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La visión de Tommy Hicks para la Argentina

Una visión profética

En ese mismo año 1909, varios misioneros pentecostales llegaron a la Argentina. Al principio
estuvieron trabajando independientemente; pero en 1914 se afiliaron a las Asambleas de Dios.
Enviaron refuerzos misioneros de Estados Unidos y el Canadá, y se proclamó el evangelio en Buenos
Aires y otros muchos lugares. Sin embargo, a pesar de todo su ahínco y su dedicación a la obra, más
de cuarenta años de ministerio habían logrado reunir sólo 174 miembros adultos de la iglesia en
1951.

Los misioneros pentecostales se sentían desanimados. Gran parte de su labor parecía haber sido en
vano. Oraron pidiendo algo más. Necesitaban un derramamiento nuevo y extraordinario del
Espíritu Santo. Pero el desaliento fue en aumento porque no parecía suceder nada.

Sin embargo, algo estaba ocurriendo. En 1952, en la ciudad de Tallahassee, Florida, un evangelista
llamado Tommy Hicks estaba dirigiendo una serie de cultos, cuando el Señor le dio una visión.
Mientras estaba orando, vio con toda claridad un mapa de América del Sur que estaba cubierto
por un extenso campo de trigo amarillo, con los tallos inclinados y listo para la cosecha. Mientras
Hicks contemplaba aquel hermoso cuadro de trigales que se mecían bajo el sol del mediodía, los
tallos de trigo comenzaron a convertirse repentinamente en cuerpos humanos, hombres y mujeres
con las manos en alto, que clamaban:

- Venga, hermano Hicks! ¡Venga a ayudarnos! Hicks consideró que su visión era del tipo
macedónico. Desde ese momento estuvo convencido de que Dios le tenía reservada alguna tarea
especial en América del Sur. ¿Por qué en América del Sur? No tenía ningún conocimiento sobre esa
región del mundo; pero no tenía ninguna duda respecto al mapa que había visto. Luego, mientras
seguía orando, Dios le dio una profecía que escribió en la Biblia: “Porque no caerán dos nevadas
sobre la tierra antes de que vayas a ese país, porque no irás por el mar ni por tierra, sino “que
volarás como un pájaro.”

Esa visión se confirmó tres meses después, en Red Bluff, California. En el hogar de un pastor,
después de una campaña evangelística que dio muy buenos resultados, la esposa del pastor,
mientras les dirigía en oración, alargó su mano hacia Hicks y repitió las mismas palabras de su
profecía. Hicks no le había confiado a nadie su visión ni la profecía que había recibido; pero cuando
le mostró a aquella señora lo que había escrito en su Biblia, los ojos de ella se llenaron de lágrimas.

Tan pronto como le fue posible, Tommy Hicks pagó todas sus deudas e hizo los preparativos
necesarios para viajar a una región desconocida. Tenía muy poco dinero; pero de repente comenzó a
recibir una cantidad extraordinaria de correspondencia, gran parte de la cual contenía
contribuciones espontáneas. En un período de diez días tuvo lo suficiente para comprar un boleto
de ida a Buenos Aires, Argentina, y le quedaron 47 dólares. Un grupo de amigos fue a despedirlo al
Aeropuerto Internacional de Los Angeles, entregándole un donativo de 200 dólares más para sus
gastos.

“Cuando me detuve a pensar — dice Hicks —, me pareció verdaderamente ridículo que estuviera en
camino hacia un país desconocido, donde la gente ni siquiera me conocía y cuyo idioma yo no
hablaba. Todo ello con pocos dólares en el bolsillo. Sin embargo, en el fondo de mi alma, me sentía
en paz con Dios. . .’”‘

El secretario abrió mucho sus ojos. Dios había preparado el camino. Hicks fue recibido en el despacho del ministro de Relaciones Exteriores y Culto. lleno de asombro. Perón no podía recibir más visitantes ese día porque esperaba la visita del presidente de Panamá. Dios quería que hablara con d presidente de la nación. La primera petición que hizo y le concedieron fue el uso de un gran estadio y libre acceso a la prensa y la radio del gobierno. Chile. El señor Perón es el presidente de Argentina. Hicks sintió que los músculos comenzaban a aflojarse. Entonces el secretario se burló de él. el equivalente de Siberia para los argentinos. pero tenía el convencimiento profundo de que Dios le estaba hablando. Tommy Hicks dio unos pasos hacia el hombre. Sin arredrarse. Dudaban mucho que se la concedie¬ran. pidiéndole a Dios que manifestara su poder. Luego oró. que se había quedado como viendo visiones. A continuación Perón le ordenó a su ayudante que le concediera a Hicks lo que pidiera. El presidente Perón se mostró cordial y afectuoso. Los misioneros con quienes se puso en contacto al llegar a la capital argentina le aconsejaron que no tratara de obtener una entrevista con el presidente. ¡El dolor había desaparecido! Hicks se dirigió al ministro. Hacia el final de la entrevista le dio un abrazo a Tommy Hicks. Hicks solicitó una entrevista con Juan Domingo Perón. y pidió permiso para irse a casa. después de tener varias reuniones evangelísticas en Temuco. Además. diciendo: — Aunque estuviera aquí el mismo Jesucristo no podría curarme la pierna. También se le había hinchado mucho la rodilla. La gran campaña de Hicks . temían que con sólo aproximarse al despacho del presidente. Entonces el secretario del ministro de Relaciones Exteriores y Cultos entró cojeando a la oficina. El mandato quedó claro para Hicks. le agradeció sinceramente su visita y oraron juntos. Entonces llamó a la azafata y le preguntó: — ¿Conoce usted a alguien por aquí que se llame Perón? La joven pareció sorprenderse mucho y le dijo: — Sí. se arrodilló y puso sus manos sobre la rodilla enferma. el nombre de Perón comenzó a acudir a la mente de Hicks. con una sonrisa amistosa. No tenía ni la menor idea de lo que significaba la palabra “Perón”. Hicks sugirió que oraran por él. pero al parecer no pasaría de allí. Tenía la pierna izquierda amoratada y sus músculos rígidos. Después de insistir en su petición. correría el peligro de ser arrestado y enviado a la Tierra del Fuego. y le preguntó: — ¿Puedo ver ahora al presidente? — Yo mismo lo voy a llevar — le respondió el ministro.¡Perón… Perón! En la última parte del vuelo.

los cultos eran típicamente pentecostales. autor de un libro clásico de historia eclesiástica para la Argentina. Aunque también cooperaron otras denominaciones religiosas. . admiten que sus reuniones quebrantaron la rígida resistencia argentina al testimonio evangélico. en particular. Todos los evangélicos obtuvieron beneficios. sino para todas las demás iglesias que colaboraron en las reuniones. destacándose con prominencia la sanidad divina. con una asistencia total de cerca de dos millones de personas. pero los pentecostales. calificó la campaña de Hicks como “un acontecimiento soberano de Dios. Arno Enns.” Hicks predicó durante cincuenta y dos días. de gran influencia. dice: “Muchos evangélicos de la República Argentina. de decisiva importancia”.7 El libro Avance evangélico en la América Latina. Un diario de Buenos Aires estimó que la asistencia al culto de clausura se elevó a doscientas mil personas. iniciaron un período de crecimiento rápido que los ha convertido en la actualidad en el grupo protestante más importante de la Argentina. no sólo para los pentecostales. ya estén de acuerdo con la teología de Hicks o no.Ciertos estudios sobre la iglesia en Argentina han revelado la importancia crucial que tuvo la campaña de Tommy Hicks en 1954.