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República de Colombia

SEGUNDA INSTANCIA N° 25503


MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

Corte Suprema de Justicia

Proceso No 25503

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA


SALA DE CASACIÓN PENAL

Magistrada Ponente:
MARINA PULIDO DE BARÓN
Aprobado Acta N° 077

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de julio de dos mil seis (2006).

VISTOS

Se pronuncia la Sala sobre las impugnaciones interpuestas


por el representante de la Fiscalía General de la Nación y el
Agente del Ministerio Público en contra de la sentencia de fecha
marzo 28 de la anualidad que transcurre, por cuyo medio el
Tribunal Superior de Antioquia absolvió al procesado MIGUEL
ALFREDO PAREDES VILLALOBOS de la conducta y el daño
efectivo que generan ese tipo de comportamientos frente a la
imagen de la Administración de Justicia cuando uno de sus
operadores, amparado en esa condición, comete desafueros como
los que aquí se juzgan, acentuándose en consecuencia la pérdida
de credibilidad del conglomerado social en las personas y
organismos que detentan esa función.
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HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL

El 27 de enero de 2003, ante el Juzgado 40 de Instrucción


Penal Militar adscrito al Batallón de Ingenieros No. 14 “Batalla de
Calibio”, el soldado regular del Ejército Nacional Rodián Fabián
Durango Martínez, durante la diligencia de indagatoria que rindió
dentro del proceso penal que se adelantaba en su contra por el
delito de deserción, señaló algunas presuntas irregularidades
cometidas por el titular del Juzgado 42 de Instrucción Penal Militar
del mismo Batallón, doctor MIGUEL ALFREDO PAREDES
VILLALOBOS.

Relató el soldado que dicho funcionario judicial, a cambio de


concederle su libertad, lo requirió para que le ayudara a conseguir
prestada la suma de un millón de pesos ($ 1.000.000), para lo cual
le expidió las respectivas boletas de salida. Así pudo, conforme lo
indica el denunciante, contactar al abogado José Arcesio Marín
Montoya, quien finalmente prestó el dinero al doctor PAREDES
VILLALOBOS.

Señaló el uniformado, además, que poco tiempo después, el


Juez le solicitó nuevamente le consiguiera otro medio millón de
pesos, pero luego desistió de esa petición.

Una vez enterado el funcionario de las imputaciones elevadas


en su contra, según Durango Martínez, lo coaccionó para que se
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retractara de las acusaciones iniciales bajo la amenaza de que, de


no hacerlo, tendría que pagarle una cuantiosa suma como
perjuicios y pasar mucho tiempo en la cárcel. De ese modo, relata
el militar, ante el Personero Municipal de Puerto Berrío se retractó
de los cargos formulados contra el doctor MIGUEL ALFREDO
PAREDES VILLALOBOS.

Los hechos anteriores sirvieron de base para que


inicialmente se abriera investigación previa y luego se decretara
apertura formal de la instrucción, en cuyo marco se vinculó,
mediante diligencia de indagatoria, al doctor MIGUEL ALFREDO
PAREDES VILLALOBOS, a quien se resolvió situación jurídica con
medida de aseguramiento de detención preventiva por las
“concursarias conductas de Concusión”.

Cerrada la investigación, se calificó el mérito del sumario el 3


de noviembre de 2004 con resolución de acusación en contra del
sindicado como posible autor de los delitos de concusión, en
concurso material, homogéneo y sucesivo, y abuso de autoridad
por acto arbitrario o injusto.

La fase del juicio correspondió adelantarla al Tribunal


Superior de Antioquia. En desarrollo de la audiencia de
juzgamiento, la Fiscalía varió la calificación jurídica provisional de
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la segunda conducta referida en el pliego acusatorio por la de


constreñimiento ilegal.

Culminada dicha diligencia, la Corporación aludida profirió


fallo el 28 de marzo del año en curso, por cuyo medio absolvió al
acusado MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS de los
cargos imputados en su contra.

Contra el anterior fallo, el representante de la Fiscalía y el


Agente del Ministerio Público interpusieron recurso de apelación.
Dentro del término legal conferido a los sujetos procesales no
recurrentes, la defensa del procesado y éste directamente
presentaron sendos escritos oponiéndose, como es natural, a las
pretensiones de los apelantes quienes, al unísono, solicitan la
condena del procesado.

Habida cuenta que se encuentra uniformidad conceptual


entre los argumentos expuestos por los impugnantes, lo que igual
ocurre con los que a su vez presentan en sus escritos los sujetos
procesales no recurrentes, con el exclusivo fin de no incurrir en
repeticiones innecesarias y antimetodológicas, la Sala se ocupará
de su compendio de manera conjunta.
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LAS IMPUGNACIONES

Señalan los sujetos procesales recurrentes que la duda


probatoria pregonada por el Tribunal para absolver al procesado
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS, les releva de
cualquier consideración con respecto a la adecuación típica de las
conductas imputadas, siendo el aspecto relativo a la
responsabilidad del procesado como autor de tales
comportamientos el que genera cuestionamiento pues, como lo
señala textualmente el Agente del Ministerio Público, “emerge
certidumbre incontrastable de su responsabilidad en frente de la
plural actividad punible concusionaria por la que fue convocado a
juicio criminal”.

Lo anterior, porque el análisis del fallo impugnado no se ciñó


a la realidad procesal, en tanto la decisión que surge inevitable es
la del reproche punitivo en contra del funcionario, máxime cuando,
como lo recaba la representante del ente fiscal, a diferencia de lo
que se sostiene en el fallo “la comisión de los punibles por los que
se venía procediendo SÍ ALBERGABA COMPLEJIDAD
ESPECIAL”.

Sobre ese particular, se enfatiza en la valoración otorgada a


las retractaciones que se presentaron procesal y
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extraprocesalmente, las cuales se analizan en el fallo de una


forma insular con el objeto de restar credibilidad a los aspectos
inculpatorios, cuando en realidad denotan la responsabilidad del
procesado, con el único fin de evidenciar una ética y moral que no
acompañaron su actuar.

Se destaca que si se tratara de la retractación de uno solo de


los declarantes podría prevalecer el diagnóstico de que su dicho
es “frágil e inestable”, pero que tal calificativo se adjudique a todos
aquellos que justifican las incriminaciones contra el procesado “no
sólo es ilógico y si se quiere absurdo, sino que contravine las más
elementales reglas de valoración de los medios de convicción”.

Y es que, a criterio de los recurrentes, causa perplejidad que


contándose con un testigo de cuyo dicho se colige aval a las
inculpaciones que el denunciante infirió al procesado, se concluya
que ha mentido por su retractación posterior “o porque quiso decir
algo, que ni el mismo encartado admitió”, lo que ocurre con la
primera intervención del soldado Carlos Mario Aguirre Serna
cuando dijo haber presenciado algunos pasajes del
comportamiento desviado del funcionario investigado para luego,
de manera extraña, retractarse y de ahí considerársele como
testigo inveraz.

Igual sucede con lo expuesto por el estilista Nicolás


Francisco Zapata, quien ratificó haber prestado su concurso para
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la obtención de los dineros requeridos por el juez, tal como lo


sostuvo el denunciante, pero concluyéndose increíblemente que
su dicho ratifica el del funcionario al aducir que se hizo acompañar
de aquél con el fin de obtener el préstamo.

Para los recurrentes, tanto la defensa como la Sala del


Tribunal manejan sofismas en su argumentación con el objeto de
minar credibilidad a las acusaciones del denunciante haciendo ver
que el dinero fue facilitado por el abogado prestamista Arcesio
Marín, con el aval del secretario del juzgado, en lo que nada tuvo
que ver el soldado Rodián Durango, hecho que nunca fue
discutido pues, como lo precisa la representante del ente fiscal, de
lo que se trató en el decurso de la investigación “y que fue
totalmente dejado de lado en el fallo impugnado, es que bajo
condición de ser favorecido en investigación que el funcionario
adelantaba contra el denunciante se precisó o técnicamente se le
constriñó para que LE CONSIGUIERA un dinero en préstamo,
gestiones que no implicaban que fuera él el fiador o recibiera él
personalmente el dinero, sino en estricto sentido la realización de
contactos con tal fin”.

Dichos contactos los llevó a cabo con el estilista Nicolás


Zapata quien no miente, sino que confirma ampliamente las
acusaciones del denunciante “mas no el del procesado como de
manera ilógica y errada concluye el Tribunal, porque se insiste, el
funcionario procesado nunca mencionó -por evidente
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inconveniencia- este pasaje histórico”, lo que en el fondo arroja


una gran perplejidad, pues no se entiende qué hacía el juez fuera
de la base militar en compañía del soldado, a quien investigaba
por el delito de deserción.

Igual sucede con la corroboración que en forma posterior


realizó el prestamista Arcesio Marín en su ampliación del 2 de julio
de 2004 al indicar que, para los efectos del préstamo del dinero
requerido por el funcionario, se entrevistó con éste en el estadio de
Puerto Berrío, acompañado de un personaje que no recuerda,
cuya imprecisión para identificarlo no da lugar, como lo hizo el
Tribunal, para tildarlo de “frágil e inestable”, pues converge en lo
esencial con lo expuesto por el denunciante, demostrando que
Rodián realizaba aquello para lo cual fue requerido por el juez,
esto es, hacer contactos para la consecución del dinero en calidad
de préstamo; además, porque fueron vistos en dicho lugar por
Diana Senovia Durango, sin que a su dicho se le pueda restar
crédito, como lo hace el Tribunal, porque sostuvo que iba poco a la
casa materna o porque no tuvo claridad sobre las fechas de tal
suceso y de la privación de la libertad de su hermano o respecto
del destino que se le iba a dar al dinero por parte del funcionario
investigado.

Ahora, si Rodián tampoco precisó sobre el destino final que


el procesado iba a darle al dinero, ello no desnaturaliza el
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requerimiento efectuado, pues eso es asunto del fuero interno de


este último, sobre lo cual, incluso, hasta el mismo procesado se
contradice. También es significativo para inferir que se accedió a
la exigencia del funcionario el hecho de que a Rodián, como a la
postre sucedió, no se le afectara con medida de aseguramiento.

Por otro lado, el hecho de que ni el denunciante ni su


hermana hubieran precisado las fechas durante las cuales estuvo
privado de su libertad por cuenta del procesado, no es incidente
para restar credibilidad a sus asertos “si se considera la confusión
que teje el Juez sobre la situación procesal del primero”, como así
refulge de las copias del proceso de deserción, en donde por parte
alguna obra la inmediata liberación luego de su captura, “decisión
que se pretende asumir al definirse lo correspondiente a su
situación jurídica en días posteriores, bajo el entendido de que
„podía seguir en disfrute de su libertad‟...”.

No obstante, tales fechas se infieren de la misma orden de


captura, cumplida al día siguiente de su emisión, esto es, el 7 de
mayo de 2002, con el objeto de ser oído en indagatoria, lapso
durante el cual y hasta cuando se definió su situación jurídica, “o al
menos eso creyó el investigado” estuvo privado de su libertad,
conclusión a la que se llega porque no hay constancia que acredite
su inmediata liberación.
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Tampoco mintió el denunciante al exponer que con el objeto


de obtener el dinero le eran permitidos por el mismo funcionario
investigado egresos del batallón, para lo cual le suscribía boletas
de salida, apareciendo dos permisos próximos a las fechas
aludidas, cuya validez administrativa es bien confusa, pues
argumentó el investigado que se expedían para que el soldado
llevara la correspondencia a la oficina de Adpostal, lo cual es
infirmado por el propio Infante, secretario del Juzgado. Egresos
que fueron utilizados por el militar denunciante para satisfacer la
demanda del juez, pues fueron vistos incluso en el vehículo del
funcionario de color vino tinto, como así lo ratificó el señor Zapata
Arroyave, pero su dicho fue tenido en cuenta por el fallador sólo
en lo que favorecía al procesado.

De modo que, sostienen los impugnantes, el Tribunal se


limita a detallar imprecisiones internas de lo aseverado por el
denunciante para restarle credibilidad “procedimiento que de salir
airoso impediría el adelantamiento de cualquier tipo de
investigación”, pues sólo bastaría con encontrar esas supuestas
contradicciones e imprecisiones para impedir la prosecución de
encuestas judiciales.

Por consiguiente, como lo indica el Agente del Ministerio


Público, “la esencia del acto testifical permanece incólume, las
recurridas contradicciones e impresiones a las que alude el Juez
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Colegiado no minan la trascendencia del veraz aserto”, pues “no


son más que veleidades que en nada modifican o alteran la
esencia del certero testimonio de un hombre tildado de díscolo,
indisciplinado y problemático al momento de evaluar su
personalidad”.

Los múltiples hechos indicadores advertidos y la


visualización directa que del soldado en compañía de su
investigador efectuaron las tres personas aludidas, sumado a la
efectiva entrega del dinero en calidad de préstamo, imprimen total
aval a lo dicho por el denunciante, importando poco que hubiera
sido catalogado como indisciplinado o delator de sus superiores,
pues la personalidad del denunciante sólo es uno de los tantos
factores que inciden en la evaluación del testimonio, de
conformidad con lo dispuesto en el artículo 277 del estatuto
procesal penal, “precepto que evidentemente inaplicó el fallador al
darle prevalencia exclusiva y excluyente, desatendiendo en su
totalidad los restantes criterios allí preceptuados”.

En cuanto a la retractación del soldado Durango ante el


Personero Municipal de Puerto Berrío se indica por los
impugnantes que no es cierto que se haya dado de manera libre y
sin presión alguna, cuando ella se produjo con posterioridad a las
acusaciones que formuló el denunciante en contra del funcionario,
máxime si se tiene en cuenta que resultaron fallidas las diligencias
que este último emprendió contra el soldado por el delito de falsa
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denuncia que terminaron con resolución inhibitoria y que hubieran


permitido calificarlo de “mentiroso, tergiversador y con malsana
intención contra el ético juez” y sin perder de vista que a tal acto
fue compelido bajo amenaza de pagar una cuantiosa suma de
dinero y que la diligencia tuvo lugar en la propia oficina del juez
denunciado, resultando extraño que se allegara una declaración
extraproceso del soldado Aguirre Serna en donde también se
retracta de lo dicho inicialmente, recepcionada por el mismo
funcionario investigado igualmente en su propio despacho,
“circunstancias para nada casuales, por el contrario son
claramente denotativas de su ánimo de variar o suprimir la prueba
que lo perjudicaba”.

De esa forma, se insiste por los impugnantes, en relación


con la prueba testimonial recaudada en el juicio ninguna tiene la
entidad de alterar la situación procesal por no referirse a los
hechos objeto de investigación, salvo la declaración de la abogada
Myriam Sofía Socarrás quien, según el representante de la
Fiscalía, “de manera falsa expone que estuvo presente cuando el
Juez habla de precisar un dinero a efecto de explicar que fue allí
escuchado por Rodián”.

Además, todo indica que el comportamiento del procesado


no fue aislado, porque las referencias que al respecto hace Rodián
no pudieron ser fruto de su inventiva, ni producto de la presión de
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la Fiscal comisionada “porque ninguno de los dos podía tener el


conocimiento exacto de nombres, hechos investigados y
desviados comportamientos ejercitados en cada uno de ellos,
eventos tan similares o idénticos a los desplegados en disfavor de
Rodián”, como así se desprende de lo narrado por Euclides
Antonio Rodríguez Ruiz.

En consecuencia, las conductas del procesado configuran un


concurso de actos concusionarios, pues si el denunciante no
mintió en relación con el primero, tampoco hubo de hacerlo en
relación con el segundo, al señalar que el funcionario investigado
le exigió ayudarle a conseguir medio millón de pesos más, ni
cuando sostuvo que fue constreñido ilegalmente para retractarse,
lo que amerita la revocatoria del fallo absolutorio de primera
instancia.

ALEGACIONES DE LOS NO RECURRENTES

El defensor del procesado, luego de transcribir prácticamente


en su totalidad los argumentos expuestos por el fallador, señala
que “esta decisión fue tomada con fundamentos probatorios bien
valorados, a pesar de que se vulneró uno de los principios
constitucionales que garantiza el debido proceso a toda persona
que se encuentre vinculada en una actuación judicial”.
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Colige que de las tres declaraciones que rindió Rodián


Durango Martínez “nunca se pudo (sic) controvertir los hechos del
delito de constreñimiento” e insiste en que a su defendido se le
conculcó el derecho de contradicción de la prueba “sobre la parte
del cargo de delito de constreñimiento” y que, si bien obran
pruebas al respecto, tales no deben ser tenidas en cuenta, porque
la versión del denunciante “es una declaración y no un testimonio”
y cuando los medios de convicción que la corroboran son de sus
familiares, quienes no son más que simples testigos de referencia,
como se deduce de lo dicho por Nancy Estella Montoya, cónyuge
del prestamista. Tampoco se le puede otorgar credibilidad a lo
expuesto por el estilista Francisco Zapata Arroyave, pues da una
descripción morfológica que no corresponde a la de su prohijado.

Por lo anterior, infiere que “perdimos la inmediación, la


oportunidad y la originalidad de ver la verdad de esa prueba
generando una duda, una duda respecto a ese punto que debe ser
resuelta a favor, en aplicación del in dubio pro reo”.

Adicionalmente porque el denunciante se constituye en un


testigo único, como se desprende de lo aseverado por el señor
Arcesio Marín Montoya, quien en su primera salida procesal adujo
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no conocerlo y menos aún como intermediario del préstamo que le


facilitó al juez procesado.

Por su parte, el sindicado en el escrito que también aporta


dentro del mismo término, comienza por denigrar de la labor que
llevó a cabo la Fiscalía en la etapa instructiva, porque lo único que
revela el proceso, desde su punto de vista, es que Durango mintió,
motivo por el cual se muestra extrañado de su actitud, pues “ella
misma se contradice cuando afirma que habían (sic) elementos de
juicio para una sentencia contraria a la proferida en mi favor, a qué
juega la fiscalía, que se defina en su criterio, o es que la señora
Fiscal Quinta que hoy recurre la providencia mencionada no
conoce el proceso que se resolvió en el Tribunal de Antioquia y
mucho menos conoce las providencias proferidas por su mismo
despacho. No importa que ella no sea quien las produjo sino sus
antecesores”.

Destaca que el dicho de Rodián Durango es contradictorio,


para lo cual basta leer las declaraciones de Carlos Infante
Sánchez, Arcesio Marín, Nancy Estela Montoya y la del Personero
Gustavo Ruiz, para llegar a tal conclusión.

Aduce, además, que el escrito de apelación más bien le


beneficia cuando se refiere a pruebas que le favorecen y
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desmienten al denunciante, como ocurre con la declaración del


coronel Lozano, el capitán Vargas, el sargento Luna, la abogada
Socarrás y la del Personero Municipal.

Tampoco está de acuerdo con la imputación de haber


constreñido al denunciante, pues “si yo tenía contactos en Berrío
para qué buscar un soldado de los estratos más bajos de la
sociedad, para que me hiciera contactos, esto es absolutamente
ridículo”. De la misma manera, a diferencia de lo que sostiene la
fiscal apelante, estima que la contradicción de Durango en cuanto
al fin que se le iba a dar al dinero sí es relevante, pues ello pudo
haber sido representativo de un delito de cohecho por dar u
ofrecer; así mismo considera que tampoco es viable descartar su
condición de indisciplinado, mentiroso y mal soldado “pues resulta
que eso es muy importante porque la gente no puede por ahí
difamando de la honestidad y honorabilidad de las personas y que
las cosas se queden así sin más ni más”.

Agrega que los dichos del denunciante, de su progenitora, de


su hermana y “del peluquero Zapata”, son contradictorios entre sí,
haciendo ver al primero como un mentiroso, “mientras que a mi
favor obran más de quince pruebas incluso la inspección judicial
ordenada y practicada por la misma fiscalía, en la que no quedan
dudas que DURANGO nunca estuvo detenido por cuenta mía”.
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Con fundamento en lo anterior, los sujetos procesales no


recurrentes coinciden en solicitar se confirme la providencia
impugnada.

CONSIDERACIONES DE LA CORTE

De conformidad con la previsión contenida en el numeral 3°


del artículo 75 de la Ley 600 de 2000 por la cual se rige el
presente trámite, es competente la Sala para resolver el recurso
de apelación que en tiempo interpusieron y sustentaron el
representante de la Fiscalía General de la Nación y el Agente del
Ministerio Público, en contra de la sentencia de fecha marzo 28 de
la anualidad que transcurre, por cuyo medio el Tribunal Superior
de Antioquia absolvió al procesado MIGUEL ALFREDO PAREDES
VILLALOBOS de los cargos que por los delitos de concusión, en
concurso homogéneo y sucesivo, y constreñimiento ilegal, le
fueron formulados en la resolución acusatoria.

Intervención funcional que, por expreso mandado del artículo


204 de la referida Ley 600 de 2000, queda circunscrita a los
puntuales aspectos objeto de impugnación que en este caso
tienen relación expresa con la valoración probatoria realizada por
el Tribunal de instancia sobre los elementos de juicio allegados al
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proceso y, desde luego, como es de rigor legal a todos aquellos


“asuntos que resulten inescindiblemente vinculados al objeto de la
impugnación”.

Precisado lo anterior, impera comenzar por señalar, que no


existe duda en cuanto a que el compromiso penal del sindicado
deviene fundamentalmente de las graves acusaciones que en su
contra formuló el soldado Rodián Fabián Durango Martínez en
desarrollo de la diligencia de indagatoria de fecha enero 27 de
2003 rendida ante el Juzgado 40 de Instrucción Penal Militar de
Puerto Berrío, que posteriormente ratificó en el decurso de esta
actuación, según las cuales dentro del proceso penal que en su
contra se tramitaba por el delito de deserción en el Juzgado 42 de
la misma especialidad, adscrito al Batallón de Infantería No. 42
Bomboná del municipio en mención, del cual era titular para ese
entonces el doctor PAREDES VILLALOBOS, éste le exigió
ayudarle a conseguir en préstamo unas sumas de dinero, a
cambio de concederle su libertad.

En la indagatoria a que se ha hecho referencia, el


uniformado textualmente manifestó: “él me dijo que si le conseguía
prestados $ 1.000.000, me sacaba de la pieza, que no había
problema, entonces él mismo empezó a firmarme la boletas de
salida, estando detenido, para venir al pueblo y ayudarle a
conseguir la plata, me dijo que si se los podía conseguir en ocho
días; yo salía al pueblo y empecé a buscar, hablé con el Dr.
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ARCESIO MARÍN, y mientras yo miraba el partido nos prestaron la


plata, ese día el Dr. PAREDES me dejó ir a la casa”.

Hecho éste que configura la primera imputación por el delito


de concusión en contra del procesado. La segunda por el mismo
delito, que permitió estructurar en su contra un concurso
homogéneo y sucesivo, surgió de lo que el referido militar adujo a
renglón seguido en la misma diligencia, al sostener lo siguiente:

“Como a los cuatro días, me dijo que si tenía forma de


conseguirle otros $ 500.000 más que él también pagaba eso,
entonces yo salía con boletas de salida firmadas por él, o él mismo
me sacaba a la guardia, o él mismo me traía en el carro, entonces
empecé a buscarle los $ 500.000, y como a los ocho días me dijo
que ya no le consiguiera esa plata y que fuera a la Oficina, para
firmarme la libertad que él me había prometido, entonces yo fui y
le firme un papel que era la libertad, y me sacaron de la pieza”.

La tercera imputación que obra en contra del procesado por


la conducta de constreñimiento ilegal emana de lo dicho por el
mismo uniformado en su versión rendida dentro de este proceso el
17 de junio de 2004, oportunidad durante la cual precisó que
suscribió un acta de retractación ante el Personero de Puerto
Berrío el 7 de febrero del año anterior retirando las acusaciones
anteriores, pero bajo coacción ejercida por el Juez PAREDES,
motivo por el cual inicialmente se atribuyó en su contra la comisión
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del delito de abuso de autoridad por acto arbitrario o injusto y


luego, en desarrollo de la audiencia pública, la Fiscalía varió dicha
calificación por la del delito de constreñimiento ilegal. Entonces
Durango Martínez sostuvo lo siguiente:

“Vea el juez me mandó a decir con AGUIRRE que él


necesitaba hablar conmigo, porque yo era el único que lo podía
sacar de un problema, que si no me ponía las pilas me tocaba
pagarle una plata, un poco de millones baje y hable con él para
que lleguen a un acuerdo, ahí fue donde yo fui a hablar con él, él
me dijo que yo sabía que lo tenía embalado aquí y en Medellín y
usted dañó mi nombre, mi reputación que lo tenía jodido en la
fama, que entonces por eso le tenía que pagar, que hiciera un
desistimiento porque si no, de lo contrario le tenía que pagar a él
trescientos sesenta y cinco millones de pesos, sino él que por
calumnia podía hacer que me mandaran a cualquier parte del país
a pagar varios años de cárcel, si es verdad eso doctora ? bueno,
no sé, lo que pasa es que uno no conoce nada de leyes y él si,
entonces lo trabajan a uno a punta de psicología y uno se tiene
que dejar llevar por él, entonces que en el desistimiento dijera
que todo había sido mentiras que era mejor que estuviera el
personero, que él lo traía y yo le dije que lo trajera, él llegó al
Bomboná me dijo un soldado que bajara que el Juez me
necesitaba, llegué y estaban los dos, él y el personero, entonces di
el desistimiento, porque yo de dónde pagar esa plata, es que
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incluso me dijo, si casi no me puede conseguir ese millón de pesos


prestado, entonces de dónde todos esos millones y eso es verdad.

Identificados los cargos que en la resolución acusatoria se


formularon en contra del procesado PAREDES VILLALOBOS,
mismos de los cuales en el fallo impugnado se lo libera de toda
responsabilidad en aplicación del principio in dubio pro reo, la Sala
acometerá a continuación el estudio de cada una de las especies
delictivas de manera independiente, en procura de confrontar el
dicho del soldado Durango Martínez con los demás medios de
prueba que obran en el proceso, a efecto de adoptar la decisión
que en derecho corresponda.

Pues bien, en cuanto a las imputaciones que obran por el


delito de concusión derivadas de la doble exigencia que el
funcionario hizo al soldado Durango para que le ayudara a
conseguir en calidad de préstamo ciertas sumas de dinero que
necesitaba a cambio de otorgarle su libertad, cabe precisar que no
es exacto, como lo asegura el Tribunal, que las contradicciones
internas que exhibe esta prueba, más las que presenta tras
cotejarse con los demás elementos de juicio, deban conducir a su
desestimación.

En efecto, en cuanto tiene que ver con las supuestas


incoherencias que presenta la prueba individualmente
considerada, esto es, con lo que adujo el mismo Durango en sus
diferentes versiones obrantes en el expediente, sin dificultad
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alguna se observa que, como en forma atinada lo señalan los


impugnantes, el Tribunal sobredimensiona irrelevantes
circunstancias so pretexto de otorgarles una entidad que
objetivamente no tienen, con lo cual se aparta del criterio que en
forma reiterada esta Sala ha pregonado, según el cual en la labor
de ponderación de la prueba lo que resulta realmente
determinante para su descalificación, es que de ella puedan
predicarse discordancias esenciales y no meramente nimias o
accesorias, temática sobre la cual se ha precisado lo siguiente:

“La conclusión del Tribunal en este punto transgrede la lógica


del razonamiento, pues ante dos testimonios que en su esencia y
contenido son concordantes, dado que en la realidad es difícil
encontrarlos idénticos, como al parecer se pretende para
otorgarles credibilidad, se opta por magnificar contradicciones
marginales que no alteran su evidente correspondencia. Si como
lo enseña la lógica lo accesorio sigue la suerte de lo principal, en
el ámbito probatorio ello se traduce en que de hallarse
contradicciones en lo esencial poco importa el hecho de que exista
uniformidad en tópicos secundarios, caso en el cual la conclusión
que devine necesaria es la de negar crédito a la prueba; pero lo
que no se puede aceptar es la proposición inversa que
implícitamente surge de la apreciación del Tribunal, esto es, que
ante contradicciones irrelevantes y coincidencia plena en lo
República de Colombia
23 SEGUNDA INSTANCIA N° 25503
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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principal, se llegue a esa misma conclusión, como aquí


erradamente ocurrió”. 1

En el asunto que concita la atención de la Sala, el


sentenciador de primer grado refirió que es inconcebible que el
testimonio de Durango exhiba tantas contradicciones cuando el
supuesto fáctico no ofrece ninguna complejidad, pero al sostener
esa premisa incurre en error, como así lo destaca la Fiscalía, por
advertirse precisamente lo contrario. En efecto, si bien la cadena
de acontecimientos sobre los cuales pesa la triple imputación
delictiva en cabeza del procesado no es por manera alguna
sencilla, como fácilmente se desprende del recuento elaborado
con antelación, es lo cierto que al comprobarse afinidad en las
versiones del principal deponente en cuanto a lo esencial de lo
ocurrido ello, sin lugar a dudas, permite atribuirle credibilidad
suficiente a su dicho, toda vez que las acusaciones en contra de
PAREDES VILLALOBOS se mantienen incólumes en todas sus
intervenciones, salvo por la presencia de insignificantes
divergencias que se ha pretendido magnificar para socavar
inmerecidamente el mérito que reviste esta prueba.

Ciertamente, las acusaciones que el soldado Durango


profiere en contra del funcionario sindicado a las que se hizo
alusión en la parte inicial de este acápite considerativo, son
reforzadas en sus ulteriores salidas procesales, oportunidades

1
Sentencia de fecha enero 26 de 2006. Rad. 23706.
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durante las cuales con amplitud se refiere a la forma como el


procesado lo coaccionó inicialmente para la consecución del
dinero y luego para la retractación de su dicho, amparado en su
investidura y en el hecho de que tramitaba en su contra un
proceso por el delito de deserción, contando con potestad para
disponer sobre su libertad. Es de resaltar que a pesar de la
extensión de las deponencias, lo cierto es que no incurre en
mayores imprecisiones. Detalles como los que pretende resaltar el
a-quo para minar la solidez de esta probanza, en criterio de la Sala
no logran afectar en modo alguno las graves acusaciones que de
sus dichos es razonable concluir.

Señala el fallador de primer grado que el testigo incriminante,


quien a la postre fue el sujeto pasivo de los comportamientos
delictivos por los que se procede, lo que ya de por sí le otorga una
posición privilegiada para transmitir la forma como ocurrieron los
hechos, no es digno de crédito, porque en su versión inicial no
informó que a efectos de obtener el préstamo de dinero para el
juez, en un comienzo habló con la esposa del abogado Arcesio
Marín facilitador del dinero, como sí lo sostuvo en su atestación
posterior, lo que a su juicio constituye una seria contradicción que
compromete su veracidad.

Razonamiento éste de difícil aceptación, en tanto que la


conclusión que subyace al mismo es la de que todo lo que deba
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25 SEGUNDA INSTANCIA N° 25503
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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decir un testigo ha de consignarse en la primera oportunidad en


que rinde su exposición, pues de llegar a complementar lo allí
señalado, tal situación entrañaría una contradicción, conclusión
que desvirtuaría la razón de ser de las ampliaciones de los
distintos medios de prueba, que no puede ser otra que la
aportación de nuevos datos que en el caso del testimonio, bien
puede aceptarse que por distintas razones fueron olvidados
inicialmente, sin que por ello pueda predicarse inconsistencia de lo
dicho inicialmente o verdadera “contradicción”, como argumento
para descartar de tajo la postura procesal así asumida, lo cual sólo
es posible cuando se detectan sustanciales discrepancias que
despojan el inicial aserto de toda credibilidad.

Y menos en el caso del soldado Durango, si se recuerda que


las acusaciones por el delito de concusión surgieron durante una
diligencia de indagatoria que rindió por fuera de este proceso, en
donde el objeto de investigación no era la indagación de esta
conducta y ni siquiera la responsabilidad que pudiera emanar
contra el doctor PAREDES VILLALOBOS, sino la del primero en
mención por el delito de deserción.

Ahora, que constituya “imprecisión” interna del dicho del


mencionado soldado el hecho de que en su primera versión
hubiera sido claro en indicar que el dinero se entregó por el
prestamista en el estadio de Puerto Berrío, y luego se mostrara
dubitativo sobre ese tópico, es conclusión que tampoco puede
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26 SEGUNDA INSTANCIA N° 25503
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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compartir la Sala, en tanto que es apenas normal que el transcurso


del tiempo afecte la retención de los recuerdos, en especial de los
pequeños detalles de una narración, de suerte que de la seguridad
inicial se puede fácilmente por el transcurso del tiempo pasar a la
duda e incluso al olvido, sin que tal circunstancia comporte
entidad de restarle toda credibilidad a la prueba testimonial.

Aduce el Tribunal que una tercera incorrección en el dicho


del soldado Durango aflora por razón de que en su primera salida
procesal sostuvo que el juez a los cuatro días de la primera
exigencia nuevamente lo presionó para que le ayudara a conseguir
prestados otros $ 500.000 y que, ocho días después, desistió de
esta solicitud, mientras que en la versión siguiente señaló que ante
la nueva solicitud le dijo “que no tenía en dónde”.

Ponderada adecuadamente la versión del mencionado


soldado en punto de esa nueva exigencia, es lo cierto que la
discrepancia en cuanto a si de la segunda consecución de dinero
en calidad de préstamo desistió el procesado u obedeció a que el
soldado manifestó “que no tenía en dónde”, es aspecto que en
modo alguno puede tornar inexistente lo que es fundamental, esto
es, que la exigencia referida en realidad tuvo ocurrencia.

La última incongruencia que encuentra el sentenciador en el


dicho del soldado Durango radica en que se contradijo en relación
con el destino que el funcionario le daría al dinero pretendido,
pero, como bien lo señala la Fiscal recurrente, sobre ese tópico no
República de Colombia
27 SEGUNDA INSTANCIA N° 25503
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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es viable inferir una contradicción, habida cuenta que se trata de


un aspecto que corresponde al fuero personal de quien lo va a
usar. Sólo quien va a hacer uso del dinero es conocedor del fin
que le dará y al respecto puede expresar otra cosa, mas no por
ello se puede colegir contradicción en lo que aseveren los
receptores de sus comentarios.

Así las cosas, como sin dificultad es razonable concluir de lo


expuesto en precedencia, es lo cierto que las referidas
contradicciones e inconsistencias internas que el sentenciador de
primer grado atribuye a las exposiciones de Rodián Fabián
Durango o bien no logran la deseada concreción o,
definitivamente, recaen sobre aspectos intrascendentes.
Afirmación que se introduce, desde luego, sin incursionar en las
contradicciones que en el fallo impugnado se estructuran a partir
de las aseveraciones de la hermana del soldado, por la sencilla
razón de que si se trata de inconsistencias o contradicciones
internas del testimonio del mencionado soldado, como tal no
podrían catalogarse las que eventualmente pudieran predicarse de
lo afirmado por su consanguínea.

Por lo tanto, para la Sala es claro que la firmeza y


consistencia del dicho del ofendido que echa de menos el Tribunal,
no pueden verse empañadas al amparo de imprecisiones
insignificantes e inexistentes, pues con una tal forma de razonar
para llegar a la conclusión que contiene el fallo de primera
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instancia sobre el testimonio del soldado Durango, se terminan


desconociendo, a no dudarlo, las pautas que rigen la apreciación
probatoria. En el asunto que concita la atención de la Sala, es lo
cierto que, contrariamente a lo concluido por el sentenciador de
instancia, el testimonio en cuestión se muestra sólido y coherente,
particularmente en lo que tiene que ver con los aspectos
esenciales que allí se consignan, más aun cuando encuentra
amplio respaldo en los restantes medios de persuasión, al paso
que los que pretenden infirmarlo para ello carecen de entidad
suficiente.

Al respecto, pertinente resulta señalar que no se le puede


restar todo crédito, como lo pregona el fallador, a los testimonios
de Isabel Martínez Durango y Diana Senovia Durango, madre y
hermana del ofendido, en su orden, y en especial al dicho de la
primera como se indica textualmente en la sentencia, porque si
bien se encuentran algunas leves imprecisiones en su relato, tal
situación es apenas comprensible por tratarse de testimonios de
oídas, pero que cobran gran importancia en tanto que, como sus
más allegadas familiares se constituían en las depositarias de su
máxima confianza y ante quienes de conformidad con la
experiencia, por regla general, se suelen comentar los problemas,
las vicisitudes y las incidencias del diario acontecer. De ahí que las
referencias que efectúan estas declarantes a los aspectos
esenciales narrados por Rodián en cuanto a los actos de
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MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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constreñimiento realizados por el juez, tanto para la consecución


del préstamo, como para que luego se retractara de su inicial
afirmación ante el personero de Puerto Berrío, encuentran amplio
respaldo en estos dichos.

Pero, aun si se prescindiera de lo expuesto por las familiares


de Durango Martínez, con el argumento de que despiertan
sospecha por su marcado interés en favorecerlo, lo cierto es que
tal situación en nada afecta la contundencia que surge de sus
afirmaciones pues, en todo caso, otros elementos de prueba a los
cuales el Tribunal no otorgó credibilidad, terminan ratificándolos.

En este contexto, como bien lo destacan los impugnantes, es


necesario hacer referencia a las testificaciones de Nicolás
Francisco Zapata Arrroyave, del abogado Arcesio Marín Montoya,
facilitador del dinero requerido por el procesado y a las de los
uniformados Carlos Mario Aguirre y Euclides Rodríguez Ruiz, cuyo
análisis y valoración la Sala aborda de inmediato.

Pues bien, en relación con el testimonio del estilista Zapata


Arroyave encuentra la Sala que su dicho reviste innegable
importancia, en cuanto es señalado por el soldado Durango como
una de las personas a quien se acudió con el objeto de obtener el
préstamo dinerario, en compañía del juez procesado, situación que
con creces corroboró este deponente, quien incluso indicó que al
presentarse a su establecimiento comercial se transportaban en
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30 SEGUNDA INSTANCIA N° 25503
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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un vehículo que coincide con las características del que para ese
entonces era de propiedad del sindicado. Sobre el particular, bien
está traer a colación el siguiente aparte de su exposición:

“llegó en un carro vinotinto (se refiere a Durango Martínez),


me presentó un señor, el me dijo que era juez de Bombona, me
dijeron que el objeto de la visita era si yo distinguía alguna persona
que le prestara plata, que necesitaba uno o dos millones de pesos,
no recuerdo cuánto exactamente, como yo estaba en búsqueda de
un millón de pesos y tenía la persona hablada que me lo iba a
prestar yo les dije que yo creía tener la persona que les podía
solucionar el problema, entonces me monté al carro y nos
dirigimos a la casa de la señora MERCEDES SEPÚLVEDA que es
una profesora del colegio Antonio Nariño, nos la encontramos en
el camino llegando la casa, yo la llamé y ella se asustó, cuando
vio que era mi persona se detuvo como azarada y le comenté el
objetivo de mi visita, y me evadió el tema, me embolató como se
dice, me trajeron hasta acá y me dejó el doctor el nombre y el
número del celular, está en un cuaderno viejo, yo mismo lo anoté,
me dijeron si me daba cuenta de algo lo llamara a este teléfono o
preguntara por él en el batallón, yo me desentendí del caso porque
no era mi interés, RODIAN siguió viniendo, pero jamás me habló
del tema, eso es todo”.

Si tal fue la afirmación del testigo Zapata Arroyave, es


evidente que en el punto indicado ofrece un claro respaldo a la
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31 SEGUNDA INSTANCIA N° 25503
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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imputación del soldado denunciante. Y si ello es así, como en


efecto lo es, no puede la Sala compartir la conclusión del Tribunal
de instancia, según la cual “es difícil ...extraer de este testimonio
el convencimiento firme y seguro de que el Juez PAREDES
constreñía o exigía a RODIÁN la realización de alguna conducta
que le expresara un beneficio económico, pues simplemente el
soldado le sirvió de acompañante en esa actividad”, porque una tal
forma de razonar presenta como normal la conducta de un juez
que se hace acompañar de la persona en contra de quien adelanta
una investigación por el delito de deserción, con el fin de llevar a
cabo diligencias de índole personal, como lo es pedir un préstamo
de dinero, marginando además de esa apreciación las graves
acusaciones que se han endilgado al sindicado.

Ahora, en cuanto a las gestiones realizadas por Durango con


el fin de conseguir el préstamo de dinero que requería el juez
procesado, resulta igualmente importante la atestación del
abogado Arcesio Marín Montoya, quien finalmente prestó el dinero
al funcionario de marras, particularmente lo dicho en la segunda
oportunidad en que acudió al proceso, toda vez que en la primera
había manifestado no recordar si para la consecución del
préstamo intervino algún intermediario. Es así como en esa
segunda oportunidad incluyó detalles de importancia que terminan
refrendando las aseveraciones de Durango, como cuando señaló:
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MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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“No recuerdo la fecha lo cierto del caso es que como los


dineros que se prestaban lo hacía por intermedio de mi compañera
NANCY ESTELLA MONTOYA CAMPIÑO, ciertamente cualquier
día fueron a la casa mía, no sé quien para que le prestara creo
que un millón o algo más al doctor PAREDES Juez Penal Militar
del Bombona, a lo que yo le respondí que sí, y ella me dijo que era
que necesitaba una plata, al responderle afirmativamente le
mandé decir con mi señora o con mi compañera de que él
personalmente hablara conmigo y ciertamente creo que fue ese
mismo día, sino estoy mal, él se presentó al estadio acompañado
no se de quien porque ni recuerdo que el secretario iba con él y
me pidió el favor a lo que yo le respondí que si el secretario
INFANTE le servía de codeudor con mucho gusto” (subrayas fuera
de texto).

Lo expuesto por este declarante no sólo respalda


ampliamente la exposición de Durango, sino también lo aseverado
por su hermana Diana Senovia Durango, en cuanto los dos
advirtieron que, en desarrollo de las gestiones tendientes a
obtener el préstamo para PAREDES VILLALOBOS, contactaron al
abogado Marín Montoya y que, como lo ratificó esta última, todo
fue por intermedio de la aludida compañera del profesional, para lo
cual ciertamente se concertó un encuentro en el Estadio de Puerto
Berrío.
República de Colombia
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Corte Suprema de Justicia

Es por lo anterior que, en cuanto tiene que ver con la


credibilidad del testimonio del abogado que terminó otorgando el
tantas veces referido préstamo, no puede la Sala compartir la
conclusión del Tribunal que optó por su descalificación a partir de
supuestas contradicciones que encontró en cuanto a lo expuesto
por el testigo en su inicial versión, lo cual lo condujo a colegir que
se trataba de “un testimonio variable y contradictorio..., quien
tampoco elucida la identidad del personaje que acompaña al
doctor PAREDES en el estadio”, cuando en realidad ese es el
único punto accesorio, que no sustancial, sobre el cual se
evidencia una puntual discrepancia.

La cual, por lo insular e insustancial, en modo alguno puede


constituir motivo suficiente para cercenar de un tajo la credibilidad
del testimonio rendido por parte de quien desempeñó un papel
trascendente en los hechos, al punto de ser la persona que facilitó
el préstamo requerido por el Juez PAREDES, que en lo demás
terminó confirmando las circunstancias modales ya narradas por el
soldado Durango y, por ende, contribuyendo a otorgar credibilidad
a sus acusaciones.

Otros medios de prueba que igualmente confluyen a ratificar


la de este último son las declaraciones de los soldados Carlos
Mario Aguirre y Euclides Rodríguez Ruíz, en la medida en que dan
cuenta que los hechos denunciados por aquél no fueron aislados,
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34 SEGUNDA INSTANCIA N° 25503
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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sino que al contrario, según sus dichos, se trataba de una práctica


recurrente del procesado.

En efecto, Carlos Mario Aguirre, además de corroborar


múltiples aspectos relatados por Durango, también fue enfático en
indicar que en el despacho judicial a cargo del sindicado, “había
corrupción” y que a petición del juez intercedió ante el soldado con
el fin de convencerlo para que se retractara de las acusaciones
lanzadas en su contra.

Importa resaltar que, como en la primera declaración de


Carlos Mario, adujo constarle que Durango pretendió involucrar al
juez con el objeto de que lo favoreciera en el trámite procesal que
se adelantaba en su contra por deserción, tal atestación carece de
fuerza probatoria, si se advierte que la misma fue recibida
extraprocesalmente, como así se señala de manera expresa, y
ante el propio sindicado MIGUEL ALFREDO PAREDES
VILLALOBOS.

Porque es lo cierto que en una segunda oportunidad, esto


es, a través de declaración practicada en el curso de esta
actuación ante la Fiscal 26 destacada ante la SIJIN de Antioquia,
el mismo uniformado, tras señalar que el Juez investigado es
amigo suyo, indicó que “problemas directos con el juez no tuve,
pero uno si veía corrupción en el Juzgado”.
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MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

Corte Suprema de Justicia

Y, al ser preguntado sobre una tal afirmación, concretamente


indicó que “un sargento de apellido LANCHEROS le pidió plata el
juez para sacarlo de un problema, le pidió dos millones de pesos,
yo supe eso porque el sargento me pidió el favor de que le
recibiera quinientos mil pesos, que todavía le había restado (sic) al
Juez, pero a la final se la entregó él personalmente, no supe cuál
era el problema, no recuerdo la época. El otro el cabo tercero
URBANO era del Batallón Plan Especial No. 8, él iba a vender una
granada de mano y lo pillaron, entonces el juez con plata lo sacó
del problema, no supe de la cantidad, pero yo trabajaba en el
Juzgado haciendo el aseo, haciendo mandados, yo vi cuando llegó
el cabo y le entregó una tarjeta para que el juez la retirara, allá no
estaba sino yo, el juez no me dijo nada, a cambio de eso, pues no
me decía, pero yo sabía que era por eso que me daba permisos
para venir al pueblo, me firmaba unas boletas de autorización a
pesar de estar detenido, eso no era para nada especial, sólo
porque él quería, me imagino que como yo veía lo que él hacía
para que no dijera nada, pero uno como hablaba, también supe lo
de RODIAN DURANGO, el juez le pidió plata que lo sacara del lío,
y le dio permiso para que fuera a buscar la plata, yo supe que él
vino y prestó plata y salió libre de todo, yo me enteré de eso por lo
que contó RODIAN y le vi la boleta de permiso, cuando venía a
buscar la plata”.

Sin embargo, luego de poner en conocimiento de la fiscalía


tan graves y concretas sindicaciones en contra del procesado,
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36 SEGUNDA INSTANCIA N° 25503
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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intempestivamente este declarante se retractó en su última versión


y para justificar ese cambio, sólo atinó a decir que los hechos de
corrupción a los que refirió en su versión inicial “eran precisamente
por comentarios que había escuchado, en especial por RODIAN
DURANGO MARTINEZ, por medio de él uno escuchaba
comentarios, pero en mi concepto el doctor PAREDES no
demostró nada ilegal durante el tiempo que estuvo en el Batallón
Bombona, era una persona rígida que hacía cumplir la ley y al
mismo tiempo era un amigo”.

Desde luego que también el declarante se retracta de su


inicial versión en cuanto a que intercedió por petición del juez para
que Durango declinara de seguir con las acusaciones en contra
del funcionario e, incluso, llega a sostener que lo manifestado en
su atestación precedente se debió a las presiones ejercidas por la
Fiscal que recibió su declaración inicial.

Y fue por ello que el Tribunal en relación con este deponente


indicó que sus cambios de postura lo llevaban al “convencimiento
de que Aguirre no es portador de serios motivos de credibilidad y
que, en consecuencia, no constituye fuente de prueba que pueda
reforzar con eficacia las ya endebles exposiciones de RODIÁN”.
Sin embargo, a juicio de la Sala, una tal conclusión se aleja de la
forma en que se impone la valoración de un determinado elemento
de prueba, particularmente cuando el mismo entraña afirmaciones
iniciales en un sentido y posteriores en otro que de él difiere
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sustancialmente, máxime si sobre el punto ha sido reiterada y


precisa la jurisprudencia de la Sala al señalar que:

"La retractación no es por sí misma una causal que destruya


de inmediato lo sostenido por el testigo en sus afirmaciones
precedentes. En esta materia, como en todo lo que atañe a la
credibilidad del testimonio, hay que emprender un trabajo analítico,
de comparación, a fin de establecer en cuál momento dijo el
declarante la verdad en sus opuestas versiones. Quien se retracta
de su dicho ha de tener un motivo para hacerlo, y este motivo
debe ser apreciado por el Juez, para determinar si lo manifestado
por el testigo es verosímil, obrando en consonancia con las demás
comprobaciones del proceso (….) si el testigo varía el contenido
de una declaración en una intervención posterior, o se retracta de
lo dicho, ello en manera alguna traduce que la totalidad de sus
afirmaciones deben ser descartadas. No se trata de una regla de
la lógica, la ciencia o la experiencia, en consecuencia, que cuando
un declarante se retracta, todo lo dicho en sus distintas
intervenciones pierda eficacia demostrativa”.

Así las cosas, analizando la credibilidad del testimonio de


que se viene hablando dentro del marco de las directrices de
antaño señaladas por la Sala, pronto se advierte que el dicho
inicial es el que ofrece plena credibilidad, no así su posterior
retractación.
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MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

Corte Suprema de Justicia

Ello, no sólo porque lo que informó en esa primera


oportunidad resulta coincidente con lo expuesto por el soldado
Durango, sino fundamentalmente porque se refiere en detalle y
con nombres propios a otros episodios en donde también el
procesado desplegaba prácticas similares. La concreción de esas
circunstancias, hacen muy difícil aceptar, como lo aduce en la
retractación, que su conocimiento se basó simplemente en lo que
le comentó Durango y menos aún resulta creíble para la Sala que
dichas acusaciones hayan sido fruto de coacción ejercida por la
Fiscal que recibió la diligencia, cuando no existe razón demostrada
en el proceso que permita arribar a una tal conclusión.

Pero, además, porque este testimonio en punto de los actos


de corrupción que se dicen ocurridos en el despacho a cargo del
procesado no es aislado, en tanto que otro uniformado también
dentro de la presente actuación dio cuenta de las anomalías que
allí se presentaban, las cuales también habían sido referidas por el
propio Durango. Se trata del soldado Euclides Antonio Rodríguez
Ruiz, sobre cuya declaración nada se dice en el fallo impugnado y
quien fue enfático no sólo en confirmar lo sucedido con respecto a
Rodián, sino en corroborar que tales actos ejercitados por el juez
eran frecuentes, incluso siendo víctima de ellos, amén de que se
refirió a otros episodios adicionales, que coinciden con lo expuesto
por Aguirre en su primigenia versión. Fue así como este declarante
en la oportunidad referida manifestó lo siguiente:
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MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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“El problema que yo tuve con él (se refiere al procesado, se


aclara) es que cuando me estaba cobrando la plata de la abogada,
que eran trescientos mil pesos, le tuve que firmar al Juez un papel
que decía lo de la plata, uno le tenía que entregar la plata al
mismo Juez, se eso, porque QUINTANA VÉLEZ que era un
detenido de allá de la pieza se la tuvo que entregar a él
directamente, yo no se la entregué porque me volé, porque el Juez
el día de la libertad me dijo vea usted tiene que dar la plata de lo
de la abogada porque si no paga no lo dejo ir, entonces le dije si
quiere sáquela de la bonificación, entonces le firme el papel ese
que le dije, y me dio la libertad, pero a mi me llegó la plata de lo de
la mocha y me monté en un carro y me vine sin entregarle nada,
después de eso llevaba como dos meses después de haber salido
del ejército me llamó a la casa, yo fui el que contestó, eso fue un
lunes por la mañana muy temprano, me dijo que la abogada,
entonces incluso ella pasó y también me cobró entonces le dije
que no tenía, que era muy pobre y mi mamá estaba muy enferma,
entonces no me dijo nada sino que me colgó el teléfono, eso fue lo
que me pasó con él”.

En cuanto a otras irregularidades que percibió, destaca que


tuvo conocimiento de “lo de un cabo GARCÍA que nos dijo que el
Juez le había cobrado una plata para darle la libertad, que ese
señor era una biblia, pero que estaba jodido porque no tenía plata,
la verdad es que no sé exactamente qué pasó con ese cabo, él
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MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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estaba detenido por un armamento, una granada, una munición y


un revólver 38, duró como seis o siete meses detenido en la pieza
y de allá lo trasladaron para una cárcel, es que le cuento que en
esa época habían (sic) por lo menos diez detenidos y casi con
todos tuvo líos, el que más sabe de eso es alias PECOSO, era un
soldado de apellido JARAMILLO que era la mano derecha de él,
ese si que le debe saber cosas de eso, lo único que se es que vive
por la estación de Maderas como por los lados de Zamora, era
como un vendedor de mercancías en la calle, pero no se más de
él”.

Así las cosas, para la Sala es claro que contrario a lo


concluido por el Tribunal en cuanto a la credibilidad que pueda
otorgarse a las acusaciones que el soldado Durango Martínez ha
lanzado en contra del juez procesado, es lo cierto que los medios
de prueba hasta ahora analizados conducen a concluir que,
ciertamente, el procesado acostumbraba incurrir en conductas
similares a las que aquí han sido objeto de investigación y
juzgamiento y, de desde luego, concurren a otorgar credibilidad a
la postura procesal asumida por el soldado Rodián Fabián
Durango Martínez.

Por lo anterior, para la Sala no resultan suficientes en orden


a mantener vigente el fallo absolutorio proferido en primera
instancia a favor del procesado, las versiones de los declarantes
que dentro del proceso introdujeron aspectos diversos en favor de
República de Colombia
41 SEGUNDA INSTANCIA N° 25503
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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PAREDES VILLALOBOS, bien porque confirman sus


exculpaciones, destacándose en ese sentido la de quien fungía
como secretario en el juzgado, esto es, Carlos Alfonso Infante, ora
porque se esmeran en exaltar las virtudes del funcionario o a
recalcar la inidoneidad del testimonio de Durango por acreditarse
que es una persona indisciplinada y conflictiva, en la medida en
que carecen de la fuerza necesaria para degradar la contundencia
que surge de los medios probatorios incriminantes.

Importa resaltar sobre ese último aspecto, de acuerdo con lo


que sostienen los recurrentes, que en punto de la valoración del
testimonio si bien es necesario apreciar la personalidad del
agente, éste tan sólo es uno de los criterios a tener en cuenta para
tal efecto, según la preceptiva del artículo 277 del estatuto
procesal penal, pues lo que al funcionario judicial corresponde
como obligación procesal, es la de proceder a su valoración en
conjunto con los demás medios de prueba, todo dentro del límite
que le señalan los principios de la sana crítica, como lo prevé el
artículo 238 ibídem.

Ahora bien, en relación con la imputación delictiva que obra


en contra de PAREDES VILLALOBOS por el delito de
constreñimiento ilegal, resta precisar que su responsabilidad surge
acreditada con la certeza que requiere la ley de los elementos de
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MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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juicio referidos que, sin duda, permiten concederle mérito


persuasivo tanto a la postura inicial del ofendido Rodián Durango
cuando da cuenta del constreñimiento a que fue sometido con el
fin de conseguir el préstamo dinerario, como a la que señala que
fue constreñido por el mismo funcionario para retractarse de las
acusaciones que dieron origen a esta actuación, contexto este
último dentro del cual no puede olvidarse que resulta bastante
cuestionable que la diligencia de retractación se hubiera llevado a
cabo precisamente en la sede del juzgado a cargo del procesado y
con la intervención del secretario de ese despacho, forma de
ocurrir los hechos que autorizan concluir que la presencia del
Personero Municipal el Puerto Berrío, sólo tuvo como objetivo
darle visos de legalidad al acto.

Así las cosas, para la Sala es claro que en el presente


proceso se encuentran acreditadas, con el grado de certidumbre
que exige la ley, tanto la realización de las conductas por las
cuales se formuló acusación en contra del doctor MIGUEL
ALFREDO PAREDES VILLALOBOS como su responsabilidad en
calidad de autor de los referidos comportamientos, lo cual impone
proferir en su contra sentencia condenatoria.

Máxime si se tiene en cuenta que con tales comportamientos


vulneró de manera cierta y efectiva, sin razón jurídicamente
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MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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atendible, tanto la administración pública como la autonomía


personal como bienes jurídicos cuya protección pretende el
legislador al sancionar los delitos de concusión y constreñimiento
ilegal. Y que el doctor PAREDES VILLALOBOS encontrándose en
posibilidad jurídica y material de actuar conforme a derecho y a las
normas que rigen su actividad pública y la convivencia ciudadana,
con conciencia y voluntad resolvió actuar en contravía de ellas, lo
cual permite predicar de su comportamiento el dolo como forma de
culpabilidad.

Resta señalar en cuanto a los argumentos de los sujetos


procesales no recurrentes, procesado y defensor, que los mismos
no son de recibo en orden a lograr la finalidad que persiguen, esto
es, la confirmación del fallo absolutorio de primera instancia, en
tanto que ya se ha dicho en profundidad la razón por la cual se
otorga pleno crédito al dicho de Durango, no obstante las
contradicciones insustanciales en que incurre, sin que se ofrezca
indispensable incluir nuevamente las puntuales razones que llevan
a la Sala a otorgarle la credibilidad negada en las instancias, a la
cual se llega no sólo a partir de la ponderación en sana crítica de
sus afirmaciones insularmente consideradas, como de éstas con lo
que los restantes deponentes dijeron sobre el particular, temática
abordada, se repite, a espacio a través de las consideraciones
precedentes.
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44 SEGUNDA INSTANCIA N° 25503
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

Corte Suprema de Justicia

Además, porque en punto de la validez de la actuación, no


encuentra la Sala motivo alguno que lleve a pensar en que al
procesado se le impidió el ejercicio de su derecho de contradicción
como razón única para que no se tengan en cuenta pruebas que
dan cuenta del constreñimiento al que fue sometido Durango,
porque la totalidad del plexo probatorio siempre estuvo a
disposición de la defensa material y técnica, tanto que a través de
sus intervenciones e incursiones procesales mediante escritos
oportunamente presentados, pudieron ejercer el referido derecho
sin limitación alguna.

Tampoco puede, en criterio de la Sala, restársele credibilidad


como lo pretenden los no recurrentes, a partir de la escueta
afirmación de que su dicho “es una declaración y no un
testimonio”, dado que por parte alguna se ensaya siquiera
explicación mínima sobre la diferencia que presenta el defensor.
Como tampoco porque se trata de una afirmación que apenas
corroboran sus consanguíneas, a quienes califica de testigos de
referencia, o la señora Nancy Estella Montoya, cónyuge o
compañera de quien finalmente realizó el préstamo de dinero que
requería el procesado e inclusive el estilista Francisco Zapata
Arroyave, quien al decir del defensor terminó suministrando una
descripción morfológica que no corresponde a la de su prohijado.

Lo anterior, porque ya se vio cómo todos estos testimonios


se ofrecen dignos de credibilidad, aptitud con la cual concurren a
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MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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corroborar la incriminación que el soldado Durango lanzó en


contra del juez procesado que, no obstante la inducida
retractación, no pierde el valor probatorio que en primera instancia
se le desconoció y que la defensa material y técnica aspira a que
se mantenga en esta instancia como razón fundamental para
desechar la petición de condena al unísono elevada por los
impugnantes, esto es, Fiscalía y Ministerio Público.

Determinación de las consecuencias jurídicas de la


conducta punible:

Reunidos como se encuentran los requisitos que el artículo


232 del estatuto procesal penal exige para condenar, desde luego,
con la certidumbre que la misma norma reclama, la Sala procederá
a declarar la responsabilidad penal del doctor MIGUEL ALFREDO
PAREDES VILLALOBOS, en las conductas punibles objeto de
acusación y, consecuentemente, a señalar las consecuencias
jurídicas que de tal declaración se derivan.

1.- Determinación de la punibilidad.

En esta materia, la Sala se ceñirá a los parámetros


establecidos en los artículos 60 y siguientes del estatuto penal
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46 SEGUNDA INSTANCIA N° 25503
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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sustantivo vigente, esto es, de la Ley 599 de 2000, teniendo en


cuenta que se procede por un concurso de conductas punibles,
según se precisó suficientemente en la resolución acusatoria, lo
que impone adicionalmente atender los presupuestos previstos en
el artículo 31 ejusdem, según el cual “el que con una sola acción u
omisión o con varias acciones u omisiones infrinja varias
disposiciones de la ley penal o varias veces la misma disposición,
quedará sometido a la que establezca la pena más grave según su
naturaleza, aumentada hasta en otro tanto, sin que fuere superior
a la suma aritmética de las que corresponden a las respectivas
conductas punibles debidamente dosificadas cada una de ellas”.

Además, como el juicio de responsabilidad en contra del


procesado PAREDES VILLALOBOS recae por las conductas de
concusión, en concurso homogéneo y sucesivo, y constreñimiento
ilegal, se impone precisar que la primera de ellas se encuentra
sancionada conforme al artículo 404 de la Ley 599 de 2000 con
una integración punitiva compuesta por pena privativa de la
libertad de seis (6) a diez (10) años de prisión, pena pecuniaria de
cincuenta (50) a cien (100) salarios mínimos legales mensuales
vigentes e interdictiva de inhabilitación para el ejercicio de
derechos y funciones públicas de cinco 5 a ocho (8) años, mientras
que la segunda, a términos del artículo 182 del mismo estatuto lo
es con pena de prisión de uno (1) a dos (2) años.
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MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS

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Por tanto, es de meridiana claridad que del concurso de


delitos atribuido al doctor PAREDES VILLALOBOS el que se
encuentra sancionado con la pena más grave es el de concusión,
razón por la cual del extremo mínimo allí señalado se partirá a
efecto de concluir en la condigna sanción que por su múltiple
comportamiento corresponde, aumentada hasta en otro tanto, sin
que en ningún caso pueda superarse la “suma aritmética” de las
penas que corresponden a las conductas concursantes.

Así, pues, se tiene que el ámbito punitivo de movilidad para


este delito está conformado por un primer cuarto comprendido
entre setenta y dos (72) meses y ochenta y cuatro (84) meses de
prisión y multa de cincuenta (50) a sesenta y dos y medio (62,5)
salarios mínimos legales mensuales; un segundo cuarto, entre
ochenta y cuatro (84) meses y un (1) día y noventa y seis (96)
meses de prisión y sesenta y dos, cincuenta y uno (52,51), a
setenta y cinco (75) salarios ; el tercero, entre noventa y seis (96)
meses y un (1) día y ciento ocho (108) meses de prisión y setenta
y seis (76) a ochenta y ocho y medio (88,5) salarios y, el último
cuarto entre ciento ocho (108) meses y un (1) día y ciento veinte
(120) meses de prisión y ochenta y ocho, cincuenta y uno (88,51) a
cien (100) salarios mínimos legales mensuales.

Ahora, como en el presente asunto no se dedujo en contra


del procesado circunstancia alguna de agravación, y por el
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contrario en su favor concurre la circunstancia de atenuación


punitiva determinada por la buena conducta anterior o ausencia de
antecedentes penales del incriminado (numeral 1º del artículo 55
de la Ley 599 de 2000); según la clara preceptiva de la
normatividad llamada a regular el caso, el ámbito de movilidad
para efecto de la dosificación punitiva, será el primero de los ya
referidos, esto es, el comprendido entre setenta y dos (72) y
ochenta y cuatro (84) meses de prisión y multa entre cincuenta
(50) y sesenta y dos y medio (62.5) salarios mínimos legales
mensuales vigentes.

Pues bien, señalados los parámetros anteriores y en


consideración a la gravedad de la conducta y el daño efectivo que
genera ese tipo de comportamientos frente a la imagen de la
Administración Pública en general y en particular a la
Administración de Justicia cuando uno de sus operadores,
amparado en esa condición, comete desafueros como los que aquí
se juzgan, acentuándose en consecuencia la pérdida de
credibilidad del conglomerado social en las personas y organismos
que detentan esa función, con fundamento en la previsión
contenida en el artículo 61 de la Ley 599 de 2000, encuentra la
Sala razonable incluir un primer incremento por esa circunstancia
de dos (2) meses de prisión y dos (2) salarios mínimos legales
mensuales vigentes.
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Subtotal que se incrementará por virtud del concurso


homogéneo y sucesivo de delitos de concusión en dos (2) meses
la pena de prisión y en dos (2) salarios mínimos legales mensuales
vigentes la pecuniaria. Y, por virtud de la conducta concurrente de
constreñimiento ilegal, un (1) mes de prisión, para un total de pena
a imponer para el procesado MIGUEL ALFREDO PAREDES
VILLALOBOS de setenta y siete (77) meses de prisión y multa por
valor de cincuenta y cuatro (54) salarios mínimos legales
mensuales vigentes.

El tiempo que el procesado ha permanecido en detención


efectiva y domiciliaria será tenido como parte cumplida de la pena
privativa de la libertad.

También se le condenará a la pena principal de interdicción


de derechos y funciones públicas por el mismo tiempo de la pena
privativa de la libertad, de conformidad con las consideraciones
expuestas en precedencia, y teniendo en cuenta su finalidad, la
gravedad del hecho y la relación del ejercicio funcional con la
ofensa del bien jurídico amparado de la administración pública.

De la misma manera, se le impondrá la pena accesoria de


pérdida de empleo público, prevista en los artículos 43, numeral
2°, y 45 de la Ley 599 de 2000 pues, de conformidad con
constancias que obran el proceso, el sindicado continúa en el
ejercicio de su investidura como juez, cuyo ejercicio resulta
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incompatible con la naturaleza de la conductas punibles por las


cuales se le atribuye responsabilidad, máxime cuando al momento
de su comisión ostentaba tal calidad.

2.- Determinación de la responsabilidad civil:

Según el artículo 56 de la Ley 600 de 2000, en todo proceso


penal en que se haya demostrado la existencia de perjuicios
provenientes de la conducta investigada, el funcionario condenará
al responsable al pago de los daños ocasionados con el delito.
Dicha norma también dispone que no habrá lugar a condena de tal
naturaleza cuando se establezca que el perjudicado ha promovido
de manera independiente la acción civil. También se señala que el
fallo debe contener el pronunciamiento sobre las expensas, las
costas judiciales y las agencias en derecho, si a ello hubiere lugar.

Como es palmario que en este caso con los


comportamientos delictuales no se ocasionó menoscabo
económico particular alguno o, por lo menos ninguna persona
acudió al proceso a acreditarlos y reclamar su pago, la Sala no
incluirá condena alguna por este concepto.

3.- De los mecanismos sustitutivos de la pena privativa


de la libertad:

En atención a que la pena que habrá de imponerse al


procesado supera la de tres (3) años señalada como referente
objetivo en el artículo 63 de la Ley 599 de 2000, no podrá en este
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caso otorgarse el sustituto de la suspensión condicional de la


ejecución de la pena, dado que para ello deben concurrir
acreditadas tanto la exigencia objetiva como la subjetiva
requeridas por la referida normatividad.

Por similares razones tampoco es posible proceder al


otorgamiento de la prisión domiciliaria, en la medida en que se
impondrá sentencia por delito cuya pena mínima prevista por la ley
es superior a cinco (5) años, que a tal quantum corresponde la
exigencia objetiva señalada en el artículo 38 de la citada ley, en
tanto que el delito de concusión, bueno es recordarlo, tiene
señalada pena de prisión de seis (6) a diez (10) años,
circunstancia que torna innecesario incursionar en la acreditación
del requisito subjetivo, dado que para la prosperidad del sustituto
se reclama la concurrencia conjunta y no meramente alternativa de
las referidas exigencias.

Una consecuencia adicional que surge del análisis que viene


de realizarse, es la de que se impone proceder a revocar la
libertad provisional otorgada al procesado en el numeral segundo
de la parte resolutiva del fallo impugnado para que, en su defecto,
se libre la correspondiente orden de captura con el fin de hacer
efectiva la pena que habrá de imponerse al doctor PAREDES
VILLALOBOS. Es claro que lograda ella, el procesado debe
permanecer en el establecimiento carcelario que determine el
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INPEC, el cual no podrá ser uno ordinario, en atención a la


previsión contenida en el artículo 29 de la Ley 65 de 1993.

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE


JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley;

RESUELVE

1.- REVOCAR la sentencia proferida por el Tribunal Superior


de Antioquia el 28 de marzo de 2006, por cuyo medio absolvió a
MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS de los cargos
formulados en su contra en la resolución acusatoria, de
conformidad con las razones consignadas en la parte motiva de
este fallo.

2.- DECLARAR penalmente responsable en calidad de autor


al doctor MIGUEL ALFREDO PAREDES VILLALOBOS, de
condiciones civiles y personales conocidas en autos, de los delitos
de concusión, en concurso homogéneo y sucesivo, y
constreñimiento ilegal, cometidos en las circunstancias espacio
temporales y modales de que da cuenta el proceso.

3.- CONDENAR, en consecuencia, al doctor PAREDES


VILLALOBOS a las penas principales de setenta y siete (77)
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meses de prisión, multa equivalente al valor de cincuenta y cuatro


(54) salarios mínimos legales mensuales e inhabilitación para el
ejercicio de derechos y funciones públicas por un lapso igual al de
la pena privativa de la libertad y a la accesoria de pérdida del
empleo público.

4.- NO CONDENAR al doctor PAREDES VILLALOBOS, al


pago de perjuicios materiales y morales derivados de las
conductas punibles aludidas.

5.- DECLARAR que el doctor MIGUEL ALFREDO PAREDES


VILLALOBOS no se hace acreedor al sustituto de la suspensión
condicional de la ejecución de la pena ni al de prisión domiciliaria,
pero sí a que se le tenga como parte de la pena cumplida el
tiempo que permaneció en detención efectiva y domiciliaria por
razón de este proceso.

6.- REVOCAR el beneficio de libertad provisional otorgado a


favor del mencionado en el numeral segundo de la parte resolutiva
del fallo impugnado y, en su lugar, librar en su contra orden de
captura, para hacer efectiva la pena de prisión que aquí se
impone, lograda la cual será del resorte exclusivo del Instituto
Nacional Penitenciario y Carcelario –INPEC– señalar el lugar de
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reclusión, teniendo en cuenta la previsión contenida en el artículo


29 de la Ley 65 de 1993.

7.- LIBRAR por la Secretaría de la Sala las comunicaciones


de rigor a las autoridades competentes, conforme lo normado por
el artículo 472 Ley 600 de 2000.

Contra esta providencia no procede recurso alguno.

Cópiese, notifíquese y cúmplase.

MAURO SOLARTE PORTILLA

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ ALFREDO GÓMEZ QUINTERO

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN MARINA PULIDO DE BARÓN

JORGE LUIS QUINTERO MILANES YESID RAMÍREZ BASTIDAS


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JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA JAVIER ZAPATA ORTÍZ


Cita medica

TERESA RUIZ NÚÑEZ


Secretaria