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La Policía de Investigaciones no dá abasto

La escasa efectividad en la lucha contra las


mafias del cobre
El cobre es blanqueado, y una vez que es pulverizado no hay forma de
seguirle el rastro.
Escasas veces se ha llegado a sentenciar a los principales responsables y
jefes de las organizaciones.

Entre los años 2008 al 2010 se registraró el robo de 447 toneladas de cobre de alta
pureza proveniente del tendido eléctrico. Por su parte, más $2.487 millones han
registrado las compañías telefónicas.

Sucede que existen mafias organizadas que se dedican a la sustracción y venta de


cobre ilícito. Al hablar de mafia significa que tienen procedimientos bastante
sofisticados, y son jerárquicamente estructurados. El primer escalón es sólo una
herramienta para los intercesores de los cabezas de empresas aparentemente
formales.

Este problema volvió a aparecer en los medios, y por lo tanto, en el consciente


colectivo, a raíz de la muerte de dos oficiales de la Policía de Investigaciones, quienes
fueron asesinados cuando encontraron un cargamento ilegal de cobre, mientras
realizaban fiscalizaciones de rutina.

La persona responsable de la muerte de los dos agentes, del Subcomisario Marcelo


Morales y la Inspector Karim Gallardo, representaba el eslabón del medio en la cadena
de robo y tráfico de cobre. El personaje Ítalo Nolli, como todos aquellos en su posición,
se encargaba de reclutar a los “palos blancos”, quienes son los encargados de acuñar
el material e inscribirse en Servicio de Impuestos Internos para tener facturas con las
que justificar la llegada del cobre a manos de las grandes empresas que lo funden y
luego, principalmente, lo exportan a Asia.

El cable trenzado de 120 y 240 mm2 son los más valorados, y fáciles de reconocer a la
vista. Basta con dar una vuelta al sector Bio Bío para toparse con más de un personaje
que impunemente pela cables a la vista de todos. Los chatarreros son un ejemplo
común, y son fiscalizados por la Brigada de Asesoría Técnica de la PDI.
Hasta hace menos de dos meses atrás, esta fuerza contaba con 4 funcionarios
encargados de vigilar las actas de procedencia con las que se justifica el acopio de
cobre y todos los negocios de compraventa de usados. Actualmente, luego del
conocido caso Nolli, sólo lo hacen dos.

Todos dicen funcionar de acuerdo a las normas, y no recibir material ilícito, pero en
promedio los chatarreros reconocen, dudosamente, mover un promedio de $3 millones.
Según datos de la PDI, el 90% del material de cobre que se mueve en estos negocios
es ilegal.

Los que reconocen tranzar cobre dicen estar más atraídos por el cable forrado, que
puede ser adquirido a $2.000 pesos el kilo, y luego de ser pelado puede ser revendido
a $3.800. Otros dicen sólo comprar embobinados, es decir, de tercera, piezas de motor
y cables de refrigeradores, lavadoras, etc, en fin, chatarra. En lo que todos concuerdan
definitivamente, es que le venden a empresas fundidoras y exportadoras de metal.

Es sabido por todos los locatarios de calle Franklin que después de la muerte de los
oficiales de PDI, el negocio se vió afectado. Patrico Muñoz es uno de ellos, compra y
vende chatarra, pero desde aquel hecho, las empresas dejaron de comprarles cobre.

“Para el lado de Carmen y Santa Rosa te vas a encontrar al menos veinte lugares
donde compran tendido eléctrico, al menos veinte en una sola cuadra. Venden por
hartos kilos y después llega PDI y Carabineros a paseo”, dice David Carrasco, quien va
a cumplir dos años en el sector.

Barrio Franklin no es un gran foco de este mercado, pero es una muestra al alcance de
todos. El crimen organizado acuña en bodegas y galpones el cobre a gran escala.
Cuentan con métodos avanzados para sustraer el tendido eléctrico en grandes
cantidades. Los “angustiados” que suelen salir maltrechos en su intento de robo, o
sustraen ,medidores o monolitos, generalmente lo hacen por su cuenta, y representan
el menor porcentaje.

Según la oficial de OS9 Camila Varela, “Se han dado casos en que hay gente dentro de las
empresas que colabora con las mafias. De alguna manera, ya sea por dateo, por desvíos de
los materiales dentro de la empresa misma, se coluden con chatarreros y personas que
acopian el cobre, por lo tanto existen los tipos que roban y acopian como hormigas, y aquellos
con nexos dentro de las mismas empresas”. La jerarquía depende del tipo de organización y
cantidades de material que mueven. Los robos hormiga de cobre no tiene gran organización, ni
cabeza.
Existe la Fuerza de tarea del cobre; equipo multitareas encargado de investigar este fenómeno.
Cuentan con oficiales de brigadas como Anapro, Bridec, Brigo, Bripe y hasta Derechos
Humanos. Setec es la brigada de asesoría técnica de la Policía de Investigaciones. Están
facultados por la ley orgánica 2460 en su artículo 29 para controlar e inspeccionar toda
empresa o local que tenga el giro de compraventa.

Principalmente Setec sigue el robo de los tendidos telefónicos y eléctricos, que parte como
hormiga . Los cables son quemados para pelarlos, y luego, en el transcurso entre que es
vendido a los chatarreros y pequeños empresarios, hasta que llega a las grandes empresas
exportadoras, en algún lugar el material se blanquea. Existe un mecanismo para pulverizar el
metal y dejarlo en forma de gránulo. Es entonces donde se pierde el rastro.

El no tener el acta de procedencia constituye una falta. A raíz de ésto se desprende el que se
pueda establecer un delito, el de receptación, que significa la compra de productos de algún
delito.

Esta brigada controla de forma aleatoria. Tienen un registro de alrededor de 300


compraventas,sobre las que tratan de ejercer, dentro de lo que les permite los recursos y el
personal, un control, más bien educativo que represivo. Cuando logran establecer que existe
algún otro vínculo con alguna empresa mayorista, se sigue ese canal investigativo. Investigan
de acuerdo a instrucciones particulares de fiscalía, por denuncias, principalmente, de
Telefónica y Chilectra.

Respecto a los detenidos, como este delito es de una baja pena, muchas personas esperan el
proceso en libertad. Son muy pocos los casos en que esperan detenidos. La única forma de
que la policía pueda llegar a las cabezas de las grandes empresas a a través del seguimiento
al material robado, que está marcado por las empresas afectadas.

Cada unidad jurisdiccional también hace ese control, y otras brigadas especializadas también.
Como la mayoría de los delitos, se debe establecer que hay una persona que fue víctima, el
que cometió el delito, qué perjuicio le causó a la víctima, y así seguir el camino, pero por lo
general es difícil establecer el nexo con la gran empresa. De las denuncias que entran al
sistema, que la fizcalía o el juzgado dicta investigar, se logran muy pocos resultados, y aun
menos los detenidos.

Para Javier Callejas, subcomisario del Departamento de Asesoría Técnica, la forma de


combatir estos ilícitos es logrando, por intermedio de órdenes judiciales, las interceptaciones
telefónicas, intervención de los correos electrónicos, seguimientos, vigilancia operativa, agentes
encubiertos, informantes, etc., todo facultado por un juez.

Luego de que se ha investigado por varios meses, los datos que se recopilan se convierten en
información para la policía. Sólo después de un largo proceso, y pocas veces exitoso, se puede
llegar a establecer el delito que se persigue; la asociación ilícita. Recién al lograr esto se
pueden otorgar penas importantes, de 5 o 10 años.

Este delito significa que esa organización tiene un jefe, igual que una empresa, y este jefe
cuenta con una persona que es su mano derecha, un grado que sería como el de gerente, que
se dedica a vigilar los minoristas a los que le compran. Después viene el subgerente, que se
dedica al transporte. Todo el traslado y procesamiento del cobre es financiado por el jefe. El
contador blanquea los impuestos, y un abogado asesora todos los movimientos. Una vez
establecidas estas conecciones, es difícil que los culpables libren.

El caso de Hernán Trujillo es emblemático. El 2009 se descubrió el fraude, luego de seguir la


pista de 30 personas que fueron reclutadas como palo blanco sin saber en lo que se estaban
metiendo. Generó mas de $3 mil millones en pérdidas para el fisco, pero representa un ejemplo
de investigación que llega a buen puerto.

Hoy las cifras no son alentadoras. El porcentaje de decomisos, con el de robos y detenciones,
no son correlacionales. El 2010 se reportaron 224 toneladas de cables de empresas eléctricas,
pero las detenciones e incautamientos no se acercaban proporcionalmente en nada.
El material incautado por la Brigada de Delitos Económicos va en descenso desde 2008, en
que se obtuvieron 17.987 kilos de cobre. Hasta el año pasado, este número disminuyó,
alcanzando sólo los 10.106 kilos.

La PDI cuenta con 10 mil funcionarios, comparados con los 60 mil de Carabineros. Según
Callejas, las fuerzas de policía hacen lo humanamente posible. No puden competir en cantidad,
ni en recursos. Sus oficinas están atestadas de rumas de documentos por procesar, aún del
año pasado, por lo que la tarea investigativa no da abasto.

Si se quiere que este tipo de investigaciones puedan llegar a procesar personas, se requiere de
mayores recursos, especialmente humanos, pero para que esto ocurra, el gobierno debe
privilegiar las necesidades de seguridad del país entero.

Los daños a privados, o personas naturales, víctimas de los robos hormiga, no alcanzan a ser
un problema prioritario, así como tampoco debería serlo la seguridad de las empresas privadas
que mueven miles de millones. Lo que sí es un problema importante para quienes determinan
como se distribuyen los recursos del país es esto mismo, los presupuestos. El fisco pierde
miles de millones, pero no es razón suficiente para entregar herramientas y recursos a quienes
podrían solucionar este problema.