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Jesús Martín Barbero Tecnicidades,

identidades,

J.Martín Barbero
alteridades:
des-ubicaciones y
opacidades de la
comunicación
en el nuevo siglo

Departamento de Estudios Socioculturales.


ITESO, Guadalajara, México

diálogos
de la comunicación

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latinoamericanos. Empujadas a la Social Mundial en Porto Alegre

Jesús Martín Barbero


Tecnicidades, identidades, alteridades recesión económica y la ingober-
nabilidad política por la implaca-
ble lógica de la globalización
neoliberal, nuestras naciones pa-
se ha convertido en el extraño
escenario en el que, frente al
tramposo y excluyente mundo de
la economía financiera, hace su
decen además ahora los efectos aparición en la escena global el
de la más arcaica peste del mie- mundo de la política, o mejor, la
do que fundamentaliza la seguri- utopía política de un mundo de
dad convirtiendo las fronteras y los ciudadanos y los pueblos. Y
las vias de comunicación -terres- en el que justamente este año la
tres y aéreas, físicas y virtuales- comunicación ha pasado a tener
en lugares de legitimación de la una presencia no meramente te-
desconfianza como método y la mática sino articuladora, estra-
violación de los derechos a la tégica. Convergen ahí, en esa otra
privacidad y la libertad como mundialización posible, esfuer-
comportamiento oficial de las zos que vienen de las grandes re-
«autoridades», con el consiguien- uniones de los años 90’ -Rio,
te afianzamiento de los prejuicios Beijing- sobre los avances de la
raciales, los apartheid étnicos y información y la comunicación
los fanatismos religiosos. Al fluir comunitaria tanto territorial
tan deprisa como las transaccio- como virtual. Búsquedas y pro-
nes financieras los virus imagina- puestas que fueron ahí confron-
rios amenazan ahora al orden glo- tadas a las tendencias y reco-
bal que reacciona rearmando las mendaciones dominantes ema-
fronteras y tornando cada día nadas de los organismos econó-
más sospechoso de enemigo de micos mundiales -OMC, FMI, BM-
ese orden al flujo migratorio de las que someten a la lógica globali-
A todos los que desde la dirección de muchedumbres que él mismo em- zadora del mercado la cultura, la
FELAFACS, la coordinación de la puja desde nuestras periferias comunicación y la educación
revista, y con sus textos, han hecho
pauperizadas hacia los países del (J.Vidal Beneyto). La comunica-
posible la espléndidadamente
democrática aventura, intelectual y próspero pero des-concertado cen- ción es planteada en Porto Ale-
académica, que significan los 15 años tro. El ejemplo de la Argentina no gre como lugar de una doble per-
de DIA-LOGOS DE LA puede ser más aleccionador: a la versión y de una doble oportu-
COMUNICACIÓN. hiperinflación de los ochenta - nidad. La primera perversión
que derivó de la destrucción sis- proviene de la conformación de
temática de sus instituciones po- unas megacorporaciones globa-
líticas y del pillaje económico por les –ya son sólo siete las que
las dictaduras militares- siguió el dominan el mercado mundial:
neoliberalismo más puro y duro AOL-Time Warner, Disney, Sony,
en los ’90, que desmontó los últi- News Corporation, Viacom y
No es posible pensar hoy los pro- mos residuos del Estado social Bertelsmann- cuya concentra-
cesos, los medios y las prácticas precipitando al país en la más ción económica se traduce en
de comunicación sin asumir la brutal depresión económica y en un poder cada día más inatajable
abierta y extrema tensión entre una implosión de lo social en la de fusión de los dos componen-
lo sucedido el martes 11 de sep- que se disuelven «las razones de tes estratégicos, los vehículos y
tiembre pasado en Nueva York y pertenencia a una sociedad na- los contenidos, con la consi-
lo representado por el Foro So- cional, la idea de responsabilidad guiente capacidad de control de
cial Mundial de Porto Alegre a co- que, aun precariamente, tejía la la opinión pública mundial y la
mienzos de este año. El curso que trama de los muchos hilos que imposición de moldes estéticos
ha tomado el mundo después de sostiene a una comunidad1. cada día más «baratos»; la segun-
los acontecimientos del martes da es la que han introducido los
negro 11S ha introducido proce- Del otro lado nos llega una exi- acontecimientos del «11 S» enra-
sos que amenazan aún más el ya gencia radical de reflexión sobre reciendo de controles y amena-
oscuro horizonte de los pueblos la globalización: el segundo Foro zas las libertades de información

diálogos
de la comunicación
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y expresión hasta el punto de la mediación tecnológica y mer- Lo que a continuación expone-
poner en serios riesgos los más cantil- lo que estamos necesitan- mos no tiene otra pretensión que
elementales derechos civiles. do pensar es la hegemonía la de luchar contra el cinismo
Pero la comunicación aparece comunicacional del mercado en del pensamiento fácil dibujando
también en Porto Alegre como la sociedad, o mejor, la conver- el complejo esquema de uno de
lugar de dos estratégicas opor- sión de la comunicación en el los mapas indispensables en la
tunidades: primera, la que abre más eficaz motor del desengan- multidimensionalidad de sus
la digitalización posibilitando la che e inserción de las culturas - ejes temáticos y en la trans-
puesta en un lenguaje común de étnicas, nacionales o locales- en versalidad de sus planos de aná-
datos, textos, sonidos, imáge- el espacio/tiempo del mercado lisis.

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nes, videos, desmontando la he- y las tecnologías. Pero al mis-
gemonía racionalista del dualis- mo tiempo estamos necesitados
mo que hasta ahora oponía lo in- de pensar el nuevo mapa que di- I. LA MEDIACIÓN TECNOLÓ-
teligible a lo sensible y lo emo- bujan esas tensiones entre las GICA DEL CONOCIMIENTO EN
cional, la razón a la imaginación, mutaciones tecnológicas, las ex- LA PRODUCCIÓN SOCIAL
la ciencia al arte, y también la plosiones e implosiones de las Lala mediación tecnológica del
cultura a la técnica y el libro a identidades y las reconfigura- coLAnoi“Lo que está cambiando
los medios audiovisuales; segun- ciones políticas de las heteroge- no es el tipo de actividades en las
da: la configuración de un nue- neidades. que participa la humanidad, sino
vo espacio público y de ciuda- su capacidad de utilizar como
danía en y desde las redes de La comunicación ha entrado sin fuerza productiva
movimientos sociales y de me- duda a ocupar un lugar estraté- lo que distingue a nuestra especie
dios comunitarios, como el es- gico en la configuración de los como rareza biológica, su
pacio y la ciudadanía que ha he- nuevos modelos de sociedad capacidad de procesar símbolos”
cho posible, sostiene y confor- pero ello está siendo malin- Manuel Castells2
ma el Foro Mundial mismo. Es terpretado por una tendencia
obvio que se trata de embriones creciente en los Estudios Lati- Dos procesos están transfor-
de una nueva ciudadanía y un noamericanos de Comunicación mando radicalmente el lugar de
nuevo espacio público, configu- al autismo epistémico que preten- la cultura en nuestras socieda-
rados por una enorme plurali- de aislar a esos estudios de las des fin de siglo: la revitalización
dad de actores y de lecturas crí- ciencias sociales construyendo de las identidades y la revolu-
ticas que convergen sobre un una pseudo-especificidad basa- ción de las tecnicidades. Los pro-
compromiso emancipador y una da en saberes técnicos, taxo- cesos de globalización económi-
cultura política en la que la re- nomías psicológicas y estrate- ca e informacional están reavi-
sistencia es al mismo tiempo gias organizacionales. No puede vando la cuestión de las identi-
forjadora de alternativas. resultar extraño que, desconcer- dades culturales -étnicas, racia-
tados por la vastedad y gravedad les, locales, regionales- hasta el
En este malhadado comienzo de de los problemas que hoy punto de convertirlas en dimen-
siglo la comunicación se halla entrañan los procesos y medios sión protagónica de muchos de
atrapada entre fuertes des-ubi- de comunicación, y confundidos los más feroces y complejos con-
caciones y densas opacidades por el pensamiento unidimen- flictos internacionales de los úl-
que provienen de la emergencia sional y funcional que se hace timos años, al tiempo que esas
de una razón comunicacional cu- pasar por el conocimiento pro- mismas identidades, más las de
yos dispositivos -la fragmenta- pio del campo de la comunica- género y las de edad, están
ción que disloca y descentra, el ción, muchos aspirantes a reconfigurando la fuerza y el sen-
flujo que comprime y globaliza, comunicadores se sientan perdi- tido de los lazos sociales, y las
la conexión que desmaterializa dos, se muestren apáticos ante posibilidades de convivencia en
e hibrida- agencian el devenir la reflexión/investigación y ten- lo nacional y aun en lo local. Por
mercado de la sociedad. Frente tados de dejarse seducir por lo su parte, lo que la revolucion tec-
al consenso dialogal del que que más brilla: las fascinantes nológica de este fin de siglo in-
Habermas ve emerger la razón proezas de la tecnología prome- troduce en nuestras sociedades
comunicativa -descargada de la tiendo el reencantamiento de no es tanto una cantidad inusi-
opacidad discursiva y la ambi- nuestras desencantadas y tada de nuevas máquinas sino un 11
güedad política que introducen desazonadas vidas. nuevo modo de relación entre

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los procesos simbólicos -que dios y el papel de mediadores que estructural y estrátegica hoy más

Tecnicidades, identidades, alteridades constituyen lo cultural- y las for-


mas de producción y distribu-
ción de los bienes y servicios: un
nuevo modo de producir, inextri-
ellos están jugando hoy. Sin ese
mínimo de distancia -o
negatividad que dirían los de
Francfurt- nos es imposible el
que nunca, la de formular y dise-
ñar proyectos sociales, la de pen-
sar alternativas al modelo hege-
mónico del mercado y de la co-
cablemente asociado a un nue- pensamiento crítico. municación.
vo modo de comunicar, convier-
te al conocimiento en una fuer- De otra parte, la noción de socie-
za productiva directa. 1. Peculiaridades latinoameri- dad de la información se halla
canas de la sociedad del lastrada en nuestros países de
El lugar de la cultura en la socie- conocimiento una fuerte complicidad discur-
dad cambia cuando la mediación siva con la modernización
tecnológica (J.Echeverría) de la Nuestras sociedades son, al mis- neoliberal, racionalizadora del
comunicación deja de ser mera- mo tiempo, «sociedades del des- mercado como único principio
mente instrumental para espe- conocimiento», esto es, del no re- organizador de la sociedad en su
sarse, densificarse y convertir- conocimiento de la pluralidad de conjunto, según el cual, agotado
se en estructural: la tecnología saberes y competencias cultura- el motor de la lucha de clases, la
remite hoy no a unos aparatos les que, siendo compartidas por historia habría encontrado su
sino a nuevos modos de percep- las mayorías populares o las mi- recambio en los avatares de la
ción y de lenguaje, a nuevas sen- norías indígenas o regionales, no información. La centralidad que
sibilidades y escrituras. Radica- están siendo incorporadas como las tecnologías ocupan en esa
lizando la experiencia de des- tales ni a los mapas de la socie- concepción de la sociedad resul-
anclaje producida por la moder- dad ni siquiera a los de sus siste- ta desproporcionada y paradóji-
nidad, la tecnología deslocaliza mas educativos. Pero la subordi- ca en países en los que el creci-
los saberes modificando tanto el nación de los saberes orales y miento de la desigualdad atomi-
estatuto cognitivo como insti- visuales al orden de la letra sufre za las sociedades deteriorando
tucional de las condiciones del actualmente una erosión crecien- sus dispositivos de comunica-
saber y las figuras de la razón te e imprevista que se origina en ción, esto es de cohesión cultu-
(Gh.Chartron, A. Reneaud) lo los nuevos modos de producción ral y política: «desgastadas las
que está conduciendo a un fuer- y circulación de saberes y nuevas representaciones simbólicas, no
te emborronamiento de las fron- escrituras que emergen a través logramos hacernos una imagen
teras entre razón e imaginación, de las nuevas tecni-cidades, y es- del país que queremos, y por
saber e información, naturaleza pecialmente del computador e ende, la política no logra fijar el
y artificio, arte y ciencia, saber internet. Con raras excepciones, rumbo de los cambios en mar-
experto y experiencia profana. sin embargo nuestras universida- cha»3. De ahí el ensanchamiento
des siguen sin darse por entera- de la brecha y la desmoraliza-
Al mismo tiempo afrontamos una das de las estratégicas relaciones ción colectiva: nuestras gentes
perversión del sentido de las de- entre aquellos saberes y estas pueden asimilar con cierta faci-
mandas socioculturales que en- tecnologías (J.A.Braganca y lidad las imágenes de la moder-
cuentran de algún modo expre- M.T.Cruz), del mismo modo que nización que proponen los cam-
sión en los medios, mediante la desconocen la complejidad de re- bios tecnológicos pero es a otro
cual se deslegitima cualquier laciones que se trenzan hoy en- ritmo, mucho más lento y dolo-
cuestionamiento de un orden so- tre los cambios del saber en la roso, que pueden recomponer
cial al que sólo el mercado y las sociedad del conocimiento y los sus sistemas de valores, de nor-
tecnologías permitirían darse for- cambios del trabajo en la socie- mas éticas y virtudes cívicas.
ma. Esta concepción hegemónica dad de mercado. Lo que limita su
nos sumerge en una creciente papel a analizar tendencias –las
oleada de fatalismo tecnológico que ponen el mercado y el desa- 2. Aparición de un entorno
frente al cual resulta más nece- rrollo tecnológico en la globa- educacional difuso y
sario que nunca mantener la lización socioeconómica y en la descentrado
epistemológica y políticamente mundialización de la cultura-
estratégica tensión entre las me- para ver cómo se adapta a ellas, Vivimos en un entorno de infor-
diaciones históricas que dotan de sin el menor esfuerzo ni proyec- mación que recubre y entremez-
sentido y alcance social a los me- to de asumir como tarea propia, cla saberes múltiples y formas

diálogos
de la comunicación

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muy diversas de aprender, a la que nos interpelan desde la ro esté pasando a ser mediación
vez que se halla fuertemente des- tecnicidad. Con el computador técnica del hacer estético, lo que
centrado por relación al sistema estamos no ante una máquina a su vez revela el paso de la
educativo que aun nos rige or- con la que se producen objetos primacia sensorio-motriz a la
ganizado en torno a la escuela y sino ante un nuevo tipo de sensorio simbólica.
el libro. Desde los monasterios tecnicidad que posibilita el pro-
medievales hasta las escuelas de cesamiento de informaciones y
hoy el saber ha conservado ese cuya materia prima son abstrac- 3. Cambios en los mapas
doble carácter de ser a la vez ciones y símbolos. Lo que inau- laborales y profesionales
centralizado y personificado en gura una nueva aleación de cere-

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figuras sociales determinadas. bro e información que sustituye Aunque nuestras universidades
De ahí que una transformación a la tradicional relación del cuer- no parecen darse por enteradas,
en los modos de circulación del po con la máquina. De otro lado, está en marcha una transforma-
saber (J.Rifkin, H.Fischer), como las redes informáticas al transfor- ción en profundidad del mapa
la que estamos viviendo, es una mar nuestra relación con el es- «moderno» de las profesiones y
de las más profundas transfor- pacio y el lugar movilizan figu- la emergencia de un otro mapa
maciones que puede sufrir una ras de un saber que escapa a la ligado cada día más a la confi-
sociedad. Pues es disperso y razon dualista con la que esta- guración de los nuevos oficios
fragmentado como el saber pue- mos habituados a pensar la téc- que vienen exigidos por nuevas
de circular por fuera de los luga- nica (F.Boncano), pues se trata formas del producir, del comu-
res sagrados que antes lo de movimientos que son a la vez nicar y del gestionar, ligados tan-
detentaban y de las figuras so- de integración y de exclusión, de to a las nuevas destrezas men-
ciales que lo administraban. La desterritorialización y relocali- tales que introduce la alfabeti-
escuela está dejando de ser el zación, nicho en el que interac- zación al mundo laboral como
único lugar de legitimación del túan y se entremezclan lógicas y a los nuevos modelos empresa-
saber ya que hay una multiplici- temporalidades tan diversas riales. Estamos, en primer lugar,
dad de saberes que circulan por como las que entrelazan en el ante un nuevo estatuto social
otros canales, difusos y descen- hipertexto a las sonoridades del del trabajador (R. Sennet, U.
tralizados. Esta diversificación y relato oral con las intertex- Beck) que si, de un lado impli-
difusión del saber, por fuera de tualidades de la escritura y las ca el paso de un trabajo carac-
la escuela, es uno de los retos intermedialidades del audiovi- terizado por la ejecución mecá-
más fuertes que el mundo de la sual. Una de las más claras se- nica de tareas repetitivas al de
comunicación le plantea al sis- ñales de la hondura del cambio un trabajo con un mayor com-
tema educativo. Saberes-mosai- en las relaciones entre cultura, ponente de iniciativa de la par-
co, como los ha llamado A. Mo- tecnología y comunicación, se te del trabajador al desplazar el
les, por estar hechos de trozos, halla en la reintegración cultural ejercicio de la predominancia de
de fragmentos, que sin embargo de la dimensión separada y la mano a la del cerebro median-
no impiden a los jóvenes tener minusvalorada por la racionali- te nuevos modos del hacer que
con frecuencia un conocimiento dad dominante en Occidente exigen un saber-hacer, un des-
más actualizado en física o en desde la invención de la escritu- pliegue de destrezas con un
geografía que su propio maestro. ra y el discurso lógico, esto es la mayor componente mental,
Lo que está acarreando en la es- del mundo de los sonidos y las pero ello no significa la libera-
cuela no una apertura a esos imágenes relegado al ámbito de ción de la iniciativa del trabaja-
nuevos saberes sino una puesta las emociones y las expresiones. dor, de su capacidad de innova-
a la defensiva y la construcción Al trabajar interactivamente con ción y creatividad, sino su con-
de una idea negativa y moralista sonidos, imágenes y textos escri- trol por la lógica de la rentabili-
de todo lo que desde el tos, el hipertexto hibrida la den- dad empresarial que la supedi-
ecosistema comunicativo de los sidad simbólica con la abstrac- ta en todo momento a la «eva-
medios y las tecnologías de co- ción numérica haciendo reen- luación de los resultados», al
municación e información la contrarse las dos, hasta ahora mismo tiempo que esa llamada
cuestiona en profundidad. «opuestas», partes del cerebro flexibilidad oculta su verdadera
(F.Varela, E. Thompson y realidad: la precarización del
De otra parte los nuevos saberes E.Rosch). De ahí que de media- empleo en términos de la dura- 13
remiten nuevas figuras de razón dor universal del saber, el núme- ción del contrato de trabajo tan-

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to como en las prestaciones sa- sional es un individuo abocado creciente entre la lógica de lo

Tecnicidades, identidades, alteridades lariales en salud, pensión, edu-


cación, vacaciones, etc. Someti-
do a la férrea lógica de la
competitividad, el trabajo sufre
a la permanente reconversión
de sí mismo, y ello en un mo-
mento en el cual todo en la so-
ciedad hace del individuo un
global y las dinámicas de lo lo-
cal, entre el espacio de la econo-
mía política y los mundos de
vida. La manifestación más visi-
una fuerte mengua y hasta la sujeto inseguro, lleno de incer- ble y honda de esa disyunción
desaparición del vínculo tidumbre, con muy fuertes ten- es la presencia en la experiencia
societal–espacial y temporal- dencias a la depresión, al estrés cotidiana de la gente de un sen-
entre el trabajador y la empre- afectivo y mental. Y divorciado timiento compartido de impo-
sa, afectando profundamente la del largo plazo que implicaba la tencia, es decir de que su traba-
estabilidad psíquica del traba- vida profesional, y del largo jo, su entorno y su propia vida,
jador: al dejar de ser un ámbito tiempo de la solidaridad laboral, escapan aceleradamente a su
clave de comunicación social, no sólo el valor sino también el control. Al entrar en crisis las
del reconocimiento social de sí sentido del trabajo profesional tres grandes instituciones de la
mismo, el trabajo pierde tam- pasa a ligarse a una creatividad modernidad –el trabajo, la polí-
bién su capacidad de ser un lu- y una flexibilidad uncidas a la tica y la escuela- que constituían
gar central de significación del lógica mercantil de la compe- la fuente del sentido colectivo de
vivir personal, del sentido de la titividad que enlaza inextrica- la vida su significado se divor-
vida (C.Dubar). Y al mismo blemente saber y rentabilidad. cia de lo que el individuo o la co-
tiempo cambia también la figu- munidad hace para ligarse a lo
ra del profesional, convertida en que se es: hombre o mujer, ne-
el lugar propio de la nueva com- II. LA EXPLOSIÓN DE LAS IDEN- gro o blanco, cristiano o
plejidad de relaciones entre los TIDADES musulman, indígena o mestizo.
cambios del saber en la socie- La sociedad-red no es un puro fe-
dad de conocimiento y los cam- La comprensión de la identidad en nómeno de conexiones tecnoló-
bios del trabajo en una sociedad la sociedad contemporánea resulta gicas sino la disyunción sisté-
de mercado. La nueva figura re- de la aplicación de una doble mica de lo global y lo local, de lo
mite, en primer lugar, a los gru- perspectiva de figuras que no se público-formal y lo privado-real
pos/proyecto, los «círculos de acumulan, sino que presentan (Appaduray), mediante la fractu-
calidad» en los que cada indivi- tensiones: la reflexión sobre las ra de sus marcos temporales de
duo compite con los otros indi- crisis de las formas de comunica- experiencia y de poder: frente a
viduos del grupo, y cada grupo ción discursiva como lugar principal la elite que habita el espacio
compite con otros grupos, no de la identidad presente y la atemporal de las redes y los flu-
sólo fuera sino aun dentro de la necesidad imperiosa de construir jos globales, las mayorías en
misma empresa. Las condicio- discursos de experiencia que nuestros países habitan el dislo-
nes de competitividad entre to- suturen los déficits de legitimación cado espacio/tiempo local de
dos se traducen en fragmenta- en los discursos anónimos que nos sus culturas, y frente a la lógica
ción tanto del oficio como de las son dirigidos. del poder global se refugian en
comunidades de oficio. Los nue- José Miguel Marinas la lógica del poder que produce
vos modelos de empresa hacen la identidad. Estamos así ante
así imposible el largo tiempo, Ligada a sus dimensiones tecno- una mutación, en los inicios de
tanto en el sentido de la perte- económicas, la globalización un verdadero cambio de época,
nencia a una colectividad em- pone en marcha un proceso de que nos aboca a investigar las si-
presarial, como en el de la ca- interconexiones a nivel mundial, guientes cuestiones:
rrera profesional. También el que conecta todo lo que instru-
nivel salarial tiene cada vez me- mentalmente vale –empresas,
nos que ver con los años de tra- instituciones, individuos- al mis- 1. Cambios de fondo en la
bajo en la empresa: hoy profe- mo tiempo que desconecta todo percepción y el sentido de las
sionales que llevan muchos lo que, para esa razón, no vale identidades
años en una empresa son susti- (Z.Bauman). Este proceso de in-
tuidos por jóvenes recién llega- clusión/exclusión a escala plane- Si Habermas constata el descen-
dos que además entran a traba- taria está produciendo no sólo tramiento que sufren las socie-
jar ganando el doble del sueldo reacciones y atrincheramientos dades complejas por la ausencia
de los antiguos. El nuevo profe- sino una disyunción profunda y de una instancia central –Estado,

diálogos
de la comunicación
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Iglesia- de regulación y autoex- como forma de atraer el capi- raíces impiden caminar». Así, la
presión en las que «hasta las tal»6. La identidad local es así diversidad cultural se hace
identidades colectivas están so- conducida a convertirse en una interculturalidad en los territorios
metidas a la oscilación en el flu- representación de la diferencia y las memorias pero también des-
jo de las interpretaciones ajus- que la haga comercializable, es de las redes la diversidad resis-
tándose más a la imagen de una decir sometida a los maquillajes te, enfrenta, e interactúa con la
red frágil que a la de un centro que refuerzan su exotismo y a las globalización, y acabará por
estable de autorreflexión» 4 , hibridaciones que neutralicen transformarla (L.K.Sosoe). Y des-
Stuart Hall hace explícita la sus ragos más conflictivos. Que de ahí es que hoy se proyectan
fragilización de aquello que su- es la otra cara de la globalización búsquedas de alternativas, comu-

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poníamos fijo y la desestabiliza- acelerando las operaciones de nitarias y libertarias, capaces in-
ción de lo que creíamos uno: «Un desarraigo con que intenta ins- cluso de revertir el sentido mayo-
tipo nuevo de cambio estructu- cribir las identidades en las ló- ritariamente excluyente que las
ral está fragmentando los paisa- gicas de los flujos: dispostivo de redes tecnológicas tienen para
jes culturales de clase, género, traducción de todas las diferen- las mayorías, transformándolas
etnia, raza y nacionalidad, que cias culturales a la lengua fran- en potencial de enriquecimiento
en el pasado nos habían propor- ca del mundo tecnofinanciero y social y personal.
cionado sólidas localizaciones volatilización de las identidades
como individuos sociales. Trans- para que floten libremente en el
formaciones que están también vacío moral y la indiferencia cul- 2. Globalización: contradiccio-
cambiando nuestras identidades tural. nes entre identidades y flujos
personales»5. El cambio apunta
especialmente a la multiplica- Hasta hace muy poco decir iden- Acelerando las operaciones de
ción de referentes desde los que tidad era hablar de raíces, esto desarraigo la globalización tien-
el sujeto se identifica en cuanto es, de raigambre y territorio, de de a inscribir las identidades en
tal, pues el descentramiento no tiempo largo y de memoria sim- las lógicas de los flujos: disposi-
lo es sólo de la sociedad sino de bólicamente densa. De eso y so- tivo de traducción de todas las
los individuos, que ahora viven lamente de eso estaba hecha la diferencias culturales a la lengua
una integración parcial y preca- identidad. Pero decir identidad franca del mundo tecnofinan-
ria de las múltiples dimensiones/ hoy implica también –si no que- ciero y volatilización de las iden-
adscripciones que los confor- remos condenarla al limbo de una tidades para que floten libremen-
man. El individuo ya no es lo in- tradición desconectada de las te en el vacío moral y la indife-
divisible, y cualquier unidad que mutaciones perceptivas y expre- rencia cultural (N. Klein, P.-
se postule tiene mucho de «uni- sivas del presente- hablar de mi- Y.Bonin). La complementariedad
dad imaginada». Pero eso no pue- graciones y movilidades, de re- de movimientos en que se basa
de ser confundido con la celebra- des y de flujos, de instantaneidad esa traidora traducción no pue-
ción de la diferencia convertida y desanclaje. Antropólogos ingle- de ser más expresiva: mientras
en fragmentación, proclamada ses han expresado esa nueva con- el movimiento de las imágenes
por buena parte del discurso formación de las identidades a y las mercancías va del centro a
posmoderno y rentabilizada por través de la espléndida imagen de la periferia, el de los millones de
el mercado. La celebración de la las moving roots, raíces móviles, emigrantes objeto de exclusión
identidades débiles (fragmenta- o mejor de raíces en movimiento. va de la periferia al centro. Con
das) tiene una fuerte relación Para mucho del imaginario la consiguiente reidentificación
con otra celebración, la de la subtancialista y dualista que to- –frecuentemente fundamentalista-
des-regulación del mercado, exi- davía permea la antropología, la de las culturas de origen que se
gida por la ideología neoliberal sociología y hasta la historia, esa produce en los «enclaves étnicos»
de la que D.Harvey explicita la metáfora resultará inaceptable, y que parchean las grandes ciuda-
paradoja «cuanto menos decisi- sin embargo en ella se vislumbra des de los países del norte. La
vas se tornan las barreras espa- alguna de las realidades más globalización exaspera y alucina
ciales tanto mayor es la sensibi- fecundamente desconcertantes a las identidades básicas, a las
lidad del capital hacia las dife- del mundo que habitamos: que, identidades que echan sus raí-
rencias del lugar y tanto mayor como afirma el antropólogo cata- ces en los tiempos largos. Lo que
el incentivo para que los lugares lán, Eduard Delgado, «sin raíces hemos visto en Sarajevo y 15
se esfuercen por diferenciarse no se puede vivir pero muchas Kosovo es eso: una alucinación

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de las identidades que luchan gar de refugio en el que los indi- to, a lo audivisual, a lo

Tecnicidades, identidades, alteridades por ser reconocidas pero cuyo


reconocimiento sólo es comple-
to cuando expulsan de su terri-
torio a todos los otros encerrán-
viduos encuentran una tradición
moral (R. Bellah). Los nacionalis-
mos, las xenofobias o los funda-
mentalismos religiosos no se ago-
informático- y en ese otro aun
más complejo y ambiguo: el de
las apropiaciones y los mesti-
zajes. En su sentido más denso
dose sobre sí mismas. Pero la tan en lo cultural, pues todos y desafiante la idea de multi-
exasperación de las identidades ellos remiten, en periodos más o culturalidad apunta ahí: a una
no ocurre sólo al otro lado del menos largos de su historia, a ex- interculturalidad en la que las di-
globo, la reencontramos también clusiones sociales y políticas, a námicas de la economía y la cul-
en la intolerancia con la que en desigualdades e injusticias acu- tura-mundo movilizan no sólo la
Argentina o Chile son hoy muladas, sedimentadas. Pero lo heterogeneidad de los grupos y
excluídos, por los propios sec- que galvaniza hoy a las identida- su readecuación a las presiones
tores obreros, los migrantes pro- des como motor de lucha es in- de lo global sino la coexistencia
venientes de Bolivia o Paraguay separable de la demanda de re- al interior de una misma socie-
(A.Grimson). Como si al caerse conocimiento y de sentido. Y ni dad de códigos y relatos muy di-
las fronteras, que durante siglos el uno ni el otro son formulables versos, conmocionando así la ex-
demarcaron los diversos mun- en meros términos económicos periencia que hasta ahora tenía-
dos, las distintas ideologías po- o políticos, pues ambos se hallan mos de identidad. Lo que la
líticas, los diferentes universos referidos al núcleo mismo de la globalización pone en juego no
culturales -por acción conjunta cultura, en cuanto mundo del per- es sólo una mayor circulación de
de la lógica tecnoeconómica y la tenecer a y del compartir con. Ra- productos sino una rearticula-
presión migratoria- hubieran zón por la cual la identidad se ción profunda de las relaciones
quedado al descubierto las con- constituye hoy en la negación entre culturas y entre países, me-
tradicciones del discurso univer- más destructiva, pero también diante una des-centralización
salista, del que tan orgulloso se más activa y capaz de introducir que concentra el poder económi-
ha sentido Occidente. Y enton- contradicciones en la hegemonía co y una des-territorialización
ces cada cual, cada país o comu- de la razón instrumental. que hibrida las culturas.
nidad de países, cada grupo so-
cial y hasta cada individuo, ne- Esa hibridación penetra tam-
cesitará conjurar la amenaza que 3. El carácter constitutivo de bién el campo de los relatos,
significa la cercanía del otro, de las narrativas identitarias pues la mayoría de ellos sobre-
los otros, en todas sus formas y viven inscritos en el ecosistema
figuras, rehaciendo la exclusión La relación de la narración con discursivo de los medios y co-
ahora ya no bajo la forma de la identidad es constitutiva: no lonizados por la racionalidad
fronteras, que serían obstáculo hay identidad cultural que no operativa del dispositivo y el sa-
al flujo de las mercancías y las sea contada (J.M.Marinas, H. ber tecnológicos. Es en ese
informaciones, sino de distan- Bhabbha). Esa relación entre ecosistema y esos dispositivos
cias que vuelvan a poner «a cada narratividad y reconocimiento donde se juega -se hace y des-
cual en su sitio». de la identidad se hace precio- hace- la diferencia entre unos gé-
samente visible en la polisemia neros cuyo estatuto ha dejado
Pero el revival identitario pre- castellana del verbo contar cuan- de ser puramente literario para
senta un carácter especialmente do nos referimos a los derechos tornarse cultural, esto es cues-
ambiguo y hasta contradictorio, de las culturas tanto de las mi- tión de memoria y reconoci-
pues en él habla no sólo la revan- norías como de los pueblos. miento, frente a unos formatos
cha de identidades negadas o no Pues para que la pluralidad de en los que habla el sistema pro-
reconocidas sino que ahí se las culturas del mundo sea polí- ductivo, las lógicas de una
abren también camino las voces ticamente tenida en cuenta es in- comunicabilidad crecientemente
alzadas contra viejas exclusiones. dispensable que la diversidad de subordinada a la de la rentabili-
Y si en el inicio de muchos movi- identidades nos pueda ser con- dad. Momentos de una negocia-
mientos identitarios el autoreco- tada. Narrada en cada uno de los ción entre las reglas de cons-
nocimiento es reacción al aisla- idiomas y al mismo tiempo en el trucción del texto y las compe-
miento, también lo es su funcio- lenguaje multimedial en que hoy tencias del lector, los géneros
namiento como espacio de me- se juega el movimiento de las tra- remiten a su reconocimiento en
moria y solidaridad, y como lu- ducciones -de lo oral a lo escri- y por una comunidad cultural,

diálogos
de la comunicación
pues aun adelgazados por el lar- Así como las identidades implo- tica»7. La idea de reconocimiento
go transcurso que los separa de sionan fundamentalizándose, se juega en la distinción entre el
los relatos arquetípicos, los gé- también explosionan reinventán- «honor» tradicional, como con-
neros conservan aún cierta den- dose en proyectos de radical re- cepto y principio jerárquico, y la
sidad simbólica. Los formatos novación de la política y la so- «dignidad» moderna como prin-
en cambio funcionan como ope- ciedad toda. Me refiero a la cre- cipio igualitario. La identidad no
radores de una combinatoria sin ciente presencia de estrategias es pues lo que se le atribuye a al-
contenido, estrategia puramen- tanto de exclusión como, y espe- guien por el hecho de estar aglu-
te sintáctica. Pero la subordina- cialmente, de empoderamiento tinado en un grupo -como en la
ción de los géneros a la lógica ejercidas en y desde el ámbito de sociedad de castas- sino la expre-

J.Martín Barbero
de los formatos remite, más allá la cultura (A.Appaduray). Estas sión de lo que da sentido y valor
de las condiciones en que ope- últimas no sólo inscriben las a la vida del individuo. Es al tor-
ran las industrias culturales, al «políticas de identidad» dentro narse expresiva de un sujeto in-
oscurecimiento de una tradición de la política de emancipación dividual o colectivo que la iden-
cuyos relatos -y metarrelatos- humana, sino que replantean a tidad depende de, y por lo tanto
posibilitan la inserción del pre- fondo el sentido mismo de la vive del, reconocimiento de los
sente en las memorias del pasa- política, postulando el surgi- otros: la identidad se construye
do y en los proyectos de futuro. miento de un nuevo tipo de su- en el diálogo y el intercambio, ya
Roto ese engarce la crisis de la jeto político. Sujeto entrevisto que es ahí que individuos y gru-
estética de la obra y del autor desde que el feminismo subvir- pos se sienten despreciados o re-
halla su más certera expresión tiera el machismo metafísico de conocidos por los demás. Las
en la proliferación/fragmenta- las izquierdas con «lo personal identidades/ciudadanías moder-
ción de los relatos. Como si, ex- es político», y que en los últimos nas –al contrario de aquellas que
traviada su fuente, la narración años incorporara en el mismo eran algo atribuido a partir de
hubiera estallado en pedazos, movimiento el sentimiento de una estructura preexistente
asistimos a la multiplicación in- daño/victimación y el de recono- como la nobleza o a la plebe- se
finita de unos microrrelatos que cimiento/empoderamiento. Sen- construyen en la negociación del
se gestan en cualquier parte y timiento este último que recupe- reconocimiento por los otros. De
se desplazan de unos medios a ra para el proceso de construc- otro lado, lo que el multicultu-
otros (V.Sanchez Biosca). ción identitaria tanto lo que de ralismo pone en evidencia es que
disputa de poder pasa por el las instituciones liberal-democrá-
ámbito de los imaginarios, como ticas se han quedado estrechas
III. HETEROGENEIDADES lo que se produce en la materia- (Ch.Mouffe, E.Laclau) para aco-
SOCIOCULTURALES lidad de las relaciones sociales. ger las múltiples figuras de la di-
La afirmación de una subjetivi- versidad cultural que tensionan
Si es a través de la imaginación dad fracturada y descentrada, y desgarran a nuestras socieda-
que hoy el capitalismo discipli- así como la multiplicidad de des justamente porque no caben
na y controla a los ciudadanos identidades en pugna, aparecen en esa institucionalidad. Desga-
contemporáneos, sobre todo a por primera vez en el feminismo rradura que sólo puede ser
través de los medios de comuni- no como postulado teórico sino suturada con una política de ex-
cación, es también la imagina- como resultado de la explora- tensión de los derechos y valo-
ción la facultad a través de la ción de la propia experiencia de res universales a todos los sec-
cual emergen nuevos patrones la opresión (Ch.Mouffe). tores de la población que han vi-
colectivos de disenso, de vido por fuera de la aplicación de
desafección y cuestionamiento 1. Nuevas figuras de ciudadanía esos derechos, sean mujeres o
de los patrones impuestos a la minorías étnicas, evangélicos u
la vida cotidiana a través de la Las nuevas figuras ciudadanas re- homosexuales. Estamos en todo
cual vemos emerger formas miten, de un lado, a políticas del nuestro derecho al negarnos a
sociales nuevas, no predatorias reconocimiento que, según Char- tener que escoger entre el univer-
como las del capital, formas les Taylor, hallan su base en la de salismo heredado de la ilustra-
constructoras de nuevas la modernidad política donde se ción, que dejaba de lado secto-
convivencias humanas. aloja «la idea de que el pueblo res enteros de la población, y un
A. Appaduray cuenta con una identidad ante- diferencialismo tribal que se afir- 17
rior a alguna estructuración polí- ma en la exclusión racista y xe-

16 17
16 17
nófoba, pues esa disyuntiva es saberes y su moral, devalúa su modo de poder intervenir sobre

Tecnicidades, identidades, alteridades mortal para la democracia (M.


Wiewiorka). Frente a la ciudada-
nía de «los modernos» que se pen-
saba y se ejercía por encima de
memoria y sus rituales, hablar de
reconocimiento implica un doble
campo básico de derechos a im-
pulsar: el derecho a la participa-
ese proceso. Pues esa hegemo-
nía imagética se halla asociada
al hecho de que hoy el «recono-
cimiento recíproco» (H. Arendt)
las identidades de género, de et- ción en cuanto capacidad de las se juega especialmente en el de-
nia, de raza o de edad, la demo- comunidades y los ciudadanos a recho a ser visto y oido, que
cracia está necesitada hoy de una la intervención en las decisiones equivale al de existir/contar so-
ciudadanía que se haga cargo de que afectan su vivir, capacidad cialmente, tanto en el terreno in-
las identidades y las diferencias. que se halla hoy estrechamente dividual como en el colectivo, en
Pues la democracia se convierte ligada a una información veraz y el de las mayorías como en el de
hoy en escenario de la emancipa- en la que predomine el interés las minorías. Derecho que nada
ción social y política cuando nos común sobre el del negocio; y se- tiene que ver con el exhibicionis-
exige sostener la tensión entre gundo, el derecho a la expresión mo vedetista de los políticos en
nuestra identidad como indivi- en los medios masivos y comu- su perverso afán por sustituir su
duos y como ciudadanos, pues nitarios de todas aquellas cultu- perdida capacidad de represen-
sólo a partir de esa tensión se ras y sensibilidades mayoritarias tar lo común por la cantidad de
hará posible sostener colectiva- o minoritarias a través de las cua- tiempo en pantalla.
mente la otra, la tensión entre di- les pasa la ancha y rica diversi-
ferencia y equivalencia (igual- dad de la que están hechos nues- Lo que en las imágenes se produ-
dad). Y saldremos así de la iluso- tros países. ce es, en primer lugar, la salida a
ria búsqueda de una reabsorción flote, la emergencia de la crisis
de la alteridad en un todo unifi- 2. Reconfiguraciones de lo que sufre, desde su interior mis-
cado, sea éste la nación, el parti- público mo, el discurso de la representa-
do o la religión. Emergen enton- ción (P.Flores d’Arcais). Pues si
ces, o pasan al primer plano, de- La cada vez más estrecha rela- es cierto que la creciente presen-
rechos de ciudadanía vinculados ción entre lo público y lo co- cia de las imágenes en el debate,
a las diversas comunidades cul- municable -ya presente en el sen- las campañas y aun en la acción
turales que conforman una na- tido inicial del concepto políti- política, espectacu-lariza ese
ción desde la doble perspectiva, co de publicidad en la historia mundo hasta confundirlo con el
tanto de su construcción jurídi- trazada por Habermas- se juega de la farándula, los reinados de
ca como ética, esto es desde el hoy decisivamente en la ambi- belleza o las iglesias electrónicas,
nuevo valor de la diferencia que gua, y muy cuestionada, media- también es cierto que por las imá-
articula la universalidad humana ción de las imágenes que, de las genes pasa una construcción vi-
de los derechos a la particulari- vallas y pasando por las mil for- sual de lo social, en la que esa vi-
dad de los muy diversos modos mas de afiches, graffitis, desem- sibilidad recoge el desplazamien-
de su percepción y de expresión. boca en la televisión, es casi to de la lucha por la representa-
Es la línea de la ética de la comu- siempre asociada, o llanamente ción a la demanda de reconoci-
nicación (K.-O.Apel, J. Habermas, reducida, a un mal inevitable, a miento. Lo que los nuevos movi-
G. Vattimo) caracterizada por ju- una incurable enfermedad de la mientos sociales y las minorías -
garse mucho menos en certezas política contemporánea, a un vi- las etnias y las razas, las muje-
y absolutización de valores que cio proveniente de la decadente res, los jóvenes o los homosexua-
en posibilidades de encuentro y democracia norteamericana, o a les- demandan no es tanto ser re-
de lucha contra la exclusión so- una concesión a la barbarie de presentados sino reconocidos:
cial, política y cultural, de la que estos tiempos que tapan con hacerse visibles socialmente en
son objeto en nuestros países imágenes su falta de ideas. Y no su diferencia. Lo que da lugar a
tanto las mayorías pobres como es que en el uso que de las imá- un modo nuevo de ejercer políti-
las minorías étnicas o sexuales. genes hacen el mercado y la po- camente sus derechos. Y, en se-
En la experiencia de desarraigo lítica haya no poco de todo eso, gundo lugar, en las imágenes se
que viven tantas de nuestras gen- pero lo que necesitamos com- produce un profundo descen-
tes, a medio camino entre el uni- prender va más allá de la denun- tramiento de la política tanto so-
verso campesino y un mundo ur- cia, hacia una comprensión de lo bre el sentido de la militancia
bano cuya racionalidad económi- que la mediación de la imágenes como del discurso partidista. Del
ca e informativa disuelve sus produce socialmente, único fundamentalismo sectario que

diálogos
de la comunicación
acompañó, desde el siglo pasado parencia de las redes ciber- otros. Y esa vuelta de tuerca que
hasta bien entrado el actual, el néticas lo que se está minando evidencia en las grandes ciuda-
ejercicio de la militancia tanto en son los fundamentos mismos de des el uso de las redes electró-
las derechas como en las izquier- «lo público», esto es, los proce- nicas para construir grupos que,
das, las imágenes dan cuenta del sos de deliberación y de crítica, virtuales en su nacimiento, aca-
enfriamiento de la política, con el al mismo tiempo que se crea la ban territorializándose, pasando
que N.Lechner denomina la ilusión de un proceso sin inter- de la conexión al encuentro, y del
desactivación de la rigidez en las pretación ni jerarquía, se forta- encuentro a la acción. El uso al-
pertenencias posibilitando fideli- lece la creencia en que el indivi- ternativo de las tecnologías y
dades más móviles y colectivida- duo puede comunicarse prescin- redes informáticas (R. Kroes,

J.Martín Barbero
des más abiertas. Y en lo que al diendo de toda mediación social, S.Finquelevich, J.L.Molina) en la
discurso respecta, la nueva visi- y se acrecienta la desconfianza reconstrución de la esfera públi-
bilidad social de la política hacia cualquier figura de delega- ca pasa sin duda por profundos
cataliza el desplazamiento del ción y representación. Hay sin cambios en los mapas mentales,
discurso doctrinario, de carácter embargo, en no pocas de las pro- en los lenguajes y los diseños de
abiertamente autoritario, a una clamas y búsquedas de una «de- políticas, exigidos todos ellos
discursividad, si no claramente mocracia directa» via internet, por las nuevas formas de com-
democrática hecha al menos de un transfondo libertario que plejidad que revisten las recon-
ciertos tipos de interacciones e apunta a la desorientación en figuraciones e hibridaciones de
intercambios con otros actores que vive la ciudadanía como re- lo público y lo privado. Empe-
sociales. De ello es evidencia la sultado de la ausencia de densi- zando por la propia complejidad
proliferación creciente de obser- dad simbólica y la incapacidad que a ese respecto presenta
vatorios y veedurías ciudadanas. de convocatoria que padece la Internet: un contacto privado
Resulta bien significativa esta, política representativa. Trasfon- entre interlocutores que es a su
más que cercanía fonética, arti- do libertario que señala también vez mediado por el lugar públi-
culación semántica entre la visi- la frustración que produce, es- co que constituye la red: proce-
bilidad de lo social que posibili- pecialmente entre las mujeres y so que a su vez introduce una
ta la constitutiva presencia de las los jóvenes, la incapacidad de re- verdadera explosión del discur-
imágenes en la vida pública y las presentación de la diferencia en so público al movilizar la más
veedurías como forma actual de el discurso que denuncia la des- heterogénea cantidad de comu-
fiscalización e intervención de igualdad. Devaluando lo que la nidades, asociaciones, tribus,
los ciudadanos. nación tiene de horizonte cultu- que al mismo tiempo que libe-
ral común –por su propia inca- ran las narrativas de lo político
De otra parte, el vacío de utopías pacidad de articular la heteroge- desde las múltiples lógicas de
que atraviesa el ámbito de la po- neidad, la pluralidad de diferen- los mundos de vida, despo-
lítica se ve llenado en los ultimos cias de las que está hecha- los tencian el centralismo burocrá-
años por un cúmulo de utopías medios y las redes electrónicas tico de la mayoría de las institu-
provenientes del campo de la se están constituyendo en me- ciones potenciando la creativi-
tecnología y la comunicación: diadores de la trama de imagina- dad social en el diseño de la
«aldea global», «mundo virtual», rios que configura la identidad parcticipación ciudadana.
«ser digital», etc. Y la más enga- de las ciudades y las regiones,
ñosa de todas, la «democracia di- del espacio local y barrial, Las tecnologías no son neutras
recta»8 atribuyendo al poder de vehiculando así la multicultu- pues hoy más que nunca ellas
las redes informáticas la renova- ralidad que hace estallar los re- constituyen enclaves de conden-
ción de la política y superando ferentes tradicionales de la iden- sación e interación de intereses
de paso las «viejas» formas de la tidad. Y para los apocalípticos - económicos y políticos con me-
representación por la expresión que tanto abundan hoy- ahí es- diaciones sociales y conflictos
viva de los ciudadanos, ya sea tán los usos que de las redes simbólicos. Pero por eso mismo
votando por internet desde la hacen muchas minorías y comu- ellas son constitutivas de los
casa o emitiendo telemática- nidades marginadas introducien- nuevos modos de construir opi-
mente su opinión. Estamos ante do ruido en las redes, distor- nión pública y de las nuevas for-
la más tramposa de las ideali- siones en el discurso de lo glo- mas de ciudadanía, esto es, de
zaciones ya que en su celebra- bal, a través de las cuales emerge las nuevas condiciones en que se 19
ción de la inmediatez y la trans- la palabra de otros, de muchos dice y hace la política.

18 19
3. Nuevos regímenes cultura- Destiempos y desmemorias tusiasmo por las conmemoracio-

Tecnicidades, identidades, alteridades les de la tecnicidad

La verdad es que la imagen no


es lo único que ha cambiado. Lo
Pocos cambios tan deconcer-
tantes como los que afectan a
nuestra percepción colectiva del
nes y el auge de los anticuarios.

Pero, develando la acción del mer-


cado y los medios no hemos to-
que ha cambiado, más exacta- tiempo. Mientras unos denuncian cado fondo, hay algo aún más aba-
mente son las condiciones de exaltadamente la amnesia histó- jo: la obsolescencia acelerada y el
circulación entre lo imaginario rica, otros ostentan la actual «ex- debilitamiento de nuestros aside-
individual (por ejemplo, los plosión de la memoria», y otros ros identitarios nos están generan-
sueños) lo imaginario colectivo indican la complementariedad do un incontenible deseo de pasa-
(por ejemplo, el mito) y la entre ambas actitudes y movi- do que no se agota en la evasión.
ficción (literaria o artística). Tal mientos. Lo cierto es también Aunque moldeado por el merca-
vez sean las maneras de viajar, que no pocas de las denuncias do ese deseo existe y debe ser to-
de mirar, de encontrarse las más apocalípticas del mile- mado en serio como síntoma de
que han cambiado, lo cual narismo escapista lo retroali- una profunda desazón cultural, en
confirma la hipótesis según la mentan emborronando la atmós- la que se expresa la ansiosa indi-
cual la relación global de los fera cultural e intelectual, ya de gencia que padecemos de tiempos
seres humanos con lo real se por sí confusa y oscura, impidién- más largos y la materialidad de
modifica por el efecto de donos analizar la estructura de nuestros cuerpos reclamando me-
representaciones asociadas con los cambios que atravesamos. nos espacio y más lugar. Todo lo
las tecnologías, con la Frente a escapismos y alarmis- cual nos plantea el desafío radi-
globalización y con la acelera- mos necesitamos investigar nues- cal que ha formulado Huyssens:
ción de la historia” tra contradictoria percepción de no oponer maniqueamente la me-
Marc Augé las tranformaciones de la tempo- moria y la amnesia sino pensar-
ralidad en modo que nos permi- las juntas. Pues si la «fiebre de his-
La convergencia de la globali- ta «pensar juntos la amnesia y el toria» que denunciara Nietzsche
zación y la revolución tecnológi- boom de la memoria»9. Pues si, en el siglo XIX funcionaba inven-
ca configura un nuevo ecosis- de un lado los medios masivos se tando tradiciones nacionales e im-
tema de lenguajes y escrituras. han convertido en «máquinas de periales, esto es, dando cohesión
La experiencia audiovisual tras- producir presente»10, o sea, se ha- cultural a sociedades desgarradas
tornada por la revolución digital llan dedicados a fabricar olvido - por las convulsiones de la revolu-
señala, de un lado, la constitu- lo que vale como noticia es lo que ción industrial, nuestra «fiebre de
ción de nuevas temporalidades li- nos conecta con el presente de lo memoria» no tiene un foco políti-
gadas a la compresión de la in- que está pasando, lo que a su vez co ni territorial claro sino que es
formación, el surgimiento de hace que el tiempo en pantalla de expresión de la necesidad de an-
nuevas figuras de razón que re- cualquier acontecimiento deba claje temporal que sufren unas so-
miten al estatuto cognitivo que ser también instantáneo y equi- ciedades cuya temporalidad es sa-
la digitalización ha procurado a valente, con lo que el presente cudida brutalmente por la revolu-
la imagen, y finalmente la emer- convertido en actualidad dura ción informacional que disuelve
gencia de una visibilidad cultural cada vez menos- que es a lo que las coordenadas espacio-territo-
convertida en escenario de una se encuentra dedicado el merca- riales de nuestras vidas. Y en la
decisiva batalla política entre el do en su conjunto al planificar la que se hace manifiesta la transfor-
orden/poder de la letra y las acelerada obsolescencia de los mación profunda que padece la
oralidades y visualidades cultu- objetos como condición de fun- «estructura de temporalidad» que
rales que enlazan las memorias cionamiento del propio sistema nos legó la modernidad: aquella
con los imaginarios en el de producción; de otro lado, la fie- que, frente a la conservadora mi-
palimsesto que, a la vez que bo- bre de memoria es también cre- rada romántica, legitimó ya des-
rra, les permite emerger borro- ciente: desde el crecimiento y ex- de el siglo XVlll la destrucción del
samente en las entrelíneas que pansión de los museos en las dos pasado como lastre, e hizo de la
escriben el presente, pues los útimas décadas, la restauración novedad la fuente única de legiti-
imaginarios de la virtualidad y la de los viejos centros urbanos, el midad cultural.
velocidad dan forma, borrosa auge de la novela histórica y los
también, al futuro que tejen las relatos biográficos, la moda retro La experiencia del progreso mo-
redes del hipertexto. en arquitectura y vestidos, el en- derno en la que W. Benjamin vie-

diálogos
de la comunicación
ra un tiempo homogéneo y vacío culo epistemológico», sino que tre su errancia estética y su com-
es la que G. Vattimo devela en la las convierte en ingrediente cla- plicidad con la seducción.
sociedad actual: la renovación ve de un nuevo tipo de relación
permanente e incesante de las co- entre la simulación y la experi- El proceso que ahí llega entrela-
sas, de los productos, de las mer- mentación científicas (P. Lévy). za un doble movimiento. El que
cancías, está «fisiológicamente prosigue y radicaliza el proyec-
exigida para asegurar la pura y La actual revaloración cognitiva to de la ciencia moderna -Galileo,
simple supervivencia del siste- de la imagen pasa paradójica- Newton- de traducir/sustituir el
ma» (y en la que) «la novedad mente por la crisis de la represen- mundo cualitativo de las percep-
nada tiene de revolucionario ni tación tematizada por M. ciones sensibles por la cuanti-

J.Martín Barbero
turbador»11. Y en un mundo en el Foucault (1966) a partir de la tra- ficación y la abstracción lógico-
que el futuro aparece garantiza- ma significante que tejen las fi- numérica, y el que reincorpora
do por los automatismos del sis- guras y los discursos (las imáge- al proceso científico el valor in-
tema lo único que nos queda de nes y las palabras) y de la efica- formativo de lo sensible y lo vi-
tiempo humano es «el cuidado de cia operatoria de los modelos sible. Un nueva episteme cualita-
los residuos, de las huellas de lo que hacen posible ese saber que tiva abre la investigación a la in-
vivido, (pues) lo que corre el ries- hoy denominamos ciencias hu- tervención constituyente de la
go de desaparecer es el pasado manas. Y es justamente en el cru- imagen en el proceso del saber:
como continuidad de la experien- ce de los dos dispositivos seña- arrancándola a la sospecha racio-
cia»12. Continuidad que no se con- lados por Foucault -economía nalista, la imagen es percibida
funde ni con la uniformación ni discur-siva y operatividad lógi- por la nueva episteme como po-
con la nostalgia, pues se trata del ca- donde se sitúa la nueva dis- sibilidad de experimentación/si-
mínimo de horizonte histórico cursividad constitutiva de la visi- mulación que potencia la veloci-
que hace posible el diálogo entre bilidad y la nueva identidad lógi- dad del cálculo y permite inédi-
generaciones y la lectura/traduc- co-numérica de la imagen. Esta- tos juegos de interfaz, esto es ar-
ción entre tradiciones. mos ante la emergencia de una quitecturas de lenguajes. Virilio
«nueva figura de razón» (A. denomina «logística visual» (P.
Des-ordenes de la razón Renaud) que exige pensar la ima- Virilio) a la remoción que las
gen, de una parte, desde su nue- imágenes informáticas hacen de
El cambio más desconcertante va configuración sociotécnica - los límites y funciones tradicio-
para el racionalismo con que se el computador inaugurando un nalmente asignados a la discursi-
identificó la primera moderni- tipo de tecnicidad que posibilita vidad y la visibilidad, a la dimen-
dad quizá sea el que introduce el procesamiento de informacio- sión operatoria (control, cálcu-
el nuevo estatuto cognitivo de la nes, y cuya materia prima son lo y previsibilidad), la potencia
imagen. Desde el mito platónico abstracciones y símbolos- y de interactiva (juegos de interfaz)
de la caverna, y durante siglos, otra, la emergencia de un nuevo y la eficacia metafórica (trasla-
la imagen fue identificada con la paradigma del pensamiento que ción del dato cuantitativo a una
apariencia y la proyección sub- rehace las relaciones entre el or- forma perceptible: visual, sono-
jetiva, lo que la convertía en obs- den de lo discursivo (la lógica) ra, táctil). La visibilidad de la
táculo estructural del conoci- y de lo visible (la forma), de la imagen deviene legibilidad (G.
miento. Ligada al mundo del en- inteligibilidad y la sensibilidad. Lascaut), que permite pasar del
gaño, la imagen fue, de un lado, El nuevo estatuto cognitivo de la estatuto de «obstáculo epistemo-
asimilada a instrumento de ma- imagen se produce a partir de su lógico» al de mediación discur-
nipulación, de persuasión reli- informatización, esto es de su siva de la fluidez (flujo) de la in-
giosa o política, y de otro, expul- inscripción en el orden de lo formación y del poder virtual de
sada del campo del conocimien- numerizable, que es el orden del lo mental.
to y confinada al campo del arte. cálculo y sus mediaciones lógi-
Hoy día nuevas formas de arti- cas: número, código, modelo. Des-ubicaciones y
cular la observación y la abstrac- Inscripción que remite sin em- reubicaciones de la letra
ción, basadas en el procesamien- bargo no sólo a una economía
to –digitalización y tramado de informacional (G. Chartron) sino Así como el computador nos co-
interfaz- de las imágenes no sólo a una ironía de lo figural (M. loca ante un nuevo tipo de tecni-
las remueve de su, hasta ahora, Levin, T. Lenain) en las que la cidad, nos hallamos también ante 21
irremediable estatus de «obstá- imagen deja de tener como las- un tipo de textualidad que no se

20 21
agota en el computador, el texto número esté pasando a ser me- jo de imágenes que ahí se produ-

Tecnicidades, identidades, alteridades electrónico se despliega en una


multiplicidad de soportes y escri-
turas que, de la televisión al
videoclip y del multimedia a los
diación técnica del hacer estéti-
co, lo que a su vez revela el paso
de la primacía sensorio-motriz a
la sensorio simbólica. Es de esa
cen, encuentran su expresión
más certera en el zapping con el
que el televidente, al mismo tiem-
po que multiplica la fragmenta-
videojuegos, encuentran una reintegración y ese tránsito que ción de la narración, construye
compleja y creciente complicidad habla la des-ubicación que hoy con sus pedazos un relato otro,
entre la oralidad y la visualidad atraviesa el arte. El acercamien- un doble, puramente subjetivo,
de los más jóvenes. Es en las nue- to entre experimentación tecno- intransferible, una experiencia
vas generaciones donde esa com- lógica y estética hace emerger, incomuni-cable. Estaríamos acer-
plicidad opera más fuertemente, en este desencantado fin de si- cándonos al final del recorrido
no porque los jóvenes no sepan glo, un nuevo parámetro de eva- que W. Benjamin vislumbró al
leer o lean poco sino porque su luación de la técnica, distinto al leer en el declive del relato la pro-
lectura ya no tiene al libro como de su mera instrumenta-lidad gresiva incapacidad de los hom-
eje y centro de la cultura. Con lo económica o su funcio-nalidad bres para compartir experien-
que es la noción misma de lectu- política: el de su capacidad de cias. Pero ese movimiento de es-
ra la que está en cuestión, la que comunicar, esto es de significar tallido y fragmentación desembo-
al quedarse sin su centro estalla las más hondas transformacio- ca también sobre la poten-ciación
obligándonos a pensar el desor- nes de época que experimenta de otro movimiento, en el que el
den estético que introducen las nuestra sociedad, y el de des- mismo Benjamin atisbó el surgi-
escrituras electrónicas y la expe- viar/subvertir la fatalidad des- miento de aquella narrativa a la
riencia audiovisual. Pues la tructiva de una revolución tec- que tendía el nuevo sensorium de
visualidad electrónica ha entra- nológica prioritariamente dedi- la dispersión y la imagen múlti-
do a formar parte constitutiva de cada, directa o indirectamente, ple: el del montaje cinematográ-
la visibilidad cultural, esa que es a acrecentar el poderío militar. fico precursor, como el montaje
a la vez entorno tecnológico y textual del Ulises de Joyce, de la
nuevo imaginario «capaz de ha- La gramática de construcción de narrativa hipertextual (P. Delany
blar culturalmente -y no sólo de los nuevos relatos se alimenta del /G. Landow): «La línea de cultura
manipular tecnológicamente-, de zapping y desemboca en el se ha quebrado, y también lo ha
abrir nuevos espacios y tiempos hipertexto, lo que implica un do- hecho con ella el orden temporal
para una nueva era de lo sensi- ble y muy distinto movimiento sucesivo. La simultaneidad y la
ble»12. que la reflexión crítica tiende a mezcolanza han ganado la parti-
confundir anulando las contra- da: los canales se intercambian,
Una de las más claras señales de dicciones que los ligan. La gramá- las manifestaciones cultas, las
la hondura de las mutaciones tica narrativa predominante dic- populares y las de masas dialo-
que atravesamos se halla en la ta una clara reducción de los gan y no lo hacen en régimen de
reintegración cultural de la di- componentes propiamente na- sucesión, sino bajo la forma de
mensión separada y minusvalo- rrativos (V.Sanchez Biosca) –au- un cruce que acaba por tornar-
rada por la racionalidad domi- sencia o adelgazamiento de la tra- las inextricables»13. El estallido
nante en Occidente desde la in- ma, acortamiento de las secuen- del orden sucesivo lineal alimen-
vención de la escritura y el dis- cias, desarticulación y amalgama- ta un nuevo tipo de flujo que co-
curso lógico, esto es la del mun- , la prevalencia del ritmo sobre necta la estructura reticular del
do de los sonidos y las imáge- cualquier otro elemento con la mundo urbano con la del texto
nes relegado al ámbito de las consiguiente pérdida de espe- electrónico y el hipertexto. En la
emociones y las expresiones. Al sor de los personajes, el pasti- asunción de tecnicidad mediática
trabajar interactivamente con che de las lógicas internas de un como dimensión estratégica de la
sonidos, imágenes y textos escri- género con las de otros –como los cultura puede nuestra sociedad
tos, el hipertexto (G. Landow, R. de la estética publicitaria o la del interac-tuar con los nuevos cam-
Laufer) hibrida la densidad sim- videoclip- y la hegemonía de la ex- pos de experiencia en que hoy se
bólica con la abstracción numé- perimentación tecnológica, cuan- procesan los cambios: desterrito-
rica haciendo reencontrarse a do no la de la sofisticación de los rialización/relocalización de las
las dos, hasta ahora «opuestas», efectos, sobre el desarrollo mis- identidades, hibridaciones de la
partes del cerebro. De ahí que de mo de la historia. El estallido del ciencia y el arte, de las escritu-
mediador universal del saber, el relato, y la preeminencia del flu- ras literarias, audiovisuales y

diálogos
de la comunicación
digitales, la reorganización de los 9. A.Huyssen, Memorias do moder- Bhabbha, H (ed.) (1990) Nation and
saberes desde los flujos y redes nismo,Editora UFRJ., Rio de Narration, Routledge, London.
por los que hoy se moviliza no Janeiro,1996. Este libro recoge textos
sólo la información sino el traba- de dos libros de Huyssen: After the Bonin, P-Y. (direct.) (2001), Mondia-
jo y la creatividad, el intercambio great divide: Modernism, mass culture, lisation: perspectives philosophiques,
y la puesta en común de proyec- postmodernism, y Twilight memories: L’Harmettan/ Les Presses Université
tos políticos, de investigaciones Marking time in a culture of amnesia, de Laval.
científicas y experimen-taciones Columbia University, New York,1995;
estéticas. Interactuar tanto con del mismo autor: «La cultura de la Braganca, J.A. /Torres, M.T. (organiz.)
las nuevas figuras y modalidades memoria: medios, política, amnesia», (2001) Crítica das ligacoes na Era da

J.Martín Barbero
de la profesión como con las nue- Revista de Crítica cultural, N° 18, ps.8- Técnica, Tropismos, Porto.
vas formas de participación ciu- 15, Santiago de Chile, 1999.
dadana que ahí se le abren espe- Beck, U. (2000), Un nuevo mundo fe-
cialmente a la vida local. 10. O. Monguin, «Una memoria sin liz. La precariedad del trabajo en la
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