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La república extraordinaria

Tucumán en la primera mitad del siglo XIX


La república extraordinaria
Tucumán en la primera mitad del siglo XIX

Gabriela Tío Vallejo


compiladora

Rosario, 2011
La república extraordinaria: Tucumán en la primera mitad del siglo XIX
compilado por Gabriela Tío Vallejo.
1a ed. - Rosario : Prohistoria Ediciones, 2011.
336 p. ; 23x16 cm.

ISBN 978-987-1304-74-5

1. Historia Política de Tucumán. I. Tío Vallejo, Gabriela, comp.


CDD 320.982 43

Fecha de catalogación: 08/02/2011

Composición y diseño: mbdiseño


Edición: Prohistoria Ediciones
Ilustración de tapa: Fotografía de “La libertad”, escultura de Lola Mora.
Diseño de Tapa: Hugo “Mahatma Gandhi” Barrientos.

Este libro recibió evaluación académica y su publicación ha sido recomendada por reconocidos espe-
cialistas que asesoran a esta editorial en la selección de los materiales.

TODOS LOS DERECHOS REGISTRADOS


HECHO EL DEPÓSITO QUE MARCA LA LEY 11723

© Gabriela Tío Vallejo


© de esta edición:
Tucumán 2253, S2002JVA ROSARIO, Argentina
Email: prohistoriaediciones@gmail.com
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Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, incluido su diseño tipográfico y de portada, en
cualquier formato y por cualquier medio, mecánico o electrónico, sin expresa autorización del editor.

Este libro se terminó de imprimir en ART Talleres Gráficos, Rosario, en el mes de abril de 2011.
Tirada: 500 ejemplares.
Impreso en la Argentina

ISBN 978-987-1304-74-5
Índice
Introducción
Gabriela Tío Vallejo............................................................................................. 9

Campanas y fusiles, una historia política de Tucumán


en la primera mitad del siglo XIX
Gabriela Tío Vallejo............................................................................................. 21

Representaciones de la política pos revolucionaria


Un acercamiento a la liturgia republicana (1810-1853)
Ana Cristina Wilde............................................................................................... 79

Sesiones, interrupciones y debates


La Sala de Representantes de Tucumán en sus inicios (1822-1838)
Facundo Nanni..................................................................................................... 147

El clero secular tucumano: entre la legalidad y la legitimidad monárquica


María Cecilia Guerra Orozco............................................................................... 193

Educar en Tucumán en la primera mitad del siglo XIX


El modelo pedagógico colonial y el nuevo modelo educativo
Permanencias e iniciativas
Norma Ben Altabef.............................................................................................. 253

Fondos documentales del Archivo Histórico de Tucumán. 1800-1850


Jovita María Novillo............................................................................................ 315

Los autores y las autoras...................................................................................... 335


SIGLAS MÁS UTILIZADAS

AAT Archivo Documental del Arzobispado de la Provincia de Tucumán


AC Actas Capitulares
AGN Archivo General de la Nación
AHNB Archivo Histórico Nacional de Bolivia
AHT Archivo Histórico de Tucumán
AL Archivo de la Legislatura
ASR Actas de la Sala de Representantes
JC Sección Judicial del Crimen
MCHI Museo de la Casa Histórica
OV Oficios Varios
SA Sección Administrativa
TR Sección Toma de Razón
Palabras preliminares 9

INTRODUCCIÓN

Gabriela Tío Vallejo

Si habéis estado en Tucumán en la primavera, habéis


sentido una embriaguez singular aspirando a pulmo-
nes llenos el intenso perfume de los azahares…
Pablo Mantegazza, 1859

E
ra primavera el 3 de octubre de 1841 en Metán. Lejos de los azahares de San
Miguel, la cabeza de Marco Avellaneda era separada de su cuerpo por un sol-
dado bajo las órdenes del Coronel Maza; otra embriaguez nublaba la razón. No
muy lejos de allí, contra el muro exterior de la iglesia de San Joaquín de las Trancas
había sido fusilado Bernabé Aráoz diecisiete años antes, por orden de Javier López.
En esos casi veinte años, las muertes políticas se habían cargado de una violencia
extraordinaria. Don Bernabé había podido fumarse su último cigarro y su cuerpo ha-
bía caído en lugar sagrado, había escrito unas cartas y cumplido los últimos rituales.
El ensañamiento con el cadáver de Avellaneda era el punto de llegada de veinte años
de guerras bárbaras.1
Desde la Revolución, la guerra se había instalado en Tucumán dando apenas
breves treguas.
Región de frontera, de abundancia e indolencia, de desmesura. El exceso en el
lenguaje y en la fiesta, en el crimen y la borrachera... país de contradicciones y de ins-
tituciones extraordinarias. Así veían Tucumán los viajeros y ocasionales huéspedes.
Buscarían la explicación, con espíritu romántico, en el paisaje de la selva, el calor, la
efervescencia de verdes, el ensordecedor ruido de las cigarras en el ocio de la siesta
embriagada de azahares.2

1 Un gaucho del ejército de Oribe se había hecho una manea con la piel de Avellaneda (una manea es un
utensilio que sirve para reducir los movimientos de caballos o asnos). El relato de la muerte de Avella-
neda proviene del diario de uno de los capitanes de Oribe.
2 Puede leerse en las crónicas y memorias que esta percepción de la exuberancia y el exceso remite
también al trato social, a las costumbres y al lenguaje. Llama la atención de los viajeros el festejo del
carnaval incluso entre las damas de la elite. Véase al divertido relato del Dr. Juan H. Scrivener en sus
Memorias; SCRIVENER, Juan H. Memorias del Sr. Juan H. Scrivener. Impresiones de viaje: Londres-
Buenos Aires-Potosí, Buenos Aires, 1937; Paolo Mantegazza, por su parte, escribía sorprendido por la
manera de hablar de las tucumanas “…la dicción española en sus bocas adquiere un acento rastreador y
voluptuoso…”, MANTEGAZZA, Pablo Viajes por el Río de la Plata y el interior de la Confederación
Argentina, Coni Hnos., Buenos Aires, 1916.
10 La República extraordinaria

El capitán Andrews, en su aventura minera, destacaba la riqueza tucumana como


exceso; la prodigalidad de la naturaleza sería la causante de la haraganería, afirmaba
el inglés y lamentaba los hábitos de indolencia en este “jardín del universo.” A los via-
jeros les costaba pensar que “tanta naturaleza” no redundara en “mucha civilización”.3
A una naturaleza exuberante y generosa y a unos hombres talentosos, oponía An-
drews los efectos desastrosos que las guerras intestinas, usurpaciones y agresiones de
toda especie, tenían para la prosperidad y el carácter moral de la comunidad. Entre las
causas de estos males, señalaba la opresión civil y religiosa y un poder ejecutivo cons-
tantemente influenciado por intereses partidistas que se imponía al poder legislativo.4
Más allá del romanticismo contenido en estas miradas, de la lectura exotista de
ojos acostumbrados a otros paisajes naturales y sociales o de la crítica protestante de
un Andrews reacio a las herencias hispánicas, ¿cómo se explica la recurrencia de lo
extraordinario? ¿Tenía que ver con una cierta resistencia de las gentes a las reglas?
¿Resistían los tucumanos al orden institucional y a la norma escrita de la misma for-
ma que gozaban “pervirtiendo” el idioma con sus anárquicos usos? ¿Tenía esto que
ver con su particular deriva histórica de las primeras décadas pos revolucionarias? Si
la “barbarie” no era exclusiva de las tierras tucumanas, sí parecía ser en ellas donde
se enquistó una cultura de la emergencia permanente que “justificaba” avasallar las
leyes. Ni hablar del siglo XX y sus desenfrenos.

Explicar las razones de la inestabilidad de los gobiernos en el período trans-


currido entre el colapso del poder heredero de la Revolución en los años 1820 y los
primeros pasos de un orden constitucional común en 1852, ha sido uno de los retos
de la historiografía argentina. La persistente “provisionalidad” de los gobiernos, los
recurrentes asaltos al timonel de los ejecutivos provinciales, las luchas de familias y
facciones y los conflictos entre las ciudades, parecen ser los trazos más evidentes de
estas décadas. Sin embargo, estos fueron también los años en que se constituyeron
los diversos ramos de la administración provincial, cuando se ensayó la participación
política en las legislaturas y se aceitó el sistema de las elecciones fundadas en el triun-
fante principio de la soberanía popular.
Desde el punto de vista político varios problemas se plantean a las provincias tras
el colapso de la monarquía. En primer lugar, consensuada la idea de la retroversión de
la soberanía, había que definir cuál era el sujeto de imputación soberana.5 La idea de

3 Esta extrañeza hacia una realidad contradictoria aparece en muchos viajeros; el italiano Mantegazza
opinaba también como Andrews “…la inercia de los habitantes los adormece sobre tesoros que apa-
recerían prontos y espontáneos, apenas arañaran la tierra…”. ANDREWS, Joseph Las provincias del
norte en 1825, UNT, Tucumán, 1967. Véanse también las reflexiones de BURMEISTER, Germán
Descripción de Tucumán, Coni Hnos., Buenos Aires, 1916.
4 ANDREWS, Joseph Las provincias…, cit., p. 43.
5 Son reconocidas las contribuciones pioneras sobre estos temas para el área rioplatense de José Carlos
Chiaramonte, Marcela Ternavasio y Noemí Goldman.
Introducción 11

la “retroversión” fue como un big bang que produjo una fragmentación en múltiples
soberanías, como ha señalado Antonio Annino. En el Río de la Plata este proceso llevó
a un concepto extremo de reasunción de la soberanía por parte de fracciones de cada
una de las comunidades territoriales. En segundo lugar, si la soberanía popular era el
cimiento que sostenía la legitimidad de las autoridades políticas resultantes de la Re-
volución, era una legitimidad nueva que había que construir. Y se edificaría también a
partir de la guerra, de una idea de sacrificio por el bien común ahora contenido en “la
patria” y de los vínculos y jerarquías de origen militar que explican los liderazgos de
gobernadores y caudillos.
Pero el colapso del orden institucional de la monarquía, sumado al quiebre de la
unidad de las provincias en los años 1820, ponía sobre la mesa otra cuestión: ¿cómo
definir una forma de gobierno que diera lugar a esas soberanías múltiples sin debilitar
la figura de un estado y sin perder los lazos entre las provincias?
En cada una de las viejas ciudades y sus jurisdicciones, esta agenda de problemas
se planteó con componentes particulares que se relacionaban estrechamente con el lu-
gar que habían ocupado en la guerra de independencia y con el vínculo que sostenían
sus regiones con la ciudad portuaria.
Los años que transcurrieron entre la Revolución y la aceptación del orden cons-
titucional común son años de “anarquía”, pero también de organización. Cómo ar-
monizaron ruptura y construcción en los acordes políticos de estos años es lo que los
estudios reunidos en este libro intentan mostrar para el caso tucumano.
Si la discusión acerca del concepto de soberanía y sus efectos prácticos des-
pués de la Revolución ha echado luz sobre las primeras décadas posrevolucionarias
y el análisis de las situaciones provinciales ha ganado en complejidad desde que se
abandonó la mirada centrada en “los tropiezos de la construcción del estado nación”,
hay algunas cuestiones ya clásicas de la historiografía que aún esperan una respuesta
convincente.
¿Qué pasó entre la muerte de Aráoz y la de Avellaneda? ¿Cuáles son las razones
que explican la “barbarización de la política” y qué relación hay con la ruralización?
Halperin Donghi en Revolución y Guerra,6 un libro cuya relevancia para los
estudios argentinos sobre el tema no requiere justificación, cierra su estudio acerca de
la Revolución rioplatense con una serie de pronósticos respecto de la cultura política
de la primera mitad del siglo XIX. Una de sus hipótesis centrales es la barbarización
de la política. Esta idea tiene, en la propia lectura de Halperin, varios sentidos. Se
refiere tanto a un estilo de vida política marcado por una violencia considerada rústica
o primitiva, como al predominio de una economía basada en las haciendas y sus ca-

6 HALPERIN DONGHI, Tulio Revolución y guerra. La formación de una elite dirigente en la Argentina
criolla, Siglo XXI, Buenos Aires, 1972.
12 La República extraordinaria

racterísticos vínculos sociales.7 Esta caracterización de la cultura política, tan marcada


por la dicotomía sarmientina8 como corroborable en múltiples fuentes y relatos de
contemporáneos, era considerada también una consecuencia de la incorporación de la
campaña a la vida política.
A partir de estas ideas, la historiografía rioplatense ha puesto mucho el acento
en la “ruralización de la política”. Esta ruralización, entendida como “barbarización”
y brutalidad política, no significó ausencia de legalidad, ambas coexistieron.9 Decía
Ternavasio, al estudiar la expansión de la frontera política bonaerense, que llamaba
la atención el grado de institucionalidad bajo el que se presentaba la ruralización.10
Si en Buenos Aires era evidente la contraposición entre dos ámbitos, rural y
urbano, que tenían además representación en dos cabildos, el de Buenos Aires y el de
Luján, en algunas provincias esta oposición era mucho más difícil de descubrir. En
Tucumán, incluso en los tiempos coloniales, la vecindad tenía fronteras borrosas. Una
elite de comerciantes-hacendados –con casa en la ciudad, como mandaba el requisito
de vecindad, y existencia cotidiana en el campo– monopolizaba los cargos del Ca-
bildo sin que hubiera una confrontación visible de intereses. Quizás también porque,
como decía Halperin, “…en esos centros menores en que el número de burócratas de
carrera es reducido y los lazos entre éstos y los localmente poderosos es muy íntimo,
los cabildos abiertos, las milicias y a menudo las magistraturas se hallan todos bajo el
control de un muy reducido grupo…”.
En Tucumán la participación electoral de la campaña fue más temprana, anterior
al Estatuto de 1815, casi al mismo tiempo que la de la ciudad.11 Las comunidades
vieron la participación de la campaña como algo natural, no como una innovación
revolucionaria; por el contrario, era la Revolución la que restringía en las primeras

7 El tema está relacionado con una hipótesis más general de Halperin Donghi que planteaba que la Re-
volución había significado el paso de la hegemonía mercantil a la terrateniente. Hay un buen camino
recorrido sobre esta discusión a la que los estudios agrarios han contribuido mucho. Ellos muestran una
situación mucho más compleja: un patrón de inversiones diversificado, una economía rural mercantili-
zada en donde las unidades familiares combinaban producción de subsistencia con producción mercan-
til y trabajo salariado y, en todo caso, un panorama tan distante de una clase terrateniente consolidada
como de una burguesía mercantil. Véase el balance que de esta discusión y de los aportes de la historia
agraria hace FRADKIN, Raúl “¿Qué tuvo de revolucionaria la Revolución de independencia?”, en
Nuevo Topo, 5, septiembre-octubre 2008.
8 Una de las claves interpretativas más poderosas de la historiografía argentina ha sido la dicotomía
civilización-barbarie acuñada por Domingo F. Sarmiento.
9 Véase al respecto el artículo pionero de GOLDMAN, Noemí “Legalidad y legitimidad en el caudillis-
mo Juan Facundo Quiroga y La Rioja en el interior rioplatense”, en Boletín del Instituto de Historia
Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, tercera serie, núm. 7, 1993, pp. 31-58.
10 TERNAVASIO, Marcela “Expansión de la frontera política, Buenos Aires, 1820-1840”, en ANNINO,
Antonio Historia de las elecciones en Iberoamérica, siglo XIX, FCE, Buenos Aires, 1995, p. 84.
11 A pesar de que la circular de octubre de 1812 reglamentaba la elección de diputados para la Asamblea
Constituyente, sólo preveía la votación en los cuarteles de la ciudad. Uno de los diputados electos, el
cura Nicolás Laguna, se negó a aceptar la diputación si no se solicitaba la aprobación de los habitantes
de la campaña.
Introducción 13

elecciones la representación a las ciudades. Juan Carlos Garavaglia señala que en las
tempranísimas elecciones para enviar el diputado que debía incorporarse a la Primera
Junta en octubre de 1810 en la provincia de San Juan, se solicitó incluso a las peque-
ñas villas dependientes de Jáchal y Valle Fértil que dieran su opinión y participaran en
la nominación del diputado.12
Claro que por ruralización podríamos entender también la movilización sin pre-
cedentes que la Revolución y la guerra provocaron.13 Raúl Fradkin, al preguntarse qué
tuvo de revolucionaria la Revolución de Mayo, pone el acento en la masiva movili-
zación de los sectores subalternos, que canalizó conflictos preexistentes asignándoles
un nuevo sentido y dándoles un encuadre político; esta movilización tuvo que ver en
parte con la militarización desencadenada por la guerra y también con la participación
electoral.14
Poco se ha estudiado en el caso tucumano acerca de la participación de la plebe.
Esporádicamente aparece la gente de la campaña en alguna asamblea o cabildo abierto
pero, hasta ahora, ni los escasos trabajos sobre el tema ni las fuentes disponibles au-
torizan conclusiones sobre ello.15

En el balance acerca de los alcances de la Revolución, un tema que ha atraído la


discusión historiográfica en toda Hispanoamérica es la cuestión del liberalismo. Hace
años Antonio Annino nos alertaba acerca del peligro de asumir en nuestras lecturas los
problemas de las elites que estudiamos, por ejemplo, cuando se hablaba del “fracaso

12 GARAVAGLIA, Juan Carlos “Manifestaciones iniciales de la representación en el Río de la Plata: la


revolución en la laboriosa búsqueda de la autonomía del individuo (1810-1812)”, en Revista de Indias,
Vol. LXIV, núm. 231, 2004, pp. 349-382.
13 MATA DE LÓPEZ, Sara “Salta y la guerra de independencia en los Andes meridionales”, en Jahrbuch
für Geschichte Lateinamerikas, núm. 41, 2004; BRAGONI, Beatriz y MATA DE LÓPEZ, Sara “Mi-
litarización e identidades políticas en la revolución rioplatense”, en Anuario de Estudios Americanos,
64-1, enero-junio de 2007, pp. 221-256, Sevilla (España); HERRERO, Fabián Movimientos de pueblo.
La política en Buenos Aires luego de 1810, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2007; DI MEGLIO,
Gabriel ¡Viva el bajo pueblo! La plebe urbana de Buenos Aires y la política entre la Revolución de
Mayo y el Rosismo, Prometeo, Buenos Aires, 2007; FRADKIN, Raúl y GELMAN, Jorge –compi-
ladores– Desafíos al orden. Política y sociedades rurales durante la Revolución de Independencia,
Protohistoria, Rosario, 2008; FRADKIN, Raúl Y el pueblo donde está. Contribuciones para una his-
toria popular de la revolución de independencia en el Río de la Plata, Prometeo, Buenos Aires, 2008;
AYROLO, Valentina “Hombres armados en lucha por poder. Córdoba de la pos independencia”, en
Estudios Sociales, Año XVIII, 35, 2008.
14 FRADKIN, Raúl “¿Qué tuvo de revolucionaria…?”, cit.
15 Sobre los sectores subalternos en general véase PAROLO, M. Paula “Ni súplicas, ni ruegos” Las
estrategias de subsistencia de los sectores populares en Tucumán en la primera mitad del siglo XIX,
Prohistoria, Rosario, 2008; sobre la militarización, algunas aproximaciones en TÍO VALLEJO, Gabrie-
la Antiguo Régimen y Liberalismo. Tucumán, 1770-1830, UNT, Tucumán, 2001; y recientemente DA-
VIO, Marisa “El proceso de militarización durante la Revolución, Tucumán, 1812-1819”, en LÓPEZ,
Cristina –compiladora– Identidades, representación y poder entre el Antiguo Régimen y la Revolución,
1750-1850, Prohistoria, Rosario, 2009.
14 La República extraordinaria

del liberalismo” y convocaba a salirse de la esfera del estado y de las elites para cons-
truir una historia “desde abajo” del liberalismo.16
En los últimos años la historia de las ideas ha recibido críticas epistemológicas a
sus modos de abordaje y se ha transitado hacia una historia de los lenguajes políticos,
una historia más atenta a relacionar un texto con las condiciones de enunciación y
menos seducida por la idea de cotejar modelos inmutables con aplicaciones imper-
fectas.17 La nueva historia intelectual sostiene el carácter plenamente histórico de las
formaciones discursivas.18
Superada la visión teleológica de la preexistencia de la nación y cuestionadas
también las lecturas evolutivas del paso de la tradición a la modernidad, tales revisio-
nes nos dejan en terreno libre para la explicación de los rasgos de la cultura política
posrevolucionaria sin la obsesión por las etiquetas o la identificación de fases en una
evolución dada.

Los capítulos que siguen se ocupan de diferentes aspectos de la cultura política


del Tucumán posrevolucionario.
Las noticias acerca de los eventos, tanto portuarios como ultramarinos, llegan
a una sociedad en la que apenas un puñado de familias controlaban los cargos del
gobierno, el comercio a larga distancia, los cargos eclesiásticos, los virtuales rangos
militares y en la que una todavía más exigua fracción estaba al tanto de la información
del siglo.
Las jerarquías sociales seguían rigiéndose por el honor y el prestigio y ambos
dependían en gran medida de la pertenencia a las familias fundadoras de la ciudad.
Si bien la riqueza había cobrado una importancia mayor con el auge de las relaciones
comerciales, los criterios estamentales y étnicos seguían reinando.

16 Véase la entrevista publicada en 1993 en Entrepasados y más recientemente ANNINO, Antonio “El
voto y el siglo XIX desconocido” [en línea] http://foroiberoideas.cervantesvirtual.com/foro/data/4864.
PDF. Por esta visión acerca del liberalismo soy deudora también de las clases impartidas por Marcello
Carmagnani en El Colegio de México en el año 1992.
17 Véase PALTI, Elías El tiempo de la política. El siglo XIX reconsiderado, Siglo XXI, Buenos Aires,
2007.
18 La revisión, cuyos orígenes suelen situarse en los trabajos de J. G. Pocock y Quentin Skinner, ha contri-
buido a cuestionar el paradigma liberal como predominante en la primera mitad del siglo XIX y a situar
en el centro de la escena un republicanismo que provendría de una lectura de Maquiavelo y del despla-
zamiento de Locke a la periferia de la historia de las ideas de la Europa occidental. Esta relectura, que
ha influido sobre todo en la historiografía norteamericana y que ya se veía en obras como la de Gordon
Wood, ha tenido un amplio impacto en los últimos años en nuestras tierras donde el vocablo liberal ha
sido reemplazado por republicano en buena parte de la producción y se ha generalizado una actitud de
prudencia respecto al uso del concepto de liberalismo/liberal. Para esta discusión véase, PALTI, Elías
El tiempo..., cit.; AGUILAR, José Antonio y ROJAS, Rafael –coordinadores– El republicanismo en
Hispanoamérica. Ensayos de historia intelectual y política, FCE-CIDE, México, 2002; SAZBON,
José Nietzsche en Francia y otros estudios de historia intelectual, Universidad Nacional de Quilmes,
Bernal, 2009; GOLDMAN, Noemí –editora– Lenguaje y Revolución. Conceptos políticos clave en el
Río de la Plata, 1780-1850, Prometeo, Buenos Aires, 2008.
Introducción 15

La Ilustración apenas si había tocado algunas cabezas y puede imaginarse que


los primeros discursos revolucionarios se leyeron u oyeron con bastante extrañeza.
El libro trata de aquellos sectores relacionados con la política y el gobierno, de
las elites y los jefes militares, de quienes sin pertenecer a la elite cumplen alguna fun-
ción relacionada con lo público. Trata de los gobernadores, de los jueces y comisarios,
de los legisladores, de los curas, de los individuos que cumplen nuevas funciones con
nuevos cargos, de los alcaldes de barrio, de los maestros.
Los sectores subalternos aparecen poco en este libro. Como público sin rostro ni
voz en las ceremonias y rituales de la nueva república, como número y posible voto en
un par de episodios políticos de dudosa espontaneidad, como ausentes de las breves y
efímeras escuelas, quizás tras las rejas de la casa donde se reunió el Congreso de 1816
como cuenta algún contemporáneo.
Antes de adentrarnos en el mundo de lo político, es ineludible un recorrido por
las actividades económicas de la población y los rasgos demográficos indispensables
de la sociedad que es objeto de reflexión.

En las últimas décadas del siglo XVIII la ciudad de San Miguel y su jurisdicción
era un espacio densamente poblado de alrededor de 20.000 habitantes.19 De esta pobla-
ción, algo menos de una quinta parte residía en la ciudad que, según Concolorcorvo,
se reducía a “cinco cuadras perfectas”.20 Los poblados de la campaña eran pequeñas
aglomeraciones; el cronista decía de San Joaquín de Trancas que apenas tenía “veinte
casas unidas”21 y éste debió ser uno de los más importantes ya que a principios de
XIX sólo Trancas y Monteros solicitaron que se les reconociera la condición de villas.
En el siglo XVI y parte del XVII las piezas de algodón habían ocupado un lugar
significativo en las exportaciones tucumanas, este cultivo y su manufactura decaye-
ron en el siglo XVIII, cuando comenzaron a destinarse al autoconsumo y al mercado
interno de la jurisdicción. Desde principios del siglo XVII los principales rubros de
la producción de la jurisdicción de San Miguel eran la ganadería, carretería y flete-
ría. Por su ubicación en la ruta comercial, las estancias tucumanas estuvieron en el
lugar óptimo para invernar mulas y criar y amansar bueyes, productos destinados a la
feria de Salta y al Alto Perú. Tucumán fue también un importante centro de curtiem-
bres, ya que la distancia del puerto obligaba a curtir los cueros antes de exportarlos;

19 Es la cifra que da el Censo de 1778. De este Censo sólo se han conservado para Tucumán los totales,
en un cuadro que incluye LARROUY, Antonio en Documentos del Archivo de Indias para la Historia
de Tucumán, Santuario de Nuestra Señora del Valle, Tolosa, Vol. VI, 1927. La información proveniente
de este Censo sólo nos permite una mirada general a la población ya que no contamos con los registros
sino con las cifras totales. Véase una crítica del censo y el estudio a partir de fuentes parroquiales en
BASCARY, Ana María Familia y vida cotidiana. Tucumán a fines de la colonia, Universidad Nacional
de Tucumán-Universidad Pablo de Olavide, Tucumán, 1999.
20 Para una descripción de la ciudad véase BASCARY, Ana María Familia y vida cotidiana…, cit.
21 CONCOLORCORVO El lazarillo de ciegos caminantes, Emecé, Buenos Aires, 1997, p. 76.
16 La República extraordinaria

“…el cuero curtido y crudo servía a la vez de materia prima a los numerosos talabar-
teros que confeccionaban las riendas, cinchas, sillas, aperos, lazos y demás enseres de
montar…”.22 Otra producción sucedánea de la ganadería era la de sebo y jabón que
aparecían como rubros destacados de la exportación.
Los bueyes conducían las famosas carretas tucumanas que eran el medio de
transporte obligado de las mercancías que iban al Alto Perú y a Buenos Aires, favore-
cida su construcción por la abundancia de buenas maderas. Completamente hechas de
madera y cuero, no tenían ni una sola pieza de hierro; por su función y los materiales
de que estaban hechas, son un símbolo de la actividad económica de la jurisdicción.23
En la segunda mitad del siglo XVIII la región reorientó parte de sus actividades
productivas: el Potosí había dejado de ser el único polo de la actividad económica.
Aunque la vinculación con el Litoral ya era un hecho, la creación del Virreinato y las
nuevas reglamentaciones comerciales consolidaron este diseño de redes económicas
y sociales. El tráfico mercantil en el puerto de Buenos Aires aumentó de modo tal
que las tradicionales actividades se intensificaron, pero no hubo una transformación
radical,24 las principales exportaciones serían desde este momento cueros y pellones
de lana y se complementaban con los nuevos cultivos de arroz y de tabaco cuya siem-
bra se había autorizado a fines del siglo XVIII. Los lazos comerciales con el litoral
se consolidaron; el proceso fue acompañado por la formación de redes comerciales
familiares; fue en esta situación en la que se insertaron los inmigrantes peninsulares
que comenzaron a llegar desde principios del siglo XVIII y se integraron a las familias
de vecinos tucumanos.
Las familias de la elite repartían sus actividades entre las haciendas, principal-
mente ganaderas, y el comercio. La riqueza de las familias de hacendados-comer-
ciantes provenía de la producción local pero también de las utilidades procedentes de
la intermediación como las invernadas, la recepción de productos ultramarinos y el
servicio de transportes.
Los trabajos de Cristina López muestran que si bien la propiedad legal de la
tierra acarreaba sus privilegios había un complejo mundo de arrendatarios, agregados
y ocupantes que participaban de la producción. Pese a las estrategias de las familias
principales para mantener sus patrimonios unidos “…el fraccionamiento fue inevita-

22 Se aprovechaba el tanino del cevil y la cal de Córdoba y Catamarca. BLISS, Horacio W. Del virreinato
a Rosas. Ensayo de Historia económica argentina.1776-1829, Richardet, Tucumán, 1959, p. 61.
23 Concolorcorvo ha descripto las carretas tucumanas con detalle en El lazarillo…, cit., p. 69.
24 Klauss Müller sostiene que la reorientación de la economía hacia el Atlántico no reportó cambios
substanciales. La composición de importaciones y exportaciones, en la que este autor centra su estu-
dio, no sufrió cambios significativos; en cambio, la producción agropecuaria y de carretería sí recibió
un impulso adicional; MÜLLER, Klauss “Comercio interno y economía regional en Hispanoamérica
colonial. Aproximación cuantitativa a la historia económica de San Miguel de Tucumán, 1784-1809”,
en Jahrbuch für Geschichte von Staat, Wirtschaft und Gesellschaft Lateinamerikas, 24, pp. 265-333.
Introducción 17

ble y al finalizar el siglo XVIII el número de propietarios había crecido en detrimento


del tamaño de las propiedades…”.25
En cierto modo, la ubicación de las propiedades definía el mercado: las chacras
de la zona de El Bajo, aledaña a la ciudad, que aprovechaban el agua del río Salí,
eran usadas para sementeras de trigo, maíz y hortalizas que surtían a la ciudad; allí se
ubicaban también carpinterías, adoberas, hornos para ladrillos y almacenes de granos.
Se criaban también vacas lecheras y bueyes y se cultivaban forrajeras. Las estancias
se distribuían en la campaña; en el fértil valle de Choromoros la producción ganadera
y las sementeras de trigo. En los Juárez, producción ovina, maíz y una agricultura de
subsistencia. En Burruyacu, como zona de poblamiento más reciente y frontera con
los grupos indios chaqueños, había grandes estancias ganaderas en su mayor parte
bajo arriendo.26
Bascary sostiene que a comienzos de XIX eran tres las grandes familias con
las que podría identificarse a la elite: los Villafañe, los Aráoz y los Molina.27 A la
vez hacendados y comerciantes, los vecinos no desechaban oportunidades de enri-
quecimiento utilizando también la tradicional vía matrimonial para consolidar sus
patrimonios, incorporando a peninsulares recién llegados o a vecinos exitosos aunque
sus orígenes no pertenecieran a las familias más notables. Este grupo social mixto de
hacendados y comerciantes estaba, por su doble actividad, identificado con su territo-
rio pero al mismo tiempo muy vinculado con las elites de otras ciudades, sus redes se
tejían no sólo en toda la región, sino con las otras regiones; la sociedad y la economía
tucumanas estaban muy ligadas a las ciudades altoperuanas, a las de Cuyo, Córdoba
y al Litoral.
Con la revolución, no hubo recambio de una elite por otra pero sí puede notarse,
paulatinamente, el desplazamiento de los comerciantes españoles, en parte porque por
las uniones matrimoniales se fundieron los viejos apellidos en otros, pero también
porque fueron el principal blanco de los empréstitos. Las familias cuyos nombres fi-
guraban en el comercio del siglo XVIII siguieron actuando después de la Revolución
aunque había algunos individuos nuevos y aumentó la cantidad de comerciantes. Con
el aumento demográfico y con el mayor movimiento de personas que implicaba la
Revolución y la guerra, los 20.000 habitantes que consignaba el Censo de 1778 para la
provincia llegaron a los casi 56.000 que se registraron en el Censo mandado levantar
por Celedonio Gutiérrez ya casi al final de nuestro período de estudio. Casi el 30%
vivía en la ciudad, exactamente 16.822, una ciudad cuatro veces más poblada que al
momento de producirse la Revolución.

25 LÓPEZ, Cristina Los dueños de la tierra. Economía, Sociedad y poder en Tucumán (1770-1820),
Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 2003, p. 353.
26 LÓPEZ, Cristina Los dueños…, cit.
27 Véase BASCARY, Ana María Familia y vida cotidiana…, cit.
18 La República extraordinaria

Según los estudios locales la Revolución significó una nueva atlantización de


la economía tucumana. Sobre todo después de Huaqui, durante años, el espacio al-
toperuano quedó fuera del circuito mercantil. Sin embargo, esto quizás fue en parte
compensado con la reactivación del comercio portuario.28
Desde luego, la ruptura del espacio peruano provocó la desaparición de las masas
de metálico que provenían de las ventas en ese espacio particularmente mercantiliza-
do por la economía potosina, a ello se agregó la sangría de recursos impuesta por la
guerra.29
Después de la crisis desencadenada por la guerra de independencia en el Alto
Perú, Tucumán volvió a insertarse en el espacio peruano. El vuelco de la región al-
toperuana hacia el Pacífico y la escasez de metálico debió sin duda afectar al sector
de los comerciantes. Sin embargo, Roy Hora afirma que aquellas economías que con-
taron con productos competitivos, como ganados de gran volumen, mantuvieron el
abastecimiento de la región andina una vez que acabó la guerra. Ya en los años 1830,
la política proteccionista de Heredia parece haber revitalizado la tradicional actividad
ganadera, su política de fomento de la producción mular aparece con insistencia en
las fuentes. El Censo de 1845 muestra algunas novedades: la producción de azúcar y
algunos derivados como el aguardiente –que, como se verá, fue una de las preocupa-
ciones de Heredia– el tabaco y otros productos agrícolas (arroz, trigo, maíz, alfalfa)
pero las exportaciones ganaderas seguían primando y entre ellas los cueros.
Lo que no puede discutirse es la extrema fragilidad de las finanzas provinciales.
A la desmonetización del espacio económico, deben sumarse los gastos de la guerra
que lo consumieron todo y el abandono de las actividades productivas por la movili-
zación militar; circunstancias que no fueron compensadas por la creación de una base
fiscal como la que tuvo Buenos Aires gracias al puerto y la reactivación económica
que supuso la apertura al comercio atlántico.30 En las palabras con las que Roy Hora
resume la situación de los estados provinciales de las primeras décadas pos indepen-
dientes, resuenan los ecos de Alberdi: “No parece arriesgado afirmar que la estabili-
dad institucional crónica de este período se debió más a la fragilidad de las estructuras
estatales que a la acción de los liderazgos caudillísticos…”.31

28 López estudia los efectos de la Revolución en la economía en “Revolución, libre comercio e importa-
ciones en Tucumán, 1809-1819”, en LÓPEZ, Cristina –compiladora– Identidades, representación…,
cit., pp. 103-120; también véase NICOLINI, Esteban “El comercio de Tucumán 1810-1815. Flujos de
mercancías y dinero y balanzas comerciales”, en Población y Sociedad, núm. 2, Yocavil, Tucumán,
1994.
29 Véase NICOLINI, Esteban “El comercio de Tucumán...”, cit.
30 Véase el análisis de HORA, Roy Historia económica de la Argentina en el siglo XIX, Siglo XXI, Bue-
nos Aires, 2010.
31 HORA, Roy Historia económica…, cit, p. 58.
Introducción 19

El caso tucumano es el de los “bordes” del imperio y también en cierto sentido de


la Revolución, aunque no de la guerra, y creo que estas tres variables definen en cierto
modo la particular situación de estos vecinos en el contexto rioplatense.
Borde del imperio porque su ciudad principal era una ciudad subordinada de una
región periférica del Virreinato del Perú y luego del Virreinato del Río de la Plata.
Central a la hora de la guerra; porque en ella se libraron batallas que definieron
la suerte de la independencia americana y la configuración espacial del nuevo país, y
en sus cuarteles se alimentaron y vistieron los soldados que sostuvieron la guerra en
el norte.
Periférica otra vez de la Revolución, de sus ideas e instituciones cuyo centro fue
más bien Buenos Aires. Las provincias fueron bordes de los cambios que se inge-
niaban en la ahora mundana capital. Por un momento pareció que se convertía en el
centro de la Revolución y la guerra al mismo tiempo, cuando el Congreso se reunió en
Tucumán; pero se trasladó pronto a Buenos Aires para mejor guardar la Revolución
en su centro.
Aunque este libro se circunscribe al Tucumán posterior a la Revolución, cada
uno de los autores ha reflexionado teniendo en cuenta el proceso histórico de un am-
plio arco temporal que va de 1770 a 1860.
El libro es producto del trabajo de un proyecto de investigación subsidiado por
el CIUNT y ha resultado de un seminario de discusión sobre cada una de las investi-
gaciones particulares.
Esta compilación intenta bucear en los componentes de la cultura política de las
elites asomándose apenas a la posible participación de otros sectores. El gobierno y
la representación, los lenguajes y los rituales, los ámbitos de opinión, las relaciones
de amistad y parentesco, el surgimiento de los primeros alineamientos doctrinarios, la
construcción de los poderes en el estado provincial, las primeras prácticas de delibe-
ración, los cambios y continuidades en torno a la educación y los referentes culturales,
las representaciones en torno a la legitimidad y las formas del gobierno, las prácticas
que desde diversos ámbitos van construyendo una cultura política provincial signada
por la guerra.
El primer capítulo sirve de marco cronológico al libro relatando los diversos
períodos del gobierno provincial y analizando las nuevas instituciones que surgen al
son de la guerra y del nuevo orden republicano, enlazando la historia provincial con
los principales acontecimientos del ámbito rioplatense. Este trabajo sintetiza las hi-
pótesis contenidas en mi libro Antiguo Régimen y Liberalismo. Tucumán 1770-1830,
incorpora los aportes de los últimos años y completa el recorrido institucional hasta
mediados de siglo, prestando atención, en particular, a los cambios en las formas de
representación política y a la construcción de los poderes del Gobierno Provincial en
el territorio.
Ana Wilde mira la política desde los rituales y las formas exteriores del poder,
desde finales de la colonia hasta el régimen de Gutiérrez.  Busca analizar, a través
20 La República extraordinaria

de las fiestas y los discursos públicos, la imagen de la Revolución y del nuevo régimen
que fue representada al pueblo, en tanto nuevo sujeto de la soberanía. 
Dos ámbitos de deliberación son analizados en el libro, el congreso de las provin-
cias en 1816 y la legislatura provincial, puede verse allí el papel de las viejas corpo-
raciones y de sus individuos, los lenguajes políticos y la coexistencia de imaginarios.
Facundo Nanni analiza la actuación de la legislatura provincial, la gran novedad
que la Revolución trajo al gobierno, la institución que corporizaba la soberanía popu-
lar. La estudia como órgano de gobierno y espacio de opinión, entrelazando el análisis
con un panorama de los principales actores políticos de la época.
De entre estos actores, los eclesiásticos han jugado un rol fundamental en la
primera mitad del siglo XIX. Cecilia Guerra estudia el lugar de los clérigos en la
Revolución, sus recorridos educacionales y adscripciones intelectuales, mostrando la
fuerza que tuvo la idea monárquica en el Congreso y los conflictos entre república y
monarquía.
El artículo de Norma Ben Altabef hace un recorrido por la educación en Tucu-
mán desde la colonia hasta mediados de siglo, analizando la pervivencia del modelo
colonial y las novedades traídas por la Ilustración y el liberalismo. Estudia el papel
de corporaciones y gobiernos en la educación de los tucumanos y el límite constante
que la guerra impuso a su expansión. El capítulo de Ben Altabef, con su panorama
de más de medio siglo cierra, en cierto sentido, el itinerario político de una provincia
signada por la guerra.
Cada capítulo enfoca un mismo espacio y un mismo tiempo, con lentes que au-
mentan en cada caso diversos aspectos de la política posrevolucionaria, la presencia
de lo nuevo y lo viejo, la profunda imbricación entre la cultura política colonial, las
novedades de la ilustración y el liberalismo y las particulares formas de comprender y
organizar lo político que encuentra esta comunidad rioplatense.
Finalmente, Jovita Novillo ofrece un capítulo que reúne una descripción y crítica
de las fuentes disponibles en el Archivo Histórico de Tucumán para el estudio del
período.

San Miguel de Tucumán, septiembre de 2010