Vous êtes sur la page 1sur 28

G ARCÍA-PAGE SANCHEZ (Mario), « El hipocorístico español en -i », Cahiers de

lexicologie, n° 113, 2018 – 2, Néologie et noms propres, p. 227-252

DOI : 10.15122/isbn.978-2-406-08791-5.p.0227

La diffusion ou la divulgation de ce document et de son contenu via Internet ou tout autre moyen de
communication ne sont pas autorisées hormis dans un cadre privé.

© 2018. Classiques Garnier, Paris.


Reproduction et traduction, même partielles, interdites.
Tous droits réservés pour tous les pays.
© Classiques Garnier

GARCÍA-PAGE SANCHEZ (Mario), « El hipocorístico español en -i »

R ÉSUMÉ – Les études portant sur les hypocoristiques espagnols sont peu nombreuses, il n’en
existe en particulier aucune consacrée à l ’hypocoristique en -i. Celui-ci présente un
comportement particulier en ce qui concerne les mécanismes de consécution (métaplasmes).
Ainsi, alors que l ’opération de substitution vocalique est très productive (Petra > Petri), sont
en revanche très peu productives les opérations de suppression, à savoir l ’aphérèse et la
syncope. De même, on observe très peu de cas d’allongement suffixal.

MOTS-CLÉS – Hypocoristique, morphologie, création lexicale, troncation, suffixation

A BSTRACT – There are very few studies on hypocorisms in Spanish and fewer still on those
ending in -i. These add emphasis to the typical connotations of hypocorisms. They also
display different behavior regarding general mechanisms of hypocoristic formation
(metaplasms). Operations of vowel substitution are highly productive (Petra > Petri),
whereas apheresis and syncopations are completely unproductive in relation to shortening.
Cases of lengthening through adding the suffix are rare.

KEYWORDS – Hypocorisms, morphology, lexical creation, truncation, suffixation


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I

Introducción
Sobre los hipocorísticos españoles (mecanismos de creación, ­condiciones
fonéticas, etc.), existe una interesante, aunque no muy extensa, bibli-
ografía, acaso menor que en otras lenguas ­como el inglés (entre otros,
Boyd-Bowman 1955, Hoffman 1969, González Ollé 1971, Buesa Oliver
1988 y 1989, Prieto 1992, Lipski 1995, Colina 1996, Piñeros 2000a y
2000b, Feliú 2001, Roca y Feliú 2003, Plénat 2003, Montero Curiel
2012, García-Page 2014: 218-224, Sanz Álvarez 2015, Camus Bergarache
2016, Morera Pérez 2017, Martínez-Paricio y Torres-Tamarit 2018…)1;
sin embargo, creemos que no solo no se ha acometido ningún estudio
monográfico sobre el hipocorístico español en -i2, del tipo Toni, Pili o Javi,
sino que ni siquiera se le ha prestado suficiente atención, aun siendo tan
abundante en español3, y que apenas se ha señalado el papel que juega

1 Buesa Oliver (1988: 1613-1615) cita otras obras que, ­como antecedentes, han tratado el
hipocorístico español, muchas de ellas centradas en el diminutivo; ahora bien, más que
estudios, son meras listas de ejemplos. Remitimos al lector interesado a dicho trabajo
para evitar la enumeración superflua de bibliografía no representativa para el objeto de
nuestra investigación.
2 Durante el proceso de evaluación y publicación de nuestro estudio, casualmente se ha
publicado un artículo sobre el hipocorístico en -i casi ­con el mismo título: Hipocorísticos
en /-i/: iconismo fonético de la afectividad, aunque muy distinto en cuanto al c­ ontenido (es de
lingüística general y ­contrastiva; el corpus de hipocorísticos españoles es muy reducido:
el enfoque es de fonética, no de morfología; se centra en el valor icónico de la -i ­como
expresión de la afectividad en distintas lenguas); véase Monzó Gallo (2017).
3 La siguiente lista recoge los más ­comunes (unos más que otros), obtenidos por acortamiento,
sustitución o acortamiento más sustitución: Pili, Toni, Toñi, Javi, Yoli, Pepi, Paqui, Luci,
Mari, Santi, Juli, Loli, Rosi, Dani, Juani, Conchi, Nati, Vicky, Susi, Patri, Primi, Emi, Feli,
Puri, Eli, Cristi, Bibi, Pauli, Isi, Desi, Petri, Puerti, Roci, Sofi, Luisi, Maxi, Epi, Leti, Trini,
Candi, Enri, Dioni, Cati, Ali, Virgi, Rodri, Glori, Boni, Beni, Salvi, Lauri, Justi, Auxi, Cari,
Ceci, Moni, Fati, Fani / Fany o Fanny, Basi, Meli, Humi, Rami, Dori, Gori, Sebi, Neli, Jandri,
Visi, Ciri, Gabi, Fausti, Mauri, Sergi, Regi, Rafi, Rufi, Silvi, Jessi, Graci, Poli, Tavi, Fredi,
Fonsi, Gusti, Nuri, Hermi, Mini, Mili, Remi, Elvi, Domi, Argi, Adri, Dari, Dami, Marti,
Mati, Tobi, Resti, Beli, Deli, Berti, Cloti, Miri, Brigi, Lali, Lumi, Geli, Geni, Celi, Chari,
Richi, Chuchi, Cheli, Goyi, Choni, Bequi, Beti, Queti, Nani, Nandi, Albi, Blanqui, Veni, Viri,

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


228 MARIO GARCÍA-PAGE

la vocal de cierre -i, vocal a la que suelen asociarse las c­ onnotaciones de


‘afectividad o ­familiaridad’4, ‘­coloquialismo’, ‘propio del habla i­ nfantil’ y
‘­eufemismo’ en voces –en su mayoría, trueques y truncamientos– ­como
mami, papi, mamuchi, papuchi, colegui, chachi, chuli, pipi, piripi, piruli, chorchi,
titi, friki, paganini, churri, ­chichi, cari, ­compi, peli, mari, gili, servi, mili, insti,
uni, ridi, tranqui, boli, bici, poli ‘­policía’ / ‘­polideportivo’, resi, pisci, presi,
Reli ‘(asignatura de) ­Religión’… (cfr. De Bruyne 1995: 73-102). Estas
­connotaciones también las ­comportarían los hipocorísticos en -i y podrían
ser, además, factores ­condicionantes en la creación de muchos de ellos.
Ahora bien, tales valores –así ­como el de ‘economía del l­enguaje’5 y el
de ‘fórmula ­mnemotécnica’6 (García-Page 2014)– no son ajenos al resto
de hipocorísticos (Tere, Mila, Paco, Nico, Merche, Salva, Rafa, Pepe…) y a
los truncamientos de nombres apelativos (cole, moto, tele, chuche, profe…);
cabría precisar, por ello, que es, en todo caso, en los hipocorísticos en -i
donde tales ­connotaciones se manifiestan ­con mayor intensidad (­comp.,
por ejemplo, Concha / Conchi).
Junto a estas motivaciones de orden psicológico y sociológico, e incluso
estilístico, otro factor favorable a la formación de hipocorísticos en -i,
que algunos estudiosos (Stratmann 1935, Boyd-Bowman 1955, Pharies
2002, Morera Pérez 2017: 123 y 133, Sánchez Fajardo y Rodríguez
Nari, Sari, Ani, Olgui, Margui, Monchi, Palomi, Manoli, Encarni, Luismi, Josemi, Josemari,
Juanmari, Juanmi, Rosamari, Anamari, Josevi, Juanvi, Maripili, Maripi, Mapi, Maripuri,
Maritrini, Mavi…
4 El carácter afectivo y familiar, vinculado o no c­ on el habla infantil, es el rasgo más
sobresaliente del hipocorístico y el más repetidamente señalado por los estudiosos; es
intrínseco al mismo fenómeno (salvo que se trate de un uso intencionado de ironía o
eufemismo, más esporádico). En su diccionario, la Academia de la lengua española (DLE
2014) precisamente lo define utilizando los términos cariñoso y familiar.
5 Una forma que ­comporte reducción fónica o fónica-gráfica, sin alteración del significado,
es inequívocamente una forma económica, pues supone un ahorro de tiempo y esfuerzo,
aunque sea en pequeño grado, ­como es el caso de los hipocorísticos obtenidos por acor-
tamiento: Mavi por María Victoria o Poli por Hipólita (cf., asimismo, moto por motocicleta
o bici por bicicleta). Serían una excepción los hipocorísticos obtenidos por sufijación
apreciativa: Lucas > Luquitas.
6 Como es sabido, la brevedad favorece el recuerdo o la memorización. Este aspecto ha sido
estudiado en ámbitos textuales c­ omo el refranero o la publicidad (sobre todo, el eslogan).
Muchos hipocorísticos, en especial los que entrañan un juego fónico, ­como la aliteración,
la apofonía o la reduplicación silábica (Lolo, Lola, Quique, Pepe, Pepi…) o que recurren a
sonidos poco c­ omunes en la fonética española, c­ omo las palatales (Chencho, Nacho, Conchi,
Chuchi, Chon, Chano, Toñi…) o que, simplemente, sustituyen a nombres propios raros o
poco frecuentes o de pronunciación más difícil (Gene, Domi, Feli, Resu, Tanis..), parecen
funcionar ­como fórmulas mnemotécnicas; se asimilan más fácil o rápidamente y se
recuerdan mejor que sus respectivas bases antroponímicas (Manolo, Dolores, Enrique, José,
Josefa…, Inocencio, Ignacio, Concepción, María Jesús, Ascensión, Feliciano, Antonia…, Generosa,
Domiciano, Felícitas, Resurrección, Estanislao…).

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 229

González 2018) han sugerido –minoritario, no obstante, en el español


de España–, es la influencia del inglés: algunos hipocorísticos españoles
en -i se crearían por analogía ­con antropónimos ingleses en -y (Mary,
Timothy, Jimmy, Eddy, Emily, Freddy, Ricky, Jeremy, etc.), hasta el punto
de que algunos nombres españoles adoptan esa -y, que reemplaza a la
preceptiva -i, acaso c­ omo un signo de originalidad, distinción o exotismo:
Mary, Caty, Susy, Vicky, Lucy, Fany (o Fanny), Richy… No obstante, la
misma razón podría hacer pensar que también han podido influir otras
lenguas, c­ omo el catalán (Sergi, Jordi, Antoni, etc.), el eusquera (Andoni,
Iñaki, Miki, Patxi, etc.) o el italiano (Luigi, Giovanni, etc.).
La ausencia de estudios específicos sobre el hipocorístico en -i (cf. nota
2) resulta sorprendente no solo si, ­como decíamos antes, se c­ onsidera el
extenso ­conjunto de ejemplos c­ onsolidados de hipocorísticos en -i, sino si,
además, se tiene en cuenta la elevada probabilidad de nuevas acuñaciones,
dada la absoluta libertad de los hablantes para crear hipocorísticos de
esta clase en el ámbito familiar o círculo más íntimo, que apenas sufre
restricciones, salvo, en todo caso, en bases poco propicias al acortami-
ento en tanto principal mecanismo de formación de hipocorísticos (e,
incluso, a la sustitución de la última vocal por -i, ­como segunda fuente
de creación), c­ omo los nombres de pila7 monosílabos y la mayor parte de
los bisílabos8: Blas, Mar, Juan, Luis, Flor, Fe, Ruth, Cruz, Paz, Luz, Sol, Gil,
7 Cabe advertir que el hipocorístico puede formarse también a partir del apellido (Gonzo
< González) o de otros nombres propios no antroponímicos ((el) Alba < [Club de fútbol]
Albacete). Hipocorísticos en -i derivados de apellidos son Guti < Gutiérrez, Beni < Benítez
y Zubi < Zubizarreta (nombres, respectivamente, de un antiguo futbolista del equipo
de fútbol español el Real Madrid, un antiguo entrenador de dicho equipo y un antiguo
portero del Athletic Club de Bilbao).
8 Como luego se verá, limitado el estudio al hipocorístico en -i, los monosílabos solo pue-
den admitir la operación de adición de sufijo, algo en extremo infrecuente al quedar la
sufijación restringida a la -i: Luci [< Luz + -i], Flori [< Flor + -i], Paci [< Paz + -i] (cfr., no
obstante, § 3.2); los bisílabos pueden admitir dos operaciones: la sustitución vocálica (Petri
[< Petra]), la más ­común (cfr. también § 3.2), y el acortamiento, mediante apócope, que
parece viable sobre todo en los acabados en diptongo de -i- + vocal alta / media, seguido
o no de c­ onsonante: Glori [< Gloria], Dani [< Daniel]. En soluciones c­ omo Andi [< Andrés],
Pili [< Pilar] o Santi [< Santos], la sustitución por -i lleva pareja la eliminación de sonidos;
en nuestra opinión, se trataría, pues, no de una única operación (la sustitución), sino de dos,
la sustitución y la apócope, que actúan simultáneamente; en el caso de Sami [< Samuel],
cabría la interpretación de que tales operaciones no se aplican de manera simultánea,
sino ­consecutiva (la sustitución es posterior a la apócope): Sami [< Samu < Samuel]. Son
excepcionales los acortamientos, c­ on obligado desplazamiento acentual, del tipo Davi [<
David ] o Marti [< Martín]. Asimismo, algunos bisílabos, c­ omo los citados Ramón o Fermín,
también pueden acortarse (mediante aféresis), pero el segmento preservado (segunda sílaba)
suele recibir un sufijo o una vocal que marca el género: Moncho, Mino. – La operación de
adición (de -i) en antropónimos bisílabos es poco probable porque, en unos casos (bisílabos

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


230 MARIO GARCÍA-PAGE

Job, Raúl, Saúl, Pío, Noé, José, Josué, Sixto, León, Salud, Óscar, Cástor, Casto,
Antón, Ángel, Senén, Rubén, Efrén, Héctor, Víctor, César, Cosme, Lucio, Publio,
Marcial, Mario, Eloy, Lidio, Diana, Ariel, Alvín, Austin, Plinio, Zoila, Zaida,
Asia, India, Abdón, Abel, Adel, Beltrán, Ramón, Román, Hernán, Quintín,
Jazmín, Fermín, Guzmán, Ester, Valle, Rita, Rubí, Iris, Inés…
Tanto la abundancia de hipocorísticos en -i ­como el alto índice de
probabilidad de nuevas formaciones tienen su fundamento primariamente
en un hecho natural, no motivado, y es la existencia de un elevado número
(varios centenares) de nombres de pila españoles ­con alguna sílaba interna
en -i o que c­ ontiene dicha vocal (algunos tienen dos o tres íes: Primitivo,
Higinio, Virgilio, Virginia, Quintiliano, Cirilina, Dionisio, Maximiliano, Licinio,
Sisinio, Natividad, Martiniano, Auxiliadora…)9, y, por otro lado, en un
hecho lingüístico, o pragmalingüístico, y es el valor de estereotipo que
en ­consonante), implicaría, ­como cualquier otro sufijo, un desvío de la estructura silábica
regular del hipocorístico, la bisílaba (*Danieli, *Javieri), y, en otros (bisílabos en vocal),
resultaría una estructura fonética inusual en la sílaba de cierre (*Gloriai, *Ritai). – Cabe
advertir que, para los casos de adición o sustitución, no hay uniformidad entre los estudiosos
sobre el estatus de la -i: dado que su análisis c­ omo morfema flexivo es poco viable, cabe
suponer que se trata de un sufijo derivativo, si bien no ­comporta cambio de categoría ni
de significado. – Hay además antropónimos trisílabos poco favorables al hipocorístico en
-i por apócope o aféresis, incluso al acortamiento sin más: Abraham, Aaron, Anaí, Aída,
Tadeo, Medea, Nerea, Esaú, Efraín, Paola…
9 Como puede advertirse, al ser el hipocorístico ­comúnmente bisílabo y la apócope el
mecanismo de acortamiento más frecuente, interesa sobre todo la segunda sílaba (en
menor grado, la tercera, si la apócope se ­combina ­con la aféresis); no así la última sílaba
(son poquísimos los nombres de pila españoles que acaban en vocal palatal átona, c­ omo
Araceli, Eloy, Areli o Adonai; y los hipocorísticos derivados resultarían de una aféresis),
ni la primera, pese a la abundancia de nombres de pila c­ on primera sílaba c­ onstituida
por i, átona o tónica (Ícaro, Ifigenia, Iliana, Imelda, Inés, Inocencio, Inocente, Irene, Irina, Iris,
Isaac, Isabel, Isabelino, Isacar, Isacio, Isaí, Isaías, Isidoro, Isidro, Isolina, Iván, Hidacio, Higinio,
Hilario, Hipólito…), acabada en -i, átona o tónica (Aída, Aitana, Aitor, Brígida, Cilinia,
Ciriaco, Cirilina, Cirilo, Ciro, Clicerio, Crisóstomo, Dimas, Divina, Fidel, Filomena, Finonila,
Froilán, Ginés, Guillermo, Jaime, Jairo, Jimena, Liberio, Libertad, Libia, Liborio, Licerio,
Licinio, Lidia, Lídice, Liduvina, Liliana, Livio, Luisa, Micaela, Midas, Miguel, Milagros,
Minerva, Minervina, Mireia, Miriam, Moisés, Nicanor, Nicasio, Nicolás, Nicomedes, Pilar, Pío,
Plinio, Primitivo, Quirico, Quiteria, Raimundo, Rigoberto, Rita, Sibila, Sigerico, Silíceo, Simeón,
Simón, Sinclética, Sinesio, Sisinio, Tiberio, Tiburcio, Timoteo, Tito, Triforia, Trinidad, Vicente,
Vidal, Viriato, Visitación, Zaida, Zoilo, etc.) o que ­contiene una -i-, átona o tónica (Bianca,
Bienvenido, Cintia, Cristeta, Cristian, Cristina, Cristo, Cristóbal, Diana, Dictino, Dictinio, Diego,
Dionisio, Dioscórides, Diosdado, Gilberto, Guiomar, Hierónides, Ignacio, Ildefonso, Indalecio,
India, Inmaculada, Irma, Irminia, Ismael, Israel, Mingo, Piedad, Priscila, Prisciliano, Prisco,
Prístino, Quintín, Quinto, Sigfredo, Silvano, Silverio, Silvia, Sinforiano, Sixto, Triana, Tristán,
Víctor, Victoria, Victoriano, Victorino, Vidal, Violeta, Virgilio, Virginia, Virtudes, Vistila,
Wilfredo, etc.). – Aunque existe una tendencia reciente entre jóvenes, mucho mayor que
décadas atrás, a formar hipocorísticos monosílabos en entornos restringidos (familia,
colegio, etc.), son, c­ omo luego se verá, muy pocos los hipocorísticos en -i monosílabos
que han alcanzado algún grado de generalización: Rai [< Raimundo].

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 231

ha alcanzado el hipocorístico en -i al instituirse en un patrón sumamente


productivo, favorecido por los valores asociados a la -i, antes indicados.
Este patrón, que adopta habitualmente el esquema del bisílabo llano de
ritmo trocaico ­con segunda sílaba en -i (tó.ni, pí.li, yó.li, etc.), se sustenta
en el patrón del hipocorístico general, igualmente muy productivo (té.
re, mí.la, pá.co, etc.), que es, a su vez, el mismo del apelativo trunco
(có.le, mó.to, pró.fe, etc.): el bisílabo llano de ritmo trocaico10, también
mayoritariamente obtenido por apócope y ­con segunda sílaba en vocal.
Tal patrón funciona ­como un cliché: está memorizado por los usuarios
de la lengua y, por tanto, disponible en cualquier ocasión.
Esta búsqueda del patrón silábico determina en muchos casos la
formación de dos o más alternativas para un mismo nombre de pila,
siendo una de ellas un hipocorístico en -i: Grego / Goya / Gori / Goyi [<
Gregoria], Bienve / Veni [< Bienvenido], Chano / Feli [< Feliciano], Berto /
Berti / Fili [< Filiberto], Quique / Enri [< Enrique], Euge / Uge / Eu / Geni
[< Eugenia], Tiago / Santi [< Santiago], etc.

1. Formación de hipocorísticos
según la estructura de la base
Consideradas las observaciones anteriores, puede afirmarse que,
según nuestros datos, solo son altamente rentables para la creación de
hipocorísticos en -i los nombres de pila cuya segunda sílaba acaba en
dicha vocal; ello viene a implicar, por un lado, que solo la apócope es
altamente productiva (es el mecanismo más frecuente): Ceci [< Cecilia],
y, por otro, que el hipocorístico tiende a respetar la estructura silábica
de la base, aunque hay excepciones. El proceso de formación podría
explicarse sintéticamente ­como sigue:

a) nombres de pila polisílabos (trisílabos, tetrasílabos o pentasíla-


bos) ­con segunda sílaba en -i (Cecilia, Cándida, Patricia, Desiderio,
Benito): el hipocorístico se obtiene mediante simple apócope (Ceci,
Candi, Patri, Desi, Beni).

El predominio de la apócope es debido seguramente al hecho de ser


esta la clase de acortamiento que, en términos generales, mejor garantiza

10 En varios estudios de fonética española se señala que el bisílabo (llano) es la estructura


de palabra más frecuente en español.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


232 MARIO GARCÍA-PAGE

la identificación de la base (criterio de fidelidad) al preservar la cabeza de


la palabra, segmento más relevante en los procesos de reconocimiento.
Dicho patrón, gracias al rango de estereotipo alcanzado, irradia su
influencia a otros nombres de pila polisílabos ­con distinta estructura
fonética en segunda sílaba; el proceso formativo podría sintetizarse ­como
sigue, atendiendo a los resultados más c­ omunes11:

b) nombres de pila polisílabos (bisílabos, trisílabos, tetrasíla-


bos o pentasílabos) ­con segunda sílaba en diptongo creciente
de -i- + vocal abierta / media, seguido o no de c­ onsonante
en posición trabada (Santiago, Javier, Gabriel): el hipocorístico
se obtiene mediante apócope sola (Santi, Javi, Gabri) o, muy
ocasionalmente, mediante apócope y síncopa (Gabi [< Gabriel]);
c) nombres de pila polisílabos (bisílabos, trisílabos, tetrasíla-
bos o pentasílabos) ­con segunda sílaba en -i- + ­consonante en
posición trabada (Matilde): el hipocorístico se obtiene mediante
apócope sola (Mati);
d) nombres de pila trisílabos ­con segunda sílaba en -í formando
hiato ­con vocal abierta / media, seguida o no de ­consonante en
posición trabada (María, Matías): el hipocorístico se obtiene
mediante apócope (Mari, Mati);
e) nombres de pila tetrasílabos o pentasílabos c­ on, respectiva-
mente, tercera o cuarta sílaba en -í formando hiato c­ on vocal
abierta / media (Estefanía, Epifanía): el hipocorístico se obtiene
mediante aféresis y apócope (Fani);
f) nombres de pila e hipocorísticos bisílabos en vocal distinta
de -i (Petra, Concha): el hipocorístico en -i se obtiene mediante
sustitución de dicha vocal por i (Petri, Conchi);
g) nombres de pila bisílabos en vocal distinta de -i seguida
de ­consonante (Pilar, Santos, Andrés): el hipocorístico en -i se
obtiene mediante apócope y sustitución de dicha vocal por i
(Pili, Santi) y, más esporádicamente, mediante apócope, síncopa
y sustitución de dicha vocal por i (Andi);
h) nombres de pila bisílabos acabados en diptongo creciente c­ on
velar seguida de ­consonante (Samuel): el hipocorístico en -i se
obtiene mediante apócope y sustitución de dicha vocal por i (Sami);
i) nombres de pila polisílabos (trisílabos, tetrasílabos o pentasíla-
bos) ­con segunda sílaba c­ on vocal, final o interna, distinta de

11 Es muy probable que existan hipocorísticos que escapan a esta descripción.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 233

i (Dorotea, Yolanda): el hipocorístico en -i se obtiene mediante


apócope y sustitución de dicha vocal por i (Dori, Yoli);
j) nombres de pila polisílabos (trisílabos, tetrasílabos o pen-
tasílabos) c­ on tercera sílaba en -i (Apolinar, Agustina): el hipo-
corístico se obtiene mediante apócope y aféresis (Poli, Gusti);
k) nombres de pila polisílabos (trisílabos, tetrasílabos o pen-
tasílabos) ­con tercera sílaba ­compuesta ­con -i-, formando parte
o no de un diptongo creciente y seguido o no este o la vocal i de
­consonante en posición trabada; o sea: -i- + ­consonante, -i- +
vocal abierta / media, -i- + vocal abierta / media + c­ onsonante
(Antonio, Estanislao, Angustias, Beatriz): el hipocorístico se
obtiene mediante apócope y aféresis (Toni, Tani, Gusti), y, muy
ocasionalmente, mediante apócope y síncopa (Beti);
l) nombres de pila tetrasílabos o pentasílabos ­con la sílaba donde
se efectúa el corte (tercera) en vocal distinta de -i (Adoración,
Apolonia): el hipocorístico en -i se obtiene mediante apócope,
aféresis y sustitución de dicha vocal por i (Dori, Poli);
m) nombres de pila polisílabos (trisílabos, tetrasílabos o pen-
tasílabos) acabados en vocal distinta de i (Rebeca, Enriqueta,
Fernando): el hipocorístico en -i se obtiene mediante aféresis
y sustitución de dicha vocal por i (Bequi, Queti, Nandi), y,
más esporádicamente, mediante aféresis, apócope, síncopa y
sustitución de dicha vocal por i (Nani);
n) nombres de pila polisílabos (trisílabos, tetrasílabos o pen-
tasílabos) acabados en vocal distinta de i seguida de ­consonante
(Esteban, Elisabeth): el hipocorístico en -i se obtiene bien mediante
aféresis, apócope y sustitución de dicha vocal por i (Tebi)12,
bien mediante aféresis y adición de -i (Beti).

La irradiación del patrón general alcanza también a algunos monosílabos:

ñ) nombres de pila e hipocorísticos monosílabos en ­consonante


(Luz, Chon): el hipocorístico se obtiene mediante adición de -i:
Luci [< Luz], Choni [< Chon < Ascensión]13.

12 Es probable que la operación de sustitución en este caso y los anteriores se aplique después
de la apócope y la aféresis: Yoli [< Yola < Yolanda], Bequi [< Beca < Rebeca], Tebi [< Teba
< Esteban]…
13 Choni podría explicarse c­ omo resultado de sustituir la vocal -a de la base por -i: Choni
[< Chona < Chon < Ascensión] o por acortamiento del sufijo diminutivo: Choni [< Chonita
< Chon], igual que Luci: Luci [< Lucita < Luz] (véase infra, § 3.2). – En el caso de los

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


234 MARIO GARCÍA-PAGE

Por lo expuesto y lo que se explica a c­ ontinuación (§ 3), puede afir-


marse que el hipocorístico en -i tiene un ­comportamiento diferente del
hipocorístico general ante los mecanismos de formación, lo que justifica
su estudio independiente. Nuestra investigación se centra en el corpus
de ejemplos del español de España14. Es presumible que este corpus se
incrementara notablemente si se tuvieran en cuenta los hipocorísticos
oriundos de otros países de habla española (Boyd-Bowman 1955, Wijk
1964, Espita Reyna 1964, Morales Pettorino 1976, León Rey 1980, Flórez
1980, Costenla Umaña 1982, Urawa 1985, Espinosa Meneses 2001,
Gutiérrez Santana 2009 y 2013-2014, Gonzálvez 2016, entre otros); por
los estudios existentes sobre el hipocorístico en el español americano
(mexicano, colombiano, argentino, ecuatoriano, c­ hileno, etc.), se sabe que,
en la forja de hipocorísticos, el español de América es abiertamente más
rico, c­ on soluciones más atrevidas, que el español de España, no solo de
los acabados en i; muchos hipocorísticos ­consagrados en Hispanoamérica
–no obstante, a veces solo de alcance regional o local– son totalmente
desconocidos o de uso esporádico en España: limitándonos a los acabados
en i, Bibi [< Beatriz], Moñi [< Bonifacio], Nini, Mimi [< Herminia], Ruti
[< Ruth], Andi [< Andrés], Yudi [< Judith], Beti [< Beatriz, Elizabeth]…
(ejemplos de Boyd-Bowman 1955).
Con todo, aun ­considerando la hipótesis de que, en principio, cualquier
nombre de pila está capacitado para desarrollar un hipocorístico, lo cierto
es que son muchos los nombres de pila polisílabos que, aun reuniendo

hipocorísticos Chusi, Chuchi, Susi, creemos que el análisis más plausible es que se han
formado por sustitución por -i de la vocal final de una base bisílaba: Chusi, Chuchi, Susi
[< Chuso(a), Chucho(a), Suso(a) < Chus, Sus < Jesús, (María) Jesús], y no por adición de -i
a una base monosílaba: Chusi, Chuchi, Susi [< Chus, Sus < Jesús, (María) Jesús], aunque
tampoco es descartable.
14 En este sentido, es original, ya que muchos trabajos sobre el hipocorístico español, cita-
dos al principio, tienen en cuenta el español americano o se basan principalmente en el
corpus recogido en Boyd-Bowman (1955), ­compuesto primordialmente por hipocorísticos
hispanoamericanos. Existen también algunos estudios del hipocorístico en otras lenguas
de España, c­ omo el catalán (Cabré 1994, 1998; Casanova 1995), o hablas regionales, c­ omo
el navarro y el aragonés (González Ollé 1971, Buesa Oliver 1988). – Respecto del corpus,
cabe advertir, no obstante, que la selección no es fácil en algunos casos; no es fácil decidir
si un antropónimo es o no español: por ejemplo, los antropónimos que ­constituyen la base
de los hipocorísticos son muy diversos en cuanto a etimología y origen (griego, hebreo,
arameo, prerromano, latín, visigodo, árabe…; bíblico, mítico, literario, histórico…);
asimismo, están registrados numerosos nombres no oriundos de España traídos por
habitantes no nativos (sobre todo, de América latina) que se han hecho ­comunes. El
corpus incluye algunos préstamos más recientes de otras lenguas de España que están
asentados o se han generalizado (­como Aitor o Ainoa), pero no otros que mantienen una
impronta foránea o están menos extendidos.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 235

las ­condiciones fonéticas óptimas –­como tener la segunda o la tercera


sílaba interna en -i (o, incluso, ambas) o que c­ ontiene dicha vocal–,
ofrecen fuerte resistencia a desplegar un hipocorístico o que, de existir
este, no ha ­conseguido un nivel de generalización suficiente. Entre las
principales causas –de naturaleza extralingüística–, están la rareza
del nombre de pila base de formación del hipocorístico15 (baste pensar
en antropónimos ­como Espidíforo, Cirilina, Parisio, Irminia, Almina o
Teudiselo, todos ­con segunda sílaba en -i) y, en gran parte debido a ella, la
dificultad de reconocimiento de la base. Así, por ejemplo, las formas Egi,
Ervi, Odi, Almi y Teudi, aunque legítimos hipocorísticos por apócope de
Egidio, Ervigio, Odilio, Almina y Teudiselo ­conforme a criterios lingüísticos,
resultan, cuando menos, extraños debido fundamentalmente a la escasa
frecuencia de sus bases (son pocas las personas que actualmente se lla-
man así): no resulta fácil reconocer las bases a partir de sus respectivos
hipocorísticos16. Bien es cierto que otras bases más ­comunes también
15 La nómina de antropónimos raros o menos frecuentes es bastante extensa (todos ­contienen
una segunda o tercera sílaba en -i o c­ ompuesta c­ on i): además de los seis citados arriba, entre
otros, Transfiguración, Vistila, Fantino, Batilia, Plantila, Gláfida, Hermigio, Veridina, Eusiquicio,
Austiquiliniano, Auxibio, Ediltrudes, Hidacio, Baraquisio, Beraquisio, Sinclética, Finonila, Evasilio,
Evedina, Merenciana, Trifonia, Pociano, Agapio, Clicerio, Hierónides, Potino, Hermerico, Elacio,
Aristarco, Especioso, Alarico, Antigüedad, Berlinda, Emerencia, Prosperidad, Ursicio, Ursicina,
Cilinia, Sisinio, Donelio, Basiliso, Exiquia, Ercilia, Dativa, Auspicio, Pánfilo, Teotista, Batilde,
Aproniano, Epigmenio, Prisco, Lídice, Adelfina, Auxilio, Dioscórides, Eloíno, Leonisa, Fraternidad,
Afrodisia, Aparicia, Graciosa, Minervina, Eufronia, Euquerio, Prepedigna, Frumencio, Genadio,
Odilio, Liborio, Liberio, Crescenciana, Dictinio, Dictina, Liceria, Hermelindo, Isacia, Sinforiana,
Eufemiano, Parmenia, Quirico, Tiburcia, Expedito, Sigerico, Martiniana, Martino, Elicia, Peregrino,
Altamira, Analí, Berónica, Benoní, Belia, Atalía, Areli, Azarías, Ananías, Alvín, Abimael,
Austin, Amarilis, Alirio, Abdías, Aristóteles, Adonai, Adilia, Apolinario, Bolívar, Ladislaa,
Pancracia, Policarpa, Olivio, Melitona, Divino, Egidia, Ervigio, Gratiano, Graciana, Orencia,
Elpidia, Tarsicio, Sinesia, Segismunda, Priscilo, Palmiro, Prisciliana, Sibila, Arístides, Sandalia,
Eutimia, Landelina, Potenciana, Licinia, Malaquías, Tiberio, Antigua, Baudilia, Sigfrido,
Olimpio, Obdulio, Casiana, Catalino, Atilana, Heriberta, Filiberta, Restituta, Isolino, Celinda,
Teodomira, Domiciana, Eutimia, Artemia, Cira, Delio, Maximiana, Eufrasia, Domitilo, Publio,
Onésima, Armanda, Amancia, Serapia, Abundia, Ciriaca, Heliodora, Maximiliana, Atanasia,
Otilio, Casildo, Macaria, Saturia, Porfiria, Patrocinia, Agapita, Arsenia, Acisclo, Adonis, Honoria,
Aniceta, Toribia, Benilda, Balduino, Diógenes, Donata, Calixta, Betsaida, Aladino, Anaí, Alcira,
Mélida, Berenice, Elodia, Adelia, Eufemio, Edita, Higinia, Abilia, Tránsito, Abelino, etc.). La
rareza de estos antropónimos aumenta si se emplean ­con el género, femenino o masculino,
que, por diversas razones (etimología, historia, santoral, literatura, tradiciones populares,
cine, publicidad, política, etc.), es menos usual; por ejemplo, Segismundo, Ciriaco, Higinio,
Sigerico, Afrodisio, Saturio, Ciro y Fermín son más frecuentes que sus respectivos femeninos.
Según nuestra indagación, el número de personas que tienen ­como nombre de pila uno de
los señalados anteriormente, en el género gramatical citado, no superan los 1000; es más,
la mayoría de los citados en primer lugar no llegan siquiera a la veintena o treintena.
16 Sin embargo, en los entornos restringidos donde pueden funcionar ­como hipocorísticos, esa
rareza produce el efecto c­ ontrario si se trata de formas exclusivas, pues tales acortamientos

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


236 MARIO GARCÍA-PAGE

ofrecen resistencia al acortamiento por apócope, ­como los femeninos


Quintina, Fermina y Martina: ?Quinti, ?Fermi, ?Marti. Obviamente, la
rareza c­ omo criterio debe tomarse c­ on las reservas oportunas pues, al
margen de posibles análisis estadísticos, no es objetivo y depende de
factores geográficos, sociales, religiosos, ­culturales, de sexo, tradición,
moda, etc.: por ejemplo, hay nombres de pila que son ­comunes en un
área geográfica y extraños en otra, hay antropónimos muy ­comunes
en masculino e inusuales en femenino o a la inversa, o frecuentes en
un periodo e infrecuentes en otro, más normales entre gente mayor
que entre jóvenes o a la inversa… Otra causa de la resistencia a la
formación de hipocorísticos, de orden lingüístico, es que exista otro
hipocorístico derivado del mismo nombre de pila que sea más c­ omún,
goce de mayor prestigio o esté institucionalizado, o sea más transpar-
ente o de menor coste en el proceso de reconocimiento (­como es el caso
de los obtenidos solo por apócope), el cual actúa seguramente c­ omo
mecanismo de bloqueo: la estandarización y mayor transparencia de
los hipocorísticos Ceci [< Cecilia], Dioni [< Dionisio], Nati [< Natividad ],
Desi [< Desiderio], Cati / Lina [< Catalina], Feli / Chano [< Feliciano],
Marga / Margui / Rita [< Margarita], Valen / Tina [< Valentina], Cefe [<
Ceferino] y Primi [< Primitivo], Argi [< Argimira], Virgi [< Virginia], por
ejemplo, pueden bloquear o, al menos, dificultar la formación de los
posibles hipocorísticos *Cili, *Nisi, *Tivi, *Deri, *Tali, *Lici, *Gari,
*Lenti, *Feri, *Miti, *Gimi, *Gini, respectivamente (no obstante, no
debe olvidarse la preferencia a formar hipocorísticos mediante apócope,
frente a aquellos obtenidos por aféresis y apócope simultáneas, ­como es
el caso de los citados, a menos que se trate de soluciones institucional-
izadas, ­como Toni o Poli). También puede actuar ­como mecanismo de
bloqueo a la formación del hipocorístico de un nombre de pila raro la
existencia de otro hipocorístico derivado de un antropónimo corriente
que es formalmente idéntico: Meli [< Melisa / Melina / Mélida / Melitona
/ Melibea], Domi [< Domingo / Domiciano / Domitilo], Nati [< Natalia
/ Natividad / Renata / Donata], Poli [< Hipólito / Policarpo / Apolinar /
Apolonio / Apolinario…], Maxi [Máximo / Maximino / Maximiliano /
Maximiano…], Basi [Basilio / Basiliso…], Auxi [Auxiliadora / Auxilio /
facilitan la identificación de las bases: es muy posible que no existan nombres de pila
distintos de Egidio, Ervigio, Odilio, Almina y Teudiselo que empiecen por los segmentos
silábicos Egi, Ervi, Odi, Almi y Teudi. Cabría decir lo mismo, por ejemplo, de los acorta-
mientos Baudi, Higi, Tarsi, Tori, Porfi, Resti y Dicti, pues difícilmente se asociarían ­con
otras bases que no sean Baudilio, Higinio, Tarsicio, Toribio, Porfirio, Restituto y Dictinio,
respectivamente.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 237

Auxibio…], etc.; si bien puede suceder el efecto c­ ontrario: que el nom-


bre de pila poco usual adopte c­ omo suyo el hipocorístico del nombre
de pila corriente aprovechando su alto grado de institucionalización,
aunque su empleo quede limitado normalmente a entornos restringidos
o muy determinados (familia, vecindario, trabajo…)17. En otros casos,
la resistencia puede deberse a una razón de índole psicológica, social,
estética o interpretativa (anfibologías, etc.), ­como podría suceder ­con
Anti [< Antigua, Antigüedad ], Gili [< Virgilio, Gil], Mari [< Marino,
Mario, Mariano], Ridi [< Eurídice] o Casi [< Casiano, Casimiro]18. La
presencia de -i puede estar motivada por una de estas causas, junto ­con
la de mayor afectividad, en soluciones ­como las citadas Nati [< Nata
< Donata o Renata]) o Chuchi [< Chucho (< Suso) < Jesús]. Finalmente,
la resistencia al hipocorístico puede deberse a alguna razón que atenta
­contra el criterio de fidelidad, c­ omo podría ser el cambio fonético que
se produce cuando la ­consonante inicial donde se practica el corte
(­consonante de «ataque») es vibrante simple, pues hace muy difícil la
labor de reconocimiento de la base; sucede especialmente cuando el
acortamiento es por aféresis, sola o ­combinada ­con la apócope: *Rifi
[< Purificación], *Roni [< Jerónimo o Verónica], *Rici [< Mauricio], *Raci
[< Horacio], etc.19 En algunos casos, ­como se habrá podido advertir,
pueden ­confluir varias causas.

2. Mecanismos de formación de hipocorísticos en -i


Según nuestros datos, los dos principales mecanismos de creación de
hipocorísticos en -i son el acortamiento o truncamiento, del tipo Desi [<
17 Ocurre lo mismo c­ on otros hipocorísticos no acabados en i, ­como Edu (Eduardo, Eduvigis…),
Isa (Isabel, Isaías, Isaac, Isacio…), Nico (Nicolás, Nicomedes…) o Eu (Eugenio, Eulogio, Eulalia,
Eufemio, Eutimio, Eufrasio, Eufemiano…).
18 Piénsese en acortamientos del tipo Pene [< Penélope], Meón [< Simeón], Pito [< Agapito], Meo
[< Ptolomeo], Minga [< Dominga], Ano [< Casiano], Timo [< Timoteo], Hipo [< Hipólito], Mando
[< Armando], Ata [< Atanasio], Arte [< Artemio], Nata [< Natalio, Natanael, Renata, Donata],
Miro [< Casimiro, Teodomiro], Dios [< Diosdado], Dado [< Diosdado], Mundo [< Edmundo],
Cardo [< Ricardo], Medios [< Remedios], Sana [< Susana], Lixto [< Calixto], Palo / Loma [<
Paloma], etc. Aun así, insistimos en que estos acortamientos en calidad de hipocorísticos
son perfectamente viables, aunque en entornos restringidos; cuando un individuo de ese
entorno se dirige a otro del mismo entorno c­ on un hipocorístico así, su empleo resulta
natural: el término se usa despojado de ­connotaciones o ­con sentido unívoco.
19 En vocal distinta de -i: *Rico [< Federico], *Rata [< Honorata], etc. Curiosamente, según
algunos estudiosos, Rita parece derivar de Margarita; y, aunque se ha categorizado c­ omo
nombre de pila, funciona c­ omo hipocorístico en algunos c­ ontextos (por ejemplo, en la
serie televisiva Velvet, 2014).

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


238 MARIO GARCÍA-PAGE

Desiderio], y, en acusada menor proporción, la sustitución –de la vocal


(o grupo fónico20) final de palabra por -i, ­como en Pauli [< Paula]–,
seguidos del cruce léxico o acronimia21, que ha generado en torno a
una veintena de ejemplares ­con carácter institucionalizado: Luismi [<
Luis Miguel]; el alargamiento mediante el sufijo -i es, en cambio, un
recurso de muy baja productividad y suele producirse en antropónimos
monosílabos en c­ onsonante, bien nombres de pila, bien hipocorísticos
obtenidos por aféresis (por tanto, en ­combinación c­ on otro mecanismo:
el acortamiento): Choni [< Chon < Ascensión] (cfr. n. 8).
Salvo raras excepciones, y sin tener en cuenta los hipocorísticos
obtenidos por cruce léxico, puede afirmarse que todos los hipocorísticos
en -i recogidos en el corpus adoptan la estructura típica del hipocorístico
general (el bisílabo llano de ritmo trocaico), ­con la particularidad de
que su segunda sílaba presenta mayoritariamente la estructura C + V,
del tipo Javi (cfr., p. ej., Patri, de estructura C + C + V22). Se prescinde,
así, de otras estructuras silábicas propias del hipocorístico general, ­como
el bisílabo ­con segunda sílaba en ­consonante (Róber [< Roberto], Sátur
[< Saturnino], Asun [< Asunción]) o ­constituida esta únicamente por una
vocal media o alta que forma hiato ­con la vocal final, media o alta, de
la sílaba precedente (Bea [< Beatriz], Leo [< Leonor], Teo [< Teodoro])23,
el trisílabo (Visita [< Visitación], Candela [< Candelaria], Encarna [<
Encarnación]) y el monosílabo (Fran [< Francisco], Cris [< Cristina], Fer
[< Fernando]), aunque de estos dos últimos existen algunos ejemplos, la
mayoría ­con carácter no generalizado24: Chabeli [(< Chabela) < Isabel],
20 En el caso de grupo fónico (­conjunto de sonidos), ­como Pilar > Pili o Yolanda > Yoli, hemos
optado, tal c­ omo se ha dicho antes (n. 4), por interpretar que, además de sustitución, se
produce apócope.
21 En este trabajo ­consideramos la acronimia ­como sinónimo de cruce léxico, en el sentido de
Casado Velarde (1999, 2015), y se admiten ­como tales tanto los casos en que hay acorta-
miento en los dos formantes, sean cuales sean las operaciones que actúen (normalmente,
apócope y aféresis) y el orden ­como se produzcan, ­como aquellos en que solo uno de los
formantes sufre acortamiento. Con todo, la mayoría de los hipocorísticos en -i creados
por cruce léxico se obtienen por apócope, bien en uno de los formantes (Luismi), bien en
los dos (Mapi [< María (del) Pilar]).
22 Por lo general, las ­consonantes forman grupo fónico de oclusiva + vibrante.
23 La sustitución por -i de la última vocal provocaría un diptongo (por lo tanto, un monosílabo);
son poco probables *Bei, *Lei, *Tei.
24 Algunos hipocorísticos trisílabos adoptados por famosos, ­como Paquirri o Chabeli, suelen
alcanzar un mayor grado de generalización. – Frente a los hipocorísticos monosílabos
en ­consonante (los únicos posibles según Hernández-Paricio y Torres-Tamarit 2018),
los acabados en vocal son más bien esporádicos u ocasionales (cfr., no obstante, el citado
Eu, por ejemplo), aunque se aprecia en la actualidad cierta tendencia a su creación entre
los jóvenes y en el mundo de los famosos: Flo [< Florentino [ José Fernández Román]

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 239

Paquirri [(< Paquirro) < Paco], Francisqui [< Francisco], Moi [< Moisés],
Rai [< Raimundo].
Como ocurre c­ on el hipocorístico general, para la ­consecución de la
naturaleza llana de la sílaba, es preciso en muchos casos el desplazam-
iento del acento: Auxi [< Auxiliadora], Trini [< Trinidad ]. El cambio de
ritmo acentual es inexcusable en los casos de adición de -i, es decir, en
bases monisilábicas: Paz > Paci.
La sílaba ­con i del nombre de pila donde se practica el corte (o sea,
la segunda del hipocorístico) puede adoptar los siguientes esquemas: C
+ Vi (Remi [< ReMIgio]), C + C + Vi (Rodri [< RoDRIgo]), C + Vi + V
(Santi [< SanTIAgo]), C + C + Vi + V (Cipri [< CiPRIAno]), C + Vi + C
(Cloti [< CloTILde]), C + Vi + V + C (Dani [< DaNIEL]), C + C + Vi +
V + C (Gabri, Gabi [< GaBRIEL]). No parece haberse formado ningún
hipocorístico a partir de una base cuya sílaba interna ­con -i- objeto del
corte tenga la estructura C + C + Vi + C25. En este aspecto, el hipo-
corístico en -i se diferencia del resto de hipocorísticos al reducirse el
número de esquemas silábicos posibles.

2.1. Acortamiento
Como se ha indicado, cabe afirmar que, de los derivados de nombres
de pila simples (los c­ ompuestos se estudian en § 4), son abultada mayoría
los hipocorísticos en -i creados únicamente por apócope y, en menor
proporción, los obtenidos por apócope y aféresis a la vez, en tanto son
inexistentes los creados solo por síncopa –operación, no obstante, tam-
bién poco c­ omún en el hipocorístico general: Gonzo [< Gonzalo], Franco
o Frasco [< Francisco], Manel [< Manuel], Malena [< Magdalena])–, y casi
inexistentes los obtenidos solo por aféresis (es excepcional el caso de Celi,
Cheli [< Araceli]), frente a lo que ocurre ­con el hipocorístico general: Lupe,
Veva, Nando, Cisco, Tina, Berto, Nino, Mino, Lina, Teo [< Doroteo], Queta,
Colás, etc., y, c­ on palatalización o duplicación, Nacho, Quique, Chicho,
Chencho, Chelo, Goyo, Yayo, Lalo, Pipe, Chano, Pepa, etc.
(humorista): El show de Flo (TVE, 2003)], Pe [< Penélope [Cruz] (actriz)]…. Los pocos
hipocorísticos monosílabos en -i derivan de bases polisílabas c­ on diptongo decreciente
de vocal palatal en la primera sílaba. No son viables hipocorísticos del tipo *Fi [< Fidel],
*Pri [< Primitivo] o *Vi [< Visitación], salvo, en todo caso, en entornos muy determinados
(Buesa Oliver 1988 atestigua el caso de Pi [< Pilar]).
25 Según nuestra investigación, no se acortan por la sílaba ­con i para formar hipocorísticos en
-i, por ejemplo, ni Astrid, ni Beatriz ni Abril, aun ajustándose su última sílaba al esquema
C + C + Vi + C; tampoco apellidos c­ omo Sacristán, cuya segunda sílaba presenta dicha
esquema.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


240 MARIO GARCÍA-PAGE

2.1.1. Apócope
El corte de la base se produce normalmente de manera natural en
la sílaba interna que acaba en -i; cuando se crea un hipocorístico solo
por apócope, el corte se efectúa necesariamente en la segunda sílaba,
­conforme al patrón silábico estándar: Isi [< Isidoro], Virgi [< Virginia],
Boni [< Bonifacio], Candi [< Cándido], Maxi [< Máximo].
En otras ocasiones, el corte no es tan «natural», en el sentido de
que dicho corte no coincide c­ on el límite silábico, c­ omo ocurre cuando
la -i- es vocal primera de diptongo creciente: Santi [< Santiago], Glori
[< Gloria], Cipri [< Cipriano], Graci [< Graciela], Bibi [< Bibiana], Fabi
[< Fabiola], Juli [< Julia], etc.; o cuando precede a una c­ onsonante que
cierra sílaba: Mati [< Matilde], Cloti [< Clotilde], Beni [< Benigna], Domi
[< Dominga], Celi [< Celinda], Beli [< Belinda], Humi [< Humildad ], etc.;
o bien cuando se ­combinan ambas circunstancias, es decir, cuando la
-i es vocal primera de diptongo en sílaba trabada por ­consonante: Javi
[< Javier], Dani [< Daniel], Juli [< Julián], Dami [< Damián], Adri [<
Adrián], etc. Es también menos natural, aunque coincida c­ on el límite
silábico, la ruptura del hiato de -í- + vocal media / abierta átona, que
tiene lugar en nombres de pila, en su mayoría trisílabos, ­como Mari [<
María], Luci [< Lucía], Roci [< Rocío], Sofi [< Sofía], Mati [< Matías], Dari
[< Darío], Tobi [< Tobías], Eli [< Elías], etc. Estos cortes menos naturales
vienen favorecidos por el efecto de irradiación del patrón más c­ omún
de hipocorístico en -i, erigido en estereotipo: estos hipocorísticos se
formarían analógicamente a aquellos primeros de corte natural.
De acuerdo c­ on el corpus, cabría hacer la siguiente observación:
si el corte es natural (esto es, la segunda sílaba de la base acaba en i),
la estructura de la base ha de ser superior al bisílabo, ya que parece
no existir en español ningún nombre de pila bisílabo acabado en i
átona (que, obviamente, no requeriría acortamiento alguno), excepción
hecha de Eloy. No tenemos ­constancia de la existencia de hipocorísticos
derivados por acortamiento de antropónimos bisílabos en -i- (átona o
tónica) + c­ onsonante: Iris, Martín, David, Quintín, Fermín, Crispín, Alvín,
Jazmín…, aunque se oyen ocasionalmente soluciones ­como Davi o Marti
­con desplazamiento acentual. Si el corte no es natural (es decir, rompe
un diptongo o aísla la c­ onsonante trabada), pueden ser bisílabos, y, de
hecho, algunos están altamente institucionalizados, c­ omo Glori, Dani,
Juli o Javi; si bien, tal c­ omo se dijo al principio (§ 1 y n. 4), son más los
que ofrecen resistencia al acortamiento.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 241

2.1.2. Síncopa
Como se ha indicado antes, la síncopa sola no parece viable. De modo
excepcional, se da simultáneamente a algún otro mecanismo, ­como la
apócope en Gabi [< Gabriel], variante del más ­común Gabri (y supuesto
«homónimo» del hipocorístico de Gabino), y Beti [< Beatriz].
La síncopa interviene también en hipocorísticos aferéticos que han
sufrido un proceso más c­ omplejo de transformación, c­ omo Nani (< Nano
< Nando < Fernando) o, ­con palatalización, Cheli (< Chelo < *Suelo <
Consuelo) o Chari (< Charo < *Sario < Rosario). En estos casos la -i resulta
de la sustitución de la vocal final de la base.

2.1.3. Aféresis
Tampoco es viable la aféresis sola, salvo en el único caso ya indi-
cado: Celi [< Araceli], o, ­con palatalización, Cheli; esta restricción se
fundamenta en la casi inexistencia de nombres de pila españoles en -i
átona (Araceli, Areli, Eloy, Adonai…). La aféresis debe operar simultán-
eamente a otro procedimiento, que suele ser la apócope; si bien no
es un recurso especialmente productivo: Poli [< Hipólito, Apolinar],
Duli [< Obdulia], Toni [< Antonio], Geli [< Angelines], Gori [< Gregoria],
Sebi [< Eusebio], Lali [< Eulalia], Veni [< Bienvenida], Tavi [< Octavio],
Lumi [< Iluminado], Ladi [< Eladio], Mili [< Emilia], Eli [< Noelia],
Meli [< Amelia], Gusti [< Angustias, Agustina], Deli [< Adelina], Beli [<
Isabelina]…; son pocos los ejemplos de aféresis y sustitución (que no
necesariamente actúan de manera simultánea): Bequi [< Rebeca], Fonsi
[< Alfonso], Viri [< Elvira], Jandri [< Alejandro], Nari [< Genara], etc., y
aún menos los casos de apócope y aféresis simultáneas más sustitución:
Dori [< Adoración].
En general, ­como se indicó, en estos casos de aféresis y apócope
simultáneas (§ 2), hay fuerte resistencia a formar hipocorísticos aun
coincidiendo el corte c­ on una sílaba interior (generalmente, tercera) en
-i; tal resistencia se debe primeramente a que el derivado resulta opaco
a la base, o, lo que es lo mismo, a la dificultad de reconocimiento de la
base a partir del hipocorístico; antes se han citado soluciones supuesta-
mente vetadas c­ omo *Tivi [< Natividad ] o *Gini [< Virginia]. Téngase
en cuenta que, frente a lo que ocurre c­ on la operación de apócope sola,
aquí se prescinde de la cabeza de la palabra, c­ onstituyente más favorable
a la identificación. La dificultad de reconocimiento se incrementa nota-
blemente cuando el antropónimo es raro o poco frecuente, ­como podría

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


242 MARIO GARCÍA-PAGE

ser el caso de *Gidi [< Egidia], *Pidi [< Elpidio] o *Migi [< Remigia]. En
estos casos de aféresis, también resulta especialmente relevante ­como
causa de bloqueo el cambio fonético de la vibrante antes señalado: *Rifi
[< Purificación], *Roni [< Jerónimo].

2.2. Sustitución
Otro ­conjunto numeroso de hipocorísticos en -i se obtiene, a partir
de bases bisílabas (nombres de pila e hipocorísticos), por sustitución,
bien de la vocal final de palabra o sílaba: Petri [< Petra], Puerti [< Puerto],
Pauli [< Paula], Rosi [< Rosa], Pepi [< Pepa], Loli [< Lola], etc., bien,
menos frecuente, de un grupo fónico o serie de sonidos finales: Pili [<
Pilar], Santi [< Santos], Sami [< Samuel], Migui [< Miguel], etc., si bien
estos últimos ejemplos podrían interpretarse, c­ omo ya se ha señalado,
­como resultado de la acción ­conjunta de sustitución + apócope en tanto
se produce una reducción fonética; cabe suponer que, en el caso de Pili
y Santi, la acción de las dos operaciones sea simultánea y, en el caso de
Sami y Migui, ­consecutiva (la apócope precede a la sustitución). La sus-
titución podría venir determinada por analogía ­con el grupo anterior,
por esa fuerte tendencia a formar hipocorísticos en -i, sustentada en el
valor de patrón c­ onstructivo indicado. El cambio de vocal, aparte de
algún caso de eufemismo, c­ omportaría supuestamente un mayor grado
de afectividad26. Como podrá advertirse, la sustitución es más frecuente
en nombres de mujer.
La ­conmutación fonética, para generar hipocorísticos en -i a partir
de bases trisílabas, tetrasílabas o pentasílabas, ha de ­combinarse ya ­con
la apócope: Nati [< Natalia], Yoli [< Yolanda], Rafi [< Rafael], Fili [<
Filomena], Salvi [< Salvadora], Dori [< Dorotea], Susi [< Susana], etc.; ya
­con la aféresis: Fonsi [< Alfonso], Jandri [< Alejandro], Fredi [< Alfredo],
Tavi [< Gustavo], Viri [< Elvira], Bequi [< Rebeca], Susi [(< Susa) < Jesusa],
Nari [< Genara], etc.; ya, más raramente, ­con la apócope y la aféresis
a un tiempo: Dori [< Adoración], Poli [< Apolonia], Tebi [< Esteban]; es
presumible que la operación de sustitución tenga lugar no de manera
simultánea a la apócope o la aféresis, sino en una fase posterior: Yoli [<
Yola < Yolanda], Salvi [< Salva < Salvador], Guilli [< Guille < Guillermo],
Fonsi [< Fonso < Alfonso], Nari [< Nara < Genara], etc.
26 Para evitar la ambigüedad, a veces se procede de modo inverso, sustituyendo la «neutra»
-i por una -o o una -a, en virtud del sexo del referente: Poli [< Hipólito, a] > Polo, Pola;
Mauri [< Mauricio, a] > Mauro, Maura; Chuchi, Susi [< Jesús, Jesusa o (María) Jesús] >
Chucho, Suso, Chucha, Susa.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 243

Lógicamente, la c­ onmutación también alcanzaría a aquellos hipo-


corísticos que han sufrido violentas alteraciones fónicas en el proceso
de acortamiento (trueque de ­consonantes, palatalización, duplicación
­consonántica, etc.): Cheli [< Chelo < Consuelo], Chari [< Charo < Rosario],
Goyi [< Goya < Gregoria], Conchi [< Concha < Concepción], Loli [< Lola <
Loles < Dolores], Pepi [< Pepa (< Fefa) < Josefa], Paqui [< Paca < Francisca],
Monchi [< Moncho < Mon < Ramón]…
Podría suponerse, tal ­como han sugerido algunos autores (Stratmann
1935, Pharies 2002), que no es una sustitución fonética la operación que
se practica, sino el acortamiento de un diminutivo (en -ino o -ito)27 cuando
el corte tiene lugar en la vocal -i- del sufijo; se trataría, por tanto, de una
variante del caso descrito en 3.1. Esta hipótesis podría ser adecuada para
explicar un extenso ­conjunto de formaciones: Rosi < Rosita < Rosa, Lauri
< Laurita < Laura, Paqui < Paquita < Paca, Juani < Juanita < Juana, Luisi
< Luisita < Luisa…; en cambio, no se muestra tan evidente en otros casos
que no se obtienen únicamente por un simple corte del sufijo: Pili < Pil(arc)
i(ta) < Pilar, Sebi < Seb(astian)i(to) < Sebastián, Yoli < Yol(and)i(ta) < Yolanda,
Cati < Cat(alin)i(ta) < Catalina, Dori < (A)dor(acionc)i(ta) < Adoración, Salvi
< Salv(adorc)i(to) < Salvador, Guilli < Guill(erm)i(to) < Guillermo…
Otra prueba en c­ ontra de la hipótesis del diminutivo acortado la
encontramos en los nombres de pila c­ on hiato de -í- ­como Rocío o Sofía.
Tal hipótesis no explica la desaparición de una de las dos -i-, bien la del
sufijo, bien la de la base, en el proceso Rociito [< Rocío +-ito] > Roci, Sofiita
[< Sofía + -ita] > Sofi. Si se tratara de la -i- del sufijo, la hipótesis del
acortamiento del sufijo resultaría inconsecuente, pues no tiene sentido
añadir un sufijo y luego suprimirlo (obsérvese que en los otros casos la
reducción del sufijo afecta solo al segmento -to, preservando la -i-); si es
la -i- de la base la que se elide, el recurso al sufijo para inmediatamente
acortarlo en -i- resulta antieconómico, o superfluo, dado que la base ya
­contiene una -i-. Además, deja sin explicar por qué la adjunción del sufijo
afecta a la penúltima sílaba (la -í- del hiato) cuando en los demás casos
afecta solo a la última sílaba (la vocal final de la base, que se cancela):
por ejemplo, Rosita < Ros(a) + -ita.
Otra prueba ­contraria a dicha hipótesis es lo que podríamos llamar la
institucionalización de la -i ­como marca de femenino, a tenor del mayor

27 Cabe advertir que, para algunos autores, se trataría no de un sufijo (-ito, -ita), sino de un
infijo (-it-). – Obviamente, quedan fuera de esta interpretación los hipocorísticos en -i si
el corte se produce por una sílaba interna en -i, ­como Toni o Patri: en estos casos, no hay
adjunción de una -i que pudiera interpretarse c­ omo sufijo.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


244 MARIO GARCÍA-PAGE

número de hipocorísticos en -i c­ on referente femenino que existen en


español. Esta «feminización» de la -i es patente en algunos nombres
propios ­con moción -o, -e / -a: a menos que el c­ ontexto legitime su uso,
ciertos hipocorísticos en -i (o -y) resultan poco naturales para referentes
masculinos: Pepi < Pepa / *Pepe, Paqui < Paca / *Paco, Manoli < Manola
/ *Manolo, Vicky < Victoria (Victorita) / *Victorio (Victorito)…
La hipótesis de la sustitución de la vocal final por -i que nosotros
proponemos parece ser, además de sencilla, más apropiada que la del
acortamiento del diminutivo puesto que esta no resolvería el problema
de la vaguedad referencial que presentan ciertos hipocorísticos en -i,
­como, por ejemplo, Pepi o Paqui: de aceptar que derivan de un diminu-
tivo por acortamiento, su interpretación ­como acortamientos de Pepito
y Paquito es tan legítima ­como su interpretación ­como acortamientos
de Pepita y Paquita. La institucionalización de ciertos hipocorísticos en
-i para referentes femeninos –­como podría ocurrir en los casos indica-
dos (Pepi, Paqui, etc.) o en aquellos que proceden de nombres de pila
característicamente femeninos (Petri, Puerti, Pauli, Puri, Sari, Pili, Cheli,
Conchi, Loli, Palomi, Rosi, Blanqui…)– es seguramente la responsable del
bloqueo del acortamiento de nombres de pila de varón que pudieran
entrar en colisión ­con aquellos: así, cabe suponer que Lucio o Luciano
no se abrevian normalmente en Luci por haberse c­ onsagrado este c­ omo
hipocorístico de Lucía (o, más raramente, de Luciana o Lucinda); asi-
mismo, cabe suponer que Marino, Mariano o Mario no se acortan en Mari
(y aun menos ­con la forma Mary) por haberse institucionalizado este
­como hipocorístico de María28. A la ­consolidación de la -i ­como marca
de femenino c­ ontribuye poderosamente la rareza –a veces, extrema– del
masculino, en el español de España, de algunos nombres de pila ­con
moción, ­como Sandro, Evo, Lauro, Floro, Natalio, Mónico o Silvio, espe-
cialmente cuando el correspondiente femenino es, por el ­contrario, muy
­común (Sandra, Eva, Laura, Flora, Natalia, Mónica, Silvia): en nuestra
opinión, sería excepcional el empleo de los hipocorísticos Sandri, Evi,
Lauri, Flori, Nati, Moni y Silvi29 para referirse a los hombres llamados
Sandro, Evo, Lauro, Floro, Natalio, Mónico y Silvio, respectivamente. A
este c­ onjunto habría que sumar aquellos nombres propios sin moción
y de género «epiceno», que, aun siendo denominaciones de mujer de
28 En este caso, interviene otra causa de índole social, c­ omo el tabú, pues mari, aplicado a
varón, es el acortamiento eufemístico de marica o maricón.
29 Adviértase que en los dos últimos nombres la operación que interviene es el acortamiento,
no la sustitución, que es la se practica en los cuatro primeros y, junto ­con la apócope, en
el quinto.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 245

modo más habitual, se usan esporádicamente c­ omo denominaciones de


varón, ­como Natividad, Trinidad o Rosario; de nuevo, es extremadamente
raro –salvo, si acaso, en entornos familiares, de trabajo, etc.– el uso de
los hipocorísticos Nati, Trini y Chari (Charo) para nombrar a hombres
llamados Natividad, Trinidad y Rosario30.
Aunque menos usual, ocurre el caso inverso: la institucionalización de
la -i ­como marca de masculino (es decir, para referentes varones), ­como
sería el caso de Javi, Sergi, Dani o Dari, que se interpretan «automática-
mente» c­ omo acortamientos de los nombres de pila masculinos Javier,
Sergio, Daniel y Darío, debido inequívocamente a la mayor abundancia
de estos y, correlativamente, a la escasez –al menos, en proporción– de
sus correspondientes femeninos en el español de España: Javiera, Sergia,
Daniela, Daría.
Como podrá inferirse, el mecanismo de sustitución, solo o acom-
pañado del acortamiento, es, c­ ontrariamente a lo que ocurre c­ on el
resto de hipocorísticos, muy rentable en la formación de hipocorísticos
en -i. Por analogía o no ­con el esquema descrito en el epígrafe anterior
(Desiderio > Desi), el esquema Petra > Petri, exista o no un ciclo formativo
previo de alargamiento c­ on sufijo diminutivo, se instituye en un patrón
altamente productivo, en especial para nombres de mujer; casualmente,
es la -i del hipocorístico creado por truncamiento la vocal que a veces es
reemplazada por una -o o una -a para indicar género masculino o género
femenino en correlación ­con el sexo varón o hembra del referente: Poli
[< Hipólito, Hipólita] > Polo, Pola; Poli [< Apolonio, Apolonia] > Polo, Pola.
No obstante, tal cambio no es algo regular, sino ocasional: acontece más
en nombres de pila relacionados etimológica o morfológicamente ­con
otros de los que parecen ser su forma acortada: Justi [< Justino, Justina] >
Justo, Justa; Fausti [< Faustino, Faustina] > Fausto, Fausta; Rufi [< Rufino,
Rufina] > Rufo, Rufa; Mauri [< Mauricio, Mauricia] > Mauro, Maura.

2.3. Adición
Otro mecanismo de formación de hipocorísticos en -i, nada productivo,
es la adición (paragoge), que c­ onsiste en la adjunción precisamente de
dicha vocal (sufijo, para algunos autores) a un nombre de pila monosílabo
en ­consonante, ­como en Flori [< Flor], Paci [< Paz] o Luci [< Luz], o a un
hipocorístico en c­ onsonante creado previamente por acortamiento, del
tipo Beti [< Beth < Elisabeth], Choni [< Chon < Ascensión, Asunción], Chabeli
30 En italiano, sí diferencian Rosario de Rosaria.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


246 MARIO GARCÍA-PAGE

[< Chabel < Isabel] o Susi, Chuchi [< Chus < Sus < María Jesús], si bien
al menos en los dos últimos ejemplos, incluso el antepenúltimo, podría
suponerse la existencia de un paso intermedio del que derivaría el último
mediante ­conmutación vocálica: Chabeli [< Chabela < Chabel < Isabel],
Susi [< Susa < Sus < (María) Jesús], Choni [< Chona < Chon < Ascensión].
De asumir la hipótesis del diminutivo trunco, todas estas formaciones
en -i podrían ser el resultado del acortamiento del diminutivo, una vez
aplicado a la base: Flori [< Florita < Flor], Luci [< Lucita < Luz], Chabeli
[< Chabelita < Chabel < Isabel], Susi [< Susita < Sus < (María) Jesús]…
La adición de la -i serviría para normalizar la estructura fónica-silábica
típica del hipocorístico (bisílabo llano, generalmente acabado en vocal)
y, aunque sea muy raramente, para indicar el sexo del referente, gracias
al valor estereotípico de la -i ­como marca de femenino. Estas estrategias
son más ­comunes en los casos de adjunción de una -o (a veces, -a), del
tipo Mino [< Min < Fermín] y Quino [< Quin < Joaquín], o de sustitución,
del tipo Pola [< Poli < Hipólita]. Con todo, podría afirmarse que el
alargamiento es una operación poco productiva en la formación de
hipocorísticos en -i, frente a lo que ocurre ­con el resto de hipocorísticos,
donde la sufijación es bastante frecuente: Merceditas, Luquitas, Milagritos,
Manolete, Luisón, Piluca, Pilarica, Josele, Joselito, Carlangas, etc.

3. Cruce léxico
Otro mecanismo productivo de formación de hipocorísticos es el
cruce léxico o acronimia; si bien no abundan los hipocorísticos en -i, y,
de entre estos, algunos están más o menos institucionalizados y otros
son esporádicos o de ámbito restringido (familiar, laboral, etc.).
Una de las características particulares del hipocorístico en -i creado
mediante acronimia es que no adopta normalmente el patrón silábico
del hipocorístico creado por truncamiento (el que deriva de nombres de
pila simples, c­ omo los vistos hasta ahora); son más los ejemplos trisílabos
y tetrasílabos (Maripi, Maripili [< María (del) Pilar], Maripuri [< María
(de la) Purificación], Josemari [< José María], Juanmari [< Juan María],
Rosamari [< Rosa María], Anamari [< Ana María], Mariji [< María Jimena],
Maritrini [< María (de la) Trinidad ], Josemi [< José Miguel], Josevi [< José
Vicente], Marifi [< María Fidela], etc.) que los bisílabos (Mapi [< María
(del) Pilar], Mavi [< María Victoria], Luismi [< Luis Miguel], Juanmi [<
Juan Miguel], Juanvi [< Juan Vicente], etc.).

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 247

No existen hipocorísticos acronímicos monosilábicos, ni, creemos,


pentasilábicos.
También es particular, aunque atípico, el hipocorístico trisílabo
acronímico de ritmo agudo (anapéstico), frente al general trocaico del
bisílabo: Mariví [< María Victoria] (cfr., también, Mariló [< María Dolores]).

4. Consideraciones finales del hipocorístico en -i


Como habrá podido advertirse, algunos hipocorísticos en -i repre-
sentan a nombres de pila distintos, c­ omo ocurre ­con Emi, que puede
derivar tanto de Emilio / Emilia ­como de Emiliano / Emiliana; o Maxi,
que es el hipocorístico de Máximo, Maximiliano, Maximiano o Maximino;
o Eli, acortamiento de Elisa, Elia, Elicia, Elisabeth, Eliseo, Elisenda, Elías o
Noelia; o Feli, que puede ser el resultado de acortar Felisa, Felipa (o Felipe),
Felicidad, Felícitas, Felicísima o Feliciano, por ejemplo. Es un fenómeno
­común al resto de hipocorísticos: Seve [< Severo, Severino, Severiano], Teo
[< Teodoro, Teófilo, Teódulo, Teócrito, Teófanes, Timoteo, Doroteo, Mateo], Eu
(Eugenio, Eulogio, Eulalia, Eufemio, Eutimio, Eufrasio, Eufemiano…), etc.
En tales casos podría hablarse de una suerte de «homonimia» (­con las
reservas oportunas al tratarse de nombres propios)31.
A veces la c­ onvergencia se logra mediante alguna operación adicional
al simple acortamiento, ­como la sustitución o la supresión de un sonido
interno de la sílaba: Nati [< Natividad ~ Natalia ~ Renata], Beni [<
Benito ~ Benigno].
Los homónimos pueden obtenerse mediante mecanismos (metaplas-
mos) distintos: Nati [< Natividad, Natalia, Renata] (apócope / apócope +
sustitución / aféresis + sustitución); Justi [< Justa, Justina], Pauli [< Paula,
Paulina] y Mauri [< Maura, Mauricia] (sustitución / apócope); Eli [< Elisa,
Noelia] y Meli [< Melisa, Amelia] (apócope / aféresis + apócope), Poli [<
Policarpo, Hipólito o Apolinar, Apolonio] (apócope / aféresis + apócope /
aféresis + apócope + sustitución), Dori [< Dorotea, Teodora, Adoración]
(apócope + sustitución / aféresis + sustitución / aféresis + apócope +
sustitución)…

31 A veces se produce el fenómeno ­contrario: un mismo nombre de pila despliega dos o más
hipocorísticos distintos ­con el fin de diferenciar los referentes humanos; por ejemplo,
miembros de una misma familia, de un mismo trabajo, famosos, etc. (Fridichová 2014:
38).

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


248 MARIO GARCÍA-PAGE

Conclusiones
En español, un c­ onjunto extenso de hipocorísticos acaban en -i; la
inmensa mayoría presenta la estructura fónico-silábica característica
del hipocorístico general, el bisílabo llano32, y se obtiene por el mismo
mecanismo de acortamiento más ­común, la apócope: Feli, Emi, Patri,
Javi, Primi, etc. Esta abundancia de hipocorísticos en -i se debe, por un
lado, al hecho inmotivado de que muchos nombres propios de persona
­contienen una -i- interna en segunda y –en menor proporción– en ter-
cera sílaba: Felisa, Emilia, Patricio, Javier, Primitivo, Antonio, etc. –lo que
propicia la apócope c­ on corte en segunda sílaba (Feli), y la apócope y la
aféresis simultáneamente c­ on corte, respectivamente, en tercera y primera
sílaba (Toni)–, y, por otro lado, a la acción poderosa del patrón estructural
del hipocorístico en -i, capaz de forzar la creación analógica de nuevos
hipocorísticos recurriendo a otros procesos, ­como la sustitución –que
aquí, frente a lo que ocurre en el resto de hipocorísticos, se muestra muy
productiva, y alcanza no solo a nombres de pila (Rosi, Pili), sino también
a hipocorísticos obtenidos por truncamiento (Yoli, Loli)–, o alterando la
estructura silábica de la base mediante la cancelación de la vocal segunda
de diptongo creciente (Glori) o de la ­consonante trabada (Mati) o de
una y otra ( Javi), o provocando la escisión violenta de un hiato (Luci).
La preferencia por el hipocorístico en -i puede estar justificada por
los valores psicológicos asociados ­culturalmente a la -i (en especial,
la afectividad) o a la mayor intensidad ­con que supuestamente estos
se manifiestan, así ­como a la influencia (imitación) de antropónimos
extranjeros en -i o -y.
En parte por estas estrategias de generación y de difusión, el hipo-
corístico en -i presenta un ­comportamiento distinto, respecto del hipo-
corístico general, en relación ­con los mecanismos de formación: así, por
un lado, en tanto es muy representativa la operación de ­conmutación,
sobre todo ­con nombres de mujer (Petri [< Petra]), es poco representativa
la operación de alargamiento sufijal o paragoge (Luci [< Luz], Choni
[< Chon (< Ascensión)]), justo todo lo c­ ontrario de lo que ocurre c­ on el
hipocorístico general, que recurre a muy variados sufijos (Carlitos, Pepote,
Piluca, Luisón…); por otro lado, respecto de los procesos de truncamiento,
en tanto es mayoritaria la apócope (Candi [< Cándida]) –algo ­común
32 En esta generalización, no se tienen en cuenta los hipocorísticos creados mediante cruce
léxico, entre los que alterna el bisílabo c­ on el trisílabo y el tetrasílabo.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 249

también al hipocorístico general–, son prácticamente inexistentes la


aféresis (quizá la única excepción es Celi [< Araceli]) y la síncopa, salvo que
se ­combinen, aquella, c­ on la apócope (Poli [< Hipólita]) o la sustitución
(Bequi [< Rebeca]) o ­con ambas (Dori [< Adoración]), y, esta, ­con la apócope
(Gabi [< Gabriel]) o c­ on la aféresis ­combinada ­con la sustitución (Chari
[< Charo < Rosario]).
Asimismo, son muy pocos –y, además, carecen normalmente de
alcance general– los hipocorísticos en -i c­ on algún grado de general-
ización que no adoptan el esquema bisilábico, sea el monosilábico, sea
el trisilábico, los cuales son más habituales en el resto de hipocorísticos:
los hipocorísticos en -i monosílabos se obtienen por apócope, general-
mente de bases c­ on primera sílaba ­con diptongo decreciente (Moi [<
Moisés]), y no pueden, lógicamente, adoptar el esquema más habitual
del hipocorístico monosilábico –el acabado en ­consonante (Fer)–; los
hipocorísticos en -i trisílabos se obtienen bien por mera sustitución
(Palomi), bien c­ on el c­ oncurso de la apócope y la sustitución (Encarni) o
de la aféresis y la sustitución (o la adición) (Chabeli) –salvo que se trate
de la simplificación del diminutivo–.
En cuanto a la estructura fonética de la sílaba final, también el
hipocorístico (bisílabo) en -i presenta diferencias respecto del resto de
hipocorísticos, pues reduce drásticamente su ­composición a los esquemas
C + V (Toni), el mayoritario, y C + C + V (Patri).
No obstante las observaciones aquí expuestas, cabe advertir que no
sería difícil encontrar soluciones hipocorísticas que no encajen en las
estructuras señaladas.

Mario García-Page
UNED (Madrid)

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


250 MARIO GARCÍA-PAGE

Bibliografía
Boyd-Bowman Peter (1955): «Cómo obra la fonética infantil en la formación
de los hipocorísticos», Nueva Revista de Filología Hispánica, 9:4, p. 337-364.
Buesa Oliver Tomás (1988): «Recursos fónicos en la afectividad de los
antropónimos», in M. Ariza et al. (eds.), Actas del I Congreso Internacional
de Historia de la Lengua Española, 1, Madrid, Arco/Libros, p. 1613-1639.
Buesa Oliver Tomás (1989): «Antropónimos afectivos ­con palatal /ŝ/ en
Aragón», in P. Peira et al. (eds.), Homenaje a Alonso Zamora Vicente. II.
Dialectología. Estudios sobre el Romancero, II, Madrid, Castalia, p. 39-52.
Cabré Teresa (1994): «Minimality in the Catalan Truncation Process», Catalan
Working Papers in Linguistics, 4:1, p. 1-20.
Cabré Teresa (1998): «Faithfulness to Prosodic Edges. Dialectal Variation
in Truncated Words in Catalan», Catalan Working Papers in Linguistics,
6, p. 7-22.
Camus Bergarache Bruno (2016): «La morfología de los nombres propios»,
Lingüística española actual, 38:2, p. 269-280.
Casanova Emili (1995): «Els hipocorístics en -O en valencià: una interpetación»,
Bulleti interior de la Societat d­ ’Onomàstica, 62, p. 28-36.
Colina Sonia (1996): «Spanish truncation processes: the emergence of the
unmarked», Linguistics, 34:6, p. 1199-1218.
Costenla Umaña Adolfo (1982): «Los hipocorísticos costarricenses», Estudios
de Lingüística Hispánica, serie B, tomo 1, p. 5-51.
De Bruyne Jacques (1995): Eutrapelías del alfabeto español, Madrid, Visor.
Espinosa Meneses Margarita (2001): «De Alfonso a Poncho y de Esperanza
a Lancha: los Hipocorísticos», Razón y Palabra, 1, 10 p.
http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n21/21_mespinosa.html
Espita Reyna Yolanda (1964): Hipocorísticos bogotanos, Bogotá, Instituto Caro
y Cuervo.
Feliú Elena (2001): «Output ­constraints on two Spanish word-creation
processes», Linguistics, 39:5, p. 871-891.
Flórez Luis (1980): «Sobre hipocorísticos», Boletín de la Academia Colombiana,
30: 127, p. 57.
Fridrichová Radka (2014): «Report on the truncations of proper names --
specificities of onomastic truncated words». Linguistica pragensia 1, p. 34-44.
García-Page Mario (2014): Cuestiones de morfología española, Madrid, CERA.
González Ollé Fernando (1971): «Antropónimos hipocorísticos navarros de
mediados del siglo XIV», in Homenaje a don José Esteban Uranga, Pamplona,
Aranzadi, p. 485-491.
Gonzálvez Herminia (2016): «Diminutivos, hipocorísticos y otras formas
de nombrar a los parientes en Santiago de Chile». Revista de dialectología y
tradiciones populares 71:1, p. 215-232.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


EL HIPOCORÍSTICO ESPAÑOL EN -I 251

Gutiérrez Santana Lucila (2009): Procesos fonológicos utilizados en la elaboración


de hipocorísticos, tesis doctoral, Chile, Universidad de Concepción.
Gutiérrez Santana Lucila (2013-2014): «Hipocorísticos y truncamiento de
nombres propios indoeuropeos y de la lengua náhualt», Temas antropológicos.
Revista Científica de Investigaciones Regionales, 36:1, p. 73-84.
Hoffman Robert J. (1969): «The derivation in Spanish hypocoristics», in
R. I. Binnick et al. (eds.), CLS, 5, Chicago, Chicago Linguistic Society,
p. 366-373.
León Rey José Antonio (1980): «Apodos e hipocorísticos», Boletín de la
Academia Colombiana, 30: 127.
Lipski John M. (1995): «Spanish hypocoristics: towards a unified prosodic
analysis», Hispanic Linguistics, 6:7, p. 387-434.
Martínez-Paricio Violeta y Torres-Tamarit Francesc (2018): «Trisyllabic
hypocoristics in Spanish and layered feet», Natural Language & Linguistic
Theory, 36:1, p. 1-33. [https://doi.org/10.1007/s11049-018-9413-4]
Montero Curiel María Luisa (2012): «Procesos lingüísticos en la creación
de hipocorísticos», in A. Fábregas et al. (eds.), Los límites de la morfología.
Estudios ofrecidos a Soledad Varela Ortega, Madrid, UAM, p. 287-298.
Monzó Gallo Carlos (2017): «Hipocorísticos en /-i/: iconismo fonético de la
afectividad», Revista española de lingüística, 47:2, p. 7-28.
Morales Pettorino Félix (1976): «Los hipocorísticos en Chile», Signos,
9:1, p. 95-116.
Morera Pérez Marcial (2017): Cortesía, apodos e hipocorísticos en español:
fundamentos lingüísticos, Madrid, Arco/Libros.
Pharies David (2002): Diccionario etimológico de los sufijos españoles y de otros
elementos finales, Madrid, Gredos.
Piñeros Carlos-Eduardo (2000a): «Prosodic and segmental unmarkedness
in Spanish truncation», Linguistics, 38:1, p. 63-98.
Piñeros Carlos-Eduardo (2000b): «Foot-sensitive word minimization in
Spanish», Probus, 12:2, p. 291-324.
Plénat Marc (2003): « ­L’optimisation des attaques dans les hypocoristiques
espagnols », Langages, 152, p. 78-101.
Prieto Pilar (1992): «Truncation processes in Spanish», Hispanic Linguistics,
5:1-2, p. 169-205.
Rae y Asale (2014): Diccionario de la lengua española. Madrid: Espasa.
Roca Iggy y Feliú Elena (2003): «Morphology in truncation: the role of the
Spanish desinence», in G. Booij y J. van Marle (eds.), Yearbook of Morphology
2002, Kluwer Academic Publishers, p. 187-243.
Sánchez Fajardo José Antonio y Rodríguez González Félix (2028):
«Motivations and morphological variations in clipped personal names: A
cross-linguistic approach», Lingua, 206, p. 35-48.
Sanz Álvarez Javier (2015): The phonology and morphology of Spanish hypocoristics,
MA diss., Noruega, University of Tromsø-Artic University of Norway.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.


252 MARIO GARCÍA-PAGE

Stratmann Josef (1935): Die hipokoristischen Formen der neuespanischen Vornamen,


Colonia.
Urawa Mikío (1985): «Muestra de hipocorísticos en el español bogotano»,
Thesaurus. Boletín del Instituto Caro y Cuervo, 40, p. 51-102.
Wijk Henrik L. A. van (1964): «Los hipocorísticos hondureños», Romanistisches
Jahrbuch, 15, p. 302-312.

© 2018. Classiques Garnier. Reproduction et diffusion interdites.

Vous aimerez peut-être aussi