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EN

1879

POR

PEDRO DE SANTIAGO

Imprenta

1899.

de Antonio

Alvarez,

MADRID .

CONCHA

Barco,

20

GUERRA DEL PACIFICO

BREVE RESENA HISTÓRICA

DE

LA

l . l Uli : I DEL PACIFICO

EN

187 9

POR

PEDRO

DE SANTIAGO

1899.

CONCHA

Imprenta de Antonio Alvarez, Barco, 20 MADRID .

GUERRA DEL PACIFICO

CAPÍTULO

PRIMER O

Causas que motivaron l a guerra

La llamad a guerr a del Pacifico, guerr a entre Chi-

le,

por parte de la primer a

de 1879. Estando en litigio los límites eutre Chile y Boli- via por el lado de Atacama , pactaron primero entre

amba s naciones, bajo la administración del general Melgarejo en Bolivia, y de D. José Joaquín Perez en

de Mejillones de cuestión. Poste - la propiedad ín-

tegra de Mejillones á Bolivia, sino tambié n la del territorio donde se halla el mineral de plata dé Ca- racoles, descubierto por el ciudadano chileno don José Díaz Gan a y explotado por chilenos y la de la población de Antofagasta, formada por chilenos en el desierto de Atacama .

Chile, explotar por mitad el guan o Bolivia, próximo s al territorio en riormente , Chile reconoció no solo

añ o

violentamente

Per ú y Bolivia, estalló y comenzó

de

esas

Repúblicas,

el

P o r su parte , el gobierno

de

Bolivia

se

compro -

metió á n o molestar ni grava r

la

industria

chilena

6

en aquellos parajes, y a fuera en minerales de plata ,

y a

aquellos

territorios por uno s pocos año s (sin que nad a le pro- dujeran).

apode-

rad o del mand o en Bolivia, y que er a el Presidente

de es a República el añ o de 1879, faltando á lo pacta- do, grav ó con diez centavos por quintal la industria

sociedades

chilenas, y al reclama r el gobierno de Chile, justa-

ment e alarmad o por tal abuso , el gobierno boliviano anuló tal decreto/par a reemplazarlo por otro teme -

rario de expropiación salitreras.

tales

salitrera de Antofagasta., perteneciente á

-

en salitre, etc. Bolivia estuvo en posesión

tranquila

de

El general D. Hilarión

Daza, que se había

en

favor

de Bolivia de

El gobierno chileno mand ó entonces en el acto

s u s buque s de guerr a al puerto de Antofagasta, y

sin má s trámite s tom ó posesión de él bajo el nom -

b r e de reivindicación.

L a s autoridade s bolivianas se retiraro n á Cobija,

protestand o de pojo, sin habe r

conciliación y apoyándos e solo en la superioridad

ese acto violento y abusivo de des- apurad o ante s Chile los medios de

de la

fuerza.

Tra s la ocupación

tranquila por

los

chilenos

de

Antofagasta, vino la de Caracoles, tambié n sin

re -

sistencia por parte de los bolivianos, pues era n

lu-

gare s desguarnecidos, y sucesivamente la del peque-

ñ o pueblecito de Calama , al interior; después de cor-

t a resistencia , l a

de todo el litoral boliviano.

Alarmad o el Per ú por tales atropellos, censuró

d e Mejillones , Cobija , y po r fin l a

acrement e

su prens a medida s ta n

violentas.

El gobierno Peruan o

envió como unos 2.000 hora-

1

bres de tropa, en dirección á la frontera del terri- torio invadido, al puerto de Iquique, como medida

de precaución.

L a prensa, casi toda, de la Améric a española,

censuró,

lo mism o que la del Perú , tales actos del

gobierno

de Chile, como abusivos y

temerarios .

El presidente del Per ú en aquella fecha, General

D. Marian o Y. Prado , creyó conveniente enviar á

Chile á D. José A. Lavalle como mediador entre

Chile y Bolivia. Al llegar Lavalle á Valparaíso, en

Marz o de 1879, tuvo lugar en ese puerto, el

mism o

día de su llegada, un meeting en la plaza de

la In-

tendencia. En él los oradores vociferaban con furor

e n contr a del Perú; tildaban á este país de infame y corrompido, traidor y desleal, enemigo oculto de

Chile, y al cual, decían, debían ellos castigar. Decían también, que el recien llegado mediador los quería engaña r con su misión, que ello, como todo lo de los

maldad . Que existía u n pac-

y Bolivia contr a Chile y que

Peruanos , er a felonía y

to secreto entre el Per ú

e r a preciso romperlo, y castigar severament e tant a •osadía. Los oradore s de ese meeting extraviaba n

opinión pública, agitand o y pre-

d e esa maner a

disponiendo á las masa s al odio, á la venganz a y al desenfreno de las pasiones; mal funestísimo, tanto

-más funesto, tratándos e de un público inconsciente,

de

-gent e

A s i sucedió, que aquella mism a noche, el popu-

lacho exaltado , se fué directamente y en manifesta-

apedreó ,

y en días posteriores hubo nueva s y grave s tropelías

del

todo

la

de masa s

populares,

compuesta s

generalment e

ignorante.

ción

y

tumultuosa al consulado peruan o y

de

géner o

en

lo

manifestaciones

contr a

Perú .

8

-

 

L

a

prens a de Chile se desató en improperios

con -

t

r a

el

que creían su alevoso

enemigo.

 

Llegaba n mientra s tant o á Chile

procedent e

del

Perú> noticias abultada s de odiosidad y encono. L a

con

rabi a é

predisposición de ánimo ,

bien se comprender á que la misión de Lavalle, por

prens a de Lim a insultaba á

indignación.

E n tal situación, con tal

Chile y lo provocab a

buen a y noble que fuera, teníaqu e fracasar

puescho -

cab a con el desbordamiento de las mala s

pasiones.

El

resultado

pues

de

esa

mediación

amistosa ,

queriendo ingerirse con ta n

la cuestión, fué par a el Perú , el que

buena s

e n

tergiversándose

fía

intenciones

por

l o s hechos , se le insultar a y se le declarar a

la,

guerr a por part e d e Chile e n

Abril

d e

1879,

baj o

la

administración de D.

A.

Pinto .

Cargand o

Chile

por tant o con las responsabilidades consiguientes d e la

y

cortad a la amista d entre pueblos hermano s y veci-

nos, comenz ó tremenda , un a guerr a de exterminio,

guerra .

Rota s temerariament e

las

buena s

relaciones,

de odios

y venganzas . Al recibirse

en Lim a

la

noti-

cia

de la

declaración

de guerr a por Chile, hubo

gra n

indignación, manifestad a en numeroso s meetings,

la prens a redobló su s ataques , poniéndose tremend a

é indignad a por demás , y la de Chile, furiosa y grient a á su vez .

El gobierno del Perú , por su parte, cometió la im-

prudencia de expulsa r del territorio peruano , á to- dos los chilenos, enviando co n es a medid a soldados

confisca-

al enemigo; y

ción de bienes chilenos.

co-

mercial , y el de Chile hizo otro

saa -

el de Bolivia á

su vez, la

de

El Congreso peruano , decretó la

tanto .

interdición

Bolivia

9

reinab a

extraordinaria

efervescencia y gra n entusiasmo guerrero. Los pe-

ruanos , llevados de su patriotismo, ofrecían al go -

bierno vidas y haciendas en defensa

En Chile, Per ú y

de la

patria.

CAPITULO

II

L a escuadra chilena bloquea Iquique.—Situación

mo-

nitor, Huásca r y l a corbeta Unión.—Desastre

del Per ú al estallar la guerra.—Hechos

del

de l a escuadra peruana.

L a guerr a tenia que ser marítim a má s bien

q u e terrestre; lo demostraba n así las di!atadas„cos-

t

del Per ú y Bolivia; Chile mand ó inmediatamen - te su escuadra , compuest a de dos poderosos blinda- dos , el Blanco y Oochrane, d e la s corbeta s d e mader a O'higgins, Chacabuco y Esmeralda, l a cañoner a Maga- llanes, el trasport e d e guerr a Covadonga, y vario s trasportes y buque s menore s al puerto peruan o Iquique, capital de Tarapacá , puerto comercial de bastant e importanci a por la exportación del salitre, y entablaro n su bloqueo en Abril de 1879.

es-

peraba, se encontró

a s del Per ú y Chile, los largos y penosos camino s

El Per ú sorprendido con una

desarmad o

guerr a

por

que

y

n o

ma r

tierra;

s

u

s buque s de

guerra ,

mu y inferiores

en númer o y

s u mayo r

poder á

los de

Chile, se

encontraba n

en

parte desarreglados ó en ma l

estado; con el enemigo

y a en casa , tuvo el gobierno peruano que arreglar "

los precipitadamente turalmente , por falta

El Per ú tenía los buques siguientes: el monitor

Huáscar y l a fragat a blindad a Independencia, do s bu -

especialmente

, el Manco Capac y com o buque s d e tranquilas; la cor-

bet a Unión, buen a especialment e po r s u andar , l a

ques regulares en poder y

el primero ; do s monitore s más

Atahuatpa,

combate , buenos solo par a bahía s

sin que que quedara n bien, na -

de

elementos y

tiempo.

velocidad,

pesado s y

cas i inútile s

cañoner a PiUomayo, pequeñ o y ligero buqu e

d e

ma

-

der a y los trasporte s Oroya, Chalaco, Limeña,

etc .

El Per ú apena s tenía

cosa

de tres

mil

hombre s

de ejército cuand o comenz ó la guerra; tuvo que im-

provisar

por

tanto

batallones

y

formar

ejército;

y

proveerse de armament o

en Europa,

con

grande s

dificultades á caus a de la neutralidad de las nacio - nes par a con los beligerantes.

en

bancarrot a cuand o estalló la guerra, pesaba sobre

él un a enorm e deud a extranjera , cosa de 200 millo-

P o r

otra

parte ,

el

Per ú

se

encontraba

casi

n

e s de pesos,

deuda

contraída

en

su

mayo r

parte

de la maner a

má s imprudente

durant e

la

adminis -

tración del coronel Balta, par a obras

cialmente par a vías férreas de gra n coste é impro-

deuda

ductivas

n o se efectuaba hacía y a tiempo por falta de medios,

públicas, espe-

por mucho s años . El servicio de esa

el

país por

tanto

no

contaba

con

crédito

mayor -

mente .

 
 

El gobierno peruano comenzó á enviar en

gran -

de escala tropas (improvisadas) al departament o de

Tarapacá , com o lugar de reunión del ejército. Gra n

peligro corrían esas tropas de

ser apresadas

por

el

enemigo que bloqueaba Iquique.

Mucha pericia

de-

mostraba n los marino s peruanos en tales expedicio-

iies ta n arriesgadas , conduciendo tropas casi éti presencia del enemigo.

Los chilenos,

mientra s tanto , se hallaban

suma -

ment e aburridos con su inútil y prolongado

bloqueo

direc -

expedició n chilen a compuest a dft

los blindado s Blanco y Cochrane l a Magallanes etc. , a l

mand o del contralmirant e

ó

provocar á la marin a peruan a que hacía tiempo es - peraba n ellos en Iquique y cuya tardanz a tildaban de cobardía.

manteniend o el blo-

que o á l a corbet a Esmeralda, a l mand o d e Artur o

Prat , y á l a Covadonga a l d e C.

Mientras Wiliams Rebolledo navegaba» en alt a

m

mandad a

por

convoy con uno de los trasportes y al abrigo de l a

costa llevando al Sur del Per ú al Presidente general

Prado . Llegados que hubieron

President e envi ó act o continu o al Huáscar é Indepéw-

puert o d e Iquique . ¿Al arriba r esto s á aquél puerto, encontraro n sola-

ment e á lo s buque s chileno s Esmeralda y Covadonga, dirigiéndose inmediatament e á ellos, los peruano s les intimaro n rendición, y la contestación de los chilenos fué la de ¡fuego al enemigo! trabándos e entonces un desigual y reñido combat e entre el mo - nito r Huáscar y l a corbet a de mader a Esmeralda. E l Huáscar carg ó sobre ella y embistiéndol a co n s u es - polón la partió com o un a granada . Al chocar am -

Prat ,

b o s buques , el comandant e

t á n

a r haci a el Callao , el Huáscar a l mand o del capi -

el objeto, al parecer, de observar,

ción al Callao un a

d e Iquique .

Al

fin

salió

d e aqué l

puert o

co n

Wiliam s

Rebolledo,

de

encerrar ,

con

Había n dejado los chilenos

Condell .

d e navi o

M. Gran ,

y

l a

Independencia

el de igual graduación Jua n Moor, navegaba n en

al puerto de Arica, el

dencia a l vecin o al siguiente día

d e l a Esmeralda

A .

13

tuvo el temerario arrojo

de

lanzars e

solo

sobre

la

cubiert a del Huáscar, siend o

muert o

po r

un o

d e

l a

tripulación de este buque; acto que

reprobó el

noble

y

ment e la muert e de tan arrojad o y valiente marino .

sincera-

brav o

comandant e

Grau,

lamentando ,

Inmediatamente , por orden de su comandante ,

fue-

r

o n arriado s los bote s del Huáscar,

procediend o

al

salvament o de los náufragos entre

exclamaciones

d e gratitud dada s por los mismo s en favor

del

Per ú

generoso . Mientra s est o pasab a entr e el Huáscar y l a Esme- ralda, el vaporcit o Covadonga, aprovechand o s u poc o calado, huía rozando la costa, casi sobre los arrecí, fes, de s u poderos o enemig o el blindad o Independen-

cia que , siguiend o su s aguas , haci a persegui r d e cer - ca su temerario é inesperto comandant e Moor. Bien caro le costó al Per ú tant a imprudencia, pues siend o el Independencia buqu e d e gra n port e y po r consiguiente de mayo r calado, no podía natural - ment e arriesgarse tant o como su pequeño enemigo navegand o ta n próximo á la costa, así sucedió que,

d e pronto , el Independencia s e detuv o bruscamente , habí a chocado contra un a roca oculta por el agua .

Al apercibirs e d e est o el

vez, y enseguida retrocedió sobre su inmóvil ene-

migo; lanzó el fuego sobre él, y se trabó un a encar- nizada y desigual lucha entre el buque náufrago y

Covadonga,

s e

detuv o

á

s u :

s

u libre y salvo

enemigo.

 

En medio de la lucha desembarcaba n

y

se-echa -

b

a n

á los botes

bajo el

fuego

enemigo

los

infelices

náufrago s

del

Independencia.

 

El Huáscar

s e avist ó entonce s al Norte ,

y

al

ver -

lo

Condel l (comandant e

del Covadonga)

abandon ó

s u

presa y huyó

precipitadamente.

 

14

Gra u se dirigió al lugar de la catástrofe par a sal -

v a r

persegui r a l Covadonga.

Salvado s esto s po r el Huáscar, el Independencia fu é

quem a io por orden de su comandant e

el

Per ú la mitad de su fuerza marítima. Quedó solo,

pued e decirs e el Huáscar e n vist a d e l a insignifican - cia relativa de los demá s buque s peruano s par a con- trarresta r ásu s poderosos enemigos ¡Y en verdad que se lució el monitor peruano! Er a su comandant e

igual-

consiguiente

á

los

náufragos,

y

no

pudo

por

Moor.

Así,

por

un a tremend a

imprudencia,

perdió

Gra u un hábil y valiente marino . Era n bravo s ment e todos sus tripulantes.

o el Huáscar po r larg o tiemp o e n continu a

Sus atrevidas excursiones te - á su enemigo. Visitó varios

puertos chilenos indefensos y se retiró sin ofen-

derlos ni dañarlos en lo menor , su presencia se hizo temida, y su nombr e se hizo célebre. Un a noche se presentó de súbito en Iquique en busca de traspor-

t e s enemigos , s e lanz ó sobr e e l M. Cousiño, descon - certó al enemigo sorprendido, y se alejó casi rozan- do con uno de los blindados enemigos. Se presentó

u n

dirigió á los fuertes, y sostuvo durant e alguna s ho -

r a s u n reñido combate, retirándose en seguida sin

día en el puerto fortificado de Antofagasta, s e

alarm a á los chilenos. nía n siempre en jaqu e

Tuv

ataca r

la población. Hizo presas de buque s mer -

cante s

que envió al Callao.

en -

cuentr o co n l a Magallanes,

balas sin mayo r daño , y que habí a sido

enviada al Sur de Chile á las órdenes del capitán d e navio , A. García y García, según parece en busc a de buque s con arma s par a Chile, «ntr ó al puerto chi-

el cua l s e había n cru -

zado alguna s

L a corbet a

Unión,

qu e

habl a

e n

tenid o

y a

u n

15

Jeno de Punt a Arena s en el

estrecho de

Magallanes,

pidió á las autoridades del lugar víveres frescos

le fueron

en lo má s mínim o es a población indefensa.

cor-

bet a a l Huáscar, y sorprendiend o u n dí a a l transpor -

ofender

qu e

enviados, y se retiró enseguida sin

De regreso de esta

expedición, se unió esta

t e chilen o Rimac

lo

apresaro n

co n

tod a

l a

trop a

y

arma s que tenia

y lo enviaron al

Callao.

 

Varia s vece s

corri ó peligr o

el

sado por su

Huáscar d e se r apre - jurad o apresarlo á

más , siempre, debido á su buen andar ,

enemigo, que

había

toda costa,

escapab a de las garra s de estos, má s poderosos que él; Gra u comprendía bien que la pérdida de ese

buque er a la pérdida del poder marítim o del Perú , y

la pérdida

les procedía con

No se debió pues habe r expuest o y a por má s tiem- po á ese buque que tantos servicios habi a prestado,

y cuy a

solvió,

de trasportes haci a Antofagasta,bajoelmandosiem -

pre de su antiguo comandant e Grau , que en premio

á sus méritos habí a sido ascendido por el Congreso

del Per ú al grado de contralmirante . Le acompaña -

Unión, baj o el man -

do siempre del capitán de navio A. García y García.

Llegaron á Antofagasta; y regresaba n y a de su ex -

pedición, sin habe r alcanzado su objeto, cuando ,

la altura de Mejillones, divisaron buques que venian

á'sú encuentro y les cortaba n el paso; Gra n compren - dió desde luego el peligro que corría, veía, que el enemigo con fuerza superior lo alcanzab a y encerra -

ba; nó podía rehuir combate , á

pesar de su gra n in-

b a

conservación er a necesaria á su país. Se re- sin embargo,mandarl o un a vez má s en busc a

causa; consideraciones por las cua- sum a prudencia.

de su

e n est a expedició n l a corbet a

en

ferioridad, salvaría por lo meno s el hono r de su ban -

16

dera; meditabundo y silencioso te Gra u sobre la cubierta de su

pérdida comprendía; observaba atentament e los movimientos del enemigo cuya distancia veía aepr -

tars e velozmente , l a Unión s e abri ó haci a fuera ,

y escapab a rápidament o del enemigo que lo perse -

Huáscar natural -

ment e el objetivo principal de los Chilenos, y á él

s e dirigia n co, y otro s

J. J. L a Torr e y el segundo al de G. Ríveros. El

Huáscar, viend o imposibl e l a retirada , s e dirigió ha - cia tierra, y cerca de la bahia de Mejillones á la altu- r a de Punt a Angamos , hizo su primer disparo de ca-

ñ ó n sobr e el blindad o

éste esperó aú n estar má s próxim o par a contestar, bien pronto el combat e comenzó , tremend o y san -

griento ; el Huáscar, acometid o co n furo r po r s u pode - roso enemigo, cargab a como tigre rabioso sobre él presentand o siempr e l a proa ; el Huáscar arremetí a furioso, y sus bomba s y granada s iban á estrellarse sin mayo r dañ o sobre el grueso blindaje de los bu-

s

formidable s

ques chilenos. El combat e se haci a cad a vez me

encarnizado . E l Huáscar recibí a d e los

se paseab a el válien- '„ glorioso buque cuya

guí a d e cerca . Era , si n embargo , el

á tod ^ anda r lo s blindado s Cochraney Blan- buque s menores , a l mand o el primer o d e

Cochrane qu e vení a primero ,

cañone s

chilenos un a lluvia de fuego que lo des -

trozaba.

Su blindaje er a débil par a el calibre de los

proyectiles que le lanzaba su enemigo; s u cubierta • e r a barrida por el fuego enemigo; todo desaparecía, n el débi l Huáscar ant e el pode r d e los blindado s chilenos.

e

Miguel

Grau, que dirigía el mism o el combat e de su buqu e desde el puesto del comandant e en la torre del mo -

do ca-

nitor, fué de pronto destrozado por

El

brav o

é

infortunado

contralmirant e

un a bal a

— 17 —

ñon; desapareciendo así ese valiente y hábil marin o

e n medio del fragor del combat e y las lamentacio -

n e s

de todos sus

subordinados.

A Gra u sucedió en el mand o del buque el segun -

do comandante , Carvajal, y apoc o tuvo ese valien- te que ser retirado también de su peligroso puesto gravement e herido y casi ciego. Sucedió á éste, Aguirre, corriendo igual suerte; le siguió á éste E. Palacios, y acribillado á balazos ¡^tiraron igual-

ment e á ese valiente joven, sucediéndole por último

en el mand o

igual valor y energía que los anteriores. Oficiales, todos, tropa, marinería, en un a palabra, cuanto s tripulaban ése glorioso monitor, rivalizaban en valor y denuedo sacrificándose por su patria y por su honor .

no se veia má s en el monitor

peruano que sangre , cuerpos destrozados, moribun -

confu-

sión y espanto ¡lucha larga y tremenda! entre el rui-

d o infernal

de

comportándose éste con

P .

Gárezon,

P o r todas partes

dos, espirando en medio de

del

crueles

cañó n

dolores,

y

el

estampido del

fuego

fusilería se oían las voces de mando , los gritos de entusiasmo par a la defensa y los aye s de los inume - rables heridos.

po r últim o po r lan -

cha s enemigas cuand o y á el buque no se movía

casi por falta de gobierno; cuando sus tripulan-

cuand o es -

Cayó presa de los chilenos el

monitor peruan o tras un a tenaz y heroica resisten- cia, confesada por sds propios enemigos, según el parte ás u gobierno del comandant e Riveros jefe de la escuadra chilena victoriosa. Habiendo costado esta victoria á Chile alguna s pérdidas de vidas, má s

El

Huáscar

fué

abordad o

tes en su mayo r parte eran cadáveres, y

tab a todo destrozado.

2

 

-

18

-

á

las de

su

enemigo,

á

caus a

nunc a en,proporción <lel grues o blindaje

qu e

los

defendían .

 

Así

terminó

ta n

fatalmente

par a

el

Per ú

esta

tremend a

tragedia

t

marítima .

CAPÍTULO

III.

Continuación de l a guerra.—Salida del Presidente Prado para el extranjero.—Sublevación de don Nicolás de Piérola y su batallón.—Proclamase dictador.—Sangrientas batallas con numerosas ' bajas.—El ejército chileno entra en Lima.—Tra- tad o d e pa z y fin d e l a guerr a

Libre y a par a Chile el mar , pudo este en

fácil y

lo suce-

desembazadamente , y asi lo

con rapidez, siguiéndose entonces la guerr a te-

sivo maniobra r

hizo

rrestre.

Reunida s las fuerzas

chilenas en númer o

de

8

á.

10.000

hombres , fueron enviada s á Pisagua , pequeño

puerto

peruan o al sur de Iquique; allí habí a un a pe-

queñ a

guarnición

par a su defensa. Bajo el fuego de

los

cañone s de la escuadr a chilena desembarcaro n

las

tropa s chilenas, después de un a tenaz y temera -

ria

resistencia de esa cort a guarnición, resultando

bastante s bajas por amba s partes. Tomad o el puer-

to de Pisagua por los chilenos, se dirigieron estos d e allí por tierra al importante puerto de Iquique, situa-

lugar ante s un

ba -

j a s

do á cort a distancia de éste, teniendo

reñido encuentro en San.Francisc o con mucha s

por

amba s

partes.

— 20

-

En Iquique se había reunido un a parte del ejér-

cito peruano (como 4.000 hombres) al mand o del ge-

Buendía. Al aproximars e las tropas chilenas

ciudad, las fuerzas peruana s la evacuaron , y

se retiraron má s al interior, por no creerse proba- blemente bastante fuertes par a resistir y librar com- bate. Se posesionaron, pues, los chilenos de Iquique pacificamente, enviando inmediatament e tropas á Tarapacá , pueblo situado al interior de esa provin- cia, á donde se había retirado con sus fuerzas el

general Buendía. Se libró allí un a batalla,-en la cual vencieron los peruanos, y al retirarse derrotada s

las del general Buendía se diri- donde llegaron tras mil penali- la gra n distancia, que faltos de

recursos, de víveres, etc, tuvieron que recorrer, y los malo s y penosos camino s que á pie en su mayo r part e tuviero n qu e atravesar , llegand o po r fin exte - nuado s de cansancio allí, incorporándose en segui- d a al grueso del ejército que bajo el mand o del pre- sidente Prad o se había concentrado en Arica y Taena .

las

fuerzas al mand o del contralmirant e Montero, y po-

sa-

lió con dirección

supremo de

Vicepresidente

al extranjero, dejando el mand o

cos días después de haber llegado á esa

neral

á esa

las tropa s chilenas, gieron haci a Arica, dades causada s por

!¡ El general

Prad o

regresó

á

Lima ,

dejando

capital,

la

República

al

primer

genera l D. Luis L a Puerta.

D. Nicolás de Piérola, que había sido ministro de

Hacienda bajo la administracción

sé Balta, en el añ o 1870, y que después habí a aspi- rado varias veces al mand o supremo de la Repúbli- c a encabezando par a ello varias revoluciones, en las

cuales habí a sido siempre vencido, aprovechó la

del coronel D. Jo-

-

21

-

inoportuna salida de Prad o par a el extranjero, en

plena guerr a nacional, par a sublevarse con su bata -

llón, cuyo mand o le había conferido poco

gobierno, atacand o en Lim a al general L a Puert a y á las fuerzas que. lo sostenían, triunfando en sus propósitos (después de algunos encuentros y comba - tas en los cuarteles de esa ciudad, de los cuales tuvo- que retirarse hacia el Callao) por arreglos y conve- nios; cediendo el camp o y el puesto el general La Puert a par a evitar mayo r derramamient o de san - gre y mayore s calamidades al país, proclamándos e entonces Piérola dictador.

ante s el

Sur de la.

República, en Tacna , se reunían las tropa s aliadas del Per ú y Bolivia, bajo el mand o del general Cam - pero, Presidente de Bolivia, estando bajo sus órde- nes el general Montero, jefe de las fuerzas pe- ruanas .

Mientras esto acontecía en Lima, en el

El ejército chileno al mand o

nuel Baquedano , y del ministro

del general D. Ma-

Guerr a

chileno de la

en

campañ a D. J. L. Vergara , se dirigió hacia Tacn a

en

busca

del ejército

Perú-boliviano, desembarcan -

do

con facilidad en la caleta de Sama , de esa pro -

vincia y marchando , rápidament e sobre el ejército

avistaron ambo s ejér- y allí se libró un a en-

carnizad a batalla, quedando vencedore s en ella los

gra n lucha con numerosa s bajas apoderándose en seguida éstos de

la importante ciudad de Tacna , capital de ese de- partamento ; retirándose las tropas aliadas, derro - tadas , las bolivianas á su país, y las peruana s hacia. Lima. Destacó en seguida de su ejército el general

Baquedan o un a expedición como de 4 á 5.000 hom -

chilenos tra s un a de amba s partes;

aliado. Pocos días ¿espués se citos en el alto de la Alianza,

— 22

bre s hacia Arica, principal puerto de ese departa -

mento , ocupado por un a cort a

cito peruano, al mand o del valiente coronel

nesi , y e n cuy a rad a estaba n los monitore s

Capac y Atahualpa,

barco s

Bolog-

Manco-

ejér-

guarnición

del

cas i

inútiles ,

á

pesa r

d e

lo much o que había n

costado.

 

Al llegar las tropa s chilenas por tierra,

cerca

de

Arica, su jefe envió

un

parlamentari o

á

Bolognesi

par a que se rindiera y

entregar a

la

plaza,

la

con -

testación de éste fué, un rechazo enérgico,

diciendo

á

ese parlamentari o

que

se

defendería

hast a

que-

m

a r el último cartucho; cosa

qn e

efectuó

asi,

pues

los chilenos atacaro n en seguida con

gra n

denuedo

la plaza, siendo la

resistencia

de

esta

heroica

po r

demás , pereciendo

en ella casi todos sus

defensores,

vencidos solo por la fuerza

abrumador a del número ,

que er a en extrem o desproporcionado,

sin

rendirse

nadie, siendo ello un a verdader a

hecatombe ,

heroicamente

en

la

Blon-

cual, con Bolognesi, perecieron del, A. Ugarte , Moor y mucho s

otros jefes

notables,

junto s con sus valientes

soldados;

ocupando

los

chilenos Arica y el Morro, donde

estaba

su

princi-

pal

sangre ; siendo al mism o tiempo echados á pique

fortaleza,

pisando

sobre

cadávere s

y

rios

de

por

su comandant e

J. Sánche z

en poder del

Lagomarsino ,

á

fin

de

que no cayera n

enemigo

al

creer

que

no podía y a hace r

nad a

con

ellos,

los

monitores

Manco-Capac

y Atahualpa,

d e

qu e

y a

s e

h a

hablado .

Así ocuparon los chilenos todo el Sur de la costa pe-

ruana , perdida por los peruanos

con

tant a

desgra-

cia y fatalidad después de ta n sangrient a lucha.

larga y penosa

cuant o

 

En

Lima, mientra s pasab a ésto en el Sur del

Pe -

r ú ,

se

preparaba n con gra n

afán

par a la defensa

de

 

-

23

-

ciudad. Se improvisaban

fortalezas á su

alrede-

e s a d o r

y se organizaban batallones, yendo á ella hom -

engrosa r

además,batallones , titula -

compuestos de hombre s de todas

desde la má s encumbrada , en ca-

lidad de soldados; siendo ejército, el mismo dictador

El ejército chileno, concentrado en Tacna , com-

puesto como de unos 25.000 hombres, al mand o d e

Baquedano , se dirigió hacia

guarniciones en todas las poblaciones de la costa S u r del Per ú ocupada s por ellos. El general Linch desembarcó con un ejército co - m o de 2.000 hombre s en el puerto de Pisco, al sur

de Lima, que ocupó sin resistencia, y se fué por tie-

r r a hacia Lim a á la

ejército chileno á las órdenes de Baquedano . Des- embarcó Baquedan o en Lurín, puerto inmediato á

Lima , sin ser molestado en lo má s mínimo, y se di- rigió en seguida con todo su ejército á Sa n Juan ,

de Lima. Se

libró alli un a reñida batalla, en la cual vencieron los

chilenos; con gra'ndes bajas

guiendo rápidamente y sin detenerse éstos sobre

de lindos palacios, lu-

g a r de lujo y placer, en cuya s inmediaciones, en el

bata -

lla,

des pérdidas, numeroso s muerto s y heridos de am - bos ejércitos; ocupando después los chilenos esa linda población de Chorrillos, que incendiaron bár- barament e por completo. De ahí se dirigieron los chilenos, á Miraflores, otra linda población mu y in-

Chorrillos, hermos a población

por amba s partes; si-

punto distante como una s tres leguas

vez par a reunirse al grueso del

Lima, después de dejar

este

bres de todos los ámbitos de la República á

s u s filas, formándos e allí

dos de la Reserva, las clases sociales,

general en jefe Piérola.

el

de

morr o Solar, se libró otra reñii a y sangrienta

que igualmente ganaro n los chilenos, con gran -

24

mediat a á Lima , com o una s dos legua s distant e de-

e s a ciudad, donde se libró otr a gra n batalla, pelean-

-

-

do

en

ella especialmente

los batallones de la Reser -

v

a

de

Lima , compuestos

en su mayo r part e de ca -

balleros de las mejores familias del país. Fu é igual- ment e advers a la suerte al Per ú en esta otra san - grienta lucha, en la que perecieron millares de hom - bres de ambo s bandos y hubo numeroso s heridos Los chilenos nuevament e vencedores, ocuparon tras resistencia tan tenaz el pueblo de Miraflores, y lo incendiaron igualmente por completo, lo mismo qué el Barranco , otro lindo pueblecito inmediato á ese y á Chorrillos.

Piérol a se intern ó á la Sierr a del Per ú después de- esta s derrotas, y los chilenos ocuparon Lim a po -

cos dias después de

donde permaneciero n algunos meses. Durant e esta ocupación militar, el general Ba - quedan o envió al Norte del Per ú un a expedición com o de 2.000 hombre s al mana o del general Linch;

el cual fué tomand o ciudades, y a casi sin resistencia,

estas batallas, en Enero de 1881,

é incendiando y taland o sus

campos .

El general

Baquedan o

al

retirarse

victorioso

á

en el

Chile, dejó al frente del ejército de «ocupación

Per ú á Linch; este tuvo

a.ún algunos encuentros

con

guerrilleros peruanos á las ordenes del general

An -

importan -

te batalla entre ambo s ejércitos chileno y peruan o

venciendo

en la sierra del Perú, en Huamachuco ,

drés A. Cáceres, y se libró por último otra

u

n a vez má s las tropas chilenas,

y

ocupando

éstas ,

después de encuentros má s ó meno s reñidos

y

san -

grientos, el interior del Perú , com o ocupaban y a su s costas.

El general Montero andab a por la sierra del Ñor-

-

25

-

te del Perú, Cáceres por la del Centro y Sur, é Igle- sias por el Norte y Cajamarca ; éste entró en nego-

lo s chilenos , y fué á Lima ; firmando

un tratado de paz con Chile en nombr e del Perú, en Ancón , cediendo á Chile el departament o de Tara -

pac á con sus grande s riquezas en guan o y salitre, y

por diez años ; ce - la ocupación chile-r

n a en el Perú. Dejando éstos al retirarse de ese in-

fortunado país, solo ruinas y miseria. Chile á su vez, sufre aú n por consecuencia de la guerr a entre otras calamidades , el militarismo con altísimos presu-

puestos de guerr a y marin a y la plaga del papel mo -

neda , á salitre

fué el término y desenlace de es a funesta

guerr a entre pueblos hermanos , del mism o origen, de igual idioma, religión y costumbres, pueblos que

lejos de habe r peleado entre ellos debían de habe r

los demá s grande s y

fuertes, hast a forma r uno solo, si posible fuera en vez de ser pueblos aislados y débiles como lo son

territorio, pero peque - la riqueza y grandez a

principal de las naciones; fomentando asi unidos su

comercio, su agricultura,

ción y su inmigración, formando entre todos ellos

u n a liga respetable, un a especie de confederación,

rigiéndose á la vez por sí como lo están hoy, en vez de estar como está n siempre en continuas luchas y cuestiones, sin tener mayo r respetabilidad, ni poder ant e las grande s naciones de la tierra, que los ex-

su industria, su navega -

hoy; países estos grande s en ñísimos en población; que es

pesar de las grande s riquezas en guan o y

ciacione s co n

las provincias de Tacn a y Arica

sand o por virtud de este tratad o

quitadas al

Perú .

Tal

tratad o de unirse, y á la vez ligarse con países de la Améric a latina, par a ser

plotan y no los consideran, y expuestos á ser algún

— 26

-

día atropellados y aú n absorvidos por las mismas , en la etern a é injusta lucha del fuerte contr a el dé- bil, del grand e contr a el pequeño .

herma -

Y si á la unión de todas estas repúblicas

n

a s se siguiera la alianz a de ellas con la

madr e

pa-

triaro n Españ a y á la vez con Portugal, (países

álo s

que tant o debe el mund o y la civilización, él comer - cio, la navegació n y la industria por sus descubri-

ilu-

fue-

y

aliados

ganaría n y se desarrollarían inmensament e y la raz a Ibero-americana se harí a muy grand e y res - petada.

la industria de esos países ligados y á la vez

r a n y llegarán á realizarse, entonces el

sorio y quimérico, ideas irrealizables, si

mientos y conquistas,) por má s que ello parezca

no

lo

comercio

FIN