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ÉTICA BÍBLICA PARA PADRES

POR GARY & ANNE MARIE EZZO

El curso Ética bíblica para padres se basa en la convicción de que la educación del niño es una responsabilidad que Dios les ha dado a los padres. Los padres deben guiar, criar y disciplinar a sus hijos. Este libro sirve como un recurso para guiar a los padres a llevar a cabo esta tarea. Nuestro curso no tiene como intención dar todas las respuestas o proveer al lector de toda la información que necesita saber como padre. Nuestro énfasis es la formación moral de padres e hijos.

La base para el curso Ética bíblica para padres es el marco de referencia teológico, la investigación, y la experiencia que hemos adquirido en el proceso de crecer a nuestros propios hijos. Sin embargo, es sólo una perspectiva que ayuda a los padres en su responsabilidad. Aunque la doctrina bíblica provee las bases de la educación de los hijos, la escritura tiene pocos mandatos específicos para su aplicación práctica. Guiados por el espíritu santo, los padres tienen la responsabilidad y el deber de investigar las diferentes filosofías con relación a la educación de sus hijos que están a su disposición, para determinar si éstas están o no de acuerdo con las Escrituras.

 

Las siguientes premisas y directrices fueron utilizadas al escribir el libro Ética bíblica para padres. Las presentamos a continuación para que el lector tenga claras las bases en las que se fundamenta nuestro curso.

El ministerio de reconciliación es el primer deber de los padres (II Corintios 5: 18-20). ¿Cuál será la motivación de los padres para cumplir fielmente con su responsabilidad? Tienen un compromiso con Dios, el compromiso de rendir cuentas por esa vida que Dios les ha encomendado. Las buenas noticias son que los padres no están sin una guía, sin dirección, pues tienen una revelación segura: la Biblia.

La Biblia provee con certeza los lineamientos éticos necesarios para una vida plena. Junto con estos lineamientos viene un mandato moral muy claro, "Sed santos, porque yo soy santo." (I Pedro 1:16). La santidad no es meramente un estado mental sino un estilo de vida (un estilo de vida moral), hacia el cual los padres deben guiar a sus hijos (Efesios 6:4). La educación moral en un hogar cristiano debe ser sinónimo de una educación en virtudes y valores bíblicos. El deber, esperanza y meta de un padre cristiano es el de crecer un hijo moralmente responsable que conoce la salvación por medio de Jesucristo, un hijo que está gobernado por los preceptos de Cristo, un hijo que refleja el amor de Cristo.

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Aunque la Biblia nos provee principios morales, no da a los padres recetas exactas de cómo crecer a sus hijos. Ofrece claves y pistas de cómo crecer a los hijos pero no nos provee de instrucciones detalladas para utilizar en cada situación.

El libro Ética bíblica para padres esta basado en tres presuposiciones básicas. Como ya fue mencionado con anterioridad la primera presuposición es que la meta de un padre es la de crecer a su hijo para que sea moralmente responsable y que reaccione bíblicamente a las diferentes situaciones de la vida. ¿Qué es lo que Dios pide de nosotros? "OH hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia y humillarte ante tu Dios". (Miqueas 6:8)

La segunda presuposición, también mencionada con anterioridad, es que la Biblia no nos provee instrucciones detalladas sobre cómo crecer a los hijos. Provee ciertos principios básicos, pero no nos da recetas específicas. La tercera presuposición está basada en la relación que existe entre las dos primeras. Puesto que la meta de educar a los hijos es producir un hijo moralmente responsable, y puesto que la Biblia no es específica en cuanto a instrucciones para alcanzar la meta, nosotros creemos que todos los principios, prácticas y métodos para crecer a los hijos deben reunir ciertas características:

Deben ayudar en el progreso hacia esa virtuosa meta de criar a los hijos (Efesios 6:4).

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Deben

ser

completamente

teología bíblica.

compatibles

con

la

Esta tercera presuposición necesita mayor explicación. Existen varias teorías acerca de cómo crecer a los hijos, pero la mayoría de estas no son compatibles con lo que encontramos en las Escrituras. Por ejemplo, algunas teorías educativas creen que el hombre es el resultado final de millones de años de evolución. Partiendo de esta presuposición, ellos creen que al nacer un niño es moralmente bueno; esto es, que tiene la capacidad de hacer lo malo pero no desea hacerlo. Basados en esto ellos crean teorías educativas, pero, muchas de estas premisas no reflejan ni la realidad, ni la verdad bíblica. Por el contrario, son opuestas a lo que nos revela la Biblia. "Dice el necio en su corazón: No hay Dios." (Salmo 14:1a). El razonamiento humano sustituyendo a la revelación divina es sumamente inadecuado para explicar la experiencia humana. El hombre no es el resultado final de un accidente cósmico sino de una intención divina (Génesis 1:26). Un niño no nace moralmente bueno sino con una predisposición natural hacia rebeldía moral.

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La historia de la Iglesia registra la clara aceptación del hecho de que la Biblia fue dada al hombre por Dios. A excepción de algunos grupos de herejes que se separaron de la Iglesia, generalmente se ha asumido que la Escritura es autoridad absoluta y digna de confianza en todas sus declaraciones. El Reformador Martín Lutero una vez

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comentó, "Cuando la Biblia habla, Dios habla". Nosotros aceptamos la Biblia como la autoridad moral y suficiente. Es la autoridad en el sentido de que requiere una respuesta a sus mandatos. Es suficiente en el sentido de que el hombre puede participar en la gracia total de Dios cuando los principios divinos llegan a ser la práctica del hombre.

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Al nacer, el niño no tiene una conciencia funcional. Con esto queremos decir que no tiene conciencia de las reglas de lo que es bueno y lo que es malo. Desde el principio, la meta de un padre cristiano es la de crecer a un hijo que pueda controlar su comportamiento desde el corazón y de acuerdo con las reglas de la ética cristiana.

La preocupación más importante para un padre es el corazón de su hijo. Existe algo en el corazón humano que amerita atención y es precisamente eso lo que debe ser el foco de atención al crecer a un hijo desde pequeño. Sabemos que el corazón es el centro de la vida y comportamiento. El Salmo 139:23 nos dice que es el corazón lo que Dios examina y conoce. En Mateo 12: 34- 35, Jesús dice que todo comportamiento y palabra es reflejo de lo que hay en el corazón. Proverbios 6:18 habla de la capacidad que tiene el corazón para maquinar pensamientos inicuos. Existe algo en el corazón de un niño que sus padres deben alcanzar.

Cuando educamos a un niño pequeño es necesario utilizar presión externa para lograr que el niño tenga la conducta

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adecuada, aunque aun no pueda entender la razón por la cual necesita comportarse de esa manera. El hecho de que un niño no entienda el porqué no debe tirar comida al piso, no significa que los padres lo dejen sin restricción y le permitan hacerlo. Hay una razón para no permitirlo.

Con los adultos, la convicción viene antes que la acción, con los niños es lo opuesto- la acción viene antes que la convicción. Los padres deben insistir y exigir un comportamiento adecuado de sus hijos aun mucho antes de que el niño sea capaz de entender los conceptos morales asociados con ese comportamiento. Los niños aprenden primero cómo actuar de una manera moralmente correcta y luego aprenden a pensar de una manera moralmente correcta. "Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él" (Proverbios 23:7a). Por lo tanto, las dos fases de una educación moral incluyen: (1) el desarrollo de un comportamiento moralmente correcto, y (2) el desarrollo de conceptos morales. La acción viene primero, el entendimiento viene después.

El primer paso hacia el entendimiento de los conceptos morales es el desarrollo de patrones adecuados de aprendizaje. Desde el principio los patrones correctos de aprendizaje juegan un papel dominante en el proceso de maduración. Los patrones de aprendizaje afectan la manera en la que un niño maneja la instrucción, dirección, corrección, límites, libertad y relaciones, tanto nuevas como ya establecidas. Por lo tanto los patrones que se

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aprenden en los primeros años de vida deben ser los patrones correctos.

A medida que un niño crece su mundo se desarrolla y se hace más complejo. Por lo tanto, la manera en la que él asimile el conocimiento y cómo él aprenda a responder a las instrucciones de sus padres es fundamental para su crecimiento futuro. El niño debe aprender a responder de manera correcta y específica, y ser capaz de transferir el concepto a otras situaciones.

Es por esto que la educación moral a temprana edad es esencial. Cuando un padre educa a su hijo a tener un comportamiento moralmente correcto, lo está educando simultáneamente a tener dominio propio. El dominio propio es una virtud que sirve como base. Esto es, otras virtudes dependen de ésta. El dominio propio incluye bondad, lenguaje apropiado, controlar emociones negativas, concentración, atención y muchos otros comportamientos.

La mayoría de las teorías seculares aceptan la razón humana como la base de la moralidad y se enfocan en estimular lo intelectual en vez que lo moral. Nosotros invitamos al lector a considerar lo opuesto. La educación moral debe ser no sólo prioridad de la educación desde temprana edad sino que es absolutamente necesaria para alcanzar un óptimo logro intelectual. ¿Por qué es esto cierto? Porque el dominio propio no es una habilidad intelectual, sino moral. El estar sentado, el enfocar la atención y el concentrarse son también habilidades

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morales que el intelecto usa con el tiempo para progresar en el desarrollo del niño.

A los nueve meses, mi nieta empezó a arquear la espalda y

a chorrearse en su silla a la hora de comer cuando no

quería algo. Sus actos eran morales y sus padres respondieron de manera moral. Sus padres eliminaron esa conducta y la niña aprendió a estar sentada y quieta en su silla a la edad de 11 meses. Sus padres le enseñaron a mostrar con señas si quería más comida, si quería bajarse

o si ya no quería más comida. La niña tenía la capacidad

cognoscitiva para comunicarse pero no la capacidad oral para hacerlo, por lo tanto el lenguaje de señas se convirtió en la manera aceptable de comunicación.

Lo más significativo del lenguaje de señas no era el hecho de la niña lo hiciera sino el nivel de dominio propio que la niña adquirió. El dominio propio que la niña tuvo para no arquear la espalda y el control que utilizó para comunicar de manera correcta sus deseos, no estaban aislados el uno del otro. El control necesario para permanecer sentada, pensar y escoger la mejor manera de comunicación es el mismo domino propio que será salvaguardia durante toda

la vida del niño. Este dominio propio es producto de una

educación moral y no el resultado de juegos educativos o de enseñarle matemáticas al niño. Existía una razón moral por la cual mi nieta debía aprender a tener dominio propio aunque ella no entendiera esa razón.

Esperar a que el niño tenga cinco años es demasiado tarde para empezar a trabajar en habilidades como sentarse,

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enfocarse y concentrarse. Estas son habilidades morales de desarrollo, no actividades adquiridas. Estas también son habilidades que dependen de una estructura creada durante los primeros años de vida. ¿Pueden los padres alterar el coeficiente intelectual de sus hijos? No. ¿Pueden optimizarlo o limitarlo? Sí. Nosotros mantenemos esta perspectiva pues hemos encontrado de manera consistente que los padres que han rechazado tener una estructura para sus hijos pequeños y no hicieron nada para corregirlos, en realidad han retrasado (en algunos casos corrompidos) el proceso de desarrollo intelectual y moral.

Es por esto que la ética bíblica junto con su compañera, la disciplina bíblica, trabajan en el corazón del niño. Los padres que trabajan en el corazón de su hijo, consecuentemente estarán educando a un niño integral. Aquellos que trabajan exclusivamente en el intelecto de sus hijos podrán crecer a un niño inteligente pero moralmente débil.

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La manera en la que fuimos crecidos como hijos tiene un profundo efecto en los patrones adoptados en la vida adulta. Si los años de crecimiento fueron placenteros, existe la tendencia de utilizar técnicas similares a las que se usaron con uno mismo. Sin embargo, existe la posibilidad de que uno practique las técnicas opuestas si considera que las técnicas de sus padres fueron erróneas.

Muchos adultos educan a sus hijos en respuesta a sus propios miedos, conflictos y decepciones que quedaron sin resolver cuando niños. En diferentes puntos de su vida, varios pensamientos equivocados los llevaron al establecimiento de patrones pecaminosos que echaron raíz

y con el paso del tiempo fueron asimilados en el presente.

Como resultado, educan y crecen su propio pasado más que a sus propios hijos al proyectar sus propios miedos y desilusiones de la vida en sus hijos. El ver nuestro pasado nos puede ayudar a entender nuestros patrones actuales de

educación pero no se puede utilizar como excusa para los patrones que son pecaminosos.

Cuando los padres sienten que su infancia fue infeliz como resultado de haber tenido padres permisivos, generalmente

se vuelven muy estrictos, especialmente si sienten que les hizo falta instrucción. Estos padres generalmente se van de un extremo a otro y de un acercamiento psicológico se van

a un extremo religioso. Esos padres, por ejemplo, quienes han vivido vidas moralmente relajadas en su juventud muchas veces con sus propios hijos se vuelven sobre protectores.

Los padres que crecieron en hogares estrictos, injustos e inclusive donde se utilizaban métodos abusivos, muchas veces y sin darse cuenta se convierten en padres permisivos. Estos padres se preocupan más por los sentimientos de sus hijos que por las acciones de sus hijos. Elevan lo que piensan que es saludable psicológicamente para el niño por encima de la salud moral y lo que es bueno y malo. La base de su ética no es la palabra de Dios sino cómo ellos piensan que se sienten sus hijos en un

momento dado. En ambos casos, como una mecedora, se pasan del balance en el centro y se van a los extremos, todo para el perjuicio de sus hijos.

Para el padre autoritario, la letra de la ley se convierte en

la regla en vez que el principio o espíritu detrás de la ley.

Estos padres están más preocupados con la apariencia externa que con el ayudar a sus hijos a internalizar los principios que los guiarán en sus relaciones interpersonales.

En contraste, el padre permisivo es más peligroso, pues las armas de destrucción son menos visibles. Uno no tiene que observar por mucho tiempo a un padre permisivo para darse cuenta de su confusión: en la mente de ellos mimar y permisividad son lo mismo que el amor. El problema principal en esta relación es la tolerancia de lo malo. Los padres cristianos permisivos "aman" a sus hijos de esta manera con la esperanza de que ellos también les "amen". Todo esto bajo una definición distorsionada del "amor de Dios".

Lo malo de uno como padre y de la sociedad se puede

corregir si uno decide educar y crecer a sus hijos teniendo

a la Biblia como guía y no al pasado. El apóstol Pablo

resume el punto: "olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante," (Fil. 3:13b). La Biblia es suficiente para dirigir nuestros pasos y alumbrar el camino. Si este es tu caso, con la ayuda de Dios, tú puedes romper el ciclo de educación defectuosa.

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La meta primordial de crecer a los hijos es la de crecer un hijo responsable moralmente y que actúe bíblicamente. Con esta meta en mente, nos preguntamos: ¿Qué evita que los padres se vayan a un extremo rígido para resaltar su moral? ¿Qué puede proteger a los hijos de padres opresivos de abusos emocionales y físicos? Después de todo la Historia nos relata de eventos horribles y malos que acontecieron en nombre de la religión, en nombre de crecer niños "temerosos de Dios". ¿Qué puede proteger a un niño de una metodología deficiente de educación producto de un relativismo moral y el fruto de una ideología permisiva? ¿Qué evitará el tipo de abuso a un niño que lo lleve a las drogas, alcohol y suicidio?

Nuestra respuesta es directa. Sólo la ética bíblica nos salvaguarda para prevenir que los padres se vayan de un extremo a otro porque sólo el enfoque bíblico llama a ambos, a padres e hijos, a asumir su responsabilidad. Las reglas morales para los padres son las mismas para los hijos. No hay doble norma como en el caso de los padres autoritarios y los padres permisivos.

Cuando los padres mismos no acatan las reglas morales pero las imponen a sus hijos, el resultado es un padre autoritario. "Haz lo que te digo, no lo que hago" es la regla de un padre autoritario. Los padres autoritarios piden a sus hijos que no mientan pero luego les dicen: "Di que no estoy si llaman por teléfono". Por el contrario, cuando los

padres eliminan las reglas o las hacen tan flexibles que son casi inexistentes, tienes padres permisivos. La tolerancia hacia el comportamiento inadecuado e incorrecto es lo que predomina; puesto que no hay expectativas morales puestas en el niño o son muy bajas, sólo importa la felicidad del niño, no su santidad. Antes de examinar estos extremos debemos mencionar que el método de educación bíblico NO es la combinación de ambos extremos. En realidad estos dos extremos son aberraciones de preceptos bíblicos.

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Los padres autoritarios ponen más énfasis en lo que el niño no debe hacer en vez de en lo que debe hacer. Este tipo de método tiene como resultado una actitud de que el objetivo justifica los medios o de que uno puede hacer cualquier cosa para lograr que su hijo se amolde a las reglas de la sociedad. Aunque la mayoría de los niños educados por padres autoritarios se amoldan y actúan virtuosamente, lo hacen por temor y no porque amen hacer lo bueno. El niño escucha "lo haces o ya vas a ver". El "ya vas a ver" se convierte en la motivación para hacer lo correcto, en vez de que un principio interno en el corazón sea la motivación.

El padre autoritario manipula al niño, no su ambiente. Los padres usan emociones tales como el amor, la culpa y el miedo con este fin. Por ejemplo: "Susana, si sigues haciendo eso, mamá ya no te va a querer" o "Pórtate bien en la tienda o papá va a llamar al policía para que te

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lleve." Aunque las armas del miedo y amor condicional son devastadoras, el padre autoritario no destruye tanto al hijo en su persona y socialmente como el padre permisivo.

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El padre permisivo no se preocupa por suprimir lo malo y elevar lo bueno. En el núcleo de esta teoría está la preocupación por crear el ambiente adecuado para el niño, y no los resultados de conducta apropiada.

El educar a los hijos incita muchas emociones diferentes. Las emociones de amor, gozo, paz, contentamiento y confianza son fácilmente contrarrestadas con sentimientos de frustración, desánimo, decepción (y algunos días desesperación). El tratar de incitar solamente las emociones positivas no es la esencia de la educación de los hijos. Sin embargo esto es lo que creen los padres permisivos. Para ellos lo mejor es evadir todas las emociones negativas en el niño y procurar todas las positivas. Por lo tanto, la educación correcta o incorrecta se mide de acuerdo con lo que los padres piensan que el niño siente, más que por el producto final (el comportamiento de su hijo). Los sentimientos tanto de los padres como de los hijos se convierten en la base de su ética. Si el niño se siente contento, el padre está satisfecho. Si el niño se siente triste, entonces el padre manipula el ambiente procurando que el niño se contente.

Los

padres

permisivos

se

califican

de

acuerdo

a

su

habilidad

para

evitar

el

conflicto

y

tolerar

el

mal

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comportamiento. La sociedad aprueba la tolerancia pero ignora el producto final: un niño fuera de control. Paciencia y tolerancia no son la misma cosa. Debemos ser pacientes con nuestros hijos, no tolerantes del mal comportamiento. Salomón dice en Eclesiastés 8:11, "Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal." Los padres permisivos han convertido en virtud la tolerancia hacia el mal comportamiento y lo han elevado aun más de lo que dice la Biblia que es lo bueno y lo malo. El peligro de esto es que le borra a la sociedad el concepto de lo que es malo. Si todo se tolera, nada puede ser malo. El decirle a los padres de familia que está bien el tolerar el pecado de los hijos es sembrar semillas para nuestra propia destrucción en el nivel más fundamental de nuestra sociedad: la familia.

Esto explica parcialmente por qué los teóricos que abogan la permisividad no están interesados en la educación moral. La mayoría de las teorías de permisividad parten del supuesto que los niños nacen siendo moralmente buenos o en el peor de los casos moralmente neutros. En consecuencia, no existe razón alguna para entrenar a un niño en la virtud y en la vida recta si por naturaleza la desobediencia es sólo una posibilidad y no la inclinación natural del niño.

Existen problemas serios con la teoría de que los niños nacen siendo moralmente buenos. El más obvio es la inhabilidad para explicar porque niños moralmente buenos hacen actos moralmente malos. Los teóricos de la permisividad tratan de zafarse del problema culpando a los

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padres de corromper la naturaleza buena de los niños. Le llaman educación deficiente. La verdad es que los padres no son culpables de corromper la naturaleza de sus hijos. Los niños nacen con una disposición natural hacia la rebelión, el egoísmo y el egocentrismo.

Otro problema es que estos teóricos han cambiando la clasificación del comportamiento del niño del lado ético de correcto e incorrecto, al lado psicológico de saludable y enfermo. Al hacer esto, un comportamiento viene a ser cualquier cosa dependiendo de cómo lo definamos.

Para mantener psicológicamente saludable a su hijo, el padre permisivo manipula el ambiente. Si eso no funciona, entonces se "vacila" al niño para que haga lo correcto. En la década de los años sesenta surgió lo que se llama psicología inversa que es una práctica engañosa que apela al deseo del niño de autodeterminación. Por ejemplo, si la mamá de José desea que él se ponga los zapatos, entonces tratará de persuadir manipulativamente al niño diciéndole que haga lo contrario. "¡No te pongas los zapatos! No, no ni siquiera lo intentes". Debido a que ella intenta mantener un ambiente sin conflictos, la negociación manipulativa debe ser usada para lograr que el niño obedezca. Existe una manera mucho mejor de educar que "vacilando" a un niño para que haga acciones correctas.

Creemos que tanto la educación de los hijos permisiva como la autoritaria están equivocadas y van en detrimento del bienestar del niño. Es por eso que intentaremos guiar

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a los padres de acuerdo a las reglas básicas de la ética bíblica.

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La familia es la unidad social primaria de toda sociedad y es digna de protegerse y cuidarse. Como profesionales de la salud y de la educación, conocemos la tragedia que puede sobrevenir a una familia cuando son violados los principios básicos de la educación de los hijos. Hemos aconsejado a varios padres y madres quienes empezaron su labor como padres con amor y cuidado, pero que terminaron viendo sus sueños de tener una familia bella reducidos a una pesadilla que tenían que sobrellevar. El problema no fue motivos equivocados, sino métodos equivocados.

Hay dos males relacionados entre sí que amenazan el éxito en la educación de los hijos y que llevan a la desintegración de la familia. El primero es menospreciar la importancia de la relación esposo-esposa en el proceso de la educación de los hijos; y el segundo es caer en la trampa de la educación centrada en el niño (hijo- céntrica). Para evitar estas amenazas los padres deben aprender desde el principio que Dios programó todos los factores que llevan al éxito dentro de Su plan divino. Como en todos los asuntos discutidos en la Escritura, si violas algún principio pierdes la bendición. Cuando adoptas Sus mandamientos, las bendiciones de gozo y plenitud serán tuyas.

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Una familia está formada por grupos sociales primarios y secundarios. El primer grupo familiar consiste de tres relaciones: esposo-esposa, padres-hijos, e hijo-hijo. El grupo secundario comprende a los abuelos y los nietos, a los tíos y las tías, a los sobrinos y sobrinas, y a los primos. En ninguna parte, la Biblia apoya la noción de que dos o más personas sin parentesco que viven juntos forman una familia.

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La mayor influencia global que usted tendrá sobre sus hijos no será en su papel como papá o mamá sino en su papel como esposo o esposa. Nuestra sociedad ha olvidado y aun rechaza esta verdad bíblica básica. El resultado es una sociedad consumida con una educación en la que el niño es el centro de todo, lo cual fomenta su egocentrismo.

Muchos padres a veces pierden de vista el hecho de que cuando los niños entran a la familia, llegan a una estructura social ya establecida. Muchos padres actúan como si la unión matrimonial fuera sólo una relación preliminar para preparar el "nido", en vez de percibirla como una relación fundamental a través de todos los años de crianza de los hijos. Esta actitud es un inicio peligroso de nuestra labor como padres porque viola el diseño divino de la estructura familiar.

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De acuerdo con el diseño divino, la relación esposo-esposa es la primera relación social establecida en la Escritura. Dios creó al hombre para actuar, reaccionar e interactuar con otros seres humanos. En su sabiduría, Dios comenzó todas las relaciones humanas con un esposo y una esposa. Las otras relaciones, tales como padre-hijo, mamá-hija, hermano-hermana, vinieron después. Por lo tanto, la relación esposo-esposa debe ser vista como la relación fundamental o el cimiento de las demás relaciones en la familia.

La calidad de la relación padre-hijo depende de la calidad de la relación entre el esposo y la esposa. Esta verdad nunca cambiará. Mucho de la seguridad básica del niño depende de lo que él observa que ocurre entre mamá y papá. Cuando él ve que ellos se demuestran amor y afecto, se siente seguro. Si usted ama a su hijo, debe hacer que la relación con su cónyuge sea la relación fundamental de su familia. Más importante que cualquier cosa que usted pueda comprar o hacer por su hijo está el permitirle saber que papá ama a mamá y que mamá ama a papá. Ustedes dos juntos son la cabeza y el corazón de la familia.

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A

menudo los padres abandonan su primer amor, es decir

el

uno al otro, y se enfocan casi exclusivamente en sus

hijos. Aunque esto pueda hacerse en nombre de una buena educación de los hijos, es el primer paso hacia el

rompimiento de las relaciones familiares. Esto nos conduce a la segunda amenaza de la educación exitosa de los hijos: la creencia de que los hijos son el centro del universo familiar, en vez de ser miembros bienvenidos de la familia. Los padres que centran su mundo entero alrededor del cuidado de sus hijos son hijo-céntricos. Ellos llevan el mundo al niño en lugar de llevar al niño a su mundo. Los sentimientos del niño en cualquier momento son elevados por encima de sus acciones correctas o incorrectas.

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La educación hijo-céntrica amenaza la vida familiar exitosa. A continuación presentamos cuatro peligros asociados con este estilo de gobierno familiar.

La educación hijo-céntrica ataca la relación esposo-esposa al reducir su importancia bíblica. Toda la energía de la pareja es volcada en la crianza del niño, descuidando la relación más fundamental: esposo-esposa. En los casos más extremos, el esposo y la esposa llegan a ser un par de desconocidos que lo único que los mantiene unidos es el objetivo común de educar a sus hijos.

La educación hijo-céntrica invierte el proceso natural del desarrollo moral al crear prematuramente dentro del niño un falso sentimiento de auto confianza. El niño llega a ser, según él, autosuficiente antes de tener bien establecido su dominio propio. Esto ocurre porque la filosofía otorga libertades que van más allá de la habilidad del niño para

controlarlas. La auto confianza separada del dominio propio es una influencia destructiva en los niños pequeños.

La educación hijo-céntrica fomenta la independencia familiar en vez de la interdependencia familiar. Los niños que se perciben a sí mismos como el centro del universo familiar muy a menudo crecen en independencia egoísta. La independencia familiar en vez de la interdependencia familiar se convierte en el estilo de vida. La independencia le roba al niño la oportunidad de invertir su vida en su familia. Cuando no se invierte en las relaciones, no hay razón alguna para tener lealtad a la familia. Las otras personas (padres y hermanos) importan sólo en la medida en que con sus relaciones obtengamos algún beneficio. La lealtad de ese niño se basa no en lo que él puede dar sino en lo que él puede recibir de las relaciones. La educación hijo-céntrica fomenta tal conclusión.

La educación hijo-céntrica para algunos llega a estar peligrosamente cerca de la idolatría. Cuando la felicidad del niño es más importante que su santidad, cuando su salud psicológica es elevada por encima de su salud moral, cuando el niño llega a ser el centro del universo familiar y no la persona de Dios, esto llega a ser una forma sutil de idolatría. Los niños llegan a ser pequeños dioses cuyos padres los adoran en vez de adorar al Creador.

Los padres de José son hijo-céntricos. Ellos no se dan cuenta que todas sus buenas intenciones están fomentando un defecto pecaminoso llamado yo-ismo o egocentrismo. La percepción que José tenga acerca de su lugar en la vida

depende significativamente de la información y la estimulación de las personas a su alrededor. Si esa estimulación le conduce a percibirse a sí mismo como el centro de la familia, desarrollará una percepción egocéntrica que llevará consigo a cada relación a medida que su mundo se expanda.

Dios nos creó con la capacidad de dar y de recibir. Los padres de José lo están educando para recibir y no para dar. Ellos creen erróneamente que si todo el tiempo le ejemplifican el dar, él, de manera natural, aprenderá a dar. Eso no pasará. El solamente intensificará su deseo de recibir. Si quiere columpiarse, simplemente empujará al otro niño fuera del columpio porque no se le ha enseñado a ser paciente. El responderá de acuerdo con sus impulsos egoístas porque sus padres nunca le enseñaron dominio propio que implica el negarse a uno mismo en los momentos apropiados.

Las otras personas sencillamente no le importarán a José. Tendrá dificultades con sus hermanos y compañeros. No crecerá preparado para afrontar el mundo real en el que la habilidad de dar y recibir es requisito para tener relaciones saludables y duraderas. Sufrirá en la escuela y el trabajo porque las otras personas no lo satisfacerán tan rápidamente como lo hacían papá y mamá.

En contraste, los padres de Juan lo están integrando a la estructura familiar ya existente. Ellos están creando en su hijo una inclinación hacia las relaciones cercanas y amorosas. Cuando un niño se percibe a sí mismo como un

miembro bienvenido de la familia (en vez de ser el centro de ella), aprenderá a moverse en su red de relaciones con flexibilidad y bienestar emocional. El ser un miembro bienvenido de la familia produce el sentimiento del nosotros, es decir, una actitud en la que nos vemos como miembros de un equipo en el que damos tanto como recibimos. Esta relación es el requisito de una vida balanceada.

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Como profesionales, no podemos enfatizar demasiado cuán necesaria es para el bienestar emocional del niño una relación saludable entre esposo y esposa. Los matrimonio estables crean una sensación de certeza. Lo que ocurre entre los padres establece ese sentido de seguridad. Cuando el niño observa su amistad especial y su unidad emocional en el transcurso normal de un día se siente más seguro simplemente porque no tiene que poner en entredicho el compromiso existente entre sus padres.

Es sorprenderte darse cuenta que los niños de tan sólo dos o tres años tienen una especie de radar que detecta cuándo hay conflicto entre los padres. Cuando el niño percibe la debilidad de la relación de sus padres se produce un estado de ansiedad que afecta todos los demás aspectos de su vida.

En contraste, cuando un niño tiene confianza en la relación de sus padres, emocionalmente se siente seguro. Esta seguridad es una verdad de la que el niño se percata

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pero no puede explicar. Cuando hay armonía entre el esposa y la esposa se respira estabilidad en la familia. Un matrimonio fuerte provee un cielo de seguridad para los niños mientras progresan en el proceso hacia la madurez.

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Es muy fácil convertirse en padres hijo-céntricos. Los niños dependen grandemente en los padres para todo. Este hecho aumenta la gratificación de ser padres. Existen maneras en las que podemos satisfacer las necesidades de nuestros hijos sin llegar a ser hijo-céntricos. Aquí hay algunas sugerencias que pueden ayudarle a lograr el balance.

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3. ¿Por qué es importante la educación moral a temprana edad?

4. Describe la educación autoritaria y la educación permisiva de los hijos

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1. ¿Cuáles son las tres presuposiciones básicas sobre las que se basa el curso Ética bíblica para padres?

2. "Con los adultos, la convicción viene antes que la acción, con los niños es lo opuesto- la acción viene antes que la convicción." Si esto es verdad, ¿Qué debemos hacer como padres de niños pequeños?

5. ¿Cuáles son los cuatro peligros asociados con la educación hijo-céntrica?

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Los padres naturalmente se preocupan por el bienestar de sus hijos. Sirven comidas nutritivas y balanceadas, animan al niño a tener un descanso adecuado e insisten en examinaciones periódicas tanto de los dientes como de los ojos. Sin embargo, muchos padres descuidan la parte más importante de la vida de su hijo: su educación moral. El curso Ética bíblica para padres consiste en ayudar a los padres a educar a sus hijos en la disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4). Esto es, educar hijos que tengan la capacidad moral para distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal, y quienes guíen sus corazones por preceptos bíblicos.

Muchos hijos, especialmente aquellos que crecen en hogares cristianos, tienen un entendimiento básico de lo correcto y lo incorrecto. Desafortunadamente, no todos tienen el auto-control para tomar consistentemente las decisiones correctas. Creemos que es una razón por la cual muchos de nuestros jóvenes terminan con la apariencia de ser morales por fuera pero de hecho no son morales por dentro. Saben bastante acerca de los no harás de la vida (no mentirás, no robarás, no copiarás), pero no mucho acerca de los sí harás (sé amable, sé gentil, ten respeto para con los demás).

Al estudiar los modelos de educación en familias cristianas a través de los años, descubrimos que muchos

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padres están más preocupados en suprimir la maldad que en elevar la bondad en sus hijos. Eso es, cuando enseñan principios morales, a menudo los padres dicen a sus hijos lo que está mal, y lo que no deben hacer, en vez de decir qué es lo correcto y lo que deben hacer. Esta clase de educación les lleva a transigir en lo moral en el futuro. Debido a que tanto énfasis es puesto en lo que se debe evitar, y tan poco en lo que se debe hacer, el camino hacia los actos virtuosos queda altamente indefinido para el hijo.

Ciertamente, el suprimir la voluntariedad del comportamiento de un hijo es importante, pero cuando esto se hace en la ausencia de elevar lo correcto, ultimadamente termina distorsionando el significado real de lo bueno. El restringir voluntariedad tiene que estar acompañado por instrucción en la honradez y el fomento de una vida virtuosa (Proverbios 1:1-7, 8:33, 9:9; Miqueas

6:8).

Por ejemplo, creemos que enseñar a un hijo a ser sensible a los sentimientos de la gente en situaciones especiales es un acto de mayor piedad que enseñarle a controlar sus acciones hostiles. La restricción de la maldad tiene que estar balanceada con la elevación de la bondad. La restricción moral y el hecho de ser asertivo moralmente son dos lados de la misma moneda. Ambos son necesarios en la educación de un hijo.

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,,,,

Tomar la educación de nuestros hijos en serio implica que constantemente haremos juicios morales y seremos una guía moral. Para hacer juicios y ser una guía, los padres primeramente tienen que aceptar que hay leyes morales aplicables a todo ser humano. Para algunos, la elección entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo bueno y lo malo, está basada en lo que es conveniente en ese momento. Otros basan su moralidad sobre convicciones culturales o por influencia de los medios de comunicación. Los cristianos, sin embargo, toman sus valores de la Biblia. La Teología bíblica tiene implicaciones morales. Estas implicaciones proveen el marco de referencia para una disciplina llamada Ética.

En general, la ética trata del estilo de vida de una persona. La ética bíblica trata del estilo de vida que demanda la fe cristiana (Santiago 3:13; I Pedro 3:2, 16; II Pedro 3:11). Jesús mandó a sus seguidores: “Id, y haced discípulos a "

(Mateo 28:19a). Para hacer un

discípulo es necesaria la comunicación de la ética bíblica. La ética bíblica establece la base de la educación de los hijos que produce bondad, pureza, y santidad. El carácter de Dios se refleja en la ética bíblica. Dios es perfecto moralmente y todos los valores bíblicos son una extensión de Su carácter. Sus atributos divinos proclaman Su santidad y son trasladados a valores morales. Todos los "por favores" y "gracias" de la vida se derivan de los mandatos bíblicos. Por lo tanto, Dios define las virtudes tales como, honestidad, paciencia, amabilidad, mansedumbre, e integridad, y no están sujetas a opinión o a interpretación individual.

todas las naciones

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La creencia en un Dios trascendente y personal es una presuposición necesaria si uno se propone establecer leyes éticas que sean absolutas y universales. Sin Dios, no hay una base para la ética objetiva, y el comportamiento moral es gobernado débilmente por preferencias subjetivas y personales. Todos los valores se vuelven relativos.

La ética bíblica es buena para la sociedad - el relativismo moral es malo para ella. La ética bíblica fomenta lazos morales y por lo tanto, lazos sociales. El relativismo moral divide la sociedad en subgrupos culturales. La ética bíblica es ciega socialmente, racialmente, étnicamente, económicamente, y académicamente (Gálatas 3:28; Colosenses 3:11; Santiago 2:1-10). Atraviesa todas las fronteras culturales y pone a un lado todos los valores culturales, porque los dos factores comunes son la santidad de Dios (la norma absoluta) y la dignidad del hombre derivada de Génesis 1:26. Las peculiaridades culturales son secundarias a los valores inmutables y eternos derivados de la Biblia. Sin absolutos bíblicos que gobiernen al hombre y a la sociedad, te quedas sin base para una convicción santa.

Hay seguridad en saber que los valores derivados de la Biblia son inmutables. Los requisitos morales por los cuales vivimos los cristianos actuales son los mismos que los de ayer y serán los mismos mañana porque "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Hebreos 13:8). Los valores eternos que fluyen de Su carácter no cambian (Hebreos 13:7).

Los valores inmutables de Dios se llaman absolutos bíblicos. Son las normas de lo correcto, lo incorrecto, lo

bueno y lo malo y no cambian con los caprichos morales de la sociedad. Permanecen fuera del tiempo y el espacio tal como la autoridad que representan. Debido a que los valores de Dios son inmutables, El requiere que los padres inculquen estos valores en la siguiente generación. No hay libertad individual para decidir cuales valores son correctos - Dios ya nos los ha revelado. La tarea del padre es llamar a lo correcto, lo incorrecto, lo bueno y lo malo tal como Dios llama lo correcto, lo incorrecto, lo bueno y lo malo. Los juicios morales no deben ser meramente opiniones personales. Para el cristiano, el estilo de vida ético es un asunto de fidelidad hacia Dios - no de preferencia personal.

La ética bíblica primero sirve para revelar la santidad de Dios, en segundo lugar para establecer una norma de comportamiento aceptable, y tercero, para revelar el pecado.

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De todos los sistemas éticos en el mundo, no hay una norma más alta ni un motivo más virtuoso que dirija el comportamiento moral que el que viene de la Biblia. La justificación para esa frase es básica: solamente el sistema de ética bíblica está orientado hacia los demás - no como una manera de ganar la salvación, sino como resultado de la salvación. Esta última frase es básica para todo lo que creemos referente a la aplicación de principios bíblicos.

Hay muchas maravillosas enseñanzas religiosas y éticas en el mundo. Pero el motivo para hacer actos de honradez es

la búsqueda de la salvación - el hombre buscando agradar

a Dios. Para muchos, los actos individuales de bondad son

simplemente pasos hacia el cielo. Esto no es así para el cristiano. Hacemos lo correcto porque posicionalmente ya

hemos llegado a la ciudad de Dios, a la Jerusalén celestial, (Hebreos 12:22-23). Debemos fijar nuestra mira en las cosas de arriba, (Colosenses 3:1-2). Nuestra bondad entonces, es una respuesta amorosa hacia Dios enraizada en nuestra relación con Cristo. "Amados, amémonos unos

a otros; porque el amor es de Dios," (I Juan 4:7a). Por lo tanto, nosotros quienes somos los objetos del amor de Dios debemos también ser objetos del amor que tenemos el uno para el otro. Esto es un resumen de los diez mandamientos y el deber del hombre como dijo Jesús; ama a Dios y ama a tu prójimo, (Marcos 12:29-31).

La siguiente ilustración explica el punto. Nuestra hija Jennifer recibió una muñeca Holly Hobbie una Navidad a quien amó y estimó por muchos años. Había ocasiones cuando nos pedía que abrazáramos la muñeca mientras preparábamos su cuna. "Ten mucho cuidado al abrazarla, Papá," era una instrucción común. Su mamá y yo veíamos esa muñeca remendada, con su ropa manchada y pelo faltante, y nos enfocábamos en su valor material. A menudo pensábamos que ese montón de tela ciertamente costaba más mantenerla de lo que valía materialmente. Para nosotros esa muñeca no tenía valor, pero no así para su dueña. Para Jennifer, esa muñeca era preciosa. Y mientras más andrajosa quedaba, más amor y cuidado le daba. Las palabras de Jennifer, "Ten mucho cuidado al abrazarla," gobernada nuestro cuidado. Abrazábamos esa muñeca, no basándonos en nuestra percepción de su valor, sino en el valor que le asignaba su dueña.

Tú eres como esa muñeca Holly Hobbie - tienes un dueño, Jesucristo. Para El eres absolutamente precioso. Eres tan precioso que El dejó el esplendor del cielo para venir a la tierra a morir por ti (Filipenses 2:6-8). "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16). No debo basar mi conducta hacia ti sobre cuán valioso tú eres para mí, ni sobre cualquier valor intrínseco encontrado en nuestra humanidad, sino sobre cuán preciosos somos para Dios, (Romanos 8:35-39).

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¿Cuál es el mandato moral de las Escrituras? Es necesario buscar y responder a la preciosura de aquellos fuera de uno mismo. Esta respuesta no es a expensas de uno mismo, pero en armonía con uno mismo (Proverbios 3:3- 4). Es vivir de tal forma que reflejemos a Cristo en nosotros (Juan 13:34-35; Filipenses 2:3-5). Jesús estuvo orientado hacia otros y puso la norma ética de "los unos a los otros” de las Escrituras. Debemos seguir Su ejemplo ordenando nuestro comportamiento de acuerdo con la preciosura de los demás. Debemos considerar aquellos que vienen detrás de nosotros, los que están a nuestros lados, y los que van delante de nosotros. De esto se trata la ética bíblica. Es una preocupación racional por las vidas de los que nos rodean - una sensibilidad de amar a Dios y amar a nuestro prójimo (Marcos 12:28-31; I Juan 4:19-21). El comportamiento no basado en los valores bíblicos no refleja a Dios.

Cuando los padres dan la espalda a la única fuente legítima de valores, la revelación de Dios, los valores personales sustituyen la verdad, y se manifiesta en sus hijos. Para la comunidad de creyentes, lo que está en juego es nuestro testimonio cristiano. Ningún no creyente puede desvirtuar la ética bíblica tanto como un padre cristiano cuyo hijo está continuamente fuera de control, o el padre que continuamente pone pretextos para explicar el comportamiento de su hijo.

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La educación de los hijos debe estar caracterizada por las

mismas normas de excelencia moral a pesar de su personalidad, temperamento o género. Muchos padres son culpables de hacer caso omiso a la necesidad de educación virtuosa basándose en la peculiaridad de su hijo. "Es que

mi hijo es diferente" no es un pretexto aceptable, ni una

cláusula de excepción legitima en el esquema ético de la

Biblia.

Reconocemos que todos los hijos son diferentes. Los hermanos y las hermanas pueden ser tan diferentes el uno del otro como el vecinito de a lado. Cada hijo tiene una combinación única de temperamento y personalidad que le distinguen a él o a ella de todos los demás. Sin embargo, el desarrollo de la personalidad y la educación moral son actividades mutuamente exclusivas. La personalidad es como una casa; la educación moral es el artesano que construye la casa. Todos vivimos en una estructura, pero

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la calidad de esa estructura varia según la habilidad del artesano.

A pesar de las distinciones de personalidad de sus hijos, la educación moral persistente no debe variar de hijo en hijo porque los requisitos morales de las Escrituras no varían. Los personajes ficticios de este estudio, Juan, Nathan, Becky, Ceci, Sandy, y José, cada uno representa una clase de personalidad distinta de la otra. Pero ¿qué clase de personalidad exenta la Biblia de demostrar amabilidad, paciencia, auto-control, mansedumbre, humildad, perseverancia, obediencia, respeto, honestidad, integridad o cualquier otra virtud? Ninguna, por supuesto. Los padres necesitan reconocer y apreciar la singularidad de cada hijo, pero también comprender que la singularidad no cambia la norma de educación ética. No se pueden usar los temperamentos y personalidades como pretexto para el pecado. "Así es él" o "Es que es varón" son simplemente pretextos. Las virtudes y los valores de la vida son iguales para todos y se aplican a todos, a cualquier edad indiferentemente al género. El deber de los padres es continuamente conducir a su hijo hacia la norma de Dios y no bajar la norma para acomodarse al hijo.

3 4 ) & * 6

La educación moral comienza con los padres. En Deuteronomio 6:4-6, Moisés dio instrucciones a los Israelitas de cómo vivir en su nueva tierra. Hablando de los requisitos morales de Dios, dijo, "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tú Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus

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fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón." Los padres no pueden conducir a sus hijos más allá de donde han llegado ellos mismos. Esta es una verdad básica - si los principios de conducta moral no residen en sus propios corazones, no pueden ser transmitidos a sus hijos.

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A menudo los padres les dicen a sus hijos qué deben hacer, pero no les dicen porqué deben hacer tal cosa. Saber el cómo hacer algo correctamente y el porqué se debe hacer algo son dos asuntos completamente diferentes. El primero representa la acción; el segundo representa el principio. El Nuevo Testamento demuestra este concepto.

Fíjate cuantas veces los escritores nos llaman a una acción

y luego nos explican el porqué. Por ejemplo, Filipenses

2:14 dice, "Haced todo sin murmuraciones y contiendas."

¿Por qué? El versículo 15 nos dice, "Para que seáis

irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de

la cual resplandecéis como luminarias en el mundo."

Muchos hijos saben cómo aplicar una ley moral, pero no tantos saben el porqué que existe tras la ley moral. Se les

enseña a los hijos lo que no deben hacer (ej., no robar) o lo que deben hacer (ej., compartir sus juguetes con sus hermanos). Sin embargo, los padres en nuestra sociedad consistentemente fallan en la enseñanza del porqué moral

o práctico del comportamiento. Esto trae como resultado

hijos que solamente son morales por fuera. Saben responder en diferentes circunstancias solamente porque

((((

han sido educados según la circunstancia, no porque comprenden el principio moral.

Por ejemplo, Sandy activamente atormentaba a su hermana menor Ceci de muchas maneras no amables. Los amigos escucharían los secretos de Sandy, pero públicamente excluía a Ceci de la misma participación. Cuando montaban bicicletas juntas, predeciblemente Sandy le causaba a Ceci una caída y una herida. Sandy manipulaba las situaciones para ganarle ventaja a su hermanita al costo de los sentimientos de su hermanita. La Sra. Méndez corregía cada acontecimiento castigando a Sandy pero no podía entender porque continuaba el exagerado conflicto unilateral entre hermanas.

La Sra. Méndez falló en darse cuenta de los principios compartidos en los párrafos previos. Sí, temporalmente suprimió la maldad al corregir cada caso, pero eso le llevó al problema perpetuo. Se enfocó tanto en el comportamiento negativo que falló en la enseñanza de la necesidad de ser bondadoso. Reaccionaba cuando se trataba de una maldad, pero no era muy activa cuando llegaba el momento de enseñar qué es lo correcto y lo virtuoso. Los padres tienen que enseñar a tener bondad entre hermanos en el contexto de las relaciones al dar el razonamiento moral detrás de un comportamiento requerido en períodos de conflicto y paz.

¿Nos obliga esto como padres a dar un porque cada vez que lo demande el hijo? Claro que no. Habrá momentos cuando la explicación es simplemente "porque yo lo digo." Esto es especialmente cierto en los primeros tres años. Pero, a partir de los tres años, la educación de parte de los

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padres debiera ser caracterizada por la inclusión de razones prácticas y morales. Sin principios que muevan su corazón, el niño estará limitado en cuan motivado intrínsecamente llegará a estar.

2 > = 5

Anne Marie y yo estamos asociados con un experimento educativo en escuelas particulares y públicas que mide la relación entre excelencia moral y dominio académico. Sostenemos fervientemente el concepto que la educación moral avanza los logros académicos. Cuando los niños son entrevistados para entrar a esta escuela, tienen que someterse a una evaluación de preparación moral. Varias preguntas ayudan a determinar esa preparación.

Una serie típica de preguntas presentadas a un niño de cuatro años comienza con, "¿Qué harías si se les sirviera el postre a ti y a los demás invitados, pero la anfitriona todavía no se ha sentado?" Muchos niños responden correctamente: “Esperar a que la anfitriona se siente." Esa respuesta habla de la acción moral que representa el comportamiento deseado. Luego hacemos una pregunta más específica: “¿Por qué esperarías?" Solo los niños educados en principios morales pueden explicar en sus propias palabras el siguiente concepto. "Sería una manera de mostrar respeto para la persona que nos sirvió y preparó el postre." Estos niños que están en el proceso de ser moralmente maravillosos. Saben tanto qué hacer como el porqué se debe hacer. Sus vidas son gobernadas por principios.

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No es suficiente enseñar a tus hijos cómo comportarse moralmente; deben aprender a pensar moralmente. El saber la motivación virtuosa de un comportamiento previene el comportamiento robótico. Los niños que hacen todo lo correcto sin saber el porqué esas acciones son correctas son robots morales. A menudo responden a situaciones y circunstancias correctamente, pero no porque son guiados por principios en sus corazones. En contraste, los niños cuyo comportamiento es gobernado por principios morales son todo, menos robots. Son moralmente libres, gobiernan su comportamiento por principios intrínsecos, no por circunstancias extrínsecas.

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No todas las explicaciones que damos como padres están necesariamente asociadas con la educación moral. Algunas explicaciones tienen solamente un objetivo práctico. Como regla general, los padres debieran ofrecer una razón moral cuando una situación involucra a personas. Debieran ofrecer razones prácticas cuando una situación está relacionada con cosas. Por ejemplo, el papá de Natán estaba trabajando con un problema de hierbas cerca de una mata de frutas. Su ocupación atrajo la curiosidad de Natán. En vez de ordenar, "Natán, aléjate de ese árbol," él advirtió, "Natán, aléjate de ese árbol porque Papá acaba de echar veneno alrededor del tronco. Es peligroso." En esta situación, el restringir un comportamiento es cuestión práctica (salud y seguridad), no moral. Debido a que Natán recibió información acerca de lo que pasaba en el árbol su curiosidad fue satisfecha. Esa información minimizó la tensión entre la necesidad de

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obedecer de parte de Natán y su curiosidad natural. Su papá satisfizo su necesidad infantil de investigar.

2 > = 5 ?

Mientras caminaban por la tienda, Juan se fascinó con las etiquetas color blanco y negro que asomaban a su vista. Encontró diversión en deslizar cada etiqueta de un lado a otro. Su mamá dijo, "Juan, no toques las etiquetas de precios." Siguió su petición con el porqué: “Juan, si mueves las etiquetas, las personas que vienen después no sabrán cuanto cuestan los productos que necesitan." La explicación que dio su mamá fue tanto moral como práctica: interés por los que venían después y para evitar errores en los precios.

Lo más importante de esta ilustración es que la explicación moral significó algo para Juan quien tenía cuatro años. Su mamá y su papá ordenaban sus vidas según la ética bíblica. Ellos manejaban sus vidas, su hogar, y sus hijos según estos valores. Debido a que su familia se preocupaba por otros, el razonamiento que le dio su mamá cupo naturalmente en su perspectiva del mundo todavía en desarrollo. No mover las etiquetas le parecía perfectamente sensato a este pequeño. Aun comunicó ese principio a su primita de tres años, animándola a no tocar las etiquetas. Juan tomó posesión de los valores de sus padres.

Ese adueñamiento viene como resultado de varios factores operando en armonía para cumplir una meta. Ciertamente,

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el adueñamiento comienza con el fomento de valores bíblicos en el corazón del niño. Este proceso incluye el ejemplo de los padres, las relaciones de confianza, la honestidad de parte de los padres, la seguridad de la relación esposo-esposa, la expresión de lealtad familiar, y muchos otros componentes. Todos estos factores animan al niño a integrar el sistema de valores de sus padres en su vida.

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El estilo autoritario en la crianza de los hijos no provee el razonamiento moral y práctico detrás de una instrucción. Esa falta produce la apariencia de un niño bueno, y no un niño bueno en verdad. El niño es moral en el exterior pero no por dentro-y eso sólo puede tardar por un tiempo limitado. La ausencia de una razón moral ultimadamente desespera al niño, produciendo las luchas de poder y crea la propensión de una rebeldía moral más adelante. Los hijos criados sin valores son emocionalmente vulnerables.

El estilo permisivo también produce una falla moral. Como mencionamos anteriormente, el padre permisivo no es activo cuando se trata de la educación moral. A su forma de pensar, el hecho de mover las etiquetas es un juego infantil sin implicaciones morales. Su tolerancia de tales hechos demuestra públicamente su falta de preocupación por los demás. La insensatez de parte de los padres causa que los niños sean como son.

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La Biblia representa ultimadamente suficiencia autoritaria y moral. En sus páginas están las virtudes morales que reflejan la honradez y la sabiduría de Dios. No hay variaciones morales en sus preceptos. Los valores que gobiernan la conducta y que definen lo bueno y lo malo son iguales para todas las personas a través de todos los tiempos. Los padres cristianos necesitan darse cuenta que no es suficiente enseñar a sus hijos cómo actuar moralmente; también deben enseñarles a pensar moralmente. Para cumplir esa tarea, los mismos padres debieran pensar de acuerdo con principios bíblicos. Ese pensamiento es un requisito previo en el proceso de educar un hijo moralmente responsable.

La falta de valores bíblicos en los corazones de nuestra ciudadanía amenaza cada generación subsiguiente. Conforme cada generación se vuelve más insensible a la preciosura de los demás, inevitablemente llegaremos a la generación donde no haya marcha atrás. Como alguien ha expresado muy bien, lo que permite una generación con moderación, la siguiente lo permite en exceso.

9

1.

¿Por

qué algunos niños son morales sólo

2.

externamente? ¿Por qué los autores consideran que la ética bíblica es el sistema de ética más alto y más puro en el mundo?

3. Explica la relación entre temperamento, personalidad y carácter moral.

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4. ¿Con quién comienza la educación moral? ¿Por qué?

5. ¿A qué edad (y por qué) debiera comenzar a dar explicaciones morales o prácticas a sus hijos?

6. ¿Cuál es la diferencia entre saber cómo hacer lo correcto y el saber porqué se debe hacer lo correcto?

8

1. Esté preparado para compartir con la clase cómo el dar el porqué moral o práctico de una instrucción ayudó a su hijo con una respuesta correcta.

2. Si tu hijo se caracteriza por preguntar el porqué, dé se cuenta si dando el razonamiento moral ayuda a disminuir ese comportamiento. Determine en cual de las tres categorías caen la mayoría de sus preguntas. Recuerde apoyar sus razonamientos morales con las Escrituras según el nivel de entendimiento de su hijo.

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¿Cómo deben los padres tomar decisiones y juicios morales para ellos mismos y para sus hijos? ¿Cómo pueden ellos saber si su juicio es el correcto? ¿Cómo pueden ellos saber si el comportamiento que están permitiendo es correcto según los parámetros bíblicos? ¿Cómo pueden estar seguros que están educando a sus

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hijos de acuerdo con la voluntad de Dios? Además, si los padres aceptan como meta el educar moralmente a sus hijos pero desconocen la metodología correcta ¿cómo pues pueden distinguir si las acciones de sus hijos ofenden o agradan a Dios?

Para contestar a estas preguntas debemos partir de una verdad bíblica básica. Cada área de la vida cristiana está gobernada por uno de tres imperativos bíblicos. Como cristianos, lo que nos es o no permitido cae dentro de los parámetros de uno de las tres categorías bíblicas: ley, principio o libertad.

De estas tres categorías, ley y principio delimitan o definen asuntos que son blanco o negro (es decir, esos imperativos y prohibiciones que se mencionan claramente en la Biblia). La ley y los principios de Dios son eternos. La Libertad gobierna las áreas grises de la vida- los no- absolutos de la Biblia. Este capítulo se enfoca en la relación que existe entre estas tres categorías y la educación moral de los hijos.

"No hurtarás." (Éxodo 20:15) es un ejemplo de una ley bíblica. El robar es una conducta de la cual la Biblia habla explícitamente. Los principios bíblicos son derivados de las leyes establecidas. En el caso de "No hurtarás", el principio derivado cubre una gama de acciones que son actos de hurto.

Los padres se deben hacer la siguiente pregunta cuando juzguen el comportamiento de su hijo: ¿Lo que está haciendo viola la Palabra de Dios? Si no existe un capítulo o versículo específico en la Biblia prohibiendo la acción,

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entonces los padres deben ver el contexto del momento para asegurarse que la acción no viola un principio bíblico. Si existe un principio bíblico que competa a tal acción, estamos obligados a seguirlo como si fuese una ley bíblica.

Las áreas de libertad son las que resultan cuando no existe ninguna ley ni principio a los cuales atenerse. Quedas solo con Dios y tu conciencia. La libertad bíblica no implica que uno puede hacer lo que uno quiera (I Corintios 6:12). Si una acción esta dentro del área gris, el hombre tiene la libertad de conciencia para participar, siempre y cuando sus actos estén en armonía con la revelación de Dios. Sus actos no deben nunca menospreciar o desvirtuar la Palabra.

Aun cuando la ley y los principios de Dios no cambian, las áreas de libertad pueden cambiar de un día a otro. Mi decisión hoy puede no ser la más adecuada la próxima semana. Por amor a Dios y a otros podemos elegir el negarnos a nosotros mismos los privilegios de la libertad.

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¿Cómo puedes saber si lo que le permites hacer a tu hijo ofende o refleja la verdad bíblica? Consideremos un ejemplo de la vida real. Después del servicio matutino el pequeño Joseito estaba corriendo desenfrenadamente por la terraza de la iglesia. El padre de José al ver a la gente que andaba por la terraza le sugirió a José dejar de correr. Pero su mamá le dijo "Déjalo correr, es un niño". ¿Existe un asunto moral en este caso el cual debamos considerar?

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¿Existe algo bíblicamente incorrecto en cuanto al correr? Para contestar estas preguntas, necesitamos saber debajo de cual categoría corresponde esta acción. ¿Puede acaso algo tan básico como el correr de un pequeño estar gobernado por la ley bíblica, los principios bíblicos o es siempre una libertad bíblica?

No podemos clasificar una acción como aceptable o no aceptable sin antes primero verla según el contexto. El contexto de cualquier situación nos permite enfocarnos en la respuesta correcta sin menoscabar la verdad moral. El contexto es lo que nos ayuda a determinar si una acción concuerda o se aleja de una ley bíblica o principio bíblico. La acción de un niño corriendo es moralmente neutra. Ciertamente ninguna cita bíblica prohíbe lo inocente de este juego. Pero, cuando se añade el contexto- una terraza llena de ancianos, niños pequeños, personas en sillas de ruedas y mamás con bebés, la acción del pequeño José deja de ser moralmente neutra y pasa a ser moralmente inaceptable. Aun cuando no existe cita bíblica que dirija explícitamente esta acción, el principio de consideración por los sentimientos y la seguridad de los demás, sí existe.

El correr desenfrenado de José por la terraza demuestra una falta de consideración y respeto a los demás. Su conducta está creando ansiedad a la cual él es insensible. Por lo tanto, sus padres son responsables de detenerlo y explicarle el problema. Desde la perspectiva de un hombre caminando con la ayuda de un bastón, un niño corriendo es una amenaza y razón de temor. La pregunta moral es básica. ¿Debemos condescender con nuestros hijos dándoles libertades para las cuales no son lo suficientemente grandes como para manejar, o debemos

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enseñarles a considerar por un momento lo valiosas que son las personas a su alrededor?

José es un ejemplo perfecto de una educación permisiva. El hace lo que quiere hacer cuando lo quiere hacer. La Señora Méndez representa el lado de los padres de la teoría. Ella no interfiere con el comportamiento de su hijo pues considera que su libertad de expresión es más importante que el bienestar de otros. Con razón los niños educados con este método permisivo generalmente cuando llegan a ser adultos están en quiebra moral y son insensibles a las preocupaciones y necesidades de los demás.

En contraste, Juanito permaneció cerca de sus padres. Aun cuando tenía deseos de jugar con José, sus padres no se lo permitieron. Entonces hicieron lo que realmente refleja una educación moral: le explicaron porqué el correr no era apropiado en la terraza de la iglesia. Los padres de Juan consideraron el bienestar y seguridad de las demás personas en la terraza e hicieron un juicio en cuanto cual sería la conducta más apropiada según la circunstancia. Entonces explicaron su decisión. Ayudaron a Juan a considerar los posibles accidentes y explicaron el porqué el permanecer cerca de ellos era la mejor opción dadas las circunstancias del momento. Juan está siendo educado de acuerdo al principio bíblico gobernando en el momento, en vez de ser educado de acuerdo a una regla general que no se aplica a todas las circunstancias. Al educar a su hijo según un principio se le esta enseñando simultáneamente a discernir moralmente. Cuando una situación similar se presente en el futuro, Juan estará listo para responder según el principio. En esta ocasión su acción fue dirigida

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por mamá y papá, la próxima vez, él podrá dirigir su propio comportamiento basándose en lo que él aprendió que es correcto moralmente.

Para ampliar aun más el significado de una educación moral, vamos a cambiar nuestra situación hipotética. ¿Qué hubiese pasado si los padres de Juan no le hubiesen dado una explicación a su prohibición? Lo que encontramos consistentemente es que: El “no" de hoy sólo se aplica a la situación de hoy y no a la violación de algún principio. La próxima vez que una situación similar se presente, Juan no tendrá ninguna base sobre la cual actuar. Simplemente no tendrá ninguna razón moral para no correr. La falta de razones morales es lo que hace que los niños se metan en problemas sin querer.

Con la esperanza de asegurar sumisión moral, algunos padres se van al otro extremo de hacer todo blanco o negro. Cuando se eliminan las áreas grises aparece el legalismo. "Juan, cuando estés en el templo no tienes permiso de correr nunca en la terraza" El papá de Juan ¿realmente desea eso?

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Uno de los mayores ataques a la suficiencia de la Escritura en el área de la educación de los hijos es el legalismo. El legalismo crea prohibiciones al elevar el método sobre el principio bíblico. La palabra legalismo es una palabra usada con frecuencia por aquellos que tienen conflicto con autoridad o normas trascendentes. Cuando alguien quiere bajar la norma, él o ella es la primera persona en llamarle

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legalista a los que sí la mantienen. Sin embargo, las normas altas no son la base para el legalismo.

¿Qué es legalismo? y ¿Cuales son las características de un legalista? El legalista ve todas las decisiones en la vida como blancas (morales) o negras (inmorales). El o ella no reconocen áreas grises y generalmente exige que las demás personas tengan una conciencia idéntica a la de ellos.

Todos hemos escuchado la exhortación "Mantengamos las cosas en contexto". El aspecto más notable de un legalista es el siguiente: rechaza el contexto. Responder al contexto de una situación no quiere decir que debemos olvidarnos de ley o principio bíblico, sino que los aplicamos en la manera más apropiada. El considerar el contexto nos libra de ser legalistas.

El acercamiento legalista a la educación de los hijos es muy peligroso, pues deja a su paso a un niño muy frustrado (un niño que le teme al fracaso en vez de amar la virtud). Al ir avanzando en el currículum, hablaremos de la importancia de la obediencia a la primera. Un niño debe obedecer la instrucción de un padre la primera vez que ésta es dada. Es importante, sin embargo, considerar el contexto de cada situación. El siguiente ejemplo ilustra este punto. Cuando el papá de Juan le dijo "Quédate en la cama y apaga la luz", él estaba esperando obediencia total. Cuando Natanael, el hermanito de Juan se cayó de la cama a media noche, Juan se levantó y prendió la luz para poder ver y ayudar a su hermano. Un legalista vería esto como una clara violación a las órdenes del padre. Pero su comportamiento no era una violación a las instrucciones del padre porque en este

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caso, como en muchos otros, el contexto aclara la intención original. La intención original del padre nunca fue el mantener a Juan en la cama bajo cualquier circunstancia. Es el contexto el que permite a un niño hacer lo que es correcto si ha sido educado para actuar según el principio y no tan sólo según una regla específica. Tememos al pensar cuántos niños hubieran permanecido en cama temiendo levantarse para ayudar, debido a que fueron educados a actuar según una regla y no según el principio que la regla representa. Si no enseñamos el principio, privamos al niño de discernimiento moral.

Un legalista diría "No pienso que sea correcto que la mujer use pantalones" porque se aferra a lo blanco o negro

de sus propias reglas. Obliga a su esposa a usar un vestido cuando van a montar a caballo. No es legalista porque cree que las mujeres no debieran usar pantalones, eso es una preferencia personal. Él es legalista porque rechaza el contexto. Blanco o negro son las únicas opciones que él considerara aun en áreas que no competen a la moral. Para

él una acción es correcta todo el tiempo o es incorrecta

todo el tiempo no importando la situación. En nuestro

ejemplo, él lo considera incorrecto aun en el contexto de estar montando a caballo. Si él considera que es incorrecto

el que su esposa use pantalones, probablemente el también

asume que es incorrecto que cualquier mujer los use en toda situación.

El criterio para juzgar la validez de su juicio es lo que

Dios dice al respecto. ¿Ha dicho Dios por medio de la ley

o algún principio que el usar pantalones es moralmente

malo? Obviamente no. ¡Ni aun los hombres en los tiempos bíblicos usaban pantalones! Cuando no hay una

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prohibición directa o indirecta en la escritura entonces tenemos un "área gris". Si la Escritura no declara una ley, entonces, una interpretación privada no puede establecer tal ley, y el silencio de la Escritura no necesariamente implica una prohibición. Una mujer usando pantalones mientras monta a caballo no desvirtúa los principios bíblicos.

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Lo opuesto del legalismo es el pensamiento libertino, el cual estira las áreas grises de tal manera que hace desaparecer lo blanco y lo negro. Para el libertino todo es amoral. Cada persona sencillamente tiene su propio criterio. Pero este acercamiento menosprecia lo blanco y lo negro de la Escritura. El mentir y el adulterio son dos prohibiciones muy claras. El libertino diría, "No es para mí, pero puede funcionarte a ti". Nuestra opinión acerca de estos asuntos no hace que los decretos morales de Dios cambien. Lo correcto es correcto aun cuando nadie lo este haciendo; lo incorrecto es incorrecto aun cuando todos lo estén haciendo. Para evitar las trampas del pensamiento legalista y del pensamiento libertino, el creyente debe llamar "blanco", "negro" o "gris", a lo que Dios llama "blanco", "negro" y "gris". Esto es especialmente importante al hablar de la educación de los hijos pues es durante este proceso que se juzga el comportamiento.

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Muchos padres conocen mucho acerca de la teoría en cuanto a lo moral pero son débiles en cuanto a la práctica. Los efectos perjudiciales son progresivos. El tomar en serio la educación de los hijos implica el hacer juicios morales en relación al comportamiento de tu hijo y luego actuar con base en estos juicios. El padre es como un juez, que compara la conducta del niño con las normas de Dios. Cuando esa conducta no va de acuerdo a las normas de Dios, debemos alterar el comportamiento y no redefinir las expectativas morales que tiene Dios.

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1. Describe la diferencia entre una ley bíblica y un principio bíblico.

2. ¿Qué pregunta se debe hacer un padre al juzgar el comportamiento de su hijo?

3. ¿Qué es el legalismo? ¿Qué es lo que rechaza un legalista?

4. ¿Qué significa "considerar el contexto"? ¿Qué no significa?

5. Lee el apéndice uno, "Valores Bíblicos y Relativismo Moral"

8 A

1.Prepárate para compartir con el grupo un ejemplo de legalismo que hayas experimentado o del que hayas leído esta semana. 2.Prepárate para compartir con el grupo cómo tu entendimiento de lo que es e implica el contexto te

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ha ayudado esta semana para ser un padre más justo.

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Este capítulo enfatizará algunos puntos específicos sobre la educación del carácter piadoso.

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Para entender qué es el carácter, necesitamos decir primero lo que no es. El carácter no es el temperamento o la personalidad de una persona. Creemos que el temperamento es innato, y sirve como el cimiento sobre el cual se construye la personalidad. En contraste, el carácter es la calidad de artesanía que contribuyó en la construcción de la personalidad. El carácter es la combinación de las virtudes entretejidas en la tela moral de la vida de una persona. El carácter moral es la calidad de la personalidad de uno y el refreno o aliento moral de su temperamento. Cuando hablamos de carácter cristiano, nos referimos a la excelencia social y moral. Dios llama a su pueblo a una norma divina, no a la mediocridad moral que se encuentra en la mayor parte de nuestra sociedad. Esa norma más alta requiere de una acción de parte de los individuos y, más

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específicamente, de parte de los padres para comunicar valores bíblicos a sus hijos.

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La calidad de tu carácter y el de tu hijo se ejemplifican mejor por la presencia o la ausencia de tres atributos:

respeto, honra y honestidad. Estos son términos de acción. Tener una actitud de respeto, honra y honestidad no es suficiente; tiene que haber una muestra continua de los tres.

El respeto, la honra y la honestidad son las fibras críticas en la tela moral de nuestro ser. El respetar a nuestro prójimo es honrarlo, y honrarlo es vivir honestamente delante de él. La tarea de los padres es tomar los conceptos intangibles de respeto, honra y honestidad y hacerlos tangibles, es decir, tomar sus sentidos abstractos y volverlos concretos.

Hay seis relaciones naturales que son fundamentales en cualquier sociedad porque son fundamentales en toda relación humana. El hombre interactúa con posiciones de:

1. Autoridad

2. Padres

3. Mayores

4. Compañeros Y Hermanos

5. Propiedad De Otros, Y La Naturaleza.

Estas seis relaciones proveen la base para toda educación moral. Como analogía, puedes ver estas seis relaciones

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como un diamante precioso que brilla desde cualquier faceta. El nombre del diamante es "estima para los demás" (Filipenses 2:3). Como un diamante, estas relaciones tienen una preciosura única, pero muchas facetas de apreciación. No apreciar una faceta significa que el diamante entero pierde valor. Los padres que esperan educar hijos moralmente responsables y bíblicamente responsables tienen que estar conscientes de estas seis relaciones. El respeto, la honra y la honestidad son como el centro de una rueda. Dan fuerza a cada rayo de relación.

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La autoridad no es un concepto ajeno a las Escrituras. Hebreos 13:17a dice, "Obedeced a vuestros pastores." Romanos 13:1 dice, "Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas." I Pedro 2:13-14 dice, "Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien." I Pedro 2:17 dice, "Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey."

Estos versículos están relacionados con la respuesta del creyente hacia la autoridad, no con la responsabilidad de la autoridad hacia sus constituyentes. Esta distinción tiene que hacerse porque toda la autoridad es gobernada por imperativos bíblicos. Las teorías del derecho divino real o el derecho divino de los padres no son aceptables. La autoridad bíblica tiene límites morales y está limitada por

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la ley y los preceptos bíblicos. Cuando un hombre actúa presuntuosamente y asume el derecho de alterar la ley moral de Dios, ya no representa la autoridad bíblica. La autoridad bíblica, sea de los padres, de la iglesia o del gobierno, tiene que ejercerse dentro del contexto de la ética bíblica. Cuando la autoridad deja de ser ética, deja de ser bíblica.

Al hombre, por naturaleza, no le gusta la autoridad. Nuestras naturalezas pecaminosas son auto-regidas, y la autoridad desafía esa manera de ser. Sin embargo, la ética bíblica requiere que vivamos de acuerdo con la autoridad y que vivamos y juguemos según los reglamentos. Cuando juegas de acuerdo con los reglamentos, honras a los demás; cuando haces trampa en la vida, deshonras a los demás.

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La autoridad no es la ley en sí, pero el poder para poner en vigor la ley. Aunque hay muchas formas diferentes de autoridad, todas se originan en Dios (Romanos 13:1). La autoridad bíblica incluye autoridad pastoral y de los padres. Otros poderes incluyen autoridades federales, estatales, municipales y locales. La autoridad te gobierna cuando manejas un coche, viajas en un avión, caminas en la calle, o comes en un restaurante.

Dios quiere que respetemos a la autoridad, (Romanos 13:2-3) y quiere que eduquemos a nuestros hijos a hacer lo mismo (Efesios 6:1-4). ¿Por qué puso algunas personas en puestos de autoridad? Hay unas razones obvias. Sin

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autoridad habría caos, confusión y destrucción. Si no hubiera autoridad gobernando el flujo de tránsito, cada cruzamiento se volvería una trampa mortal. Si no hubiera autoridad, ¿quién castigaría a los malhechores y los llevaría a la justicia (Romanos 13:4)? ¿Quién protegería a los inocentes? ¿Quién aseguraría que la leche se pasteurice o que la comida que compramos realmente sea higiénica? ¿Quién protegería tus derechos, tus ahorros y tus inversiones? La autoridad es necesaria para un orden consistente.

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La respuesta adecuada hacia la autoridad resulta en un juego limpio. El someterse a la autoridad significa honrar a los demás. Cuando uno accede a jugar según las reglas, evita violar el derecho de los demás de disfrutar de la vida. Cuando damos respeto y honra y vivimos de acuerdo con la autoridad, en realidad estamos poniendo en estima a los demás.

Hay cientos de leyes que gobiernan el comportamiento del hombre. Desafortunadamente, mientras más se aleja una sociedad de una moralidad bíblica y motivación interna, más dependiente se vuelve en el control del comportamiento externo por medios externos. ¿Cuál es el terreno moral más alto? Es hacer lo correcto debido a un sentido mutuo de respeto el uno hacia el otro. Cuando cedo a la autoridad, te estoy dando valor. Indirectamente estoy reconociendo tu preciosura al frenar mis motivaciones egoístas.

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¿Cómo respondes a las formas de autoridad delante de tus hijos? Cuando un letrero dice "No pises el césped," ¿le haces caso omiso? Cuando llega una advertencia de la escuela, ¿criticas al maestro delante de tu hijo? ¿Qué haces con la envoltura de tu chicle? ¿Lo tiras cuando nadie esta viendo, o lo guardas en tu bolsillo para tirar más tarde? La manera en que responden los adultos hacia la autoridad fija patrones que sus hijos seguirán. Como es el caso con todas las fases de la educación infantil, el ejemplo de los padres respalda la instrucción de los padres. Nuestro ejemplo da credibilidad a nuestra instrucción. Muchas veces deshacemos toda nuestra buena enseñanza al fallar en nuestra respuesta hacia la autoridad. Como respondemos personalmente hacia la autoridad impone los parámetros aceptables para nuestros hijos. Si constantemente vivimos debajo de la norma, ellos interpretan nuestro comportamiento como la norma.

Finalmente, ten en mente que nuestra sumisión a la autoridad es más que un acto de condescendencia externa, es una actitud que acepta que fue por designación divina que esa persona esta en un lugar de autoridad. Muchas veces una actitud amarga hacia la autoridad es en realidad una actitud amarga hacia Dios.

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La segunda faceta de nuestro diamante es el respeto y la honra hacia los padres. Educar a los niños a respetar y

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honrar a sus padres es básico para enseñarles cómo mostrar respeto hacia los demás.

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Muchos padres subestiman la importancia del quinto mandamiento dado a Moisés en el Monte de Sinaí. Es una frase sencilla: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da" (Éxodo 20:12). Tal vez la sencillez de la frase es la misma razón por la cual tantos padres se han vuelto laxos al poner en práctica el verdadero significado de esta frase. Cuando contrastamos este mandamiento con los otros nueve, encontramos que es más estrechamente asociado con los primeros cuatro mandamientos, los cuales se tratan de la relación del hombre con Dios, que con los últimos cinco mandamientos, los cuales hablan de la relación entre seres humanos.

Hay algo muy especial acerca del papel que desempeñas como padre. Por esa razón damos nuestra advertencia. No permitas que tus hijos se burlen de tu posición como su guardián con sus pensamientos, sus palabras y sus hechos impulsivos. Cuando lo hacen, también se burlan de Dios.

El mandamiento "Honra a tu padre y a tu madre" es tan especial que tiene una promesa adjunta: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da." Consecuentemente, el deshonrar a los padres tiene una maldición única adjunta a él. Aquellos que abusan y deshonran a sus padres ciertamente recibirán todo el peso del juicio de Dios.

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"El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila" (Proverbios 30:17); "El que hiriere a su padre o a su madre, morirá. Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá" (Éxodo 21:15, 17). Además, en Levítico 20:7, Dios declara que El es santo y manda que su pueblo sea santo. Luego comienza una lista entera de actos impíos con la frase, "Todo hombre que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá" (Levítico 20:9a). Dios toma la educación de parte de los padres hacia los hijos muy en serio, así que los padres no debieran permitir que sus hijos se burlen de su posición de autoridad.

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Como padre, ¿estás criando activamente o pasivamente a un hijo que se burla de ti-un hijo cuyas actividades se caracterizan por un comportamiento desobediente o hasta ofensivo? Debes entender que el quinto mandamiento comienza con los padres. Tus hijos no les obedecerán, respetarán u honrarán automáticamente. Estas actividades van en contra de sus naturalezas. Ellos tienen que recibir educación y dirección de ti.

Los padres son los gobernadores asignados por Dios de las almas de sus hijos. La misma naturaleza de un niño le hace incompetente para autogobernarse. ¿Pueden gobernar a tu hijo sus propias pasiones, lujurias y deseos de la carne mejor que tú? ¿Puede su pasión llevarle a la santidad? ¿Pueden el deseo de su carne, la lujuria de sus ojos, y el

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orgullo de vida hacer lo que Uds. como padres no pueden? No has leído la promesa de Dios en Romanos 2:2, que dice, "Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad." El apóstol Pablo anteriormente dijo, "Estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres" (Romanos 1:29-30). El juicio de Dios caerá sobre ellos. Padres, por favor comprendan la importancia de este quinto mandamiento. Date cuenta desde temprana edad que tus hijos no les honrarán por naturaleza. Debes insistir en su homenaje a tu posición, porque para ellos representas a Dios.

Aunque las Escrituras nos llaman a la obediencia hacia príncipes, amos, pastores y otros superiores, el quinto mandamiento solamente nombra a los padres y a las madres, porque son los primeros gobernadores a los cuales la obediencia de un niño está obligada. No subestimes la importancia de tu posición.

& D 9E ) &

Es vergonzoso escuchar a un niño llamar a sus padres por sus nombres cristianos como si fuera su igual. Es vergonzoso escuchar a un niño demandar cosas a través de órdenes verbales, y aun más vergonzoso ver a los padres sucumbir a tales órdenes. Es una desgracia escuchar a los pequeños hablar toscamente a sus padres sin ser corregidos. ¿Sabes las advertencias de las Escrituras? No

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te equivoques, el barro del corazón de un niño chico es moldeable. Correcto o incorrecto, a propósito o por negligencia, moldearás ese barro.

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Comúnmente se nos pregunta, "Como adultos ¿todavía tenemos que obedecer a nuestros padres?" o "¿A qué edad ya no tengo que obedecer a mis padres?" Estas son dos preguntas legítimas. Antes de contestarlas, necesitamos distinguir entre obediencia, sumisión y honra.

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En todo el Nuevo Testamento, solamente dos pasajes hablan directamente de los hijos: Efesios 6:1-2 y Colosenses 3:20. En el pasaje en Efesios, instruye a los niños a obedecer a sus padres y luego Pablo habla de honrar a los padres en el capítulo 10. No daremos una perspectiva total de la obediencia en este momento. Sin embargo, investigaremos el cuadro de tiempo y el propósito de la obediencia para los hijos y la naturaleza temporal de la obediencia por mandato.

La obediencia es diferente a la sumisión u honra. La obediencia (la palabra en griego hupakouo, quiere decir alinearse bajo alguien como deber) se usa en las Escrituras para niños, esclavos, soldados y siervos. Es un mandato implicado-una obligación moral. La sumisión (la palabra en griego hupotasso, quiere decir alinearse bajo alguien por devoción) se usa para las esposas y habla del deseo de someterse. Es una responsabilidad moral.

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En la educación de los hijos, los padres tienen que ayudar

a sus hijos a cambiar la obediencia por sumisión. El

corazón no entrenado de un niño refleja egoísmo y la falta

de auto-control. La obediencia es necesaria para ayudar en

la formación del comportamiento del niño y en su sistema

de creencias que está en desarrollo. La obligación que requiere la obediencia sirve al niño como un recurso de aprendizaje. La obediencia actúa como una clase de maestro. Como la ley era el maestro hasta que vino

Jesucristo (Gálatas 3:24), así también la obediencia es el maestro que lleva al niño a la libertad. Libertad quiere decir obedecer por motivo de hacer lo correcto y no por temor de ser reprendido. La obediencia es el comienzo de

la honra, no su fin.

Como maestro, la obediencia aleja a un niño de sus tendencias egoístas al auto-control en la vida. Este maestro

lo mueve de la esclavitud de la ley a la libertad de la fe. La

obediencia toma la ley escrita en tablas de piedra y la transforma en una ley escrita en sus corazones, llevando al niño de motivación externa a control interno. Eventualmente, un niño ya no necesitará una barrera externa para su propia protección porque sus padres, a través de educarlo en obediencia, le han ayudado a poner una barrera ética y moral interna.

¿Cuál entonces es el propósito de la obediencia? Es un maestro temporal que lleva al niño a cumplir por medios externos hasta que este moralmente preparado para cumplir por controles internos. A través del tiempo, un niño tiene que cambiar la obediencia por la sumisión. La sumisión hacia los padres significa hacer lo correcto por

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devoción a los padres. Esta actitud llega cuando un niño comienza a aceptar a Dios como su máxima autoridad. Luego obedece para agradar a Dios, que incluye someterse al liderazgo de sus padres.

Cuando un hijo se casa, lo único que le es necesario es honrar a sus padres según el mandato ético de las Escrituras. Cuando sucede ese evento, el padre-mediador ya no es necesario. Se hizo la transferencia exitosamente. Una vez que haya un partir y un nuevo unir, una nueva estructura de autoridad es creada por la partida de un hijo. La obediencia y la sumisión se van y la honra debido a los padres se queda. La siguiente pregunta es: ¿Cómo te honrarán tus hijos? ¿Por devoción o por deber?

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Como se usa el término en las Escrituras, honrar a sus padres implica un respeto profundo dado con amor. El amor y la devoción hacen legítima la honra. Este amor es basado en el tiempo, el conocimiento, la experiencia y la apreciación de todo lo que han hecho tus padres por ti y contigo. Es un amor que nace de la devoción y se vuelve honra por devoción. En algunas culturas, el honrar a los padres es un mandato cultural /social. Esta clase de honra no viene del amor o de la devoción, sino que es una honra forzada por obligación. El hecho de ser obligado a honrar no niega la honra, pero sí nulifica la santidad de la honra y el intento original de Dios. El hijo no venera verdaderamente a sus padres, solamente los reconoce socialmente. Esa obligación esta muy lejos de la honra que fluye de un corazón puro.

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Los hijos adultos siempre han de honrar a sus padres. Para algunos, esto será una experiencia placentera-para otros, una tarea muy difícil. Algunos se dan cuenta de cuan preciosos son sus padres. Ellos ven la bendición de Dios en sus vidas y se dan cuenta que es el resultado del cuidado y la educación diligente de parte de sus padres. Mientras más se acercan a Dios en su vida de adulto, más aprecian y adoran a sus padres, dándose cuenta que todo lo que son es el resultado de la atención piadosa de parte de sus padres en sus vidas.

Al contrario, hay aquellos que han sufrido bajo la mano del abuso. El dolor del pasado, la falta de confianza, o la falta actual de una relación significativa reduce el acto de honrar a una obligación, no a una devoción. Para estas personas, el mandamiento de honrar a sus padres y a sus madres se vuelve un mandamiento difícil en vez de un versículo de bendición.

Sin embargo, la Biblia nos llama a una mínima cantidad de respeto y honra. A pesar de cuan horrible tu vida ha sido en el pasado, no puedes hablar mal de tus padres, no puedes difamarlos, dejarles pasar hambre o ignorarlos en momentos de necesidad, porque cuando menos son reducidos a ser tu prójimo, a quien debes amar como a ti mismo (Marcos 12:31). Lo que hace falta, sin embargo, es el gozo de honrar. ¿Qué legado dejarás a tus hijos? ¿Te honrarán de pura devoción o será una onerosa obligación? Hay pocas cosas más bellas en la vida que tener a tus hijos

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grandes y ver que crecen en su aprecio, amor, y honra para ti. La honra es un gozo para ellos.

La honra gozosa debe ser el legado que cada padre cristiano deje a sus hijos. No importa que clase de relación tuviste con tus padres. La única pregunta de este momento en adelante es: ¿Qué clase de relación tendrás con tus hijos? Dios pide de ellos que te honran, pero determinarás si esa honra viene de la obligación o de la devoción por la manera en que los educas ahora. No les quites el gozo de honrarte.

& & Muchos padres pasan su vida entera tratando de ser amigos de sus hijos. Suspenden el requisito de la

obediencia en los primeros años de la vida de sus hijos con

la esperanza de cambiarlo por la amistad del hijo en los

años posteriores. A pesar del fracaso miserable de esta suposición visto a través de los últimos 25 años, nuestra

sociedad todavía alienta a los padres actuales a ser amigos

de sus hijos desde el principio.

Desde una perspectiva educativa, ¿qué le suena más noble

o más fascinante que una familia de puros amigos?

Ciertamente es una idea admirable, aun llamativa a una

generación quienes acaso se han cuestionado sobre la falta

de amistad con sus propios padres. Pero ¿es lo correcto?

Construir una amistad con tu hijo tiene que ser el objetivo relacional, no el punto de partida en la educación de tu hijo. Como mayordomos de los regalos especiales de Dios, El nos llama a una relación de disciplina con nuestros

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hijos - llevándolos de la inocencia y necedad a la madurez y sabiduría (Proverbios 4:1-7). Ese es el modelo que nuestro Señor dio a Sus discípulos: “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer" (Juan 15:15).

¡Qué ilustración más acertada acerca de la transferencia de la sabiduría de una generación a otra! En Sus últimas horas, Jesús resumió su relación con los hombres con quienes había tenido más intimidad, sus discípulos. A través de todo el proceso, Él no temía recordarles que el alumno no es mayor que el maestro. Como su pastor, Él trajo conformidad a su manera de pensar al crear el ánimo por los mismos sentimientos y al darles una dirección en sus vidas. En Juan 15, el Señor llevó el discipulado de sus hombres a su fin y entró en una nueva relación con ellos, una relación que Él llama amistad.

La educación cristiana sigue el mismo patrón de discipulado. Desde el principio, debemos pasar la sabiduría del Padre a aquellos bajo nuestro cuidado. La sabiduría de Dios, o la falta de ella, establece la superioridad y la inferioridad del hombre. Nuestro papel como padre automáticamente nos otorga el papel de maestro; nuestros hijos son nuestros alumnos.

Habrá tiempo suficiente para la amistad más en adelante, y cuando los padres disciplinan sabiamente, habrá amplia razón para ella. Pero la amistad con nuestros hijos no es el punto de partida de la educación-es la meta. Solamente cuando hemos traído a nuestros hijos a una identidad en común de quienes somos como familia estaremos en una

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posición para disfrutar de nuestros hijos y darles una razón para disfrutar de nosotros. Antes de la fase de la amistad, los padres pasan por tres períodos en los que se asientan las bases con sus hijos. El éxito de cada fase depende del éxito de la fase anterior.

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Esta fase cubre el período desde el nacimiento hasta los cinco años. Tu meta principal como padre es establecer tu derecho de guiar sus pequeñas vidas. El liderazgo del cual hablamos no es opresivo pero sí de autoridad. Es una fase de límites estrechos, no libertades ilimitadas-limites que darán lugar a libertades conforme demuestre el hijo un comportamiento responsable. Tu tarea es ganar el control del niño para que puedas educarlo efectivamente. Si no puedes controlar a tu hijo, no puedes educarlo a su potencial pleno, y no lo podrá hacer ninguna otra persona.

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La fase de entrenamiento de la educación toma lugar de los 6 a los 12 años. Para usar una analogía del mundo deportivo, un entrenador trabaja con un atleta cada día en diferentes escenarios, haciendo rutinas y ejercicios. El puede parar al jugador en cualquier momento y hacer correcciones inmediatas, explicando las razones y demostrando al jugador qué hacer y cómo hacerlo. Durante el entrenamiento, nuestros hijos todavía no están en el verdadero juego de la vida, solamente en sesiones de práctica.

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La tercera fase, desde los 13 a los 19 años, es la fase de dirección. Ahora nuestros hijos están en el juego de la vida ellos mismos. Podemos mandar sugerencias o consejos y hablar con ellos en momentos de descanso, pero ya no podemos parar el juego por períodos extendidos y mostrarles como se juega. Ahora ellos mismos hacen las jugadas y avanzan.

La manera en que entrenes a tus hijos determinará que tan bien harán las jugadas de la vida. La clase de entrenador que eres determina como responden a tu entrenamiento. La clase de entrenador que eres determina tu habilidad de entrenar a tus hijos.

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La meta relacional de la educación es la amistad con nuestros hijos. Aunque la relación padre-hijo no cesa, ambos padre e hijo entran en una nueva época de la vida. Tal como fue con el Señor y sus discípulos, debe ser también contigo y con tus hijos, una relación de discipulado culminando en una amistad. El proceso comienza con límites estrechos, los cuales dan lugar a un comportamiento responsable, guiándolos a la libertad.

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Esta sección cubre el tercer y cuarto lado del diamante:

respeto por los mayores y los coetáneos. Los padres deben prestar atención a estos dos aspectos en el proceso de educación. El simple hecho de que Dios hizo al hombre con la capacidad de relacionarse requiere que tengamos sensibilidad moral hacia otros miembros de nuestra sociedad, especialmente nuestros mayores y nuestros coetáneos.

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Si algo se ha perdido en la última mitad de este siglo ha sido el respeto a los mayores. En el pasado, los padres enseñaban a sus hijos a respetar a sus mayores. Hoy esto se ha ido perdiendo poco a poco. Si nos descuidamos, el día de mañana se verá a los ancianos como una carga para la sociedad. Pero déjeme recordarles que el día vendrá cuando los padres de esta generación serán los ancianos de mañana.

Levítico 19:32 dice, "Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová". Hay aquí un enlace entre la relación entre hombre y hombre, y la relación entre Dios y el hombre. En este pasaje, el dar honor al anciano es dar honor a Dios.

El instruir a los niños para que honren y respeten a los ancianos o mayores es instruirlos a honrar a Dios. Esto es así de básico. Todos somos preciosos para Dios, por lo tanto, el respeto es necesario. Sin embargo, algunos entre nosotros son mayores, y una porción mayor de honor debe ser dirigida hacia ellos. Esta enseñanza debe ser practicada primeramente por los padres. Como padre,

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¿entiendes el principio derivado de Levítico 19:32? No puedes decirle a tu hijo "Se amable con los mayores" sin mostrarle lo que significa eso.

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Cuando un adulto y uno más joven llegan a la puerta al mismo tiempo, ¿Cuál debe ser la reacción? El más joven debe honrar la edad permitiendo que el adulto entre primero y debe abrir la puerta para la persona mayor. Este es un simple gesto de amabilidad pero refleja respeto por los mayores y directamente honra a Dios. Cuán simple es, y sin embargo, que maravilloso es el mensaje de respeto que refleja. Enseñe a su niño a honrar a los mayores, por ejemplo, sediento su lugar en el autobús, en un auditorio o en la sala de la casa. Al insistir en que ellos hagan esto y al enseñarles el principio detrás de la acción, estará en el proceso de cultivar en sus hijos las acciones y las creencias correctas.

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Otra manera práctica para enseñarle a su hijo respeto hacia los demás es enseñándole cómo interrumpir apropiadamente una conversación. ¿Cómo puede hacerse esto? Cuando el niño quiera interrumpir a mamá en una conversación, deberá poner su manita sobre la pierna o el hombro de mamá y deberá esperar silenciosamente hasta que mamá le preste atención. No deben jalarle o empujarle para llamar su atención, sino que deben esperar pacientemente. Este gesto muestra de una manera maravillosa el respeto que el niño tiene hacia usted y la

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persona con quien usted dialoga. Aquí hay algunos beneficios de observar esta regla:

Se convierte en un vehículo para que el niño pueda mostrar honor hacia otros al mismo tiempo que comunica sus necesidades a sus padres.

Le ayuda al niño a desarrollarse en la disciplina de la paciencia.

Le comunica a la tercera persona las normas de respeto y honor que como familia ustedes tienen.

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La timidez no es una excusa aceptable para la falta de respeto. La timidez en sí misma no es moralmente buena o mala, pero sí tiene límites morales. No puede ser usada como una excusa legítima porque ni el temperamento ni las debilidades exentan al niño de tener las acciones morales correctas. Si alguien le dice "hola" a su hijo, la respuesta mínima y correcta debe ser "hola". Si alguien le alaba su vestido a su hija, la respuesta "gracias" es apropiada.

Enseñe a su hijo a ser cortés. Antes de ir a la Iglesia o a una reunión social, comunique a su hijo la probabilidad de que reciba algún piropo por su pelo, vestido o sus zapatos nuevos. Enséñele cuál sería una respuesta correcta, y si fuera necesario, infórmele acerca de la consecuencia si no responden adecuadamente. Y cuando se de el caso de que su hijo se rehusé a contestar un "hola", humildemente diga, "Lo siento, todavía estamos enseñándole", y cuando llegue a casa, enséñele. A menudo los padres escogen ese

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momento público para batallar con el niño. Nueve veces de diez, este no será el mejor momento. Espere hasta llegar a casa para cumplir las consecuencias prometidas y dar la enseñanza asociada con ellas.

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Creemos que es moralmente correcto que los niños usen títulos de respeto cuando se dirijan a los adultos. Son moralmente apropiados los títulos como Sr. y Sra. o Dn. y Dña., y los títulos de cariño como mamá, papi, abuelito(o), tía(o). Estos términos implican relaciones especiales. Sr. y Sra. o Dn. y Dña. representan títulos sociales mientras que los títulos de cariño representan relaciones familiares. Los títulos hacen que las líneas de responsabilidad y obligación no se desvanezcan. Los títulos hacen la distinción entre coetáneos y adultos, familiares y desconocidos, seres queridos y simples conocidos. ¿Qué es lo que comunican los títulos Sr. y Sra. o Dn. y Dña.? Cuando un niño aplica estos títulos está reconociendo que aunque el tiempo pase no está al mismo nivel de los adultos. El uso de estos términos es el reconocimiento por parte del niño de que él aun es joven y necesita la sabiduría de la gente con experiencia. Cuando el niño llama al adulto simplemente por su nombre está reduciendo la importancia de la edad. Si todos son considerados iguales, entonces la edad pierde su posición. Usted como adulto puede llamar a sus coetáneos por su nombre, pero el niño debe usar los títulos Sr., Sra. Dn. o Dña. Esta es la manera más básica en la que el niño muestra respeto por los adultos que no son sus parientes.

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Muchos piensan que al eliminar los títulos, el niño sentirá más confianza con el adulto. Pero, el dirigirse a los adultos sólo por sus nombres no reforzará la relación o hará que el niño se sienta más seguro. Lo único que esto hace es causar confusión en cuanto a los roles sociales. Los niños necesitan ser niños y los adultos necesitan ser adultos. Una relación de cercanía se construye con varios factores relacionados, pero el uso de sólo el nombre no es uno de ellos. La profundidad de mi relación con cualquier niño es medida por la amabilidad, la paciencia, la cortesía, interés genuino en ellos, y muchos otras cosas. Ninguno de estas cosas está ligado a la ausencia de títulos. El uso de títulos no me hace un adulto maravilloso, y tampoco el uso del nombre sin el título no hace que los niños se sientan más cercanos o más amados por el adulto. Los títulos proveen un vehículo para ayudar a los niños a honrar y respetar a sus mayores.

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¿Cómo podemos enseñarles a nuestros hijos a ser sensibles hacia sus coetáneos y a actuar apropiadamente hacia ellos? Primero, cuando nos referimos a las relaciones con sus coetáneos, estamos considerando una definición amplia del término; un coetáneo es alguien que está al mismo nivel o categoría. Esto incluye a los hermanos o hermanas y a los amigos y compañeros de clase. Para los adultos, la definición sería la misma. Nuestros coetáneos son aquellas personas con las que jugamos y trabajamos.

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¿Cómo les podemos mostrar respeto, honor y honestidad? Existen algunas guías básicas en la Escritura. Por ejemplo, podemos comenzar con la segunda mitad de los diez mandamientos.

Actúe positivamente con sus hijos. Anímelos a estar felices cuando algo bueno le pasa a uno de sus hermanos; por ejemplo cuando alguien se gana un premio, o gana un juego, o tiene una oportunidad que los otros no tienen. Su esfuerzo constante en esta área puede marcar la diferencia entre una constante pugna entre hermanos y una casa de paz. Cuando es cumpleaños de uno de sus hijos, nadie más debe recibir regalo; eso sólo le robaría su día especial al que cumple años. Las mamás a menudo dicen: "No quiero que alguno se sienta mal por no haber recibido regalo". Pero todos recibirán un regalo -- cada uno en su propio cumpleaños.

Sexto

No matarás

Séptimo

No cometerás adulterio No robarás No darás falso testimonio contra tu prójimo No codiciarás las posesiones de tu prójimo.

Octavo

Noveno

Décimo

Las leyes del Antiguo Testamento no son las únicas fuentes de dirección. El Nuevo Testamento también habla acerca del tema. Filipenses 2:3 nos dice que los cristianos deben considerar a los otros como superiores a ellos. Colosenses 3:13 nos enseña a soportarnos los unos a los otros. Romanos 13:8 nos enseña a amarnos los unos a los otros.

Hablando de una manera práctica, ¿Cómo debemos respetar a nuestros coetáneos? ¿Cómo podemos practicar los "unos a otros" de la Escritura? ¿Cómo les enseñamos a nuestros hijos lo mismo? El ejemplo paternal es importante. ¿Cómo trata usted a su cónyuge? ¿Son ustedes sus mejores amigos? ¿Cómo trata a sus coetáneos? ¿Los trata con el respeto y la dignidad que se merecen? No puede demandar que sus hijos vivan a un nivel mayor del que usted vive. El tratar de instruir a sus hijos sin respaldar las enseñanzas con su propio ejemplo exasperará a sus hijos (Efesios 6:4).

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Continuamente recuerde a sus hijos que ellos son mejores amigos de cada uno. Ellos deben aprender a cuidar el uno del otro. Las relaciones entre hermanos son las primeras relaciones que muchos niños conocerán.

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El enseñar a su hijo a responder de una manera sensible hacia los sentimientos de sus coetáneos es un acto de mayor bondad que sólo lograr que controle su conducta hostil. La conducta hostil será traída bajo control; en caso que los padres no lo logren, la sociedad lo hará. Sin embargo, el respeto por los coetáneos es más que restringir el lado oscuro de nuestra naturaleza. También significa alcanzar a otros para ayudarlos en tiempo de necesidad.

¿Cuán sensibles son sus hijos hacia los demás? Esta pregunta nos lleva de nuevo a Levítico 19:18 que dice:

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Si el vecinito

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tiene sed, ¿su hijo le daría agua? ¿Y si tiene hambre, frío,

o está sólo? ¿Cuán consiente está su hijo de los

sentimientos, tristezas, dolores y necesidades de otros niños?

Los niños por naturaleza pueden ser los miembros más crueles de cualquier sociedad. Pero aquellos niños cuyos corazones han sido moldeados apropiadamente pueden ser vasos de honor usados por Dios, trayendo misericordia y gracia para aquellos que no las tienen.

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El octavo mandamiento declara: "No robarás" (Ex. 20:15).

Este mandamiento bíblico implica: Primero, que no debes robar el dinero o las posesiones de otros. Segundo, que no debes robar a nadie defraudando o evitando que reciban lo que se han ganado.

Si bien es cierto que Dios es el dueño de todas las cosas,

también es cierto que Dios nos da las cosas para que las administremos. Cada quien ha recibido propiedades y bienes de parte de Dios y Él le pedirá cuentas a cada uno. Por lo tanto, debemos ser respetuosos de lo que Dios le ha dado a los demás para que administren.

La enseñanza del respeto por la propiedad empieza en casa. Cuando nuestras hijas estaban pequeñas tomamos en serio la tarea de enseñarles a respetar la propiedad de otros. Comenzamos con nuestra sala. Cuando comenzaron a tener mayor movilidad, establecimos límites tanto para su bienestar y nuestra paz mental. Ciertas cosas

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estaban prohibidas para ellas (control de televisión, botones del estéreo, y otras cosas).

Cuando visitábamos a nuestros amigos no movíamos las cosas de su sala por ser mucha tentación para nuestras hijas. Nuestras hijas no exploraban las recámaras, ni abrían gabinetes, ni el refrigerador. No subían sus pies a los muebles ni cargaban al gato levantándolo del cuello. No hacían esas cosas porque fueron enseñadas a no hacerlo. Nuestras enseñanzas estaban motivadas por nuestra responsabilidad ética de respetar la propiedad de otros.

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El deber de todo padre es enseñar un alto respeto por la propiedad de otros. Este proceso empieza respetando a la persona. La base del respeto no es el objeto en sí, sino el dueño. El objeto es meramente el blanco del respeto. Cuando vemos al dueño como la base del respeto eliminamos cualquier juicio de valor que nos lleve al respeto condicional. Por ejemplo, la condición de tu jardín del frente, ya sea que esté bien cuidado o no, no tiene ninguna correlación con el respeto que debo tener. No debo tirar la envoltura de mi goma de mascar en tu propiedad sin importar si la propiedad está en buenas condiciones o está toda descuidada. Lo que evoca mi respeto eres tú, no lo que tú posees.

Muchos valoran erróneamente un artículo basados en su uso. Por ejemplo, piense en un carrito de supermercado. En su estimación, ¿Cuánto vale un carrito de

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supermercado? Esta no debe ser la pregunta, sino la pregunta debe ser ¿Cuánto valor tiene ese carrito para su dueño? ¿Cómo debo responder a él, a su propiedad, y al derecho que otros tienen de usarlo?

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Para realmente respetar la propiedad de otros, una persona debe entender la relación entre el trabajo y el valor. El trabajo define el valor. Recibir un artículo sin haber trabajado por él limita la apreciación completa de cualquier compra. El niño que trabaja para ahorrar dinero para comprar una bicicleta tendrá mayor apreciación de su valor que aquel que la recibe como un regalo. Con todo seguridad, el sentido de responsabilidad por la bicicleta será mayor en el primer niño porque el valor de la bicicleta está cercanamente ligado con el trabajo.

Recomendamos que se incluyan trabajos adecuados como parte de la educación del niño. El trabajo puede dividirse en dos categorías generales: trabajo por deber y trabajo por salario. El trabajo por deber se refiere a las responsabilidad que el individuo tiene para con la familia, por ejemplo dar de comer al perro, poner la mesa, lavar los platos. El trabajo por deber no se hace por dinero, sino para ayudar al equipo. Todos hacen algo para apoyar a la familia.

El trabajo por salario es el trabajo hecho por una compensación económica. Esto ocurre cuando un niño busca trabajo extra con el propósito de comprar algo. Este tipo de trabajo le da valor real al dinero. Un año nuestras

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hijas querían desesperadamente comprar un juguete que costaba $25.00 dólares. Ellas estaban dispuestas a trabajar por el y nos pidieron algún trabajo en la casa. Les ofrecimos pagar $1.00 dólar por cada cubo lleno de rocas que ellas recogieran del jardín y lo vaciaran a unos 30 metros.

Ellas estuvieron de acuerdo. Al principio, parecía ser una manera fácil de ganar dinero. Cuando llenaron el último de los cubos (dos semanas después), ellas tenían una apreciación total del valor de $25.00. Esa experiencia, y otras, prepararon a nuestras hijas para ser sabias administradoras del dinero. Aun más importante, esa experiencia les enseñó a ser sabias administradoras de su propiedad, porque ahora el dinero tenía significado y relevancia. Nuestras hijas podían relacionar el dinero con el trabajo. Cuando querían unos pantalones de $20.00 sabían ahora que eso significaba 20 vueltas cargando una cubeta llena de rocas. El entendimiento del valor del dinero como el resultado de su trabajo les creó una mejor apreciación de sus propios juguetes, sus posesiones personales y la propiedad de otros.

La enseñanza del respeto por la propiedad comienza muchos años antes de que el niño esté lo suficientemente grande para trabajar por salario. Empiece con lo básico. No permita que su hijo pisotee sus flores o las de otra persona. Hemos escuchado a padres decir: "No importa, son sólo flores; podemos plantar más" Si realmente no importan entonces no plante más. Al menos así no será usted un ejemplo tan malo de mayordomía. No debe permitir que tiren los juguetes de otros niños, o que jueguen detrás de las cortinas del vecino, o que brinquen

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sobre los muebles, o que de cualquier otra manera muestren falta de respeto por la propiedad de otros.

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La sexta relación que toda persona comparte es con la naturaleza. Es importante hacer algunas aclaraciones antes de considerar la perspectiva bíblica del hombre y el ambiente.

Los cristianos deben ser cuidadosos de no alinearse rápidamente con los ambientalistas seculares. Sus puntos de vista acerca de la naturaleza y del ambiente tienen prejuicios anti-cristianos como su punto de partida. Los humanistas culpan a la doctrina de la supremacía humana sobre la tierra como la raíz de todo mal.

Algunos sugieren que encontraremos la solución al problema ecológico en el panteísmo. En el panteísmo, toda la naturaleza y cada cosa en la naturaleza comparten la misma esencia. El hombre no es mayor que el césped, y el valor de la vida humana es igual a la de una cucaracha. El panteísmo le roba al hombre su dignidad.

La raíz del problema ecológico no es el cristianismo ortodoxo sino el corazón del hombre. El corazón del hombre está a la raíz de todos nuestros problemas sociales. Este corazón destruye la tierra y las almas. Pero los cristianos, más que nadie, no deben ser destructores. Debemos tratar a la naturaleza con mucho respeto. El hombre y la nutria no comparten la misma esencia. La nutria no tiene derechos, pero sí tiene un lugar en la naturaleza. El deber del hombre es proteger ese lugar.

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Existen tres razones para respetar la naturaleza y convertirnos en ambientalistas bíblicos con nuestros hijos.

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Dios creó tanto a las flores como al hombre, pero Él creó las flores para el hombre. El hecho de que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza es el tema central de la identidad del hombre. Este hecho lo separa de los animales y de las plantas. Los objetos de la naturaleza no poseen la misma esencia del hombre. Pero la naturaleza, al igual que el hombre, tiene valor inherente como resultado del proceso de la creación.

Si Dios trata a su creación con integridad, entonces también el hombre debe hacerlo así. Encontramos el valor de la creación en la fuente de la creación: Dios mismo. Esa es la primera razón por la que enseñamos a nuestros hijos a respetar la naturaleza.

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Dios le dio al hombre dominio sobre la creación desde el principio. El problema no son los derechos del hombre, sino la integridad con la que el hombre utiliza esos derechos. Es el deber del hombre ser un mayordomo de la creación, y eso implica protegerla y cuidarla. Cuando Dios hizo al hombre, le dio la capacidad para tener sensibilidad hacia la belleza. El le ordenó a Adán a cuidar

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del jardín y a tomar dominio de él (Génesis 1:28). Como el jardinero de Dios, la tarea del hombre era mantener la armonía ecológica. A pesar de la caída el hombre todavía es responsable de cuidar del jardín.

Tomar dominio de la creación no significa destruir la naturaleza, sino preservarla. El cristianismo no debe ser culpado por nuestros errores ecológicos. Al contrario, la única esperanza para la tierra está cimentada en la teología bíblica y en el entendimiento de los parámetros de nuestras responsabilidades.

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Nuestra responsabilidad hacia la naturaleza comienza con nuestra relación vertical con Dios pero tiene sus implicaciones para el beneficio de nuestras relaciones horizontales con el hombre. Cualquier acto de respeto por la naturaleza debe incluir una conciencia de los demás. Si la consideración por los demás no es parte de la fórmula, entonces podemos legítimamente justificar el tirar basura desde nuestros carros siempre y cuando sea basura biodegradable. Al estar al lado del camino se descompondrá y dará nutrientes al suelo.

Sin una apreciación por aquellos que vienen detrás de nosotros, la declaración anterior sería válida. Pero el respeto a la naturaleza va más allá del uso de productos biodegradables. El respeto por la naturaleza debe incluir consideración por los que vienen detrás de nosotros, por

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aquellos a nuestro lado y por los que van antes que nosotros. La decisión de no tirar basura debe estar basada en el derecho que otros tienen de disfrutar la belleza sin la mancha de nuestra basura.

Respetar a la naturaleza es respetar a otros. Es triste ver a niños destruyendo las cosas de la naturaleza sin una causa justa. Pisan las flores sin pensar en lo que están haciendo. Arrancan las ramas de las plantas sin una razón aparente. Van al bosque a destruir y no a apreciar la belleza. ¿En dónde están sus padres?

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1. Lee Romanos 13:1. Basándose en este versículo, ¿por qué deben los padres educar a sus hijos a respetar la autoridad?

2. ¿Por qué es una lucha natural el someterse a las autoridades tanto para los niños como para los adultos?

3. Explica como el someterse a la autoridad es una forma de poner en estima a los demás.

4. Explica el propósito de la obediencia en la vida de un niño.

5. Explica la diferencia entre honrar a los padres por obligación versus honrarlos por devoción.

6. Apunta las cuatro fases de la educación con las edades correspondientes.

7. ¿Por qué la timidez no es una excusa legítima para disculpar la falta de respeto?

8. Explique porqué la propiedad en sí misma no es tan importante como el dueño de la misma

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9. Explique cómo el trabajo le da verdadero significado al valor del dinero.

10. ¿Cuál debe ser la motivación cristiana para no tirar basura en la calle?

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1. Las ofensas contra las autoridades suceden por doquier. Prepárate para dar un par de ejemplos de ofensas flagrantes observadas durante esta semana en el trabajo, mientras vas de compras o yendo en el coche.

2. Evalúa con tu esposo tu propia relación con tus padres. ¿Los honras por obligación o por devoción? Evalúa el porque y prepárate para compartir tus pensamientos en la clase.

3. Enseñe a su niño el uso de "la regla para interrumpir". Esté preparado para compartir con la clase cuánto tiempo le llevó a su hijo acostumbrarse a usarla.

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En los capítulos anteriores, demostramos el vínculo que hay entre la enseñanza moral y la armonía familiar. El gozo de las relaciones entre padres e hijos, entre

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hermanos, se relaciona directamente con la calidad de la virtud moral que reina en el corazón de cada miembro de la familia. ¿Cómo deben los padres guiar a sus hijos para asegurarse que tengan tal comportamiento virtuoso? Este capítulo comenzará a responder esa pregunta.

Efesios 6:1 dice, "Hijos obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo." Colosenses 3:20 sigue con, "Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor." La obediencia es absolutamente esencial para el gobierno apropiado en la familia. Si a tu hijo le falta la obediencia, tus esfuerzos son minimizados, si es que no son totalmente vanos. Puedes mecerlos, abrazarlos, y cantarles. Puedes dirigirlos en las devociones, orar por ellos y con ellos. Puede que nunca vaciles en tus esfuerzos de procurar su felicidad y de ganar su afecto. Pero si ellos desobedecen continuamente, te verás frustrado en tus esfuerzos de moldear sus corazones. ¿Cómo puede cumplir un niño pequeño el gran mandamiento de Éxodo 20:12, "Honra a tu padre y a tu madre"? El honrar a nuestros padres es un mandamiento que permanece constante a través de toda la vida, desde la infancia hasta la vida adulta. Sin embargo, en los primeros años de vida, los niños demuestran la honra por medio de su obediencia. A medida que niño madura, su obediencia por deber se convierte en devoción por sumisión.

Al hablar de obediencia, no nos estamos refiriendo al sometimiento producto de amenazas, sobornos, o manipulación del niño por medio del miedo de perder el amor de sus padres. Aun peor que estos métodos es el uso de persuasión a nivel de adultos. No puedes gobernar a un

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niño por medio de mera lógica y argumentos. El no posee tu mente moral; él no es tu igual en lo referente a la moral. El tratar de razonar con un niño de dos años es como tratar de razonar con el viento. Es mejor dirigir, orientar y guiar con tu autoridad que con tu facilidad para razonar.

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Habrá ocasiones cuando el niño rechazará o se opondrá fuertemente a tus instrucciones razonables. ¿Qué debes hacer? Enséñale a obedecer de acuerdo al carácter de la verdadera obediencia, es decir, inmediatamente, completamente, sin desafíos y sin quejas. Esta tarea no es tan difícil como pudiera creerse. En realidad, la verdadera obediencia es a menudo más difícil para el padre que para el hijo. El niño a menudo responde a la resolución del padre y nada más. Por lo tanto, los padres deben enseñar, animar, corregir, y enseñar al nivel de la norma de Dios.

¿Cuál es la naturaleza de la norma de Dios? De acuerdo con 1 Samuel 15:22-23, Dios requiere obediencia de sus hijos por encima de todo. Hablando a Saúl, el profeta Samuel dice; "Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación". Dios valora mucho la obediencia.

Con respecto a la obediencia de los hijos, Colosenses 3:20 deja claro el requerimiento de Dios, "Hijos obedeced a

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vuestros padres." Sin embargo, una advertencia sigue inmediatamente en el verso 21, "Padres no exasperéis a vuestros hijos para que no se desalienten." ¿Existe conflicto entre estos dos versos? Ser obediente en todo tiempo puede frustrar al niño, puesto que ciertamente hay ocasiones cuando la carga de la obediencia puede ser injusta e inoportuna. Pero al no ser obediente el niño está violando la norma que establece el versículo 20.

La advertencia a los padres del versículo no contradice o minimiza la norma presentada a los hijos en el verso 20. En vez de eso, les recuerda a los padres que la autoridad bíblica no es fría, caprichosa y arbitraria. Los padres no deben usar su autoridad sin pensar. La autoridad bíblica no es caprichosa o inconsistente. La meta de los padres no es evitar la exasperación, sino evitar la exasperación innecesaria. Por la misma naturaleza de la obediencia a menudo el niño se frustrará, de las misma manera como a veces los adultos se frustran. ¿Eso quiere decir que debemos ignorar la norma? Por supuesto que no. Debemos enseñar al niño de acuerdo con la norma y cuidarnos de no exasperarlos innecesariamente en el proceso.

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¿Deberían los padres cristianos enseñar a sus hijos a no responder a la primera vez cuando se les da una instrucción? La respuesta, por supuesto, es no. Sin embargo, en realidad muchos padres son culpables de tal enseñanza negativa. Deseando obediencia, en realidad

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están enseñando desobediencia. Aquí hay cuatro maneras comunes como algunos padres estorban sus propios esfuerzos.

1.Amenazas y repeticiones

2.Sobornos

3.Negociaciones en el conflicto 4.Uso inadecuado de la compasión

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La mamá que primero engatusa, luego amenaza, luego regatea, luego simula castigar y finalmente castiga un poquito, solamente está empeorando una mala situación. Su esperanza de que se le obedezca es mayor que su resolución para hacer que se le obedezca. ¿Es esto una muestra de misericordia, como algunos tratan de describirlo? Difícilmente. La misericordia no sería tan cruel para fomentar la rebeldía de los hijos ni para permitir que sus faltas morales se fortalezcan. Esta madre irrita la voluntad egoísta de su hijo, pero no logra cambiar su desobediencia voluntariosa.

Tal frívolo acercamiento a la obediencia solamente es exitoso en enseñar al niño la injusticia. El deber nos obliga a castigar al niño, pero las inclinaciones maternales nos dicen que pasemos por alto la falta. Cuando la inclinación prevalece sobre el deber de corrección, el niño se retira victorioso habiendo sido confirmado en su pecado. Ningún niño va a responder de acuerdo a la norma de Dios si sus padres no requieren obediencia y si

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las negociaciones son comunes. Tales indulgencias están fuera de los parámetros del amor verdadero.

No puede decirse que es ignorancia cuando los padres actúan tan erróneamente al no requerir obediencia a la primera, porque aun el niño se figura lo obvio. La verdadera causa es la falta de fortaleza moral y resolución por parte de los padres. ¿Por qué será que el niño sí responde a la tercera vez, pero no a la primera? La razón es que el padre ya está resuelto a hacer cumplir su orden. Si el niño puede responder a la tercera ¿por qué no a la primera?

Es de gran importancia entender la naturaleza objetiva de la obediencia a la primera. Cuando un padre requiere una norma, sólo el niño es el que determina cuando será castigado. La consistencia de las normas morales de Dios hace que la obediencia sea objetiva, puesto que el padre no reaccionará arbitrariamente.

Todo lo que es menos que obediencia a la primera trae consigo castigo subjetivo. Los niños son "apostadores" por naturaleza. Se acercarán lo más posible al límite, coquetearán con el pecado, luego retrocederá un poco con tal de no despertar al "gigante" (a su padre). La obediencia en tal caso ya no es objetiva, sino subjetiva. Las consecuencias ya no estarán ligadas a la desobediencia, sino al estado emocional del padre en ese momento. El padre repetitivo y amenazador forja una respuesta subjetiva y de miedo. El fracaso de los padres en mantener consistentemente la norma sólo sirve para hacerle pensar al niño que siempre puede salirse con la suya.

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Recuerde, la promesa de la bendición viene con la obediencia. Efesios 6:1-3 dice, "Hijos, obedeced a vuestros padres porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra".

Sin embargo, el juicio de Dios viene sobre aquellos que no honran y obedecen a sus padres. Proverbios 30:17 dice, "El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila". ¿Cuántas veces tiene que expresar Dios su agrado por la obediencia y su desagrado por la desobediencia para que le creamos?

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El padre sobornador entra en negociaciones con sus hijos con la esperanza de obtener su obediencia. Utiliza sobornos, amenazas y aun tácticas de miedo para ganar control temporal sobre el comportamiento de sus hijos. Un soborno puede escucharse más o menos así: "Si te portas bien en la tienda, mamá te va a comprar algo especial". Un ejemplo de una amenaza puede escucharse así: "Si no te portas bien en la tienda, mamá no te comprará aquel regalito que te prometió". Un ejemplo de táctica de miedo sonaría más o menos así: " Si no te portas bien en la tienda, llamaré al orfanato para que te vengan a recoger".

Tales declaraciones establecen una motivación falsa e impropia para la obediencia, devaluando así la verdadera

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obediencia. Algunos padres enseñan a sus hijos a obedecer motivados por un soborno en vez de obedecer por amor a Dios. Sus hijos responden porque algo obtendrá al obedecer. Los niños deben ser recompensados por su obediencia, pero no deben ser obedientes sólo por ganar la recompensa. Esa distinción es importante. ¿Qué pasa cuando una recompensa ya no es un motivador

substancial? Te quedas con un niño que no es moral ni en

el interior ni en el exterior.

Los hijos de padres sobornadores demuestran ciertos patrones de carácter y comportamiento. Desarrollan una tendencia al egocentrismo y aprenden a manipular a los demás. Puesto que buscan la recompensa, se limitan a servir a otros cuando obtendrán alguna gratificación a cambio. Con toda seguridad, estos rasgos no son características que Dios quiere que desarrollemos en nuestros hijos.

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Muchos padres insisten en la norma de obediencia

completa cuando todavía no se presenta el conflicto, pero

a la hora de la verdad, es decir en medio del conflicto,

están listos para negociar con sus hijos. Cuando María de nueve meses arqueaba su espalda y desafiante viraba la cabeza, sus padres consideraron que ese comportamiento era inaceptable. Su demostración de voluntariedad encontró la resolución de sus padres de que ella se sentaría en su silla de comer y no arquearía su espalda. El comportamiento de María tuvo que ser corregido.

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Después de un período de aislamiento, sus padres la trajeron de nuevo a su silla de comer para que probara su obediencia. La batalla de voluntades estalló de nuevo. María batalló de nuevo pero a un nivel de menor intensidad. Se mantuvo arqueando la espalda pero sin virar la cabeza. En esencia le estaba comunicando a sus padres: "Me rendiré en un 60% pero me guardaré para mí misma el 40% restante". Para los padres de Ashley esa oferta era inaceptable, así que de nuevo la llevaron al cuarto para tener otro período de aislamiento.

Cuando se calmó, la regresaron a su silla de comer con la instrucción de sentarse correctamente. En unos cuantos momentos esta orden fue respondida con otro intento de negociación. En esta ocasión mantuvo los brazos y la espalda sin mover pero viró la cabeza desafiantemente. María le comunicaba a sus padres: ¿Aceptan el 90% dejándome el 10% a mí?

Es en este punto que muchos padres cometen el error fatal de aceptar la negociación. Ellos aceptan el 90% simplemente porque bajan el nivel de la línea de comportamiento aceptable. Esa no es la obediencia bíblica, y eso sólo crea problemas. El 10% restante logrado en la negociación llega a ser un tipo de "comodín" que el niño usa cada vez que necesita. Para el niño, el 10% que se logra en la mesa de negociaciones es tan bueno como el 90%. Eso quiere decir que el niño retiene el derecho de negociar por el 10% de cualquier orden paterna.

En la historia de la vida real, los padres de María retuvieron la línea de expectativa, la aislaron por cuarta

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vez y la regresaron luego a su silla de comer para nunca más ser desafiados en esa área. Ella se sometió al estándar y aprendió que sus padres no sólo tenían instrucciones para ella sino que estaban resueltos a hacer cumplir las instrucciones. La enseñanza no se limitó sólo para el momento de comer. Ahora la determinación paternal tenía significado en todos los cuartos de la casa. La determinación paternal le dio valor a la obediencia. Más que eso, ella participó en el fruto apacible de justicia, (Hebreos 12:11). La obediencia total produce gozo.

¿Por qué no debe usted negociar cuando se da el conflicto? La voluntad de un niño de aceptar la rendición total es el primer paso hacia una libertad total de autodominio. Esta última declaración se explica mejor por medio de una analogía. Cuando el General Robert E. Lee de las fuerzas confederadas se reunió con el General Grant del Ejército de la Unión al final de la Guerra Civil para firmar la declaración de paz, el General Lee desmontó su caballo, se quitó el guante y le extendió la mano al General Grant. Grant le dijo: "No, Sr. Lee, su espada primero, y luego podremos saludarnos como amigos". Este era el espíritu del mensaje de Grant:

Ríndase primero, luego le daré toda la libertad que un amigo merece.

Esta misma verdad se necesita en la educación de los hijos. Le enseñamos a nuestros hijos a rendirse primero, para que luego les demos toda la libertad que son capaces de manejar. ¿Qué es lo que están rindiendo? Ellos están rindiendo su voluntad propia por la voluntad moral de Dios que es enseñada por los padres. Cuando hacemos negociaciones en el conflicto, no ocurre la rendición

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verdadera, sino sólo un acuerdo en cuanto a la suspensión del conflicto. Sin una rendición completa, siempre habrá un miembro listo para pelear la batalla.

Escoja bien sus batallas, pero una vez que ya lo haya hecho, permanezca resuelto a sostener la línea. (A menos que la línea esté mal pintada desde el principio). Si continuamente usted desiste, entonces usted continuamente está estorbando cualquier progreso hacia la obediencia bíblica.

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Se hace mucha crueldad a los niños bajo nombres distorsionados de compasión y amor. Mucho padres fallan al sobre enfatizar ciertos atributos de Dios a las expensas de otros. Le hablan a sus hijos de la bondad del Creador, pero no de su justicia o de la naturaleza del pecado. Al hacer esto están retratando equivocadamente a Dios como un ser afable cuyo carácter está compuesto por indulgencia y compasión aun cuando hay pecado inconfeso y el mal camino no se ha rectificado.

Es triste escuchar a padres decir, "Pero si le estoy mostrando compasión para que mi hijo pueda ver a Dios" ¿Amará más el niño a su Creador al entender la compasión más que la justicia? No, porque la justicia aclara y le da sentido a la compasión. La justicia de Dios en el Calvario pone la gracia y compasión de Dios en perspectiva y las hace relevantes. ¿Qué oportunidad tienen los niños de adquirir el estándar cuando no tienen resolución moral para sobreponerse a su carne y no tienen consecuencias

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para guiar sus pasos hacia la rectitud? Cuando la compasión viene a ser la primera consecuencia de la desobediencia, el niño no tiene ninguna razón para ser obediente.

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Ahora investigaremos como pueden los padres establecer un carácter obediente en el niño. No es una tarea muy difícil como algunos pueden temer, pero requiere adherencia a algunos principios de comunicación. Al considerar el rol de la instrucción en la vida de un niño, hay algunos hechos y principios básicos que deben tenerse en cuenta. El seguir estas directrices básicas puede evitar la tensión e incrementar la obediencia voluntaria. El no seguirlos puede llevar a la lucha de poderes y rebelión continua.

Cuando le hable a su hijo de manera que requiera una respuesta o una acción, debe esperar un respuesta inmediata y completa. Los niños se elevarán al nivel de expectativa de los padres. Muchos padres esperan muy poco y reciben exactamente eso. Hemos encontrado consistentemente que el requerir obediencia a la primera resulta menos dificultoso para los niños que para los padres.

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Nunca dé una orden a menos que usted tenga la intención de que ésta se cumpla. Por lo tanto, al dar alguna instrucción asegúrese de decir exactamente lo que quiere que se haga y vea que se haga precisamente lo que usted dijo. Los padres comúnmente violan este simple principio. No hay una mejor manera de enseñarle a un niño a no obedecer que el darle instrucciones que usted no tiene la intención de ver que se cumplan totalmente. El niño rápidamente aprende el hábito de hacer caso omiso a las instrucciones de sus padres. Este hábito puede llegar a ser tan fuerte que cualquier amenaza será ignorada. ¿Quiere que sus hijos se vayan a dormir? Si es así, entonces no dé sus instrucciones en forma de una pregunta como si fuera una opción. En lugar de esto, debe declarar sus instrucciones como una orden que debe ser obedecida.

Las instrucciones de los padres son directivas (diciéndole al niño lo que debe hacer) o restrictivas (diciéndoles al niño lo que no debe hacer). Ambos tipos requieren una respuesta de obediencia inmediata, a menos que el Padre les dé otra opción. Hay tres maneras de optimizar el éxito de su comunicación. Les sugerimos que provean una advertencia apropiada, que provean una puerta de escape, y que consideren el contexto.

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Algunas veces el momento en que se da la instrucción es tan importante como la instrucción misma. La instrucción paterna que interrumpe o da término a una actividad debería ser a menudo precedida por una advertencia. Todos hemos quedado alguna vez totalmente absortos

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haciendo un proyecto, y también sabemos de la frustración que se siente cuando te forzan a dejar tus esfuerzos sin una advertencia previa. La misma frustración es experimentada por el niño.

Hay ocasiones en las que es apropiado proveer una advertencia cinco minutos antes de que el niño tenga que interrumpir su actividad y hacer algo diferente. Tal acto bondadoso le ayuda al niño a prepararse para obedecer. Por ejemplo, Juan estaba terminando de ver su programa favorito de televisión. Su madre le interrumpió para decirle que en cinco minutos regresaría con la instrucción de que el niño debía ayudar a poner la mesa. Esa advertencia cinco minutos antes hizo que la obediencia fuera más atractiva para Juan. Tal sensibilidad paterna reduce el shock de la intrusión y alivia la tensión entre el deseo del niño de seguir con su actividad y la necesidad de obedecer las instrucciones de su mamá.

El dar una advertencia cinco minutos antes es razonable. Sin embargo, ¿Qué pasa si el padre da su instrucción, y el niño continua con su actividad más allá del tiempo previsto? Tal vez permaneció viendo televisión después de su programa favorito. Ese ya es un acto de desobediencia. El niño decidió aceptar su propia preferencia en lugar de la orden justa de su madre y ahora está abusando de la gracia de su madre. Algunos padres dicen que es algo muy pequeño que los niños vacilen su tiempo. Pero la desobediencia franca no es una falta pequeña, y un padre con buen juicio no debe dar la espalda y dejar así tal pecado.

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Puesto que a los padres se les instruye a no exasperar a sus hijos de acuerdo con Colosenses 3:21, nosotros les exhortamos a no tentar a sus hijos a desobedecer al forzarles a escoger entre los fuertes placeres de la carne y sus instrucciones. El evitar la exasperación no significa bajar el estándar, sino obrar sabiamente con él, por ejemplo, dando una advertencia cinco minutos antes.

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Dios nunca permite que seamos tentados sin que se nos provea una puerta de escape (1 Cor. 10:13). Este mismo principio puede ser aplicado en la educación de los hijos. Usted debe enseñar a su hijo a buscar la puerta de escape cuando sea tentado por el pecado. Por ejemplo, cuando dos hermanos estén peleando por un juguete, el mayor puede saber cuál es el castigo por pegarle a su hermanito. Pero, puesto que él ha sido agraviado, la tentación de hacerse justicia por su propia mano es grande. Su puerta de escape es llevar su conflicto a alguien que puede corregir las cosas y hacer justicia: mamá.

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El entender el contexto previene que la obediencia a la primera se vuelva legalismo. Por favor revise el capítulo 2 referente a la importancia de ver el contexto para determinar cómo hacer un juicio moral sobre el comportamiento de nuestros hijos. A menos de que el padre le dé la debida atención al contexto, puede ser que juzguen buenas acciones como malas y puede que no juzguen para nada las acciones malas.

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Cuando un niño desobedece continuamente está en pecado. Cuando los padres refuerzan continuamente esa desobediencia están en pecado. No se puede permitir que los padres premien el pecado al no hacer nada al respecto. Para las faltas menores, la sabiduría puede dictar que los padres muestren paciencia o den una buena advertencia. Pero los padres no deberían considerar como trivial la desobediencia directa, voluntaria y desafiante. La obediencia y la desobediencia son actos morales, no preferencias individuales. El animar y establecer el comportamiento moral en los niños requiere consistencia y claridad de instrucciones. A menos que sus instrucciones sean claras y consistentes, su hijo estará inseguro en cuanto a qué debe hacer.

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Requiera contacto visual cuando esté dando instrucciones cara a cara. Haga que sea la práctica común que sus hijos le vean a los ojos cuando estén hablando. El contacto visual es una habilidad de enfoque y ayuda a cualquier niño a procesar instrucciones. El procesar la instrucción es la mitad del camino para lograr que su hijo siga las instrucciones. El niño a quien se le permite mirar alrededor del cuarto en vez de a mamá o papá a menudo tiene luchas con la obediencia.

Muy relacionada con el contacto visual está la respuesta verbal. Una respuesta verbal tal como "Sí mamá" o "mande mamá" facilita el desarrollo moral saludable al reforzar el proceso de enfoque y concentración. Eso pasa porque cuando la boca habla, el cerebro habla. Las respuestas verbales confirman sus instrucciones. Un "sí mamá" le permite saber que su hijo se está comprometiendo a obedecer o está listo para desobedecer. Cuando un niño responde verbalmente al ser llamado pero no viene cuando se le requiere, está siendo aun desobediente. Este niño está siendo negligente en la obediencia inmediata.

¿Qué del niño que está tan absorto en lo que hace que tiene que ser llamado varias veces para llamar su atención? El nivel de concentración de algunos niños puede ser más profundo que el de otros. Algunas veces el tono de la voz del padre tiene que ser ajustado para que el proceso de pensamiento del niño pueda ser interrumpido. Píenselo de esta manera: Usted está viendo un programa de televisión en un estado de total concentración. De pronto, una voz interrumpe su concentración y dice, "Interrumpimos este programa, para darles una noticia importante". Eso es exactamente lo que debe estar pasando en la mente de su hijo cuando usted hable. Su voz debe interrumpir su proceso de pensamiento para una noticia importante.

De vez en cuando, puede ser que tengamos que repetir las instrucciones. Algunas veces el repetir puede ser legítimo, pero otras no. Sin embargo, debemos estar trabajando hacia un patrón consistente de respuesta a la primera sin necesidad de repetir. Algunas veces la respuesta a la

primera puede salvar la vida de su hijo. Usted puede enseñar a su hijo a captar su señal en vez de evitar su señal. Sólo basta que usted esté decidido a enseñarle.

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1. ¿Qué es lo que Colosenses 3:21 enseña que los padres no deben hacer? Explique.

2. Enliste y explique cuatro maneras como los padres estorban la enseñanza de la obediencia

3. Resuma los tres principios de Instrucción

4. ¿Cuál es el beneficio de una advertencia cinco minutos antes?

5. Al examinar el contexto, ¿Qué están evitando ser los padres?

6. ¿Cómo ayuda el contacto visual en el proceso de obediencia?

7. ¿Por qué es importante la respuesta verbal?

8. Leer Apéndice 3

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1. Tome tiempo esta semana para hacer un juego para practicar el "sí mamá" o "sí papá" cuando sean llamados. Esté preparado para compartir con la clase los resultados de sus esfuerzos.

2. Esté listo para compartir con la clase cómo le ayudó a usted y a su hijo la advertencia cinco minutos antes.

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La disciplina es un proceso de educación y aprendizaje que fomenta el desarrollo moral. Viene de la misma palabra que discípulo-uno que es aprendiz. Ningún niño está dotado desde su nacimiento con auto-control, ni tiene la experiencia suficiente en la vida para saber cómo disciplinarse a sí mismo (Proverbios 29:15b). Los padres llenan ese papel como maestros, mientras los hijos son discípulos quienes aprenden de ellos un estilo de vida (Proverbios 1:8-9).

Los métodos de disciplina de nuevo se están cambiando. En años recientes ha habido un relajamiento general de los métodos permisivos y democráticos que fueron populares durante los 70's. En parte este cambio se debe a una nueva aceptación entre los teóricos seculares que el comportamiento rebelde no se origina por educación paterna defectuosa, sino que de algo mucho más básico- la naturaleza del niño. La educación paterna defectuosa ciertamente alienta la propensión natural hacia una autonomía rebelde, pero no la crea (Proverbios 22:15a).

Debido a que la principal función de la disciplina es enseñar un comportamiento moralmente responsable (ej. la honradez), la disciplina bíblica cumple ese fin más exitosamente que los estilos de educación autoritaria o permisiva. Los aspectos positivos de la disciplina bíblica

son sinónimos con la educación y el consejo en que enfatizan crecimiento interior, responsabilidad personal y auto-control. Todas estas cualidades conducen a un comportamiento motivado desde el interior del corazón del niño (Proverbios 2:19, 4:23).

Muchos padres piensan en la disciplina como un medio para controlar las acciones del niño en el momento. Eso es cierto, pero solamente en parte. El objetivo principal de la disciplina es a largo plazo. Cualquier acción conveniente que se hace en algún momento dado tiene que estar en armonía con el objetivo final. El propósito de Dios para la disciplina es preciso-debe traer el fruto apacible de la justicia. Hebreos 12:11 dice, "Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados."

La disciplina bíblica consiste en un número de principios y acciones esenciales, algunos dan aliento, algunos corrigen. Varias formas de aliento que complementan el proceso bíblico incluyen la afirmación, los incentivos, los elogios y premios. El lado correctivo consiste en la reprensión verbal, consecuencias naturales, aislamiento, restricciones, pérdida de privilegios y el castigo. Cada actividad tiene su propósito, su significado y un lugar legítimo en el proceso entero.

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La Biblia provee los principios suficientes para la crianza de los hijos, pero como se mencionó anteriormente, no nos da un programa detallado para cada acción. La Palabra de Dios habla claramente del objetivo honrado de la educación paterna, "Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo" (I Pedro 1:16), pero no habla tan claramente acerca del método de educación. Para mantener una armonía bíblica en el proceso de la educación, las siguientes guías son fundamentales para nuestro pensamiento: Todas las actividades disciplinarias, sean positivas o negativas, deben ser compatibles con la teología bíblica. Ninguna actividad puede estar en contra de la revelación bíblica en general. Los principios que nos guían son derivados de declaraciones bíblicas directas o de ejemplos bíblicos. Con base en estas suposiciones creamos la Tabla 5.1 (se encuentra al final del capítulo).

La Tabla 5.1 es un diagrama de varios conceptos disciplinarios que son compatibles con el diseño bíblico de la educación de los hijos. El proceso comienza con la instrucción de los padres, la cual se respalda con una combinación de actividades positivas y negativas. En este capítulo, haremos un resumen del propósito de cada actividad y su relación con la estrategia global de la disciplina bíblica. En los siguientes capítulos, ampliaremos sobre algunos de estos conceptos y hablaremos de otros elementos que se relacionan con ellos.

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La instrucción es el punto de partida de la educación. El Instruir a un niño en el arte de vivir sabiamente se hace tanto verbalmente como por el ejemplo (Filipenses 4:9). Si tú no instruyes a tus hijos, ¿cómo van a saber qué se espera de ellos? Si no quieres vivir la virtud que estás queriendo comunicar, ¿cuánto significa realmente para ti?

No todas las acciones tienen una naturaleza moral-algunas son moralmente neutras, relacionadas con habilidades básicas y el desarrollo de talentos. Aprender a nadar, amarrarse el zapato, montar bicicleta, patear una pelota, subir una soga, tocar piano o memorizar las tablas de multiplicación son actividades amorales. Estas son habilidades asociadas con dones naturales, talentos y atributos mentales. Reconocer la diferencia entre un comportamiento moral y un comportamiento moralmente neutro es un paso importante en la educación. El aliento o el proceso correctivo para desarrollar una habilidad o talento difieren del proceso de modificar el comportamiento. El posterior no tiene sus raíces en las habilidades naturales de un niño, sino en su corazón.

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Las personas habilidosas, talentosas y superdotadas difieren entre sí. Las habilidades son básicas a todo ser humano-montar bicicleta, aprender a nadar o lanzar una pelota. Los talentos naturales son dones de Dios. Difieren de las habilidades en que no son dados a todos. Todos tienen talentos, pero no necesariamente los mismos talentos. Una persona superdotada tiene un talento

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magnificado. Hay muchos músicos talentosos, pero Mozart era superdotado.

Una de las áreas más importantes y de desarrollo más acelerado en los primeros años de la vida de un niño es el desarrollo de las habilidades motrices. Del estado impotente del recién nacido, sus habilidades se desarrollan continuamente. Un niño aprende muchas habilidades en etapas progresivas. Cuando un niño de uno o dos años lanza una pelota, lo hace con todo su cuerpo. Conforme se desarrolla su coordinación, lanzará la pelota sólo con el brazo.

Las habilidades, los talentos y las dotes naturales de un niño muchas veces necesitan ser entrenados. Aprender a montar una bicicleta es una habilidad, pero montar una bicicleta de tal manera que no lastime a nadie es cuestión de conducta. Aprender a nadar es una habilidad, pero tiranizar a otros niños en el agua es un comportamiento mal encaminado. Contrastamos estos dos porque es importante entender la diferencia entre los dos. Es incorrecto tratar un acto moral como una habilidad, y es igualmente incorrecto tratar las deficiencias en cuanto a las habilidades como una debilidad moral.

Hay tres elementos esenciales necesarios en el desarrollo de las habilidades: paciencia, consejo y motivación. Para que un niño esté dispuesto a invertir el tiempo y el esfuerzo en la práctica esencial del desarrollo de una habilidad, ha de haber alguna fuente de satisfacción que provea la motivación. Esa motivación viene por medio del elogio de los padres y por incentivos.

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Una fuente de motivación común para el desarrollo de las habilidades de un niño es la satisfacción personal que se obtiene con los elogios verbales que se les dan (Proverbios 15:23b; 25:11). Por ejemplo, "Buen trabajo agarrando el balón, Juan. Puedo notar cuanto te ha ayudado practicar." O, "Jennifer, estoy escuchando cómo tocas el piano. Se nota cuanto has mejorado en esta semana por practicar cinco minutos más al día."

Enlaza tus palabras de aliento a la causa y el efecto de los esfuerzos de tu hijo. En ambas ilustraciones, el elogio fue ligado al mejoramiento que vino como resultado de la práctica. Ligar el elogio a una actividad específica ayuda al niño a medir el valor de la práctica y le alienta a continuar sus esfuerzos.

Los niños a menudo comparten sus pequeños éxitos con sus padres con el propósito de recibir elogio. Tal confirmación alienta sus corazones. Por ejemplo, cuando Becky se acercó a su mamá para mostrarle el dibujo que había pintado, su mamá le felicitó la pulcritud al decir, "Qué bien que no te saliste de la raya, Becky." Sin embargo, hemos encontrado que el elogio más efectivo para motivar una habilidad viene cuando el niño no lo espera. Por ejemplo, si la mamá de Becky se hubiera dado cuenta inesperadamente de qué bien había coloreado y luego le hubiera elogiado, hubiera significado aun más (Proverbios 27:2). Como el elogio no se esperaba, será recordado cada vez que se repita la actividad. El elogio

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inesperado se vuelve un motivo silencioso para hacer logros.

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Una segunda manera de alentar a los niños es dándoles incentivos para alcanzar metas. Los incentivos para alcanzar metas son premios tangibles y externos que se usan para motivar a un niño a intentar con más ganas en un área particular de desarrollo. Los padres deben usar los incentivos para motivar acciones asociados con habilidades, talentos y atributos físicos naturales, pero no para cambiar el comportamiento.

Los padres pueden usar incentivos para ayudar a enseñar a un niño a montar bicicleta, colorear un dibujo, mejorar una calificación o aprender a escribir a máquina. Todas estas actividades moralmente neutras podrían ser utilizadas con incentivos. Pero no todas las actividades moralmente neutras están relacionadas con las habilidades. Por ejemplo, comer papas en el sofá es moralmente neutral, pero no tiene que ver con el desarrollo de una habilidad.

Porque vivíamos cerca de un lago, queríamos que nuestros hijas supieran nadar. Para facilitar el aprendizaje de Amy, le ofrecimos un incentivo al decir, "Amy, si aprendes a nadar este verano del muelle de abuelito hasta la boya amarilla, te compraremos el juego de buceo que viste en la tienda." Ese verano el aprender a nadar le fue una prioridad. Su motivación aumentó con el incentivo. Trabajó diligentemente, aprendió a nadar hasta la boya y recibió su esnorkel amarillo. Si no hubiera alcanzado la

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meta, hubiera recibido elogio por el intento, más no el incentivo.

Ten cuidado de no sobre usar los incentivos o de usarlos de tal manera que desanime al niño. Eso sucede cuando un padre espera más del niño de lo que es razonable para su edad. A los cuatro años, Amy aprendió a nadar una distancia adecuada, pero todavía no estaba lista para nadar todo el largo del lago. Tal demanda hubiera nulificado el propósito y el beneficio de un incentivo.

Como se mencionó anteriormente, las acciones de un niño son morales o moralmente neutras. Las habilidades y los talentos son actividades moralmente neutras. El comportamiento está asociado con los deberes del corazón; los padres motivan el corazón animando o corrigiendo. Ambas actividades son importantes, y ninguna es verdaderamente efectiva sin la otra.

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El estímulo dado correctamente por los padres en el contexto de una relación bíblica, puede ser un excelente motivador de comportamiento correcto. Fuera de ese contexto, las palabras de estímulo pueden sonar hipócritas. Los comentarios de un papá quien no toma el tiempo para establecer una relación con su hijo o hija se vuelve frases sin significado. Una palabra de estímulo no es igual a un padre que estimula.

Cada uno de nosotros disfruta el recibir un gesto grato o un "bien hecho" de alguien con influencia. Encontramos apreciación al escuchar como nuestras acciones agradan o ayudan a otros. Nuestros hijos no son diferentes. Ellos son animados cuando les llega un elogio justificado. Desafortunadamente, esta es un área donde muchos padres fracasan, particularmente durante los primeros años. Durante ese tiempo, los padres están tan preocupados con buscar el control continuamente corrigiendo a sus hijos que se les olvida darles ánimo. Y, por supuesto, todos sabemos por experiencia personal que la ausencia de estímulo es desalentadora.

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El aliento antes de la actividad es el que se da verbalmente antes de un comportamiento necesario y esperado. Se hace de dos maneras: a través de los recordatorios verbales y con preguntas de diálogo.

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Los padres deben animar un comportamiento correcto con recordatorios verbales tales como, "Juan, la Sra. Méndez va a venir a almorzar hoy. Recuerda saludarla cuando entre a la casa. Eso sería muy respetuoso." O, "José, recuerda que no se puede correr en el templo. Allí es donde alabamos a Dios." En ambos ejemplos, el padre recuerda al niño verbalmente lo que se espera de él y la razón por la cual se espera eso.

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Los padres también pueden lograr el ánimo pre-actividad con el uso de preguntas de diálogo. Con los recordatorios verbales, tú le dices al niño lo que se espera de él; con el método del diálogo, el mismo niño te dice lo que se espera de él. Este método se usa mayormente (pero no exclusivamente) con niños menores de cinco años. Yendo al supermercado, una mamá puede preguntar, "¿Quién me puede decir las reglas para cuando estemos en la tienda?" Un niño tal vez diga, "No correr, no tocar los productos y tenemos que estar a tu lado." Mamá responde con palabras de aliento al recibir las respuestas correctas.

Los niños chicos son más propensos a adueñarse de su comportamiento cuando se escuchan a sí mismos verbalizar los reglamentos de conducta y al recibir elogios por su buen comportamiento.

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El ánimo post-actividad fortalece el comportamiento después del hecho. Se hace a través del uso correcto de premios y del elogio verbal.

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Los premios pueden ser tangibles (unos chicles) o intangibles (un paseo al parque). Se ofrecen para fortalecer comportamiento, no para estimularlo. El elogio y aliento verbal estimularán un comportamiento, pero el propósito

de un premio es confirmar y reforzar un comportamiento. La mamá de Juan podría decir, "Juan, como te portaste tan bien en la tienda hoy, Mamá te quiere comprar algo especial." Este es un ejemplo de premio para el niño. Ella prestó atención a la buena conducta del niño en la tienda y mostró su aprecio por él.

Ofrecer a tu hijo algo a cambio de un buen comportamiento antes de llegar a la tienda es chantaje, no un premio. Es una súplica manipulativa a los deseos de la carne y los deseos de los ojos que tiene el niño (I Juan 2:16a). Los niños debieran ser premiados por su obediencia, pero no deben ser obedientes a cambio de un premio.

Cuando los padres abusan de los premios, la obediencia del niño se vuelve condicional, y hasta dependiente de ellos. Cuando eso sucede, el niño si acaso cumplirá con un buen comportamiento superficialmente, demostrando conformidad externa pero no interna. Como una foca entrenada, el niño ha aprendido hacer sus mañas sólo para recibir el premio al final de la obra. En este caso, el niño basa su obediencia sobre estímulos externos y no sobre algo interno. Chantajear a un niño produce resultados temporales. El premiar a un niño adecuadamente motiva su corazón, el lugar que realmente quieres influir.

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Los padres deben corregir tanto los errores infantiles como el desafío abierto de sus hijos. La clase de corrección depende de la presencia o la ausencia de un mal motivo. ¿Fue un accidente o fue intencional? Dos niños pueden desempeñar la misma acción, pero para uno es necedad y para el otro es una acción infantil. Estas designaciones llegan a ser los factores que determinan qué clase de corrección es la adecuada. De hecho, la primera pregunta que los padres deben hacerse cuando se necesita la corrección es esta: ¿Fueron las acciones de mi hijo el resultado de un comportamiento infantil o de la necedad? La manera como respondas a esa pregunta determinará qué clase de corrección se necesita.

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El Apéndice Uno define la acción infantil como una inmadurez inocente. El término inocencia se refiere a los motivos. No todo comportamiento incorrecto de parte del niño es producto de una intención rebelde. Si fuera así, sería necedad, y requeriría consecuencias diferentes. ¿En qué momento la acción infantil se vuelve necedad? En el momento que los padres dan una instrucción a la cual el niño intencionalmente no hace caso. Hasta que los padres den una instrucción, las acciones no rebeldes se quedan en el nivel de acción infantil.

Los errores infantiles, no-rebeldes, de todas maneras tienen que ser corregidos, porque un niño al cual se le consiente avergonzará a su madre (Proverbios 29:15). El niño cuya mamá no corrige su acción infantil llegará a ser

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una persona que hace lo incorrecto. El niño cuyos padres no corrigen su necedad llegará a ser un malhechor. El primer paso en la corrección del comportamiento infantil comienza con una advertencia. Si el niño hace caso omiso a la advertencia, entonces las consecuencias relacionadas necesitan ser aplicadas.

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El corregir la acción infantil comienza con la amonestación (Efesios 6:4). La palabra amonestación significa poner en la mente o advertir. Al ser relacionada a la educación de los niños, quiere decir advertir a un niño que sus acciones no son sabias y que puede traer calamidad sobre sí mismo o a otros. Eso es lo que el sacerdote Elí en el Antiguo Testamento falló en hacer en I Samuel 2:24. Honró más a sus hijos que a Dios.

Natán se caracteriza generalmente por llevar su bicicleta al fondo del garaje. Hoy, su papá encontró la bicicleta en el jardín. Por esa ofensa inusual, su papá amonestó a Natán para guardar la bicicleta en un lugar seguro cuando termine de jugar. Esa advertencia sirvió para animar a Natán a ser responsable. Si el papá de Natán encuentra la bicicleta en el jardín mañana, puede aplicar ciertas consecuencias relacionadas a la falta de responsabilidad de parte de Natán.

Algunos errores infantiles sobrepasan la etapa de advertencia y requieren consecuencias inmediatas. Esas

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consecuencias deben: (1) relacionarse al error, y (2) ser lógicas. El propósito de una educación consecuencial es estimular una buena mayordomía y causar que el niño acepte la responsabilidad por acciones imprudentes y no- rebeldes. Los errores infantiles pueden ocurrir con objetos personales, privilegios, y el comportamiento personal, o con cualquier combinación de los tres.

El enseñar a un niño a como ser un buen mayordomo de sus posesiones le ayudará a ser responsable con la propiedad de los demás. Después de advertirle a Natán acerca de dejar su bicicleta en el jardín, su Papá usó el segundo nivel de corrección al aplicar las consecuencias relacionadas. Le quitó la bicicleta a Natán por un par de días. Esa respuesta ayudó a Natán a aprender que con el privilegio de montar bicicleta viene la responsabilidad de cuidarla. Una explicación siempre debe acompañar a la educación en la mayordomía. Los padres debieran instruir pensando en el futuro, dándose cuenta que la lección de hoy pudiera prevenir una mayordomía irresponsable en el futuro-una mayordomía que podría costar miles de pesos.

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Un padre también puede estructurar las consecuencias relacionadas para ayudar a que un niño sea responsable con un privilegio. Por ejemplo, Ceci preguntó si podía dar unos cacahuates a los pájaros. Su mamá contestó que sí pero con una condición. Le dio a Ceci instrucciones de romper la cáscara sobre el césped y no en la terraza como

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lo había hecho la vez anterior. Cuando la mamá de Ceci la encontró parada en la terraza con las cascarillas alrededor, aplicó una consecuencia. Como Ceci no había ejercitado un comportamiento responsable según las instrucciones que había recibido, su mamá le negó el privilegio de dar de comer a los pajaritos por un par de semanas. La niña también tuvo la responsabilidad de recoger la basura.

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Los padres deben hacer que sus hijos sean personalmente responsables por sus accidentes no-rebeldes que afectan a otras personas o a la propiedad ajena. Un día mi hija estaba jugando "busca-busca" en la casa y accidentalmente tropezó sobre el cordón de la lámpara, jalándolo de su lugar. Aunque no fue intencional, ella era la responsable de su error. Aunque no quiso romperlo, el daño se hizo. Aplicamos las consecuencias relacionadas para enseñarle a aceptar la responsabilidad por sus errores y ayudarla a saber cómo corregirlos.

Basándonos en su edad, le exigimos unas tareas más en la casa para ganar el dinero suficiente para pagar su error. Hacer restitución fue parte de las consecuencias. Exigimos un pago de su parte para que entendiera los conceptos de labor, dinero, el valor de la propiedad y responsabilidad personal.

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Un niño no está actuando infantilmente cuando es desobediente; se está portando neciamente. Los padres

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deben entender todo lo que abarca esta palabra. La necedad quiere decir engaño, fraude, desobediencia y otros comportamientos no sabios o rebeldes. La rebelión puede ser activa o pasiva. La rebelión activa es un desafío directo- desobedecer, mal responder a los padres, negarse a aceptar la corrección, o el rechazo de cualquier forma de autoridad.

La rebelión pasiva es un desafío indirecto. A menudo comienza con una actitud oculta de parte del niño, y eventualmente se demuestra en la cara con una mirada desafiante o altanera. Otras formas de rebelión pasiva podrían incluir fingir no haber escuchado una orden, alegar ignorancia después de ser agarrado con "las manos en la masa", hacer algo bueno o chistosito para evitar cumplir con una orden o decir constantemente "Se me olvidó." En esta última situación, el problema no es solamente la falta de recordar la instrucción, sino también la falta de esforzarse por aprender la lección. El olvido no es un pretexto. Puede ser una razón, pero no es un pretexto. Puedes educar el "olvido" del niño con el uso de consecuencias lógicas.

El resentimiento, poner mala cara y el lloriqueo pueden ser otras formas sutiles de la rebelión pasiva. Con demasiada frecuencia los padres hacen caso omiso a estas formas, enseñando así a sus hijos que ellos tolerarán ciertas clases de rebelión, pero no otras. Esa reacción le envía una señal mixta al niño, y socava cualquier educación de carácter que pudiera suceder. El comportamiento necio necesita corrección, pero los padres no debieran corregir toda clase de necedad de la misma manera, o con la misma fuerza de consecuencias. Los padres deben considerar los siguientes

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cuatro factores al hacer un juicio sobre un acto necio de parte del niño:

la frecuencia de la ofensa

la edad del niño

el contexto del momento

la Caracterización general de comportamiento del niño

Una vez que los padres han identificado un comportamiento necio o rebelde y han considerado estos cuatro factores, deben entonces determinar el nivel apropiado de la consecuencia. Al considerar la consecuencia, los padres deben también considerar la primera regla de la corrección: el castigo tiene que estar de acuerdo con la ofensa. Un castigo demasiado fuerte exaspera al niño; un castigo demasiada ligero falla en su valor correctivo sobre la ofensa.

Como sabemos que las ofensas van de infracciones menores e infrecuentes hasta el desafío abierto, la corrección debe reflejar el grado de la ofensa. En términos generales, la necedad de un niño cae en uno de estos tres niveles:

Infracciones menores que piden corrección verbal,

Infracciones

que

necesitan

alguna

acción

y

que

piden más que una llamada de atención, y

 

Ofensas que requieren el peso completo de la ley.

Estos

tres

niveles

no

son

secuenciales.

Esto

es,

no

necesariamente

siguen

en

orden.

De

hecho,

en

los

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primeros años del niño el nivel tres se usa más que los niveles uno o dos. Los padres deben reservar los niveles uno y dos, las advertencias y reprimendas leves, para casos que son menos comunes.

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El primer nivel de ofensa pide una advertencia. La advertencia no disminuye la importancia ni la necesidad de obediencia a la primera. No castigarías a un niño por una sola infracción si él se caracteriza por su acatamiento inmediato. Aunque su infracción pueda ser rebeldía según la letra de la ley, no requiere el peso completo del castigo, pero el peso correcto de la justicia. Debes considerar sus acciones como una ofensa de primer nivel a la luz de su comportamiento normal. La amonestación es la consecuencia adecuada en este contexto.

Considerando las circunstancias y la caracterización del comportamiento del niño, cualquier consecuencia aplicada con mayor gravedad que una advertencia potencialmente podría devastar la motivación del niño por la excelencia moral. Los niños se exasperan cuando los padres persiguen la perfección y no la excelencia, en especial porque ellos mismos no son perfectos.

Las advertencias no necesitan ser repetidas a diario. Con la ilustración anterior, Natán recibió una advertencia por haber dejado su bicicleta afuera, no recibió corrección. Él no se caracterizaba por su desobediencia ni por una mayordomía deficiente. Pero, si un niño repite el mismo

comportamiento a diario, entonces sus acciones van mucho más allá de una ofensa de nivel uno o dos.

2 A ' * D # > ' *

Las ofensas del nivel dos incluyen comportamientos

nuevos (pero inaceptables) que están volviéndose más comunes, viejos hábitos que están surgiendo de nuevo, o

la advertencia de ayer a la cual se le ha hecho caso omiso.

La consecuencia puede ser una "palmadita" en la mano o una nalgada y una reprimenda general.

Los padres también pueden usar lo que llamamos un tiempo fuera para reflexionar. Proverbios 22:3 dice, "El avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y reciben el daño." El objetivo de un tiempo fuera para

reflexionar es ayudar al niño a ser prudente, prever el mal

y evitar el castigo haciendo lo correcto. Aquí hay un ejemplo de una ofensa nivel dos y la consecuencia aplicada.

Becky, Juan y Natán estaban jugando pelota en el patio. Su mamá, la Sra. Pérez, se acercó y advirtió a los niños que fueran cuidadosos y no patearan la pelota en el nuevo jardín. Mientras observaba desde la ventana de la cocina,

la Sra. Pérez se dio cuenta de la falta de cuidado de parte

de Becky, pues se notaba por el número de veces que la pelota llegó al borde del jardín. Antes de que Becky se metiera en un problema más serio, la Sra. Pérez le asignó a una silla en el patio por cinco minutos-no como castigo, pero para ayudarla a calmarse y ganar auto-control.

El juego descuidado de Becky era necedad porque no tomó en serio la advertencia de su mamá. Aunque la pelota nunca llegó al jardín, era evidente que la precaución no era parte del juego de Becky. Las instrucciones dadas por la Sra. Pérez incluían tanto la precaución como el hecho de no meter la pelota al jardín. La ofensa pidió algo más que una advertencia pero algo menos que una consecuencia de nivel tres.

La mamá de Becky usó un tiempo fuera reflexivo cuando le mandó a la silla del patio. Un período de reflexión obliga el niño a detener lo que está haciendo y a pensar. Tiene que sentarse, no como castigo, pero como un tiempo para controlar sus pensamientos y sus acciones y pensar en el camino que está tomando antes de que llegue a consecuencias mayores. Un tiempo fuera es la última parada antes de meterse en problemas. La idea es hacer que el niño se pregunte, "Realmente ¿quiero seguir en esta dirección?" Si se trata de un comportamiento nuevo o un hábito viejo surgiendo nuevamente, estás llamando la atención al comportamiento y estás dejando que el niño tome la decisión de hacer lo correcto. Si el niño falla en responder adecuadamente, su comportamiento automáticamente se vuelve una ofensa de nivel tres.

Utilizar los tiempos fuera como una práctica cultural no es un sustituto efectivo para las ofensas repetidas que piden corrección. De hecho, contrario a la opinión popular, utilizar los tiempos fuera como un método primordial de castigo es una de las clases de consecuencias menos satisfactorias. Hay dos razones tras este enunciado.

Primero, el niño pocas veces asocia el sentarse en la silla con un acto por el cual se le está castigando porque la frustración del padre es usualmente un factor más dominante en la situación que el acto en sí. Como resultado, el niño tiende a asociar la frustración de los padres con su tiempo fuera en vez de pensar en el comportamiento incorrecto. El niño no está sentado en la silla contemplando los beneficios de una vida virtuosa, ni está golpeándose, diciendo "O qué pecador soy."

Segundo, hay muy poca equivalencia de castigo. Un tiempo fuera de cinco minutos por haber pegado a su hermana con un bate duro de plástico le enseñó a José el valor equivocado de su ofensa. De la experiencia aprendió que el dolor y el moretón de su hermana eran equivalentes a cinco minutos en la silla. Aun así, los niños como José reciben menos tiempo por un mal comportamiento. ¿Es esta la justicia bíblica?

Creemos que un tiempo fuera para reflexionar tiene un lugar y un propósito particular . Pero hay una gran diferencia entre usar un tiempo fuera antes de ocurrir la ofensa comparado con después de que ha ocurrido. Los tiempos fuera sirven para ofensas de nivel dos cuando son oportunidades para reflexionar.

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Este nivel de ofensa se refiera a actos rutinarios y actitudes de rebelión, tanto activos como pasivos, y a las violaciones morales en contra de los demás, incluyendo

los hermanos, compañeros, padres y otros en posiciones de autoridad.

Los siguientes escenarios aclararán algunos de estos puntos. Después de poner unas nuevas puertas francesas en mi oficina, mi nieta de dos años encontró divertido abrir la puerta, atravesar, cerrarla, y luego volver a comenzar. Su papá le dijo que dejara de jugar con las puertas nuevas de su abuelito. Su acatamiento sólo tardó quince minutos antes de que pusiera a prueba la instrucción de su papá. Su rebelión fue activa y directa, pidiendo corrección de nivel tres. Ella no necesitaba más advertencias, porque su papá le acababa de dar instrucciones. En contraste, vamos a suponer que María hubiera cumplido con la instrucción de su papá. Por eso, su papá le hubiera dado aliento y elogio.

Pasaron tres semanas antes de que María volviera a visitarme, y ella pronto volvió a descubrir las puertas. Al tocar la manecilla de la puerta, escuchó la voz de su padre, "María, Papá te va a dar una advertencia: no juegues con las puertas de Abuelito." Debido al tiempo que había pasado desde la previa advertencia, y dado su edad, su papá correctamente le dio una advertencia de nivel uno. Le amonestó a hacer lo correcto aunque se lo había dicho desde hace tres semanas. Ella acató la advertencia y se fue a su caja de juguetes para distraerse.

En este caso, la advertencia no socavó el carácter de obediencia a la primera. No estás eliminando la necesidad de obediencia, pero estás pesando una desobediencia potencial a la luz del contexto, la edad del niño y la

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caracterización del comportamiento. Este tercer nivel de ofensa requiere diferentes tipos de corrección dolorosa.

El dolor es un regalo de Dios, no es el resultado de la caída de Adán. El dolor nos advierte que algo anda mal y necesita atención. En el proceso de la educación el mismo axioma es cierto. El dolor tiene un propósito: ayudar al niño a enfocarse y obtener auto-control sobre una debilidad moral en particular. Ya sea en la desobediencia, el responder, o la mentira, el dolor juega una parte en el proceso de desarrollo. Llama la atención seriamente a una condición que desesperadamente necesita cambiarse. En la educación infantil, el dolor vendrá en una de dos formas:

por consecuencias naturales o por consecuencias estructuradas. En las primeras, el dolor es el resultado natural de un comportamiento incorrecto; en las segundas, necesita ser creado artificialmente.

Los actos rebeldes y desafiantes a veces producen su propio dolor como el resultado natural de un comportamiento necio. Por ejemplo, la mamá de Becky le dijo que dejara de correr en la acera porque podría caerse en las grietas. Becky neciamente no hizo caso, y su desobediencia resultó en unas rodillas raspadas y amoratadas. En ese caso, la mamá de Becky no le daría nalgadas por no haber hecho caso. Pero sí, tomaría ventaja de las rodillas ardientes usándolas para amonestar a Becky

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acerca de la obediencia y la necesidad de escuchar la sabiduría de su mamá.

No permitas que la educación por el uso de consecuencias naturales o lógicas te perturbe o te controle. Por ejemplo, el niño a quien le encanta ir a la escuela pero nunca está listo a la hora solo provoca que Mamá esté corriendo, creando una situación estresante. He aquí nuestra recomendación. Si la escuela comienza a las 9:00 a.m. y les lleva diez minutos llegar allí, no le digas al niño, "Si no estás listo a las 8:50 a.m., no irás hoy a la escuela." Ese plazo solamente pone más presión sobre ti, porque te deja en un estado de tensión preguntándote si el niño va a terminar o no. Pon el plazo para las 8:30 a.m. Si no está listo a esa hora, pierde el privilegio de ir a clases.

Con este plazo más temprano, no te estresas, preguntándote si vas a llegar a tiempo. Le puedes advertir al niño a las 8:25 a.m. que le quedan cinco minutos. Pero, si él elige por sus acciones presentarse después de las 8:30 a.m., el privilegio de ir a la escuela debe ser removido. No te suavices, ni te retractes del plazo dado, aun si aparece a las 8:31 a.m. Eso solamente comprueba que tu palabra no vale mucho, y no enseña al niño la disciplina de manejar bien su tiempo. El niño necesita saber que algunas cosas en la vida son muy exactas. Una excepción, sin embargo, ocurre cuando un niño se caracteriza por estar listo a la hora, pero se retrasa una vez. Quitar el privilegio en este caso no sería aceptable, y tal vez estés violando Colosenses 3:21.

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El dolor no siempre viene como consecuencia natural de un comportamiento necio. Cuando no viene naturalmente, necesita ser creado artificialmente a través de consecuencias estructuradas. Las consecuencias estructuradas vienen por medio de la corrección física, el aislamiento, la pérdida de privilegios o consecuencias lógicas.

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El término cultural para las consecuencias artificiales es "dar nalgadas." El término bíblico es "corrección." Corrección quiere decir causar dolor con el propósito de rectificar un comportamiento. El propósito no es castigar un comportamiento o vengarse del niño. Dios no es vengativo, y eso no es el propósito de la corrección. Las referencias de las Escrituras para la corrección son Deuteronomio 8:5, Hebreos 12:6-7, II Samuel 7:14, Apocalipsis 3:19, y Proverbios 19:18.

La corrección es la mejor palabra para representar la intención divina de Dios para que los padres utilicen un dolor físico para corregir las actividades rebeldes del niño. El omitir el dar nalgadas como una disciplina legítima obliga a los padres a usar otros métodos inadecuados para controlar el comportamiento rebelde de sus hijos, o les obliga a abandonar cualquier estándar razonable de conducta moral. La manipulación con la culpa o el amor condicional a menudo es el método usado. Las cicatrices profundas de estos métodos son permanentes; una marca roja de una nalgada no lo es. Los niños cuyos padres los

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manipulan viven con miedo al rechazo, lo cual es peor que el miedo (dolor) de la corrección. Por eso el dolor de la corrección es una manera misericordiosa de tratar la rebelión-se hace y se termina. El próximo capítulo se trata del tema de la corrección.

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Los niños son seres sociales. El aislamiento significa una pérdida temporal del privilegio de contacto social. Por ejemplo, cuando un niño continuamente perturba el juego grupal, una opción es aislarlo y que juegue solo. El dolor es la separación. En ese caso, no se le quita el tiempo de juego, pero ha perdido el privilegio de jugar con los demás.

El aislamiento puede acompañar o seguir la corrección, pero no se debe usar habitualmente como un sustituto. Cuando un padre manda a su hijo a su cuarto bajo estas condiciones, no debe ser para jugar, sino para pensar. Se debe usar este método para llamar la atención a las ofensas más serias.

Finalmente, el aislamiento no es una disciplina final. Como otros elementos de la disciplina, puede ser muy efectivo cuando se usa adecuadamente y muy inefectivo cuando se mal usa. El aislamiento como una consecuencia estructurada puede comenzar desde los nueve meses de edad y puede ser usada hasta la adolescencia. Un niño debe aprender que él es responsable de controlar su comportamiento en entornos sociales. El aislamiento es

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una herramienta que le puede ayudar a ganar ese auto- control.

1.

¿Qué es disciplina bíblica? ¿Cuál es el propósito de Dios?

( &*9

En general, el propósito del castigo es ayudar al niño a aceptar la responsabilidad por sus actos rebeldes o no- rebeldes. La clase de consecuencia está sujeta a consideración por la edad del niño. Es diferente cuando un niño de tres años desobedece la instrucción de su mamá y recibe una nalgada por su desobediencia. Supón que un niño de ocho años no vuelve enseguida de la escuela como se le había instruido. ¿Cómo se debe tratar eso? Aunque el acto puede ser igualmente desobediente, las consecuencias pueden incluir una respuesta correctiva diferente debido a su edad. Como el propósito de la corrección es ayudar al niño a autogobernarse según principios morales, los padres deben escoger una consecuencia que mejor sirva a ese propósito. Con el último ejemplo, la pérdida de un privilegio o de sus salidas puede enseñar al niño de ocho años la seriedad de sus acciones mejor que una nalgada. Lo contrario usualmente se aplica a niños más chicos.

Las consecuencias lógicas pueden suceder adicional o independientemente de la corrección física. Un padre debe considerar las circunstancias, la edad del niño y el motivo tras la acción al decidir qué medidas de castigo serían mejor para el niño. Cualquier consecuencia que utilice el padre, debe estar lógicamente asociada con la ofensa.

9

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2. Explica las diferencias entre comportamiento moral y comportamiento moralmente neutro.

3. Explica el propósito de los incentivos para alcanzar metas. ¿Para qué se usan?

4. ¿Qué pregunta deben hacerse los padres cuando consideran la forma adecuada de corrección?

5. ¿Cuál es el propósito de un premio? ¿Qué motiva?

6. ¿Cómo se usan incorrectamente los premios?

7. Explica la diferencia entre rebelión activa y pasiva.

8. Al corregir a un niño, ¿cuales cuatro factores debieras tomar en cuenta? ¿Cuál es el primer reglamento de la corrección?

9. Anota y resume los tres niveles de ofensas.

10. Explica la diferencia entre un tiempo fuera para reflexionar y el aislamiento. También, explica el propósito de un tiempo fuera para reflexionar.

11. ¿Cuál es la diferencia entre consecuencias naturales y estructuradas?

8

Estudie la tabla sobre la disciplina y esté preparado para llenar toda la tabla sin ver sus apuntes.

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A través de la historia, la corrección con dolor físico ha sido el método común para moldear el comportamiento desafiante de un niño. Por ejemplo, en los siglos ocho y nueve, los sacerdotes creían que los niños que lloraban mucho lo hacían porque estaban poseídos por demonios. Para exorcizar a los demonios, ellos oraban y azotaban repetidamente a los niños. De ese período histórico vino el dicho "Hay que sacarle el demonio".

El pegarle a los hijos es una manera universal de corrección y no una fabricación de las creencias Judeo- cristianas. Aun las culturas que rechazan la Biblia, consideran la corrección física necesaria para corregir la rebelión de un niño. La misma naturaleza nos enseña que existe un lugar para la corrección física. Todos los animales superiores le pegan a sus cachorros en ocasiones para cambiar un comportamiento no deseado.

Aunque varias declaraciones han sido hechas con el propósito de desaprobar la corrección física de los hijos como un método necesario y útil para la disciplina, por el momento no existen estudios legítimos para apoyar estas declaraciones. Existen varias aserciones ideológicas falsas que se ofrecen generalmente con el propósito de intimidar a los padres, pero no un estudio serio y científico. He aquí algunos ejemplos de estas declaraciones sin respaldo.

1. La corrección física no funciona.

2. La corrección física sólo enseña violencia a los hijos.

3. La corrección física sólo enseña que uno puede obtener lo que quiere utilizando la fuerza.

4. La corrección física enseña a los niños a pegar a otros niños.

5. La corrección física es abuso de menores.

Algunas personas insisten en decir que la corrección física no funciona. Llegan a esta conclusión, en su mayoría, partiendo de pensamientos ideológicos y no de la experiencia práctica. Por supuesto que la corrección física funciona. Esta es la razón por la cual la mayoría de los padres lo utilizan para corregir el carácter rebelde de sus

hijos. Un punto a favor de la corrección física son los hijos de los padres que no lo utilizan- se nota. El hecho de que los padres pueden mal usar este instrumento de disciplina no es nada nuevo, pero esto no es argumento en contra de

la necesidad de la corrección física.

Si la corrección física enseña violencia, ¿cómo pues se explica el hecho de que los hijos de padres que nunca les

pegaron sean tan violentos? Si la corrección física enseña

a los niños a pegar y abusar de una posición de poder,

¿cómo pues se explica que niños a los que no se les pega

le peguen y abusen de otros niños? El problema va mucho

mas allá que el simple hecho de ejercer corrección física a

los hijos- es un problema del corazón humano.

Irónicamente, mientras más se aleja la sociedad del uso legítimo de la corrección física, más violenta se vuelve.

Mientras más se intimida a los padres de familia para no practicar la corrección física con sus hijos, con mayor claridad pueden los padres ver la necesidad de utilizarla.

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Puesto que la disciplina desarrolla un gobierno interno al educar al niño en principios morales, habrá ocasiones en que el uso de fuerza controlada será necesario para obtener la meta deseada. Control sin dirección es autoritario; dirección sin control suficiente es permisiva. Los cristianos con seguridad dicen que la Biblia apoya la corrección física. Esto es verdad. La Biblia estimula a la corrección física pero no lo demanda. Nosotros apoyamos su uso porque es parte de la literatura de la sabiduría de los Proverbios y es usado en conjunto con una educación justa y virtuosa.

El libro de Proverbios es justamente eso- proverbios inspirados por el Espíritu Santo llenos de verdad y principios para una vida justa y virtuosa. Es por esto que creemos que la corrección física es precepto de sabiduría más que un mandato directo. Es una herramienta eficaz asistiendo en el proceso de crecer a un hijo hacia una madurez moral. La corrección física y la educación en la virtud no se excluyen la una a la otra sino al contrario, son compañeras en la misma causa.

La corrección física es la forma más intensa de disciplina correctiva. La educación bíblica del carácter, por el otro lado, representa el estándar más alto de educación moral.

Ambas trabajan en armonía, juntas. La corrección física no es efectiva como una consecuencia correctiva si los padres no ponen igual atención a la educación moral del corazón. Si tú no estás trabajando de manera intensa en el corazón de tu hijo enseñándole las virtudes del amor, honor y dominio propio, entonces te sugerimos que no le pegues a tus hijo.

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Dios determinó el rol de los padres desde el principio del tiempo. Estos deben actuar como gobernadores, gobernando el exterior de sus hijos hasta que ellos sean capaces de gobernarse a sí mismos desde su interior. Proverbios 22:6 dice, "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él." Como parte de nuestra responsabilidad delegada por Dios está el uso de fuerza controlada. Nuestra sociedad le llama pegar, dar nalgadas o castigo; el concepto bíblico es el de corrección física. La corrección física significa el infligir dolor con fuerza controlada en un individuo para modificar una actitud interna. Por favor, noten que no es para castigar comportamiento sino para cambiar la actitud que conduce a un comportamiento equivocado.

Existe una gran diferencia entre castigo físico y corrección física bíblica. Enlistados a continuación están nueve contrastes importantes.

Castigo Físico.

Corrección Física Bíblica

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Es Algo Que Los Padres Le Hacen A Sus Hijos

Es Algo Que Los Padres Hacen Por Sus Hijos

Es Una Reacción Activada Por Frustración (Padre)

Es Una Reacción Activada Por Rebelión (Hijo)

Se Usa Como Castigo De Último Recurso

No Es Un Acto De Castigo Sino De Amor.

Intenta

Cambiar

Se

Usa

Para

Cambiar

Comportamiento Externo

 

Actitudes Internas

Se Usa Con La Intención De Castigar Una Conducta

Se Usa Con La Intención De Cambiar Una Conducta

Se Practica A Través De La Vida Del Niño

Casi

Finaliza

Cuando

El

Niño

Cumple

Los

Cinco

 

Años

Frustra Al Niño

 

Borra La Conciencia Culpable Del Niño

No Tiene Efectos Positivos

Moldea El Carácter Para

A

La Larga

Toda Una Vida

 

Es

Practicado

Por

La

Es

Practicado

Por

Casi

Mayoría De Los Cristianos

Nadie.

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Las ofensas que ameritan la corrección física son aquellas relacionadas con la rebelión. La rebelión es un asunto del corazón que incluye desafío, falta de respeto, desobediencia y cualquier fracaso intencional en el aprender a recordar. El niño que constantemente dice: "se me olvidó" está en igual rebelión como el niño que desobedece directamente. En este caso la rebelión no es el

hecho de no poner atención a la instrucción dada sino es el

ni siquiera tratar de recordar la instrucción.

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La sensación de dolor hace que los niños pongan atención en cuanto a decisiones necias que conllevan a un mal comportamiento. Los niños son impulsivos por naturaleza. La corrección física sirve como un mentor para enseñar al niño a dominar sus impulsos necios y no convertirse en esclavos de estos. La corrección física no es sólo para el momento sino para el futuro. Así como las vacunas protegen a un niño de enfermedades potencialmente fatales, el dolor de la corrección física protege al niño de los resultados devastadores de decisiones necias en su futuro (Hebreos 12:11).

Los padres deben siempre considerar la dignidad de su hijo al corregir físicamente. Por lo tanto la corrección física debe siempre ser un asunto privado entre el padre y el hijo. No debes pegar directamente en la piel. NO debes pegarle a tu hijo en público, frente a otros adultos, frente a otros niños, y sólo rara vez delante de su hermano o hermana. El objetivo no es el avergonzar a tu hijo, ni el intimidarlo al convertirlo en un ejemplo público al pegarle.

& * " #1 2 8 #1 2

Los padres que educan a sus hijos a obedecer a la primera ejercerán mucha corrección física al principio pero mucho menos a la larga. Un estándar más alto exige objetividad al eliminar el trabajo de tener que adivinar tanto para padres como para hijos. Esto es corrección física objetiva. Tanto el padre como el hijo saben cuando la corrección física será el resultado y cuando es necesaria. El niño es el que

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determina si la corrección física se llevará a cabo como resultado de lo que haga o no haga.

Los padres que no exigen obediencia a la primera le pegan a sus hijos de manera subjetiva. Esto es, los padres determinan subjetivamente la corrección física, a menudo de acuerdo a cómo se sientan, y otros factores externos que a veces no están relacionados con las acciones del niño. No existe consistencia ni es predecible en cuanto a cuando le pegará el padre a su hijo. El niño esta en suspenso, en miedo al no saber si su padre juzgará o no sus ofensas. Entonces el niño cruza las fronteras y luego presurosamente se regresa con la esperanza de no ser atrapado.

Los padres que pegan a sus hijos de manera subjetiva son culpables de estimular un comportamiento irresponsable en sus hijos al tentarlos con el pecado. Los niños por naturaleza se la juegan, el acercamiento subjetivo a la corrección física solo sirve para estimular este querer tomar riesgos.

Cuando la corrección física subjetiva se utiliza como último recurso, entonces este castigo esta muy cerca de ser abuso. ¿Cómo puede el niño saber con seguridad todas sus opciones? De repente un día, un padre frustrado e impulsivo que simplemente no está de humor, le pega. No lidiar de manera apropiada con ofensas menores solo hace mayor el potencial para el abuso. La educación utilizando la corrección física de manera subjetiva produce resultados por debajo de lo satisfactorio.

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9 *

Corrección física y castigo no son dos palabras que se pueden intercambiar como sinónimos refiriéndose a la misma acción. Sólo existe una manera de corrección física pero muchas maneras de castigar. La corrección física siempre se asocia a la rebelión, pero la rebelión no siempre se corrige con corrección física.

Un niño sabe cuando ha desobedecido las reglas, y su culpabilidad le recuerda constantemente esta violación. La culpa nos recuerda el pecado. La corrección física es el precio a pagar para quitar esta culpabilidad y así libertar al niño de esta carga. Si los padres no quitan esta culpa, el niño vive bajo el peso del pecado. Cuando una ofensa amerita una corrección física, los padres deben darla. Si en vez le dan un castigo más leve, la culpa permanece y el niño la reprime y esto conlleva a más comportamientos antisociales.

Por ejemplo, el padre que utiliza el método de tiempo- fuera para ofensas que ameritan la corrección física sólo tiene éxito en frustrar a su hijo. Mientras más reprime el niño su culpa, más hiperactivo se vuelve. Tiende a probar los límites - retando a sus padres para que actúen. Nosotros creemos que esta es la manera en que el niño le ruega a sus padres que hagan algo por su corazón que siente culpabilidad.

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El entender la razón para practicar la corrección física y las consecuencias de la rebelión reprimida debería

esperanza" (Proverbios 19:18a). Hay muy poca esperanza después si la corrección se descuida.

hacernos entender con mayor facilidad que la corrección física es una expresión de amor por parte de los padres. Esta es la misma analogía utilizada en el Antiguo y Nuevo

Escuchamos a la extraña voz que dice, "Voy a ser cruel con mi propio hijo al pegarle" Pero el Espíritu Santo dice

Testamento para describir a nuestro Padre Celestial y Su

que no es crueldad. Tú no le tienes misericordia a tu hijo si

amor por nosotros. Considera las palabras de Moisés:

no

lo corriges. "no rehúses corregir al muchacho, porque si

"Reconoce así mismo en tu corazón, que como castiga el

8:5).

lo

castigas con vara, no morirá." (Proverbios 23:13). El

hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga" (Deut.

niño morirá siendo necio si no se le corrige. Eres en realidad cruel si no haces lo que es necesario para prevenir

El escritor de hebreos lo declara de nuevo, "Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?" (Hebreos 12: 6,7). El Señor entiende el papel de la madre y el padre, y El ama a Sus hijos mil veces más de lo que cualquiera de nosotros puede amar a sus hijos. Hemos recibido la instrucción de educar correctamente a nuestros hijos teniendo la misma motivación de amor como Dios mismo. Sí, aun corregir físicamente cuando sea necesario.

Pero algunos padres escuchan a una extraña voz que les dice algo contrario a las Escrituras: "pero Dios es amor, y es con Su amor y paciencia que puedo soportar la corrupción de mi hijo y no pegarle a ese niño tan dulce". El Espíritu Santo habla y le contesta a esa voz: "El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige." (Proverbios 13:24). Tú no quieres a tu hijo, sino lo aborreces si no lo corriges desde temprana edad. "Castiga a tu hijo en tanto que hay

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que tu hijo muera.

Entonces la voz dice: "OH, pero si sus fallas no son mas que actos de inocencia infantil". "No", dice el Espíritu Santo, "La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él".(Proverbios 22:15). Pero la voz dice: "Voy a coartar su creatividad y genio si lo corrijo de esa manera". El Espíritu Santo dice, "La vara y la corrección dan sabiduría;" (Proverbios 29:15a).

La voz habla de nuevo, diciendo, "OH, pero mi hijo me va

a odiar, no me va a querer y perderé su confianza". Pero el Espíritu Santo dice: "Corrige a tu hijo, y te dará descanso,

y dará alegría a tu alma" (Proverbios 29:17). Es la

corrección a temprana edad la que trae el gozo al corazón

de cada padre que actúa según el deseo del Espíritu Santo.

Esa voz, ¿es la voz de Dios? No es de Dios, entonces ¿a quién están escuchando?"Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre" (Proverbios 29:15b). No seas un padre como Elí, el cual recibió advertencia "has honrado a tus hijos más que a mí" (I Samuel 2:29). Cuando tengas

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más temor de perder el amor de tus hijos que perder el favor de Dios, entonces estarás formando tu propio

Adonías, el hijo de David al cual su padre nunca entristeció (I Reyes 1:6), y el cual tuvo una corta vida llena

de destrucción.

34 # " G 8 D 6

Con frecuencia se advierte a los padres que no quebranten

el espíritu de sus hijos, sino su voluntad. ¿Para qué

quebrantar alguna de las dos? Tú lo que quieres no es quebrantar la voluntad de tu hijo sino las expresiones egoístas de su voluntad. En vez de quebrantar su voluntad, los padres deben instruir a su hijo para que obtenga control sobre su propia voluntad. La naturaleza del niño es voluntariosa, busca su propio beneficio, y es auto regida. La debilidad heredada de nacimiento es la falta de fortaleza moral para controlar los impulsos carnales. La labor de los padres no es ni eliminar la autorregulación del niño ni tampoco quebrantar su voluntad. Sino que es ayudarlo a eliminar actos de autorregulación que estén guiados por su carne no regenerada, y a reemplazarlos con actos de autorregulación que estén guiados por principios morales.

En contraste, el quebrantar el espíritu del niño debería

preocuparnos. Una madre dirá, "Estoy preocupada de que si insisto en mantener la norma, quebrantaré el espíritu de

mi hijo". Eso no es así. No quebranta el espíritu del niño

el enseñarle, instruirle, corregirle para que viva de acuerdo con las normas de Dios. Esto sólo fortalece al niño. El

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punto de discusión aquí no es el espíritu del niño sino su dignidad. Un niño está hecho a la imagen y semejanza de Dios. Cuando la dignidad humana es atacada, la imagen de Dios es atacada. A un niño se le roba su dignidad cuando se le llama de manera grosera (como estúpido, tonto, imbécil), cuando es humillado, cuando se le trata a gritos o se le menosprecia delante de otros. Estas acciones sí quebrantarán el espíritu del niño.

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La Biblia establece más apoyo para usar la corrección física al hacer declaraciones acerca del objeto usado en la corrección: la vara de corrección. La palabra "vara" tiene varios significados diferentes en el Antiguo Testamento. Para David era un símbolo de dirección y cuidado. El Salmo 23:4 dice, "Tu vara y tu cayado me infundirán aliento". La vara también era un símbolo de autoridad y gobierno. "Moisés tomó la vara de Dios" en Éxodo 4:20 y la levantó en contra de Amalec en Éxodo 17:9. Muchos milagros fueron realizados con varas (Éxodo 8:5, 14:16; Números 20:11). La vara era también un símbolo de la ira de Dios y de su castigo. Las referencias con respecto a la vara se encuentran por toda la Escritura (2 Sam. 7:14; Job 9:34; 21:9; Isaías 9:4, 10:5, 30:31, Lam. 3:1). El Salmo 2:9 nos dice que un día Jesús regirá el mundo con vara de hierro. Con referencia a la educación del niño, la vara era el instrumento de corrección (Prov. 22:15) no un símbolo de la enseñanza.

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Con relación a la corrección, la vara fue usada con el niño, el hijo, el necio, y el esclavo.

Proverbios 22: 15

"La necedad está ligada en el corazón del muchacho, mas la vara de la corrección la alejará de él."

Proverbios 23: 13-14

"No rehúses corregir al muchacho, porque si lo castigas con vara, no

morirá.

Lo castigarás con

vara, y librarás su alma del Seol."

Proverbios 29: 15

"La vara y la corrección dan sabiduría, mas el muchacho consentido avergonzará a su madre".

Proverbios 26:3

"El látigo para el caballo, el cabestro para el asno, y la vara para la espalda del necio".

Proverbios 10: 13

"En los labios del prudente se halla sabiduría, mas la vara es para las espaldas del falto de cordura".

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La vara referida en la Biblia se sacaba de las ramas de un árbol o del tallo de un arbusto. El contexto de cada pasaje especifica a qué tipo de vara se hace referencia. Así como la vara de "Tu vara y tu cayado" no es el retoño de un

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arbusto, así tampoco la "vara de corrección" no es una rama de cinco pulgadas de ancho. El contexto y el sentido común nos señalan el uso de un instrumento para la corrección que tenga cierta flexibilidad.

Los padres no deben corregir a sus hijos con algo rígido e inflexible. Una cuchara de madera podría quebrar los dedos que se pusieran en su camino, causar daño vertebral si golpea muy arriba, o dañar la piel. Tampoco deben corregir usando un instrumento que sea demasiado flexible, tal como el cinturón de papá, un alambre o algo como un látigo. Sin embargo, un instrumento flexible duele sin infligir daño muscular u óseo porque la flexibilidad misma absorbe mucho del golpe al momento del contacto. Si no duele, entonces el instrumento es probablemente muy ligero o muy flexible. Si se causa alguna herida, el instrumento es demasiado fuerte, muy rígido o fue usado inapropiadamente.

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¿Qué debes hacer después de corregir a tu hijo? Aquí están las cinco sugerencias usadas con mayor frecuencia.

1. Inmediatamente después de la corrección, ponga al niño sobre sus rodillas. Hable con él acerca de sus acciones, reafírmele su amor, y ore con él.

2. Después de la corrección, haga que el niño se siente en quietud y piense unos cuantos minutos acerca de lo que hizo mal. Después, hable con él acerca de sus acciones.

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3. Después de la corrección, mande al niño a su cuarto con la instrucción que deberá permanecer allí hasta que usted diga.

4. Después de la corrección, adviértale al niño que no debe repetir la ofensa. Considere el asunto terminado.

5. Después de la corrección, haga y diga poco y considere el asunto terminado.

¿Cuál método es el correcto? Cada uno de ellos puede ser apropiado cuando se usa en contexto con la ofensa. El uso exclusivo de cualquiera de estos métodos dejará frustrado al niño.

La seriedad de la ofensa y la edad del niño deben ser consideradas cuando se esté decidiendo lo que se hará después de administrar la corrección. Los padres deben corregir físicamente tanto por actos y actitudes de rebelión como por falta de respeto. El peso de cada ofensa varía. Un niño de cuatro años que le dice "cállate la boca" a su hermana ha cometido una ofensa menor que si se lo hubiera dicho a su madre.

Los padres deben practicar un acercamiento balanceado cuando corrijan a sus hijos. No hay un sólo método que sea más espiritual que otro. Los padres pueden usar mal la oración con el niño, especialmente cuando el niño todavía no tiene un corazón arrepentido y el padre insiste aun en la oración. Pero por el otro lado, nunca decir nada después de la corrección es igual de incorrecto. Muchas veces el niño necesita que se le explique la razón de la corrección para que aprenda la lección. La comunicación con el niño debe tener lugar antes y después de la corrección. De

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antemano, establezca la culpabilidad del niño y haga que acepte la responsabilidad por sus propias acciones. Esto

se logra diciéndole al niño el porqué se le está corrigiendo. El necesita saber qué hizo mal, y porqué se le corrige. Nunca pregunte, "¿Por qué lo hiciste?" Probablemente escuchará varias razones que en la mente del niño