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JOSÉ DEL REY FAJARDO S. I.: EL TUNJANO AGUSTÍN DE VEGA Y SU APORTE A LA. . .

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EL TUNJANO AGUSTÍN DE VEGA Y SU APORTE A


LA HISTORIOGRAFÍA ORINOQUENSE
POR
JOSÉ DEL REY FAJARDO S. I.*

La persona y la obra del jesuita tunjano Agustín de Vega (1712-1765) han


pasado totalmente desapercibidas en la historiografía jesuítica de la Orinoquia.
Los investigadores que han ensayado hacer historia de esta etapa, como An-
tonio Astráin1 , Daniel Restrepo2 , Manuel Aguirre3 , entre otros, han tenido
que someterse a la aventura de no disponer de una fuente tan importante.
Todavía más, en las dos ediciones de nuestra Bio-bibliografía de los Je-
suitas en la Venezuela colonial4 su nombre se nos ha escurrido, sin saber por
qué, y tendrá que esperar a la tercera edición para encontrar su sitial entre los
seguidores de Ignacio de Loyola que laboraron en la Venezuela colonial5 .
Pero, si su personalidad la ha desconocido la propia literatura jesuítica
neogranadina lo mismo podemos decir de su obra que hoy tratamos de reha-

* Miembro Correspondiente extranjero de la Academia Colombiana de Historia.


1 Antonio Astrain. Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España. Madrid,
1912-1925, 7 vols.
2 Daniel Restrepo. La Compañía de Jesús en Colombia. Compendio historial y Galería de
ilustres varones. Bogotá, 1940.
3 Manuel Aguirre Elorriaga. La Compañía de Jesús en Venezuela. Caracas, 1941.
4 La primera conoció la luz pública el año 1973 en Caracas, y la segunda en San Cristóbal-
Santafé de Bogotá, el año 1995.
5 José Del Rey Fajardo. Biblioteca de escritores jesuitas neogranadinos. Bogotá, Editorial
Pontificia Universidad Javeriana (2006), 722-725. Lamentablemente también tenemos que
corregir un error: el de la fecha de su muerte que acaeció el 4 de enero de 1765 (ARSI. Historia
Societatis, 53ª. 1766. Sin embargo, en el inventario del archivo del colegio colonial de Mérida
se recoge su carta necrológica en la que señala el año 1763 como fecha de su fallecimiento:
AAM. Seminario. Caja 1. Inventario de los papeles del archivo del colegio de San Francisco
Javier de Mérida, fol. 13v. pero ciertamente es un error).
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bilitar. Su historia, Noticia del Principio y progresos del establecimiento de


las Missiones de Gentiles en el Río Orinoco6 , vino a ser conocida en 1974
cuando por vez primera hicimos del conocimiento de los estudiosos tan im-
portante escrito sobre las gentes y tierras orinoquenses7 . Tuvimos que apelar
a los criterios de la crítica histórica para identificar a Vega como el genuino
autor de un manuscrito que aparecía como anónimo8 . Y aunque han trascu-
rrido casi cinco lustros desde que conoció la luz pública, pocos han sido los
investigadores actuales que han descubierto la riqueza que encierra esta obra9.
Sin embargo, sus contemporáneos supieron valorarlo y ubicarlo en su
verdadera dimensión humana y jesuítica. Bastará aducir dos testimonios sig-
nificativos.
El primero concierne al P. José Gumilla, a quien Vega acompañaría en sus
correrías apostólicas en el río Orinoco de 1731 a 1737. En la biografía que el
autor de El Orinoco ilustrado dedica al P. Juan Rivero, al tratar acerca de las
clases de pintura que recibió en la ciudad de Pamplona el futuro misionero,
añade: “... Arte [la pintura], con que después enriqueció, y adornó las nuevas
Missiones, y en ellas enseñó al Hermano Agustín de la Vega, sugeto que con
fervor trabaja en ellas [misiones], no sólo en su arte [pintura], sino en cate-
quizar a los Gentiles, cuyas lenguas sabe”10 .

6 Noticia del Principio y progresos del establecimiento de las Missiones de Gentiles en el Rio
Orinoco, por la Compañia de Jesus, con la continuacion, y oposiciones que hicieron los
Carives hasta el año de 744 en que se les aterro, y atemorizo, con la venida de unos Cabres
traydos, que se havecindaron en Cabruta. Lo que para mejor inteligencia iremos contando
por los años, en que se establecieron dichas Missiones, y lo que en cada uno passó, cómo
passó, la qual relacion haze un testigo de vista que lo ha andado todo por si mismo muchas
vezes, Religioso de la Misma Compañia. El manuscrito que hemos utilizado reposa en la
Biblioteca Newberry de Chicago. Mss. 1180. Lo publicamos en: Documentos jesuíticos relativos
a la Historia de la Compañía de Jesús en Venezuela. Caracas, II (1974), 9-149. Las citas
siempre las haremos de acuerdo con este texto. Sin embargo, la edición de 2000 anota el folio
correspondiente del texto original; por ello, cuando se cita el folio se debe recurrir a esta última
edición.
7 J. Del Rey Fajardo. Documentos jesuíticos relativos a la Historia de la Compañía de Jesús
en Venezuela. Caracas, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, II (1974), 2-149.
8 Del Rey Fajardo. Documentos jesuíticos…, 5-7.
9 La segunda edición data del año 2000. Agustín de Vega. Noticia del principio y progresos del
establecimiento de las Missiones de gentiles en el río Orinoco por la Compañía de Jesús.
Estudio introductorio: José del Rey Fajardo S. J. y Daniel de Barandiarán. Caracas, Academia
Nacional de la Historia, 2000.
10 José Gumilla. Escritos varios. Caracas, Academia Nacional de la Historia (1970) 30. Breve
noticia de la apostolica, y exemplar vida del angelical, y V. P. Juan Ribero... 1739.
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El segundo pertenece al P. Angel María Manca, jesuita de la Provincia de


Quito y nombrado Provincial de la Provincia del Nuevo Reino de 1743 a
174811 . En un Informe que remite al P. General de la Compañía de Jesús
sobre las misiones en 1744, escribe sobre el H. Vega: “Ha trabajado fielmen-
te (segun me escriben los Padres) mucho en agregar a Pueblo a los yndios
Mapoyes, en volverlos a recoger despues de sus fugas. Ha tenido distintos
encuentros con los carybes; y sacado varias almas de otras naciones; ha he-
cho muchos y muy gloriosos baptismos en sus correrias, sufriendo como el
mas valeroso soldado de Christo los trabajos de hambre, sed, fatigas, y peli-
gros de la vida...”12 .
Tres escenarios geográficos diferentes serán el teatro de la biografía de
este desconocido jesuita boyacense: la ascética Tunja, su ciudad natal, semi-
lla de su vocación para dar respuestas válidas a los requerimientos de su
idealismo; el paisaje desbordado del río Orinoco, verdadera respuesta para
los retos que le exigieron grandes hazañas; y Bogotá, capital del virreinato y
sede de la intelectualidad neogranadina, etapa surcada por los recuerdos y
las enfermedades.

I
En el imaginario de la Compañía de Jesús del Nuevo Reino de Granada
la capital boyacense adquirió una fisonomía muy significativa pues debía
troquelar el diseño de la identidad espiritual de todo candidato que deseara
inscribirse en las filas de la Compañía de Jesús.
En primer lugar fue la escuela de formación ascética para los ignacianos
nacidos en territorio colombiano pues durante dos años tenían que asimilar el
alma de la espiritualidad ignaciana, es decir, el “modo de proceder” como
miembros de la Orden fundada por Ignacio de Loyola en 1540.
En segundo término, la mayoría de los sacerdotes que laboraron en tierras
colombianas tuvo que dedicar un año al estudio y praxis de la ascética traza-
da por el fundador a sus seguidores. En otras palabras: debían regresar a
Tunja después de concluir sus estudios universitarios para revalidar el espíri-
tu genuino de su vocación jesuítica.
El tercer punto de consideración es el relativo al colegio de humanidades
que formó las juventudes tunjanas en virtud y letras.

11 Juan Manuel Pacheco. Los jesuitas en Colombia. Bogotá, III (1989), 267-288.
12 J. Del Rey Fajardo. Documentos jesuíticos relativos a la Historia de la Compañía de Jesús
en Venezuela. Caracas, II (1974), 328. Informe sobre la misión del Orinoco: 1739-1744.
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Y finalmente, también adquiere un gran valor el estudio del espíritu em-


presario que tuvieron que diseñar los seguidores de Ignacio de Loyola, crea-
dores del núcleo tunjano, para financiar todas sus actividades religiosas,
culturales y educativas como lo demuestra la necesidad de fomentar una red
de haciendas que unían las Misiones de Casanare con la capital neogranadina.
El 12 de noviembre de 1728 solicitaba Agustín de Vega ser admitido en
la Orden de Ignacio de Loyola en Tunja13 , urbe en la que había nacido 16
años antes14 . Todo su idealismo juvenil quería proyectarlo como jesuita
comprometido con los proyectos que la Orden religiosa desarrollaba en el
Nuevo Reino y sobre todo entre sus indígenas de la gran Provincia de
Guayana. Era la continuación de su niñez y la admiración por los ideales
sembrados por sus profesores del colegio de Tunja en donde había estudia-
do como colegial15 .
Agustín de Vega, como todo candidato a seguir las huellas del ilumina-
do hombre de Loyola, tuvo que dedicar un mes íntegro en silencio, re-
flexión y soledad interior para hacer los “Ejercicios espirituales”16 que exige
el fundador. Como anota Manuel Ruiz Jurado ellos debían producir una
nueva estructura mental “de valores y motivaciones, de vida de fe… que
da origen a un lenguaje particular, sólo inteligible, cuando se examinan las
cláusulas y el sentido del Instituto que abrazaron, tras una experiencia inte-
rior que cambió desde dentro sus vidas y que sirve para renovar sus ener-
gías interiores cada día”17 .
El legado de los famosos “Ejercicios” suministra la clave del éxito; éste
siempre debía medirse con dos actitudes de tensión espiritual sin las cuales
no puede darse ningún compromiso: el deseo de señalarse en el servicio (que
los técnicos del ignacianismo traducen por la palabra latina “magis”) y el
discernimiento como mejor opción para la elección más acertada.

13 ARSI. N. R. et Q., 4, fol. 236v. Catálogo de 1736.


14 ARSI. N. R. et Q., 4, fol. 352v. Catálogo de 1763. La fecha de nacimiento fue el 8 de mayo de
1712.
15 Agustín de Vega. Noticia del Principio y progresos,105: “... qualquiera de los Padres
Missioneros de la Compañia de Jhesus con quien me he criado, y vivido toda mi vida...”. [el
subrayado es nuestro]. Si no advertimos lo contrario, citaremos siempre por la edición de 1974.
16 Ignacio de Loyola. Obras de San Ignacio de Loyola. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos,
1991. Los “Ejercicios Espirituales” corren de la página 220 a la 319.
17 Manuel Ruiz Jurado. “Enviados por todo el mundo…”. En: Paramillo. San Cristóbal, 14
(1995), 735-736.
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El escritor alemán Hugo Rahner define el “magis” como “el amor que
siempre quiere más; que por sistema no conoce límites, siempre abierto hacia
lo alto, para un pronto servicio de Dios, y para una voluntad de asemejarse a
Cristo… pero esta sistemática aspiración ilimitada del amor… queda limita-
da por el ideal de servicio en la iglesia visible militante” 18 .
Como Maestro de la vida espiritual en los dos años de Noviciado (1728-
1730) tuvo a uno de los más ilustres jesuitas neogranadinos del siglo XVIII:
el P. Ignacio de Meaurio (1670-1751)19 . Este jesuita santafereño había sido
catedrático de filosofía y teología moral en la Universidad Javeriana y a con-
tinuación su Rector. Además se había desempeñado como Provincial del
Nuevo Reino y Visitador de la Provincia de Quito. Y en 1726 se dirigió a
Tunja para regir esa selecta casa de formación para los jóvenes jesuitas20 . El
13 de noviembre de 1730 pronunciaba sus Votos del Bienio y se vinculaba a
la Compañía de Jesús como Coadjutor temporal21 .

II
Su segundo escenario geográfico se desarrollará en la gran Orinoquia.
Agustín de Vega tiene apenas 19 años y va a asumir un proyecto que sólo
es imaginable como en el mejor de los sueños: la conquista del Orinoco. De
la vida sedentaria y organizada de Tunja pasa a la febril actividad misionera
en la que gran parte de este tramo temporal tendrá que manejarse bien como
misionero, bien como colonizador, bien como un audaz fugitivo que mantie-
ne los ideales de los suyos frente al enemigo que desea imponer el terror en
los territorios ocupados.
En 1730 deja a su espalda la ciudad de Tunja y se dirige a las Misiones
de Casanare para acompañar al P. Juan Rivero que va a ser su maestro de
pintura22 .
¿Pero cuál era la realidad política y social del gran río a la hora de llevar a
cabo esta nueva intentona jesuítica?

18 Hugo Rahner. Ignacio de Loyola y su histórica formación espiritual. Santander (1955),


13-14.
19 J. Del Rey Fajardo. Bío-bibliografía…, 378-380.
20 APT. Leg., 132. [Sin foliar]. Carta del P. Miguel Angel Tamburini al P. Francisco Méndez.
Roma, 15 de diciembre de 1725.
21 ARSI. N. R. et Q., 4, fol. 254. Supplementum primi et secundi Catalogi Provinciae Novi
Regni Societatis Jesu confectum a 26 junii 1730 ad 20 aprilis 1732.
22 José Gumilla. Escritos varios. Caracas, Academia Nacional de la Historia (1970) 30. Breve
noticia de la apostolica, y exemplar vida del angelical, y V. P. Juan Ribero... 1739.
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Ciertamente, los territorios del Orinoco medio seguían convulsionados


por la acción depredadora del caribe que había impuesto, desde la segunda
mitad del siglo XVII, su yugo opresor a través de lo que Barandiarán acerta-
damente designa como “guerrilla fluvial y selvática de los indios caribes al
servicio del azúcar holandés”23 . A ello habría que añadir una tremenda ines-
tabilidad territorial y las consiguientes migraciones forzadas incompatibles
con asentamientos durables misionales.
En efecto, “puede fácilmente calcularse en más de 30 mil indios aniquila-
dos y más de diez mil vendidos como esclavos por los caribes, con la compli-
cidad de los holandeses, franceses, ingleses y hasta de los mismos españoles.
¡Cuarenta mil víctimas en solo la hidrografía del Orinoco, en solo 30 años
(1696-1730) sin contar los doce años de la hecatombe que representó el epi-
sodio de Quirawera (1684 a 1696)”24 .
En verdad, ausentes los jesuitas de Santo Tomé desde 1680 y del Orinoco
medio desde 1695, los ignacianos neogranadinos habían vivido arrincona-
dos en el piedemonte llanero-andino y no se habían percatado de que la
Guayana había sufrido grandes transformaciones.
En efecto, entre los años 1700 y 1736 los capuchinos aragoneses que labora-
ban en la Provincia de Cumaná habían orientado sus esfuerzos para colonizar el
río Guarapiche dominio de los caribes y centro de intercambio con sus hermanos
de raza de las islas. Las acciones del gobernador Carreño habían obligado a los
representantes de esta etnia a retirarse a la obra banda del Orinoco25 , es decir, a
las regiones de Puruey y Caura desde donde se federaron, sin dificultades geo-
gráficas, con sus hermanos de raza que habitaban la gran región de Barima,
Aquire y Esequivo y de esta suerte fortalecieron la gran Caribaria.
Trascendental debió ser el paso dado por el Provincial Francisco Antonio
González cuando decidió en 1731 dar comienzo a las misiones del Orinoco.
Sólo un testimonio tan autorizado como el del autor de El Orinoco ilustrado
nos permite conocer que esta empresa se llevó a cabo “contra la voluntad de
todos los Padres Viejos, [y] solo con la orden y mandato del Padre Provincial
Francisco Antonio González”26 .

23 Daniel Barandiaran. “El Orinoco amazónico de las Misiones Jesuíticas”. En: José Del Rey
Fajardo (Edit.). Misiones jesuíticas en la Orinoquia. San Cristóbal, II (1992), 317.
24 Daniel de Barandiaran. “El Orinoco amazónico de las Misiones jesuíticas”, 237-241. Demetrio
Ramos Perez. Estudios de Historia venezolana. Caracas (1988), 241.
25 Buenaventura de Carrocera. Misión de los Capuchinos en Guayana. Caracas, Academia
Nacional de la Historia (1979), 17-22.
26 AGI. Santo Domingo, 599. Carta del P. José Gumilla a Don Carlos de Sucre. Guayana 7 de
enero de 1734. (Gumilla. Escritos varios, 171).
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Así, “por noviembre de 1731” al decir de Gumilla27 , bajaron de Casanare


el veterano P. José Gumilla, el joven Bernardo Rotella y el H. Agustín de
Vega quien apenas contaba con 19 años de edad28 .
Y en este punto de 1731 comienza el protagonismo silencioso y definiti-
vo del jesuita tunjano pues al ser testigo presencial y actor iluminará los acon-
tecimientos históricos desde su misma fuente y ello abrirá al historiador a una
versión muy distinta de la verdadera historia misional y civil del Orinoco.
Gracias al jesuita tunjano podemos redefinir la historia del Orinoco en
tres planos paralelos: el liderazgo consecutivo de los PP. Gumilla y Manuel
Román; las divisiones territoriales y la guerra del caribe y del guaypunabi.
El autor de El Orinoco ilustrado es el verdadero ideólogo de la nueva
estrategia para el asentamiento de la Compañía de Jesús en las márgenes del
gran río venezolano. Su acción se centrará en la búsqueda de la superación
de todos los errores del pasado y cronológicamente podríamos ubicarla entre
1731 y 1736.
Por ello, en esta primera etapa (1731-1736) la visión gumillana de la
Guayana sufrirá los más grandes reveses pero la mente clara y gerencial del
introductor del café en Colombia29 sabrá remontar las dificultades y volver a
buscar soluciones a tanta problemática no presentida.
Conforme transcurren los primeros meses de estancia jesuítica en Santo
Tomé Gumilla toma conciencia rápida de que la realidad orinoquense va
desmontando su diseño prefabricado en Casanare e intuye que el viejo pro-
yecto misional tiene que adecuarse a una geopolítica administrativa y ecle-
siástica que estaba naciendo en la gran Guayana Y por ello acepta la inclusión
de nuevas fuerzas misionales con las consiguientes divisiones territoriales
pero mantiene la convicción de que el imperialismo caribe es la causa de la
crisis de la gran Guayana.

27 AGI. Caracas, 391. Carta de Gumilla al Gobernador Sucre. Orinoco, febrero 23 de 1733.
Sin embargo, Cassani. Historia de la Compañía de Jesús del Nuevo Reyno de Granada.
Caracas (1967), 397, pone como fecha de ingreso el 10 de diciembre de 1731.
28 Agustín de Vega. Noticia del Principio y progresos, 10: “Señaló el Padre Provincial a los
primeros Padres que fueron el Padre Joseph Gumilla sujeto muy práctico en reducir a los
Gentiles, y al Padre Bernardo Rotella y a otro sujeto por su compañero [Vega]”.
29 Daniel Restrepo. La Compañía de Jesús en Colombia. Bogotá (1940), 105-106. Manuel
Aguirre Elorriaga. La Compañía de Jesús en Venezuela. Caracas (1941), 38-41. Arístides
Rojas. Estudios históricos. Caracas, I (1926) 301 y ss. Tulio Febres Cordero. Archivo de
historia y variedades. Caracas (1930) 166 y ss.
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Así pues, se ve obligado a aceptar la presencia actuante en la zona de


nuevas fuerzas religiosas como los Capuchinos catalanes en la región orien-
tal de Guayana, y por encima del Orinoco, aguas arriba del gran río, habían
ya tomado protagonismo los Capuchinos aragoneses, los Franciscanos de
Píritu y los Capuchinos andaluces.
Los grandes problemas que aquejaban a la Orinoquia le inducen al autor
de El Orinoco ilustrado a manifestar el deseo de que todos los actores reli-
giosos que tenían compromisos con la Guayana asumieran sus respectivas
responsabilidades y colaboraran en poner fin a la tragedia que significaba
para todos el imperialismo caribe.
En consecuencia, esta realidad le llevaría al hijo de la Universidad Javeriana
a firmar en febrero de 1732 el “Convenio de Guayana” por el que los Capu-
chinos catalanes declaran que el terreno que tiene como espina dorsal el río
Caroní les corresponde exclusivamente a ellos. Fruto de esta decisión, hacia
comienzos de marzo de 1732, los jesuitas tienen que abandonar la sufrida
ciudad portátil de Santo Tomé.
El 20 de marzo de 1734 se producía el segundo impacto de división terri-
torial que arrojaba a los jesuitas al Orinoco medio. En esa fecha se firmaba la
denominada Concordia de Guayana entre franciscanos de Píritu, capuchi-
nos catalanes y jesuitas. De esta suerte se fijaban los escenarios territoriales
entre las órdenes religiosas signatarias y se abrían espacios, al parecer más
controlables, de la inmensa Orinoquia. Así se dividía el territorio guayanés
en las siguientes áreas: los Capuchinos de Guayana se encargarían desde la
Angostura hasta la boca grande del Orinoco; los Observantes de Píritu de-
bían tomar a su cargo los espacios comprendidos entre la Angostura y el
Cuchivero desde las márgenes del gran río venezolano hasta el Amazonas; y
a los Jesuitas se les asignaba desde el Cuchivero “lo restante del Orinoco,
tirando siempre para arriba” hasta el Marañón30 .
Todavía más, el 28 de noviembre de 1736 suscribían los PP. José Gumilla
y Salvador de Cádiz el “Convenio de Caracas”31 en representación de los
Capuchinos andaluces y los jesuitas de Bogotá. El motivo principal se diri-
gía a resolver un grave problema migratorio: el fenómeno de los indígenas
fugitivos de las misiones.

30 AGI. Santo Domingo, 678.


31 AGI. Santo Domingo, 634. Concordia de 28 de noviembre entre el Padre Gumilla y Fray
Salvador de Cadiz. El texto puede verse en: Gumilla. Escritos varios, 109-116.
JOSÉ DEL REY FAJARDO S. I.: EL TUNJANO AGUSTÍN DE VEGA Y SU APORTE A LA. . . 865

En 1736 Gumilla de Caracas debió seguir a Cartagena de Indias para


hacerse cargo como Rector del Colegio jesuítico de la ciudad caribeña. Pero
¿cuál era el legado de este abnegado misionero? Ciertamente se alejaba del
gran Río pero quedaba su equipo que llevaría a cabo el gran proyecto del
Orinoco. El P. Manuel Román, descubridor del Casiquiare en 1744 y el ini-
ciador de las nuevas relaciones con las naciones del sur del Orinoco, así
como de la nueva cartografía32 ; Bernardo Rotella, fundador de Cabruta y
pieza clave no sólo en las luchas anticaríbicas sino forjador del nuevo equili-
brio interracial en los espacios surorinoquenses33 ; Francisco del Olmo34 y
Roque Lubián35 genuinos hombres de frontera y sin cuya colaboración los
hombres de la Expedición de Límites hubieran tenido que afrontar dificulta-
des insuperables, y Agustín de Vega infatigable y silencioso colaborador en
todos los frentes misionales y único narrador de la historia inédita orinoquense.
Pero la visión certera de que el alma vital de Venezuela sería la Provincia de
Guayana con su protagonista el Orinoco significó la mejor de sus profecías.
Con el nombramiento del P. Manuel Román como Superior de las Misiones
surge un nuevo liderazgo: la renuncia definitiva a la vocación atlántica de la
Compañía de Jesús neogranadina y la pasión por los espacios sureños pero
con el convencimiento de que la paz y la creación de la nueva Guayana depen-
dían de la lucha y la resistencia hasta vencer la dura opresión del caribe.
Pero la guerra declarada por esta terrible etnia siguió nuevos derroteros y
ante la incapacidad de la corona española para afrontar a fondo la guerra del
caribe los jesuitas deciden crear sus propias estrategias defensivas.
Y la primera fue construir a su costa el Fuerte de San Francisco Javier en
1736 en las cercanías de Pararuma, Orinoco arriba donde su cauce se estre-
cha como a un tiro de fusil36 . Y se dotó de cañones y el pueblo de “estaca-
das”. Y anota con cierta complacencia el H. Vega: “Con esto cobró tan gran

32 José Del Rey Fajardo. Bío-bibliografía, 546-550.


33 Ibíd., 553-555.
34 Ibíd., 192-194.
35 Ibíd., 348-350.
36 Gumilla. El Orinoco ilustrado…, 202: “Tiene más de 6 millas de circuito, y toda es de una
piedra, sin añadidura alguna; también está coronada de arboleda silvestre, tiene difícil y única
salida (...). Desde su cumbre, hasta dar con el espacioso plan (que a modo de balcón ofrece al
río) medimos de altura perpendicular 126 brazadas; el plan, que tiene 40 pasos de ancho, y más
de 80 de largo, dista de la lengua de agua 14 varas perpendiculares; en este balcón o plan que
ofrece la deforme peña formaron los misioneros una fuerza con 3 baterías, cuarteles y casas
para una parcialidad de indios sálivas...”.
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fama el Castillo de San Xavier que no se hablaba de otra cosa en todo Orinoco
sino del Castillo”37 .
La segunda se basó en la fundación en 1740 de la reducción de San Igna-
cio de Cabruta con lo que el P. Bernardo Rotella fijaba una nueva frontera a
las armadas caribes y concentraba el poder de acción de esta etnia al tramo
del gran río venezolano entre Cabruta y Angostura.
El enclave de esta nueva reducción y su ubicación en un punto geográfi-
co vital como antemural para contener las fuerzas caribes38 abre un nuevo
ciclo en la intercomunicación con la Provincia de Caracas y en la toma de
conciencia de los jesuitas orinoquenses de buscar en la ciudad del Avila su
nueva capital. Pero, además, se erigía como un privilegiado lugar de encuen-
tro de muchos pueblos orinoquenses en busca de subsistencia y mercadeo y
sobre todo por el valor del mercado de la tortuga39 .
La polémica fundación de Cabruta obligó a los caribes a reformular de
nuevo sus rutas esclavistas y a refinar sus técnicas de dominio y terror entre
los conglomerados indígenas acogidos a la vida misional.
Pero, en el liderazgo del P. Manuel Román existe un segundo período que
es recogido por los últimos capítulos de la “Crónica” de Vega.
Entre 1744 y 1749 la historia de la Orinoquia viviría el inicio de una gran
transformación. Cuatro grandes acontecimientos cambiarían la visión y las
estrategias misionales en el gran río venezolano: la publicación en Madrid,
en 1741, de El Orinoco ilustrado escrito por el P. José Gumilla; el descubri-
miento del Casiquiare por el P. Manuel Román (1744)40 ; el mapa de Rotella
(1747) que hoy es el primer testimonio gráfico del Orinoco guayanés y no
andino41 ; y el extermino caribe en la zona media del Orinoco gracias a los
guaypunabis traídos por el P. Manuel Román en 1746.

37 A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 76-77.


38 Gilij. Ensayo de Historia Americana, I, 71: “Esta aldea que está en la frontera de los caribes,
fue fundada por Rotella en 1740 con el designio de fortificarla lo más que pudiese contra los
insultos de estos enemigos que entonces dominaban, y pensó en hacer de ella como un antemural
fortísimo para defender también a las otras reducciones”.
39 Demetrio Ramos. El tratado de límites de 1750 y la expedición de Iturriaga al Orinoco.
Madrid (1946), 154.
40 AIUL. Papeletas: Roman, Manuel. “Descubrimiento de la comunicación del Orinoco con el
Marañón y Relación que hace el P. Manuel Roman de su viaje de Carichana al Río Negro: desde
el 4 de febrero hasta el 15 de octubre de 1744”.
41 Museo Naval de Madrid. Manuscrito, 320. Allí reposan tanto el “Mapa de Guayana” como las
“Noticias sobre la geografía de la Guayana”. Caicara, abril primero, año de 1747.
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El gran aporte jesuítico fue el haber podido confraternizar con estas dos
terribles etnias sureñas –los caberres y los guaypunabis– gracias al talento y
gestiones del P. Manuel Román. Sin embargo, nada hubiera podido hacer
este segundo líder organizador de la nueva Orinoquia si no hubiera tenido la
callada pero definitiva acción de su protegido “Sarrio”, ni de la indígena
guaypunabe María de la Concepción, familiar de uno de los máximos capita-
nes de la etnia y esposa del portugués Agustifos42 .
Muchas veces los grandes cambios históricos nacen en la acción silencio-
sa y discreta de hombres anónimos para la gran sociedad y los acontecimien-
tos vividos más allá del Raudal de Maipures hubieran pasado desapercibidos
para la historiografía orinoquense si la pluma del jesuita tunjano no los hu-
biera trasmitido con la transparencia de un actor que después se convierte en
escritor. Y una vez más el hijo de Tunja obliga a examinar con ojos más
críticos algunas afirmaciones de los miembros de la Expedición de Límites43
así como las del viajero alemán Alejandro de Humboldt44 .
La presencia bélica de estas naciones sureñas en territorios misionales
hubiera escrito una historia todavía más sangrienta que la caribe pero la amistad
con los jesuitas les llevó a ser sus colaboradores y a aceptar a los hombres de
la Expedición de Límites con aires de amistad. Y conceptúa Barandiarán:
“Solano complementó lo iniciado y adelantado por el equipo jesuita en aque-
lla zona. Cuseru e Ymo fueron los más importantes colaboradores de Lubián,
de Rotella y de Forneri y Olmo. ¿Cuál es la novedad de que Cuseru e Ymu
fueran también los mejores colaboradores de Solano?”45 .
Y la génesis de este acercamiento casi milagroso de los miembros de la
Compañía de Jesús neogranadina con los cabres y guaypunabis se debe a la
valentía con que el Hermano Vega se enfrentó al capitán de la escolta de
Pararuma que había condenado a muerte a Agustifos y a otros indígenas. La
argumentación del tunjano motivó al Superior Manuel Román a tomar parti-

42 A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 117 (2ª edición).


43 Daniel de Barandiarán. “La Crónica del Hermano Vega 1730-1750”, 352 y ss. Barandiarán
explica cómo las afirmaciones de algunos historiadores que creen que los Raudales de Atures
y Maipures eran “las columnas de Hércules”, las cuales fueron superadas por los miembros de
la Expedición de Límites, son totalmente erróneas.
44 Ibíd., 348 y ss. Donde (como ejemplo) contrasta el autor las afirmaciones del viajero alemán
con los hechos concretos descritos por Vega que desmienten las afirmaciones de Humboldt. Y
en el caso concreto de Marimarota, escribe Barandiarán, “no cumplió ninguna acción
‘colonizadora clérigo-militar’, sino una acción privada-institucional de soberanía” (p. 348).
45 Ibíd., 413.
868 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES – VOL. XCIII No. 835 – DICIEMBRE 2006

do a favor de la opinión de Vega con cuyo gesto se ganó éste la buena volun-
tad de los que habían sido condenados46 .
Ha sido la pluma del jesuita tunjano quien mejor ha registrado esta guerra
y a él habrá que remitirse quien desee investigar a fondo lo que podríamos
denominar como la “gran guerra de la esclavitud orinoquense”. Con todo,
trataremos de seleccionar algunos tramos que ilustren la trágica realidad vivi-
da por los aborígenes del gran río.
Hacia comienzos de marzo de 1732 los jesuitas tienen que abandonar la
sufrida ciudad portátil de Santo Tomé como consecuencia lógica de la firma
del “Convenio de Guayana”. Y la respuesta inmediata a este contratiempo
les lleva a ensayar en la propia frontera caríbica un intento reduccional que
pretendía pactar con los caribes e insertarse en la Caribaria47 . Por el mes de
marzo fundan la Concepción de Uyapi en el río de ese nombre48 con los
indios Guayqueríes, como a seis o siete días de navegación, río arriba de la
capital guayanesa49 .
La experiencia durará apenas un año. Sin embargo, la cotidianidad en
Uyape induciría a Agustín de Vega a insertarse en la vida y en las prácticas
guerreras de las facciones caribes que actuaban en esa área del Orinoco y de
ellas nos ha legado las más valiosas informaciones sobre esta terrible etnia50 .
La precipitada retirada de los territorios afines a los caribes constituía el
segundo fracaso a los sueños proyectados en 1731 para la conquista del
Orinoco. Repelidos los jesuitas al Orinoco medio, señalará Vega que “por
marzo de 733, quedo rota la guerra con la Nación Caribe que nos dieron
bastante que hacer hasta el año de 744”51 .
Al establecer el balance del primer año de acciones bélicas Gumilla mani-
festaba al gobernador cumanés don Carlos de Sucre que una vez que don
Agustín de Arredondo se reintegre a Trinidad “quedará esto expuesto a toda

46 A. Vega. Noticia del Principio y progresos, Véase todo el capítulo 36.


47 Agustín de Vega. Noticia del Principio y progresos, 10-11. De Uyapi a las poblaciones de los
Caribes “no había distancia más que medio día” (Agustín de Vega. Noticia del Principio y
progresos, 22).
48 Cassani. Historia..., 381. Sin embargo, Vega (Agustín de Vega. Noticia del Principio y
progresos, 10) dice que permanecieron todo el año en Santo Tomé de Guayana, pero en este
punto nos acogemos al testimonio de Cassani.
49 Agustín de Vega. Noticia del Principio y progresos, 12.
50 Ibíd., 32-35.
51 Ibíd., En realidad la verdadera causa radicaba en la obstrucción que significaban los jesuitas
para el comercio de esclavos.
JOSÉ DEL REY FAJARDO S. I.: EL TUNJANO AGUSTÍN DE VEGA Y SU APORTE A LA. . . 869

desdicha, al arbitrio del enemigo”52 . El autor de El Orinoco ilustrado, quien


manejaba para esas fechas solamente información oficial, escribía: “... don
Agustín de Arredondo... lleva ya quemados más de 20 pueblos de caribes
con la determinación de no dejar el asunto hasta consumirlos para servicio de
ambas Majestades”53 .
Sin embargo, las apreciaciones del jesuita tunjano sobre esta acción militar
hispana difieren cualitativamente de las de su Superior y mucho más de las de
los oficiales españoles54 . Según nuestro cronista se dieron tres entradas a terri-
torio caribe. La primera, que fue una batalla campal, terminó en una retirada
gracias a los buenos servicios de un soldado mulato de la escolta jesuítica lla-
mado Vicente de Jesús55 . En las otras entradas mudaron la estrategia guerrera y
se dedicaron a expediciones punitivas “mandando Patrullas a coger Caribes en
sus rancherías, y por ventura cogían a los que en nada se habían metido, pues
los hallaban en sus casas, pero todavía sirvió de contenerlos algo”56 .
Mas, la decisión bélica asumida por los caribes no podía ser contrarresta-
da en términos exclusivamente militares por los jesuitas quienes no podían
competir con las armadas caribes ya que su escolta se componía de 12 solda-
dos57 y tampoco habían tenido tiempo de ganarse la voluntad de las naciones
indígenas a las que servían para contar con la ayuda popular.
En el mes de marzo de 1734 llegaba de nuevo Gumilla a Guayana, acom-
pañado del H. Vega58 , para encontrarse con don Carlos de Sucre59 y con los
Superiores de las Órdenes religiosas comprometidas con la evangelización
de la Guayana60 .

52 AGI. Santo Domingo, 599. Carta del P. José Gumilla al Gobernador y Capitán General don
Carlos de Sucre. Guayana, 14 de noviembre, 1733.
53 AGI. Santo Domingo, 599. Carta del P. José Gumilla a Fray Francisco de las Llagas.
Orinoco 3 de octubre de 1733.
54 Véase: A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 26-36.
55 Ibíd., 32-35. De él escribirá Vega que era un práctico en las tierras de caribes “que como criado
entre los Caribes de donde hauia salido de su voluntad, por amor de la fe Catholica, despues que
el y otros tres se hauian uydo de Esquibo con dichos Caribes, y era hijo de holandes y mujer
Aruaca, y los otros de Negros Olandeses y mugeres Caribes” (A. Vega. Noticia del Principio
y progresos, 32).
56 Ibíd., 36,
57 Ibíd., 23.
58 Ibíd., 38. Pareciera que Vega es testigo presencial por la forma y la minuciosidad en transcribir
los discursos de las paternidades. Al hablar de los comentarios de los vecinos ... “de que nos
reimos, pues teniendo...” (A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 43).
59 Ibíd., 40-43.
60 Ibíd., 40.
870 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES – VOL. XCIII No. 835 – DICIEMBRE 2006

Las conversaciones de Gumilla con Sucre se centraron fundamentalmen-


te en el tema de la seguridad que debía reinar en las misiones pero las diver-
gencias comenzaban en el momento de precisar los medios que debían
utilizarse. Mientras el Gobernador era del parecer que se prosiguiera la gue-
rra, el jesuita propiciaba una teoría totalmente contraria, pues afirmaba que
no convendría en proseguir la guerra con la nación caribe pues “se me hizo
duro destruirla, o cabarla, o menos cabarla”61 .
Con todo, las conversaciones religioso-políticas concluyeron con la firma
de la denominada Concordia de Guayana (20 de marzo de 1734). Mas este
segundo compromiso territorial no parece que satisfizo al resto de los jesuitas
que laboraban en el Orinoco. El H. Vega dice: “El compromiso fue mal reci-
bido de los compañeros del Padre Joseph por estas razones que aquí diré,
que se las oía yo mismo y a mi me dio gana de oponerme y viendo que no
habían de hacer caso de mi, lo tragué”62 .
De facto el control de la gran arteria fluvial venezolana había pasado a
manos caribes y en consecuencia se convirtió en una especie de territorio
ocupado y a la vez dominado por la inseguridad, el miedo y la carencia de
toda ayuda material63 .
Don Carlos Sucre envía refuerzos en 1734 a las Misiones jesuíticas “para
la defensa de la pronta invasión”64 . Pero la acción militar punitiva resultó ser
una copia de la anterior del año antecedente. El H. Vega escribirá con triste-
za: “Después que pasó todo esto, entramos en muy bajo concepto de los
hechos de gente tan alabanciosa, y en el miedo que tenían”. Y continúa: “Por
donde todas las funciones que hubo con la Nación Caribe no sirvió sino de
habilitarlos en la guerra, y enfurecerlos más, y después de bien enconados
contra nosotros dejar de la mano lo que comenzaron, de donde dimanó que
nos persiguieron hasta el año de quarenta y cinco que fueron qatorze años
seguidos”65 .
Retirados los soldados cumaneses los misioneros resolvieron aumentar a
su costa la escolta que subió de 12 a 30 para mejor poder custodiar los tres

61 Ibíd., 40, 42.


62 Ibíd., 47.
63 Ibíd., 64.
64 Biblioteca Universitaria de Valladolid. Mss. 342. Carta del P. Bernardo Rotella al Gobernador
y Capitán General. San Ignacio y noviembre 5 de 1734. Según el H. Vega la expedición fue
“por el verano del año 734” (A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 49) y se componía de
100 hombres (Ibídem, 50).
65 A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 56.
JOSÉ DEL REY FAJARDO S. I.: EL TUNJANO AGUSTÍN DE VEGA Y SU APORTE A LA. . . 871

pueblos que todavía quedaban en pie66 . También conviene resaltar, en medio


de la lentitud y cansancio que mostraba el anciano gobernador Sucre, que
había logrado congelar la trata esclavista consistente entre 600 y 700 indios
anuales67 y como es natural, al no poder cumplir los caribes los compromisos
de contrabando humano contraídos en Surinam, se prepararon para un se-
gundo embate que tendría lugar el año 1735.
Con todo, a veces, el texto de Vega nos introduce en verdaderos oasis que
contrastan con ese clima de intenso belicismo y de precaria supervivencia
porque nunca olvida la misión espiritual, cultural y temporal de los misione-
ros: “Pusieron –dice– y establecieron escuela de niños, en donde se les ense-
ñó hablar el castellano, a leer, y escribir y el canto llano, y música, en solfa
bien trabajada, a tocar todo instrumento, y oficiar las misas de que gustan y
se aplican con indecible gusto. Los niños indios aprenden con tal primor, y
brevedad que se admiran hasta los Europeos”68 .
El clímax de esta situación se vive en 1735 cuando la arremetida de
los caribes fue general y comenzó por las Misiones de los Franciscanos.
Gumilla que venía de Santo Tomé de Guayana “desahuciado de socorro”
convocó de inmediato a una junta de todos los misioneros en Pararuma
para manifestarles que la guerra quedaba a expensas exclusivas de la
Compañía de Jesús69 .

66 Ibíd., 63: “Muchos murmuraron groseramente de lo que hicimos pensando que por quedarnos
con la plata, no pagábamos enteramente la Plata del sueldo a la gente, y así se nos añadió un
sonrojo más, en medio de nuestra pobreza. Cualquiera que tenga un adarme de prudencia no
consideraría, que el Reyno pagaba más, que aquella corta guarnición, y que nosotros por
mantener lo que habíamos ganado, no podíamos menos que de una plaza hacer dos, o tres, para
no perder tiempo, en el provecho de las almas, esto no era sino arbitrio fiel, que con poco que
daba el Rey, nosotros los sabíamos repartir, como la necesidad nos daba a entender, sin
gravamen de nadie, ni gasto supérfluo de la Hacienda Real, fuera desto el Gobernador nos dejó
cuatro hombres de socorro, y con esto se concluyó el año de 734”.
67 AGI. Santo Domingo, 632. Relazion difusa que hace el Governador Don Carlos de Sucre
de lo acaezido con la nacion cariva... Cumaná, 23 de marzo de 1735. (Lo mismo reitera en otra
carta del 26 de abril). “... no tienen labranzas ni cultivan sus tierras manteniéndose con la
Guerra que hacen haciendo esclavos a los demás indios, los que llevan a vender a los holandeses
y demás naciones extranjeras que habiendo año que no pasen de 600 a 700 los esclavos los que
venden, el año pasado les quité totalmente ese maldito comercio y por lo consiguiente este año
se lo quité también que se vieron desesperados en atención que debían a los indios de Surinam
más de 700 piezas de esclavos; viendo dichos indios que los caribes no les pagaban se llevaron
todas sus mujeres e hijos determinaron de pasar a quemar y matar a los padres misioneros de
la Compañía y a los indios y a llevarse los que podrían por esclavos”.
68 A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 70.
69 Ibíd., 74.
872 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES – VOL. XCIII No. 835 – DICIEMBRE 2006

En esta convocatoria el Superior se mostró decidido a abandonar las mi-


siones del Orinoco y replegarse a Casanare. Muy duro tenía que ser para el
autor de El Orinoco ilustrado aceptar que todo el esfuerzo realizado durante
cuatro años se convertía en una pasión inútil. Mas el P. Manuel Román fue
partidario de mantenerse en el campo de batalla y concentrarse en Pararuma
sirviéndose del monte de Marimarota y allí fortificar el castillo de San Javier
para que actuara como de alcabala a fin de solicitar salvoconducto de tránsito
por el Orinoco70 .
De inmediato se procedió a poner en ejecución lo determinado. Todo el
esfuerzo realizado durante cuatro años quedaba abandonado. El P. Rotella se
dirige a Curiquima para convencer a los guamos para que se instalaran frente
a Marimarota. Allí convergen también los otomacos que quisieron seguir a
Sarrio. De seguidas establecieron los mecanismos de defensa y enfrente le-
vantaron el castillo de San Javier del que hemos hablado más arriba71 .
Tras la muerte del cacique Mayarucare se abre en 1736 un segundo ciclo
en las relaciones de la Compañía de Jesús con la nación caribe. Del diseño
guayanés-orinoquense de 1731 con su capital en Santo Tomé de Guayana se
habían reducido a Carichana y al fortín de San Javier. Prácticamente se re-
producía el inicio de las misiones del siglo XVII teniendo como eje el Rau-
dal de Carichana.
El H. Vega hace un lacónico pero elocuente balance del año 1736. “Con
esto volvimos a quedar solos los tres misioneros y el mozo dicho y aun el
Padre Joseph Gumilla tenía orden de pasar a Cartagena por Rector de aquel
colegio”72 .
A comienzos de 1737 sustituyó Román en el Superiorato del Orinoco al
P. José Gumilla73 , quien había sido designado Rector del Colegio de Cartagena
de Indias74 .

70 Ibíd., 75-77.
71 Ibíd., 76-77.
72 Ibíd., 74.
73 No podemos precisar la fecha ni el documento del nombramiento de Román como Superior,
pero sus actuaciones comienzan tras la salida del P. Gumilla de las misiones. Sospechamos que
para marzo de 1737 había tomado posesión del Colegio de Cartagena (AGI. Santafé, 400.
Carta de Guillermo Duez. Santafé, 1 de marzo de 1737 (Pacheco. Los jesuitas en Colombia,
III, 469).
74 AGI. Santafé, 400. Citado por Pacheco. Los jesuitas en Colombia, III, 469. Si el escrito es del
1 de marzo quiere decir por el contexto que para esas fechas ya estaba en Cartagena, lo cual nos
hace sospechar que posiblemente el viaje lo realizó desde Caracas en barco.
JOSÉ DEL REY FAJARDO S. I.: EL TUNJANO AGUSTÍN DE VEGA Y SU APORTE A LA. . . 873

Pero el peligro caribe se había reanimado y afloraba con idéntica intensi-


dad. La construcción del reducto de San Javier en Marimarota trajo tranqui-
lidad durante el año 1736 pues este primitivo puesto militar consiguió impedir
el flujo de las armadas caribes aguas arriba75 .
En breve tiempo encontraron los caribes dos fórmulas para burlar la vigi-
lancia jesuítica y gracias a ello no interrumpieron sus acciones de contraban-
do humano ni sus actos guerreros.
La primera consistía en esperar a la época de lluvias ya que el río se ane-
gaba enfrente del fortín en un espacio de dos leguas y, cobijados por la no-
che, “por estos anegadizos rompiendo montes, y otras dificultades, de bancos
de tierra, pasaban muy a su salvo sin que nadie se lo estorbara, y entre los
abanis hacían sus mercancías de esclavos”76 .
El segundo, más largo y trabajoso, utilizaba el río Caura hasta toparse con
el Ventuari y “en un día que carguen sus embarcaciones o las arrastren” na-
vegan por un afluente del Orinoco que desemboca “catorce días más arriba
de nuestras Misiones”77 . Una de las principales consecuencias que produjo
el fuerte de Marimarota fue la de ahuyentar a los caribes esclavistas al área de
la Paragua, Caroní y Caura.
El 26 de septiembre de 1737 acordonaron Nuestra Señora de los Angeles
de Pararuma 800 caribes, capitaneados por algunos extranjeros. Gracias a la
intervención de la escolta se pudo resistir la invasión “y se hubieran perdido
en este día cinco pueblos, que a costa de muchos sudores y trabajos hemos
fundado en estas riberas de Orinoco”78 .
En esta oportunidad fue un francés, denominado Bleso79 , quien capitaneó
el asalto, con la tolerancia, al parecer, de los holandeses quienes controlaban
la alianza con el caribe para incursionar las rutas tradicionales esclavistas.
Por el verano de 1737 subió Vega con don Antonio Jordán a fin de estu-
diar y delinear el Orinoco y llegaron hasta más arriba del Raudal de Atures.
Los contactos que entonces hizo Vega con los maipures y los quirrupas fueron,

75 AGI. Quito, 198. Segunda Vía. Respuesta al pliego... 1742. (Gumilla. Escritos varios, 307).
76 A.Vega. Noticia del Principio y progresos, 83.
77 Ídem.
78 AGI. Quito, 198. Segunda Vía. Respuesta al plieglo... 1742. (Gumilla. Escritos varios, 305).
La acción la describe con lujos de detalles Vega (A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 84-
85).
79 Bleso regresó a Martinica y cuando preparaba una nueva invasión lo mataron los guaraunos en
el Delta (A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 84-85).
874 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES – VOL. XCIII No. 835 – DICIEMBRE 2006

según nuestro escritor, “el primer principio del Pueblo del Raudal de San
Juan Nepomuceno”80 .
Pero detrás de la guerra caribe se movían las exigencias y los antagonis-
mos del mercado esclavista en las Guayanas y el Caribe. Por ello no es de
extrañar que en 1738 el Gobernador de Esequivo alertara a don Carlos de
Sucre sobre una acción francesa:
he sabido por cierto que treinta franceses subieron con los cari-
bes y en mi poder queda una lista de los nombres de todos; su
destino es subir a las Misiones de los Padres de la Compañía a
quemarlas; si su Señoría ha de enviar algún destacamento de
gente para resguardo de las Misiones, sea presto y crecido por-
que la fuerza de los franceses es grande81.
Suponemos que la respuesta del gobernador Sucre fue enviar a su yerno, el
Marqués de San Felipe, con tres lanchas de guerra y otras de carga y cerca de
300 hombres entre soldados y remeros para que “subiera a las Misiones de la
Compañía y de paso saltara en tierra de Caribes, y les hiciera algún mal o
escarmiento”82 . La expedición fue un fracaso pues el Marqués tuvo que regre-
sar a Guayana indispuesto antes de llegar a su destino y el resto sólo tuvo una
actuación ridícula en la Caribaria. Vega recoge la percepción de los caribes
sobre la gente de Cumaná y Guayana diciendo que “eran lo mismo que galli-
nas, que más temían a un solo soldado del Padre que a todo Cumaná”83 .
Al finalizar el año 1738 Román ofrece un panorama angustiado sobre el
porvernir de las misiones. Del gobernador don Carlos de Sucre en quien se
habían puesto tantas espectativas, poco se podía esperar, pero sí ofrecía pers-
pectivas la conducta del ingeniero don Antonio Jordán “quien es mozo y
desea ascensos”84 . Para el Superior la situación se había tornado tan extrema
que decidió consultar con los demás misioneros sobre la posibilidad de aban-
donar Carichana y fortificarse en Pararuma, pero la opinión fue que no se
podía desamparar esta reducción85 .

80 A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 94-95.


81 La cita se encuentra inserta en una carta del P. Román al P. Gumilla. Nuestra Señora de los
Angeles y octubre 1 de 1738 (Gumilla. Escritos varios, 271).
82 A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 86. La relación de esta expedición la recoge Vega
en el capítulo XXXI (pp. 86-88).
83 Ibíd., 88.
84 Gumilla. Escritos varios, 271-274. (Carta del P. Manuel Román al P. José Gumilla. Nuestra
Señora de los Angeles y octubre 1 de 1738).
85 Carta del P. Manuel Román al P. José Gumilla. Nuestra Señora de los Angeles y octubre 1 de
1738. (Gumilla. Escritos varios, 272).
JOSÉ DEL REY FAJARDO S. I.: EL TUNJANO AGUSTÍN DE VEGA Y SU APORTE A LA. . . 875

Sin embargo, hay dos observaciones que merece la pena destacar para
estas fechas. La primera, la colaboración de los indígenas en la custodia de
las poblaciones, pues servían de centinelas” y tocan caracoles, o cornetas,
parecen las trompetas de Gedeón”. La segunda hace referencia a la deser-
ción y descontento de algunos soldados, hecho que debilitaba la acción de la
escolta86 . Con todo, se observa un decaimiento de las pretensiones caribes –
a través de grandes armadas– a partir de este año. Pensamos que amén del
fuerte de Marimarota debió convertirse en causa decisiva la epidemia de vi-
ruelas que azotó al Orinoco durante tres años (1738-1740)87 .
Ciertamente estamos ante un trienio negro para la ecología humana de
nuestro gran río, pues, mayor estrago que los caribes provocaron el saram-
pión y las viruelas que “arruinaron y consumieron mucho las Gentes del
Orinoco”88 . Más de 1600 almas que constituían Pararuma, el Castillo y
Carichana se redujeron a menos de 400 y todos los supervivientes se trasla-
daron a esta última reducción89 .
Vega recordará que después que pasó la primera epidemia fue a recono-
cer las tierras de los Mapoyes, “que empezaba a reducir a pueblo, visitando
sus rancherías las hallé desiertas, y entrando en los ranchos hallé los muertos
por el suelo, o los chinchorros podridos, sin que hubiese habido quién les
hiciese la caridad de enterrarlos”90 .
Un tercer tiempo se inicia en 1740 con la fundación de Cabruta. Su
valor estratégico sería reconocido a posteriori. Sin lugar a dudas, tras el
fortín de San Javier, supone el segundo gran antemural que levantaron los
jesuitas en su lucha contra los caribes. En este punto la visión de Rotella
fue mucho más intuitiva que la de Román, que era el Superior de la misión
en aquel entonces.
Esta polémica fundación obligó a los caribes a reformular de nuevo sus
rutas esclavistas y a refinar sus técnicas de dominio y terror entre los conglo-
merados indígenas acogidos a la vida misional. Por una parte mataban o
secuestraban a los indios reducidos cuando los encontraban desguarnecidos
en los contornos de los poblados o en despoblado; y por otra les hacían llegar
su criterio de que si no emigraban a las tierras caribes regresarían para matar-

86 Ídem.
87 A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 104.
88 Ibíd., 104.
89 Ibíd., 105.
90 Ibíd., 106.
876 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES – VOL. XCIII No. 835 – DICIEMBRE 2006

los y destruir los enclaves misionales. Tal fue su modo de actuar a lo largo de
los años 1740 y 174191 .
Con todo, el año 1741, intentaron de nuevo la agresión directa fluvial y
quemaron la reducción de San Juan Francisco de Regis “que empezamos a
hacer”. Mataron muchos otomacos y yaruros y éstos abandonaron la reduc-
ción de santa Bárbara. Tales acciones motivaron que se huyeran a las selvas
los mapoyes de San José de Paruate por miedo a la forma de actuar de los
caribes92 .
En 1742 la incertidumbre caribe había mudado de estrategia pero se-
guía amenazando las misiones orinoquenes. Los caribes aconsejaban a los
indígenas reducidos huir al monte e incluso procuraban convencerlos de
que se fueran con ellos; así habían creado dos pueblos de Maypures en
Puruey y Caura. Idéntica actitud de huida habían aconsejado a los mapoyes,
a los yaruros de San Borja de Burari y a los sálivas de Pararuma y Carichana.
Ante esta situación solicita Rotella la creación de una fuerza que pueda
actuar contra los caribes pero dentro de dos premisas legales: primera, el
respeto a la Concordia de 1736 que asignaba a los Padres Franciscanos el
área caribe; y segunda, el permiso del Gobernador ya que, según Rotella,
la Nueva Recopilación “da a los caribes varones, de catorce años arriba,
por esclavos”93 .
En 1744 la red de espionaje caribe había extendido de tal forma sus tentá-
culos que prácticamente conocía de antemano los movimientos que se pen-
saban llevar a cabo en su contra. El atrincheramiento en Puruey y Caura y su
fortificación en el río Barima, a juicio de los misioneros, iba tomando cuerpo
cada día y allí se habían instalado hasta doce naciones. También en el Barima
había surgido un enclave comercial en el que traficaban “colonias de Esequivo,
Surinam, Berbis, Curazao, Martinica “. Y de parte de las misiones jesuíticas
migraban fundamentalmente los maipures y los quirrupas94 .
Pero entre 1744 y 1745 la historia del Orinoco viviría el inicio de una
gran transformación. Dos hechos significativos marcarían las nuevas rutas:
el descubrimiento del Casiquiare y la comunicación fluvial Orinoco-Amazo-

91 AGI. Quito, 198. Doc. cit. (Gumilla. Escritos varios, 306).


92 AGI. Quito, 198. Ibídem.
93 AGI. Santo Domingo, 634. Carta del P. Bernardo Rotella al Gobernador de Cumaná.
Cabruta, 12 de mayo de 1742 (Del Rey. Documentos jesuíticos, II, 370-372).
94 APT. Fondo Astráin, 28. Informe sobre la misión del Orinoco, 1744. (Del Rey Fajardo.
Documentos jesuíticos…, II, 320-321).
JOSÉ DEL REY FAJARDO S. I.: EL TUNJANO AGUSTÍN DE VEGA Y SU APORTE A LA. . . 877

nas y la sorpresiva quiebra del imperio caribe en el gran río venezolano debi-
do fundamentalmente a la acción de los indios guaypunabis.
Un inapreciable valor adquieren los últimos capítulos de la “Crónica”
de Vega por su primicia como relato histórico que además se adentra en la
geografía alto orinoquense y también ilumina la defensa territorial de
Guayana. Gracias a las notas del jesuita tunjano podemos descifrar el ori-
gen y los comienzos de dos naciones del alto Orinoco como son los cabres
y los guaypunabis y la presencia de los portugueses que provenían del
gran Pará95 . Si la valentía de los otomacos había significado un freno para
la nación caribe en el Orinoco medio, todo se vendría abajo desde el mo-
mento en que los holandeses los dotaron de armas de fuego96 . Y no dejará
de observar que de “la nación Otomaca, y Yaruros nunca pudieron aprove-
char ningun esclavo, pues es tanta su fiereza que de cólera mueren aunque
sean muchachos”97 .
Serían los cabres y sobre todos los guaypunabis quienes acabarían de raíz
la hegemonía caribe en el Orinoco medio. Gilij, que llegó al Orinoco en
1749, debía recordar muy vivamente las historias misioneras como ya supe-
radas, pues escribiría en su Ensayo de Historia Americana que Puruey “aho-
ra es a modo de quemada Troya humeante memoria de sus triunfos sobre las
naciones orinoquenses, si dejando a los valerosos se hubieran contentado
con subyugar a los más débiles”98 .

III
Y la capital del virreinato será su tercer y último escenario geográfico. En
1748 había fallecido en Cabruta el primer integrante del trío fundador: el P.
Bernardo Rotella. En 1750 la muerte se había dado cita al visionario P. José
Gumilla en la población de Betoyes. Y el tercer protagonista abandonaba el
campo de batalla en 1751 cuando la paz y el desarrollo se asomaban en un
ansiado amanecer99 . A su espalda quedaban veinte años de retos, sueños,
ilusiones, sacrificios, hambres y enfermedades. Pero en realidad eran cuatro
angustiosos lustros de lucha por la conquista espiritual, cívica y cultural para
rescatar a los hombres del gran río venezolano.

95 A. Vega. Noticia del Principio y progresos, 95-96.


96 Ibíd., 97.
97 Ibíd., 97-98.
98 Felipe Salvador Gilij. Ensayo de Historia Americana. Caracas, I, 62.
99 ARSI. N. R. et Q., 4, fol., 298. Catálogo, 1751.
878 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES – VOL. XCIII No. 835 – DICIEMBRE 2006

Pero la Provincia de Guayana era temática obligada y preocupante entre


las autoridades civiles del virreinato y a esa problemática no podía sustraerse
el ya agotado y cansado Agustín de Vega.
También el Colegio Máximo bogotano era lugar de encuentro para los
que iban o venían de las misiones llaneras y orinoquenses. Y allí repostaban
los hombres que dejaban Europa para insertarse en los espacios profundos
de la Orinoquia y así pudo conocer a los expedicionarios de los años de
1755100 así como a los de 1760 y 1761101 .
Los recuerdos invadían la riqueza de su pasado y no podía olvidar lo que
había dejado sembrado en las selvas orinoquenses. Quizá todavía a orillas
del Orinoco tuvo conocimiento de las Adiciones al Orinoco ilustrado y de-
fendido del P. José Gumilla102 en las que según Gilij “pudo consolarse con
muchas hermosas noticias que le comunicaron muchos misioneros”103 . En
Bogotá convivió con el P. Tomás Casabona, por lo menos de 1751 a 1756,
quien en sus últimos años escribió Historia de las conquistas de españoles y
descubrimiento de naciones, reducciones de infieles en el río Orinoco a car-
go de la Religión de la Compañía104 que, al parecer, pretendía ser la conti-
nuación de la Historia de las Misiones del P. Juan Rivero concluida en 1729.
También a la capital virreinal le llegarían los enfrenamientos entre los hom-
bres de la Expedición de Límites de 1750 y sus antiguos compañeros de
misión. Y los escritos de su compañero de fatigas el P. Roque Lubián Histo-
ria del Orinoco y Apéndice a la Real Expedición de Límites entre los domi-
nios de España y Portugal 105 si es que fueron redactadas en suelo americano.
Y en ese lugar privilegiado del anonimato que brinda la humildad fue
escribiendo su Noticia del Principio y progresos del establecimiento de las
Missiones de Gentiles en el Río Orinoco106 .

100 Agustín Galán García. El Oficio de Indias de los jesuitas de Sevilla 1566-1767. Sevilla,
Fundación Fondo de Cultura de Sevilla (1995), 336.
101 Agustín Galán García. El Oficio de Indias…, 344-346.
102 Gilij, Ensayo de Historia Americana, I, 53.
103 Ibíd., III, 28.
104 Archivo Nacional de Chile, Jesuitas, 446. En un inventario de la Biblioteca de la Procura de la
Provincia del Nuevo Reyno hecho a raíz de la expulsión de 1767, se lee: “Otro legajo,
encuadernado en folio, manuscrito con el título de... por el Padre Juan Rivero y el Padre
Thomas de Casabona”. El P. Casabona falleció en 1756.
105 Archivo de la Provincia de Loyola. (Loyola). Lorenzo Hervas y Panduro. Biblioteca Jesuítico-
Española de escritores que han florecido por siete lustros; estos empiezan desde el año de 1759,
principio del reinado del Augusto Rey Carlos III y acaban en el año 1793, I, Lubián, Roque.
106 Noticia del Principio y progresos del establecimiento de las Missiones de Gentiles en el Rio
Orinoco, por la Compañia de Jesus, con la continuacion, y oposiciones que hicieron los
JOSÉ DEL REY FAJARDO S. I.: EL TUNJANO AGUSTÍN DE VEGA Y SU APORTE A LA. . . 879

La presunción de que existía el manuscrito Noticia del Principio y pro-


gresos del establecimiento de las Missiones de Gentiles en el Rio Orinoco,
por la Compañia de Jesus, con la continuacion, y oposiciones que hicieron
los Carives hasta el año de 744 en que se les aterro, y atemorizo, con la
venida de unos Cabres traydos, que se havecindaron en Cabruta. Lo que
para mejor inteligencia iremos contando por los años, en que se establecie-
ron dichas Missiones, y lo que en cada uno passó, cómo passó, la qual
relacion haze un testigo de vista que lo ha andado todo por si mismo mu-
chas vezes, Religioso de la Misma Compañia se basaba en el testimonio de
los eruditos bibliógrafos jesuitas PP. Uriarte y Lecina, pero fue el P. Lino
Gómez Canedo107 quien vino a solucionar la clave fundamental de toda la
problemática: la localización del Manuscrito en la Colección Ayer de la Bi-
blioteca Newberry de Chicago108 .
El hallazgo de este Escrito es significativo para la historiografía jesuítica
venezolana que presenta una inmensa laguna documental entre 1730 y 1767.
La Noticia del Principio y progresos del Establecimiento de las Missiones
consta de 45 capítulos y de 88 hojas. Los límites cronológicos se extienden
de 1731 a 1750 aproximadamente, aunque el desarrollo continuado de la
redacción se estaciona hacia 1746.
Aunque creemos que el título del Documento enmarca la temática, sin
embargo juzgamos que conviene especificar sus capítulos fundamentales.
a. Introducción: El intento fundacional de Guayana (cap. 1-3);
b. Reubicación de las misiones y el estallido de la acción caribe (cap.
4-28);
c. Los planteamientos del alto Orinoco y de los Guaipunaves (cap.
28-45);

Carives hasta el año de 744 en que se les aterro, y atemorizo, con la venida de unos Cabres
traydos, que se havecindaron en Cabruta. Lo que para mejor inteligencia iremos contando
por los años, en que se establecieron dichas Missiones, y lo que en cada uno passó, cómo
passó, la qual relacion haze un testigo de vista que lo ha andado todo por si mismo muchas
vezes, Religioso de la Misma Compañia. 86 folios.
107 Lino Gómez Canedo. Los Archivos de la Historia de América, México (1961), II, 68-69.
108 Manuscrito, Nº 1.180. Publicado por: José del Rey Fajardo. Documentos jesuíticos relativos
a la Historia de la Compañía de Jesús en Venezuela. Caracas, 11 (1974) 9-149. La segunda
edición data del año 2000: Agustín de Vega. Noticia del principio y progresos del establecimiento
de las Missiones de gentiles en la río Orinoco por la Compañía de Jesús. Estudio introductorio:
José del Rey Fajardo S. J. y Daniel de Barandiarán. Caracas, Biblioteca de la Academia
Nacional de la Historia, 2000.
880 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES – VOL. XCIII No. 835 – DICIEMBRE 2006

d. Aportes varios de tipo misional dispersos a lo largo de toda la narración.


Pero dos son las incógnitas fundamentales que conviene clarificar: la fe-
cha de redacción del documento y el nombre del Autor.
A lo largo del extenso escrito no aparece nunca ni la firma, ni el nombre
del autor. Sin embargo, la crítica interna del documento ofrece luz suficiente
para opinar sobre la paternidad literaria de la obra que estudiamos.
La lectura atenta del texto nos lleva a sorprender una serie de detalles que
perfilan la verdadera identidad del que lo ha redactado. Se trata de un protagonis-
ta que es actor y “testigo de vista que lo ha andado todo por si mismo muchas
vezes”109 y dentro de unas coordenadas cronológicas que enmarcan 20 años de
permanencia en las misiones orinoquenses110, exactamente de 1731 a 1751.
Por el estilo de la narración y las alusiones personales dispersas a lo largo
del texto se deduce desde las primeras líneas que ni a José Gumilla, ni a
Manuel Román, ni a Bernardo Rotella111 se les puede considerar como res-
ponsables de la redacción del documento. Por otra parte, los PP. Roque Lubián
y Francisco del Olmo llegaron a las Misiones entre 1737 y 1738112 ; por lo
tanto ni pudieron ser testigos presenciales de lo que ocurrió desde el princi-
pio y además permanecían en las Misiones en época posterior al 1750.
Todavía más, a lo largo de toda la Noticia surgen pinceladas que definen
al escritor como no sacerdote. Por ejemplo, anotará el autor que la táctica que
siguieron los mapoyes para huir de la misión fue “aguardar que yo me fuera
a Pararuma a oir missa”113 . Incluso a lo largo de la narración se descubre
continuamente una dualidad de expresiones que diferencian al autor de los
sacerdotes que intervienen en la acción: “Los Padres quando yo les decia
unas cosas, se reian de mi como de muchacho que lo hera entonces”114 ; “se
vieron obligados los Padres a no decir todos los dias [misa]”115 .

109 Agustín de Vega. Noticia del Principio y progresos del establecimiento de las Missiones de
gentiles en el río Orinoco, por la Compañía de Jesús, fol. 1.
110 Ibíd., fol. 51v.
111 Para citar algunos ejemplos: Agustín de Vega. Noticia del Principio y progresos, fols. 28;
31; 47.
112 Archivum Romanum Societatis Iesu. Roma. N. R. et Q. Catálogo 1738. El Documento que
comentamos pone la llegada en 1737 (cap. 22).
113 Agustín de Vega, Noticia del Principio y progresos, fol. 66 (luego era habitual este viaje y por
conclusión no era sacerdote).
114 Ibíd., fol. 26v. (esto sucedía en 1734).
115 Ibíd., fol. 35v. fol. 59v: “...y a los Padres misioneros en cuya ayuda y compañía trabajé y gasté lo
más florido de mi vida”. fol. 60v: “... criado y vivido con los Padres de la Compañía de Jesús”.
JOSÉ DEL REY FAJARDO S. I.: EL TUNJANO AGUSTÍN DE VEGA Y SU APORTE A LA. . . 881

En consecuencia, el único jesuita, no sacerdote, que vivió en el Orinoco


de 1731 a 1750 es el H. Agustín Vega y por ende él es el autor de tan impor-
tante Noticia.
En cuanto a la fecha de redacción del manuscrito se puede aseverar que
es muy cercana al año 1761. No sólo narra como lejana la muerte del P.
Bernardo Rotella acaecida en 1748116 , sino que el mismo autor da a entender
que el escrito fue elaborado después de abandonar las Misiones117 . Y su sali-
da del Orinoco debió ser entre 1750 y 1751118 .
Pensamos que bien pudo ser el P. Manuel Román la persona que inspiró
al H. Vega “este mi corto trabajo”, pues, en el colofón de su escrito deja
constancia que: “Dios guarde a quien me lo encargó lo escribiese para su
mayor gloria etc.”119 . Nuestra presunción se basa en la lógica del sentido
común. El descubridor del Casiquiare convivió con el jesuita tunjano en las
misiones de 1733 a 1750. Cuando el H. Vega abandona el Orinoco es desti-
nado a Bogotá y allí se encontraría de nuevo con el P. Manuel Román quien
actuaría como Rector de la Universidad Javeriana de 1761 a 1763120 . Por
otra parte, el misionero-Rector de la Academia Javeriana ya había mostrado
interés por la historia de las misiones y así le agradecía en 1741 al P. José
Gumilla que le hubiera entregado un manuscrito de la Historia de las Misio-
nes del P. Juan Rivero al famoso orador popular, el P. Pedro de Calatayud121 .
En todo caso Vega ofrece su crónica a San Juan Nepomuceno y deja cons-
tancia que lo escribió “por complacer a mis amigos y dar gloria a Dios”122 .
Dentro del género histórico podemos clasificar este documento como
una Crónica, pero sin llegar a la rigurosidad académica de la palabra. El
autor nos habla unas veces de Apuntes123 y otras de Noticia o Relación
como, por ejemplo, en el mismo título de la Obra. Lo cierto es que este
Manuscrito ilumina la interpretación y la ubicación de mucho dato históri-
co diseminado en la obra de Gilij, en los Memoriales remitidos por los

116 Ibíd., fol. 86v.


117 Ibíd., fol. 67v: “y esto después que yo salí de misiones”. ARSI. N. R. et Q., 4, fol., 298.
Catálogo de 1751.
118 Ibíd., fol. 51v.
119 Ibíd., 149.
120 Del Rey Fajardo. Bio-bibliografía, 546.
121 Gumilla. Escritos varios, 276. Carta del P. Manuel Román al P. José Gumilla. Nuestro Santo
Padre Ygnacio de Cabruta y Junio 11 de 1741.
122 Agustín de Vega. Noticia del Principio y progresos, 149.
123 Ibíd., fol. 62.
882 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES – VOL. XCIII No. 835 – DICIEMBRE 2006

misioneros orinoquenses al Consejo de Indias y en el abundante Epistolario


que reposa en el Archivo General de Indias de Sevilla sobre la época en
cuestión.
Debemos certificar que Vega reunía dos cualidades esenciales para poder
garantizar el valor de su escrito.
En primer lugar fue un excelente lenguaraz lo que le permitió adentrarse en
la psicología, en la cotidianidad y en las formas de vida de los indígenas a los
que sirvió. Nos consta, por lo menos, de sus conocimientos del sáliva124 , del
maipure125 y del achagua126 . Sus observaciones son valiosísimas para conocer
mejor a los abaricotos127 , los atures cuya lengua “es diversa de todas”128 , los
valerosos cabres129 , los guamos, que “aguantan el resuello muchisimo rato de-
bajo del agua”130 , los guayqueríes que siempre conservaron la amistad con los
caribes131 , los otomacos que “se mantienen con tierra de las barrancas del
Rio”132 , los yaruros, nación “tan viciada en huirse que no hay otra mas incons-
tante en todo el Orinoco”133 . Pero las mejores descripciones de Vega se las
adjudica a los caribes134 , a los guyapunabis135 y a los sálivas136 .
En segundo término fue testigo presencial y actor de muchos de los he-
chos allí relatados. Todavía más, su condición de Hermano Coadjutor le fa-
cilitó la convivencia con todos los estamentos de la reducción pero
indiscutiblemente supo captar la voz genuina del pueblo, especialmente de
los indígenas y de los funcionarios subalternos. Gracias a Vega conocemos
hoy una serie de personajes anónimos, vitales para interpretar la vida
orinoquense en tan cruciales años.

124 Hablando del P. Capuel dice que en Pararuma le escuchó pronto predicar en lengua sáliva “y yo le
oía y hablaba con bastante propiedad” (Agustín de Vega. Noticia del Principio y progresos, 74).
125 Agustín de Vega. Noticia del Principio y progresos, 95. Cuando acompaña a don Antonio
Jordán al Raudal de Atures entabla diálogo con los maipures “entendiéndome lo que les hablaba,
admirándose que hablase su lengua gente blanca”.
126 Ibíd., 95. En la misma oportunidad del Raudal relata que “hallé un indio quirrupa, que estaba en
artículo mortis, me apliqué a catequizarlo en la lengua achagua, que es la misma de su nación”.
127 Ibíd., 108-109.
128 Ibíd., 78.
129 Ibíd., 96.
130 Ibíd., 52.
131 Ibíd., 16.
132 Ibíd., 23.
133 Ibíd., 92-93.
134 Ibíd., 11-36.
135 Ibíd., 95-96.
136 Ibíd., 15 y ss.
JOSÉ DEL REY FAJARDO S. I.: EL TUNJANO AGUSTÍN DE VEGA Y SU APORTE A LA. . . 883

A nuestro parecer su pluma tiene la intuición de percibir el submundo de


la sociedad orinoquense con una libertad de espíritu increíble y con un realis-
mo que lo consagra como un escritor moderno.
Según Daniel de Barandiarán “Vega plasma en su Crónica una amalgama
viviente y palpitante de eventos históricos y de descripciones etnológicas
absolutamente originales. Su historiar es fotografiar cada evento con ‘flashes’
fulminantes de un realismo sin parangón. Su discurrir etnográfico es tan rea-
lista y viviente que no conocemos ningún relato antropológico ni pasado ni
presente que pueda parangonarse, por ejemplo, con su relación sobre la Et-
nia Caribe depredadora de la Orinoquia”137 .
Uno de los aportes más trascendentales es el de redimir del olvido a todos
“segundones”: criollos, mestizos y negros pues su condición de Hermano
Coadjutor lo convertía, por una parte, en miembro de esa sociedad periférica
y por otro lado se constituía en el intermediario privilegiado entre las autori-
dades de la reducción y sus representados. De esta forma incorpora a la his-
toria personajes claves en la microhistoria orinoquense y los redime del
anonimato.
De esta suerte han llegado a nosotros personajes tan importantes como
el sáliva Pudua, “Yndio de gran razon y entendimiento” a quien Gumilla
hizo que le entregaran el bastón de Teniente de Capitán, y lo hizo sentar en
la cabecera de la mesa de los soldados. Y anota Vega: “hera de gran pru-
dencia y proporcionados miembros; y gran brio para el cargo, al mismo
tiempo era de claro entendimiento con lo que se hacia cargo grandemente
de lo que se le encomendaba...”138 . A él se debe la congregación de los
sálivas en Pararuma.
Sáliva era también el capitán Pecari quien “el solo con su gente que
trajo compusieron la mayor parte del Pueblo que constaba de ochocientas
Almas”139 .
Vicente de Jesús era un práctico en las tierras de caribes y conocedor de
todas sus tácticas guerreras pues como anotara Vega “que como criado entre
los Caribes de donde hauia salido de su voluntad, por amor de la fe Catholica,

137 Daniel de Barandiarán. “La Crónica del Hermano Vega 1730-1750”. En: Agustín de Vega.
Noticia del principio y progresos del establecimiento de las Missiones de gentiles en el río
Orinoco por la Compañía de Jesús. Estudio introductorio: José del Rey Fajardo S. J. y Daniel
de Barandiarán. Caracas (2000), 126-127.
138 Agustín de Vega. Noticia del Principio y progresos, 5v. Piloto y práctico.
139 Ibíd., 15.
884 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES – VOL. XCIII No. 835 – DICIEMBRE 2006

despues que el y otros tres se hauian uydo de Esquibo con dichos Caribes, y
era hijo de holandes y mujer Aruaca, y los otros de Negros Olandeses y
mugeres Caribes”140 . Gracias a este hombre las misiones pudieron enfrentar
los ataques caribes.
Asimismo, hubiera pasado desapercibido un indígena de extraordinarias
virtudes como innegable líder carismático como fue el llamado Sarrio141 , y
Miaminare por los guaypunabis142 . Ayudante del P. Manuel Román, supo
cautivar el alma volcánica de los guaypunabis y cabres de los ríos Atabapo-
Inírida y de esta forma lograr la pacificación del Orinoco medio contra los
caribes esclavizadores de indígenas. Como lo describirá Barandiarán: “Las
gestas de ese Mozo del Padre Román, narradas por el Hermano Vega en su
Crónica, merecerían un puesto de honor en los anaqueles dormidos del pan-
teón histórico de nuestra Provincia de Guayana”143 .
Su crónica sobresale como modelo de conjunción entre lo histórico y la
etnográfico. Con toda justicia afirma Barandiarán: “desconocemos un solo
texto etnográfico mundial que tuviere el peso específico y la luminosidad
esclarecedora del comportamiento social y bélico del Caribe depredador del
Orinoco, según el texto del hermano Vega”. Y concluye: “…por todo ello,
esta Crónica aparece en la bibliografía jesuítica e histórica de la Orinoquia,
como un monolito único y ejemplar, pues no tiene algo similar en ninguna de
las bibliografías coetáneas”144 .
En resumen: estamos ante un documento vital para la historiografía jesuítica
orinoquense. Como crónica se erige en una fuente etnohistórica de primer
orden para el estudio y comprensión de la Orinoquia, sobre todo para el
lapso temporal (1730-1750) tan importante en la biografía del gran río vene-
zolano. Desde el punto de vista literario constituye una verdadera joya, pues
representa un genuino exponente de la literatura popular neogranadina de
mediados del siglo XVIII.

140 Ibíd., fol., 17.


141 Ibíd., fol., 71v.
142 Ibíd., fol., 79v.
143 Daniel de Barandiarán. “La Crónica del Hermano Vega 1730-1750”. En: Agustín de Vega.
Noticia del principio y progresos…, 145.
144 Daniel de Barandiarán. “La crónica del Hermano Vega 1730-1750”. En: Agustín de Vega.
Noticia del principio y progresos del establecimiento de las Missiones de gentiles en el Río
Orinoco, por la Compañía de Jesús. Caracas, Biblioteca de la Academia Nacional de la
Historia, (2000) 127.