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FALSO CONCEPTO SOBRE LA ORACIÓN

COMO MEDIO DE OBTENER VIDA ETERNA


Hechos 16:30-31

Por Pastor Lester Hutson


(Traducido por Javier Pérez)

Introducción:

Nosotros mantenemos la postura de no invitar a los incrédulos a que hagan una oración para
ser salvos. Numerosas iglesias, incluso entre nuestros hermanos bautistas más cercanos, nos
consideran peculiares, desacertados y sin base en cuanto a esta postura. Sin embargo, creemos que
la Biblia, que es la Santa Palabra de Dios, nos enseña de manera clara y precisa acerca de lo único
que puede salvar a los perdidos, y que da apoyo a nuestra postura sobre este asunto.

I. ES UNA PRÁCTICA MUY COMÚN ENTRE MUCHOS DE INVITAR A LOS


PECADORES A QUE OREN PARA SER SALVOS DEL CASTIGO DEL PECADO.

A. En la lista de aquellos que se consideran cristianos bíblicos, fundamentales y


conservadores, es una práctica tan extendida que aquéllos que no lo hacen así
aparecen como peculiares y discordes con el resto de cristianos bíblicos.

1. Muchos de los bien conocidos predicadores que aparecen en la radio o la


televisión, invitan a la gente a que inclinen sus cabezas, confiesen sus
pecados y pidan a Jesucristo que venga a sus corazones.
2. Gran cantidad de “tratados de salvación” terminan con una oración escrita
con la que se invita al lector a que la haga sinceramente para salvarse.
3. En cientos de iglesias bautistas, independientes, fundamentalistas y otros
tipos de ellas, la invitación se caracteriza siempre por el predicador que pide a
los oyentes que inclinen sus cabezas y hagan una oración confesando sus
pecados e invitando a Jesús para que les salve.
4. El mobiliario más común en muchas iglesias presenta un largo banco para la
oración o “altar” al frente del púlpito donde las personas son invitadas a
arrodillarse y pedir a Dios su perdón y salvación. Muchos consejeros
preparados se acercan a ellos para ayudarles a asegurarlos de su salvación.
5. El llamado “Camino Romano de Salvación” trata de llevarte directo a ella. El
planteamiento para alcanzarla es: mostrarles que son pecadores, mostrarles
que van al infierno, mostrarles la obra de Cristo, y entonces que hagan “la
oración del pecador”, que es una oración pidiendo a Dios que les salve.
6. Aquellos que no han visto otra cosa en su vida se asombran cuando ven una
iglesia donde no se invita a los asistentes a que oren para su salvación.
Algunos lo ven tan peculiar que lo consideran como un sacrilegio. Se enfadan
y lo critican, sin entender por qué iglesias como ésta no usan la “oración del
pecador”. Están tan atrapados en una tradición de toda su vida que no quieren
pararse a ver si es algo bíblico o no.

B. Algunos tiene en mente ciertas escrituras que piensan sinceramente que estamos
violando:

1. Sin duda la más notoria de estas escrituras es Romanos 10:13 que dice,
“Porque todo aquél que invocare el nombre del Señor será salvo”. Este es el

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versículo más comúnmente citado en los tratados y presentado en las
invitaciones.
En principio parece claro que este versículo está invitando a las
personas perdidas a que oren para ser salvos. Pero mirando atentamente los
versículos anterior y posterior se disipa rápidamente esta idea. El versículo 12
está discutiendo sobre una posición en la cual no hay diferencia entre el judío
y el griego, y dice que está posición es en el Señor. Y en el siguiente
versículo continúa diciendo que es tan solo desde esta posición que uno puede
invocar en nombre del Señor. Esto queda perfectamente establecido en el
versículo 14. Uno no puede invocar u orar a Dios hasta que no ha creído. Y
no puede creer si primeramente no ha oído, tal como dice el versículo 17,
“Así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios”.
Romanos 10:13 no está instruyendo a los pecadores a que oren para
ser salvos del castigo del pecado; está instruyendo al pueblo salvado por Dios
a que oren para su diaria liberación del poder del pecado y su control sobre
sus vidas.
2. Otro pasaje bíblico que algunos piensan que ignoramos es Lucas 18:9-14.
Este pasaje habla de dos hombres, un fariseo y un publicano, quienes fueron
al templo a orar. El publicano, mientras se golpeaba el pecho, decía: “Dios,
se propicio a mí, pecador”, Lucas 18:13. Algunos ven en él un caso de un
hombre perdido orando para que Dios le salve.
El hecho es que ambos hombres fueron al templo específicamente
para “orar”. Incluso el fariseo sabía que “Dios no oye a los pecadores”, lo
cual se dice concretamente en Juan 9:31. Según las leyes bajo las cuáles
vivían estos hombres, ellos no podrían haber entrado en el templo sin ser
profesantes de la fe judía la cual se evidenciaba por la circuncisión, Ezequiel
44:7. Entonces, en la parábola de Jesús (versículo 9), no está usando a
hombres que simbolizan a perdidos que necesitan salvarse. Cristo se refiere a
hombres salvos que pueden orar. Hombres que aunque son salvos y pueden
orar, fallan. Cuando eso ocurre, deben acudir a Dios pidiendo en oración
misericordia, Hebreos 4:16, y no con una arrogante actitud de orgullo
diciéndole al Señor lo mejores que son que sus falibles hermanos.
El punto que señala Jesús en su parábola no es cómo los hombres
perdidos pueden ser salvos. Está tratando de humildad y orgullo en las vidas
de los creyentes. Aquellos que usan este pasaje para apoyar la postura en
favor de la “oración del pecador” están forzando artificialmente un pasaje
para que diga algo que de ninguna manera dice.
3. Cornelio, en Hechos 10, es otro caso frecuentemente citado para apoyar la
postura de “orar para salvación”. No hay duda de que Cornelio era un hombre
perdido, y que oraba en su perdida condición. El versículo 2 nos dice que él
oraba, y el versículo 4 dice que sus oraciones subieron “para memoria
delante de Dios”. No obstante, Dios no salvó a Cornelio por sus oraciones.
De hecho, y a pesar de sus oraciones, permaneció perdido hasta que Dios
levantó a Pedro para que fuera a él con “palabras por las cuáles serás salvo
tú, y toda tu casa”, Hechos 11:14. Si la oración pudiera salvar a un hombre,
Cornelio habría sido seguramente salvo por este medio pues no vemos otro
hombre perdido más devoto, bueno y fiel en orar, tal como atestigua Hechos
10:1 y 2. Sin embargo, él no fue salvo hasta que creyó en Cristo (Hechos
11:14).
En el caso de Cornelio, quien era un gentil, Dios prometió en Oseas
2:23, “y diré a Lo-ammi: tú eres pueblo mío, y él dirá: Dios mío”. Romanos
9:24-26 específicamente identifica esta profecía como una promesa de la
conversión de los gentiles. Antes de Cornelio, Pedro y los primeros creyentes

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limitaron su predicación a los judíos. Jesús había confirmado la predicación
del evangelio a los gentiles cuando dijo “que se predicase en su nombre el
arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando
desde Jerusalén”, Lucas 24:47. Con Cornelio, Dios inició el cumplimiento de
su promesa abriendo una puerta ancha de salvación a los gentiles. Sus
oraciones fueron simplemente un memorial recordatorio ante Dios de que el
tiempo para el cumplimiento de su promesa estaba llegando. Y Dios le salvó
porque Cornelio creyó en la obra consumada de Cristo en la cruz, y sólo
cuando creyó.
4. Hay aun unos pocos pasajes similares a éste, los cuáles si hacemos un
cuidadoso examen se deshacen como apoyo a la oración como medio para
obtener la vida eterna.

II. LO QUE RESULTA CADA VEZ MÁS CLARO CUANDO UNO MIRA LAS
ESCRITURAS ES QUE DIOS TIENE UNA MANERA, Y SOLO UNA, PARA QUE UNA
PERSONA RECIBA LA VIDA ETERNA POR LOS MÉRITOS DE LA OBRA
CONSUMADA POR CRISTO EN LA CRUZ, Y ES LA FE EN JESUCRISTO COMO
SALVADOR PERSONAL.

A. Ninguna verdad se presenta tan claramente ni se desarrolla con tanta diligencia en la


Biblia como la salvación por gracia por medio de la fe:

1. Efesios 2:8-9 declara, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y
esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se
gloríe”.
2. Y en Juan 3:15-18, “Para que todo aquél que en él cree, no se pierda, mas
tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a
su Hijo unigénito, para que todo aquél que en él cree no se pierda, mas tenga
vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al
mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es
condenado, pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído
en el nombre el unigénito Hijo de Dios”.
3. Jesús dijo en Juan 5:24, “De cierto, de cierto os digo: el que oye mi palabra,
y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha
pasado de muerte a vida”.
4. Romanos 1:16 lo dice de este modo, “Porque no me avergüenzo del
evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquél que cree; al
judío primeramente, y también al griego”.
5. Y Hechos 16:30-31 responde a la cuestión de como uno se salva dando la
respuesta del modo más claro posible en términos humanos. La pregunta es,
“¿Qué debo hacer pasa ser salvo?”. Y la respuesta es, “Cree en el Señor
Jesucristo, y serás salvo”.

B. No hay ninguna otra manera.

1. Jesús dijo, “Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis”,


Juan 8:24.
2. También dijo en Juan 3:18, “El que en él cree, no es condenado, pero el que
no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre el
unigénito Hijo de Dios”.
3. Y en Juan 3:36, “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehusa
creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.

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4. Tú puedes ir a la iglesia, pero si no crees no eres salvo. Puede que seas moral,
pero si no crees no eres salvo. Puede que estés bautizado, pero si no crees no
eres salvo. Y puedes clamar a Dios con la oración del pecador, pero si no
crees no eres salvo. La Biblia dice, “Porque con el corazón se cree para
justicia” en Romanos 10:10. Puedes hacer lo que quieras, pero hasta que no
creas en Jesucristo como tu Salvador personal, nunca serás salvo. Pero
déjame añadir algo, en el mismo instante en que tú creas en Él, serás
completamente salvo, a pesar de todo lo que hayas podido hacer.

C. Siendo esto verdad, ¿qué efecto puede hacer que le pidas a Jesucristo en tu corazón
por tu salvación?

1. La respuesta a esto es bastante simple: ¡Ninguno! Puedes pedirle en tu


corazón todo lo que quieras; pero si no crees en Él, no te salvará. Por otro
lado, si crees en Él como tu Salvador, Él te salvará incluso si no le pides
específicamente que lo haga.
Es bastante obvio que no importa la manera en que le pidas a Dios. No
es “pedir” lo que hace la diferencia. Es “creer” lo que la hace.
2. Te preguntan: “¿Puede una persona que pide a Jesús en su corazón ser
salvo?”. La respuesta es: “Sí, si cree”. Dios no rehusa salvar a un pecador que
cree solo porque lo está pidiendo. Pero lo salvará igualmente aunque no lo
pidiera. Ahora, si una persona piensa que su petición está contribuyendo a su
salvación, entonces podría no salvarse. Es solo creer en Jesucristo, nada más
y nada menos, lo que produce salvación eterna. El mayor peligro de pedir a
un pecador que ore en el momento de su salvación es que éste piense que de
algún modo su oración contribuye a su salvación y por lo tanto invalide el
valor de la completa redención, añadiendo obras (la oración) a su fe.
3. Así una persona podría pedir a Dios que le salvara, sin haber confiado en
Jesucristo como su Salvador, y permanecer creyendo en que es salvo porque
oró a Dios pidiéndolo, cuando en realidad está completamente perdido.
4. Lo más sabio que un ganador de almas puede hacer es mantener el mensaje
claro y simple. Debemos decir a los pecadores perdidos que crean en
Jesucristo para ser salvos. Esto es todo. Decirles que hagan algo más es
complicar el tema. Cualquier adición no contribuye en nada a la recepción de
la salvación, y conlleva el grave riesgo de causar que personas perdidas hagan
falsas profesiones de fe. Aquél que piensa que la oración, el bautismo o las
buenas obras, o cualquier otra cosa aparte de la fe en el Señor Jesucristo,
puede resultar en salvación está todavía perdido y condenado al infierno.
Jesús solo salva a aquellos que creen, no a los que oran, o se reforman, o
hacen buenas obras, o son bautizados. Solo a aquellos que creen.
5. Por eso, en nuestra iglesia, no invitamos a las personas a que oren para ser
salvos. ¿Por qué deberíamos hacerlo? La oración no salva. La fe en Cristo sí.
¿Por qué vamos a enturbiarlo todo pidiendo a las personas que hagan algo
que Dios no ha pedido que hagan, algo que tiene el potencial de condenar su
alma en el infierno?
¿Y por qué deberíamos pensar que es algo peculiar una postura que cuenta
con un completo apoyo bíblico?
Y si oraste para ser salvo, ¿por qué deberías seguir con esa idea en vista de
que Dios te dice que creas para ser salvo en vez de orar para ello? Si
examinas tu corazón y encuentras que has hecho algo, más o menos, aparte de
creer en el Señor Jesucristo para ser salvo, en realidad estás perdido. Y si
estás perdido, te animo a que creas en Jesucristo ahora mismo y seas
verdaderamente salvo.