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1.- Luna Nueva.

2.- Stephenie Meyer.

3.- Me sentía atrapada en una de esas pesadillas aterradoras en las


que tienes que correr, correr hasta que te arden los pulmones, sin
lograr desplazarme nunca a la velocidad necesaria. Mis piernas
parecían moverse cada vez mas despacio mientras me esforzaba por
avanzar entre la multitud indiferente, pero aun así, las manecillas del
gran reloj de la torre seguía avanzando, no se detenían; inexorables e
insensibles, se aproximaban hacia el final, hacia el final de todo.
Pero eso no era un sueño, y a diferencia de las pesadillas, no corría
para salvar mi vida; corría para salvar algo infinitamente más valioso.
En ese momento, incluso mi propia vida parecía tener poco
significado para mí.
Alice había predicho que existían muchas posibilidades de que las dos
muriéramos allí. Tal vez el resultado habría retenido, de modo que
solo yo era libre de cruzar aquella plaza iluminada y llena de gente.
Y no podía correr bastante rápido…
… así que no me importaba demasiado que estuviéramos rodeados
por nuestros enemigos, extraordinariamente poderosos. Supe que era
demasiado tarde cuando el reloj comenzó a dar la hora y sus
campanas hicieron vibrar las losas bajo mis pies –demasiado lentos-.
Entonces me alegre de que más de un vampiro ávido de sangre me
estuviera esperando en los alrededores. Si esto salía más, a mí ya no
me quedarían deseos de seguir viviendo.
El reloj siguió dando la hora mientras el sol caía a plomo en la plaza
desde el centro exacto del cielo.

4.- Primer Capitulo “La Fiesta”


Estaba segura de que era un sueño un noventa y nueve por ciento.
Las razones de esa certeza casi absoluta eran, en primer lugar, que
permaneciera de pie recibiendo de lleno un brillante rayo de sol, la
clase de sol intenso y cegador que nunca brillaba en mi actual hogar
Forks, Washington, donde siempre lloviznaba; y en segundo lugar,
porque estaba viendo a mi abuela Marie, que había muerto hacia seis
años. Esto sin duda, ofrecía una seria evidencia a favor de la teoría
del sueño.
La abuela no había cambiado mucho. Su rostro era tal y como lo
recordaba; la piel suave tenia un aspecto marchito y se plegaba un
millar de finas arrugas debajo de las cuales se traslucía con
delicadeza el hueso, como un durazno seco pero aureolado con una
mata de espeso pelo blanco, se aspecto similar al de una nube.
Nuestros labios –los suyos fruncidos en un sinfín de arrugas- se
curvaron al mismo tiempo con una media sonrisa de sorpresa. Al
parecer, tampoco ella esperaba verme.
Estaba a punto de preguntarle algo; era tanto lo que quería saber…
¿Qué hacia en mi sueño? ¿Dónde había permanecido los últimos
años? ¿Se habían encontrado dondequiera que estuvieran? Pero ella
abrió la boca al mismo tiempo que yo y me detuve para dejarla hablar
primero. Ella hizo lo mismo y ambas sonreímos, ligeramente
incomodas.
-¿Bella?
No era ella la que había pronunciado mi nombre, así que ambas nos
volvimos para ver quien se unía a nuestra pequeña reunión. En
realidad, yo no necesitaba mirar para saberlo. Era una voz que habría
respondido, ya estuviera dormida o despierta… o incluso muerta,
estoy casi segura. La voz por la que había caminado sobre el fuego, o,
con menos dramatismo, por la que chapotearía todos los días de mi
vida entre el frió y la lluvia incesante.
Edgard.
Aunque me moría de ganas de verlo –consciente o no- y estaba casi
segura de que se trataba de un sueño, me entró el pánico medida
que Edgard se acercaba a nosotras caminando bajo la deslumbrante a
luz del sol.
Me asuste porque la abuela ignoraba que estaba enamorada de un
vampiro –nadie lo sabia- y no que se ocurría la forma de explicarte el
hecho de que los brillantes rayos del sol se quebraran sobre su piel de
cristal o de diamante.

5.- Drama.

1.- Cinco cerditos.

2.- Agatha Christie.


3.-Hércules Poirot miró con interés y aprobación a la joven que
entraba en aquel momento en la habitación.
Nada había habido en su carta que la distinguía de tantas otras. Se
había limitado a solicitar una entrevista, sin dar la menor idea
siquiera de lo que se ocultaba tras la petición. Había sido breve y
desprovista de toda palabrería inútil y solo la firmeza de la escritura
había indicado respecto a Carla Lamarchant que era una mujer joven.
Y ahora allí estaba en persona. Una mujer alta, esbelta, veintitantos
años. Una de esas jóvenes a las que uno se ve obligado a mirar mas
de una vez. Vestía ropa de calidad: Chaqueta y falda de corte
impecable y lujosas pieles. Cabeza bien equilibrada sobre los
hombros, frente cuadrada, nariz de corte sensitivo, barbilla que
expresaba determinación. Una muchacha pletórica de vida. Era se
vitalidad, mas que su belleza, la que daba la nota predominante.
Antes de su entrada, Hércules Poirot se había sentido viejo. Ahora se
sentía rejuvenecido, lleno de vida, agudo como nunca.
Al adelantarse para saludarla, se dio cuenta de que los ojos color gris
oscuro le observan atentamente, le escudriñaban son intensidad.
La joven se sentó y acepto el cigarrillo que el le ofrecía. Después de
encenderlo, permaneció inmóvil, fumando, mirándole aun con queda
mirada intensa y pensativa.

4.- Primer Capitulo “El Abogado Defensor”


Que si recuerdo el caso Crale? –Inquirió sir Montague Depleach-. Claro
que si. Lo recuerdo muy bien una mujer atractiva en grado sumo,
pero desequilibrada, claro esta. Sin imperio sobre si misma.
Una lastima.
Miro de soslayo a Poirot.
-¿Por qué me pregunta usted eso?
-Me interesa el caso.
+No hace mucho untes alarde mucho tacto, amigo mió –dijo
Depleach, enseñando los dientes de pronto son su famosa <sonrisa
de lobo> que era famosa, y ejercía un efecto aterrador sobre los
testigos a quienes interrogaba-. No fue uno de mis éxitos, como sabe.
No conseguí que la absolvieran.
-Eso ya lo se.
Sir Montague se encogió de hombros. Dijo:
-Claro esta que no tenía entonces tanta experiencia como tengo
ahora. No obstante, hice todo lo que humanamente podía hacerse.
Uno no puede hacer mucho sin cooperación. Si que conseguimos
hacer que se le conmutara la pena por la cadena perpetua, porlo
menos. Provocación. ¿Comprende? Una seria de madres y esposas
muy respetables firmaron una petición. Despertó mucha compasión.
Se recostó en su asiento, estirando las largas piernas.
Asumió su semblante una expresión judicial.
-Si le hubiese pagado un tiro ¿sabe?, o dado una puñalada siquiera…
me hubiera ocupado en conseguir que se tratara el caso como
homicidio y no asesinato. Pero veneno… no; no se puede jugar con
eso. El veneno es peligroso.
5.- Narrativo.

1.-Este Barrio Glorioso. 1972

2.- Alfonso Castro Pallares.

3.-Alfonso Castro Pallares no ha querido apresurarse presentando los


lectores un libro inmaduro. La colección de poemas que nos ofrece en
estas paginas es fruto de autentica sensibilidad poética, que
trabajaba y educaba con amplia expresión estética, fiel a su idea.
Ha sido un verdadero placer la lectura de lectura de estos poemas
que felizmente, apartan de cierta corriente en boga de sedicente
poesía, escrita en renglones arrítmicos, más o menos cortos, ciegos y
sordos a la belleza de la metáfora y a musicalidad. ¿Podrá haber
verdadera poesía sin metáfora?
La metáfora en el mundo poético de Castro Pallares es un rico
surtidor de luces constante cambiantes, que se nos alejan del tacto
inmediato de las cosas y nos elevan a un ámbito subjetivo de formas
desmaterializadas, que parecen flotar entre el sonido y el color
Sin embargo, el uso de la metáfora por la metáfora en si. Es un
pensamiento mismo por que virtud de la metáfora se convierte en un
sueño poético, en el cual las palabras se despojan se su epidermis
cotidiana para integrar un monologo personalísimo.

4.- Primer Capitulo “Juglarias (1946-1952)”


“Romance del Ladrón nocturno”

Verso gritado a la noche,


Poema de oscuridad…

Ladrón nocturno, romance


con alma de eternidad.

Llevo el día, y en la sombra


Has de herirme por detrás,
Sin presentir el instante,
Sin saber si aquí o allá…

Ladrón que robas lo efímero,


Rompe mi voz de cristal;
No he de defenderte apenas,
Ni aturdirme, ni temblar.

Tu sorda garra de fuego


Abrasara mi heredad.

Cortarme el verso en la boca


Con un golpe de puñal.
Si quieres, oscurecido
Me podrás acompañar:
Y en la primera posada,
O en el camino, es igual.

Será bastante un zarpaso


O un beso material,
Y estas luces de mi vida
Sobre mí apagaran.
Verso de la noche, romance
Cantado en la oscuridad,
En donde el ladrón acecha
Con garra de eternidad.

5.- Poética.

Instituto Valladolid Preparatoria


2 “A”
MJTC