para extraer sangre, observándola a través de sus espesas pestañas oscuras
cuando ella le montó. Las manos de Tyghe estaban acariciando su espalda, sus bajos
murmullos de aprobación guiándola mientras ella aceleraba su ritmo, disfrutando de la
sensación de Tucker debajo de ella, en el interior de ella.
Callie jadeó por la sorpresa cuando la mano de Tyghe se deslizó alrededor, sus
dedos masajeando su clítoris mientras las caderas de Tucker se levantaron de la cama,
tomándola más profundo.
―Oh Dios.
El cuerpo presionaba contra su espalda, su polla dura y ardiente contra las mejillas
de su culo, sus dedos masajeándola.
―Esto está bien, Callie. Lo quieres ¿no? quieres sentirnos a los dos dentro de ti.
Nosotros dos follándote.
Demasiadas sensaciones. Demasiado. Gritó al se venirse. Podía sentir su energía
que llegaba lamiendo los cuerpos masculinos que la rodeaban, oyó sus gemidos de
placer. El cuerpo de Tucker se sacudió debajo de ella cuando sus músculos interiores le
apretaron con el poder de su clímax.
―Perfecto. ―La voz áspera la sacudió mientras la empujaba hacia adelante, hasta
que ella se presionó contra el pecho de Tucker, que al instante tomó su boca con un
gruñido hambriento.

59
Tyghe acariciaba su culo, extendiendo sus nalgas, pero ella todavía saltó cuando
sintió el frío líquido. Su pulgar frotó en su culo, masajeando íntimamente mientras la
polla de Tucker latía dentro de ella.
―Me gustaría poder tomar mi tiempo. Tengo tantos planes para este culo, Callie.
Tantos sueños malvados, de inclinarte sobre la mesa de la cocina y follarte con mi
lengua hasta hacerte gritar. Deslizar uno de esos tapones dentro de ti y hacerte
mantenerlo todo el día, sabiendo que en clase o hablado con tus amigos, estarías
pensando en mí, lista para hacerte venir.
¿Lo haría? No lo sabía. Pensó que la había odiado durante tanto tiempo. Gimió.
Esto en cuanto a su sentido Spidey.
Tyghe no lo hizo.
―Tucker ha tenido su parte de fantasías también. Fantasías que algunas de las
mujeres con que hemos estado no tomaron muy amablemente. Si él no fuera un
ejecutor, Abbott, habría sido maldecido por llamar a una mujer con el nombre de otra.
Sus ojos se abrieron de golpe, y ella sacó los labios de Tucker, reunió su mirada
agitado por la tormenta con la suya. ¿Había dicho su nombre? No sabía cómo se sentía
acerca de eso. ¿Cómo ella siempre había sentido por él? Su ceño se frunció, y un dedo
hasta llegó hasta el pliegue alisando la arruga.
―Más tarde, bebé. Ahora, sólo respira.
La cabeza de la polla de Tyghe presionaba contra su culo, empujando dentro del
apretado anillo de músculos hasta que sintió un pequeño estallido, y él estaba dentro
―Joder. Joder. ―Estaba temblando. ¿Placer? ¿Dolor? No estaba segura. La polla
de Tucker estaba dentro de ella, apretando su sexo entorno a él cuando Tyghe lenta
pero firmemente empujó aún más dentro de ella.
Tucker besaba su mejilla, su cuello.
―Respira, nena. Tú puedes tomarnos. Naciste para tomarnos, para esto.
No podía. No lo era. Pero, oh Dios se sentía bien. Los choques de eléctrica pasión
pulsaban a través de sus venas. Cada pequeño giro de las caderas de Tucker lo llevó
más profundo, más adentro de ella. Se volvió para mirar por encima de su hombro a
Tyghe, inmediatamente clavada por su expresión apasionada. Tenía la cabeza echada
hacia atrás, con la mandíbula flexionada con moderación, los ojos cerrados hasta que
él la sintió observándolo. La miró con algo parecido a la victoria iluminando sus ojos.
―Mía. ―Empujó a casa, sus caderas al ras de ella, totalmente dentro de ella, y
miró por encima de la cabeza a su hermano―. Nuestra.
―Nuestra. ―Tucker se hizo eco, tirando su cabeza de vuelta para besarla, como si
no pudiera evitarlo. Se apartó y sonrió abiertamente, sus hoyuelos profundizando en
su hermoso rostro. Fue golpeada por una ola de amor tan fuerte que casi la cegó.

60
Y luego comenzaron a moverse.
Callie estaba atrapada entre ellos, aferrándose a Tucker ya que los dos hombres
comenzaron a empujar dentro de ella. Uno retirándose mientras que el otro avanzada.
Dentro y fuera en un suave, pero irresistible ritmo. Llenándola. Reclamándola.
Sintió el poder atravesarla, notando cuando inclinó su cabeza que la plata y los
profundos arcos púrpuras de energía se envolvía alrededor de ella sus brazos, su
cuerpo; al igual que la luz violeta, la energía que parecía ser cada vez más fuerte en su
interior, se envolvía a su alrededor. Era la unión de cuerpo y alma. Era el sexo más
íntimo que nunca podría haber imaginado. Era hacer el amor.
El ritmo creció más rápido, más poderoso. Tyghe estaba follándola, su empuje
profundo y largo, más duro y más difícil. Tucker la bajaba cuando levantó sus caderas,
bombeando en su contra, un gruñido continuo bajo de placer retumbando en su pecho.
Ella quería continuar para siempre. No podía. Sabía que estaba cerca una vez más.
Muy cerca de llegar. Quería que ellos se le uniesen, quería sentir que ellos perdían el
control.
Apretó los músculos de su culo en torno a él, empujando hacia atrás con fuerza
contra él. Gritó su nombre, y ella sonrió. Tucker vio la expresión reveladora.
―Está bien ― susurró ásperamente―. Eres una chica mala.
Se meció contra su agarre, empujando con fuerza contra él, haciendo a ambos
jadear.
―Nunca he sido mala antes. Deben sacarlo de mí.

Sus ojos se estrecharon, y sabía que había ganado. Sus gemidos mezclados en la
habitación privada, cuando comenzaron a moverse uno contra el otro con un
salvajismo que no tenía nada que ver con la técnica, y todo que ver con el objetivo. La
cama se sacudió con el poder de sus empujes, y sintió el poder de la energía entre ellos.
―Callie, nena, te necesito… no puedo…

―Fóllame, me vengo.
―Sí.

Ellos se unieron en una tormenta de fuego de luz y color. Sintió como si estuviera
desgarrada y puesta junta de nuevo en el espacio de un latido del corazón. Renacida.
Viva. Tucker la llamó por su nombre, diciéndolo una y otra vez, como una piedra de
toque, como un mantra terminando dentro de ella. Tyghe le mordió el hombro, sus
caderas bombeando furiosamente contra ella, llenándola con su liberación.
Cayó uno junto al otro en la cama, gimiendo mientras sus cuerpos se separaban.
Cuerpos que estaban, incluso ahora, brillando con su magia. Y entonces algo extraño
sucedió.

61
Un teléfono sonó.
Callie se sentó instintivamente, una pequeña parte de su cerebro gritando, rezando
para que esto no fuera un sueño. No podía despertarse con una llamada telefónica de
Harrison en su propia habitación, sin magia.
―Estoy bastante seguro de que ninguno de nosotros tiene un fetiche de teléfono.
―Tyghe hizo el sardónico comentario dibujando una sonrisa hacia Callie, pero Tucker
se puso tenso a su lado.
―Probablemente es para mí. Mis superiores van a querer avanzar con esto,
capturar a nuestro criminal mientras tenemos una apertura. Debería cogerlo.
El hermano suspiró, saltando de la cama para cruzar la habitación donde el
teléfono había aparecido.
―Lo tengo, Tuck. Voy a decirle a tu jefe que es de mala educación interrumpir
nuestro resplandor justo porque hay un psicópata suelto.
Se estremeció. Se había olvidado la razón por la que estaban haciendo esto.
Olvidado por un momento que el batir la magia a su alrededor era una ilusión. Por lo
que esto era.
―¿Qué estás pensando? ―dijo Tucker en voz baja, íntima. No quería arruinar este
momento con la realidad. Deseó tener el poder de detener el tiempo. Congelaría este
momento, ese sentimiento de satisfacción y amor. Se quedaría con ellos para siempre.
—Pienso que los dos realmente saben lo que están haciendo. Me sorprende que las
mujeres no los estén siguiendo por ahí como cachorros enfermos de amor pidiendo un
hueso.
Tucker levantó sobre un codo para enfrentarse a ella, su expresión sobria, intensa.
―Nunca ha sido así, Callie. Nunca me he sentido… —Él suspiró, pasándose una
mano por su cabello oscuro mientras buscaba las palabras adecuadas―. Ellas no eran
tú. Nunca te olvidé, por mucho que lo intenté.
Sus ojos borrosos.
―No tienes por qué decir cosas así, Tucker. Yo sé por qué estamos aquí. Sé que
cuando esto termine voy a volver a ser humana, mientras que tú y Tyghe tarde o
temprano tendrán que encontrar un trío propio.
―Callie, no lo entiendes. Lo que estoy tratando de decir, bastante mal, es que
yo…
―Vaya, ellos son un manojo de mal humor. Ahora sé por qué me decidí a tener
mi licenciatura en playboy perezoso en vez del cumplimiento de la ley. Quieren
terminar con esto. Nos tenemos que ir. Ahora.
Tucker soltó un frustrado aliento, pero ella saltó de la cama, alcanzando su

62
vestido.
―Vamos a buscar a este idiota antes de que mi especial resplandor desaparezca.
No me gustaría que todo esto sea para nada.
Tyghe siseó en reacción y el silencio de Tucker la llenaba de culpa. No podía
evitarlo. Su corazón se sentía como si estuviera aplastando en su pecho. Corrió al
cuarto de baño para limpiarse, secándose las lágrimas de sus mejillas con rabia antes
de lanzar a vestirse de nuevo. En el acto se convirtió en negro. Genial. Esperemos que
esto no signifique que iba a su propio funeral.
7
Traducido por ALETI M M PLACERES
Corregido por Pachi15

—E
stá bien, esa cosa del DJ fue humillante. Amo cuando cientos de
personas están mirándote fijamente mientras alguien con un
micrófono anuncia que acabas de tener sexo. —Estaba tratando
de llenar el silencio. Ninguno de los hombres estaba mirándola, o hablando con ella.
Lo merecía, ella lo sabía. Pero aun así. Ellos eran un equipo por el momento—. Así
que, ¿creen que él intentara agarrarnos antes de que lleguemos a los Proxenos? ¿Tratar
de separarme de ustedes dos? ¿Alguien quiere darme una pista del resto del plan?
¿Viendo como soy el Cebo y todo eso?
Tucker suspiró, volviéndose hacia ella en el tranquilo pasillo vacío que habían
estado dirigiéndose.
—Tenemos que seguir en esto, como si no conociéramos nada más. Por lo menos
ahora sé por qué ha sido tan difícil para cualquier persona ver las últimas acciones de
las víctimas antes del ataque. Este pasillo tiene un poderoso hechizo de bloqueo.
¿Puedes sentirlo, Tyghe?
Su hermano asintió.
—Un poco inusual para un simple juicio Truine, creo. Alguien aquí no quiere que
nadie sepa lo que está pasando.

63
—Por aquí, todos ustedes. —Un hombre con una túnica verde larga inclinó la
cabeza, volviéndose para guiarlos más abajo en el pasillo rojo aparentemente
interminable—. Felicidades por su emparejamiento. No había visto un brillo tan fuerte
en años. Una señal clara de un emparejamiento verdadero y jubiloso.
Callie hizo una mueca detrás de él. Señal clara, ¿eh? Tienen que decir eso a cada
trío, porque ella sabía mejor. Sabía que era falso. Tucker buscó su mano, la apretó y se
sintió a si misma amortiguarse. Él era un buen hombre, tranquilizándola incluso
después de que ella había sido tan grosera. Iba a hacer a una Maga realmente feliz
algún día. Trataría de no odiarlo demasiado vehemente.
—Aquí es. Cada uno de ustedes entrará por una de esas tres puertas. Los Proxenos
van a interrogarlos separadamente y luego serán interrogados juntos antes de que ellos
puedan consagrar su unión oficialmente. Buena suerte.
El hombre desapareció tan rápidamente como había llegado, Tyghe arqueó su
ceja.
—Esto es nuevo. ¿Interrogatorios separados? Tuck, no sé tú, pero esto se siente
mal.
El hermano asintió, y silenciosamente, Callie estuvo de acuerdo. Sus sentidos
estaban hormigueando, las cosquillas a lo largo de su columna vertebral volviéndose
loca. Algo estaba apagado. Algo era una mentira. Podía sentirlo. Pero tenían que
hacerlo. Estaban aquí por la verdad y tenían que conseguirla. Cogió el pomo de la
puerta.
—Acepto el reto. —Miró a sus dos hombres y sonrió brillantemente—. Deséenme
suerte.
Parecía una oficina común. La oficina de un juez. Había incluso un conjunto de
escalas de oro en la larga mesa de roble delante de ella. Pero no vio a nadie en el
interior. Miró a su alrededor, notando la extraña volutas y símbolos pintados en la
parte superior de la pared, la caja de cristal llena de una curiosa colección de pequeñas
figuras, todas mujeres rubias, sus caritas se contorsionaban en diversos grados de
agonía.
—Encantador.
—¿Te gusta mi colección? Tengo una afición por el artista. Él sabe lo que me
gusta. Debes ser la pareja de los Abbott. Callie, ¿cierto?
Se dio la vuelta, sorprendida. Una elegante, mujer de edad avanzada estaba
sentada detrás del escritorio, como si hubiera estado allí desde el principio. Llevaba un
traje de negocios femenino y su cabello estaba perfectamente peinado. Ella se había
imaginado una oscura figura encapuchada, alguien siniestro, pero esta mujer no se veía
como si hubiera roto un plato. Aun así, el cosquilleo por su espalda se estaba
volviendo loco.

64
—Sí.
—Callie, ¿qué te hace pensar que eres lo suficientemente buena para dos Abbott?
Son la familia más prestigiosa de Norte América. Su linaje esta hecho de Magos
poderosos, data desde el descubrimiento del continente.
Titubeó y la mujer sacudió la cabeza.
—Eso fue injusto de mi parte. Especialmente desde que puedo ver por mí misma
que usted es poderosa por derecho propio. Tu energía es fuerte. ¿Fue tu madre tan
poderosa como tú?
Se encogió de hombros, sintiendo que estaba lo suficientemente segura para decir
la verdad.
—Mi madre murió cuando era solo un bebé. No sé mucho sobre ella.
Los ojos de la mujer mayor se entrecerraron.
—¿Cuál es tu poder de compeler? Muéstrame. Trata de usarlo. Ahora.
Está bien, era más bien así. La mujer estaba punchando todos sus botones de
alerta. Todavía, ella tenía que ver esto a través de eso. Busco dentro de ella, enfocando
su energía.
—Ponte de pie.
La mujer se movió en su asiento, con las manos encrespadas en la parte superior
de la mesa mientras ella se resistió a la orden.
—Bien. Una vez más. Con todas tus fuerzas.
—Ponte de pie. —Ella lo intentaba, pero aparte de un momento de vacilación, un
momento en que la mujer frunció el ceño mientras lucía como si fuera a ponerse de
pie, no funcionó.
Sonrió a Callie. No era una sonrisa bonita.
—No te sientas mal. He pasado mucho tiempo en esta habitación. Está lleno de
encantos para contrarrestar la magia de compeler. Nunca se puede ser demasiado
cuidadoso, ahora ¿verdad?
A esta mujer no le gustaba. O la magia de compeler.
—Supongo que no. ¿Es eso todo, señora?
La mujer se paró y camino más cerca, estudiándola con la intensidad de un
halcón.
—Me pareces familiar. No me mientas y digas que eres una prima lejana de los
Abbott. Conozco cada familia existente. Luces igual a una línea familiar que murió

65
hace cerca veintiséis años.
Ella tenía veintiséis años. Un escalofrío de presentimiento recorrió sus
extremidades.
—¿Ah, sí?
Una inclinación y una sonrisa fue su respuesta.
—La familia de Fairbanks. El último de ellos, Euterpe, era la más bella de su
generación. Pero al igual que todos los niños mimados de familias poderosas, creía que
podía hacer lo que quisiera. Herir a quien ella quisiera. Ella tenía el poder de
convencer también. El poder de hacer que la gente la quisiera, el poder para hacer que
quieran morir sin ella. —Dio otro paso hacia Callie, sonriendo educadamente, aunque
sus ojos eran duros—. Todos los Fairbanks tenían la tendencia más extraña. Amaban
nombrar a sus hijas por figuras de la mitología griega. Especialmente las musas. Dime,
querida. ¿Es Callie tu verdadero nombre? ¿O es la abreviatura de algo más?
Con su mente tambaleándose, respondió sin pensar.
—Calliope. Mi nombre es Calliope.
La mujer agarró su muñeca, duro, una fuerza sorprendente en alguien que parecía
tan frágil.
—Eres tú, ¿no es así? Hubo un potencial destello en las demás, eran de la edad
adecuada, lejanamente conectadas a tu linaje con rastros de ese poder del mal, pero en
realidad eres tú. La hija bastarda de Euterpe. La última de la línea de las Fairbanks.
Ella era la asesina. No había duda en su mente. Ahora, en algún giro loco, creía
que Callie era su verdadero objetivo. El hijo de un Mago. Era imposible. Sabía que lo
era. Pero necesitaba jugar. Quería respuestas.
—Te dije que nunca conocí a mi madre. Incluso si yo soy la hija de Euterpe, ¿qué
podrías querer de mí?
—Oh, eres su hija, está bien. Tampoco tienes ningún respeto por la autoridad. —
Arrastró a Callie mas cerca al escritorio, un impulso que ella no pudo resistir, sin
importar sus esfuerzos—. Cuando me convertí en un Proxenos, fue un honor para mi
familia. Tenía la sabiduría para ser la mejor, y todos lo sabían. Podría no tener pareja
para mí, pero lo valía. Mi familia se beneficiaría de mi servicio. —Los ojos de la mujer
se pusieron vidriosos con el recuerdo—. Euterpe fue mi único error. Amaba a dos
hombres de una familia cuestionable. Dos hombres que no eran dignos de seguir la
línea de Fairbanks. Para empeorar las cosas, mis hermanos la amaban. Coqueteó con
ellos en su primer Triune y me habían jurado que su magia reaccionó a su contacto. —
Sacudió la muñeca de Callie, causándole moretones con su vehemencia—. Ella nació
para ellos. Pero se enamoró de la belleza física por encima de la ley mágica. Mi ley.
Vino aquí y exigió mi aprobación, brillando de su reciente aventura de puta.

66
Escuchó, de repente sintiendo lastima por la joven Euterpe.
—Tú negaste su emparejamiento.
Asintió orgullosamente la mujer.
—Usé toda mi autoridad para asegurar que no podría haber más cópula entre
ellos. No podía ser cierto, ¿no lo ves? Ella debe haber tejido un hechizo para conseguir
lo que quería. Mis hermanos no me habrían mentido. —Respiró—. Parecía estar
funcionando durante un tiempo hasta que me di cuenta de que había desafiado mi
edicto y pasado por otro para unirse con sus parejas. —La mujer lucía indignada,
asombrada ante el recuerdo—. Nos deshicimos de los dos hombres, por supuesto, lo
que no habría sucedido si ella hubiese aceptado la verdad. Sabía que mis hermanos
nunca serían felices sin ella. Tuve que hacerlo. Cuando salieron de su casa después del
funeral, donde yo sé que ella les negó una vez más, estaban convencidos de que tenían
que luchar en un duelo a muerte para ganarla. Así solo uno de ellos podría tenerla. No
pude detenerlos. Se mataron entre ellos a sangre fría. Supe entonces. Los obligó a
hacerlo. No hay otra explicación. Y es por eso que tenía que morir.
Su agarre torció la muñeca de Callie, hasta que se sintió como si se fuera a romper,
pero ella empujó con su energía, buscando más.
—¿Qué te hace pensar que había un niño?
—Cuando la maté me di cuenta de la ropa de niño cuidadosamente doblada a los
pies de la cama. Busqué en la casa y encontré una cuna, utilizada recientemente y me
di cuenta de que había tenido un hijo con sus amantes muertos. El único curso
adecuado era encontrarlo y matarlo para restablecer el equilibrio.
—¿No es eso un poco exagerado?
Observó a la mujer perder toda su compostura.
—Sangre por sangre. Ya no me quedaba ningún familiar, a ella tampoco. Yo
podría haber tenido romance, disfraces y fiestas gays, pero seguí mi vocación. Seguido
las reglas. <debería haber seguido las reglas. Cuando un vidente me dijo que su
descendencia aparecería durante este Triune, sabía que tendría mi oportunidad. Un
Mago se ve obligado por el instinto de buscar sus partidos. Todo lo que tenía que hacer
era encontrar una con el poder de Obligar, alguien que encajara en el perfil. Me quedé
decepcionada con todos mis casi accidentes, pero tuve cuidado. Podría haber jurado la
última chica era la elegida. Trató de atacarme, si puedes creerlo. Pero ahora sé que
estaba equivocada. Eres tú. La huérfana Calliope. Incluso te pareces a ella. Todo
encaja.
Si, encajaba. Era la cosa más aterradora de todo eso. Tenía la edad correcta, una
huérfana. Su nombre, Callieope, un nombre que fue firmemente dado antes de que
fuera abandonara. Pero ella no tenía ningún poder hasta que Harrison usó el glamour.
¿Cómo podría ser verdad? La Maga puso la en sus rodillas, la fuerza de la mujer era
increíble. Levantó la extensión dorada que era su escritorio por encima de su cabeza.

67
—Después de todos estos años, la justicia puede por fin será servida.
Callie sintió un calor abrasador en la muñeca, luego chilló de sorpresa cuando
levantó la cabeza de la serpiente de su brazalete de oro, abrió su boca llena de
colmillos, mordiendo la mano de la mujer mayor con un siseo furioso.
—¿Qué? —Las escamas cayeron al suelo mientras su agresora cogió la pequeña
serpiente perforando su carne—. No deberías haber sido capaz de llevar cualquier tipo
de armas encantadas a mi oficina. Tengo protección.
—Ya no estás protegidas, Margaret. Conoces las reglas de la magia. —La pared
del fondo desapareció, revelando a Tucker, Tyghe y otros tres hombres, sus rostros
sombríos—. Deja ir a la chica. Debes enfrentar tu juicio.
—Pero soy un juez. Soy un Proxenos. Mis leyes fueron violadas.
—Nadie está por encima de la ley. Ni siquiera tú. —El hombre alto al lado de
Tucker extendió su mano, su energía dorada dejando sus manos como un lazo,
envolviendo el cuerpo de Margaret y tirando de ella lejos de ella, con las manos
agarradas acurrucadas mientras gritaba en negación.
Tucker corrió a su lado, atrayéndola a sus brazos y hundiendo la cara en su
cabello. Tyghe se unió a ellos, acariciando la espalda de manera protectora mientras
observaba a los otros llevar a la anciana fuera en silencio.
—Me alegro de que se acabó.
Callie suspiro.
—¿Así que eso es todo? ¿Ninguna pelea de energía? ¿Nada de dispararle?
Tucker se retiró con un ceño fruncido.
—Suenas decepcionada. Si deseas traerla aquí de nuevo para que puedas tener una
pelea de chica loca a muerte, puedo preguntarle a mi supervisor.
Ella negó con la cabeza.
—No es solo que, bueno, es un poco anti-culminante.
—Vamos a tratar de compensarte la falta de clímax luego. Una vez que aceptes
unirte oficialmente a nosotros... Calliope Fairbanks. —Tiró de sus brazos, sacudiendo
la cabeza. A pesar de sus dudas, no podía ser cierto.
—No empieces. Ella era obviamente una lunática. Ni siquiera soy Mago. No hay
manera de que yo podría... ¿Qué? —Tucker estaba luciendo culpable—. ¿Qué es lo que
no me estás diciendo, Tucker Abbott?
La serpiente de la pulsera se deslizó por el suelo casualmente, como si fuera
perfectamente normal para la joyería tener vida y se acercó más a los hombres, su risa
teñida de histeria.
—¿Y qué demonios es eso?

68
—Nunca lo supe, mamá hacia tótems defensivos. Sus joyas se utilizan
generalmente para la curación y de la suerte.
Tucker sonaba igual de desconcertado que ella. La serpiente comenzó a
transformarse, el oro a crecer, esparcirse y a formarse en una mujer de cuatro pies y
ocho pulgadas con una sonrisa tímida y ojos llenos de lágrima.
—¿Jenner?
—Lo siento por eso. Era la única manera en que yo estaba segura de que podrías
estar a salvo. Cuando reconocí a esa mujer... bueno, perdí mi compostura. —Ella dio
un paso más cerca de Callie, las lágrimas relucientes en sus mejillas como diamantes—
. Es cierto cariño. Eres la hija de Euterpe. Lo sé. Fue a mí a quien le pidió que te
llevara lejos. Para esconderte en un lugar que nadie te pudiera encontrar hasta que
viniste por tu cuenta. Sabía que está emparentada con esos locos Magos que estaban
acosando a Euterpe, pero no tenía idea que el asesino de tu madre fue un Proxenos.
Ella nunca me dijo.
Tyghe frotó la parte posterior de su cuello, moviendo la cabeza a su ama de llaves.
—¿Qué demonios está pasando aquí? Eres un morpher? —Jenner asintió.
¬—Más raro que la magia de compeler, lo sé. Cuando tu madre me pidió que le
diera a Harrison el collar pensé que había encontrado forma perfecta para proteger a
Callie con la pulsera a juego.
—¿Así que estabas en su muñeca todo el tiempo? ¿Es un Mago? ¿Dónde demonios
has estado durante los últimos quince años?
Tucker puso las manos sobre sus hombros protectoramente.
—Lo que yo todavía quiero saber es, ¿por qué dejaste que ella creyera que era un
ser humano durante tanto tiempo? Especialmente después de saber lo infeliz que era
con su familia de acogida.
Jenner sollozó, pero asintió en aceptación de la censura tanto de los ojos de Tyghe
y como de Tucker.
—Al principio nadie podía encontrarla. Euterpe y yo trabajamos un hechizo para
enterrar a su magia, por lo que podría pasar por humana. Mantenerse fuera del radar
de los magos. Funcionó un poco demasiado bien. Pero tenía una sensación el día que
envié a Harrison al parque. Y soy la que le sugirio que trabajase en el hechizo de
glamour. Sabía que su poder, unido al mío, sería suficiente para liberar lo que estaba
dentro de ti. —Ella miró suplicante a Callie—. Te cuidé tanto como pude. Te amé.
Su mente se tambaleaba. Se volvió hacia Tucker.
—¿Cuándo lo supiste?

69
—La semana pasada. —Su expresión estaba cerrada. No podía decir lo que él
estaba sintiendo. Se volvió a Tyghe, quien levanto las manos—. No me mires, Callie.
He estado en la oscuridad tanto tiempo como tú.
¿Era una Maga? ¿El poder que sintió, que ha estado sintiendo, siempre ha sido de
ella? Y Tucker lo sabía.
—¿Es por eso que tuviste sexo conmigo?
Tucker miró rápidamente a Jenner luego a lo lejos, un rubor tiño sus mejillas. Él
negó con la cabeza.
—Te hice el amor porque te he deseado desde que tenía la edad suficiente para
saber lo que era desear. Porque pensé que nunca me sería permitido tenerte. Al menos,
no a menos que sirviera a mi pueblo lo suficiente como para ganar una comisión.
Entonces podría haber hecho lo que quisiera. Incluyendo casarme con un ser humano.
Esa sería la única manera de evitar las reglas.
—Las reglas de los Magos apestan.
Tyghe miró al techo y estuvo de acuerdo con Callie.
—Amen a eso.
La atrajo a sus brazos, haciendo caso omiso de Jenner.
—Te amo. Lo hice desde el momento en que entraste, empapada, a nuestra
cocina. Traté de superarlo. Traté de luchar contra ello. Pero Mago o humano, lo que
seas, eres el único que alguna vez he querido.
—Diría lo mismo, pero cuando llegaste por primera vez pensaba que todas las
niñas debían ser convertidas en ranas. Pero de todas las chicas que conocía, quería tirar
más de tu cabello que de la mayoría, así que supongo que cuenta.
Ella y Tucker se rieron, volviéndose a un Tyghe sonriendo. Se puso serio.
—Sí te amo. Más de lo que pensé que podría, dulce Callie.
De repente la golpeó. Todo lo que había querido era suyo para tomar. Tucker.
Tyghe. Era mago. Los hombres que habían robado su corazón la amaban también.
—¿Significa esto que estoy perdonada? Si es así voy a estar en casa esperándolos
con un poco de té caliente y su comida favorita. —Jenner se secó las lágrimas de sus
ojos, con vigas a Callie por un momento de hablar, y desapareció de la vista.
Tyghe se estremeció.
—Creo que el Ama de llaves de la familia ha estado resistiéndose en nosotros. A lo
grande. Prepárate. Sabes que ella está haciendo platos de sándwiches de pepino
mientras hablamos. —Tucker sonrió a los ojos de Callie.

70
—¿Vas a estar con nosotros? ¿Dejarnos ser los partidos de tu corazón? —Miró a
los dos hombres.
Ella los había conocido toda su vida. La habían vuelto loca, pero siempre habían
sido como familia. No conocía nada más. Donde iba, lo que su madre había sido, o
cómo iba a ser Mago cuando ella había pensado que era un ser humano toda su vida
adulta. Todo lo que sabía era que a donde quiera que el camino la lleve, quería
caminarlo con ellos.
—Sí. Lo haré. Lo hago. Los amos.
Ambos tomaron turnos para besarla, y su cuerpo se calentó con el recuerdo de su
aventura de más temprano.
Tyghe gimió cuando se apartó de ella.
—Creo que debemos volver a nuestra habitación de arriba. Para celebrar.
—Suena bien, pero ¿no deberíamos encontrar a Harrison? Apuesto a que se está
muriendo de la curiosidad. —Tucker se rio entre dientes—. O aburrimiento. Sabes que
ella va a estar enojada por perderse toda la emoción.
Asintió.
—Muy furiosa. —Inclinó la cabeza juguetonamente—. Tal vez podría esperar un
poco más.
—¿Harrison se ha ido? —Tucker se encogió de hombros—. Eso es lo que dijo el
gorila. Dijo que corrió con prisa tan pronto como vio a los ejecutores caminando con
Margaret a través de la multitud. Dijo que parecía enfadada, pero no herida. —Lo vio
caminar más cerca de donde ella estaba acostada, con destino a la cama. Su cuerpo
estaba zumbando de la anticipación, así como un tapón que Tyghe había insertado en
su interior antes de casualmente dirigirse a la ducha, metiéndose los dedos en los oídos
en caso de que ella decidiera utilizar su habilidad para traerlo de vuelta.
Debió hacerlo, pero no podía creer que él la dejaría aquí por tanto tiempo. Ahora
estaba en llamas y mientras Tucker obtuvo su primer buen vistazo a su cara, ella sabía
que podía ver su necesidad.
—Entonces, ¿Qué dijo tu superior?
Se mordió el labio y él inclinó la cabeza, con una expresión curiosa en su hermoso
rostro.
—¿Segura que quieres hablar de esto ahora?
—Necesito saber. Tal vez me distraerá hasta Tyghe vuelva y pueda hacerlo bailar
alrededor de la habitación con un tutú rosa.
Tucker intentó ocultar su sonrisa, sentándose a su lado y colocando su mano sobre

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la parte superior del muslo. Se estremeció, estaba tan sensible, incluso el aire la
excitaba.
—Está bien, pero creo que los Proxenos habrían reconsiderado su rápida
aceptación de nuestro Triune si hubiese sabido que tenías tal vena vengativa. —Su
sonrisa se desvaneció—. Mi jefe comprueba el archivo cerrado. Euterpe Fairbanks sí
tuvo un hijo y un emparejamiento de Triune con Harrison y Lawrence Godwin. —Él
la miró a los ojos, ambos reconociendo la importancia de los nombres—. También
había enviado varias denuncias a la policía Maga sobre los hermanos de Margarita.
Pero ellos no creían que ella estaba realmente en peligro. De hecho, Euterpe estaba
bajo sospecha por el asesinato, no solo de los hermanos de nuestro perpetrador,
también del asesinato de sus dos parejas Triune.
—¡Qué horrible! —El estómago de Callie se apretó. Era difícil pensar en la mujer
Fairbanks como su madre, pero lo que había pasado solo para estar con los hombres
que amaba, para proteger a su hijo, le rompió el corazón. Suspiró—. Después de su
muerte no había pistas. Incluso su institutriz de infancia había desaparecido sin dejar
rastro.
Mordió su labio.
—¿Jenner?
—Jenner. —Captó la mirada de Callie, su propio problema con el pasado—.
Recuerdo cuando ella vino a nosotros. La encontré a ella y a mi madre llorando en la
cocina. Mamá estaba lista para entregar Harrison en cualquier minuto y recuerdo estar
preocupado de que algo andaba mal. Jenner se mudó esa noche y nunca se fue. No sé
lo que hemos podido vivir sin ella.
—¿Por qué eso te hace tan triste? —Podía ver el brillo en sus ojos torturados.
—Ella debería haber estado contigo. Cuidándote. No debiste pasar todos esos años
sola pensando que no tenías a nadie. Que fuiste abandonada.
Su corazón se derritió. Esto era el por qué lo amaba. Por qué siempre lo había
amado.
—Ella estaba protegiéndome, Tucker. De la misma manera que tú siempre me has
cuidado desde que te conocí. ¿Cómo puedo arrepentirme de mi vida si tu familia
siempre ha estado en ella? Y tú.
Sintió las sogas que ataban sus brazos aflojándose y ella miró al poste de la cama
para ver los nudos desenredarse por sí mismos.
—¿Tucker? ¿Qué estás haciendo?
—Cuidando de ti. —Su cuerpo se levantó, flotando sobre él. Tenía los ojos más
azules que grises mientras estudiaba su carne desnuda—. No habrá suficiente tiempo

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en esta vida para hacer todo lo que quiero hacerte, para ti.
Se sintió a si misma bajando, a su regazo. Las cuerdas que colgaban de sus brazos
tiraron de sus muñecas sobre los hombros de él, uniéndolos en torno a su cuello.
—Eres tan pervertido como tu hermano, ¿no es así? —Sonrió antes de besarla.
—No tienes ni idea.
No pudo pensar después de eso, perdida en la brillante energía ganando fuerza
entre ellos. Pasión, apenas atenuada por su sobria conversación, se encendió de nuevo
a la vida en su interior. Ella envolvió sus piernas con fuerza alrededor de él, su lengua
combatiendo con la de él por el control.
Él gimió y ella sonrió contra sus labios. Podía sentir su erección presionando duro
a través de su ropa, podía sentir su sexo pulsando en respuesta. Su mano se deslizó
entre sus piernas y se quedó sin aliento, sus nudillos cepillando contra su clítoris
mientras se desabrochaba los pantalones. Sus labios se levantaron de los de ella y sus
párpados levantados, maravillada por el amor en sus ojos.
—Calliope Fairbanks, tú eres mía. Finalmente mía.
Inhaló bruscamente cuando la penetró, el tapón llenándola de detrás haciendo
ajuste deliciosamente, insoportablemente ajustado. Tucker notó, su mandíbula
apretada, mientras sus manos ahuecadas las mejillas de su culo, acercándola más.
Dios, era el paraíso.
—Acostúmbrate a esto, nena. Ser llenada así todas las noches y los días por el
resto de tu vida. No te voy a dejar fuera de mi vista otra vez. Tengo una corazonada
de que Tyghe siente lo mismo.
—Suena… mmm, suena bien para mí. —Callie arqueó la espalda, desesperada por
tener más, de tomar todo de él. Meció sus caderas contra él, lentamente, sensualmente,
amando a todas y cada una de las sensaciones.
Violeta y tonos más oscuros de purpura se arremolinaron alrededor de ellos,
encerrándolos en un capullo de luz, Se sentía como si ella se estaba fusionando con
todo lo que él era. Como mágico.
Sus dedos se cerraron sobre su piel, marcándola, lo sabía, mientras tomaba el
control. Hundió la cara en su cabello, sus dientes cerrándose en la curva sensible de su
cuello. El estableció un nuevo ritmo. Un ritmo primitivo que hizo su corazón
acelerarse e igualar. Un fusible se había encendido en su interior. Arcos de electricidad
a través de su cuerpo de una manera a que ella se estaba haciendo adicta. Sí. Tan
cerca. Tan...
—Tucker.
Se puso de pie con ella en sus brazos, los músculos agrupados y ondulantes contra
su piel mientras bombeaba dentro de ella, duro y rápido y dolorosamente profundo.

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Gritó, sintiendo que su cuerpo se disolvía en una luz cegadora.
—Dime, Callie.
—Te amo. Te amo. Oh, sí.
Él se vino con un grito, cayendo de rodillas con ella en sus brazos mientras el
poder del orgasmo lo derribó. Sintió el ligero temblor en sus extremidades mientras la
sostenía, aplastantemente cerca y le besó en la frente húmeda con dulzura.
—No sé si debería estar preocupado o si necesito terapia, pero eso totalmente me
excitó.
Tucker dejó escapar una risa entrecortada contra el pecho de Callie y ella levantó
la mirada con una sonrisa de satisfacción. Tyghe, parado en la puerta del baño, con la
piel húmeda y desnuda, sólo con una pequeña toalla que, obviamente, parecía una
tienda de campaña alrededor de su cintura.
Se dirigió hacia ellos, tratando de lucir triste.
—No puedo creer que no me esperaron.
Tucker se paró con Callie en sus brazos, abrazándola con tanta facilidad como si
no pasara nada.
—Esa fue una larga maldita ducha para un hombre con una mujer desnuda atada
a su cama, Tyghe. Debes tener más fuerza de voluntad que yo.
Ella notó sus mejillas enrojecidas y entrecerró los ojos en sospecha.
—¿Por qué estuviste allí tanto tiempo? —Levantó las manos.
—No pude evitarlo. Es una sala de lectura de fantasías después de todo. No es mi
fantasía, que conste. Nunca me imaginé algo así.
Callie miró a Tucker y ambos sonrieron, pensando lo mismo. Oyó y dejó escapar
una risa de sorpresa mientras su hermano se fue a la ducha a la carrera, con ella
rebotando en sus brazos. Sabía que él estaría justo detrás de ellos. Al lado. Siempre.

Fin
74
Siguiente libro
Es un viaje lleno de baches hasta un sucio para
siempre…
Harrison Jennera Abad nació con un palo de
escoba de plata en la mano. Heredera de una dinastía
de los magos. Una extraordinaria buena bruja. Está
harta. Anhela ser un ser humano normal, como su
amiga Callie, o lo más normal que alguna vez llegue
a ser ella.
Pensó que huir sería una aventura, pero tres
meses jugando a ser humana le han dado un nuevo
punto de vista. Sin embargo, cuando está lista para
volver a casa comienza la verdadera aventura. En
poco tiempo es atacada, salvada, secuestrada... y
seducida.
Jacob y Ric están convencidos de que Harrison es
la tercera destinada a su tríada, si pueden convencerla
de que no van a utilizarla como un juguete sexual o para subir un escalón social. Antes
de que puedan rogar, sin embargo, ella tiene que saber la verdad acerca de quien trató
de matarla. Y por qué su hermano sigue enviando sus mensajes psíquicos crípticos.
Por difícil que pueda ser para su orgullo masculino de mago, puede que tengan
que dejarla ir, confiando en que, al final, los va a elegir.
Advertencia: contiene un orgasmo accidental, crímenes pasionales, cuerdas
sensibles y poderosos brujos son mágicamente deliciosos. Ah, y una ducha encantada

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que sólo vive para complacerte.

Wicked #2
Sobre la autora
R.G. Alexander (Rachel Grace) es una autora
bestseller del New York Times que ha escrito más
de 30 libros paranormal eróticos, contemporáneos,
Sci-Fi/Fantasy para múltiples publicadores
digitales y Berkley Heat. Es un miembro fundador
de The Smutketeers, un grupo formado por
autores dedicado a la promoción de los escritores
fantásticos, lectores y una visión positiva de la
sexualidad femenina.

Rachel ha vivido en todo los Estados Unidos,


estudió arqueología y mitología, fue enfermera,
vocalista y ahora una escritora que sueña con vampiros, brujas y batallas. R.G. se
siente todos los días la suerte de que llegar a compartir sus historias con sus lectores, y
le encanta hablar con ellos en twitter y Facebook. Está felizmente casada con un
hombre conocido cariñosamente como The Cookie —su mejor amigo, asistente de
investigación y el amor de su vida. Juntos luchan por dominar el Rouxgaroux salvaje
que se ha apoderado de su casa.

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Traducido, corregido
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