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Diario La Nación - Sección Educación

Domingo 27 de noviembre de 2005 | Publicado en edición impresa

Investigador: universidades, en clave histórica

El historiador Pablo Buchbinder analiza en su libro Historia de las universidades argentinas


(Sudamericana) la relación de esas instituciones educativas con los diferentes actores políticos y
culturales del país desde el siglo XIX hasta hoy

Una Universidad nacida para formar profesionales, que sólo incorporó la investigación como actividad con el paso del siglo XX,
atada a los avatares políticos del país y muchas veces separada de la producción intelectual de su tiempo: así se puede ver a la
universidad argentina cuando se la mira con perspectiva histórica.
A eso se dedica el historiador Pablo Buchbinder en el libro Historia de las universidades argentinas, que acaba de publicar editorial
Sudamericana. Un documentado recorrido por la trayectoria de estas instituciones, desde la fundación de la casa de estudios de
Córdoba, en el siglo XVII, hasta las reformas de la década del 90.
"Es probable que en muchos países uno no pueda hacer una historia cultural o de las ideas sin pasar por la Universidad. En la
Argentina, en muchos períodos, eso se puede hacer efectivamente", dijo a LA NACION Buchbinder, también investigador del
Conicet y docente de la UBA y de la Universidad Nacional de General Sarmiento.
Buchbinder, que recopiló y sintetizó en el libro sus investigaciones de los últimos siete años, eligió como eje para su relato -con una
mirada abarcativa bastante infrecuente en la producción historiográfica sobre la universidad- las vinculaciones entre esa institución
y sus actores con la vida política y cultural del país.
"Hay momentos de la historia de la universidad argentina donde hay efectivamente una relación muy estrecha entre la vida cultural
y la producción intelectual de la universidad. Hay otros períodos muy extensos donde esa relación no es tan clara", dijo.
-¿De qué depende?
-La universidad argentina que nace con la ley Avellaneda en 1886 surge con un perfil fuertemente profesionalista. El objetivo de la
universidad en sus orígenes fue la formación de profesionales, especialmente liberales. Esa orientación no era necesariamente
impresa por las élites dirigentes que la conducían, sino que era una demanda de quienes venían a estudiar a la universidad, que
reclamaban esencialmente un título profesional. Eso le dio una característica bastante específica, que hizo que su relación con la
vida intelectual fuese una relación marginal. Pero fue cambiando. Hay épocas en que esa relación se vuelve más estrecha, como en
los años 20, y a finales de los 50 y principios de los 60. La otra cuestión que ha incidido de manera negativa ha sido el impacto de
las coyunturas políticas nacionales sobre la vida universitaria y sus instituciones.
-¿Qué tan atada está la universidad argentina a los avatares políticos del país?
-Con una perspectiva de largo plazo, creo que ha existido un período a partir del año 1943, con el golpe militar, hasta los años 80,
donde los avatares políticos han incidido decisivamente en el funcionamiento de la universidad. Fue muy difícil desde 1945 hasta el
final de la última dictadura mantener una vida universitaria relativamente autónoma o al margen de las cambiantes coyunturas
políticas. Creo que esa situación se ha modificado con la democracia.
-¿Qué impacto tuvieron esos años?
-El impacto principal es la imposibilidad de regular una vida académica y universitaria autónomas. En esos años era imposible
llevar adelante un proyecto científico preservado del impacto de las coyunturas políticas.
-Usted afirma que, a lo largo de su historia, la universidad argentina ha cumplido distintas funciones. ¿Hay alguna que
predomina o se mantiene a través de los años?
-La universidad argentina de principios del siglo XX asumió como una de sus funciones centrales la formación de profesionales que
el propio desarrollo de la Argentina demandaba. Eso les permitió a muchos de los hijos de inmigrantes llevar a cabo un proceso de
ascenso social. La universidad del siglo XX fue también importante como ámbito de socialización de las élites políticas. A lo largo
del siglo XX ha ido adquiriendo otra función, que era hasta cierto punto marginal, que es la producción y la investigación científica.
La práctica de la investigación se fue convirtiendo en una actividad central de la universidad, al lado de la formación.
-No estaba en su impronta inicial.
-No, pero si uno lee la historia de la universidad a lo largo del siglo XX, se puede advertir que entre quienes la conducían había una
conciencia muy fuerte de las insuficiencias del modelo profesionalista. Desde la élite existía la idea de que una universidad en pleno
sentido del término tenía que incorporar la actividad vinculada a la investigación, a la creación cultural, a la investigación
humanística. Pero dentro de quienes podían acceder a la universidad había una resistencia muy fuerte a incorporarse a esas
actividades, lo que planteaba límites muy fuertes a esos intentos de revertir el carácter profesionalista.
-¿Qué función está cumpliendo ahora?
-El sistema universitario argentino hoy es mucho más diversificado y heterogéneo. Si uno ve el número de instituciones, del sector
público y privado, son muy distintas en su estructura. Lo que caracteriza hoy al sistema es su extrema heterogeneidad, un proceso
de diversificación que se acentuó mucho en los 90.
-¿Cuáles serían los rasgos positivos de la universidad argentina hoy?
-Es un sistema universitario que ha asumido que la producción de ciencia y cultura es una de sus funciones centrales. Es un sistema
que, en líneas generales, es abierto, que incorpora, que integra. Seguramente debería integrar más, ser todavía más abierto y
garantizar que mayor cantidad de gente pueda ingresar y terminar sus estudios, pero el balance desde ese punto de vista es positivo.
Es un sistema con grandes limitaciones de financiamiento, que se arrastran desde hace muchos años, pero a pesar de eso sigue
formando profesionales e investigadores. Es una de las instituciones que más se debería valorar.
-En el último capítulo usted hace sin embargo un diagnóstico crítico.
-Creo que el sistema universitario tiene algunos problemas de legitimidad política en su funcionamiento interno. Las universidades
están gobernadas por un sector todavía muy pequeño de profesores, que son los profesores concursados, por lo cual el porcentaje de
ellos sobre el total de quienes enseñan es muy pequeño. El gobierno de la universidad tiene un problema de representatividad, que
se traslada a problemas de legitimidad política del sistema.
-¿Por qué hay pocas obras de conjunto sobre la evolución de la universidad argentina y tantas sobre sus cambios en la
década del 90?
-Hay un problema muy vinculado al peso de la universidad en la creación cultural en la Argentina. Es probable que en muchos
países uno no pueda hacer una historia cultural o de las ideas sin pasar por la universidad. En la Argentina en muchos períodos eso
se puede hacer. En los 90 hay mucha producción científica sobre los problemas universitarios porque la agenda universitaria de los
90 es efectivamente distinta, nueva, pone el centro en el problema de la calidad, de la evaluación, del financiamiento, su relación
con los sectores productivos. En los años 90 la universidad se convierte en un objeto de atención central.
-Hoy se constata una despolitización de la universidad. ¿Cree que responde a un clima de época o que es un cambio de
identidad?
-Creo que es una consecuencia de un cambio más general en la vida política y de cómo impacta en la vida universitaria. Expresa
síntomas, pero no creo que la apatía política se pueda atribuir a problemas de la vida universitaria.