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Apuntes para una definición del concepto de deporte

Autor: Mariano Gruschetsky


Colaboración: Rodrigo Daskal

Arribar a una definición del concepto de deporte no es una tarea sencilla. Si bien el
término tiene actualmente un uso extendido en el sentido común, lo que pareciera dar la
sensación de cierto acuerdo sobre su significado y las actividades que nombra, al
momento de realizar una definición con fines académicos en el intento de delimitar
cierto campo u objeto de estudio para las ciencias sociales, la tarea se vuelva bastante
más compleja.

Podemos coincidir con García Ferrando1 que dicha palabra suele nombrar variadas y
múltiples actividades humanas, numerosos actores e instituciones sociales y sobre todo
realidades sociales complejas, sobre todo dinámicas y cambiantes.

Una rápida mirada sobre los intentos de definición que se han hecho desde las
ciencias sociales nos permite dividir, a grandes rasgos, las definiciones en dos grandes
grupos: Por un lado, están aquellos autores que desarrollan una definición de tipo
“ahistórica”, y en ese sentido ensayan conceptos que podríamos denominar como
abstractos. Intentan definir el deporte a partir de delimitar las características intrínsecas
que posee dicha actividad, buscando en algunos casos, líneas de continuidad en el paso
del tiempo, considerando que el deporte es algo existente hace siglos, cuyas
características han ido variando con el paso del tiempo. En segundo lugar están aquellos
autores que ensayan una definición de deporte moderno, y con esta última palabra
plantean que el fenómeno a definir no puede, bajo ningún concepto, encontrarse
desligado de su componente histórico. Se trataría de definir un fenómeno o un conjunto
de actividades, teniendo en cuenta el espacio y tiempo en el que surgen, pretendiendo
hacer foco en que cuando decimos “deporte”, hacemos referencia a lo que
habitualmente conocemos como “deporte moderno” y que es resultado, consecuencia y
solamente comprensible a través de una óptica que entienda sus características en el
marco de ese mundo moderno.

En el primer grupo podemos encontrar al propio García Ferrando, quien establece


“...que tres son los elementos esenciales de todo deporte: 1, es una actividad física e
intelectual humana; 2, de naturaleza competitiva; 3, gobernada por reglas
institucionalizadas.”2. La mera referencia a lo “esencial” pareciera dar cuenta de la
existencia de elementos que el deporte posee intrínsecamente, más allá del tiempo y los
cambios sociohistóricos.

Si lo comparamos con otros intentos de definición, como los de Mandell o


Hargreaves, autores a los que incluimos en esta concepción ahistórica, vemos que García
Ferrando es el único que menciona en la definición el carácter intelectual de las
actividades deportivas, entendiéndolas a partir de elementos como la concentración, la
táctica y la estrategia, y basándose en una definición integral de la conducta humana que
ve como anacrónica la separación entre lo físico y lo intelectual.

1
García Ferrando, Manuel: Aspectos sociales del deporte, Ed. Alianza, Madrid, 1990.
2
Ídem, página 31.

1
Siguiendo en la comparación con los dos mencionados autores, podemos notar que
García Ferrando no utiliza la palabra cuerpo en su definición de deporte, eludiendo por
lo menos desde lo semántico, una temática central para abordar el campo del deporte y
las ciencias sociales. En cambio para Mandell3, el deporte es una actividad del cuerpo
humano y para Hargreaves,4 el análisis debe hacer foco en el cuerpo y sus atributos, en
tanto es un lugar privilegiado de las luchas sociales. En este sentido plantear al deporte
como una actividad física y omitir la mención hacia el cuerpo, creemos restringe la
definición del objeto de estudio, limitando la posibilidad de abordar una temática,
central y clave, para comprender el deporte desde las ciencias sociales.

Con respecto a la cuestión de las reglas, como atributo de la definición de deporte,


las coincidencias entre los autores son amplias. Mandell, como García Ferrando, utiliza la
palabra reglas para su definición, mientras que Hargreaves habla de una actividad que
está altamente formalizada. En definitiva, los tres autores coinciden en mencionar al
deporte como una actividad que lejos de ser libre, se encuentra fuertemente pautada y
estructurada.

Esto último nos permite introducirnos en un cuarto elemento, que si bien García
Ferrando no ha listado en su definición, parece ser tácito en su abordaje: la
diferenciación entre juego, actividad física y deporte.

Como el propio García Ferrando lo menciona, los tres elementos antes citados en la
definición permiten deslindar deporte de actividad física, o más aún, definir cuando la
segunda se convierte en la primera. Lo que queda claro entonces es que lo que demarca
la existencia o no de deporte no es la actividad que se realiza en sí mismo, sino más bien
la forma en la que se lleva a cabo su práctica. Así, cualquier actividad física puede
devenir, según las características en la que se ejerza, en deporte.

Una cuestión cercana a este último punto nos remite al tema del juego y lo lúdico, y
la definición entonces se torna un tanto más compleja. Si bien el tema fue planteado en
principios de los 70 por Huizinga5, su enfoque esencialista en donde toda cultura es un
juego parece haber sido superado, ya que poco aporta al estudio del deporte desde la
ciencias sociales. García Ferrando en este aspecto toma a Guttman, y plantea entonces
que el deporte es un tipo específico de juego, que en tanto organizado se opone al
espontáneo, y como competitivo, al que no lo es. El autor plantea que, más allá de la
profesionalización y mercantilización del deporte actual, en aquellos que lo practican
sigue habiendo cierto componente lúdico que les permite una sensación de diversión y
libertad. Esto último podría suponerse como opuesto a ciertas teorías de la “alineación”
que desde algunas corrientes marxistas plantean al deporte como una actividad
alienante de dominación al servicio de las clases dominantes. Como también Mandell lo
plantea “Desde una óptica marxista, el deporte distingue al hombre de la bestia. El
deporte es una manifestación cultural pero no es juego; no es más que una preparación
para el trabajo...”6

3
Mandell, Richard: Historia cultural del deporte, Bellaterra, Barcelona, 1988.
4
Hargreaves, John, “The autonomy of sport” en Alan Tomlinson, edited The sport studies reader, Ed.
Routledge, London, 2007.
5
Huizinga, Johan, Homo ludens, Alianza, Madrid, 1996.
6
Mandell, Richard. Op. Cit, página 2

2
Hasta aquí hemos tomado como eje lo expresado por García Ferrando, tratando de
hacer visibles las principales coincidencias y algunas diferencias que presenta su
definición de deporte con las de otros destacados autores.

Es el momento ahora de poner el foco, justamente en los elementos del deporte, que
específicamente han destacado cada uno de estos autores y que no han sido planteados
por García Ferrando.

En el caso de John Hargreaves, su aporte a la definición de deporte proviene de


resaltar un aspecto que lo emparenta con cierta visión antropológica del fenómeno.
Dicho autor señala que el deporte, a través de imponer ciertos códigos formales que
determinan un particular uso del tiempo y del espacio, tiene como característica la de
suspender, en cierta medida, la realidad. En este sentido podríamos decir que el deporte
implica la creación de un espacio donde el tiempo cotidiano se suspende, para crear uno
diferente. En este espacio, tanto participantes como espectadores componen un ritual,
donde estarían envueltos en suerte de actuación o teatro popular, que permite
suspender la vida seria o normal, lo cotidiano. Como vemos, lo particular de su
concepción de deporte, reside en que la misma tiene en cuenta no sólo a quienes lo
practican sino también a quienes los consumen. Claramente podría decirse que cuando
introduce este elemento, detrás de esta concepción de deporte pareciera surgir una idea
que deja ya de ser ahistórica y coloca al autor en un tipo definición sobre deporte que
parece estar anclada en el presente, o por lo menos en lo que se suele denominar como
deporte moderno.

No podemos dejar de señalar, aunque sea al pasar, que esta visión antropológica
constituye una tradición importante en los análisis que desde las ciencias sociales han
abordado el deporte, principalmente como espacio privilegiado de construcción de
identidades. Aquí los trabajos de Da Matta y Archetti primero y Alabarces después han
resultado fundacionales, así como en Europa los trabajos de Bromberger.

He dejado para el final de este grupo a Mandell ya que su concepción y estudio sobre
el deporte parecen ubicarlo a mitad de camino entre una explicación del mismo como
continuidad en la historia humana y una visión que parece hacer hincapié en lo que tiene
de particular el deporte moderno, como fenómeno surgido específicamente en
Inglaterra durante el siglo XIX. Por momentos en su análisis hará hincapié en esto último,
reforzando lo distintivo y particular de deporte moderno...”Muy pocos historiadores se
han dado cuenta de que el deporte moderno posee características diferenciadas que se
originan, precisamente, en las circunstancias sociales creadas por la racionalización de la
producción industrial.”7, mientras que por otros la balanza parece volcarse del lado de la
concepción ahistórica que hace foco en las continuidades históricas “Estoy de acuerdo
con las hipótesis de los antropólogos sobre la similitud existente entre el hombre
prehistórico y el actual, y sobre la permanencia, cuando no la inmutabilidad, de la
mayoría de elementos de la naturaleza humana o de la sociedad en los que se basan o se
originan los deportes”8.

Esta ambigüedad recorre varios pasajes de su libro Historia cultural del deporte. Si en
el prefacio el autor privilegia los argumentos sobre la característico y único del deporte
moderno como producto de un momento histórico y social determinado, no bien

7
Mandell, Richard. Op. Cit, página XIII.
8
Ídem, página XII

3
recorrer las páginas de su capítulo I “El Deporte en los albores de la cultura” la posición
escencialista se vuelve recurrente. El mismo título del capítulo utiliza deporte para
referirse al mundo antiguo, lo que haría suponer que para el autor deporte hubo desde
siempre. Las menciones a la función primordialmente religiosa de esas actividades en el
mundo antiguo, o su rol en tanto entrenamiento para la guerra, no bastan para plantear
una posición clara que no filie el mundo antiguo con el moderno. Tras una amplia
descripción de variadas actividades Mandell culmina señalando “Todas esas actividades
deportivas pudieron desarrollarse y, de hecho, lo hicieron, antes de que se instauraran la
agricultura y la domesticación de los animales- que marcan los inicios de la civilización”.9

Nos ubicaremos ahora ya definitivamente en el segundo grupo de autores, es decir


aquellos para los que hablar de deporte es caracterizar un tipo y forma de práctica
propio de un tiempo y espacio determinado por su nacimiento, formación, y desarrollo,
(deporte moderno).

De las tres cracaterísticas que García Ferrando mencionaba (actividad física e


intelectual humana; naturaleza competitiva; gobernada por reglas institucionalizadas)
Bourdieu no hace mención en sus artículos10, al carácter competitivo de la actividad
deportiva, tema sobre el que puede decirse que hay bastante consenso. Si plantea el
tema del cuerpo ya que señala el deporte implica una relación y un compromiso con el
cuerpo.

Para el caso, Pierre Bourdieu le aporta su particular mirada y su teoría de los campos
al concepto de deporte, haciendo hincapié en la necesidad de pensar las prácticas
deportivas como un espacio o sistema autónomo con cierta lógica propia, aunque sin
soslayar las relaciones del mismo con otros sistemas. Resulta a esta altura de sentido
común plantear que todos los fenómenos sociales tiene una conexión con el contexto en
que se producen, pero más interesante resulta el planteo de Bourdieu cuando hace foco
justamente en lo contrario, es decir en lo que ese fenómeno (en este caso el deportivo)
tiene de específico, de particular, de parcial. Así señala que “…la historia del deporte es
una historia relativamente autónoma que, incluso cuando está marcada por los
principales suceso de la historia económica y social, tiene su propio tempo, sus propias
leyes evolutivas, sus propias crisis: en pocas palabras, su cronología específica”11. Su
aporte fundamental entonces reside en la posibilidad de pensar el campo deportivo
como un espacio, que si bien tiene relaciones con el contexto social donde se inserta,
está compuesto por elementos en los cuales prevalece la lógica propia del campo
deportivo. De este modo una mirada desde las ciencias sociales no debe dejar de pensar
que los fenómenos que se producen en el campo deportivo muchas veces tienen sus
principales explicaciones en la propia lógica de campo.

Es desde este planteo que nace, para el autor, la necesaria pregunta sobre el
momento histórico de surgimiento de ese “campo”, lo que implica situarlo en un
momento temporal concreto. Según señala “Esto nos lleva a dudar de la validez de todos
los estudios que, guiados por una anacronismo esencial, buscan analogías en los juegos
de la sociedades precapitalistas europeas o extra-europeas, erróneamente tratados
como prácticas predeportivas, y los deportes en sentido estricto, cuya aparición histórica
es contemporánea de la constitución de un campo de producción de “productos

9
Ídem, página 7.
10
Bourdieu, Pierre: “Programa para una sociología del deporte”, en Cosas dichas, Ed. Gedisa, 1993.
11
Bourdieu, Pierre: “Deporte y Clase Social”, en Materiales de Sociología del Deporte, Ediciones de La
Piqueta, Madrid, p59.

4
12
deportivos”. …”. Claramente podemos ubicar a Bourdieu en el grupo de aquellos
enfoques que piensan al deporte como indisociablemente moderno. Es un campo de
prácticas puntuales, en el que participan diversos actores, que se constituye en un
espacio y tiempo bien delimitados. Es más, el autor plantea como función de los
cientistas sociales que se aboquen al estudio del deporte el delimitar un claro objeto de
estudio “mediante el establecimiento del momento, o mejor, del conjunto de
13
condiciones sociales a partir de las cuales es realmente posible hablar de deporte…”

El otro aporte de Bourdieu a la mirada sobre el deporte deviene de introducir la


temática, por así de decirlo, de los diversos sectores sociales y sus prácticas. Para el autor,
en el campo deportivo se expresa un espacio social y los intereses, afinidades y
preferencias de una categoría social determinada. En este sentido cualquier definición
de deporte tiene que tener en cuenta que el mismo, o más precisamente cada deporte
en particular es un espacio donde diferentes sujetos demandan o poseen determinadas
disposiciones para su práctica, y eso es parte de determinado capital que poseen. A decir
del mismo autor “El universo de las prácticas deportivas que la investigación estadística
fotografía en un cierto momento no es sino la resultante de la relación entre una oferta,
producida por toda la historia anterior, es decir un conjunto de “modelos” de prácticas
(reglas, equipamientos, instituciones especializadas, etc.) y una demanda inscripta en las
disposiciones.”14

Podemos coincidir con Bromberger15 en lo riesgoso que puede ser el enfoque de


Bourdieu si nos tomamos al pie de la letra la idea de una relación entre los gustos
deportivos y las posiciones en la escala social. Esto habilitaría a pensar que tal o cual
deporte es un ámbito privilegiado de determinado sector social, cuando las
investigaciones realizadas muestran que la situación ofrece infinitas gamas y
complejidades. Los deportes son jugados y vistos muchas veces por distintos sectores
sociales y aún las prevalesencias pueden variar de país en país, y darse el caso de un
deporte que se practicado o visto por sectores populares en un lugar, mientras que en
otro sea apropiado mayormente por la elite. Lo más interesante entonces, siguiendo al
autor es ver “como grupos socialmente distintos se apropian de un mismo objeto,
interpretan la misma práctica, reciben un mismo mensaje”16

Otro de los autores a analizar, Jean-Marie Brohm ,en sus “20 tesis sobre el deporte”
deja clara su postura que lo ubica sin ambigüedades en este grupo al decir que “es falsa
la pretensión de que el deporte es “tan viejo como el mundo””17. Lo ubica claramente
como un producto de la época industrial moderna y por consiguiente del modo de
producción capitalista.

Su filiación marxista nos permite abordar, aunque sea sintéticamente, toda una
tradición que desde esta propuesta filosófico política pensará al deporte. Vale la pena
aclarar que no es el objetivo de este trabajo el realizar una crítica a dicha corriente, sino
presentarla en sus conceptos primordiales.

12
Ídem, p.60
13
Ídem, p.60
14
Bourdieu, Pierre, op.cit, págimnas 177-178.
15
Bromberger, C (2001), Significación popular por los clubes de fútbol, Buenos Aires: Universidad de
Buenos Aires.
16
Ídem, página 33.
17
Brohm, Jean-Marie (1993) [1975]: “20 tesis sobre el deporte”, en AA.VV.: Materiales de sociología del
deporte, Madrid: Ediciones de la Piqueta, Genealogía del Poder/23, p.47.

5
En principio para el autor hay que pensar el deporte desde una perspectiva que lo
aborde como una práctica de clase, en tanto que para la burguesía supone una actividad
de ocio, para el proletariado es una actividad que permite su recuperación en tanto
fuerza de trabajo que debe ser explotada.

Como es sabido, en la tradición marxista la reproducción de la fuerza de trabajo


supone dos aspectos: el material y el ideológico En este sentido el deporte se ubica
claramente, desde esta perspectiva, como un elemento de la superestructura ideológico
política al servicio de los intereses de la clase dominante. Su función es para el autor
manifiestamente despolitizadora. Al recrear las ilusiones de ascenso social por vía de la
metáfora deportiva, la figura del héroe deportivo, genera en la clase proletaria
dominada una “falsa conciencia” que, al tomar como propias las ideas de la clase
dominante, desvía la atención de la verdadera lucha y de sus verdaderos intereses. En
definitiva es la metáfora sobre el opio de los pueblos.

El deporte para Brohm, retomando al filosofo marxista Luis Althusser, “es una aparato
ideológico del estado”18, que todo lo controla y domina. Aquí la distinción entre lo
privado y lo público quedan invalidados como categorías diferenciadoras, ya que
responden a una distinción “burguesa” como espacios que recrean los mismos intereses y
valores de la clase dominante. Es por todo ello que Brohm señala al deporte como un
“deporte monopolista de Estado”.

En este enfoque el deporte, como toda práctica surgida en el capitalismo, responde


e impone su lógica que no es otra que la de la ganancia y la explotación. La práctica, y
por ende los deportistas, se convierten en mercancías humanas y los espectadores, en
meros consumidores.

Finalmente, son Norbert Elias y su discípulo y colaborador Eric Dunning los más
destacados representantes de aquel grupo de pensadores que definen al deporte como
una actividad necesariamente moderna y por ende, producto de un momento histórico
puntual del desarrollo de la historia del hombre. Ambos desarrollarán otra de las
principales perspectivas sociológicas de abordaje del deporte.

Enmarcado en la teoría de Norbert Elias sobre el proceso de civilización19, en el libro


Deporte y ocio en el proceso de la civilización20 se puede encontrar con toda claridad
dicha posición. El deporte, componente de suma importancia en la obra de Elias, es un
elemento más entre otros que demuestran una transformación en el sentido del proceso
civilizador, entendido este como una nueva configuración o cambio de costumbres por la
cual los individuaos se auto coaccionan limitando propiamente sus naturales impulsos
violentos. Así bajo esta concepción, el deporte se convierte en un producto
necesariamente histórico, por el cual los seres humanos recrean aquellos impulsos. En el
marco de una visa moderna monótona y previsible, los hombres buscan “emoción en el
ocio”.

Es el control de la violencia en todo el espectro social lo que vuelve al deporte un


elemento central de este proceso. Por ello Dunning precisará que diversas actividades se

18
Althusser, L.: Ideología y aparatos ideológicos del Estado, Editorial Nueva Visión.
19
Elias, Norbert, El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenética, FCE, México,
1987.
20
Elias, Norbert y Dunning, con Eric, Deporte y ocio en el proceso de la civilización , FCE, México, 1995.

6
convierten en deporte en la medida que su práctica comienza estar controlada de
manera formal, hecho que comienza principalmente en Inglaterra a mediados del siglo
XIX.

La violencia, o mejor dicho los impulsos violentos, será uno de los tópicos centrales
de sus trabajos. Su hipótesis central gira en torno a que aquellos que perciben un
aumento de la violencia en nuestra sociedad actual no alcanzan a distinguir entre un tipo
de violencia instrumental o racional y otra de tipo afectiva, siendo la primera la que
podría estar aumentando, como medio calculado para en algunas situaciones concretas
obtener un fin determinado. En definitiva, para Dunning, lo que distingue ambos tipos de
violencia es la obtención o no de placer al realizarla. Por ello el tipo de violencia que
pareciera aumentar en algunos ámbitos de nuestra sociedad, nada tiene que ver con
actos irracionales que buscan placer en su realización, sino con un uso más racional y
calculado, producto de una sociedad que presiona a sus individuos a la competencia
entre si, siendo el éxito una meta ha alcanzar aún con fines violentos calculados.

Para el autor es el tipo de lazos sociales que predominan en una sociedad, o lo que en
términos de Durkheim se denomina como solidaridad, lo que explica el tipo de violencia
que se despliega.

Así en sociedades de “lazos fragmentarios” con escasa diferenciación social, poca


división del trabajo y por ende poca interdependencia entres los individuos, existe un
predominio de la violencia física de tipo afectiva en todos lo ámbitos. Por el contrario en
sociedades de “lazos funcionales” la complejidad social, el alto desarrollo de la división
del trabajo, conlleva una alta interdependencia entre los individuos lo que genera la
contención y limitación del nivel de violencia en las relaciones sociales, expresada en el
aumento del autocontrol por parte de los individuos y el control externo que extiende el
Estado. En estas últimas surge lo que Dunning nombra como “presión competitiva”, toda
una ideología en torno al éxito, no ya producto de la imposición física, sino obtenida por
la capacidad de cada uno de establecer estrategias racionales para alcanzar los fines
propuestos. De este modo se impulsa la competencia y por ende la rivalidad y
agresividad, que dados los controles sociales existentes debe canalizarse de manera
instrumental en lo que Norbert Elias denominó como “espacios pacificados” de los cuales
el deporte es uno privilegiado.

El deporte, así como otros tipos de expresiones humanas, ocuparía entonces un lugar
central en tanto “soporte” de dichas tensiones y emociones, pero no en el sentido de
mera “descarga” y “contrapeso”, sino como la atemperación y despliegue de algo
inherente al ser humano como lo es la expresión de sus pulsiones vitales, que lo
constituyen y expresan inevitablemente. Es decir, la teoría eliasiana supone la ruptura de
las típicas dicotomías “trabajo-ocio” y “tensiones-negatividad” para descansar sobre la
necesaria búsqueda de emociones, en la que el deporte ocuparía un lugar privilegiado
como remedio a las propias tensiones –por sobreesfuerzo– que las propias sociedades
generan. Juegos, bailes, partidos de fútbol, serían escenas ficticias en las que,
recreativamente, las personas experimentan situaciones de excitación –justamente las
que son reprimidas y atemperadas en la vida real–; violencia y peligros que deben quedar
guardados en esos espacios miméticos de excitación y liberación emocional placentera,
comportamiento mimético no meramente acotado al hecho de imitar o reflejar una
lucha determinada, una situación violenta o “no civilizada”, sino amalgamado en la
centralidad de experimentar y dar lugar a sentimientos poderosos bajo el efecto de
algún grado de excitación emocional, pero sin correr verdaderos riesgos físicos por ello.

7
Hemos intentado un recorrido por las principales corrientes sociológicas y los principales
autores que han esbozado, ya sea explicita o implícitamente, una definición del
concepto de deportes desde la ciencias sociales. De ningún modo este pretende ser un
recorrido exhaustivo y cerrado, sino más bien un puntapie inicial plausible de ser
ampliado con el tiempo.

Creemos finalmente que este intento podrá resultar de utilidad sobre todo a aquellos
que están realizando sus primeras aproximaciones, como investigadores, estudiantes, o
como meros interesados, al campo deportivo en las ciencias sociales.

BIBLIOGRAFÍA

Althusser, L.: Ideología y aparatos ideológicos del Estado, Editorial Nueva Visión,1988.

Bourdieu, Pierre: “Programa para una sociología del deporte”, en Cosas dichas, Ed.
Gedisa, 1993.

Bourdieu, P., “Deporte y Clase Social”, en Materiales de Sociología del Deporte,


Ediciones de La Piqueta, 1993.

Bromberger, C, Significación popular por los clubes de fútbol, Buenos Aires: Universidad
de Buenos Aires, 2001.

Brohm, Jean-Marie :“20 tesis sobre el deporte”, en AA.VV.: Materiales de sociología del
deporte, Madrid: Ediciones de la Piqueta, Genealogía del Poder/23, 1993, p.47.

Elias, Norbert, El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y


psicogenética, FCE, México, 1987.

García Ferrando, Manuel: Aspectos sociales del deporte, Ed. Alianza, Madrid, 1990.

Hargreaves, John, “The autonomy of sport” en Alan Tomlinson, edited The sport studies
reader, Ed. Routledge, London, 2007.

Huizinga, Johan, Homo ludens, Alianza, Madrid, 1996.

Mandell, Richard: Historia cultural del deporte, Bellaterra, Barcelona, 1988.