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S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

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Santiago. Región capital de Chile 3


S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

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Santiago
Región capital de Chile
U NA INVITACIÓN AL CONOCIMIENTO
DEL ESPACIO PROPIO

Miguel Laborde 5

COLECCIÓN TEMÁTICA
PUBLICACIONES BICENTENARIO
PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

MIGUEL LABORDE

Santiago. Región capital de Chile / Miguel Laborde


Santiago: Publicaciones del Bicentenario, 2004
248 p.; 15 x 23 cm

I.S.B.N.: 956-7892-05-9

SANTIAGO (CHILE) – DESCRIPCIONES


918.3

ARQUITECTURA URBANA – CHILE – SANTIAGO


711.4

6 Primera edición : diciembre de 2004


I.S.B.N.: 956-7892-05-9
Registro de Propiedad Intelectual N° 143.881
Editor: Arturo Infante Reñasco
Edición de textos: Jorgelina Martín
Diseño: Patricio Andrade
Impresión: Andros impresores, Santiago de Chile

Ilustración de portada: Santiago, de Enrique Zamudio


La Comisión Bicentenario agradece al pintor Enrique Zamudio
la cesión de los derechos para la ilustración de la portada.

Esta publicación no puede ser reproducida,


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ÍNDICE

PRÓLOGO de Marcelo Trivelli, Intendente de Santiago 11 7

LÍNEA DEL TIEMPO: 1905-2004 13

REGIÓN DINÁMICA DE AMÉRICA DEL SUR 33


El intendente universal 33
Tolerancia cero 37
El nombre de San Tiago 39
Palacios y vinos de Francia 41
Da Vinci y Pedro de Valdivia 44
El proyecto vasco 46
Vasallos del Inka 49
La ciudad-combo 55
La región del Maipo 58
Diego de Almagro 60
Habitar una cuenca 64
“Un pueblo como el Cuzco” 69
Aire azulado en la región del Maipo 73

POLO PRODUCTIVO EN SUDAMÉRICA 79


Somos una empresa 79
Don Juan y el vino 80
Maestros vascos 81
El toque francés 83
También líderes chilenos 85
Gath y Chaves, Patronato y Ñuñoa 87
El provinciano Aguirre Cerda 90
Santiago 1541-1941 91
Grandes casas comerciales 93
La ciudad tensa 94
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

El imperio del mall 97


La nueva identidad 98

CONSTRUIR LA CONVIVENCIA 101


No seamos idiotas 101
Adelantados del Novecientos 102
Mujer de América 105
Católicos en la cuestión social 106
Laicos consagrados 107
Hermanos del Río 110
Nuestra Ciudad de la Alegría 111
Pobres a la vista 113
Alessandri Palma y “la canalla dorada” 114
Dos hermanos grandes 115
Los santos católicos 116
8 El ministro Cruz Coke 119
Bendito por la Madre Teresa de Calcuta 120
El Gandhi chileno 122
Tener un tío bombero 126
Medio país 127
Unión más televisión 129
¿Y la señora Juanita? 130
Mirando el Bicentenario 135
Cabildo: autogobierno de la comnidad 136

LA REGIÓN Y SUS LUGARES 139


Melipilla y Curacaví, rurales agrarias 139
Alhué, la minera 142
En una colina de Colina 144
Aconcagua, la vecina del Norte 145
Buin y Paine, frutas y aviones 147
Dos utopías: Calera de Tango y San Bernardo 148
Por la Alta Cordillera 153
Laguna de Aculeoa y Altos de Cantillana 157
Altos del Mapocho, montañas y nieve 158

ARTE Y CULTURA 161


En La Moneda 161
Un Lira y un González 163
Luco, Silva y Gana 165
En El Hércules y La Bahía 168
El poeta vertical 173
Descubrir Chile 174
Donoso, Edwards, Lafourcade 176
De Cézanne a Miró 178
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En el Parque Forestal 179


Carmen 340 180
Los Ramblers, Los Jaivas, Los Prisioneros y Los Tres 182
El señor de los huacos 184
Arquitectos en la ciudad 186
El amigo de Beethoven 188
Salvar los restos del naufragio 189
Combatir el gris de la vida 192
Puntal del Oriente 193
Rincones visuales 194
El café y su cultura 195
Noche de museos 196
Siglo XXI 197
El nuevo siglo 199
Señales opuestas 200
9
HACER CIUDADES EN EL TERRITORIO 203
El otro soñador 203
La sombra del creador 205
El González olvidado 207
Buscar la perspectiva 210
El pragmatismo de Lavín 215
Las cuatro escalas 217
Santiago sustentable 220
Las bellezas locales 223
Expandir lo expandido 226
El gigante egoísta 228
Tareas pendientes 232
Comunicada y participativa 236
El Anillo Interior 238
Vivirás en un archipiélago 241

CIEN LIBROS DE LA REGIÓN 243


S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

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PRÓLOGO

Miguel Laborde nos invita a mirar Santiago desde su historia, de una 11


manera comprensiva, en la que los emprendimientos, las ideas, la cul-
tura, los barrios y, sobre todo, las personas son los protagonistas de la
ciudad.
Convivimos en una ciudad diversa, en su gente y en su geografía.
Habitamos todos la misma región y la vida urbana tiene valor en la
medida que los ciudadanos nos sintamos parte de una comunidad; nos
identifiquemos y valoremos su diversidad.
Como dice el autor: una ciudad no es sólo un espacio donde en-
contrar trabajo, vivir, formar una familia, labrarse un destino. También
es el desafío comunitario de crear una empresa social donde unos y
otros logren sobrevivir, educarse, acceder a la salud, a una calidad de
vida mínima.
Es así como Laborde nos plantea la importancia de transformar
Santiago en nombre de la dignidad ciudadana, continuar con las ini-
ciativas de involucrar a la ciudadanía en la construcción y gestión de
nuestra ciudad. Se nos invita a crear ciudad, a vivir la ciudad, a reco-
nocer y aprovechar nuestro entorno natural.
Entendemos que uno de los desafíos que tenemos como país en el
marco de la celebración del Bicentenario de la República es proyectar
nuestras ciudades y regiones. Y esto no se puede hacer sin volver sobre
sus historias.
Este libro es un gran aporte para comprender a las personas, insti-
tuciones y territorios que conforman esta Región Metropolitana de
Santiago. Es una mirada fresca y urgente para no olvidar cómo fue y
cómo es nuestro Santiago; pero también para proyectar desafiando las
certezas, como lo hizo Benjamín Vicuña Mackenna y tantos otros, ya
que como nos dice el autor “...la ciudad es una utopía, un futuro posible,
un horizonte...”.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Vocación internacional, creciente calidad de vida para todos los


habitantes e identidad regional son los lineamientos que tenemos por
delante para lograr una capital de clase mundial. Esto será posible en la
medida que surjan nuevos liderazgos y emprendimientos comprome-
tidos cívicamente con los desafíos que tiene Santiago.

MARCELO TRIVELLI O.
Intendente de Santiago

12
L ÍNEA DEL TIEMPO 1905-2004

LÍNEA DEL TIEMPO 1905-2004

1905 Se inician obras del Centenario: Palacio de Bellas Artes, Palacio 13


de Tribunales y Estación Mapocho.
Ejército de Chile termina Plano Topográfico de Santiago.
Aumenta inmigración árabe a Santiago, la que conforma Ba-
rrio Patronato
Inauguración de la Plaza Brasil en nuevo barrio.
Decreto encarga a Sociedad de Fomento Fabril el fomento de la
inmigración industrial.
Santiago cuenta con 540 vehículos de alquiler.
Aparición de la Revista Zig-Zag.
Huelga de la carne, cientos de obreros invaden el barrio Diecio-
cho y destruyen mobiliario urbano de la Alameda; la “Semana
Roja” culmina con docenas de muertes.

1906 Fundación de la Federación de Estudiantes de la U. de Chile


(FECH).
Fundación de la Colonia Tolstoiana en San Bernardo.
Pedro Lira funda el Salón Libre de Pintura.
Promulgación de la Ley de Habitaciones Obreras.
Espectáculos de Teatro Edén, calificados de inmorales.

1907 Construcción de colectores y alcantarillado.


Plantación de 7.700 árboles para el futuro Parque Forestal.
Inmigrantes italianos fundan Fideos Carozzi.
Apertura Avenida La Paz.
Inauguración en el Cerro San Cristóbal monumental escultura
de la Virgen.
Carlos Carvajal promueve construcción de viviendas económi-
cas lineales.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Populares combates de box en Circo Océano.


Aparece revista infantil El Peneca que llegará a tener un tiraje
de 240 mil ejemplares semanales y circulación por Sudamérica.
Inauguran Palacio Iñiguez donde se instalará Confitería Torres
en planta baja.
Monumento a Vicuña Mackenna, “el mejor amigo de Santiago”.

1908 Once huelgas en la capital por salarios y escasez de viviendas.


Luis Orrego Luco publica Casa Grande.

1909 “Riberas del Mapocho”, óleo de Alberto Valenzuela Llanos.


Amanda Labarca anuncia nuevo rol de la mujer en la sociedad.

1910 Con edificios y exposiciones se celebra el Centenario de la In-


14 dependencia.
Alberto Valenzuela Llanos obtiene Medalla de Oro en Exposi-
ción del Centenario.
Primera película muda, “Manuel Rodríguez”, de Adolfo Urzúa.
Claudio Arrau, niño pianista de 7 años de edad se presenta en
La Moneda y da un concierto en el Congreso Nacional.
Inaugurado primer tramo FF.CC. Puente Alto-El Volcán en el
Cajón del Maipo.
Nueve de doce bancos de Santiago se ubican en la calle Huérfanos.
Abre sus puertas el elegante centro comercial Gath y Chaves,
con tea room.

1911 Santiago alcanza una población de 400 mil habitantes, el 10%


del país.
El trazado de Santiago ocupa 4.500 hectáreas.
Unos 100 mil santiaguinos habitan en conventillos y “callam-
pas”.
Sociedad Central de Arquitectos propone Plan Urbano para
Santiago.
Anarquistas detonan artefacto explosivo en el Convento de las
Carmelitas descalzas.

1912 Aparece revista Musa Joven dirigida por Vicente Huidobro.


Ingeniero Carlos Carvajal proyecta plan de transformación de
Santiago.
Inaugurada Estación Mapocho, arquitecto Emilio Jecquier.

1913 Emilio Jecquier proyecta Edificio de la Bolsa de Comercio.


Gran Casa Central de la Universidad Católica en la Alameda.
L ÍNEA DEL TIEMPO 1905-2004

Monumento a los Bomberos junto al Parque Forestal; tiene placa


con Escudo de Santiago propuesto por Bernardo O’Higgins.
Empiezan a circular los primeros trolebuses eléctricos sin rie-
les, trolleys.
El urbanista Coxhead propone Costanera Norte y Costanera
Sur en riberas del Mapocho, anchas y con áreas verdes.
FF.CC. Central une Santiago con Puerto Montt, recorrido que
figurará entre los 30 más pintorescos del mundo. (Train Jour-
neys of the World, London, 1993)

1914 Gabriela Mistral es la ganadora de los Juegos Florales.


Éxitos de público para obras de teatro de Nicanor de la Sota.
Se inaugura Edificio Diario Ilustrado de arquitecto Manuel Ci-
fuentes (actual Intendencia de Región Metropolitana).
Desde Laguna Negra (Cajón del Maipo) traerán agua potable a
la ciudad. 15

1915 Alberto Mackenna Subercaseaux promueve cambios para el


“Santiago futuro”.
Caja de Ahorros de EE.PP. construye población de viviendas ais-
ladas en Providencia.
Se instala Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones en
Puente Alto.
Celebración de la primera Fiesta de los Estudiantes; carros, rei-
na, disfraces, velada en el Municipal, fiesta en el Parque Cousiño.

1916 Numerosas denuncias por contaminación del río Mapocho.


Fundan Junta de Beneficencia Escolar que construirá colonias
de vacaciones para niños sin recursos de Santiago.
Exposición Industrial de SOFOFA en Quinta Normal presenta
250 pabellones.
Proyecto del Intendente Alberto Mackenna de transformación
del Cerro San Cristóbal, el que tendrá árboles, caminos, funi-
cular y zoológico.

1917 Ismael Valdés Vergara publica La transformación de Santiago.


Establecimiento del descanso dominical para la industria y el
comercio.
Inaugurada Bolsa de Comercio, arquitecto Emil Jecquier.
Circulación de los primeros autobuses (góndolas).
El inmigrante vasco-francés Beltrán Ilharreborde funda indus-
tria de cuero y calzado.
Las empresas de familias árabes igualan capitales con las de
origen italiano.
Hotel Crillón abre sus puertas.
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1918 Se construye Palacio Bruna frente Parque Forestal.


Grandes fiestas por el centenario de la batalla de Maipú.
Pedro León Loyola funda la Universidad Popular Lastarria, gra-
tuita para obreros.
Se promulga el Código Sanitario.
El aviador Dagoberto Godoy despega y cruza la Cordillera de
los Andes.
Se inaugura en la ciudad de Santiago el elegante Club Hípico.

1919 Inicio de las obras de la basílica de los Sacramentinos.


Alarma por mortal epidemia de tifus exantemático.
Teresita de los Andes ingresa al convento.
Consagración de la cantante Sofía del Campo en el Teatro Mu-
nicipal.

16 1920 Santiago supera el medio millón de habitantes.


Comienzan las obras de construcción de los barrios Concha y
Toro y París Londres.
Paisajista Guillermo Renner denuncia vandalismo en parques
y plazas.
Carlos Casanueva es designado rector de la Universidad Católica.
Manifestaciones multitudinarias al asumir el gobierno Arturo
Alessandri Palma.
Promulgación de la Ley de Educación Primaria Obligatoria.

1921 Construcción del primer rascacielos chileno, Edificio Ariztía de


Cruz Montt y Larraín.
Creación del premio al mejor conventillo higiénico para obre-
ros.
El joven sureño Neftalí Reyes llega a Santiago, donde se con-
vertirá en Pablo Neruda.
La profesora Gabriela Mistral llega de Temuco: será directora
del Liceo N° 6 de Niñas.

1922 El arquitecto austríaco Alberto Siegel proyecta la casa matriz


del Banco de Chile.
Apertura del restaurante La Bahía.
Congreso Panamericano de Urbanismo en Santiago. Tiene por
objetivo la transformación de las ciudades de América.
Primera transmisión de radio El Mercurio.
Primer club de radioaficionados, clave en emergencias.

1923 En la Alameda con Brasil se inaugura la primera plaza con jue-


gos infantiles.
L ÍNEA DEL TIEMPO 1905-2004

1924 Primeras vespasianas públicas.


Pablo Neruda publica Veinte poemas de amor y una canción desespe-
rada.
Una muchedumbre inunda la Alameda para despedir al suici-
dado líder comunista Luis Emilio Recabarren, cuyo ataúd reco-
rre la Alameda envuelto en una bandera roja.
Se crea el Ministerio de Higiene y Asistencia Social.
Se termina de construir el Palacio de la Biblioteca Nacional.
Fernando Tupper dona a artistas una casa en Santa Rosa con
Tarapacá y un mausoleo.
Se abre el Chez Henry en el Portal Fernández Concha.

1925 Plan para Santiago del alcalde Luis Phillips.


Fiesta de la Primavera alcanza su apogeo, toda la ciudad se dis-
fraza y participa. 17
Por demolición de local el Café Santos atenderá en Calle Huérfa-
nos 897.
Santiago tiene zoológico y funicular en el cerro San Cristóbal.
En el bar Quitapenas nace el Club Deportivo Colo Colo.
Récord de producción de cine: 25 películas chilenas (mudas).
Nuevo Club de la Unión, en la Alameda.

1926 En el Teatro Carrera se presenta la primera película hablada,


“Melodías de Broadway”.
De las 3.075 industrias nacionales, 1.045 han sido fundadas
por inmigrantes y 1.078 están ubicadas en Santiago.
El Patronato Nacional de la Infancia celebra 25 años: la mortali-
dad de menores de un año se ha reducido de un 33% a un 10%.

1927 Instalación de la primera planta telefónica automática.


Congestión en las calles céntricas causada por las carretas.
Crecimiento de la ciudad: surgimiento de nuevas comunas:
Conchalí, San Miguel, Lo Espejo, Maipú y La Cisterna.
Joaquín Edwards Bello inicia la publicación de sus crónicas en
el diario La Nación.

1928 Primer camión de la basura reemplaza a las carretelas con ca-


ballos.
Se inicia servicio de correo aéreo a Europa.
El shimmy y el one step son los bailes de moda en la pista del
Parque Forestal.
Censo industrial revela que la capital concentra los dos tercios
de la actividad.
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Éxito de crítica y público para joven actor Alejandro Flores.


Comienza a funcionar el servicio telefónico y de radiogramas
internacionales.

1929 Se inaugura el Edificio Oberpaur, el primero moderno de Chi-


le. Edificios Turri en Plaza Italia.
Nace Lan Chile, vuelos Santiago-Arica.
Carabineros de Chile estrena su orfeón y el uso de guantes
blancos.

1930 Santiago alcanza una población de 712 mil habitantes y posee


25 mil aparatos telefónicos.
Canalización del tramo del Mapocho que permite la creación
del Parque Balmaceda en Providencia.
Centenario del Museo Nacional de Historia Natural, el más an-
18 tiguo de Sudamérica en esta disciplina.
Grandioso funeral de Osmán Pérez Freire, autor de “Ay, ay,
ay”.
Abre sus puertas al público el Hotel Ritz con Tap Room.
Santiago crece más allá: se inauguran líneas FF.CC. a Providen-
cia, Ñuñoa y Macul.
El alcalde Eliecer Parada impulsa pavimentación “total” de San-
tiago.
Por orden municipal habrá “victorias” para trasladar bohemios
hasta el amanecer.
Santiago ocupa 8.500 hectáreas.

1931 Ordenanza General de Construcción y Urbanismo.


Vicente Huidobro publica Altazor.
Cesantes del salitre establecen primera población callampa en
La Legua, San Miguel.
Estudiantes universitarios inician manifestaciones callejeras que
culminan en la caída del gobierno del general Ibáñez del Campo.
Aparece diario vespertino La Segunda.
Nace la revista Topaze, humorístico “barómetro de la política
chilena”.
Reforma del Código Sanitario.
Familias en la miseria recorren a diario Barrio Dieciocho pi-
diendo un plato de sopa.
El Día del Trabajo es feriado.

1932 Publicación de Santiago la Ciudad Moderna de Karl Brunner.


Moderno Barrio Cívico rodea La Moneda, propuesto por Karl
Brunner y desarrollado por Carlos Vera.
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Barrio El Llano Subercaseaux será “barrio-jardín”.


Inmigrantes judíos fundan la fábrica de baquelita Shyf.
Grupos armados pro nazis y comunistas chocan en las calles de
la capital.
Primer radioteatro: “La Enemiga”.
Apertura de nuevo Portal Fernández Concha en Plaza de Ar-
mas.

1933 Muere Juan Francisco González, primer pintor del mundo po-
pular chileno.
Roberto Matta se titula de arquitecto y emigra a Europa.
“Norte y Sur” de Jorge “Coke” Délano, primera película sonora
y parlante de Sudamérica.
Juvenal Hernández, nuevo rector de la Universidad de Chile.

1934 Primer Plan Regulador de Santiago (Brunner-Humeres). 19


Electrificación del tramo de FF.CC. Santiago-Valparaíso.
Otorgan primeros Premios Municipales de Literatura de San-
tiago.
Lan Chile ofrece vuelos de Santiago a Punta Arenas.
Conmoción femenina en Santiago por la visita de Clark Gable.

1935 Apogeo de las Fiestas de la Primavera, el carnaval de Santiago.


Publicación de la novela de Joaquín Edwards Bello, La Chica del
Crillón.
En Posada del Corregidor se funda Sociedad de Amigos del Arte
que presentará a Pablo Neruda y Federico García Lorca.
Es asesinado en Avenida Pajaritos el periodista Luis Mesa Bell,
quien denunciara torturas y muertes en interrogatorios poli-
ciales.
Ordenanza de Santiago regulariza el modelo de ciudad jardín.
Santiago tiene un vehículo cada 100 habitantes.

1936 La joven sureña Violeta Parra llega a Santiago, canta en bares y


boliches.
Nietos del músico italiano Palestro transforman San Miguel en
baluarte socialista.
Textiles Yarur es una de las manufactureras más grandes de
Sudamérica.
Se instala el primer teléfono público callejero.
Amanda Labarca, primera catedrática de Sudamérica, organiza
Escuela de Temporada de la Universidad de Chile para todo
público.
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1938 Creación de la Sociedad Constructora de Establecimientos Edu-


cacionales.
Se inaugura el edificio de la Escuela de Derecho Universidad de
Chile, de Juan Martínez, arquitecto vasco-chileno.
Es inaugurado el Estadio Nacional.
Masacre de 77 jóvenes pro-nazis en el Edificio del Seguro Obrero.

1939 Trágico terremoto del Sur modifica normas de construcción en


todo el país.
Abre sus puertas nuevo restorán El Parrón.
Graciela Contreras Barrenechea es la primera alcaldesa de San-
tiago.
Cientos de judíos sobrevivientes son recibidos en la capital y
forman barrio en sector Nataniel Serrano.
Célebre Exposición de Vivienda en la Alameda revela agudo
20 déficit habitacional.
Jorge Millas, electo presidente de la FECH. Lo celebran sus ami-
gos Nicanor Parra, Luis Oyarzún y Hans Niemeyer.
Fundación del Cuadro Verde de Carabineros.
El actor cómico Lucho Córdoba arrienda el Teatro Imperio.

1940 Inauguración del Hotel Carrera, primero de lujo en la capital.


Aparición del diario El Siglo, órgano oficial del Partido Comunista.
Se instala Fanaloza en el barrio Carrascal de Santiago.
Santiago mide 8.500 hectáreas.
Se instala la moderna Clínica Santa María.

1941 El mayor cortejo fúnebre de la historia de la ciudad acompaña


el ataúd del presidente Pedro Aguirre Cerda al Cementerio
General.
La colectividad judía agradece la acogida y dona los primeros
semáforos eléctricos automáticos.
400 años de la Fundación de Santiago; capital con moderno
Barrio Cívico y un millón de habitantes.
Municipalidad de Santiago adquiere Palacio Cousiño donde
recibirá a De Gaulle, Tito y Golda Meier, entre otros personajes
mundiales.
Tradición y Leyenda de Santiago, antología de Antonio Roco del
Campo en los 400 años de la ciudad.
Industrias CIC inicia fabricación de bicicletas.
Creación del Fondo de Construcción de la Habitación Popular.
Fundación Teatro Experimental de la Universidad de Chile.
L ÍNEA DEL TIEMPO 1905-2004

1942 Abre el Café Miraflores, de vascos españoles.


Se publica Memorias de un inmigrante árabe, de Benedicto Chuaqui.

1943 Inauguración del edificio de la Escuela Militar, de Juan Martínez.


Juventud Católica dirigida por Padre Hurtado colma el Teatro
Caupolicán.
Juan Martínez gana concurso para la construcción del Templo
Votivo de Maipú.

1944 Se realiza el primer electroencefalograma de Sudamérica en el


Instituto de Neurocirugía.
Carlos Peña Otaegui publica Santiago de siglo en siglo.
El padre Alberto Hurtado funda el Hogar de Cristo.

1945 Se levanta el edificio del Banco del Estado, “el más grande de
Sudamérica”, de Mardones Restat. 21
Danza profesional en Santiago: Universidad de Chile presenta
“Coppelia”.
Manufacturas Sumar inicia producción de nylon.
Fiestas del 15 de noviembre que celebran el primer Premio Nobel
de Literatura para América otorgado a Gabriel Mistral.
Gran éxito de público de los restoranes de la Quinta Normal,
preferidos para manifestaciones de políticos e intelectuales.

1946 Se inicia el funcionamiento de la población Juan Antonio Ríos,


inspirada en reconstrucción inglesa.
Todo Santiago en Los Cerrillos para recibir al arzobispo José
María Caro, nombrado primer cardenal chileno.
Industria Sumar crea el barrio industrial en Santiago Sur.
Surge la Población La Pintana.
El barrio Pedro de Valdivia Norte expresa influencia urbana de
EE.UU.
Muertos y heridos en concentración comunista en apoyo de la
candidatura presidencial de González Videla. Entre las víctimas
se encuentra Ramona Parra de 18 años.

1947 Publicación de Papelucho, primer libro de la exitosa serie de


Marcela Paz.
Abre sus puertas Il Bosco en Alameda 867.
Circulan trolleys eléctricos.

1948 Se dicta la Ley Pereira.


Clásicos universitarios con gran despliegue artístico de barras
de Universidad Católica y Universidad de Chile.
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Carabineros de Chile recibe dotación de primeras motos Harley


Davidson.
Con un millón de dólares nace Fundación Salomón Sack de
enseñanza industrial para hijos de obreros.
Textiles Yarur tiene una planta de 6 mil obreros.

1949 Se incendia el popular Café Lucerna, de propiedad de una fami-


lia vasco-francesa.
Abre el restaurant, rotisería, salón de té y boite Waldorf. (Paul
Anka, Bill Halley, The Platters, Doménico Modugno, Sarita
Montiel se presentarán en su escenario)
Carretera Panamericana recorre el país.

1950 Paros y huelgas por excesivo desvío de inversiones públicas de


González Videla hacia La Serena.
22 Exposición “De Manet a nuestros días” en Museo de Bellas Artes
es visitada por más de 50.000 personas.
Es descubierto complot militar contra González Videla, llama-
do “de las patitas de chancho” por almuerzo en San Bernardo
donde fue advertido.
Inauguración del Café Goyescas en Estado N° 900.

1951 El padre Hurtado crea Revista Mensaje en la que dará cuenta de


la vida del mundo popular.
Aparecen las rápidas “liebres” en transporte público.
El músico Domingo Santa Cruz, organizador de conciertos en
el Forestal, recibe el Premio Nacional de Arte.
Carabineros de Chile importa furgones Ford.

1952 Censo Nacional de la Vivienda registra que solo un 58% de los


habitantes de Santiago tiene acceso a red de agua potable y
alcantarillado; el 72% es arrendatario.
Inmigrantes judíos fundan Marmicoc.
Carlos J. Larraín publica Historia de Las Condes.
Santiago supera los 1.350.000 habitantes.
Pablo Neruda y Matilde Urrutia compran propiedad en Barrio
Bellavista donde construirán “La Chascona”.

1953 Nace la Corporación de Vivienda (CORVI) para impulsar Plan de


Vivienda.
Se crea el Ministerio de Economía: impulsará industrias en re-
giones.
Se inaugura en Ñuñoa la primera Casa Municipal de la Cultura.
Agregan flúor al agua de Santiago para mejorar la dentadura
de sus habitantes.
L ÍNEA DEL TIEMPO 1905-2004

1954 Nicanor Parra publica Poemas y Antipoemas.


Cabildo Abierto de pobladores de poblaciones callampas cele-
bra asamblea en el Teatro Caupolicán.
Inauguración del Hospital San Juan de Dios en Avenida Matu-
cana.

1955 Proliferación de fuentes de soda en barrios, algunas con wurlitzer.


Aparece revista juvenil Barrabases.
Sociedades EMPART construyen poblaciones para empleados par-
ticulares.
Picaresque en Recoleta, Bim Bam Bum en Huérfanos y Humores-
que en San Ignacio, boites que animan la noche santiaguina.
Culmina gran Basílica de Lourdes.
Apogeo de la “Cultura del Forestal” de escritores y pintores.
Tira cómica “Condorito” se transforma en revista.
Se construye Población Las Rejas. 23

1956 Primer número de revista El Pingüino.


Llegan modernos buses Mitsubishi de 12 metros de largo.

1957 Edificios Universidad Técnica del Estado.


18 muertos y saqueos en el centro de la ciudad por alza pasajes
y crisis económica; centenares son los heridos.
Obreros constituyen Central Única de Trabajadores (CUT).
Familias del Zanjón de la Aguada se toman terrenos CORVI y
dan origen a Población La Victoria.
Nace Compañía de teatro ICTUS.
Muertos y heridos en manifestación en la Alameda marcan fin
segundo gobierno de Ibáñez.
De 5.854 industrias nacionales, 3.151 están en Santiago.
Padre Alberto Hurtado denuncia situación niños que viven bajo
puentes del río Mapocho.

1958 Temporales dejan cientos de familias damnificadas en pobla-


ciones callampas.
Aeropuerto de Los Cerrillos, arquitecta Iris Valenzuela.

1959 Gobierno radica familias del río Mapocho y Zanjón de la Agua-


da en Lo Valledor y San Gregorio.
Se dicta la Ley DFL 2 para impulso construcción viviendas.
Retiran los últimos tranvías de Santiago.
Santiago cuenta con un aparato telefónico cada 20 habitantes.
Construyen Población José María Caro, 9.300 viviendas radi-
can 90 mil personas, la más grande de la capital.
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Telégrafos del Estado abre primera oficina para envíos de télex.


Aumenta inmigración a la capital, récord anual de 55.000 per-
sonas, un tercio de la población de Santiago nacida en provin-
cias.
Entrenador Luis Álamos inicia período de oro de equipo de fút-
bol de la Universidad de Chile: “El Ballet Azul”.
Más de 32.000 familias habitan en poblaciones “callampas”,
Alessandri impulsa construcción viviendas sociales masivas.
Phillips chilena fabrica máquinas de afeitar eléctricas.

1960 Plan Intercomunal de Santiago establece 21 mil hectáreas ur-


banas y 17 mil suburbanas.
Plan Intercomunal de Santiago promueve cordones industria-
les en avenidas Vicuña Mackenna y Los Cerrillos y en Carrete-
ra Panamericana Norte.
24 Aviones “Caravelle” facilitan transporte internacional de San-
tiago desde Los Cerrillos.
Estreno comedia musical “La Pérgola de las Flores”, de Isidora
Aguirre.
Santiago tiene más de 1.900.000 habitantes.

1961 Reforma Agraria y créditos a campesinos para detener emigra-


ción campo ciudad.
Comités de Sin Casa organizan toma de Chacra Santa Adriana.
Inicio obras Iglesia de los Benedictinos.
Asume Arzobispado de Santiago Raúl Silva Henríquez.
Primera edición de Guía de Santiago de Carlos Ossandón.
Se inician estudios para FF.CC. subterráneo de Santiago.
Ictus estrena “El cepillo de dientes” de Jorge Díaz.

1962 Terminada Unidad Vecinal Portales.


Exposición “De Cezanne a Miró” en la Quinta Normal es la
más visitada en la historia de la ciudad.
Alfredo Gómez Morel, ex pelusa del Mapocho y ex delincuente
publica la novela El Río.
Mundial de Fútbol paraliza la ciudad y multiplica aparatos de
TV; final en Estadio Nacional.
Inicio obras Torres de Tajamar.
Gobierno alemán dona bomba de cobalto para lucha contra el
cáncer, el mal moderno.
Construcción autopista urbana Avenida Kennedy.

1963 Centenario del Cuerpo de Bomberos de Santiago.


Eliminada línea férrea a Puente Alto.
L ÍNEA DEL TIEMPO 1905-2004

1964 Muertos y heridos en Población José María Caro.


Marcha de la Patria Joven reúne un millón de personas en Par-
que Cousiño en proclamación de candidato Frei Montalva.
Edificio Santiago centro, de Jorge Aguirre Silva et al.
Abre Peña de los Parra en Carmen 340: Ángel e Isabel Parra,
Patricio Manns, Rolando Alarcón y Víctor Jara.

1965 Creación Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU).


Operación Sitio para remediar con urgencia el tema de la vivien-
da: viviendas mínimas en sitios urbanizados o semiurbanizados.
Violeta Parra inaugura carpa teatro en La Reina.
Esto no es el paraíso, novela de los bajos fondos de Luis Rivano,
ex carabinero.
Inicio complejo vial Avenida Norte Sur.

1966 Villa La Reina, de Fernando Castillo Velasco. 25


Primer trasplante de riñón en Hospital J. J. Aguirre.
Gran éxito Feria del Parque Forestal, promotor Lorenzo Berg la
repetirá en Providencia y Cerrillos.
Inauguración Edificio CEPAL en Vitacura, de Emilio Duhart et al.
Construcción Balneario Tupahue.

1967 Lorenzo Berg a cargo de Galería Artesanal de Cema Chile.


Fundación de INACAP para la formación de técnicos y capacita-
ción de obreros.
Inicio de tomas en la Universidad Católica por la Reforma Uni-
versitaria.
Comités de Sin Casa fundan Población Hermida de la Victoria.

1968 Primer número revista infantil Mampato.


Ley de Juntas de Vecinos y demás Organizaciones Comunita-
rias (Centros de Madres, cooperativas, centros culturales y
otros).
Muere Segundo Zamora tras interpretar por última vez su cue-
ca “Adiós Santiago querido”.
La ciudad pendiente de pantallas de TV; Godfrey Stevens com-
bate por título mundial de boxeo.
Cientos de jóvenes se reúnen en concierto al aire libre en Pie-
dra Roja.
Remodelación San Borja, 13 torres en 22 hectáreas céntricas.
Miles de pobladores fundan Población Violeta Parra en terre-
nos tomados.
Muerte por suicidio de Joaquín Edwards Bello y Pablo de Rokha.
Inicio de Villa Frei en Ñuñoa.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Providencia es foco de hipismo, música juvenil y modas nue-


vas de Santiago.

1969 Juan Martínez Gutiérrez, primer Premio Nacional de Arquitec-


tura.
Intento golpista de general Viaux es abortado por general René
Schneider, quien será asesinado un año después en represalia.
Museo de Arte Colonial en claustro de Iglesia de San Francisco.
Memorias de Eduardo Balmaceda Valdés sobre el Santiago del
900: Un mundo que se fue...
Debuta Don Francisco en Canal 13: “Sábados Alegres”.
Vicerrectoría de Comunicaciones UC y Ricardo García organi-
zan Primer Festival de la Nueva Canción Chilena en Teatro
Caupolicán.
Televisión Nacional inicia transmisiones.
26 Operación Sitio urbaniza La Pincoya.
Cine chileno invade carteleras: “El Chacal de Nahueltoro”
(Littin), “Tres tristes tigres” (Raúl Ruiz), “Caliche sangriento”
(Helvio Soto), “Valparaíso, mi amor (Aldo Francia), “New Love”
(Covacevich) .
ODEPLAN propone dividir el país en XI Regiones más una Re-
gión Metropolitana.

1970 Surge Población La Bandera en La Granja.


Grupo Quilapayún graba la “Cantata de Santa María de Iqui-
que” de Luis Advis.
Grupo Los Blops graba “Los Momentos”.
Aparece diario Puro Chile, de respaldo a Salvador Allende y la
Unidad Popular.
Nacen Poblaciones en Lo Hermida y Lo Arrieta.
Túnel Lo Prado disminuye tiempo de viaje a la costa.
Campamento 26 de enero es plataforma del MIR en Gran Ave-
nida.
Hotel Sheraton marca nuevo estándar en la ciudad.
“La niña en la palomera”, estreno teatral de obra de Fernando
Cuadra.

1971 Asesinado Edmundo Pérez Zujovic en barrio de Providencia.


Cacerolazos en Santiago Oriente contra desabastecimiento du-
rante el gobierno de Allende, el que genera largas colas para
compras en mercados.
Inician donaciones para Museo de la Solidaridad que llevará
nombre de Salvador Allende.
Prolongada visita de Fidel Castro.
L ÍNEA DEL TIEMPO 1905-2004

Palomita Blanca, best seller de Enrique Lafourcade.


Premio Nacional de Arquitectura a Roberto Dávila Carson, di-
fusor de la arquitectura colonial chilena.

1972 Víctor Jara recoge historias en Hermida de la Victoria para su


LP “La Población”.
Plantaciones y construcciones renuevan Parque O’Higgins.
Publicación de Crónicas del Barrio Yungay de Fidel Araneda
Bravo.
Tomas y campamentos en cordones industriales instigadas por
MIR y otros extremistas convulsionan la capital.
Dr. Antonio Salas efectúa primera operación de cambio de sexo.
Con UNCTAD III y Exposición Mundial de la Vivienda se inaugu-
ra gran edificio y centro cultural en la Alameda (actual Diego
Portales).
Implantado primer marcapasos atómico por Dr. Alberto Spoerer. 27
Nacimiento de la Población Nueva Habana en La Florida (ac-
tual Nuevo Amanecer).

1973 Chocan grupos a favor y en contra de Allende en calles cén-


tricas.
Bombardeo Palacio de La Moneda el 11 de septiembre inicia
gobierno militar, Estadio Chile, Estadio Nacional, Villa Grimal-
di son utilizados como centros de detención y tortura.
Por aplicación del toque de queda cierran locales tradicionales
de la bohemia, como Il Bosco de la Alameda y El Pollo Dorado de
calle Estado.

1974 Gobierno establece Área Metropolitana y el resto del país divi-


dido en XII Regiones.

1975 Inaugurado Metro de Santiago.


René León Echaíz publica Historia de Santiago en dos tomos.
Se amplía límite intercomunal a 40 mil hectáreas.

1976 Se eleva Torre Entel.


En avenida Bilbao abre sus puertas el Jumbo, primer hiper-
mercado.
Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago asume
asesoría y ayuda a familias de detenidos desaparecidos.
Vuelven las tertulias literarias en Librería Nascimento.

1977 Quinta Michita, primera comunidad de viviendas Castillo Ve-


lasco.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Calle Ahumada transformada en paseo peatonal.


Primera Bienal de Arquitectura.
Éxito de público en Festival de Barrio Bellavista.
Se instalan primeros parquímetros.
Circulan primeras tarjetas de crédito, Diners Club.

1978 Primera Teletón exitosa, de periodistas a favor de niños disca-


pacitados.
Inicio transmisión TV en colores.
Congestión y contaminación: son 5.400 los buses que recorren
la capital.
Lafourcade inicia crónicas dominicales en El Mercurio.

1979 Nace grupo Los Prisioneros en Liceo 6 de San Miguel.


Límite intercomunal sube de 40 a 62 mil hectáreas, solo se res-
28 tringirá en cotas 900 y 1.000 de la precordillera.

1980 Se inauguraTeleférico del San Cristóbal.


La capital, que tuviera 840 industrias en 1970 y 664 en 1977,
sube a 779.
Santiago dividido en 34 comunas.
Inicia su funcionamiento la primera parte Centro Comercial
Parque Arauco.
Primera operación a cráneo abierto, Dr. Juan Montedónico.
Accidentes de tránsito son primera causa de muerte en adultos
jóvenes.

1981 Más de 100.000 espectadores para Lautaro, obra de Isidora


Aguirre.
Se autoriza creación nuevas universidades, Institutos Profesio-
nales y Centros de Formación Técnica.
La Moneda restaurada vuelve a ser sede del Poder Ejecutivo.
Santiago paralizado por final de teleserie “La Madrastra”.
Construcción Avenida 11 de septiembre en Providencia.
Alcalde Mekis inaugura Museo de Santiago en Casa Colorada.
Alcalde Mekis y familia Larraín Echenique inauguran Museo
Chileno de Arte Precolombino en antiguo Palacio de la Real
Aduana.
Explosión inmobiliaria en La Florida, Maipú, Puente Alto y La
Reina.
Se establece censura al libro y se celebra Primera Feria del Li-
bro en Parque Forestal: 24 pabellones.
Productos importados invaden vitrinas de la ciudad.
Isapres asumen gestión de salud previsional.
L ÍNEA DEL TIEMPO 1905-2004

1982 Población de Santiago llega a 3.873.774, el resto del país


7.401.666.
El 62% de la industrias nacionales está en Santiago.
Abre sus puertas Museo Histórico Nacional en Palacio de la Real
Audiencia.
Teatro El Conventillo de Tomás Vidiella inicia foco teatral en
Barrio Bellavista.
Por baja en empleo y producción gobierno crea programas de
emergencia PEM y POJH.
Multitudinaria despedida en funeral de Eduardo Frei Montalva.
Inauguran Plaza del Mulato Gil de Castro en Barrio Lastarria.
Desbordes del Mapocho inundan zonas de Santiago Oriente.

1983 Inaugurado Planetario de Santiago, de la Universidad de San-


tiago.
Protesta Nacional termina con 31 muertos. 29
Pueblito artesanal de Los Domínicos tendrá 27 mil metros cua-
drados.

1984 Científicos advierten crisis ambiental de Santiago.

1985 Pudahuel alcanza 100 mil habitantes.


Propician área urbana limitada para evitar expansión excesiva
de Santiago.
Fuerte temblor causa graves daños en históricos barrios de San-
tiago Poniente.

1986 Atentado a Augusto Pinochet en Cajón del Maipo.

1987 Se completa Línea 2 del Metro.


La ciudad de fiesta por título de Miss Universo para Cecilia Bo-
locco.
Mensaje del Papa Juan Pablo II en Estadio Nacional: “El amor
es más fuerte”.

1988 Carlos Maturana “Bororo” Primer premio en concurso de pin-


tura urbana con “El Centro de Santiago”.
Estreno de “La Negra Ester”, dirigida por Andrés Pérez, en Puen-
te Alto; cientos de miles de espectadores celebrarán su propuesta.
Vicente Espinoza publica Para una historia de los pobres de la ciudad.
Parque de las Esculturas en riberas del Mapocho en Providencia.
Augusto Pinochet pierde plebiscito nacional.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

1989 Culmina Circunvalación Américo Vespucio.

1990 Edificio Consorcio Nacional de Seguros, de Huidobro, Cheme-


tov y Browne.
Edificio CTC, hito en Plaza Baquedano.
Santiago área de 55 mil hectáreas.
Metrotrén a Rancagua.
Retorno de la democracia con apertura del Congreso Nacional
en Valparaíso.

1991 Bolsa de Valores de Santiago integra Federación Internacional


de las 40 principales del mundo.
Alarma por epidemia de cólera.
Armando de Ramón publica Santiago de Chile 1541-1991.

30 1992 Inaugurado Parque de los Reyes.


Terrenos de Cervecerías Unidas ocupados por edificios “inteli-
gentes”: Manhattan.

1993 Primer Festival Teatro a Mil.


Comienzo de urbanizaciones en Chicureo (Colina).

1994 Ley de Bases del Medio Ambiente.


Plan Regulador promueve 60 mil hectáreas como área de ex-
pansión máxima para la ciudad.
Controversia por ubicación de Casa del Sida.

1995 Más de 4 millones pasajeros anuales en Aeropuerto Interna-


cional de Pudahuel.
Bellavista es “la calle del lapislázuli”.
Santiago con población de 4,8 millones de habitantes.
Santiago se extiende en 65 mil hectáreas del valle del Ma-
pocho.
Éxito de fiestas electrónicas de Hugo Chávez.

1996 Memorial del viejo Santiago, libro de Alfonso Calderón.


400 mil pasajeros en Metrotrén Santiago-Rancagua.

1997 Línea 5 del Metro une Estación Baquedano a La Florida.


Ciudad Empresarial orienta desarrollo de Huechuraba.
Publican El Santiago que se fue, con crónicas de Oreste Plath.
Roberto Merino publica Santiago de memoria.
Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental.
L ÍNEA DEL TIEMPO 1905-2004

1998 Aumentan restoranes en avenidas El Bosque e Isidora Goye-


nechea.
Marcelo Ríos a la cabeza del tenis mundial, es recibido en La
Moneda.
Silvio Caiozzi filma Coronación, novela de José Donoso, en Ba-
rrio Huemul.

1999 Mario Toral termina mural “Memoria Visual de una Nación”,


de 1.200 metros, en Estación de Metro Universidad de Chile.
Borderío será polo de restoranes en Vitacura, con parque y ga-
lería de arte.
Tomás Andreu, Espaciocal, Plástica Nueva, Marlborough: gale-
rías de arte se instalan en Vitacura.
Primera Fiesta de la Cultura Ciudadana atrae más de 300 mil
espectadores.
31
2000 Inaugurada extensión Línea 2 del Metro a Estación Santa Ana.
Miguel Saavedra y otros publican Santiago Poniente. Desarrollo
urbano y patrimonio.
Grupos económicos instalan oficinas en El Golf: Angelini, Luk-
sic, Claro, Penta, Piñera...
Documental de Ignacio Agüero sobre demolición de barrios:
“Aquí se construye”.
25 mil lectores de Condé Nast Traveller eligen Hotel Hyatt de San-
tiago como el mejor de Sudamérica y el Caribe.
El sueño de la historia de Jorge Edwards novela histórica de Joa-
quín Toesca.
Abre sus puertas Museo Mirador MIM.
Primer concurso “Santiago en 100 palabras”.

2001 Abre Museo de Artes Visuales en Plaza del Mulato.


Comercio de Barrio Patronato promueve productos nacionales.
Amenazada subsistencia de tradicional bar La Piojera: mucha
competencia.
Iniciada Autopista Central, nuevo acceso Sur a la capital.
Restauraciones arquitectónicas y de esculturas en Cementerio
General.
XII Softel ocupará 10 mil metros cuadrados.

2002 Crisis en la capital: inundaciones por falta de colectores de aguas


lluvias.
Ingenieros de transporte respaldan Plan Transantiago.
Casi 4.500 santiaguinos se desnudan en el Forestal para foto de
Spencer Tunick.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Participación Ciudadana: Campaña por “Defensa del Barrio


Bellavista frente a la Costanera Norte” gana premio internacio-
nal “Somos Patrimonio”.

2003 Construcción Autopista Costanera Norte.


Fiesta despedida Hotel Carrera, edificio será sede Ministerio de
RR.EE.
13.600 visitantes para “Museos de Medianoche”.
Inaugurado Museo Histórico Militar en antigua Escuela Militar.
Matucana 100 será gran centro cultural.
Abierto al público el nuevo Museo de la Merced.
Los Jaivas en Estadio Nacional celebran 40 años de trayectoria.
“Luces de Modernidad” difunde archivo fotográfico Chilectra
del Santiago antiguo.

32 2004 Inaugurada Biblioteca de Santiago en Avenida Matucana.


Avanzan obras principal centro multimodal de Transporte en
Santiago, Avenida Matucana esquina de Catedral.
Serán 36 los países representados en Expomin 2004.
Anuncian adelanto de entregas Costanera Norte y Autopista
Central.
En Santiago culmina encuentro APEC con principales manda-
tarios Asia Pacífico.
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

REGIÓN DINÁMICA DE AMÉRICA DEL SUR

Cuando no se sabe dónde se va,


nunca hay vientos favorables.
Séneca

EL INTENDENTE UNIVERSAL 33

Albert Camus caminó por estas calles, estuvo en la Plaza de Armas,


nos visitó con su mirada lúcida el año 1948. Aquí enumeró los tres
requisitos que le parecían vitales para enfrentar el futuro: “tratar de
plantear la utopía tan correctamente como sea posible”; hacerlo “libe-
rado de todo mesianismo”; y también, “emancipado de toda nostalgia
del Paraíso Terrenal”.
¿Alguien habrá hecho esta enumeración respecto de esta Región,
Capital de Chile?
Hay que amar mucho el mundo o al ser humano, para cumplir esa
tarea. Creo que en Santiago alguien lo hizo, y ese portento fue Benja-
mín Vicuña Mackenna, quien, para muchos en la época –y no sólo
chilenos– era “el hombre más grande de América”.
Aquí nació y creció este genio continental, el que cumplió el rol de
Cosme de Médicis en Florencia, o el del barón Haussman en París;
alguien que no solo exploró, amó, tocó y soñó esta ciudad, sino que
también tuvo la inteligencia y el poder como para demostrarlo y de-
mostrárselo, dejando sus huellas, sus manos marcadas para siempre.
Posee, además, un sello particular frente a los anteriores. Cercano al
campo tiene ojos para toda la región, explora el Cajón del Maipo, ob-
serva las aguas del Mapocho, ve más allá de los límites de la ciudad.
Santiago se parecía a muchas ciudades españolas del Nuevo Mun-
do, una más, con calles rectas alineadas a la vista de la Cordillera de los
Andes, un barroso torrente de montaña serpenteando valle abajo por
un lecho de cascajos, hasta que Vicuña Mackenna hizo de ella algo
único. Sus cuidados la hicieron brillar, vivir un esplendor que la hizo
memorable, única.
¿Cómo surgió esa relación entre el genio y su ciudad natal? Vicuña
Mackenna era santiaguino de nacimiento, creció en la casa paterna de
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

la calle de las Agustinas, entre Morandé y Teatinos, por lo que pudo


haber sentido por ella un amor a primera vista.
Con claros signos de genialidad, a los dieciocho años ya era un
personaje en la ciudad: bachiller de la Facultad de Leyes y Ciencias
Políticas, miembro de la Sociedad Literaria, autor de trabajos históri-
cos, secretario de comisión del Partido Liberal, colaborador del diario
La Tribuna... Pudo haber cambiado el país, para allá iba, pero las cama-
rillas ocultas, las máquinas políticas, lo sacaron del camino que lo con-
ducía directo a la Presidencia de la República.
Da lo mismo, siguió adelante entregado al servicio público, a su
manera. No fue urbanista, ni médico social ni agrónomo, pero utilizó
muy bien todas estas disciplinas para cumplir su verdadera misión,
autoimpuesta, de lograr el desarrollo social y cultural de los chilenos.
Como los hombres universales del Renacimiento, no le bastó una sola
mirada: quería saberlo todo.
34
De joven pasó las noches leyendo acerca del mundo y luego quiso
conocerlo en vivo. Viajero en barcos, trenes y diligencias, recorrió Es-
tados Unidos de San Francisco a Nueva York, enamorándose de la ener-
gía y fe en los recursos de esa nación que recién nacía. Tuvo, como
Walt Whitman, la suerte de asistir a su parto y, por supuesto, no olvidó
ese espectáculo. Vicuña Mackenna fue uno de los primeros en advertir
el genio del joven inventor Edison, con el que mantendrá correspon-
dencia por años.
Se instaló en París justo en los años en que la urbe francesa era la
capital del mundo. En ella caminó sus bulevares, museos y parques.
Nuevamente privilegiado, asistió a la furia renovadora en tiempos de
Napoleón III, precisamente cuando el barón Haussman crea la ciudad
que seducirá al mundo, el modelo que inspirará a los mandatarios des-
de Boston a San Petersburgo. Tampoco echó al olvido esa enseñanza,
mientras crecía en su interior el sueño de un Chile nuevo. Todavía no
pensaba en ciudades, pero todo le será útil.
Lo urbano le venía de su abuelo, John Mackenna, precisamente el
hombre que intentó la mayor ciudad de la utopía de toda la Colonia, el
irlandés que procuró crear en Osorno una urbe ilustrada que sería una
luz en el Sur del mundo, una ciudad donde convivirían los indígenas
huilliches con los técnicos ingleses e irlandeses que trajo para indus-
trializar la zona, además de los criollos mestizos de españoles e indias.
Once años estuvo Mackenna construyendo esa utopía, y su nieto Ben-
jamín la reconstruirá para rendirle un homenaje al escribir su biogra-
fía. Es posible que de su abuelo, que tenía ojos territoriales, aprendiera
el intendente a observar la geografía completa de esta región.
Vicuña Mackenna, cada vez más, actuará como él; también soñará
con civilizar Chile mediante el trabajo, la industria, la educación. Estu-
dia en el Colegio Real de Agricultura en Gloucester, Inglaterra, e inme-
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

diatamente transmite sus conclusiones a El Mercurio de Valparaíso para


que los hacendados locales se modernicen. Alemania e Italia son otras
naciones donde succiona datos e ideas para lograr “la transformación”
de Chile. Su preparación, en ese momento, es una de las mejores del
mundo, su destino es claro aunque él no lo conozca.
Cuando vuelve se transforma en el alma de la Sociedad de Instruc-
ción Primaria. Si los niños de Chile no abren sus ojos al conocimiento
no habrá futuro para la nación. También es protagonista principal de la
Sociedad Nacional de Agricultura, mediante la cual divulga la apari-
ción de nuevas máquinas y sistemas de procesos descubiertos en Euro-
pa. Además, será miembro fundador del Club de la Unión, el eje que
une a conservadores y liberales en torno a un programa técnico de
desarrollo nacional. Ha sufrido el exilio, las cárceles políticas y está
convencido que con divisiones y abismos tampoco progresará el país.
Así, una vez más, actúa como “hombre universal”.
Pero las autoridades se inquietan con sus manifiestos y discursos y 35
de nuevo debe partir al destierro. Se va a deambular con el gran histo-
riador Diego Barros Arana. De nuevo en las calles de París, donde ha-
blan y hablan de un Chile que aman y que les duele. Entre tantos
proyectos que lo desvelan, hay uno que puede realizar ahora que tiene
que dejar Chile, cumpliendo tal vez con algo que comentara con Ba-
rros Arana. Antes de que mueran los protagonistas parte a Lima a en-
trevistar a todos cuantos conocieran a Bernardo O’Higgins, los que to-
davía pueden dar una información de primera mano sobre los últimos
años del Padre de la Patria.
Entonces, Vicuña Mackenna no tiene aún treinta años de edad.
Será parlamentario, agente en Estados Unidos, historiador, perio-
dista y, finalmente, Intendente de Santiago. Con este cargo tiene una
tarea concreta para hacer realidad su pensamiento, toda una provin-
cia, la provincia capital entre sus manos, para impulsar un polo de
progreso que encandile, seduzca e inspire al país todo.
En su sangre se mezclan los dos más antiguos pueblos de Europa,
vascos y celtas, es portador de esos genes igualitarios que se fortalecie-
ron al asistir en París a las revueltas liberales de 1848. Parte importante
de su infancia, y de su formación, se debe a la Hacienda de Santa Rosa
de Colmo, cerca de la desembocadura del río Aconcagua. El trato coti-
diano con otros niños, con los campesinos, que enfrentaban un futuro
de pobreza, analfabetismo, falta de perspectivas, marcó su visión del
país. Quedó, en el fondo, con un profundo e íntimo rechazo a una
realidad de masas hambrientas, enfermas y sucias, casi con un sentido
estético además de social.
Está convencido de que las nuevas ideas y tecnologías serán capa-
ces de cambiar esa realidad. Hay que ofrecer una imagen del futuro,
que despierte al chileno de la siesta colonial, que dinamice y moderni-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

ce a la sociedad dirigente. Al igual que el Intendente Torcuato de Al-


vear en Buenos Aires, o Francisco Pereira en Río de Janeiro, transfor-
mará Santiago en nombre de la dignidad ciudadana.
El urbanismo es, y será, una herramienta política.
Lo demuestra al darle un orden administrativo a toda la Provincia
de Santiago cuando lo nombran Intendente; concibe el Camino de Cin-
tura para ordenar y embellecer la capital; habilita los mercados de San
Diego y San Pablo y favorece el rol del Consejo de Higiene para mejo-
rar la salud pública. Impulsa parques y plazas para que las gentes respi-
ren mejor aire. Transforma el seco peñón del Santa Lucía en un parque
donde el pueblo pasee entre esculturas, árboles y encuentre obras de
arte y biblioteca. Encarga la construcción del Museo Nacional de Histo-
ria Natural como foco de desarrollo de las Ciencias Naturales en el país.
Crea un Teatro Popular que sirva para la educación masiva. Reinaugu-
ra el Teatro Municipal que se había incendiado. Apadrina la Sociedad
36 Protectora de Animales. Excursiona en mula por la precordillera hasta
encontrar agua dulce para la ciudad en Laguna Negra...
Nadie había hecho tanto por Santiago, e hizo harto más. Como
esas grandes exposiciones donde la ciudad pudo conocer su propia his-
toria y también sus productos industriales, sus pioneros pintores o las
más recientes maquinarias importadas. Ser santiaguino, desde enton-
ces, será algo, tendrá un sentido.
Pero, una vez que abandone el cargo, en abril de 1875, los santia-
guinos no lo seguirán. Sus obras serán un injerto en una ciudad inca-
paz de expandirse con el mismo orden, la misma belleza, la misma
preocupación por la higiene. Quedará su aporte como el breve escena-
rio de una sociedad afrancesada que no heredó sus utopías sociales.
¿Quién recuerda que él fue quien entusiasmó a Maximiano Errá-
zuriz para construirse el palacio que hoy ocupa la Embajada de Brasil,
para que así Santiago contara con una avenida noble y ceremonial, un
paseo refinado que culminara en el cerro Santa Lucía?
Era una propuesta magistral, decisiva, integral. Y es que uno de sus
mejores aportes fue el de establecer la escala de la ciudad. Hay una
proporción entre toda ella y su territorio, que se encuentra y construye
a través de generaciones. No es fácil descubrirla, e incluso se dice que
en las ciudades atlánticas, como Río de Janeiro o Bueno Aires, es de
magnitudes mayores a la de los países del Pacífico.
Vicuña Mackenna no copió la de París, detectó la propia de Santia-
go. Tomó de allá modelos de diseño urbano pero los escaló en función
de ella al impulsar esa Alameda con palacios que culminaran en el
Santa Lucía. Al determinar el trazado del Camino de Cintura lo hizo
con ojo de águila, como observando desde lo alto la ciudad en el valle.
El santiaguino, como el depresivo bipolar, cuando amanece con
energía quiere compensar en un día lo que no hizo en un siglo. Vicuña
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

Mackenna, maestro, no cometió ese error. La escala no es monumen-


tal ni de grandes perspectivas, no es atlántica. Es propia de un país de
rincones, de nichos diversos, de infinitos cerros, innúmeras quebradas,
miles de islas. Propia de una región que encierra climas, suelos y hasta
aires diferentes.
Walt Whitman descubrió la escala de Estados Unidos, Vicuña Mac-
kenna la de Chile y la hizo obra en Santiago, ayudado por las vistas
desde la precordillera. Allá lejos, en América Central, otro genio quedó
deslumbrado: Rubén Darío. Tomó un barco y se vino a Santiago de
Chile, la ciudad americana donde se estaba inventando el futuro. Llegó
tarde para conocer a su ídolo, Vicuña Mackenna moría entretanto, pero
fue suficiente para que llevara la modernidad a la lengua española y
diera a luz un futuro nuevo para el mundo hispanoamericano. Por eso
Neruda y García Lorca lo nombraron “Padre de América”; porque, tal
como Baudelaire, Verlaine y Rimbaud lo hicieran para el francés –se
37
dice que por influencia de los bulevares de Haussman en París– Darío
modernizó la lengua y las letras castellanas celebrando el espectáculo
de ese Santiago inspirado en París.
Benjamín Vicuña Mackenna, Intendente de Santiago entre 1872 y
1875, abrió el camino. La hacienda de Colmo, esa en la que plantó
miles de árboles con sus propias manos, le fue expropiada a la familia
para pagar las deudas que contrajo en el cargo, y se le hará un solo
reconocimiento: su esposa e hijo pueden entrar al Cerro Santa Lucía
sin pagar entrada.
Rubén Darío fue el primer vástago de Vicuña Mackenna, y luego
todos los demás somos sus descendientes. Hizo de Santiago un lugar
con historia y a todos nos dejó un lugar en la historia.

TOLERANCIA CERO

Vicuña Mackenna quedará como “el Haussman chileno”, lo que no


corresponde a la realidad. No había en Santiago ni infraestructura ni
recursos para una renovación similar a la del París de la segunda mitad
del siglo XIX, cuando era la ciudad más vanguardista del mundo; pero
igual su modelo será francés y con ello le dio una inesperada imagen.
No fue su intención directa. Aspiraba a lograr que la ciudad y los
campos circunvecinos fueran seguros, que estuvieran aseados los ca-
minos y mercados, que hubiera bulevares espaciosos para el espec-
táculo cívico y el paseo ciudadano.
Su labor se parece mucho a la de La Reynie en el París del siglo
XVII, más que a la de Haussman. La seguridad era pésima en la capital
francesa de 1666, ciudad oscura y peligrosa, lo que lleva a Luis XIV,
joven e impulsivo rey de veintiocho años, y a su ministro Colbert, a
crear el cargo de Prefecto de París. Buscaron entonces un hombre de
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

toga y espada, culto pero ejecutivo, capaz de planificar reformas en la


seguridad pero también de reaccionar frente a inundaciones y pestes.
La elección de Nicolás de La Reynie fue muy acertada porque en trein-
ta años transformó París en una ciudad modelo ante el resto de Euro-
pa, lo que nunca había sido hasta entonces.
Hombre brillante, La Reynie determinará que su primer enemigo
es la suciedad, el desorden. Que es imposible manejar una ciudad don-
de las calles son barriales, en la que la gente arroja la basura por las
ventanas, en donde las calzadas son un caos que impide el tránsito de
carruajes y jinetes. Por lo tanto, censó cada casa determinando su ubi-
cación con exactitud, creó una comisión por barrio para mantener ac-
tualizada esa información, estableció la obligación de los habitantes de
lavar y barrer la vía pública frente a sus casas, aplicó un impuesto terri-
torial para cada propiedad y estableció el pago de multas para quienes
arrojaran basura o no limpiaran la vía pública. Con esos recursos pudo
38 comenzar a pavimentar las calles, lo que de inmediato cambió la ima-
gen de la ciudad. El caos del tráfico céntrico también se prestaba para
desórdenes y robos, para lo cual se preocupó de crear puentes sobre el
Sena que facilitaran el flujo de los vehículos.
En el proceso se dio cuenta de que las casas se ubicaban de cual-
quier manera junto a las calles, generando rincones oscuros y focos de
suciedad, por lo que estableció la alineación de las construcciones.
Mucho antes de que Rudolph Giuliani, en Nueva York, ahora en
los 90 de fines del siglo XX, advirtiera que cuando se permite lo poco se
termina avalando lo mucho, incluidos homicidios y robos armados, La
Reynie pensó de la misma manera. Mientras el alcalde de Nueva York
aplica la “tolerancia cero”, persiguiendo a quienes rayen los muros,
pidan monedas en los semáforos a cambio de limpiar los vidrios de los
autos, “cuiden” vehículos por dinero, el Prefecto de París, contando ya
con recursos, vía impuestos y multas, determina que una causa impor-
tante de la inseguridad y un problema mayor que los ladrones adultos,
eran los niños y jóvenes rateros que pululaban en calles y mercados a
pleno día, para lo cual fundó hospicios y hospitales que los recibieran y
atendieran integrándolos a la sociedad. Así disminuiría la delincuencia
a corto, mediano y largo plazo.
También aumentó la dotación policial y sus patrullajes, convencido
de que es más barato desincentivar desmanes que enfrentar desórde-
nes ya en proceso, por lo cual creó un cuerpo de espías e informantes
capaces de detectar posibles sediciones, asaltos o lo que fuera, para lo
cual reguló el funcionamiento de las casas de juegos y de los prostíbu-
los como lugares donde podían generarse desórdenes, sistema de con-
trol que rigió la vida nocturna de París hasta 1946, fecha muy reciente.
Es imposible detallar aquí todas las medidas preventivas, pero, por
ejemplo, estableció la obligatoriedad del permiso para celebrar asam-
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

bleas, el control de pesos y medidas en los mercados, el del precio de


los alimentos, todas situaciones que a diario generaban reyertas.
Su medida más célebre, la que deslumbró a Europa, fue la instala-
ción de dos mil setecientas treinta y seis luminarias en 1667, lo que
celebró Luis XIV con una moneda conmemorativa con la frase Securitas
et nitro –Seguridad y luz. Testimonio del efecto tranquilizador que pro-
dujo su aparición, es que al año siguiente esta medida es imitada en
Londres, al subsiguiente en Amsterdam y así sucesivamente en otras
capitales europeas. En treinta años, transformó París en la ciudad me-
jor administrada de Europa y en ese lapso esta llegó a adquirir el apela-
tivo de Ciudad Luz.
Muy similar es lo que hizo Vicuña Mackenna en Santiago, y muy
parecido el rol que cumplió al querer hacer de Santiago “el París ame-
ricano”, una ciudad de las luces en América –nocturnas pero también
intelectuales, como observó Darío.
39
EL NOMBRE DE SAN TIAGO

Una ciudad también necesita abrir las puertas al mito, requiere de un


asomo de misterio, delirio, locura, cualquier forma o expresión de algo
que vaya más allá de lo funcional y lo racional. Chile padece de excesi-
vo control, y es por eso que el primer tomo de la Historia de Chile de
Alfredo Jocelyn Holt es una obra que perdurará, al inscribir nuestros
orígenes en una trama mítica.
¿Qué sería de los orígenes de Roma sin la leyenda de Rómulo, Remo
y la loba que los amamantó?
Nuestro origen mítico está en el Apóstol Santiago, cuya fiesta era la
principal de la ciudad en los siglos coloniales. Desde ya, como diría el
escritor Alberto Fuguet en una entrevista, tener una ciudad con nom-
bre de persona no es cualquier cosa: “Eso es fuerte”.
Jacob era su nombre, nos deberíamos llamar jacobeos, pero el San
Jacobo de los siglos medievales, tiempos antisemitas, lo transformaron
en Yaco, en Yago –como el que aviva los celos de Otelo en el personaje
de Shakespeare–, y luego Tiago. Además de Sant Yaco, Sant Iago, San
Tiago y Santiago.
Todo en él es misterioso. Para algunos cultos Jacob era hermano de
Jeshua, de Jesús, y aseguran que su sepulcro apareció en Judea con
esta inscripción: Ya’akov bar Yosef akhui di Yeshua; es decir, Jacob hijo de
José, hermano de Jesús.
En todo caso fue hermano de Juan y estos dos hermanos estuvie-
ron entre los más cercanos a Jesús, siempre, desde el inicio hasta el
Huerto de los Olivos. Hijo del trueno, le decía Jesús, y en los pueblos
andinos hasta hoy se realizan ceremonias que entroncan con ritos pa-
ganos al dios del trueno.
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Santiago el Mayor, de acuerdo a la tradición y no a la arqueología,


será quien lleve los mensajes de Cristo hasta Europa, la tierra de los
bárbaros, de los paganos que adoran la Luna y los árboles. Será dura su
tarea, la peor. En el Oriente, al menos tenían grandes templos, sacer-
dotes, religiones.
Jacob –Santiago– la sufre en la dura Península Ibérica, no le hacen
caso. Está poseído por su mensaje pero ni aún así soporta tamaña indi-
ferencia. Cuenta la historia –¿leyenda, mito?– que se le apareció la
madre de Jesús, María, sobre un pilar para infundirle renovadas fuer-
zas. De ahí, por esa aparición, la devoción a la Virgen del Pilar e incluso
el nombre Pilar.
Bueno, Santiago hizo lo suyo según la tradición e Iberia se fue cris-
tianizando. El apóstol volvió al Asia Menor, a Jerusalén, donde Hero-
des Agripa, nieto del otro Herodes, el protegido de Calígula, lo hizo
40 torturar, decapitar y abandonar para que no tuviera tumba siquiera. El
primer mártir, el primer apóstol que muere, el primero en subir al reen-
cuentro con Jesús.
Este otro Herodes prohibió incluso que su cuerpo fuera enterrado,
pero no faltaron los amigos, hermanos en la fe, que huyeron con él
hacia la costa, y allí, siempre según la tradición, había una nave sin
tripulantes pero lista para zarpar. Partirán con su cadáver –¿con aroma
de santidad o hedor de muerto?– hacia la verde Galicia de los celtas,
allí donde predicara al final, en el borde del mundo conocido, la Finis
Terrae, a enterrarlo en un bosque junto a la ciudad romana de Iria
Flavia. Vienen las peregrinaciones, los bárbaros, todo se olvida.
Es el año 813 cuando, según el relato oral, un eremita, Pelayo, vio
una luz en un bosque deshabitado. Oyó cantos también. El obispo ha-
bría hecho investigar el suceso encontrándose el arco de mármol don-
de fuera enterrado el Apóstol Santiago. Por la luz el lugar se llamó
Campo de la Estrella o Campus Stellae, y de ahí Santiago de Compostela.
Reyes y príncipes, santos y campesinos vendrían de toda Europa a San-
tiago, trazando los Caminos de Santiago a cuya vera va emergiendo la
cristiandad europea, el arte románico, iglesias, capillas y santuarios que
cristianizan la geografía de Europa Occidental. Todos a Santiago, a sen-
tir la cercanía del apóstol cercano a Jesús.
Por entonces los españoles están replegados en el Norte de la His-
pania, todo el resto está en manos árabes, pero en la batalla de Clavijo
al fin logran una victoria importante, derrotan al ejército de Abderra-
mán II, gracias a la ayuda de un jinete en blanco caballo, venido de los
cielos, el Apóstol Santiago.
Santiago será Ciudad Santa como Jerusalén y Roma, así lo declara
el Papa Alejandro III. Crecen las obras monumentales en ella, además
de su gran catedral. En los siglos XII y XIII alcanza su esplendor.
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

Es el Patrono de las armas cristianas, es su nombre el que invocan


los guerreros cristianos, ¡Santiago y a ellos! gritan, Santiago Matamo-
ros lo apodan, será el Patrono de la Reconquista para los Reyes Católi-
cos, la figura tutelar en la tarea de recuperar España.
Y de nuevo, de inmediato, el Patrono de la Conquista cuando se
descubra que la Finis Terrae no era en realidad Galicia, que el verdade-
ro fin de la Tierra estaba mucho más allá, en un Nuevo Mundo, al final
del mundo y en el Sur del mundo. Habrá que fundar una nueva San-
tiago para el Patrono de la Finis Terrae, será Santiago del Nuevo Extre-
mo y la misión la cumple Pedro de Valdivia luego de salir del Cuzco en
cuya catedral se encomendó al Apóstol antes de emprender la Con-
quista de Chile.
Aquí estamos, y la fiesta del Apóstol San Tiago fue la más brillante
de la ciudad en los largos siglos coloniales, fiesta organizada y pagada
por el Cabildo, todos siguiendo al Gobernador en procesión, por las
calles y hasta la Plaza de Armas caminando tras el más hermoso caba- 41
llo blanco que se hubiese encontrado en La Dehesa del Rey, símbolo
del equino mítico que montaba el Apóstol en sus apariciones.
Todavía en la Santiago de Galicia llegan los peregrinos cada 25 de
julio, día del Apóstol, y son miles cuando cae domingo porque ahí las
liturgias, los castillos pirotécnicos, la muchedumbre en una de las más
bellas plazas de Europa, la Plaza del Obradoiro, es inolvidable. Su culto
se extendió a Francia, bajo el nombre de Saint Jacques y a Inglaterra
con el de Saint James.
Ya tenemos una figura fundacional, Pedro de Valdivia; una extraor-
dinaria y legendaria, Benjamín Vicuña Mackenna; una mítica para
encomendar los destinos de la ciudad principal de la región, el Apóstol
Santiago.

PALACIOS Y VINOS DE FRANCIA

También hay que tener una Edad de Oro, para remitirnos a ella con
nostalgia. Como decía el historiador de la arquitectura Ramón Gutié-
rrez, argentino: en América Latina siempre se habla del esplendoroso
pasado y del brillante porvenir, pero nunca nos explican, entonces,
“este miserable presente”.
Tuvimos esa piedra primera, ese esplendor. Si uno se asoma al San-
tiago de los palacios, el de Vicuña Mackenna, ¡qué cantidad de perso-
najes en una ciudad tan pequeña!
Don Melchor de Santiago Concha y Toro Zambrano es uno de ellos,
el Marqués de Casa Concha quien fuera rico en plata, linajes y viñe-
dos. Era un ejemplar perfecto de la más alta sociedad santiaguina, tan-
to por los Santiago Concha –oidores de la Real Audiencia– como por
los Toro Zambrano, arraigados aquí desde el siglo XVI, siempre dueños
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

de la Hacienda Alhué y sus minas de oro. Su historia entronca con dos


áreas opuestas de la actual Región Metropolitana.
Extraño es el apellido Santiago Concha, pero se remonta al Apóstol
y al siglo IX, cuando el blanco jinete auxilió a los cristianos. Un guerre-
ro, extraordinario según el mito, habría de recibir título y armas en
reconocimiento, e incluso ese apellido que recuerda la concha del os-
tión, símbolo del Apóstol Santiago, tal como se observa en los muros
de su Catedral en Galicia y tal como se conserva en el escudo de los
Concha y Toro y en algunas etiquetas de la Viña del mismo nombre.
La torva tradición local, aserruchadora de pisos, pinta un cuadro
harto infeliz para describir tales familias; como si hubieran permaneci-
do en sus casonas de adobe y tejas, tras los gruesos portones clavetea-
dos, sin hacer más que contar piezas metálicas. Pero eso es desconocer
a Mateo de Toro Zambrano, el abuelo paterno del otro don Melchor,
irrigando el valle de Cachapoal; o a sus descendientes explotando el
42 cobre de la precordillera hasta que se lo vendieron a William Braden; o
a su hermano Enrique de Concha y Toro y la fundición de minerales de
El Arrayán –donde ahora está la Municipalidad de Lo Barnechea– para
beneficiar los metales de la cordillera de Las Condes. En Chile, más que
en otras regiones de riquezas más fáciles, los señores tuvieron que apren-
der a ser prácticos; todavía lo siguen siendo...
Don Melchor, quien acortó sus apellidos dejándolos en Concha y
Toro, no solo fundó la célebre viña sino también la Sociedad Minera
Huanchaca con varios socios y cuya fundición, en las afueras de Anto-
fagasta, se quiere restaurar para el Bicentenario; es el principal monu-
mento de esta ciudad. Muchos fueron los esfuerzos para conducir, de
la cordillera al mar, las aguas del río Silala hasta hacer de Huanchaca el
principal centro metalúrgico de toda América del Sur.
Don Melchor, quien junto a dos amigos impulsó la Población León
XIII para obreros católicos, en el barrio Bellavista, calificada de “la pri-
mera población de Chile”; abogado y ministro de Hacienda del presi-
dente Pérez Mascayano; con mansión en Bandera con Agustinas, siem-
pre abierta en tertulias; autor de textos jurídicos y uno de los hombres
más ricos de Chile; impulsor de la Sociedad Nacional de Agricultura y
promotor de nuevos cultivos... Es una de las figuras brillantes del San-
tiago palaciego.
Su hijo Juan Enrique heredó el interés por las viviendas obreras, por
las cooperativas de alimentos para los barrios populares. Este es el alcal-
de de 1903, el que pavimenta las calles de Santiago, el que construye la
iglesia de Santa Filomena, el que refuerza la Fundación León XIII como
centro de discusión de soluciones; allí asiste durante cinco años un jo-
ven, Alberto Hurtado Cruchaga, allí se nutre de ideas el futuro santo.
Fueron demolidos los palacios y mansiones de la familia, incluso el
de sus padres –obra del francés Brunet, el mismo arquitecto del Teatro
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

Municipal– y el de su hermano Enrique donde se construyó el Barrio


Concha y Toro. Es una suerte que la viña haya adquirido y restaurado
el palacio de don Melchor en Pirque, tan chileno en su austera planta y
corredores –a pesar de su impronta neoclásica– junto con el sereno
parque de veintidós hectáreas que diseñara el gran Guillermo Renner
con especies europeas y locales. Más de doscientas personas al día se
acercan al lugar, casi todos extranjeros, en buses que hacen fila. Don
Melchor Concha y Toro, aunque no lo sepamos, es para muchos de
ellos la imagen de un señor de Santiago. Nos representa.
La región necesita de millonarios, hombres sabios, grandes artistas,
mujeres bellísimas y elegantes, protagonistas de sus calles. Santiago y
sus alrededores los tuvieron en ese momento, en especial con los gran-
des mineros que, tras hacer fortuna en el Norte, vinieron a la capital y
al valle del Maipo a gastarla en hacer palacios, traer paisajistas euro-
peos para sus parques, viajar a París y Londres a encargar mobiliario,
vajilla, obras de arte, lámparas y alfombras. 43
Por ellos la ciudad tiene un aura dorada. Entre quienes mejor
corresponden a este ideal –renacentista, de los condottieri, de los Mé-
dicis– son Luis Cousiño y su esposa Isidora Goyenechea –llevados al
cine en Sub Terra–; Melchor Concha y Toro casado con Emiliana Su-
bercaseaux; Francisco Subercaseaux con su inmenso palacio en la Calle
Ahumada –otra calle Ahumada era entonces– y Domingo Fernández
Concha, casado con Amelia Bascuñán Valledor, los conservadores
abuelos del poeta Vicente Huidobro, casi todos con mansiones junto
al río Maipo.
Hay una danza de millones en torno a estos empresarios empren-
dedores y visionarios; mineros en el caso de los Cousiño Goyenechea y
en los Concha Subercaseaux, y de las finanzas y la agricultura en Fer-
nández Concha (este es el que dona la hermosa ermita gótica del Cerro
Santa Lucía, construida con piedras de Pelequén, y quien dona tam-
bién una mansión en calle Compañía para fundar el Club Fernández
Concha donde se formará la juventud del Partido Conservador).
Pero las familias están unidas por otros rasgos: construyen pala-
cios, el francés Guillermo Renner les hace parques, impulsan la vitivi-
nicultura de Chile llevando el nombre del país a todos los confines del
mundo; Melchor Concha y Toro, Ramón Subercaseaux, Luis Cousiño,
Domingo Fernández Concha –y fundando grandes empresas hasta hoy
exportadoras de millones de botellas anuales. Por sus dotes privilegia-
das fueron varias las viñas que nacerían en el valle del Maipo, que se
mantienen y que, para muchos extranjeros, son de los mejores atribu-
tos de Santiago: Cousiño Macul, Tarapacá, Santa Carolina, Santa Rita,
Undurraga, Cánepa y Concha y Toro.
No hay fausto más espectacular en Chile que el de estas familias
propietarias de viñedos, cultura del rubro más vistoso de la agricultura,
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

tradicional y rancio en historia y entorno. Si Bernardo O’Higgins eli-


minó los títulos de nobleza, los viñateros crearán una realeza nueva, e
incluso, en sus etiquetas, desempolvarán sus viejos títulos: Marqués de
Casa Concha, Marqués de Casa Real...
Y todo ese brillo es fruto del enorme esfuerzo por traer agua del río
Maipo al valle de Santiago, agua que de paso irrigará más de quince mil
hectáreas en medio, con obras de regadío que permiten cultivar los vi-
ñedos con modernas tecnologías de origen ferroviario para abrir grandes
canales, y a la apertura del país gracias a la libertad de comercio instau-
rada por los patriotas –que abrirá mercados como los de California y
Australia–, los que aseguran la rentabilidad de la inversión. En San Juan
de Pirque crece, hijo de Alberto Mackenna y Carmela Subercaseaux, en
mansión pintada por artistas italianos, Alberto Mackenna Subercaseaux,
el líder del Santiago del Centenario; el que trajo las copias de esculturas
griegas y romanas para el Museo de Bellas Artes, el creador del Parque
44 Metropolitano, el que heredó de su tío Benjamín Vicuña Mackenna la
misión de darle lustre y brillo al Santiago del Nuevo Extremo.
Vicuña Mackenna era de la calle Agustinas, entre Morandé y Teati-
nos, en la misma calle y muy cerca de donde crecieran los hermanos
Carrera, casi al frente de esa casa en realidad; Manuel Rodríguez igual,
en Agustinas N° 27, esquina de Teatinos; Melchor Concha y Toro y
Emiliana Subercaseaux asimismo vivían a un paso, en Agustinas es-
quina Bandera.
Toda ciudad tiene que tener, también, un barrio, una cuadra, una
esquina donde la historia viva. Así tenemos un guerrero en Valdivia,
un líder en Vicuña Mackenna, un santo en el Apóstol Santiago, una
época dorada de palacios y viñas y un lugar en la calle Agustinas.

DA VINCI Y PEDRO DE VALDIVIA

A estas alturas podemos preguntarnos si la suma de los factores alcan-


za para decir si Santiago tiene o no una identidad. La discusión asom-
bra a los extranjeros quienes, a los diez minutos de conocerla, ya tie-
nen la respuesta.
Ricardo Astaburuaga escribió que la agricultura chilena nació al
interior de Santiago, en los solares de este valle del Mapocho, lejos de
los ataques indígenas; aquí vieron asombrados, los españoles venidos
de tierras duras, la calidad notable de los productos que entregaban las
viñas, los árboles frutales, las chacras. La feliz “casa huerto” chilena
nació en Santiago y cuando los chilenos nos dimos cuenta de que está-
bamos ocupando las mejores tierras con ciudades estábamos, también,
maleándonos. Nos mal acostumbramos y así avanzamos cada vez más
lejos del casco histórico de Santiago hasta un presente en el que, prác-
ticamente, habitamos toda la Región.
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

Astaburuaga comenzó a estudiar nuestras ciudades en los años cua-


renta del siglo XX, cuando le importaban a muy pocos, casi a nadie.
Becado por el Instituto de Cultura Hispánica pudo partir a España don-
de sí había cátedras relacionadas. Allá se encontró, estudiando traza-
dos, que las ciudades de Chile eran las únicas con acequias que corrían
por el medio de las manzanas, no por las calles.
¿Por qué?
Pedro de Valdivia había combatido en los sitios de Milán, ciudad
cuyo nombre recuerda que está en medio de una llanura, la del río Po.
Allá vio y supo que poco antes un italiano, Leonardo da Vinci, sitiado,
había hecho correr el río por el medio de las manzanas debido a que el
asedio afectaba a la población, la cual moría de pestes, contagios, insa-
lubridad, más que por la propia guerra. Valdivia, recordando esta lec-
ción, la aplicó en la ciudad a la que él bautizó con el nombre del Após-
tol Santiago. Él que era un guerrero, combatiente en Flandes, Italia,
Perú, había vivido con su nombre en los labios. 45
Don Ricardo podía enumerar rasgos propios de Santiago, uno tras
otro, algunos de los cuales alcanzó a publicar poco antes de morir en
un pequeño libro llamado Morfología de Chile y sus ciudades (2002). Te-
nía un hijo al que llamó Santiago, nombre tan poco común en Chile.
Este hijo podía andar por la ciudad de su mismo nombre con los ojos
vendados y sabía siempre, por el olfato, en qué barrio estaba.
Un día estando yo solo en Madrid, en un bar de la Plaza del Sol, de
esos con la barra en forma de U en los que uno se queda mirando las
caras de los que están al frente, vi sentado un caballero con algo de
Astaburuaga. Lo que no indicaba nada porque era un tipo que podía
ser vasco pero también italiano, portugués, francés, o de cualquier par-
te de España. Lo miré con atención y supe que tenía ojos de santiagui-
no. Fui a hablarle, era de Santiago de Chile.
¿Qué dice la mirada del santiaguino, qué tiene de imborrable? Lo
primero que aparece, al principio, es algo duro, desconfiado, receloso.
Bueno, vaya que no; los fundadores de Santiago, así como los de Méxi-
co, Bogotá, Cuzco tenían docenas de personas a su servicio, sin contar
obreros en las minas o las haciendas, aquí se encontraron con dos sor-
presas: ¡había que trabajar! ¡Y con las manos!
Era algo que entonces no se hacía, algo indecente para un pobre
hidalgo y nada que decir si era algo más. Como que cuando Carlos III
promovía la industriosa cultura de la Ilustración, y en consejo de gabi-
nete preguntó qué hacer con el problema de los recursos humanos, el
primer consejo que recibió fue el de llevar obreros católicos...
Había que importarlos. Aquí “los de Santiago” tuvieron que traba-
jar, y parece que la experiencia fue inolvidable e imborrable porque
todavía se lleva en la mirada. Como una queja, una sorpresa, el extra-
ño sentimiento de que alguien nos engañó al ubicarnos aquí cuando
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todo indicaba que nacíamos mereciendo un destino menos duro y más


placentero. Hay ciertos males síquicos, cierta pulsión hacia el alcoho-
lismo o la droga, cierta simpatía por toda clase de inadaptados, que
parecen venir de esa misma impresión, de ese desconcierto: ¿yo aquí?...
Muchos no se adaptan nunca, viven quejándose, pero también son
muy santiaguinos en eso; pueden quejarse de lo que quieran pero no
vayan a decirles que la ciudad no tiene identidad. Eso sí, nadie lo dis-
cute de la Región.
El español se encontró con ciudades indígenas más al Norte, algu-
nas mucho más grandes, pobladas y limpias que las europeas, como
Tenochtitlán. Aquí en Santiago no había ciudad y los indígenas, para
colmo, incendiaron la primera que alzaron los españoles. Y de ahí en
adelante, hacer adobes de nuevo y con las armas al lado y con la mal-
dita sensación de que en cualquier segundo zumba el aire y antes de
atinar a nada estás tumbado en el suelo mientras corre tu tibia sangre
46 y en el cielo aparece la primera estrella de la tarde que no es la que
veías en tu pueblo de España.
Y te mueres. Pero no todo se muere porque hay un rancherío río
arriba, más cerca de la esa hosca masa de montañas de los Andes, don-
de tuviste relación carnal con una india y ella está embarazada y su
hijo llevará tu sangre y será, de los primeros, un mestizo tratando de
rebuscárselas de alguna forma, uno de los primeros santiaguinos, y
eres más “padre de la patria” o “padre de la ciudad” en este caso, que
cualquier celebridad.
No podían volverse, cuando aquí les informaban, con cierto placer
irónico, algo sádico, que en estas tierras habitaban los indígenas más
belicosos de todas las Américas. Ya habían cruzado el desierto infinito,
“el montón de montones amontonados” que eran los cerros de la Cor-
dillera de los Andes, en palabra del padre Diego de Rosales, y no había
caso de volver a jugarse la vida en el regreso.
Era mejor quedarse en esta suerte de isla geográfica, aguantar, ir
tirando. Sin saberlo, estaba así dibujándose la identidad del santiagui-
no con tinta indeleble.
Nunca hemos dejado de trabajar, aquí todo cuesta, como le escri-
biera Pedro de Valdivia al emperador; en esta provincia cada peso de
oro se obtiene con “cien gotas de sangre y doscientas de sudor”.

EL PROYECTO VASCO

Los cronistas, primeros en dejar constanccia de una “imagen país” de


Chile, pioneros del marketing local, no pueden dejar de reconocer que
aquí las batallas no fueron para apoderarse de una rica ciudad sino de
una cosecha de papas, cebollas, maíz. Para comer algo, subsistir, ir vi-
viendo en medio de muchos “trabajos, cansancios, hambres y fríos”,
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

como escribe uno. Y cuando al fin se había reunido algo de oro, llega-
ban los piratas, los corsarios que tenían a Chile en su sueños y nunca
dejaron de acosarlo.
Bueno, la gracia es que ese mestizo de español e indio sabrá hu-
manizar el desbocado territorio, regar las quebradas abruptas, pescar
en uno de los océanos más inclementes del planeta, exportar cueros
y charquis a través de la alta Cordillera de los Andes. A diferencia de
Ciudad de México, construida sobre las ruinas de Tenochtitlán, o de
Cuzco en la que se usaron los muros incásicos para alzar iglesias en
la misma capital diseñada por Pachacútec con su real arquitecto
Apahualpa, Santiago de Chile es una ciudad mestiza desde sus mismos
orígenes.
Y lo seguirá siendo porque en los primeros siglos no hubo riquezas
para europeizarla. Todos compartieronn la tarea de hacer país y hacer
ciudad, castellanos e indígenas de servicio, esclavos y algunos conquis-
tadores no hispánicos como el alemán Blumen o el griego Candia. Co- 47
mieron en la misma cerámica de greda local, se abrigaron con las mis-
mas mantas, padecieron los mismos sismos –el terremoto de 1647
destruye democráticamente todas las viviendas– así como las inunda-
ciones del díscolo río Mapocho. Es lo que hay, parece ser el lema de los
siglos XVI y XVII. No deja de ser notable que el fundador de la ciudad lo
tuviera tan claro desde el principio; supiera que no había llegado a un
imperio de palacios y cortes enjoyadas, sino a un escenario natural, un
notable paisaje que con trabajo podía llegar a ser “el mejor pedazo de
tierra que hay en el mundo”. Por el trabajo.
Luego del duro siglo de la Conquista viene el XVII en que todo
sigue igual; por suerte llegan los jesuitas, muchos de ellos vascos o
alemanes bávaros de culturas industriosas, quienes, con su lema de
“Contemplativos en Acción”, educarán a criollos blancos y a criollos
mestizos en la misma actitud de trabajo que ellos traen y que les per-
mite llegar a administrar la gran agricultura chilena de la época, las
primeras faenas propiamente industriales y las explotaciones mineras.
Después será la numerosa inmigración vasca del siglo XVIII, con la
emblemática figura del Corregidor Zañartu y sus obras de transforma-
ción de Santiago, la que también prolongue y ahonde el espíritu de
esfuerzo. Ahí despierta el comercio, indigno para los castellanos, era
cosa de portugueses o judíos, prejuicio del que carecen vascos y catala-
nes. Sin gran competencia llegarán a controlar gran parte del país y,
por supuesto, la ciudad capital, Cabildo incluido; lo que no dejará de
darle otro rasgo de identidad a Santiago. Mientras en el resto de Amé-
rica los mercados populares con sus indígenas son el corazón vivo de la
ciudad, los inmigrantes logran aquí que el Cabildo persiga y controle el
comercio callejero, lo que le dará a Santiago una imagen más europeo-
nórdica que arábigo-andaluza, propia de su historia.
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Y fueron, los habitantes de Navarra, Guipuzcoa y demás territorios


vascos de España los principales inmigrantes de fines de la Colonia, los
que, como se dice, organizaron la República: en cifras de Luis Thayer
Ojeda, “sobre poco más de mil peninsulares llegados a Chile, desde
fines del siglo XVII hasta los primeros años del siglo XIX, establecimos
la proporción siguiente para las provincias que se indican: Navarra
(16%); Vizcaya (15%); Guipúzcoa (12%); Santander (10%); Burgos
(8%); Galicia (4%); Asturias (3%); Alava (2%)”. Casi la mitad.
Hacia 1780 gobernaba el país el navarro Agustín de Jáuregui y Al-
decoa, del valle del Baztán; era Corregidor de Santiago el guipuzcoano
Luis Manuel de Zañartu, de Oñate. El líder espiritual e intelectual de la
ciudad, vástago de guipuzcoanos de Vergara, era el obispo Manuel de
Alday y Aspeé y el principal filántropo era Juan Nicolás de Aguirre y
Barrenechea, de familia vizcaína. Llega por entonces el arquitecto ro-
mano Joaquín Toesca y su principal discípulo, primero de los arquitec-
48 tos criollos, es Juan José de Goycoolea y Zañartu, de origen guipuzcoa-
no de Deva, cuna de los Irarrázabal. El Contador General del país era
Tomás de Echevers, navarro de Arizcún, a quien sucedió Juan de Oyar-
zábal; en la Superintendencia de la Casa de Moneda está Estanislao de
Landazuri, cargo que pronto asumiría Bernardino de Altolaguirre. La
Superintendencia de Correos la ejercería Fernando Urízar, mientras
que la de Aduanas la ocuparía el vizcaíno Ramón Antonio del Pedre-
gal. El Secretario de la Presidencia será Ignacio de Andía Varela; el
Ensayador Mayor de la Casa de Moneda el vizcaíno Domingo de Eyza-
guirre, padre de los célebres Eyzaguirre Arechavala ...
A partir de 1820 nos encontramos con aportes vascos tanto y más
decisivos que en el ciclo fundacional anterior: se trata de la organiza-
ción de la llamada “República en Forma”; el regadío del Valle Central,
que permitirá la expansión de la agricultura chilena; el ingreso de los
sueños liberales de educación y progreso que harán de Chile la llama-
da “Atenas de América”; la creación de la célebre vitivinicultura chile-
na; la industrialización del país de fines del siglo XIX. Sus nombres
quedarán ligados a todas las provincias de la actual Región Metropoli-
tana.
Varios llegan muy al final de la Colonia o francamente a la Repú-
blica, pero sus apellidos también serán, rápidamente, locales: Alzérre-
ca, Amesti, Arrate, Astaburuaga, Achurra, Baquedano, Cruchaga, Eche-
verría, Goñi, Goyenechea, Guilisasti, Gazmuri, Gumucio, Llona,
Necochea, Ochagavía, Olavarrieta, Vildósola y Urmeneta.
Si en un sentido espiritual Santiago de Chile tuvo en Santiago de
Compostela una ciudad hermana, por sangre va a ser Bilbao su puerto
de llegada a Europa.
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

VASALLOS DEL INKA

El santiaguino posee raíces picunches, incásicas y africanas, que son


también constitutivas de su identidad, rasgos tanto o igual de olvida-
dos que las raíces vascas: ¿cuándo hubo negros? pregunta extrañado.
Son pocos los indios, afirmaba hasta hace poco. Los incas ¿no andaban
en el Norte?, vuelve a sorprenderse.
Es notable la cultura de Aconcagua, que luego de un milenio de
desarrollo, hacia el año 0 alcanza un completo perfeccionamiento agro-
alfarero. Va a ser el germen que seguirá su destino por quince siglos,
hasta la llegada de los incas, adaptándose al medio –más que modifi-
cándolo–, humanizando el territorio con sus viviendas, los primeros
canales y los cultivos en las riberas.
La Cultura Aconcagua recibirá influencias de la cultura diaguita:
las pequeñas aldeas de barro, madera y paja; las técnicas agrícolas y
textiles; la ganadería auquénida y los instrumentos musicales; en tanto 49
que de los mapuches asimilará la lengua y ciertos ritos, todo ello proce-
sado con carácter propio para luego irradiarlo en los valles del Mapo-
cho, el Maipo y el Cachapoal.
Este es el espacio cultural que crece en la Región Metropolitana
entre diaguitas y mapuches, la identidad del Centro Sur de Chile, cons-
truida por esta etnia braquicéfala de escasa altura (1,50 a 1,60), que
homogeneiza buena parte del Chile Central con sus chacras agrícolas y
dispersas, vivienda y caza en la precordillera, recolección de mariscos y
algas en la costa, con excelente alfarería de motivos negros trazados
sobre un fondo color salmón. Se caracteriza por símbolo del trinacrio,
un círculo del que salen tres brazos quebrados que terminan en un
cuadrado, eventualmente reflejo de una cosmovisión tripartita: ¿cie-
los, tierra y submundo?
Entonces, los incas interrumpieron su crecimiento. No fue fácil la
vida del décimo de ellos, Tupac Yupanqui. Su padre, Pachacútec, había
creado un imperio enorme, su nombre era repetido en lejanas monta-
ñas, selvas y a través de los desiertos, millares eran sus soldados, lo
veneraban los sabios por sus sentencias filosóficas, le temían por su
rápida inteligencia, lo admiraban por su alta misión de crear un orden
para todo lo que alguna vez, siglos después, se llamaría Perú, Bolivia y
Ecuador, atravesando sus territorios por los Caminos del Inca, sem-
brándolos de santuarios solares, dándoles más terrazas de cultivos, ca-
nales de regadío, palacios para sus gobernadores.
A Pachacútec se atribuye el trazado de Cuzco y también el de Sacsa-
huamán, esa fortaleza, arsenal y santuario construida a 200 metros
sobre la ciudad que protege. Es una imagen inolvidable, un poder que
se presenta inalterable ante la eternidad, el poder de Pachacútec talla-
do en piedra. A los pies del barrio aristocrático de Cuzco está la Amaru
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Cancha, la Gran Plaza rodeada de palacios donde se celebraban los sols-


ticios, esas grandes festividades a las que eran invitadas las autoridades
de todo el imperio, espacio de gran área para percibir, vivir, atemori-
zarse ante el poder del incario. La plaza rectangular apuntaba al Orien-
te, al Templo del Sol de precisos muros, jardines colgantes y un gran
disco de oro engastado con piedras preciosas y elevado en un torreón,
brillante como el poder de los incas.
Pachacútec sería llamado “el más grande hombre que ha produci-
do la raza aborigen de América”, el creador de un imperio de dos mi-
llones de kilómetros cuadrados, el fundador del mayor imperio de la
América precolombina, el Julio César del Nuevo Mundo.
Genio político, creó fortalezas estratégicas, ciudadelas fortificadas o
pucarás en los que se refugiaban los habitantes en caso de ataques. Los
incas proveían de alimentos a la población a cambio de trabajo para
construir esas ciudades con sus fortalezas. Cada ciudad, y para ello re-
50 quería productos almacenados, era un activo centro ritual que recor-
daba y promovía la pertenencia de los habitantes al imperio, la con-
ciencia de ser súbditos de la capital, Cuzco.
Para donde uno mirara, en esos días grises cuando Pachacútec aban-
donó el mando, nuevas ciudades se alzaban con los mismos rasgos, con
las mismas piedras inmortales que darían larga vida al imperio. Valles
enteros, como el de Cochabamba, se administraban como enormes la-
tifundios centralizados, con colonos de distintas etnias; el ejército,
multirracial, incluía miles de hombres de raza y atuendos variados,
como los cañaris de Ecuador, excelentes guerreros.
Tupac Yupanqui, como hijo, podía estar muy orgulloso de su pa-
dre. Pero ahora, en ese año de 1481 en que asume el poder, debe ini-
ciar su propia historia. Es un general hábil, y muchas de las conquistas
que se atribuyen a Pachacútec se lograron gracias a su brillante desem-
peño en docenas de batallas a las que sobrevivió mientras su padre
permanecía en Cuzco. Pero no sirve eso ahora, debe conquistar nuevas
tierras, ganarse el respeto de una nobleza que lo eligió a él, hijo terce-
ro, en lugar del hijo mayor. El peso de un subcontinente recae en sus
hombros.
Las selvas amazónicas son la tarea pendiente, inconclusa, esas tri-
bus salvajes que impiden la paz en las tierras orientales del imperio,
antropófagos desnudos que parecen estar aliados con las fieras, las ser-
pientes, los insectos, los peces carnívoros que una y otra vez atajaran
los ejércitos incásicos de Pachacútec. Él, Tupac Yupanqui, ganará esa
estrella para el imperio.
Son diez mil soldados los que se embarcan en el gran río Amaru,
acompañados de médicos herbolarios, bien provistos de yerbas antído-
tos de picaduras y mordeduras; él va a la cabeza. Pero las cascadas, los
pantanos, las trampas que los esperan, mientras resuenan hostiles tam-
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

bores día y noche, destruyen a un tercio del ejército y debe ordenar,


humillado, el regreso. Hambrientos, afiebrados, regresan los derrota-
dos a Cuzco, con la cabeza baja.
Los aimaras, en el Lago Titicaca, celebran la noticia y se alzan en
armas para derrotar al derrotado hijo de Pachacútec; pero el ejército
incásico, ahora en tierras conocidas, asciende cuatro mil metros y en
pocos días impone el orden.
Tupac Yupanqui tendrá que buscar otro escenario para recuperar
su imagen. Las regiones de Tarapacá y Antofagasta, muy especialmen-
te su altiplano, ya habían sido influenciadas por el antiguo Imperio de
Tiahuanaco; someterlas no sería mayor honra. Tendrá que atravesar todo
el desierto de Atacama, la barrera hostil y mítica que no conoce el agua
en leguas y leguas, para volverse inmortal; su padre solo había llegado a
su costa. El Sur está por descubrirse, explorarse, conquistarse.
Penetra con su ejército en el Valle de Copayapu, o Copiapó, y los
locales derrotan a los incas. Su furia será ahora conocida, su voluntad 51
implacable, probado su genio militar. Envía entonces a miles de hom-
bres al mando del veterano general Sinchirruca, héroe admirado por
los soldados, con geógrafos, ingenieros y arquitectos, para planificar y
organizar la conquista de todo el territorio, ahora sí. Y finalmente triun-
fan los Hijos del Sol.
Comienzan a avanzar los Caminos del Inca, el imperio crece más
allá de los límites de Pachacútec, Tupac Yupanqui entra a la historia.
Van cayendo los valles, Elqui, Limarí, Choapa, Aconcagua, Mapocho,
Maipo, Cachapoal..., hasta que los detienen los ejércitos mapuche, que
los derrotan. El río Maule será el límite.
Muere en 1493, sin saber que hombres de otras tierras han asoma-
do en este continente, el imperio de su padre ya tiene los días conta-
dos. Entre sus hijos escoge al nuevo Inca, será Huaina Cápac. De voca-
ción mediática, este recorrerá todas las provincias dándose a conocer
en todos los rincones. Luego de avanzar por las alturas andinas, some-
tiendo grupos díscolos, también avanza hacia el Sur. Desde el Maule,
donde se instala ordenando territorios, envía fuerzas al otro lado de los
Andes, planifica la conquista del centro de la futura Argentina. Un
extraño hombre, de piel blanca, de nombre Alejo García, encabeza a
los indios chiriguanas; pero el general Yáskar, al frente del ejército in-
cásico, lo derrota. Inquietos, vuelven a Cuzco.
Huayna Cápac, el colonizador de Chile, fue llamado el Ordenador
del Mundo. Su gobierno de cuarenta años fue el apogeo del Imperio
Incaico; esta región, Chile, en su tiempo fue provincia de una de las
Cuatro Partes del Mundo, el Tawantinsuyo. En el censo imperial apa-
recen Melipilla, Puangue, Pirque, Curacaví...
Con mejores técnicas de irrigación, el hombre pudo llevar canales
más lejos, y establecerse más distante de los cursos naturales del agua.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Los incas, ritualmente, necesitaron un santuario andino. Lo establecie-


ron en el Cerro que domina el valle del Mapocho, el cerro cuyas nieves
generan las aguas del río: El Plomo. El altar exterior se hizo orientado
al Sol naciente, en la posición que sale el día del solsticio de verano,
hacia el 24 de diciembre. En el cerro de Chena levantaron un fuerte de
doble muro, con vista al valle, un fuerte de vanos girados para que
penetrara por ellos el mismo Sol naciente apenas saliera detrás de El
Plomo. Este pukará, hito de la arquitectura inca regional, es levantado
hacia 1490, en los años finales del imperio.
Los incas ordenaron el territorio, con el recorrido del Camino del
Inca marcado por tambos y posadas a distancias regulares; pukarás que
evocan la fortaleza de Sacsahuamán, santuarios de altura que recuer-
dan Machu Picchu. El camino unirá los valles del Maipo y el Mapocho
con las ciudades del Norte –en seis días llegarán los mensajeros a el
Cuzco–, y también atravesará los Andes hacia la Argentina actual.
52 Los incas habían establecido colonias en el valle del Mapocho; en
Lampa, Colina, Maipo y Talagante, siendo Colina lugar principal. Al-
gunos de los tambos, o posadas, subsistirán por años, como el de Meli-
pilla frente a la quebrada de Antelul y Poangue. Para alimentos al paso
se construirán bodegas en Colina, y pucarás o fortalezas en Talagante y
Chena. Levantan sólidos fuertes de piedra en Colina, Lampa y Vitacu-
ra. Había un puente en Pirque, una colonia en Apoquindo. Junto al río
Mapocho, donde los españoles fundarán una ciudad, levantan un Tambo
Mayor que, poco después, aprovechándose de su visibilidad y de la
tierra apisonada y limpia, será la plaza de armas de la urbe futura.
Docenas, miles de hombres, trabajaron en las minas de oro, desde
el valle de Copayapu, en el Norte, hasta el Sur, cerca de la frontera con
los mapuche. Cientos de hombres cultivaron terrazas en el Norte, y
valles en el Centro, para alimentar mineros, chasquis, funcionarios,
soldados, además de los cientos de pastores que les proveían de carne.
La instalación incásica obligó a traer especialistas y también colonos
quechuas y aimaras. Dividieron los incas el país en cuatro provincias,
la más austral del río Maipo al Claro. Hubo dos jefes máximos, Quili-
canta, en el valle de Aconcagua, muy relacionado con la administra-
ción de Cuzco, y Vitacura aquí, en el valle del Mapocho.
Caminos, puentes, hornos metalúrgicos y santuarios marcaron este
territorio, tan querido por Tupac Yupanqui y Huaina Cápac, la provin-
cia del Sur –llamada Collasuyo– que ellos agregaron al fastuoso impe-
rio de Pachacútec. Admiraron sus valles cada vez más anchos y fértiles
en tanto penetraban hacia el Sur, desde Copiapó al Maule, tanto más
suaves que los de las alturas andinas. Aunque la educación de un prín-
cipe no es la mejor para suceder a un gran emperador, habían sido
dignos sucesores, uno como hijo y otro como nieto, y sus ojos vieron
tierras, aves y estrellas que el venerado Pachacútec no pudo imaginar
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

jamás. Tal vez él se habría conformado con que administraran con sen-
satez las tierras del imperio, pero ellos lo habían ampliado en miles de
kilómetros de la larga tierra de Chile.
Trayendo cientos de colonos también dejaron su sangre quechua
en lugares de esta tierra, así como la de otras etnias. Hay lugares –como
Turi en las quebradas de Atacama– donde todavía se habla quechua, y
el país utiliza palabras que ellos trajeron: callampa, cancha, cocaví, con-
cho, chacra, chala, chancar, chasca, chasquilla, chicha, chaya, choclo,
chuchoca, chuño, chupalla, chupe, guano, guata, guacho, huasca, huin-
cha, papa, zapallo y muchas más.
Hay festividades del imperio que aún se celebran, ritos que se repi-
ten, leyendas que se recuerdan, lugares sagrados que se veneran, hom-
bres que todavía esperan la resurrección de Atahualpa, el último Inca,
para que el imperio renazca del olvido y para que el sagrado Hijo del
Sol vuelva a indicar dónde se encuentran los tesoros de las minas de
oro –“las lágrimas del Sol” – , dónde están las tierras más fértiles de la 53
Pachamama, dónde deben trazarse los caminos nuevos, dónde deben
alzarse los santuarios, en qué tutelares montañas, para que los dioses
aumenten sus bendiciones sobre los súbditos del Tahuantinsuyo.
Los incas no alcanzan a fundar ciudades aquí. Ellos no partían fun-
dándolas, sino estableciendo una estructura administrativa que orga-
nizara la productividad agrícola y social, proceso que habría de culmi-
nar, al final, en lo urbano. Estaban listos para ello, cuando llegaron a
Cuzco los hombres blancos y barbudos.
Junto al río Maule, en la célebre batalla de las Lunas, en la que
combatieron los incas contra los mapuche, se habría decidido el límite
del avance incásico. Esta guerra favorecería grandemente a los españo-
les porque, entre incásicos y araucanos, murieron miles de guerreros.
Muchos jóvenes, muchos veteranos, muchos hombres. Huayna Cápac
tuvo cuarenta hijos, y ningún sucesor claro; el imperio pagaría con
sangre la confusión que produjo su muerte el año 1525. ¿Quién debía
ser, Huáscar, Atahualpa, algún otro? En Ambato y Tumetamba, no le-
jos de Quito, chocaron las fuerzas de Huáscar con las de su medio her-
mano Atahualpa, muriendo más de sesenta mil guerreros; luego se
enfrentaron junto al río Apurímac, pereciendo otros miles. Huáscar
sería derrotado finalmente cerca de Cuzco, siendo masacrada la flor y
nata de los ejércitos imperiales cuzqueños, después toda su familia,
cerca de ochenta hijos, concubinas, generales.
Atahualpa tendrá que enfrentar la historia. Por esos días, justo en-
tonces, cuando el imperio vive la peor crisis interna desde su naci-
miento, a fines de 1532, un grupo de españoles desembarca en Tumbes
y avanza hacia el centro. Atahualpa está en unos baños termales, cerca
de Cajamarca, descansando de la feroz guerra. Los célebres Caminos
del Inca, por donde tantas veces corrieran los chasquis para informar
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

de triunfos y conquistas, ahora parecen servir, solamente, para traer


noticias inquietantes. O para que avancen los invasores con más rapi-
dez.
Los jefes de Aconcagua se dividirán ante la llegada de Pedro de
Valdivia; Quilicanta, el incásico, jefe del valle desde Quillota a los lava-
deros de oro en la costa, colaborará con sus hombres en la construc-
ción de Santiago; Michimalonco, local –el único que fuera invitado a
conocer Cuzco– será quien encabece la resistencia y organice la des-
trucción de la ciudad el 11 de septiembre de 1541.
La Región Metropolitana tendrá que hacerse cargo de estos testi-
monios, en especial de la momia de El Plomo y de los pukarás de Che-
na y Paine, deberá invertir en forma importante en sus entornos, en
excavaciones arqueológicas, en el desarrollo de museos adjuntos sobre
el Collasuyo o provincia austral del Imperio de los Incas.
Si las conquistas del Imperio azteca y del Imperio Inca están en-
54 sombrecidas por traiciones y matanzas que no dan brillo a España, el
choque con los mapuche ennoblece a ambos pueblos. Nutre la epope-
ya de Alonso de Ercilla, quien dará a los hispanos un lugar en la histo-
ria épica con La Araucana, tal como la Canción de Rolando de los france-
ses o Las Lusíadas de Camoens de los portugueses.
A La Araucana, obra decisiva en la cultura de España, se refieren
todos los grandes literatos españoles: Miguel de Cervantes, Lope de
Vega, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Quevedo... Quevedo sitúa
su sociedad utópica en Chile y dice a los mapuche que “vosotros solos
os mantenéis en libertad hereditaria y en vuestro coraje se defiende a
la esclavitud la generación americana”; Lope de Vega escribe una obra
donde sitúa la Pasión en la Araucanía, simbolizando a Juan Bautista en
Colo Colo y a Jesucristo en Caupolicán.
Frente a esos fastos se olvida el gran contingente pikunche, decisi-
vo en la construcción de la sociedad mestiza chilena de los siglos XVI y
XVII, logro multiétnico, mestizo, criollo, local. Los llamados “indios
amigos”, y muchos de ellos, participarán en combates contra los ma-
puche. Han sido también olvidados en su perfil histórico; son protago-
nistas en la Guerra de Arauco, combatiendo junto a los españoles en
las batallas, según lo detallan Diego de Rosales y Santiago de Tesillo, en
número que superaba de tres a ocho veces el de los hispanos. También
hubo contingentes mapuches amigos, con asentamientos numerosos
en Santa Bárbara, Santa Juana, Talcamávida, Nacimiento, Yumbel,
Arauco, Hualqui, Isla Mocha.
La verdad es que los españoles llegados aquí fueron pocos y el
mestizaje será intenso, valle tras valle avanzan los jinetes y a su paso
nacerán meses más tarde los mestizos, en Copiapó, Huasco, Elqui, Li-
marí, Choapa, Petorca, Aconcagua y finalmente el Mapocho y el Mai-
po. Alrededor de un 85% de los chilenos somos mestizos, cerca de un
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

8% es indígena, otro 8% europeo y el resto de otras razas. País mesti-


zo, región mestiza.
La ciudad atrajo indios desde el principio, en ella se aceleró el pro-
ceso, incluso hoy día son miles los recién llegados, en estos últimos
veinticinco años, mapuches en Pudahuel, en La Florida, que no se sien-
ten partícipes de los espacios públicos y se concentran en puntos “pro-
pios” como la Quinta Normal o el Cerro Blanco, indígenas de etnias
locales que no tienen museos importantes que los representen, indíge-
nas escasamente estudiados todavía o recién incorporados con la Re-
forma. La Universidad de La Frontera y el PNUD analizaron su Índice de
Desarrollo Humano en distintas regiones y los de la Metropolitana son
los de más alto índice, sus ingresos duplican a los de la Araucanía,
también su nivel educacional... Esta es la región de las oportunidades,
también para ellos, y la acogida debe ser visible de aquí al Bicentena-
rio, es una tarea del Bicentenario recuperar las hebras del tejido social,
el ADN de nuestra sangre, el retrato de la diversidad que corre por nues- 55
tras venas.

LA CIUDAD-COMBO

Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda han sido ejemplos de cómo sus


sociedades han sabido crear una mística del futuro, en naciones que no
tienen gran historia ni grandes patrimonios, pero dándole al pasado un
lugar relevante y común. Mal que mal, por ser naciones de inmigran-
tes, las raíces y el territorio son lo que las hermana a la hora de em-
prender la construcción de ese futuro.
Chile lo ha negado y eso se lee, más que en cualquier otro lugar del
país, en Santiago. Claramente no hay huellas indígenas y está pen-
diente el desarrollo del Cerro Blanco como espacio de encuentro, área
verde, museo de sitio, que sea el gran centro cultural indígena de la
Región Metropolitana; la controvertida escultura de la Plaza de Armas,
incorporada el año 1992, es un muy limitado homenaje.
Ya se sabe que tras la Independencia los patriotas de la ciudad rom-
pieron lazos con España, en un proceso sistemático y demoledor; San-
tiago no se ve hispana, como La Habana, Quito, La Paz o Lima, se borró
la Colonia, se perdió esa identidad. No hay que olvidar que, a media-
dos del siglo XX, por obras en la Alameda y en el centro, se quiso demo-
ler la Iglesia de San Francisco –al final la avenida hizo la curva que
conocemos– y la Casa Colorada, dos de los principales y escasos hitos
de esos siglos.
La ciudad se afrancesó. Con arquitectos especialmente contratados
para modificar la ciudad, maquillarla, enmascararla, hacerla otra. Eli-
minada la de los siglos XVI al XVIII, salvo un puñado de casas y otro de
iglesias, surge un nuevo Santiago; es la aventura de convertirla en el
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

“París americano”. Palacio del Congreso Nacional, Teatro Municipal,


Palacio de los Tribunales de Justicia, además de mansiones privadas o
“palacios” que, en conjunto, lograrán que un viajero se encuentre aquí
con “un trozo de París incrustado en una aldea de indios”. Esto será
suficiente para deslumbrar a los caciques provincianos, o a los jóvenes
más ambiciosos del Norte y del Sur, los que comenzarán, cada vez más,
a abandonar su lugar de origen para radicarse y así “triunfar” en la
capital.
Hay que ver lo que costó afrancesarse, cómo hubo que aprender a
no reírse a carcajadas –ver los trabajos de Maximiliano Salinas– apren-
der a caminar con distinción, cultivar los modales precisos y la palabra
perfecta. Esto lo hará la clase alta y también los de clase media que
aspiren a ser recibidos en las mejores casas de la ciudad. El ambiente
entre indígena y andaluz, ese jolgorio nocturno de Santiago a fines de
la Colonia, corridas de toros incluidas, que se apoderaba de la Plaza de
56 Armas todas las noches y de todas las calles cercanas, es perseguido a lo
largo del siglo XIX hasta alcanzar el discreto encanto, de murmullos y
rumores, asociado con París.
Los que no aprendían debían instalarse fuera del centro, en las
quintas de recreo de Bellavista, o más abajo en La Chimba, o allá por
San Pablo saliendo hacia Valparaíso; en los bordes y periferias, en los
márgenes de la ciudad o fuera de ella, dejando el centro como símbolo
de un nuevo modelo de vida. Y eso siguió en el siglo XX, casi hasta
1930, con los palacios del Centenario de 1910, con la Estación Mapo-
cho y el Palacio de la Bolsa o el Palacio de la Biblioteca Nacional o el del
Club de la Unión.
En ese año de 1930 Smith Solar y Smith Miller ya tienen avanza-
dos los planos del Barrio Cívico, moderno y también riguroso. Pero es
otra seriedad, otra gravedad. Nótese que a su lado lo francés, con sus
capiteles corintios, fierros forjados con curvas elegantes, cornisas y
molduras ornamentales, parecerá algo alegre y juguetón al lado del
peso, casi fascista, en su implacable alineación militar, de las masas
cúbicas del Barrio Cívico que anuncia a América del Sur –a nadie le
importa más allá– que Santiago tiene una tercera identidad visual, una
tercera imagen.
Como sabemos, la nueva cultura, la nueva sociedad, a partir de
1930, deja morir o simplemente demuele el Santiago afrancesado, el
París americano trabajosamente construido a lo largo del siglo que va
de 1830 a 1930, el siglo fundacional de la República de Chile. No es el
lugar para llorar el Palacio Urmeneta, el Palacio Arrieta frente al Muni-
cipal, el Subercaseaux en Ahumada, el Concha Cazotte en la Alameda,
toda esa constelación de monumentales obras que habían redefinido el
Centro, el Centro Poniente de Brasil y Yungay, el Centro Sur Poniente
de Ejército, República y Dieciocho, y que, de la Plaza Italia a la Esta-
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

ción Central y, entre la Alameda y el Mapocho, con algunos hitos muy


importantes en la ribera Norte, habían plasmado el primer sueño de la
República de Chile, la capital soñada por los patriotas.
En esta ciudad volcada al futuro, a partir de 1930 se suceden las
modernidades diferentes, primero las de origen europeo y luego las de
Estados Unidos hasta llegar al mix contemporáneo, a esta Ciudad-Com-
bo que en un solo paquete ofrece varias ciudades, tres en una.
El cambio permanente, la experimentación constante, esa es nues-
tra identidad. Del mismo modo se absorben y suceden las doctrinas
políticas, las modas, las costumbres. Nuestro consumo de diarios y re-
vistas es excepcional en América, hay que estar al día con el cambio,
no perder el compás, saber siempre si hay alguna variación en las re-
glas del juego. Para no equivocarse.
Esto le hace bien a los servicios, Santiago descollará en la región
gracias a este rasgo de su identidad. Por la fascinación tecnológica, a los
cuatro años de inventar Edison la ampolleta eléctrica ya teníamos ilu- 57
minado el Portal Fernández Concha. Salazar y Zegers leen en un diario
que se han descubierto unos rayos X para ver los huesos y a los cuatro
meses –luego de inventar además ampolletas capaces de generar flujos
catódicos– toman la primera radiografía de todas las Américas; esto en
1896, en una ciudad sin red eléctrica y con un revelado en quince
minutos en lugar de la media hora de los Roentgen. Es lo mismo con la
transmisión telefónica, la fabricación de una grabadora en 1878 ape-
nas un año del invento norteamericano...
O la electrometalurgia, novedad en 1917 cuando se inaugura Elec-
metal en la Avenida Vicuña Mackenna, con campesinos reclutados como
obreros, los que miran con horror los hornos, sus rayos azules y relám-
pagos, luminosidades infernales y demoníacas frente a las cuales se
persignan... Pero algo los atrae, fascina, como los ojos de una serpien-
te. No se van, aprenden a ser obreros más rápido que en otras regiones
del subcontinente.
No hemos cambiado, la fascinación por la radio, la TV, los celulares,
los artefactos caseros nuevos que de inmediato arregla cualquier maes-
tro de pueblo sin tener una capacitación adecuada, constituyen un fe-
nómeno de nuestra identidad, como decíamos al principio. No hace
mucho las principales compañías de aviación de EE.UU. escogieron por
su nivel tecnológico al aeropuerto de Pudahuel, como punto de salida
de América del Sur porque, alarmados tras los ataques de las Torres
Gemelas, les brinda una seguridad muy superior. Sus redes informáti-
cas y equipos les permiten detectar delincuentes, drogas, alimentos.
Algo así como la capital tecnológica de América del Sur, eficiente,
equipada, donde todo funciona. La pregunta es la que se hizo la revista
América Economía al destacar el protagonismo de Santiago en la región,
celebrando sus sistemas de comunicación y otros, sus atributos como
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

ciudad ideal para hacer negocios, sus ventajas para que las grandes
transnacionales establezcan aquí sus casas matrices de la región: ¿para
qué?

LA REGIÓN DEL MAIPO

¿Porqué vivimos aquí, en esta Región Metropolitana, hacinados en


unas hectáreas que apenas corresponden al 0,75% de la superficie del
territorio nacional? ¿Y además, concentrados más del 40% de todos
los habitantes del país en torno a una ciudad febril que acapara más del
60% de la actividad económica y más del 80% del movimiento finan-
ciero? ¿Qué tiene esta RM que a todos nos seduce?
Está claro que este Cono Sur de América, poblado por tanto inmi-
grante europeo, no contó con una matriz gestadora de ciudades preco-
lombinas como sí ocurrió en México, Guatemala, Colombia, Ecuador,
58 Perú o Bolivia, con tal equilibrio regional que tenían, además, una
nutrida y dispersa red de aldeas.
Pero en 1865 era Chile uno de los países más urbanizados de la
región, con un 21%. El español y el criollo aprendieron aquí a vivir
puertas adentro, la eterna Guerra de Arauco les enseñó a construir
casonas de gruesos muros y tremendos portones claveteados. Todavía
hoy, es el Cono Sur el que encabeza la lista de los países urbanizados,
primero Chile con un 82%, luego Argentina y a continuación Uru-
guay. Todavía hoy el mundo rural, incluso el de la misma Región, más
parece un telón de fondo, un marco de operaciones, que un ámbito
propio con sus propias leyes.
Los habitantes urbanos quedamos segregados del entorno, cada vez
más, mientras las ciudades crecían en población y extensión: ciudades
planas, de casas con jardines, parrones, huertos, gallineros. Es tiempo
de mirar la Región Metropolitana. Es tiempo de pensar en la RM.
El medio canta en esta ciudad: la Cordillera de los Andes la domina
con sus cumbres, la cadena penetra en la ciudad culminando en el
sólido cerro San Cristóbal, el centro rodea a otro, el Santa Lucía y sus
árboles. A pesar de todo la identidad visual de la ciudad enraíza en la
naturaleza y no en la obra humana, el medioambiente penetra y domi-
na, destaca la geografía más que lo urbano.
¿Somos entonces hombres de la naturaleza los santiaguinos, mon-
tañeses, excursionistas, andinistas o esquiadores?
Apenas algunos, a pesar del paisaje soberbio. Más bien, atávico,
parece subsistir el temor a resbalar de las montañas al mar, que las
montañas revienten una vez más cubriendo nuevamente el valle con
toneladas de piedras y lava, que la tierra se estremezca otra vez por su
ubicación en el Cinturón de Fuego del Pacífico –el cinturón de placas
que chocan, rozan, se estremecen... El santiaguino se encierra en su
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

casa, hace vida entre cuatro paredes, olvida. Llegan los inmigrantes
europeos, suben montañas, acampan en los valles de la precordillera,
sus hijos quedan deslumbrados –campean los apellidos extranjeros entre
zoólogos, ornitólogos, esquiadores–, pero en la tercera generación ya
estamos domesticados y nos rendimos ante una naturaleza que avasa-
lla, abruma.
Le Corbusier, con su ojo siempre lúcido, lo denunció: “con tal pai-
saje, esta ciudad está condenada a ser una nota a pie de estos dos ce-
rros...”.
En Buenos Aires reina la ciudad sobre la pampa monótona. En
Santiago reina la montaña sobre una ciudad que todavía no aprende a
dialogar con formas de una escala tan monumental, escala de dioses
más que de hombres.
¿Quién podría culparnos de enmudecer frente a esos dioses tutela-
res de los indígenas atemorizados? ¿Quién podría culparnos de no sa-
ber amaestrar tales oponentes? Recién ahora estamos descubriendo el 59
valor de la sumisión, de la adaptación, el camino asiático para dialogar
con la naturaleza inclinándose ante su fuerza, y no como el europeo
que la doblega.
Más encima la mancha de la ciudad es atravesada por el curso flu-
vial del Mapocho que, de tanto en tanto, arrastra masas pétreas, are-
nas, sedimentos, sube de nivel y divide la urbe. Para no olvidar la mon-
taña, que así penetra, de piedra en piedra, por el cauce. O lo hacía
hasta que la Costanera Norte, modelo europeo para doblegar la natu-
raleza, ingeniería italiana, transformó el río en una gran canaleta arti-
ficial.
No nos adaptamos todavía. Por el encierro, la vida puertas adentro,
desconocemos el nombre de los árboles, el vuelo de las aves, el perfil
de los cerros... El santiaguino no se encuentra con la naturaleza, toda-
vía. Desconocemos el medio ambiente, que se cuida solo o se descuida.
Melipilla, Talagante, Curacaví, Tiltil, San José de Maipo parecen perte-
necer a otro espacio-tiempo.
Es la ciudad como útero, la visión egipcia, el lugar cálido y seguro,
protegido, frente a lo incontrolable de la naturaleza. Pero no se puede
olvidar este entorno que se cuela por los ojos en las mañanas, en los
sueños de noche; cómo no se va a padecer de melancolía, de caídas
constantes en el alcohol, de desesperanza, falta de planes a largo plazo.
Primero necesitó el hombre encontrar su lugar. A falta de arraigo y
pertenencia se identificó con el héroe del no lugar: el patiperro. A falta
de centro se identificó con el margen, la periferia: el derrotado. A falta
de grandeza en la mirada renunció al monumento, a la amplia pers-
pectiva, se refugió en lo opuesto: el rincón.
Chileno: patiperro, derrotado, arrinconado. Era la norma, la iden-
tidad, y la ciudad se hizo a su imagen y semejanza. Léase El roto (1920),
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

El Ñato Eloy (1957), Vidas mínimas (1923), Juana Lucero (1902), La viu-
da del conventillo (1930)1, y verá que en ese dolor, en medio de todo ese
dolor, la naturaleza careció de seres fuertes que la protegieran –los que
hubo carecieron de seguidores o les aserrucharon el piso– o de aman-
tes que la cuidaran –extranjeros casi todos, extravagantes para el ojo
local, solitarios. Así se contaminó la tierra, el aire, el suelo, el agua, la
basura se acumuló en todos los rincones.
Solo ahora, en estos últimos treinta años, estamos aprendiendo a
mirar. Solo ahora es tiempo de pasar, recién, de la ciudad anarquista,
sin gobierno y acostumbrada a no tenerlo, a la ciudad como proyecto y
tarea. La ciudad región que se inserta, incorpora el territorio de la Región
para que su futuro sea sustentable. Requería un Gobierno Regional...

DIEGO DE ALMAGRO

60 Escribió Flaubert que “cuando los dioses ya no existían y Cristo no


había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta
Marco Aurelio, en que solo estuvo el hombre”. Ese mismo espacio de
tiempo se vivirá en América cuando la llegada de los europeos derribe
los viejos dioses americanos y, antes de implantar su obra los misione-
ros, solo existieron los hombres. Fue la hora de los conquistadores, la
de Cortés, Almagro y Pizarro.
Hernán Cortés, conquistador del imperio mexica, era de tierra seca y
dura; la Extremadura. En el Sur de España sus ancestros también debie-
ron endurecerse, por siglos de dominio árabe. Cortés es uno de los des-
lumbrados por el oro de las Indias y la riqueza de su flora y fauna.
Está listo, pero poco antes de zarpar, trepando el muro de una es-
posa infiel, cae la pared y con ella, la pierna herida. Zarpará un año
después, en 1504. Se enrola en una expedición a Panamá, tierra de
oro, pero una enfermedad sexual, por sus relaciones con mujeres indí-
genas ya contagiadas por españoles, lo deja en cama. Oye que otros de
Extremadura están haciendo historia, como Vasco Núñez de Balboa,
que acaba de descubrir el Mar del Sur, el Océano Pacífico. También
Francisco Pizarro que lo secunda. En 1519 zarpa hacia México con
quinientos ocho soldados, cien marineros, dieciséis caballos y diez ca-
ñones de bronce. Tiene treinta y cuatro años de edad. Corre el mes de
febrero, en el de noviembre ya estará contemplando la capital azteca,
Tenochtitlán, la ciudad del lago, surcada de canales, colmada de jardi-
nes, la más grande y hermosa que han contemplado sus ojos. Caído

1 Estas novelas fueron escritas por los siguientes escritores chilenos: El roto, Joaquín
Edwards Bello (1887-1968); El ñato Eloy, Carlos Droguet (1912-1996); Vidas míni-
mas, José Santos González Vera (1897-1970); Juana Lucero, Augusto D’Halmar
(1882-1950) y La viuda del conventillo, Alberto Romero (1896-1981).
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

Moctezuma, herido de muerte por un mexica que se siente traicionado


por la actitud vacilante del emperador ante los extraños, Cortés inicia-
rá la guerra de conquista.
La conquista del Imperio de los incas se planificó en Panamá, entre
Diego de Almagro, Francisco Pizarro y el fraile Hernando de Luque,
acordando dividir sus riquezas en tercios iguales. La empresa se llamó
Compañía del Sur y se fundó en 1524. No había mapas entonces y
escasos los informes de los exploradores, pero la riqueza del “Pirú” era
célebre. Los dos socios civiles, demasiado diferentes ostentan iguales
grados de capitanes generales; pero Almagro cuenta con el respaldo
del gobernador de Panamá, situación que Pizarro no soporta. Tres via-
jes costeros y casi diez años tarda la empresa, mientras se acrecientan
las tensiones.
Pizarro es violento, cruel, intrigante. Es quien ha dejado, como una
roja estela, el mayor caudal para alimentar “la leyenda negra” de la
conquista española. No así Almagro, recio castellano nacido, como el 61
Quijote, en un lugar de La Mancha. Este lugar de Castilla, suerte de
embudo geográfico que los árabes debían atravesar para sus incursio-
nes hacia el Norte, fue escenario de cientos de choques entre cristianos
y musulmanes. Los castellanos también, como los extremeños, debie-
ron aprender a vivir combatiendo, a endurecerse tanto como su seca
meseta volcánica, y de ahí que Miguel de Cervantes lo eligiera para
hacer nacer al Quijote. Tiene resonancias heroicas, era un lugar de
milagros, y de ahí la aldea que se llamó Al-Milagro, o Almagro, que
tiene una de las plazas más hermosas de España entre sus calles de
blancas casas.
Allí nació Diego de Almagro, en 1479. Creció en el abandono, se-
gún algunos historiadores, por ser hijo de un fraile, Hernando de Lu-
que, el que más tarde sería su socio en la conquista de América del Sur.
Pero no guardó mal recuerdo, allí haría construir un bellísimo templo,
el de la Madre de Dios. Cuando decidió huir, su madre le dio unos
pesos y unos pedazos de pan; para que no volviera.
En 1514 zarpó al Nuevo Mundo, llegó a Panamá, a las playas blan-
cas de aguas tibias, donde se bañaría todos los días, extasiado. Ahí se
forjó su sociedad con Pizarro. Almagro es resuelto, vital, inteligente,
animoso; Pizarro, desconfiado y taciturno, decide hacer uso de ese ca-
rácter del que carecía su socio. También los une el hecho de ser bastar-
dos y de los españoles más pobres del lugar. Algo quedará por descu-
brir y conquistar, algo que les compense la mala partida, el destino de
perdedores que parecen tener. Los dos son valientes.
Oyen hablar del Océano Pacífico, de que navegando al Sur hay
otras tierras, ricas en oro. Almagro se deslumbra con una belleza local,
princesa hija de cacique, la hace su amante y con ella tiene a su hijo
Diego el Mozo; dicen que esto a Pizarro le dio mucha envidia. Los años
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

de Panamá les sirvieron para hacer fortuna, conocer el Nuevo Mundo,


prepararse para un mejor futuro.
El año 1524, cuando Almagro tiene cuarenta y cinco años, está
listo. Parten los socios hacia el Sur, en barcos separados. No se encon-
trarán, Pizarro pasa peligros, hambres, hasta que retorna; Almagro tam-
bién. El primero propone desistir, ya se siente viejo; pero, Almagro,
como siempre, confía. Por lo mismo es nombrado Capitán General de
la segunda expedición, lo que irrita a Pizarro. Almagro lo calma, le
confía la mitad de las fuerzas: el fraile Luque divide, en la misa de
despedida, una hostia en tres partes y comulgan en conjunto. Pero el
rencoroso Pizarro no olvidará, resiente ir de segundón.
Nuevamente asediado por fieras, insectos, indígenas y hambre, Al-
magro retorna a Panamá en busca de recursos y ordena al piloto Barto-
lomé Ruiz seguir al Sur; este cruza la línea del Ecuador, es el primero,
y observa en el cielo estrellas hasta entonces desconocidas; se encuen-
62 tra con una nave indígena, gran balsa con velamen de mercaderes,
con caracolas rojas, mantas coloridas, cántaros y también oro y plata.
Uno de sus indios, bautizado Felipillo, será el célebre traidor de Ata-
hualpa y también de Almagro. Les habla de Cuzco, de un imperio en
las montañas.
Almagro se queda en Panamá para conseguir hombres –restan
doce...–, armas y dinero. Pizarro sigue al Sur donde llegará a la ciudad
de Tumbes, al fin una gran ciudad del Imperio de los incas. Regresa a
Panamá con esas noticias. Faltos de fondos deciden que Pizarro vuelva
a España, donde traiciona finalmente a Almagro.
Obtiene del rey los cargos de Gobernador, Justicia Mayor y Capitán
General del Perú si lo conquistaba, además del título de Caballero de la
Orden de Santiago y un sueldo mensual. Para Almagro, el miserable
cargo de Gobernador de Tumbes y medio salario. Pizarro viene con
cuatro hermanos, encabeza una secta. El gobernador, para hacer algo
de justicia, promete obtener para Almagro el título de Gobernador del
territorio que quedaba más al Sur del Perú.
Carlos V, sobrecogido con las riquezas de aquel territorio, confirma
a Pizarro como Gobernador del Perú y a Almagro, con igual rango, de
las tierras que seguían por doscientas leguas al Sur, la “Nueva Toledo”.
Pero, la ciudad límite entre ambos, Cuzco, ¿a quién pertenecía? Casi
estalla la guerra civil. Almagro, hombre de acción, caudillo de soldados
y poco dado a las contiendas políticas, parte a conocer su gobernación;
tal vez encontrará otro Cuzco.
Ya tiene merced de hidalgo, título de mariscal, merced de adelanta-
do, una vasta gobernación. Es riquísimo y gasta en la empresa la fabu-
losa suma de un millón y medio de pesos oro, más que el tesoro de
Atahualpa. La conquista de Chile es la expedición más lujosa en la
historia de América del Sur.
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

Cabalga junto a una bellísima negra “de alta grupa”, Malgarida, la


primera mujer no india que pisa tierra de Chile. También lo acompañan
el Sumo Sacerdote del Sol y un miembro de la familia real, Paullo, que
se encargarán de que sea bien recibido en el Sur del imperio incásico.
Viene con quinientos europeos, miles de indígenas, trescientos caballos.
Pero la suerte, que siempre jugó a su favor, ahora lo abandona. El
viaje fue largo y mortal, por altas montañas y desiertos y, aunque oro
había, y Almagro planeó quedarse en el valle de Aconcagua, sus hom-
bres se decepcionaron por la falta de tesoros. Transitan por Copiapó,
los valles de Elqui y Aconcagua, Lampa y Quilicura, Tobalaba y Pomai-
re, Rapel y Quinchamalí... Envía hombres para que se asomen más al
Sur, planea fundar dos ciudades, bautiza Valparaíso levantando vivien-
das en sus cercanías.
Los incas, al ver profanados sus templos, robados sus tesoros y vio-
ladas las vírgenes del Sol, se alzaron. Sitian Cuzco por meses, murien-
do uno de los hermanos Pizarro. Almagro, advertido, regresa y ataca al 63
ejército inca por su retaguardia, logra la liberación de Cuzco. Pero se
reinicia la contienda entre Almagro y los Pizarro. Estos, con más hom-
bres, lo derrotan en la batalla de Las Salinas, en 1538, sentenciándolo
a muerte. Uno de los hermanos Pizarro, Hernando, lo estranguló con
una cuerda. Tres años después, el joven hijo de Almagro, Diego el Mozo,
se encarga de cobrar venganza. Con seguidores, apuñala a Francisco
Pizarro.
De haberse quedado Almagro en Chile, muy posiblemente la capi-
tal estaría en el valle de Aconcagua, en las cercanías de San Felipe
donde confluyen tres valles. Hijo de la dura tierra castellana se había
enamorado del cielo del lugar, de las anchas riberas y llanuras de este
río. Un clima dulce, sin los insectos ni fieras de las tierras que ya cruza-
ra en el continente; una agricultura próspera y extensos canales de
regadío; cercanas minas de oro y la soberbia vista de la Cordillera de los
Andes con sus cumbres de seis mil metros. Era una tierra soñada. Tie-
ne cincuenta y siete años cuando deja Chile, un viejo para la época, y
sabe que en Cuzco se jugará la vida. Como Moisés verá la Tierra Pro-
metida pero no le será dado afincarse en ella; no regresará a Chile. En
su retina maravillada quedarán el valle de Aconcagua, la bahía de Val-
paraíso y la que hoy ocupa San Antonio, el río y el valle del Maipo, las
ricas tierras que lo impresionan en la zona de Melipilla, el valle del
Mapocho donde cruzó el lugar que hoy ocupa la ciudad para subir a
Colina, Chacabuco y regresar al Norte.
Hablará bien de Chile en Cuzco, dejará un reguero esperanzado en
muchos, los que luego vendrán con Valdivia. Como Pizarro se ha que-
dado con un millón de pesos oro que le corresponden, se los deja en
herencia... al rey. Este, paciente, lo cobrará. Los Pizarro le han quitado
la gloria, lo han borrado de la conquista del Perú, le impidieron ser el
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

conquistador de Chile por regresar a defender Cuzco, lo dejaron casi


fuera de la historia pero tendrán que pagar donde más les duele, en oro.
Diego de Almagro, esforzado bastardo, es el primer protagonista
europeo en esta región.

HABITAR UNA CUENCA

El 10% de la población mundial vive en el entorno de volcanes; de ahí


somos. Enormes piedras nos sorprenden en medio del llano, nos re-
cuerdan su origen, están listas para seguir retumbando con el próximo
sismo. Las más pequeñas, con paciencia, son apiladas por el campesino
en pircas que humanizan el paisaje al igual que los álamos.
Piedritas y árboles ordenados contra el paisaje inmenso.
El brutal desnivel de seis mil metros entre cordillera y mar nos deja
atónitos, en medio de un choque geológico. Habitantes de un valle
64 tajeado y erosionado por la montaña y sus ríos, somos casi un obstácu-
lo. Pisamos sobre cuatrocientos metros de relleno, arriba y muy lejos
de la roca madre, del piso originario que quedó cubierto allá abajo
hace millones de años. Alguna vez el océano golpeó incesante los ce-
rros del Arrayán, nuestro valle era submarino. Por suerte fue cubierto
por las erupciones, una y otra vez. Así el agua pudo reptar más alto,
sortear la cordillera de la costa, llegar al mar. Si no, habría quedado el
llano del Mapocho transformado en un gran lago.
Casi fuimos fondo de mar, casi fondo de lago. Habitamos entonces
en el reino de lo transitorio, de lo provisorio, “lo que agobia a aquellos
que quieren la quietud”, reflexiona Astaburuaga, irónico, en su último
libro: Morfología de Chile y sus ciudades.
Cada solar urbano creó su pequeña agricultura. La casa-huerto
impera hasta hoy, afinca la ciudad en el valle agrícola, le consume hec-
táreas extensas, crea un modo de vivir que fusiona viviendas y planta-
ciones; no pueden separarse todavía.
Europa y Estados Unidos se desarrollaron a costa de graves daños
a su medio ambiente, en especial entre 1850 y 1950. El desafío que
enfrentan los países en desarrollo es mucho mayor. Por una parte so-
mos actores de una época más consciente de las contaminaciones del
medio; por otra, la economía global nos presiona y exige producir de
acuerdo a estándares mucho más exigentes que los que ellos vivieron
en su época de maduración. Tal fue la “ventaja” de esas economías
que, para algunos autores, la distancia es insalvable. Jamás, con la
nueva cultura ambientalista, nuestros países podrían alcanzar a los
del “primer mundo”.
La máxima presión sobre el ambiente se alcanza en economías que
logran llegar a una renta per cápita de cinco mil dólares anuales; esos
países alcanzaron esa meta antes de imponerse las restricciones. Chile
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

lo ha alcanzado, dificultosamente, en estas décadas de auge de las exi-


gencias.
La pobreza contamina y Santiago contaba en 1985 con cientos de
miles de pobres; la pobreza tala árboles y arbustos para obtener energía
y Santiago carecía en gran parte del siglo XX de redes suficientes de
electricidad y gas; los vehículos antiguos y baratos contaminan y la
ciudad estaba copada de ellos, tanto particulares como del transporte
público; la pobreza impide contratar suficientes fiscalizadores y así la
ciudad padeció y padece de agresiones a suelos, aguas y aire sin que
puedan ser sancionados los responsables...
Siempre hubo núcleos y vanguardias atentos a la destrucción del
medio ambiente. La denunciaron en el siglo XIX cuando la minería taló
las regiones III y IV casi completas, y también cuando la colonización
del Sur incendió intencionalmente millones de hectáreas de bosques
nativos. La sociedad, en cambio, ha sido lenta en su formación am-
biental y ahora esta le llega desde fuera, como presión, tanto y más 65
rápido, que por evolución del país. Y de mano de la utopía ecológica,
aspirante al control total de las emisiones y descargas, el reencanta-
miento por la naturaleza, incluso amenazador por la visión de una
inminente catástrofe si el mundo no modifica el rumbo.
Hoy tenemos más conciencia; enfrentamos el desafío de habitar la
cuenca de Santiago, la primera viniendo desde los desiertos del Norte,
del fértil Valle Central de Chile. Una cuenca que, cerrada hacia el Norte
por los cerros de Chacabuco, extendida entre la Cordillera de los Andes
y la Cordillera de la Costa, avanza hacia el Sur hasta Angostura entre
los cerros de Paine. Ahí, como lo viera Pedro de Valdivia, continúa el
Valle Central por miles de kilómetros, uno de los tres mejores ambien-
tes humanos en torno al Océano Pacífico.
Dos ríos determinaron el asentamiento: el Mapocho y el Maipo.
Al Oriente es espectacular la altura de la Cordillera de los Andes,
uno de los tramos más altos de toda Sudamérica, la que aquí se eleva
más de seis mil metros en el Tupungato. El volcán Maipo y el San José
recuerdan el origen volcánico de sus suelos, de cuando la cuenca fue
cubierta por erupciones hace ciento ochenta millones de años quedan-
do a la vista apenas el cono de altas cumbres: Manquehue y Tupahue,
Huelén y Chena.
La cordillera se vive en Farellones y La Disputada, la precordillera
en el Cajón del Maipo, El Arrayán, los nuevos barrios: Santiago es una
capital andina.
Todos los ambientes se encuentran en la cuenca de Santiago; el
seco Norte desértico habla en Batuco y Peldehue, Lampa y Polpaico,
Til-Til y Rungue; la fertilidad soleada del Chile central se encuentra
hacia la costa por Curacaví y hasta Melipilla pasando por Malloco, Pe-
ñaflor y Pomaire, antiguos poblados de casonas coloniales que se de-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

fienden con arboledas y flores de la pluma en su largo verano; la re-


gión dialoga con el paisaje del Sur en Buin, Nos, Maipo y Linderos,
Paine y Hospital hasta llegar a la Angostura de Paine.
La Metropolitana es una región universal, diversa.
Precipitaciones, inundaciones, aluviones y sequías, los agentes más
diversos se encuentran aquí inquietando a sus habitantes cuando apa-
recen, pero a los pocos días olvidándolo todo.
¿Subsistirán las tierras agrícolas, o toda la cuenca de Santiago será
la Gran Ciudad? ¿Cuidaremos las tierras del Poniente y el Sur, habi-
tando el Oriente y el Norte? ¿Viviremos, por tren rápido, en la Quinta
Región, Viña y Cartagena o, en la precordillera miraremos desde terra-
zas los cultivos del valle? ¿Tendremos parques ribereños y aguas puri-
ficadas, y torres residenciales con vista al Mapocho y al Canal San Car-
los que lo une al río Maipo?
Millones de años fueron necesarios para definir los valles, sus cuen-
66 cas, que los ríos lograran cruzar la Cordillera de la Costa sobre lo que
antes fuera fondo marino. Violento fue el movimiento de las placas
hasta conformar este territorio, acción que nos transformó en hijos del
Cinturón de Fuego del Pacífico, franja geológica que nos une, sísmica-
mente, a Lima, Quito, Santafé de Bogotá, Antigua en Guatemala, San
Francisco de California, todas ciudades que, golpe a golpe, aprenderían
a construir viviendas cada vez más sólidas. Esta es una historia viva,
siempre presente por la presión de la placa marina que siglo en siglo se
reacomoda y nos remece.
El nacimiento de la Cordillera de los Andes no solo formó el paisa-
je; los suelos resultantes, tan determinantes de la agricultura y de la
ubicación de los centros urbanos, también fueron causa del nacimien-
to de centros mineros como San José de Maipo, Til-Til o Lampa, im-
portantes por su riqueza durante la Colonia. La sección Norte de la
cuenca es más baja y menos fértil porque no recibió el material volcá-
nico que cubrió la privilegiada sección Sur. Glaciares y ríos rellenaron
en parte la depresión, elevando su suelo.
El agua también es un personaje. Su manejo determina el dónde
vivieron los pikunches, la llegada de ingenieros hidráulicos incásicos
permitió crear centros urbanos más distantes de los cursos de agua, los
españoles expandieron una canalización aún mayor aumentando las
superficies de los cultivos. No hay reconocimiento, se nos olvida el rol
de las altas cumbres que allá almacenan nieves que nos riegan en vera-
no; el volcán Maipo alimenta al Maipo, el cerro El Plomo al Mapocho,
el Tupungato al río Colorado. De no ser tan elevadas las montañas en
verano no tendríamos agua, solo la acumulada en las lagunas.
La Región Metropolitana es una región andina. Está enmarcada
por la Cordillera de los Andes, por dos brazos de la misma cordillera
–cordón de Chacabuco por el Norte, cerros de Paine por el Sur– y por
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

la Cordillera de la Costa. Son cordilleras y cerros explorados desde siem-


pre porque en ellos se acumulan de preferencia los yacimientos mine-
rales de Chile. También aquí se han encontrado. Los Andes son la espi-
na dorsal del continente americano, la Cordillera de los Andes nos une
a América. En cambio, la Cordillera de la Costa es chilena, no se pro-
longa más allá de Arica.
Habitamos la Depresión Intermedia, espacio y concavidad que quedó
en medio de las dos cordilleras y que, en distintas edades, surgió del
fondo del mar. Vivimos entre cordilleras. Las cordilleras son la estruc-
tura de nuestro espacio, ahora último se han habilitado senderos de
penetración para que los habitantes conozcamos, finalmente, la matriz
de nuestra Región.
En los días transparentes el aire sobre la cordillera produce una luz
fría, precisa, pulida por los vientos, la que impresiona a los pintores
contemporáneos. En el valle, con menos vientos y lluvias, con polvo
en suspensión, la luz se hace más amarilla y sólida, una presencia en el 67
espacio, la que deslumbró a los pintores de principios del siglo XX, los
primeros del paisaje regional.
Vivimos en la cuenca de Santiago, valle de clima privilegiado entre
los valles del mundo. Con un clima templado protegido de los vientos,
una estación seca prolongada, un invierno poco lluvioso que llega con
las nubes del trópico que aseguran una vegetación permanente en las
quebradas y laderas sombrías que miran al Sur.
Las aguas del río Maipo dan albergue, riego y sustento a San José
de Maipo, Pirque, Buin, Puente Alto, Paine y Melipilla, rosario de ciu-
dades de excelente calidad de vida, de buenas tierras y frondosa vege-
tación. Por su parte, el Mapocho permite el nacimiento de centros his-
tóricos relevantes en sus riberas, de óptima calidad ambiental, como
Peñaflor o Talagante.
Hay un sistema fluvial natural, también cuencas lacustres y, ade-
más, obras de regadío trazadas con esfuerzo a lo largo de los siglos,
para concluir con las grandes centrales hidroeléctricas que aprovechan
la unión de la pendiente de las montañas con el agua que baja de ella
para generar energía.
La cuenca de Santiago, entre las cuencas del Aconcagua y del Ca-
chapoal, debiera llamarse la cuenca del Maipo, su río principal. Vivi-
mos en la hoya hidrográfica del río Maipo, del que el Mapocho es solo
un brazo afluente. Maipo arriba se encajonaron valles, con morrenas
glaciares, y se formaron lagunas como la Negra que hasta hoy es prin-
cipal fuente natural de agua potable de la cuenca.
Los habitantes de la Región Metropolitana pisamos sedimentos gla-
ciales y bebemos agua de nieve. Después del estallido de la cordillera,
hace millones de años, los ríos Maipo y Mapocho debieron luchar mi-
lenios para abrirse camino entre toneladas de material volcánico. Avan-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

zan, caen, se precipitan los cursos de agua erosionando riberas, arras-


trando piedras, barro.
Por su velocidad, y como el suelo es un plano inclinado hacia el
mar, el limo vegetal, valioso, tiende a ser arrastrado hacia el océano. El
agua debe ser administrada, cautelada.
Durante los siglos de hielos, la selva valdiviana, con sus grandes
árboles, avanzó hacia el Norte dominando la cuenca de Santiago y aún
más allá, hasta el Norte Chico; luego comenzó a retroceder y desde el
Norte avanzó el matorral mediterráneo. La vegetación fue creciendo
en las laderas de los cerros, se hizo espesa en sus quebradas, se alineó a
lo largo de los ríos.
En la cuenca de Santiago conviven el Norte y el Sur, la sequedad y
la humedad, la flora mediterránea y la flora austral. En la precordillera
andina deambuló el puma, más arriba el guanaco, el huemul, aún más
arriba el pesado cóndor. Al otro lado, al poniente costino, el zorro cul-
68 peo es el protagonista.
El habitante de la Región no sabe lo que era el espectáculo de la
ceja precordillerana toda arbolada, antes de que la tala para leña, los
rebaños de cabras y los carboneros desnudaran los cerros. Como tam-
poco sabe que los fértiles jardines de Santiago al Sur son de obra hu-
mana, que ahí el español solo encontró pedregales y polvaredas. El
hombre ha ido tejiendo una historia vegetacional, de logros y pérdidas;
ahora se proyecta reforestar los cerros a partir de la cota 1.000 y trazar
ahí una carretera de circunvalación de piedemonte sobre el valle, con
miradores turísticos; otro proyecto, el Sendero de Chile, para cami-
nantes, jinetes, ciclistas, permitirá un paseo a media altura de los ce-
rros, entre arboledas y con la vista completa de las cuencas del Mapo-
cho y del Maipo, sendero que está atravesando toda la región de Norte
a Sur y que ya tiene tramos habilitados.
Un clima mediterráneo: temperatura media, lluvias y nieves. Tal
como en torno al antiguo Mediterráneo, en el “nuevo” Océano Pacífi-
co hay zonas óptimas de clima equilibrado, para la vida humana: el
valle de California, el Sur de Australia, y el Valle Central de Chile.
Por la Cordillera de la Costa, biombo climático, barrera natural frente
a los vientos marinos, el clima interior de las cuencas es más seco y
cálido que junto al mar. Las lluvias invernales permiten una primavera
de pastos verdes y continuos y la aparición de flores por miles en diver-
sos colores: el verano las seca, el paisaje se hace amarillo contra los
verdes árboles, y el otoño toma el color de la tierra.
Es lo que admiró el hombre que llegó hace 12.000 años, el cazador
de caballos, de cérvidos, de camélidos, de zorros, de fauna de piel grue-
sa formada en la Edad de los Hielos. Y de patos, torcazas, perdices.
Llegaron aquí los sobrevivientes de la emigración milenaria de Asia,
aquí hasta el fondo del continente; a refugiarse en aleros de la precor-
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

dillera, en “abrigos” de altura, siguiendo la fauna. Encontró este hom-


bre un Norte de la región áspero, de pedregales, cubierto de espinos,
algarrobos y pimientos; encontró cipreses en los cerros de la precordi-
llera; también quebradas sombrías de canelos y maitenes y laderas Sur
cubiertas de árboles crecidos; encontró palquis y pataguas en el Cajón
del Maipo y, más arriba, el olivillo soportando el viento.

“UN PUEBLO COMO EL CUZCO”

Habitar esta región es una empresa marcada por un desafío ético. Pe-
dro de Valdivia ya lo establece en sus cartas al explicar que, frente a la
realidad local, lo importante es el esfuerzo sin desmayo, la inventiva
ante la falta de recursos, la resistencia ante la adversidad. Las dificulta-
des del territorio humanizan la conquista de Chile.
Jerónimo de Vivar, el segundo autor de una “imagen país”, el pri-
mero en hacer marketing para atraer pobladores, no ofrece oro ni for- 69
tuna; es él quien reconoce que aquí las batallas no son para apoderarse
de ricas ciudades y sus tesoros, sino por una cosecha de papas, cebollas,
maíz. Él mismo no ensalza a Valdivia como estratega, sino por su soli-
daridad hacia los más débiles, y es por ello que escribe que aquí hacen
falta hombres de “la estatura y valía moral de Valdivia”.
González Marmolejo, en su pionera historia de Chile, también en-
fatiza este aspecto, destacando a quienes están a la altura de ese desa-
fío, como Rodrigo de Quiroga, y criticando a los advenedizos viciosos
que degradan la misión.
Por entonces, de los mapuche se dice lo mismo que se espera de los
conquistadores: sacrificados, sobrios, voluntariosos, capaces de esfuer-
zos heroicos, patriotas, serenos ante el desastre, con sentido del orden,
respeto por el derecho, acatamiento de la jerarquía...
Para muchos autores, estos adjetivos son signo de toda la historia
de Chile, y de la cultura chilena; es lo que Gabriela Mistral llamará la
“voluntad de ser”.
El desafío es transformar con las manos la naturaleza chilena, la
“mal infamada” tierra de Chile, para –en la visión de Valdivia– hacer de
ella el mejor pedazo de tierra que hay en el mundo. Esta hazaña való-
rica, escribe Lucía Invernizzi, que tan tempranamente perfila la histo-
ria de Chile, se ha negado o disminuido para dar relieve a los hechos de
las guerras, dándose énfasis al choque de las armas, a la diferencia, y
no a la temprana gesta común de signo moral.
A este país se vino a trabajar, no a recoger oro ni prebendas. Es un
escenario de esfuerzos para crear una comunidad, lo que muy dificul-
tosamente se hace en los siglos XVI y XVII. Tales son las dificultades para
el español que el hambre, por ejemplo, hace que muchos, clandestina-
mente, intercambien con los indígenas armas por comida. Ni los centi-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

nelas se salvan de esta costumbre que fortaleció a las tropas mapuche y


pikunche.
Valdivia, como Almagro, era hombre de acción. A la hora de orga-
nizar el territorio fundando ciudades tuvo claro el principio fundamen-
tal: había que crear rápidamente una ruta rápida y directa hacia Espa-
ña –un fast track–, saltándose la burocracia limeña y sus poderes, los
impuestos que incluso encarecerían las importaciones. Para tener vida
propia y ser territorio independiente en lo administrativo debía avanzar
hacia el Sur, hasta el Estrecho, manejarlo, controlar el paso entre los dos
grandes océanos, el Atlántico y el Pacífico, crear una ruta propia para
navegar a Europa. Por lo tanto, hay que jalonar el territorio con ciuda-
des en esa dirección, hacia el Sur. Será una nación austral... Le escribe, al
rey Felipe en 1552, que allá en el Estrecho de Magallanes construirá una
fortaleza “para que ningún adversario entre ni salga sin licencia”.
Como dice Jaime Garretón en El urbanismo en Chile, ”queda claro
70 que el triángulo comprendido entre las ciudades de La Imperial, Villa-
rrica y Valdivia era el territorio que el gobernador había decidido esco-
ger como la base del país”. Allá estaría su núcleo, su corazón, así como
Almagro lo viera en el valle de Aconcagua.
Dijo que venía a “dejar memoria”, es decir, a fundar ciudades, de-
jar imágenes perdurables. No será fácil, por la topografía. Como calcula
el historiador Encina en esos años se tardaba, de Concepción a Santia-
go, ocho a treinta días por tierra; de La Serena a Santiago diez días; de
Concepción a La Imperial cinco días; de La Imperial a Osorno tres días;
de Valparaíso a Santiago, dos días.
Chile nace como Gobernación de Nueva Extremadura, y con lími-
tes en el valle del Copiapó, paralelo 27, por el Norte; al Sur en el paralelo
41 en el Lago Llanquihue, y seiscientos kilómetros desde el Océano Pa-
cífico hacia el Oeste, penetrando ampliamente más allá de la Cordillera
de los Andes, lo que confirma Carlos V el 31 de mayo de 1552.
Pedro de Valdivia solicita, con su intuición, en carta donde “muy
humillante suplico”, quedarse con derechos hasta el Estrecho, forman-
do un Cono Sur, lo que el emperador le acepta en 1554 para que se
extienda hasta el Estrecho de Magallanes, quitándole tierra a Francisco
de Camargo, quien había recibido la “Gobernación del Estrecho”. Más
al Sur estará la Gobernación de Terra Australis concedida a Pero San-
cho de la Hoz en 1539.
Nadie respetará mucho los límites al explorar, desde el principio.
Diego de Almagro debía bajar sólo hasta Taltal, pero avanza mucho
más al Sur en la Gobernación de Nueva Andalucía asignada a Pedro de
Mendoza; este, al otro lado, funda el puerto de Santa María de Buenos
Aires en la zona de Almagro (que iba desde el grado 14.03 al 25.31).
Valdivia entra por La Serena, Ovalle, Combarbalá, Illapel, Salaman-
ca, Petorca, Putaendo, San Felipe, Chacabuco, Independencia, Vitacu-
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

ra. Venía a “poblar un pueblo como El Cuzco a las riberas del río Mapo-
cho”, anota Jerónimo de Bibar. Un pueblo como el Cuzco, esa es otra
ciudad hermana de Santiago, fue la imagen del fundador, de allí partió
la empresa, en su catedral se encomendó Valdivia al Apóstol Santiago,
patrono de la ciudad del Mapocho, tal como lo era de Cuzco.
Ya venía con la idea fundacional, entonces. Y encuentra muchas
palmas, oro, tierras llanas, buena madera. Más que en sí, le interesará
como ejemplo para exhibir una civilización y así interesar a los aborí-
genes, una operación de marketing: Santiago nace como un cebo, una
maqueta de 1:1 del mundo europeo para seducir a los eventuales clien-
tes, una gran vitrina para asomarse a los brillos de la civilización.
Vivían en el valle unos cincuenta mil hombres, una buena masa
consumidora; justificaba levantar un mall de la época, hacer de este
valle un emporio de intercambio comercial. Así fue localizada la ciu-
dad, en valles de muchos habitantes, donde había indígenas, más que
por el aire sano o la fértil tierra del Mapocho. 71
En América la ciudad era cuna de la nueva civilización. Ella habría
de inducir al indio a unirse a la sociedad española, se debe construir
“de forma que cuando los indios la vean les cause admiración”.
Pero en el siglo XVI Santiago fue apenas una aldea. Según consigna
el padre Gabriel Guarda en su estudio de la arquitectura rural en el
Valle Central, “mientras la zona austral veía crecer y multiplicarse el
radio de influencia de ricas fundaciones –Concepción, Angol, Imperial,
Villarrica, Valdivia, Osorno, Castro, Santa Cruz de Óñez– repartidas sus
tierras e indios en poderosos hacendados y encomenderos, en todo el
resto del Valle Central, sólo Santiago y una fundación entonces opaca,
San Bartolomé de Gamboa –Chillán–, contemplaban nostálgicas el de-
sarrollo de sus congéneres sureñas, promisorios emporios agrícolas,
mineros, comerciales e industriales, a un tiempo espectadoras, actoras
y, próximamente, víctimas del movido drama de la guerra de Arauco”.
Las ciudades de aquí, encerradas, opresivas, serán símbolo para el
nativo de pérdida de libertad; en contraste con la riqueza natural, la
vida tranquila del campo, la belleza de los entornos, nada admirables.
Amante del lujo y del buen vestir, Valdivia soñó con ciudades que
tuvieran majestad pero el medio no se lo permitió: ¿no era todo Chile
un territorio de borde, de frontera, sin valor en sí, mantenido por los
españoles para alejar a piratas ingleses, franceses y holandeses de las
riquezas del Perú? ¿No es una especie de muro con foso como dijo
alguien?
El chileno vivirá en prácticas ciudades-fuertes defensivas, en esta-
do de alerta, durmiendo con un ojo abierto ante la amenaza siempre
latente de un ataque indígena precedido por escalofriantes aullidos.
Puertas adentro.
Hay algo ritual en cada fundación de ciudad. Como una cruz, la ciu-
dad marca un territorio consagrándolo, genera un espacio sagrado –en
su interior– para la Iglesia, que es Casa de Dios, pero también sacraliza
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

toda la ciudad por extensión: ciudad cristiana que reconoce a Dios,


Ciudad de Dios. El que los indios ataquen una ciudad es una herejía,
un desacato mayor, imperdonable. Una ciudad –y no una villa– tenía
alarife, asesor letrado, fiel ejecutor, administrador de hospital, prego-
nero público...
Pedro de Valdivia quiso tener un título de nobleza. El que lo tenía
podía oponerse al rey, ya no era un simple vasallo. Esto se respaldaba
con tierras y Valdivia se quedó con el valle de Coquimbo –que luego
cede a Francisco de Aguirre–, el valle de Aconcagua oriente que ven-
derá a Francisco de Riberos, Quillota que dona a los indígenas y luego
se retracta, Puangue, el valle de Lampa, el de Cachapoal, Arauco, de
Talcahuano a Purén, y en Santiago con las de Conchalí –que cederá a
Inés de Suárez en 1548– y Vitacura que quedara libre por la caída de
los incas.
Tanto ataque indígena atentó contra la expansión y belleza de las
72 ciudades. Incluso, al ver el talante tan belicoso del mapuche, se discu-
tió trasladarlos a todos a Brasil o venderlos como esclavos en Europa...
Valdivia pensó, en cambio, en un Estado de Arauco y Tucapel.
La capital de Chile, según algunos, quiso ubicarla en La Imperial
–Carahue– como centro de gravedad de su gobernación, equidistante
de Atacama y el Estrecho, bien centrada en el Cono Sur de América.
Entusiasmado con el territorio, descuida lo militar y cae muerto.
Muere con él una visión, la de un país propio, diferente, autóno-
mo, extendido hasta un Estrecho de Magallanes que le abriría un mar
de posibilidades. Con La Serena para cubrirse las espaldas y Santiago
como primer escalón. Concepción como puerta de entrada, centro en
La Imperial, Villarrica proveyendo riqueza y puerta al Oriente para
cruzar la cordillera, Valdivia de apoyo y control de los barcos que en-
tran al mar... Francisco de Aguirre, Riberos, irán fundando ciudades al
otro lado, todo el Sur, toda la Patagonia, para así ser anchos hacia el
Oriente, incluyendo ciudades como Tucumán, Mendoza, Santiago del
Estero. El país austral cubriría todo el Cono Sur, en equilibrio con la
Gran Colombia del Norte.
El indígena detendrá ese sueño, sueño que se irá olvidando para
siempre a medida que se pierda el Chile oriental y casi toda la Patago-
nia. Es en 1778 cuando se separa Cuyo de Chile y se entrega al Virrei-
nato del Río de la Plata. Muchos santiaguinos quedarán con parientes
en Mendoza, al otro lado.
Ante la belicosidad indígena en Chile se construyen más fortifica-
ciones que en ninguna otra posesión americana. Juan de Cárdenas, el
secretario de Pedro de Valdivia, trajo un opúsculo de Santo Tomás de
Aquino sobre el arte defensivo, texto inspirado en el romano Flavio
Renato Vegecio. Valdivia levantará tres Casas Fuertes: Arauco, Tucapel
y Purén. Hurtado de Mendoza agregará Lebu. Destruidos y levantados
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

hasta catorce veces. El más famoso es el de San Ildefonso de Arauco,


una silueta medieval, cuadrada, de dos pisos con “dos torreones capa-
ces de contener dos piezas de artillería cada uno y veinte hombres para
su manejo y defensa”. Primero de adobe, luego será de piedra can-
teada. Para dos mil hombres, con templo jesuita y tres magníficas puertas
altas, que arriba en el friso de piedra lucen esculpidas las armas reales.
Hasta catorce plazas llegará a tener la frontera Norte, la que impide
el paso de los araucanos hacia el Maipo y el Mapocho. Materiales, do-
taciones militares y armamento, armadas para apoyar los fuertes marí-
timos, todo el marco de acción de la vida chilena. Un esfuerzo humano
y material enorme y constante. Sin esta inversión, ese gasto, escribirá
nostálgico el padre Alonso de Ovalle más tarde, el país habría estado
entre los más “opulentos de las Indias”.
Su capital habría estado en la Araucanía, de Temuco a la costa, y
habría sido una grandiosa ciudad de tipo español.
Todo ha sido distinto. Porque en el territorio habitaban los indíge- 73
nas más belicosos de la América Hispana, los que destruyeron las ciu-
dades del Sur empujando a los españoles hasta aquí. Porque la Guerra
de Arauco consumió el 40% de los recursos públicos de la Colonia
impidiendo invertir en palacios y templos monumentales. Porque los
piratas y corsarios no cesaron de atacar el país, apoderándose de sus
riquezas en los puertos o ya embarcadas. Porque el terremoto de 1647
destruyó Santiago y las villas cercanas desapareciendo la ciudad de los
conquistadores. Porque el terremoto de 1730 destruyó toda la ciudad y
villas cercanas desapareciendo la segunda ciudad, harto más sólida y
de ciertas pretensiones.
Se acostumbró la ciudad, nos acostumbramos todos, a reconstruir,
partir de nuevo, soportar, aguantar, ir tirando.

AIRE AZULADO EN LA REGIÓN DEL MAIPO

El cielo del Hemisferio Sur es privilegiado. Deja ver el centro de nues-


tra galaxia. Desde tiempos prehistóricos se observaron los astros, se
dibujaron en cántaros rituales, se adoraron como fuerzas tutelares. Es
otro protagonista de esta región, más vigente en las provincias.
También el español y el criollo tuvieron conciencia del “puro, Chi-
le, es tu cielo azulado” según se le rinde homenaje en el Himno Nacio-
nal. Luego serían los extranjeros del Hemisferio Norte sus admirado-
res. Apenas se desarrolló la astronomía profesional en el siglo XIX surgió
la idea de instalar observatorios australes que dejaran ver el centro de
la Vía Láctea. Evaluados los territorios del Sur, y sus ciudades, se esco-
gió a Santiago de Chile.
Un teniente de la Marina de Estados Unidos, James Gillis, fue el
primer afortunado observador de estos cielos desde el telescopio insta-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

lado en 1849 en el Cerro Santa Lucía. El célebre Alexander von Hum-


boldt se admiró con los resultados: “En Santiago de Chile es el cielo tan
puro durante ocho meses, la atmósfera tan transparente, que el te-
niente Gillis distinguió perfectamente la sexta estrella del trapecio de
Orión”.
Ignacio Domeyko, el sabio polaco radicado en Santiago, propuso
que jóvenes chilenos participaran en el trabajo y que el gobierno com-
prara las instalaciones. Según el teniente Gillis, ello era “otra prueba
de que Chile manifiesta continuar siendo lo que siempre ha sido, la
nación más protectora de las ciencias y las artes entre las repúblicas
sudamericanas”. Así nació el Observatorio Astronómico Nacional y se
trasladó el telescopio a la Quinta Normal, donde quedó en una hermo-
sa cúpula de pino Oregón recubierta de cobre. Años después, con tre-
nes por Matucana que lo hacían vibrar, se trasladó a Lo Espejo y final-
mente al Cerro Calán donde permanece.
74 A fines del siglo XIX el astrónomo William Campbell, también de
Estados Unidos, propuso instalar en el Hemisferio Sur un observatorio
del mismo nivel de los mejores del mundo, un gemelo del Observato-
rio Lick de California. Nuevamente se escogió a Santiago de Chile, pero
ahora en la segunda cima de la cadena que culmina en el San Cristó-
bal. El año 1903 zarpó la carga de San Francisco para instalar un gran
telescopio que se beneficiara del cielo de la capital chilena.
Beta Crucis, una de las estrellas de la Cruz del Sur, fue una de las
primeras observadas. Aunque el plan se cumplió en tres años tales fue-
ron los hallazgos que se quedaron un cuarto de siglo. Al abandonar el
país en 1928, un ex alumno de la Universidad Católica, Manuel Foster
Recabarren, decidió adquirirlo y donarlo como “pago parcial” a la ins-
titución donde se formara gracias a una beca. Tal era la calidad del
telescopio que el Congreso Mundial de Astronomía, hacia 1940, le confió
el plan de observaciones estelares del Hemisferio Sur. Pero llegó el es-
mog... Quedó de patrimonio histórico científico, testigo de una época.
La Universidad Católica instalará otro, próximamente, en la ha-
cienda Santa Martina de La Dehesa, sobre la cota 1.000 y la capa de
inversión térmica. Detrás de los cerros, donde el aire es todavía trans-
parente.
Los suelos agrícolas que la ciudad cubre, el aire de la región que la
contaminación oscurece, las aguas andinas que las servidas contami-
nan, la vegetación que los humanos talan o la fauna destruye, la fauna
que sobrevive en santuarios, quebradas y alturas precordilleranas son
patrimonios naturales de la Región Metropolitana.
Santiago se ve y se siente distinto desde que existen las regiones.
Antes, en el tiempo de las provincias, la de Santiago era una más entre
ellas, aunque fuera la más importante, la capital, la cabeza del país.
Además, como lo quisiera Pedro de Valdivia, contaba con la herman-
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

dad de Valparaíso para tener salida al mar al igual que las demás. Pero
ese orden, que unía este territorio de la cordillera al mar, siguiendo las
hoyas del Mapocho y especialmente del Maipo, se acabó con la regio-
nalización.
Este aporte del gobierno de Frei Montalva (1964-1970) tenía mu-
cha lógica. Eran demasiadas las provincias, veinticinco, no alcanzaban
a perfilarse como polos de desarrollo, era necesario disminuir su nú-
mero, su burocracia extensa, crear unidades autónomas que tuvieran
vida propia. La nueva división administrativa es muy sabia. Incluso, si
uno sobrepone las regiones bioclimáticas, o los territorios de las diver-
sas etnias indígenas, calzan bastante bien. Fue una división bastante
“natural”, no pretendió inventar nada, y así fue como la heredó y la
aplicó prácticamente idéntica el gobierno militar y de ahí en adelante
hasta hoy.
Pero se filtró esto de la región “metropolitana”. Es decir, hay doce
regiones “normales” de cordillera a mar y una que escapa a ese orden, 75
una que pertenece a otro género de territorio. Ni siquiera recibió un
número y un nombre propio como las demás, sino solo este apellido
“metropolitano”. Para colmo, esta palabra arroja un manto de urbani-
zación próxima, de amenaza de tragarse toda la ruralidad cercana, so-
bre su maravilloso y diverso entorno que, desde entonces, no ha deja-
do de temblar ante la expansión acelerada del monstruo. Talagante, El
Monte, Melipilla, Calera de Tango, Buin, Pomaire, Lo Espejo, Curaca-
ví, Alhué, San José de Maipo, Til Til, San Bernardo, toda una maravi-
llosa constelación de enclaves tradicionales, de gran calidad escénica y
de vida, a los que también les cayó encima el pesado apellido de “me-
tropolitanos”. Y cada uno tiene su propia historia, su presente y su
futuro en construcción.
Tienen razón de atemorizarse. Varios se han transformado, vía au-
topistas, en parcelas de agrado o viviendas sociales, en ciudades dormi-
torios que han perdido vocación agrícola o agroindustrial para adap-
tarse a las necesidades de la capital.
Ojalá se le devolviera a la región su relación con el mar, que volvie-
ra a tener costa abierta... y que tuviera nombre, un nombre de acuer-
do, como en casi todas las demás, funcional con su cuenca hidrográfica
principal, en este caso Región del Maipo. No es casual que los mejores
asentamientos están a lo largo del Maipo, como Melipilla, Pomaire, El
Monte, Maipo, Buin, San Bernardo, Puente Alto y San José de Maipo,
en tanto solo Santiago y Curacaví están a la vera del Mapocho.
Como región capital su ubicación es óptima. Mediterránea, su cen-
tralidad en Santiago está a poco más de una hora de los puertos de
Valparaíso y San Antonio, los dos principales del país, lo que le asegura
una salida y embarque fácil a sus productos, así como el desembarque
de sus incontables importaciones, tiempo similar para llegar a varias de
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

sus principales playas turísticas comenzando por las de Viña del Mar.
Menos de una hora la separan de los valles nevados de la Cordillera de
los Andes y sus centros de esquí.
Si esas son las coordenadas Oeste y Este, también son propicias las
Norte y Sur, respectivamente. Santiago está a una hora del fértil y so-
leado valle del Aconcagua, el más celebrado por los exploradores incá-
sicos, más allá del cual los ríos decrecen en aguas y se anuncia la apari-
ción del desierto, mientras que hacia el Sur, también a una hora,
emergen los viñedos y frutales de exportación, los excelentes suelos
agrícolas del privilegiado Valle Central de Chile.
Así, la región capital está ubicada en el epicentro de la geografía
nacional, articulada con el océano y los Andes, el desierto nortino y la
agricultura y bosques del Sur, con un clima moderado, intermedio, ni
tan seco ni tan lluvioso. La región, por esta misma cualidad, era una de
las más pobladas de indígenas al llegar Pedro de Valdivia.
76 La Región, detrás de Santiago, todavía oculta un universo. Tala-
gante, por ejemplo, fue crucial a la llegada de los incas, con su temido
cacique y chamán. Uno de los alemanes que vino con Pedro de Valdi-
via, Bartolomé Blumen le tomó cautivo a un hijo, pero ante el dolor
del cacique se lo cambió por tres nietas; con una de las cuales el ale-
mán convivió, Elvira, quien fue machi y mujer sabida y también temi-
da; y de este enlace vendrá una futura nieta, la Quintrala. Tierra rica
en machis y yerbateros, aquí se producían pócimas y elixires famosos
en toda la Colonia. Cuando murió la Quintrala su hacienda pasó a
Ignacio de la Carrera e Iturgoyen, el abuelo de los hermanos Carrera.
También es de interés porque en ella se encuentra el Mapocho con el
Maipo, y porque las casas de los Carrera llegarán hasta hoy, hermosas,
con el nombre de Santa Ana de las Palmas.
Hay que leerse el Cuando era muchacho de José Santos González
Vera para descubrir que su magia se mantuvo viva hasta el siglo XX,
intacto el paisaje, las tradiciones, la calidad espontánea de los payado-
res, las huertas frutales, los hornos que vienen calentando masas por
los siglos de los siglos, de cuando la única sombra que oscurecía la
transparencia del cielo era la del humo de la tostaduría de cebada junto
a la cancha de carreras. Más allá el Mapocho, desmadejado en varios
esteros, alguno con truchas que pescaban los muchachos del lugar;
medían el tiempo los bebedores de vino y chicha, sentados junto a la
puerta del almacén que los expendía.
Es una zona rica en calidad escénica, en suelos, en historia, en si-
glos de alfarería de sus famosas “loceras de Talagante”, en famosas fies-
tas de Cuasimodo. ¿Tiene algún sentido pensar en Talagante? ¿O en
Alhué? ¿O en San José de Maipo?
Parecieran destinadas a ser devoradas por el monstruo urbano, víc-
timas pasivas que solo pueden esperar la hora de su muerte y nada
R EGIÓN DINÁMICA DE A MÉRICA DEL S UR

más. Sin embargo, en esos lugares late la raíz de la Región Metropolita-


na, esa que dio sustento y significado a Santiago de Chile, raíz que se
arrancó del suelo sin guardar rastros. No son solo satélites.
Pero caminamos por Talagante y respiramos un aire que nos perte-
nece. Uno puede imaginar otro pueblo, Harpenden cerca de Londres,
igualmente rural, también de árboles y caballos, casas de campo y huer-
tos, pero su signo es esencialmente otro. Talagante nos pertenece, no-
sotros pertenecemos a Talagante, en torno a Talagante podemos re-
unirnos todos, sentir que somos parte de un “nosotros”, que tenemos
una historia común, lo que nos sucede en muy pocos rincones de San-
tiago.
Cada uno de estos enclaves metropolitanos es un lujo. Y no solo
para instalar hosterías donde los agobiados habitantes de la gran urbe
puedan recuperarse en el fin de semana, al compás de sus vientos,
brisas, soles y tierra, no solo para trasladar industrias o conjuntos de
vivienda social. En sus calles pensadas para el caminar, en la conversa- 77
ción de los vecinos en la plaza y de las vecinas en el almacén o a la
salida de la iglesia, o de los jóvenes en una esquina cualquiera, vive
nuestra historia común. En esas veredas y plazas y atrios, en esos espa-
cios públicos que han prohijado la existencia de la cultura grecorroma-
na, de Atenas a Talagante, del Pireo a San José de Maipo, están nues-
tras raíces. El indígena y el hacendado, el campesino pobre y el cientista
social urbano, todos caminan por el mismo Talagante, todos se sienten
dueños del lugar.
¿No es eso lo que queremos en Santiago? ¿No está ahí la clave de la
pertenencia para los barrios? ¿Algo común, de todos, compartido?
Bueno, si Santiago crecía el doble que el resto de las ciudades na-
cionales, y el triple que el campo, no es de extrañar que atrajera, en
medio de crisis y desempleos, mucha población urgida de trabajo, vi-
vienda, educación, una mejor vida. Y que terminara como capital pri-
mada, urbe mayor, a la cabeza de una Región Metropolitana que, de
paso, también está marcando el presente y el futuro de las Regiones
Quinta y Sexta.
Habrá que construir identidad dentro de la complejidad creciente
de la región, cautelar los signos naturales o construidos de la historia,
para salvar la siquis de habitantes cada vez con menos referentes. Es lo
que aprendieron Australia y Nueva Zelanda.
¿Por qué Argentina, Chile y Uruguay en América?
Cantidades importantes de inmigrantes europeos que optaron por
una vida más urbana al radicarse, el valor social de la educación y la
cultura privilegiaron la vida urbana sobre la de campo, la ciudad como
testigo y ambiente de la innovación y el cambio, la ciudad como punto
de contacto con Europa y Estados Unidos, la ciudad generadora de
empleo... Crecieron grandes ciudades, inmensas, sin ciudades inter-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

medias importantes, sin red urbana, rasgo muy característico de Amé-


rica Latina, rasgo de la identidad de América Latina: o la megalópolis o
el pueblo, sin escalas.
Cerca del 80% de la producción industrial de Brasil se genera en
las zonas metropolitanas de São Paulo, Río y Belo Horizonte; en Cara-
cas el 40% de la de Venezuela; Buenos Aires y Rosario dos tercios de la
de Argentina... No somos diferentes en Chile, con esta tremenda natu-
raleza instalados casi todos en la megalópolis. Habrá que aprender a
habitar la Región, no solo la ciudad.

78
P OLO PRODUCTIVO EN S UDAMÉRICA

POLO PRODUCTIVO EN SUDAMÉRICA

SOMOS UNA EMPRESA


79

Nacimos a la historia bajo el signo de una empresa, una compañía con


socios, capital, garantías... Primero cuando Diego de Almagro, Francis-
co Pizarro y el fraile Luque fundan en Panamá la Compañía del Sur, la
que fue posible gracias al aporte de veinte mil pesos oro del religioso,
lo que se sumó a los indios, tierras, animales y herramientas que entre-
gan los otros dos, inversión que culmina con la conquista del Imperio
de los incas que les permitirá recuperar y multiplicar el capital inicial
cientos de veces. Segundo, en 1535, cuando Diego de Almagro em-
prende por su cuenta la empresa de Chile, la mayor hasta esa fecha en
toda América, a un costo fabuloso de un millón y medio de pesos oro y
con el mejor ejército expedicionario, por lo mismo llamado el de “la
flor de las Indias”, y en el que, a pesar de la alta inversión y el escaso
tiempo del viaje, recuperará todo. Tercero, la empresa conquistadora
de Pedro de Valdivia, financiada por Francisco Martínez de Vergara
con quien se iría en medias según lo que aquí encontrara al conquistar
Chile.
¿Por qué se oculta, olvida este origen? Las compañías de la India,
las de África, Oceanía, todas las colonias en general tienen este signo,
marca de origen. Nueva York en su inicio fue un negocio holandés,
Barcelona un puesto comercial de Cartago y luego de Roma... Mejor es
asumirlo para entender el perfil de nuestra historia, que Pedro de Val-
divia necesitó de un inversionista como Vergara y que este se encargó
de contratar dos cateadores expertos, Delgado y Herrera, que vinieron
a “tasar” el país. No teníamos Cabildo entonces, pero ya nos estaban
auscultando, evaluando: ¿cuánto valíamos?
El trabajo –valor central como épica de la conquista de América del
Norte– también lo es aquí en Chile. Lo reflejan las Cartas de Valdivia
que más que a acciones de guerra se refieren a trabajo; lo sigue Geróni-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

mo de Vivar en el mismo sentido y también González Marmolejo. El


trabajo es el valor central en el siglo de la conquista. A este país se
viene a trabajar, no a recoger oro y prebendas en luminosos imperios,
la de aquí es otra historia. Este es un escenario de esfuerzo y tesón,
gesta no muy heroica pero sí admirable de crear una comunidad. Es la
póetica de la vida cotidiana en medio de una naturaleza heroica. La
naturaleza es la heroína, aquella cuya presencia y acciones sobreco-
gen, ante la cual se rendirán los poetas desde entonces y hasta hoy.

DON JUAN Y EL VINO

Lo que aquí se produjo de inmediato, además de oro, fue vino. Nos


venía de lejos esa cultura, de la Grecia que llevó la vid a sus colonias
galas e íberas, de Roma, y así es como el vino se hizo bebida y alimento
fundamental de los hombres del Mediterráneo.
80 Esas cepas, a su vez, pasaron a América. Y los españoles, andando
el continente, encontraron condiciones óptimas en la cuenca del Mai-
po. La alta Cordillera, tan alta en esta zona de Chile, es una masa que
enfría la tierra cada noche, dándole cuerpo al grano de uva; los vera-
nos son secos y tibios y la Cordillera de la Costa deja pasar los vientos
marinos justos, escasos, para refrescar las noches de esa estación; el
agua de los deshielos riega las vides y las nutre de una alta cantidad de
minerales andinos; el agua del Maipo tiene cal entre sus componentes,
lo que da a sus vinos un toque ahumado característico e interesante,
en torno al Maipo hay suelos arcillosos más secos y pedregosos, más
fáciles de calentar por el sol y de fácil drenaje por su porosidad...
Estaba claro, había que producir vino y no sólo para celebrar la
Misa. El cabildo reclamaba por esta dificultad, hacia 1555, y es ahí donde
emerge la figura de Juan Jufré de Loayza y Montesa, “el padre del vino
chileno”.
Es un personaje notable, olvidado pero de los más brillantes de la
conquista. De inmediato se puso a producir, a trabajar, una vez que
Pedro de Valdivia le concedió las tierras de Ñuñoa y Macul –de las
mejores del país y de las más codiciadas por estar tan cerca de Santiago
y tan lejos de los indios– logrando estar orgulloso de la extensión de
sus viñedos.
Además, tal vez aprovechando instalaciones incásicas, desarrolla
un obraje que producirá, cerca del Mataquito en el Sur, cientos de fra-
zadas y otras prendas de telas y tejidos. En ese lugar, Peteroa, llegó a
concentrar docenas de indígenas, lugar que atacó Lautaro matando
una sesentena de estos. Finalmente, ahí murió Lautaro.
Don Juan –que no era mujeriego, incluso se casó con una hija de
Francisco de Aguirre sin conocerla–, transformado en el primer pro-
ductor local de vinos y paños, advirtió que nada se sacaba con producir
P OLO PRODUCTIVO EN S UDAMÉRICA

si no había mercados que consumieran. Como la población era escasa,


recorre la costa en busca de una bahía con grandes árboles cercanos
para fundar un astillero; lo hará en la desembocadura del Maule, es el
primer fundador de esa ciudad donde se radicarán los vascos de la Nueva
Bilbao y que ahora se llama Constitución.
Productor y exportador del Chile del siglo XVI, y cuyas armas os-
tenta la Municipalidad de Ñuñoa, junto a Valdivia y Quiroga, inaugura
el país mestizo y laborioso que crecerá en la Colonia.
En San Juan (Argentina) lo recuerdan más que en Chile, es el fun-
dador de esa ciudad, la que localizó y pobló mientras andaba en busca
del mejor de los negocios, confirmar si era cierta la existencia de una
ciudad austral riquísima, plena de oro y plata. Jufré no sólo se asomó
al oriente del país, cordilleras mediante. Con sus propios barcos del
Maule se lanzó a los mares, envió productos hacia el Norte y, luego de
oír datos ciertos de islas oceánicas, planeó fundar ciudades en el Pacífi-
co Sur, establecer colonias, ampliar el territorio en esa dirección. Por 81
desgracia fracasó en su intento de contratar al gran Juan Fernández, a
la sazón fondeado en un subterráneo de Lima acusado por el tribunal
de la Inquisición de trajinar con pócimas para seducir doncellas.
Pero don Juan se movía por América como si la conociera de siem-
pre, como si tuviera mapas. Armará un navío que se lanza océano aden-
tro y llega hasta.... Tal vez no lo sabremos nunca. Las descripciones,
más que de islas polinésicas, parecen corresponder a Australia o Nueva
Zelandia.
La Sociedad de Fomento Fabril reconoce en Jufré de Loayza al “pa-
dre de la industria chilena”, es el colmo que no lo tengamos en las
páginas de los textos de estudio. El chileno emprendedor, el de los
viajes australes, o de las exploraciones del desierto, el que asciende a
los valles de la Cordillera en busca de cobre, el que se adentra en la
Corriente de Humboldt tras la pesca, el que ahora exporta a Japón,
Corea, China, todos ellos tienen un mentor, un patrono, en Jufré de
Loayza.

MAESTROS VASCOS

Los vascos de la Compañía de Jesús, además de administrar cincuenta


y cinco grandes haciendas de un modo mucho más eficiente que el
utilizado en las demás –fueron los principales propietarios de tierras de
todo el país en la Colonia– dejaron con ellas un modelo agroindustrial
que será muy imitado y que permitirá generar excedentes de exporta-
ción que se embarcaban hacia el Callao, por orden real, donde los je-
suitas tenían agentes operadores.
Pero los jesuitas dejaron algo más que una agricultura eficiente. La
hacienda bien trabajada, con casas y parque, capilla y escuela, alame-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

das y bodegas, fiestas rurales y religiosas, romances y payas, llega a


configurar un modo de vida, una pequeña patria donde germina y cre-
ce una cultura mestiza y popular, una vida que vale la pena vivirse, y
por la cual vale la pena morir.
Más que en la ciudad, la chilenidad crece en esa hacienda. En Me-
lipilla, El Monte, Pomaire, Puangue, Talagante, con sus noble casas
entejadas y encaladas, ocultas por enredaderas floridas, escoltadas de
parrones breves e higueras anchas.
En la ciudad, a cargo de la educación, los jesuitas estarán creando
otro modelo. Tuvimos la suerte de que los dominicos fundaran la Uni-
versidad de Santiago, muy solemnemente, el año 1622, solicitada por
Felipe III y autorizada por el Papa Paulo V, por lo que hubo dos centros
de estudios superiores en el siglo XVII; pioneros de las Américas.
Jesuitas como Diego de Rosales fueron rectores de la Universidad
de la Compañía; Rosales es el autor de una Historia General del Reino de
82 Chile que el intendente Vicuña Mackenna se encargará de publicar como
obra pionera para pensar Chile, al que llama “El Flandes indiano” por
su sino que lo obliga a combatir, sin desmayo y por siglos, contra indí-
genas y corsarios.
Más influyente que ese centro, generalista y abstracto, es el Cole-
gio de Francisco Javier, también de los jesuitas en el mismo siglo XVII,
abierto a laicos y en el que se educaron los hijos de las familias más
influyentes del país; a quienes les enseñaron a pensar críticamente y a
valorar el trabajo.
Cuando Unamuno escribe que los vascos han creado dos institu-
ciones, la Compañía de Jesús y la República de Chile, podemos antici-
par que aquí se funden ambas en los maestros que están formando a
los criollos que encabezarán el país independiente. Ahí germina una
cultura, un régimen intelectual, una disciplina que ennoblece y orde-
na la vida pública chilena un siglo y medio después. En la calle Bande-
ra esquina de Compañía, donde ahora está el Museo Chileno de Arte
Precolombino, comenzó a incubarse la disciplina pública de la futura
República de Chile.
Además de la universidad y del colegio los jesuitas fundan ese cen-
tro tecnológico que serán los Talleres de Calera de Tango. Atónitos al
ver el precio de las manufacturas importadas y la nula producción lo-
cal, importan cuarenta y cinco coadjutores alemanes que llegan aquí
cargados de herramientas, libros, clavos, dispuestos a enseñar a traba-
jar. Y eso hicieron en esa hacienda vecina a las aguas del Maipo y que
afortunadamente conserva algunos de sus espacios y patios; donde tam-
bién se forjó parte de la identidad local.
Algo milagroso sucedía en ese vasto complejo de talleres que se
alienaban organizados alrededor de once patios, los principales de cin-
cuenta metros por lado. Fundiciones, muebles, relojes, órganos –como
P OLO PRODUCTIVO EN S UDAMÉRICA

el enorme de la Catedral de Santiago–, hilandería, piezas de plata on-


dulantes por la moda del rococó germano, herramientas agrícolas y de
carpintería, surgen bajo la conducción de los jesuitas de Baviera y Re-
nania especialmente seleccionados por sus talentos industriosos. Los
vecinos cerros de cal permitirán blanquear todo, tenerlo reluciente, en
especial la iglesia que, inaugurada en 1760, es el volumen principal.
Será una escuela de criollos, allí surgirán artistas, artesanos, fami-
lias de manos productivas que se prolongan hasta hoy. En Catedral
abajo, Barrio Yungay, uno puede ver talleres de imágenes religiosas
que siguen esas huellas luego de tres siglos. Vale el llamado telefónico
para ir a Calera de Tango, hay tres patios con sus construcciones aleda-
ñas en pie, la iglesia con su campanario, y entre casonas agrícolas, vi-
ñas con bodegas y la silueta cercana del cerro de Chena es un notable
patrimonio declarado Monumento Nacional. Está a sólo quince kiló-
metros de la ciudad, tomando hacia el surponiente en dirección a las
ricas tierras de Lonquén, Buin. 83
Esas tierras, una vez expulsados los jesuitas en el siglo XVIII, pasa-
rán muchas a otros vascos que conservarán el régimen administrativo,
puente en el que destacan los hermanos Domingo y Agustín Eyzagui-
rre Arechavala, respectivamente el fundador de San Bernardo y el al-
calde de Santiago de 1810. El primero planificará la primera ciudad
republicana, el sueño patriota, con un espíritu claramente industrioso;
habría talleres de muebles y telares de modo que cada familia produje-
ra sus propios bienes.
Agustín de Llona y Beláustegui, inmigrante vasco de última hora,
será el principal propietario de tierras en la región del Mapocho al co-
menzar el siglo XX, un personaje como para novelarlo, un patrón como
los de su descendiente, Isabel Allende Llona, en sus primeras obras.

EL TOQUE FRANCÉS

Tal como Valparaíso puso sus ojos en Londres –favorecido el puerto


cuando la navegación a vapor lo dejó a sólo 100 días de Liverpool–
Santiago de Chile miró hacia París. Si primero llegaron oficiales de
Napoleón, como el gran Beauchef –que el público insiste en rusificar
como Beaucheff–, veterano de las batallas de Austria, Polonia, España,
quien funda la Academia Militar, más tarde serán los arquitectos los
protagonistas principales, encargados de que la ciudad se vaya pare-
ciendo a la capital gala: Brunet des Baines, Doyere, Henault, los encar-
gados del Congreso Nacional, el Teatro Municipal, un primer Club de
la Unión, la Universidad de Chile, los símbolos mayores de la naciente
República de Chile.
Luego hay que comenzar a producir, y también ahí tenemos fran-
ceses pioneros. Es el caso de los Muzard con su fábrica de muebles,
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Joaquín Morel, quien, en tiempos de Diego Portales, trae maquinaria


textil para que los santiaguinos dejen de vestirse con los mismos bata-
nes que hacían los jesuitas medio siglo antes y que funda la Compañía
Nacional de Tejidos El Salto, al Norte del Mapocho; o Tadeo Tiffou quien
instala la primera curtiembre a gran escala en 1841, destronando al
Marqués de Pica que manejaba el rubro, o Francisco Lavigne quien
comienza a producir en Ñuñoa azúcar de betarraga.
Algunos vinieron por la campaña que emprendió el presidente
Manuel Bulnes, en 1845, para traer extranjeros pero siempre que “ejer-
ciesen algún oficio o industria”. Fueron importantes estos franceses
que, sumados a algunos alemanes, italianos, yugoslavos, españoles,
ingleses, vendrán a formar una burguesía industrial que asume esa
tarea que muchos locales miraban con recelo y distancia. De la misma
época es la Escuela de Artes y Oficios que, vanamente, intentará entu-
siasmar a jóvenes santiaguinos con esta actividad productiva.
84 Con sus edificios, muebles, prendas de vestir, los franceses colabo-
raron para que Santiago se alzara sobre las provincias con una imagen
más urbana, que los palacios con parques europeos impresionaran a
todo el país como el paradigma a imitar. Además, estaba el comercio
que, copando las mejores ubicaciones del centro, competirá por ofre-
cer las más recientes novedades de París. Restoranes, peluqueros, pro-
fesores, pintores, todos contribuyen para fortalecer esta imagen que,
por supuesto, sólo es dominante en el casco histórico de la ciudad
que, por lo mismo, en pocos años perdió para siempre su imagen es-
pañola.
Y es que Francia era libertad, cultura, estilo, ciencia, progreso. Des-
de las familias más antiguas, hasta los jóvenes más vanguardistas, como
Lastarria, Arcos, Bilbao y especialmente Vicuña Mackenna, todos cola-
boran de una manera u otra en la construcción de este muy pequeño
“París americano”.
Más allá de las imágenes, está la formación de familias francesas
que traen una escuela de esfuerzo, trabajo y también un estilo de vida que
incluye el mundo de la cultura: Aninat, Lafourcade, Magnere, Labbé,
Bertrand, Ballacey, Muzard, Devés, Brunet, Dagorret, Durand, Soublette,
Allamand...
El célebre College de Santiago con su docena de maestros galos
–como el sabio Claudio Gay– el amplio e influyente colegio de los Pa-
dres Franceses en la Alameda, los muchos profesores de ese origen en
esas décadas del Instituto Nacional, la Escuela de Artes y Oficios, dirigi-
da por el matemático Jules Jariez, contribuirán a que el modelo enraí-
ce en Santiago definitivamente, o, al menos, por más de un siglo.
Hacia 1850 comienza la emigración de provincianos adinerados a
Santiago, familias anhelantes de vivir algo que se pareciera al futuro y
que brillara más que el paisaje polvoriento del campo. Y es justo desta-
P OLO PRODUCTIVO EN S UDAMÉRICA

car que muchos de ellos participarán en el proceso de modernización


que vive la capital en el siglo XIX.
Los mismos campesinos aportaron una mano de obra disciplinada
que los industriales celebraron. El caso más célebre es el de Ferrocarri-
les del Estado, la primera gran empresa estatal de Chile que, con direc-
tivos franceses, será una escuela para cientos de familias que vivirán, a
veces por generaciones, en torno a “la Empresa”. Sin pestañear, y el
salto no es fácil, fueron capaces de pasar, en muy pocos años, del arado
al estruendo humeante de las máquinas de hierro.
Otros se incorporan a la Compañía de Alumbrado a Gas que inicia-
ra sus actividades en 1856, al Matadero Público Municipal de 1868...
Santiago proveía de empleos, también, y no sólo trozos de Europa in-
crustados en las riberas del Mapocho.
Los franceses dominaban aún más en el comercio que en la indus-
tria, al grado que, en tiempos de Vicuña Mackenna, el 40% del comer-
cio detallista les pertenecía. Armadores de Burdeos y Nantes se lanza- 85
ron al Atlántico, cargados apenas. Ya en 1826 habrá en Santiago un
primer Inspector General del Comercio Francés. Al avanzar el siglo,
especialmente en la calle de Ahumada, existirán grandes almacenes
que importan todo lo necesario de París para vivir en Santiago con los
mismos bustos de mármol, porcelanas, cómodas laqueadas, colgaduras
de seda. Están en la Casa Francesa, en Muzard, donde los Pra, los Bur-
galat, en A la Ville de Paris, en La Parisienne, en los grandes almacenes
Au Printemps...
Al decir del historiador Jean Blancpain, Chile era hacia fin de siglo
“el país americano mejor informado acerca de la ‘vie parisienne’ y el
más deseoso de participar en ella...”. La Guía de la colectividad de 1903
indica que el tercio de los galos en Chile está instalado en Santiago, son
1.053 familias, una cifra alta para la escasa población de la época, lo
que los hace muy visibles en las calles y notorios los letreros de sus
locales en las cuadras más elegantes de la ciudad. En medio estará el
alemán Otto Becker que importa los célebres pianos Steinway, el gran
almacén chino Wing ong Chong con sus finísimos tés vendidos en de-
licadas cajitas de madera... Eran, por supuesto, casas de importaciones
donde no entraba el producto nacional... a menos que llevara etiqueta
importada.

TAMBIÉN LÍDERES CHILENOS

Tuvimos la enorme suerte de contar, a lo largo de ese siglo XIX y co-


menzando por Bernardo O’Higgins, con autoridades interesadas en la
industria y el comercio, en sentar las bases para un desarrollo econó-
mico que, aun cuando favoreció más a Santiago, también implicó el
auge de la minería en el Norte o la radicación de colonos en el Sur.
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En 1883 nacen las dos instituciones principales: la Sociedad de Fo-


mento Fabril y la Agencia General de Colonización e Inmigración. Y
sus cabezas serán brillantes: Agustín Edwards Ross, Vicente Pérez Ro-
sales, Benjamín Dávila Larraín, los que apuntalan una suerte de Revo-
lución Industrial en Chile.
Edwards, el primer presidente, fundador del Banco de Valparaíso
que abriera sucursales en Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, en-
tre otros países, a quien The Times en Londres calificara de “el principal
comerciante de cobre del mundo”, llegó a ser la imagen del industrial
en el país. Pérez Rosales más que industrial fue industrioso, un tipo de
personaje, muy de la época, que cree en el progreso, los beneficios de
la libertad, la independencia, principios que traslada a la vida práctica.
Inquieto, autor del clásico Recuerdos del pasado, su vida novelesca pasa
por la producción de aguardiente, la búsqueda de oro en California,
instalar un comercio, probar suerte en la ganadería y escribir un ma-
86 nual del tema con los últimos adelantos tecnológicos, introducir el
cultivo de la grosella en Chile, ser artista pintor y actor, siempre con
ingenio y sin desmayo. Hombre de mundo será miembro de la socie-
dad prusiana para la Moralización y Fomento de la Clase Obrera, de la
Imperial Geográfica de Rusia y de la de Historia Natural de Nurem-
berg. Su labor para atender a los colonos alemanes en el Sur, o en
Europa para atraer inmigrantes, culmina en 1880 al ser elegido presi-
dente de la Sociedad de Fomento Fabril. Es el arquetipo del chileno
nuevo del siglo XIX, que recela de la burocracia, de la dependencia de
un empleo.
Dávila Larraín también es típico, quien fue capaz de interesarse en
las finanzas y el comercio además de la modernización del agro. Abo-
gado de Santiago, director de la famosa Revista Chilena, director en 1869
de la pionera Exposición Internacional de Santiago, fundador de la
Escuela Agrícola de Santiago, ministro de Industria y de Obras Públi-
cas, presidente de la Sociedad de fomento de las Razas Caballares, su-
perintendente del Cuerpo de Bomberos de Santiago, promotor de fran-
quicias para construir viviendas obreras, miembro de la Academia de
Bellas Artes, su interés en la enseñanza técnica –que lo deslumbra en
Suiza– lo llevará a presidir la Liga de Estudiantes Pobres y, desde la SFF,
a impulsar le enseñanza industrial y comercial.
Estos directivos, con sus exposiciones en la Quinta Normal visita-
das por toda la ciudad, con premios a la calidad por rubro, dieron un
paso más hacia la dignificación de las fábricas y talleres, al impulso del
espíritu emprendedor. Efectivamente, al terminar el siglo, de las ciento
sesenta y cuatro fábricas y talleres que se presentaron en la Quinta,
más de la mitad eran de fundación reciente, creadas entre 1891 y 1894.
Los cinco primeros presidentes andan por ahí todavía recordados en
liceos industriales: Agustín Edwards en San Joaquín, Vicente Pérez
P OLO PRODUCTIVO EN S UDAMÉRICA

Rosales en Quinta Normal, Barros Luco en La Cisterna, Domingo Matte


en Maipú y Benjamín Dávila en Renca.
Más de la mitad de las industrias nacieron en Santiago, atraídas por
la ciudad creciente: al año 1895 eran ciento cincuenta y dos en la capi-
tal contra cuatrocientos dicisiete de Valparaíso, doscientos diecinueve
en Talca y Concepción con ciento treinta y cuatro, entre las primeras.
Era tan grande el prestigio de las industrias inglesa, francesa, ale-
mana, que muchos productores locales mentían en sus etiquetas. Re-
cién en 1916, cuando el país quedó aislado de Europa por la Primera
Guerra Mundial, no quedó otra que revelar el engaño. Todos esos ja-
bones finos que se vendían en Ahumada y Huérfanos, los licores que
presumían de origen francés, los tejidos y casimires, lámparas y mue-
bles, máquinas incluso, eran de aquí: Hecho en Chile.

GATH Y CHAVES, PATRONATO Y ÑUÑOA


87
La Calle del Estado llegará a contener, en su corta extensión, dos y
hasta tres comercios legendarios: el Edificio Comercial Edwards de 1898
en el remate de la calle frente a la Plaza de Armas, visible hasta hoy
con su metálica estructura; Gath y Chaves de varios pisos en la esquina
de Huérfanos que ocupa en la actualidad el Edificio España, abierto para
el Centenario de 1910 y, finalmente, el Oberpauer en la esquina surpo-
niente de Huérfanos que fue el primero con escala mecánica, según
modelo alemán –Edificio Schocken de Sttutgart– inaugurado en 1929.
El de Gath y Chaves fue el más célebre con su moderna estructura de
concreto armado, maniquíes de un realismo desconocido hasta enton-
ces, vitrinas de maderas nobles y cristales biselados, salón de té y res-
torán de gran prestigio con música en vivo y, lo más sorprendente, la
iluminación intensa, como de día, en sus interiores. Para casi todas las
santiaguinas de 1910, su inauguración fue lo mejor del año, de todos
los barrios y pueblos cercanos llegaron a recorrer sus encerados pisos.
Desde el 1900 hay triciclos para reparto de mercadería que caracte-
rizarán las calles de Santiago por más de medio siglo; la ciudad crece,
ya no es peatonal, comienzan a surgir negocios en todas direcciones.
Árabes e italianos serán protagonistas del comercio de barrio. Los pri-
meros llegaron un poco después que los demás inmigrantes, envueltos
en el misterio de las tierras bíblicas. Venían huyendo del imperio turco,
con documentos con esos timbres, y así quedaron con el nombre po-
pular de “turcos”, a pesar de que fueron sus enemigos por quinientos
años y ellos sus víctimas. Venían de las aldeas de Guaya y Chiah en el
Líbano, de Belén y Bet Yala en Palestina, de la ciudad de Homs en Siria,
en busca de su destino, un destino libre de opresión.
Desde el principio apostaron al comercio de los barrios populares,
en San Pablo, San Diego, la Estación Central, siguiendo su vocación
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

atávica de mercaderes conversadores, fantasiosos, discutidores. No se


limitaron a la ciudad, se aventuraron por toda la región a veces con
peligro de sus vidas y más de una vez, efectivamente, asesinados a
cuchillo por quienes ansiaban apoderarse de sus carromatos cargados
de productos. Los más perseverantes tendrán éxito, accederán a loca-
les santiaguinos al Sur del Mapocho: 21 de Mayo, Rosas, Puente, otros
por voluntad se quedarán al Norte del río, en Recoleta (“Turcoleta”),
Patronato, barrios que llegan a colonizar y que se identifican hasta hoy
con ellos.
Su imagen es inolvidable; ellos fueron decisivos para la naciente
industria nacional cuando el comercio céntrico no aceptaba el produc-
to local; chaquetas, pantalones, corbatas, zapatos, jabones, perfumes
llegarán hasta Talagante, Melipilla o Buin.
En ese mundo de los barrios también hubo paqueterías y almace-
nes fundadas por italianos, como la célebre de César Rossetti de fines
88 del siglo XIX, característica aunque él fuera hijo de inmigrante. Fueron
una institución, en cada barrio había “el bachicha” con su local de es-
quina. Excepcional fue este Rossetti quien al cerrar el local de calle
Catedral abajo, en el Barrio Yungay, lo transformaba en aromática tertu-
lia a la que asistían, entre otros, Eusebio Lillo, el militar y futuro general
Del Canto, Paulino Alfonso, el parlamentario Juan Agustín Barriga, Dublé
Almeida, Alfredo Irarrázaval –el amigo de Rubén Darío–, el libertario
Malaquías Concha. Sentados en cajones, de nueve de la noche a dos de
la mañana, la calidez y cordialidad del anfitrión italiano estimulaban la
tertulia de varios de los personeros más destacados del país en esa épo-
ca; con gran amor al Barrio Yungay. Antes de morir entregó al sacerdo-
te y escritor, vecino además, Fidel Araneda, sus escritos sobre la fiesta
del Roto Chileno según fue cambiando entre 1888 (a sus once años de
edad) y 1962 que sería el año de su muerte.
El empuje de los árabes los llevará más allá del comercio, los hizo
invertir en fábricas que lograron aumentar en las primeras décadas del
siglo XX hasta igualar el número de industrias de la colonia italiana.
Una realidad muy lejana a la visión de un Joaquín Edwards Bello que
se quejaba amargamente de que íbamos caminos de convertirnos en
un “guirigay de tipo oriental”, porque “en Chile entran miles de sirios,
árabes, turcos y chinos, razas que se dedican al baratillo y ninguno de
ellos produce un poroto en Chile”. Por último, en abril de 1935, en
crónica en La Nación se quejará de que “el chileno de hace treinta años
no era tan moreno como ahora...”.
La verdad, habían demostrado ser más industriosos que los chile-
nos. El arte textil, de origen oriental, milenario en Bagdad, Damasco,
El Cairo, llegará a ser su fuerte; los apellidos Sumar, Hirmas, Yarur, Co-
mandari, serán sinónimo de imperios en los que trabajarán unos diez
mil chilenos de la Región Metropolitana. Inventaban barrios propios,
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como Yarur Hermanos que, con ramal ferroviario directo, cincuenta y


cinco mil metros cuadrados de terrenos, amplias áreas verdes, clínica,
estadio, población, llegó a ser una de las manufactureras más impor-
tantes de América del Sur.
También se destaca el tamaño de la industria de Hasbún Hermanos
ubicada en Diez de Julio 536, Valech Hermanos en Ñuñoa, Readi con
gran edificio en San Nicolás 1081, Kettlun Chuaqui en Ñuñoa, Jorge
Kassis Aguad en Macul, Abogabir en Santa Filomena, Miguel Labán y
Cía., Nazar, Musalem y Saffie en calle Vásquez, Manzur Hermanos en
calle Montevideo, Jorge Halabí en Recoleta, Pedro Andonie en San
Miguel, sederías Macul de Halabí y Facuse, Saleh en Ñuñoa, Luis Lama
en Recoleta, Sabaj y Cía. en Avenida Irarrázaval, los hermanos Musa-
lem en Dominica, Lolas Hermanos en Irarrázaval, manufacturas de al-
godón de José Sabat, medias de Valech y Cía. en Ñuñoa (1936), Emilio
Ready en Macul, Teófilo, Juan y Elías Selman en Macul... Podríamos
seguir, pero es suficiente. Todos esos apellidos son hoy santiaguinos, 89
pertenecen a la ciudad, y su aporte a la industrialización es insoslaya-
ble. Y eso que no agregamos otros rubros como jabones y perfumes, de
los Schain, que por décadas dieron un toque oriental a los cuerpos
locales con sus jabones “Flores de Pravia”.
Más tarde, 1945, llega Salomón Sumar, un palestino nacido en Belén
que fundará en San Miguel una industria que se extenderá en treinta y
tres hectáreas. Será un filántropo importante en la época al igual que
Juan Yarur.
La colectividad judía tuvo un patriarca claro y definido en Salo-
món Sack, el fundador de una gigantesca barraca de fierros para la
metalurgia y la metalmecánica, quien impulsó todas las actividades de
la colonia, promovió la enseñanza técnica, fue filántropo de diversas
instituciones. Aunque estuvieron más diversificados en rubros, no pue-
den dejar de mencionarse las baldosas y cerámicas de Benjamín Bud-
nik y el Laboratorio Recalcine de Nicolás Weinstein.
Con vocación científico tecnológica, hay industriales judíos pione-
ros de ciertos rubros, como Wolf, Hoffmann y Phaiffer en la climatiza-
ción artificial y los Schwarz con los plásticos Shyf que maravillaron a
toda una generación. Otro pionero fue Leopoldo Dannenbaum, el pri-
mero en producir cierres éclair; filántropo creador de la fundación que
abrió el primer colegio de Santiago para niños con síndrome de Down.
Las ollas Marmimoc de los hermanos Alcalay también marcaron a más
de una generación de dueñas de casa santiaguinas, o las virutillas Viru-
tex de la familia Munzer o las estufas Factomet de tres socios israelitas
o las muebles de Fernando Meyer que abrió sus puertas el año 1939
para perseverar por décadas con creciente prestigio en mobiliario de
oficina. José Weinstein a la cabeza del primer ministerio de Cultura en
Chile, y Clara Budnik a la cabeza de la Dirección de Bibliotecas, Archi-
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vos y Museos del país, son testimonio de la nacionalización de estas


familias del Mediterráneo oriental.

EL PROVINCIANO AGUIRRE CERDA

En Pocuro nació Pedro Aguirre Cerda, valle del Aconcagua. Será quien
funde las grandes empresas del Estado, el de la Corporación de Fomen-
to de la Producción (CORFO), Presidente de Chile de 1938 a 1941, tiempo
en el que nacerán ENDESA, INSA, IANSA, ENAP, CAP...
Tenía claro su proyecto. Joven ministro de los años veinte con Ales-
sandri Palma, exiliado en Europa a su caída, estudioso como el que
más, aprovechará la permanencia en París para estudiar un plan inte-
gral de industrialización para Chile, aunque tarde más de diez años en
llegar al gobierno. El desastre económico de 1929, esa depresión global
en que según informes norteamericanos Chile fue el país más perjudi-
90 cado, terminaron de convencerlo de que el país estaba perdido si no
planificaba una estrategia propia de desarrollo: infraestructura, electri-
ficación, mejoramiento de puertos, creación de industrias estratégicas,
investigación de tecnología aplicada a los recursos naturales...
En los años siguientes la capital de Chile vio a miles de familias con
hambre. Albergues improvisados, campañas de solidaridad, nada fue
suficiente para enfrentar tanta miseria; cesantes llegados de las salitre-
ras cerradas en el Norte, o de pueblos y ciudades destruidas por el te-
rremoto de 1939, sufriendo pestes por hacinamiento, con sus hijas pros-
tituidas por falta de todo futuro. El país reaccionará de inmediato con
la construcción de grandes obras públicas –como el Barrio Cívico y el
Parque Providencia– y, a partir de 1939, durante el mandato de Agui-
rre Cerda, con industrias nuevas que les dieron empleo.
Una vez más, Santiago –que por entonces, 1941, cumplía cuatro-
cientos años de fundada– resultó favorecido, o tal vez desfavorecido,
con un nuevo aumento en la inversión, ahora estatal; fábricas de neu-
máticos, colorantes, películas de cine, hilanderías de lino, artículos eléc-
tricos, planchas de cobre, se instalaron en la capital. El millón de habi-
tantes comienza a aumentar, el área de la ciudad a crecer.
Pero Aguirre Cerda no era sólo un paladín de las industrias. Profe-
sor, culto, amigo de la poesía tal como lo demostró al ser el primer
padrino de la obra de la Mistral, era también un protector de la cultura
y eso se notó en las calles. Tolerante, considerándose a sí mismo un
hombre de transición de un Chile oligárquico a otro gobernado por la
izquierda, en su propia casa daba ejemplos de pluralismo; su mujer,
doña Juanita, era profundamente católica. Por su misma apertura a los
refugiados españoles, del Winnipeg, del Formosa y de tantos que llega-
ron por su cuenta, el comercio asociado de restoranes y bares alcanzó
un desarrollo nunca antes conocido.
P OLO PRODUCTIVO EN S UDAMÉRICA

Desde el café Iris en la Alameda con San Antonio hasta el café


Hércules en San Pablo a la altura de Bandera, la cuadrícula histórica
conoció una bohemia artística e intelectual que recorría la Posada del
Corregidor donde eran parroquianos los de la Alianza de Intelectuales
que fundara Neruda, el café Miraflores de famoso cocinero vasco donde
se reunían los refugiados españoles, la Taberna Capri de los Remente-
ría, La Guindalera y la Fuente Iris con asiduos como Marmaduke Grove,
Rossetti y Víctor Domingo Silva... Por el poniente la animación alcan-
zaba a los restoranes de la Quinta Normal, preferidos en los fines de
semana.
Del siglo XIX se mantenían librerías céntricas como Zamorano y
Caperán de 1873, Salvat o Nascimento de 1876, la que ofrecía una
tertulia semanal que también congregaba a artistas e intelectuales en
el centro. Los propios refugiados abrirían otras, como Cruz del Sur y
Orbe, que aumentarán la oferta de libros europeos contemporáneos.
Era una ciudad ya madura, con cuatro siglos a cuestas. 91

SANTIAGO 1541-1941

Habría que reeditar los libros de Santiago en sus cuatrocientos años.


Es otro Chile, no copado por políticos y militares; un país y una ciudad
con industriales y obreros, ingenieros y arquitectos.
Se advierte el empuje de los inmigrantes; el de los chilenos que –uni-
versidades mediante– ya se han sintonizado con la modernización del
país; el del Estado que planifica a partir de los recursos y que inicia una
política energética –eléctrica y petrolera– a largo plazo; el de la ciudad
que es capaz de construir un Barrio Cívico en medio de la peor depre-
sión económica de su historia; el de una ciudadanía que tiene una orgu-
llosa y variada vida de barrio que se extiende con casas de calidad desde
la Avenida Perú por el Norte, hasta San Miguel, y desde El Golf por el
Oriente, hasta la Avenida Brasil por el Sur; con autoridades locales que
mantienen los parques; ciudadanía que no vandaliza la propiedad pú-
blica ni privada...
Fue un punto de equilibrio que no aparece ni antes ni después.
No había temor al crecimiento del Estado ni rencor al industrial
extranjero exitoso. Es más, muchas industrias calificadas de estratégi-
cas en los estudios no serán creadas por el gobierno; serán particulares,
invitados por el Estado y favorecidos con créditos de estímulo, los que,
por ejemplo, fabriquen los motores –con licencia Westinghouse– que
serán necesarios para la electrificación del país.
El mapa santiaguino se marca con instalaciones inmensas, produc-
tivas. Chile Films por el Oriente; Instituto Bacteriológico en Ñuñoa con
toda su maquinaria traída de Estados Unidos. En Renca la fábrica de
explosivos Harseim y Cía. que atenderá a toda la minería del Norte; la
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Sociedad Anónima Radios de Chile que con licencia RCA Víctor produ-
cirá y exportará en todos los países americanos ribereños del océano
Pacífico. Llopis Hermanos producirá proyectores de cine –apoyada por
un gran crédito– para Chile, Perú y Bolivia. La industria de neumáticos
INSA en Maipú junto a la línea férrea y la carretera a Valparaíso, típica
sustitución de importaciones ya que el país estaba consumiendo e im-
portando unos cien mil neumáticos anuales...
Si uno toma el Cuatro siglos de la historia de Santiago, el gran home-
naje de varios autores prologado por Leopoldo Castedo, publicado cuan-
do la capital cumplió ese aniversario en 1941 –y en que el historiador
español se explaya detallando las bases de la economía local durante la
Colonia–, sorprende ver el orgullo y el rol cultural que detentaba el
empresariado en la capital.
En ese momento ya se habían consolidado “linajes” industriales
extranjeros y chilenos que aparecen representados en el directorio de
92 la SFF al año 1941: Heiremans y Simonetti en metalmecánica, Dago-
rret en calzado, Joaquín Aguirre Luco en paños de lana, Pérez Cotapos
en los molinos, Martín Pascual en los madereros, Maiza en las cur-
tiembres...
Se analiza en ese libro el aporte del salitre, lo que tributó entre
1880 a 1930: seis millones de pesos que financiaron la infraestructura
del país; entre tantas obras –puentes metálicos, hospitales, liceos– mu-
chas de las cuales tuvieron impacto directo en el embellecimiento de
Santiago hacia el Centenario de 1910. Hay conciencia y agradecimien-
to a la industria salitrera...
La propia Caja de Previsión para Empleados del Salitre, gracias a
sus recursos, financia modernos edificios como el de su propia sede en
Teatinos con Agustinas –esquina protagónica frente a la Plaza de la
Constitución, lo que refleja su peso en la imagen pública–, y el moder-
no cine Santa Lucía frente al cerro, el cine Alcázar en la Plaza Brasil, y
la población de empleados de Ñuñoa... Nótese que el Barrio Brasil y
Ñuñoa estaban en plena expansión en ese momento; el salitre actuaba
en la vanguardia de la ciudad.
Se reconoce y rinde homenaje a lo que aportaba el cobre al país y
por ende a la ciudad; la siderurgia con sus grandes talleres de la empre-
sa Lamifun de calle Bío Bío, en torno a la cual vivirán doscientas fami-
lias, la primera que importó hornos Siemens para el proceso. Los pa-
ños, cuatro millones de metros anuales que, al margen de los de Tomé
y Viña del Mar, estaban representados en Santiago por las compañía de
El Salto y la de Maino y Orlandini; la derivada industria textil de los
sirios y palestinos; las cubiertas de construcción de Pizarreño; los teji-
dos de Arón Fliman y los hermanos Subelman; las sedas del palestino
Miguel Abogabir en el barrio Recoleta. La industria de la construcción,
con personajes del estilo de Francisco García Arjona, que elevara ras-
P OLO PRODUCTIVO EN S UDAMÉRICA

cacielos como el de Merced con Monjitas por lo cual se le califica de


“colaborador del progreso urbanístico de Santiago”. La “industrializa-
ción del agua y de la montaña” emprendida por el ingeniero italiano
Ernesto Boso Pezza que levanta el Embalse Punta del Águila en La
Dehesa para cuatro millones de metros cúbicos, quien además cons-
truye y proyecta el funicular del San Cristóbal, el tranque Orozco en
Casablanca y especialmente una gran planta hidroeléctrica para toda la
industria de Santiago y Valparaíso ubicada en la desembocadura del
Maipo, idea que lo llevó a promover la creación del balneario de Santo
Domingo...
Los ingenieros como sostén de ese desarrollo también son enton-
ces protagonistas de Santiago. Así se rendía homenaje a Ramón Sali-
nas y Raúl Fabres, socios de la empresa constructora del Estadio Nacio-
nal –“uno de los mejores de América del Sur”– y de la Clínica Santa
María; la constructora de Marcel Duhaut responsable del teatro Metro,
el teatro Continental del Barrio Cívico, el sanatorio El Peral, la pobla- 93
ción obrera Pedro Montt de casi quinientas casas y el estadio Francés
de Tobalaba.
Los arquitectos también son promotores de progreso: Jorge Agui-
rre Silva, Francisco Brugnoli y Guillermo Acuña; los socios Tomás Re-
yes Vicuña, Pedro Mira y Rafael González, autores del Seminario de
Padre Hurtado y de la Municipalidad de Las Condes (Palacio Consisto-
rial); Gustavo Monckeberg y José Aracena, creadores de muchos cole-
gios y liceos, además del colegio y la iglesia de los Padres Franceses en
la Alameda y la iglesia de San Lázaro en Ejército o el edificio de la Caja
de EE.PP. y Periodistas en la Alameda; Samuel Eyzaguirre y Juan Rau
con sus casas en Providencia y Ñuñoa; Fernando Fonck, Pedro Prado
Jaramillo y Ezequiel Fontecilla en El Golf y Providencia, y Viterbo Cas-
tro Martel sindicado de autor de “uno de los edificios más importantes
de América Latina”, el enorme Instituto Bacteriológico ubicado en
Ñuñoa.
Estamos tan acostumbrados a la segmentación social y espacial de
Santiago, que cuesta entender esa lógica unificadora.

GRANDES CASAS COMERCIALES

También a mediados del siglo se vive un auge de los españoles en el


comercio, el que reemplaza al francés de principios de siglo. Aunque
son muchos los que se instalan por entonces, la mayoría hijos de inmi-
grantes, los principales serán de familias que ya llevaban años en el
rubro, casi todos en telas. Es el caso de “La Gran Vía” de dos socios
gallegos, Longueira y Hernández; “La Andaluza” en el Portal Bulnes,
“La Camelia” en el Portal MacClure; “La Soriana” de dos riojanos; la
“Casa Flaño” en Ahumada y luego en Huérfanos. Librerías importan-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

tes también como la “Cruz del Sur” de Arturo Soria, “Orbe”, “Salvat”,
y en rubro especial la tienda de los hermanos Zapatero, la longeva
“Casa Amarilla” que fue la primera en editar música...
La “Casa García” es una de las principales entre las grandes tiendas
de departamentos, de los hermanos de ese apellido, castellanos, en la
Alameda esquina de Avenida España, esquina suroriente donde toda-
vía existe (DUOC) y que dejará otro aporte con la mansión de Severia-
no García en la esquina de Pedro de Valdivia con Diego de Velázquez,
lamentablemente demolida. Los mismos fundaron la famosa multitienda
“Los Gobelinos”, que se traslada a su moderno edificio frente a la Plaza
de Armas en 1935, el que ahí permanece también. Otra importante fue
la “Casa Peñalba”, de Lueje y Casanueva.
La más perseverante será la de los “Grandes Almacenes París” de
1908, fundada por el vasco Venancio Landea y el mallorquín Guiller-
mo Gálmez en cuya descendencia Gálmez Couso se expandiera en es-
94 tos últimos veinte años como tienda ancla de centros comerciales.
Si “Almacenes París”, “Peñalba”, “Casa García”, “Los Gobelinos” y
“Casa Flaño” marcan toda una época de Santiago, y todas de españo-
les, la lista no puede estar completa sin los italianos Falabella con sus
edificios de Ahumada y también con su mansión de Avenida Pedro de
Valdivia que hoy ocupa el municipio como Palacio Consistorial. Fun-
dada como “la primera gran sastrería de Chile” por Salvatore Falabella,
se expande desde 1937, al incorporarse su yerno Alberto Solari, con
venta de vestuario. A partir de 1958 ya es gran tienda con departa-
mentos con productos para el hogar y seguirá carrera paralela con “Al-
macenes París” al ser tienda ancla de centros comerciales.

LA CIUDAD TENSA

Es muy distinta la cultura posterior. En principio, la competencia ex-


tranjera se introduce en la producción desde el segundo gobierno de
Ibáñez del Campo, quien en 1953 suscribe el DFL 375 que favorece a
las industrias que se instalen fuera del Departamento de Santiago que
ya aparecía saturado. Otro decreto, el DFL 437, es el que atrae la inver-
sión extranjera que instalará plantas de camiones Fiat, antibióticos Pfei-
zer, detergentes de Unilever, piezas para máquinas de escribir Smith
Corona, pernos American Screw. Son noventa y una las solicitudes
aprobadas que, al coincidir con la posguerra y la expansión de Estados
Unidos, tendrán ese país como origen en su mayoría. Así es como se
multiplican los Ford y los Chevrolet en nuestras calles mientras la in-
dustria propiamente nacional apenas aporta las bicicletas Centenario
fundadas casi al tiempo.
La Ley de Defensa de la Democracia de González Videla introduce
un factor de antagonismo nuevo, que tensiona la sociedad a fines de
P OLO PRODUCTIVO EN S UDAMÉRICA

los años ’40 y no deja de crecer en las dos décadas siguientes. Cuando
el año 1960 se aprueba el Plan Intercomunal del Gran Santiago la nue-
va realidad queda a la vista. Por una parte, persistía la concentración
industrial en Santiago con la mitad de todos los establecimientos del
país, incluso ubicados preferentemente en las comunas más centrales
del área metropolitana. Es más, el 60% de la gran empresa estaba en la
capital.
Había que descongestionar, desahogar el centro. El plan determi-
nó, razonablemente, que debían localizarse junto a los ejes de acceso a
la ciudad: Vicuña Mackenna, Cerrillos, Panamericana Norte. Lo que no
se consideró fue que la sociedad fraccionada también sufriría una seg-
mentación espacial derivada de la ubicación de esas industrias y, por
consiguiente, de poblaciones obreras en sus inmediaciones. Nacen “los
cordones industriales” que catalizarían el descontento popular de los ’60,
por lo mismo serán los núcleos más inquietantes para quienes prepara-
ron el golpe militar de 1973, y en donde se esperaba mayor resistencia. 95
Ser industrial ya no será prestigioso. Mientras aparecen estudios
que revelan una fuerte desigualdad en los ingresos –una distribución
particularmente mala al compararla con otros países–, para los parti-
dos políticos de izquierda y de centro, así como en su prensa, serán los
industriales nacionales los que figurarán como culpables, aún más que
“el imperialismo yanqui”.
Viven sus peores años. Leches Delicias y Soprole, Helados Savory,
conservas Watt, molinos La Estampa y San Cristóbal, Arrocera Tuca-
pel, Fideos Luchetti, Pan Ideal, Chocolates Serrano, Licores Mitjans o
Martini y Rossi, Textiles Yarur, Hirmas, Sumar y Caupolicán, tejidos
Caffarena, Chiteco, Labán y Pollak, confecciones Burger, Calderón,
Abumohor y McGregor (de Hirmas); curtiembres Ilharreborde, Dago-
rret, Caussade; calzados Fluxá, Rodillo y Legarreta, Edrobal; muebles
CIC, Mayer, Montero...
Y la Papelera en Puente Alto, pinturas Soquina, Ceresita, Blundell
y El Adarga; Laboratorios Recalcine y Bayer, y Farmoquímica del Pací-
fico; los jabones y cosméticos de Indus Lever, Davis y Laboratorios Gar-
cía; los plásticos de Shyf e Implatex; la loza de Fanaloza, los vidrios de
Cristalerías de Chile y Vidrios Planos Cerrillos, las arcillas y ladrillos de
Princesa...
Eran empresas que había costado fundar, que se iniciaron sin per-
sonal preparado, importando repuestos, capacitando en el camino, y
que habían logrado crecer en los años 30 y 40. Eran nombres grabados
en la memoria colectiva, Cementos Polpaico, tubos Grau, Yeso El Vol-
cán, productos de hormigón de Ready Mix, de acero de Compac, mue-
bles metálicos de CIC y Mademsa, metálicos estructurales de Socome-
tal o Cintac, metálicos domésticos de Mademsa, Ferriloza, Cimet y
Fantuzzi...
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Ahora estaban todos en la mira y fueron años de lucha sindical,


huelgas ásperas, tomas. Esas fábricas de equipos domésticos como Fen-
sa, Mademsa, Sindelen, Famasol, Siam di Tella; las radios Philips y RCA,
los artículos fotográficos u ópticos de Rotter y Krauss, Losada, que años
después serán recordados con cierta nostalgia como símbolos del “Chi-
le de antes”, afrontaron una tensión creciente que culminó en los go-
biernos de la Unidad Popular y la Junta Militar. Si en la primera hubo
tomas a granel –a julio de 1971, iniciando el gobierno, eran ya 339–,
las importaciones también a granel de los militares terminarán por ofre-
cer un panorama desolador de la industria manufacturera de la capital,
antes tan poderosa. El sector industrial se redujo en un 27% entre los
años 1973 y 1976, guarismo que fue mucho mayor, hasta de un 70%,
en ciertos rubros.
La recesión de 1982, 1983 obligará a crear programas extraordina-
rios de empleo mínimo; ya no había tantas industrias para absorber
96 mano de obra, el panorama de la economía global incentivaba pocas
empresas grandes y concentradas, capaces de abrirse al mundo y ex-
portar en los rubros en que Chile tenía ventajas. Por supuesto, ubica-
das en función de aeropuertos, puertos y carreteras.
La capital vivió una suerte de parálisis. Perdió su identidad y su
razón de ser. En el nuevo Chile brilló la gran minería del Norte, los
viñedos del Norte Chico, las viñas del Maipo, Colchagua, Curicó o
Maule, las agroindustrias del Valle Central a partir de Rancagua, las
forestales de las regiones VIII y IX, las salmoneras de más al Sur, en la X
y la XI.
Ya no se trató de sustituir importaciones, sino, como en el sudeste
asiático de los años 60, de facilitar el ingreso de capitales extranjeros
para impulsar el desarrollo del sector exportador, panorama donde sólo
podrían sobrevivir los empresarios capaces de organizar grupos econó-
micos, como efectivamente sucedió.
La gran burocracia, cuna de otra parte de la clase media, también
decreció con el gobierno militar. En la política de disminuir el tamaño
del Estado y de privatizar al máximo las empresas estatales, el sector
público dejó de proteger a cientos y miles de familias que, práctica-
mente desde su llegada de la provincia a la capital, habían subsistido
por su vinculación al sector. Las reingenierías fueron otro golpe de
gracia. Las nuevas empresas, o las sobrevivientes, por la neo cultura
apostaron a disminuir su planta de personal. Las Pymes y las Mpymes
pasaron a ser más relevantes para el empleo, esas medianas o peque-
ñas empresas que sobrevivirían en nichos, intersticios, resquicios de la
gran industria. Por razones de empleo, de política social, se han trans-
formado en protagonistas de la ciudad y muchos programas se orien-
tan a su conservación; es el patrimonio restante, sobreviviente, del
pasado esplendor de la industria manufacturera de Chile.
P OLO PRODUCTIVO EN S UDAMÉRICA

EL IMPERIO DEL MALL

Pero si la industria vivía una crisis profunda, el comercio se multiplicó


más que nunca. Primero fue en Providencia, donde –salvo el pionero
Caracol de Los Leones de los 60– a partir de los años 80 se multiplican
pequeños centros comerciales intermedios: Dos Caracoles, Plaza Lyon,
Dos Providencias, Portal Lyon. Nuevos locales, importaciones, vitrinas
decoradas por profesionales, un despliegue que hace de esa arteria y sus
calles inmediatas un segundo núcleo comercial además del céntrico.
Al mismo tiempo aparecerán las tarjetas de crédito, Diners Club y
Visa, que comienzan a circular en 1981, las que también modifican el
sistema de pago y favorecen el consumo por pagos mínimos.
Las Condes participará, ese mismo año de 1981, con la apertura de
un centro comercial mayor, un mall, el Apumanque de cuarenta mil
metros cuadrados, setecientos estacionamientos, cuatro plazuelas, ocho
calles interiores, ocho escaleras mecánicas. 97
Le seguirán el Parque Arauco en la misma comuna, el Centro Co-
mercial Lo Castillo y el Pueblo del Inglés en Vitacura, el Alto Las Con-
des, e incluso el modelo ingresará a la ciudad histórica con la inaugu-
ración del Mall del Centro. Luego el fenómeno se extiende a los barrios
nuevos de Maipú, La Florida... El Plaza Vespucio Town Center asume
ya una vocación de subcentro de la ciudad, polo de desarrollo urbano
que, junto con el comercio, incluye exposiciones y sala de espectácu-
los, tendencia que se incrementa con el de Huechuraba y que influirá
en los antiguos, como el Parque Arauco, que en 2003 construirá una
ampliación para tener un bulevar abierto, una plazuela con restoranes
y librería además de galería de arte.
Fue un shock cultural el que produjo su aparición; la calle comer-
cial, de siglos, era reemplazada por un trozo artificial de ciudad. El
mall, heredero del mercado de la plaza medieval, que reitera sus mis-
mos comercios, patios de comidas, espectáculos y saltimbanquis en una
versión contemporánea, fue resistido en un principio como un signo
de empobrecimiento de la ciudad con sus espacios públicos.
Pero su fuerza es incontrolable y ha asumido el rol de lugar de
encuentro social, cada vez más. Con la expansión de la ciudad aparece-
rá otro género de comercio, las multitiendas ancla de esos centros co-
merciales, Falabella, Almacenes París, Ripley –que logra ascender des-
de San Diego–, mientras Hites, La Polar y Din continúan expandiéndose
pero dentro de la ciudad, sin modificar la trama urbana, con eje en la
calle San Diego.
El modelo, originario de Estados Unidos, por la expansión del uso
del automóvil, incluye otros rubros. Supermercados como Almac –lue-
go de un tímido origen el año 1957 en la Avenida Providencia–, Unico-
op (luego Unimarc) y Agas; los hipermercados Jumbo –partiendo por
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

el de Avenida Bilbao–, Líder y Ekono que se multiplicarán también en


los sectores nuevos de la ciudad.
Y continúa con la versión siglo XXI de las ferreterías, los Homecen-
ter e Easy, los Home Depot de artículos para el hogar, el Movicenter del
automóvil, una concentración del comercio en grandes cadenas a cos-
ta de los pequeños comercios de barrio y sus muchos propietarios.
Es la economía globalizada, el mundo de las cadenas. También in-
cluye a las hoteleras que abren hoteles de cinco y cuatro estrellas, de
estándares internacionales, llegando en 1998 a constituir el 38% de la
oferta de la ciudad en esa categoría, concentrados en Santiago, Provi-
dencia, Las Condes y Vitacura. El Hotel Carrera, local, será una de sus
víctimas.
Llegan las cadenas de comida rápida, McDonald, Pizza Hut, Burger
King, que también modifican el rubro por su oferta rápida, de costos
más bajos, locales impecables en su presentación. Y las cadenas de cine,
98 en 1998 con sesenta y ocho multisalas repartidas por la RM, todos per-
tenecientes a sólo tres cadenas multinacionales.
Para el urbanista Jordi Borja, la productividad de una ciudad de-
pende de si cuenta o no con un ambiente urbano animado de cafés,
restoranes, actividades culturales, porque es en ellos donde se transa la
mercancía más relevante de una sociedad: la comunicación. El nuevo
escenario aportó movimiento, incorporó grupos socioeconómicos a un
consumo con el que antes no contaban. No es la ciudad de los años 40,
casi peatonal en su núcleo de manzanas céntricas que ofrecían toda
clase de servicios; es la ciudad del automóvil cuyo imperio culmina con
la construcción de la Autopista Costanera Norte.
Para la nostalgia, el Barrio Brasil, el Barrio Yungay, el Barrio Bella-
vista se han especializado en esa oferta de remansos urbanos, plazue-
las, rincones, calles arboladas. En torno al Museo de Bellas Artes se
expande un sector animado de numerosos restoranes y, recientemen-
te, también de cafés, luego que reinara casi único El Bombón Oriental
desde 1967. Trozos de la otra ciudad.

LA NUEVA IDENTIDAD

Por mercado, el pasado no volverá. En el nuevo orden el país, y muy


en especial su capital, ha tomado un rumbo nuevo: reemplazar la pro-
ducción por una identidad asociada a la plataforma de negocios. Califi-
cados como excepcionalmente seguros para las inversiones el país y la
región, encabezando ránkings regionales e incluso superando a países
emergentes del sudeste asiático, están logrando una de las tasas de in-
versión extranjera más altas del continente.
Santiago es reconocido como lugar propicio para desarrollar servi-
cios financieros de largo plazo y de alcance internacional, por lo que
P OLO PRODUCTIVO EN S UDAMÉRICA

numerosos conglomerados la han escogido para instalar su casa matriz


y operar desde aquí hacia el resto de América Latina.
Potencial nodo de los negocios en la aldea global, suscribiendo los
primeros acuerdos comerciales con Estados Unidos, Europa, Corea del
Sur y otros países asiáticos, la economía de la Región Metropolitana ya
pagó los elevados costos de su transformación, de su reciclaje, y los
beneficios están a la vista para quienes hicieron más rápida su recon-
versión.
Le ayuda su infraestructura, telefonía, redes informáticas, toda la
base tecnológica que Santiago de Chile adopta para convertirse en una
de las capitales sudamericanas más rápidas en entrar en la moderni-
dad.
El rol del Gobierno Regional es decisivo para salvaguardar la sub-
sistencia de sectores de Pymes y Mpymes. Si la nueva economía asume
tasas importantes de “cesantía estructural”, sus logros y desarrollo de-
ben permitir apoyar estratégicamente un sector cada vez más importan- 99
te en la generación de empleo. La reciente iniciativa –de las autoridades
regionales– de coordinar a varias de estas empresas metalmecánicas para
ubicar algún nicho europeo en que pudieran ser eficientes y competiti-
vas, lo que se logra exitosamente, muestra un camino. Aunque con pro-
ductos menos complejos –estos están ocupados por Alemania, la Repú-
blica Checa y similares–, la detección de productos de base para esas
mismas industrias o armadoras de muebles y similares permitió, al me-
nos por un plazo mediano, asegurar su vigencia.
Como sucede en países desarrollados, el Gobierno Regional, me-
diante un Departamento de Estudios, tendrá que ser un colaborador
de la empresa privada; tal como lo fue el gobierno de Aguirre Cerda,
ejemplarmente, hacia 1940, en ese equilibrio en torno a los cuatro-
cientos años de Santiago. Especialmente en esta transformación de re-
gión productora en región centrada en la oferta de servicios.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

100
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

CONSTRUIR LA CONVIVENCIA

Todas las normas que rigen una sociedad solo buscan


hacer posible la ciudad, la comunidad, la convivencia.
ORTEGA Y GASSET

NO SEAMOS IDIOTAS 101

Tenemos paisajes, un clima privilegiado, una tierra que produce vinos


y quesos, cereales y aceites de calidad, cordilleras y árboles, muchas
cosas tenemos como diría el indígena, pero todavía no está claro si los
que aquí estamos seremos capaces de ser “nosotros”.
Los griegos son los primeros en distinguir entre ilotas e idiotas;
entre quienes no tienen derechos porque son de otros (situación de los
esclavizados siervos de la tierra pero también de mujeres y niños), y
quienes tienen derechos pero no los ocupan, los idiotas a quienes sólo
desvela lo idios (lo propio, privado, personal). No se interesan por la
comunidad, la ciudad, lo colectivo, lo que pertenece a todos.
Si somos uno de los países con peor distribución de ingresos de la
región, no es casualidad. Algo hay que no estamos haciendo bien, en
algún punto del camino nos desviamos.
En Chile hay pioneros de excepción, en eso de convivir los unos y
los otros, de construir una sociedad. Como el patriota Santiago Bueras
quien, por crecer en zona minera del Norte Chico, entre negros y mu-
latos, fue un promotor de su libertad y derechos. El héroe de la guerra,
de casi dos metros de altura y capaz de tumbar un toro, fue un impul-
sor importante de esa eliminación de la esclavitud de 1823 que tanto
enorgulleció a Chile al ser uno de los cinco primeros países del mundo
en hacerlo. Y no es que no los hubiera, eran cientos en la minería... y
también en los valles agrícolas del Azapa al Choapa.
Es esa una noble inauguración de la cultura republicana y merece
ser justipreciada porque, como lo ha dicho la ONU, la esclavitud no sólo
no ha desaparecido sino que tiende a aumentar con la economía glo-
bal. Niños o mujeres de remotas aldeas trabajan para empresas ubica-
das a miles de kilómetros en condiciones de esclavos; mujeres jóvenes
secuestradas o engañadas para la esclavitud sexual también son cada
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

día más como lo ha comprobado la Anti-Slavery International. El Mo-


vimiento Internacional Católico ha denunciado las condiciones de los
campesinos latinos del Estado de Florida, recolectores de tomates para
el gigante de la comida rápida Taco’s Bell. Honor a Bueras entonces,
héroe popular de la Independencia.
Hay otro hecho fundacional entre los patriotas, la voluntad de crear
una sociedad justa y solidaria con premios anuales por aportes a la
moralidad pública. En esa cultura, del deber cívico de configurar una
democracia integradora de todos los ciudadanos, destaca Mariano Ega-
ña, alma de la Hermandad de los Dolores. Los dolores de unos, desde
ahí en adelante, serían de todos.
La idea nació entre los relegados de la Reconquista, los líderes pa-
triotas confinados en Juan Fernández. Chilenos sentados en las playas
de la isla, al crepúsculo en torno a una fogata, imaginaron Chile, pen-
saron Chile, planificaron una sociedad ideal y también una ciudad ideal.
102 Egaña fue quien dividió Santiago en nueve cuadrantes una vez con-
quistada la Independencia, con inspectores en cada uno para que na-
die quedara olvidado; él mismo, así como varios otros líderes, al atar-
decer caminaría por las barriadas para comprobar en persona cómo
vivían los pobres y atender sus necesidades. Merece recordarse esa
hermandad, una de las más nobles del mundo en esa época.
También a Paula Jaraquemada, se le conoce la patada que le dio al
brasero, para que el oficial español buscara a los patriotas ocultos si
quería, mujer hermosa y de agallas. Pero es, especialmente, una pio-
nera mundial de la creación de talleres en asilos y cárceles, al tiempo y
antes que en muchos países europeos. Los reos eran parte del “noso-
tros”. Su casa ha sido restaurada por la viña Santa Rita, y se visita en la
Ruta del Vino regional.
Buckminster Fuller, pionero de la computación, escribió que la Tie-
rra es una nave espacial y nosotros su tripulación. Hay recursos en las
bodegas pero no son infinitos; hay que escribir un manual antes de
que sea tarde, aprender a vivir en comunidad y de manera sustentable.
Esto significa que mujeres, niños, discapacitados, hombres de todas las
razas, deben ser considerados: si todos están a bordo, si pueden despla-
zarse, si participan en la experiencia de mirar por las ventanillas para
ver dónde vamos, si son oídos al momento de cambiar de rumbo y
decidir dónde queremos ir. Sí, todos entramos en el juego.

ADELANTADOS DEL NOVECIENTOS

El doctor Augusto Orrego Luco, el Presidente Barros Luco y el arzobis-


po González son tres personajes que aportan a la convivencia, a los
que se agregan otros como el doctor Manuel Camilo Vial y el ingeniero
Ismael Valdés Valdés. Tener una educación superior o fortuna era ra-
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

zón moral suficiente para obligarse a contribuir. Todos estarán en lo


mismo hacia 1910, para el Centenario, por lo que al menos duró un
siglo la cultura cívica de 1810.
El doctor Augusto Orrego Luco fue conocido popularmente como
“El Brujo de la Cañadilla” por sus diagnósticos. Notables son esos her-
manos que crecieron junto a las playas de Viña del Mar, leyendo arriba
de un árbol y que hicieron época en Santiago. Luis fue el célebre líder
del Partido Radical y novelista crítico de una sociedad que se afrance-
saba cada año más dándole la espalda a los problemas reales del país;
Casa Grande fue la obra que lo inmortalizó. Roberto, médico, estudió
en Berlín y París para luego consagrarse a la docencia en la Universi-
dad de Chile, donde varias veces fue reelegido decano hasta que re-
nunció durante la dictadura de Ibáñez en protesta por la injerencia del
gobierno, dejando un plantel de maestros en todas las especialidades.
Excepcional en Sudamérica.
Augusto tuvo dos vocaciones, la de médico y la de escritor. Ocupa- 103
rá el sillón diecisiete de la Academia Chilena de la Lengua –lo sucedió
Arturo Alessandri–, publicará biografías de eminentes como Lastarria
y Amunátegui, una historia de la medicina en Chile, docenas de ar-
tículos en la prensa sobre todo tipo de temas. Algunos de sus textos son
coetáneos a los de Freud y Charcot, por lo que, además de introducir la
neuropsiquiatría en Chile, aportó a la disciplina mundial adelantándo-
se en el conocimiento del inconsciente y la histeria. Desde joven se
comprometió con la vida pública. A los veinticuatro años, en la época
del Intendente Vicuña Mackenna, y todavía estudiante, es tal su dedi-
cación a los enfermos de una epidemia de viruela que azotaba Santia-
go, pernoctando en improvisados lazaretos, que se le confiere la Meda-
lla de Oro. Ese mismo año funda la Revista de Santiago con Fanor Velasco,
donde dará a conocer las inquietudes de esa generación. Médico de la
Casa de Orates apenas titulado, autor de artículos costumbristas en la
Revista Chilena, en 1879 pionero mundial de las circunvoluciones cere-
brales que le dan prestigio mundial, diputado liberal y ministro de Edu-
cación en dos gobiernos, es uno de “los santos laicos”: vivió en acto de
servicio.
Atendía gratis en su oficina de la Escuela de Medicina, salía a reco-
rrer el barrio para atender a otros, lo llamaron “El Brujo de la Cañadi-
lla” en La Chimba donde se le atribuían milagros. Ennobleció el cargo
de “médico de la ciudad” –era deber estatal proveerlo– entre 1881 y
1890 y cumplió con una profesión que, según escribiera, “es un arte de
humanidad y de amor a los hombres”.
Ramón Barros Luco, el cazurro –conocido como “el más chileno de
los mandatarios”– en su período de 1910 a 1915, luego de retirarse a su
casa de Mac Iver esquina de Santo Domingo, donde ahora está la Pri-
mera Comisaría de Carabineros, se consagra al hospital que se estaba
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

construyendo en Santiago Sur, al cual aportó trescientos mil pesos. Su


esposa, con lo que le dejó, pudo agregar un millón de pesos más; es por
eso que el gran establecimiento de salud de San Miguel lleva el nom-
bre de Hospital Barros Luco. Esta ilustre familia incluye a Matilde, her-
mana del mandatario, que aportó al mismo establecimiento familiar
trescientos mil pesos, cuatrocientos mil a la Casa de Huérfanos y ciento
cinco mil al Hospital de San Vicente, estando así entre las principales
benefactoras en la historia de la ciudad. Para dar una idea de estos
montos, los egresos totales del San Vicente, el más completo de la épo-
ca, fueron de setecientos mil pesos el año 1909.
Otro personaje que reacciona rápido frente a la crítica situación
social es Juan Ignacio González, el cuarto arzobispo de Santiago. De-
signado en 1908 se consagra a materializar las sugerencias de la célebre
encíclica Rerum Novarum. Creador de las Semanas Sociales, de Escuelas
Nocturnas para obreros, de las Casas del Pueblo, del Día del Trabajo
104 Cristiano, padrino de varios de los primeros sindicatos del país, puso a
la Iglesia Católica chilena a la vanguardia en Sudamérica logrando ali-
near a empresarios en sus proyectos, así como a esposas de magnates
para sus obras.
Siempre había sido así, desde joven, en una familia muy cristiana y
donde Fray Andresito era visita frecuente. A nadie le extrañó que to-
mara los hábitos, pero comenzó a distinguirse al ser ordenado sacerdo-
te de la Iglesia de San Saturnino del Barrio Yungay, donde se orienta al
auxilio de los más pobres.
Moderno e informado promoverá el Salario Familiar, monto sufi-
ciente para que un núcleo obrero viviera al menos con dignidad, e
incluso dirá que más allá de los contratos si el salario era insuficiente
atentaba contra los principios de la justicia natural que implica “dar lo
que es necesario para sustentar la vida de los seres racionales”. El Cen-
tenario de 1910 le servirá de plataforma para celebrar el Primer Con-
greso Católico Social de Chile desde donde se dirige a los empresarios.
El apoyo logrado le sirve para abrir escuelas gratuitas para obreros, tres
de ellas en barrios populares, y los Patronatos de Sagrado Corazón, San
Isidro y Santa Filomena. Consciente de la necesidad de dar a conocer a
los jóvenes esa tarea, de lograr un mejoramiento en la situación del
obrero y nuevas medidas sociales, así como de obtener fondos para las
obras sociales de la Iglesia, funda la Asociación Nacional de Estudian-
tes Católicos. La Sociedad de Instrucción y Habitaciones para Obreros
es otra notable creación del arzobispo González, la cual, entre sus apor-
tes, financiará becas para hijos de obreros destacados en su educación.
También velará por los indígenas del país y es quien impulsa el Con-
greso Araucanista: convivencia de los unos y los otros.
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

MUJER DE AMÉRICA

Dicen que por eso de andar los hombres en la guerra de La Frontera


en el Sur, o en alguna mina escondida en los valles de Petorca, Choapa,
Huasco, Illapel, o navegando en las aguas del Pacífico, la mujer chilena
se acostumbró a ser independiente. Y de ahí que son varias las figuras
femeninas del siglo XIX que se destacan en una centuria en la cual la
mujer sudamericana tenía muy escasos espacios.
La primera en cursar estudios universitarios, Dolores Egaña, es un
ejemplo. Javiera Carrera, que corrió con colores propios en los días de
la Independencia, promoviendo la lengua mapuche y el uso de una
moda relacionada, es otro. También Paula Jaraquemada con sus presos
y pobres o, en la guerra del 79, Irene Morales. Lo mismo en los inicios
de la literatura, Rosario Orrego.
Eloísa Díaz es la primera mujer sudamericana en obtener el título
profesional de médico, en 1886. Su trayectoria es excepcional, y no 105
sólo por su condición de mujer; fue una personalidad. Tuvo, tal vez por
la expectación que provocaba su inesperada presencia, un estímulo
adicional en su carrera de ginecóloga pero, genial y generosa, enorgu-
lleció al país completo y de paso abrió el camino a sus congéneres. Hay
que precisar la visión de sus padres, que le escogieron como escuela la
de Isabel Lebrun de Pinochet donde la enseñanza femenina era la más
rigurosa de la ciudad. Muestra de su carácter es la calidad de la comi-
sión que debió enfrentar al graduarse en ese establecimiento: Diego
Barros Arana, Miguel Luis Amunátegui, Abdón Cifuentes, Rodulfo A.
Philippi... Para completar su formación y ser bachiller en humanidades
se matriculó en el célebre Instituto de Chile que dirigía Clodomiro Al-
meyda, donde se graduará con honores en una sala atestada de públi-
co. La universidad fue sólo una más entre las pruebas que sorteó, en su
promoción obtuvo las mejores calificaciones en Clínica Interna y Obs-
tetricia.
Como médico de la Escuela Normal de Preceptoras comenzó a in-
teresarse en la salud de los escolares y en la higiene y salubridad de los
establecimientos educacionales, aspecto que no estaba en la agenda de
nadie hasta que ella lo denunció. Se la designa médico de las escuelas
de Santiago, enorme responsabilidad y muy decisiva ya que el hogar
santiaguino era, por ignorancia, fuente de muchas enfermedades; la
escuela podía ser el espacio para cambiar hábitos. Crea servicios denta-
les debido a la mala calidad de la dentadura de la mayoría. Instaura la
tradición de los paseos escolares; funda jardines infantiles donde los
niños son controlados en sus dietas alimenticias; promueve las colo-
nias escolares como medio de recuperación física de niños mal alimen-
tados y sedentarios. Crea los policlínicos para niños de escasos recur-
sos; comienza con la vacunación masiva de los escolares... En un
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

congreso médico celebrado en Buenos Aires, el año 1910, cuando am-


bos países celebraban sus centenarios pasando revista a sus logros, Elo-
ísa Díaz es elegida Mujer Ilustre de América. Esta niña, nacida en un
hogar santiaguino de la propia Alameda, la casa de los Díaz Insunza,
alcanzó así proyección internacional, de las primeras de todo el conti-
nente. En los congresos científicos, que se venían celebrando desde el
año 1901, sus propuestas se fueron divulgando y serán varios países los
que irán implementando políticas relacionadas; era mujer de América.
Al año siguiente asume la dirección del flamante Servicio Médico
Escolar de Chile, institución nacida al amparo de sus ideas y con su
propio dinero impulsa el desayuno escolar obligatorio hasta volverlo
un hábito.

CATÓLICOS EN LA CUESTIÓN SOCIAL

106 El ingeniero Francisco Hunneus Gana es uno de los jóvenes católicos


que reacciona con las encíclicas sociales y ofrece su formación profe-
sional al servicio de problemas concretos. Tras denunciar los intereses
que cobraban las agencias de empeño, y contrastarlos con los que pa-
gaban las Cajas de Ahorros, promueve la fundación de la Caja de Cré-
dito Popular que evitará la usura contra los pobres. Será su presidente
por muchos años.
También estudia la vivienda obrera, estadísticas y condiciones ma-
teriales, tras lo cual impulsa la legislación de las habitaciones popula-
res. Será administrador de la Sociedad Protectora de la Infancia por
catorce años, del Consejo Nacional del Niño durante siete, filántropo
de varias instituciones. Entre sus hijos destaca una figura justamente
asociada a los niños de Chile, Marcela Paz: Ester Huneeus Salas.
En el colegio San Ignacio se formó el niño Carlos Casanueva Opa-
zo, quien también reacciona ante la realidad social. Alentado por su
director espiritual participa en las Conferencias de San Vicente de Paul,
en las de San Luis Gonzaga y en el Patronato de Santa Filomena al que
juró solemnemente no descuidar jamás, junto con sus amigos que se
habían incorporado contagiados por su entusiasmo. Aunque estudió
Leyes en la Universidad de Chile, donde también reclutó colaborado-
res del Patronato, un curso que siguió en la Católica le marcó la vida, el
de Economía Social que impartía Francisco de Borja Echeverría para
difundir las encíclicas sociales del Papa León XIII. Apenas titulado im-
partirá esa misma cátedra e ingresará al seminario para ser sacerdote.
Volvió entonces a Santa Filomena, como capellán de ese templo y pá-
rroco del Barrio Bellavista, con la colaboración económica de su amigo
millonario Juan Enrique Concha Subercaseaux, uno de los herederos
de la Viña Concha y Toro. A cargo del Diario Popular promueve el idea-
rio social en un público amplio. Es rector de la Universidad Católica a
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

partir de 1920 –donde deja su impronta definitiva y su infraestructura.


También logró a través de esos medios promover las inquietudes socia-
les, los valores cristianos de convivencia solidaria.
El padre jesuita Fernando Vives, su principal discípulo, será el nue-
vo gran divulgador de la doctrina social de la Iglesia Católica y precur-
sor del social cristianismo en el país. En 1912 comenzará a denunciar
el panorama social, ruidosamente, por lo que lo mandarán a Argenti-
na. Pero su postura tenía apoyo: Concha y Toro, Miguel Claro y el
arzobispo González. De vuelta, será impulsor de sindicatos y difusor de
ideas social cristianas entre los alumnos del San Ignacio, fundará círcu-
los de estudios y oficinas sociales al otro lado del Mapocho. Vuelve a
ser perseguido y trasladado. Pasan catorce años antes de que pueda
volver. Cuando lo hace encuentra un clima más propicio para fundar
la Liga Social Chilena y forma jóvenes y obreros en ese ideario, ahora
con más aliados como el Padre Hurtado y Clotario Blest.
Juan Enrique Concha Subercaseaux fue decisivo. De familias vine- 107
ras –hijo de don Melchor Concha y Toro– heredó de su padre las in-
quietudes sociales. Su memoria de abogado la dedica a “Las cuestiones
obreras”. Es uno de los fundadores del Patronato de Santa Filomena
con el que colaborará por treinta años. De su bolsillo financia la capilla
y también varias obras de la Fundación León XIII que, orientada a la
habitación obrera, se iniciará liderada por su padre con la Población
León XIII en Bellavista.
Creador de las primeras cooperativas de alimentos en barrios po-
pulares, consejero de los célebres Talleres de San Vicente de Paul, Con-
cha está en todas las obras sociales de la Iglesia Católica de la época.
Alcalde de Santiago a principios del siglo XX es el que asfalta las calles
céntricas. Como parlamentario, impulsa una legislación del trabajo que
no llega a aplicarse. Es profesor de Economía Social en la Universidad
Católica, sus “Conferencias de Economía Social” electrizan a toda una
generación de jóvenes. Senador de la República (1918-1924), muchas
leyes sociales de esos años se debieron a sus iniciativas.

LAICOS CONSAGRADOS

Siendo estudiante todavía, Ismael Valdés Valdés fue uno de los funda-
dores de las escuelas “Lincoln” y “Franklin” para obreros. Desde en-
tonces no deja de pensar en el país con su lúcida y sistemática inteli-
gencia. Todos los escenarios los ocupará; bombero por setenta y tres
años llega a ser Superintendente, la máxima autoridad; liberal toda la
vida será presidente del Partido, de la Cámara de Diputados y del Sena-
do, respetado por todos los sectores por su tolerante valoración de las
intenciones de cada una de las doctrinas; un maestro de la convivencia
social.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

El 1900 Santiago batió un pavoroso récord mundial, era la ciudad


con la más alta tasa de mortalidad infantil del mundo, 502 x 1.000. La
cifra estremeció al ingeniero Valdés Valdés, lo hizo mirar los barrios
pobres de la ciudad, la periferia donde cientos de mujeres morían len-
tamente de hambre porque lo que ganaban desempeñándose como
lavanderas, costureras o en el mercado no era suficiente para alimen-
tar a sus hijos. Al año siguiente funda el Patronato Nacional de la In-
fancia con Ramón Barros Luco, promueve la Gota de Leche en los ba-
rrios más pobres y comienza a estudiar las causas de la situación..
Llega a la conclusión de que el país debe dividirse en ocho provin-
cias poderosas, eficientes y productivas, suerte de programa de gobier-
no nacional. Promueve la creación equitativa de plazas repartidas por
toda la ciudad donde los niños puedan jugar y hacer deportes para
mejorar su salud. Impulsa la alimentación selectiva de las madres em-
barazadas cuyos vientres son portadores de “los hijos de la patria”, los
108 hijos de todos.
Observa que las ciudades deben ser reformadas según modelos adap-
tados al entorno. Valora en mucho la silueta del Santa Lucía, la masa
del San Cristóbal, el sinuoso recorrido del Mapocho –dice que él salva
la ciudad de la monotonía de tantas calles rectas–, el fondo andino de
la ciudad hacia el Oriente, la vegetación plantada. Con sólidas razones
propone que las calles nuevas deben correr de Nordeste a Sudoeste y
de Noroeste a Sudeste para así mejorar su asoleamiento y la salubridad
de los barrios. En 1914 da una conferencia en la Biblioteca Nacional y,
describiendo los avances de Buenos Aires y Río, pregunta: ¿qué ha
hecho Chile respecto de Santiago? En 1919 será precandidato presi-
dencial, superado por Alessandri Palma.
Parte a París en busca de respuestas. Ve funcionar el transporte
integral y se admira de la total coordinación de recorridos y horarios
entre tranvías, microbuses e incluso vapores del Sena, ahorrándose
miles de horas hombre anuales. Pero los políticos chilenos no quisie-
ron correr el riesgo de entrar en conflicto con los choferes y propieta-
rios de líneas.
Se aleja de la política para dedicarse a los niños, autoridad america-
na reconocida cuando se le nombra consultor de la Sociedad de las
Naciones. Asume la dirección del Hospital Arriarán. Es presidente del
Patronato Nacional de la Infancia, de 1913 a 1926. Preside la filantró-
pica Junta de Beneficencia de Santiago y luego la nacional, organiza-
ciones que promueve en toda Sudamérica. Es fundador y primer presi-
dente del Instituto de Ingenieros para que su profesión aborde los
problemas del país; apoya la educación obrera a través de una Junta de
Enseñanza Técnica...
En el Teatro Municipal, cuando se conmemoran los veinticinco años
del Patronato de la Infancia, se celebra que la mortalidad haya bajado
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

del 30 ó 40%, al 10%. Muere en paz, ya viudo y sin hijos, dejando toda
su fortuna a la Beneficencia Pública.
El Dr. Corbalán Melgarejo destaca como propulsor de múltiples ini-
ciativas similares desde el Partido Radical. Primer Director de Sanidad,
institución que inaugura la coordinación de la salud del país en manos
de médicos, la organiza en cuatro entidades: Instituto de Higiene, Ofici-
na de Vacunas, Inspección de Boticas y Oficina de Desinfección. Los doc-
tores Manuel Barros Borgoño, Manuel José Barrenechea y Francisco
Puelma Tupper abogarán por impulsar y aprobar la nueva salud pública
y también la enseñanza agrícola e industrial que permitiría a las clases
populares mejorar su calidad de vida sin depender de la filantropía.
El Partido Radical será así una matriz de proyectos país para mejo-
rar las condiciones de vida y la convivencia social, en esa época de
notables líderes. El patriarca Enrique MacIver les daba conferencias en
el “Ateneo” de Santiago para incitar a buscar respuestas específicas,
Samuel Lillo y Diego Doblé Urrutia, poetas radicales, eran los organi- 109
zadores y el liberal Arturo Alessandri Palma, joven, su secretario. Esti-
man que la situación social es intolerable, que el resentimiento au-
menta, que el país avanza hacia una espiral revolucionaria si no se
atienden las justas demandas populares.
Notable era la inteligencia radical. Valentín Letelier, rector de la
Universidad de Chile; Juan Nepomuceno Espejo, rector del Instituto
Nacional; Paulino Alfonso, padrino de nacimiento del Museo de Bellas
Artes y apóstol de la cruzada nacional contra el alcoholismo; Ramón
Corbalán Melgarejo, pionero de la Salud Pública y autor con el mismo
Paulino Alfonso del Código Sanitario; Darío Salas, director de Enseñan-
za Primaria y futuro ministro de Educación; Luis Orrego Luco, novelis-
ta y sociólogo que también ocuparía la cartera de Educación; Armando
Quezada Acharán, futuro rector de la Universidad de Chile; Benjamín
Vicuña Subercaseaux, el hijo del gran Intendente, autor de El Socialis-
mo Revolucionario y la Cuestión Social en Europa y Chile...
En 1920 les tocó celebrar cuando triunfa Alessandri Palma. El pre-
sidente del partido y de la Asociación Nacional de Profesores, Pedro
Aguirre Cerda, abogado y pedagogo, será el nuevo ministro del Inte-
rior. Era un fiel creyente en el ideario radical, un convencido en la
inteligencia aplicada a los problemas como camino de mejoramiento
social. Especializado en Derecho Administrativo y Financiero en La
Sorbona, visitante de centros educacionales de Bélgica, Inglaterra e
Italia, estudioso en Estados Unidos de sus sistemas de enseñanza in-
dustrial, es uno de los sudamericanos más integrales en su visión de “la
cuestión social”. Por dos décadas hará aportes decisivos en cuanto a
cómo impulsar la industrialización, la agricultura, la economía en ge-
neral para que mejoraran las pobres condiciones de vida de las mayo-
rías. El desarrollo era una tarea social.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

HERMANOS DEL RÍO

Los hijos de Cástor del Río Arriarán cambiaron Santiago. Roberto,


apenas titulado médico, se hizo cargo por ocho años de la Casa de Huér-
fanos de Santiago; los niños de la ciudad serán su misión y apostolado
por el resto de su vida. Con la generosa colaboración de un tío millona-
rio, Manuel Arriarán, no descansa hasta lograr que la capital cuente
con su Hospital de Niños; el mismo que después se conocerá por su
nombre, el Roberto del Río. Vicepresidente del Patronato de la Infan-
cia, miembro del Consejo de Protección de la Infancia, autoridad pe-
diátrica continental, en el Santiago del Centenario era uno de los per-
sonajes más queridos de la ciudad. Al morir el tío, en 1907, dejará
cuatrocientos mil pesos para construir otro hospital de niños, el “Ma-
nuel Arriarán”.
Otro pariente, Francisco Arriarán del Río, también millonario, será
110 el padrino del vetusto Hospital San Borja y de su Hospicio para indi-
gentes, también del Asilo del Salvador y de la Hermandad de los Dolo-
res, esa que concibieran los patriotas relegados en la isla de Juan Fer-
nández.
La mortalidad infantil los había estremecido, cientos de niños mo-
rían antes de cumplir un año de edad, lo que era mucho peor en los
ranchos de la periferia y en los conventillos de la ciudad. También se
formó un grupo de “damas de sociedad” que financia la construcción y
atención de un centro de acogida en Matucana, junto a la Hospedería
de San Rafael. Otras mujeres reaccionan en 1914 al llamado de la Cruz
Roja internacional y crearán una filial chilena, asesoradas por médi-
cos, en la Avenida Independencia esquina de Lastra; para 1920 ya se-
rán quinientas las voluntarias orientadas a la población de menores
recursos. También se funda una Asociación de Señoras contra la Tuber-
culosis, de doscientas dos “distinguidas damas de nuestra sociedad”
según la prensa de la época, que sólo en 1906 ya había atendido a cerca
de cinco mil enfermos. Del asociacionismo femenino católico es un
ejemplo doña Adela Edwards de Salas, quien, incluso, es elegida con-
cejal por Santiago.
Pero no era suficiente. Un hermano de Roberto del Río, Alejandro,
impulsará la acción del gobierno en una campaña que incluye a los
doctores Corbalán Melgarejo, Pedro Lautaro Ferrer, Octavio Maira. Hoy
son apenas nombres de calles cuando su apostolado era con riesgo de
vida y, efectivamente, muchos facultativos murieron contagiados por
los males de la época. Formado en Europa, Alejandro del Río hará
visible la obligación del Estado frente a la pésima salubridad ambiental,
lo que lo lleva a promover desde el alcantarillado hasta la higiene en
los mercados. Por su visión integral fue el presidente de la V Conferen-
cia Sanitaria Americana, celebrada en Santiago el año 1911.
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

Cuesta creer que un solo individuo impulsara el Instituto de Higie-


ne al que dirigirá personalmente. Funde, además, la Asistencia Pública
–al comprar un terreno a los jesuitas– y también dirija dieciocho años,
la que ahora lleva su nombre, la Escuela de Servicio Social orientada a
madres en desgracia y a niños y la Escuela de Enfermeras de la Benefi-
cencia Pública. Que cree asimismo el Desinfectorio Público y funde el
Boletín de Higiene y Demografía. En este tiempo también se promulga el
Código Sanitario que prepararan el doctor Corbalán Melgarejo y Paulino
Alfonso y se crea, nada menos, que el Ministerio de Higiene, Asistencia
y Previsión Social del cual será su primer ministro. Miles de santiagui-
nos caminan hoy por las calles de esta ciudad sin saber que, indirecta-
mente, le deben la vida.
Tiene sentido que dos calles vecinas al Parque Forestal lleven los
nombres de Corbalán Melgarejo y Paulino Alfonso, el médico y el abo-
gado que unieron sus saberes para redactar el Código Sanitario. Ellos mis-
mos impulsaron la creación del Parque Forestal cuando se quería llenar 111
todo ese espacio con edificios públicos. La gente necesita respirar, argu-
yeron, y era mejor que lo hiciera junto a las brisas de la ventilada caja del
río. Los ricos tenían sus parques, sus mansiones aisladas; los pobres, ha-
cinados en ranchos o conventillos, necesitaban un espacio público.
Dos grandes benefactores se unieron, dos gigantes de la época, el
propio doctor Alejandro del Río y el ingeniero Ismael Valdés Valdés,
para fundar la Revista de la Beneficencia Pública con el fin de motivar y
educar a la población. Teatros, colegios, iglesias, tranvías y barberías,
sin una cultura de aseo y ventilación eran verdaderos focos de enfer-
medades. El Intendente Alberto Mackenna Subercaseaux, como presi-
dente del Consejo Superior de Habitaciones para Obreros, crea el pre-
mio al conventillo más higiénico en 1921, el que señala con una placa
de bronce para incentivar a los dueños a preocuparse de su salubridad.
Poco antes, en 1918, la epidemia de tifus exantemático había barri-
do con familias enteras cuyos cadáveres, rociados con sulfatos de cobre
y cinc y acompañados de todas sus prendas, eventualmente contagio-
sas, ardían en piras en la vía pública tal como en la Edad Media. Fue-
ron más de ciento cincuenta los muertos de cada día... Para 1927, gra-
cias a estos médicos y a sus amigos adinerados, encabezados por los
Arriarán del Río, Santiago ya contaba con diez hospitales públicos para
atender en todas las especialidades médicas y quirúrgicas con tres mil
camas. La mortalidad infantil, los muertos por pestes, comenzarán a
disminuir.

NUESTRA CIUDAD DE LA ALEGRÍA

El best seller de Dominique Lapierre sobre un barrio de Calcuta, La


ciudad de la alegría, espantable a la distancia por la ausencia de vivien-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

das definitivas, agua potable, alcantarillado, todo servicio y que, sin


embargo, era escenario de amores, dolores y entusiasmos que en nada
se diferencian a los de otros sectores, bien pudo haberse inspirado en el
Santiago del novecientos.
Desde esa realidad, a lo largo del siglo XX, se fue dando espacio a
viviendas sociales que hoy cubren cientos de hectáreas donde –con
tasas excepcionales en Sudamérica– funcionarán los servicios aunque
permanezcan “bolsones de pobreza” que se buscarán sanear de aquí al
Bicentenario.
Hubo que construir, primero, una cultura. Entre cristianos de dife-
rentes confesiones, anarquistas y radicales, comunistas y socialistas,
filántropos judíos y árabes, se fue dando forma a una idea. Que una
ciudad no es sólo un espacio donde encontrar trabajo, vivir, formar
una familia, labrarse un destino. También es el desafío comunitario, de
crear una empresa social donde unos y otros logren sobrevivir, educar-
112 se, acceder a la salud, a una calidad de vida mínima.
La ciudad abre la posibilidad de decir “nosotros” cuando la comu-
nidad que la habita descubre su propia manera de ser plural. La ciudad
griega, la medieval cristiana, la laica de la revolución francesa, fueron
creciendo en parámetros cada vez más amplios de libertad, dignidad y
fraternidad. Ese camino ha llevado a determinar derechos y deberes
del ciudadano: al desplazamiento por el territorio, al espacio público y
a la monumentalidad, a la belleza, a la identidad colectiva, a la protec-
ción por parte del gobierno, a la seguridad ciudadana, a la calidad de
vida en el medioambiente, a la privacidad...
América Latina ha sido lenta en descubrirlo. Su literatura, desde
Alejo Carpentier a Gabriel García Márquez, pasando por Ciro Alegría y
Neruda, endiosa la naturaleza como la matriz de lo nuestro. La tonada
y el bolero acompañaron al campesino que en el siglo XX debió aban-
donar la tierra para buscar trabajo en la ciudad, un hombre que llora
su nostalgia luego de perder el paraíso que lo unía, a través de volcanes
tutelares y relámpagos divinos, a sus ancestros indígenas. El siglo ten-
drá que ir avanzando, año a año, hasta dejar a la vista que la comuni-
dad, y no sólo el Estado, es responsable de los postergados, de los que
sobreviven apenas en las periferias insalubres.
Y comenzarán a expandirse los policlínicos, las poblaciones socia-
les, pero luego de las primeras y notables, no tendrán diseño urbano
sino la monótona regularidad de los corrales y los pabellones para aves
de corral. Salvo excepciones, sólo al fin del siglo se descubrirá el valor de
la vida urbana con su riqueza de plazas, cafés, teatros, correos, que su-
man una calidad de vida que ayuda a encontrarle un sentido a la exis-
tencia y que entrega el sentimiento de pertenencia a una comunidad.
Fue muy lento, tanto que la pobreza llegó a ser una marca cons-
tante, un sello internacional, un signo de identidad de América Latina.
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

No hace mucho, la Harvard Review of Latin America, en la edición del


invierno de 2003 dedicada a nuestras ciudades, gira en torno a nuestra
pobreza urbana, la corrupción de los gobiernos, la aguda estratifica-
ción social y los conflictos de clase. Como si todavía, enmascarados,
reinaran los sumos sacerdotes en lo alto de las pirámides, habitantes de
palacios y a sus pies se extendiera aún la masa sumisa, anónima.
Nosotros hemos sido cómplices de esa imagen. El arte y la política,
el cine y la economía, las revoluciones y las muertes, han estado tren-
zados en torno a la pobreza. Pero creo que nos confunden en Harvard;
si es tan obsesiva esta presencia es porque hemos aprendido a mirarla
y porque no la soportamos. Lento ha sido, en el siglo XX, el camino
para acoger a los millones de habitantes pobres de las ciudades de
América Latina.

POBRES A LA VISTA
113
La vivienda social se inicia con proyectos desde 1906, con la Ley de
Habitaciones Obreras, la primera iniciativa social del siglo para enfren-
tar “la cuestión social”; no muy posterior a las pioneras de Europa, la
belga de 1889 y la inglesa de 1890. En el Congreso de La Haya de 1913
el país puede enviar un representante a dar cuenta de los avances.
Tuvo ese honor el gobierno gestor de Germán Riesco, de 1901 a 1906,
y al que poco se recuerda...
Hay conjuntos habitacionales de una calidad emblemática como el
Barrio Huemul o la Población León XIII. Es un patrimonio excepcional
de Santiago, que debiéramos conocer y mostrar al turista, reflejo de un
temprano despertar social cuando los barrios pobres de Barcelona,
Nueva York, eran igualmente miserables. Hay que ver y leer a Vicente
Espinoza en Para una historia de los pobres de la ciudad; o la obra de Mar-
co Antonio León, En torno a una ‘pequeña ciudad de pobres; o, de Isabel
Torres Dujisin, Los conventillos en Santiago (1900-1930) y, más reciente
(2004) El mundo de las poblaciones, de varios autores, Editorial Lom. Es
nuestra historia, es lo que comenzaron a construir nuestros ancestros,
nos pertenece.
El centro fue creciendo, expulsando a los pobres más allá, a las pe-
riferias, dejando solamente algunos instersticios que demoraban en ser
erradicados. Por otra parte, otros –los que podían pagar algún arriendo–
se moverían desde la periferia hacia el centro abandonado; cruzándose
con los grupos más poderosos. Evocaron y repitieron sin saberlo el pro-
ceso que dio origen al término conventillo, de cuando un convento
religioso (conventus: congregación, reunión) era abandonado y se usaba
para albergar a familias pobres. El convento devenía conventillo.
Aunque Vicuña Mackenna quiso separar la ciudad europea del “po-
trero de la muerte”, pasarán décadas en las que la convivencia fue supe-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

rior a la esperada. Y es que muchas mansiones nuevas tenían una planta


baja para arriendo a artesanos y pequeños comerciantes, mientras sus
propietarios habitaban los alto; en una misma casa se daba la mezcla
social. El Camino de Cintura estaba condenado al fracaso en cuanto a
pretender separar a unos y otros con un ancho cordón verde, su clara
geometría escondió rincones al interior del círculo de las avenidas Vicu-
ña Mackenna, Matta-Blanco, Exposición, el Mapocho. La mansión y el
conventillo convivían en la misma manzana, e incluso los rancheríos
espontáneos como hasta hoy en Caracas. Esto permitió que líderes so-
ciales reaccionaran más rápido ante una realidad que veían a diario.
Familias hacinadas en piezas de tres metros por cuatro, muchas
veces carentes de toda ventilación, sin alumbrado ni agua potable; casi
rozaban los muros de un palacio de gruesos cortinajes, esculturas, altos
árboles, y del que surgía el sonido de un piano. Los médicos fueron de
los primeros en denunciar las condiciones de vida tan frágiles ante pes-
114 tes e infecciones, tan poco higiénicas y de hacinamientos propicios a
incestos y violaciones.
Para los escritores de la época, este “desecho de la ciudad y la na-
ción” fue un tema obligado; la ciudad aparece de Edwards Bello a Ma-
nuel Rojas pasando por González Vera, Alberto Romero, Sepúlveda
Leyton, Danke... La mayoría intentará que la sociedad no sólo vea su-
ciedad, pestilencia, insalubridad, rostros amenazantes, sino también
seres humanos plenos como en la gran novela Los hombres oscuros de
Nicomedes Guzmán.

ALESSANDRI PALMA Y “LA CANALLA DORADA”

Durante la Primera Guerra Mundial estallan en Chile varias deman-


das sociales, inquietud que culmina al llegar al gobierno, en 1920, el
liberal Arturo Alessandri Palma, abogado que se titulará con una tesis
sobre “Habitaciones para obreros” y que, justamente, enarbolará en su
candidatura las banderas de la democracia social.
Su triunfo sorprendió a toda Sudamérica. Fue inesperado pero se
venía gestando desde el 1900, cuando el viejo caudillo radical Enrique
MacIver, comenzó a usar la plataforma del Ateneo para denunciar “la
cuestión social”.
Aunque sin respaldo para un candidato presidencial propio, los
radicales estarán presentes en las contiendas dando su apoyo a los libe-
rales de avanzada, Agustín Edwards MacClure en 1910, Eliodoro Yá-
ñez en 1915 y finalmente Alessandri en 1920, cuando salen vencedo-
res. Pedro Aguirre Cerda asume el Ministerio del Interior, creyente de
la necesidad de ampliar la cobertura educacional como medio de pro-
moción social de las masas postergadas, lo que comparte con su amiga
y protegida Gabriela Mistral.
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

Alessandri Palma, parlamentario y ministro liberal de los Presiden-


tes de la época parlamentaria, había contribuido decisivamente a apo-
yar las leyes y decretos que fueron creando la legislación de la medici-
na social, de la higiene y sanidad estatal. Fue el Presidente de Chile que
durante la primera mitad del siglo XX más influyó en la mejora de la
situación económica social del pueblo chileno. Su mano firmó las gran-
des leyes médico-sociales, desde el Código Sanitario en 1918 hasta la
Medicina Preventiva en 1938.
Entre el gobierno de Alessandri Palma y la dictadura de Ibáñez del
Campo hubo un interregno, encabezado por una junta militar que toma
el poder en septiembre de 1924, la que promulga varias de las leyes
sociales preparadas en tiempos de Alessandri como las de Contrato de
Trabajo, Seguro Obrero y Accidentes de Trabajo, Sociedades Coopera-
tivas y la de la Caja de Empleados Particulares. Ellas dejaron al país en
la vanguardia de Latinoamérica en legislación social y de esta manera
quedó formalmente establecida la doctrina del Estado Benefactor. 115

DOS HERMANOS GRANDES

En la difusión de la doctrina del Estado Benefactor fueron significati-


vos, según viéramos, médicos como Ramón Corbalán Melgarejo, Octa-
vio Maira, Alejandro del Río, Manuel José Barrenechea, Francisco Puel-
ma Tupper, Lucio Córdoba y Pedro Lautaro Ferrer, apoyados
jurídicamente por el abogado Paulino Alfonso.
El accionar del grupo se concentra en Santiago, la ciudad de las
masas obreras y la que experimenta mayormente los impactos de la
revolución Industrial. La ley del Seguro Obrero, la célebre 4.054 con-
tra riesgos de enfermedad, invalidez y muerte para todos los asalaria-
dos menores de 65 años –con su Caja de Seguro Obrero Obligatorio–,
tiene como autor en la Cámara de Diputados al doctor Exequiel Gon-
zález Cortés, el que, formado en Alemania y Francia a principios del
siglo XX, regresará impresionado por el seguro social de enfermedad
germano. Será presidente de la Sociedad Médica y de la Comisión de
Higiene del Senado, lo que le permite impulsar con fuerza sus postu-
ras, transformándose en un personaje social decisivo en el país. En
1929 recibe un reconocimiento internacional en las Conferencias del
Trabajo en Ginebra, donde se debatía la obligatoriedad del Seguro Obrero
de Enfermedad e Invalidez, por ser uno de sus impulsores. Su nombre
queda inmortalizado en el Hospital de Niños Exequiel González Cor-
tés, ubicado en la Comuna de San Miguel, el que hoy atiende a más de
quinientos mil niños de Santiago Sur.
Su hermano arquitecto, Ricardo, es quien le da forma visible al
poder y a las esperanzas en el Seguro Obrero, el emblemático edificio
que se alza en Morandé con Moneda y que es un verdadero monu-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

mento a la legislación social chilena, un palacio para el obrero chileno


en la mentalidad de la época, simbólicamente frente al propio Palacio
de la Moneda, hoy ocupado por el Ministerio de Justicia.
El año 1941 González Cortés fue gran impulsor de la celebración
del IV Centenario de Santiago, convencido de que era posible y necesa-
ria la reforma urbana, pero a partir de los profesionales y no de los
políticos, quienes eran, casi siempre, a su juicio, “connotados caudillos
o aventureros locales”. Su postura tendrá respaldo sucesivo en los go-
biernos de Ibáñez, Alessandri Palma, Aguirre Cerda y Ríos, los que
efectivamente optan por modernizar el país mediante procesos lidera-
dos por profesionales. Para él “las grandes reformas urbanas requieren
el apoyo y la colaboración de todos: la lenta formación de un espíritu
cívico”. En torno a ellas se podría construir la ciudadanía.
Ricardo González Cortés también, como su hermano, se impresio-
na con los servicios sociales del mundo germano. Trae de Austria y
116 Alemania el sueño de multiplicar la edificación barata, los conjuntos
de baja altura o bloques de viviendas de cuatro a seis pisos, la idea de
los programas masivos financiados con recursos fiscales que efectiva-
mente se emprenden en esos años.
Los hermanos González Cortés, el médico y el arquitecto, son el
mejor testimonio de ese fenómeno; con Alessandri Palma se impone
un modelo profesional de gobierno, de proyectos generados por espe-
cialistas universitarios. Los gobiernos siguientes compartirán esta polí-
tica que permitió emprender y perseverar en planes mayores de me-
diano y largo plazo, más allá de los cambios políticos.
Aguirre Cerda, abogado gratuito de pobres en su oficina del Pasaje
Imperio cuando volvió de Europa –allá estudia y luego publica sus in-
vestigaciones sobre la agricultura y la industria en Chile– crea en 1933
los Talleres de Industrias Nacionales para paliar la cesantía mediante la
enseñanza industrial. Preside en 1934 el Congreso de Fomento Indus-
trial y ese mismo año, en la Universidad de Chile, funda la Facultad de
Comercio y Economía industrial.
Sus Talleres de Industrias Nacionales realizan estudios médicos de
alimentación popular y propulsan cocinas populares en barrios obre-
ros. Vivía en MacIver con Esmeralda pero deberá vender la casa para
pagar su candidatura presidencial en tanto otra deuda es asumida por
la viña familiar de Conchalí. El mandato le servirá para impulsar la
educación y la industria como herramientas de mejoramiento de la
vida de las grandes masas.

LOS SANTOS CATÓLICOS

La línea católica culmina en el padre Alberto Hurtado Cruchaga y su


amigo Manuel Larraín Errázuriz, compañeros de juegos en la Plaza
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

Brasil hacia 1910, en el Colegio San Ignacio, en Leyes de la Universi-


dad Católica y, finalmente, en el sacerdocio. Aunque la obra pública de
Hurtado tiene un brillo sin igual, Larraín es otro gigante de la época.
Sus textos La Iglesia ante el problema social (1941), Mensaje social católico
(1946), su guía de la Acción Católica –la dirigirá a nivel continental–,
su apoyo a la Falange Nacional cuando el Arzobispado de Santiago
quiso disolver este partido político, su histórica propuesta de un Comi-
té Episcopal Latinoamericano (CELAM) el año 1955 en el Congreso Eu-
carístico que preside en Río de Janeiro –inmediatamente aceptada–, su
influyente libro América Latina. Problemas, peligros, soluciones (1960) y
su promoción de la Reforma Agraria en 1962, dando el primer ejemplo
al entregar el fundo “Los Silos” de Pirque a los campesinos, más sus
aportes al Concilio Vaticano II y su visión continental tan explícita en
Desarrollo. Éxito o fracaso en América Latina, lo convirtieron en protago-
nista de la agitada década de los años sesenta en la que el rol de los
católicos se vio comprometido en posturas muy diferentes. 117
De Alberto Hurtado Cruchaga se ha dicho mucho, aunque no se ha
destacado la importancia de sus maestros y guías. Traía una sensibili-
dad dispuesta, casi desde niño, a los catorce años, cuando reemplaza
los juegos en la Plaza Brasil y los primeros cigarrillos en el Santa Lucía,
lugares placenteros, por la pobreza extrema de las callampas de los
alrededores de la capital, cambio en el que alguna influencia tendría su
director espiritual, el padre Francisco Vives, el difusor de las encíclicas
sociales y director de un Patronato que tenía biblioteca, centro obrero,
escuela, una ONG de la época en la que el estudiante Hurtado será
secretario por cinco años. Al mismo tiempo asiste a retiros de verano
en Las Cruces, conducido por otro gran inquieto social, el padre Carlos
Casanueva.
En los años siguientes lo veremos cruzar el Mapocho en dirección
al Barrio Bellavista; allá, donde los millonarios Concha y Toro impulsa-
ran un barrio obrero católico, el León XIII, donde el heredero Concha
Subercaseux promovía las reformas sociales europeas y los jesuitas Vi-
ves y Fernández Pradel las encíclicas del Papa León XIII. Allí el joven
Hurtado madura su vocación y compromiso y la Acción Católica y la
Escuela Nocturna obrera de los jesuitas en la calle Lord Cochrane re-
dondearán el camino escogido.
Luego comenzará su acción. Casi al mismo tiempo los jóvenes de
su generación se hacen presentes con discursos nuevos. Son los años
del Frente Popular, de la Guerra Civil en España, de fascismos y nazis-
mos que radicalizan a todo el mundo occidental. Eduardo Frei publica
Chile desconocido en 1937, Salvador Allende La realidad médico-social de
Chile en 1940 y al año siguiente el padre Alberto Hurtado su célebre
libro ¿Es Chile un país católico? Fecundos fueron esos años fundacionales
de los signos del siglo XX chileno, los que culminan hacia 1941 cuando
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

la ciudad de Santiago cumple sus cuatrocientos años de historia. Fue


tiempo de cambios.
Serán esos ensayistas, los tres, protagonistas de las décadas siguien-
tes; la revolución en libertad de Frei Montalva, la vía chilena hacia el
socialismo de Allende y las numerosas obras que funda el padre Hurta-
do marcan presencia en una sociedad ajena a la realidad de los pobres.
El Hogar de Cristo nace el 21 de diciembre de 1944 en la calle Bernal
del Mercado del Barrio Estación Central; le seguirá el Hogar para Niños
Vagos en la calle López; el Hogar para Mujeres Indigentes de calle To-
cornal; la Acción Sindical y Económica Chilena (ASICH) que le costó
una expulsión del país... Nadie como él para hacer ver el rol social del
hombre rico, el deber de quien tiene talentos: utilizarlos para crear y
administrar riquezas y también compartirlas “hasta que duela”.
El cientista político Patricio Valdivieso ha revelado que el Padre
Hurtado planteó y desarrolló un completo pensamiento sobre el ser
118 ciudadano, consciente de que “la cuestión social” no era solucionable
sin la participación constante y sistemática de todos los ciudadanos.
Como varios jóvenes chilenos, se había ido a formar a la Universidad
Católica de Lovaina, el principal centro mundial académico de avanza-
da en el pensamiento social católico. Allá, en sus estudios de doctora-
do, se convenció –siguiendo al filósofo norteamericano John Dewey–
de que había que “educar para la democracia”. La educación chilena
debía ser reformada para incluir la dimensión social.
El alumno debía formarse como persona integral, conocer los pro-
blemas reales de su entorno; así se fortalecerían la sociedad y la demo-
cracia. De paso, al relacionar a la persona con su ambiente, estimulán-
dola a indagar en las razones de lo que observa, a elaborar hipótesis, la
educación se haría menos abstracta e involucraría –emocionalmente
diríamos ahora– al educando. Sea cual sea la vocación avanzaría el
alumno por un camino, una línea de acción propia, pero también ha-
cia la participación activa y constructiva en la vida social y política del
país. El cristiano, por definición, debía ser un agente del bien común.
Aumentar la cobertura educacional y levantar el nivel cultural del
país eran tareas básicas, mínimas, para comenzar a enfrentar los desa-
fíos de “la cuestión social”. Con formación cívica, política, los jóvenes
se integrarían a esa tarea de construir un mejor país: “La nación, más
que por sus fronteras, se define por la misión que tiene que cumplir”
escribe en un texto sobre el sentido del “Humanismo Social”.
Al margen de la acción política propiamente tal, el municipio apa-
rece como el mejor contexto para la acción cívica: “Obras como la de
habitaciones obreras, lucha contra el alcoholismo y la tuberculosis, Cruz
Roja, moralidad pública, educación popular, instituciones recreativas
para después del trabajo, excursionismo, campos de deportes, colonias
de vacaciones”, son todas actividades donde católicos y “personas de
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

buena voluntad” pueden sumarse para acortar distancias sociales, es-


cribe y sueña el Padre Hurtado. En otras palabras, el uso de la libertad
para cultivar la fraternidad y, gracias a esta, acercar la igualdad.
Pero los años cuarenta ya estaban disgregando a la sociedad chile-
na, como algunos temían y otros deseaban. El fortalecimiento del Esta-
do alejará a los filántropos y las demandas sociales dejarán a la vista,
depresivamente, que las posibilidades del Estado de Chile son insufi-
cientes para aportar los mínimos en salud, vivienda y educación. Hace
falta una reingeniería del propio gobierno, una revolución que modifi-
que todo... La búsqueda quebrantará al país.

EL MINISTRO CRUZ COKE

La historia pudo haber sido diferente si en 1946 hubiese ganado la


elección presidencial el doctor Eduardo Cruz Coke. Pero triunfó Ga-
briel González Videla con el apoyo comunista, luego los sacó del go- 119
bierno y comenzó su persecución. Se puso fin a una convivencia de-
mocrática que sólo se había interrumpido por asonadas o gobiernos
militares. El sistema político quedó en jaque.
Cruz Coke fue el último político conservador con ideario social cris-
tiano, un médico en la línea del doctor Ezequiel González Cortés. Más
carismático que ninguna otra figura de la derecha en el medio siglo, a
su sensibilidad social unía una moderna formación científica.
“El iluminado”, como lo llamaban los caricaturistas por su recono-
cida y excepcional inteligencia, no era de Santiago sino del puerto. Por
su educación llegó joven a la capital, de pensionista en la Iglesia de la
Estampa de la Avenida Independencia, Santiago Norte. En ese entorno
y también por las prácticas médicas conocerá de cerca el mundo popu-
lar y comenzará a pensar en proyectos país. Pronto da señales de lide-
razgo al fundar con un amigo la Asociación Nacional de Estudiantes
Católicos para difundir la doctrina social de la Iglesia, institución que
presidirá y, a los veintitrés años, ya médico, creará el Instituto Sanitas
para la fabricación de importantes fármacos caros y escasos en Chile.
Su excepcional formación la completa en los mejores centros de Fran-
cia, Inglaterra, Alemania y España, trabando amistad con científicos de
excepción –varios premios Nobel futuros– y también con intelectuales o
poetas como Federico García Lorca. Dueño de una energía también pri-
vilegiada, a su regreso será un maestro, un líder, un investigador con
trabajos de vanguardia mundial hasta que su amigo el doctor Hernán
Alessandri le sugerirá a su padre, el presidente Alessandri Palma, que lo
nombre en la cartera de Salud. Cruz Coke aprovecha para proponer a un
joven amigo, también conservador social cristiano, Bernardo Leighton,
en la del Trabajo. Dos ministerios relacionados en el mismo edificio, orien-
tados hacia el mundo popular, ocupados por dos jóvenes muy capaces.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Científico, parte por investigar los males principales: desnutrición


infantil, escasez de alimentos proteicos, alcoholismo, falta de fósforo y
calcio. Un Consejo Nacional de Alimentación, mediante el cual fusti-
gará a los agricultores por la falta de gestión y tecnologías que permi-
tan aumentar la producción; inicio de la medicina preventiva exami-
nándose a trescientos cincuenta mil chilenos en dos años;
enriquecimiento del pan con vitaminas B y de la sal con fósforo para
fortalecer huesos y dientes; promoción de la autoconstrucción ante la
escasez de viviendas sociales; presencia pública en conferencias sanita-
rias para explicar las consecuencias del desaseo, la desnutrición, la
nutrición concentrada en masas, llegando hasta las salitreras con sus
campañas... Se transforma en personaje nacional. La Ley de Medicina
Preventiva, revolucionaria en un país subdesarrollado, será su princi-
pal herencia cuando renuncie al ministerio tras la matanza del Seguro
Obrero, en 1938.
120 Como Senador por Santiago cumplirá destacadas misiones inter-
nacionales. Viaja en 1942 a Estados Unidos a comunicar el apoyo de
Chile a la causa aliada en la Segunda Guerra Mundial y, a su término,
en 1945, participa en la redacción de la carta constitutiva de Naciones
Unidas donde quedarán incorporadas algunas de sus propuestas.
Su candidatura presidencial, apoyada por conservadores y falan-
gistas, pero rechazada por los liberales que llevarán candidato propio,
divide al electorado y será derrotada por la radical comunista de Gon-
zález Videla. Para estudiosos de su trayectoria, como Carlos Hunneus y
María Paz Lamas, su campaña recorriendo el país con un ideario social
cristiano –con Radomiro Tomic de jefe operativo– da a conocer masi-
vamente esta doctrina y muchos de sus oyentes serán años después
votantes de la Falange y de la Democracia Cristiana. Pero deberá vol-
ver a su departamento de siempre, en la Alameda 1315, esquina de
Teatinos, a pasos de La Moneda, sin entrar a ella. En 1951, en Santia-
go, al celebrarse el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, es
quien propone la fundación de un banco interamericano de fomento
que respalde los proyectos nacionales de desarrollo de América Latina.

BENDITO POR LA MADRE TERESA DE CALCUTA

Las poblaciones callampas crecían a su antojo en la periferia, tierra de


nadie y de todos, mundo ajeno y distante. Esta realidad recién asoma-
ba en las universidades y es así como el alumno de arquitectura Carlos
Martner García, de la Universidad de Chile –el mismo que hará el Bal-
neario Tupahue– estudió los “Tipos de Poblaciones Callampas” para su
seminario de título. Encontró dos que, a pesar de ser tomas ilegales, se
habían planificado con calles, manzanas y servicios, Los Nogales y La
Legua. Esta era la primera de Santiago, de 1931, cuando los cesantes
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

del salitre invadieron la capital y no hubo capacidad para albergarlos a


todos; algunos se instalaron en San Miguel y comenzaron a construirla.
Escuelita tenía, incluso, una pequeña construcción de tres salas para
cuatrociento cincuenta niños. También parroquia pero el padre Rafael
Maroto no sabía cómo cumplir su misión cuando docenas de niños
morían cada verano de diarrea y cada invierno de bronconeumonía.
La atención de salud se reducía a una modesta vivienda, un espacio
único, en la que cumplían turnos estudiantes de medicina. A uno de
estos, Fernando Monckeberg, de la Universidad Católica, el párroco
demandó auxilio.
El joven recorrió la población, vio los niños muriendo de hambre,
el abandono, los ojos absortos de los desnutridos. Le sorprendió su
actitud y, casi por intuición, llevó una grabadora para registrar las con-
versaciones madre-hijo, día tras día. Luego, con santa paciencia, contó
las palabras utilizadas. Pocas, no eran más allá de ciento ochenta. Las
mujeres también estaban desnutridas, apenas vivían el día, no tenían 121
un pasado que relatar, añorar, recordar, o un futuro que desear y so-
ñar; se les había perdido el habla. Apenas existía el presente, un estre-
cho presente de ciento ochenta palabras. Como los médicos de princi-
pios de siglo, Monckeberg llegó a la conclusión de que el problema era
materno infantil, que la desnutrición se iniciaba en el vientre materno.
No bastaba la caridad aislada, se hacía necesario un programa siste-
mático, masivo, preventivo en madres y niños de hasta tres años de
edad, el período en que se forman el cerebro y el sistema nervioso
central que, sin apoyo, sufren un daño irreversible.
Monckeberg parte a Estados Unidos y, comprometido con el mun-
do infantil, se especializa en pediatría con tal éxito que a los dos años
era profesor asociado de la célebre Universidad de Harvard. Pero va a
volver. Allá recordará, alguna vez, la población, se agitará su concien-
cia de que, por acción u omisión, todos somos culpables de las injusti-
cias sociales; de una mortalidad infantil que en ese momento en Chile
era del doscientos por mil, una de las peores de la región. Su padre era
un muy destacado arquitecto, Gustavo Monckeberg, autor de la Iglesia
de los Padres Franceses de la Alameda, coautor de la Iglesia de San
Lázaro de la Avenida Ejército y, también, curiosamente, uno de los
primeros en preocuparse de la arquitectura para escolares; coautor de
la notable Escuela Hermanos Matte, de 1938, en la esquina de Nataniel
Cox con Placer.
Hogar acomodado el del doctor Monckeberg, gran formación uni-
versitaria, futuro resuelto en Harvard. Pero “sabía demasiado”. Miles
de niños seguirían muriendo en las poblaciones cada año, miles que-
darían vivos pero intelectualmente limitados para enfrentar el mundo
laboral, urgía el diagnóstico precoz para alcanzar a rescatarlos, que las
madres se capacitaran en nutrición y en la estimulación intelectual
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

temprana. Si la principal riqueza de un país es su capital humano, Chi-


le jamás sería un país desarrollado. No hay problema de salud pública
más grave que la desnutrición infantil.
Aquí se incorpora a la Sociedad Chilena de Nutrición, Bromatolo-
gía y Toxicología, fundada en 1943 por un destacado grupo de acadé-
micos de la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de Chi-
le, de la que llegará a ser su principal personero; funda y dirige el
Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) que desa-
rrolla la investigación relacionada; funda y dirige la Corporación para
la Nutrición Infantil (CONIN) cuyos centros de atención han salvado
miles de niños y cuyo modelo se expande a Argentina, Paraguay, en el
que se formaron especialistas de toda América, como el doctor Oscar
Parada que lideraría el mismo proceso en Bolivia. En 1969 preside la
Sociedad Latinoamericana de Nutrición; desarrolla investigaciones agro-
pecuarias y marinas relacionadas con la nutrición en Chile y las pro-
122 yecciones económicas de su desarrollo; el uso de cocinas solares en
hogares de escasos recursos en el Norte y de huertos familiares autosu-
ficientes para familias de escasos recursos en Chile Central...
En los años 70, luego del 73, cuando se suspenda la actividad política
y se restrinja la pública, su misión será un faro social, un excepcional
espacio de colaboración y consenso. En 1979 se le otorga el Premio Abra-
ham Horvitz destinado a un profesional cuya contribución haya sido
relevante en la vida y salud de los pueblos de América Latina y el Caribe.
Estamos en 2004 y el gobierno considera suspender su apoyo a
CONIN, el que debería cerrar sus puertas. La desnutrición infantil casi
ha desaparecido en Chile, del doscientos por mil en 1952 al ocho por
mil este año. La experiencia local es ahora promovida por FAO/OMS en
países subdesarrollados y el mensaje central de Monckeberg es ya un
patrimonio social: los males sociales no son un problema del Estado,
no son mera ocupación de los funcionarios, no es responsabilidad de
las autoridades de turno.
Es, por acción u omisión, algo que concierne a todos. Y un simple
civil, un particular, puede marcar una enorme diferencia. Chile, sin
esperar el desarrollo, con la focalización de políticas, llega a tener índices
de nutrición y expectativas de vida muy superiores a lo que le corres-
ponde por su Producto Interno Bruto. Apostó a la inversa; una pobla-
ción alimentada y con cobertura de salud, para construir el desarrollo.
La Madre Teresa de Calcuta le mandó sus bendiciones.

EL GANDHI CHILENO

La convivencia parecía rota a comienzos de los años cuarenta, con


medio mundo en guerra mundial y una violenta confrontación en que
unos y otros se calificaban de comunistas o fascistas. En ese escenario
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

imposible surgirá una voz tolerante, pacifista, capaz de aglutinar anar-


quistas, socialdemócratas, socialcristianos, socialistas y comunistas, la
del líder que fundó en 1953 la Central Única de Trabajadores –la CUT,
Clotario Blest.
Traía de su hogar, como nieto de un gran médico, el interés en la
salubridad y, también, por su origen irlandés, un catolicismo profundo
y militante. Atleta y hombre de elevada estatura, a pesar de la pobreza,
una vez que queda huérfano, no le falta la energía para trabajar como
funcionario público y, en largos trasnoches, participar en grupos cató-
licos de orientación social.
Como tantos líderes chilenos del siglo XX es otro de los irradiados
por el jesuita Fernando Vives, el gran divulgador de la doctrina social
de la Iglesia Católica y precursor del social cristianismo en el país. En
1912 había comenzado Vives a denunciar el panorama social chileno,
hasta ser expulsado a Argentina, a pesar de las solidaridades de Juan
Enrique Concha, el obispo Miguel Claro y el arzobispo González. De 123
vuelta, es impulsor de sindicatos, difusor de ideas social cristianas y
fundador de círculos de estudios y oficinas sociales al otro lado del
Mapocho. Uno de sus aliados es el joven Clotario Blest, quien ya había
fundado la Unión Central de la Juventud Cristiana. Cuando Vives muere
en 1935, deja su crucifijo a Clotario Blest.
Este tomará, por más de medio siglo, la misma senda hasta su muer-
te en 1990. Secretario de la Liga Social del padre Vives, como la activi-
dad sindical estaba restringida Blest recurre a su condición de gran
atleta para fundar el Club Deportivo de la Tesorería General de la Re-
pública y promover entidades similares en otras instituciones que cul-
minarán en una gran Asociación Deportiva de Instituciones Públicas.
Van a ser el germen de la Federación de Trabajadores del Estado que
en 1943 se transformará en la poderosa ANEF, la Agrupación de Em-
pleados Fiscales.
El paso siguiente es más amplio y le permite crear la institución
sindical más significativa del país, la CUT. Será la principal figura del
sindicalismo chileno, sin perder nunca, a pesar de huelgas, represio-
nes, núcleos violentistas y períodos en las cárceles, su capacidad de
diálogo y fe en el pacifismo como medio de transformación social.
Su matriz espiritual se nutría de la imagen de un Jesús resucitado y
vivo en el mundo, un Jesús pacífico ante las fuerzas de la guerra y de la
muerte, un Jesús como real modelo de la humanidad. En palabras de
su biógrafo Maximiliano Salinas, “Jesús era el fundamento religioso de
la igualdad, la justicia y la fraternidad de todos los seres vivientes, la
trilogía sagrada que gustó de proclamar en su ancianidad”.
Su casa fue allanada poco después del golpe militar de 1973, ahí
perdió sus gastadas y releídas encíclicas sociales, pero no quiso acoger
la invitación de ninguna de las cinco embajadas que le ofrecieron asilo
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

ni ser apadrinado por la Iglesia Católica. Como siempre prefirió ser una
voz abierta, pluralista, con un mensaje donde todos tuvieran espacio,
cristianos o no.
Cuando la represión fue en aumento sin señales de decrecer, pidió
el auxilio del ex mandatario Jorge Alessandri, quien le respondió:

Querido amigo:
He recibido su carta el 5 del mes en curso. Ud. sabe cuánto lo aprecio por-
que lo considero uno de los pocos luchadores políticos sinceros y honrados y que
no han buscado, en la vida pública, ningún beneficio ni satisfacción personal.
Lamenta Alessandri no poder ayudarlo porque las solicitudes que Ud.
me formula no encontrarían ninguna acogida por ser incompatibles con el régi-
men de excepción que estamos viviendo, el que le recordaba la dictadura del
general Ibáñez del Campo en los años veinte cuya persecución sufriera
su familia y que, por lo mismo, lo habían llevado a ser majadero para
124 advertir lo que fatalmente debía ocurrir si no se enmendaban rumbos en nues-
tra vida pública.

Efectivamente, los moderados como Alessandri y Blest habían sido


sobrepasados por una agitación creciente, de antagonismos cada vez
más violentos, tanto de quienes no creían ya en la democracia burgue-
sa, considerada sobrepasada en su lento reformismo –funcional al “im-
perialismo yanqui”– , como de quienes no estaban dispuestos a que la
situación llevara a una “dictadura del proletariado.”
Alessandri se reconoce sobrepasado, pero sus archivos, escribe a
Blest, registraban todos los esfuerzos realizados por encargo de parientes de
desaparecidos. Pocos días después, el 10 de diciembre de 1978, Blest será
uno de los fundadores de la Comisión Chilena de Derechos Humanos
en un acto en que proclamó: “Va a llegar el momento de la resurrec-
ción. Ya hemos sido crucificados, ahora falta la resurrección”.
Cuando encabezó la marcha de mil quinientas personas que se di-
rigieron a los hornos de Lonquén, donde se encontraran restos huma-
nos, no llamó a la venganza: “No busquen entre los muertos a los que
están vivos. Levanten su mirada a los cielos e invoquen al Dios que
acoge y hace justicia”. Y comenzó a rezar el Padre Nuestro en voz alta.
Para él, Chile vivía una autocracia similar a la que instaurara el Par-
tido Comunista en la Unión Soviética. Y él estaba en contra de aquella;
como escribiera al poeta Ernesto Cardenal al caer del gobierno de Somo-
za, “sólo Jesús podrá asegurar una sociedad distinta a las establecidas”.
Indomable, frente a la violencia de unos y otros, en una entrevista
de la revista Análisis, de mayo de 1978, afirmó que “la experiencia nos
ha enseñado que los sistemas de no-violencia son mucho más eficaces
para ganar las batallas por la libertad, la justicia y la fraternidad... Ma-
hatma Gandhi venció al todopoderoso imperio británico de su época
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

aplicando su teoría de la no violencia. Nuestro gran maestro Cristo


venció al imperio romano con su gran mandato del amor fraterno”.
Recordará que Jesús ni siquiera reaccionó con violencia ante el
soldado que cortara de un espadazo la oreja de un discípulo. Por en-
tonces, 1980, el gobierno y el parlamento alemanes se unieron en una
propuesta para que se le concediera el Premio Nobel de la Paz.
Lo movía la trascendencia y por eso, explicaba, no era marxista.
Creía que si la sociedad lograba renacer sería desde lo religioso, reco-
giendo el misterio de la vida y del universo, misterio que lo sorpren-
diera desde niño y que así describió a la revista La Bicicleta en abril de
1983: “La higuera se alimenta de la tierra con sus raíces y escoge de la
tierra la química necesaria para fabricar aquella fruta tan exquisita, el
higo, la breva. Las raíces tienen inteligencia si escogen bien para ali-
mentarse, tal vez superior al cerebro humano. ¿Qué hombre durante
estos miles de años ha podido fabricar una pera?”
A muchos parecía un mensaje marginal ante la realidad del país. 125
Pero llegó a Chile el Papa Juan Pablo II y ante toda la nación el pontífice
insistió, en ese año de 1987: “La fe en Cristo nos enseña que vale la pena
trabajar por una sociedad más justa, que vale la pena defender al ino-
cente, al oprimido, al pobre”... Y llama a resistir el egoísmo y luchar por
los sectores populares que “soportan difíciles y hasta dramáticas condi-
ciones de vida en situaciones de miseria, de marginación, de opresión”.
Clotario Blest, con su barba blanca y espigada figura, quijotesca, no
se preocupaba de su cuerpo. El año 1989, en estado de desnutrición
extrema es llevado a la hospedería de la Recoleta Franciscana y poco
después fue aceptado en la Orden como seglar del antiguo Convento
de San Francisco en la Alameda. Siempre se había sentido cerca de ese
espíritu, cuando era encarcelado partía con un ejemplar del libro El
pobre de Asís de Nikos Katzanzakis para reconfortarse en su mensaje de
amor y pobreza material.
En sus últimos días alcanzó a compartir el pan de los franciscanos
con los pobres del Mapocho, los mismos a los que acercara medio siglo
antes con el padre Fernando Vives, el que le había pedido, recordaba,
“que buscara a Jesús”.
Jesús había llamado a la unidad de los hombres y, decía Blest, “sin
ella no hay salvación para el país”.
Costaría reconstituir la unidad nacional, curar las heridas, recobrar
la convivencia rota a mediados de los años sesenta, o más atrás, en
1948 cuando el Presidente Gabriel González Videla rompió con sus alia-
dos comunistas, borró de los registros electorales a cuarenta mil ciuda-
danos y creó los campos de detención del Norte del país donde fueron
llevados cientos de perseguidos políticos. Medio siglo de sectarismos y
divisiones que separaron al país en tres tercios y, luego de 1973, en dos
mitades.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

TENER UN TÍO BOMBERO

El 11 de septiembre de 1973, cuando se paralizó la actividad normal


del país, la única institución que continuó con su misión fue la de los
bomberos. Pocas hay más “chilenas” y, en ese momento, más que nun-
ca, será valorada por su carácter convivencial, solidario, abierto. Al-
guien dirá, uno de los presos de La Moneda, que fue golpeado e insul-
tado por un bombero. Es posible, en todo grupo humano, pero no mella
la enorme labor desplegada por todos los demás en esos días.
Los bomberos de Chile, en su peculiar organización voluntaria y
no remunerada, como en casi todo el resto del mundo, son el testimo-
nio vivo más antiguo del espíritu de la Independencia. Por lo mismo,
en septiembre de 1973, tenían el derecho histórico y moral de ser los
únicos autorizados a circular en la vía pública.
El sistema nació entre los patriotas de Estados Unidos. A la hora de
126 organizar un país libre, sin privilegios de sangre como en Inglaterra,
acordaron que todos los bomberos serían iguales. Podían acceder a los
más altos cargos, pero al día siguiente de dejarlos eran simples volun-
tarios a las órdenes de un joven teniente o capitán. Es por eso que
Benjamín Vicuña Mackenna, habiendo sido el Intendente de Santiago,
aparece después en siniestros como simple voluntario.
El modelo ingresó al país a través de Valparaíso, puerto donde resi-
día la mayor colonia de norteamericanos en Chile y donde se fundó el
primer cuerpo nacional. Testimonio de ese origen es que la primera
compañía porteña se llama “La Americana”, e incluso su escudo fue
listado y con estrellas al igual que la bandera de ese país.
El de Santiago lo adoptó al fundarse en 1863, tras el pavoroso in-
cendio de la Iglesia de la Compañía donde murieron cerca de dos mil
santiaguinos –se dijo que toda familia perdió algún pariente ese día–,
hecho que movió a José Luis Claro a publicar un corto de prensa invi-
tando a los hombres de la ciudad a una reunión constitutiva de una
institución salvadora de personas y guardiana de propiedades: los ca-
balleros del fuego.
En una ciudad socialmente dividida se inscribieron más de dos-
cientos jóvenes de distintos orígenes, recursos y educación; los cuarte-
les de los bomberos se transformaron en una escuela de sociabilidad en
Santiago, un espacio democrático y de encuentro en torno a una causa
servicial. También norteamericano fue el autor del programa tecnológi-
co, el célebre empresario de los ferrocarriles Henry Meiggs, quien selec-
cionó la primera bomba de vapor de América Latina. El Estado de Chile
contribuyó con un terreno en la, por entonces, principal manzana cívica
del país, la del Norte de la Plaza de Armas, esa donde se refugiaran los
españoles el 11 de septiembre de 1541 cuando los indígenas la sitiaron
dispuestos a incendiarla y terminar con el asentamiento invasor.
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

Desde la creación de la primera no dejaron de aumentar las com-


pañías, una tras otra, de santiaguinos, de inmigrantes europeos, de
artesanos, de vecinos en cada barrio. Tal fue su éxito, incluso entre
provincianos que llegarían directamente a vivir en los cuarteles, que
su sociabilidad fue un aporte a la convivencia ciudadana y desde en-
tonces jamás modificó su carácter voluntario. Mientras muchas ciuda-
des del mundo, que comenzaron de manera similar, se reformaban
para funcionar con bomberos remunerados, como la policía, aquí han
logrado mantener un nivel profesional reconocido gracias a jóvenes
universitarios que se especializan en las más diversas necesidades, in-
cluyendo siniestros petroleros o de fábricas donde se ocupan explosi-
vos en sus materias primas.
Incontables son las situaciones de riesgo desde entonces, algunas
con mártires caídos. Imborrable es el incendio del Cuartel de Artille-
ría de 1880, lugar repleto de municiones, indispensables para la Gue-
rra del Pacífico, un polvorín, así como el reciente sismo de 1985 cuando 127
se declararon cuatro incendios violentos y simultáneos, ocasión en
que ochocientos cincuenta voluntarios abandonaron a sus familias
en medio del caos de la ciudad, para acudir en auxilio de las familias
de otros.
El 11 de septiembre de 1973, en medio de balaceras tan céntricas
como la de las torres de la Remodelación San Borja y con riesgo de
francotiradores apostados sobre los edificios del Barrio Cívico, acudie-
ron a La Moneda, a Tomás Moro y a la sede del Partido Socialista. El
reconocimiento público de su aporte permite que parte importante de
su financiamiento, un 45%, provenga de la ciudadanía ya que el apor-
te estatal no es suficiente.

MEDIO PAÍS

La mitad de Chile respiró aliviada en septiembre de 1973 cuando una


Junta Militar asumió el gobierno. Depuesto Allende, cuyo suicidio en
el bombardeado Palacio de la Moneda arrojó una sombra de larga du-
ración sobre el antiguo edificio colonial, para muchos terminaba un
período de fracasos económicos, tomas de industrias y campos, incerti-
dumbre en el futuro, largas filas para adquirir productos básicos, liber-
tad de educación amagada, caos.
Vendría la normalidad con las Fuerzas Armadas y de Orden. Co-
mer era lo urgente, restaurar la economía, cuya mala gestión, para
muchos civiles aliados de los militares, era la culpable de la pobreza y,
de paso, de la agitación social. Y de una gestión estatista que no se
limitaba a la del gobierno de Allende sino que se remontaba a décadas
de controles, subsidios y protecciones que impedían el normal desarro-
llo y crecimiento de las fuerzas del mercado.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Había que recobrar las condiciones para que se generaran empre-


sas competitivas en el mercado internacional, exportaciones para la
economía global, con lo que aumentaría el empleo. Chile ya no viviría
en defensa cerrada de su pobre producción sino de los reales ingresos,
crecientes, que obtendría al colocar sus productos en otras naciones.
Los graves problemas de salud, de vivienda, de educación se irían sub-
sanando con el crecimiento natural de la nueva economía.
Pero el país vivió otra realidad a lo largo de una década, 1974-
1984, antes de que las políticas adoptadas surtieran algún efecto. La
convivencia siguió quebrantada por desapariciones y muertes, e inclu-
so por medidas de seguridad y orden que buscaban controlar la propia
ciudad. En esa década fueron erradicadas veintiséis mil ochocientas
familias de la Región Metropolitana, la mayoría desde Santiago Orien-
te, lo que aumentó la segmentación social de Santiago.
La pobreza resistente, en una economía devastada, se expresó en
128 cesantía y solidarias ollas comunes. La situación fue paliada con pro-
gramas de empleo mínimo, el PEM y el POJH, plan de empleo para jefes
de hogar, que no fueron suficientes. Algunas reacciones, y las patrullas
militares en las poblaciones de noche, mantuvieron un clima social
tenso que no disminuía. Las detenciones y subsecuentes desaparicio-
nes, frente a lo cual se crea la Vicaría de la Solidaridad en 1976, man-
tenían vivo el recuerdo de 1973: un año que no terminaba nunca.
Sólo a mediados de los años ochenta, cuando las reformas econó-
micas comenzaron a presentar cifras positivas, coincidentes con una
disminución de las acciones contra los perseguidos políticos, la atmós-
fera comenzó a cambiar. Las protestas, en su fase inicial de 1983 a
1985, fueron el inicio del diálogo social por extraño que fuera el proce-
dimiento y el mensaje. Era un medio de expresión popular, de comu-
nicación cuando no había otro.
El arte dará cuenta de ese nuevo mundo en que penetraba Chile.
Es el caso de Diamela Eltit, integrante del Grupo CADA, que usará la
calle como escenario, y que en su libro Lumpérica se aleja del centro del
escenario para buscar la nación, su identidad, en los resquicios, en lo
indefinible... en algún otro lugar. Su obra El padre mío de 1989 también
sucede en el espacio público, un loco en una plaza de Santiago. Era
una realidad que, sin experiencias sociales, colectivas, sino sólo de in-
dividuos aislados, está copada por el tener trabajo, comer, seguir ade-
lante sin saber cómo ni dónde. Lo que lleva al artista visual Gonzalo
Díaz a trabajar con cajas de detergente Klenzo, de fósforos Los Andes,
de vino Santa Carolina. Las cosas del día a día, la vida cotidiana como
centro y destino de una sociedad que había perdido el rumbo y seguía
fragmentada y trunca, incapacitada de diálogos y consensos.
La mejoría económica a partir de 1985 no sofocó la resistencia
social. Por el contrario, trajo un alivio, una recuperación de la ener-
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

gía vital, una disminución de la anemia o anomia social que aplastara


al país por una larga y oscura década. Los avances alentaron el deseo
de la recuperación de una vida social normal. En casas privadas, ter-
tulias donde José Piñera Carvallo, donde Willy Arthur, comenzarán a
dialogar uniformados, sacerdotes y civiles. A los cuatros años, ante el
estupor mundial, el general Pinochet convocará a un plebiscito; ha-
brá una oposición formal constituida por trece entidades agrupadas
en una Concertación de Partidos por la Democracia, una organiza-
ción sindical presidida por Manuel Bustos, fin de estado de emergen-
cia, fin del exilio en septiembre, franja electoral en televisión con las
dos posturas, Sí o No a la continuación del régimen militar y, final-
mente, el triunfo de la oposición. Se recordará, para la historia, que
los cardenales Silva Henríquez y Fresno fueron protagonistas del pro-
ceso, desde las primeras invitaciones al diálogo – el cardenal Silva en
su propia casa–, hasta su término luego de mil dificultades, avances y
retrocesos. 129
Los que habían creído que el plebiscito era un simulacro, que nun-
ca un dictador se había retirado por un proceso eleccionario convoca-
do por él mismo, y que, por lo tanto, habían llamado a no votar, se
equivocaron. El próximo año habría elecciones libres y llegaría a su fin
el gobierno militar.

UNIÓN MÁS TELEVISIÓN

La pérdida de vida en las calles, por estado de sitio, toque de queda


varios años, prohibición de actos, favoreció enormemente a la televi-
sión; pasó a ser el punto de encuentro, el punto en común. Dentro de
su controvertida oferta el mayor aporte a la convivencia lo produjo la
Televisión más unión, o Teletón, impulsada por Mario Kreutzberger
Blumenfeld, un hijo de refugiados judíos nacido en Talca quien, ya
muy popular en 1978 por su programa Sábados Gigantes, decidió adap-
tar a Chile una campaña creada en Estados Unidos por el equipo crea-
tivo de Jerry Lewis.
Trabajando en una localidad remota del Norte de Chile, para su
programa, se había acercado a una casa que, adyacente, tenía un árbol
y a él amarrado alguien, como un perro. Al acercarse vio que era un
niño lisiado. A su regreso a Santiago se reunió con el directorio de la
Sociedad Pro Ayuda del Niño Lisiado, institución creada por un grupo
de médicos del Hospital Luis Calvo Mackenna y que, gracias a algunas
casas donadas, atendía a dos mil niños. En Chile había muchos más y
los equipos son y eran de alto costo. Luego de viajar a Estados Unidos
a coordinarse con Jerry Lewis, interesó a los canales chilenos de televi-
sión y llamó a la primera Teletón que, en esa oportunidad, tuvo como
eslogan “Logremos el milagro”.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Las llamadas “Veintisiete horas de amor” sentaron a todo el país


frente a las pantallas. Pueblos remotos, grandes ciudades, casas de cam-
po, y en cada lugar un caso, doloroso y emotivo, de un niño lisiado que
requería tratamiento, rehabilitación, muletas, silla de ruedas. Cantan-
tes, artistas diversos, se presentaron sin cobrar en el programa de vein-
tisiete horas, llamando a colaborar. Y se logró la meta... Dos metas por-
que la unión por la televisión produjo, por primera vez desde 1973, un
sentimiento colectivo, la sensación de una sociedad, de una nación,
cada vez que desde una ciudad se indicaba cuánto se había reunido
para la campaña. Lograron el milagro el animador y los artistas.
Él mismo, conocido desde joven como Don Francisco, funda en
Santiago la ORITEL, entidad que promueve la iniciativa que ya está di-
fundida en Brasil, México, Colombia, Perú, once países latinoameri-
canos. Incluso tendrá su propio Teatro Teletón en la calle Mario Kreu-
tzberger N° 1531 –primer chileno que recibe ese homenaje en vida, el
130 nombre de una calle– en el que, ubicado en Santiago Centro, se reali-
zan más de cien diversos eventos al año. El lugar colabora con la Fun-
dación Teletón que, de campaña en campaña, de los dos mil niños ini-
ciales de 1978 pasó a dar atención, con centros construidos a lo largo
del país, a más de cincuenta mil.
Así, aunque la actividad política estuviera en suspenso, la actividad
cívica no se detuvo; incluso, aumentó. Más de trescientas entidades de
acción solidaria, muchas de ellas nuevas o que multiplican sus proyec-
tos, canalizaron esa vocación de cientos de miles, literalmente, de ha-
bitantes de la Región Metropolitana. CONIN; COANIQUEM, Un Techo
para Chile, El Canelo de Nos, Fundación Regazo, Fundación Solidari-
dad Trabajo para un Hermano, Ejército de Salvación, Trabajos de Vera-
no universitarios, Paz Ciudadana, Fundación Talleres Calera de Tango,
Escuela Agrícola de Pirque, Pequeño Cottolengo, aumento de adopcio-
nes y padrinazgos externos, programas de utilidad pública en televi-
sión, la Cena de Pan y Vino, la Fundación para la Superación de la
Pobreza, Fundación Niño y Patria, Paternitas, Fundación Arturo López
Pérez, Fundación Alter Ego, Fundación Ciudad del Niño, Fundación
Educacional Barnechea, Fundación Futuro, los centros del SIDA del
Padre Baldo Santi, la Fundación Integra, la Fundación Las Rosas, Fun-
dación Leopoldo Donnenbaum, Fundación Marcial Rivera...
Docenas de particulares entregarán tiempo y recursos logrando un
nivel de gestión profesional, como no se veía desde comienzos del siglo
pasado. La sociedad no perdió la salud. La actividad cívica sustituyó a
la política.

¿Y LA SEÑORA JUANITA?

El esfuerzo señalado no es suficiente en un país de poco más de cinco


mil dólares per cápita. Pan, techo y abrigo, la trilogía del siglo XX, sigue
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

siendo necesaria para miles de familias metropolitanas. Los adelantos


se dejan caer desde los ministerios con escasa injerencia municipal y
nula participación ciudadana. La vivienda social se aleja a la periferia,
lo que significa enormes gastos en infraestructura y la condena de sus
habitantes a pasar muchas horas al día en el transporte público. Son
escasos los recursos para renovar las viviendas en los barrios consoli-
dados, no hay subsidios adecuados para mejorar y ampliar las econó-
micas ya existentes. No se orientan suficientemente los recursos en
áreas verdes y equipamiento deportivo para sectores modestos.
Salvo excepciones, los barrios no están en la mira de la política
municipal. Las comunas no están en la estrategia regional y las regio-
nes son débiles frente a los planes ministeriales nacionales. El poder se
concentra en lo alto y la convivencia no encuentra espacios para desa-
rrollarse... La urgencia de proveer viviendas sociales, con el propósito
de terminar el proceso para el Bicentenario, absorbe las energías cen-
trales. 131
Hace años que los expertos plantean “habitar la Región”, en lugar
de extender la ciudad, con altísimos costos de infraestructura; favore-
cer, en cambio, el transporte interurbano a Talagante, Melipilla, Til Til,
donde existe una trama urbana, posibilidades de expansión planifica-
das, un rol de ciudades dormitorio que ofrecería mejor calidad de vida
y que, orientando la localización industrial en las cercanías de esos
enclaves, disminuirían los tiempos de transporte de sus trabajadores.
Posteriormente, la ubicación preferencial en Puente Alto, Pudahuel,
Cerro Navia y Maipú, de familias que ya tenían un entorno modesto
pero urbano en Independencia, Quinta Normal, La Pintana, San Mi-
guel, San Joaquín, migrando cientos de miles de santiaguinos, les sig-
nificó una pérdida de sus ambientes históricos y un aumento de tiem-
pos de transporte; un desarraigo que los ha dejado sin “su ciudad”.
El caso de Peñalolén se hizo célebre cuando familias pobladoras se
resistieron a perder su comuna, su historia. Fueron ochocientas cin-
cuenta familias allegadas las que acordaron buscar una solución con
todos y para todos para no trasladarse. En una cultura nacional nueva,
de emprendedores produciendo para nichos de exportación, aprendien-
do a transar en países asiáticos que poco antes ni sabían de su existen-
cia, estos pobladores también aprendieron a navegar en los nuevos
tiempos. En el Campamento Esperanza Andina la señora Juanita se
llamaba señora Olga, Olga Leiva. Ella partió con un grupito de Lo Her-
mida, sólo veinticinco familias. Ni en los partidos políticos ni en el Mi-
nisterio de Vivienda supieron cómo tomarlas. La idea era nueva, no
pedir vivienda –se las daban en otra comuna– sino comprar un terreno
en la misma comuna de Peñalolén entre todos y apoyarse en el Minis-
terio para construir con préstamos SERVIU. Con cincuenta mil pesos en
la libreta de ahorro podían partir, inscribirse.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

La señora Olga anduvo con un megáfono, por los pasajes de tierra,


citando a reunión. Fue una aventura de nueve años, con marchas por
el centro, reportajes en televisión, divisiones internas, una empresa
que los fue transformando y que culminó en una toma, porque no se
llegaba a acuerdo, en que fueron capaces de “hacer ciudad” en un te-
rreno eriazo. Con muchos maestros de construcción entre los inscritos,
podrían trazar, tender líneas, crear servicios, escuela básica, guarde-
rías, pero especialmente construir una mística que les permitió aguan-
tar esos largos años con sus inviernos precordilleranos. Mística capaz
de generar campañas propias contra las drogas, el alcoholismo, la de-
lincuencia, la violencia intrafamiliar. La dueña de los terrenos cambia-
ba el precio, se arrepentía; ellos se hundían en el desánimo y, luego,
modificaban su estrategia. Dentro del núcleo dirigente, la señora Olga,
Juan, José Luis, Miguel Ángel se dividirán las funciones y llegarán a
tener especialistas que, tras horas en bibliotecas, podrán dialogar sobre
132 alternativas con los funcionarios públicos.
Dentro del mundo popular harán historia y habrá entidades ex-
tranjeras, de Alemania, Noruega, que irán sumando apoyos: se gana-
ron el respeto, finalmente, de políticos de todo el espectro. Ante la
prensa, ante la opinión pública –reunirán un millón de firmas de apo-
yo– , ante el Parlamento tras una marcha al Congreso Nacional en
Valparaíso, fueron creciendo en dignidad, capacidad de gestión, espíri-
tu empresarial, sin perder nunca su objetivo y su independencia.
Desde la toma, en pleno invierno de 1992, 19 de junio, a su insta-
lación en la feliz primavera de 1998, escribieron un capítulo nuevo en
la historia de la Región. De paso, se creó una normativa para permitir
la misma modalidad en otros casos. Por último, se quedaron en Peña-
lolén, su comuna.
No quisieron irse a una periferia en construcción, ajena y lejana.
Las erradicaciones de poblaciones y “bolsones de pobreza” desde los
barrios jardín tienden a provocar, ellos lo habían visto, desintegración
social: deserción escolar, drogadicción, embarazo adolescente, tasas más
altas de hechos delictivos.
Santiago requiere un pensamiento en el marco de la Región, al
nivel de la escala del territorio para que sea ambientalmente sustenta-
ble. También lo necesita a nivel del Área Metropolitana para ser social-
mente sustentable. Expandida incluso en esos sectores nuevos, y asu-
mida su expansión, la sana convivencia exige e implica subcentros donde
vuelva a ser posible, el encuentro, la sociabilidad sin largas horas de
transporte; “urbanizar” la expansión con centros que vivifiquen sus
monótonas extensiones de suburbios, de poblaciones.
Las ciudades europeas, como Londres, también expresan desigual-
dades económicas en su territorio, también tienen barrios identificados
por nivel económico. Lo mismo choca en América Latina porque aquí
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

retratan una mayor desigualdad, una mayor diferencia en los ingresos,


quedando sectores de Santiago Oriente con excelente infraestructura,
equipamiento, frente a una comuna de La Pintana donde incluso los
servicios son casi inexistentes y sus habitantes literalmente fuera de la
ciudad aunque formalmente pertenezcan a ella.
Al ser Santiago una ciudad particularmente extensa quedan ricos y
pobres separados por muchos kilómetros. No hay otro camino que una
menor desigualdad en los ingresos, entre personas, entre comunas.
Cuando se quiere resolver el problema como en Londres, por un puro
gesto de voluntad política, de la autoridad urbana, construyendo en
una época viviendas subsidiadas en cada comuna, a mediano plazo se
fracasa. Esa vivienda se deteriora porque un sueldo no permite su man-
tención, o porque el usuario si prospera se cambia y es reemplazado
por una familia que vivirá el deterioro de la misma. Es “Machuca”, un
modelo forzado.
La inseguridad del santiaguino no disminuye ante la segmenta- 133
ción, no se calma por vivir entre iguales y lejos de los sospechosos. A
pesar de sus tasas de delincuencia, normales o mejores en comparación
a las demás urbes de Sudamérica, tal como lo demuestran los estudios
del sociólogo Enrique Oviedo, el santiaguino vive con temor. Y esto no
es bueno para la convivencia y además deprime acciones cívicas.
Los mejores estándares de los últimos veinte años están acompa-
ñados de la aparición de rejas, alarmas residenciales, guardias priva-
dos, desconfianza, desde los mejores a los más pobres barrios, alcan-
zando su apogeo en La Cisterna, El Bosque y San Joaquín. La poca
vitalidad del espacio público, principal herramienta de control urbano,
es una causa; y, a lo largo del siglo XX, se perdieron importantes espa-
cios de interacción social. El “otro” se volvió un desconocido, enemigo
potencial. Incluso, los mismos espacios se han segmentado generacio-
nalmente, sin convivencia de ancianos con jóvenes, de jóvenes con
niños. La cultura del espacio público, aplicada finalmente en los nue-
vos conjuntos sociales básicos, tiene mucho por delante. Espacios de
interacción seguros, áreas verdes, centros de la comunidad, horarios
amplios, diseños funcionales a la seguridad, alumbrado público estra-
tégico...
Los casos de comunas mixtas, escasos, como Peñalolén, Huechura-
ba o La Florida, al no ir acompañados de una cultura social arraigada
no parecen ofrecer un horizonte muy positivo sino otro de creciente
exclusión, de triunfo de un sector sobre otro. Son innumerables los
casos extranjeros como Toronto o Chicago, promovidos estos por la
Fundación Paz Ciudadana, que demuestran la necesidad de la cons-
tancia para avanzar en esta dirección, la que finalmente ofrece una
seguridad real; una disminución de la inseguridad y el temor gracias a
la gestión participativa de autoridades locales y vecinos en la creación
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

de espacios, así como de conductas que favorezcan la convivencia de


los diferentes y no su aislamiento.
El Plan Cuadrante de Carabineros de Chile ha acelerado la veloci-
dad de respuesta, si al año 2000 la reacción promedio era de treinta
minutos, aproximadamente, al 2003 ha bajado a alrededor de 12 mi-
nutos, aunque sin el aporte esperado de la ciudadanía, la cual sigue
colaborando escasamente, por lo que la institución iniciará una cam-
paña en esta dirección.
¿Será posible la integración social urbana? La calle ciudadana, ates-
tada de gente y actividades, sigue siendo un desorden que moviliza a
los turistas hacia donde hay ferias, mercados callejeros. La teoría del
caos de Prigogine y Stengers para el mundo natural, puede ahora apli-
carse a las ciencias sociales.
En los Cabildos Culturales de 1999 la ciudadanía planteó, para la
RM: medios de comunicación para la difusión de espacios culturales,
134 redes de intercambio, comunicación cultural local, apertura de espa-
cios públicos de fomento y desarrollo cultural (colegios y liceos, plazas,
locales de juntas de vecinos, parques, terrenos baldíos...). También la
creación de Casas de la Cultura, corporaciones culturales autónomas o
municipales, definición del rol del Departamento de Cultura Munici-
pal, institucionalización cultural. Destinación de fondos concursables
comunales, presupuesto para gestores y grupos locales. Creación, re-
modelación o habilitación de Centros Culturales multidisciplinarios,
construcción de infraestructuras para el adulto mayor, los jóvenes, los
discapacitados. Fortalecimiento de la organización de una red Cultural
Comunal, Consejo o Asociación que contribuya a la implementación
de políticas y toma de decisiones. En Cultura y Educación la creación
de Escuelas Experimentales Artísticas, el mejoramiento de la calidad
educativa a través de la acción cultural, la creación de institutos y se-
des universitarias. En Medioambiente la integración de las unidades
vecinales a las campañas de higiene ambiental y reforestación. Reali-
zación de los Cabildos Culturales anualmente para diagnóstico y eva-
luación. En el ámbito del Patrimonio e Identidad Local, creación de
museos de patrimonio histórico, difusión de la cultura de las etnias
originarias, fortalecimiento de la identidad cultural local. En Capacita-
ción y Equipamiento, formación de agentes locales en talleres gratui-
tos. Fomento de Bibliotecas municipales. En Desarrollo Comunitario,
creación de oportunidades de estudio y laborales, instalación de servi-
cios de urgencia con personal idóneo, solucionar localización de torres
de alta tensión. En Auspicios, comprometer a las empresas locales en
el financiamiento de actividades culturales. En Actividades y Eventos,
realización de Festivales, Fiesta de la Primavera, Semana Cultural. En
Programas Especiales, fomento del deporte, del turismo. En Cultura y
Prevención, organización de talleres para drogadicción y alcoholismo.
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

Seguridad Ciudadana, ir generando instancias valóricas y de mayor


resguardo policial.
Plantearon “hacer ciudad”.

MIRANDO AL BICENTENARIO

En 2000, en el marco de una Estrategia de Desarrollo 2000–2005, el


Gobierno Regional Metropolitano celebró un seminario público-priva-
do y elaboró un material sobre “Santiago Región, mirando al Bicente-
nario”, en el que se plantearon Cinco Sueños para Santiago Región, los
que apuntan a líneas de trabajo que corresponden a carencias:
• Ciudadanía; de habitantes a ciudadanos. Equidad, calidad de vida e
integración social; Región y Ciudad de oportunidades; Región y
Ciudad de Barrios; participación ciudadana y consolidación demo-
crática.
• Sustentabilidad ambiental territorial. Territorio ambientalmente sus- 135
tentable; hacer Ciudad, construir Región; Región y Ciudad Capital;
equidad territorial y ciudadana; Santiago maneja su futuro.
• Competitividad: Santiago, al servicio del país. Economía regional, pla-
taforma y aporte a la competitividad del país; Santiago, Ciudad y
Región integrada en la economía global; alianza estratégica entre
sector público y privado.
• Modernización Regional de la Gestión Pública; el compromiso ciudadano
de Santiago Región. Gobernabilidad y responsabilidad social; geren-
cia pública como práctica, estilo e identidad regional; gobierno re-
gional visible y accesible; el Proyecto Político de Santiago Región.
• Identidad y Cultura Regional: Santiago Histórico, Ciudadano y Cosmopoli-
ta. Fortalecimiento de la convivencia ciudadana; calidad de vida,
oportunidades para el desarrollo de las personas; representación
simbólica y cultural de la identidad republicana; espacio de cultura
e integración, fomento de la heterogeneidad y aceptación de la di-
versidad.

El Gobierno Regional espera para fines de 2004 las conclusiones de


la Actualización de la Estrategia de Desarrollo de la Región Metropoli-
tana, con el fin de focalizar y jerarquizar mejor sus proyectos, estudio
que por concurso público quedó a cargo de un equipo interdisciplina-
rio de la Universidad Católica.
“El barrio es un bien escaso” como ha dicho el mexicano Alfredo
Hernández, pero tiene demanda y cada vez más a la hora de fortalecer
la ciudadanía, potenciar identidades y modernizar y democratizar la
gestión de la Región, la Ciudad y la Comuna.
Un aporte 2001 en esta dirección, fruto de un convenio de la In-
tendencia Metropolitana con la Región de l’Île de France, es la rehabi-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

litación integral de Cités y Pasajes de la Comuna de Santiago, en los


que habita el 20% de los residentes de esa comuna (cuarenta y seis mil
habitantes en 1995). Con densidad de baja altura, escala residencial,
espacios públicos, obra de arquitectos notables como Alberto Cruz
Montt, Julio Bertrand y Luciano Kulczewski, son un valor histórico y
distintivo de la ciudad. Sus habitantes, modestos, no tienen entonces
que emigrar como aquellos que han sido desplazados por nuevas to-
rres residenciales que no pueden costear. Inspirados en las cités ouvrières
de Francia, habían solucionado la crisis habitacional de Santiago hacia
1930, en el apogeo de las migraciones del campo y de las salitreras,
manteniendo la trama de las manzanas tradicionales, ocupando su in-
terior e incorporando más condiciones de ventilación, asoleamiento e
higiene que los modelos anteriores, sin monotonía en su diseño. Son
un valor histórico de la ciudad y su rescate es un avance hacia la con-
vivencia social de grupos de ingresos diferentes en un mismo entorno.
136 Son iniciativas puntuales, tal como las que se llevan a cabo en va-
rias ciudades de la región en cuanto a sus propios patrimonios, pero se
inscriben en una vida diaria más inmediata mientras la Región com-
pleta busca posicionarse como plataforma de negocios, ciudad de estu-
dios superiores avanzados, con vocación internacional y más receptiva
al turismo. Lo puntual determina el día a día de los habitantes, sin
perjuicio de las estrategias de desarrollo regional y, tal vez, es necesario
para generar participación ciudadana en el desarrollo.

CABILDO: AUTOGOBIERNO DE LA COMUNIDAD

El cabildo es una notable tradición de las ciudades de América Latina,


una de las mejores herencias que dejara España en gran parte del Nuevo
Mundo. En torno a él, muy tempranamente en España, adelantándo-
se a casi todo el resto de los países, surgió un español capaz de decir
“Yo” y enarbolar sus derechos, incluso de exigir al rey su respeto a los
fueros pactados. Luego de siglos de poder concentrado en los nobles,
el Cabildo fue el medio de abrir la sociedad a los hombres libres comu-
nes. Y eso sucedió a lo largo de la Reconquista; el español medio, al
pasar de campesino a ciudadano, conquistó fueros en cada trozo ibéri-
co que se recuperaba de los árabes, Castilla la Vieja y las costas de
Galicia, León y, valle a valle, los trozos de la meseta de Castilla, Sala-
manca, Ávila, Cuenca...
Junto a las del rey, o del conde, aparecen las tierras de la comuni-
dad de los hombres, de los soldados que arriesgaran su vida. Ellos aca-
tarán al rey en el gran gobierno –las estrategias de desarrollo– pero
ahora elegirán a sus propias autoridades; en una asamblea o concejo
escogerán a su Alcalde. El poder local es de la comunidad y para la
comunidad.
C ONSTRUIR LA C ONVIVENCIA

Los ciudadanos tendrán domicilio inviolable, los ciudadanos serán


libres e iguales ante la ley, los ciudadanos tendrán derecho de propie-
dad, derecho a la seguridad personal, derecho a ser juzgado por jueces.
No era cualquier cosa ser un ciudadano. En el presente falta una
similar cultura capaz de enseñarnos que tenemos el derecho a tener
derechos, que somos sujetos de derecho, que somos soberanos, que los
funcionarios públicos son servidores públicos y no los dueños o con-
troladores de los derechos.
Eso estaba claro en Cabildos y Concejos poderosos. Crearán, poco a
poco, una forma de gobierno local. A veces inspirada en la de los reyes,
pero también por iniciativa intelectual independiente, fueron nacien-
do, junto al alcalde, los regidores, jurados, alguaciles, escribanos, ofi-
ciales, veedores, alarifes, el alférez real, los fieles (inspectores de mer-
cados y comercios)... Una gobernancia propia.
Tendrán su propia economía para solventar esa estructura, no sólo
las dehesas, pastizales, montes para el corte de leña, todo lo que cabría 137
esperar, sino también torres o castillos donde refugiarse en caso de
ataques y graneros públicos para años de escasez o familias en desgra-
cia: en los Cabildos se construyó ciudadanía.
Ellos mismos estudiarán dónde fundar una aldea nueva y para cuán-
tos habitantes, con qué ciudad hermanarse para emprender una cam-
paña –antibandidaje, por ejemplo– o financiar un puente o camino o
puerto. Reyes hubo, y varios, que conservaron su poder en momentos
de crisis, frente a nobles alzados, gracias al apoyo de Cabildos.
En el siglo XII, antes que en el resto de Europa, tienen represen-
tantes en las Cortes del Rey, se sientan junto a la nobleza y el clero;
condes, magnates, prelados y caballeros ven ingresar a estos burgueses
desconcertados; tienen un poder que ya nadie puede negar. En la ciu-
dad de Santiago de Chile habrá un rollo en la Plaza de Armas, poste
que hace visible el poder soberano del Cabildo de la ciudad; en otras
urbes de América el rollo se ubicará en las puertas.
Los cabildos alcanzan su mayor apogeo en el siglo XIII según Julio
Alemparte, historiador chileno que estudia la institución y publicara El
Cabildo en Chile colonial (Orígenes municipales de las repúblicas hispanoame-
ricanas).
Pero después servirán para aumentar el absolutismo en España,
para incrementar el poder central. Los funcionarios sesionarán en ca-
bildos cerrados, los ciudadanos poderosos se eternizarán en los cargos,
los manejarán entre ellos, los nobles ingresarán a las ciudades con la
complicidad de los reyes. El rey creará el cargo de Corregidor para en-
trometerse en el gobierno local. Los reyes centralizarán todas las for-
mas de poder, aumentarán los cargos municipales y los venderán al
mejor postor para financiar guerras y aventuras, los fondos municipa-
les se irán en sueldos, atuendos pomposos, fiestas públicas...
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Afortunadamente, esa pecha de las ciudades no llega a las villas y


aldeas, la participación ciudadana sobrevive en los lugares recónditos
de la Península Ibérica... y de ahí vienen, más que de las urbes impor-
tantes, los conquistadores de América. Con ellos cruzará la institución
el Atlántico, gracias a ellos sobrevivirá en el Nuevo Mundo, ese Cabil-
do que allá iba perdiendo las prerrogativas que lo vio nacer.
A veces sorprende el denuedo español a la hora de defender una
aldea nueva, apenas unos terrenos y calles trazados a cordel, una ilu-
sión. Y es que, en ella, por modesta que fuera su condición material,
veían un espacio de libertad, la posibilidad de, reunidos en una asam-
blea o Concejo, decidir su futuro, construir un espacio de libertad, ha-
cer real su ciudadanía.
Recuérdese la frialdad con que Santiago recibió a Alonso de Ribera
como gobernador, cuando aquí se pensaba que era Alonso García Ra-
món, conocedor de la Guerra de Chile, el hombre indicado; o el desinte-
138 rés de la ciudad cuando el gobernador Luis Merlo intentó reclutar un
ejército para ir en socorro de Concepción; o la franca desobediencia de
los santiaguinos cuando el gobernador Ulloa y Lemos intentó abolir el
servicio personal de los indígenas; tuvo que retirar su decreto ya dictado.
Cabildo Abierto hubo en 1639 para pedir al virrey que se eximiera
a Chile de las alcabalas (las alcabalas son un impuesto), lo que sirvió al
menos para reducirlas. No se olvide que hubo varios gobernadores,
como Ribera y Mujica, que según se cree, fueron envenenados, lo que
da una idea del poder de los locales. Meneses, alias Barrabás, al ser
destituido huirá al Sur pero los santiaguinos lo capturarán trayéndolo
en una mula; a la vista de los ciudadanos, quienes lo insultaran a gus-
to. Permanentes fueron los choques del gobernador Ibáñez con la ciu-
dadanía y al llegar el año 1700 no prestó el juramento ante el Cabildo.
Así, en los siglos XVI, XVII, XVIII crece poderoso, al grado de, ini-
ciándose el siglo XIX, reunirse sus miembros y encabezar la Indepen-
dencia a través de los Cabildos Abiertos. Desde entonces, así como en
Europa se recuperó el poder local en el siglo XX, en América todavía
está en retroceso, sofocado por el poder central, los partidos políticos,
el control financiero... recién retorna la gestión municipal participati-
va, en Bolivia, Brasil y Colombia, es la escala más real de la comuni-
dad, la mejor escuela de la convivencia cívica y la mejor instancia para
forjar las bases de otras formas de convivencia política, en las que los
ciudadanos actúen frente a los desafíos del diseño urbano, salud y sa-
lubridad, educación.
Cabe decir lo mismo que en la Independencia, ahora para el Bicen-
tenario: ¡Cabildo queremos!
L A R EGIÓN Y SUS LUGARES

LA REGIÓN Y SUS LUGARES

MELIPILLA Y CURACAVÍ, RURALES AGRARIAS 139

Tuvo siempre una ubicación estratégica la ciudad de Melipilla. Desde


ahí partió el Camino al Sur, ese que recorría los valles agrícolas coste-
ros, el ambiente más trabajado en la Colonia. Su agricultura, favoreci-
da por su cercanía al Maipo, le permitió ser puntal de la economía
colonial, valle coronado por esa ciudad importante en funcionarios e
iglesias. Su auge temprano tuvo mucho que ver con las pestes que
empobrecieron los campos peruanos hacia el 1700, lo que hizo im-
prescindible impulsar los chilenos y, especialmente, las tierras cercanas
a la capital. Además, está en el camino al mar. Como las carretas no
podían pasar por La Dormida se habilitó un camino que salía de San-
tiago por Chuchunco, cruzaba por Melipilla y de ahí a Valparaíso. To-
dos los caminos llegaban a ella.
Conservadora, mantuvo las corridas de toros, los telares primitivos
de buena calidad, la elaboración de ponchos y loza de greda negra o
roja, las canciones y bailes propios que, olvidados en otras ciudades,
hasta hoy permiten asomarse desde allí al Chile colonial.
Así defiende su rango de gran ciudad, orgullosa, del siglo XVIII, de
cuando los jesuitas eran dueños de la Hacienda San José de Melipilla,
una de las más prósperas del país. La Ordenanza de Intendencias divi-
dió la región en dos subdelegaciones, Melipilla y Santiago, mano a mano.
Lo transmite en la nobleza de su plaza, la histórica iglesia vecina y
el museo parroquial que recuerda el tiempo de los dominicos y jesuitas
dueños de casi todo este cuadrado valle; produciendo jabones, cal, li-
cores, velas, además de frutas y hortalizas que se llevaban a los merca-
dos de Santiago cada semana. En el censo de la época, 1778, todavía
encontramos un equilibrio regional; una ciudad de Santiago de veinti-
cuatro mil trescientos dieciocho frente a un total de sesenta y cuatro
mil en el Partido de Santiago.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Aunque el turista se acerca en fines de semana, la ciudad real, polo


agrícola y ganadero, se aprecia mejor en los días hábiles. Ahí es cuando
exhibe su vitalidad, la que en parte se puede conocer en la feria de
remate de animales del día domingo.
El almuerzo en el Restorán Las Lilas de Bollenar con su ambiente
campesino y su tradición de costillares en hornos de barro, la ruta de
los quesos –recomiendan a Don Camilo a la salida, por el camino a
Rapel, lugar tradicional que tiene degustación de empanadas de queso
y venta de manjar casero–, ofrece un ambiente que mucho se celebra
en otoño o primavera, con el agregado de una visita al vivero El Copi-
hue que tiene cuatrocientas variedades de plantas, árboles, flores.
Es la tierra fértil la que acoge y habla, y las casonas de haciendas
son su patrimonio más rico. Un ambiente más campesino que urbano,
funcional a las necesidades de la capital más que a las propias, sin mo-
numentos de su propia historia. Por su ubicación Melipilla es una ciu-
140 dad que espera llegar a serlo. Pronto se integrará al mundo urbano y
ojalá pueda realizarlo sin perder la nobleza ilustrada y productiva del
siglo XVIII, una de las ciudades progresistas de la Ilustración en Ibero-
américa. Es raíz del Chile agrícola que escogiera Eduardo Barrios para
novelar el campo chileno en Gran señor y rajadiablos.
En la misma zona están Peñaflor y Talagante, asentamientos chile-
nos tradicionales que, en sus cercanías, ofrecen otros parques notables
junto a casonas clásicas del campo chileno, especialmente dos asocia-
das a los hermanos Carrera: Santa Ana de las Palmas y San Miguel del
Monte.
Un rincón de la zona, el valle de Mallarauco de treinta kilómetros
de largo, es otro enclave hijo del esfuerzo del ser humano, en este caso
de Patricio Larraín Gandarillas que es uno de los grandes benefactores
del paisaje chileno gracias a la importación de las primeras abejas. En
Italia compró unas colmenas pero luego del largo viaje por el Cabo de
Hornos ninguna llegó viva. En la segunda operación se salvaron tres
familias que son las progenitoras, tanto de las chilenas como de las
argentinas. Flores y frutas, con su ayuda, se multiplicaron en todo el
país enriqueciendo el paisaje, produciendo miel que pronto comenzó a
exportarse y, finalmente, preparando las condiciones para hacer de Chile
un país exportador de frutas.
Larraín Gandarillas es autor de otra iniciativa fundamental. Al co-
nocer el túnel de San Gotardo que cruza bajo los Alpes uniendo Italia
con Suiza, decidió importar una perforadora similar con el propósito
de conducir agua del Mapocho hasta su hacienda de Peñaflor. De cua-
renta kilómetros de largo, incluyendo un túnel de tres mil quinientos
metros y en una faena gigantesca que demoró veinte años, logró regar
cerca de cinco mil cuadras de terrenos de secano que de inmediato
comenzaron a transformarse al recibir el vital elemento. Los fundos,
L A R EGIÓN Y SUS LUGARES

Mallarauco, Mallarauquito y Pahuilmo llegaron a estar entre los más


productivos del país. El último es protagonista de la Ruta del Queso
que, reflejo de una de las producciones agrícolas más importantes de la
zona, también es una de las atracciones del turismo rural de la Región.
Desde Melipilla surgen tres rutas, Codigua-Culiprán (diez kilóme-
tros al Sur de la ciudad), Mallarauco-Bollenar (veinte kilómetros al Nor-
te) y Puangue (ocho kilómetros al Poniente), lugares para conocer pro-
cesos de producción y actividades relacionadas con el campo del Valle
Central: granjas educativas, chicherías, viveros, casas patronales...
A lo largo del camino que pasa por Malloco y El Monte, un peque-
ño desvío accede al enclave artesanal de Pomaire, pueblo encerrado en
un hermoso valle de la Cordillera de la Costa, el más célebre en alfare-
ría de greda y cuyas picadas criollas han forjado una sólida tradición.
Desde 1583, de origen indígena, son más de cuatro siglos de familias
fieles a una cultura que surge por la abundante materia prima, la gre-
da, en los cerros que lo rodean. Incluso el nombre del curaca Pomaire 141
perduró en el Domingo Pomaire del siglo XVII y el Tomás Pomaire en el
siglo XVIII, también autoridad principal del lugar en su época. Miles
son los visitantes de mayo a la semana pomairina, donde la chicha y el
chancho son los protagonistas principales. La chicha, tradición de Cu-
racaví y Melipilla, fermentada por técnicas artesanales, se expende el
año completo en las chicherías locales.
El turismo rural crece al mismo tiempo que se expande Santiago,
especialmente en función de niños que no conocen el campo más que
en las pantallas de televisión. Así han surgido lugares como Granja El
Molino, cerca de Melipilla, con toda clase de animales de corral, patos
de variadas especies y aves exóticas como faisanes y pavos reales.
La Viña Undurraga, ubicada en esta zona, se cuenta entre las pio-
neras de la industria vitivinícola chilena. Fundada en 1880, su casa
patronal, bodegas de guarda y noble parque del siglo XIX están abiertos
al público y han sido, por generaciones, lugar de recepción oficial de
visitas ilustres del país. Mandatarios y otras personalidades han encon-
trado ahí, cerca de la capital, un acercamiento al mundo rural y vitivi-
nícola chileno.
En otro valle paralelo hacia la costa, la tierra hoy igualmente fértil
de Curacaví, esa que se abre al viajero entre los túneles Zapata y Lo
Prado, no tenía agua cuando llegaron los españoles; es obra humana el
verdor que hoy día ofrece. El primero fue el italiano Juan Bautista
Pastene, el célebre marino, quien canalizó el río Puangue para sembrar
cáñamo y lino e instalar la primera fábrica del lugar; una de frazadas y
jarcias. Pero no será suficiente, muchos de sus obreros, tras la partida
del marino, emigrarán a Pomaire.
La gran epopeya, la que logra desviar aguas del Mapocho y hacer-
las cruzar a través de túneles los cerros de lo Prado, una de las mayores
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

empresas de Sudamérica en el siglo XIX, fue iniciada por dos personajes


de la época, el presidente Manuel Montt y el creador del Banco Matte
y del Pasaje Matte, Domingo Matte Mesías, padre de Claudio, el crea-
dor del célebre Silabario Matte. Fueron ciento veinte kilómetros canali-
zados para trasladar sesenta mil litros por segundo, sorteando los ce-
rros con tres túneles y el río Puangue por medio de un gran acueducto
de setecientos metros de largo. Iniciada en 1854 la obra tardará casi
tres décadas, hasta 1880, año de la muerte de Montt, pero llegará a
tener otro socio presidencial: José Manuel Balmaceda.
Ahí comenzará el milagro que irrigará no sólo los tres fundos de
los gestores sino también los valles completos de Lo Prado, Lo Busta-
mante y Curacaví, miles de cuadras más para la agricultura metropo-
litana.
El valle era cruzado por el camino a Valparaíso, otra obra notable
debida a un mandatario, Ambrosio O’Higgins, en la que trabajaron dos
142 ingenieros sucesivos: Pedro Rico y Agustín Cavallero, además del ar-
quitecto Joaquín Toesca. Las postas, donde los viajeros se detenían a
comer y a veces a dormir, serán otra fuente de ingresos. La Cuesta
Zapata fue bautizada por el francés Amadeo Frezier en relación a la
Hacienda del Hato de Zapata que le llamó la atención por ser de un
negro de ese nombre, Antón Zapata, para quien trabajaban unos vein-
te indios con sus familias. Con camino y agua, el valle de Curacaví se
transformó en uno de los mejores ambientes de la Región. Ahora a la
espera de un metrotrén que aumente su población y conectividad

ALHUÉ, LA MINERA

La Villa Alhué, en cambio, es un asentamiento de origen minero, tan


notorio entre los indígenas que de inmediato supo de él Pedro de Val-
divia y lo asignó a la mujer que lo siguiera, Inés de Suárez. Desde en-
tonces rodaron las piedras de los trapiches, por siglos. Se encuentran
en sus inmediaciones, en el camino a Hijuelas de Polulo, unas muy
curiosas construcciones de adobe y madera que no corresponden al
arquetipo hispánico; es un modelo más efímero, una arquitectura sin
arquitectos, muy típica de los siglos XVI y XVII. Entrar a Alhué es un
viaje a un Chile aún más antiguo que el de Melipilla, el de las tierras
ásperas y la búsqueda de oro del siglo XVI. La Región tuvo su apogeo
minero como informa Juan Egaña en su célebre inventario de 1803:
“En todos los tramos que comprenden sus cordilleras, desde el primer
rincón, se han reconocido varias minas metálicas principalmente de
plata, y lo mismo en los ramos más cercanos a la costa y aun en loma-
jes casi llanos. Tal ha sido en estos días las célebres minas de Rungue,
donde se ha sacado la plata casi en masa, o con muy poca mineraliza-
ción, bien que no en vetas constantes. El Torio y otros minerales inme-
L A R EGIÓN Y SUS LUGARES

diatos a Lampa han sido sumamente apreciables. Igualmente ha sido


fértil en oro, y las minas de Tiltil, La Dormida y de Caleu, sus ricos lava-
deros, siempre fecundos, son una muestra constante de que Santiago,
en oro y plata, poco tiene que envidiar a las más ricas provincias”. Para
Melipilla indica los asientos de Colliguai y Curacaví como “los más nota-
bles” en metales finos, así como el nitro con base calcárea que abunda
en Melipilla y podría abastecer la fábrica de pólvora del Reino.
En Alhué son más numerosas las faenas, en el cerro los Chinces, en
el de las Ánimas, en la quebrada de Agua Fría, en los Quillayes, en el
cerro La Reina, en Alto del Retamo, en Las Cortaderas, San Antonio.
En el panorama chileno las zonas de mayor producción eran las de
Copiapó, Huasco y dos de la Región, Alhué y San José de Maipo. La
Real Casa de Moneda en Chile, concedida a Francisco García Huidobro
en 1743, fue una institución muy celebrada en la zona: no tendrían
que seguir enviando el oro y la plata a acuñarse en la Casa de Moneda
de Lima, con todo el riesgo de los viajes en la época. 143
La minería llevó a poblar muy temprano los puntos extremos de la
Región: la plata se escondía en la Cordillera de los Andes (encerrada en
el Cajón del Maipo) y el oro en la Cordillera de la Costa (enclaustrada
en Alhué). Los metales finos estaban lejos de las ciudades.
Alhué, aislado y silencioso, totalmente encerrado entre cerros, de
trazado y casas céntricas absolutamente tradicionales –Zona Típica,
Vittorio di Girólamo lo escogió para filmar una película de época– es el
rincón más clásico de la Región Metropolitana a pesar de las graves
consecuencias del terremoto de 1985.
Rico en oro durante la Colonia, sus vetas son trabajadas hasta hoy
–cuatro minas. Luego de una interrupción a mediados del siglo XX; se
comenzó después a trabajar en vetas más profundas, nunca laboradas
por falta de recursos. Dicen ahí que el oro es mucho todavía, que el
problema es tecnológico. Lo confirma Carlos Palacios del Departamen-
to de Geología de la Universidad de Chile, quien no descarta una nue-
va fiebre de oro que, una vez más, atraiga una población numerosa. En
todo caso, el sector es relevante para que Chile se mantenga entre los
doce países de mayor producción de oro. En las cercanías, la cuenca de
granito del estero Alhué aflora en unos gigantescos bloques, en cantidad
que ocupa más de media hectárea en una ladera, “el cementerio de las
piedras”, según se le conoce y que califica para los geólogos como un
excepcional “mar de bloques”. Áspero, es el único mar de la Región.
Como se conducen los riles del mineral de El Teniente hasta esta
cuenca, CODELCO firmó recientemente un acuerdo para crear una Ha-
cienda ecológica de veinte mil hectáreas en el Embalse de Loncha. Al
generar humedad artificial y rehabilitar la fauna nativa se creará un
polo de turismo ecológico orientado a la observación de aguiluchos,
picaflores gigantes, carpinteros, lechuzas, tórtolas, faisanes y codorni-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

ces, así como aves acuáticas vinculadas a la plantación de cañaverales,


especialmente flamencos traídos del cercano santuario costero de El Yali.
Si se sube de Alhué hacia la Cordillera de la Costa hay unos cerros
intactos, de vegetación nativa, en Altos de Cantillana. Es uno de los
puntos más altos de esa conformación y entrega una de las mejores
vistas de toda la región: la Cordillera de los Andes al Oriente y la costa
de San Antonio al Poniente.

EN UNA COLINA DE COLINA

Movimientos sísmicos definieron una región muy variada, radical-


mente más seca en su zona Norte. En esa dirección se fue a vivir Luis
Peña, “el señor de los insectos”. En los alto de una colina, con vista a
todo ese panorama que se despliega hasta los cerros del cordón de Cha-
cabuco, todo el paisaje Norte de la Región. Los mismos alrededores de
144 su casa, como mostraba a sus muchos visitantes, eran ricos en sorpre-
sas de fauna y flora si se sabía cómo descubrirlos.
Codo a codo trabajó con el arquitecto Miguel Eyquem que le hizo
una casa como él quería; sin ángulos rectos, igual que un insecto. Es una
casa mirador donde las ventanas están alineadas en dirección a los ce-
rros principales. Hasta ahí llegaba Peña en marzo, cargado de “bichos”,
ansioso por estudiar y clasificar lo recolectado en sus largos viajes de
exploración del país. Dormía poco, apenas, obsesionado por ese mundo.
Su educación formal fue mínima, se aburrió en cuanto colegio lo
matricularon y no terminó la secundaria. Comenzó a recolectar a los
siete años; cuando no podía clasificar algún bicho lo enviaba cuidado-
samente a un experto para saber su nombre. Muchas veces era una
novedad, una especie desconocida, por lo que existen hoy día más de
cuatrocientos ejemplares que llevan su nombre latinizado.
Temía por el futuro del planeta. Nacido en 1921 en Santiago, le
tocó ser testigo de la transformación de la Amazonía, el Sur de Chile y
la propia cuenca del Mapocho. Muchos de sus parientes –”mi familia
son los bichos”, decía– desaparecieron ante el avance de las ciudades y
la expansión de la agricultura.
Gran comunicador, para que la humanidad reaccionara, fue un pio-
nero mundial de la ecología, colaborador de la BBC y de las revistas
Life y National Geographic, asesor de la Universidad de Yale y de varios
museos de Estados Unidos. También será uno de los fundadores en
1974 de la célebre revista Expedición a Chile que, de fascículo en fascícu-
lo, dio cuenta de expediciones en las que además de Peña viajaban
botánicos, ornitólogos, geólogos, fotógrafos, dibujantes... Cada revista
ofrecía un panorama completo y científico de un rincón de Chile.
A sus trabajos, Mariposas de Chile, Matapiojos de Chile, Atlas de coleóp-
teros de Chile, entre muchos otros, se agregaron los que hizo del resto de
L A R EGIÓN Y SUS LUGARES

Sudamérica, que le permitieron afinar el ojo frente a lo característico


del país. Lo interesante de los insectos chilenos, que no tienen ni el
tamaño ni el colorido de los tropicales, es su originalidad. Son endémi-
cos, sólo se encuentran en Chile. Y los parientes hay que buscarlos
lejos: en Australia y Nueva Zelandia.
Contagió con su vocación a muchos jóvenes, algunos tan destaca-
dos como el científico Jürgen Rottmann y el popular doctor Pedro Vi-
dal, “el cirujano plástico de las estrellas”, quien también comenzó de
niño a recolectar insectos en el fundo familiar de Melipilla y en el de
sus tíos García Huidobro –la Viña Santa Rita en el Maipo–, llegando así
a conocer bien los insectos de la Región.
La notable casa de Luis Peña es una de las creaciones más repre-
sentativas de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de
Valparaíso, de su peculiar postura reflejada en Ritoque y que se estudia
en centros académicos de varios países. La construcción, de materiali-
dad sólida y diseño original, obra de Miguel Eyquem, tiene alto valor 145
patrimonial y a su condición de mirador del Norte de la Región suma
sus colecciones de insectos. De lograr apoyo para su gestión, su apertu-
ra al público sería un gran aporte. Aunque gran parte se vendió al
museo de Chicago, permanecen muestras tan extensas como la que se
exhibió recientemente en el Parque Arauco, visitada por miles de fa-
milias que conocieron por primera vez un panorama global de especies
locales. La casa podría ser un portal de la Provincia de Chacabuco.

ACONCAGUA, LA VECINA DEL NORTE

La Región Metropolitana tiene vecinos notables. Varios son aprove-


chados masivamente por los habitantes de la Región, como Valparaíso
y Viña del Mar al Oeste, Mendoza (Argentina) al Este, y el valle de
Cachapoal por el Sur; son otros tantos “atributos” de la Región Metro-
politana de fácil acceso para sus habitantes o para el turismo extranje-
ro que, desde Santiago, puede acceder a ellos con rapidez. Tener buen
barrio es una clara ventaja y conste que el santiaguino anduvo siempre
entrando y saliendo por su geografía, dijeran lo que dijeran los límites
administrativos. Menos visitado es el valle de Aconcagua aunque hay
santiaguinos viviendo en él, especialmente en parcelas cercanas a Los
Andes y San Felipe, gracias a la nueva vialidad que les permite trabajar
en Santiago.
Tan cerca, es otro mundo. Precursora entre los santiaguinos aman-
tes del valle de Aconcagua fue la escritora y periodista Inés Echeverría
Bello, la gran publicista de Arturo Alessandri Palma, capitalina que
gozó de los atributos de Ocoa –hacienda de parientes–, toda su vida.
Bisnieta de Andrés Bello, era nieta de Rosario Reyes de Bello –cuya
tertulia santiaguina, literaria y política, fue, en el siglo XIX, más podero-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

sa que un partido político–, prima de la escultora Rebeca Matte Bello,


del escritor Joaquín Edwards Bello y del jurista Ricardo Montaner Bello.
Brillante y respetada, gracias a su entusiasmo se conocerá Ocoa en
la capital. Primera mujer de Iberoamérica en incorporarse a una Facul-
tad de Filosofía y Humanidades, pensadora feminista consagrada, pro-
pulsora del voto femenino, muchos artistas e intelectuales, así como
políticos liberales y radicales, se movían en torno a ella. Autora de
libros en los que intentó dar cuenta de Chile y de sus personajes –así
como de los europeos que visitaba en sus viajes–, su paraíso y su des-
canso estaban en Ocoa. Con Fernando Santiván intentará crear ahí
una Colonia Tolstoiana, para que un grupo de creadores viviera en ese
lugar, proyecto que no llega a materializarse por los malos caminos de
entonces que mantenían la zona en condición de rincón remoto. Pero
aquí llegarán algunos santiaguinos, por ejemplo, Onofre Jarpa a pintar
las grandes palmas chilenas y los manantiales del lugar. Para ella, “el
146 murmullo de las palmeras al atardecer hace pensar y soñar”; así lo
haría hasta su muerte.
Es un lugar privilegiado por sus palmares majestuosos y abundan-
tes, bosques de peumos y boldos, el canto de tordos y queltehues, los
sonoros cursos de agua. También porque en Ocoa está el cerro La
Campana, de vegetación tan extraordinaria que sorprendió al mismo
Darwin en 1842, el que lo ascenderá entre helechos, palmas a cuatro
mil quinientos pies de altura, mariposas, variedades de flores y aves
desconocidas. Desde lo alto pudo admirar el valle de Ocoa y contar los
veleros surtos en la bahía de Valparaíso. Del costado Norte de este ce-
rro, cuya altura se cubre de nieve en invierno, fluyen los arroyos que
desembocan en el río Aconcagua.
Los cocos, altamente nutritivos, fueron un maná caído del cielo
para los indígenas y un producto temprano de exportación –también
desde toda la zona Norte de la Región Metropolitana– hacia el Perú:
Chile fue la tierra de las palmas y el cobre. Hasta muy tarde en la Colo-
nia las casas se cubrían con las hojas de las palmas, con ellas se elabo-
raban canastos y escobas, de la savia se extraía el endulzante más po-
pular, la miel de palma, hasta que comenzó la producción de azúcar.
Fue plantada en los grandes parques de Europa y América en el
siglo XIX, por su altura soberbia y su longevidad de cuatrocientos años,
encabezando la especie junto a la palmera real y la molino de China.
La altura de las palmas y su columnar presencia conforman un espacio
catedralicio, solemne, uno de los más sobrecogedores del mundo.
Los extranjeros visitan el lugar, más que los habitantes metropoli-
tanos. El follaje rojo de los robles en la altura, el brotar de los comesti-
bles hongos digüeñes luego de las lluvias, las quebradas cubiertas de
helechos, la presencia de loros y la suavidad del clima, todo habla de
los misterios del Pacífico Sur.
L A R EGIÓN Y SUS LUGARES

Tal como de los Altos de Cantillana cerca de Alhué, desde su altura


se observa la costa al Poniente y al Oriente la Cordillera de los Andes; y
en esta la altura mayor de América, el Aconcagua, cuya cima se con-
funde con las nubes, techo del mundo.
Antiguamente la palma local se extendía entre las cuencas del Li-
marí y del Maule, pero ahora son Ocoa en la V Región y Cocalán en la
VI las únicas concentraciones importantes; basta visitar una de ellas
para justificar la necesidad de recobrar ese espectacular paisaje de la
Región. Si el bosque esclerófilo está representado en Altos de Cantilla-
na, si hay una Reserva Nacional Río Clarillo en Pirque y un Monu-
mento Natural precordillerano en El Morado de San José de Maipo,
falta un área representativa de los palmares.

BUIN Y PAINE, FRUTAS Y AVIONES

La zona Sur de la región ofrece una riquísima agricultura alimentada 147


por las aguas del Maipo, donde los campos se suceden uno tras otro en
torno a centros poblados como Paine, Buin, Linderos, zona de exce-
lentes frutas y mermeladas caseras. Cientos de capitalinos se desplazan
hacia su estimulante fertilidad los fines de semana para hacer picnics
–como en el pintoresco camino de veinte kilómetros que une Buin con
Champa, bordeado de jardines y viveros a ambos lados–, o para almor-
zar con música de rancheras en parrilladas de emprendedores que acer-
taron en su oferta de grandes espacios, comida abundante, canto y
guitarras populares. Basta atravesar el río para que surjan los restora-
nes de Buin, Linderos y Paine.
A diferencia del curso del Maipo Alto –el de Pirque y Puente Alto–
, aquí en el llano el clima es más cálido y mayor el asoleamiento, lo que
favorece el desarrollo de viñedos como el de Santa Rita en Jahuel,
donde también, en la restaurada casona colonial de doña Paula Jara-
quemada, se cultiva una gastronomía chilena de selección que atrae al
turismo. Tiene mucho de jardín este sector de la Región, por lo que
cada vez se multiplican más las parcelas de agrado de quienes han op-
tado por habitar en ese entorno y viajar por la autopista cada día.
Tiene su propio zoológico, “El Parque de Asís” en homenaje a San
Francisco y que incluso simula un pueblo con sus calles para recordar
mejor al santo italiano. Fue un veterinario, el doctor Ignacio Idalsoaga,
quien tuvo la inspiración; como le llevaban animales heridos, de extre-
midades quebradas e inhabilitados de volver a su vida normal, comen-
zó a acondicionar, por etapas, un terreno de seis hectáreas donde tiene
ahora cincuenta y cuatro especies de distintas partes del mundo, inclu-
so nativas en riesgo de extinción como el cóndor, el pudú y la chinchi-
lla. En espacios que incluyen árboles y vegetación baja, el efecto de
encierro es menor. Este mundo animal se completa en los alrededores
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

con numerosos criaderos de trece razas de perros, que estacionalmente


organizan exhibiciones y concursos, y un hotel canino.
Pero este pródigo jardín con su flora y su fauna, ese privilegiado
sector del curso medio del río Maipo, algunos de cuyos productos se
ofrecen en puestos al paso a los viajeros, es también la base económi-
ca de muchas grandes, medianas y pequeñas empresas agrícolas, las
que sintieron el lugar amenazado por el proyecto de construir un
aeródromo en el sector de Alto Jahuel, a seis kilómetros al Sudeste de
Buin.
Una “Agrupación Pro Defensa del valle del Maipo” llevó sus pro-
testas hasta la Alameda. Treinta y cinco mil vuelos previstos en el pri-
mer año de operaciones les hacen temer un nivel de ruido y contami-
nación de aire y suelos que empobrecería la calidad internacional de
sus productos. Cinco grandes viñas también se sumaron, así como or-
ganizaciones ambientales. Se denunció la cercanía de las estaciones
148 eléctricas que son un punto neurálgico del Sistema Interconectado
Central y del abastecimiento de la Región Metropolitana, el que podría
caerse en caso de un accidente.
Su impulsor no ha cejado. Max Marambio, logró su aprobación el
2004. El tema no interesa a la Fuerza Aérea ya que el lugar no cumple
con las condiciones de un aeropuerto militar, el que quieren cerca de
la ciudad tal como el de Los Cerrillos –cuyo cierre ha provocado todos
estos proyectos– para reaccionar con rapidez en caso de atentado a
lugares relevantes de la capital.
La zona tiene siglo y medio de fecundidad, de cuando a mediados
del siglo XIX mineros afortunados financiaron la canalización de sus
tierras, secas entonces, para plantar frutales y viñedos y hacer de la
zona “el primer vergel agrícola de Chile”, impulso que el presidente
Manuel Bulnes reconoció al fundar Buin por entonces, en 1884. Efec-
tivamente, se transformó en uno de los parajes más benignos del país y
de allí la válida inquietud por su futuro.

DOS UTOPÍAS: CALERA DE TANGO Y SAN BERNARDO

Los jesuitas, Orden emprendedora como la que más –“Contemplati-


vos en acción”– no se resignaron ante el atraso productivo del país en
el siglo XVII al comprobar que hasta el objeto más básico era caro e
importado. Padres de la agroindustria chilena en el siglo siguiente, irri-
garán la zona de Tango y, además de extraer la cal que le da su nombre
a Calera de Tango, e iniciar los cultivos con dos mil trescientos olivos
plantados con fines aceiteros, instalarán un complejo de talleres a
cargo de cuarenta y cinco coadjutores alemanes. Su director, Carlos
Haymbhausen, figura en la historia chilena como “el forjador del pri-
mer desarrollo industrial de Chile”. No sólo campanas y cálices se pro-
L A R EGIÓN Y SUS LUGARES

ducirán ahí, o altares con elegantes bajorrelieves, sino además los pri-
meros relojes y órganos del país.
En las cincuenta y cinco haciendas jesuitas se cimenta el mestizaje
cultural chileno, una forma de habitar el país tan satisfactoria que irá
en desmedro del desarrollo urbano. Calera de Tango fue la segunda en
importancia y, por lo tanto, una de las más beneficiadas con el modelo
patronal de casonas con bodegas, talleres, fraguas, pesebreras, llaverías
y pulperías, “las casas”, donde procesiones y misiones, fiestas religiosas
y campesinas, payas a lo humano y lo divino, se van sumando a las
mantas, estribos y sombreros de huaso que dan cuenta de un hombre
de campo en paz con su tierra y el mundo; afincado en un terruño que
siente propio y al que siente pertenecer.
En torno a siete patios se construirán los grandes espacios de vida y
trabajo, veinticuatro mil metros cuadrados en torno a una iglesia del
estilo que promovieron en América, el barroco, ambientes que se man-
tienen en la mitad de los originales. 149
La agricultura chilena es un triunfo excepcional del hombre sobre
el medio, una lucha áspera que se desarrolla entre los ríos Aconcagua y
Biobío, gesta poco reconocida por la historia. Al final del período his-
pánico, Ambrosio O’Higgins, la gran figura del urbanismo colonial des-
pués de Pedro de Valdivia, se preocupó seriamente del Canal San Car-
los para mejorar la habitabilidad del valle del Mapocho; finalmente,
será su hijo quien llegue a la meta.
San Bernardo, así llamada en homenaje a Bernardo O Higgins, es
interesante en más de un sentido. Por una parte, se instala literalmen-
te en la vecindad del Camino del Inca, por otra, obedece al imperativo
del agua, en la proximidad del gran río de la cuenca del Maipo-Mapo-
cho. Las ciudades chilenas de la Colonia se ubicaban cerca del río ma-
dre –normalmente de caudal muy cambiante y rápido, régimen de to-
rrente estacional más que de río–, y justamente cerca de un vado para
poder cruzar en los meses de los deshielos y las lluvias, cultura que se
mantiene.
San Bernardo es la utopía del romanticismo del 1800, hija de un
espíritu rebelde que con un fuerza emotiva reacciona frente al racio-
nalismo de la cultura ilustrada. Es un movimiento fundacional de la
América Latina mestiza, ya inserta en el realismo mágico, que reaccio-
na frente a la razón europea de los conquistadores. Al igual que el
Macondo de García Márquez tiene mucho más de utopía, de ensueño,
de aventura romántica nacida entre patriotas idealistas, que de empre-
sa urbana planificada. Las razones prácticas no bastan para compren-
der esta ciudad; es, en buena medida, una obra de arte. Y esto es cen-
tral en la cultura de América Latina, un sentido existencial que aspira a
la plenitud del vivir, que está dispuesta al fracaso, a la derrota, a la
melancolía, incluso a la pobreza –como el gaucho Martín Fierro– con
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

tal de no perderse el amor, la ebriedad, la música, los amigos, la noche,


el sabor del existir.
Como se ha dicho más de una vez, el pensar latinoamericano está
más en la novela que en la filosofía, en las letras de los boleros y, aún
cuando sus logros materiales sean inferiores a los de los pueblos prag-
máticos del Hemisferio Norte –y en esto se emparenta con El Quijote y
lo español– no renuncia a este camino.
San Bernardo tiene ese resplandor, ese sello. Un puñado de jóve-
nes ha encabezado la guerra de la Independencia y, todavía al calor de
las últimas batallas, decide fundar una ciudad soñada. Tendrá telares
comunitarios en cada barrio para que la gente elabore sus propias ves-
timentas, un teatro para que los granjeros eleven su espíritu a la hora
del crepúsculo, una plaza de encuentro de la comunidad. Es hacer ciu-
dad en el más noble sentido de la palabra, la búsqueda de un lugar para
el mejor vivir, un espacio de realización, un ámbito donde ser mejores
150 hombres, una empresa moral.
Sus fundadores hablan de moralidad, que no es sinónimo de censu-
ra de costumbres ajenas sino búsqueda colectiva de la felicidad. Junto al
Maipo, la ciudad nueva habrá de ser el modelo opuesto de Santiago que,
junto al Mapocho, es la ciudad vieja. Esta, ante el espectáculo que habrá
de presenciar a pocos kilómetros de distancia, tendrá que deslumbrarse,
regenerarse. Como la capital es el corazón de la República, a Santiago
seguirán las demás. San Bernardo será la palanca para que la libertad,
obtenida por las armas, comience a penetrar en los espíritus. El futuro
de la república latirá desde San Bernardo al resto de la nación.
La ruta está amenazada por la mediocridad, la desidia, la corrup-
ción, el fracaso –tal como la propia Conquista de América– pero su alto
propósito transformará, íntimamente, a sus protagonistas. Es un paso
de acercamiento al misterio de la vida, la búsqueda de su sentido, y en
su construcción habrá de encontrarse, día a día, el significado.
Los obstáculos no importan, alimentan el coraje. Como escribe el
romántico Bernardo O Higgins a Carmen Cruz de Claro en 1832, cuan-
do ya ha conocido el fracaso, “ya no es sólo el acíbar nuestro alimento,
mas también el luto, el llanto; pero hay otra patria más justa y eterna”.
Hizo lo posible, como dice al general José María de la Cruz en carta de
1840: “... con el ejemplo de mi respetable padre ante mis ojos, no tre-
pido en decir que sería indigno de ser llamado su hijo si no trabajara
mientras dure mi vida en beneficio de la América del Sur, y muy espe-
cialmente de mi tierra nativa”... En otras cartas que cita Luis Valencia
Avaria en El pensamiento de O’Higgins1 , se trasunta ese ideario que lo
anima, el impulso ético que, finalmente, en Perú se expresará en un

1 Editorial del Pacífico, Santiago, 1974.


L A R EGIÓN Y SUS LUGARES

culto popular donde el inspirador de San Bernardo será invocado jun-


to a santos cristianos.
Mal que mal, antes de entregarse a la causa patriota era un hacen-
dado de extensas tierras e inmensa fortuna: diez mil doscientos vacu-
nos, dos mil caballares, cinco mil ovejas, cinco mil cabras, gran man-
sión de setenta y dos metros de fondo, un personal de cuatrocientos
inquilinos... Abandonar todo a los treinta y cinco años, ya hombre,
permite calificarlo de romántico. Alto de miras, es capaz de escribirle
al Papa Gregorio XVI abogando por la aceptación del matrimonio para
los sacerdotes y la unión de las iglesias griega, anglicana y latina; de
leer textos de mineralogía, agronomía y sistemas de educación para
desarrollar el país; de estudiar la factibilidad de un muelle para Valpa-
raíso... Es interesante la carta que el diplomático colombiano Joaquín
Mosquera, en 1822, escribe a su canciller sobre la idea de O’Higgins
de unir toda América, hecho muy anterior al famoso Congreso de 151
Panamá.
La historia no le asegura el lugar que se merece. Es San Bernardo
donde se explaya toda su utopía, a la vera del Maipo y no lejos de
donde poco antes, en 1792, su padre fundara San José de Maipo.
Las tierras del sector eran en gran parte de los descendientes de
Pedro Gutiérrez de Espejo (de ahí Lo Espejo), los que vendieron a Pe-
dro del Villar, el famoso cubano pionero en fabricar chicha, cuyas viñas
demostraron que la fertilidad de los suelos era óptima si por ella se
hacía correr agua; dejó sus tierras a los pobres, en especial al Hospital
San Juan de Dios.
O Higgins había designado a Domingo de Eyzaguirre al frente de la
obra del canal San Carlos, la que llevaba siglos sin terminarse y cuya
inauguración permitió el milagro. En 1828 corren las aguas que trans-
formarán la Región Metropolitana y permitirán el auge de los viñedos,
luego de las haciendas lecheras y, finalmente, la masiva plantación de
frutales de principios del siglo XX. Se extraerán sesenta y dos canales
que nutrirán todo el sector y también la capital: Las Condes, Apoquin-
do, La Dehesa, Manquehue, Lo Castillo...
Es entonces cuando Fernando Errázuriz compra cuatro mil cua-
dras de la Hacienda Lo Espejo y el resto, que se lotea y subasta, para
chacras agrícolas. El lugar era muy apropiado para ejemplificar las bon-
dades del progreso. Todo el llano de Maipo al Sur de Santiago había
permanecido por siglos como un áspero cascajal, seco e improductivo,
deprimente a los ojos de todo aquel que se acercara desde el Sur hacia
la capital. Para este efecto, “el Llano de Maipo fue dividido en hijuelas
de diez cuadras por lado; y cada una de estas hijuelas se dividió, a su
vez, en lotes de cinco cuadras por lado. A cada lote se le asignaron
derechos de aguas del canal San Carlos en construcción. Rematados
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

los lotes, sus propietarios quedaron obligados a cercarlos por sus cua-
tro costados y a construir en ellos habitaciones cubiertas con tejas”2.
En ese nuevo escenario, verde y productivo, capaz de aportar fru-
tas y hortalizas a la capital, que incluso modificó el clima de Santiago al
refrescar al viento Sur que antes producía un excesivo calor veraniego,
se dieron las condiciones para crear una villa modelo.
Con la aprobación del Senado, en 1821 se reservan al centro de las
granjas treinta y seis cuadras para villa, luego se le agregaron otras
cien, dándose prioridad a las familias más patriotas. San Bernardo per-
mite que no se aplique “el pago de Chile” a quienes se sacrificaron en
la guerra, a los militares patriotas en retiro se les asignan solares gra-
tuitos y también se favorece a los militares vivos y a las viudas de los
caídos. El espíritu patriótico cimenta la nueva ciudad.
Domingo de Eyzaguirre, bajo la directa supervisión de O’Higgins, es
el encargado del trazado con amplias calles bordeadas de álamos, prime-
152 ro en La Granja, al Noroeste de la actualidad, y luego en el actual sitio.
Para la iglesia Católica y para una escuela básica se reservaron sitios cen-
trales. San Bernardo sería proveedor de servicios a su rico entorno agrí-
cola mientras en el interior crecían los cultivos de sus huertas propias.
Aunque el poblamiento fue lento, a partir de 1828, cuando corrieron las
aguas, la llegada de interesados se aceleró, destacando varios extranjeros
que prestaran servicios a la naciente república. La fundación oficial se
hizo el 28 de septiembre de 1830 y el 12 de marzo de 1868, demostrada
ya su pujanza, se le reconoció la condición de ciudad.
El Canal San Carlos fue, como se ha dicho, decisivo: “... con sus 30
km de longitud y 30 m/s de capacidad, es una obra de infraestructura
básica con la cual se riegan aproximadamente 15.500 hás a través de
una red de canales de alrededor de 200 km de longitud, constituyendo
por este solo motivo un gran eje de desarrollo y de servicio, tanto para
los accionistas de la Sociedad del Canal de Maipo, como para el país, por
cuanto las fértiles tierras que él sirve producen toda clase de bienes para
Santiago y otras ciudades y, además su funcionamiento permite el desa-
rrollo de importantes agroindustrias que exportan sus productos a di-
versos países del mundo”3. Al morir Domingo de Eyzaguirre, en 1854,
el futuro presidente Federico Errázuriz Zañartu escribió sobre su dedi-
cación por cerca de medio siglo a la obra “más antigua tal vez de las que
llevan el nombre de públicas”, anunciando que la Sociedad del Canal
de Maipo le levantaría una estatua de homenaje. Esto se cumplió en
1884, de bronce y dos metros y media de altura, diseñada por Nicanor
Plaza, y en la que aparece con un rollo de papel que lleva el plano de la
ciudad de San Bernardo y un “pie de cabra” que simboliza las obras del
Canal San Carlos. Para entonces, los viñedos del Maipo, hijos de esta

2 León Echaíz, René, Historia de Santiago, Imprenta Ricardo Neupert, 1975.


3 Peralta, Orlando, Sociedad del Canal de Maipo, 170 años, 1997.
L A R EGIÓN Y SUS LUGARES

iniciativa estaban ya exportando sus vinos al Viejo Mundo; en 1877,


uno de los viñateros principales del sector, Macario Ossa de la Viña San-
ta Teresa, vástago de una de las familias mineras que invirtió en la for-
mación de la agricultura del Valle Central, fue el primero.

POR LA ALTA CORDILLERA

Al final del verano, cuando los soles ya han derretido la nieve de las
montañas, se puede montar una mula o un caballo y cruzar la Cordi-
llera de los Andes hacia Argentina; incluso en una cabalgata de fin de
semana. Por viaje lo hacían más de una vez en la vida muchos santia-
guinos de la Colonia, aunque jamás entraran a las aguas del Pacífico.
Alonso de Ovalle, el gran testigo, dejó escritas sus impresiones an-
dinas: “Vamos por aquellos montes pisando nubes,(...) tendiendo la
vista hacia abajo, miraba que llovía con gran fuerza, y al mismo tiempo
que estaba contemplando de lejos tempestades deshechas y copiosos 153
aguaceros en la profundidad de los valles y quebradas, levantando los
ojos al cielo, admiraba la serenidad que en él todo se veía (...)”.
Se maravilló con los saltos de agua que. “desbaratándose en el ca-
mino en menudas gotas, hacen en la bajada una hermosísima vista
como de aljófar derramado o perlas desatadas”. Se lamenta porque “no
es posible decirlo todo, ni por más que se pinte jamás se podrá arribar
a la verdad de todo lo que allí se ve”.
Al cronista Felipe Gómez de Vidaurre, más que el paisaje le impre-
sionan los pasos y senderos hollados por el hombre hace miles de años,
de apenas treinta centímetros de ancho y muchas veces bordeando
acantilados: “...los Andes sirven de una muralla impenetrable para aquel
reino, pues aun cuando las nieves no impidan el paso, los pasos que
ella ofrece son tan estrechos, que un solo hombre bien armado es sufi-
ciente para impedir la entrada de un ejército enemigo”.
Charles Darwin fue elocuente: “...el Maipo prosigue su curso furio-
so sobre grandes fragmentos redondeados, dejando oír un rugido se-
mejante al del mar. En medio del estruendo de las aguas que se rom-
pen, se percibe distintamente, aún a gran distancia, el ruido de las
piedras que chocan unas con otras, y eso día y noche, en todo el reco-
rrido del torrente impetuoso”.

Agrega:
“Llegados a la cumbre nos volvemos a mirar hacia atrás, y el espec-
táculo más magnífico se ofrece a nuestra vista. La atmósfera límpida, el
cielo azul oscuro, los profundos valles, los picos desnudos de formas
extrañas, las ruinas amontonadas durante tantos siglos, los peñascos
de brillantes colores, que contrastan tan vivamente con la blancura de
la nieve, todo lo que me rodea, constituye una escena indescriptible.
Ni plantas ni aves, salvo algunos cóndores, cerniéndose por encima de
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

los más elevados picos, distraen mi atención de las masas inanimadas.


Me siento dichoso de hallarme solo; experimento todo cuanto se expe-
rimenta cuando se presencia una terrible tempestad o se oye un coro
del Mesías a gran orquesta...”

Al fondo del Cajón del Maipo, tras abandonar las cálidas Termas
del Plomo, se asciende a esa vista en cinco horas, nada más. El límite
oriental de la Región ofrece, literalmente, un espectáculo a las puertas
de la ciudad; en uno de los últimos reductos vírgenes del planeta.
Caballos salvajes galopan sin dueños en los valles de la montaña.
El escultor Francisco Gazitúa cabalga en primavera para encontrarlos.
Habitante de los Morros de Pirque, en una altura que le entrega un
ancho macizo cordillerano y la vista del Maipo reptando a sus pies,
dice que Suiza está allá adentro; en esa montañas de caballos y cóndo-
res donde apenas cruza el hombre. Es un territorio de hombres de
154 montaña, casi virgen, para las futuras generaciones.
La acción de los hielos y el agua golpea rocas y talla los cursos
pedregosos del río y sus afluentes, traslada rocas en cada deshielo, vive.
Es la vida de las rocas, que nunca se detiene, milenaria. Los agentes
más activos que dan forma al planeta, se presentan juntos aquí en el
Cajón del Maipo: hielo, agua, vulcanismo y viento.
En la Zona Central del país (de la cuenca del Aconcagua a la del río
Petrohué) se han inventariado mil quinientos catorce glaciares, y aun-
que la mayoría esté en retroceso, hay cuatro que avanzan, tres de ellos
en la cuenca del río Maipo: Juncal Sur, Museo y Colina. Entre los vol-
canes están activos el San José, que presentó fumarolas los años 1931
y 1941, el Tupungatito que las tiene permanentes, y el Maipo, tres
alturas limítrofes con Argentina.
El silencio, el sonido del viento y del agua, conforman su marco.
Aquí se avistan algunas de las cumbres mayores del mundo, el volcán
Tupungato (6.800 m), el Piuquenes (6.019), el volcán San José (6.070)
y el volcán Maipo (5.290). Y glaciares hechos de nieve densa y com-
pacta, residuo de la glaciación que cubrió la Cordillera en el Cuaterna-
rio, testimonios vivos de la Edad de los Hielos.
El ambiente es el típico de montaña: menos oxígeno, vientos más
rápidos, menor humedad, más exposición a la radiación solar, bruscas
diferencias térmicas entre el día y la noche y entre los suelos expuestos
al sol o a la sombra. El mundo vegetal es frágil porque los deshielos
arrasan con gran parte de la tierra, obligan a las plantas a vivir aferra-
das a rocas, a extender sus raíces entre las grietas. La fauna, expuesta a
la sequedad, falta de alimentos, víctima de aludes y vientos, ha debido
desarrollar adaptaciones a través de los millones de años de historia
cordillerana.
Lo Valdés, oasis de montaña, ofrece una inesperada mancha verde
en medio del entorno áspero y rocoso. Situado junto a las aguas del río
L A R EGIÓN Y SUS LUGARES

Colina –otro afluente del Maipo–, posee una poza natural. Cercano está
el Valle de los Fósiles, testimonio del origen marino de la Cordillera.
Constantemente se acercaron visitantes a este lugar donde se cons-
truyó el Refugio Alemán Andino a comienzos del siglo XX, como pun-
to de partida de excursiones y excepcional mirador de la montaña. Su
origen extranjero no es casualidad; serían inmigrantes germanos, o de
Francia, Austria e Italia, los que por sus culturas de origen –aficionadas
a la montaña– se acercaron a construir albergues desde los cuales em-
prender el ascenso a las cumbres circundantes. Desaparecido el anti-
guo refugio por una avalancha y un incendio, el actual data de 1932 y
está enriquecido por una laguna poblada por cisnes de cuello negro y
blanco.
San Gabriel, Laguna Negra, el Embalse El Yeso, Baños Morales,
Parque Nacional El Morado y Baños de Colina, están todos en las in-
mediaciones de Lo Valdés. San Gabriel atrae escaladores de montaña
que ascienden las cercanas alturas de Boyenar y pescadores que acce- 155
den al Estero El Manzanillo y a la Laguna Negra. Incluso hasta aquí
suben aficionados al rafting, aunque sólo los expertos ya que el descen-
so del tramo San Gabriel-San Alfonso presenta cierta dificultad por la
pendiente y velocidad de los rápidos. Aquí se han encontrado restos de
los más antiguos habitantes sedentarios del valle del Maipo. Adentrán-
dose en la Cordillera se encuentran termas como Baños Morales, con
dos piscinas de aguas ricas en yodo, cloro, sodio y potasio, buscadas
por sus propiedades medicinales contra el reumatismo, el lumbago y la
artritis. Más arriba los Baños de Colina, rústicos y de aguas cálidas que
conservan 60° en sus tres piscinas naturales de aguas ricas en minera-
les, ofrecen una acción benéfica para los males reumáticos, cualidad
que se advirtió hace siglos y les dio temprana popularidad. Aquí está
también al Parque Nacional El Morado, espectacular en primavera cuan-
do florecen las riberas del arroyo que lo cruza. Penetrando por el ca-
ñón del Morado –Cajón de Morales– se encuentran un glaciar, una
laguna y montañas tan notables como Mesón Alto (5.300 metros).
El Embalse El Yeso es otro hito en las honduras de la Cordillera. Se
llega avanzando junto a las aguas transparentes del río Yeso entre abrup-
tos acantilados, hasta encontrar el sorprendente espectáculo de sus aguas
de color turquesa retenidas por una represa levantada el año 1964. Es
lugar de pesca de especies salmonídeas, lo que atrae pescadores todo el
año.
Quienes cruzaban la Cordillera por el paso cercano –Los Piuque-
nes– podían contemplar la vista espectacular del macizo andino. Por
aquí habrían entrado algunos de los primeros habitantes del país hace
unos doce mil años cuando, cazadores de fauna ya extinguida –milo-
dón, caballo– avanzaron por la alta montaña hacia el Sur del continen-
te, de una laguna andina en otra, cruzando sierras y quebradas. Debie-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

ron habituarse al cambio de dieta como recolectores, e iniciaron mu-


cho más tarde una primera agricultura, de la que hay testimonios en
Chocayes, al interior del valle, donde se encontraron veinte tumbas de
tiempos de Cristo. Los testimonios de ocupación humana “restos de
leña y carbón, utensilios de cobre, puntas de flechas y hasta pequeñas
esculturas, atestiguan la predilección de los indios prehistóricos por la
ascensión de las cumbres”, escribió el pionero Francisco José de San
Román en 1896.
Finalmente, está el volcán Maipo, de 5.264 metros de altura, al
Oeste de la laguna Diamante. Se asciende orillando el río Maipo y de-
ben cruzarse varios afluentes como el río Claro, el Yesillo y el Estero
Diablo, así como el punto de encuentro del río Blanco con el Maipo.
Luego aparece el río Barroso desde donde el Maipo se encañona entre
acantilados hasta llegar a los pozones Puente de Tierra de aguas terma-
les que tiñen de fuerte color amarillo las piedras cercanas. Más allá se
156 remonta el río Alvarado y, tras dejar atrás la laguna Alvarado –la que
mantiene un entorno verde llamativo–, comienza el ascenso al volcán.
Aquí, en sus faldeos occidentales está el origen y nacimiento del río
Maipo, nuestro gran río.
A sus pies se forjó una sólida cultura de montaña heredera de sabi-
durías indígenas centenarias, de arrieros –muchos de ellos descendien-
tes de indígenas– que se aventuraban hacia los cajones interiores al-
canzando un preciso conocimiento de pasos, vados, veranadas y aleros,
de los que dependía muchas veces su vida. A ellos se agregarían los
huaqueros cuando se fueran descubriendo cementerios incásicos en
San José de Maipo, El Canelo y El Manzano, algunos de ellos ricos en
ajuares de oro y plata. Cantores y payadores irían a su vez, ya en los
siglos de la Colonia, rescatando leyendas y supersticiones del Cajón del
Maipo, transmitidas en las fogatas de la montaña. Estos Hombres de las
Tierras Altas, capaces de enfrentar la nieve y los pumas, conocedores
de los nidos de cóndores, hábiles en la cría de burros y mulas, “baquea-
nos” de la montaña, únicos capaces de encontrar pastos verdes en los
veranos secos para llevar allí el ganado, se transformarían, a su vez, en
temas de relatos legendarios.
A ellos se sumaron los mineros que, conocedores de datos de fae-
nas indígenas en el sector, comienzan a explorar esta zona hasta en-
contrar valiosos minerales de plata, lo que dio inicio a la llegada de
docenas de cateadores que se fueron instalando de modo espontáneo.
Sus descubrimientos darán origen a varias propiedades mineras y, fi-
nalmente, a la fundación de San José de Maipo.
La cultura de montaña se expresa hasta hoy en innumerables acti-
vidades recreativas y deportivas. En el Cajón tienen sede dos clubes de
andinistas, Cumbres Andinas y el Andino Chiquillán, los que realizan
actividades casi todo el año. Hay campings como el Parque Los Héroes,
L A R EGIÓN Y SUS LUGARES

Parque del Río, Isla Pata del Diablo, Coyanco y Sauce y Los Nogales de
Roan, que ofrecen cabalgatas, descensos en balsa y escuelas de kayacs
para bajar rápidos.

LAGUNA DE ACULEO Y ALTOS DE CANTILLANA

La Región tiene montañas, ríos, termas, bosques y también una laguna


encerrada entre cerros, la de Aculeo, que con la vialidad del siglo XX se
volvió lugar de deportes y recreación. Con clubes de velerismo, windsurf
y esquí acuático, zonas de camping y cabañas, cada vez más verde a me-
dida que nuevos propietarios aportan sus jardines ribereños, es uno de
los rincones más visitados de la Región. El viaje era muy largo en los
siglos coloniales pero se justificaba en verano; era el balneario más cer-
cano a la capital. Todavía quedan algunas casonas patronales que fueron
testigo de la llegada de carretas, algunas con su parque y capilla.
Al fondo, en la Cordillera de la Costa, los Altos de Cantillana son 157
otro patrimonio arbóreo: grandiosos robledales antiguos a cuya som-
bra crece un sotobosque espeso y variado, hogar de cientos de lagartos,
trozo de selva fría incrustado y sobreviviente en la Región.
También aquí hubo un transformador, un gestor humano de la
modificación de un medio antes seco y polvoriento, Miguel Letelier Es-
pínola, cuya familia paterna poseyera por generaciones la Hacienda Acu-
leo. Ingeniero titulado de la Universidad de Lovaina (Bélgica) el año
1905, diputado por Rancagua, Cachapoal y Maipo donde hizo oír su voz
en proyectos de industrialización y modernización de la agricultura, de-
cano de la Facultad de Matemáticas de la Universidad Católica, autor de
un texto sobre Estabilidad de Construcciones editado en España y usado en
instituciones de muchos países con suelos sísmicos, él fue quien, como
ingeniero y propietario, realizó y financió el proyecto de construcción de
una central eléctrica y de regadío con turbinas elevadoras de aguas de la
laguna, terminadas en 1911 y que iniciaron la total modificación del
seco paisaje. Nuevos cultivos, introducción de maquinaria agrícola, in-
corporación de más suelos, todo ello atrajo población campesina y mo-
vimiento a un rincón hasta entonces casi deshabitado.
Ministro de Industria, Obras Públicas y Ferrocarriles en tiempos de
Alessandri Palma, promovió desde esa posición la modernización del
agro chileno. Derrotado en su candidatura a senador por Santiago, con
José de la Taille impulsará la Compañía Electro Siderúrgica de Valdivia,
los Altos Hornos de Corral que producirían acero para Sudamérica.
Hombre de campo, con su hermano José fundará el criadero de
caballos chilenos Aculeo que llegará a ser uno de los más prestigiados
del país; uno de sus ejemplares, “Arfil”, será escogido como el ejemplar
más perfecto de la raza local. La familia, siglo tras siglo, permanece en
el lugar.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

ALTOS DEL MAPOCHO, MONTAÑAS Y NIEVE

El afluente inicial nace en un pequeño lago a 32°40 de latitud. Allí


comienza el curso mayor, se inicia el mapu cho, o “río que se pierde en
la tierra”, el que avanza en diagonal de Noreste a Sudoeste. Luego de
cincuenta kilómetros, aumentado con diversos cursos, cruza la ciudad,
acentúa su dirección Sudoeste, se filtra a la altura de Pudahuel y al
igual que muchos otros ríos chilenos reaparece más al Poniente. Un
brazo se filtraba al final de La Cañada desapareciendo en Chuchunco,
voz indígena desconcertada: “¿qué se hizo el agua?”.
Se forma por cursos de agua en angostos valles de montaña, muy
encajonados y de fuertes pendientes, donde nieves y aguas lluvias se
suman para formar ocasionales torrentes muy erosivos. La tectónica
del lugar, con fallas, quiebres, fracturas, fragmenta material y le agrega
partículas a los torrentes; la cubierta vegetal es nula arriba de los 2.300
158 metros, donde corre libremente con sus cargas. Si aumentan las tem-
peraturas en épocas de deshielos se agrega la carga niveal produciendo
incrementos violentos del caudal. Bajan normalmente miles de tone-
ladas anuales de material fragmentado.
Es un escenario muy diferente al de los ríos europeos, de curso
lento y constante, sin partículas; el de aquí es estacional, llegando en
ocasiones a niveles muy exiguos. Tiene además sedimentos finos ar-
cillosos que le dan una turbiedad permanente; es un torrente de mon-
taña.
Frente a la propuesta del Mapocho navegable, que debería sortear
la carga material constante, las correntadas ocasionales, la turbiedad,
el proyecto deberá considerar el aumentar artificialmente su caudal en
períodos exiguos. En esta discusión pública se propuso en 1991 un
proyecto de rescate funcional a su identidad montañesa; limpiar sus
aguas de residuos; respetar su cauce; recuperar sus riberas; no dificul-
tar su escurrimiento; generar condiciones ecológicas para la recupera-
ción de flora y fauna y así tener un paisaje urbano natural en la ciudad,
un largo corredor vivencial y unificador de Santiago. La idea del Ma-
pocho navegable de Sebastián Piñera y Cristián Boza plantea aportar
cien hectáreas ribereñas de uso público, en zonas de ninguna relación
actual con el río, aspecto válido para cualquier propuesta futura.
Afluentes principales son el río Molina, el estero Yerba Loca, el río
San Francisco y el estero Arrayán; más abajo se agrega el estero de Las
Hualtatas que cruza La Dehesa, de veintidós kilómetros de largo y com-
promete con sus inundaciones un tercio de ese valle, formándose así el
Mapocho que sigue hasta Pudahuel donde incorpora el río de Lampa.
Genera una cuenca de casi mil kilómetros cuadrados. Aparece parcial-
mente más abajo, pero sólo emerge por completo cerca de El Monte
desde donde va a unirse al Maipo.
L A R EGIÓN Y SUS LUGARES

En torno al Mapocho creció Santiago y también la literatura cos-


tumbrista local, desde el día en que el padre de la literatura chilena,
José Victorino Lastarria, se paró en su ribera para inspirarse e inaugu-
rar desde ahí la poesía local; pasando entre muchos otros libros por El
Río de los años 60, con sus submundos bajo los puentes, o Arenas del
Mapocho de Ricardo Puelma, crónica de un hombre común de esos mis-
mos años cuyas andanzas siempre tienen este eje.
Hay un mirador en la precordillera, notable, del valle de Santiago y
justo donde se reúnen los afluentes. Allí subieron, como era costum-
bre desde la Colonia al llegar la primavera, Pedro Fernández Concha y
sus familiares, los dueños de la Hacienda de Las Condes; era el mes de
septiembre de 1885.
Frente al cerro Come Tierra, al que rodean dos cursos que se unen
en su faldeo, cerro matriz del Mapocho, hizo alzar una cruz pensando
en la Virgen del Rosario. Al término de la jornada, ya de regreso, un
puente se desmoronó apenas lo cruzaron; el invierno lo había derrota- 159
do. Convencido de una intervención divina mandó a construir una
glorieta y encargó una imagen de la Virgen del Rosario que instaló al
terminar el verano en compañía de ochocientas personas, casi todos
los habitantes de los campos al Oriente de la ciudad. Rezando el rosa-
rio, con detenciones en cada etapa, llegaron al mirador donde ya esta-
ba instalada la imagen sobre piedras de cobre y de plata, andinas, para
la Señora de la Montaña.
Ese día se celebró una primera misa y se inauguró el Libro de Visi-
tas que firmarían tanto el Presidente Riesco como Walker Martínez y
otros personajes de la época que subieron a descubrir el Mapocho y la
vista del valle. Esta romería fue la primera de muchas, según el diario
El Chileno, del 20 de marzo de 1902: “Era hermoso ver los huasos a
caballo con sus estandartes, las carretas adornadas con banderitas y
arcos de arrayanes, coches y carretelas llenas de gente de toda condi-
ción, viejos, jóvenes y niños, y pobres i ricos, que ora cantando, ora
rezando, iban presurosos a rendir homenaje de su acendrada fe a la
Virgen de la Ermita”.
Manuel María Fernández, hijo de don Pedro, agregó la capilla que
se inauguró el 20 de mayo de 1907 con una misa celebrada en “la
atmósfera pura y limpia que reina a esas alturas que es símbolo de la
pureza de los cielos”. En esta y otras romerías participó la orquesta de
los Huérfanos de la Providencia con los cuatro cieguitos del mismo
lugar, músicos.
En 1946, finalizadas las misiones de la Hacienda de San José de la
Sierra, durante las cuales se organizaban las romerías, la familia Fer-
nández Lecaros donó el sector a una fundación que lleva el nombre del
célebre médico Marcial Rivera; la creó su hijo Edmundo, profesor de
religión, quien luego de ver morir a una alumna de tuberculosis inició
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

una gran campaña contra este mal, creó la fundación y aquí construyó
una sólida casona para atender enfermos pulmonares de escasos recur-
sos, la que posteriormente se dedicó a vacaciones para niños sin me-
dios, en tanto el resto del año se ocupó en retiros que aportan visitan-
tes a la ermita. Ahora es un lugar privado que se arrienda en ocasiones.
Esta se conserva al lado de la sencilla capilla, la que depende de la
Parroquia de Lo Barnechea, siempre junto a un viejo quillay y un tor-
tuoso litre que soportan los fuertes vientos de la precordillera.
Lugar poco visitado por los santiaguinos, se espera que con el Sen-
dero de Chile, que cruza la quebrada del Mapocho cerca de su unión
con la quebrada del Arrayán, aumenten los romeros y los visitantes del
excepcional mirador.
Los excursionistas y montañistas penetran, hace más de un siglo,
por los cajones de la Cordillera de los Andes. En la curva 15 del Cami-
no a Farellones, no lejos de la Virgen de la Ermita se ingresa al Santua-
160 rio de Yerba Loca que, de treinta y nueve mil hectáreas, es un enorme
escenario a sólo veinticinco kilómetros de la ciudad. Desde la Villa Pau-
lina se camina o cabalga a lo largo del estero Yerba Loca, de aguas color
turquesa, con la vista del cordón El Plomo-La Parva hacia el Este. Ver-
tientes y caídas de agua alimentan sonoros el caudal del estero, peucos
y cernícalos cruzan el espacio; más arriba son cóndores y águilas al
acercarse a los glaciares de La Paloma y El Altar.
Los andinistas los ascienden, por estos cajones o por los del río
Maipo, encontrando alturas soberbias de distinto grado de dificultad:
volcán San José de 5.600 metros, el Marmolejo de 6.100, el Tupungato
de 6.650... Uno de los más populares es el cerro El Plomo, conquistado
por primera vez en 1898 en tiempos modernos– lugar de un santuario
incásico escogido porque entrega, completa, la visión de todo el valle.
La Región posee el complejo de esquí más extenso del Hemisferio
Sur, el que forman las canchas interconectadas de La Parva-El Colora-
do Farellones y Valle Nevado; este último, el más grande, nuevo y
moderno del país, tiene nueve mil hectáreas esquiables, treinta y dos
canchas, nueve andariveles, varios hoteles (tres de cinco estrellas) y
siete restoranes a sólo sesenta kilómetros de Santiago, lo que ha fo-
mentado el desarrollo interno de este deporte que, por muchos años,
atrajo más extranjeros que nacionales. El Hotel Posada de Farellones,
de los años cuarenta, es testimonio de esa época pionera que fue supe-
rada a partir del Campeonato Mundial de esquí de 1966. Lagunillas en
el Cajón del Maipo, enclave del Club Andino pequeño y familiar, fue
también uno de los lugares fundacionales de este deporte obligado en
un país que tiene una Cordillera de los Andes que se extiende por más
de cuatro mil kilómetros de largo, el ambiente y escenario más notable
también aquí en la Región Metropolitana.
A RTE Y C ULTURA

ARTE Y CULTURA

La tarea central de los alcaldes quizá debería consistir


en fomentar la leyenda, el patrimonio intangible de las ciudades,
el mito, esa nada que es todo.
JORGE EDWARDS

EN LA MONEDA
161

El gran poeta de Nicaragua, ese que Pablo Neruda y Federico García


Lorca bautizaran con el metálico título de “Padre de América”, encar-
nó como nadie la profunda esquizofrenia de poetas, pintores y arqui-
tectos en la América Latina de fines del siglo XIX. Por un lado, descu-
brió América; cordilleras, pampas y desiertos que, abiertos a todas las
razas del mundo sin excepción, permitirían crear naciones libres, sin
prejuicios sociales ni religiosos. Por otro, se enamoró del Santiago
afrancesado, del ambiente europeizante del Santiago del novecien-
tos, sintiendo que sólo aquí se asomaba el futuro. Muchos padecerán
el mismo mal.
En el invierno de 1886 aparece en Chile, llega a la estación de fe-
rrocarril donde no será reconocido por Eduardo Mac Clure para quien
escribiría en La Época. El propio Darío reconocerá después que su cha-
quecito de Nicaragua, pantalones estrechos, problemáticos zapatos y
pobre valija no podían causar buena impresión en la afrancesada ciu-
dad. Al aclararse el decepcionante reconocimiento no lo mandan al
Hotel Inglés de la Plaza de Armas, como tenían planeado, sino al mo-
desto “Ambos Mundos”.
El diario La Época también intimida al centroamericano por su fría
elegancia, salón con mármoles y cuadros de Watteau y Chardin, todo
tan europeo. Alfredo Irarrázaval lo envía de inmediato donde su sas-
tre; tendrá que vivir comiendo arenques con cerveza en una residen-
cial –por Nataniel Cox hacia el Sur– para pagarse una indumentaria
que no avergonzara a sus simpatizantes. Se deslumbra con el Paseo del
Santa Lucía y en el Parque Cousiño, goza en el Palacio de La Moneda
con sus tertulias cultas y revistas francesas que lo acercan a la poesía
moderna. París se veía más cerca desde Santiago que desde su América
Central.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

El “modernismo” nació con esa confusión. Por algo, en uno de sus


poemas escribió: “Cuando quiero llorar, no lloro,/ y a veces lloro sin
querer”... No tuvo buena suerte, vino a Chile a conocer a Vicuña Mac-
kenna, por considerarlo la mejor inteligencia de América, y este se
murió el mismo día de su llegada.
Se aficionó a la elegancia local, los trajes hechos por Pinaud, las
corbatas de Doucet. Sintonizó con el ambiente bohemio joven, donde
destacaban Luis Orrego Luco, Pedro Lira, Valenzuela Puelma y Jorge
Hunneus Gana, los santiaguinos que se las arreglan –al menos de no-
che– para sentirse en París. Especialmente al sentarse en un reservado
del restaurant de Papá Gage de calle Huérfanos, frente al Pasaje Matte,
donde los sabores y vinos favorecían la ilusión. O al visitar a Pedro Bal-
maceda, el hijo del Presidente, quien transformara un sector del Palacio
de La Moneda según la última moda de París: el refinado Art Nouveau,
reacción sensual y colorida ante el lenguaje frío y técnico de la Revolu-
162 ción Industrial. Santiago no tenía industrias pero eso era un detalle.
Darío sueña con caimanes en las frías noches de Santiago, añora
las selvas tropicales y el grito de los guacamayos al pasear en la Alame-
da. Pero sus pasos lo conducen y arrastran hacia el Parque Cousiño
donde puede admirar las jóvenes distinguidas que se visten según cá-
nones europeos. Al menos se sentía, en ese lugar, pisando las huellas
de su amado Vicuña Mackenna.
Abajo el arte viejo, viva el Art Nouveau. Pero llega al éxtasis cami-
nando frente a las tradicionales mansiones del Barrio del Ejército, ser-
viles de una Europa que allá desaparecía frente al avance burgués del
mundo industrial. Su propia poesía es un injerto del espíritu francés
sobre el lecho ibérico con imágenes del Nuevo Mundo. Mestizo de piel
oscura, parlante en castellano, enamorado de la Galia, en su interior se
agitan todas las contradicciones venideras de América Latina. Por eso
será el “Padre de América”.
En La Moneda, ala derecha, todo parece en orden. Es el sector del
hijo del Presidente donde las tertulias hacen olvidar el silencio noctur-
no de la Casa de Gobierno. Rodeado de muros que ostentan pinturas
de los jóvenes asistentes –Pedro Lira, Valenzuela Puelma, Alberto Orrego
Luco– Darío conoce las obras de Mallarmé, Verlaine, Oscar Wilde, Ed-
gar Allan Poe, las que le permitirán hacer su revolución de la poesía en
lengua castellana. Esta nació espiritualmente ahí, en ese palacio. De
los pebeteros de plata subía lento un humo azul, recordaba Luis Orre-
go Luco. Y “la luna filtraba su luz al través de los altos ventanales de
hierro de los enrejados, mezcla de palacio y cárcel”.
Pedro Balmaceda le costeó a Darío la publicación de los primeros
versos de Abrojos, su poesía nueva; Alfredo Yrarrázaval le presentó su
sastre; Eduardo de la Barra lo salvó del hambre varias veces en Valparaí-
so; José Victorino Lastarria lo presentó en La Nación de Buenos Aires y
A RTE Y C ULTURA

así lo conocieron en Argentina... Entre mil penurias los escritores de


Chile sustentaron el nacimiento de la poesía nueva en castellano, hasta
que Darío cruzó el Atlántico –la ruta inversa de Colón– invitado por los
reyes de España al Puerto de Palos. A celebrar los cuatrocientos años del
descubrimiento de América junto al peruano Ricardo Palma, el urugua-
yo Zorrilla de San Martín y el chileno Luis Orrego Luco, el mismo que lo
llevara a La Moneda por primera vez. A este le recordó esos días, agrade-
cido, porque aquí inició el camino que lo llevaría a conmover, “con el
favor de Dios, a la juventud intelectual de dos continentes”.
Neruda, la Mistral, Huidobro, todos comenzarán escribiendo en esa
tónica, a lo Darío, el poeta que aquí dio un significado nuevo a la pala-
bra América: un territorio nuevo para construir sociedades libres.

UN LIRA Y UN GONZÁLEZ

Vicuña Mackenna, en más de un sentido, puso fin a la Colonia en 163


1872 propiciando una contundente serie de reformas, construcciones
y eventos. Todo se remeció en ese momento, y algo sólido quedó vi-
brando hasta el Centenario de 1910. La lucha entre liberales y conser-
vadores, laicos y católicos, francófilos y anglófilos, oreros y papeleros
también provocó debates, revistas, contiendas propias ya de un país en
forma.
El arte y la cultura recién se aceleran, ese mundo que hasta enton-
ces vivía en Europa; había que viajar a comprarlo o adquirir obras a sus
importadores. Pero en ese año de 1872, con la Exposición Nacional
que organizó el gran intendente para inaugurar el Mercado Central y
el nuevo tren a Santiago, aterrizaron dos ideas fuerza liberales, la hi-
giene pública en la venta de alimentos y la extensión del ferrocarril
que, se decía, restaba votos a los conservadores al penetrar en los cam-
pos llevando nuevas ideas. La religión del progreso tomaba forma.
Tal como el pintor Alberto Orrego Luco, quien se presentó en esa
Exposición Nacional, creía Vicuña Mackenna que el arte también re-
presentaba a una sociedad y revelaba el desarrollo intelectual de un
país, por lo que era justo exhibirlo junto a máquinas, productos nacio-
nales y demás índices de progreso. El problema se presentó con los
desnudos; la prensa tomó parte, a favor o en contra, por la libertad o la
decencia, con un clima adverso a los artistas. Incluso, se dijo, más allá
de atentar contra la pureza de los jóvenes su exhibición era un acto de
crueldad para con los caballeros, al mostrarles el cuerpo desnudo de
una joven bien formada. Al acercarse el Centenario mejoró el ambien-
te, pero no mucho.
Algo parecido sucedía en la música según escribe Ramón Suberca-
seaux en sus Recuerdos de 50 años, el mismo clima de recelos y descon-
fianzas; al aficionado “por poco le trataban de maricón y ocioso”.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Aunque “la época no era la de un Pericles”, al decir del propio


Subercaseaux, que también era pintor, Pedro Lira, Onofre Jarpa, Orre-
go Luco y Valenzuela Puelma, entre otros, ya habían dado los primeros
pasos para que se les tomara en serio. Claro, tenían medios y un entor-
no protector de familias influyentes.
Un artista de origen modesto como José Miguel Blanco la tenía
más difícil. Descubierto por un pintor mapuche –Pedro Churi– su pa-
dre lo llevó a trabajar con los artesanos quiteños del Portal Tagle cerca
de la Plaza de Armas, esos que tallaban santos. Por su gran talento
conseguirá padrinos y se formará en Europa, pero de regreso apenas
sobrevivirá. Crea una Academia Nocturna de Dibujo y, como promotor
principal del Museo de Bellas Artes, aboga para que se lo construya
adonde ahora está la Plazuela Vicuña Mackenna. Le habría quedado al
frente de su taller de Alameda esquina de Lira...
Pero el alcalde de entonces, enemigo de la idea, creó la pequeña
164 plaza en una noche y el Bellas Artes se fue al Forestal, lugar donde,
según el intendente Alberto Mackenna, se confundían “los perros va-
gos y los puercos en busca de desperdicios”.
Blanco, semiparalítico y con derrame cerebral, fue operado por el
doctor Orrego Luco –hermano del pintor– que le trepana el cerebro sin
resultado; termina en París, de indigente. Similar fue la historia de va-
rios, como el también escultor Canut de Bon que juntaba velas de ani-
mitas en las calles para alumbrar su taller. Grandes promesas como
Moya, Bustamante y Bertrix morirán jóvenes y hambreados. Valen-
zuela Puelma tuvo más suerte: lo nombran administrador del Teatro
Victoria de Valparaíso. Buen pianista, hábil y peligroso con un estoque
en la mano, firmaba con el seudónimo de Pedrolera por sus rivalidades
artísticas con Pedro Lira. En Santiago vivía en la esquina de Bellavista
con Mallinkrodt, pionero del ambiente artístico de ese barrio.
Lira, aunque pintor y masón tenía relaciones para ser respetado y
medios para llevar a sus alumnos a pintar –en carroza– a la Quinta
Normal, el San Cristóbal, Ñuñoa o Lo Contador. Casado con una de las
Orrego Luco –la familia más artística y cultural de la ciudad– participa
en sus tertulias así como antes en las de Pedro Balmaceda Toro en La
Moneda. Su padre, Santos Lira, presidente del Senado y terrateniente
en Colchagua, lo obligó a estudiar Derecho antes de aceptar su voca-
ción; mucho gastó el artista viviendo en París –allá partió con su cuña-
do Alberto Orrego Luco y en la célebre Exposición Universal de 1889
expuso “La Fundación de Santiago”, su tela más célebre–; pero a su
regreso de Francia también debió aprender a vender, ganarse la vida.
Decía que en las exposiciones de entonces “el público no compraba
pintura, esperaba un obsequio”.
Ejecutivo y dominante logra cambiar el ambiente local. Instalado
en la calle Merced al lado de la casa de Manuel Montt, en 1872 organi-
A RTE Y C ULTURA

za con Vicuña Mackenna la mentada Exposición de 1872 y en 1884,


con suculentos aportes de su padre, encabeza la construcción de “el
Partenón” de la Quinta Normal. Inventó concursos y premios, becas a
Europa, fungiendo de verdadero “padre de la pintura chilena” hasta
que al heredar se hizo rico y llevó un tren de vida tan lujoso, que no se
lo perdonaron los cófrades... Se gastó todo y terminó arruinado, vi-
viendo en la casa de los Orrego Luco en calle Duarte, actual Lord Co-
chrane. Aunque clasicista en su expresión, al final de sus días demos-
tró su renovación con “En la Quinta Normal”. El arte local ya estaba
caminando.
El caso de Enrique Matte Eyzaguirre es otro testimonio de las sos-
pechas sociales hacia este mundo. Muerto el joven pintor su padre
creó un buen premio que fue muy apetecido por varios años; pero
había que pintar escenas de felicidad hogareña, “lo que a ella contribu-
ye una casa cómoda, higiénica, alegre, un mobiliario conveniente, un
hermoso jardín”. O escenas de minas, de industrias, del mundo del 165
trabajo. Los artistas debían aprender a respetar la familia y el trabajo,
los dos pilares fundamentales de la sociedad.
En 1918, como eco del Centenario –que mucho animó el ambiente–
Juan Francisco González crea la Sociedad Nacional de Bellas Artes. Fue
un acto de madurez, un logro local. A punto de morirse, delirante, Gon-
zález se soñó rico; comenzó a hacer una lista de los pintores y escultores
de la ciudad, porque a todos los invitaría a conocer España, Francia, se
pasearían por Europa... Él tenía mejor situación, de familia de clase me-
dia en la calle Buenos Aires de Recoleta –otro pionero de Bellavista–,
pero fue Pedro Lira el que le abrió las puertas de la Academia. Naciona-
lista –tuvo hijos llamados Arauco y Huelén– fue el pintor de los caminos
de campo, los dorados nogales del otoño, las flores de los almendros, las
viejas tapias de adobe encalado, los racimos enormes de uva, los rostros
de la gente de Chile. Ambicioso, original y sensual, abierto a sus emocio-
nes y dispuesto a embriagarse con el color y las formas, fue una fuerza
de la naturaleza, el primer “maestro” chileno de categoría. Es quien aban-
dona la imitación de la naturaleza y se deja llevar por lo que siente ante
ella, inventa un Chile nuevo, marca un rumbo.
Debió haberlo conocido Vicuña Mackenna, que tanto se decepcio-
nó en la Exposición de 1882 por la “absoluta carencia de carácter na-
cional”, por ser “absolutamente nula como encarnación de la época”.
En González ya están su época y su lugar representados. Y el público se
dio cuenta.

LUCO, SILVA Y GANA

Hay una generación puente entre Darío y los grandes poetas del si-
glo XX, y también un lugar que lo hizo posible. Es ese “Papá Gage”, el
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

restorán de la calle Huérfanos ubicado tan cerca del diario La Época


en el que escribieron Rubén Darío y sus amigos chilenos. Un lugar de
construcción de Chile para hablar, pensar, cantar y anunciar el país
futuro.
Luis Orrego Luco, el protector de Darío, es uno de sus asiduos.
Todo le interesa y a nadie extraña que Agustín Edwards, el dueño del
diario El Mercurio, le confíe la dirección de la mejor revista de arte y
cultura de la época, Selecta, que se venderá en todos los puertos hispa-
nos de América.
Educado en Europa, Orrego Luco quedó muy impresionado desde
su primera venida ante el abisal contraste entre ricos y pobres, lo que
determina su condición de impulsor de la sociología en Chile y su mi-
litancia en el Partido Radical. Casa Grande, su lúcida novela de crítica a
la sociedad afrancesada, la que publica poco antes del Centenario –1908–
lo entroniza como intelectual. Casado con María Vicuña Subercaseaux
166 y yerno de Benjamín Vicuña Mackenna –se le considera su heredero
espiritual–, encontró en Santiago un grupo de espíritus afines que, luego
de ser promotores de Rubén Darío, coparon más de dos décadas de
vanguardia americanista.
Algunos vivían obsesionados por el modernismo puro, de sello fran-
cés, pero en el Ateneo de Santiago y en el Partido Radical que lo im-
pulsa encontrará voluntades más pragmáticas de cambio social. En ese
entorno inicia Orrego Luco su carrera política que lo llevará a ser In-
tendente de Colchagua, Ministro de Justicia e Instrucción Pública, Di-
rector del Museo Nacional de Bellas Artes, protagonista del arte y la
cultura nacientes en Chile.
El motor del Ateneo era Samuel Lillo, sobrino de don Eusebio –el
autor de la letra del Himno Nacional– y hermano del Baldomero de las
novelas Sub-Sole y Sub-Terra, las de la miseria de los mineros del car-
bón. Samuel fue el paladín del mundo indígena, un vocero de gran voz
y versos dramáticos en los que denuncia cómo les roban las tierras a los
indios corriendo cercos o con subterfugios legales. Su Cancionero de Arau-
co fue popular en las reservaciones indígenas, memorizado por los len-
guaraces del mapudungún y él será distinguido como hijo honorario
de la raza a pesar de ser un “huinca”. Su secretario en el Ateneo era un
joven, Arturo Alessandri Palma, el que absorbe tanto el fuego de su
oratoria como sus inquietudes sociales.
Son los años del teatro civil, la poesía civil, la prensa militante,
todo al servicio de la causa. Federico Gana, un elegante de familia adi-
nerada, es distinto. Figura escéptica de una clase que ve desaparecer su
entorno, heredero de una hacienda en Linares donde encontró los per-
sonajes que lo transforman en “el padre del cuento chileno”, no siente
que advenga ningún futuro esplendoroso. Juan Francisco González lo
retrata, también Valenzuela Puelma y varios otros, por su porte noble
A RTE Y C ULTURA

y su mirada pálida. Gana dio a conocer a Iván Turgueniev, a los autores


rusos que, como Tolstoi, sentían que la pureza únicamente subsistía
entre los campesinos. El resto era corrupción, miseria obrera, esa que
padecían cien mil santiaguinos entonces, un gigantesco cuarto de la
población. Por esta vía llegará aquí el influjo ruso que la Mistral y Neruda
harán propio.
Lo acusaron de haber traído desde Europa el ajenjo que minaba
su voluntad. Recién casado con una belleza distinguida, Blanca Su-
bercaseaux, apenas le llegan dineros del fundo de Linares organiza
banquetes inolvidables. Especialmente para Baldomero Lillo que, de
puro hambreado, salía a los cerros de Chena a cazar codornices. El
célebre Grupo de los Diez, de artistas, intelectuales y arquitectos aso-
ciados en la búsqueda de espacios para el arte en Chile, estrenó su
editorial con los notables cuentos de Gana por ser textos fundaciona-
les de “lo chileno”.
Víctor Domingo Silva era un carácter opuesto a Gana; le faltaba 167
tiempo para tanto proyecto. Ambicioso a gran escala quería –el Alejan-
dro Dumas chileno– novelar toda nuestra historia. Pionero en el uso
de la dramaturgia teatral como arma política, cívica y educativa, Nues-
tras Víctimas –para algunos primera piedra del teatro nacional– tuvo tal
éxito, que le abrieron las puertas del europeizante Teatro Municipal.
Antonio Acevedo Hernández, Carlos Mondaca y Max Jara se sumarán
a la tarea de dramatizar una nueva historia de Chile, diferente a la
oficial, donde las masas serán las protagonistas.
Orador incendiario, hábil para manejar las emociones del público
gracias a su talento poético, se reunían cientos de obreros allí donde
llegara. Tal fue el sentimiento que se acumuló en el Norte cuando de-
nunció la situación de miseria en las salitreras, la que vino a plantear
en la Cámara de Diputados, que se le bautiza con el apodo de “León de
Tarapacá” en 1913, título que regalaría al candidato a senador Arturo
Alessandri Palma dos años después. El Partido Radical designó a dos
poetas, Víctor Domingo Silva y Julio César Barrenechea, oradores re-
lampagueantes, para que apoyaran al aspirante al Senado.
La noche del 22 de diciembre de 1914 fue el mismo Silva, con su
gran voz, el que leyó en público los versos ganadores de los Juegos
Florales de ese año, los Sonetos de la muerte de una poeta del valle del
Elqui, Gabriela Mistral. El mismo Silva era el fundador de la Sociedad
de Artistas y Escritores de Chile, la entidad organizadora de esos Jue-
gos Florales, otra de sus creaciones funcionales a la causa. Tras el
triunfo del senador Alessandri se fue a recorrer Argentina y Uruguay,
estrenando piezas teatrales que escribía al paso en los hoteles y pen-
siones del camino; era tiempo de encender la América toda, apurar el
futuro.
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EN EL HÉRCULES Y LA BAHÍA

El bar Hércules, en ese barrio popular que tiene su centro en Bandera


con San Pablo y se extiende hasta la orilla del Mapocho, fue un epicen-
tro de la Generación del 38, avanzado el siglo. Parroquiano asiduo era
Antonio Roco del Campo, autor de Panorama y Color de Chile y uno de
los principales impulsores de los festejos para los cuatrocientos años de
Santiago el año 1941. Siempre hambriento y escaso de fondos andaba
de bar en bar hasta ver cerrar el último; se iba entonces a dormir a la
Plaza de Armas, pero de ahí lo echaban los carabineros. Finalmente se
estableció en el blando pasto del edificio de la Biblioteca Nacional.
Otros asiduos eran el poeta Max Jara, futuro Premio Nacional; Ra-
món Fehrmann, arquitecto de la fachada del Correo Central, y Miguel
Fernández Solar –hermano de la futura sor Teresita de los Andes–, que
obtuvo el Premio Municipal de Poesía por su libro Campesinas, Intimas y
168 Otros Poemas. También escaso de fondos se sentaba en cualquier mesa y
preguntaba: “¿Quién me robó mi vaso?”... El rector de la Chile, Juve-
nal Hernández, le asignó un cargo administrativo, pero el favorecido ni
se asomaba. Hernández le anunció que a la primera ausencia tendría
que despedirlo y de inmediato reaccionó Fernández: “¡A la segunda,
don Juvenal!”
Era generoso. A quien quisiera invitaba, al final de la noche, a dor-
mir en la pieza que arrendaba en la calle Alonso Ovalle. Allí se acumu-
laban los diarios que eran la única decoración del lugar; servían de
colchones y frazadas que entregaba según la tendencia política del alo-
jado, El Mercurio para los liberales, El Diario Ilustrado para los conserva-
dores, El Siglo para los comunistas. Joaquín Edwards Bello era otro
cliente frecuente.
En una misma mesa se instalaban los poetas Neruda y Julio Barre-
nechea con Julio Ortiz de Zárate, Orlando Oyarzún y Tomás Lago. To-
dos altos, de un metro ochenta para arriba, menos Luis Cerda que era
moreno, flaco, pequeño, huesudo; Neruda le decía “El Poeta Barata”.
Con Alberto Rojas Jiménez partió a la Guerra del Chaco, pero este se
entusiasmó con Antofagasta donde el poeta Andrés Sabella era rey de
la alegría y la noche; “El Poeta Barata” siguió adelante, su participa-
ción en la guerra entró al reino de los mitos. También parroquiano de
bares cercanos al cementerio, a veces se venía de allá un estudiante de
medicina, Salvador Allende.
En el mismo Hércules se homenajeó al español Ramón Gómez de la
Serna, de célebre agudeza, por lo que llovieron los discursos de los
ingeniosos de la ciudad: Julio Barrenechea, Rosamel del Valle, Pablo
de Rokha, Juan Marín, Tomás Lago, Rubén Azócar.
La Bahía era de mejor cocina, excelente, y sus dueños catalanes,
presentes y acogedores, sabían a quién fiarle. El vasco Juan Martínez,
A RTE Y C ULTURA

arquitecto de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile y más


tarde de la Escuela Militar y del Templo Votivo de Maipú, de físico tan
imponente como sus obras y que tomaba su pisco sour en grandes va-
sos cerveceros, no necesitaba crédito; mantenía mesa fija, invitaba, se
unía a la orquesta, animador de la noche.
Los poetas jóvenes asistían con poco entusiasmo a la Escuela de
Derecho, preferían La Bahía. Julio Barrenechea, elegido presidente de
la FECH con René Frías Ojeda de vicepresidente, renovó la Fiesta de los
Estudiantes que, luego de su apogeo como Fiesta de la Primavera en la
que participaba toda la ciudad –”el carnaval de Santiago”–, había de-
caído por desmanes en un banquete final en el Club Hípico. La reina
no sería elegida por un jurado de señores de sociedad –entre sus hijas–
sino por el voto de los estudiantes, en democracia. Habría una feria
artística anual en el Museo de Bellas Artes, inaugurándose la primera
con un concierto de ochenta organilleros chilenos que tocaron al mis-
mo tiempo; también festival de teatro universitario, tradición que tomó 169
gran vuelo con participación de todas las facultades.
Alberto Rojas Jiménez fue poeta muy querido, personaje de la no-
che santiaguina. Enorme fue la conmoción cuando murió al ser expul-
sado, sin chaqueta en una noche de invierno, de la Posada del Corregi-
dor. En el cementerio se reunió un pequeño grupo de grandes del arte
local: Julio Barrenechea –que le hizo la despedida con su célebre ora-
toria–, Diego Muñoz, Homero Arce, Vicente Huidobro, Antonio Roco
del Campo, el pintor “Lalo” Paschín Bustamante y Tomás Lago. Neru-
da estaba en Barcelona, pero bautizaría después el bar de su casa de
Isla Negra con el nombre del que consideraban el más vanguardista de
todos: Alberto Rojas Jiménez.
El diario La Hora era otro punto de encuentro en esos años. Allí se
encontraban colaboradores de la generación anterior como Joaquín
Edwards Bello, Emilio Rodríguez Mendoza –el amigo de Rubén Darío–
y Augusto D’Halmar con Salvador Reyes, Barrenechea, Juan de Luigi y
Manuel Eduardo Hübner de la nueva generación.
Entre los refugiados peruanos, varios de ellos personalidades cul-
turales, llegó Luis Alberto Sánchez al caserón de la Editorial Ercilla,
calle Monjitas cerca del Forestal. Sociable y siempre bien informado,
creó ahí otro lugar de encuentro y difusión de los escritores locales, al
grado de publicar un libro diario.
Propiedad de Ismael Edwards Matte, quien apostó a los autores
locales sabiendo que vendían mucho menos que cualquier europeo,
editó entre otros a Vicente Huidobro, Mariano Latorre, Neruda, Edwards
Bello, D’Halmar, Subercaseaux, Barrenechea, Hernán del Solar, Luis
Enrique Délano, Salvador Reyes, Fernando Santiván y Raúl Silva Cas-
tro. Los años 1936 y 1937 fueron de apogeo, con tirajes importantes y
un creciente número de lectores. Por primera vez, en cada casa con
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ciertos recursos había libros chilenos de autores contemporáneos, auge


que se tradujo en la aparición de secciones literarias en cada diario y
revista.
El Premio Municipal de Santiago era un estímulo consagratorio.
Por entonces, 1936, el de novela lo obtuvo Mariano Latorre; el de poe-
sía, Julio Barrenechea; el de teatro, Armando Moock, todos nombres
importantes. Se multiplicaron los salones literarios, los recitales, el Ate-
neo de Santiago cobró nueva vida, la Sociedad de Escritores era una
institución de prestigio nacional, los clubes de señoras invitaban poe-
tas a sus tertulias y varias mujeres alcanzaron un sorprendente prota-
gonismo de género: Inés Echeverría, Gabriela Mistral, Marta Brunet,
María Monvel, Blanca Errázuriz, Rebeca Subercaseaux, la primera al-
caldesa de Santiago Graciela Contreras (esposa de Oscar Schnake), al-
gunas con tertulias en sus casas como Inés Echeverría y María Monvel
que se transformaron en talleres literarios.
170 La Guerra Civil Española reforzó los lazos con la cultura de ese
país. Tres tandas diarias de zarzuela llegaron a montarse en el Teatro
Santiago, desde la de la tarde familiar hasta la de trasnoche para los
bohemios. También se acercó Chile a México, el país que con su orgu-
llo ancestral parecía encabezar un proceso de creación artística y cultu-
ral de interés para toda la América Latina. Las universidades locales,
con alumnos de Colombia, Venezuela, Ecuador, entre ellos varios que
serían presidentes de sus países, daban vida a una Iberoamérica que
trenzaba lazos y se expandía con una identidad fuerte expresada en
libros, revistas, giras de conferencistas, congresos y actos de adhesión a
los republicanos españoles.
Varios jóvenes socialistas llegaron por entonces al parlamento, pro-
tagonistas o cercanos a la naciente cultura común hablada en español:
Manuel Eduardo Hübner, Ricardo Latcham, Julio Barrenechea... Im-
pulsan la creación de la Orquesta Sinfónica Nacional que tuvo apoyo
transversal y también enemigos, los que sólo querían estímulos para el
folclor, las tonadas, la música tradicional.
La Guerra Civil Española cambió el ambiente. Gabriela Mistral de-
nunció desde Europa el control comunista de los movimientos antifas-
cistas libertarios, pero ello no impidió que se avanzara en Chile hacia
un “frente popular y democrático, antifascista y pluralista”. Se dividió
ácidamente el mundo cultural y en las noches aparecieron bandas con
laques y cadenas, dispuestas a romper cabezas.
La llegada de Neruda, ahora comunista, alentó la causa. Con sus
amigos fundó un diario con ese nombre, Frente Popular, y también una
Alianza de Intelectuales, similar a las que ya existían en Europa con
miembros como Picasso, Romain Rolland, Tristan Tzara, Thomas Mann,
Malraux y Jacques Maritain: los creadores unidos contra el fascismo.
También se fundó una revista, la Aurora de Chile, con un Consejo Edito-
A RTE Y C ULTURA

rial integrado por Neruda, Barrenechea, Alberto Romero –autor de La


Viuda del Conventillo–, Gerardo Seguel –estudioso de la literatura colo-
nial–, Diego Muñoz, Rubén Azócar y Luis Enrique Délano.
Délano partió de representante a Europa y se le despidió en la ca-
sona que tenía Julio Walton en Teatinos esquina de Agustinas, la que
también era editorial, librería y tertulia, un lugar muy animado y có-
modo por estar entre el centro y el barrio Brasil. La fiesta también fue
una despedida del lugar porque estaba próximo a demolerse para cons-
truir allí un hotel elegante, el Carrera.
La filial chilena democrática y antifascista –con mayoría de radica-
les– abrió su sede en una casona de Santo Domingo. El Mercurio les
abrió espacio para difundir sus actividades gracias a que Roberto Aldu-
nate, Mariano Latorre y Luis Durand, los maestros del criollismo na-
cional, se habían integrado. La Alianza se instaló al principio en La
Posada del Corregidor, con la ventaja de tener ahí mismo cantoras que
tocaban guitarra e interpretaban cuecas y tonadas de campo; no cerra- 171
ba sus puertas a ninguna hora. Ahí llegaron Romero y Neruda, Tomás
Lago, Juvencio Valle, Guzmán Cruchaga, Hernán del Solar, Pedro Sien-
na, Matilde Ladrón de Guevara, Antonio Acevedo Hernández, Anto-
nio Roco del Campo, Luis Vargas, María Tupper...
El triunfo de Pedro Aguirre Cerda, hombre ilustrado, fue favorable
a la cultura. Publicación de obras literarias chilenas y extranjeras sobre
Chile; edición de obras folclóricas para niños; apoyo oficial a las arte-
sanías de Doñihue, Peine, Chonchi, Quinchamalí y Pomaire; creación
de la Primera Exposición Internacional de Arte Popular... En un encuen-
tro de comisiones culturales americanas se destacó el ejemplo de Chile,
cuyos institutos binacionales de cultura eran puertas abiertas al mundo
y permitían que docenas de chilenos se perfeccionaran en Europa.
Al año siguiente un grupo de parlamentarios intelectuales propició
la creación de Premios Nacionales para fomento de las artes. Después,
ante el Ministerio de Relaciones Exteriores, el grupo planteó e impulsó
la creación de Agregados Culturales en las embajadas de mayor rela-
ción con Chile.
Vascos y catalanes, muchos seleccionados intencionadamente por
Neruda como cónsul en España, abrieron nuevos horizontes. Los nacio-
nalistas vascos escogieron al chileno Agustín Edwards MacClure, el fun-
dador de El Mercurio de Santiago, como su representante ante Franco
quien tenía tres mil prisioneros de esa raza. Así, dos chilenos quedaron
en primera línea en el País Vasco, Neruda y Edwards, y ello favoreció la
inmigración. También Gabriela Mistral asumió un rol activo al ayudar a
huir profesores de España mediante el Instituto de Cooperación, y tam-
bién colaboró donando los derechos de Tala para los niños vascos.
La Alianza de Intelectuales recogía alimentos, ropa y medicinas por
las calles mientras los refugiados se reunían cada noche en el Café Mira-
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flores, lugar a cargo de un cocinero vasco, Joaquín Berasaluce. Varios


de ellos serían protagonistas de la cultura en Chile: Antonio Rodríguez
Romera, Vicente Mengod, los Tarragó, Germán Rodríguez Arias el ar-
quitecto de “La Chascona” y decorador del café Miraflores–; luego
vendrán el escenógrafo Santiago Ontañón, el poeta Antonio Apari-
cio –revelación joven en España–, el arquitecto Fernando Echeverría,
Arturo Soria...
Mauricio Amster renovará la tipografía en Chile; “el Toesca de los
libros” fue quien compuso, entre docenas de libros, el Resumen de la
Historia de Chile, de Leopoldo Castedo, otro viajero del Winnipeg. Ro-
dríguez Romera escribe la Historia de la Pintura Chilena y será el presi-
dente del Círculo de Críticos de Arte de Chile; Vicente Salas Viú publi-
ca La Creación Musical en Chile y dirige el Instituto de Extensión Musical
de la Universidad de Chile; Castedo comienza con la Historia Ejemplar
de Santiago de Chile y sigue con el citado Resumen, culminando con sus
172 Fundamentos Culturales de la Integración Latinoamericana y una inmensa
labor en torno al arte latinoamericano con vastos registros fotográficos
y cinematográficos entre los que destaca La Respuesta, el histórico do-
cumental del maremoto de Valdivia.
En el Miraflores se reunirían con los refugiados algunos chilenos,
Neruda, Barrenechea, Camilo Mori, Vicente Huidobro, Acario Cota-
pos, el cineasta Patricio Kaulen, Lily Garafulic, Inés Puyó, el argentino
Godofredo Iommi. A sus mesas se sentarían extranjeros tan célebres
como León Felipe, Dámaso Alonso, Rafael Alberti y Américo Castro.
Los De Rementería fundan el célebre Capri, uno de los centros más
elegantes y animados de la noche santiaguina.
Con recursos de los inmigrantes nace la editorial “Cruz del Sur”
que se estrenó, por agradecimiento a su nueva patria, con una Colec-
ción de Autores Chilenos inaugurada con Alhué de José Santos Gonzá-
lez Vera. Además, fundaron más tarde un Archivo de la Palabra que se
inaugura en 1947 con Neruda leyendo “Alturas de Machu Picchu”.
Varios fueron decisivos a la hora de crear el Teatro Experimental de la
Universidad de Chile, inspirado en el teatro La Barraca de Federico Gar-
cía Lorca, y cuyos primeros ensayos se hicieron en el local de la Alianza
de Intelectuales. El mismo origen tuvo el Teatro de Ensayo de la Uni-
versidad Católica, con la pasajera Montserrat Julio, del Winnipeg.
El poeta Barrenechea, elegido presidente del Comité Pro Refugia-
dos Españoles e integrante del Instituto de Ayuda a los Refugiados Es-
pañoles y Judíos, viajará a México y Estados Unidos, en busca de más
espacios de acogida para los perseguidos del Viejo Mundo, tarea en la
que los poetas chilenos se granjearon el reconocimiento de la intelec-
tualidad europea.
A fines del año 1941 murió sorpresivamente Aguirre Cerda. Lo
sucede Juan Antonio Ríos a quien correspondió, en noviembre de 1942,
A RTE Y C ULTURA

firmar el decreto creador del Premio Nacional de Literatura. Tampoco


terminará vivo su gobierno, el apogeo radical llegaba a su fin.

EL POETA VERTICAL

Neftalí Reyes vino a dar a la capital, anduvo pateando las piedras de la


pobreza, se transformó en Pablo Neruda –alquimia urbana– y se fue al
Lejano Oriente. Después vuelve, sale, se va una y otra vez. Al final la
ciudad de Santiago, con tantos amigos, se le fue enredando y le fue
creciendo: con Michoacán en La Reina, La Chascona en Bellavista y el
terreno de Lo Curro que compró tan temprano; es uno de los primeros
propietarios de ese paraje que loteó la familia Rabat.
A Ramiro Insunza Figueroa, hijo de amigos cercanos, le encargó
este proyecto de La Manquel, la casa del manque, del cóndor, porque
así quiso sentirse en esa estribación de la cordillera. Él, que tanto an-
duviera por las veredas frías, aterido –calle Maruri 513, calle García 173
Reyes 23–, finalmente desplegará las alas al sol. Lo notable, aunque no
debería impresionarnos por su notable ojo geográfico, topográfico e
hidrológico, es que haya comprado un terreno tan espectacularmente
ubicado para contemplar toda la cuenca del Mapocho con una vista de
doscientos cincuenta grados. Al Nororiente el valle de La Dehesa y las
alturas del cerro La Paloma, Vitacura al frente, el San Cristóbal y el
Santa Lucía al Poniente, un pleno dominio visual de la región. De allí
debió mirar Pedro de Valdivia la región en 1540, cuando esos eran los
tres espacios del valle, con el cacique Huara Huara, Mapocho arriba, el
curaca Vitacura en la zona que lleva su nombre y Huelén Huara donde
fundaría la ciudad.
Ahí en la Vía Azul N° 4640 encontró Neruda el punto de la mejor
perspectiva. ¿No es eso el Canto General, el hallazgo de un mirador para
reescribir toda la historia de América?
Siempre, en el Instituto Pedagógico con las tertulias de amigos, en
la Alianza de Intelectuales, la Sociedad de Escritores, el poeta fue un
dinamizador de Santiago y sus instituciones culturales. Los testimo-
nios están. En una ciudad donde todo el mundo pasa sin dejar huella,
La Chascona vive a los pies del San Cristóbal, cerca de una quebrada
poblada de pájaros; casa llena de campanas, copas y esculturas, verda-
dero santuario de la poesía nacional, suerte de eco de su cerro Ñielol de
Temuco y entonces con un rumor de agua al fondo del terreno, el Ca-
nal de Santo Domingo: “La casa chascona con agua que corre escri-
biendo en su idioma”... En ella se recluirá con Matilde Urrutia, la que
conociera ahí cerca en un concierto en el Parque Forestal. Necesita la
naturaleza, la misma que siente y que Luis Oyarzún le explica –poeta
sabio de floras y faunas– cada vez que salen hacia Buin, Curacaví o
Melipilla.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

La ciudad no era la misma cuando Neruda, rodeado de su numero-


sa corte, anima la noche. Porque no se sometió a la brutal monotonía
de las calles rectas, al deambular amargo y sin destino. Hombre de
acción, a esas horizontales opuso el poder de lo vertical. Y se sumergió
en lo más genital de lo terrestre, en el abismo donde la materia se hace
a sí misma, búsqueda esencial, y luego ascendió a las cumbres andinas
cargado de voces que recogió en las profundidades. Para ofrecerlas al
mundo.
Santiago, lejos de todo, se posiciona en el planeta de un modo po-
deroso gracias a ese audaz escamoteo geométrico. En una ciudad de
personajes congelados establece Neruda un drama intenso de actores
inmortales: Manuel Rodríguez, Diego Portales, José Manuel Balmaceda,
Luis Emilio Recabarren; los extrajo de la piedra, los resucitó para ofrecer
un futuro distinto, menos horizontal, hecho de abismos y cumbres.
Insatisfecho con el presente se hunde en las raíces y el pasado en
174 busca de los signos perdidos, la inocencia olvidada. De allí emerge una
suerte de Ciudad de los Césares, pero más real, obra de la historia y no
sólo de mitos: “La ciudad como un vaso se levantó en sus manos”...
El escenario geográfico, desgastado por el criollismo, reaparece en
sus palabras y con él también su habitante: “El hombre tierra fue, vasi-
ja, párpado/ del barro trémulo, forma de la arcilla”...
Todo se transforma gracias al verbo:
“Luego tierra y océanos, ciudades/naves y libros, conocéis la histo-
ria/ que desde el territorio huraño/ como una piedra sacudida/ llenó
de pétalos azules/ las profundidades del tiempo...”

Su terreno, con su casa casi terminada en Lo Curro, debiera ser un


mirador del valle del Mapocho, un notable espacio público con museo.

DESCUBRIR CHILE

Geógrafos, arqueólogos, antropólogos, genealogistas, lingüistas, innu-


merables cultores de Ciencias Sociales y Ciencias Naturales han edifi-
cado el país. Por la escasez de recursos abundan entre ellos los apósto-
les laicos tocados por la llama del conocer; el conocer para ser más, ser
más para vivir, vivir más. Alcanzar a estar vivo antes de morir dejando
de regalo una nueva imagen del país, el territorio, la ciudad, la socie-
dad en que vivimos.
No es casualidad que la Sociedad Chilena de Historia y Geografía
haya nacido al calor del Centenario, marcada por un deseo de pensar
Chile que es también una voluntad de construirlo. Al alero de la socie-
dad se multiplicarán los cultores, surgirán una revista fundada en 1911
que no cesa de aparecer hasta hoy y entidades como la Academia Chi-
lena de la Historia.
A RTE Y C ULTURA

Tal como Neruda buscó una mirada propia desde donde descubrir
América Latina en la poesía, lo mismo hizo el historiador Eugenio Pe-
reira Salas, también nacido en 1904 e igualmente formado en el Insti-
tuto Pedagógico de la Universidad de Chile. Vidas paralelas.
De familia más acomodada el historiador podrá perfeccionarse en
la Universidad de París, en Alemania y Estados Unidos. En sus investi-
gaciones, por los rincones no oficiales de la historia, comienza a en-
contrar otra América: en la gastronomía local, el folclor, los juegos co-
loniales, la arquitectura, la música, el teatro, la pintura, ámbitos donde
vio un mestizaje ausente en los textos oficiales que parecían no reco-
nocer ni las culturas aborígenes ni la importancia creativa de la Colo-
nia como tiempo de fusión original.
Ante los escépticos, que por los brillos aztecas e incásicos daban
vuelta la hoja de las etnias precolombinas chilenas, y ante el esplendor
de los grandes virreinatos menospreciaban la Colonia en Chile, apos-
tando todo al siglo XIX republicano como primer período de interés, 175
comenzó a desplegar un mapa artístico y cultural diferente, de raíces
vivas que explican procesos contemporáneos.
Maestro reconocido en todo el continente, fundador del Instituto
de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Londres, profesor
en las universidades de Chicago y Berkeley, formador de discípulos
destacados que proseguirían su obra reveladora, demostró que Chile
tenía mucho más que un siglo y medio de historia. Como Neruda en el
Canto General, sacó a la luz un pasado vasto y complejo, un Chile anti-
guo inscrito en una América milenaria: “llenó de pétalos azules las
profundidades del tiempo”.
Un poco más joven, nacido en 1915, Mario Góngora acometió otra
tarea fundamental. Mejor alumno de Derecho en su promoción de la
Universidad Católica y además formado en Historia y Geografía en la
Universidad de Chile, sus trabajos sobre los encomenderos e inquilinos
de Chile central harán emerger los rasgos de la sociedad chilena con
nuevas luces. Maestro en las dos universidades que lo formaron, sus
estudios sobre historia de las ideas en Chile, el rol del Estado en Chile,
la sociedad chilena, fueron fundamentales para una serie de estudios
posteriores que revelaron la originalidad de la historia nacional; la na-
ción chilena fue obra de un Estado que, fundamentalmente a través de
la educación, forjó la unidad nacional y también una clase media dis-
tintiva. Con sus liceos de excelencia, con diversidad social, política y
religiosa, el Estado hizo país y dio sustento a la democracia.
Pereira Salas fue el primer Premio Nacional de Historia, Góngora
del Campo, el segundo.
Un tercer coetáneo es el historiador Jaime Eyzaguirre. Abogado de
la Universidad Católica como Góngora, como él se interesó en el so-
cialcristianismo difundido en Chile por el jesuita Fernando Vives. Pero
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

el tema religioso será más central en su obra, se alineará con la intelec-


tualidad católica; líder incansable fundará una tras otra varias revistas
en la Universidad Católica y luego asumirá el Boletín de la Academia
Chilena de la Historia. Vivió con pasión la historia, marcando territorios
y arriesgando –a diferencia de los dos anteriores– toda clase de conflic-
tos y contiendas por su acentuado hispanismo.
La ausencia del sentido de la historia era su dolor de Chile, a subsa-
narla fueron sus esfuerzos y libros: Ventura de Pedro de Valdivia, O’Higgins,
Fisonomía Histórica de Chile, Hispanoamérica del dolor, primer tomo de una
Historia de Chile... Chile no podría ser Chile sin recuperar su pasado
hispano. Negarlo, ningunearlo, ignorarlo, impedía la construcción de
la nación; era, como el período romano de Inglaterra, un proceso fun-
dacional insoslayable. Olvidarlo, como lo hicieran y hacían tantos crí-
ticos de España y de la Iglesia Católica, bloqueaba el desarrollo cultural
chileno dejando el país indefenso ante cada nueva moda intelectual o
176 artística de las metrópolis, sin una base propia desde donde rechazar o
asimilar lo externo.
Cada generación requiere una relectura de su pasado desde su pre-
sente; estos tres santiaguinos, nacidos en torno a 1910, avales de los
siglos indígenas, españoles y mestizos, redondearon esa misión.

DONOSO, EDWARDS, LAFOURCADE

La generación siguiente, del 50, tuvo en Il Bosco un restorán emble-


mático donde confluirían José Donoso, Enrique Lihn, María Elena
Gertner, Enrique Lafourcade, Claudio Giaconi y tantos otros. Cerca de
la Biblioteca Nacional, de donde emergían algunos con los ojos opacos
luego de estar tardes enteras leyendo. Partirán después a “picás” popu-
lares, submundos con bailongos y mujeres como el del bar El Triunfo, el
Café Cerdeña, lo que alimenta novelas y cuentos de esos barrios pobres
o de mansiones descuidadas, trozos de una ciudad que alguna vez fue
y que ahora se desmentía con ventanas tapiadas, habitaciones clausu-
radas, jardines invadidos de malezas.
La ciudad estalla en la segunda mitad del siglo XX. Queda muy
atrás el orden del Barrio Cívico, imagen de Estado poderoso, controla-
dor, benefactor, omnipotente. Se fragmenta el país políticamente, se
fragmenta la sociedad y se fragmenta finalmente la ciudad que es su
retrato: en el paso del ciudadano a la masa urbana latinoamericana
quedan millones de huérfanos sin padre estatal, ahora entregados a su
personal búsqueda de alimento, compañía y calor.
Llega a Santiago el siglo XX y nadie cree ya en el criollismo, lo
telúrico, lo chileno “esencial” de las salitreras, puertos y estepas maga-
llánicas. Es el existencialismo escéptico, el nihilismo individualista de
un hombre contemporáneo y urbano que apenas respira por su propia
A RTE Y C ULTURA

angustia. Mal puede subirse al estrado para anunciar una buena nue-
va, un futuro radiante. Con Sartre, Joyce, Kafka, Mann, el universo
interior del hombre, su densidad sicológica, parecen más que suficien-
tes a la hora de explorar una realidad en la que se sufre de aislamiento
y falta de certidumbres. Como dice Jorge Edwards citando a Borges,
“mi patrimonio es el universo.”
El hombre civilizado, el del modelo europeo, ha degollado a su
hermano en los campos de batalla. Son millones los muertos, billones,
y los caminos recorridos parecen todos inservibles.
Hay que mirarse al espejo, dentro de los ojos. José Donoso arrien-
da un taller en Bellavista 64 y ni siquiera la paz de ese barrio le resulta
suficiente; se va a El Canelo, en el Cajón del Maipo a escribir su novela
Coronación (1957). Como en otros coetáneos de su pluma emerge un
mundo patético, deforme, estúpido, dominado por una alta sociedad
decadente e incapaz de enfrentar el escenario nuevo. Es una sociedad
que es la de siempre, la de los encomenderos y hacendados, que está 177
próxima a perder, con la Reforma Agraria, sus últimos refugios. Un
caserón en Santiago, invadido por el polvo, la locura, las pasiones re-
primidas, será su escenario. Dios está tan lejos, la fe antigua. El pecado
es lo humano y cercano.
Jorge Iván Hübner los azota desde El Diario Ilustrado, el 10 de mar-
zo de 1959: “filosofía subyacente o manifiesta desesperanza; ambiente
pagano, materialista, a veces de abyecta sordidez; predilección por las
miserias humanas (ebrios, delincuentes, meretrices, afeminados), y
afán realista que se solaza en las escenas chocantes y las palabras pro-
caces”.
Las insolencias de la difícil juventud darán paso a las búsquedas
individuales, en ese proceso irán descubriendo que el Chile anterior
escondía numerosas claves disfrazadas debajo de las modas de época.
Más acá de Rimbaud o Breton habrá un Lafourcade construyendo una
mitología de los años treinta, coleccionista de rincones de las bohemias
anteriores, teatros de barrio, pobrezas y locuras de poetas ya muertos;
en ese avanzar de crónica en crónica en las páginas de El Mercurio se
transforma en un puente insoslayable con el pasado: el cultor de la
memoria viva.
Edwards también vuelve sus ojos atrás en busca de claves, tras su
tío Joaquín o siguiendo las huellas de Joaquín Toesca para escribir El
sueño de la historia, una novela con epicentro en la Plaza de Armas a
fines de la Colonia; ahí encuentra un momento, de arte ilustrado e
incomprendido, que vuelve a asomar en los años de Pinochet y en la
misma plaza cuando la condición de artista volvió a ser, una vez más,
causal de sospechas. También se rearma Edwards a sí mismo en torno a
un miembro de generaciones anteriores, Neruda, que será su palanca
para mover el mundo. Le lloverán honores y premios como a su padri-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

no, será rostro de la cultura chilena en los palacios españoles y france-


ses, imagen de Chile.
Y Donoso con sus numerosos discípulos y su presencia en el boom
latinoamericano, otro rostro de alcance continental con cátedras en
Estados Unidos dedicadas a su obra, donde seguirá más vigente que en
Chile. Mirándose a sí mismos, Lafourcade, Edwards y Donoso reen-
contraron el país, la historia, la ciudad con sus calles y rincones, sus
propios barrios. Los jóvenes rebeldes terminan nutriendo la tradición
local, devinieron figuras clásicas.

DE CÉZANNE A MIRÓ

A las artes visuales también les llega el siglo XX. A ellas desde antes,
pero siempre puertas adentro, lejos del público. Tuvo que venir algo de
fuera, como la gran exposición “De Manet a nuestros días” que presen-
178 tó el Museo de Bellas Artes en 1950, con cuarenta mil espectadores,
para que el público lo aceptara; pero especialmente con la “De Cézan-
ne a Miró” que fue un verdadero fenómeno de masas, el primero, en
que con medio siglo de atraso el arte del siglo XX es reconocido en
gloria y majestad en el país.
Gracias a la dirección del Museo de Arte Contemporáneo a cargo
del escultor Federico Assler, quien consiguiera el apoyo de empresas
privadas; el MOMA de Nueva York prestó originales de Manet, Picasso,
Braque, Manet...
El país se volcó a la Quinta Normal en esos días. Un colegial de
Concepción vino como muchos, en viaje de curso, y su vocación se
plasmó al recorrer esa muestra. Guillermo Muñoz Vera terminó ha-
ciendo una carrera descollante en España donde su Fundación Arauco
mantiene a cien alumnos en formación artística. Desconocido en el
país, sólo será descubierto con su enorme díptico instalado en La Mo-
neda; en un cuadro Salvador Allende saludando desde un balcón del
palacio, en el otro exactamente el mismo lugar pero con el hueco deja-
do por las bombas lanzadas por los Hawker Hunter el 11 de septiembre
de 1973, contraste resaltado por el hiperrealismo de Muñoz Vera.
Ahora con la misión de pintar la Estación La Moneda del Metro,
dieciséis cuadros, su presencia en la ciudad será insoslayable. Y no ha
olvidado nunca que todo comenzó con ese paseo de curso a Santiago,
con la experiencia de ver originales de grandes maestros en vivo y en
directo, la emoción palpable que irradia una obra y ninguna reproduc-
ción logra transmitir.
Al gran instigador de la exposición, Federico Assler, la ciudad no le
pagó con la misma moneda. Años después presentó una muestra de
sus esculturas de hormigón en la terraza del Instituto Cultural de Pro-
videncia. Los vándalos fueron informados y provistos de martillos en
la misma noche inaugural hicieron polvo todas sus obras.
A RTE Y C ULTURA

No todo fue pérdida: quedó la indignación. Germán Bannen, ar-


quitecto municipal, propuso a la alcaldesa Carmen Grez crear un Par-
que de las Esculturas junto al Mapocho, donde la ciudadanía podría
educarse en la contemplación de obras de los principales escultores
chilenos contemporáneos. Así se hizo y hoy la ciudad cuenta con un
espacio público, controlado, para ellos. Las históricas exposiciones abrie-
ron el camino para que emergieran, al fin, galerías de arte visitadas por
públicos masivos.

EN EL PARQUE FORESTAL

A José María Peña, el notable creador del Museo de la Ciudad de


Buenos Aires y de su artístico Barrio Santelmo, le preguntaron cómo
surgió su vocación; dijo que de visitar a un primo chileno, Carlos Peña
Otaegui, el autor de Santiago de siglo en siglo, un enamorado de su ciu-
dad con el que asistía a las Ferias de Bellas Artes del Parque Forestal de 179
Santiago.
Ahí se preguntó, y Buenos Aires por qué no. Eran los años cin-
cuenta y Germán Gassmann, Lorenzo Berg, Tomás Lago, amigos del
arte y las artesanías, habían creado una tradición de primavera junto al
Río Mapocho. Los escritores sentados bajos los árboles y firmando sus
libros, los pintores con atriles, los artesanos, ofrecían sus creaciones.
Así surgen las primeras ferias del libro, en ese lugar y con ese ejemplo,
y también, desde 1974 asumida por la Universidad Católica y a cargo
del mismo Lorenzo Berg, la Feria Tradicional del Parque Bustamante.
Con unas y otras los parques se inundaban de público. Los mim-
bres de Manzanito, maestro de maestros; los tapices de Herrera y las
arpilleras de Violeta Parra encontraron un lugar. Las piedras de Chile,
ágatas de Casablanca, turquesas y combarbalitas del Norte, el lapislá-
zuli y el ónice –notables en las creaciones de Juan Reyes y Alicia Cáce-
res–, además del cobre y las maderas de los bosques de Chile, ascendie-
ron al mundo de los creadores. Quedó en la memoria colectiva,
indeleble, ese origen en el Parque Forestal y junto al río, las tardes de
primavera cuando artesanos e intelectuales, vecinos en idénticos y sen-
cillos puestos de postes y paja, lograron un contacto con el público que
no tuvieran nunca antes.
En esas riberas donde los arqueólogos encontrarían oscuras y be-
llas cerámicas de trescientos años antes de Cristo, rojo y salmón, blan-
co y negro, decoradas con incisos o con hierro, también una fina y
delicada cerámica roja englobada, de hombres que vieron pasar las
mismas aguas andinas oscurecidas de fragmentos y polvos minerales
de la cordillera cuando aún las aves marinas y las gaviotas remontaban
su curso hasta este lugar. Muchos hombres arcaicos se irían instalando,
clanes, a lo largo del generoso río. Tantos que según algunos Mapocho
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

viene de Mapuche, nombre posterior derivado de la vital presencia de


sus aguas: La Tierra de la Gente.

CARMEN 340

Neville Blanc ha estado juntando material en torno a un lugar que fue


epicentro de los años sesenta, la casa de Carmen 340 donde se instaló
la Peña de los Parra, lugar de una tertulia espontánea y casi permanen-
te de músicos y artistas plásticos que se transformó en “peña”, un día
cualquiera cobrando entradas, ofreciendo un vaso de vino con una
empanada y pebre, mate a discreción. Esta suerte de café concert crio-
llo se multiplicaría por todo el país y, con sus propias leyes, fue gravi-
tante en el triunfo de Allende en 1970. Por su poética, mística y capa-
cidad de ofrecer imágenes de futuro.
Cinco fueron los años de su apogeo, desde que se transformó en
180 peña ese día de 1965. Carmen 340 era –lo es todavía– casi una postal
de la típica casa chilena urbana. Un piso, muros blancos, mampara en
el ingreso, patio de luz de pequeñas dimensiones, un parrón más am-
plio al fondo. Ángel e Isabel Parra, los autores, colocaron redes de pes-
cador en las paredes, volantines en el techo, conchas de locos en las
mesas, velas, un brasero, tomaron la guitarra y en un muy pequeño
escenario, un entarimado como los de las casas coloniales, empezaron
a cantar. Lugar vivo, muchos músicos amigos también subían y pre-
sentaban sus canciones; el público coreaba los temas que se fueron
haciendo populares y al poco tiempo el lugar fue un laboratorio artísti-
co con venta de discos y artesanía. Nacía, sin ese nombre todavía, “la
Nueva Canción Chilena”. Sin ser folclórica tampoco, porque acogió
influencias del folk, del soul, de los trovadores franceses, aunque inclu-
yera instrumentos, formas y timbres folclóricos.
Dicen que la primera en jugar con las tradiciones, libre, fue Violeta
Parra. En París estaba el año 1962, con sus arpilleras que le exhibiera el
Louvre –después de no lograr buenas críticas en la Feria de Artes Plásti-
cas que se hacía en el Parque Forestal...–, cuando le llegó la noticia de la
matanza en la población José María Caro donde se habían llevado preso
a su hermano Roberto. Lo supo por correo y ahí compuso “La Carta”
que fue Carta Fundamental; una composición que marca a Ángel e Isa-
bel y a varios otros. Bajo esa intuición surgió la Peña de los Parra.
Víctor Jara, los Quilapayún, Patricio Manns, Rolando Alarcón, Los
Curacas, Sergio Ortega, Tito Fernández, toda una generación dotada y
creativa se puso a componer. No era un mundo aislado ni ensimisma-
do. La trova francesa de Georges Brassens y Jacques Brel; los urugua-
yos Daniel Viglietti y Alfredo Zitarrosa; los argentinos Atahualpa Yu-
panqui, Mercedes Sosa y Jorge Cafrune; el cubano Carlos Puebla, el
brasileño Chico Buarque de Holanda, Bob Dylan y Joan Báez de Esta-
A RTE Y C ULTURA

dos Unidos, incluso lo que estaban haciendo Los Beatles en Inglaterra


fueron parte de una misma corriente de energía experimental. Una
nueva cultura: la contracultura.
Incluso en Chile, con tendencias variadas, hubo búsquedas simul-
táneas que también influyeron para masificar las búsquedas musicales
locales: Los Jaivas, Inti Illimani –más andino, altiplánico–, Aparcoa,
Los Blops, Congreso, Congregación, contribuyen a que miles de chile-
nos jóvenes se transformen en público de peñas, compradores de los
discos de DICAP (Discoteca del Cantar Popular), auditores del programa
radial de René Largo Farías, lo que permitió que los músicos pudieran
hacer giras, tener varios escenarios, cobrar derechos de autor, ser artis-
tas. La misma estética de los afiches y portadas de los discos, de los
hermanos Antonio y Vicente Larrea, o de René Olivares para Los Jai-
vas, contribuyeron a llevar las búsquedas a lo visual e incluso a las
vestimentas con ponchos sureños, fajas indígenas, bolsos andinos.
Casas como la de Carmen 340 se volvieron solicitadas, se descu- 181
brieron para vivir, tener talleres, en esos espacios que eran los mismos
de la nueva narrativa latinoamericana. Era el futuro, internacional y
libertario, portador de un signo que recorría todo el mundo occidental
y que estremecía las universidades, un movimiento que parecía inexo-
rable y que aquí surgía con colores propios. La Vicerrectoría de Comu-
nicaciones de la Universidad Católica, en sus Festivales de la Nueva
Canción Chilena, con Ricardo García de organizador, les dio un nom-
bre y los consagró oficialmente al presentarlos en el gimnasio de la
Universidad y con evento final en un Estadio Chile lleno de gente des-
de la primera versión, cuando se dio a conocer “La Plegaria del Labra-
dor” de Víctor Jara, la que presentó junto con los Quilapayún.
Por la Peña de los Parra, de renombre ya internacional, pasarán
europeos como Paco Ibáñez y Regis Debray; músicos americanos en la
línea de Joan Báez, Atahualpa Yupanqui y Daniel Viglietti, la mayoría
de las figuras latinoamericanas de la época; la misma Violeta Parra
muchas veces. Pero los años setenta apagan la explosión. El propio
Festival de la Nueva Canción Chilena, asumido por la Secretaría Cul-
tural de la Presidencia de la República al llegar Allende al poder, tuvo
escaso público en 1971.
Juan Capra fue el mejor testimonio de los cambios de los tiempos. Él
vivía desde antes en Carmen 340, pintor y músico admirado y solicitado,
Él hizo de esa casa un lugar de encuentro permanente, él se la traspasó a
los Parra cuando se fue a París donde grabó con los Quilapayún un LP en
1968, el año de la revuelta estudiantil en la que participó.
De regreso en 1970, tras el triunfo de Allende, con su misma ima-
gen física de artista, los vientos ya corrían en otra dirección; era un
hippie y no se le abrieron las puertas. Detenido el 11 de septiembre,
instalado en Nueva York gracias a gestiones de Carlos Martínez Soto-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

mayor, con una obra plástica que se vende bien, allá vive el desarraigo,
la sensación del futuro desaparecido hasta volver, muchos años des-
pués, a un Chile que no lo reconoció. En silla de ruedas, instalado en
las mañanas en el Paseo Ahumada donde ofrecía retratos frente al Café
Haití –era excelente en ellos–, y muchas tardes en la esquina de Lasta-
rria con Villavicencio, no tenía ni los medios para entrar al Café del
Biógrafo, lugar nuevo donde se reunían artistas e intelectuales tal como
en su casa en otros tiempos. De aspecto sospechoso para la policía,
murió sin gloria.
Ángel e Isabel Parra intentarán después resucitar la Peña de los
Parra, la transformarán en museo de Violeta Parra, pero sin éxito. La
casita de muros blancos, la música abundante de esos años, hasta la
narrativa del realismo mágico, habían sucumbido a los años ochenta.
Aunque músicos y grupos por sí mismos, como Los Jaivas o Eduardo
Gatti, prosiguieran construyendo sólidas trayectorias.
182 Un lugar único, por música, artista visual, recopiladora de folclor
chileno, lo ocupa Violeta Parra. Una solitaria, provinciana modesta,
que a los diecisiete ya andaba en Santiago cantando con su hermana
Hilda –Las Hermanas Parra– en circos y quintas de recreo de barrio;
también en El Patio Andaluz y en boites. En algunas radios –la mejor
compañía de la mujer por décadas– encontró apoyo. Sus cantos a lo
divino y lo humano comenzarían a tener auditores aumentando los
encuentros con cantores populares, incluso con largas giras al extran-
jero donde tendrá más resonancia que aquí. En los años cincuenta al-
canza una fuerza original, única, de mayor temperamento que el fol-
clor tradicional; lo hace vigente, actual, creativo, un lenguaje de Chile
que se expande a sus arpilleras y se acoge en la universidad, las ferias
de artes, los centros culturales, los encuentros de escritores. En 1964 es
la primera latinoamericana (también el primer latinoamericano) que
expone individualmente en el Museo del Louvre. De vuelta instalará
una carpa en la esquina de La Cañada con Toro Zambrano, donde la
Municipalidad de La Reina le facilitó el uso del terreno. Atacada por
una neurosis depresiva, se suicidó dos años después, en 1967. Se sentía
sola. Ojalá se materialice el proyecto de destinarle la casa del Forestal,
frente al Bellas Artes, porque si hay un patrimonio intangible vivo y
poderoso, propio y en toda la Región, es el canto popular a lo humano
y lo divino, canto de gracias a la vida y al misterio de la muerte.

LOS RAMBLERS, LOS JAIVAS, LOS PRISIONEROS


Y LOS TRES

El rock tendría una larga vida. Mal que mal nació con buena estrella
cuando el comité organizador del Campeonato Mundial de Fútbol 1962
encargó su canción oficial a Los Ramblers. Esta banda produjo un éxito
A RTE Y C ULTURA

tan pegajoso, que se lo aprendió todo el país, vendido como ningún


disco anterior; su vocación masiva quedó asegurada. Uno tras otro apa-
recieron los grupos, con nombres más o menos ingleses, que se encar-
garían de avivar el ambiente musical.
Antes de terminar la década, 1969, una banda de signo distinto se
presentó modestamente en el Parque Bustamante Los Jaivas. Aunque
el público apenas sobrepasó los cien espectadores e incluso tuvieron
que financiar ellos mismos su primer disco, otro fenómeno masivo ve-
nía en camino; su siguiente disco, “Todos juntos”, vendió ciento veinte
mil copias sólo en el año 1972. El éxito internacional los llevaría a
Francia, Italia, Estados Unidos, a los principales escenarios del mundo.
Grandes protagonistas de los años setenta.
Pioneros en su fusión de sonidos e instrumentos autóctonos con
otros electrónicos, capaces de hacer vivir la Amazonia y los Andes en
un mismo escenario, con la notable gráfica del dibujante René Olivares
en sus carátulas y afiches, abiertos a la generación anterior al rendir 183
homenajes musicales a Violeta Parra y Pablo Neruda, creativos y es-
pontáneos y por lo mismo difíciles de clasificar, fueron la mejor expre-
sión de un sentimiento de América Latina que corrió por esos años
desde el Río Grande a la Patagonia disolviendo las fronteras.
“La voz de los ochenta” será asumida por una banda de tres jóve-
nes de San Miguel, Los Prisioneros, cuyo humor áspero y radical y su
desesperanza ante la realidad del país logró sintonizar con miles de
seguidores. Sus giras también congregarían miles de adolescentes, su
trayectoria igualmente les abriría las puertas de escenarios internacio-
nales. Era la voz de la juventud urbana de clase media, de los jóvenes
escépticos ante el Chile del presente y del futuro.
Bastó que tres compañeros del Liceo 6 de San Miguel se reunieran,
dueños de sendos talentos –González, Narea y Tapia–, para que esa
realidad sumergida aflorara gracias a un amigo, Carlos Fonseca, que
creyó en ellos y los impulsó a hacer una carrera profesional. Era el rock
latino, un reguero que también atravesó toda la América Latina ya sin
los sueños mesiánicos de Neruda y los años treinta y cuarenta, sin la
esperanza de los años sesenta. Nada nuevo que esperar, vamos “Pa-
teando Piedras”, según el título de su segundo disco en 1986, un men-
saje que el aparato de gobierno intentaría vanamente acallar. Las gi-
gantescas concentraciones de la Campaña del No en 1988, en la Avenida
Vicuña Mackenna, en la carretera Norte-Sur, les darían toda la reper-
cusión posible. Les siguieron Los Tres, banda dirigida por Álvaro Hen-
ríquez y con el mismo sello amargo e irónico de sus compañeros de
generación, el espíritu ochentero.
El arte más popular encarnó así los momentos del país, el estado de
ánimo de cada década, desde la ilusión latinoamericanista y visionaria,
esperanzada de Los Jaivas, capaz de llamar a un mundo unitario (“Para
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

qué vivimos separados, si la tierra es una sola no más”) hasta la pro-


funda decepción vital de una generación que no reconocía ningún lla-
mado, mensaje o discurso que la agitara.
Luego vendrán las muertes inesperadas en el seno de Los Jaivas,
pero quedan sus monumentos, especialmente el “Alturas de Machu
Picchu” que iluminó el sombrío Chile de fines de los setenta. Y las
guerras verbales de Los Prisioneros, Jorge González versus Claudio Narea
y el país ya no será el mismo pero habrá una generación que se sintió
viva y presente, aquí y ahora, gracias a su áspera propuesta. Y se re-
cuerda el himno del mundial de Los Ramblers, simple e ingenuo, como
testimonio de un país que se movía en esos parámetros en los días en
que, por primera vez, sonó un rock en las radios chilenas. Ya habían
hecho historia, todos.

EL SEÑOR DE LOS HUACOS


184
El país conoció a Sergio Larraín García Moreno cuando, gracias a sus
colecciones de arte precolombino, se pudo abrir el museo respectivo
en el Palacio de la Real Aduana, en Bandera esquina Compañía. Pero
su relevancia era mucho mayor y anterior a ese gesto, su trascendencia
en diversos campos lo tenía, hace rato, transformado en personaje cul-
tural.
Pero no en relación al mundo del pasado americano sino en la
construcción del futuro con huellas europeas. Es uno de esos chilenos,
como Roberto Matta y Vicente Huidobro, capaces de llegar a París,
Berlín, y dialogar sin ambages con las mayores personalidades del vie-
jo continente. En los años veinte –su familia huyó de Alessandri Pal-
ma, de la revolución que se anunciaba en Chile en 1919– llega a las
puertas de la Bauhaus, el principal centro arquitectónico mundial del
momento y se relaciona con Marcel Breuer. En París visita a Le Corbu-
sier, varias veces. Volverá a Chile convencido de que la modernidad se
construye diferente en cada lugar, que América es otra realidad, con
otros parámetros y desafíos. Cuando regresa, 1929, años de la dictadu-
ra de Ibáñez, pocos podían sintonizar con esa mirada. Tendrá la fortu-
na de contar con un primo arquitecto y exitoso, Jorge Arteaga, que le
confía la tarea de hacer un edificio grande y céntrico: el Oberpaur en la
esquina de Huérfanos con Estado, el primero moderno de Chile, el
primero también con escaleras mecánicas. El siglo XX llega a la arqui-
tectura local.
Elegido regidor por Santiago como representante del Partido Con-
servador, lo visita Neruda para que, como cristiano, se una a los comu-
nistas contra el avance nazi en Chile. Organizador eficiente tendrá ofi-
cinas, diario, espías; el gobierno inglés lo nombra agente encargado del
Servicio de Inteligencia Británico en toda América del Sur. En todo
A RTE Y C ULTURA

destaca, intelectual y eficiente; pronto es el presidente de la Sociedad


de Amigos del Arte, esa que funcionó en la Posada del Corregidor y
donde Neruda leyó obra inéditas. También será socio fundador de la
Academia Chilena de la Historia, el N° 1, aunque, como él dijera, por
su formación europea ni supiera “quién era Bernardo O’Higgins”.
Nunca perdió el contacto con el viejo mundo e incluso armó una
empresa para que los cineastas franceses, limitados por la ocupación
alemana, filmaran aquí. Alojados en el Hotel Crillón gastaron miles de
pesos a su cuenta. Tras el armisticio partió a Francia y encontró que
todo era casi gratis por la posguerra. Compró un Dalí, un Picasso, una
escultura de Giacometti. Estarán en su casa de la Avenida Providencia
al llegar al canal San Carlos, mítica casona de miles de libros, obras de
arte, piano y piscina, que recordará Jorge Edwards en sus crónicas,
porque ahí conoció a Neruda, a Acario Cotapos, las personalidades in-
telectuales del Chile de 1950.
Líder nato, es elegido decano de Arquitectura de la Universidad 185
Católica el año 1952. Podrá influir en varias generaciones al sumar
quince años en el cargo, incluso trayendo un profesor como Josef Al-
bers, pionero mundial de las vanguardias artísticas del siglo XX. Tam-
bién firma convenios en Estados Unidos, con la Fundación Fulbright y
la Fundación Ford para intercambiar docentes de ese país. De esos con-
tactos surgirá la fundación del Centro Interdisciplinario de Desarrollo
Urbano, entidad relevante en el mundo profesional chileno a la hora
de pensar y planificar ciudades. También promueve la compra de Lo
Contador para instalar ahí la facultad.
Hombre universal, será uno de los promotores en Chile de la insti-
tución “Cristianos para la Ciudad Nueva”, un camino para vivir las
enseñanzas de Cristo de un modo real y concreto, en medio de la so-
ciedad y según los signos de los tiempos. La cultura y la ciudad como
medios de ser una mejor persona; el Padre Hurtado era siempre espe-
rado en su casa y la familia suscribiría todos sus proyectos sociales.
Nombrado embajador ante el Perú por el gobierno de Frei Montal-
va, sus años limeños lo acercarán directamente a ese legado precolom-
bino que le pasara cerca a lo largo de la vida. Luego vive en Ecuador
donde su bisabuelo Juan José Flores fuera el primer presidente y un
hermano de su abuelo García Moreno otro más, logrando un nuevo
acceso.
No es casual su interés en lo precolombino; observó una sabiduría
mayor en la creación espontánea de los pueblos que en mucho de lo
que después será “la civilización”. Adolescente compró la primera pie-
za, un vaso de Nazca, sin saber porqué. Nadie hablaba de arte preco-
lombino en Chile. La virtud de su museo es hija de su mirada; si los de
México y Perú, Colombia y Bolivia, son extraordinarios, este es el úni-
co que ofrece un panorama de todo el continente. Su amigo y herede-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

ro en la gestión, Carlos Aldunate, sigue a cargo de este orgullo nacio-


nal. Es un museo al revés: muestra el pasado pero, por su vocación
americanista, anuncia un futuro cultural común a toda la América La-
tina. Es una piedra fundacional del continente.
Así es como en 1982, un año después de inaugurar el Museo Chi-
leno de Arte Precolombino y con un grupo selecto de arquitectos, ar-
tistas e intelectuales, funda el “Taller América” que tendrá posturas y
propuestas de alcance latinoamericano.
La ciudad está tatuada de sus obras de arquitectura, casi siempre
con arquitecto asociado: el de la Sociedad Nacional de Arquitectura al
costado del Municipal, el notable Edificio Santa Lucía junto al cerro, el
Plaza Bello en diagonal al Bellas Artes, el Centro Comercial Dos Cara-
coles, el edificio de la Chilena Consolidada en Huérfanos con Bandera,
el colegio Verbo Divino, el edificio del Teatro Astor, el Seminario Pon-
tificio, el colegio Compañía de María, el colegio Alianza Francesa, al-
186 gunas torres de la Remodelación San Borja...
Ser moderno, ser santiaguino, ser cristiano, ser latinoamericano,
ser ciudadano, ser chileno: todo en uno.

ARQUITECTOS EN LA CIUDAD

La aparición de las Bienales de Arquitectura marcó un antes y un


después a fines de los setenta, luego de décadas de creación ensimis-
mada y no muy comprensible para el público: la ciudad es el tema que
restablece las comunicaciones, el descubrimiento de Santiago Ponien-
te, las propuestas de intervenciones urbanas para una ciudad que era
demolida sin contemplaciones al tiempo que se asfixiaba por los siste-
mas de transporte.
Grandes edificios, ahora con un lenguaje más cercano al público,
agregan interés a este mundo. Después de esas décadas, en que apenas
se conocía a Emilio Duhart y Fernando Castillo Velasco, algunos nom-
bres comenzaron a reconocerse; Cristián Boza, Cristián de Groote, Cris-
tián Fernández Cox, Eduardo San Martín, Víctor Gubbins, Enrique Brow-
ne, Cristián Undurraga y Ana Devés, Hernán Duval, Mario Pérez de Arce,
Jorge Iglesis y Leopoldo Prat, Sergio Alemparte y Ernesto Barreda, Borja
Huidobro, Jorge Swinburn y Álvaro Pedraza, Teodoro Fernández, Gui-
llermo Hevia, Hernán Precht, José Cruz y Germán del Sol, a los que
luego se sumarían otros como Gonzalo Mardones, Mathias Klotz, Juan
Sabbagh, Luis Izquierdo y Antonia Lehmann, Cazú Zegers...
Al principio por búsqueda desde América Latina, en ese proceso
que Fernández Cox llamó “la modernidad apropiada”, en su doble sen-
tido de apropiarse de la modernidad pero también de escoger una con-
temporaneidad apropiada al clima, las trazas urbanas, las ciudades pro-
pias, y más tarde sin sello latinoamericanista y con más libertad,
A RTE Y C ULTURA

creadores y público comenzaron a compartir esa cultura que reconoce


en la ciudad la mayor creación colectiva del ser humano.
Además de los urbanistas que debían asumir el desafío por profe-
sión, y de los arquitectos que comenzaron a reconocer entornos y con-
textos, también surgió un auge en la investigación de los patrimonios
locales, urbanos y arquitectónicos. Hernán Rodríguez Villegas, Jorge
Aguirre Silva, Patricio Gross, Humberto Eliash y Manuel Moreno,
Montserrat Palmer, Cristián Boza, Miguel Saavedra y Gustavo Carras-
co, abrirán espacios donde llegarán historiadores, René León Echaíz y
Armando de Ramón; escritores como Jorge Edwards, Roberto Merino,
Pedro Lemebel, Alberto Fuguet y Carlos Franz; periodistas como Ser-
gio Paz, todos los cuales aportarán al transformar la ciudad en tema de
historia, literatura y crónicas. El diario El Mercurio abre un espacio cla-
ve en la década cuando la editora de la revista Vivienda y Decoración,
Aura Barrenechea, crea varias secciones relacionadas y la modesta
publicación crece a más de cien páginas semanales, fenómeno que será 187
registrado por otros diarios importantes de Sudamérica y del país, así
como por revistas que incorporan reportajes o directamente se dedican
al ámbito de la arquitectura y la ciudad; el mismo diario tendrá en
Enrique Lafourcade un lúcido observador y vigía de la ciudad, cada
domingo y año tras año.
Se genera un protagonismo del público, que se hace presente en
las Cartas al Director en la prensa e incluso se congrega en más de una
docena de agrupaciones relacionadas; Ciudad Viva la principal, que
surge como movimiento contra la Costanera Norte y termina en insti-
tución estable con revista propia, sitio informático y edición de libros
como La ciudad se mueve, donde diversos especialistas evalúan y hacen
propuestas sobre el transporte en la ciudad.
La Corporación del Patrimonio Cultural, fundada por el empresa-
rio Eugenio Heiremans y de gestión a cargo de Cecilia García Huido-
bro, se transforma en puntal de las principales iniciativas de recupera-
ción obteniendo fondos de empresas locales o entidades internacionales
para restaurar obras tan significativas –la Iglesia de San Francisco– o
impulsar la creación de un museo tan importante como el de La Mer-
ced o la creación del Jardín Botánico Chagual que se está formando en
el Parque Metropolitano, sector Vitacura, en treinta hectáreas que exhi-
birán los ecosistesmas centrales de Chile; o la creación de un sitio web,
nuestro.cl de más de doscientas mil visitas mensuales, que ha recibido
varios premios internacionales. Abierta a patrimonios diversos como las
bordadoras de Conchalí o El Barrero en Huechuraba, al canto popular
de personalidades como la cantora popular Rosita Alarcón de Lo Pra-
do, a la promoción de la cultura en colegios y liceos, al turismo cultu-
ral, Cecilia García Huidobro fue reconocida como honoraria del Cole-
gio de Arquitectos y recibió el Premio al Mérito Turístico Sernatur 2000.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Entre escritores, poetas, fotógrafos, historiadores, periodistas y en-


tidades diversas, los arquitectos ya no están aislados en su relación con
la ciudad. También empresas como Enersis con su iluminación de igle-
sias históricas, o Philips en la de edificios patrimoniales, están adqui-
riendo un compromiso adicional con ella. CMPC financia la restaura-
ción de cuadros del Museo Histórico Nacional, apoya al Teatro Municipal
y a los Amigos del Arte que con su sala y gestiones de Mary Rose Mc-
Gill y Enrique Meneses han tenido una persistente labor de décadas en
exposiciones y publicaciones.
Es así como la Bienal de Arquitectura ha adquirido un protagonis-
mo cada vez más evidente, liderando los arquitectos el proceso de una
transformación que, envuelta en normativas y planes viales, intendentes
y alcaldes, ingenieros de transporte y empresarios de este rubro, final-
mente supone el espacio, el escenario de vida de la inmensa mayoría
de los habitantes del país; es la construcción de una cultura urbana que
188 ahora se amplía al territorio, a toda la Región.
Mirando el año 1977, al inicio de este cambio, Santiago tiene hoy
más actores y más amigos. Se vive hoy el comienzo de una nueva eta-
pa: habitar la Región Metropolitana, articular su territorio, potenciar
sus asentamientos, proteger sus entornos, potenciar sus recursos.

EL AMIGO DE BEETHOVEN

Fernando Flores, músico viñamarino, lleva medio siglo pensando en


Chile. Y es que por su sangre corre sangre de servidores públicos, la del
ilustre marino don Lautaro Rosas que fue como el Vicuña Mackenna
de Valparaíso, el creador del Museo Naval y Marítimo en el puerto
(1917), el fundador de la Mutual de la Armada, el alcalde de Valparaí-
so en los años veinte a quien la ciudad despidió dándole su nombre a la
calle más hermosa del Cerro Alegre. Ahora la gente baila tangos, oye
boleros y canta en la calle Lautaro Rosas.
Apenas adolescente, se dio cuenta Fernando que el país necesitaba
arte y cultura, ciencia y tecnología, buscar el conocimiento. La vida
política absorbía las inquietudes de la mayoría de los jóvenes, está en-
tonces en minoría, pero de esos sueños con un pequeño grupo alterna-
tivo de amigos quedará una obra concreta: el colegio Patmos de Viña
del Mar.
La música lo posee. A los catorce años había vendido su colección
completa de estampillas para comprar dos discos, uno de Beethoven y
otro de Bach. Le permiten sentir el poder curativo de la música, su
espiritual sanación, además de ofrecerle visiones ultraterrenas, asomos
más allá de la realidad. Comenzó a preguntarse por qué la gente no
recurre a ella, no consume más de esa música, la que eleva y transpor-
ta. A ello dedicará su vida.
A RTE Y C ULTURA

Su entusiasmo no cesa, hasta hoy. Vive buscándole cauce en misio-


nes tan contundentes que bastaría una sola para copar la vida de una
persona común; organizar el Departamento de Música de la Católica
de Valparaíso; fundar la Orquesta de la Universidad Católica de Santia-
go –con la que viajaría como director por medio mundo–; crear la Agru-
pación Beethoven con sus temporadas que se volvieron indispensables
para la ciudad de Santiago; sacar al aire la Radio Beethoven con su red
de amigos; crear programas de divulgación musical en televisión; im-
pulsar la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile y la
Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil con más de ciento veinte instru-
mentistas...
Existían nueve de esas orquestas cuando comenzó la tarea, hoy
son ciento cuarenta repartidas por todo Chile y son cientos los jóvenes
que, como él en su momento, se asoman a las visiones, sensaciones y
estados que provoca el arte musical.
Se ha demostrado en Alemania y Estados Unidos, países donde to- 189
car un instrumento es tan común como hacer deportes –es parte de la
formación general–, que su práctica enseña a concentrarse, trabajar en
equipo, mejora el rendimiento escolar, el desempeño afectivo y social; es
un camino de desarrollo personal. Como ha dicho el propio Rosas, la
música es un espacio de encuentro pero también ayuda a encontrarse
con uno mismo, experiencia fundamental en la compleja adolescencia.
Rosas aglutinó varias empresas auspiciadoras para financiar las tem-
poradas de la Agrupación Beethoven en el Teatro Oriente, innovador
aspecto de gestión cultural que era tan indispensable como el cultivo
de los instrumentos o de la dirección orquestal. Ha hecho historia en
Santiago, una ciudad donde ser músico era sinónimo de irse fuera,
vivir en la miseria o perseguir algún modesto sueldo universitario. Hizo
historia como Jorge Peña Han en La Serena, Arturo Medina en Con-
cepción, Carlos Poblete en Valparaíso y Flora Inostroza en Frutillar.

SALVAR LOS RESTOS DEL NAUFRAGIO

La ciudad se venía deshaciendo, año tras año, cuando comenzó el


rescate de los últimos restos de su pasado. Fueron las universidades, la
Católica con Lo Contador, la de Chile con el Regimiento Cazadores, la
Mayor en el Claustro del Novecientos, la Diego Portales en el Barrio
Ejército, la Sek en Peñalolén, pioneras en restauraciones, reciclajes y
puestas en valor.
También las municipalidades, de Santiago –Casa Colorada, Palacio
de la Real Audiencia, Palacio de la Real Aduana, Edificio Consistorial–;
la de Providencia con su Instituto Cultural en Pedro de Valdivia, centro
cultural Montecarmelo en Bellavista, Palacio Falabella; Las Condes
con sus Casas de El Rosario como centro cultural y el proyecto de Lo
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Gandarillas para Las Condes Sur; Macul con su edificio consistorial, y


así sucesivamente.
Un alcalde de Santiago, Patricio Mekis, fue la figura más visible del
cambio. Luego de la crisis 1970-1973 que demuele la convivencia so-
cial, a la hora de recoger los pedazos se descubrió que había al menos
un pasado común, algunos edificios patrimoniales con los cuales ini-
ciar la reconstrucción del país y de la ciudad.
El joven arquitecto Hernán Rodríguez Villegas es nombrado Con-
servador del Museo Histórico Nacional en 1977 con el encargo de tras-
ladarlo desde su oculta ubicación de la época, en el estrecho costado
Oriente de la Biblioteca Nacional, al muy visible Palacio de la Real
Audiencia en plena Plaza de Armas.
Era y es un edificio de valor indiscutible, obra de Juan José de
Goycoolea, “el primer arquitecto chileno”, donde se había proclamado
a Fernando VII y donde abdicara el último gobernador español. Desde
190 ese monumento se gobernó el país en el siglo XIX, allí tuvieron sus
oficinas Diego Portales y Vicuña Mackenna, epicentro del esplendor
colonial y también el mejor símbolo del Chile unitario y progresista del
siglo XIX. Historia viva, el mejor lugar para el Museo Histórico Nacio-
nal. Con una imagen tan poderosa la palabra patrimonio, tan olvidada,
comenzó a cobrar significado. Ahí en la plaza misma, ante el kilómetro
cero del país.
Esa era la cultura oficial. Pero también hubo una obra fundacional
del mundo privado, de los empresarios Manuel Santa Cruz y Hugo
Yaconi: la Plaza del Mulato Gil de Castro, el año 1981 en el Barrio
Lastarria.
En parte reconstruyendo una vivienda popular de altura, típica de
los años treinta, el Café de la Pérgola, la librería de Enrique Lafourcade,
galerías y talleres de arte, cursos de arte contemporáneo, un pequeño
museo de arte precolombino, harán del lugar un polo de los años ochen-
ta, de reconstrucción de un ambiente cultural luego de la crisis de 1973.
Escritores, dramaturgos y actores reiniciarán ahí una interacción inte-
rrumpida por largos años de toque de queda.
Además de la Plaza del Mulato, el cine El Biógrafo de productores
de cine nacionales y el Café del Biógrafo, en la esquina de Lastarria con
Villavicencio, dan vida a un barrio y a un ambiente cultural en recons-
trucción. Cine y café tuvieron su origen en los cineastas locales, pero la
escasez de lugares urbanos de encuentro atrajo una diversidad de artis-
tas, intelectuales, periodistas, políticos, muchos de ellos retornados de
exilios vividos en países con larga tradición de cafés y bares, de tertu-
lias espontáneas.
Multifacético, el gastrónomo, cineasta y periodista Douglas Hübner
hizo de cabeza del proyecto –había tenido un restorán en Berlín, “La
Batea”, de encuentro de exiliados latinoamericanos– y también parti-
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cipan cineastas como Eduardo Tironi, Ignacio Agüero, Sergio Trabucco


y Juan Enrique Forch. Tuvieron la suerte de que el “Comando del NO”
se instalara en el barrio por lo que el retorno de la vida política y la
celebración del triunfo en el plebiscito “contra Pinochet” lo tuvieron
de centro de operaciones en esos meses; allí llegarían los simpatizantes
de Europa, Víctor Manuel y Ana Belén, Yves Montand, Franco Nero,
Fito Páez tocando en el piano del lugar.
Al otro lado del río nació “la Cultura de Bellavista”, tratando de
pasar inadvertida, de un ambiente opositor a Pinochet. Un matrimo-
nio, Mario Navarro y Marjorie Kusch, comenzó sus actividades en el
Café Ulm de la Alameda, al lado del Cine Arte Normandie que también
era un lugar de encuentro opositor en su mayoría, hasta que se sintie-
ron capaces de tener un lugar propio y a su estilo; será el Café del Cerro
en Bellavista, en una casa en la que llegaron a entrar cuatrocientos
setenta asistentes a un espectáculo musical. Arrendaban la cuarta par-
te de una casa, en una esquina a una cuadra de Pío Nono, en tanto el 191
resto lo ocupaban los talleres de danza de Patricio Bunster, Joan Tur-
ner –viuda de Víctor Jara–, talleres de pintura, una sala de ensayos del
grupo musical Santiago del Nuevo Extremo... Crecieron gracias a un
público estable que llegaría los fines de semana sin preguntar quién se
presentaba.
Muy profesional, Navarro se transforma en representante de artis-
tas variados como Eduardo Gatti y el Grupo Mazapán, y en organiza-
dor de giras a provincias con un rigor que le evitaría problemas con las
autoridades. Artistas que estaban prohibidos en televisión, especial-
mente cantautores, géneros poco masivos como el jazz, dan movimiento
a una cartelera en momentos en que la ciudad de Santiago, una década
después del 11 de septiembre, carecía de eventos alternativos. Por en-
tonces el gobierno militar suspendió el toque de queda, ese que obliga-
ba a no salir de noche o, por el contrario, a hacerlo toda la noche hasta
que llegara el amanecer y se pudiera transitar. Pero apareció un inven-
to, “la restricción de desplazamiento nocturno”; se podía salir, cami-
nando. No en vehículo. Al anochecer, entre las nieblas del Mapocho
en invierno, débilmente iluminados y fantasmagóricos, cruzaron el
puente de Pío Nono los adictos a la nueva canción chilena o al jazz de
Roberto Lecaros.
También hay un uso artístico temporal de la ciudad de esos años,
destacando las instalaciones “políticas” de un connotado grupo enca-
bezado por Nelly Richard y las pioneras obras de Francisco Brugnoli.
Por entonces vino un artista francés invitado, Georges Rousse, quien
abandonó la ciudad apenas pudo por considerarla “tan gris, tan oscura,
tan sin historia y sin espacios espirituales...”. En lugar de tres meses se
quedó una semana. Es cierto, no era mucho lo que había, sólo lugares
aislados, pero eran hijos de esfuerzos titánicos.
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COMBATIR EL GRIS DE LA VIDA

En la Plaza de Armas descubrió Claire Duhamel a Andrés Pérez. La


agregada cultural francesa se conmovió con la fuerza, el color, la vita-
lidad de ese teatro callejero electrizante –todo en 15 minutos, antes de
que llegaran los carabineros– y lo invitó a trabajar en Francia.
Pérez llegó a París. El niño tímido y enfermizo de Punta Arenas,
ese que aprendió a leer a los tres años gracias a su padre obrero de un
astillero naval, ese que anduvo de puerto en puerto –la familia emigró
a Tocopilla– y que allá en el Norte creció en contacto con idiomas,
marineros, prostitutas, un medio que aprendió a querer. Quiso ser santo
y estar con los pobres, así llegó a Santiago a un seminario para ser
sacerdote católico pero luego de tres años volvió al Norte. Fue allá un
alumno brillante, de 6.8 promedio, la mejor prueba de Física del Norte
Grande, aceptado en Ingeniería Comercial, pero andaba en otra.
192 Desde las puestas en escena en su parroquia que le rondaban las
tablas, en 1971 asume su destino. El medio universitario era militante,
politizado, en esos años en que aprende a actuar y bailar; era “el artis-
ta”. Casado con Rosa Ramírez su hijo nace el 11 de septiembre de 1973.
Es su década formativa. Para 1981 ya está listo, funda el Teatro
Urbano Contemporáneo, ese que conoce la francesa Duhamel en la
Plaza de Armas. Con percusión y zancos, maquillajes coloridos y “mi-
rando los ojos del público para que no se fuera”, su sentido del espec-
táculo ya tiene una personalidad. Era un arte hijo de la pobreza: “Cuan-
do vienes saliendo de la hospedería o de un hoyo en el metro, aterido
de frío (...), quieres combatir el gris de la vida, moverte, buscar ca-
lor...”. Así en la obra La consagración de la pobreza.
Francia fue una suerte. Trabajar en el Théâtre du Soleil, conocer
las artes orientales, el teatro callejero catalán de los años de Franco, las
danzas de Bali, para su genio creativo fueron más que inspiradores.
Protagonista de La Indiada sobre Gandhi –lo que lo hizo célebre en
Francia– y con un lugar ya propio en la escena europea, en siete años
alcanzó su plenitud.
Ya se sabe el resto. Vino de paso, Willy Semler le mostró unas déci-
mas de Roberto Parra sobre una prostituta de San Antonio llamada “la
negra Ester” y a Pérez se le vino la vida encima, sus puertos y prostíbu-
los de origen, la música de la noche, su país de pobres. Decidió quedar-
se, fundar el Gran Circo Teatro, preparar La Negra Ester.
Eran los años finales de Pinochet y se sentía el hambre de un tiem-
po nuevo; Pérez trajo color y alegría a un país ansioso de reencontrarse
consigo y con su historia. La obra apuntó medio a medio, el mundo de
Parra, el del Chile de antes que se quería recobrar; venía con un len-
guaje fresco y con una energía contemporánea. Un puente entre dos
épocas, en Puente Alto se estrenó el 8 de diciembre de 1988.
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Como un bálsamo reparador estuvo en el Cerro Santa Lucía donde


el público llega en romería, luego en carpas, calles, galpones, al aire
libre en San Antonio con sirenas de barcos atrás, todo Chile y luego el
mundo, el mayor suceso teatral de la segunda mitad del siglo XX.
Willy Semler, Rosa Ramírez, María Izquierdo, Boris Quercia, Aldo
Parodi, Ximena Rivas, una generación de actores fue tocada por el fe-
nómeno. La voz y guitarra de Los Tres, Álvaro Henríquez, aporta lo
suyo a una fiesta que parecía emerger del fondo de la identidad nacio-
nal, misteriosamente real. El centro emotivo chileno, hermético, fue
autorizado a mostrar alegría y ternura. Su teatro de máscaras hizo caer
máscaras, a un millón y medio de espectadores que simbolizaron el
sacudón interno del país.
La sutileza, la profundidad, el humor y la energía de la propuesta no
eran casuales. En Punta Arenas, Tocopilla o París, mundos cosmopolitas,
Pérez nunca dejó de sintonizar su percepción de lo chileno. Se pulía
cada vez más hasta culminar en La Negra Ester que se volvió patrimonio 193
nacional desde el día del estreno. Él mismo lo dijo al hablar de su pro-
yecto profesional: “Tendría que decir que estoy a favor de reclamar el
respeto a las tradiciones, lo cual significa ser innovador en Chile”.
No las tradiciones oficiales, sino las populares, masivas, callejeras.
Con sensibilidad de niño que quería ser santo construyó un espejo y se
lo mostró al país: Chile podría ser así de humano, luminoso.
Murió a los cincuenta años este genio, grande fue la fiesta de des-
pedida en el Teatro Providencia la noche del 3 de enero de 2001 y
miles los pétalos que cubrieron su bus al pasar por los puestos junto al
Mapocho; mal que mal, entre tanto que hizo, había sido el director de
la reposición de La Pérgola de las Flores. Casi no conoció el siglo nuevo
pero fue suficiente lo que hizo en el XX, darle un final vibrante, sensi-
ble, alegre. Quedó la fiesta en el aire, pero ya no sería la misma; se
murió el director.
¿Qué sería de la capital sin sus provincianos? La ciudad es una
creación colectiva, un producto de Chile entero. Así como su parro-
quia de barrio, cada centro cultural de provincia, o comunal en las
grandes urbes, es una posibilidad de dar espacio a una vocación trans-
formadora, creadora.

PUNTAL DEL ORIENTE

La Disquería Fusión en el Bulevar Drugstore, que abrió en 1981 junto


a la Librería Altamira y el Café Tavelli en el mismo lugar, contribuyó a
crear un punto central de Santiago Oriente, un encuentro de artistas e
intelectuales luego de varios años sin presencia urbana.
El lugar tenía algo del resplandor de los sesenta cuando fuera em-
blemático epicentro del hipismo de Providencia, los años de Palomita
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Blanca. Con capital familiar, un joven Carlos Fonseca de diecinueve


años abre esa disquería: una pantalla gigante en la vitrina transmitien-
do videos de conciertos célebres anuncia su presencia, especialmente
trabajos de Led Zeppelin y The Doors –de los que trajo los catálogos
completos– para recuperar el público sesentero.
La disquería hizo historia, cambió tendencias, avivó un escenario
muerto. Fonseca organizó giras de los grupos rock chilenos de los ochen-
ta, despertó un ambiente dormido luego de varios años de canción
popular neutra y comercial. La revista Mundo Diners, dirigida por su
hermano Mario le permite a Carlos aumentar su presencia con una
columna mensual: será el rostro del nuevo rock chileno de los ochenta
al abrirle grandes espacios para su difusión creando un público estable,
un espacio donde junto al rock se dan a conocer el New Age y la New
Wave.
La llegada del Tavelli en 1983 se sumó a ese enclave urbano de en-
194 cuentro, junto a la Librería Altamira de Jorge Edwards, haciendo del
Drugstore un foco cultural para todas las comunas de Santiago Oriente,
Providencia, Las Condes, Vitacura, La Reina... Raúl Zurita, Bororo, Sami
Benmayor, Cristián Warnken, Julio Jung, David Turkeltaub, Marco An-
tonio de la Parra... Las columnas de Alberto Fuguet en El Mercurio, con
un personaje santiaguino joven, tienen ese entorno como escenario.
El Tavelli expandió la cultura del café hacia Santiago Oriente, con
ese local dirigido por uno de sus dueños, Livio D’Alessandri, un italia-
no que llegara joven a Chile. Su local, frente al Teatro Municipal en el
edificio del cine, una venta de motonetas y bicicletas de su país –Lam-
bretta, Vespa, Legnano...– fue célebre en los años sesenta. Al advertir
la escasez de helados se instalaría con la marca Savory, también de
éxito con sus chocolitos y creminos, empresa que luego le compraría
una cadena internacional. Entonces apostó a la cultura del café, tan
tradicional en su tierra, con socios compatriotas, los Tavelli.

RINCONES VISUALES

Los años setenta también desnudan la escena de las artes visuales. La


crisis cultural se hace obra después de 1973 en cuerpos yacentes, vísce-
ras, materiales de desecho, metáforas que exhiben algunas galerías como
Carmen Waugh, Época y Cromos. Al mismo tiempo emerge un cre-
ciente apoyo de empresas privadas que, además, inician concursos do-
tados de premios importantes, fenómeno inédito en el país: Colocado-
ra Nacional de Valores, Fundación del Pacífico, Banco Hipotecario...
Luego Cervecerías Unidas, Minera La Escondida, CMPC, Banco Edwards,
Banco Santander, Chiletabacos, Copec, Nestlé, Almacenes París, Tele-
fónica Chile y Parque Arauco, entre otras, proceso que irá en aumento
y que en 1999 se acerca a los diez mil millones de pesos en auspicios al
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arte y la cultura, siendo las artes visuales las más favorecidas. El proce-
so culmina cuando Seguros Cruz del Sur y Telefónica Chile incorporan
espacios de arte en sus edificios corporativos.
Francisco Javier Court, desde su cargo directivo de la Corporación
Cultural de Las Condes, encabeza la acción más abierta y sostenida de
la época, comenzando en 1978 con una exposición de la Pintura
Contemporánea de Chile que se abre a Claudio Bravo, Guillermo Núñez
–que había sido expulsado del país en 1974–, José Balmes, Gracia Ba-
rrios. La Galería Época de Lily Lanz, con Nemesio Antúnez, Germán
Arestizábal, Carlos Ortúzar, es otro espacio indispensable.
Se consolidan nombres importantes, sólidos, como (por nombrar
algunos) Alfredo Jaar, Eugenio Dittborn, Mario Toral, Benito Rojo,
Benjamín Lira, Gonzalo Díaz, Arturo Duclos, Gonzalo Cienfuegos, Car-
men Aldunate, Patricia Israel, a los que se sumarán Carlos Maturana
(Bororo), Matías Pinto D’Aguiar, Adolfo Couve, Pablo Domínguez,
Sami Benmayor, Francisco Smythe, Carlos Montes de Oca y Jorge Ta- 195
cla, una constelación que emerge en los años ochenta con una fuerza
que por primera vez se expande ruidosamente por los medios de co-
municación, lo que permite la aparición de un número relevante de
galerías de arte.
También entre los escultores los nombres consagrados se multipli-
can, desde Marta Colvin, Lily Garafulic, Federico Assler, Mario Irarrá-
zabal, Francisco Gazitúa, Aura Castro, Sergio Castillo, Vicente Gajardo,
Osvaldo Peña, Juan Egenau, Matilde Pérez, Raúl Valdivieso, Matías
Vial, Francisca Cerda, Gaspar Galaz, hasta figuras nuevas donde resalta
la presencia femenina, Romagnoli, Ovalle, Echavarri entre otras.
Es una vitalidad que impide hasta la enumeración de sus cultores
más importantes. Tras la denuncia y la experimentación desesperada
reaparece el color en la pintura, manchas deslumbrantes o la sereni-
dad de lo clásico, camino de una reconstrucción espiritual, además de
intuiciones del territorio y del hombre de Chile. Pedazos vitales y útiles
para retornar a la vida luego de años sombríos, una libertad conquista-
da por los propios artistas que, reconocidos, comenzarán a tener lugar
empresas, viviendas, incluso en calles y plazas.
Cuando culmine la década, en 1990, con la entrega del Premio
Nacional de Arte a Roberto Matta, y se exponga parte de su obra en el
Museo Nacional de Bellas Artes, el ciclo habrá terminado.

EL CAFÉ Y SU CULTURA

En los noventa se multiplican los cafés del centro, cultura que, aun-
que de antigua data en Santiago, había languidecido tras la desapari-
ción de los que sustentaran las vanguardias de los años treinta y cua-
renta: el Goyescas, La Novia, el Rex o ese Café Miraflores, donde Israel
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Roa, Neruda, Acario Cotapos, Luis Oyarzún, Francisco Coloane, así


como los refugiados españoles, le dieran enorme animación.
En los sesenta había sido igualmente célebre el Café São Paulo en la
calle Huérfanos, donde convivirían Enrique Lafourcade, Claudio Gia-
coni, Braulio Arenas, Martín Cid o Luis Sánchez Latorre, pero la cos-
tumbre moriría en los años siguientes. Sobrevivieron pocos en esos años,
como El Bombón Oriental gracias a su estratégica ubicación junto al Tea-
tro Ictus, pero falto de espacio para cobijar una tertulia importante.
En los en años noventa vuelven en majestad: El Café del Parque con
diarios de varios países, El Viejo Farol en Ismael Valdés Vergara, El café
del Bellas Artes dentro del museo, el Café de la Plaza en la Plaza del Mu-
lato –que generó tertulia y parroquianos entre actores y escritores–, el
Café Escondido en la calle Pasaje de Rosal, recientemente el de Cristián
Warnken y Danitza Pavlovic con librería en la calle Mosqueto, el que
instalaran Alsina y Camiruaga en la Biblioteca Nacional, el del año 2003
196 en el Teatro Municipal, el Café Santiago en José Miguel de la Barra con DJ
en vivo, el Café Fábula en Merced, son parte de una explosión cada vez
más sofisticada con café de diversos países, mezclas y agregados.
No todos logran tener una clientela artística o intelectual estable,
con tertulia en vivo, pero la mayoría genera un ambiente de conversa-
ción, la tradición mediterránea, distinta al bar. Un lugar de ocio, inclu-
so en la mañana, idealmente con terraza a la calle, lugar para estar solo
o encontrarse; lugar urbano por excelencia en Turquía, los países ára-
bes, España, Italia, Francia, en general en torno al Mar Mediterráneo,
y que aporta uno de los tipos de espacios más ricos de una ciudad. Un
mundo que alcanzara su apogeo cultural con los cafés literarios de Pa-
rís, cultura que exitosamente cundiría en la América del siglo XIX. Aquí
se multiplican en torno al Bellas Artes, en el barrio de ambiente más
afrancesado de la ciudad con sus calles irregulares y arquitectura histo-
ricista, testimonio de la cultura del Novecientos cuando Santiago se
preparó para recibir el Centenario de 1910 con un ambiente europeo.
En este retorno del Centenario para el Bicentenario destaca como
un símbolo la reapertura del más longevo de todos, el Café Torres en el
Palacio Íñiguez de la Alameda esquina de Dieciocho, hogar de parro-
quianos de numerosas generaciones que allí se forjaron y convivieron
y que, con su reapertura, le da vigencia a ese pasado que se remonta a
la llegada de Rubén Darío a Santiago, sus tertulias de artistas e intelec-
tuales pensando América, América Latina, Chile, la región, la ciudad.

NOCHE DE MUSEOS

Al mes de enero le estaban faltando eventos. Mes en que el calor de


las tardes invita a no moverse, de noches largas, las horas después del
crepúsculo llaman a salir a la calle. Esta señal climática tiene cada vez
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más respuestas, desde el Teatro a Mil y el Festival de Cine de la Univer-


sidad Católica hasta los bares de Bellavista que contratan músicos, los
que así han nutrido a un público cada vez más masivo.
La Noche de los Museos, iniciativa del Museo de Artes Visuales con
el Bellas Artes, el de Arte Contemporáneo, el Precolombino y el de
Santiago Casa Colorada, con el apoyo de la Municipalidad de Santiago,
abiertas sus puertas y con actos en vivo, es una nueva tradición.
En un siglo XXI marcado por el ciberespacio, con millones de nau-
tas navegando al unísono por las supercarreteras de la información y
en que el territorio físico comienza a ser desplazado por la velocidad,
toda iniciativa que lleve público a las calles, al espacio público, es un
aporte a la cultura urbana.
Aunque se anuncien territorios y ciudades sin espacio físico, sin
experiencias reales en favor de un mundo puramente virtual, el ser
humano se resiste. Si le quitan el mundo real es capaz de sentarse
frente a un televisor, todos los días, para observar el mundo real de 197
otros... El reality show satisface una necesidad, por eso existe y se pro-
paga sin cesar.
Pero también aumenta la cultura de salir a la calle, entrar a un
museo del casco histórico –cada vez mejor iluminados en sus facha-
das– ver su muestra nueva, asistir a un espectáculo, demorar el regreso
en el consumo conversado de un restorán, asistir al espectáculo de
personas reales caminando por la vereda.
Sirvió el toque de queda para valorar la calle. La espera indefinida
a lo largo de mil noches silenciosas en que sólo era viable el paso del
jeep militar, del camión militar, incubará el hambre del espacio urba-
no, en bien de las ciudades. Cuando termine saldrá el santiaguino a la
noche, estirando su cuerpo, soltando los pasos, como las fieras tras el
largo invierno al advertir las primeras tibiezas de la primavera, a aus-
cultar el mundo, la ciudad, qué ha quedado luego de los hielos y las
lluvias torrenciales, reconocer, aprender a caminar de nuevo por este
nuevo territorio. Luego emergerán tribus urbanas, nómades adoles-
centes, subcentros, una diversidad con complicidades de vestimentas,
de músicas, de ciertos lugares, que Santiago de Chile jamás había co-
nocido. En el toque de queda, silencioso como un útero, se incubó la
metrópoli. Aparecerán cronistas como Pedro Lemebel de esos nuevos
imaginarios, esos nuevos resquicios, intentando rehilar los residuos de
quienes van “navegando calmos, por el deterioro de la utopía social”
(La esquina es mi corazón).

SIGLO XXI

El gobierno de Ricardo Lagos, más que los de Pinochet, Aylwin y Frei


Ruiz Tagle, posicionó el tema cultural en la agenda pública; al inicio de
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su mandato anunció nueva institucionalidad cultural, sede en Valpa-


raíso, la creación de grandes centros culturales en las principales ciu-
dades, recuperación de espacios públicos como lugares de encuentro y
recreación, mejoras en la gestión del arte y la cultura, estímulos para
las creaciones de los pueblos originarios, más recursos estatales, Plan
de Infraestructura Cultural, previsión de los artistas, nuevo Teatro
Municipal para Santiago...
La crisis de 1998, que se prolonga por varios años, paralizará ese
empuje. Habrá algunos avances, a pesar de todo, comenzando por la
propia apertura del Palacio de la Moneda al público. Se recupera la
Plaza de la Constitución como espacio artístico. En el año 2003 se cele-
bra un gran concierto de cierre de temporada de dieciséis orquestas
juveniles e infantiles de Santiago, cierre a cargo de la más grande or-
questa de Chile, la Sinfónica Estudiantil de la RM, ciento veinte músi-
cos, formada por becados que viven en la región, de entre doce y die-
198 ciocho años y por los más destacados de las juveniles e infantiles de
Santiago; dirigidas por Felipe Hidalgo interpretarán a Mussorgsky, Ra-
vel, Holst... Luego será una masiva fiesta tecno, de varias horas y miles
de jóvenes asistentes y sin desórdenes, lo que permitirá insistir en la
iniciativa
En el año 2003 el Centro Cultural Estación Mapocho tuvo ocho-
cientos mil asistentes a sus espectáculos y congresos, más de cuatro mil
personas diarias, testimonio de la necesidad de espacios en la ciudad.
Para una temporada de teatro ya consolidada –Estación Teatro–, un
número internacional de calidad como Mayumaná, conciertos popula-
res de música como el de la Electric Light Orchestra, ballets y concier-
tos gratis, Bienales de Arquitectura y Ferias del Libro.
El año 2004 se inicia con un Centro Cultural Matucana 100 bien
consolidado; cine de trasnoche, cine familiar, teatro, IV Festival de Dra-
maturgia, conciertos, ópera electrónica, exposiciones fotográficas rele-
vantes –BIG Magazine, Deseo–, Danza Teatro, Danza y Teatro Familiar.
Santiago Oriente ha descubierto Santiago Poniente, el Parque Fo-
restal, la vida urbana, las nuevas generaciones se desplazan sin barre-
ras a Matucana, a San Miguel, a cualquier galpón de fiestas o evento;
también tras el comercio de ropa usada o música envasada se cruzan
barrios; desde el camino a Farellones para ver la ciudad hasta los baila-
bles en el camino a la costa, desde el tour del Cementerio General por
el Norte a las fiestas del camino al Sur.
Dentro de la generación más urbana, la que tuvo en la Zona de
Contacto de El Mercurio una primera aparición pública, emergió –luego
de las décadas de toque de queda y debilitamiento de la vida nocturna–, la
ansiedad y el encuentro de un Santiago mucho más complejo, rico y
diverso que el oficial, con todos esos lugares y personajes que regis-
trará con éxito Sergio Paz en su bestseller Santiago bizarro. Algunos
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sobrevivientes a la crisis como El Rey de los Tallarines de familia italia-


na, de los años cincuenta; un lugar popular de la calle Franklin con
una pinacoteca propia de más de doscientas telas y la mejor chicha de
la ciudad según algunos; el pub “La Fuga” donde los privados son cel-
das dentro de una arquitectura de inspiración medieval; el Aníbal Troilo
Tango Club de la calle Cumming que parece extraído de los años cua-
renta; el Ciro’s Bar que abre a las ocho y media de la mañana para
recuperarse de una noche larga con caldos y pailas; los martes femeni-
nos del centro de Eventos Kayman en Vicuña Mackenna; el Nautilus
donde nadan sirenas humanas en un acuario cerca de la Plaza Baque-
dano...

EL NUEVO SIGLO

Aumentan las disciplinas artísticas e incluso en las tradicionales au-


mentan las escuelas universitarias, los cultores, los espacios. Movimien- 199
tos, tendencias, generaciones. Si la Región atrajo latinoamericanos en
los años treinta, cuarenta y sesenta, nuevamente está recibiendo, ade-
más, jóvenes o cultores de otros países.
El mismo Catastro Cultural de la Región deja ver que, aun cuando
la metrópoli es un imán irresistible para los habitantes de las demás
provincias, hay en ellas innumerables grupos musicales, talleres de ar-
tes visuales, artesanos, grupos literarios y, en general, una dinámica
autónoma.
Aunque la infraestructura es claramente insuficiente, hay más es-
pacios, oportunidades, becas y concursos que hace un cuarto de siglo.
También ha crecido el peso de algunas instituciones en el mismo perío-
do, como es el caso del Teatro Municipal que, conducido por Andrés
Rodríguez, es un referente indiscutible y cuyo éxito deja en evidencia
la necesidad de construir un nuevo espacio para completar la oferta de
conciertos, óperas y similares. No hay, por ejemplo, un espacio para la
música de los compositores locales contemporáneos.
La Feria Internacional del Libro también es una tradición consoli-
dada, más o menos acertada en la elección de figuras extranjeras pero
siempre presente en la Estación Mapocho a fines de cada año, con mi-
les de visitantes que esperan calmar en esos días su sensación perma-
nente de que el precio de los libros es muy alto para un bolsillo medio:
lo que se traduce en la escasez de librerías e incluso en su ausencia
total en muchas comunas de la Región.
Esa realidad ha hecho aumentar la demanda de bibliotecas, la apa-
rición de bibliotecas móviles. El año 2004 se inaugura un excelente
espacio en Matucana 151, el antiguo complejo de la Dirección de Apro-
visionamiento del Estado totalmente reciclado como nueva Biblioteca
de Santiago. Aunque el extenso espacio de más de diez mil metros
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cuadrados, modernizado, abre con ciento cincuenta y cinco mil volú-


menes, tiene el propósito de llegar al Bicentenario con el doble de ellos
constituyéndose en un servicio a toda la Región Metropolitana. Su
ubicación es óptima ya que está a pocas cuadras del que será el princi-
pal centro intermodal de transportes de la región, ubicado este en Ma-
tucana esquina de Catedral y donde confluirán el sistema Metro y un
terminal de buses a escasa distancia de la Estación Central que se abre
a la zona Sur de la Región.
El cine vive un nuevo ciclo positivo en la producción local, inaugu-
rado por Ricardo Larraín con “La Frontera” cuya calidad recobró la
confianza del público en el cine chileno. Tras ella han sido varias las
que han obtenido miles de espectadores: “Sexo con Amor”, “El Chaco-
tero Sentimental”, recientemente “Machuca”, antes también “Johnny
Cien Pesos”, “Gringuito”, “Be Happy”, entre otras. Sigue casi ausente
el cine latinoamericano y europeo en las salas convencionales, casi
200 únicamente distribuidoras de las producciones de Estados Unidos.
La radio, siempre de gran influencia en Chile, ha conquistado pú-
blico y nuevos horarios, muy segmentada, con una oferta amplia de
géneros musicales, conversaciones a la hora del taco, opinólogos, ser-
vicios de utilidad pública, transformándose en uno de los ámbitos más
eficientes y masivos de la Región. El medio televisivo también tiene
más señales y se abrió a la competencia privada; sin embargo, escasa es
su oferta de espacios para el arte y la cultura destacando el nacimiento
de la señal TV 13 Cable orientada a este nicho. Un fenómeno ha sido el
de las entrevistas de Cristián Warnken, un espacio que, sin ninguna
farándula ni efectos, sin escenografía ni concesiones, entrega una hora
de conversación sólida con entrevistados que pasan por todo el espec-
tro de la filosofía, la literatura, las artes visuales, la antropología, las
ciencias, en los años recientes también con personalidades internacio-
nales. Espacio que, a pesar de los prejuicios del medio, conquistó pú-
blico de todos los niveles educacionales. Antes que Warnken hubo otras
figuras que también demostraron las posibilidades del medio: Jorge
Dahm, Nemesio Antúnez, Hernán Precht, Claudio di Girolamo... Una
nueva señal es la aparición de un canal privado en la población La
Legua, testimonio de un posible futuro para muchas comunas gracias
al menor costo de los equipos de grabación y producción.

SEÑALES OPUESTAS

El año 2003 será recordado por dos noticias determinantes de la acti-


vidad artística y cultural. Por una parte, se modifica la Ley Valdés o Ley
de Donaciones Culturales, la que impulsara el senador Gabriel Valdés
en 1990 y que ha canalizado más de veintisiete mil millones de pesos
en este breve período, un apoyo que superó por lejos toda la actividad
A RTE Y C ULTURA

de auspicios de empresas de las décadas anteriores. Es una ley que


cambió la realidad nacional en este ámbito.
Ella permitía que una empresa donara hasta el 8% de su renta
líquida imponible, lo que muchas comenzaron a hacer financiando una
enorme cantidad de actividades y productos culturales. La nueva Ley
de Donaciones no sólo rebaja al 4,5% los eventuales aportes; además,
el arte y la cultura compartirán ese porcentaje con los aportes que las
empresas hagan al deporte, entidades sociales –como el Hogar de Cris-
to que vio disminuir drásticamente sus colaboraciones–, la educación y
los partidos políticos.
Más aún, la ley prohíbe las contraprestaciones; la empresa ya no
podrá repartir entradas a los espectáculos que auspicia o entregar gra-
tuitamente ejemplares del libro que financió. Por lo tanto, el beneficio
que recibía en su imagen corporativa, como empresa que promueve el
arte y la cultura, su principal estímulo directo, desaparece.
La actividad se paralizó de inmediato e incluso el Comité de Dona- 201
ciones Culturales dejó de entregar, por completo, los certificados a las
empresas. Numerosos proyectos se suspendieron, comenzando por la
venida de Plácido Domingo al Parque Forestal.
No hubo, desde el Ministerio de Hacienda o de Impuestos Internos,
diálogo previo ni explicación posterior. El propio senador que impulsa-
ra la ley original, Valdés, preguntó públicamente: “Si el gobierno per-
mite la participación de privados en infraestructura, en educación, en
salud, ¿por qué no en cultura, que es un área tan importante y que el
Estado no puede financiar solo?”
Es efectivo que algunas universidades abusaron de los beneficios
de la ley, así como también ciertas empresas en relación a las contra-
prestaciones. En lugar de sancionarlas se eliminó esa notable apuesta
legal que financió una cantidad de iniciativas nunca antes vista en el
país. Como dijera el director de la Corporación Cultural Estación Ma-
pocho, Arturo Navarro, “pagaron justos por pecadores”.
En cambio, se creó con rango ministerial un Consejo Nacional de
la Cultura y las Artes. Aquí sí se abrió espacio a la sociedad civil al
incluir, en cada Región y en cada Consejo Regional, ocho miembros
representantes de la ciudadanía junto a los tres del sector público, ade-
más de crearse Consejos Consultivos también abiertos.
En esta institucionalidad, responsable de generar políticas cultura-
les culmina un proceso iniciado por el gobierno de Patricio Aylwin, el
año 1992, con los Fondart. Estos fondos, también generadores de re-
cursos muy superiores a los del pasado, al año 2004 habían aportado
cuarenta y siete millones de dólares; más o menos dos tercios de la
cartelera teatral (que significa ciento sesenta obras anuales los últimos
años), un porcentaje similar de la producción cinematográfica (son unos
diez los estrenos anuales recientes), la mitad de los montajes coreográ-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

ficos anuales (en la actualidad unos cuarenta, cifra relevante para una
disciplina de data reciente y debida a la llegada de extranjeros, Ernest
Uthoff, Andrée Haas, Kurt Joos, Karen Connolly...) y así en las demás
disciplinas. Se agregaron iniciativas específicas, como el Día del Patri-
monio Cultural abriendo edificios patrimoniales al público, y las Fies-
tas de la Cultura gratuitas en espacios públicos, que de paso dejaron a
la vista la escasez de lugares adecuados para eventos multitudinarios.
A ello se fueron sumando el Consejo Nacional de Libro y la Lectu-
ra, una institucionalidad para la música, una ley del cine, protección
legal para los artistas en su desempeño laboral, todo ello centrado aho-
ra en el Ministerio cuya sede se estableció en Valparaíso; del que se
espera pueda revertir la modificación de la Ley Valdés para que estos
aportes públicos se sumen a los privados.
La Intendencia Regional y el Gobierno Regional han asumido, den-
tro de las Bases de su Estrategia de Desarrollo, una reflexión global del
202 territorio y sus atributos, cuya fase final fue encargada a un equipo
interdisciplinario de la Universidad Católica. Hay conciencia de que si
la Región quisiera posicionarse a nivel internacional, sea como centro
financiero, de negocios y/o de eventos, requerirá infraestructura, imá-
genes más claras de sí misma, eventos que potencien su identidad a
nivel subcontinental, más arte y más cultura tanto para sus habitantes
como para consolidar una deseada “vocación internacional”.
Esta empresa tiene una asociación natural dentro de la nueva ins-
titucionalidad, con el Consejo Regional Metropolitano de la Cultura y
las Artes. Esta alianza, inédita y funcional a la escala de un territorio
capaz de gravitar en el subcontinente, tiene un particular desafío; la
vitalidad regional ya es muy significativa tanto en el arte como en la
cultura, en casi todos los niveles; pero, por alguna razón, no es visible
para sus habitantes ni para los turistas que llegan a ella en números
crecientes.
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

HACER CIUDADES EN EL TERRITORIO

... y luego la ciudad ardía, crepitaba


como una estrella,
y que se sepa que sus rayos prepararon mi entendimiento
la ciudad era un barco verde
y partí a mis navegaciones...
PABLO NERUDA, Extravagario

EL OTRO SOÑADOR 203

Después de Benjamín Vicuña Mackenna destaca Carlos Carvajal en-


tre los grandes visionarios de Santiago, autor de La ciudad lineal del
Centenario, plan que abría diagonales desde el casco histórico para faci-
litar una rápida conexión con los barrios. Poco respetuosas de la trama
de la ciudad, caras por los costos de expropiación involucrados, esas
vías eran difíciles de aplicar.
Pero el proyecto tiene aspectos más interesantes, incluso de orden
territorial y, de haberse construido, la capital sería una urbe descollan-
te en la historia de las ciudades. Incluía una colonia agrícola lineal
desde la Plaza Italia hasta los Baños de Apoquindo, una Gran Pobla-
ción Lineal Jardín desde el Zanjón de la Aguada a San Bernardo –que
presentó en la Sociedad de las Naciones y fue considerada para trazar
la carretera hacia esa ciudad– y una tercera hasta Maipú, como gran
acceso occidental a la capital.
Esos tres brazos ordenarían el crecimiento de la ciudad concen-
trando las poblaciones, que ya manchaban sus bordes, articulando la
expansión con parcelas que, de quinientos metros de ancho a cada
lado de una carretera central, harían respirar a la ciudad con sus huer-
tas. Era el inicio de un gran proyecto para organizar la actual Región
Metropolitana a lo largo del sistema férreo.
Dentro de la ciudad habría un anillo de parques que, con el mismo
concepto y similar trazado, hoy plantea recuperar el actual proyecto
del Anillo Interior del Bicentenario. La diferencia es que unía la Plaza
Italia al cerro San Cristóbal con un área verde que lo bordeaba y, luego
de un giro para pasar frente al Cementerio General y rodear el cerro
Blanco, unía Santiago Norte al casco central. Lamentable es que no se
haya hecho entonces, con acceso a terrazas-miradores en los cerros,
privilegio que ofrece la topografía de la capital. También Santiago Sur
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

habría alcanzado una dignidad urbana que estuvo lejos de lograr en el


siglo XX, al urbanizar el Zanjón de la Aguada.
La revista española Ciudad Lineal, inspirada en los postulados del
más relevante urbanista español, Arturo Soria y Mata, le siguió la pista
al chileno desde 1912 a 1928 reproduciendo sus ideas al igual que otras
publicaciones europeas. Era uno de los urbanistas latinoamericanos
más citado en esos años por responder su propuesta a los temas crucia-
les del momento; expansión de la ciudad, mejoría de la calidad de vida
con espacios verdes, soluciones para la escasez de vivienda social y
respuestas a las demandas del transporte público motorizado.
Aunque seguidor de Soria en sus avenidas lineales, Carvajal se dis-
tinguió por unirlas a ese anillo interior, tal vez inspirado en el Camino
de Cintura propuesto por Vicuña Mackenna. La revista española lo
describe así: ...“esta Avenida del Centenario será una gran vía de se-
senta metros de anchura, con doble línea de tranvías eléctricos en co-
204 municación con los del centro de la ciudad; con anchos andenes, debi-
damente pavimentados, con amplias y cómodas aceras, con plantación
de varias hileras de árboles y macizos de arbustos y flores”... A ambos
lados se venderían sitios a largo plazo, donde los propietarios construi-
rían sus viviendas “saludables, felices, confortables, rodeadas por jardi-
nes y árboles...”.
La revista Zig-Zag, N° 398, de 1912, también celebró la Ciudad del
Centenario o Proyecto de Transformación de Santiago de Carvajal. Incluso,
publica una caricatura del urbanista en que este aparece junto al Ba-
rón Haussman, quien, como autor del plan de París, era en Chile la
figura mundial más reconocida. Arte y Arquitectura, revista chilena, en
1929 le dedicó otro reportaje: “Carlos Carvajal Miranda, la Transfor-
mación de Santiago”.
El Madrid de Soria de 1882 tampoco se concretó más que en cinco
cuadras, en una época en que las autoridades no imaginaban lo ne-
cesarias que serían para las ciudades del futuro las avenidas para el trans-
porte motorizado y las áreas verdes. En 1906 conoció Soria al chileno –se
especula si los vincularon logias masónicas– y se mantuvo en estrecho
contacto hasta 1920, año en que murió el célebre impulsor español de
las ciudades lineales.
Poco después el grupo francés Ascoral planteó en un congreso de
urbanismo (CIAM) la idea de “las ciudades rutas”, lo que inspirará a
Carvajal, en 1929, para entregar una propuesta que uniera Santiago
con Puerto Montt por un eje vertebrado por el ferrocarril que impulsa-
ría el desarrollo agroindustrial del país y, en 1939, una Colonia Agríco-
la Lineal de Santiago a Concepción.
Revistas europeas y de Estados Unidos siguieron sus propuestas
con un interés muy superior al que despertaron en las autoridades
chilenas, mientras Santiago seguía creciendo como una mancha, sin
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

vías articuladoras, con poblaciones sociales dispersas, falto de grandes


vías y espacios verdes. Sólo el Plan Intercomunal de 1960, que recupe-
ra la necesidad de anillos –y que tampoco se aplicó como fue ideado–,
y el actual Anillo Interior Central del Bicentenario, intentarán organi-
zar esta explosión urbana.

LA SOMBRA DEL CREADOR

El que vive en una ciudad marcada por el signo de la belleza vive


mejor. Encuentra placer en su recorrido, está conforme con el destino
que lo hizo nacer en ella; el propio Pedro de Valdivia quiso que Santia-
go fuera una ciudad “deleitosa a la vista”. Eso bastaría para que la tarea
de embellecer la ciudad fuera una labor específica, asumida por sus
autoridades y vecinos. Después de todo, en palabras de Gabriela Mis-
tral, “belleza es la sombra del Creador sobre la tierra”.
Como en los pueblos precolombinos ante la naturaleza, se recono- 205
ce que el contacto con lo bello eleva al hombre, lo pone en sintonía
con lo mejor de sí mismo, lo vincula al misterio, al espíritu. El hombre
antiguo, el de caseríos, pueblos y ciudades pequeñas, vivía aún inmer-
so en el paisaje natural, gozaba de su irradiación, tocaba la belleza de
cerca. Pero en la ciudad del siglo XX, en la megalópolis, le corresponde
al hombre asumir esa tarea, reemplazar la belleza del entorno natural
ya distante por la belleza interna de la propia ciudad; crear sus escena-
rios.
Esa tarea y desafío, el impacto sobre la población, han sido vasta-
mente reconocidos a lo largo de la historia, y así es como el Papa
Julio II en Roma, o Luis XIV, Napoleón III y recientemente Miterrand
en Francia –quien anunció el inicio de una “civilización de la ciudad”–
han buscado, intencionadamente, alcanzar una imagen urbana inde-
leble. Sus obras constituyen un patrimonio común, espacios de la vida
pública que derrotan la soledad de los habitantes, oportunidades de
acercarse al arte y la cultura, condensadores de tradiciones históricas,
son un desafío para los arquitectos y artistas.
Nuestra ciudad ha ido creciendo con esfuerzos célebres en ese sen-
tido, como la Alameda diseñada por Bernardo O’Higgins y recreada
con su culminación en el Cerro Santa Lucía por Vicuña Mackenna. La
obra del gran intendente había sido la única intervención integral de
la ciudad luego de trazarse la cuadrícula fundacional; el Camino de
Cintura, a lo largo de la avenida que lleva su nombre, las avenidas
Matta y Matucana y el Mapocho ampliaron el casco céntrico, trazaron
un nuevo escenario más vasto y dejaron sobre la mesa la tarea de orga-
nizar la vialidad, las áreas verdes, el transporte dentro de ese perímetro;
así como, además, el transporte periférico mediante un ferrocarril
de circunvalación que uniría las estaciones Mapocho, Central, Yungay,
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Providencia, Franklin, lo que efectivamente se fue haciendo –salvo la


unión de las estaciones Providencia y Mapocho– para vincular la re-
gión y el resto del país con la ciudad capital. Y con una imagen urbana
coherente, incluso magnífica en algunos hitos.
Eso estaba claro en el Santiago del Centenario hace un siglo. En las
obras que completaron el cerro Santa Lucía con la notable escalinata
Sur Poniente, el Parque Forestal con el Museo de Bellas Artes, el inicio
de la construcción del gran palacio para la Biblioteca Nacional, la ar-
quitectura de la Estación Mapocho. En todos ellos leemos con lucidez,
voluntad de hacer una ciudad dotada de belleza. Lo mismo sucedía en
los proyectos locales: la construcción del barrio en torno a la Avenida
Pedro de Valdivia con sus casonas pintorescas y algunas palaciegas, o
en el Llano Subercaseaux.
En los años treinta y cuarenta del siglo XX fueron la Plaza Baque-
dano, el Parque Balmaceda, el Barrio Cívico, al fin una nueva visión de
206 la ciudad como un todo luego de medio siglo y más desde el impulso de
Vicuña Mackenna, donde nuevamente fue necesaria una visión –que
ahora corrió a cargo del urbanista Karl Brunner– y de un político eje-
cutor como el ministro de Hacienda Gustavo Ross. Al valorizarse el
terreno céntrico, y en forma decreciente a medida que se alejaban de
él, organizó una jerarquía para la ciudad con el Barrio Cívico como
núcleo monumental y moderno, desde el cual se irradiaría la secuen-
cia, visión propia de un Estado fuerte tal como los que se promovían
en la Europa de la época.
Después vino la explosión urbana, se perdió la escala, se confun-
dieron las metas ante las urgencias, se privilegió el automóvil, la circu-
lación. Esto, en todo el mundo, al decir del Premio Nobel y etólogo
Konrad Lorenz, es “uno de los diez pecados capitales del hombre contem-
poráneo”, el de la pérdida de la belleza en el entorno humanizado. Santia-
go fue parte de esa decadencia, se empobrecieron sus parques, sufrió la
aparición de barrios industriales carentes de diseño urbano –monóto-
nos y agresivos en su falta de belleza–, la multiplicación de edificios
que solucionaban la escasez de suelo pero ensombrecían las calles y
rompían el tejido urbano.
Llegó entonces lo que Richard Sennett llamó el miedo al caos, la
urgencia planificadora por controlar el desorden, la congestión, la su-
ciedad y la delincuencia, alentando el deseo de un orden perfecto, tec-
nológico, sin resquicios, virtualmente inhumano por su vocación dic-
tatorial y controladora, dando por olvidada la ciudad medieval y sus
iglesias, mercados, teatros y calles donde nobles y plebeyos se mezcla-
ban en una comunidad que compartía el mismo Dios; y dando también
por olvidado el Contrato Social de Rousseau que sería ahora imposible
al no haber contacto social, según denunciaran Edward Blakely y Mary
Gail Schneider en 1998.
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

La inserción del modelo norteamericano, pero sin un orden urba-


no sino a medida que los inversionistas inmobiliarios ofrecían suelos
urbanizados, no tuvo orden ni planificación. Más que los barrios y sec-
tores de la ciudad triunfó la lógica funcionalista del automóvil. Hacer
ciudad era construir avenidas, calles, autopistas que permitieran una
circulación rápida de un sector a otro. Lo que se hiciera en estos ya
correspondía a la iniciativa privada. Los grupos más influyentes se tras-
ladaron hacia el Oriente, los menos debieron buscar vivienda social,
allí donde se les ofreciera, en los demás puntos cardinales. Los subur-
bios, sin la cantidad de automóviles por vivienda de Estados Unidos,
impulsaron la aparición de una densa red de microbuses que atestaría
las calles para trasladar población desde y hacia sus lugares de trabajos,
por largas distancias.
No hubo liderazgos para ordenar la transición ni tampoco respaldo
al mundo profesional, lo que se refleja en la ausencia de arquitectos
urbanistas a la cabeza de ministerios relacionados o de municipalida- 207
des. Una excepción fue el arquitecto y alcalde de Santiago, Manuel
Fernández, quien ya en 1958 planteó la necesidad de un Gobierno
Metropolitano que, al margen de lo pasajero de las autoridades, fuera
un organismo supraterritorial, supraministerial y supratemporal que pu-
diera enfrentar a mediano y largo plazo los desafíos de la ciudad en sí
misma y dentro de la región, necesidad que siempre ha sido postergada
por el gobierno de turno que, obviamente, no simpatiza con la aparición
de un poder tan relevante en un país férreamente centralizado.

EL GONZÁLEZ OLVIDADO

Hubo arquitectos urbanistas que plantearon estrategias pero no fue-


ron oídos en los cenáculos del poder. En congresos, en la prensa, en el
gremio –Ricardo González Cortés presidió su asociación– así como Di-
rector del Instituto de Urbanismo de Chile, muy informado de lo que
se estaba haciendo en las grandes urbes del mundo –fue un viajero
frecuente–, este pionero trabajó por impulsar un tema que el medio
político chileno estaba lejos de valorar. También lo intentó desde el
Partido Liberal para que la Municipalidad de Santiago asumiera en 1946
la misión, avalada por decreto alcaldicio, de “dar a la ciudad de Santia-
go dignidad de capital de la república”. Integró una comisión ad hono-
rem de excelencia, con los arquitectos Sergio Larraín García Moreno,
Fernando Márquez de la Plata, Juan Martínez y Tomás Reyes Vicuña,
el escritor Joaquín Edwards Bello, el Padre Alberto Hurtado y el escul-
tor José Perotti entre otros notables de la época.
Con fuerza combatió González Cortés para difundir la cultura ur-
bana y el urbanismo, que no eran “capricho de meras suntuosidades”
como parecían pensar sus coetáneos, asociándolos a la arquitectura
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

refinada y al ornato urbano, sino a un “espíritu social-económico”


que debía desarrollarse tanto en la clase media como en la obrera que
constituían “una raza tan sufrida como llena de esperanzas”, las que
merecían que las municipalidades contrataran profesionales del pla-
neamiento. En caso contrario, los santiaguinos tendrían que irse a los
extramuros de la ciudad, o terminar “colgados en los faldeos cordille-
ranos”. Promovió un municipio socialmente vivo, dedicado a la reha-
bilitación urbana, práctico y eficiente; un poder local independiente
de la política nacional, ideario que sigue pendiente en la vida política
chilena.
Será vicepresidente del Comité de Congresos Panamericanos de
Arquitectos. En los congresos, decía, se conocen y adoptan planes urba-
nos sin interesar la ideología de los autores. La política, pensaba –aun-
que presidiera la Asamblea Liberal de Santiago– tiene otros fines. Ter-
minó redactando proyectos de ley para que no se arrasara la ciudad
208 antigua en nombre de las necesidades del momento y para que las
reformas aprovecharan lo ya construido cuando era de calidad.
En todas sus obras arquitectónicas, tanto en sus grandes edificios
personalizados por detalles artísticos como en las poblaciones obreras,
las formas, texturas, ladrillos, buhardas, rejas, tejas holandesas, el dise-
ño de las puertas, todo enriquece el conjunto a pesar de su bajo costo.
Siempre logró “hacer ciudad”; incluso en sus conjuntos obreros no hay
dos viviendas iguales. Tejados salientes, accesos de luz, óptima ventila-
ción, sutiles diferencias de techos, altura de los espacios, todo se orga-
niza para conformar poblaciones que, más allá de su obvia dignidad,
brindan belleza urbana.
En el actual Barrio Cívico, en diagonal al propio Palacio de La Mo-
neda, su Edificio del Seguro Obrero –actual sede del Ministerio de Jus-
ticia– quedó escoltado por otros dos del mismo González Cortés, cons-
tituyendo un conjunto majestuoso, armónico, significativo de la
modernidad nacionalizada (recientemente fue demolido el que enfren-
taba la Plaza de la Constitución). Fue el primer paso en la conforma-
ción de un Barrio Cívico moderno y monumental, de “rascacielos”
medianos en su altura, que luego sería completado por otros de acuer-
do al Plan Brunner, ya con un lenguaje más abstracto y funcional. Fue
su pionero, el hombre de la transición.
Hay entonces un puente directo entre González Cortés y Brunner:
“La sostenida campaña para la transformación de la ciudad y la cele-
bración de los primeros Congresos Panamericanos de Urbanismo (Mon-
tevideo, 1920; Santiago, 1922 y Buenos Aires, 1926) habrían llevado
al gobierno a la convicción de que debía contratarse a un técnico con la
misión de asesorar al Departamento de Urbanismo del Ministerio de
Obras Públicas. El profesional elegido fue el profesor Karl Brunner,
arquitecto austríaco que se había destacado como organizador en Vie-
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

na, en 1924, de un Seminario de Urbanismo”1. Si los gobiernos habían


promovido el carácter historicista afrancesado que enriqueció la capi-
tal con obras numerosas desde Vicuña Mackenna al Santiago del Cen-
tenario, que se prolonga varios años más dándole forma y jerarquía a
la urbe, él inaugura un segundo momento, el de la modernidad del
Barrio Cívico.
Al decir de Humberto Eliash, hay un nutrido grupo de arquitectos
destacados que lleva esos principio de la ciudad a obras de arquitectura
que los representan; “...los trabajos de Ricardo González Cortés, de
Alfredo Benavides, de Luciano Kulczewski, de Costabal y Garafulic,
son la base de un discurso arquitectónico clave para entender el origen
y desarrollo de la modernidad en Chile”2.
Entre ellos Ricardo González Cortés es el mejor exponente del Art
Deco, su más fiel representante y también uno de los primeros en el
mundo, ya que este estilo vive su apogeo recién entre 1930 y 1940.
Para él esta tendencia, que asimila en varios viajes a Chicago, lenguaje 209
de transición frente al dogmatismo de los maestros modernos, expre-
saba mejor a un país como Chile, latino y marcado por las Beaux Arts
de París, menos enemigo del pasado grecolatino que los germanos y
sajones que estaban tan ansiosos por saltar al futuro. Los materiales
finos, los bronces, los detalles decorativos estaban todavía vigentes en
una ciudad como Santiago.
Su sensibilidad ante la historia de Santiago lo salva del dogmatis-
mo fanático de muchos europeos de esos años, lo integra a la ciudad
existente sin negarla y, por lo mismo, obtiene una mejor recepción del
público. Será el arquitecto de varios hitos de esa transición, como la
Caja de Crédito Hipotecario en la esquina de Huérfanos con Morandé
–ahora del BancoEstado–, donde aplica cobre y maderas chilenas como
testimonio de “una época de búsqueda de una expresión nacionalista
en la arquitectura”3, y dos que están muy relacionados con las activi-
dades de su hermano Exequiel, la Caja de Accidentes del Trabajo en
Compañía 1288 (de 1932) y el Edificio del Seguro Obrero, el único de
ellos protegido como “Inmueble de Conservación Histórica”. La ciudad
le debe mucho; así como en años recientes –desde los años sesenta–
crece la valoración de Luciano Kulczewski, otro notable de esa genera-
ción, está pendiente el redescubrimiento de González Cortés.

1 Martínez Lemoine, René. “La teoría y la práctica del urbanismo en Santiago”, en


De Toesca a la Arquitectura Moderna 1780-1950, Centro de Arquitectura, Diseño y
Geografía, F.A.U., Universidad de Chile, 1996.
2 Eliash, Humberto. “Art Deco en Chile, una bisagra entre la academia y la moderni-
dad”, ponencia en Prefeitura de Rio de Janeiro, Congreso de Art Deco na América
Latina, 1999.
3 Universidad de Chile, Facultad de Arquitectura y Urbanismo y Ministerio de Vi-
vienda y Urbanismo, 2000.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

BUSCAR LA PERSPECTIVA

Los incas crearon una ejemplar mirada de Sudamérica desde la Cordi-


llera de los Andes, cerca del Sol y en sintonía con el espinazo geográfi-
co principal. Tan claro tuvieron ese sentido que demolieron todas las
aldeas en diez kilómetros alrededor del Cuzco para darle realce en el
entorno. Ese realismo se complementa con una visión espiritual tra-
zando meridianos, “ceques”, que sintonizaban los trazados geográficos
con el territorio espiritual; Cuzco era el epicentro de ambos.
Lo mismo hicieron ellos en este valle al escoger el macizo de El
Plomo que, en lo alto de la Cordillera de los Andes, domina físicamen-
te la región; además, lo sacralizan como epicentro espiritual al alinear
el pucará de Chena, sus vanos, para que el primer rayo de Sol del sols-
ticio de invierno, en el día del año nuevo, ingrese a través de sus ven-
tanas. El pucará cumplía además con una ubicación impecable en es-
210 trategia militar. Los incas tenían un orden.
También lo tuvo Pedro de Valdivia. Si La Serena es su puerta al
Norte, ciudad tras la cual se despliegan los desiertos y los caminos que
conducen hacia las ciudades del Virreinato, Santiago será su puerta del
Sur. Más allá del Maipo se desenrolla el extenso Valle Central que con-
duce al corazón de este territorio, que para él estaba en la actual Nove-
na Región; allí donde comienzan los lagos y el Chile austral. También
tenía un orden que fue alterado por la Guerra de Arauco.
El centro se desplazará hasta aquí, más protegido. Ambrosio
O’Higgins asume esa realidad e impulsa el camino al puerto de Valpa-
raíso, funda el puerto terrestre de Los Andes como ciudad que abre la
Cordillera y traza el camino que cruza el macizo andino hacia Argenti-
na: despeja la región al Este y al Oeste, ordena el territorio regional.
El Estado de Chile va a fortalecer esta centralidad. Contra las ten-
dencias federalistas, contra los ímpetus de Concepción en el Sur y Co-
piapó en el Norte, explora desiertos y territorios australes, consolida la
soberanía en las zonas extremas, enfrenta guerras en función de ese
proyecto unitario y centralizador al que luego Vicuña Mackenna se
encargará de darle imagen urbana, visión que culminará con las obras
del Centenario y los barrios residenciales de Ejército y Dieciocho. La
capitalidad tomó forma de ciudad.
Ese Estado tuvo siempre una particular vocación ilustrada. Creyó
en la educación como viga maestra y sus liceos, repartidos por la com-
pleja geografía nacional, irrigaron un sentido de nación. Tal como los
incas con sus caminos visibles y sus ceques espirituales, los liceos ta-
tuaron la geografía con una malla cultural relacionada, junto a los rie-
les de ferrocarril, integradores físicos.,
A su amparo crecerá una clase media que, protegida por Alessandri
Palma, Ibáñez del Campo, Aguirre Cerda y Ríos, será la protagonista
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

del siglo XX; el Barrio Cívico es su imagen urbana, central y unitaria,


disciplinada y homogénea, civilmente ordenada en torno al Palacio de
la Moneda. Ñuñoa será el baluarte de sus artistas e intelectuales, San
Miguel emergerá portadora de las demandas populares, Recoleta e
Independencia conservarán los signos del siglo XIX, mantendrán vivo
el hilo histórico que une la ciudad con su pasado, Brasil atraerá a los
más exitosos de las clases emergentes con el resplandor de su pasado
señorial.
El éxito del modelo se sustentó a lo largo de esas décadas en el
impulso industrializador de los inmigrantes, con sus empresas moder-
nizadoras y generadoras de miles de puestos de trabajo, desde el cuero
y calzado de los vascos franceses y vascos españoles, los molinos de los
vascos navarros, hasta las grandes textileras de los árabes y las fábricas
de pastas de los italianos.
Pero al mediar el siglo el modelo entrará en crisis. Ante las crisis del
nitrato y del agro, una vez más tomará el timón el poderoso Estado con 211
un proyecto país encabezado por CORFO para electrificar el país, desa-
rrollar el acero y la siderurgia, buscar gas y petróleo, crear grandes
industrias competitivas, impulsar la industria pesquera y forestal con
asesoría norteamericana, alzar grandes hoteles para impulsar el turis-
mo asociado al ferrocarril. Aun cuando todo ello permitió mantener la
economía a nivel de flotación y evitar el desastre, no fue suficiente.
El segundo gobierno de Ibáñez del Campo enfrenta un país pobre.
Miles de cesantes del Norte y jóvenes campesinos llegan a la capital.
También los hijos de las familias más progresistas de las provincias arri-
ban en busca de educación superior. La ciudad también entra en crisis.
De servicios, de vivienda, de salud. Emerge una megalópolis a la que se
le pide todo, miles de manos golpean las puertas de los cenáculos del
poderoso Estado. Los bajos precios de los productos chilenos, fijados
por los países aliados durante la Segunda Guerra Mundial como con-
tribución de guerra, aumentarán la pobreza.
Santiago crecía en comunas, devoraba miles de hectáreas, se ex-
pandía en áreas carentes de vialidad, de alcantarillado, de planes regu-
ladores. Urbanizar y lotear, urbanizar y lotear. Los sectores acomoda-
dos, los hijos de los inmigrantes industriales, los profesionales de la
clase media, inician su desplazamiento más allá de la Plaza Baqueda-
no, al Oriente: Providencia, Las Condes, Vitacura. A barrios jardín ale-
jados de la congestión, del esmog, de la ciudad misma. El suburbio de
los barrios jardín, no una ciudad jardín, porque carecía de centros nue-
vos y propios.
Ibáñez del Campo tendrá el tino y el tiempo de pensar en la ciudad.
Sin recursos planificadores propios, sin aparato burocrático disponible,
pero muy ejecutivo, apoya el proyecto de tres jóvenes arquitectos que,
en proceso de titulación, han propuesto un orden para la región com-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

pleta y, en su interior, para el Gran Santiago. Los recién titulados se


incorporan al servicio público de inmediato, y con todo el poder del
poderoso Estado; Vialidad, Obras Sanitarias, Áreas Verdes, Transpor-
tes, todo quedará supeditado a su proyecto de desarrollo.
La región queda en manos de esos tres jóvenes, Pastor Correa, Juan
Honold y Jorge Martínez Camps, quienes para concretar su propuesta
han estudiado los planes del Gran Londres, de París, de las principales
megalópolis de la época. Trabajan con Ibáñez del Campo y luego con
Jorge Alessandri, a lo largo de los años cincuenta, hasta culminar con
el Plan Intercomunal de 1960, de Honold con otro joven urbanista
coetáneo, Juan Parrocchia, quien, además, diseñará el plan del sistema
Metro.
Su horizonte es de veinte años, 1980 en perspectiva, con áreas de
expansión previstas para una megalópolis de cinco millones de habi-
tantes hasta ocupar cuarenta mil hectáreas, espacio regional que, al
212 observar los planos, se explicaba por sí solo: el área de cerros ocupa
gran parte de la región, los llanos son limitados. Estaría rodeada de un
cinturón verde más allá de su máxima ocupación.
Previeron que los enclaves más cercanos serían absorbidos por el
crecimiento: Quilicura, Maipú, San Bernardo y Puente Alto. Más allá
del cinturón verde se debía desarrollar una red de satélites naturales
que absorberían los crecimientos posteriores: Melipilla, Lampa, Coli-
na, Buin, Paine y Talagante. Una propuesta para habitar la Región;
aunque por entonces el régimen administrativo era provincial, traba-
jaron con los asentamientos de las cuencas del Mapocho y del Maipo
hasta la Cordillera de la Costa, y con el cordón de Chacabuco por el
Norte y Angostura del Paine por el Sur, prácticamente el mismo terri-
torio que años después se asignó a la Región Metropolitana.
La vialidad estructurante era central en el proyecto. Plantearon lo
que hoy se conoce como Circunvalación Américo Vespucio, un eje or-
denador de la circulación. No era un límite de la ciudad como se creyó
posteriormente, ya que incluso había sido superado hacia el Oriente
por el Barrio San Pascual. Era vialidad urbana. El costo no fue alto
porque la mitad poniente atravesaba tierras agrícolas cuyos dueños
cedieron el espacio necesario a cambio de que una vía fuera pavimen-
tada y les facilitara la salida de su producción. La ciudad crecía a un 4%
anual lo que implicaba un 40% en una década, un movimiento incon-
trolable y caótico a futuro; la circunvalación, imposible años más tarde
por los eventuales costos de expropiación, ordenó el futuro.
En segundo lugar plantearon un Anillo Cuadrado, forma resultan-
te de la trama histórica de la ciudad, la que no quisieron violentar con
anillos circulares o diagonales, porque correría al interior. Avenida Vi-
cuña Mackenna por el Oriente, Costanera Andrés Bello por el Norte, la
actual Avenida General Velázquez por el Poniente y el Parque Isabel
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

Riquelme por el Sur. La Costanera corría por el Norte del Mapocho en


su tramo Oriente pero en la parte más céntrica, por la densidad urba-
na, ocupaba parte de la caja del río. A lo largo de décadas, hasta el
presente, se fue completando.
Luego plantearon un Anillo Intermedio: trazado por una Avenida
Departamental por el Sur, la Avenida Las Rejas por el Poniente, Pedro
Donoso por el Norte y Avenida Los Leones al Oriente.
El segundo gran tema, luego de la vialidad, era el de la localiza-
ción industrial. La industria manufacturera, importante por entonces
con cinco mil empresas de mediano o gran tamaño, ocupaba grandes
terrenos, era muy contaminante en sus procesos y se ubicaba en to-
das las comunas y en cualquier lugar de ellas. Se hizo un catastro de
su localización y se procedió al despeje de las zonas centrales orien-
tando su emplazamiento asociándolo a grandes ejes viales: cordón Vi-
cuña Mackenna, cordón Cerrillos, Panamericana Norte...
Hasta entonces la industria había estado muy ligada al Anillo de 213
Hierro, al tendido férreo urbano que se completara a principios del
siglo XX, excepto en su tramo Norte que unía la Estación Pirque y la
Estación Mapocho mediante un trazado subterráneo bajo el Parque
Forestal, el que finalmente no se hizo. Los demás tramos son los que
actualmente busca recuperar el proyecto del Bicentenario llamado del
Anillo Interior.
El tercer gran tema, luego de estructurar la vialidad y establecer
una zonificación industrial, era el de las áreas verdes. Todos los gran-
des parques del siglo XIX estaban siendo invadidos por obras, se redu-
cía cada vez más la Quinta Normal, los proyectos no se detenían. La
Universidad de Chile tenía aprobadas unas residencias universitarias
en los faldeos del cerro San Cristóbal, con muy buena vista, proyecto
que alcanzó a detenerse. Se rigidizó y normó la condición de las áreas
verdes existentes y se estableció una obligatoriedad porcentual en las
nuevas urbanizaciones.
Las comunas se multiplicaban, la ciudad se expandía, pero siempre
bajo un modelo monocéntrico. Comercio, bancos, edificios públicos,
bibliotecas, todo estaba en la comuna central y específicamente en su
centro congestionado y contaminado. En la calle Ahumada cruzaban
tranvías, microbuses, paseaban los caballeros en sus estrechas veredas,
las señoras de compras, los auxiliares en trámites. Se planteó una serie
de centros intercomunales, en puntos que atendieran dos o tres comu-
nas, asociados al Anillo Américo Vespucio y apuntando hacia los en-
claves que se preveían serían anexionados por la ciudad: San Bernar-
do, Maipú, Quilicura y Puente Alto.
Como los incas, como Pedro de Valdivia, Ambrosio O’Higgins y Vi-
cuña Mackenna, era un orden. Su realización, concreta y especificada,
la que definió en gran medida la estructura de la ciudad hasta hoy,
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

culminó con el Plan Intercomunal de 1960 de Juan Honold y Juan


Parrocchia.
Honold será distinguido medio siglo más tarde, en 2003, por quin-
ce agrupaciones ciudadanas que le otorgan el Premio de la Ciudadanía
por su larguísima trayectoria. El coautor del plan, Parrocchia, recibirá
el primer Premio Nacional de Urbanismo también varias décadas des-
pués, cuando se crea el galardón en 1996, como jefe de la aplicación
del plan hasta 1964 y luego Director de Planeamiento y Urbanismo del
MOP, además de planificador del plan Metro –luego de visitar todas las
ciudades del mundo que lo tenían. Impulsor además de la Avenida
Kennedy, Parrocchia también se había iniciado en 1952 con un estudio
–Santiago, una gran ciudad–, para la planificación de la metrópoli.
Desde entonces, luego de estos cuatro preclaros urbanistas, no ha
habido otra visión estratégica en que el orden, las jerarquías, las políti-
cas para escalar la ciudad de acuerdo a una trama unitaria, tengan un
214 espacio.
Hay que hacer un reconocimiento a los inspiradores, los maestros
que formaron a estos urbanistas. Por supuesto, el austríaco Karl Brun-
ner, en Chile entre 1929 y 1934, el primero en planear la metrópoli
integral considerando además su entorno geográfico, verdadero padre
del urbanismo moderno en el país; y Luis Muñoz Maluschka, promo-
tor de la contratación del europeo y quien en los años cincuenta intro-
ducirá la idea de operar por regiones promoviendo la planificación te-
rritorial del país completo y dentro de él dividiendo Chile en regiones
que tendrían su propia planificación, impulso que lleva a determinar-
las en esa década. La Metropolitana nació más grande, una Región
Central que incluía las cuencas del Aconcagua, del Mapocho y del Maipo
hasta la costa, dejando en ella, por lo tanto, los puertos de Valparaíso y
San Antonio. Para muchos, así debió permanecer, con salida al océano
como las demás.
Debe destacarse que tanto Muñoz Maluschka como los cuatro jó-
venes adoptaron una postura urbanística moderada no dogmática, no
sometida al funcionalismo progresista, sino más acorde con una cultu-
ra urbana iberoamericana de origen grecolatino. Seguirán a los teóri-
cos Patrick Geddes y Lewis Mumford que abrieron mundialmente este
campo teórico para las metrópolis del siglo XX, con una postura huma-
nista que reconoce el patrimonio histórico, la estética urbana, la inte-
gración a la naturaleza, la región completa como espacio de interven-
ción; y muy de cerca al francés Gastón Bardet, profesor en Bruselas y
de la misma orientación, líder de la escuela católica francesa y, además,
místico cristiano que en la Biblia encontrará un orden trino del mundo
que intenta aplicar. También en ese momento fueron relevantes los
modelos del Plan de París, el Plan de Londres y el Plan de Moscú como
referentes. La ciudad todavía era un organismo.
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

Se ha polarizado la ciudad desde entonces, segregada en barrio alto,


barrios bajos y barrios marginales de muy distinta condición. El alto se
ha disparado en su desarrollo con barrios cerrados y centros de ofici-
nas, y sólo el comercio, con sus malls ha tendido una red integradora.
Es una ciudad archipiélago que ofrece muy distintos estilos de vida,
deseables o no, lo que obliga a enfrentar el futuro en varias escalas.

EL PRAGMATISMO DE LAVÍN

Si Jaime Ravinet será el alcalde emblemático en la Concertación por


su perfil de hombre ejecutor, en una alcaldía de Santiago donde Patri-
cio Mekis, Guzmán Mira y Carlos Bombal ya habían establecido un
modelo de eficiencia e innovación, desde la alianza opositora emergerá
en Las Condes la figura de Joaquín Lavín como nuevo paradigma.
El descrédito de los partidos políticos, la idea de que la demagogia,
la politiquería y el ideologismo eran culpables del subdesarrollo, con- 215
forman una cultura persistente en Chile desde los años cuarenta con
Jorge Prat Echaurren. El triunfo electoral del ingeniero Jorge Alessan-
dri en 1958 lo había capitalizado y, por supuesto, fue un argumento
asumido y reiterado por el general Pinochet desde 1973.
El gremialismo, movimiento universitario formador de la UDI, el
partido de Joaquín Lavín, tendrá la misma distancia y recelo frente a
los partidos políticos y el mismo norte de diseñar una nueva forma de
hacer política. Muchos de sus líderes, con postgrados en la Universidad
de Chicago en Estados Unidos, tendrán un espacio en el gobierno mili-
tar gracias a su acogida en la Armada; tanto en el diseño de políticas
económicas de responsabilidad del almirante José Toribio Merino, pero
también del oficial (r) Roberto Kelly, quien, como director de ODE-
PLAN, les proveerá una escuela de formación donde se acercan al mun-
do urbano popular y a la necesidad de políticas para paliar la extrema
pobreza. Varios tendrán roles en municipios populares, lo que incre-
menta su conocimiento de este mundo que es el mayoritario en Chile
y el que decide finalmente las elecciones.
La UDI creará un programa funcional al mundo urbano popular,
masivo en Santiago, Valparaíso y Concepción, las grandes ciudades;
con el retorno de la democracia se posicionará en las populosas comu-
nas de la capital, Conchalí, Recoleta, San Ramón, Renca, Huechuraba.
Allí donde están las grandes masas que más directamente padecen las
consecuencias del desempleo, la delincuencia, los problemas de acceso
a la salud y la vivienda. Los pobres que no pueden esperar, los que
requieren soluciones concretas y no discursos; “hechos y no palabras”,
según el lema de Jorge Alessandri.
Joaquín Lavín, además de obtener un master en Economía en la
Universidad de Chicago, había cursado algunos estudios de periodismo
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

y a su regreso a Chile fue editor de Economía y Negocios en El Mercu-


rio; conocía el poder de los medios de comunicación en la sociedad
contemporánea. En 1992 será elegido alcalde de Las Condes, una co-
muna con recursos que le permite aplicar un modelo de gestión que,
eventualmente, debía hacerse en todo el país.
En un país desencantado con el accionar de los partidos políticos,
con las cupulares disputas del poder “a espaldas de la gente”, la comu-
na es el espacio natural para inaugurar una mayor participación ciuda-
dana: consultas, encuestas... En un país cansado de quebrantos políti-
cos que no modificaban el escenario del subdesarrollo, el economista
Lavín actuará como un gerente de empresa, dividiendo el accionar
municipal en dieciocho temas específicos para luego diseñar líneas de
trabajo para cada uno, lo que será aplicado en muchas otras comunas
del país. Su vocación mediática se traducirá en que cada acción sea
registrada públicamente. Fortalece su convicción, y la de muchos, de
216 que la hora del Estado poderoso ha terminado, que el cambio y los
tiempos implican que es hora, bajo un esquema de economía neolibe-
ral, de pasar a un Estado de rol subsidiario. Ricardo Lagos lo derrotó
por muy poco en la elección presidencial siguiente y Lavín quedó posi-
cionado como carta de la Alianza.
El Presidente Lagos, de perfil ejecutor también, avanzará en su pe-
ríodo con un respaldo creciente. Pero sin que ese apoyo se expanda a
la Concertación de partidos que lo apoya. Ahora, todos quieren “oír a
la gente”. Sus éxitos a partir de la mitad de su período renovarán la
confianza de su sector en el rol del Estado, la otra cultura.
Pero muchos de quienes estamos en la otra vereda, la de la socie-
dad civil, tenemos la sensación, la clara convicción en realidad, de que
los males de la política siguen vivos. Que la Alianza por Chile, por
doctrina, recela de un Estado capaz de impulsar un ordenamiento te-
rritorial así como de gobiernos regionales que tengan el poder de esta-
blecer reglas para el uso del suelo o, en general, de determinar las re-
glas del juego a la inversión inmobiliaria. Esto, aunque en los países
más desarrollados, incluso en aquellos emblemáticos de la economía
neoliberal, se reconozca que la planificación del territorio y la urbana
son desafíos que requieren poder político, estrategias, planes a largo
plazo. Y que la Concertación, por tradición, recela de la participación
ciudadana a nivel regional, provincial, municipal, escalas donde ella es
creciente en muchos países en pos de una democracia efectiva; prueba
de ello es que en catorce años de gobierno no se han abierto canales
para que ella sea efectiva.
Es cierto que la política de libre mercado a ultranza, que el gobier-
no militar estableció con la Política Nacional de Desarrollo Urbano de
1979, con lo cual aumentó el fenómeno de expansión como “mancha
de aceite”, retrocedió más tarde con la de 1985 que reconoció la esca-
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

sez del suelo y la necesidad de que el Estado asuma “la planificación


del desarrollo urbano” y ejerza una “intervención orientadora”. Tam-
bién es cierto que la Concertación impulsó en 1994 un Plan Regulador
Metropolitano de Santiago ”para controlar el crecimiento, favorecer la
densificación y ‘hacer ciudad’”. Ni una ni otro han modificado las ten-
dencias, “la cultura urbana” prevaleciente de expansión sin policen-
tros nuevos, suburbios informes disgregados que carecen de expresión
cívica formal y vitalidad cívica participativa.
Hay divisiones administrativas, pero todavía no comienza “la cons-
trucción de la región”, de las provincias, de las comunas. Todavía no le
pertenecen “a la gente” que se limita a observar una ciudad donde las
inversiones inmobiliarias, las soluciones viales y las del Ministerio de
Transportes diseñan el espacio urbano.
El Gobierno Regional ha asumido ese rol a través de diversas ini-
ciativas y alianzas, con la Red Universitaria de Ordenamiento Territo-
rial, con el programa de Ordenamiento Territorial Ambientalmente 217
Sustentable (OTAS), con el Programa de Descentralización y Desarrollo
Regional, con un seminario 2004 que trajo expertos de varios países
del mundo, para inscribir el desarrollo urbano dentro del territorial.

LAS CUATRO ESCALAS

Sigue creciendo Santiago, más de mil trescientas hectáreas anuales en


los años noventa, más de doce mil hectáreas en una sola década. Lejos
y atrás quedó la ciudad mediterránea compacta, la de perfiles defini-
dos. Los sistemas viales se expanden a suburbios distantes de baja den-
sidad, a veces aislados morfológicamente, de límites imprecisos. Es una
realidad que debe ser asumida. Colina, Lampa, Zapata en Curacaví,
Entrerríos en Talagante, Santa Rosa en San Pedro, Pirque, El Canelo de
San José de Maipo –estudios de Jorge Ortiz y Soledad Morales, Revista
Eure, diciembre 2002– ya son parte de “la ciudad”.
Hay una Macrorregión en que Santiago es un polo de desarrollo
que irradia su influencia desde la Cuarta Región a la Sexta, pasando
por la Quinta, obligando a una vialidad estructurante y a interactuar
con satélites a mayor distancia, asociados por carreteras, pero también
por sistemas de metros, trenes y metrotrenes. Es un polo de desarrollo
de interés continental, su suerte está ligada a la de los países vecinos,
su planificación incluye variables internacionales.
Si no tiene una dinámica interna en el mundo globalizado, es muy
posible que los malls del futuro, los centros de oficinas, los parques
recreativos, incluso colegios y universidades, pertenezcan a transna-
cionales. Las nuevas metrópolis extendidas, en que se habitan territo-
rios más que ciudades, tal como se ha demostrado en los países de
mayor desarrollo, requieren de una estrategia propia que les permita
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

conservar y asegurar el control de su futuro. Y no por nacionalismo,


sino para que el desarrollo económico esté trenzado con los propios
paradigmas culturales e inserto en los proyectos país propios.
Hay una escala regional donde siguen pendientes las posibilidades
de desarrollar los enclaves propuestos en 1952: Melipilla, Lampa, Coli-
na, Buin, Paine y Talagante como nuevas centralidades de creciente
autonomía, pero complementarias. Los proyectos inmobiliarios son
autónomos; miles de obreros viven en Puente Alto, Padre Hurtado, La
Pintana, comunas que no tienen industrias. También aparecen par-
ques industriales en comunas sin vivienda social, demostrando la au-
sencia de planes estratégicos regionales. El Estado ya no es poderoso.
Sin embargo, en este mismo mundo globalizado, desde Singapur al
País Vasco, o de Seattle a Hong Kong, los gobiernos están generando
estrategias de gran escala para facilitar tanto como orientar el desarro-
llo de sus territorios. El Estado, aunque menos poderoso nacionalmen-
218 te, es capaz de ceder la iniciativa y recursos a los gobiernos regionales
para que sean más eficientes en la escala global.
Se dice que la ciudad la hacen los ciudadanos, el Estado y el merca-
do. En Chile ha fallado el Estado, que no ha podido generar estrategias
regionales y locales, que no ha cedido poder político y económico a los
niveles regionales y locales, que no ha sabido encauzar la participación
de la sociedad civil. El Estado, el padre de la nación al decir de Mario
Góngora, no está siendo padre generoso con sus hijos. El puro merca-
do, lo que no sucede ni en Estados Unidos ni en Europa, es el que está
haciendo las ciudades.
Pero el Estado, como siempre en Chile, conserva poderes. Las Se-
cretarías Regionales Ministeriales, las direcciones regionales de Vivien-
da y Urbanismo, de Obras Públicas, de Transportes, la misma CONAMA,
controlan la construcción de autopistas, la localización de extensas áreas
de viviendas sociales, el impacto ambiental de las industrias. Los go-
biernos regionales poseen también herramientas; son los responsables
de la planificación regional en todos sus aspectos urbanos, ambienta-
les, económicos, infraestructura, incluso culturales; pero de ellos re-
cién está surgiendo una visión estratégica determinante, un impulso
capaz de equilibrar, con planes de mediano y largo plazo, las fuerzas
cortoplacistas del mercado.
El gran desafío inmediato está en el refortalecimiento del Estado
en este ámbito específico, y en la creación de canales que permitan la
expresión de la sociedad civil para que el impulso dinamizador, e in-
dispensable del mercado, se oriente hacia una región cuyas caracte-
rísticas satisfagan culturalmente a los habitantes de la Región Metro-
politana.
El empresariado es un gran protagonista de las ciudades más desa-
rrolladas. Partícipe de los gobiernos regionales, colaborador de iniciati-
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

vas locales, filántropo social y cultural, educacional y deportivo, tanto


en el ámbito de gestión de la ciudad como en la realización de obras de
adelanto no tiene competidores. Nuevamente, es el Estado el que debe
crear las condiciones para su participación. Ciudades enteras, como
Seattle recientemente, han logrado un salto en su desarrollo gracias a
este género de colaboraciones privadas asociadas al gobierno local. Y es
que, en la economía global, el futuro empresarial depende de la com-
petitividad del territorio en el que opera. Ahí es donde le interesa cola-
borar, en su planificación a mediano y largo plazo. El Estado y las fuer-
zas del mercado se necesitan, también son complementarios.
Luego está la escala del Gran Santiago como entidad visible, me-
gápolis de escala americana, donde sus aeropuertos, oferta cultural y
construcción de recintos feriales y de congresos son indispensables para
la competitividad de una ciudad que aspira a ser centro de negocios y
finanzas en el Cono Sur, escala hoy carente de una autoridad respon-
sable que esté política y económicamente respaldada. De ahí que la 219
Intendencia Metropolitana haya asumido ahora el liderazgo para la
creación de un megacentro ferial y de congresos, de importancia sud-
americana.
Esa dimensión económica debe tener una dimensión paralela so-
cial. A principios de los noventa la comuna más pobre, La Pintana,
tenía ingresos y gastos de un séptimo de la más rica; al final aumentó la
diferencia, bajó a un décimo; no hay escala de competencias actual-
mente, frente a esa realidad que se asocia a ausencia de plazas, centros
culturales, deportivos, de recreación. Falta la escala capaz de impulsar
un desarrollo equilibrado, coherente y funcional, y por ello la necesi-
dad de fortalecer las competencias de los Gobiernos Regionales que
tienen esa misión.
El Área Metropolitana es un concepto muy abstracto, administrati-
vo, ojalá se utilizara más el término Gran Santiago para referirse a las
treinta y dos comunas de la provincia más las dos conurbanas, San
Bernardo y Puente Alto; este tiene una dimensión física, real, más sus-
ceptible de generar pertenencia y arraigo, una identidad que estimula
a la acción proactiva en relación a su territorio.
Región Metropolitana tampoco es un nombre feliz, hubo mejores
aciertos en los de otras regiones. Región Capital tendría más resonan-
cia. Las provincias metropolitanas ya están asociadas a la capital, Cor-
dillera, Chacabuco, Maipo, Talagante y Melipilla están recibiendo in-
versiones, obras de infraestructura, población creciente, todo producto
de su posición en la región capital. Ya estamos todos embarcados en el
mismo territorio y con los mismos signos. La estructura de esta región
tan urbana, su forma física, su sustentabilidad ambiental, su vialidad,
todo es común en la actualidad. Pero falta el punto de quiebre, hay
distancias mentales que se conservan, hechos que impiden la cohesión
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

social y el sentido de pertenencia en las demás provincias. Es Santiago


y el resto, Santiago y sus alrededores, Santiago y su territorio; el nom-
bre de Región Capital nos incluiría a todos
En la escala de las comunas, estas carecen de poder para generar
sus propias estrategias de desarrollo, cautelar sus patrimonios, crecer
en oferta cultural y recreativa, construir los parques y plazas necesa-
rios; sólo tres o cuatro, las más ricas, tienen medios adecuados. Si las
tres primeras escalas son decisivas para el futuro económico de la re-
gión, para su sustentabilidad, la comunal es el paradigma de la calidad
de vida, el espacio donde el individuo es persona, donde es posible el
arraigo, la participación ciudadana en la construcción de un ambiente
urbano progresivamente mejor.
Vivir en Peñalolén, en San Miguel, en Pirque, en Colina, en el Ba-
rrio Brasil, ya no es solo un vivir en Santiago; define una subcultura,
un proyecto social, una imagen de sí misma en cada familia que deter-
220 mina su ubicación. Es lógico que esa opción se canalice en un proyecto
cívico, participativo, en el que el modelo de vida que ofrece una comu-
na se complete y perfeccione; ahí se hace realidad el ser ciudadano.
Todas las escalas son complementariamente importantes. La Re-
gión, cuya imagen es tan notoria en el contexto nacional, por la cen-
tralización del esquema de poder imperante, es vulnerable. Fue la se-
gunda más afectada por la crisis de 1975 y la más vulnerable por la de
1981. Como su aporte al PIB bordea el 50%, su futuro hace frágil el del
país entero. Chile necesita una Región Capital planificada.

SANTIAGO SUSTENTABLE

El de 1977 fue un año decisivo. En Francia se promulga la Ley sobre la


Arquitectura declarándola de interés público, nuevas corrientes urba-
nas remecen la idea de ciudad en todo el mundo; en Chile se celebra la
Primera Bienal de Arquitectura que también la ubica en el escenario.
Son ecos de los años sesenta. Escepticismo ante las teorías y planes
abstractos, deseos de que la calidad de vida, el entorno, lo concreto,
pasen a encarnar los sueños que abundaban en las páginas de los li-
bros, al mismo tiempo que se demolían barrios históricos y se taladra-
ban otros con agresivas autopistas.
Comienza una nueva cultura urbana en Chile, se toma conciencia
de los impactos ambientales, del deterioro del centro histórico, de la
congestión, de la contaminación. La Región se hace presente como tema,
la cuenca del Maipo Mapocho, la precordillera devastada, las quebra-
das construidas y las inundaciones derivadas... Así irán naciendo pro-
yectos de conservación y goce de la naturaleza regional, en el Santua-
rio de Yerba Loca, en la reserva Forestal de río Clarillo, en la laguna de
Batuco, en los Altos de Cantillana junto a la laguna de Aculeo. Más
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

tarde se agregan el Proyecto Protege en la precordillera, la creación del


Parque Cerro Manquehue en la amplia quebrada que en lo alto con-
serva su vegetación nativa, la construcción del Sendero de Chile en la
precordillera con la visión del valle, la creación del Bosque de Santiago
y del Jardín Botánico en el Parque Metropolitano.
En 1990 se plantea, desde el Ministerio de Vivienda, la necesidad
de la gestión de Santiago; un gobierno regional eficaz e independiente,
capaz de enfrentar planes de mediano y largo plazo. Ante el eterno
problema político, que lleva al gobierno de turno a rechazar un pode-
roso Alcalde Mayor, se propone comenzar con un Consejo Coordina-
dor Metropolitano de carácter técnico, que al menos proveería de in-
formación sistemática e integral a autoridades, vecinos, servicios
públicos, inversionistas, idea que no prospera.
Al mismo tiempo se intenta crear un orden del territorio, de su
gestión y planificación, mediante un Comité Interministerial de Infra-
estructura que impulsa el ministro Carlos Hurtado, de Obras Públicas, 221
y que cuenta con un cuerpo asesor donde es relevante por años el
aporte del urbanista Marcial Echenique.
Especial énfasis se hace en el desarrollo necesario de la Macro Zona
Central, con polos Oriente-Poniente de Santiago a Quintero, Valparaí-
so y San Antonio; se hace evidente que sus mejores tierras, de Colina a
San Fernando, desaparecen con la expansión urbana de Colina, Lam-
pa, Santiago, Talagante, Melipilla, Buin, Graneros, Rancagua, Rengo,
Santa Cruz y San Fernando.
En los años noventa aumenta la revalorización de Santiago Po-
niente con bonificaciones a quienes construyeran en él, medida de dos
caras; disminuye el abandono de este amplio sector vecino del centro,
bien construido y equipado, atrae nueva población, pero no realiza un
inventario de hitos patrimoniales ni de calles que debieron haberse
tratado con políticas especiales por su calidad, apareciendo torres de
altura y troceando un área que tenía una de las mejores calidades ur-
banas de toda la ciudad.
La tasa de motorización –en los noventa se duplicaron los automó-
viles del Área Metropolitana– exigirá necesarias inversiones viales op-
tándose por autopistas que, tentacularmente, saldrán de la ciudad en
dirección a los nuevos polos de desarrollo. Con razón el año 1995 el
presidente de la X Bienal de Arquitectura preguntó si queremos un
Santiago como São Paulo o Los Ángeles, privilegiando el uso del auto-
móvil, o una ciudad como Boston y Barcelona, donde es posible cami-
nar y disfrutar de la vida en comunidad en un casco central proporcio-
nado, ciudad del automóvil o del peatón, del transporte privado o del
público, de alta o baja densidad, extensa o concentrada, monocéntrica
o policéntrica, pública o privada... Son definiciones y opciones básicas
sin instancias que articulen las respuestas.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

El año 1998, con mayor cultura ambiental en Santiago, se firmó


un convenio con la Agencia de Cooperación Canadiense para lograr
un “Santiago Sustentable”, asesorando expertos de ese país la utiliza-
ción de buses a gas natural en Las Condes, creación del concepto de
“comunidades verdes” en La Florida para acceder gradualmente a su
sustentabilidad, localización de un centro cívico en La Pintana... Las
comunidades verdes suponen una organización vecinal que, revisando
el consumo energético, reciclando materiales, produciendo compost a
partir de desechos domiciliarios y asesorando en la disminución de uso
de agua potable actúan como monitores para comunidades más sus-
tentables, modelo que la Corporación de Desarrollo de Santiago am-
plió a otras finalidades: que las mismas propongan y colaboren con la
creación de áreas verdes, de espacios públicos en general. Crece la cul-
tura del espacio público.
Afortunadamente, tal como lo ha demostrado el diseño urbano en
222 estas últimas tres décadas, hoy se pueden transformar las ciudades, no
existen las ciudades irremediablemente “feas”, las tecnologías permiten
su metamorfosis. Berlín es un notable ejemplo, la ciudad sobre la cual
llovieran setenta y cinco toneladas de explosivos y cuarenta mil tonela-
das de obuses, arrasada, que será capaz de reconstruirse sin monotonía,
sin marchas forzadas, sin nostalgias perversas, buscando la armonía de
lo diverso, aceptando contrastes y contradicciones, pero sin olvidar la
ciudad total, jugando con las escalas y conciliando la historia con el
presente, construyendo desde sus raíces una identidad nueva, aunque
muchos se desconcertarán al ver su centro poblado de grandes edificios
corporativos de transnacionales, monumentos a la economía global.
Y es que los valores están en juego tras cada opción. La urgencia
por lograr la belleza, entornos armónicos no es sólo un arma contra la
delincuencia y un aporte a la calidad de vida. Si revisamos lo que ob-
servara el arquitecto chileno Isidro Suárez en la V Bienal de Arqui-
tectura en Santiago, en relación a los valores fundamentales del ser
humano, su expresión implicará un vasto desafío a la ciudad en el
siglo XXI: “...la libertad, la privacidad, la soledad, la comunicabilidad, la
diferenciación, la belleza, la armonía, la tranquilidad, la expansión, la
posesión de sí mismo, la dignidad, el respeto, la intimidad, el saber, la
fantasía, la permanencia, el amor, la seguridad, la salud, la alegría del
trabajo, el horizonte, el contacto con la naturaleza, el contacto con los
otros, la sencillez...”.
Las tendencias actuales, en busca de imágenes poderosas, ya no se
limitan a calle, plaza y parque; exploran la invención de espacios, com-
plejos y sorpresivos, en principio porque los edificios han demostrado
ser capaces de brindar, con sus lobbies, paseos peatonales circundantes,
incluso miradores de altura, muchos más rincones que los que puede
ofrecer un municipio en forma tradicional, aportando la creación de
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

“lugares” para la comunidad... Obras aisladas también han demostrado


ser capaces de renovar barrios completos e incluso ciudades, tal como
lo fue el Centro Pompidou en París, el Museo Guggenheim del País
Vasco en Bilbao o el Museo Judío de Berlín, todos inscritos en planes
globales de reforma urbana que los usan de gatillo. Otras, en cambio,
vía reciclaje de estaciones de ferrocarril, mercados, fábricas, han dado
testimonio de que toda obra de interés es capaz de seguir vigente si se
le da la oportunidad.
Es en la ciudad donde los chilenos, en una inmensa mayoría, bus-
camos vivir esos valores, como escribió Mimí Marinovic en Espaciali-
dad humana y arte; porque “...en el espacio las personas adquieren su
identidad, realizan sus proyectos de vida, se encuentran con los otros y
trascienden...”.

LAS BELLEZAS LOCALES


223
El espacio cambia de cultura en cultura y de persona en persona. Son
distintas las necesidades como la advierte la proxémica que ha descu-
bierto, por ejemplo, que la distancia social requerida por los ingleses de
clase alta y los japoneses es mayor que en los norteamericanos, y la de
estos superior que entre los árabes, los rusos o los españoles. A mayor
distancia social menor es el volumen de voz y mayor la necesidad de
privacidad; los santiaguinos, pareciera, estamos entre los más necesita-
dos. El Instituto Marcel Rivière de Francia estudió las variables persona-
les, las necesidades que tenemos de cuatro tipos de espacio, el íntimo, el
personal, el social y el público, registrando que, tal como todos posee-
mos ciertos rasgos paranoicos o esquizoides, cada uno va a requerir, en
un parque, por ejemplo, espacios más o menos sociales o privados, sen-
tarse en la cercanía de otros o aislarse en medio de los árboles.
La noción de belleza también es cambiante. La clásica del Centena-
rio no es la de hoy, marcada por la desorientación ante el futuro, el
escepticismo ante los valores. Antes se buscaba “la perfección”, hoy se
sospecha de lo perfecto; al decir del autor de Caos, James Glieck, el caos
es parte de la noción de belleza en nuestros tiempos, “...las nubes no
son esferas, ni los montes conos, ni el rayo fulmina en línea recta...”.
Una ciudad perfectamente planificada sería hoy dudosa; la ciudad se
alimenta de sorpresas, de lo irregular, de rincones.
Los signos de identidad, de cómo se construye la identidad, tam-
bién cambian. Con ironía, el arquitecto Jorge Moscato anotaba, en una
conferencia en la VIII Bienal de Arquitectura, que “...el obelisco, que
es un paradigma y símbolo mayor de la argentinidad, es en realidad
egipcio y sólo tiene cuarenta años. Además, no es una forma ligada a la
Colonia ni a nuestros ancestros hispánicos ni itálicos... y hay pocos
egipcios en Buenos Aires...”.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Hay variaciones dentro de la misma ciudad. Podríamos decir que


en Santiago Poniente se intenta “construir el pasado”, que en Santiago
Centro se busca “construir el presente” y que en el Sanhattan los ar-
quitectos y urbanistas, además de los inversionistas en primer lugar,
asumieron la misión de “construir el futuro”.
Si una ciudad como Santiago padece de patrimonios deteriorados,
y repartidos en una zona amplia sin conformar una trama densa carga-
da de historia, como sucede en Europa o Asia, esos mismos vacíos,
huecos, intersticios, son una invitación a crear espacios nuevos capa-
ces de dialogar con los restos del pasado... ¿No fue esta la opción del
Japón para sobrevivir a su derrota en la Segunda Guerra Mundial?
¿No fue esta la opción de la clase política chilena una vez que el gene-
ral Pinochet entregó la banda presidencial? En ambos casos, no se po-
día volver atrás. En ambos casos, sumirse en el dolor, la rabia, la nos-
talgia, bloqueaba el futuro.
224 Lo mismo sucede con Santiago, no se puede soñar un Santiago
utópico que desconozca el Santiago real, el que existe, para bien y mal.
Que sea difícil construir utopías del futuro, idear una imagen urbana
consistente y precisa que oriente el desarrollo no debe implicar la de-
molición del pasado; no es este el que está débil, es el presente el inca-
paz de imaginar un futuro. El pasado, por lo contrario, es lo único
sólido. Como dijo alguien, el pasado es lo único que vemos, lo tenemos
ante nosotros; el futuro está atrás, es lo desconocido.
No es fácil hablar de identidad en nuestras urbes de hoy, especial-
mente cuando aumentan los barrios que se desprenden del caso histó-
rico, de la trama, que reniegan de la historia urbana, en esos “simula-
cros de ciudad” como se han llamado y que el argentino Alberto Petrina
definía en el V Seminario SAL como “...clubes de campo, centros de
compra, centros deportivos, barrios cerrados con policía propia, o si se
trata de ambientes de trabajo, torres de vidrio con ambientes acondi-
cionados desde donde la ciudad puede verse como un paisaje ajeno y
lejano...”. Es otra ciudad la que emerge, con otros símbolos, como la
describía el argentino Francisco Liernur: “...la autopista y sus estacio-
nes de servicio, los grandes estacionamientos y mercados, los termi-
nales de trenes, ómnibus o subterráneos y aeropuertos constituyen,
sobre todo con sus vacíos, los monumentos de las metrópolis contem-
poráneas...”.
¿Podemos darle la espalda a la ciudad de la plaza, del casco históri-
co, de la Alameda? Es imposible, es la matriz, el útero del que nacimos,
ahí está el origen de nuestro ADN. En palabras del escritor José Donoso,
nuestro origen está en “este lugar preciso que es la Plaza, este limo
donde nació todo lo que somos, nuestro sentido de acción comunita-
ria, de sociabilidad, de trascendencia, del bien al que todos tienen de-
recho, del embellecimiento de la vida”.
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

Sólo en un ambiente plenamente urbano, como lo es el casco histó-


rico de Santiago, se cumple la visión del gran arquitecto y poeta Louis
Kahn: “...la ciudad es el lugar donde un niño, caminando, puede ver
algo que le diga lo que quiere hacer toda su vida”. Sólo ahí está la
diversidad completa, el panorama de todas las búsquedas del hombre,
lo cívico y lo financiero, los museos históricos y la mezcla de niveles
sociales... Se puede vivir en el suburbio, pero si este todavía mantiene
el lazo, el vínculo, con la urbe que lo alimenta y le da su significado. El
proyecto Bicentenario del Anillo Interior de Santiago apunta a esa re-
construcción.
Habrá que creer en el individuo. Si lo hace la democracia al con-
fiarle el voto, si lo hace la economía social de mercado al asignarle el
control a través del consumo, ¿por qué no la ciudad? Roma no es obra
de un equipo urbano ni tampoco Nueva York. Son iniciativas aisladas,
de distintas épocas, que se deslumbraron unas a otras, en interacción y
diálogo, formando muro a muro, espacio a espacio, una cultura urba- 225
na. También con espacio para el arte, porque a veces primó el genio y
no el orden. Es más, muchas veces el genio alteró el orden como lo
comprueban las ácidas críticas que han recibido todas las obras que
marcaron puntos de quiebre en la historia. El antagonismo entre arte y
cultura, la tensión, el choque entre los opuestos, están en la matriz del
sexo y la vida; de la política y la economía. ¿Por qué no en la ciudad,
que es su escenario?
Se requiere el diálogo. Los años ochenta y noventa en Santiago son
un buen ejemplo. En la comuna de este nombre el crecimiento econó-
mico atrajo inversiones, en torno a la Plaza Almagro –que se remode-
ló–, la calle Lira, Portugal, los tradicionales Barrios Yungay y Brasil;
pero los edificios fueron indiferentes a sus entornos históricos. En Peña-
lolén se levantaron condominios, conjuntos de viviendas, pero las áreas
verdes llegarían tarde y también los supermercados y bancos, sin confor-
mar polos ni articular áreas. Ñuñoa y Providencia se densificaron con
edificios medianos pero también con torres que quebrantaron su escala.
Lo Barnechea y Huechuraba crecieron a pedazos, por proyectos, sin es-
queleto vial, comercial o físico, sin plan. Sin diálogo urbano.
Es necesario apostar por los espacios públicos porque, encuesta tras
encuesta, crece en Santiago un sentimiento de inseguridad que aleja al
santiaguino de las calles, que le impide el tránsito por determinados
barrios; aunque las tasas delictuales no sean superiores a las de otras
ciudades de la región sudamericana –por el contrario, está entre las
tres mejores– este sentimiento corroe gravemente todo proyecto de
ciudad. Es más, despierta el deseo de un gobierno fuerte, incluso de
mano dura y represivo, capaz de disminuir esta sensación de temor en
las calles de la ciudad. Tolerancia cero en su máxima expresión.
Iniciativa modelo y pionera fue la fundación en 1985 de la Cor-
poración para el Desarrollo de Santiago cuyo municipio, luego de en-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

cargar un diagnóstico a la Facultad de Arquitectura de la Universidad


Católica, en 1990 inicia un plan de desarrollo y renovación urbana con
el propósito de “refundar Santiago” como centro metropolitano mo-
derno, capaz de ser sede de servicios financieros y culturales pero tam-
bién de repoblar y poner en valor sus históricos barrios. Invitando a la
participación ciudadana; dieciséis mil vecinos opinaron sobre su cua-
dra, el sector, el barrio y la comuna, de donde nació un impulso a la
escala de los barrios y se inicia entonces el programa de Repoblamien-
to de Santiago con sus logros y sus errores. Pero es un camino iniciado.
Una corporación similar debiera existir en cada comuna de la capi-
tal, en cada ciudad de la Región, como “lugar de encuentro y de foro
urbano en el que las universidades, los bancos, las empresas, las cáma-
ras gremiales, el gobierno local, los colegios profesionales, las coopera-
tivas y los ciudadanos organizados en sus barrios, se reúnan, se pongan
de acuerdo, se asocien e impulsen numerosas y diversas obras e inicia-
226 tivas para que Santiago progrese, se renueve y posicione como un asen-
tamiento humano visionario, solidario y competitivo”, según la defi-
niera Jaime Cataldo, su director ejecutivo.
Para involucrar a la ciudadanía en la gestión de los barrios de San-
tiago-comuna se fundaron seis Comités de Adelanto en los años 1993
y 1994; República, Concha y Toro, Brasil, Yungay, Franklin y Huemul,
varios de los cuales, al margen de su participación en proyectos, darían
origen a semanas del barrio, revistas, diversos signos de identidad. Las
plazas techadas para el Persa Bío-Bío, la rehabilitación del Teatro No-
vedades, la Rehabilitación de Cités en el Barrio Yungay, el programa de
Pintura de Fachadas, la Plazuela Agustinas, el paseo Peatonal Sótero
del Río, el Paseo República, el Paseo Peatonal Huérfanos, correspon-
den a esta política de desarrollo, así como el centro de Creación de
Empresas “Santiago Innova” con fondos de la Unión Europea y el cen-
tro de Capacitación Laboral (OTE).
Dos iniciativas que demuestran la posibilidad de revitalizar secto-
res, a fines de los noventa, son el entorno de la Cárcel junto a la Aveni-
da Balmaceda y la remodelación del barrio Santa Isabel. Los barrios,
aún los más degradados, se pueden revitalizar, la gestión urbana es
una necesidad, el ordenamiento urbano es posible. Son frases que la
ciudadanía debiera asumir y exigir a sus autoridades y a los operadores
inmobiliarios: ¿qué le están ofreciendo a la ciudad, ¿qué ciudad están
construyendo?

EXPANDIR LO EXPANDIDO

A mediados de los noventa el Plan Regulador Metropolitano planteó


limitar la expansión de la ciudad y apostar a su densificación; de poco
más de noventa habitantes por hectárea a ciento cincuenta. De inme-
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

diato se criticó que ello elevaría el precio del suelo y, por ende, de la
vivienda urbana. Que ello iría en contra de la tendencia de Santiago a
atraer migrantes, a crecer con nuevos barrios, impulsos que se verían
frustrados al encontrarse con costos superiores. La discusión se centró
en la provincia de Chacabuco que, con doscientos sesenta mil hectá-
reas y polos en Chicureo, Lampa y Til Til, encarnó el proyecto ministe-
rial de evitar una nueva zona de parcelas y allí intentar “hacer ciudad”
con todas sus condicionantes. Habría zonas diferenciadas, establecidas
y reguladas, suelos agrícolas y suelos urbanizables por definición.
La discusión volvería en 2003, al incorporarse en condiciones simi-
lares varios miles de hectáreas, principalmente al Sur y Poniente de la
ciudad; antes que dejar crecer las parcelas, el Ministerio de Vivienda
propone asumir que la ciudad crecerá y que debe entonces aportar
vialidad, infraestructura, polos cívicos.
El crecimiento ha sido la constante, el santiaguino busca casa con
jardín más que edificios urbanos, quiere suburbio verde y no ciudad 227
europea. Como en Estados Unidos, crear suburbios que imiten los ca-
seríos, las ciudadelas del pasado, con sus casas de uno o dos pisos, en
medio de arboledas, casi el mundo agrícola del siglo XVIII cuando las
ciudades estaban creciendo. Pero con los medios de transportes del pre-
sente, autopistas que, a riesgo de perforar y destruir la ciudad tradicio-
nal, lo lleven con rapidez a sus lugares de trabajo o al aeropuerto. Se
dice que al limitar la expansión de Santiago las industrias se alejarán
de ella al no poder financiar el pago de suelos urbanos, la ciudad per-
dería competitividad, los santiaguinos eventualmente se alejarían donde
sí puedan encontrar casa con jardín. En ambos casos, es lo que pueden
ofrecer Melipilla, Casablanca, Talagante, polos residenciales e indus-
triales, ciudades satélites atractivas. La población de Santiago se está
duplicando cada veintisiete años: ¿dónde se irán los habitantes nuevos
que surgirán de 1993 a 2020?, ¿cómo y en qué dirección se duplicará
nuevamente Santiago?
Se ha hablado de ciudades satélites pero no ha habido señales cla-
ras que se favorezcan inversiones en ese sentido, planes de desarrollo
territorial de la región, donde aeropuertos, vertederos, zonas de indus-
trias y de residencias obedezcan a una visión integral y de largo plazo,
sustentable y competitiva, dirección que al fin se ha buscado en estos
últimos años con los Estudios de Bases para el Desarrollo Estratégico
de las regiones, rol que están asumiendo los Gobiernos Regionales.
Lamentablemente, se encuentran trabados por su gestión: ¿quién
asumirá el liderazgo cuando el gobierno nacional, los gobiernos regio-
nales, las seremis y las municipalidades se traslapen y ninguno de ellos
pueda asumir la coordinación responsable y central que pueda aclarar
el futuro para los inversionistas? ¿Dónde está la participación ciudada-
na que le dé transparencia y viabilidad a las opciones escogidas? ¿Cuál
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

es el escenario donde se discuta cómo priorizar las inversiones públicas


en Santiago o en regiones y de acuerdo a qué jerarquizaciones? ¿Cómo
trazar la anunciada Vía Orbital de doscientos kilómetros que articula-
ría Santiago con el resto de la región?
Mucho se tardó en reconocer, por ejemplo, el majestuoso patrimo-
nio de la precordillera de los Andes, a pesar de congregar tantas comu-
nas: San José de Maipo, Puente Alto, La Florida, Peñalolén, La Reina,
Las Condes, Lo Barnechea, iniciándose un Plan Protege por el MINVU
en 1994, el que llega a un diagnóstico previo en 1998. De ahí salió el
“Santiago Contrafuerte” proyecto que define Senderos de Montaña y
un parque asociado, desde Puente Alto al cerro Provincia con siete
senderos de penetración en esta área de parque natural y reserva eco-
lógica ubicada más allá de la cota 1 000 que se intenta dificultosamente
mantener como límite urbano en Lo Barnechea y Las Condes, y la cota
900 para las restantes.
228 Proyecto de avance lento, porque más allá de la ganadería y mine-
ría del sector habría presiones en cuanto a que ese congelamiento de la
precordillera impediría crear desarrollos turísticos que atrajeran la po-
blación a ella más allá del montañismo, el trekking, el senderismo y el
excursionismo. Por el momento, los senderos ya habilitados han per-
mitido que cientos de santiaguinos se acerquen a la precordillera a co-
nocer un glaciar en San José de Maipo, caídas de agua y cóndores des-
de La Reina, culminando con el proyecto Cumbre de Santiago en el
cerro de Ramón, área protegida y que sería parque, donde se preser-
van cerca de quinientas especies de flora y fauna.
En 2000 la Municipalidad de Santiago y la Corporación de Desa-
rrollo Municipal anunciaron el proyecto PROCENTRO para darle otra
cara al triángulo céntrico, con apoyo de empresas privadas y amplian-
do el horario comercial, optando por cuatro programas en esa direc-
ción, seguridad ciudadana, actividades culturales y eventos, promo-
ción inmobiliaria y reciclajes, marketing del sector céntrico. Con el 55%
de la capacidad hotelera del país, el 60% de las colocaciones financie-
ras, una población flotante de dos millones de personas, los mejores
museos, no es sostenible que esté subutilizado, que no sea un polo
cultural y de esparcimiento de miles de personas cada fin de semana.
Pero su trayectoria no se ha consolidado; el desafío sigue en tabla, pen-
diente, aunque también hay un camino iniciado con diversas activida-
des en plazas, calles y museos.

EL GIGANTE EGOÍSTA

El urbanismo no es fácil en una ciudad donde, en sucesivos estudios,


cerca del 95% de la población prefiere vivir en una casa y no en un
departamento. Hacia el Bicentenario se calcula habrá una gigantesca
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

ciudad de casi ochenta mil hectáreas, incorporando suelos de las pro-


vincias de Chacabuco, Talagante y Melipilla, modificando las deman-
das al crecer el estrato alto, aumentar el medio y disminuir el bajo,
haciendo la vivienda accesible a miles de nuevas familias. Los propósi-
tos del MINVU, de favorecer la densificación hasta 150 hab/ha no han
resultado. Mejores ingresos y mayor demanda por más metros cuadra-
dos son la tónica. No se preocupan los urbanistas porque la densidad es
menor en muchas ciudades, Nueva York 44, Londres 40, Berlín 43,
incluso Tokio 97 y Buenos Aires 84, superada Santiago solamente por
otras de la región: Ciudad de México con 155, São Paulo 160, o extre-
mas como Calcuta con 220, El Cairo 375. Pero son las ciudades del
subdesarrollo.
Caso especial es Chicureo, a veinte minutos de Américo Vespucio
con Vitacura, amplio valle que se despliega al Poniente del cerro Man-
quehue donde tres empresas, en una escala nunca antes vista en San-
tiago, están construyendo una “ciudad” en un área de cuatro mil hec- 229
táreas. Comenzaron la Inmobiliaria Hispano-Chilena que plantea un
modelo en uso en los alrededores de Madrid y la familia Rabat que ya
en Santa María de Manquehue y El Golf de La Dehesa aplicara un
modelo inspirado en los alrededores de Barcelona pero incorporando
elementos de los suburbios de Estados Unidos. Esta misma familia, con
el inversionista Julio Antonio Bouchon, desarrollará otro complejo, a
lo country argentino, con canchas de polo, tenis y paddle tenis. Mega-
proyectos contemporáneos, incluyen cableados subterráneos. No de-
jan de crecer aunque la crisis de 1998 paralizara a varios temporal-
mente. Santa Inés, Santa Cecilia, Las Canteras, Chamicero, Los Mimbres,
vienen en camino.
En 1992, ante proyectos privados de construir una autopista sobre
el Mapocho, el ministro Carlos Hurtado reavivó el proyecto vial Orien-
te-Poniente de 1960, lo que mantuvo el ministro Ricardo Lagos en el
gobierno siguiente. En el camino se modificó el trazado ante la primera
gran movilización urbana de Santiago, la de los opositores a la Costa-
nera Norte del Barrio Pedro de Valdivia Norte, Barrio Bellavista y Ba-
rrio Vega Central, quienes lograron se trasladara hacia la caja del río el
tramo correspondiente.
La vialidad está siendo sometida a presiones cada vez más podero-
sas. Según la Consultora Atisba, en un estudio de 1998, cuando aún no
comenzaba la recesión, la demanda inmobiliaria ya presionaba comu-
nas como Providencia, Ñuñoa, San Miguel, Santiago Centro, Quinta
Normal y Las Condes donde la oferta se concentra en edificios de altu-
ra por el valor del metro cuadrado. Al mismo tiempo aumenta la dis-
tancia para ofrecer viviendas aisladas, ahora en La Dehesa, Quincha-
malí, San Carlos de Apoquindo, Huechuraba, Peñalolén, La Reina o
directamente parcelas de agrado en Pirque, Calera de Tango, Buin,
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Malloco, Chicureo, este favorecido por nuevas vialidades que compi-


ten ventajosamente frente a los demás enclaves de parcelas. Para sec-
tores de menor valor se dispara una ciudad nueva hacia el Norte, de al
menos medio millón de habitantes, en Lampa, Batuco, Colina y Til Til.
También hacia el Poniente otra ciudad, conurbando Maipú con Peña-
flor, Padre Hurtado y Talagante y promoviendo la necesidad de un tren
suburbano para Melipilla.
Aparecen los centros empresariales especializados, el más notorio
la Ciudad Empresarial de Huechuraba, al 2000 con veinte edificios ter-
minados y terrenos para otros ochenta en sus cuarenta hectáreas con
seis kilómetros de vialidad interna; también los parques industriales
(treinta y cuatro en la RM). Los edificios corporativos inteligentes se
multiplican en el polo Apoquindo-El Bosque entre los cuales destaca,
paradigmático, el Consorcio Nacional de Seguros, obra de Huidobro,
Browne y Chemetov en la Avenida El Bosque, que compitió como una
230 de las mejores obras de arquitectura de América Latina en los años
noventa por el Premio Mies van der Rohe, obteniendo el segundo lu-
gar luego de Televisa de México.
Los 30 km/h de velocidad de avance lograrían mantenerse, a pesar
de tales expansiones y densificaciones gracias a las concesiones urba-
nas: Norte Sur, Costanera Norte, Anillo Vespucio, Anillo Orbital, pene-
tración de rutas 68 y 78, Acceso Sur, Acceso al aeropuerto, nuevas
líneas de Metro, vías exclusivas para buses, ferrocarriles suburbanos a
Rancagua, Til Til y Melipilla y aparición de ciudades satélites.
La Dehesa es un paradigma nacional. Por su modelo suburbano de
calles amplias y curvas, cableado subterráneo, seguridad propia. Ahora
uniéndose hacia el Norte hasta Chicureo, pasando por lo que fuera de
Los Trapenses.
La ciudad explota siendo La Florida una de las comunas simbólicas
del “nuevo Santiago” con su boom de los ochenta y comienzos de los
noventa, multiplicándose seis veces el precio del suelo en esos años,
recibiendo una línea de Metro, gigantes centros comerciales, educa-
ción técnica y superior, profesionales y técnicos que ocupan mandos
medios en empresas, polo del Chile emergente cuando una nueva cla-
se media puede aspirar a una casa con jardín, automóvil, vacaciones
fuera del país. Los condominios, los edificios de departamentos con
club house y piscina, serían nuevas opciones a menor precio una vez
que ya se disparó este sector que, con las comunas aledañas del Sur,
conforma un polo de un millón quinientos mil habitantes. La Florida
aspira a ser “la capital de Santiago Sur” ahora que servicios públicos, la
Línea 4 del Metro además de la 5, un centro global de servicios o sub-
ciudad que no tardará en ser cabeza de unos tres y medio millones de
habitantes, extendiéndose incluso al pie andino más allá de la Avenida
Tobalaba con conjuntos de casas de estándar medio alto.
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

Fue pionero Pirque en el mundo de las parcelas de agrado, con su


fuerte presencia rural y vegetación que todavía definen su carácter,
más de quince proyectos inmobiliarios que atrajeron población –espe-
cialmente de matrimonios jóvenes para los que se abrieran colegios–,
destacando el loteo Parque Las Majadas por su cerro y centenario par-
que, con el riesgo del valle del Principal, separado del sector clásico,
con trescientas hectáreas, cancha de polo y golf, de una escala que
alterará la paz del lugar.
La construcción del tramo La Pirámide de la Avenida Américo Ves-
pucio acercó y cambió la vocación de la comuna de Huechuraba, que,
de lejano rincón agrícola e incipiente barrio industrial, se transformó
en polo industrial efectivo en algunos sectores cercanos a la Panameri-
cana y potencial barrio residencial de calidad ambiental; en dieciocho
años la valía de los terrenos se multiplicó treinta veces; es otro proyec-
to particular, entre la Avenida Américo Vespucio y los cerros de Colina,
de cuatro mil cuatrocientas treinta hectáreas que comenzaron como 231
sector industrial y viraron a lo residencial con grandes proyectos como
El Carmen de Huechuraba que reinvindica el origen rural, vivir en el
campo, las cuarenta y ocho hectáreas de la antigua Viña Conchalí aho-
ra sede de la comunidad cristiana Fundaciones del Mundo Nuevo y la
Ciudad Empresarial que aspira a tener hotel, mall, bancos y restauran-
tes, y donde ya no se anuncian malls y supermercados para darle auto-
nomía de subcentro.
Los edificios residenciales para ingresos medios y altos en determi-
nadas comunas y con medidas propias de seguridad, así como los ba-
rrios de condominios cerrados se multiplican hacia el Norte y el Sur.
Como Peñalolén con su presencia andina y su espectacular vista del
valle de Santiago, aire transparente, poblaciones y condominios de lujo
mezclados, cinco mil hectáreas donde han llegado proyectos por un
valor superior a los quinientos millones de dólares. El Arboretum del
Colegio Grange con gran equipamiento deportivo y desarrollo de la
vegetación nativa, la Comunidad Ecológica con sus casas autocons-
truidas, luego otros de clase media con casas de cien metros cuadrados
en sitios de trescientos metros; Casagrande en setenta y cinco hectá-
reas en la Avenida Antupirén y que ya incorpora servicios técnicos,
club house, restaurante, espacios deportivos, son sólo ejemplos de un
vasto operativo.
Este cambio en la ciudad es reflejo del desarrollo económico que
inicia Chile a mediados de los ochenta, en el que casi se quintuplican
las exportaciones entre 1982 y 1997, atrayendo empresas internacio-
nales e impulsando las locales algunas de las cuales ingresarán a la lista
de las 200 mayores de América Latina, según revista Business Week,
aumentando el ingreso per cápita de mil trescientos sesenta en 1985 a
cinco mil cincuenta dólares en 1996, y reduciéndose la pobreza de
45,1% en 1987 a 21,7% en 1998 (una década) y la indigencia, en el
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

mismo plazo, bajando de 17,4% a 5,6%, lo que culmina en 1999 cuan-


do en el índice de Desarrollo Humano aparece como el país de mayor
desarrollo relativo en América Latina, al margen de permanecer entre
aquellos con peor distribución del ingreso de la zona.
Para las empresas internacionales, según Carlos A. de Mattos4 , quien
recopilara la información previa, el Área Metropolitana de Santiago
será la de localización preferencial por seis razones: sistemas de comu-
nicaciones, actores de equivalente rango jerárquico, fluida comunica-
ción directa, servicios especializados, tejido productivo amplio y diver-
sificado y ser el mercado más amplio del mercado nacional; con ello
Santiago afirma “...su condición de nodo principal de Chile en la red
global de ciudades...”. Casas matrices de bancos, mercados de valores,
sedes corporativas de mayores grupos económicos, servicios al produc-
tor, educación superior, servicios relacionados a la nueva economía, es-
tablecimientos industriales más dinámicos (60% en número de estable-
232 cimientos y 40% del valor agregado nacional), el empleo mejor
remunerado, harán de Santiago “...una ciudad en proceso de globaliza-
ción...” o globalizing city, según parámetros Marcuse y Van Kempen (2000).
El mismo estudio determina tres rasgos nuevos de la ciudad a par-
tir de este proceso, la suburbanización –de estructura policéntrica que
extiende la ciudad en todas direcciones–, la afirmación de una estructu-
ra metropolitana polarizada y segregada donde la estratificación social
tiene una perfecta lectura territorial, y la irrupción de nuevos artefactos
urbanos que (re)estructuran el espacio metropolitano. Se conforma así
un espacio de Macrozona Central desde San Bernardo, Maipú, Puente
Alto y Quilicura para llegar a ciudades satélites como Rancagua, Meli-
pilla, Talagante, Colina o Tiltil, extendiéndose a la costa de Santo Do-
mingo a Quintero pasando por el área Valparaíso-Viña del Mar, que-
dando conformada una metrópoli región cuya estructura, policéntrica
y de fronteras difusas, dibuja un archipiélago.
Es una explosión metropolitana que aleja la capital de las regiones,
por la concentración de las inversiones en este 1% del territorio nacio-
nal, un nicho desarrollado que escapa a los parámetros en que está
viviendo el resto del país. Un ritmo desequilibrante, en un sentido, y
una puerta de ingreso al mundo global, un nodo subcontinental nece-
sario, por otra. ¿Alguien duda de la urgencia de establecer un sistema
de gobierno para tamaña explosión?

TAREAS PENDIENTES

Se han inaugurado parques nuevos luego de varias décadas, comen-


zando por el Intercomunal Padre Hurtado, más tarde el Parque de La

4 “Globalización y transformación metropolitana: el caso de Santiago de Chile”.


H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

Bandera en un sector muy falto de áreas verdes, el Parque Araucano


en Santiago Oriente, el Parque Almagro que renovó Santiago Centro
Sur, el Parque de los Reyes al poniente de la Estación Mapocho... Va-
rios otros sólo han tenido proyección local, han pasado inadvertidos
para el resto de la ciudad a pesar de la extensión y calidad de algunos
de ellos: Violeta Parra, Lo Varas, La Castrina, Las Américas en Estación
Central, La Paz, Quebrada de Macul, André Jarlan... Son un avance
pero, por otra parte, no son más de diez hectáreas al año, no alcanzan
a modificar la gran ciudad ni cumplen las metas por habitante de la
Organización Mundial de la Salud, de nueve metros cuadrados. Sigue
pendiente el Parque Brasil en La Granja, sigue el cerro Blanco de seco
peñón en una comuna como Recoleta falta de áreas verdes; sigue la
ciudad, en verano, golpeada por el clima semiestepárico, casi desértico
hacia el Norte de ella, urgido de frescura y verdor. Faltan millones de
árboles, un plan verde del Gran Santiago. Hay uno en camino, iniciado
al constatarse no sólo que los cuatro metros cuadrados por habitante, 233
de parques y jardines, están muy lejos de los que recomienda la norma
internacional, sino también porque Santiago, Providencia, Las Condes
y Vitacura tienen doce metros frente a comunas como El Bosque –y
con ese nombre– que apenas llegan a cuarenta centímetros. Con el
propósito de llegar a seis o siete metros de aquí al Bicentenario, se
seleccionaron el cerro Renca con sus doscientas hectáreas, el Chena de
San Bernardo, el Blanco en Recoleta, cuarenta y tres hectáreas en el
Manquehue de Vitacura y una plaza, Los Raulíes, en El Bosque.
La magnitud del desafío metropolitano paraliza e inmoviliza, pro-
voca nostalgia, por un lado, el deseo de congelar la ciudad para que no
siga desperfilándose o, en su lugar, un impulso planificador, incluso
represivo y poco flexible para que las fuerzas de desarrollo cuenten
con líneas matrices y se ajusten a un orden. Pero cada vez más el urba-
nismo evita el congelamiento y también la zonificación fija, optando
por una adaptación permanente a los cambios en las tendencias.
Como la democracia, la ciudad es una utopía, un futuro posible, un
horizonte, y no hay dos sociedades que sigan la misma ruta. Es más,
del caos nació la riqueza de la vida animal, no del orden, dicen ahora
las Ciencias Naturales, y también de cierto desorden emerge la atrac-
ción de las mejores ciudades.
Para Marcial Echenique, consultor internacional influyente en los
últimos años y partidario de la expansión de las ciudades –los límites
habrían desencadenado un anillo de parcelas de agrado que serían un
obstáculo para el Santiago futuro–, los desafíos son otros: eficiencia
económica, equidad social y calidad ambiental. En relación con esta
última variable faltaría arborización por la aridez de la zona, limitar el
transporte público excesivo y completar el tratamiento de aguas servi-
das, obligatorio en una ciudad contemporánea.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

El catalán Jordi Borja, consultor de planes estratégicos en ciudades


de Italia, Francia y Portugal en Europa, y de Bogotá, Medellín y Rió de
Janeiro en Sudamérica, es una voz que, desde su colaboración con la
Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas en estos
últimos años, también ha aportado “líneas fuerza” para mejorar la ca-
lidad urbana de la capital de Chile. Aunque considera débil el centro
histórico por su calidad ambiental y escasos ejes estructurales impor-
tantes, nuestro escenario urbano le parece suficiente para insertar in-
tervenciones que permitan lograr una imagen propia, atractiva y com-
petitiva, dotada de belleza y funcionalidad en un horizonte mediano.
Tareas pendientes que le parecen básicas son la recuperación del frente
fluvial del río Mapocho, reforzar el eje Alameda, reactivar la Avenida
Matta, revalorar el Parque O’Higgins y la Quinta Normal, construir
sobre la Norte-Sur, relocalizar ministerios bajo un signo monumental e
incluso lujoso... y avanzar hacia un proyecto global fuerte, hasta ahora
234 indefinido, porque no hay competencias claras entre las autoridades
responsables, única forma de que las intervenciones se orquesten de
acuerdo a una imagen integrada; que no sea solo agregar fragmentos a
una ciudad ya fragmentada.
Para fortalecer el centro histórico se diseñó un necesario Plan Maes-
tro de la Edificación Pública del Centro de Santiago, el que se empren-
dió en 2000 con miras al Bicentenario, pero la crisis que se iniciara el
año 1998, persistente al iniciarse el nuevo siglo, lo ha demorado en lo
que se refiere a la transformación del Edificio Diego Portales en Edifi-
cio de la Cultura, construcción de un Centro de Arte Contemporáneo
en la ribera Norte del Mapocho casi frente al Bellas Artes y unido a él
por una Plaza Puente Loreto, Edificio de la Cancillería al costado Po-
niente de La Moneda, Plaza Puente Norte-Sur y Plaza Puente Mapocho.
El Mapocho es una tarea urgente, el curso de agua que atrajo los
primeros pobladores, el que determinó la fundación de Santiago, el
que articuló el crecimiento de la ciudad pero que, en un valle de largos
meses secos, es sangrado tan fuertemente que ya al Oriente queda con
poco agua, un caudal disminuido, y en el sector central traslada, más
que sus propias aguas, las del río Maipo que le llegan por el Canal San
Carlos; éstas, a su vez, a través de dos canales riegan las desprovistas
tierras de Huechuraba y Quilicura, los que nuevamente lo sangran.
Como entonces recibe las descargas del Zanjón de la Aguada, “la cloaca
de Santiago”, termina su destino hacia Curacaví y María Pinto, y luego
hacia Talagante, El Monte y Melipilla, con un alto grado de contamina-
ción que finalmente se reinvierte en su origen, el río Maipo. Ingrato
destino para el eje articulador más relevante del trazado de la ciudad...
Por los altos contenidos de cobre con que cruza Santiago Oriente, y
por la cantidad de coliformes fecales que agrega a continuación, en las
últimas décadas ha sido cada vez más monitoreado y finalmente, gra-
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

cias a la inauguración de la Planta La Farfana en 2003, más las obras


complementarias que se agregarán hasta el 2009, el problema será final-
mente zanjado y podrá cambiar de destino a partir del Bicentenario.
En relación a la extensión de la ciudad, en 2003 el Ministerio de
Vivienda y Urbanismo adoptó una política definida. Sin fijar límites,
dictó una resolución que fija las modificaciones del Plan Regulador
cuando transforme suelos agrícolas en urbanos. En teoría toda exten-
sión será más cara ya que cada proyecto de expansión, de al menos
trescientas hectáreas, deberá asumir los costos de conectividad vial y
medidas para equipamiento de salud (construir hospital o consultorio
según el tamaño del proyecto), educación (colegio) y comercio, así como
destinar el 5% del suelo a actividades que generen empleo; el 40% de
las viviendas debe ser de un costo menor a las 500 UF para “hacer
ciudad”. El Seremi de Agricultura deberá evaluar el proyecto respon-
diendo si afecta o no terrenos de importancia agrícola, y en el caso de
hacerlo se deberá compensar cada hectárea con una hectárea y media; 235
a continuación, será el municipio respectivo el que lo apruebe o no
según su impacto ambiental, urbano y vial. Construir fuera de la ciu-
dad será más caro, lo que favorecería la densificación al interior de la
misma o, alternativamente, a otras ciudades de la región o a otras re-
giones.
La orientación no ha generado mayor debate, aunque sí los medios
para lograr una expansión más urbanística. En todo caso, el crucial
tema se limitó a algunas cartas a la prensa a lo largo de 2003, cuando
claramente es una política decisiva para el futuro de la región completa.
Lo mismo ha sucedido en 2004 con el envío de un proyecto de ley
al Senado que modifica la Ley General de Urbanismo y Construcción
de 1975. Las ciudades del país resultarán también modificadas si se
aprueba pero las instancias y el lenguaje no permiten que la ciudada-
nía se forme una idea clara de sus consecuencias, tal vez porque el pro-
pio proyecto no plantea una imagen de ciudad posible, limitándose a
regular la acción de los inversionistas inmobiliarios. Falta un mejor ejer-
cicio de las comunicaciones para abrirse a la participación ciudadana.
Como la gran mayoría de las megaciudades están en países en de-
sarrollo –catorce de veinte–, y su gestión se anuncia como uno de los
grandes desafíos del siglo XXI, la UNESCO decidió iniciar una línea de
aportes hace una década. Seis seminarios regionales de Comunicación
y Ciudad, en Rosario, Argentina (1992); Cuenca, Ecuador (1993); Asun-
ción, Paraguay (1994); Medellín, Colombia (1995); Lima, Perú (1996)
y San José de Costa Rica (1998) coinciden en la débil comunicación
urbana. Los ministerios relacionados y los alcaldes no la incorporan en
su administración y planificación, no promueven la participación ciu-
dadana, no involucran a los medios de comunicación para incentivar
el debate sobre los temas de la ciudad. Plantearon la urgencia de forta-
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

lecer el poder local, incorporar la comunicación en la gestión y en la


planeación estratégica de la ciudad, que las alcaldías tengan políticas
de comunicación urbana y unidades de comunicación con rango ge-
rencial, que se avance hacia la transversalidad en la relación comuni-
cativa, asociar programas de comunicación a los programas de desa-
rrollo, incorporar los imaginarios a los planes de desarrollo... La
imaginación también tiene un rol, la creación de imaginarios.
Colombia destaca con la creación de postgrados en Comunica-
ción Urbana, construcción de ciudadanía, periodismo formador de
opinión pública deliberante y participativa. Pero la civilización ur-
bana del siglo XXI, el ejercicio del derecho a la ciudad y la democracia
participativa siguen siendo subdesarrollados en toda América Latina. En
la mayor empresa de nuestros tiempos, los accionistas no sabemos en
qué anda el directorio ni conocemos los planes de los gerentes.

236 COMUNICADA Y PARTICIPATIVA

El Plan de Transporte Urbano (PTUS), con el apoyo de los académicos


de las distintas universidades que imparten ingeniería de transporte,
así como de las consultoras especializadas –dividido en doce progra-
mas– es el esfuerzo integral más ambicioso de la historia de la ciudad.
Reducir los tiempos de viajes, el número de líneas de microbuses, in-
sertar ciclovías, facilitar circulación de discapacitados y tercera edad...
El PTUS se incluye dentro de una nueva tendencia en la planifica-
ción urbana, esa que reconoce, desde las autoridades políticas a los
grupos económicos, que la tarea de avanzar hacia una ciudad sustenta-
ble es un requisito para insertarse en la economía global; es indispen-
sable para ser competitivos.
Y esto requiere no sólo planificación sino también desarrollo social
por el reconocimiento, también, que las ciudades inseguras y sin cohe-
sión social no podrán ser eficientes en la nueva economía. Requieren
arte y cultura, espacios públicos, museos y actividad teatral, prensa
diversa, condiciones básicas para el desarrollo de una cultura fuerte y
capaz de generar y participar en la consecución de diversos “proyectos
país”.
Tony Blair intentó, a pesar de las crisis económicas, invertir en pro-
yectos capaces de ofrecer una imagen de Londres que fuera “excitante,
experimental e innovadora”, no sólo en beneficio del turismo sino para
“tener a la gente unida”, lograr las condiciones para que los conceptos
Londres y experimental se fundieran en los oídos del mundo. Lo mismo
hará Barcelona, en la comprensión de que la imagen de la ciudad es una
imagen-país que, de ser internacionalmente atractiva, sirve tanto para
el turismo como para vender muebles o lavadoras. Y, hoy por hoy, para
lograr el respaldo de los votantes a la gestión de sus autoridades.
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

El alcalde de Santiago en el año 1998, Jaime Ravinet, ejecutivo,


pero víctima de la debilidad de los gobiernos municipales, comenzaría
a propugnar la necesidad de un Alcalde Mayor. Es más, hizo notar que
era necesario avanzar hacia una Corporación Pública que integrara tres
representantes del gobierno, tres de los municipios y tres del sector
privado –con un presupuesto de quinientos millones de dólares anua-
les–, si es que Santiago quería ser una ciudad “sustentable y moderna”.
Por supuesto, habría que encarecer la ciudad: alzas en los permisos
de circulación, alzas en las contribuciones de bienes raíces, alzas en los
combustibles derivados del petróleo, alzas en los impuestos corporati-
vos de las empresas... Resaltaría que ese año se hizo en Londres un
referéndum para instalar un Alcalde Mayor elegido libre y directamente,
propuesta que triunfó con un 72% a favor, quedando sólo dos ciuda-
des de más de cinco millones sin gobierno, Caracas de Venezuela y
Santiago de Chile.
Reclamaría Ravinet contra un desgobierno que entrega la planifi- 237
cación urbana, el uso de suelos, la pavimentación, la ubicación de vi-
viendas sociales, al Ministerio de Vivienda; el recorrido de las micros,
el sentido de las calles, la instalación de semáforos al Ministerio de
Transportes; las autopistas, puentes, pasarelas y pasos a nivel al Minis-
terio de Obras Públicas; el control de fuentes contaminantes, ruidos,
emisiones y olores al Ministerio de Salud; el control y prevención de la
seguridad ciudadana a los ministerios de Defensa y del Interior me-
diante policías que no tienen vinculación alguna con las municipalida-
des... Así no se lograrían políticas interdisciplinarias.
Respecto a la Costanera Norte no consideraba Ravinet, desde una
perspectiva más amplia, los efectos positivos y reordenadores que esta
vía podría tener sobre los territorios aledaños en las más de ocho co-
munas que cruzará, en tanto de la Línea 5 del Metro se preguntaba (El
Mercurio, 31 de mayo de 1998): “¿Qué autoridad evaluó sus impactos
revitalizadores en su entorno y cómo se están aprovechando sus bene-
ficios en las zonas vecinas a su trazado?” Se lamentaba al terminar el
artículo: “...al final (...) nadie termina siendo responsable ni por la so-
lución de contaminación y por la solución de ninguno de los más im-
portantes problemas de Santiago (…), lo que haría necesario que, como
en un Estado moderno, los roles se deben diferenciar...”, el gobierno
central y sus ministerios fijan las grandes políticas del país, los marcos
regulatorios, y deben controlar y supervisar su ejecución. Son las re-
giones y los municipios los que, dentro de estos parámetros, adminis-
tran sus territorios descentralizadamente.
El ministro de Vivienda de la época, Claudio Orrego, convocó a
ochenta especialistas para generar propuestas de “Reforma de la Ciu-
dad y el Territorio”, allí se planteó la necesidad de un Ministerio de
Desarrollo Urbano, modificación y actualización de la Planificación
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

Territorial, hacer operable la participación ciudadana e impulsar con-


sultas y plebiscitos, fortalecer el liderazgo vecinal, promocionar prácti-
cas de participación e identidad local, promover estrategias de espacios
públicos a nivel local, crear corporaciones de desarrollo en las princi-
pales ciudades, promover usos rentables del patrimonio urbano y con-
cesiones de áreas verdes.
La generación de poder público local implica, al menos, tener al-
caldes con autonomía, asesores urbanos profesionales, participación
ciudadana, consejos económico sociales y comités de adelanto. Supo-
ne una cultura urbana que sea incentivo de liderazgos y consensos, y
en la que se busque la colaboración público-privada.
Hay que partir por construir un territorio; su infraestructura, polí-
ticas ante la expansión, ordenamiento del territorio en cuanto a servi-
cios, instituciones y recursos humanos capacitados, y también una ima-
gen de la región, identidad de la región, planes de la región, marketing
238 de la región, fuerte gobierno de la región, líderes de la región, hasta
hacerla visible, real.
Esto requiere creatividad para impulsar liderazgos, obtención de
consensos y legalidad, ya que no hay dos ciudades iguales. Como es
algo nuevo ninguna ciudad del mundo está resuelta, están perfilando
sus territorios la Región de Île de France, la Comunidad Autónoma de
Madrid, el Condado de Los Angeles USA...
En todas hay problemas de poder. O el central no suelta a las co-
munas o estas no lo liberan a la estructura de la ciudad completa, al
área metropolitana; situación crítica, porque los poderes metropolita-
nos sin elección directa son vistos como ajenos, mientras el poder local
es necesario para construir ciudadanía, cultura cívica, logro de cerca-
nía de la gente, participación que sólo allí es posible, en esa escala hu-
mana...
¿Cómo avanzar sin un orden administrativo? Planificar polos in-
dustriales y de empleo, áreas comerciales peatonales, centros de ferias
y exposiciones, eventos públicos, fiestas, conmemoraciones, hitos de
turismo cultural restaurados, recuperación de áreas valiosas obsoletas,
gestión participativa de la seguridad ciudadana, centros vecinales de
arte y cultura, comités de adelanto, infraestructuras cultural y deporti-
va y de la recreación y del ocio, requieren funcionarios públicos inde-
pendientes del gobierno de turno, así como gobiernos locales con inde-
pendencia económica, eficiencia y transparencia.

EL ANILLO INTERIOR

El Anillo que rodeará el casco histórico cruzando trece comunas, fue


dividido en cuatro tramos que el ministro Ravinet encargó a sendas
universidades, Católica de Chile –en su Escuela de Arquitectura surgió
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

el proyecto–, de Chile, de Santiago y Central. Calificado como un me-


dio para mejorar la calidad de vida en toda la capital, y su competitivi-
dad a escala internacional, se inscribe dentro de la política de “crecer
hacia adentro”, ya que recuperará doscientas veinticinco mil hectáreas
de terrenos obsoletos o subutilizados en torno al centro de la ciudad,
casi todos remanentes del cinturón de hierro de los ferrocarriles del
siglo XIX. Será una ancha franja circular de dieciocho kilómetros de
largo, con áreas verdes, que incorporará usos recreacionales, cultura-
les, de servicios y transporte público, desarrollo inmobiliario y edificios
públicos, relacionada con el nuevo rol de la Avenida Américo Vespucio y
el Anillo Intermedio Dorsal, así como con el Plan de Transporte Urbano
de Santiago (PTUS), para disminuir tiempos de viajes y contaminación.
Recorrerá el río Mapocho por el Norte, Parque Bustamante y San
Eugenio al Oriente, sectores Zanjón de la Aguada, Matadero, seguirá
por Exposición y Matucana, vinculando áreas verdes como el Parque
Forestal y la Quinta Normal, a las que agregará la creación de otras dos. 239
Después del Camino de Cintura de Vicuña Mackenna y la Circun-
valación Américo Vespucio, sería el plan más ambicioso para articular
la capital como un sistema integrado, supliendo, de paso, la escasez de
áreas verdes, recreativas y culturales en Santiago.
Es un esfuerzo por estructurar la ciudad difusa, pero su concreción
aparece titánica dada la organización de Santiago. Las cuatro universi-
dades han creado equipos de trabajo para que ese trazado, que alguna
vez fuera una frontera ferroviaria que limitó el crecimiento de la ciu-
dad, sea en el siglo XXI un espacio articulador, incluso de encuentro y
también circulatorio, constituyendo en su interior un “centro” más
amplio y menos lineal que el actual, capaz de sostener la metrópoli.
Aunque surgió del mundo universitario con la participación de ar-
quitectos, de la sociedad en último término, y a pesar de que su crea-
ción, aunque tardara décadas, mejorará notablemente varias carencias
de la ciudad actual, los medios de comunicación y la ciudadanía no
han reaccionado frente a la propuesta, ni a favor ni en contra. Los
doscientos millones de dólares ya asignados en las inversiones iniciales
son un monto relevante en la economía nacional y ello bastaría para
que su destino fuera razón de debates.
El Directorio Ejecutivo de Obras Bicentenario le asignó un rol arti-
culador, además de varios otros proyectos Bicentenario, invirtiendo
profesionales y funcionarios en su complejo planeamiento. También se
buscó una asesoría experta, contrato que se adjudicó URBE Consulto-
res, de larga experiencia de numerosos megaproyectos.
Implicó información geográfica, potenciales inmobiliarios, evalua-
ciones ambientales y de transporte, estudio de referentes internacio-
nales, diseño de un sistema de gestión integrado, para llegar a un “Diag-
nóstico Estratégico y Participativo” y a una “Propuesta Estructural”,
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

tras los cuales se integraron las universidades, cada una con un seg-
mento, para obtener un Plan Maestro espacial, el que por sus impli-
cancias históricas, sociológicas, de diseño urbano, de medio ambiente,
transporte, gestión inmobiliaria y de paisajismo fue abordado por equi-
pos interdisciplinarios.
La investigación encabezada por el Directorio Ejecutivo de Obras
Bicentenario (DEOB), de la consultora URBE y de las universidades, se
expresó en un Plan Maestro Urbano Integrado que se presentó a los
trece municipios que recorrerá el Anillo Interior así como al público
general en un Seminario celebrado en el mes de marzo de 2003.
Poco después, en junio, se estableció el directorio formado por el
ministro de Vivienda y Urbanismo, el Intendente Metropolitano, el
subsecretario de Transportes y Telecomunicaciones, la directora nacio-
nal de Planeamiento del MOP, el alcalde de Santiago y el presidente de
INVIA, la filial inmobiliaria de Ferrocarriles del Estado a la cual pertene-
240 cen grandes paños de los que recorrería el Anillo.
Las etapas factibles de construirse de aquí al Bicentenario se esti-
maron de un costo estimado en novecientos diecinueve millones de
dólares, sobre la base de que los trescientos de inversión gubernamen-
tal serían suficientes para gatillar inversiones privadas por un valor de
los seiscientos diecinueve restantes.
Por su magnitud es imposible de reseñar pero la publicación de un
libro de ciento cincuenta páginas y gran formato y con amplia infor-
mación –Anillo Interior de Santiago, un desafío de gestión urbana estratégi-
ca”, Obras Bicentenario, 2003– permite que el público interesado lo co-
nozca en detalle con los planos correspondientes.
Mucho más debate ha generado el Portal Bicentenario en el área
del Aeropuerto de Los Cerrillos, aunque más por las razones esgrimi-
das por usuarios de las pistas que por ciudadanos interesados en opinar
sobre el proyecto mismo. Es otro megaproyecto, pero si el Anillo Inte-
rior estructura la ciudad histórica –actuando sobre el ser de la ciudad–,
este plantea una ciudad nueva, una suerte de modelo donde la edifica-
ción pública, la vialidad, las áreas verdes, la diversidad socioeconómica
se han planificado como un deber ser de la ciudad contemporánea.
El Anillo Interior recupera la historia de la ciudad, la abre y des-
pliega a un mejor uso, en tanto el Portal intenta ofrecer un trozo del
futuro. No despierta la misma adhesión, porque la ciudadanía de San-
tiago no ha logrado debatir una visión, un horizonte, una imagen ur-
bana deseable. El anillo, en cambio, es más permeable, requiere de dos
tercios de financiamiento y proyectos privados con lo que su expresión
final será responsabilidad de todos.
En uno y otro caso sorprenden el silencio, la ausencia de debate
cuando se trata de dos proyectos de gran impacto y enormes recursos
involucrados.
H ACER C IUDADES EN EL T ERRITORIO

VIVIRÁS EN UN ARCHIPIÉLAGO

Mucho pensador, mucho arquitecto, mucho artista aboga por la ciu-


dad con relación al casco histórico y a Santiago Poniente, sin aceptar
los barrios-jardín cuando estos supieron, como modelo, crear ambien-
tes de una excelente calidad de vida y con precios muy diversos.
Se produjo una diversidad sin concierto, hay que reconocerlo, pero
que hoy define identidades y caracteriza comunas completas; los ba-
rrios-jardín pueden y deben potenciarse como se ha hecho en Provi-
dencia. Gradualmente se va descubriendo que Santiago encierra patri-
monios muy diversos, desde los históricos del casco antiguo a los más
naturales como Peñalolén y Lo Barnechea en la precordillera, desde
los arquitectónicos cerca del río Mapocho a otros más barriales urba-
nos como en Avenida Matta, Recoleta o San Miguel, aflorando así una
rica realidad múltiple, la ciudad-archipiélago.
Los distintos sectores de la ciudad han alcanzado una identidad 241
cada vez más definida. Aunque hay movilidad habitacional, en la últi-
ma década el santiaguino (Censos 1992 y 2002) tiende ahora a mante-
nerse en su zona de origen, sea Maipú, Santiago Oriente o Puente Alto,
luego de varias décadas de desplazamiento aspiracional o arribista. A
medida que las familias mejoran sus ingresos, cambian de vivienda,
pero dentro de su área, tendencia favorecida por la aparición de con-
juntos para mayores ingresos en distintos sectores, como Peñalolén,
Huechuraba o Puente Alto, favoreciendo la diversidad social. La ciu-
dad está quedando dividida en diez macrounidades definidas: Centro,
Poniente, Sudponiente, Sur, Sudoriente, Oriente, Norte, Periferia Nor-
te, Periferia Sudoriente y Periferia Norte, cada uno con sus centros
comerciales propios, áreas verdes, colegios, atención de salud.
Es un mapa que convendría aceptar, porque las comunas por sepa-
rado difícilmente podrán ofrecer la infraestructura cultural o deportiva
necesaria, las áreas verdes correspondientes, pero en la asociación de
tres o cuatro por macrounidad, sí es posible que crezcan subcentros
poderosos.
Hoy se plantea trabajar cada una de esas diez islas como una ciu-
dad en sí misma, con su propia dinámica de desarrollo que, por su-
puesto, implica una reforma que permita su gobernabilidad con pro-
yectos propios. En Hume, Reino Unido, se estableció que la calle como
espacio social definirá la estructura y no el tráfico vehicular. En un
barrio de Filadelfia en Estados Unidos descendió la criminalidad en un
90% al construirse jardines en sus sitios eriazos. En Phoenix, del mis-
mo país, al dejar las canchas de básquetbol abiertas hasta las dos de la
mañana se redujo la delincuencia juvenil en un 55%. Los holandeses
han renovado sus calles exaltando su rol social, en favor de los peato-
nes; sin desnivel de vereda a calzada, con árboles, escaños y jardineras,
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

el paradigma de las woonerf ahora se extiende por Alemania y Estados


Unidos. Son innumerables las posibilidades de crecimiento cuando hay
una gestión respaldada política y autónomamente en su orientación.
Cuando hay una ciudad policéntrica con varios espacios autónomos de
gestión.
Parques, plazas, calles ofrecen mejor calidad de vida, nuevos usos,
se abren a los discapacitados, mejoran su mobiliario, se iluminan por
arquitectos especializados, agregan ciclovías e instalan estacionamien-
tos de bicicletas, arborizan sus recorridos con especies más adecuadas,
incorporan fuentes de agua y juegos infantiles, espacios deportivos y
de eventos artísticos. También se restaura el patrimonio arquitectónico
y se invierte en los símbolos urbanos más propios. Las ciudades globa-
les compiten para atraer habitantes, turistas, eventos, negocios y, por
supuesto, para conservar sus residentes. El diseño urbano se reconoce
como una herramienta poderosa de desarrollo.
242 El fenómeno aún es incipiente en Chile, apenas algunas comunas
de Santiago han avanzado en esta dirección. De ahí que la aparición de
una Guía de Diseño del Espacio Público elaborada por Francisco Harrison
y Bruce Swain, por encargo de la División de Desarrollo Urbano del
Ministerio de Vivienda y Urbanismo, sea una novedad en el país. Hacía
falta un manual para “hacer ciudad”.
En casi quinientas páginas, tema por tema, en un lenguaje claro y
preciso, con abundantes fotografías, los autores no sólo nos sitúan en
el momento internacional y nos aportan ejemplos para Chile. Mucho
más allá, parten por la historia de las plazas, parques y calles de Chile,
reconociendo y valorando una tradición, modos nuestros de usar el
espacio público. Dada nuestra diversidad geográfica, se refieren a las
regiones por separado. Lectura obligada para alcaldes y directores de
obras, aquí encontrarán formas didácticas de mejorar sus espacios pú-
blicos incluyendo detalles: buzones, casetas telefónicas, grifos, jardine-
ras, luminarias, basureros, entre otros. Es fácil, y tradicional en Chile
denunciar errores, coleccionar ejemplos de lo absurdo, lo grotesco, lo
patético, “el mal gusto” de muchas intervenciones. Pero lo cierto es
que la cultura urbana no ha estado en nuestra agenda política, educa-
cional o cultural hace varias décadas.
Es un proceso que recién comienza. Algún día, al comprar una
propiedad tendremos derecho a participar en las decisiones sobre el
futuro del barrio en que ella esté inserta. Sólo entonces sentiremos que
la ciudad nos pertenece. Sólo entonces será cierto lo que dijo el urba-
nista Gastón Bardet: la ciudad es la mayor obra de arte colectiva del ser
humano.
C IEN LIBROS DE LA REGIÓN

CIEN LIBROS DE LA REGIÓN

01. Martín Rivas, Alberto Blest Gana, La Voz de Chile, Santiago, 1862. 243
02. Historia Crítica y Social de la Ciudad de Santiago, Benjamín Vicuña
Mackenna, Imprenta de El Mercurio, Valparaíso, 1869.
03. Transformación de Santiago. Notas e indicaciones. Imprenta de la Li-
brería de El Mercurio, Santiago de Chile, 1872.
04. Juana Lucero, Augusto D’Halmar, Imp. y Encuadernación Turín,
Santiago, 1902.
05. La verdadera situación de la Ciudad de Santiago, Benjamín Vicuña
Mackenna, Edición de la Librería de Guillermo Miranda, Santia-
go de Chile, 1904.
06. Casa Grande, Luis Orrego Luco, Santiago de Chile, 1908.
07. Chile en 1910, Eduardo Poirier, Imprenta Barcelona, Santiago de
Chile, 1910.
08. El Roto, Joaquín Edwards Bello, Editorial Chilena, 1920.
09. La viuda del conventillo, Alberto Romero, Editorial Biblos, Buenos
Aires, 1930.
10. Santiago de Chile: su estado actual y futuro, Karl Brunner, Imprenta
La Tracción, Santiago de Chile, 1932.
11. Memorias de ochenta años, Ramón Subercaseaux, Editorial Nasci-
mento, Santiago de Chile, 1936.
12. Cuatro siglos de la historia de Santiago, varios autores, Empresa Edi-
tora Zig-Zag, Santiago de Chile, 1941.
13. Estampas del Nuevo Extremo, Antología de Santiago 1541-1941, Ricar-
do Latcham, Editorial Nascimento, Santiago de Chile, 1941.
14. Historia de la Arquitectura en Santiago, siglos XVII-XIX, Manuel Eduardo
Secchi, editado por la Comisión del IV Centenario de la Ciudad,
Editorial Zig-Zag, Santiago, 1941.
15. Arenas del Mapocho, Ricardo Puelma, Imprenta y Litografía Cón-
dor, Santiago, 1941.
S ANTIAGO . R EGIÓN CAPITAL DE C HILE

16. Cuatro siglos de la historia de Santiago, Carlos Peña Otaegui, Santia-


go, 1943.
17. Santiago de siglo en siglo, Carlos Peña Otaegui, Editorial Zig-Zag,
1944.
18. El Club de la Unión en sus ochenta años (1864-1944), Guillermo Ed-
wards Matte, Editorial Zig-Zag, Santiago de Chile, 1944.
19. La Chimba, Carlos Lavín, Empresa Editora Zig-Zag, Santiago, 1946.
20. La Chimba Antigua, Justo Abel Rosales, Editorial Difusión, Santia-
go de Chile, 1947.
21. Las Condes, Carlos J. Larraín, Editorial Nascimento, 1952.
22. El río, Alfredo Gómez Morel, talleres Arancibia Hermanos, San-
tiago, 1962.
23. Hitos de Santiago, Jorge Aguirre Silva, Santiago de Chile, 1963.
24. Frutos del País, Julio Barrenechea, Editorial Zig-Zag, Santiago de
Chile, 1965.
25. Novela de Navidad, Enrique Lafourcade, Editorial Zig-Zag, Santia-
244
go, 1965.
26. Historia del arte en el Reino de Chile, Eugenio Pereira Salas, Edicio-
nes de la Universidad de Chile, Santiago, 1965.
27. Memorial del Viejo Santiago, Alfonso Calderón, Editorial Andujar,
Santiago de Chile, 1966.
28. El Cabildo en Chile Colonial, Julio Alemparte, Editorial Andrés Be-
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