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Voces: ABOGADO ~ HONORARIOS ~ PACTO DE CUOTALITIS

Tribunal: Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Mendoza, sala I(SCMendoza)(SalaI)


Fecha: 05/07/2000
Partes: Palma de Herrera, Cruz M. y otro en: Herrera, Carlos c. Di Carlo, Juan y otro
Publicado en: LLGran Cuyo, 2001-59
SUMARIOS:
1. El pacto de cuota litis sobre los derechos del hijo a ser indemnizado de los daños personales sufridos durante
un accidente de tránsito, concertado por el padre con los abogados antes de dictada la sentencia, es un acto de
disposición, por lo que si se realiza sin intervención del Asesor de Menores y sin autorización judicial es nulo
respecto del incapaz; se trata de una nulidad relativa que puede ser convalidada por éste.
2. El pacto de cuota litis sobre los derechos del hijo a ser indemnizado de los daños personales sufridos durante
un accidente de tránsito, concertado por el padre con los abogados antes de dictada la sentencia, es un acto de
disposición, desde que compromete los bienes a incorporar en el patrimonio del menor en el porcentaje que se
adjudica al abogado, y no recae sobre los frutos sino sobre el capital mismo.
TEXTO COMPLETO:
Mendoza, julio 5 de 2000.
1ª ¿Es procedente el recurso interpuesto? 2ª En su caso, ¿qué solución corresponde? 3ª Costas.
1ª cuestión. - La doctora Kemelmajer de Carlucci dijo:
I. Plataforma fáctica.
Los hechos relevantes para la resolución de este recurso son, sintéticamente, los siguientes.
1. Un convenio de cuota litis fue suscripto por los abogados Beatriz Karpu y Edgardo Cirrincione con Antonio
Herrera, padre de Carlos A. Herrera (a la época, menor). El pacto estaba referido a una acción a iniciar por los
daños y perjuicios sufridos por el menor con motivo de un accidente de tránsito.
2. El juicio se inició (autos N° 108.541, Herrera, Carlos c/ Juan di Carlo Ariza y otros) y durante la tramitación,
la actora revocó el mandato conferido y compareció con nuevo profesional. Los letrados mencionados
presentaron a juicio el pacto de cuota litis oportunamente suscripto.
3. A fs. 144, comparecieron a juicio Cruz M. Palma de Herrera, madre del actor, y Carlos A. Herrera, por su
propio derecho. Invocaron la nulidad del acuerdo celebrado por el padre del menor pues "dado que el acto
jurídico celebrado era un acto de administración" necesitaba el consentimiento de la madre conforme lo dispone
el art. 264 del Cód. Civil". Dado que a la época de esa presentación el actor era ya mayor de edad, el tribunal
pidió se aclarase la petición; a fs. 149 Palma aclaró que su presentación debía ser entendida como un incidente
de oposición a la pretensión de los anteriores abogados de su hijo. El juez de primera instancia dio traslado a la
incidencia y los letrados se opusieron a la pretensión de nulidad articulada
4. En noviembre de 1996, la asesora de Menores e Incapaces informó al tribunal que, en razón que el actor había
alcanzado la mayoría de edad, debía cesar su intervención. No obstante, señaló que dado que la incapacidad
laboral del actor era del cien por ciento permanente, y aunque en la pericia agregada en autos no se hace alusión
a una incapacidad que pueda encuadrarse en los arts. 141 y 152 bis, de lo explicitado en ese acto procesal surge
cierta disminución en las facultades psíquicas de Carlos Herrera, por lo que dejaba al criterio del tribunal la
realización de un examen a través del Cuerpo Médico Forense para encuadrar legalmente su incapacidad actual y
la necesidad de una representación en beneficio del mismo. La jueza aceptó como medida de mejor proveer la
pericial solicitada a fs. 51 y vta. Después de una serie increíble de incidencias procesales, finalmente, a fs. 79/84
el Tribunal rechazó el incidente de oposición; entendió que el convenio era nulo por tratarse de un típico acto de
disposición sobre derechos de naturaleza alimentaria, que requiere autorización judicial e intervención del
Ministerio Pupilar; que así lo ha resuelto un fallo plenario de las Cámaras Civiles de Morón y es también la
solución que implícitamente surge de una sentencia de la sala I de la Corte (comentada favorablemente por
Guastavino). Sin embargo, como esta causal de nulidad no ha sido invocada, la invalidez no puede declararse.
Por el modo como había sido planteada la cuestión, dijo, lo único que podía ser verificado por el juez es si el
acuerdo contaba o no con el consentimiento de la madre, consentimiento tácito que se verifica en la especie.
5. Apeló la vencida. La Cámara revocó la decisión y declaró nulo el convenio con estos argumentos:
a) La solución del caso depende de la existencia o no de actos de convalidación de la nulidad denunciada, de los
efectos de la omisión de intervención del representante del Ministerio Pupilar y de la falta de autorización
judicial, así como la posible subsanación del vicio invalidatorio por medio de la confirmación.
b) Más allá de la naturaleza jurídica del pacto de cuota litis, no hay dudas de que se trata de un acto de
disposición, pues a través de él se enajena una parte sustancial de la indemnización a que tiene derecho el
incapaz a favor del profesional interviniente (Ver Highton, La Ley, 1979-C, 1123).
c) Esa naturaleza dispositiva justifica la exigencia legal de que al tiempo de su celebración, los incapaces estén
repre-sentados en forma conjunta por sus padres y el asesor de menores y se obtenga la pertinente autorización
judicial.
d) No se duda que muchas veces es conveniente para el menor contar con un abogado particular con quien se
suscriban este tipo de convenios, pero en este caso, habrá control judicial y la autorización se dará sólo en caso
de ventaja evidente y con intervención del Asesor de Menores.
La omisión de esta intervención genera una nulidad relativa.
e) En autos, la madre del menor no podía solicitar la nulidad, pues éste ya era mayor de edad cuando la nulidad
fue articulada.
f) Sin embargo, en autos también se ha presentado el actor, ahora mayor de edad, quien no sólo actuó ratificando
lo actuado por su madre sino como un verdadero opositor a la validez jurídica del pacto de cuota litis celebrado
por su progenitor. El solo hecho de que el peticionante sólo haya invocado un vicio del acto (falta de
consentimiento expreso de la madre) no importa un acto que inequívocamente ponga de manifiesto la intención
de convalidar la existencia de otros vicios, esto es, la ausencia de intervención en el acto del Ministerio pupilar y
la autorización judicial, y mucho menos que a ello pueda válidamente asignársele los alcances de una renuncia a
la acción de nulidad. Por el contrario, de los propios términos de la presentación del actor a fs. 128 de los
principales surge que él denuncia que "su padre procedió a suscribir con sus anteriores apoderados un pacto de
cuota litis, el cual entiende que técnica y jurídicamente es improcedente". Por ende, no existe convalida-ción del
actor.
g) En suma, de esta conducta surge abiertamente que el acto nunca ha querido ser convalidado por el actor y los
vicios (falta de intervención del Ministerio Público y autorización judicial) subsisten por lo que la nulidad debe
ser declarada.
Contra esta sentencia se alzan los profesionales.
II. Los motivos de la casación deducida
El actor en el principal denuncia omisión de aplicación del art. 274, errónea aplicación del art. 297 in fine, y
errónea interpretación de los arts. 59 y 136, todos del Cód. Civil.
Argumenta del siguiente modo
a) El tribunal afirma que la solución del caso depende de que exista o no un acto de convalidación de la nulidad
denunciada. El punto de partida es erróneo, pues previamente debió analizarse si existía o no tal nulidad.
b) El tribunal parte de la base de que un pacto de cuota litis es un acto de disposición; sin embargo, desde el
comienzo los abogados actuantes sostuvieron que, por las particularidades del caso, se trataba de un acto de
administración, pues:
- al momento en que se concertó, nada había en el patrimonio del menor; si el pacto se hubiese firmado después
de haberse dictado sentencia quizás pudo asistir razón al tribunal, pero no al momento en que aún no existía ni
siquiera demanda interpuesta y los derechos del menor eran inciertos. La calificación del acto debe ser hecha al
momento en que fue celebrado.
- El acto no fue oculto; el pacto de cuota litis se encuentra incorporado en el expediente; la oponibilidad del acto
no pasa por la intervención del Asesor de Menores, que es sólo un órgano de contralor salvo que los padres
hayan perdido la representación, sino, en el caso concreto, que haya sido ventajoso para el menor.
c) El Art. 274 del C. Civil dispone que los padres, sin intervención de los hijos, pueden estar en juicio por ellos,
como actores o demandados, y a nombre de ellos celebrar cualquier contrato en los límites de su administración
señalados en este código. Esta norma, fundamental para resolver el caso, ni siquiera es mencionada por el
Tribunal. Si el inicio de una acción judicial es un acto de administración que no requiere autorización judicial,
los actos accesorios del mismo tienen igual naturaleza (administrativa); afirmar lo contrario sería ir en contra de
lo dispuesto por la propia ley. El pacto de cuota litis es un accesorio del juicio para el cual se celebró; carecería
de objeto y de finalidad sin dicho juicio. Un parangón con otra situación puede hacer comprender mejor el tema:
un menor puede ser propietario de una finca; el padre tiene la administración; si para la explotación elige hacerlo
por el sistema de contratista de viñas y frutas, a nadie se le ocurría calificar dicho acto como de disposición; el
contrato de viñas y frutales e un acto de administración, aunque compromete un porcentaje de la futura
producción. La situación es análoga; más aún, en el caso del acto celebrado con el contratista de viñas y frutales
hay un derecho mucho más concreto que en el de la demanda a iniciar sin saber cuál es su resultado.
d) El art. 274 del Cód. Civil faculta a los padres a iniciar acciones judiciales por los hijos menores, incluyéndola
como un acto de administración; una demanda por daños y perjuicios es, en consecuencia, un acto de
administración.
En el caso, el padre no dispone porque no enajena, ni grava nada del patrimonio que tiene bajo su potestad. En el
sublite, el padre realizó un acto (pacto de cuota litis) para intentar incorporar un bien al patrimonio y no para
sacarlo del mismo. Por eso, siguiendo a la Dra. Méndez Costa, puede afirmarse que no se trata de un acto de
disposición sino de mera administración.
e) Tampoco es cierto que la indemnización por daños y perjuicios tenga naturaleza alimentaria: la obligación
alimentaria tiene por sujetos deudores a las personas vinculadas por una relación de parentesco; la acción de
daños y perjuicios a un sujeto distinto (el que causó el daño); la obligación alimentaria tiene por presupuesto la
necesidad, requisito no exigido en la acción de daños y perjuicios; la acción por alimentos tiene en cuenta las
posibilidades reales de los sujetos obligados, elemento irrelevante en la acción de responsabilidad civil; la
obligación alimentaria es variable si cambian los presupuestos; la de daños y perjuicios no cambia aunque lo
haga la situación patrimonial de los sujetos; normalmente, la obligación alimentaria se paga en cuotas; la de
daños y perjuicios debe pagarse al contado.
f) Cuando se quiere proteger en exceso a los menores, se los desprotege; la nulidad del pacto de cuota litis
supone que los menores serán siempre asistidos por el Defensor Oficial, labor que por eficaz que sea, no tendrá
el tiempo necesario para el desarrollo de la cusa, su control etc., ni tendrá dinero para adelantar los gastos.
g) El tribunal tampoco tiene en cuenta la naturaleza jurídica del pacto de cuota litis. La doctrina discute si se trata
de una locación de servicios, de una locación de obra, de un mandato, de una cesión de créditos, de una
sociedad; pero cualquiera sea, lo real es que se trata de un acto de buena administración donde se asegura la
obtención de un mejor servicio con la menor pérdida posible.
h) A diferencia de lo que sostiene el sentenciante, la venia judicial no es exigible. La retribución de un
profesional a porcentaje, conforme el éxito que se tenga, no difiere como método de fijación del precio de otros
actos de administración que el padre puede realizar con relación a sus hijos.
i) No es posible aplicar por analogía lo dispuesto por los arts. 135 y 136, Cód. Civil, normas aplicables a una
situación totalmente diferente (la del menor emancipado). Detrás de un menor no emancipado están sus padres;
el legislador presume que lo aman y ese amor le puede hacer ver sus necesidades más lúcidamente que al
magistrado mejor inspirado.
j) El representante del menor es el padre; el Ministerio Pupilar tiene una delimitación legal, debe intervenir en
todo proceso en que el menor demanda o sea demandado pero se trata sólo de una legitimación procesal genérica
y no otorga la facultad de intervenir en todo acto del padre.
k) En el caso, se advierte un evidente abuso del derecho y violación del principio de buena fe. El antes menor y
hoy mayor, luego de haberse beneficiado con los actos de los profesionales, que adelantaron gastos y realizaron
una gestión útil, desconoce el convenio suscripto por el padre.
¿Qué hubiese pasado si el juicio se hubiese perdido? El ex menor y ahora mayor habría sacado el pacto diciendo
que nada debía porque así se lo había pactado?
l) Algunos fallos sostienen que el trabajo profesional está retribuido con los honorarios regulados y que sería
suficiente con restituir a los profesionales los gastos realizados; estos fallos se apartan de la realidad y cierran los
ojos voluntariamente a ella; es cierto que los honorarios regulados compensarían el trabajo procesal, pero la
simple restitución de los gastos no compensan el esfuerzo realizado por los profesionales fuera del proceso
(búsqueda de asesoramiento médico, consulta con otros profesionales, etc.).
III. Algunas reglas que dominan el recurso de casación en la provincia de Mendoza
Esta sala resuelve de modo reiterado y constante que, en el procedimiento mendocino, la procedencia formal del
recurso de casación impide ingresar en cuestiones fácticas definitivamente resueltas por los tribunales de grado.
En efecto, esta vía permite canalizar dos tipos de errores: los de interpretación de las normas, y los de subsunción
de los hechos en las normas; en cualquiera de las dos situaciones, la interpretación y valoración final de los
hechos y de la prueba es privativa de los jueces de grado (L.A. 87-329; 88-32; 127-477; 128-28).
También decide que conforme lo disponen los incs. 3 y 4 del art. 161 del Cód. Procesal Civil y su nota, es
imprescindible que el recurrente señale en qué consiste la errónea interpretación legal y de qué forma ese vicio
ha determinado que la resolución recurrida sea total o parcialmente contraria a las pretensiones del recurrente
(LS 67-227; LA 86-153; 98-197); consecuentemente, es irrelevante que la sentencia contenga un error de
derecho si se sigue manteniendo válidamente en otros argumentos relevantes.
IV. La aplicación de estos principios al sub lite. Delimitación del tema a decidir
1. El recurrente no invoca causales que -en abstracto- pudieron ser canalizadas a través del recurso de
Inconstitucionalidad; en efecto, no aduce que el tribunal ingresó en causales de nulidad no invocadas de las que
no ha podido defenderse.
El recurso tampoco contiene queja referida a que no han existido actos emanados del actor que importen
convalidación del acto nulo.
2. Algunos agravios del escrito de fs. 14/26 suponen ingresar en cuestiones fácticas atinentes a las circunstancias
del caso, ajenas como se ha visto a la vía deducida, cuales son si la conducta del actor ha sido o no abusiva o de
mala fe; si el pacto era o no conveniente para el menor; si adelantaron o no gastos; etc. Consecuentemente, son
formalmente inadmisibles.
3. Uno de los planteos, en cambio, es estrictamente normativo: si el pacto de cuota litis suscripto por el padre
sobre la futura indemnización de su hijo es un acto de administración o de disposición; el recurrente entiende que
el pacto de cuota litis es un acto de administración y, consecuentemente, no requería de autorización judicial ni
de intervención del Minis-terio de Menores. La sentencia de grado, en cambio, lo considera un acto de
disposición y, de este carácter deriva, ante la falta de autorización judicial e intervención del Ministerio de
Menores, la invalidez del convenio.
4. En suma, dado los agravios formulados y las reglas antes enunciadas, esta sala debe pronunciarse sobre el
siguiente punto:
El pacto de cuota litis sobre los derechos del hijo a ser indemnizado de los daños personales sufridos durante un
accidente de tránsito, concertado por el padre con los abogados antes de dictada la sentencia ¿es un acto de
administración o de disposición?
Si el tribunal responde que es un acto de disposición, no debe ingresar en otras cuestiones pues los recurrentes no
discuten que ese tipo de acto celebrado por el padre sobre los bienes de sus hijos sin autorización judicial es
nulo.
Tampoco interesaría abordar el tema de si se requiere o no la asistencia del Ministerio de Menores, pues de
cualquier modo faltaría un elemento esencial, cual es la autorización judicial.
V. La clasificación de los actos jurídicos en actos de administración y actos de disposición
No desconozco las dificultades para fijar una línea demarcatoria firme entre ambos tipos de actos; justamente,
esta es la razón por la cual no hay un criterio único sobre cuál es el elemento que los distingue; no obstante, la
distinción debe hacerse, desde que uno de los supuestos en que la clasificación tiene trascendencia práctica es el
relativo a la administración de los padres de los bienes de sus hijos menores (Compulsar Compagnucci de Caso,
Rubén, El negocio jurídico, Bs. As. Astrea, 1992, N° 23, p. 84).
En efecto, el art. 297 del Cód. Civil dispone: "los padres necesitan autorización judicial para enajenar bienes de
cualquier clase de sus hijos, constituir sobre ellos derechos reales o transferir derechos reales que pertenezcan a
sus hijos sobre bienes de terceros". Existe consenso en que la norma transcripta es aplicable a todos los actos de
disposición y no sólo a los de enajenación (Belluscio, Augusto, Manual de Derecho de Familia, 5ª ed., Bs. As.
Depalma, 1987, t. II, N° 550 p. 327; conf. para el derecho español, Gete-Alonso y Calera, María del Carmen,
Enajenación y gravamen de bienes de menores e incapaci-tados, en Estudios en homenaje a la profesora Teresa
Puente, Valencia, Universidad de Valencia, 1996, p. 47). De allí que se afirme sin mayores comentarios que "los
representantes legales sólo pueden realizar por sí los actos de administración, pero necesitan autorización judicial
para ejercer los actos de disposición" (Brebbia, Roberto, Hechos y actos jurídicos, Bs. As., Astrea, 1995, t. II, p.
60; Cifuentes, Santos, Negocio jurídico, Bs. As., Astrea, 1986, N° 114, p. 233).
No es objeto de esta sentencia recorrer particularizadamente cada definición dada por la doctrina (para ese
análisis me remito a Leduc, Fabrice, L'acte d'administration en droit privé, Paris, 1992; Aguilera de la Cierva,
Tomás, Actos de administración, de disposición y de conservación, Madrid, Ed. Montecorvo SA, 1973; Méndez
Costa, María J., Bienes de los hijos menores. Administración, disposición, usufructo. Santa Fe, Ed. Rubinzal,
1987, ps. 97/118); basta para resolver la cuestión, recordar las grandes tendencias sobre el punto.
Sabido es que un sujeto puede limitarse a conservar o mantener un bien o patrimonio; puede administrarlo,
obteniendo de él su rendimiento normal o puede desprenderse de él o someterlo a cualquier modificación
jurídica. Desdichadamente, las cosas no siempre se presentan con esta pureza conceptual, por lo que es necesario
recurrir a algunas nociones generales.
Para un gran sector de la doctrina nacional, que sigue en lo sustancial a la clásica obra de Orgaz, la clasificación
tiene por base la mayor o menor amplitud de la incidencia que el negocio está destinado a producir sobre el
patrimonio de un sujeto: son actos de disposición los susceptibles de comprometer el patrimonio en razón de que
disminuyen o modifican sustancialmente la estructura del capital o comprometen su porvenir por largo tiempo;
son actos de administración los que tienen por fin hacer producir beneficios a los bienes del patrimonio
respetando su naturaleza y destino y que, por tanto, no afectan seriamente la estructura de los bienes de capital.
Se agrega que correspon-de analizar la función que los actos están destinados a cumplir con relación al
patrimonio. Así, por ej., la venta de los frutos o una cosecha por el administrador es una enajenación, pero no es
un acto de disposición sino de administración (Compulsar Orgaz, Alfredo, Hechos y actos o negocios jurídicos,
Bs. As., 1963, N° 43; Cifuentes, Santos, Negocio jurídico, Bs. As., Astrea, 1986, N° 114, p. 230; Laje, Eduardo,
Actos de administración, de disposición y de enajenación, JA 1950-I-sección doctrina p. 129 y sigs; Brebbia,
Roberto, Hechos y actos jurídicos, Bs. As., Astrea, 1995, t. II, p. 60).
Por otro lado, Méndez Costa considera que el fundamento para distinguir entre uno y otro tipo de acto es el
objeto del acto; en los actos de disposición, el objeto consiste en bienes de capital productivo o lucrativo fijo; los
actos de administración, en cambio, tienen por objeto los frutos o rentas del capital y los bienes de capital
circulante (Méndez Costa, María J., Bienes de los hijos menores. Administración, disposición, usufructo. Santa
Fe, ed. Rubinzal, 1987, p. 110).
Se comparta una u otra posición, respecto de los actos realizados por los representantes legales del menor, se
afirma con razón que en todo caso es necesario analizar si el acto constituye o no un desplazamiento del bien del
patrimonio del menor, sin reinversión, y qué otras ventajas puede tener para el incapaz (D'Antonio, Daniel Hugo,
Nuevo régimen legal de la patria potestad. Ley 23264, Santa Fe, Ed. Rubinzal, 1985, p. 238).
VI. El pacto de cuota litis como un acto de disposición, aunque se celebre antes de interpuesta la demanda.
1. Estoy convencida de que cualquiera sea el criterio que se comparta respecto del punto anterior, el pacto de
cuota litis por el cual el menor debe entregar al abogado un porcentaje de lo que percibirá en concepto de
indemnización es un acto de disposición desde que:
a) compromete los bienes a incorporar en el patrimonio del menor en el porcentaje que se adjudica al abogado
(parte del capital);
b) no recae sobre los frutos sino sobre el capital mismo.
De allí que el ejemplo proporcionado por el recurrente (el convenio con el contratista de viñas y frutales) no
guarda sustancial analogía con el pacto de cuota litis sobre un porcentaje de la indemnización, pues mientras en
el primer caso se comprometen los frutos, en el sublite se disminuye el capital.
Consecuentemente, también debe ser rechazado el argumento de que si el código autoriza a los padres a iniciar
acciones (art. 274 Cód. Civil) pueden también suscribir un convenio de cuota litis -accesorio de los mismos-
pues, como he explicado, no se trata de un contrato "en los límites de la administración", desde que supone
disponer una porción del capital.
2. La doctrina y la jurisprudencia que se ha ocupado del tema no ha dudado en calificar al convenio de cuota litis
como un acto de disposición. Las discrepancias residen en que mientras algunos afirman que la autorización no
debe ser concedida, otros, más flexibles, entienden que debe analizarse en cada caso si el interés del menor está o
no mejor amparado con el convenio. Pero, insisto, unos y otros exigen la intervención judicial.
Así lo ha sostenido la prestigiosa magistrada y profesora universitaria Elena Highton en uno de los pocos
trabajos especí-ficos sobre el tema (Highton, Elena, El pacto de cuota litis y los incapaces, La Ley, 1979-C,
1123).
Es también el criterio de las diferentes salas de la Cámara Nacional Civil; así, por ej., la sala B, con fundamento
en el art. 297 del Cód. Civil, confirmó la sentencia de primera instancia que había resuelto que los padres
necesitan de autorización judicial para suscribir un convenio mediante el cual se reconoce a favor de la letrada
interviniente el 25 % de las sumas que correspondiera recibir al menor en una acción de daños y perjuicios
(10/3/1993, La Ley, 1993-D, 313 y Doc. Jud. 1993-B-1053); la sala E afirmó -siguiendo el criterio del bien
conocido Asesor de Menores Alejandro Molina- que la autorización para celebrar el convenio de honorarios en
que es parte un menor sólo puede ser concedida en caso de ventaja evidente para éste (15/10/1991, La Ley,
1992-E, 430; 20/12/1989, La Ley, 1990-D, 352).
Con menor flexibilidad aún la Cámara Civil y Comercial de Morón en plenario del 14/11/1991 recaído in re
Acuña, Ermendo c/ Albornoz, declaró que "No puede homologarse un pacto de cuota litis en donde el padre o la
madre de un menor bajo patria potestad se comprometen a abonar en nombre de aquél un porcentaje sobre la
suma que en concepto de indemnización de daños y perjuicios pudiere corresponder al hijo, aún cuando las
costas sean impuestas íntegramente a la contraria" (JA, 1992-III-111; votó en disidencia Conde, quien entendió
que la cuestión debía ser valorada caso por caso y de acuerdo al interés del menor).
3. No empece a esta conclusión que el convenio se celebre antes del dictado de la sentencia, pues ésta tiene
naturaleza declarativa; el derecho a ser reparado existe desde la producción del daño, carácter que los recurrentes
no han tenido en consideración.
4. Por lo demás, la solución responde a una interpretación sistemática del ordenamien-to; en efecto, cualquiera
sea la tesis a la que se adhiera, los autores enuncian entre los actos de disposición: la renuncia, la transacción
(Ver, por ej., Stolfi, Giuseppe, Teoría del negocio jurídico, Madrid, Ed. Rev. De Derecho Privado de Madrid,
1959, N° 17; Cifuentes, Santos, Negocio jurídico, Bs. As., Astrea, 1986, N° 114, p. 231; Linacero de la Fuente,
Régimen patrimonial de la patria potestad, Madrid, Montecorvo, 1990, p. 221, esta última, específicamente para
la renuncia a las indemnizaciones de daños); el reconocimiento de obligaciones (Borda, Guillermo, Tratado de
Derecho Civil. Familia. 9ª ed., Bs. As., Ed. A. Perrot, 1993, t. II N° 893; Zannoni, Eduardo, Derecho de familia,
3ª ed., Bs. As., Astrea, 1998, t., 2 N° 1372, p. 788; Belluscio, Augusto, Manual de Derecho de Familia, 5ª ed.,
Bs. As. Depalma, 1987, t. II, N° 550 p. 331; Highton, Elena y Lambois, Susana, El patrimonio de los hijos
sometidos a patria potestad, en Rev. del Derecho Privado y Comunitario N° 12. Derecho de Familia Patrimonial,
1996, p. 194) y, consecuentemente, todos ellos requieren autorización judicial (Conf. Llamas Pombo, El
patrimonio de los hijos sometidos a la patria potestad, Madrid, Ed. Trivium, 1993, p. 113; Mazzinghi. J.A.,
Derecho de familia, 3ª ed., Bs. As, Ed. Abaco, 1998, p. 453).
El pacto de cuota litis supone un poco de cada uno de estos actos; en efecto, implica un reconocimiento a favor
del abogado que se le debe un porcentaje de lo que se perciba y, consecuentemente, se renuncia a incorporar una
parte de la indemnización que finalmente se cobre.
Por esta razón, la Casación italiana ha resuelto que toda transacción del padre sobre las indemnizaciones a cobrar
por el menor que ha sufrido incapacidad invalidante de carácter permanente, excede la administración ordinaria
y debe ser autorizada por el Juez (Cass. Sez III civile, 22/5/1997, Responsabilità civile e previdenza, anno 1997,
Vol. LXII, p. 1087 y en Il foro italiano, 1997, PP, p. 2474).
5. La respuesta también enmarca en la tendencia jurisprudencial conforme la cual "la facultad de administrar los
bienes de los hijos menores acordada a los padres por el art. 293 del Cód. Civil no excluye la intervención del
Ministerio de Menores y el control de los jueces en la disposición e inversión de los fondos pertenecientes a los
hijos" (Cámara Nacional Civil dio en pleno el 9/10/1933, JA, 43-1141).
6. Ninguno de los argumentos esgrimidos por los quejosos alcanza para conmover estos principios:
a) Afirman que nadie mejor que los padres saben lo que es conveniente para el menor. Tiene dicho esta Sala en
anterior pronunciamiento (sentencia del 25/6/1985, La Ley, 1986-B, 169, con nota laudatoria de Guastavino,
Elías, Autorización judicial para que el titular de la patria potestad promueva división de condominio del
inmueble del hijo y un tercero; la decisión también ha sido aprobada por Méndez Costa, María J., Bienes de los
hijos menores. Administración, disposición, usufructo. Santa Fe, Ed. Rubinzal, 1987, p. 219) que "no se trata de
minusvalo-rar la posición del padre, sino de no mirar con malos ojos a la intervención judicial en las cuestiones
de derecho de familia". Y con cita de Spota recordó que "el control de los órganos estatales en el ejercicio de la
patria potestad es un corolario de la función social que a los padres les atañe. Todo derecho de familia es de
espíritu altruista. Ello debe afirmarse, sobre todo, en lo relativo a la patria potestad, sin que la intervención del
Ministerio de Menores conlleve a menoscabo alguno a los derechos deberes paternos. La base ética de la familia
y las relaciones paterno filiales ganan en prestigio y se afianzan si se satisface, en primer término, el bien
entendido interés de los menores, que es lo que, en definitiva, asume significación moral y social
(Representación promiscua del menor bajo patria potestad, JA, 1955-III-167).
b) Sostienen que el pacto de cuota litis no se mantuvo oculto, sino que se incorporó al expediente. Pero es obvio
que esto no basta; era necesario someterlo a la autorización judi-cial para, aún en la tesis amplia, valorar la
conveniencia en el caso concreto.
c) La queja relativa a las diferencias entre la obligación alimentaria y la indemnización de daños y perjuicios no
es audible. Los tribunales que sostienen la naturaleza alimentaria de la indemnización no confunden esta
prestación con la obliga-ción alimentaria entre parientes; simplemente afirman que, del mismo modo que las
remuneraciones de los trabajadores, tienen naturaleza asistencial y por eso los actos de renuncia exigen
requisitos especiales.
En el caso, la asimilación es aún más patente, pues como lo ha sostenido el Asesor de Menores Alejandro Molina
en los dictámenes antes referidos, son supuestos en que dada la alta incapacidad sufrida por el menor (100% en
el sublite), la indemnización compromete el propio porvenir del menor.
d) De todo lo expuesto resulta que determinar cuál es la naturaleza jurídica del pacto de cuota litis es irrelevante
para resolver la cuestión: locación de obra, de servicio, mandato, sociedad, etc., siempre supone un compromiso
de parte del capital a incorporar.
VII. Efectos de calificar el pacto de cuota litis como un acto de disposición.
El art. 299 del Cód. Civil establece: "Los actos de los padres contra las prohibiciones de los dos artículos
anteriores son nulos y no producen efecto alguno legal".
Si, como he dicho, el pacto de cuota litis celebrado por el representante legal es un acto de disposición, la
consecuencia necesaria es que si se realizó sin intervención del Asesor de Menores y sin autorización judicial es
nulo respecto del incapaz; se trata de una nulidad relativa, que puede ser convalidada por éste (Highton, Elena,
El pacto de cuota litis y los incapaces, La Ley, 1979-C, 1123).
En el caso, insisto, los recurrentes no atacan la conclusión del tribunal relativa a que no han existido actos de
convalidación del beneficiado con la nulidad, por lo que, ante la falta de agravios, debe entenderse que esa
convalidación no ha existido y, consecuentemente, la nulidad declarada es jurídi-camente correcta.
VIII. Conclusiones
Por todo lo expuesto, y si mi voto es compartido por mis distinguidos colegas del tribunal, corresponde rechazar
el recurso deducido y confirmar la sentencia impugnada. Así voto.
Sobre la misma cuestión los doctores Romano y Moyano, adhieren por sus fundamentos al voto que antecede.
2ª cuestión. - La doctora Kemelmajer de Carlucci dijo:
Corresponde omitir pronunciamiento sobre este punto, pues ha sido planteado para el eventual caso de resolverse
afirmativamente la cuestión anterior. Así voto.
Sobre la misma cuestión los doctores Romano y Moyano, adhieren al voto que antecede.
3ª cuestión. - La doctora Kemelmajer de Carlucci dijo:
Atento el resultado al que se arriba en el trata-miento de las cuestiones que anteceden, corresponde imponer las
costas a la parte recurrente que resulta vencida (arts. 36-I y 148 del Cód. Procesal Civil). Así voto.
Sobre la misma cuestión los doctores Romano y Moyano, adhieren al voto que antecede.
Con lo que terminó el acto, procediéndose a dictar la sentencia
Por lo que se resuelve: I. Rechazar el recurso extraordinario de casación deducido a fs. 14/26 de autos. II.
Imponer las costas a la recurrente vencida. III. Regular los honorarios profesionales de la siguiente manera: ...
(arts. 15 y 31, ley 3641). IV. Dar a la suma de pesos $ 75, de la que da cuenta la boleta de depósito obrante a fs.
1, el destino previsto por el art. 47 inc. IV del Cód. Procesal Civil. - Aída Kemelmajer de Carlucci. - Fernando
Romano. - Carlos Moyano.
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