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El presenta documento, fue elaborado por Antonio Negri a su regreso a Roma

luego de su visita a Brasil y Argentina en Octubre del 2003,

y no solo expresa sus puntos de vista sobre la situación política que registró,

si no que –fundamentalmente, realiza una propuesta de trabajo

para los movimientos y los gobiernos de Brasil y Argentina.

DONDE ESTAMOS HOY


Antonio Negri

La victoria presidencial de Lula y del PT en Brasil, y el éxito de Kirchner y de una nueva dirigencia
política en Argentina han establecido gobiernos y afirmado políticas interesantes no solamente
para los procesos internos de renovación social y de una vigorosa presencia a nivel global, sino
también y sobre todo porque modifican las figuras del ejercicio del poder en América latina, y del
gobierno democrático en general. Queremos decir con esto que la autonomía de los movimientos
sociales de las clases subalternas no es mas un adversario sino un motor de la actividad del
gobierno. Esta autonomía se pone en relación fecunda y productiva con los dispositivos
programáticos y las dinámicas administrativas de los nuevos gobiernos sudamericanos.

Este experimento es significativo a nivel global. Y enfrenta el tema de la crisis de representación


política (estallado o manifiesto en todos los regímenes constitucionales) mostrando que puede
construirse una nueva y radical dinámica democrática en la dialéctica entre los movimientos y los
gobiernos.

Este experimento esta implantado y conmensurado al nivel global del poder. Porque la revolución
en un solo país no es posible, porque realmente una sola clase no puede presentarse mas como
hegemónica, porque la soberanía de todas las naciones esta limitada a los procesos tendenciales
de constitución imperial (militares, monetarios y financieros, culturales) y solo la continua presión
de los de abajo para la transformación en cada uno y todos los países del horizonte mundial es lo
que permite la contestación y el continuo reajuste del orden global. Las determinaciones tácticas y
las mediaciones transitorias, ahora necesarias (y a menudo atacadas como traición de una -al
menos- discutible ortodoxia revolucionaria), se constituyen en realidad dentro de una eficaz
relación con los movimientos y dentro de una reflexión dirigida a evitar guerras, catástrofes y
represión.

Este experimento, en AL, donde el choque con el neoliberalismo y la arrogancia de las grandes
potencias imperiales aparece en forma más evidente, es arrasador y propone hegemonía. En
muchos países sudamericanos estamos asistiendo hoy a la confrontación de movimientos
proletarios e indígenas y los consiguientes cambios de gobierno, que no repiten la fisiología del
recambio interno de las elites dominantes o aquella del golpe imperialista, se corresponden y se
ponen en cambio en una relación abierta, productiva, con nuevas composiciones sociales y
políticas de las clases subalternas. El viento de la democracia ha comenzado a ser impetuoso en
el sub-continente americano.

Este experimento, en fin, está favorecido por la coyuntura global. El comando imperial esta en una
fase de crisis y de debilitamiento estratégico. El fracaso del proyecto unilateral americano, los
sobresaltos cadavéricos de la socialdemocracia europea, impiden en esta fase la concentración
de fuerzas represivas adecuadas para destruir la nueva realidad política de Sudamérica. En
Davos no se reclaman mas fondos para la represión, sino que más bien se pregunta como
reorganizar en el mediano plazo y de forma completamente nueva la dependencia política. Las
hipótesis de NEP (Nueva Política Económica) son por ahora más frecuentes que aquellas
policíacas o fascistas.

QUE HACER?

En esta situación se planta el problema de parte de las fuerzas alternativas del contra-Imperio, de
construir las bases de un movimiento que sostenga en el mundo la autónoma acción de los
movimientos y de los gobiernos democráticos de Sudamérica. Es, de hecho, un verdadero New
Deal constituyente lo que está en formación en estos países.
El New Deal constituyente se articula bajo el desarrollo de la democracia social al interior de cada
uno de los territorios nacionales y ante el descubrimiento y el sostenimiento de autonomías
instrumentales de cooperación entre naciona del sub-continente. Se organiza en torno a un
proyecto de superación de la dependencia, de estructuración de la interdependencia entre las
economías-mundo y los movimientos de liberación proletarios e indígenas, sobre la faz de la
tierra, y de un gobierno democrático de esta interdependencia.

El New Deal constituyente liquida las trágicas e infames tradiciones de la subordinación semi-
colonial, propia de las políticas gubernamentales latinoamericanas en la modernidad.

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En primer lugar contra el interclasismo paternalista de las elites nacional-desarrollistas, siempre
prontas a transformarse en dictadura autoritaria o militar, siempre contra el reconocimiento político
de las necesidades radicalmente transformadoras, de los deseos y de la fuerza de las clases
subalternas.

En segundo lugar, contra el soberanismo inepto de las corporaciones económicas y de los


intelectuales burgueses (muy a menudo auto calificados de izquierda o a menudo inclusive
reteniendo el mote de comunistas) que veían solo la autonomía de lo político estatal, jamás la
autonomía de los movimientos, en su sacrosanta pretensión de ser sujetos políticos y autores de
la historia, la llave del desarrollo.

En tercer lugar, contra el nacionalismo ciego que se transformaba en la ilusión de poder gobernar
el desarrollo y la dialéctica de las relaciones de clase, independientemente de las relaciones
globales: imperialistas en la disciplina de la dependencia semi-colonial, imperiales hoy en el
régimen de control del capital financiero, militar y cultural mundializado.

El New Deal constituyente subvierte el modo de entender las relaciones económicas de


explotación, raciales en el dominio, patriarcales en la subordinación de genero, imperiales en la
jerarquía y dependencia (raciales, de dominio, patriarcales, de subordinación de genero,
imperiales de jerarquía y dependencia), construyendo un terreno de contraposición dinámica y
subversiva. Digámoslo a los gobiernos democráticos de AL: es hora, ahora o quizás nunca más,
cuando los viejos fetiches del soberanismo y del Imperio pueden ser realmente enfrentados. Con
ellos, la estructura misma de la contabilidad empresaria, nacional e imperial, el presupuesto
estatal y el del FMI, ahí donde los intereses de las clases subalternas por el desarrollo de la
infraestructura educativa y de las comunicaciones, de las condiciones sociales (sanitarias,
saláriales, ecológicas, culturales) del crecimiento económico, de una integración financiera y
monetaria, globalmente controlada y democráticamente dirigida, sea asumida como inversión ética
y política irrenunciable.

El New Deal constituyente organiza la fuerza de las clases subalternas a fin de que se presenten
en la escena política, nacional e internacional, como multitudes –o sea, no como objetos de
representación sino como sujetos, como maquinas autónomas realmente predispuestas a un
nuevo pacto de gobierno para la transformación de las relaciones de producción y de las formas
de vida-en la transición global que el mundo esta viviendo.

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INCERTEZAS

En Europa y en los EE.UU, en los milieux del antimundialismo y de la intelectualidad de izquierda,


la importancia decisiva de cuanto sucede en AL es percibido de manera insuficiente.
Dogmatismos y sectarismos de la tradición socialista y comunista, residuos teóricos
tercermundistas, ponen obstáculos (aun en los debates de los Forum Sociales continentales y
mundiales) a un amplio debate y a un consecuente apoyo a esta renovación estratégica de la
acción contra-Imperial. Se trata de organizar a nivel mundial una iniciativa global que a ello sepa
corresponder adecuadamente.

Roma, 27/11/2003