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“ALGUNAS CONSIDERACIONES TEÓRICAS ACERCA DE UN

PERFIL DE PRÁCTICAS PRE-PROFESIONALES”

RUTH NOEMI PAROLA *


Correo-e: arequipa@grupovector.com.ar

Eje Temático: Formación e intervención profesional


Mesa de Trabajo: Prácticas Pre – profesionales en la formación del Trabajador
Social
Palabras Claves: complejidad social – mediaciones teóricas – comprensión –
posicionamiento – teoría/práctica.

Resumen:
Al intentar preguntarnos sobre las prácticas Pre – profesionales lo que estamos haciendo es
resignificar el aprendizaje de la profesión; lo cual implica la necesidad de una crítica de algunas
tradiciones en Trabajo Social.
Podemos decir que no hay intervención sin interpretación social. Por lo que hay una relación de
mediación insoslayable entre la práctica profesional y un modo de comprender lo social; para
esto los diversos aportes de la Teoría Social son imprescindibles.
Hablamos de una compresión que es siempre histórica porque estamos planteando la
intervención y su comprensión desde la inserción en la dinámica social, en la práctica social de
la sociedad, en cómo la cuestión social se expresa en la relación conflictiva entre los sujetos
sociales y sus necesidades.
De lo contrario existe imposibilidad de articulación cuando la relación con la complejidad social
no es más que una relación instrumental: medios – fines, sin saber por qué, para qué, desde
dónde y quiénes participan en la práctica social en la cual intervenimos.

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* Profesora de la Carrera de Trabajo Social, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza,
Argentina. Licenciada en Trabajo Social. Actualmente trabaja en su Tesis de la Maestría en
Ciencias Sociales de FLACSO, Buenos Aires. Ponencia presentada al XVII Seminario
Latinoamericano de Escuelas de Trabajo Social; Lima, Perú. 2001.

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Introducción

Hablar sobre las prácticas pre-profesionales en el marco de una profesión


como la nuestra, es traer a la palestra una temática recurrente y permanente
tanto en la formación como en el ejercicio profesional. Es, por un lado, hablar y
pensar sobre lo que en lo cotidiano de la práctica estudiantil de Trabajo Social
nos hace aprender a ser trabajadores sociales; y por otro lado, discutir y
confrontar lo que se hace con lo que pensamos debería hacerse.

Pensar en términos del Perfil de las Prácticas Pre-profesionales remite a


problematizar en el nivel académico el proyecto de práctica mirando a la
Universidad, a los centros de práctica, a los sujetos sociales con quienes
practicamos y a nosotros mismos como alumnos y docentes intervinientes;
pero también implica poner en cuestión al Trabajo Social mismo.

Por lo tanto, reflexionar sobre las prácticas pre - profesionales, es un eje


conflictivo y medular en el que abundan más las preguntas que las respuestas.
Y lejos de pensar que lo teórico no lo tocaremos, la cuestión planteada nos
remite precisamente a la realidad del estudiante y el docente y su relación con
la teoría y la práctica y las “consecuencias” que esta relación acarrea.

Con esta breve introducción quiero enmarcar el desarrollo del presente escrito;
señalando como limitación que hablaré desde mi lugar de docente y desde mi
trayectoria teórico-práctica específica. Pero propongo con mucha humildad
compartir ideas y propuestas que este ámbito de reflexión colectiva promueve.

Los puntos que desarrollaremos serán: primero, tratar de establecer algunas


consideraciones básicas acerca de las prácticas profesionales; segundo, la
relación que creemos tienen éstas con el posicionamiento ético-político que
asumamos; tercero, intentaremos, decir algunos conceptos acerca del perfil de
las prácticas pre-profesionales; y finalmente sintetizamos la temática en
algunas reflexiones finales.
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1. Consideraciones acerca de las prácticas pre-profesionales

Al intentar preguntarnos sobre las Prácticas Pre-profesionales es querer


resignificar el aprendizaje de la profesión, lo cual implica la necesidad de una
crítica de algunas tradiciones en Trabajo Social.

Una de esas concepciones tradicionales y muchas veces hegemónicas, es


pensar al Trabajo Social como tecnología, de fuerte anclaje positivista, las
cuales hoy se han vuelto totalmente insuficientes y problemáticas. Esta visión
tradicional de Trabajo Social, en sus diferentes vertientes, se sitúan en una
posición de tensión entre el hacer y el conocer, posición absolutamente
ingenua, ya que se basa en que lo real habla por sí mimo y que nos puede
resolver las contradicciones teóricas.

Por lo tanto, lo que proponemos es sacar a Trabajo Social de este


planteamiento binario y asumir una relación contradictoria entre la teoría y el
hacer en el horizonte de una comprensión social compleja. Como dice Teresa
Matus: “Lo que se propone es resignificar el concepto de Trabajo Social,
situarlo en un horizonte de intervención que tenga como fundamento una
rigurosa y compleja comprensión social, recapturando la tensión existente en él
entre teoría y praxis. De este modo, se busca poner en evidencia que toda
intervención es capturada a partir de un lugar teórico, a partir de un modo de
ver. Consecuentemente, no hay intervención sin interpretación social”. (1.999,
pág. 26). Por lo que, Trabajo Social constituye su intervención a partir de las
mediaciones de un modo particular de ver, que tiene como resultado un hacer
particular.

Hay una relación de mediación insoslayable entre la práctica profesional y un


modo de comprender lo social. Esta forma de comprender lo social está
conformada por lo menos por cuatro dimensiones distintas pero relacionadas:
q Los cambios en el escenario social originados por la cuestión social.
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q Los diversos aportes de la Teoría Social.
q El enfoque espistemológico elegido.
q El posicionamiento ético - político asumido.

¿Por qué planteo esto? Porque para intervenir es necesario saber por qué,
sobre qué y para qué intervengo. Es decir, comprender en toda su magnitud y
complejidad la intervención. Hablamos de una comprensión que es siempre
histórica porque estamos planteando la intervención y su comprensión desde la
inserción en la dinámica social, en la práctica social de la sociedad, en cómo la
cuestión social se expresa en la relación conflictiva entre los sujetos sociales y
sus necesidades.

Si pensamos las prácticas profesionales inmersas en los cambios y en la


complejidad del contexto social, estamos diciendo que la práctica no puede ser
“una reproducción lineal de acciones” (Margarita Rozas Pagaza, 1.999); sino
que estamos poniendo el acento en el carácter de búsqueda e interrogación
que ésta tiene y que me lleva permanentemente a tomar posicionamientos y
decisiones para poder responder desde mi lugar de práctica a los procesos de
cambio existentes, en una permanente resignificación crítica de las propias
tradiciones teóricas, metodológicas y ético – políticas. Pero para buscar,
interrogar, posicionarme, decidir y responder críticamente necesito tener claro
desde qué lugar conceptual y teórico lo estoy haciendo. Para ello la apelación
crítica y profunda a la Teoría Social hoy y al conocimiento son imprescindibles.
De lo contrario sólo podré repetir recetas y metodologías.

La fijación mediocre en la repetición de recetas –ya sea en la formación


profesional como en el ejercicio- implica que en la práctica profesional, “... los
trabajadores sociales fijen hechos en padrones y procedimientos
predeterminados, cristalizados, pero impide que avancen más allá de ellos.”
(Yolanda Guerra, 1.999). Dicha fijación mediocre, se expresa en la permanente
discusión de la relación teoría vs práctica, del sentido común vs. el análisis y
en la falsa idea de que con nuestra intervención vamos a resolver la cuestión
social.

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Por lo tanto, si no conocemos el contexto social y las manifestaciones
particulares de la cuestión social en el ámbito donde practico, si ni siquiera
tenemos claro desde qué categorías teóricas y epistemológicas estoy tratando
de ver ese ámbito y, finalmente, si desconozco desde qué lugar estoy
proponiendo mi práctica no sabremos de qué trama social estamos hablando;
porque sin teoría es difícil leer la realidad; y sin contextualizar la práctica, es
difícil superar el activismo.

En consecuencia la unidad teoría -práctica viene dada por la realidad misma, lo


que no significa que haya identidad entre ellas o preponderancia de una sobre
la otras. No puede existir la tan mentada articulación teoría -práctica si la
intervención no se configura a partir de una relación teórica con la realidad
social como un todo (por eso mismo es una práctica profesional); de lo
contrario existe imposibilidad de articulación cuando la relación con la
complejidad social no es más que una relación instrumental: medios-fines, sin
saber porqué, para qué, desde dónde y quiénes participan en la práctica social.

Hay que dejar claro que, más allá de que haya correspondencia entre teoría y
práctica, la relación entre ellas no es inmediata sino que se produce a través de
mediaciones que implican experiencias, representaciones, visiones del mundo,
proyectos sociales y colectivos, relaciones sociales, construcción de
significados.

Por lo que la aprehensión de la realidad por el pensamiento es siempre


mediatizada por esas mediaciones con las cuales acordamos. Y el
conocimiento de esa realidad se realiza después de que los hechos suceden.
De allí que, ese proceso de elaboración teórica significa situarnos en una
relación distante, separada, “... que exige una suspensión temporaria con el
cotidiano” (Yolanda Guerra), que permite una mejor composición teórica del
objeto de conocimiento. Es decir, la posibilidad de objetivar la relación con la
realidad social para dar cuenta de su movimiento, transformaciones y
alteraciones.

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Ahora bien, el problema surge cuando se quiere reducir la teoría
exclusivamente a dar respuestas inmediatas a situaciones concretas y proveer
instrumentos para la intervención. Porque identificamos teoría con
metodologismo y no podemos explicar cómo hacer para dar ese salto directo
de la teoría a la práctica o viceversa. Las teorías sociales son reflexiones
sistemáticas que tienden a dar explicaciones generales sobre la sociedad y los
sujetos y no tienen como objetivo inmediato resolver problemas prácticos. Sin
la producción teórica es imposible en el campo de la intervención profesional
enfrentar las demandas nuevas y emergentes y resignificar las tradicionales en
el contexto complejo que hemos caracterizado. Por ello el conocimiento crítico
sobre la dinámica de la realidad social con la cual interactuamos es
imprescindible e insoslayable. Pues al interior de esa realidad social es donde
se estructuran procesos de interacción simbólica, momentos de
consenso/dicenso y negociación, que hacen que la práctica profesional sea de
determinada forma y que, a su vez, ésta también transforme la relación con la
práctica social a través del juego entre poder y acción. Pero sólo desde una
mirada teórica puedo explicar, comprender y modificar esa intervención
singular.

2. Relación de las prácticas con el posicionamiento ético – político

En la línea de lo que veníamos diciendo, si las prácticas se reducen a una


repetición lineal de acciones, no necesito preguntarme nada. Sólo cuál es la
receta, el método, el procedimiento que tengo que desarrollar.

Pero resulta que la vida social en general, es acción y pensamiento, se


reproduce a través de ambos. El hacer, la acción habla por sí misma, de ella
emergen significados, representaciones, conflictos, direccionalidades, pero sólo
es escuchada –y sólo a veces- por los que pueden verla o participar en ella.

Por lo que creo que sólo será posible que esas acciones profesionales sean
autorreconocidas, conocidas, aprehendidas y que aporten fundamento a la
teoría que se pueda producir desde el Trabajo Social si le ponemos voz a esas
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prácticas. Ponerle voz a la intervención profesional de cada uno, implica
ponerla en cuestión, mirarla en situación, es decir, mirarla desde una
perspectiva relacional y entonces, poder argumentarla.

Esto es, convertir nuestro reiterado activismo en una intervención fundada en lo


teórico, en lo metodológico y en lo político. Y ahí está el desafío para el Trabajo
Social. Ese desafío requiere necesariamente un posicionamiento ético-político
que implica una anticipación de lo que debe ser esa práctica profesional, pero
no como una construcción formal, normativa y abstracta, sino como una
construcción histórica, posible y que reconozca el juego de las necesidades, los
intereses y el poder.

Esto nos abre un camino –no para que el Trabajo Social cambie el mundo, las
instituciones o destruya la pobreza, desde una mirada omnipotente- sino para
que los trabajadores sociales en cada intervención, reconociendo ese marco
contradictorio y conflictivo, conquistemos espacios de autoafirmación y
ayudemos a que los sujetos con los cuales nos relacionamos en esas
intervenciones, también lo hagan. Por lo que esto nos permitirá poder tomar
decisiones en el Programa en el que estamos trabajando desde una posición
crítica, poder proponer modificaciones desde otra mirada, o plantear un
programa distinto. Siempre hay brechas desde donde se pueden construir
espacios distintos.

Espacios distintos que dan cuenta del aspecto esperanzador o emancipatorio –


en el sentido de Habermas- que la intervención tiene. Esperanzador porque
nos permitirán no caer nuevamente en miradas y prácticas neofilantrópicas y
contribuir en la construcción de un Estado que garantice la satisfacción base de
las necesidades básicas como inherentes a la dignidad humana, a la
implementación de políticas sociales que se basen en la consideración de esas
necesidades como derechos sociales. Pero que, por una parte, nos exige
nuevas relaciones con los sujetos y, por otra, nos exige aportar a la
configuración de sujetos demandantes como ciudadanos y no como
carenciados. Esto exige al Trabajo Social no sólo tener una relación teórica con
la práctica, sino también para que, con la práctica como fundamento, la
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profesión se relacione con la teoría para aportar al conocimiento crítico sobre la
realidad social.

Es cierto que la realidad nos muestra que la palabra también es usada para
callar, para amordazar, para homogeneizar. Pero tengo la convicción de que
Trabajo Social en esa relación entre necesidades, intereses y poder, puede y
debe alzar su voz para decir que la realidad debe y puede ser de otro modo.
Porque el que calla otorga; y ése sí que es un camino sin salida, sin
esperanzas, un camino mudo y esclavo.

Y como dice Margarita Rozas Pagaza: “El sentido político de la profesión está
en la posibilidad de revalorización de la ética como indignación, de la ética
como interpelación y de la ética como relación con la acción, en la posibilidad
de seguir imaginando la emancipación (Servini, Sonia – 2.000, pág. 11).

3. Perfil de la prácticas pre – profesionales

Aquí seré más breve, porque con lo que he venido desarrollando creo que he
planteado bases interesante y complejas de cómo deben ser las prácticas.

Primero debemos tener en claro que cuando hablamos de perfil nos estamos
remitiendo a una serie de rasgos deseables, de formas ideales, de situaciones
que tienen la pretensión de horizonte a alcanzar. Por lo tanto, estoy haciendo
referencia a una aspiración, a un proyecto fundamentado y organizado
operativamente que me permita alcanzar dicha aspiración.

Todo lo desarrollado hasta el momento sienta las bases que fundamentan


teórica, epistemológica y políticamente desde dónde pensar las condiciones
operativas de un perfil de práctica pre – profesional.

En primer lugar, vemos que la contextualización del perfil en el marco de la


situación; del contexto institucional de los centros de prácticas (reducción del
papel del Estado, políticas sociales neofilantrópicas, desentendimiento del
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Estado de problemas sociales, escaso presupuesto, etc.) y de las condiciones
de la vida cotidiana de los sujetos con los que trabajamos (exclusión
socioeconómica, vulnerabilidad social, desintegración social, marco
generalizado de agudización de la fragmentación y la violencia, etc.) es
fundamental.

Este análisis nos permitirá visualizar las condiciones de posibilidad de cualquier


proyecto de práctica pre - profesional que se intente implementar.

En segundo lugar, el papel que juegan las asignaturas Trabajo Social


específicas de la profesión (las teórico - metodológicas) son claves para
articular un proyecto de práctica pre – profesional. Si todas estas asignaturas
no están atravesadas por los distintos ejes que hemos marcado desde el inicio
es imposible pensar un proyecto alternativo. Porque en dichas asignaturas no
se debe enseñar “metodologías”, sino cómo las conceptualizaciones y
categorías de la Teoría Social aprendidas en las otras materias se transforman
–desde determinado posicionamiento- en mediaciones que me permiten
comprender esta realidad social particular donde el alumno debe practicar, y a
partir de ahí articular las estrategias operativas a través de las cuales
desarrollar la práctica pre – profesional con una direccionalidad de cambio
emancipador.

En este sentido, las instancias de supervisión de cátedra y de campo, y los


talleres son claves como espacios colectivos de reflexión, discusión teórica -
metodológica y orientación. Esto permitiría integrar la totalidad de lo que es el
Trabajo Social y no fragmentos.

En tercer lugar, debemos trabajar para que el alumno pueda diferenciar


cualquier intervención voluntaria de la intervención profesional, ya que esta
última implica partir de parámetros teóricos.

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4. Algunas reflexiones finales

Creo que hoy el desafío para el Trabajo Social es reconstruir el problema social
en el cual va a intervenir “en situación”; ya que no es posible pedir la existencia
de categorías a priori de las que partir incuestionadamente. Por lo tanto es
sumamente relevante y fundamental cuestionar la categoría con la cual se va a
trabajar: niño de la calle, pobre, menor en situación.

Por otra parte, es imprescindible considerar al Estado y sus políticas como


nuestro interlocutor permanente. Y por lo tanto debe ser estudiado con
profundidad y debemos relacionarnos en su interior o con él en un
reforzamiento de los espacios democráticos, con una intencionalidad de
concertación social, de construcción de ciudadanía y de participación social y
política.

En el mismo sentido la Sociedad Civil es nuestro otro interlocutor, en cuyo


interior se conjugan también una serie de intereses y de luchas de poder que
no podemos obviar, en la administración de la escasez y de la pobreza, en la
construcción o destrucción de identidades, en la resolución de necesidades
básicas, etc.

Todo lo dicho implica tomar posturas, ponerse en posición y en situación y esto


requiere tomar decisiones y optar. Para esto, el saber y el hacer son
imprescindibles.

Algo que creo significa una ruptura y una superación de las debilidades de
nuestra profesión es el DEBATE al interior de la profesión, como configuración
de espacios colectivos de construcción de práctica y teoría, para que esa falsa
dicotomía entre estos dos términos que desde siempre arrastramos no nos
juegue nuevamente una mala pasada.

Por lo tanto, apostemos a tener VOZ, a denunciar, a fundamentar nuestra


intervención y a inventar nuevas formas de resignificación de la profesión.
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“La práctica no puede ser pensada como instrumentación, como técnica
operativa, como arte de disponer de los hombres y sus problemas. Esta es una
forma de expresión de separación del hombre y su producto. Así mismo la
práctica no debe ser pensada en su sentido de especulación ideologizada en la
que también se quiere disponer de los hombres y sus problemas; del mismo
modo la práctica no debe ser pensada como un acto de creencia, de fe; y
finalmente, la práctica no es la constatación de una realidad reproducida por el
sentido común.” (Margarita Rozas Pagaza, 1.999)

Debemos tener en claro que cuando hablamos de posicionamiento ético –


político en las prácticas, nos estamos refiriendo a la posibilidad de interpelar a
la sociedad desde la propia práctica, dándole una direccionalidad, que desde
nuestro punto de vista debe ser emancipador; es decir que posibilite develar
aquellas situaciones que se presentan naturalizadas, como las únicas posible,
sin salida.

Por otro lado, debemos dejar precisado que todos los conceptos manejados en
la exposición se ponen en juego cuando empezamos a analizar los datos
obtenidos de la realidad. Por lo tanto, la práctica profesional no puede ser el
resultado de la aplicación de una metodología cerrada. ¿Cuántas metodologías
hay?. Pues, hay tantas como formas de entender la intervención hay. De allí
que podemos decir que los aspectos metodológicos son el conjunto de
procedimientos que van marcando la trayectoria de la intervención, van
señalando lineamientos generales, que tienen una direccionalidad dada por: el
posicionamiento teórico y el posicionamiento ético – político. Finalmente,
podemos sintetizar que la práctica profesional es ese proceso de inserción,
conocimiento y acción sobre una realidad concreta en el marco de lo expuesto
en esta jornada.

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5. Referencia Bibliográfica

(1) AQUIN, Nora. Identidad y formación: de conservaciones, superaciones y


rupturas. Ponencia para el V Congreso nacional y II Internacional de
Trabajo Social. Costa Rica, mayo de 1.999. –

(2) GUERRA, Yolanda. A Instrumentalidade do serviÇo social. San Pablo,


Cortez, 1995.

(3) MATUS SEPULVEDA, Teresa. Propuestas contemporáneas en Trabajo


Social. Hacia una intervención polifónica. Buenos Aires, Espacio, 1.999.

(4) PAROLA, Ruth Noemí. Aportes al saber específico del Trabajo Social.
Buenos Aires, Espacio Editorial, 1997.

(5) PAROLA, Ruth Noemí. La nueva imagen del Trabajo Social hoy. Ponencia
desarrollada en el Taller de Trabajo Social de la Subsecretaría de Desarrollo
Social del Gobierno de la Provincia de Mendoza. Mendoza, 1999. (inédito)

(6) ROSANVALLÓN, Pierre. La nueva cuestión social. Buenos Aires, Ediciones


Manantial, 1995.

(7) ROZAS PAGAZA, Margarita. Una perspectiva teórica metodológica de la


intervención en Trabajo Social. Buenos Aires, Espacio Editorial, 1998.

(8) ROZAS PAGAZA, Margarita. Algunas reflexiones sobre las llamadas


prácticas pre-profesionales. Mendoza, 1.999 (mimeo)

(9) SERVINI, Sonia (Coord.). Trabajo Social y compromiso ético. Asistencia o


resistencia. Buenos Aires, Espacio – Asoc. Prof. De S. S. De la
Municipalidad de la Ciudad. de Bs. As., 2.000.

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