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TSCordoba, sala Civil y Comercial, 30/12/97, B., S. B. s. exequátur.

Divorcio decretado en EUA. Reconocimiento de sentencia extranjera. Requisitos. Autenticidad. Jurisdicción indirecta. Orden público internacional. Prueba del Derecho
extranjero. Improcedencia.

Publicado en LL 1999-D, 745 y en LLC 1999, 539.


Córdoba, 30 de diciembre de 1997.-
Considerando: I. Las censuras admiten el siguiente compendio: sostiene como fundamento del recurso interpuesto que el
tribunal a quo ha efectuado una errónea aplicación e interpretación del art. 13 del Cód. Civil, al fundamentar el rechazo de
la inscripción de la sentencia de divorcio por entender que no se ha probado la existencia de la ley extranjera.
Manifiesta que la interpretación sistemática y correcta del art. 13 del Cód. Civil, armonizado con el contenido del art. 14
del mismo cuerpo, art. 825 del Cód. Procesal Civil y los arts. 1º, 5º, 18 y 31 de la Constitución Nacional y arts. 39, 40 y 41
de la Constitución Provincial lleva a concluir que su finalidad es la tutela de los principios que informan el orden público y
la moralidad nacional.
Alega que de la correlación de los arts. 13 y 14 del Cód. Civil surgen dos supuestos, el primero como en el caso de autos,
en que el juez extranjero ya ha aplicado el derecho vigente en su país a la relación sometida a su consideración, de tal
manera que lo único a considerar es si el acto pronunciado en su alcance y efecto violan tales principios. Señala que esta es
la hipótesis que reglamenta el art. 825 y correlativos del Cód. Procesal Civil, bajo el título "ejecución de sentencias dictadas
en el extranjero", que no se exige la prueba del derecho extranjero.
El segundo supuesto se refiere a cuando una o todas las partes del proceso, piden al juez nacional la aplicación del derecho
extranjero a una relación jurídica, en razón de las conexiones internacionales que pudiera haber tenido aquélla, tales como
el lugar de celebración del negocio, domicilio, lugar de ejecución, etc. Alega que en este último caso es donde el juez podrá
exigir la prueba del derecho extranjero, para que luego de conocido pueda decidir su aplicación o no al caso.
Señala que el asunto de autos se enmarca en la primera hipótesis, ya que la relación está juzgada conforme al derecho de un
país extranjero y sólo resta saber si el contenido y los efectos del acto dictado respetan o lesionan el orden público nacional.
Aduce que el supuesto de autos no se trata de un pedido de aplicación de derecho extranjero, por lo que no corresponde
exigir que se aporte la prueba del mismo, sino que el tribunal debió analizar si los alcances y efectos del acto comprometen
el orden público argentino.
Afirma que de las constancias de autos surge que el divorcio vincular admitido no repugna el orden público nacional.
Además de ello: 1) la sentencia traducida permite saber que se ha dispuesto el divorcio de los esposos residentes en aquél
país, luego de ser escuchados en sus demandas y defensas. 2) se ha establecido un régimen de tenencia de hijos menores,
visitas, vacaciones y alimentos que equilibran los derechos y obligaciones de los padres. 3) No se ha privado al padre de la
patria potestad, sino que es cotitular de ella, con facultades de control y ejercicio de una disciplina razonable. 4) Se dispuso
que el padre proveerá al seguro médico de los hijos, imponiendo hasta el detalle de la obligación de avisar con determinada
antelación al otro, todo cambio de domicilio y hasta de teléfono. 5) Además de la sentencia surge que la sociedad conyugal
se ha liquidado y distribuido de común acuerdo entre los cónyuges.
Expresa que todos estos elementos sustanciales permiten conocer que no hay ni puede haber injuria para el orden público
argentino, ni que el reconocimiento de la sentencia resulte incompatible con el espíritu de la ley nacional (art. 14 inc. 1º y
4º, Cód. Civil).
Dice que por otra parte, y conforme surge de los términos de la sentencia, que lo considerado como causal de separación ha
quedado en la intimidad de las partes y del juez, lo cual guarda absoluta similitud con la previsión contenida en el art. 215
del Cód. Civil.
Manifiesta que resulta arbitraria la interpretación que la Cámara hace del texto del art. 13 del Cód. Civil al sostener que el
tribunal argentino necesita evaluar las normas para ordenar la inscripción solicitada y que para verificar si se afectan los
principios del orden público familiar argentino se requiere el cotejo de la normativa extranjera aplicada y nuestro
ordenamiento legal.
Señala que con los elementos obrantes en el proceso el tribunal podía realizar el control que la ley argentina propone, sin
necesidad de conocer en detalle la ley extranjera ya que del instrumento a inscribir surge que su alcance y efectos no
comprometen el orden público nacional.
Por otra parte sostiene que el argumento de la Cámara a quo, que expresó que por imperio del art. 322 del Cód. Procesal
Civil le correspondía a su parte tramitar el oficio que disponía la medida para mejor proveer, no resulta tampoco correcto.
Lo cierto es que al tratarse de una medida dispuesta por la Cámara a quo no ofrecida por su parte, debió a tenor de lo
preceptuado por el art. 34 de la ley 7676 estar a cargo del tribunal, ya que por regla el impulso procesal es de oficio.
II. El vicio que el recurrente endilga al pronunciamiento recurrido encuadra en la previsión del inc. 1º art. 162 de la ley
7676 que prevé expresamente como hipótesis impugnativa "La inobservancia o errónea aplicación de la ley".
III. El tribunal a quo fundamentó el rechazo del pedido de inscripción y reconocimiento de la sentencia de divorcio dictada
en el extranjero en base a las siguientes consideraciones: "...el Tribunal necesita evaluar si la resolución cuya inscripción se
pretende efectuar en el país ha sido dictada en virtud de norma cuyo alcance y efectos puedan afectar los principios de
orden público familiar argentino". Agregó: "Ello es posible mediante el cotejo entre la normativa extranjera aplicada y
nuestro ordenamiento legal. Es necesario, por tanto, contar con la prueba del derecho extranjero, a fin de precisar sus
normas y determinar si ellas se compatibilizan con las del orden jurídico nacional. De allí la exigencia del art. 13 del Cód.
Civil, plenamente vigente. Esta norma requiere, para que proceda el "exequatur" tendiente a lograr se inscriba una sentencia
de divorcio pronunciado en el extranjero, la prueba del derecho vigente al dictarse la resolución".
IV. En la provincia de Córdoba rige la ley 4992 del 1 de mayo de 1968 cuyo art. 1º dispone que la inscripción de los fallos
extranjeros sobre divorcio, nulidad de matrimonio y modificación de la capacidad y estado civil de las personas, están
sujetas al "exequatur" que les otorguen los Tribunales de la Provincia, de acuerdo a lo que disponen las normas procesales
en vigor sobre la ejecución de sentencias dictadas por tribunales extranjeros.
El "exequatur" no es, por lo tanto, la ejecución de una sentencia extranjera de divorcio, sino que se materializa de manera
inmediata, ordenando su inscripción en el registro.
El fundamento principal de la exigencia, bajo la forma del "exequatur", es la defensa del orden público mediante la
constatación previa de que la sentencia extranjera reúne los requisitos formales, procesales y sustanciales establecidos por
el ordenamiento del Estado al cual se solicita su admisión, y en especial la defensa de la jurisdicción internacional argentina
exclusiva.
El anterior art. 986 de la ley 1419 y sus modificatorias, como el actual art. 825, ley 8465, establecen las condiciones que
debe observar una sentencia extranjera para que pueda ser reconocida o ejecutada en nuestro país: a) requisitos formales: el
inc. 3º, tanto del art. 986 de la ley 1419 y sus modificatorias, como del actual art. 825, ley 8465, apunta a la autenticidad de
los documentos exhibidos, que deben estar traducidos por traductor público nacional y debidamente legalizados de acuerdo
a las reglas vigentes, o exentos de tal exigencia, en relación a los países ligados por la Convención de la Haya, ratificado
por ley 23.458/87, que ha sustituido la legalización a través de las Cancillerías, por la "apostilla" impresa por el cónsul. b)
requisitos procesales: están previstos en los incs. 1º y 2° (art. 986, ley 1419 y sus modif., y art. 825, ley 8465) y se
sintetizan en la fórmula que manda respetar las garantías del debido proceso. Ello abarca el análisis de la jurisdicción
internacional del tribunal extranjero que dictó la sentencia, que puede ser exclusiva o concurrente; el ejercicio del derecho
de defensa del demandado, y el carácter definitivo de la sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada. c) Por último, el
requisito sustancial previsto en el inc.4º de los artículos y leyes citadas que prevé la defensa de los principios
fundamentales que integran el orden público internacional (art. 14 inc. 2º, Cód. Civil), rechazando la aplicación del derecho
extranjero cuando éste resulte lesivo a nuestras instituciones fundamentales.
En supuestos como el de autos en los que se solicita el simple reconocimiento de una sentencia extranjera a través de su
inscripción en el Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas, no cabe acudir a la prescripción del art. 13 del
Cód. Civil, el que alude específicamente a la aplicación del derecho foráneo por parte del juez nacional.
En los casos de reconocimiento o de "exequatur", el juez, a los fines de verificar el cumplimiento del requisito sustancial
aludido precedentemente en el punto c) deberá considerar exclusivamente si la sentencia extranjera implicada conculca los
principios de orden público del derecho argentino.
El "standard jurídico" del orden público internacional se encuentra en el inc. 2º del art. 14 del Cód. Civil, que se refiere "al
espíritu de nuestra leyes". Frente a cada caso concreto el juez deberá valorar el grado de soportabilidad de tales principios
frente al derecho extranjero. "El denominado orden público internacional es, en definitiva, el orden público del foro: es el
conjunto de principios fundamentales e inderogables por voluntad de las partes, en que se asienta el orden jurídico local y
que el juez que entiende en la causa debe invocar y utilizar para excluir la aplicabilidad de un derecho extranjero … que
resulta lesivo a tales principios" (cfr. Berta Kaller de Orchansky, "Nuevo Manual de Derecho Internacional Privado", p.
356, Ed. Plus Ultra).
Se ha conceptualizado el orden público como "el conjunto de reglas en que reposa el bienestar común ante las cuales ceden
los derechos de los particulares porque interesan a la sociedad colectivamente más que a los ciudadanos aisladamente
considerados" (cfr. Alsina, t. V, p. 177).
Boggiano ha sostenido que: "El control concierne a la solución material de la controversia en cuanto a su eficacia o
ejecución en el país estrictamente. De ahí que se requiera una comparación sustancial entre aquella solución y el espíritu
del derecho argentino. Desde este punto de vista material, no cabría reconocer una solución extranjera contraria a la que
impondría una norma de policía de aplicación exclusiva argentina. No se cuestiona que la sentencia extranjera haya
aplicado las normas de conflicto, materiales o de policía que se consideró competentes; se revisa la solución de fondo. Y si
ésta es contraria a la que impone una norma de policía de derecho internacional privado argentino, entonces hay que hacer
respetar esta norma en jurisdicción argentina". "No cabe, pues, una revisión sobre el fondo del pronunciamiento extranjero.
Ni siquiera cuando el juez extranjero ha aplicado el derecho material argentino su decisión es revisable por vía de
reconocimiento o "exequatur"; tampoco procede revisar las normas de conflicto aplicadas por el tribunal extranjero". "El
respeto a la decisión extranjera comprende también el de las normas de conflicto aplicadas por el juez que la dictó.
Tampoco son revisables los métodos de calificar la controversia, el tratamiento de las cuestiones previas, ni, en general, la
interpretación, integración y aplicación de las normas de conflicto aplicadas por el tribunal extranjero".
En tal sentido sostuvo dicho autor que: "En este mismo orden de ideas, si un matrimonio celebrado en la Argentina fuese
divorciado por sentencia en un tribunal extranjero, esta decisión, en tanto violaba la norma de policía del art. 7º de la ley de
matrimonio, no podía ser reconocida en el país. En realidad, estas normas expresan principios fundamentales. En tal
sentido, se había juzgado que el principio de indisolubilidad del vínculo matrimonial contraído en nuestro país -sobre el
cual estaba vertebrado entre nosotros el matrimonio- era de orden público y afectaba al fundamento mismo de la
organización de la familia (CCivil. en pleno, JA, 1961-II, 584, cfr. "Derecho Internacional Privado", t. I, 3ª ed., p. 564),
mas al modificarse el sistema legal argentino (ley 23.515) aquella observación pierde vigencia.
De lo expuesto se desprende que el recaudo de la prueba del derecho extranjero no constituye un requisito indispensable
para que el juez pueda verificar el extremo exigido por la ley de rito (inc. 4º: art. 986, ley 1419 y sus modif. y art. 825, ley
8465), esto es, que la sentencia no afecte los principios de orden público del derecho argentino.
V. El tribunal a quo ha efectuado una inadecuada interpretación y aplicación del art. 13 del Cód. Civil al caso de autos, al
sustentar como fundamento del rechazo de la solicitud de reconocimiento e inscripción de la sentencia de divorcio
extranjera, la falta de acreditación por parte del peticionante de la prueba del derecho extranjero.
VI. Por ello corresponde acoger el recurso de casación interpuesto y declarar la nulidad del pronunciamiento recurrido en
cuanto decide rechazar la solicitud de inscripción aludida, debiendo resolverse la cuestión sin reenvío.
VII. Para que pueda otorgarse el "exequatur" al pronunciamiento de un juez extranjero, debe acreditarse ante el tribunal
local un mínimo de elementos que le permitan a éste apreciar el acatamiento de los recaudos exigidos para su otorgamiento,
de conformidad a lo que disponen las normas procesales en vigor sobre ejecución de sentencias dictadas por tribunales
extranjeros.
Las constancias arrimadas a la causa resultan suficientes para efectuar el examen de los recaudos exigidos.
La sentencia extranjera ha satisfecho los requisitos formales en tanto se encuentra debidamente legalizada y traducida.
En el aspecto procesal, el demandado compareció personalmente, con lo cual queda a resguardo la condición exigida por la
ley que procura asegurar la defensa en juicio de la persona y sus derechos (cfr. el art. 18, Constitución Nacional).
Respecto de la jurisdicción internacional, de las constancias del pronunciamiento foráneo surge que el último domicilio
efectivo de los cónyuges se encontraba en el extranjero (ver. fs. 28 donde alude a que se habrían cumplimentado los
requisitos de residencia), quedando así satisfecho también el requisito que exige que la sentencia extranjera "... emane de
tribunal competente según las normas argentinas sobre jurisdicción internacional". Ello así en tanto el art. 227 del Cód.
Civil dispone: "Las acciones de separación personal, divorcio vincular y nulidad, así como las que versaren sobre los
efectos del matrimonio, deberán intentase ante el juez del último domicilio conyugal efectivo o ante el del domicilio del
cónyuge demandado".
Por último en cuanto al aspecto sustancial, que involucra el orden público interno, cabe señalar que admitida la institución
de divorcio vincular en nuestro país (ley 23.515), la disolubilidad resuelta no la lesiona.
Además cabe agregar al respecto que "el régimen de las causales de divorcio de nuestra legislación hace al orden público
interno, pero no puede condicionarse al reconocimiento de las sentencias extranjeras que han disuelto vínculos
matrimoniales, a que haya una absoluta identidad entre las de ambos países (cfr. CS, noviembre 3, 1988, en JA del 22 de
febrero de 1989, t. I, p. 641, citada por Berta Kaller de Orchansky en "Nuevo Manual de Derecho internacional Privado").
VIII. En razón de lo expuesto se resuelve admitir el pedido de inscripción de la sentencia identificada con el Nro. 83-
63537, dictada el 15 de marzo de 1984 por el Tribunal de distrito del Condado de Harris, Estado de Texas-Distrito Judicial
308, Estados Unidos de Norteamérica, por ante el Registro Civil de Estado y Capacidad de las Personas. Debiendo tomarse
razón de la misma en el Acta Número 480 del año 1975 - Sección 8ª Tomo II. Sin costas en atención a la índole del
pronunciamiento.
Por ello, se resuelve: I. Admitir el recurso de casación y anular la decisión cuestionada. II. Acoger el pedido de inscripción
de la sentencia extranjera identificada con el número 83-63537, dictada el 15 de marzo de 1984 por el Tribunal de distrito
del Condado de Harris, Estado de Texas - Distrito Judicial 308, Estados Unidos de Norteamérica. Ordenar la toma de razón
de la misma en el Acta Número 480 del año 1975 - Sección 8ª, tomo II (del Registro del Estado Civil y Capacidad de las
Personas). II. Sin costas.- A. L. Ferrer. D. J. Sesín. M. E. Cafure de Battistelli.
Tribunal de Familia no 1 de Jujuy, 16/05/05, Ll., A. R.
Matrimonio celebrado en Argentina. Divorcio decretado en Alemania. Reconocimiento de sentencia. Inscripción marginal del divorcio.

Publicado en DJ 21/06/06, 564 y en LLNOA 2006, pp. 372-379, con nota de M. L. Espeche y M. J. Garay.

San Salvador de Jujuy, 16 de mayo de 2005.


Considerando: Que a fs. 14 de autos se presenta A. R. Ll. con el Patrocinio letrado del doctor R. M. F. a solicitar
autorización para inscribir, mediante anotación marginal pertinente, la sentencia de disolución de vínculo matrimonial
emitida por el Tribunal de Primera instancia de Sttugardt - Bad Cannstatt (Tribunal de Familia) de la República Federal de
Alemania, dictada el día 28 de abril de 1989.
Que al relatar los hechos señala que contrajo matrimonio en San Salvador de Jujuy con Andrés Sombory en fecha 23 de
diciembre de 1958. Que de dicha unión nacieron cinco hijos, a la fecha mayores de edad. Que con fecha 28 de abril de 1989
la unión matrimonial se disolvió legalmente en Alemania por ante el tribunal señalado ut supra y que el esposo actualmente
vive y reside en Magyarosza Homolytaja Dulo 21-2750 Nagykoros- Hungría, Europa. Cita derecho y acompaña prueba.
Que a fs. 24 se admite la acción a la que se imprime el trámite previsto por el art. 469 y siguientes del CPC para los
procesos voluntarios.
Que corrida vista al Ministerio Fiscal a fs. 24 vuelta comparece la doctora M. del P. M. quien se pronuncia por el progreso
de la acción.
Que a fs. 25 se otorga participación al Director del Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas conforme lo
dispuesto por el art. 65 del dec.-ley 8204/63.
Que a fs. 31 y cumplido el requerimiento formulado a fs. 26, Daniel Julio Ferreyra Director Provincial del Registro Civil
también se expide por la procedencia del trámite.
Que relatadas sucintamente las circunstancias fácticas del presente proceso y no existiendo prueba por producir
corresponde analizar la procedencia de la autorización solicitada.
Que al respecto cabe señalar que en autos se debate la inscripción de una sentencia de disolución del vinculo matrimonial
dictada por un Tribunal extranjero, en la marginal del acta del matrimonio de la actora celebrado en esta ciudad.
Sabido es que por razones de conveniencia y de solidaridad, casi todas las leyes procesales vigentes en el mundo,
reconocen, bajo ciertas condiciones, la eficacia de sentencias pronunciadas en el extranjero, y autorizan a promover su
ejecución dentro de los respectivos territorios. Pero, de acuerdo con el sistema generalmente aceptado, a la ejecución de las
sentencias extranjeras antecede un trámite preparatorio, que culmina con el exequátur, que es la declaración en cuya virtud
se acuerda a aquellas la misma eficacia que revisten las sentencias dictadas por los jueces nacionales. Ese previo juicio de
reconocimiento no versa sobre la relación sustancial controvertida en el proceso que motivó la sentencia cuya ejecución se
solicita. Su objeto, por el contrario, consiste en verificar, por un lado, si el contenido del pronunciamiento se ajusta a las
reglas fundamentales de orden público y si el procedimiento seguido en el extranjero ha respetado las garantías del debido
proceso (requisitos intrínsecos); y, por otro lado, si la sentencia reúne los recaudos de legalización y autenticación de todo
instrumento extranjero (requisitos extrínsecos).
Que dado que nuestro país se ha enrolado en el sistema judicial en el cual el exequátur debe ser solicitado ante el Poder
Judicial (a diferencia del sistema administrativo) corresponde en primer término determinar la competencia de este tribunal
para entender en autos.
Que al respecto cabe señalar que dentro del sistema judicial nuestro país ha optado por la competencia del juzgado de
primera instancia según la materia (art. 518 CPCN).
Que por lo expuesto queda claro que es competente este tribunal toda vez que el matrimonio se ha celebrado en esta
Provincia y por ser el mismo Tribunal de Primera Instancia en la materia.
Que corresponde ahora analizar el cumplimiento de los requisitos extrínsecos e intrínsecos para que proceda el
reconocimiento dentro de nuestro territorio de un pronunciamiento dictado en el extranjero. De modo, que por
reconocimiento entendemos el examen de la admisibilidad jurídica del pronunciamiento dictado en el extranjero,
comprendiendo el conjunto de actos procesales para establecer si la decisión reúne los requisitos de admisibilidad
indispensables. La doctrina más autorizada en la materia, tanto nacional como extranjera, luego de distinguir nítidamente
entre las nociones de reconocimiento y de ejecución, aclara que "toda sentencia declarativa, constitutiva o de condena es
susceptible de reconocimiento en un Estado distinto del cual procede. Solamente las sentencias condenatorias son
susceptibles de ejecución".
Estas consideraciones resultan de suma importancia al tiempo de determinar los requisitos que deben cumplimentarse y la
ley aplicable puesto que en nuestro ordenamiento jurídico provincial los arts. 469 y 470 del CPC prevén el trámite para las
ejecuciones de sentencia extranjera sin referirse en forma expresa al trámite de reconocimiento de sentencia extranjera, por
lo cual si bien por analogía se aplican sus normas en el presente proceso, corresponde tener presente las diferencias
apuntadas y acudir a la aplicación supletoria de las normas contenidas en los arts. 517 a 519 bis del Código Procesal Civil
de la Nación que si señala ese distingo aunque en la práctica le aplique similar procedimiento, ya que el art. 519 realiza un
reenvío interno al art. 517.
Dentro de este marco legal corresponde advertir que nuestro país no ha firmado un tratado internacional bilateral con la
República Federal Alemania encontrándose vinculados ambos países sólo por las disposiciones de tratados Internacionales
Universales como La Convención de La Haya de 1961 que suprime la exigencia de legalización de los documentos
públicos extranjeros y La Convención de Nueva York de 1958 sobre reconocimiento y ejecución de laudos arbitrales. Por
lo que procede la aplicación de las normas procesales ya mencionadas, dado que respecto de los países con los que existen
pactos internacionales bilaterales tanto el reconocimiento como la ejecución de sentencias extranjeras y laudos se practican
con arreglo a esos tratados.
Que respecto de los requisitos extrínsecos cabe apuntar que la presentación de A. R. Ll. ha cumplimentado las exigencias
formales para la procedencia del trámite toda vez que se ha acompañado sentencia dictada por el Tribunal extranjero con la
correspondiente traducción de Perito oficial en la materia (art. 518 CPCN).
Que asimismo se ha acompañado "apostille" expedida por la autoridad competente del estado en que se originó el
documento (en el caso de autos el vicepresidente de la Corte) conforme lo establece la Convención de La Haya de 1961, en
vigor en nuestro país desde 1988.
Que el fallo de disolución de matrimonio fue dictado por el Tribunal de Familia de Primera Instancia competente en la
materia (Bad Cannstatt de Sttugardt) según las normas argentinas de jurisdicción internacional y tiene el carácter de
ejecutoriada en aquel país. Conforme lo confirma el representante de la Corte Suprema al suscribir la "apostille".
Que respecto de los requisitos intrínsecos cabe señalar que conforme surge de las constancias acompañadas el trámite
extranjero no se opone a las normas de orden público del derecho argentino, en efecto conforme se desprende de fs. 12 "La
demanda de divorcio se funda de acuerdo al derecho alemán aplicable. El matrimonio entre las partes ha fracasado. La
comunidad conyugal debida ya no existe. Ya no puede esperarse que las partes vuelvan a crearla. El plazo de tres años de
separación según el art. 1566 II del Código Civil ya ha finalizado". Como se advierte la causa de divorcio se encuadra en
nuestra causal objetiva prevista por el art. 214 inc. 2 del Código Civil.
Que también se ha dado cumplido con las reglas del debido proceso legal y las garantías de la defensa en juicio. Así, a fs.
11 se deja constancia de la presentación a juicio de ambas partes y sus representantes legales, más aún el demandante
resulta ser el esposo con lo cual siendo la esposa la accionada en aquella oportunidad y promotora de estos obrados nos
releva de mayores consideraciones a ese respecto.
Que por todo lo expuesto, en atención al principio de presunción de validez de los actos públicos internacionales, no
advirtiéndose incompatibilidad con las normas del orden público de nuestro país, habiéndose constatado que se han
cumplido con las normas del debido proceso legal y la garantía de defensa en juicio, como así también reunidos los
recaudos impuestos por la Convención Internacional de La Haya de 1961 y las exigencias de los arts. 469 y 470 del CPC
(por aplicación analógica) y 517 a 159 bis del CPCN (por aplicación supletoria), este Tribunal de Familia resuelve: 1.
Hacer lugar a la presente acción tentada por A. R. Ll., DNI …, ciudadana argentina, naturalizada y en consecuencia
reconocer en cuanto por derecho hubiere lugar y sin perjuicio de los derechos de terceros, la validez de la sentencia de
disolución de matrimonio dictada el día 28 de abril de 1989 por el Tribunal de Primera Instancia de Sttugardt (Bad
Cannstatt) de la República Federal Alemana respecto de los esposos A. R. Ll., DNI… y A. S., C.I.… 2. Librar oficio al
Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas de nuestra ciudad ordenando la inscripción marginal de la resolución
en el Acta de matrimonio 12.872 de fecha 23/12/58, t. 49, F° 67 vta. de los Libros de San Salvador de Jujuy, Provincia de
Jujuy. 3. Tener presente la renuncia de honorarios formulada por el doctor R. M. F. a fs. 16 de autos.- M. A. Puch.