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EXPTE. NRO.: 9820/03.

TS07D41190
PODER JUDICIAL DE LA NACION
SENTENCIA DEFINITIVA Nº 41190
CAUSA Nº: 9820/03 - SALA VII – JUZGADO Nº: 21
En la ciudad de Buenos Aires, a los 19 días del mes de setiembre
de 2008, para dictar sentencia en los autos: “FERNÁNDEZ, CESAR
ROGELIO C/ TRILENIUM S.A. Y OTRO S/ ACCIDENTE - ACCION CIVIL”, se
procede a votar en el siguiente orden:
EL DOCTOR NÉSTOR MIGUEL RODRÍGUEZ BRUNENGO DIJO:
I. La sentencia de primera instancia que hizo lugar
al reclamo indemnizatorio del actor fundado en la normativa civil
es apelada por todas las partes.
También hay recurso del perito contador, del Dr.
Wajnman, y del Dr. Piñero, por sí, quienes estiman exiguos los
honorarios que se les ha regulado, mientras que la demandada apela
la totalidad de los emolumentos porque los considera elevados (v.
fojas 741, fs. 750, fs. 756 y fs. 764 vta.).
II. RECURSO DE LA DEMANDADA “TRILENIUM S.A.” (fojas
756/764).
Discrepa por el rechazo de la defensa de
prescripción.
Considera que la “a-quo” habría pasado por alto
circunstancias “sumamente relevantes” (sic) para decidir el punto.
Aduce, con base en la peritación médica, que si el actor se
lesionó en el año 2.000, resultaría evidente que el Sr. Fernández
“tuvo forzosamente” (sic) que tener conocimiento de ellas ese año,
con lo cual la acción por él ejercida, se encontraría claramente
prescripta.
Insiste en que el galeno no sólo da cuenta de la
presencia de una lesión sino que también, conforme preguntas
inducidas por la demandada, daría noticia de que la lesión hallada
podría obedecer a actividades extralaborales realizadas por el
actor (tennis, pelota paleta, football, jockey, etc.); por lo que,
insiste en que el actor se habría lesionado “verosímilmente” (sic)
conforme una práctica deportiva conociendo su existencia en el año
2.000, médica y jurídicamente consolidada el 26-12-00 (fecha de la
resonancia magnética que trajo como prueba la demandada), por lo
que, la acción a su juicio estaría prescripta.
Agrega que la “a-quo” al privar de valor científico
objetivo la resonancia magnética y tomografía computada que se
realizó en la rodilla izquierda del actor, incurriría en
desconocimiento el valor de estudios médicos universalmente
válidos como método de detección de patologías, con lo cual,
considera subjetiva y dogmática la conclusión arribada en el
fallo. Dice que tomar como punto de partida para el cómputo de la
prescripción las pautas indicadas por la jueza, implicaría derogar
lisa y llanamente el instituto de la prescripción respecto de las
enfermedades accidentes.
III. A mi juicio no le asiste razón en lo que dice.
En efecto, el recurrente reitera y amplía en líneas
generales la misma tesitura que esgrimió a la hora de oponer la
excepción, esto es que el trabajador al inicio no denunció la
fecha en la cual habría tomado conocimiento de la afección que lo
aqueja en su rodilla izquierda y que conforme el diagnóstico del
Dr. Salas, correspondiente a la resonancia magnética efectuada en
el actor el día 26-12-2.000 el reclamo se hallaría prescripto (v.
fs. 135).
Pero, en el punto, comparto con lo decidido en grado
que para el cómputo del plazo de la prescripción en casos como el
presente, se debe estar al momento en que el damnificado toma
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cabal conocimiento de la minusvalía laborativa, que la causa que


la determina es el trabajo o el siniestro ocurrido por o en
ocasión de aquél, y que ha culminado el proceso evolutivo de la
patología, es decir que la secuela se ha tornado irreversible, con
el agregado de que para tener por justificado dicho extremo, ese
dato subjetivo debe estar respaldado por un elemento objetivo de
carácter científico, que permita calificar la actitud del sujeto
accidentado en cuanto a su déficit de aptitud laboral (ver
fundamentos a fs. 725/726).
En el caso, la recurrente fue la que opuso la
defensa en cuestión, por lo que le incumbía a ella acreditar que
el trabajador habría tenido cabal conocimiento de su incapacidad
en la fecha que refiere, esto es diciembre del año 2.000 y, en
orden a ello, es insuficiente la mera invocación de la resonancia
magnética que pretende hacer valer, por cuanto de la misma no
surge elemento alguno que permita sospechar que a esa fecha el
trabajador haya tenido cabal conocimiento de la consolidación del
daño producido en su rodilla izquierda; de ese estudio sólo se
puede extraer una alteración a nivel del miembro inferior en
estudio, pero en modo alguno la determinación de un porcentaje
minusvalidante, su irreversibilidad y menos aún su etiología
(arts. 258 R.C.T. y 377, 386 del Cód. Procesal).
Por consecuencia, en este tipo de reclamos, el hito
temporal relevante para el cómputo del tiempo de la prescipción es
la determinación del grado de incapacidad y, por lo general, es la
peritación médica sustanciada en el proceso la que brinda el dato
más preciso acerca de la medida del deterioro, lo cual, hace
prácticamente imprescriptibles este tipo de reclamos (v. en
similar sentido, esta Sala in re “Alvarez, Alejo C/ Dancan S.A. y
otro”, S.D. Nº 32.192 (27-05-00).
Propicio entonces confirmar la sentencia atacada en
este punto.
IV. Tampoco tiene razón cuando pretende demeritar el
fallo sobre la base de que al haberse sometido el actor
voluntariamente al proceso de la L.R.T., esto es, formular su
denuncia ante Provincia A.R.T., posteriormente rechazada, ello
implicaría tenerlo por consentido respecto del régimen aplicable;
quedando entonces cerrada para el mismo toda posibilidad de
impugnación de la constitucionalidad de la Ley 24.557. Invoca el
acta ante el SECLO por medio de la cual se llegó a un acuerdo
respecto de diferencias salariales y demás rubros derivados por
despido incausado, remarcando que en aquella ocasión el actor
desistió de hacer reclamo alguno por ningún concepto de la
relación laboral invocada, ni proveniente de su extinción (v. fs.
759 vta./760).
Digo ello porque la manifestación del trabajador en
un acuerdo conciliatorio de que nada más tiene que reclamar del
empleador por ningún concepto emergente del vínculo laboral que
los uniera no comprende la acción fundada en el artículo 1.113 del
Cód. Civil (C.N.A.T., Plenario Nº 239, sent. del 25/08/82, in re
“Aizaga C/ I.P. S.A.M. S.A.”).
En su consecuencia, propicio confirmar la sentencia
también en este punto.
V. Asimismo motiva agravio de la demandada la
incapacidad laborativa atribuida al actor (v. fs. 760 vta. pto.
3°).
Considera que en el caso, determinar que al
trabajador lo aqueja el 8% de incapacidad laborativa y que ello
tiene nexo causal con las tareas que realizó para la demandada
(técnico electrónico de las máquinas “slots” – tragamonedas)
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carecería de entidad representativa de patología alguna. Dice que


los estudios realizados al actor “…no detectan la existencia de
lesiones…” (sic) como que éste tampoco habría demostrado que la
afección meniscal en su rodilla izquierda tenga nexo causal con
las tareas que desempeñó para la demandada. Aduce que el peritaje
técnico adolecería de varias omisiones a los puntos de experticia
que su mandante le requirió, lo que le quitaría valor probatorio y
respecto de la peritación médica hace hincapié que allí no se
descartaría que la afección detectada pudo ocasionarse a raíz de
alguna práctica deportiva. En síntesis, reitera su pedido del pase
de los autos a la Junta Médica Forense (v. fs. 764 y lo actuado a
fs. 798/799).
Pero, en el punto, considero que no tiene razón.
En efecto, el peritaje médico de autos dio noticia
cierta que el actor presenta síndrome meniscal con signos
objetivos que le ocasiona una incapacidad parcial y permanente del
8% T.O. que se compadece con los certificados médicos acompañados
en autos, vinculado causalmente con la mecánica laborativa
descripta en la demanda (v. fs. 519/524, fs. 215, 225, 279 y 521
pto. 4), v. fs. 729).
Dicha peritación –tal como se puntualiza en el
decisorio- mereció impugnación de la A.R.T. (fs. 540/1), de la
demandada (fs. 543/44) y de la parte actora quien hizo una
observación genérica respecto de la fecha de consolidación de la
patología.
Ahora bien, la demandada en su memorial, reitera la
misma tesitura que exhibiera al momento de impugnar el peritaje en
cuestión; esto es que los estudios practicados al actor no
detectarían lesión alguna en la rodilla, por lo cual, al no
presentar alteración sería inexplicable que el galeno “relacione
los inexistentes hallazgos de dichos estudios, con los supuestos
signos encontrados en su aparentemente serio examen semiológico”
(sic) dejando el interrogante de porqué el perito descarta que la
noxa por él descripta pueda reconocer un origen congénito o ajeno
al desempeño laboral del actor haciendo hincapié en la respuesta
al punto 2) del cuestionario de la parte demandada donde el perito
afirma que actividades extralaborales tales como la práctica
asidua del fútbol, podría producir similares consecuencias (v. fs.
543/43 vta. y fs. 761 vta. y sgtes.).
Dicha impugnación mereció enérgica respuesta del
galeno a fojas 556 vta./557 quien ratificó que el actor sufrió un
traumatismo en su trabajo en diciembre de 2.000, motivo por el
cual consulta a su A.R.T., situación que se encuentra documentada,
ratificando en su totalidad las conclusiones del punto IV. de su
informe (“síndrome meniscal con signos objetivos por lo que evalúa
una incapacidad parcial y permanente del 8% T.O. de acuerdo al
baremo Ley 24.557”); reiterando en aquella ocasión que el actor
presenta signos objetivos consistentes en hipotrofia de cuadriceps
izquierdo, marcha inestable, dolor, disminución de fuerza y en el
informe de la R.M.N. aún conserva líquido sinovial intrarticular,
informe que, conforme las constancias de la litis resultó
consentido por las partes sin que la recurrente hubiera objetado
dichas aclaraciones, ello como para mantener el pedido a la Junta
Médica Forense que solicita (v. fs. 568 y fundamentos a fs. 730,
arts. 116 L.O. y 386 del Cód. Procesal).
Por otro lado, el argumento reiterado de la
accionada respecto de que la afección del actor podría responder a
alguna actividad extralaboral, sólo constituye una conjetura, una
mera opinión en sentido discordante con las conclusiones arribadas
en la pericial en cuestión, carente de fundamento científico
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alguno como para rebatir las conclusiones del peritaje y de prueba


existente en la litis que la demuestre; máxime cuando la hipótesis
que pretende validar, respecto de si la afección reconocería la
práctica de algún deporte, es un supuesto de hecho que no fue
denunciado ni acreditado en la causa (v. fs. 730/31 del fallo,
arts. 116 L.O. y 386 del Cód. Procesal).
En consecuencia, en el caso, las explicaciones dadas
por el señor perito médico han sido suficientemente claras y
fundadas, por lo cual, el pedido del pase de las actuaciones al
Cuerpo Médico Forense resulta inatendible (arts. 122 L.O. y 477
del Cód. Procesal).
Propicio confirmar la sentencia también en este
punto.
VI. Tampoco le veo mejor suerte en el agravio que
exhibe tendiente a desbaratar el fallo que tuvo por demostrado el
nexo causal entre la afección y el tipo de tareas que hacía el
actor.
Ello es así porque las consideraciones que pretende
validar sólo trasuntan una mera reiteración de impugnación
anterior al peritaje técnico, el cual fue suficientemente
explícito respecto de las condiciones nocivas de labor que
constituyeron el nexo causal con la afección detectada en el
trabajador (arts. 477 y 386 del Cód. Procesal).
Tal como se puntualiza en el decisorio, el peritaje
técnico, dio noticia cierta de las características del trabajo que
el actor hacía para la demandada, lo que le implicaba realizar
frecuentes flexiones y torsiones de torno, incluso adoptar
posiciones incómodas como agacharse, flexionarse y/o torsionarse
para abrir la máquina y colocar la llave en el orificio
respectivo. Hace hincapié el experto en que la causa fundamental
de esta forma de trabajo, es que el primer elemento a tener en
cuenta es que el diseño del equipo (ubicación de pulsadores, etc.)
apunta al usuario, quien esté en una posición cómoda durante su
permanencia en la máquina, y no al personal de mantenimiento.
También dicho peritaje dio cuenta que la accionada no exhibió al
perito documentación alguna tendiente a acreditar que el actor
haya sido capacitado en materia de higiene y seguridad, prevención
de enfermedades profesionales y accidentes de trabajo,
fundamentalmente en lo referido a su actividad; situación que
acredita el incumplimiento de lo previsto en los arts. 208 a 214
del Dec. 351/79, Ley 19.587; agregando también que la accionada
sólo dio cumplimiento a las obligaciones que se consideran básicas
(nivel II), es decir no de todas las obligaciones legales en
materia de higiene y seguridad y mucho menos alcanza niveles de
prevención y de trabajo superiores a las obligaciones legales, sin
que se haya podido verificar la existencia del “plan de
mejoramiento” que debió confeccionar Provincia A.R.T. para que la
accionada pase del nivel II al III; sin que ello surja de las
visitas que la aseguradora hizo al establecimiento. Por otro lado,
también informa que solo consta una recomendación en general pero
sin que se aprecie en concreto recomendación específica acerca de
la necesidad de capacitación para el personal que realizaba tareas
de mantenimiento como el actor (v. fs. 730/31, arts. 116 y 386 y
477 antes cit.).
Por otro lado, arriba firme y consentida por las
recurrente las aclaraciones que brindó el perito técnico en
respuesta a las impugnaciones articuladas por las partes; donde
concretamente se sugiere a la demandada que estudie la posibilidad
de un rediseño de las máquinas teniendo en cuenta no solo la
interacción hombre-máquina respecto a las comodidades del usuario
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(público) sino también de los técnicos asistentes, como ser


mejorar la ubicación de la llave para abrir la máquina, que en la
posición actual obliga a agacharse, flexionarse y torsionarse para
colocar la llave en el orificio (v. fs. 626, fs. 630/31, fs.
633/634 y fs. 637).
Se aprecia entonces correcta la sentencia que tuvo
por acreditado el nexo causal entre la afección detectada y el
tipo de tareas que desplegó el trabajador; máxime cuando también
arriba firme que el Sr. Fernández ingresó apto en la demandada,
conforme informe de aptitud laboral obrante a fojas 670, no
habiendo prueba testifical alguna que pueda rebatir las sólidas
conclusiones periciales del caso (v. fs. 731, art. 116 antes
cit.).
En virtud del contexto probatorio del "sub lite",
propicio entonces, confirmar el fallo también en este punto.
VII. Conforme todo lo expuesto, deviene
inconsistente el agravio que exhibe por la cuantía del
resarcimiento que se le condena abonar al trabajador (v. fs. 762
vta./63 vta.).
Ello es así porque sólo expresa un mero disentir con
base en que a su parte se la condena por un monto que triplica con
holgura la indemnización que le corresponde afrontar a la A.R.T.;
argumento carente de asidero jurídico alguno que lo avale, en
tanto, quedó firme el derecho del trabajador a la reparación
integral conforme la normativa civil por la afección que se le
detectara, sin que se exhiba mínimamente elemento de juicio alguno
como para avalar la tesitura de la apelante respecto de que la
reparación no debiera ser íntegra, máxime habiendo fundamento con
pautas objetivas válidas por parte de la “a-quo” a la hora de
determinar la cuantía por la reparación del daño; por lo que su
recurso, en el punto, está desierto (v. fs. 733 del fallo, art.
116 L.O.).
Voto por confirmar la sentencia también en este
aspecto.
VIII. RECURSO DE “PROVINCIA ASEGURADORA DE RIESGOS
DEL TRABAJO S.A.” (fojas 746/749).
Se agravia por la condena solidaria y en virtud de
la normativa civil. Dice que su parte se obligó a otorgar sus
prestaciones conforme el marco establecido por la Ley de Riesgos
del Trabajo.
Juzga incoherente desde el punto de vista objetivo
que la “a-quo” decide la condena solidaria de su parte sobre la
base de no provocar un perjuicio mayor al empleador a partir de la
existencia de un contrato de seguro que cubre las contingencias
establecidas por la L.R.T.; que la vía civil no puede ser idónea
como para responsabilizar a la A.R.T. por reclamos que exceden el
marco del seguro, lo cual violenta el derecho de propiedad no del
empleador sino por el contrario el de las empresas aseguradoras de
riesgos del trabajo.
Agrega que el juez de grado aduce que la ley es la
que obligó al empleador a contratar un seguro de riesgos del
trabajo con el objeto de eximirlo de responsabilidad en la
materia, pero omite señalar que fue el juzgador quien sentencia
que dicha norma resulta inconstitucional al amparo de la
declaración que realiza de la interpretación restrictiva del art.
39 inc. 1) L.R.T. lo cual, a su juicio, implica que la
sentenciante se arrogó facultades legislativas al determinar en su
sentencia que por la vía de la acción civil dirigida con el
empleador las A.R.T. deben cubrir dichas contingencias hasta el
límite del seguro instituido por la norma cuestionada.
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Por el contrario, se advierte que la sentencia de


grado respetó los principios procesales constitucionales que
forman parte no solo de nuestro acervo jurídico, sino de alcance
universal, y han sido magistralmente expuestos por el eminente
profesor brasileño Julio Ricardo de Paula Amaral de la siguiente
manera: "Os principios processuais constitucionais, conforme
admitido pela doutrina majoritaria, genericamente sao o principio
do devido processo legal, da isonomia, do contraditório e ampla
defesa, do juiz natural, da inafastabilidade da jurisdicao, da
publicidade dos actos processuais, da motivacao das decisoes, do
duplo grau de jurisdicao e proibicao da prova ilicita".
Por último cuestiona la incapacidad laboral
detectada y aduce que la misma no guardaría nexo causal con las
tareas, insistiendo en tesitura similar a la accionada en el punto
que la enfermedad inculpable atribuida al actor sería más clara y
evidente en el desarrollo de actividades deportivas.
IX. No veo que logre desbaratar el fallo.
Digo esto porque tal como lo expresé en párrafos
anteriores que preceden a este voto, llegan firmes y consentidos
por las partes los peritajes médico y técnico, con base en los
cuales la sentenciante de grado tuvo por demostrado que la
afección detectada en el trabajador guarda nexo causal con las
tareas que desempeñó para la accionada, lo cual no lo desbarata
las meras discrepancias que ahora exhibe la recurrente (art. 116
L.O.).
Ahora bien, en lo atinente a la responsabilidad de
la aseguradora, también es dato firme que no se exhibió al perito
técnico la existencia del “Plan de mejoramiento” que se debió
confeccionar Provincia A.R.T. para que la asegurada pase de nivel
II a nivel III, sin que de las visitas efectuadas por la
recurrente al establecimiento de la empresa surja recomendación
alguna sobre la necesidad de capacitación específica para el
personal que realizaba tareas como las del actor (ver fundamentos
a fs. 731, art. 116 L.O.).
Entonces, en el caso, está demostrado que no medió
cumplimiento cabal por parte de la aseguradora en fiscalizar y
obligar a su asegurada el cumplimiento de las obligaciones
impuestas por las normas de higiene y seguridad en el trabajo (v.
fundamentos a fs. 730, art. 116 ya cit.), situación que hace
procedente la condena solidaria dispuesta en grado conforme la
omisión culposa que prevé el art. 1.074 del Cód. Civil.
Con base en el fundamento normativo que puntualizo,
propicio confirmar la sentencia atacada en este aspecto.
X. RECURSO DE LA PARTE ACTORA (fojas 751/754).
Discrepa porque en el fallo se dispuso que los
intereses aplicables al monto de condena lo fueran sólo en caso de
incumplimiento de la sentencia condenatoria. Pide se disponga que
los intereses deben abonarse al acreedor desde la fecha de toma de
conocimiento de la incapacidad denunciada en la demanda, o en
subsidio de ello desde la fecha del cese de la relación laboral.
Pero a mi juicio corresponde confirmar la sentencia
en el punto.
Ello es así porque el recurrente deja incólume un
aspecto esencial remarcada por la “a-quo” a la hora de decidir
como lo hizo, cual lo es que desestimó el pedido de la actora de
indexar el crédito que persigue aclarando expresamente que el
monto de la condena dispuesta en grado se encuentra determinado en
valores actualizados a la fecha del decisorio comprendiendo así
los réditos compensatorios devengados por el crédito reconocido al
trabajador; y ordena aplicar la tasa de interés prevista en el
EXPTE. NRO.: 9820/03.-

Acta 2357 sólo en caso de producirse la mora del deudor;


fundamento decisivo de la sentencia que el recurrente soslaya a la
hora de atacar lo decidido que resulta contemplativo de lo que
pide; y máxime cuando tardíamente trata de hacer validar fechas de
toma de conocimiento que no las denunció al inicio, por lo que el
recurso es inidóneo con miras al fin propuesto (art. 116 ya cit.).
Desde la perspectiva de enfoque presentada, voto por
confirmar la sentencia en el punto.
XI. La forma de distribución de las costas de grado,
con base en lo propuesto en el considerando IX. De este voto,
propicio que sean impuestas solidariamente a la demandada y a su
aseguradora (art. 68 del Cód. Procesal).
La cuantía de los porcentuales que en concepto de
honorarios de la primera instancia se asignaron a los
profesionales intervinientes, con base en el mérito y extensión de
la labor desplegada, a mi juicio, lucen equitativos, por lo que
propicio su confirmación (art. 38 L.O. y demás normas arancelarias
vigentes).
XII. De tener adhesión este voto, las costas de
alzada propongo se impongan a las demandadas (art. 68 del Cód.
Procesal), y propicio regular los honorarios de esta instancia
para la representación y patrocinio letrado de la parte actora,
demandada y aseguradora, en el 25%, respectivamente, de lo que en
definitiva les correspondiere por la actuación que les cupo en la
instancia anterior (art. 14 Ley del arancel).

LA DOCTORA ESTELA MILAGROS FERREIRÓS DIJO:


Por compartir sus fundamentos adhiero al voto que
antecede.
EL DOCTOR JUAN CARLOS EUGENIO MORANDO: no vota (art. 125 de la
ley 18.345).
A mérito de lo que resulta del precedente acuerdo,
el Tribunal RESUELVE: 1) Modificar parcialmente la sentencia
apelada e imponer las costas de grado solidariamente a la
demandada y a la aseguradora. 2) Confirmar el fallo en lo demás
que decide. 3) Costas de alzada las demandadas vencidas. 4)
Regular los honorarios de alzada para la representación y
patrocinio letrado de la parte actora, demandada y aseguradora en
el VEINTICINCO POR CIENTO (25%), respectivamente, de lo que en
definitiva les correspondiere por la actuación que les cupo en la
instancia anterior.
Regístrese, notifíquese y devuélvase.