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Por Luis Gutiérrez Esparza/especial

MADRID.- La creación de una comunidad de naciones latinoamericanas,

implica “un largo camino al que se podrá llegar algún día por nuestras propias fuerzas y

superando ciertas distancias ideológicas que todavía existen y dificultan nuestros

esfuerzos”, evalúa Enrique V. Iglesias, secretario general iberoamericano, máximo

representante de un mundo que se reconoce en ambos lados del Atlántico.

Iglesias habla en una pequeña sala de conferencias de la sede de la Secretaría

General Iberoamericana (Segib), en el céntrico Paseo de Recoletos de la capital

española. Ha sido secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y

el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas; ministro de Relaciones Exteriores de

Uruguay; y presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La Segib coordina las cumbres de la Comunidad Iberoamericana de Naciones y

es una pieza clave en la vertebración de una estructura institucional en Iberoamérica.

Fundada en 2003, Iglesias fue designado como secretario general en 2005. Sustituyó a

la Secretaría de Cooperación Iberoamericana. La Comunidad nació en el ámbito de una

amplia y compleja urdimbre de relaciones. La cooperación es su eje vertebral.

Europa entiende mejor a las naciones latinoamericanas, sostiene Iglesias; y

evalúa positivamente la cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe de mayo

último; considera que hubo logros de importancia.


Le preocupa la violencia que golpea a algunas naciones latinoamericanas,

aunque no cree que el militarismo siga siendo un peligro; y lamenta el secuestro o la

desaparición de Diego Fernández de Cevallos.

Sostiene, además, que a la amenaza transnacional del crimen organizado y del

narcotráfico, con sus grandes recursos financieros y su poder paramilitar, hay que

responder con un poder equivalente, el de las fuerzas armadas; e incluso con una

cooperación militar internacional.

LGE: Doctor Iglesias, ¿cuál es a su juicio la viabilidad real de una futura

comunidad de estados latinoamericanos? Y en su caso, ¿qué vinculación podría tener

con Europa, por medio de la comunidad iberoamericana?

ENRIQUE V. IGLESIAS: Mire, el objetivo de tener una comunidad

iberoamericana ha estado presente, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial y

específicamente de los años 60 del siglo pasado; entre otras cosas, gracias al impulso de

la CEPAL. Yo creo que hemos hecho cosas en América Latina en el plano económico,

experiencias más o menos exitosas, yo diría menos que más. En algunos casos, como el

de América Central, ya existe una larga historia de cooperación y ha sobrevivido

durante años, incluso en los años del conflicto. También ha habido instituciones de

cooperación política, comenzando por las específicamente latinoamericanas, como el

Grupo de Río, el Unasur, la Conferencia Europa, América Latina y el Caribe. En

materia económica, yo diría, existen distintas cosmovisiones respecto al papel del

Estado; existen distintas formas de vincularse con el resto del mundo, con Estados

Unidos o los países desarrollados de Europa. En estas condiciones, es un poco más

simple pasar por el área del libre comercio, pero llegar a una auténtica comunidad,

donde hay una transferencia de soberanía y eventualmente crear una unidad monetaria,
todo esto lleva tiempo y una enorme concentración de esfuerzos. Hay que mantenerlo

como un objetivo, pero no creo que se pueda lograr a corto plazo.

Por otra parte, en lo político, yo creo que América Latina, como nunca, ha

querido asumir por sí misma sus posiciones internacionales sin ningún tipo de

interferencia, venga de Estados Unidos o de Europa; y eso ha creado ciertos

movimientos, el Grupo de Río ha sido uno de ellos, cuyo origen fue el Grupo de

Contadora; la Unasur, que agrupa a los países de Sudamérica… La idea de avanzar en lo

político se ha afianzado en los últimos años. Claro que hay distintas visiones de las

relaciones internacionales y eso genera dificultades. Yo creo que esto es un largo

camino al que se podrá llegar algún día por nuestras propias fuerzas y superando ciertas

distancias ideológicas que todavía existen en América Latina y que generan la dificultad

de compatibilizar nuestros esfuerzos.

LGE: ¿La Secretaría General Iberoamericana está participando o podría

participar de alguna manera en los procesos de integración latinoamericana?

EVI: Yo creo que hay que dejar que marchen con sus propias piernas. Lo que

estamos haciendo es apoyar en el área de la tecnología, en la promoción de actividades

de innovación, en la promoción de las inversiones empresariales; es decir, de alguna

manera son elementos que acompañan desde afuera estos procesos, pero no estamos en

los procesos mismos. En primera, no tenemos fuerza, todavía estamos armando esta

casa, eso llevará tiempo. Y segundo, ya hay, como le digo, esfuerzos propios y debemos

permitir que los propios latinoamericanos asuman sus responsabilidades, esa es mi idea

y creo que es además lo que quiere la mayoría o la totalidad de los países: ser ellos

mismos los que mueven las iniciativas. Nosotros, en cambio, tratamos de incidir en todo

lo que es la relación de los países iberoamericanos con la península ibérica, con España

y Portugal y Andorra; tratamos de promover iniciativas, por ejemplo en el área de la


banca, ya que España ha sido un país muy importante en la ocupación de espacios del

mercado bancario en América Latina. Pero básicamente, como le digo, la integración es

un fenómeno que debe ser manejado por los latinoamericanos. Los actores que están

afuera con componentes importantes, como Estados Unidos y Canadá en la OEA; como

nosotros, España y Portugal, debemos apoyar, pero no incidir directamente en las

decisiones.

LGE: Usted, como una figura pública latinoamericana reconocida

internacionalmente y con una trayectoria bastante rica, ¿cómo evalúa los actuales

procesos de democratización en América Latina, sobre todo con este interesante

componente de pluralidad que se ha presentado?

EVI: Hemos hecho muchos avances en esta materia. Hemos conocido los

tiempos tristes de los autoritarismos de todos los signos, de los liderazgos militares y las

intervenciones que han violentado no solamente la democracia, sino fuertemente los

derechos humanos, época triste y difícil; yo viví en Chile durante muchos años del

régimen militar chileno, conozco por dentro lo que eso significa. Yo creo que en

términos generales ha habido avances importantes en cuanto al funcionamiento de la

democracia formal: hoy se vota, lo cual es una parte importante, pero no es suficiente.

Creo que la democracia es integral, debe responder a las demandas de la sociedad y

cuando eso no lo hace, el apoyo popular se reduce. La gente valora vivir en libertad,

pero la democracia debe cuidar su capacidad de responder a las aspiraciones de la gente

para legitimarse. Tenemos además distintas formas, distintas variantes, hay democracias

que quieren ser mucho más participativas o democracias que tienen un alto contenido de

liderazgos personales; la reelección por ejemplo, es un elemento que está creciendo en

la región. Pero en conjunto, yo creo que estamos mucho mejor de lo que estábamos.

Pero la democracia no es un acto heroico, que se logra cuando uno vota cada cuatro
años, es importante votar, pero no acaba ahí la cosa; y en esa materia tenemos todavía

que avanzar en distintos grados, en distintas formas. Hay países que están mucho más

avanzados hacia la integralidad del concepto de democracia, en la medida que le pueden

ofrecer a la gente seguridad personal, avance económico y oportunidades, sobre todo

oportunidades para todos, que son el gran elemento que supone la gran legitimidad de la

democracia.

LGE: En esta perspectiva de los años y de los avances que se han logrado, como

usted sabe, con no pocos esfuerzos y pagando a veces precios elevados, ¿considera que

el militarismo sigue constituyendo un peligro para el avance democrático

latinoamericano?

EVI: Me da la impresión de que no. Yo creo que los militares pasaron un

periodo de duras lecciones y en la forma como están reaccionando los nuevos

estamentos, porque los viejos ya pasaron, están a salvo de esas tentaciones. Yo no creo

que el militarismo sea hoy en ninguna parte de América Latina un peligro presente y

espero que siga siendo así; ya se fueron los tiempos del mesianismo militar, de la

doctrina de seguridad nacional, que nos dieron tantos problemas y tanta tristeza en

América Latina.

LGE: Sin embargo, se habla de un proceso de militarización en el combate,

tanto al crimen organizado como al narcotráfico y se señala que ese no es el camino; en

México estamos viviendo situaciones muy lamentables de violencia, de muerte y

acontecimientos como el secuestro o la desaparición de Diego Fernández de Cevallos,

prominente militante del partido en el poder y excandidato presidencial...

EVI: Dicho sea de paso, es muy preocupante ese secuestro y espero que pueda

ser despejado cuanto antes, ojalá que así sea, porque es muy triste para México y es

muy triste para el doctor Cevallos y para todos sus familiares; me parece que es de las
cosas que realmente conmueven a la opinión pública, por el alto significado social y

político que tiene esta persona. Yo creo que ese es el otro problema, también

complicado: en el fondo, nosotros hablamos de la paz en las Américas, entre estados y

creo que hemos logrado mucho, como en ninguna otra parte del mundo. Podemos

compararnos muy bien en materia de paz entre estados con Europa, con África o con

Asia; hemos sido un continente eminentemente pacífico. Dentro de los estados las cosas

han tenido ciertamente momentos difíciles, como los que ahora generan el narcotráfico,

el crimen organizado, este flagelo que está emergiendo en el mundo con una fuerza

espectacular. Desgraciadamente, además, estas emergencias están rodeadas de un

enorme poder económico que alimenta al narcotráfico, y muchas veces los estados se

ven realmente acorralados por la fuerza paramilitar que despliegan estos sectores y por

la organización que tienen. Lo ideal, ciertamente, es luchar contra de ellos con las

fuerzas policiales, con las fuerzas del orden público; pero cuando uno ve el despliegue

de fuerza que tienen, se da cuenta de que los estados, en un acto incluso de

desesperación, recurren a las fuerzas armadas; no es lo deseable, no creo que ningún

gobierno haga esto con gusto, con deseo; pero me da la impresión de que la magnitud

del desequilibrio es tal, que a veces resulta imposible de atender con otros recursos.

LGE: Se ha generado en meses recientes, a partir del final del año anterior, un

movimiento, sobre todo entre la sociedad civil latinoamericana, respecto a que así como

el Tratado de Tlatelolco nos convirtió afortunadamente en una región libre de armas

nucleares, se promueva un acuerdo equivalente, que en un futuro próximo convierta a

América Latina en una zona libre de bases militares extranjeras. ¿Cuál sería su visión al

respecto?

EVI: Oiga, cuando éramos jóvenes nosotros, después de la Segunda Guerra

Mundial y desfilábamos por las calles celebrando el triunfo de la democracia frente al


totalitarismo, todos teníamos en el fondo esa visión, que es muy loable. Es muy

atractivo el tema de tener nuestra propia capacidad de defendernos sin interferencias ni

colaboraciones extranjeras; el objetivo ciertamente es muy respetable. La complejidad

que tienen hoy los problemas, incluso esto que le mencionaba de la interferencia de los

nuevos desestabilizadores, crean matices. Existe una realidad: el fenómeno del crimen

organizado a nivel mundial exige soluciones de alta colaboración; es imposible atacar el

problema de la droga sin un gran esfuerzo de cooperación regional y mundial y en este

contexto aparecen ideas de incorporar elementos de cooperación que pueden tener

aterrizaje en formas de bases militares. Creo que es una realidad que se nos impone

precisamente como consecuencia del enorme poder de fuego que tienen las fuerzas del

crimen organizado y de su internacionalización. También hay tendencias hacia

internacionalizar las defensas y es ahí donde entramos en choque con ese ideal que

todos hemos perseguido a través de los años. Es un tema que cada país debe ver y cada

región debiera ver; se debe discutir regionalmente, porque la lucha contra la droga debe

ser acompañada por todos de alguna forma; y conciliar esto con estos principios que nos

son tan caros. Pero regionalmente, debiéramos dar una respuesta a estos temas en forma

colectiva.

LGE: Recientemente tuvo lugar en Madrid la Cumbre Unión Europea-América

Latina y el Caribe. ¿Cuáles son sus impresiones, sus conclusiones, de qué sirvió esa

reunión de alto nivel?

EVI: Las cumbres tienen un papel: la diplomacia de las cumbres se ha

convertido en un instrumento inevitable porque los presidentes tienen que verse, porque

los temas son globales y porque hay toda una dinámica de encuentros que se impone a

la propia voluntad de los jefes de Estado. Yo diría que esta cumbre ha sido en cierta

manera exitosa en cuanto a que ha permitido lograr algunas cosas importantes: aceleró
procesos de asociación entre Europa y América Latina; en América Central, después de

muchos años de negociar, habrá el primer tratado birregional de la historia de la Unión

Europea, que nunca pudo lograr un tratado entre dos regiones; lo intentó en el Asia y no

salió; lo intentó con el Mercosur y no salió, pero está saliendo; lo intentó con América

Central y salió aquí. Este es un hecho importante que marca un renacimiento del interés

europeo en América. Segundo: avanzó también el tratado de asociación con Perú y

Colombia, dos importantes países. Y por último: reconociendo que el Mercosur es el

quinto o sexto espacio económico del mundo, han resuelto reabrir las negociaciones. De

manera que se avanzó en esta materia, claramente esta reunión como acabamos de ver

es un éxito desde el punto de vista de poder acercar más los intereses comerciales y

económicos de Europa y América Latina.

LGE: ¿Ese renacimiento del interés europeo por América Latina tiene bases

firmes?

EVI: Yo le diría que hay dos maneras de mirar las relaciones con Europa. Hay

un capital derivado de la cultura, de las lenguas, de las tradiciones, de las cosmovisiones

que tienen en común Europa y América Latina; esa plataforma existe, sobre todo con

algunos países del occidente europeo y abre la puerta. Al lado de eso están los intereses,

que van evolucionando en el tiempo. Europa tiene en este momento intereses con Asia,

con las viejas colonias africanas, en el Medio Oriente; y en ese paquete estamos

nosotros. A veces nos quejamos de que Europa tiene una baja presencia en América

Latina: es verdad, pero han emergido nuevas realidades, la Europa del este, China; eso

de alguna forma ha competido y está compitiendo con nosotros. Yo creo que Europa

está empezando a reconocer, luego de un periodo de baja presencia, que América Latina

hoy es un continente con un enorme potencial, somos 550 millones de personas, un

continente riquísimo en materias primas, que tiene un país de competencia, un país con
nivel de competidor mundial como es Brasil; y países como México, Argentina, etc.

Somos un gran poder vendedor de materias primas, somos un gran mercado comprador

creciendo. Bueno, todo eso hace que ese mercado latinoamericano adquiera mayor valor

en un mundo muy competitivo. América Latina tendrá que competir con China; Brasil

va a tener que competir con China; México va a tener que competir con China;

entonces, en ese contexto creo que estamos todos abriendo los ojos un poquito más

grandes que antes, porque nos damos cuenta que para defendernos en este mundo

competitivo hay que tener una gran capacidad de competencia.

LGE: ¿Nos entiende mejor Europa?

EVI: Nos entiende mejor, sí. Creo que hay muchos estereotipos,

simplificaciones y en ese sentido, un paternalismo que también ha existido y existe.

Todo eso está en el paquete, pero de todas maneras se dan cuenta que hoy tienen una

realidad económica muy vigorosa y no se puede ignorar este mercado, que está además

creciendo a tasas que son el triple de las del crecimiento en Europa. Por primera vez en

la historia de las crisis, América Latina no fue parte del problema y en cambio sí es

parte de la solución, porque abre mercados para promover el comercio en las

inversiones, de manera que todo eso hace que estemos un poco más visibles en el radar

de los amigos europeos.