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Voces: COMPRAVENTA INTERNACIONAL ~ ACCION SOCIETARIA ~ COMPRAVENTA DE ACCIONES Título: Compraventa internacional de acciones Autor: Boggiano, Antonio Publicado en: LA LEY1989-E, 191 - Derecho Comercial Doctrinas Esenciales Tomo II, 01/01/2009, 1079

SUMARIO: I. Jurisdicción argentina en el contrato internacional.- II. Derecho aplicable al contrato.- III. La excesiva onerosidad sobreviniente en un contrato internacional.

I. Jurisdicción argentina en el contrato internacional El juez Pita establece precisamente los elementos objetivos que caracterizan la internacionalidad del contrato. Véase los relatados antecedentes de la causa en la sentencia comentada. La venta de acciones de una sociedad anónima constituida en la Argentina con sede y empresa en el país, fue celebrada en Frankfurt. Los vendedores se domiciliaban en la República Federal de Alemania. Empero, en el contrato celebrado en Frankfurt, la vendedora constituyó domicilio especial en Martínez, Provincia de Buenos Aires. El comprador lo constituyó en Crespo, de la misma provincia argentina. El pago de las acciones se convino mediante depósito en el Schweizer Bankverein, Basilea. Las acciones, depositadas en una escribanía de la Ciudad de Buenos Aires, se entregarían en esta ciudad. Las partes se sometieron a la jurisdicción argentina de los jueces ordinarios de la Ciudad de Paraná. Pactaron, pues, la jurisdicción internacional y la competencia territorial. Tal prórroga fue indiscutiblemente ejercida (art. 1º, Cód. Procesal Civil y Comercial de la Nación y arts. 1215 y 1216, Cód. Civil). En virtud de la objetiva internacionalidad del contrato, las partes hubieran podido prorrogar la jurisdicción en tribunales extranjeros o árbitros (art. 1º, Cód. Procesal Civil y Comercial de la Nación; nuestro "Derecho internacional privado", vol. I, ps. 253 y sigts., 2ª ed.). Empero, jurisdiccionalmente localizaron la controversia en Paraná. Esto es ya significativo a los fines de la localización del contrato.

II. Derecho aplicable al contrato El magistrado preopinante estudió paradigmáticamente la compleja cuestión del derecho aplicable al contrato. Valga esta nota como homenaje al ejemplo que constituye la sentencia. Se advierte una evolución de la jurisprudencia argentina tendiente a profundizar el estudio de estos problemas. Hay lamentables excepciones. Sobre todo del pasado (ver Goldschmidt, "Derecho internacional privado", núm. 25). Aparentemente, las partes no habían elegido el derecho aplicable al contrato. Es verdad que la elección de la jurisdicción argentina no implica necesariamente la elección del derecho argentino de contratos. Obviamente sí, en cambio, la elección del derecho internacional privado argentino, pues todo juez aplica su propio derecho internacional privado. En principio rige el derecho del lugar de cumplimiento del contrato (arts. 1209, 1210, Cód. Civil). Pero ¿qué significa, en este contexto, lugar de cumplimiento? Véase el particularizado análisis del voto preopinante, considerando los contactos del contrato. El magistrado localizó objetivamente el contrato en la Argentina, en virtud de tales contactos. Dio preferencia a una caracterización de las acciones vendidas como participación en una sociedad localizada en la Argentina. La participación social y no el título que representa tal participación condujo a subordinar la localización del contrato internacional de acciones a la localización de la sociedad en la cual se transfería la participación. No debe echarse en olvido una cosa: el paquete accionario vendido era al parecer importante. Se vendió en 1.180.000 dólares estadounidenses. Probablemente se trataba del paquete de control. Es verosímil entender, aunque no surge del fallo, que se trataba de una cesión de control. El elemento empresario de la sociedad adquiere así una fuerza localizadora singular respecto del contrato de venta del paquete accionario. No se trata de la venta de títulos de renta. No se trata sólo de una inversión de capital. Tampoco de una operación bursátil. Se trata, al parecer, de la adquisición del control social. De la adquisición de la empresa. Además, la demanda de resolución por onerosidad sobreviniente se fundó en derecho argentino. Los demandados se oponen a la pretensión actora porque "no se configuran los presupuestos del instituto invocado por el demandante, la excesiva onerosidad sobreviniente, el cual reputan inaplicable al caso". Reconvienen por el pago de una cuota y, subsidiariamente, "ofrecen el reajuste equitativo de las prestaciones". Advierto así que ambas partes fundaron sus pretensiones y defensas en derecho argentino. Ninguna de ellas invocó siquiera un derecho extranjero. Ambas litigaron sobre la base de la lex fori. Ello es a mi juicio muy revelador de la intención de las partes. Primero, ellas eligieron los tribunales

ordinarios de Paraná. No pactaron en el contrato la aplicación de un derecho distinto del argentino. Es razonable presumir, relativamente, que admitan la aplicación de la lex fori. Pero esta presunción se ve fortalecida y confirmada porque en el proceso ambas partes fundaron sus posiciones en el derecho argentino. Tales circunstancias autorizan, a mi juicio, a concluir que las partes designaron tácitamente el derecho argentino como aplicable al contrato mediante sus conductas procesales concluyentes (art. 1212, 1ª par., Cód. Civil, y jurisprudencia de la CNCom., sala E, "Deutsches Reiseburo c. Speter" con voto del autor y nota de Alicia Perugini de Paz y Geuse -Rev. LA LEY, t. 1984-D, p. 560-). Es razonable suponer que si alguna de las partes tenía expectativas acerca de la aplicación de otro derecho, sin duda lo hubiese alegado al tribunal que eligió para decidir el caso (art. 1198, Cód. Civil). No sería adecuado al principio de defensa, elegir otro derecho por el tribunal, cuando ambas partes litigaron sobre la base de la lex fori tácita, aunque inequívocamente elegida por los litigantes.

III. La excesiva onerosidad sobreviniente en un contrato internacional El juez Pita destaca la internacionalidad del contrato para apreciar su posible revisión. El derecho material argentino recoge el distingo entre contratos internos e internacionales a este respecto, particularmente la jurisprudencia. Tratándose de un pacto de moneda extranjera de pago, la moneda extranjera es esencial al negocio y, según el fallo, no es revisable por excesiva onerosidad. Adviértase que el pago debía hacerse en Basilea. El lugar de pago era de importancia decisiva (véase nuestro estudio, "Obligaciones en moneda extranjera", ps. 29 y sigts., Ed. Depalma, 1987). El acreedor de moneda extranjera en un contrato internacional es ajeno al riesgo de cambio de la moneda del país del deudor. Es razonable interpretar que el deudor ha asumido ese riesgo de cambio y ha renunciado, por ende, a una pretensión de reajuste por onerosidad sobreviniente derivada del riesgo que asumió. En un contrato internacional rige una norma material directa y especial en virtud de la cual se presume la renuncia a la revisión de la prestación monetaria por excesiva onerosidad derivada del tipo de cambio aplicable. Esta norma no estaría exenta de dudas. Porque no siempre se requerirá que "el hecho extraordinario e imprevisible debe tener alcances tales que involucre a ambas partes contratantes y a los respectivos ámbitos territoriales y normativos en los que actúan" (texto de la sentencia comentada). Otro enfoque del asunto podría considerar el problema del siguiente modo. El contrato es internacional, pero regido por el derecho argentino. Hay que ver si rige el supuesto normativo del art. 1198 del Cód. Civil, porque el paquete accionario ha de compararse en el equivalente de moneda extranjera que pudiere oscilar excesivamente en el mercado, en donde habrá que valorar el paquete y el valor de la empresa en moneda extranjera.