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Eduardo Punset

"Me fío más del inconsciente que de la razón"


Alberto OJEDA | Publicado el 15/03/2011

Acaba de publicar el libro 'Excusas para no pensar'

Es el máximo gurú de la divulgación científica en España. Uno de los


artífices de que la ciencia poco a poco tome posiciones en la cultura popular.
Eduardo Punset (Barcelona, 1936) pone a la altura del ciudadano de a
pie la neurología, la física cuántica, la oncología, la astronomía... Todo
un logro en un país que arrastra la ciencia como una asignatura pendiente
desde hace siglos. Sus libros, aparte de su programa Redes en La 2, son la
herramienta con la que cala en el inconsciente colectivo de los españolitos.
Un ramillete de títulos suyos viene copando los primeros puestos de los
libros más vendidos desde hace años: El viaje a la felicidad , El viaje al
amor, El viaje al poder de la mente... Ahora llega a las librerías con Excusas
para no pensar (Destino), una compilación de sus artículos publicados en
prensa. La tesis central es la excesiva comodidad del cerebro, un órgano -
vago- al que culpa de nuestras dificultades para cambiar, por ejemplo, de
opinión. Ya lo dijo Einstein: "Es más fácil descomponer un átomo que
eliminar un prejuicio".

Pregunta.- Dedica este libro a las personas que han descubierto que hay
vida antes de la muerte. ¿Es que tiene mérito eso?
Respuesta.- Es que es la antítesis de la historia de la evolución humana. No
hace mucho la gente tenía una esperanza de vida que era un tercio de la que
tenemos ahora. No tenían entonces mucho tiempo para pensar y cuando lo
hacían pensaban en qué sucedería después de la muerte. Ahora vivimos un
momento álgido en la historia de la evolución gracias irrupción de la
ciencia en la cultura popular. La ciencia está poniendo fin a la batalla
incesante entre los que no tienen nada, por un lado, y los que tienen algo y
se aferran a ello agresividad. La ciencia permite que esa pugna no siga.

P.- ¿Cuáles son la excusas más habituales que se busca la gente para no
pensar?
R.- La gente, y más concretamente su cerebro, no quiere cambiar de opinión.
Es lógico porque eso supone rediseñar por completo la estructura defensiva.
Y cómo les podemos convencer de la necesidad de cambiar. Yo a mis nietas
le pongo el ejemplo del agua, que en el congelador se solidifica y sobre el
fuego se convierte en gas. Si hasta la estructura de la materia cambia,
¿cómo no vamos a cambiar de opinión? Es el cambio más necesario de
todo, pero la gente considera una traición asimismo y a lo heredado cambiar
de opinión.

P.- Por eso decía Einstein que es más fácil descomponer un átomo que
eliminar un prejuicio...
R.- Claro, ahora los neurólogos han descubierto las disonancias, que
demuestran no sólo la negativa del cerebro a reconsiderar una opinión,
sino que se inhibe para evitar siquiera tener que considerarlo. Es como
una valla que se pone a la información para que no le llegue al cerebro.

P.- Afirma que las decisiones conscientes son una ilusión: nuestras
neuronas (inconsciente) siempre deciden primero.
R.- Sí, lo demuestra un estudio reciente: cuando cree haber tomado una
decisión, sus neuronas ya lo habían hecho unos diez segundos antes. Antes
de este descubrimiento ya conocíamos el espacio irrisorio que ocupa el
pensamiento racional comparado con el ingente espacio que cubre el
inconsciente. La conclusión es que debemos confiar en nuestras intuiciones.
El inconsciente es una fuente tan válida de conocimiento como la razón. El
inconsciente desarrolla procesos cognitivos tan complejos como el
pensamiento racional. Yo ya me fío más de él que de la razón..

P.- Entonces ¿el inconsciente pesa más que la voluntad a la hora de tomar
una decisión?
R.- Sin lugar a dudas. Nosotros ahora sabemos es que estamos
programados genética y cerebralmente pero también que somos únicos,
porque la propia experiencia personal incide en nuestra estructura
cerebral. Podemos cambiar el cerebro con la experiencia.

P.- ¿Es el cerebro un órgano comodón? ¿Cómo podemos estimularlo?


R.- Los neurólogos se dividen en dos opiniones. Los hay que consideran al
cerebro como el órgano más perfecto de todos y luego están también a los
que le parece una chapuza. Lo que es cierto es que no sabíamos nada de él,
porque está escondido y sólo atiende a mensajes codificados. También
sabemos que ante un mismo desafío cada persona reacciona de forma
diferente. Deben darse tres principios para que el cerebro se movilice. La
primera es que haya un cierto grado de desasosiego e inquietud, es decir,
que nos estemos jugando algo. Y lo segundo es aceptar que en la educación
del futuro el aprendizaje emocional debe ser un requisito esencial.

P.- También afirma que la inteligencia no es una cualidad inherente a los


humanos. ¿Los hay que carecen de ella?
R.- Eso nos lo han descubierto primatólogos y neurólogos que han estudiado
muy a fondo el comportamiento de los grandes simios. La inteligencia no
es un atributo exclusivo de los seres humanos, también la pueden tener
otros animales. La inteligencia entraña disponer de una cierta flexibilidad,
capacidad de representación mental de situaciones y una cierta complejidad.
Un perro puede tener esa flexibilidad y un humano no, igual puede ocurrir con
la capacidad de predicción que dimana de la capacidad de representar
mentalmente situaciones.

P.- Y, en su opinión, los hombres nos comportamos a lo largo de toda la vida


como si tuviéramos 12 años. ¿Eso es incapacidad de madurar?
R.- El infantilismo es más persistente en el hombre que en las mujeres. ¿A
qué conduce esta particularidad? Habrá qué verlo. Lo que es evidente es que
este espíritu infantil, jocoso a veces, se da más en el hombre.

P.- Esto le encantará escucharlo a las mujeres. Les hará sentirse


superiores...
R.- Bueno, no... Depende de cómo valoremos ese infantilismo. Los niños
tienen mayor pureza y una mentalidad más abierta. En la educación está
probado que es a partir de cierto momento cuando encorsetamos nuestro
pensamiento.