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¿CÓMO SE

APRENDE UNA
LENGUA
EXTRANJERA?

PROF. FERNANDO SONÍ OCAMPO


JUNIO 2010
ABSTRACTO

Considerando la gran diferencia entre los procesos mentales que se llevan a


cabo entre el aprendizaje de una materia teórica y el aprendizaje de una
segunda lengua, los catedráticos de idiomas nos hemos visto en la necesidad
de estudiar e investigar los diferentes factores que influyen en el alumno y que
pueden facilitar o dificultar su aprendizaje de una lengua.
Esto nos provoca una situación donde el ambiente de un aula es tan ameno y
relajado, que el control del grupo pende de un hilo delgado.
Aplicando estrategias apropiadas para lograr disciplina y al mismo tiempo
conservar el ambiente ameno y libre de amenaza del salón de clase es un
factor importantísimo para que se logren los objetivos de un curso de idiomas.
¿CÓMO SE APRENDE UNA LENGUA EXTRANJERA?

¿Cuántas veces nos hemos encontrado en una situación dentro del salón de
clases en que súbitamente nos vemos incapaces de lograr que un grupo preste
toda su atención a la materia?
¿Y quizás en otras ocasiones hemos estado a punto, o hemos llegado a un
momento en que se origina una fricción fuerte con uno o más alumnos debido a
su comportamiento?
¿Qué es lo que sucede en el aula que propicia estas situaciones?

Estoy plenamente convencido que en la enseñanza, y más aun en la


enseñanza de un segundo idioma, existen muchos factores ausentes en el
aprendizaje de otras materias que determinarán la cantidad y calidad del
aprendizaje por parte del alumno.
Ahondemos un poco dentro de este tema.

Definitivamente nunca será lo mismo el aprendizaje de una materia teórica,


donde lo que quizás prevalezca más sea la capacidad de retención, la
capacidad de memorización del alumno, que el aprendizaje de una segunda
lengua.
Muchas, quizás la mayoría de las materias curriculares podrían estudiarse casi
de manera autodidáctica, en casa, en un ambiente y situación diferente al del
aula. En estas materias, muchas veces ni siquiera existe una necesidad
imperiosa de asistir a clase, pues con sólo estudiar la bibliografía y los temas
asignados desde el principio del curso, un alumno puede aprender aun más
que estando presente en el aula.

Sin embargo, el proceso enseñanza-aprendizaje de una lengua extranjera


requiere de otro tipo de condiciones y metodologías para lograr los objetivos
planteados.
Esto es un hecho que a la mayoría de las personas, incluyendo directores de
escuela y jefes de departamentos, les cuesta trabajo reconocer y aceptar.
El hecho de considerar que el aprendizaje de una lengua se puede llevar a
cabo de la misma manera que el resto de las materias de una carrera es un
grave error que ha afectado durante muchos años el aprendizaje de otro
idioma, ocasionando que el alumno aumente su rechazo hacia el mismo.

¿Por qué menciono “el rechazo”? Es bien sabido que muchos estudiantes de
otra lengua mencionan que: “No me gusta el Inglés.” “Me cuesta mucho
trabajo.”
Después de un estudio llevado a cabo por un servidor entre alumnos de nivel
superior en cuanto a sus experiencias respecto al aprendizaje de una segunda
lengua aparecieron resultados interesantes que deseo compartir en este
escrito.

Se descubrió que la gran mayoría (94.7%) de estas personas que se quejaban


del Inglés, habían tenido una mala experiencia emocional durante sus
primeros contactos con el aprendizaje de dicha lengua.
Esto es, en su mayoría habían llegado a su primer curso de inglés con ganas,
pero con mucho miedo. ¡Todos a su alrededor le comentaban lo difícil que sería
la clase!
Al empezar la clase, se percató que el maestro no se interesaba por el
aprendizaje, y mucho menos por los alumnos. Que más bien parecía que sólo
le interesaba acabar pronto y cobrar su salario.
En efecto, con esta actitud, al alumno le costó mucho trabajo entender la clase,
pues el solo se había bloqueado. Poco después, al ser cuestionado por el
maestro y fallar en su respuesta, éste lo había criticado frente a todos,
ocasionando la burla de los compañeros y la humillación por parte del
maestro.
Por supuesto, terminó la clase y el alumno no aprendió nada. Además salió
de ahí con su autoestima hecha pedazos, lo cual le ocasionó entrar a la
siguiente clase con una actitud claramente defensiva, que se fue
agravando con el paso del tiempo, impidiendo de esta manera que se lograra
una adquisición del lenguaje.

Y desde ahí, los años y los cursos venideros fueron muy similares. El alumno
entrando con miedo, con desgano, hasta con repulsión a la lengua. ¡Y
cada vez se le hizo más difícil aprender! Empezó su historial de fracasos
(reprobadas) y en la actualidad, aun después de cursar muchos años el inglés,
el alumno continúa sin saber ni las bases.

¿Qué sucedió? ¿Cómo se dio este fenómeno, y por qué?

No pienso adentrarme dentro de las diferentes teorías acerca de la adquisición


del lenguaje. Sin embargo, considero que es importante mencionar algunas de
ellas que, en mi opinión, son las más determinantes y a las que se les debería
prestar más atención.

Comenzaré mencionando la Hipótesis del Filtro Afectivo propuesta por Dulay y


Burt (1977) y revisada por Krashen (1977).
Recientes investigaciones han demostrado que existen variables afectivas
que se relacionan con la adquisición de una segunda lengua.
Aquellos alumnos con determinados tipos de motivación y con buena auto
imagen, así como una aceptación de la lengua y cultura metas, logran ser
mejores en su desempeño durante el aprendizaje. Asimismo, se ha
comprobado que las mejores condiciones y situaciones para la adquisición del
lenguaje parecen ser aquella donde el “nivel de amenaza” es muy bajo.
Dulay y Burt sugieren que factores actitudinales influyen directamente en la
adquisición del lenguaje. Aquellas personas con actitudes óptimas poseen un
“filtro socio-afectivo” más bajo. ¿Qué significa esto? Que el alumno tiene
una mayor apertura hacia el “input” o lenguaje al que está siendo expuesto, y
dicho “input” se adquiere, se asimila más profundamente y en mayor cantidad.
Por lo tanto, el hecho de poseer la actitud correcta implicará dos cosas para
estos alumnos: los motivará a intentar obtener mayor “input”, a interactuar con
hablantes de la lengua meta con mayor confianza, y a mostrarse más
receptivos al “input” que reciben. Esto permitirá que en clase, se “simule” una
situación real en otro país. Los alumnos “se atreven” a “sentir”, a “jugar” a
que se encuentran en una ciudad americana, tomando un curso de inglés.
Lo único que todos tiene en común es que todos están aprendiendo
inglés, y que ninguno de ellos lo habla bien.
Esta hipótesis es de suma importancia y contiene muchas implicaciones para la
enseñanza de una segunda lengua. Implica que nuestras metas pedagógicas
no sólo deben incluir proporcionar mucho “input” óptimo, sino también crear
una situación en el aula en la cual el filtro afectivo se reduzca al máximo
para permitir la asimilación de dicho “input”.

Aclaremos en qué consiste todo lo anterior.


Una vez mencionado el ejemplo de los alumnos que han sufrido una
experiencia mala durante su aprendizaje, podemos ver ahora como al
disminuir la ansiedad y el nivel de amenaza en el salón de clase, la actitud
y disposición por parte de los alumnos se verá incrementada y mejorada,
logrando así la mejor adquisición del lenguaje.
Si el alumno se siente bien, siente que sí puede aprender, que no lo presiona el
maestro, y sobretodo que no será expuesto a humillaciones, su filtro afectivo
disminuirá y se encontrará en otro estado mental más motivado que le
permitirá aprender y disfrutar más la enseñanza.

Esto nos lleva a otro punto importante que deseo mencionar con respecto a mi
propia práctica docente, y a la enseñanza de lenguas en general.
Ya vimos como es de vital importancia la influencia afectiva en una clase de
idiomas, así como el ambiente y nivel de amenaza del aula.
¿Y cómo podemos lograr, cuáles son esas condiciones tan necesarias?
Veamos un ejemplo:
Considero que si un alumno llega a la escuela a las 7 am, a las 2 pm ya está
muy cansado, con hambre, y deseoso de ir a su hogar.
A esa hora quizás podría asistir a una clase más teórica, donde no se requiera
del 100% de su atención, pues puede complementar él solo en su casa.
Pero una materia muy dependiente del estado anímico de la persona, y de
“sumergirse” en el tema y la situación de la clase, será muy difícil de
aprenderse con ese horario.

Muchas materias de las diferentes licenciaturas son del tipo que se pueden
estudiar casi de manera autodidacta. Es posible asistir en ocasiones a clase y
llevar a cabo el grueso del estudio en casa. Son materias donde la
memorización jugará un papel determinante para el supuesto aprendizaje.
Sin embargo, en el caso de una lengua las cosas son distintas. Aunque sí
influirá la dedicación y el compromiso del alumno para el estudio en casa, la
parte principal del aprendizaje se lleva a cabo dentro del salón de clase. Poner
atención, “estar” en la clase, son puntos necesarios para que se lleve a cabo el
aprendizaje.
Es inútil el pretender que un alumno que se encuentra en la escuela
desde las 7 a.m., intente poner mucha atención y estar motivado para que
a las 2 ó 4 p.m. tome una clase de inglés. La dinámica, la metodología
utilizada en la enseñanza, requiere de un estado mental alerta y abierto. Si en
ese momento estamos pensando en el cansancio, el hambre y las cosas que
deseamos hacer por la tarde, será muy difícil que el “input” se asimile, y
que el alumno sienta el deseo de participar y tratar de interactuar en la
lengua meta.

Estos factores nos llevan a otro punto muy importante.


¿Cómo debe ser el papel del profesor?
En la enseñanza de lenguas es importante el “rapport”, la interacción personal
y humana entre maestro y alumno. Un maestro distanciado emocionalmente de
los alumnos, difícilmente tendrá éxito. Esta confianza en el maestro
disminuirá el filtro afectivo, permitiendo la asimilación del “input” más
fácilmente. Es necesario entender y comprender al alumno, y tratar de
satisfacer sus necesidades. En muchas ocasiones, los cursos deben
adaptarse para el grupo. No el grupo al curso. Obviamente, los grupos son
heterogéneos, lo que dificulta lograr esto, pero se debe hacer el intento de
llegar a una posición media donde, con voluntad y cediendo un poco, tanto
alumno como maestro se unan para lograr una meta común.

Desafortunadamente, en ocasiones esta imagen “suave” y “amistosa” de


un maestro de lenguas es mal interpretada por los alumnos. Entonces
surge una situación en la cual la dinámica de una clase de lenguas se pueda
ver afectada drásticamente.
Puede ser que los alumnos dejen de cumplir con sus obligaciones pues “el
maestro es buena onda”, y esto nos conduce a una situación difícil en el aula.
Es en este momento cuando se puede empezar a perder el control del grupo
debido a unos cuantos alumnos. Y esto llevará a un “contagio” a los demás
alumnos, generalizándose dicha actitud en detrimento del aprendizaje.

Entonces, ¿cómo debe ser un maestro de lenguas?


Una vez reunidas las condiciones óptimas de horario y nivel de amenaza en la
clase, surge la figura del maestro.

No es mi intención hablar de la necesidad de que un catedrático posea una


preparación formal en cuanto a enseñanza. Sobre todo en lenguas, no es
suficiente hablar perfectamente el idioma, para poder enseñar, transmitir el
conocimiento a los alumnos.
Únicamente hablaré sobre este punto tan importante que se ha mencionado a
lo largo de este escrito.
¿El maestro debe ser “suave” o “duro”? Obviamente, la respuesta mayoritaria
sería “un punto medio”.

Sin embargo las condiciones necesarias dentro del aula, parecerían mostrar
que el maestro debe inclinarse hacia el lado “bueno”, el lado “amable y
comprensivo”. ¿Cómo lograr esta interacción sin permitir excesos de parte del
grupo?

Me atrevo a decir que no hay una respuesta única.


O, podría contestar…
¡CONOCIENDO a su grupo!
Significa involucrarse en diversos aspectos de la formación del alumno. En
ocasiones será muy criticado el “acercarse” a los alumnos e involucrarse en
sus vidas.
Sin embargo, mientras más distante se vea al maestro, más difícil será el
aprendizaje.
El maestro debe ser firme, no autoritario. Debe ser amable, no “llevarse duro”.
Debe ser comprensivo, no “aceptador de todo”. Debe ser tolerante, no
permisivo.
Y, sobre todo, debe ser un ejemplo ante sus alumnos.
Es incoherente exigir a un alumno que sea algo que uno mismo no es.
CONCLUSIONES

Existen muchas estrategias para lograr una disciplina firme, combinada con un
ambiente no amenazante y agradable.
El establecimiento de reglas del salón entre alumnos y maestros, la discusión
del contenido del curso, la especificación de los elementos a evaluar y sus
porcentajes, la clara y transparente evaluación del conocimiento, etc., son
algunos de los factores primordiales para conseguir al máximo tanto el control
del grupo, como su aprendizaje.

En el momento en que se logren estas condiciones, obviamente fomentadas y


auspiciadas por la institución en general, se logrará una modificación de la
conducta, lo que implica un aprendizaje. Y no me refiero sólo al aprendizaje de
la lengua. El alumno crecerá como persona y como profesionista. Su visión de
el futuro se modificará, y podrá también cambiar sus expectativas de vida.

Miremos a nuestro alrededor y analicemos un poco a una persona que habla


mucho Inglés.
Es una persona que ve más allá que su espacio personal. Es una persona
generalmente muy culta. Probablemente ha viajado, pero si no, por lo menos
se interesa y averigua lo que pasa en otros países, por lo menos en el país de
dicha lengua. Es una persona con expectativas y metas más altas. Es una
persona con mayor autoestima y muy sociable. Es una persona de elevados
retos, y a quien no se le cierran puertas con facilidad. Es una persona con más
oportunidades que muchos de los que lo rodean.

Alguna vez, un gran pensador dijo: “El límite de tu mundo, es límite de tu


lenguaje.”

¿Qué significa esto?

Todos pensamos en un lenguaje. Utilizamos palabras en nuestro idioma para


pensar en cualquier cosa. Mientras mejor y más lenguaje, vocabulario, etc.
tengamos, más y mejor capacidad de pensar tendremos. ¿Cómo podemos
explicarnos algunos fenómenos? ¿Cómo podemos abstraer, filosofar,
PENSAR, si no tenemos el vocabulario adecuado y suficiente pare ello?

Entonces, mientras más y mejor lenguaje tengamos, podremos pensar más y


mejor.
Y si además añadimos todo un lenguaje adicional, que implica no solo la
lengua sino la cultura, imagínense a dónde podemos llegar con nuestra mente.

¿En verdad deseamos que nuestros alumnos logren sus metas y sean mejores
personas?

La respuesta está dicha.