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Júpiter ha duplicado su campo magnético, y ha generado en estos últimos años una

segunda mancha roja de dimensiones casi tan grandes como la Tierra. Los casquetes de
hielo de Marte han sufrido un deshielo a un ritmo sin precedentes (Dr. Habibullo
Abdussamatov, Jefe de Investigación Espacial del Observatorio Astronómico Pulkovo
de San Petersburgo, 2007). Todo ello, consecuencia del incremento de energía que se
está recibiendo.
Según Dmitriev, el estado excitado de nuestra heliosfera afecta a todos los organismos
del Sistema Solar, desde el Sol hasta los procesos vitales del ser humano.
Nube de Oort: A casi un año luz del Sol, en los límites del Sistema Solar, compuesta por
cometas y asteroides.
El equipo Starviewer ha desarrollado un modelo científico basado en los modelos
previos propuestos por el Dr. John J. Matese y el Dr. John B. Murria, así como las
observaciones realizadas por los Doctores Geoffrey W. Marcy y Ben R. Oppenheimer
(que contribuyeron a descubrir la EM ‘Gliese 229B’, así como su conducta respecto a su
estrella principal).
Este modelo explica las perturbaciones simultáneas de las fuerzas de gravedad
existentes en los cometas de la Nube de Oort, así como el viento procedente de la
galaxia, cuyo origen estaría en la presencia de una EM.
Cotejando el comportamiento de otros ‘objetos estelares M5’ (EM), con las
características de los fenómenos reportados en la Nube de Oort, el equipo científico ha
llegado a la conclusión de que lo que acontece en el Sistema Solar, incidiendo
directamente sobre los cuerpos de la Nube de Oort, es una EM.
El conjunto de los cometas de la Nube de Oort es de conocimiento reciente, aunque una
serie de estudios (Matese y Whitman, en 1992, y Wiegert y Tremaine, en 1999) nos
demuestra que los cometas de Oort observados hasta hoy (aquellos que orbitan
perpendicularmente con el Sol), están bajo la influencia de las fuerzas electromagnéticas
que proceden de la marea cósmica exterior a Oort (y por tanto al Sistema Solar).
Concluimos diciendo que la fuerza de gravedad estelar (procedente de la EM) y las
perturbaciones electromagnéticas de la zona de marea galáctica (procedentes de la Vía
Láctea), influyen conjuntamente sobre dichos cometas. Aunque la primera casi duplica
la influencia ejercida por la segunda.
El problema reside en que la influencia de la EM se incremente a medida que ésta se
introduce en el interior de la Nube de Oort (estudios de Stern y Weissman, 2001;
Levison, 2001).
Una de las consecuencias que en la actualidad se están produciendo –en nuestro planeta-
como combinación de los diversos factores anteriormente expuestos, es la reversión
geomagnética. Se trata de un fenómeno que sabemos es cíclico, que ya se ha producido
con anterioridad. Y consiste en una rápida reducción de la fuerza del campo magnético
del planeta, así como el desplazamiento de la región del polo norte magnético hacia la
región del polo sur magnético, y viceversa. Una vez ese proceso se hubiera completado,
las brújulas señalarían hacia la Antártica, en vez de cómo señalan en la actualidad, hacia
el norte de Canadá.
Consecuencia de la reversión geomagnética la Tierra disminuirá su capacidad para
desviar los rayos gamma. Se entiende que ello -sobre exposición a la radiación solar-
conllevaría una serie de efectos inmediatos: caída de satélites, inutilidad del sistema
GPS, y todas las consecuencias sociales provocadas por dichos fenómenos anómalos.
Dicho esto, no existe capacidad científica actual para predecir cuándo se podría producir
la reversión geomagnética.
El proceso geomagnético terrestre se desarrolla en función de la dinámica interna del
planeta, consistente en el movimiento de rotación (sobre su propio eje) y la dinámica del
hierro fundido del núcleo. El movimiento de esa masa líquida instala un campo
magnético global cuyos polos se sitúan en las regiones polares norte y sur. El campo
magnético resultante (bipolar), similar a un imán, envuelve a nuestro planeta, pasa a
través del núcleo hacia la corteza, y asciende al espacio convertido ya en la
magnetosfera de la Tierra, una burbuja protectora que sirve de protección frente al azote
de los vientos solares. De ese modo, la magnetosfera desvía las partículas cargadas del
viento solar, sólo permitiendo su acceso a través de las cúspides de las regiones polares,
donde las líneas del campo magnético quedan abiertas. De ahí las auroras.
La investigación reciente (publicada en Science, 26 de septiembre de 200 parece
indicar procesos mucho más complejos. Además de los polos norte y sur, hay un campo
magnético más débil que se extiende alrededor de la Tierra, probablemente generado
desde el núcleo exterior del planeta. Ese campo magnético más sensible sería crítico,
determinante, para que se produzca una reversión geomagnética. Si el campo bipolar
más fuerte reduce su fuerza hasta la de este segundo campo magnético, generalmente
más débil y distribuido (no localizado en los dos polos), una reversión geomagnética es
mucho más probable. Parece ser que, cuando el campo bipolar se ha debilitado por
debajo de cierto umbral, el campo distribuido fuerza un cambio geomagnético.
(Estudio de Brad Singer, geo-cronólogo de la University of Wisconsin)
De momento (agosto 2009), sabemos que un posible cambio geomagnético es un
proceso lento, pero que ya se está produciendo. Según los datos verificados con el
NOAA, se ha producido ya un cambio de 19º en el eje de rotación (sobre su propio eje).
Ese cambio comenzó a producirse a finales de marzo pasado.
Poco a poco se está logrando definir que las perturbaciones (incluyendo CMEs-
Ionisfera-Magnetosfera) que están aconteciendo en todo el Sistema Solar, obedecen a un
patrón de sistema solar binario.
Así mismo, un completo informe de la Aviación Internacional ya puso de relieve en
2006, el incremento de las tormentas geomagnéticas en las zonas ecuatoriales, como
consecuencia de cambios anormales y súbitos en la Ionosfera.
El informe advierte de la rápida y súbita formación de tormentas geomagnéticas, que
emanan de los límites de la placa tectónica de África. Consecuencia de esa anomalía, en
junio de 2009 se producen dos importantes accidentes aéreos; el primero, un avión de
Air France, cerca del límite occidental de la placa tectónica africana, cerca de Brasil; el
segundo, avión de Yemen Airways, en el límite oriental de la placa tectónica africana,
con destino a las Islas Comores.
Ambos eventos catastróficos deben ser observados en conjunto, como consecuencia de
las alteraciones que se están produciendo en la Ionosfera (empobreciéndola, restándole
densidad), con especial incidencia en la zona ecuatorial.
Aportando algo más de luz a este particular, en 2006, la Organización de la Aviación
Civil Internacional (OACI), incorporó en sus bases un protocolo aéreo general –con
base científica en un estudio de la Agencia Espacial Europea (ESA) de 2005- relativo a
las medidas a tomar ante las anomalías geomagnéticas en el Atlántico sur.
En dicho documento protocolario se informa que la zona geográfica en cuestión padece,
a niveles de la ionosfera, ciertos ‘huecos’.
Paradójicamente, las conclusiones de la ESA no coinciden con las de la NASA, que
insiste en afirmar que todas estas alteraciones son producidas por las emisiones de CO2,
sin que los rayos cósmicos tengan relación con el fenómeno. A pesar de esas
diferencias, NASA instaló en 2007 el SPT (Telescopio Polar Sur), con el fin de estudiar,
precisamente, las emisiones de rayos cósmicos.
A todo ello debemos sumar nuevos informes: el del 4 de junio de 2009 emitido por
CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), que expone las mismas
conclusiones del informe de ESA. Esto es: las capas intermedias y altas de la atmósfera
están siendo objeto de emisiones ionizadas de rayos cósmicos que estarían alterando la
composición de las nubes, así como extrañas tormentas magnéticas. Todo ello, a juicio
del informe, obliga a una urgente revisión de las teorías sobre el calentamiento terrestre.
En conjunto, podemos decir, que las perturbaciones que se están produciendo en todo el
Sistema Solar, se manifiestan en la Tierra de la siguiente manera:
Incremento de la radiación cósmica en la atmósfera. La protección de la ionosfera y la
magnetosfera, empieza a no ser completa, por lo que tenemos riesgo serio de empezar a
sufrir irradiaciones de rayos cósmicos, debido precisamente al nivel de stress constante
de ésta. (No puede filtrar todos los rayos cósmicos). Una de las consecuencias de esto,
es incremento de sensación de presión en la cabeza, malestar general, náuseas, vómitos,
febrícula, cansancio, apatía, síntomas muy parecidos a los de la famosa gripe porcina y
que corresponden a intoxicación radioactiva leve.
Se produce una disminución de la Capa de Ozono, que está más perjudicada en las
zonas del sur del globo, justo donde mayor stress recibe la magnetosfera, así con un
adelgazamiento de la Ionosfera hasta niveles críticos en las zonas ecuatoriales.
Estamos entrando (todo el Sistema Solar) en una zona inusualmente desprotegida del
brazo galáctico (de Orión), en la que estamos más expuestos que de costumbre a las
radiaciones cósmicas provenientes del centro galáctico, que es un enorme agujero
negro.
Una EM es un objeto –cercano al tamaño de Júpiter- que sólo puede localizarse por sus
emisiones de calor, mediante el espectro de infrarrojos.
La mayoría de las estrellas de nuestro entorno son binarias. En 2009, basado en los
descubrimientos de J. Murray y J. Matese, se ha demostrado que nuestro sol tiene una
enana marrón, orbitando cada 3.630 años, con una órbita muy parecida a la que realiza
Próxima Centauri respecto de Alfa Centauri A y Alfa Centauri B, que es de rotación
circular sincronizada.
Esta compañera solar es la única explicación posible al comportamiento anómalo que
está experimentando el Sistema Solar. La atracción estelar entre nuestro Sol y su
‘hermana’ (G1.9) está contrayendo gravitacionalmente las órbitas de todos los planetas.
La EM (G1.9) en cuestión vendría acompañada de –al menos- cinco satélites rocosos.
En estos momentos, la posición de la EM es Sagitario, perturbando notablemente la
órbita de Plutón y Júpiter, aunque su influencia se hace notar en todo el Sistema Solar.