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Devastación de flora y fauna en Coahuila,

por incendios evitables


Negligencia en los bosques. Las autoridades desatendieron las alertas emitidas antes del
siniestro, afirma experta. Ahora ya llegaron los biólogos, pues saben que habrá dinero por
estudiar el tema, dice.

El incendio comenzó en un sitio donde no se


criaba ganadoFoto Gabriel Holschneider

La bióloga Diana Crider lamenta la pérdida de


cientos de ososFoto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 15 de mayo de 2011, p. 2

San Antonio, Tex. El escenario ecológico por los incendios ocurridos en Coahuila habla de
devastación: 250 mil hectáreas dañadas en un mes. Y el análisis a cargo de la bióloga Diana
Doan Crider es demoledor: Se ha perdido una gran reserva natural para Texas y México,
tardaremos muchos años en recuperarla. Y todo por la falta de coordinación de las
autoridades.

Diana, investigadora del Departamento de


Gestión y Ciencia del Ecosistema de la
Universidad de Texas A&M, lleva 25 años
trabajando en la Serranía del Burro en
Coahuila, un corredor ecológico de
cordilleras inferiores paralelas a la Sierra
Madre Oriental, que ha quedado arrasado
por el fuego afectando irremediablemente la
flora y la fauna silvestre de la zona, que
incluye una de las mayores poblaciones de
osos de Norteamérica.

El balance es desolador: Perdimos la mayoría de los oseznos de este año. Estamos hablando
de cientos y cientos de osos. Era la temporada de hibernación. El fuego quemó las
madrigueras y las crías estaban muy pequeñas para escapar.

Diana no puede evitar emocionarse. Dice que está de luto. Ha dedicado su vida al estudio
del oso negro mexicano y es una pionera mundial en su defensa: Era la mayor fábrica de
osos. Un paraíso para ellos. Ahora... ¿qué vamos a hacer?

Su computadora contiene cientos de mapas y fotografías del desastre natural. Fueron


decenas de llamadas a autoridades mexicanas, tocó infinidad de puertas, gritó, suplicó,
lloró. Nadie le hizo caso. Aunque al final su tenacidad logró disminuir el nivel de la
catástrofe. Está sentada en su escritorio con semblante triste e intenta reconstruir las causas
del incendio exterminador y las razones por las cuales no fue previsto, ni atendido
debidamente por la Comisión Nacional Forestal (Conafor). Las autoridades escucharon los
llamados de auxilio 15 días después de que inició el fuego.

Al otro lado de la frontera, en Monterrey, David Garza Lagüera, uno de los ganaderos más
afectados –12 mil hectáreas quemadas–, no puede evitar exponer su enfado y su decepción
contra el Estado por el siniestro en donde perdió incluso su casa: “El incendio tenía 15 días
cuando llegaron las primeras autoridades. La gente que llegó estuvo tres horas y dijo: ‘esto
ya está controlado. Ya nos vamos. Si nos necesitan, luego regresamos’. Es tan trágico lo
que te cuento que los fui a llevar personalmente y cuando regresaba el incendio empezó a
brincar por donde me dijeron: ‘No se apure ya está bajo control’. Yo les decía no se vayan,
se van a quemar otras 50 mil hectáreas. Al final son 250 mil hectáreas arrasadas”, dice en
entrevista con La Jornada.

Garza Lagüera es miembro de una de las dinastías empresariales más importantes de


México, hijo de Eugenio Garza Sada, es presidente de Madisa y del grupo Delta que
aglutina a empresas dedicadas a diversas áreas de la economía nacional: Diana Crider hizo
más desde Estados Unidos que nuestras autoridades. Me tocó perder todo, hasta la casa; y
por cosas tan absurdas como la falta de actuación.

Anuncios de alerta

México sufre actualmente 64 incendios diarios, según datos de la Conafor. En los pasados
cuatro meses se han quemado 361 mil 170 hectáreas en los estados de Coahuila, Durango,
Chihuahua, Quintana Roo, Oaxaca, Puebla y Guerrero. El año pasado en la Serranía del
Burro cayeron 60 pulgadas de agua con el huracán Álex. Después el pasto y las arboledas
secas fueron el combustible más efectivo para los incendios.

Pero Diana Crider, estudiosa de las supercélulas, una especie de inmensas tormentas en
rotación, vio venir el desastre cuando cayó el primer relámpago en la Sierra del Burro, que
es un lugar especial generador de supercélulas y de corrientes de aire capaces de crear
tornados y tormentas de granizo por arte de magia.

Era 26 de marzo y acudió al rancho de Garza Lagüera para estudiar una enfermedad que
estaba atacando a los encinos, la acompañó un experto de árboles, otro en incendios y su
colaborador Alejandro Lozano, de la Universidad Agraria Antonio Narro: “Ya estaban
dando los anuncios de la alerta de posibles incendios. Todo mundo estaba nervioso. Usan
modelos o protocolos para predecir el nivel de combustible y el clima. Y puede decirles
‘tengan cuidado, porque esto es una caja de cerillos”’.

Incluso recuerda que la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration),


interesada siempre en las corrientes de aire y cambios climatológicos generados en la
Serranía del Burro que viajan hasta Texas, le llamó para constatar si la supercélula era
realmente un banco de nubes. No, les contesté, es una quemazón. Y añade: Yo ya estaba
golpeando las puertas en México para alertar.
El incendio empezó en un lugar donde no había ganado: Todos sabían lo que se
aproximaba. El problema fue que al momento de avisar al mundo que se está cayendo el
cielo nadie te hace caso. Ellos (autoridades mexicanas) pensaban que exagerábamos. Los
únicos que nos dieron mucha atención fue el gobierno de Coahuila, pero cuando pudimos
llegar al punto para pedir auxilio aéreo, un punto inaccesible cuya única manera de llegar
era combatirlo con apoyo aéreo; ya estaba fuera de control.

El incendio avanzaba. Llevaba 20 días sin ser combatido. Finalmente accedieron a contratar
un avión 747 de Estados Unidos capaz de dejar una línea de 3 kilómetros de retardante, un
polvo hecho de almidón y fertilizante utilizado para apagar incendios: “Hubo mucha
confusión entre el idioma y agencias. Mucha burocracia para empezar a actuar. Cada cosa
que hacíamos era equivocada y tenía que hacerse de otra manera y no había comunicación.
Me sorprendió ver que no tenían un protocolo. Nos quedamos tan frustrados. Empezamos a
hacer los gritaderos: Se nos está quemando la casa, alguien haga algo por favor. Al final, el
gobierno federal declaró estado de emergencia hasta el 9 de abril. Ya para entonces era
demasiado tarde”.

La confusión y el caos se apoderaron del entorno: Había mucha gente volando en el área. Y
pensábamos, por favor, bajen y agarren una pala. Necesitamos solidaridad, pero 20 días
después, de nada sirvió. Les falló el sistema. Ni siquiera tenían las mismas frecuencias de
radio: la policía, la Conafor, los militares... entonces ¿cómo iban a solucionar el incendio?...
Quiero que entiendan el dolor. El Estado abandonó a los ganaderos y a los habitantes del
lugar durante los incendios, nadie los escuchó. Gritaron que se estaban quemando sus
ranchos, sus vidas y un tesoro natural de México. No había otro lugar con fauna y flora tan
rica y tan cuidada.

Tesoro perdido

David Garza Lagüera convirtió su rancho de 14 mil hectáreas en un parque nacional. Lleva
35 años cuidando la zona con esmero, dedicación y una auténtica vocación ecológica. Él y
una veintena más de ganaderos contrataron hace años a Diana Crider y su equipo para
lograr la conservación del lugar.

Se siente muy afligido: Es una barbaridad. Estoy triste al ver la falta de responsabilidad de
las autoridades por no atender los problemas cuando se presentan y posteriormente quieren
reparar lo sucedido. Son ciclos de la naturaleza. La naturaleza tiene cientos y miles de años
y nuestro tiempo es muy breve. Tenemos que hacer lo que nos corresponde en eso: cuidar,
proteger, promover; teniendo agua para la fauna y la flora y disfrutándolo como un parque
nacional y dejarlo para las nuevas generaciones.

Explica que los pinos grandes tenían más de 150 años, por eso se negó a retirarlos de
alrededor de la casa para protegerla del fuego: Se me quemó un bulldozer al ayudar a los
vecinos. Otra maquina la mandé traer desde Chihuahua. Hubiera raspado alrededor de la
casa y ya, tumbando toda la arboleda que tenía, pero me dije: ¿cómo lo voy a hacer?... Se
quemó todo. Lo que quedó de las 14 mil hectáreas es prácticamente nada.
Vivió en el lugar la angustia de ver avanzar las llamas sin que llegara la ayuda. Veinte días
después la Conafor por fin tocó a su puerta: Las gentes llegaron exigiendo comer porque
eran las once de la mañana y no habían desayunado. ¡Pónganse a apagar la lumbre, no a
comer!... Yo no estaba y la señora les preparó algo. Estaban comiendo cuando empezó a
llegar la lumbre. Y ya no la pudieron apagar. Se vino muy cerca. Y no la detuvieron en las
barreras que habíamos puesto, porque andaban en el atarugue. Sin prioridades.

Los aviones y helicópteros acudieron a atender zonas de gente relacionada con el gobierno:
Andaban ayudando a los compadres y amigos. Las pocas gentes del Estado que vinieron
atendieron a quienes les convenía atender: al compadre, al amigo; en lugar de pensar que su
obligación era proteger la naturaleza. Son chorros de ranchos afectados, si te digo 20 son
pocos, hubo gente que perdió todo. Hay mucha irresponsabilidad. Todo es después. No es
mi problema, sino del otro.

Dice que el siniestro no le sirve ahora más que para reflexionar y aprender para que no
vuelva a suceder: “Si me hubieran dicho ‘no te voy a ayudar’, yo hubiera actuado desde el
primer día. Yo les decía: ‘es que se tiene que declarar una emergencia nacional’. Si no no
se puede actuar, por amor de Dios, hay que prever en lugar de remediar. Y nunca se dio.
Estuvieron mandando unos aviones. Nuevamente 15 horas tarde. Es como el paciente en
cuidados intensivos: no te puedo dar oxígeno porque estoy ocupado, pero luego te doy para
tu sepelio. ¡Por favor!

–¿Piensa hacer algo contra las autoridades?

–No, a qué conduce. ¿A exhibirlos? Están más que exhibidos por sí mismos. Es pura
irresponsabilidad social, egocentrismo. Hay que crear conciencia como ciudadanos de la
responsabilidad que tienen y si no la cumplen, hay que exigirles a través del voto”.

La zona está en crisis. Murieron miles de animales y los que sobrevivieron no tienen
alimento: Ahorita estamos llevando alimento, pasto para ellos. Ya repusimos 11 kilómetros
de tubería para rehacer todos los sistemas de agua para la fauna silvestre. El desastre es
muy grande, dice.

Diana Crider maneja la situación con especialistas desde Texas y viajando a los ranchos de
Coahuila: Los animales, con las patitas quemadas, andan buscando agua. Necesitan tomar
cada ocho horas. Es la urgencia. No tienen qué comer. Los zopilotes se llevaron todo. Ya
no queda nada.

Será un verano duro para todos y monitorea el escenario: Te queda la sensación de que fue
algo que se pudo evitar. Está la cosa muy caliente, emocional. Los ganaderos se sienten
muy engañados por su propio gobierno porque no les hicieron caso. Y nosotros no tenemos
la menor idea del impacto real de lo sucedido. Iré en junio. Ahorita no puedo volver porque
estoy de luto. Me muero de tristeza.

El Estado ha reaccionado tarde. Ante el desastre ahora piensa en la restauración y ha


convocado a grupos y universidades para los estudios, sin tomar en cuenta a ganaderos y
rancheros de la zona que ya se movilizaron por su cuenta para contratar sus propios
especialistas. Diana Crider se emociona y repite: Flores en vida, en vida, hermano. Ahora
están llegando todos los biólogos con sus plumas. No llegaron con palas, ahora sólo quieren
hacer sus estudios porque saben que allí va a haber mucho dinero para estudiar el tema. Es
como si se muriera tu papá y llegaran para hacerle la autopsia y no antes, para salvarlo.
¿Eso de qué sirve?