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Caravelle

José Lezama Lima, Antología de la poesía cubana


Saïd Benabdelouahed

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Benabdelouahed Saïd. José Lezama Lima, Antología de la poesía cubana. In: Caravelle, n°81, 2003. pp. 338-343;

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religieux et de réfléchir aux mises en réseaux du religieux comme


deterritorialisation et délocalisation des pratiques et des croyances ». Cette partie
présente en fait des travaux sur différentes « mises en réseaux », principalement
dans le contexte de la Théologie de la Libération et s'articule autour de la
problématique suivante : l'internationalisation des croyances contribue-t-elle à
émousser les spécificités des traditions religieuses nationales et de leur potentiel
identitaire ? Les contributions d'Ariel Colonomos (performances des réseaux à
l'épreuve des civilités institutionnelles entre Europe et Amérique latine), de Juan
Matas (diaspora de l'exil chilien en Europe et réseaux liés à la Théologie de la
Libération), d'André Corten (réseaux de la Théologie de la Libération au Brésil),
de Pierre Sauvage (relations entre Belges et Latino-américains), mettent en
évidence le rôle de certains centres culturels dans ce réseau entre l'Europe et
l'Amérique latine, comme celui de Louvain en Belgique. Pierre Sauvage en arrive
à parler « d'acculturation européenne » d'une forme de religiosité latino-
américaine. Le « réseau » questionné par l'ensemble des auteurs reste cependant
« un espace précaire et provisoire ».
Le mot de la fin revient à Olivier Tschannen, qui part du modèle français
pour l'élargir à la mondialisation. Pour prospecter le devenir du religieux, il
relève trois points clés : le pentecôtisme tout d'abord qui semble contribuer à
l'avancée de la sécularisation en Amérique latine, la religion des jeunes
Européens, ensuite, qui montre « que la sécularisation est bien réelle », suppléant
à « l'absence d'intégration sociale et à la faillite des grands récits collectifs ».
Enfin les rapports entre religieux et espace public révèlent une faiblesse de la
laïcité en Amérique latine et une crise de celle-ci en Europe. Les paradigmes de
la sécularisation et de la modernisation semblent donc être les plus adéquats
pour appréhender la modernité religieuse.
L'ouvrage se construit essentiellement autour de l'analyse de trois grands
mouvements tant sur le plan religieux que laïc : catholicisme, protestantisme
(historique et pentecôtiste) et franc-maçonnerie. Peut-être peut-on regretter
l'absence d'études d'autres types de religiosités. Le terme de modernité religieuse
désigne-t-il seulement les rapports entre christianisme et laïcité ? Mais peut-on
jamais être exhaustif en matière de religion ?
Christine PONS
Université de Toulouse-Le Mirail

José LEZAMA LIMA.- Antología de la poesía cubana,- Madrid, Editorial


Verbum, 2002.
La Antología de la poesía cubana publicada originalmente en 1 965 por José
Lezama Lima es una obra emblemática y singular dentro de la cultura hispánica,
que ahora rescata y publica de nuevo Editorial Verbum dentro de su colección
Verbum Mayor. Desde 1965, la obra en tres volúmenes que abarcan la poesía
cubana en los siglos XVII, XVIII y XIX no se ha vuelto a reimprimir.
Los encargados de esta nueva edición, los profesores Ángel Esteban y Alvaro
Salvador de la universidad de Granada, han respetado escrupulosamente el
proyecto literario de Lezama Lima, si bien introducen dos variantes significativas.
Por un lado, en el volumen I, dedicado por Lezama Lima a la poesía de los
siglos XVII y XVIII, se incluye un Anexo que recoge fragmentos de La Florida,
un extenso poema épico del franciscano andaluz Fray Alonso de Escobedo
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(1598-1600), texto poco valorado y estudiado por la crítica, que se considera,


hoy por hoy, como el primer poema cubano anterior incluso al texto de Silvestre
de Balboa, Espejo de Paciencia, que inaugura la Antología de Lezama Lima. Y, por
otro lado, los autores han incorporado al proyecto lezámico un cuarto volumen
dedicado a la poesía cubana del siglo XX.
Lezama Lima publicó en 1965 esta antología tras una larga y madura
trayectoria literaria y editorial. Tenía publicados hasta entonces cinco libros de
poesía, cinco libros de ensayo y una experiencia editorial con la publicación de
las revistas Verbum (1937), Espuela de Plata (1939-1941), Nadie parecía (1942-
1944) y sobre todo Orígenes (1945-1956). En ese momento estaba a punto de
sacar su obra maestra, Paradiso (1966). La preparación de esta antología fue uno
de los encargos que la Revolución le hizo como investigador y asesor del
Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias y como uno de
los vicepresidentes de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.
En 1964, en una carta su amigo Carlos M. Luis, Lezama Lima le hablaba
de este proyecto en los siguientes términos :
Trabajo también en una antología de nuestra poesía, desde Silvestre de Balboa
hasta comienzos del siglo XX. Llego hasta los modernistas y ahí me detengo.
{Cartas a Eloísa y otra correspondencia, Madrid, Verbum, 1998, p. 324)
La antología lezamiana se compone de 3 tomos que abarcan los siglos XVII-
XVIII (tomo I) y XIX (tomos II y III) que recogen unos 77 poetas conocidos o
anónimos; la mayoría de ellos son romántcos o modernistas del siglo XIX. Cada
poeta viene precedido por una introducción a su vida y su obra donde se hace
hincapié en los rasgos formales y temáticos de su poesía así como en los aspectos
biográficos o literarios que reflejan su cubanía.
La obra se abre con un largo prólogo (tomo I, p. 3-35) donde Lezama Lima
expone su teoría de lo poético y lo cubano a través de los textos seleccionados.
Para ello el autor adopta un método de trabajo crítico y literario muy abierto y
ecléctico. Pues, según él:
El estudioso de la literatura debe rebasar las fuentes de información que sean
estrictamente literarias. Cuanto mayores y más diversas sean esas fuentes, más
complejo y ahondado es el rendimiento literario, por eso nos ha parecido
acertado el criterio de Paul Eluard, al incluir en su Antología de la poesía
francesa, leyendas, cuentos infantiles, tradiciones populares, etc.. Así puede
apreciarse con más precisión la extensión de las motivaciones de toda índole que
expresa un poema. Desde luego que no pueden establecerse en nuestra literatura
esas fuentes extraliterarias, con la nitidez que en otras literaturas europeas, por no
estar realizadas aún con precisión entre nosotros. (Tomo I, p. 20)
Esta concepción abierta del fenómeno literario y poético explica la presencia
en esta selección de textos de raigambre popular y folklórica como poemas
anónimos (motete, tomo I, p. 39-40), décimas populares u otros textos de
dudosa atribución. Lo cual demuestra, por un lado, la sensibilidad lezamiana a lo
poético en sus múltiples y vanadas manifestaciones y, por otro, su preocupación
por dar cabida a la expresión de lo cubano en su dimensión culta y popular.
En este sentido, se nota que lo poético, lo cubano y lo histórico son tres
elementos inseparables en las valoraciones críticas de Lezama Lima en esta
antología. Pues, en el prólogo el autor declara : «Nuestra isla comienza su
historia dentro de la poesía» (tomo I, p. 3).
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En esta obra, Lezama Lima efectúa una lectura selectiva de la poesía cubana
haciendo al mismo tiempo una interpretación original de la cultura cubana de
los siglos XVII, XVII y XIX. El autor comenta los textos, emite juicios sobre su
cubanía y selecciona a los poetas que, cumpliendo ciertos criterios lezámicos,
figuran en su Antología de la poesía cubana. De este modo, la introducción
general a esta obra o las introducciones parciales de carácter biográfico y crítico
dedicados a cada poeta seleccionado constituyen un conjunto de juicios y
criterios lezamianos de lo cubano y lo criollo. En efecto, Lezama Lima insiste en
el tema recurrente de la cubanía. En cada poeta, de Silvestre de Balboa a José
Martí, el autor subraya rasgos típicamente cubanos. Los signos de esta cubanía
difieren de un poeta para otro pero, en general, se pueden resumir en tres
condiciones: el criollismo, la asimilación de elementos exógenos y la
independencia progresiva de la influencia española.
En primer lugar, la expresión de la naturaleza es un elemento esencial en la
cubanía de muchos poetas seleccionados. Lezama Lima observa que esto es un
constituyente primordial en el Diario de navegación de Cristóbal Colón quien, al
describir la flora y la fauna de la Isla, destaca los primeros elementos telúricos de
la cubanía. En Espejo de Paciencia (1608) de Silvestre de Balboa (1563-1649),
además de las descripciones telúricas, se insiste en la criolledad de los personajes
que ya dejan patente su diferencia del español en este primer texto de la
literatura cubana. Por otra parte, la exploración geográfica de la Isla y el estudio
de sus especificidades naturales en el siglo XIX permiten al cubano un mejor
conocimiento de su medio. Lezama Lima cita el ejemplo del poeta y naturalista
Felipe Poey (1799-1891), cuyos estudios ictiológicos sobre los mares de Cuba se
reflejan en su poema «El arroyo», donde se nota una mezcla del mundo acuático
y animal (tomo 2, p. 458-463). La naturaleza y las frutas tropicales, como la pina
o la pitahaya, constituyen el tema de la poesía de Manuel Zequeira y Arango
(1767-1864) y Manuel Justo Rubalcava (1769-1805). Por su voluptuosidad
criolla, Ignacio Valdés de Monchuca (1800-1851) se identifica con los poetas
románticos preocupados por la búsqueda de temas cubanos. Su manera de
acercarse a la naturaleza es tan americana como cubana. De toda la poesía de
Francisco Iturrondo (1800-1868) Lezama Lima piensa que «Rasgos descriptivos
de la naturaleza cubana» es el poema que puede interesar al lector de hoy. Según
Lezama Lima, hay que buscar los antecedentes de este poema en la obra de
Andrés Bello {Silva a la agricultura de la zona tórrida), Zequeira y Rubalcava. En
la misma posición coloca «La vuelta al campo» de Federico García Copley
(1832-1894). En este sentido, lo que distingue El Cucalambé de los demás
poetas populares y siboneyistas no es, a juicio de Lezama Lima, el tratamiento de
temas indios o guajiros, sino la expresión de la naturaleza.
Por otro lado, para los poetas que conocen la amarga experiencia del exilio, la
naturaleza es un pretexto literario para evocar la dulzura y la belleza de la patria
abandonada. A este propósito, la poesía de José María de Heredia y Heredia,
José Martí o Juan Clemente Zenea ofrece, según Lezama Lima, rasgos «muy
cubanos» no sólo a través de figuraciones externas —frutos, paisaje y sensualidad-
sino también a través de una delicadeza espiritual, la lejanía. Este sentimiento
eleva la dolorosa experiencia del exilio a una circunstancia arquetípica. Lezama
Lima piensa que este sentimiento universal, provocado por la nostalgia y la
distancia, es profudamente cubano.
Comptes rendus 341

En segundo lugar, Lezama Lima considera que el sufrimiento poético y el


exilio forman el ideal de un «vida cubana ejemplar». El autor ilustra esta tesis
examinando la vida y la obra de algunos poetas cubanos. Luisa Pérez Zambrana
(1835-1922), por ejemplo, expresa en sus poemas elegiacos «una enorme tristeza
cubana» y tiene además una manera cubana de afrontar el destino que se ceba en
sus hijos y su familia. Lezama Lima afirma también que Miguel Teurbe Tolón y
de La Guardia (1820-1857) es «un asombroso caso de energética cubana»,
subrayando los avatares de su vida como exiliado independentista y la variedad
de sus actividades poéticas.
No obstante, el autor de esta antología reconoce rasgos de cubanía en la
expresión y los temas criollistas de Ramón Vêlez y Herrera (1808-1886).
Subraya con énfasis la tendencia siboneyista de Fornaris (1827-1890) y
considera a Francisco Pobeda y Armenteros (1796-1881) como el fundador de la
tendencia criollista porque su obra expresa la vida en el campo, así como los
juegos y los amores de la gente.
La oralidad y la creatividad verbal constituyen, en este elenco de juicios
lezamianos, otro rasgo fundamental de la cubanía criolla de los poetas que reúne
esta antología. La literatura oral y el folklore son considerados como una
expresión genuina de la cubanía. En este legado cultural, la décima es la forma
poética que se adapta perfectamente a la expresión lírica de los sentimientos del
cubano. El autor no deja de señalar el valor estético y folklórico de esta
composición poética cultivada en Cuba tanto por poetas populares como por los
más aferrados a las poéticas académicas.
Otro criterio lezamiano de selección es el lenguaje. El autor señala, por
ejemplo, que la obra de Ventura Pascual Ferrer (1772-1851) esboza las
característica del individualismo del ser cubano, así como su tendencia excesiva a
hablar y fumar y su manera peculiar de utilizar el español dándole un sentido
«muy cubano». Los poetas que cultivan el juego de palabras, la ironía y la broma
graciosa como José Rodríguez Ucres y Plácido (1809-1844) se distinguen por el
uso del lenguaje popular y un sentido humorístico de la metáfora. Lezama Lima
señala en la obra de estos poetas un culteranismo elemental y genuino, lo que
llama «cultismo inculto», y también un gongorismo elemental en otros poetas
como Manuel del Socorro Rodríguez (1758-1819).
En suma, para realizar esta Antología de la poesía cubana, Lezama Lima basa
su selección en varios criterios literarios y culturales de la cubanía: la naturaleza,
la criolledad, lo biográfico o las vivencias «cubanas» de cada poeta, el folklore
oral y el lenguaje. Estos criterios son en realidad incluyentes por naturaleza; lo
cual explica que pocos poetas cubanos de los siglos XVII-XIX se hayan quedado
fuera. Más que una simple antología, la obra de Lezama Lima es una verdadera
recopilación de toda la poesía cubana desde los orígenes hasta finales del siglo
XIX. En ella, encontramos los poemas más barrocos o simbólicos junto a los
textos más populares y jocosos.
Todos estos criterios, por otra parte, confluyen en la personalidad
excepcional de José Martí quien tiene, según Lezama Lima, una vida cubana
ejemplar. Como poeta, Martí canta la naturaleza de su tierra, conoce el exilio y
lucha por la independencia de Cuba, dando el mejor ejemplo de sacrificio por la
patria. Gracias a su espíritu abierto conoce y asimila a los clásicos de la literatura
española y universal. Por eso, su poesía cierra con llave de oro esta labor selectiva
de Lezama Lima. Su figura carismática corresponde al modelo del cubano criollo
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concebido y reivindicado por el autor de esta antología. En otras palabras, esto


significa que en la vida del poeta José Martí intervienen un conjunto de factores
que la trasforman en biografía cubana ejemplar: poesía, creación, patriotismo,
sufrimiento, nostalgia, actividad política e intelectual, martirio. Así, el autor de
Versos sencillos cierra con llave de oro esta singular antología.
Lezama Lima no incluye a los poetas cubanos del siglo XX. Sobre las razones
de esta opción, el autor se dirige así a su hermana en una carta del 26 de
septiembre de 1965:
Por ejemplo, Eloy, al acusar recibo de la Antología, me dices que por qué me
detengo con José Martí. Ya te lo había explicado en carta anterior. Si continúo en
este siglo, tengo que llegar a nuestros días y esa es una materia muy polémica,
sobre la cual es difícil hacer un juicio. Toda razón de prudencia me aconsejaba
detenerme en Martí, eso fue lo que hice. Si no cuánto poetilla me hubiera
zaherido al ver que no lo incluía. Me hubiera costado muchos disgustos. Por eso
lo dejé, donde lo tenía que dejar. Después de Martí, sólo pueden interesar Boti,
Poveda, Nicolás Guillen, E. Florit, Emilio Ballagas y los poetas de Orígenes.
Después Retamar, Fayad, Oraá, Cleva Solís. Tal vez también, Armando Alvarez
Bravo, que comienza ahora su camino. {Cartas a Eloísa y otra correspondencia,
Madrid, Verbum, 1998, p. 103-104).
En esta declaración, Lezama Lima se muestra consciente tanto de los límites
y de la subjetividad de una antología poética como de las susceptibilidades que
implicaría incluir o excluir a poetas contemporáneos. La objetividad y el rigor en
la selección le hubieran impedido incluir todos los nombres que no respondían a
sus criterios. Pero ya se nota en sus palabras su predilección por cierta poesía de
tipo social o trascendental que se confirmaría más tarde como representativa de
indudables valores estéticos y morales.
Por otra parte, Ángel Esteban y Alvaro Salvador añaden a la antología de
Lezama Lima un cuarto volumen dedicado a la poesía cubana del siglo XX como
para concluir el proyecto lezamiano que se cierra con la obra de José Martí. Esta
nueva selección recoge unos 127 poetas representativos de la mejor poesía
cubana del siglo XX escrita dentro o fuera de la Isla y comprende un estudio
preliminar y una bibliografía que da cuenta de las mejores antologías de poesía
cubana del siglo XX, precedida de un breve comentario crítico de estas
antologías. En este sentido, la presente obra se insribe en la línea de las más
importantes antologías de poesía cubana como Las cien mejores poesías cubanas de
José María Chacón y Calvo, publicada en 1922, La poesía cubana en 1936
recopilada por Camila Henríquez Urefia, José María Chacón y Calvo y Juan
Ramón Jiménez, coincidiendo con su histórica visita a la Isla o las polémicas
antologías de Cintio Vitier Diez poetas cubanos (1937-1947) publicada en 1948
y Cincuenta años de poesía cubana. 1902-1952 que data de 1952.
El prólogo se abre con un estudio de la evolución estética y generacional de
la poesía cubana del siglo XX a partir de las herencias decimonónicas y las
primeras vanguardias del siglo XX. Se delimitan históricamente las generaciones
y se comentan con ejemplos concretos los rasgos estéticos y temáticos de cada
una de ellas. Así, vemos como a la primera generación modernista y vanguardista
sucedió la llamada generación del 23 con una sensibilidad social, el grupo de la
Revista de Avance, los poetas origenistas, la poesía negrista, los poetas de la
Revolución hasta llegar a las primeras entregas de la poesía cubana de los años
ochenta con la irrupción de voces indvidualistas e intimistas como Reina María
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Rodríguez o la poesía del exilio a través de figuras como José Kozer u Octavio
Armand, o voces más jóvenes como Antonio J. Ponte o Norge Espinosa.
Se nota que los antólogos han recogido con gran interés y mucha
generosidad la mayoría de los poetas del entorno lezamiano. En cierta medida,
todos los poetas origenistas están ampliamente representados, lo mismo que los
poetas oficiales del régimen revolucionario cubano o los llamados poetas del
exilio cubano, tanto los residentes en Estados Unidos como en España u otras
partes del mundo. A este respecto, los antólogos declaran que han trabajado en
esta obra guiados por los valores literarios y no por el color político de las figuras
representadas:
En esta antología que presentamos, nuestro propósito ha sido dar una muestra
amplia de los mejores ejemplos y los autores capaces de desempeñar una función
representativa y de calidad en el horizonte de la poesía cubana, cualquiera sea su
filiación política o su lugar de residencia. Únicamente nos hemos dejado guiar
por criterios estéticos, (p. XLVI)
En conclusión, la Antología de la poesía cubana a la que se agrega hoy con
responsabilidad y generosidad este cuarto volumen es, sin lugar a dudas, una
obra de referencia imprescindible no sólo por su amplia selección o por el valor
histórico y cultural de los comentarios y juicios literarios de Lezama Lima, sino
también por la necesidad de dar cuenta de la evolución estética y temática que ha
experimentado la prolífica y diversificada poesía cubana desde las primeras
vanguardias posmodernistas hasta hoy.
Said BENABDELOUAHED
Universidad Hassan II, CASABLANCA

Heriberto FIORILLO.- La Cueva. Crónica del grupo de Barranquilla. -


Barranquilla, Editorial Heriberto Fiorillo S. en C. S., 2002.- 375 p.
Complétée par une English Version (p. 289-374), cette chronique du groupe
de Barranquilla s'étale sur près de 300 pages richement illustrées et élégamment
mises en forme. Il s'agissait de raconter l'histoire de ce groupe d'intellectuels
provinciaux qui a modifié le cours de la littérature et de l'art en Colombie à
partir des années 1940 et dont García Márquez, qui lui appartint un temps, est
le dernier survivant. Les deux autres noms qui se détachent sont Cepeda
Samudio en littérature et Obregón en peinture, mais les relations du groupe
tissent aussi une trame où apparaissent tous ceux qui ont contribué, également
en littérature et en peinture, à mettre la Colombie à l'heure du monde dans une
période qui commence approximativement en 1940 et arrive jusqu'à ce début de
XXIe siècle.
La tonalité localiste du propos ne fait pas de doute. Ce livre de luxe, financé
par diverses entités industrielles et bancaires de Barranquilla, est destiné à une
sorte d'auto-contemplation, dont l'arrière-fond est l'idée d'une supériorité de la
Côte Atlantique, et de la ville elle-même, sur le reste du pays et en particulier sur
sa capitale. Ce qui est d'une certaine manière en contradiction avec l'orientation
même du groupe, qui contestait la manifestation la plus superficielle de la vanité
bogotane mais savait en même temps apprécier, voire admirer, des intellectuels
de l'intérieur andin et se lier à eux dans une profonde et féconde complicité. La
profondeur et la fécondité de ce lien n'apparaissent guère dans le livre, pas plus
que n'apparaît vraiment la facette de réflexion et de création de ce qui fut le