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LA CONTABILIDAD: RESEÑA HISTÓRICA

El llevar un registro histórico de todo acto del hombre que tuviera significación
económica (apreciable en base a valores) ha sido una necesidad que se remonta al
origen mismo del comercio.

Este registro ha permitido conocer la forma en que el hombre iba acumulando


riquezas, como consecuencia del intercambio de bienes y servicios, y poder
determinar la cuantía de los mismos.

En efecto, en su faz primitiva, el comercio impuso al hombre la necesidad de proteger


sus propios intereses en las operaciones de trueque, con el fin de evitar ser
perjudicado en los valores que se le asignaban a los objetos sujetos al cambio.

Para ello debió aprender a distinguir las cosas por su número y volumen con el fin de
facilitarle su medida e interesarse en todo aquello que le fuese necesario para
desenvolverse en el ambiente económico en que se desempeñaba.

La poca capacidad de su memoria le impulsó a utilizar otros medios para dejar


constancia de sus operaciones, recurriendo en un principio a símbolos o elementos
gráficos, luego a números o palabras escritas, creando, en esa forma, un sistema de
registro que fue perfeccionado con el tiempo.

Las necesidades que le imponía la vida práctica crearon una especie de norma
empírica impuesta por su propia experiencia y la de la que realizaban operaciones
comerciales con él; dichas normas se fueron extendiendo mediante su tradición verbal
y escrita.

Surgen, posteriormente, modificaciones a tales normas, creando principios que son


aceptados en forma general y el empirismo inicial se transforma, en base a métodos
racionales, elaborándose una disciplina que ha agrupado todos esos conocimientos y
técnicas: la contabilidad.

Hasta el siglo XV, la anotación de operaciones, tanto públicas como privadas, consiste
en un registro simple que, en algunos casos, se efectúa clasificando los conceptos de
acuerdo con su significación en el patrimonio (entradas, salidas, aumentos,
disminuciones) conociéndose esta técnica con el nombre de PARTIDA SIMPLE.

Recién a mediados del siglo XVI se ha notado el empleo de un método similar al hoy
existente, el de la PARTIDA DOBLE. Este avance fue debido al conocido monje
franciscano Luca Paciolo.

El hecho de que Paciolo fuera un monje, alejado por sus hábitos de las actividades
mercantiles, y dado que su libro trata tan adecuadamente el tema, demostrando un
conocimiento cabal de los problemas de la contabilidad comercial y exponiendo una
solución tan ajustada a la práctica, ha motivado la suposición de que Paciolo no
escribió realmente el libro sino que alguien - quizás un ex-tenedor de libros o ex-
comerciante plegado a la Orden - lo escribió para él. Pero esta suposición no parece
cierta porque Paciolo era un hombre ilustre de la época, profesor de matemáticas y
teología y secretario de cardenales. No es verosímil que un hombre de su condición
firmara un trabajo ajeno teniendo tantos merecimientos propios. Más bien la
explicación de su profundo conocimiento de la materia puede estar en el hecho de que
las órdenes religiosas de la época practicaban también el comercio y, posiblemente,
Paciolo había llevado y organizado personalmente la contabilidad del convento a que
pertenecía, aprovechando la experiencia de unos años vividos en Venecia donde
trabajó algún tiempo en la casa de comercio de unos familiares.

Que Paciolo no fue el creador del sistema está demostrado no sólo por la anterioridad
de los libros a partida doble encontrados, sino porque él mismo al comienzo de su
libro dice: "Este tratado adopta el sistema usado en Venecia... etc". Pero no hay duda
de que su contribución a la difusión de la contabilidad es histórica, porque su libro
reúne la estructura completa de la contabilidad a partida doble, no sólo con la
explicación de los libros necesarios sino también con una exposición muy avanzada
de procedimientos, a tal punto que aún hoy es dable encontrar contabilidades llevadas
exactamente de acuerdo con la forma preconizada por Paciolo, en lo cual no se sabe
si admirar más su espíritu vidente al preparar un trabajo muy adelantado a su época, o
el espíritu conservador de quienes aún hoy siguen con el uso de métodos dejados tan
atrás por la marcha del progreso. (Eliseo Miró - Contabilidad Mecánica).

Al no sentarse en principios que pudieran mantenerse a través del tiempo, el registro


contable sufrió el embate propio de la rápida evolución que alcanzar el comercio y la
industria, y otras técnicas se fueron sucediendo de manera vertiginosa.

Se establecen principios de general aceptación que, aún cuando no constituyan


normas de aplicación obligatoria, en base a estos principios surgen algunas
disposiciones de carácter oficial que tienden a sujetarse a los mismos.