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Mario García Álvarez

Los Palafitos…

…Del Paisaje

Prólogo de

Sergio Mansilla Torres

Ediciones Aumen

Agradezco el apoyo de mis amigos: César, Pocho, Toño, a Checho de Chiloé y al de Santiago, Jaime; gracias a ellos pude hacer realidad este libro que llevaba más de quince años en la ineditud.

© Mario García, Los Palafitos… Del Paisaje

Registro de Propiedad Intelectual Nº 116.486 ISBN 956-288-731-6 Cuidado de la edición: César Uribe A. Ilustración de la portada: Alejandro Barrientos. Diseño de arte y portada: Alejandro Barrientos. Fotografía del autor: Héctor Ringele.

Ediciones Aumen.

Esta edición de 500 ejemplares se terminó de imprimir en el mes de Octubre de 2000 en los talleres gráficos EXSION Comunicaciones Valdivia, Chile.

E-mail del autor: mariogarciachiloe@gmail.com

LOS PALAFITOS

DEL PAISAJE.

ESCRITURA EN EL BORDEMAR DE LA HISTORIA

Sergio Mansilla Torres

¿Qué son los famosos palafitos de Castro, Chiloé? Por una parte, material predilecto de postales, vitrina de lo “típicamente chilote” para deleite

de turistas y, acaso, para las luminosas páginas de National Geographic: puro “simulacro” de realidad, resultado de la deliberada manipulación del paisaje de las cosas para convertirlo en mercancía de consumo cultural destinada a satisfacer la necesidad de exotismo de una modernidad (sobre)saturada de sí misma. Por otra, un sitio de marginalidad: orilleros de la tierra y del mar son sus moradores; pescadores u obreros pobres la mayoría, viviendo en casas de madera desvencijadas que carecen de servicios higiénicos conectados al sistema de alcantarillado, sin espacios para la recreación de los niños. Lo cierto es que los palafitos vienen a ser la implacable metonimia de lo que se ha solido llamar la “cultura de bordemar” de Chiloé, la que, dicho sea de paso, es el resultado de una adaptación creativa a las forzadas condiciones de aislamiento geográfico y abandono social, respuesta a la urgencia de tener que sobrevivir en los bordes del agua y de la tierra cuando no se tiene ni agua ni tierra propias. Los palafitos constituyen, pues, una de las caras folklóricas del mercado cultural de “exportación”, cara que oculta otra cara: la de la modernidad desigual que vivimos y que, de uno u otro modo, somos. Esta doble valencia del signo “palafito” se disemina por todo el cuerpo

textual de Los palafitos

del paisaje, de Mario García; dualidad semántica

que, si la vemos como dilema, deberíamos concluir que el hablante se pronuncia a favor del registro desmitificador de los estereotipos folklóricos o folklorizantes y en contra de la irrupción del mercado en tanto elemento destructor de un determinado orden de plenitud (supuesta o real) en el pasado, cuando “la mirada de los Huilliches” aún no se hundía ni se perdía “para siempre/ en los cielos” (énfasis mío). Ahora, en cambio, ya no es posible “llegar al cielo”. “No puedo llegar al cielo/ las carreteras hacia el sur/ se las llevó la lluvia,/ los palafitos esconden su miseria/ al fotógrafo”, leemos en uno de los poemas en el que se denuncia y acusa a un orden de cosas caracterizado por el ocultamiento deliberado de la muerte (en sus diversas formas) y por la mentira que significa construir y difundir imágenes estereotipadas de la realidad. El poeta, en este escenario, deviene en auténtico “fotógrafo” de los palafitos capaz de ver, en el espejo de la realidad, el verdadero paisaje de la muerte y, a la vez, de las (nuevas) raíces identitarias de quienes perdieron raíces y palabra (el poeta y su hablante incluidos). García en su libro va más allá de la simple polarización binaria del referente central y del despliegue poético de la opción moral y política de alinearse con uno de los términos y/o rechazar el otro. Instalado en la modernidad literaria, García no puede sino construir(se) un personaje poético que negocia con las estructuras ideológicas de un sujeto que rechaza la modernización socioeconómica, y el consiguiente efecto cultural desrealizante de la modernidad, desde y con la modernidad literaria, cuyo lenguaje es, entre otras cosas, un lenguaje en crisis consigo mismo. No debería, entonces, parecer extraño que el yo lírico construya su propio hablante, su otro yo, que termina siendo “un afiche/ que no permite entrar/ al viento/ por las rendijas/ de mi palafito”. Vale decir, estamos ante un yo que se constituye como simulacro de yo, un hablante lírico de postal o de afiche que se homologa a los palafitos en tanto simulacros reproducidos por la industria de la imagen. Pero a la vez, tal hablante no es en absoluto una versión degradada de un supuesto “verdadero” yo, sino la configuración de una voz que habla desde el simulacro, desde la desrealización, con el dolor y la nostalgia de ser él mismo resultado de un tiempo perdido, voz “sin nada/ que poder decir, en el medio día de la isla,/ en plena noche”, porque “Sólo quedan/ desperdicios/ esqueletos de peces”. El libro, en efecto, plantea la vieja oposición tradición vs. modernidad; pero ni una ni la otra constituyen esencias inamovibles entre las cuales sea lícito optar. Al contrario, los poemas sugieren que ya no es posible la elección, que definitivamente la representación/ construcción del mundo se hace desde una condición de existencia que ya no es factible revertir: “Soy un

palafito/ desplayado/ a una planilla de suel(d)o mínimo,/ como los Huilliches/ a Crónicas de Indias”. Y más adelante: “Todos nosotros/ somos palafitos,/ nunca más/ seremos las gaviotas/ esperando a los barcos/ que vinieron/ a dejarnos sin horizontes” (énfasis mío). No queda sino operar con la realidad del simulacro, con ese mapa en que la isla es apenas “una mancha de tinta”, y, por ello, proponer un discurso lírico que delata su propia contradicción: la de ser él mismo una forma de simulacro, de fotografía impotente para dar cuenta, en el papel, de la realidad brutal de la miseria (“reventando en la impotencia/ al medio día de esta noche,/ -frente al papel-/ los palafitos sin nada/ que poder decir/ en el medio día de la isla/ en plena noche”). El hablante lírico del yo lírico (cuyo proferimiento aparece en itálica) es la ficción con la que el yo lírico es otro, un otro que precisamente por ser ficción es el mismo yo lírico ante el espejo que lo duplica irrealmente. Pero es precisamente ésta la fuerza de la paradoja de la metaficción: esa “irrealidad” es la metáfora de una realidad inevitablemente simulacional. Así, esa realidad no disociada anterior al crecimiento de los palafitos, desde el presente de la escritura, no puede ser sino memoria, representación de algo ya perdido, ficción al fin. El pasado (y su imagen) se ha vuelto entonces componente del presente que se constituye como copia de originales para siempre perdidos.

del paisaje es un libro que acusa la angustia de un

sujeto lírico que se resiste a la modernidad sabiendo (más o menos confusamente) que el solo acto de resistir es ya signo elocuente de modernidad. Justamente, la angustia por el pasado perdido, la representación de éste, y la denuncia crítica de un presente signado por la miseria y la depredación, forman parte de la condición de posibilidad del yo y sus máscaras (el yo siempre es más-cara) en tanto voz lírica que se inscribe en la

tradición de la poesía moderna (del simbolismo en adelante). La irrupción del mercado, y la violencia asociada a éste, es vista como el factor que desata una “caída”, dislocando el sistema de valores y el funcionamiento presuntamente armónico de un orden premoderno ligado, otrora, a los ciclos de la naturaleza:

“he visto manzanas/ entre el trigo que ya no está/ entre papales y papeles que

se negaron/ a florecer en los números de las finanzas” [

“Veo manzanas

que ya no recuerdo/ desde la última exportación/ veo canastas que ya/ no existen” . Notemos que la esterilidad no sólo afecta a los viejos sistemas y relaciones de producción, sino además a la productividad poética misma (“papeles que se negaron a florecer”), de suerte que la escritura poética resulta de un intento fallido de escribir con un lenguaje “paradisíaco”: “Algún día desde el espejo/ saldrá la palabra, la voz,/ esa fogata que estamos esperando”. La poesía es la expresión balbuceante de un lenguaje perdido, del

Los palafitos

]

cual las metáforas son apenas huellas o remedos de un antiguo y “verdadero” sol, hoy convertido en “el sol/ de la ampolleta”. Seguimos, pues, esperando que se encienda la fogata de la plenitud. Con todo, y como ya lo he sugerido más arriba, Los palafitos agota en un alegato contra la “ciudad” (metonimia, por cierto, de la

modernidad en sus más vastos alcances), ciudad que “tampoco [

prometida”. García introduce un giro singularmente sugestivo: los palafitos del paisaje no son el paisaje exterior solamente, digamos, no se reducen a lo que la lente de una cámara fotográfica de algún turista impresionado por la pre-modernidad chilota podría captar: los palafitos son la objetivación imaginario-simbólica del yo que busca, sin conseguirlo a la larga, construir bases seguras que estén por encima del tiempo (del devenir de las mareas) y del efecto corrosivo de la sal y la humedad sobre la madera del ser y del decir.

es una potente indagación ontológica que

deviene indagación metapoética, en la medida en que los palafitos somos nosotros (“todos nosotros”), orilleros de la historia, “buscando inútilmente la salida/ de los pájaros” y queriendo pronunciar aquella palabra que no hable de los palafitos sino que sea los palafitos, en su antes y en su después: intento de construir un fundamento pilotes para sustentar la casaque soporte todo el peso opresivo de la historia: “los únicos puentes/ que soportarán las otras lluvias/ y el peso/ y la llegada de las muchedumbres solitarias”. Pero esa palabra (palabra-llama) que se espera no ha llegado ni llegará; la poesía ese juego de decir siendo y ser diciendo que García representa desdoblando el yo lírico en una especie de espejo de sí mismo y del paisajese vuelve registro del “derrumbe destos días,/ que también se perderán/ en el bolsillo roto/ de la memoria”. Y como García, en un gesto característico de la poesía moderna, busca unificar referente y escritura, lenguaje y objeto en indisoluble unidad, el derrumbe de los días equivale al derrumbe de un logos poético que, al fin, no puede superar el efecto de irrealidad que yace en la acción de mirar el paisaje:

“mi hablante lírico/ me mira desde la fotografía de la pared/ donde quedó

En este sentido, Los palafitos

] es la tierra

no se

para siempre/ como un palafito” (énfasis mío). La poesía no puede escapar de su propio simulacro que la encarcela. ¿Qué son, entonces, los palafitos? Poéticamente, el referente-símbolo que vehicula una cierta representación del mundo y corporiza un determinado paisaje interior-exterior de Chiloé, espacio en el que hallamos un presente complejo y contradictorio en oposición a un pasado que se sugiere de plenitud y a un futuro que, de alguna manera debería ser la recuperación-repetición del pasado. Aunque no hay propiamente idealización del pasado, García no escapa al estereotipo de imaginar que, como al menos una parte sustantiva de

las raíces identitarias están en los pueblos originarios, chono en este caso, la “auténtica” poesía tendría que reproducir el gesto mágico-ritual de conjurar la totalidad en el cántico: “el poema como los cánticos chono/ todo está escrito en las arenas y rocas interminables destas playas”, en circunstancias de que la referencia a la “poesía originaria” es, en rigor, una manera de mitologizar para hacer soportable un presente demasiado terrible como para asimilarlo en su quemante densidad. El presente actual, caracterizado por “las muchedumbres solitarias”, es el futuro de ese pasado anterior a la llegada de “los barcos/ que vinieron/ a dejarnos sin horizontes” en los que venían los conquistadores o invasores; pero dicho pasado hay que entenderlo como el sitio compensatorio, en la ficción, de los efectos disociadores de las desigualdades de la modernidad, más que como la realidad factual de una historia que, en verdad, nunca ha tenido una “edad dorada”. Esto no quita, por cierto, validez a la desgarradora imagen de este futuro fallido del ayer que es hoy nuestro presente, abierto, sin embargo, a una reivindicación vital:

Serán estos cuerpos de madera, estos pilotes mojados enterrados en la orilla de la historia los únicos puentes que soportarán las lluvias y el peso y la llegada de las muchedumbres solitarias que sólo podrán ver nuestras máscaras agitándose en los ojos negros del viento en medio de un sol lleno de algas

He aquí estos palafitos en el bordemar de la historia. Al lector le corresponde la tarea de construir su palafito para que el mar, que es el morir, no inunde las intimidades del ser.

Universidad de Los Lagos Osorno, septiembre de 2000.

LOS

PALAFITOS

MARIO GARCÍA ÁLVAREZ

Sembraremos nuestras casas en el mar que es tierra fértil y líquida. Aquí habrán de crecer nuestras raíces juntaránse con las manos de los muertos que siguen arrastrados por las tormentas de viento y humo, que les amanecieron, serán estos muertos los eternos habitantes de las paredes iluminados por las velas, Serán éstos los náufragos intangibles, invisiblemente manchados de sal blanca como la esperanza; Serán estos cuerpos de madera, estos pilotes mojados enterrados en la orilla de la historia los únicos puentes que soportarán las otras lluvias y el peso y la llegada de las muchedumbres solitarias que sólo podrán ver nuestras máscaras agitándose en los ojos negros del viento en medio de un sol lleno de algas

I)

Sólo esta noche interminable paseándose en la playa:

Mi hablante lírico se pronuncia ante el tema de los palafitos:

"La mirada de los Huilliches se perdió, se hundió para siempre en los cielos, cuando en sus labios crecieron los palafitos

y las canastas

-al volver de la marisca- quedaron bajo los palafitos, por si les caía una estrella de entre las rendijas

( Al medio día la isla detenida en el centro del reloj.

Al mediodía la isla calcinada por el frío

bajo las torrenciales miradas del hombre, almediodía,

la isla tomándose los extremos

para ocultar-el-corazón

)

(

la isla levantada como una piedra reventando en la impotencia, al mediodía de esta noche

-frente al papel- los palafitos sin nada que poder decir, en el medio día de la isla, en plena noche).

al

medio día

todo estuvo bien

hasta que un día, al sacar la luna del mar con el anzuelo, al ver el agua escurriéndose en nuestras piernas,

al sentir gaviotas anidando en nuestros cuerpos, bajo el sol descubrimos que nosotros éramos los palafitos."

Como los chono oscilando en sus propias naves así como las costas de los chono tapadas de luces asimismo las palabras, el poema como los cánticos chono todo está escrito en las arenas y rocas interminables destas playas,

las palabras como musgo crecen sobre las otras cicatrices

y así la isla es una gran costra de barro y lluvia

y cuerpos que vamos dejando en los cementerios de la memoria llena de agua así el mar es una tumba sumergida

a

la que van a dar los ríos como árboles

o

astillas que alguna vez en el futuro alumbrarán las nuevas rutas

esas mismas que ahora huyen

y son sólo palabras como pájaros

que nombran estos paisajes, palabras,

palabras sin gargantas, sin faringe, sumergidas en sus propios pulmones, palabras que arrastra el mar hacia las orillas iluminadas como restos de naufragios o poemas perdidos en la inmensidad, en la hoja interminable del paisaje

o en el negativo

de la cámara fotográfica.

II)

Sólo este mar revoloteando

1)

No puedo llegar al cielo, las carreteras hacia el sur se las llevó la lluvia, los palafitos esconden su miseria al fotógrafo

**

los palafitos esconden su miseria al fotógrafo  ** * * no llegaré al cielo, el

*

*

no llegaré al cielo, el cielo es un ojo vacío y negro en el viento apagando las últimas estrellas que nos quedan.

2)

Los caminos se cruzan se saludan y se van, mientras me descubro como un pasajero desde mi mirada hacia

la puerta.

Soy un pasajero de 365 días, de minutos, segundos

y de mí mismo:

con los boletos en el bolsillo los años van pasando

a toda velocidad del bus.

3)

He visto cruzar Los Andes en un poema que crece con el pasto, he visto manzanas entre el trigo que ya no está entre papales y papeles que se negaron a florecer en los números de finanzas, veo manzanas en el mantel como una miga de sol caída en la canasta, veo manzanas que ya no recuerdo desde la última exportación, veo canastas que ya no existen.

“La isla en el cuadrante de los ojos como un faro”

4)

A veces el viento azota tan fuerte a las estrellas contra las ventanas que parecieran van a soltarse de sus amarras quedando a la deriva como una lancha que ha perdido el eje en plena tormenta. Es entonces que el viento llena de gaviotas saladas el aire, gaviotas que atraviesan las miradas que van a tierra en busca de refugio son estas veces las que hacen florecer un rezo lleno de arterias lleno de árboles y canales porque una mano invisible llama a la puerta y aparentemente sólo es el mar y el viento abrazados en enloquecida danza, sólo el mar revoloteando huyendo de su jaula.

“En el norte quiero ser un palafito en medio del cemento, mientras los blocks despiden a sus muertos en la vereda de la calle.”

II

Sin horizontes ni espejos que nos vean

En el Sur soy un afiche que no permite entrar al viento, por las rendijas de mi palafito.”

1)

Chiloé, en medio del desierto de una guía de turismo es un palafito, el mundo es un palafito que se lleva el mar lleno, el sol un palafito hipotecado sobre el cielo azul de la postal entre mis manos, sobre el cielo azulado y las puras brisas que cruzan - barriendo - este puro cielo campo azulado de estrellas y barro en medio deste cielo azul imaginado, en medio deste puro campo cristalino donde azul es tu cielo de flores bordado.

La isla en el mapa como una mancha de tinta.”

2) (Vista al mar)

En esa isla interrumpida por el mar, por la isla detenida, en estado de emergencia,

las gaviotas fueron cercenadas por la arena

desde esa playa donde el amor salvajemente transpiraba las orillas y los soles y lluvias pegados a los techos como el pasto en el paisaje,

desde esa playa en donde los esqueletos de los viajes tienen que ver con restos de naves y fantasmas adheridos a la madera y a los clavos de sus perdidas rutas,

desde esa playa, allí mismo de la orilla y el viento de las raíces mismas de la memoria,

desde esa playa donde las plumas de la noche, etc.

desde esa playa salieron de golpe mis piernas, por un decreto falso que me hizo abrir los ojos bajo el sol de la ampolleta.

3) ( Frente al espejo)

Sólo quedan desperdicios esqueletos de peces

- CUIDADO CON LOS VIDRIOS -

El paisaje es un mendigo que pasa recogiendo miradas que no lo dejarán dormir en la esquina de esta plaza…

Después de un trago y Otro, en sus ratos libres, las prostitutas recortan estrellas de cartón para pegarlas en el cielorraso de sus propias esperanzas

y

rezan a la virgen

y

a la animita de Nercón

entre sábanas y besos van dejando un poco de sus cuerpos,

y pasan anónimas por el lente de la cámara,

pasan…

Pasa Pedro, Juan y Diego…

Paso yo, medio a medio en la fotografía medio a medio en la retina eléctrica de los días.

El tiempo, la memoria todas las pulsaciones las raíces pasan en discos compactos almacenados para el futuro.

4)

Venid y encended mi corazón apagado por la lluvia

mi corazón y otras pertenencias

hundidas en el pezón de la memoria allí queda un fogón

y brasas que se niegan a morir

velas consumidas en el recuerdo restos de paisaje flotando en el agua.

Mi corazón o las costillas de un bote

destruido en la corteza de viajes contra la corriente

las interminables mareas y viento

siempre en contra nuestro.

Mi corazón o mares interiores

rutas de navegación cartas de navegación

y montes arrasados por la arena.

Venid y encended mi corazón,

a pesar de las lluvias

que seguirán siendo nuestros únicos latidos. Venid y encended mi corazón apagado por la lluvia.

IV

Como nosotros mismos bajo este mismo árbol.

1) (paisaje de tejuela y zinc)

A veces viene la muerte

a

esclarecernos los ojos

y

a mostrarnos la madera

de la que estamos hechos,

descubrimos entonces

que

sólo con magia hemos cubierto nuestras miserias y encendido el farol de nuestros pechos, esta ha sido la luz o las luces

a las que parejas enamoradas encomiendan

sus deseos y sueños en la punta de Ten-Ten.

detrás de los ángeles tejidos a crochet

Sólo la magia nos ha hecho resistentes al olvido

y al picotazo del alfiler que de vez en cuando sentimos clavarse en nuestra espalda, con magia hemos lamidos nuestras heridas

e invertidos las constantes derrotas.

Sólo la magia y las palabras

o las palabras y la magia

que suben y bajan en las gargantas como las mareas o las corrientes en nuestros cuerpos flotando en la orilla

porque el gusano igual no más ha penetrado hasta los solitarios huesos del alma

y sólo la muerte ha venido

a esclarecernos los ojos.

2)

Algún día será el recuerdo

la memoria animada con efectos sonoros el ADN conservado en frío junto a otras semillas.

El recuerdo será la memoria fría

que por genética sabe surcar los cielos

y las sombras

y con el farol del pecho encendido salir desde la madera muerta

Algún día desde el espejo saldrá la palabra, la voz, esa fogata que estamos esperando desde la primera quila florecida

y el paisaje, tal vez, no sea nada más que otro ojo preguntando.

En el centro soy un palafito en medio de la gente.”

3)

La ciudad está llena de ojos, de puertas, de espaldas,

soy un palafito en medio de luces y ventanas de edificios vacíos

la ciudad tiene colores y sirenas tiene innumerables brazos y piernas

y besos y desnudos,

aquí el semen no se mezcla más que con alfombras

o suspiros vigilados

la ciudad nada tiene que ver con el espontáneo crecimiento de las ojeras

y el secreto aplastamiento de los pastos

la ciudad está llena de bosques y casas que no dejan ver el bosque,

tampoco la ciudad es la tierra prometida.

4)

Me descubro como un palafito entre árboles y cerros escondido a la fuerza,

me descubro en mangas de camisa, con palas en mis manos haciendo caminos entre las hojas y el barro,

cunetas y jardines son palabras nuevas que crecieron en mis labios, sólo ahora, en el derrumbe destos días, que también se perderán en el bolsillo roto de la memoria.

La isla en el centro del mar como una caja de sorpresas en medio de la calle.”

5)

Soy un palafito desplayado

a una planilla de suel(d)o mínimo, como los Huilliches y Chono

a Crónicas de Indias.

6)

Soy un palafito de alerce

en las vitrinas

para los turistas

mi hablante lírico

me mira desde la fotografía de la pared

donde quedó para siempre como un palafito.

- Yo lírico -

Todos nosotros somos los palafitos, nunca más seremos las gaviotas esperando a los barcos que vinieron a dejarnos sin horizontes escondidos las paredes secretas del poema buscando inútilmente la salida de los pájaros.”

V

Como índice:

Págs.

I…… Sólo esta noche interminable paseándose en la playa.

II…… Sólo este mar revoloteando

12 a 18

19 a 25

III……Sin horizontes ni espejos que nos vean.

26 a

32

IV……Como nosotros mismos bajo este mismo árbol.

33 a

42

V………Como Índice:

43

Los Palafitos…

…Del Paisaje.

…Del Paisaje

Indice

Prólogo Los Palafitos… Del Paisaje Escritura en el bordemar de la historia / 3 Sergio Mansilla Torres

I:

Sólo esta noche interminable paseándose en la playa / 12

II:

Sólo este mar revoloteando / 19

III:

Sin horizontes ni espejos que nos vean / 26

IV:

Como nosotros mismos bajo este mismo árbol / 33

V:

Como índice / 43

Fotografía del autor Mario García Álvarez (Chaitén, 1964) Tempranamente integra el Taller Literari o “Aumen”

Fotografía del autor

Mario García Álvarez (Chaitén, 1964) Tempranamente integra el Taller Literario “Aumen” de Castro. Ha publicado en revistas nacionales de poesía: “Aumen”, “La Gota Pura” Nº 9 (Stgo.), “Simpson 7” Vol XI(Stgo.), “Pewma”(Temuco), “Rayentru” Nº 15, (Stgo.) “La Servilleta de Papel”(La Serena), “Hispanorama” Nº 87 (revista de la Asociación Alemana de Profesores de Español, Alemania), “Tela de Rayón” (Argentina), Textos (EE.UU). Figura en el Diccionario Biobibliográfico de Escritores Chilenos Jóvenes y Autoeditados de la UTEM. y en antologías como:

“15 Poetas desde el Agua/lluvia” (Selección José Teiguel. Edit. El Kultrun, Valdivia, año 1993), “Zonas de Emergencia - Poesía - Crítica. Poetas Jóvenes de la X Región” (compilación y edición de J. Velásquez y B. Colipán, Paginadura Eds. Valdivia, 1994). Abrazo Austral: Poesía del Sur de Argentina y Chile (Selección y Prólogos: María Eugenia Correas / Sergio Mansilla. Eds. del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, año 2000). Su producción literaria ha sido reconocida en diversos certámenes destacan el primer premio en el concurso “Arco Iris de Poesía” (Pto. Montt, 1982). Primer lugar en el concurso “Nacional de Poesía del Consejo de Defensa del Niño” (Stgo. 1983), en las versiones de 1984, 85, 86 y 87 de “Concurso de Poesía Universitaria: Semana de la Hispanidad” (Universidad de La Serena”, IV región), el Premio Único del Concurso de Poesía “Benigno Ávalos” (SECH, filial IV región) por la primera versión de “Los Palafitos…Del Paisaje”, la mención honrosa en los “Juegos Literarios Gabriela Mistral 1989” (Municipalidad de Santiago), y en el Concurso Nacional de Poesía: “El Joven Neruda” ( Municipalidad de Temuco, Año 1999) El año 1995 obtiene la BECA ESCRITORES NORUEGOS-SOCIEDAD DE ESCRITORES DE

CHILE para Escritores menores de 35 años, también la BECA PARA ESCRITORES DEL CONSEJO DEL LIBRO Y LA LECTURA (año 1995) la BECA PARA PROFESORES Y BIBLIOTECARIOS, DEL CONSEJO DEL LIBRO Y LA LECTURA (año 1999). Obtuvo la BECA DE PASANTÍA EN EL EXTRANJERO, EN ESPAÑA, UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES (MINEDUC, AÑO 2000). Se tituló de Profesor de Estado en Castellano y Filosofía (Universidad de La Serena); fue

Presidente de su Carrera (periodo de 1986 a 1987)

y uno de los fundadores de la filial IV región de la

Sociedad de Escritores de Chile. Actualmente es Presidente de la Filial Chiloé de la Sociedad de Escritores de Chile. En el Liceo Politécnico de Castro desarrolló una labor formativa con alumnos del Establecimiento, con los cuales participó representando a la comuna de Castro y Provincia de Chiloé en los Encuentros Comunales, Provinciales y Regionales de Talleres Literarios de la Secretaría Regional del MINEDUC

(años 1989 y 1996); y dirigió la publicación del

Taller Literario “Primeros Escritos Nº 4” y “Chilpen”

5, 6 y7.

En su calidad de profesor ha participado en el diseño y elaboración de material curricular y publicado en co-autoría la Guía para el Alumno y el

Monitor del Plan de Lectura Sostenida, Primer Nivel (año 1999) y Segundo Nivel (año 2000). Ha publicado los siguientes libros de Poesía:

- Poemas In-púbicos Eds. Barba de Palo, Julio de 1995. Valdivia, Chile Portada: Germán Arestizabal. -(Des)Pliegues de Papel y Follaje.-Eds. Barba de Palo Julio de 1995 Valdivia, Chile Portada:

Roberto Arroyo.

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