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Índice

LA PSICOLOGÍA DESCONOCIDA

4

Cuando el mundo del espejo se convierte en realidad

7

La ceguera al movimiento

11

Ver el mundo en colores: Los casos de sinestesia

14

Cuando el mundo da un giro de 180 grados

17

El problema de no sentir dolor

20

El miembro fantasma

25

Mi mano no es mía: El Síndrome de la Mano Ajena

28

La ilusión de la mano de plástico

32

Te conozco pero no te conozco: Síndrome de Capgras

34

Un mundo de “dobles”: El Síndrome de Frégoli

37

El Síndrome de Alicia en el País de las Maravilla

40

Experiencias de muerte: El Síndrome de Cotard

42

El Síndrome de Koro: Una creencia muy inusual

44

El Síndrome de Diógenes

47

La erotomanía: Cuando el amor es excesivo

50

¡Ayuda! Estoy perdido

54

Los recuerdos falsos

57

La imposibilidad de olvidar

60

Los recuerdos robados

63

Los sentimientos perdidos

65

La necesidad del espacio

69

Los instrumentos insólitos de la Psicología

74

REFERENCIAS CITADAS EN EL TEXTO

77

Te conozco pero no te conozco: Síndrome de Capgras

Una señora relativamente joven está siendo sometida a un test: le preguntan por las capitales de todo el mundo, los nombres de varios presidentes y le muestran las fotos de personajes históricos. No ha fallado en una sola respuesta hasta que… le muestran la foto de su esposo y no es capaz de decir quién es la persona que tiene delante de si.

Así comienza el film francés: “Imperio de lobos”, donde inicialmente da la impresión que se trata de un típico caso del Síndrome de Capgras. La protagonista, al no reconocer a su esposo, está firmemente convencida de que es un impostor que ha tomado su cuerpo.

Precisamente, esta es la característica esencial del Síndrome de Capgras: la persona no reconoce los rostros de los más íntimos y, como consecuencia, muchas veces cree que estos han sido reemplazados por otras personas.

El nombre proviene de su descubridor, Joseph Capgras, quien notificó el primer caso conocido en el mundo médico: el de una anciana que creyó que un impostor había suplantado a su marido por lo cual fue a denunciar la conspiración a la policía. Obviamente, de la estación de policía fue trasladada a la consulta psicológica.

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Los recuerdos robados

¿Te has encontrado en alguna oportunidad con un viejo amigo y se han puesto a recordar viejas vivencias? De seguro habrás notado que cada persona aporta su propio granito de arena al recuerdo y es que, aunque ambos hayan vivido la misma situación, cada cual la ha guardado en su memoria de forma diferente y desde una perspectiva totalmente única. Siguiendo esta lógica de pensamiento, cada uno de nuestros recuerdos sería único e indivisible y por ende, no podrían ser robados. ¿O si?

Un equipo de investigadores de las universidades de Duke en los EUA y Canterbury en Nueva Zelanda realizaron una investigación sobre un inquietante fenómeno: la apropiación de recuerdos que pertenecen a otras personas.

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Los sentimientos perdidos

La cultura nos condiciona desde nuestro nacimiento. En algunas ocasiones resulta una incidencia más visible, otras veces un poco menos. Lo cierto es que también determina qué sentimientos mostrar y cuales no.

En la década de los años '60 se hizo pública una información que hasta ese momento había pasado desapercibida. 58 Mientras unos psicólogos pasaban en cámara lenta las películas tomadas en sus sesiones de psicoterapia, notaron que habían expresiones en el rostro de los pacientes que aparecían por un instante para volver a desaparecer inmediatamente en una fracción de segundo. Las expresiones no eran visibles al observar la película a velocidad normal pero al pasarla nuevamente en cámara lenta, aproximadamente a un sexto de la velocidad normal, podían ser detectadas en la inmensa mayoría de las personas.

Por ejemplo, mientras un paciente comentaba cuánto apreciaba a otra persona, su expresión solía pasar vertiginosamente del placer a

la ira y nuevamente al placer. A estas expresiones se le llamaron "micromentarias" o "micros" y no constituyen mensajes conscientes o inconscientes sino que son filtraciones de sentimientos verdaderos que actúan como una válvula de escape y que permiten a la persona expresar, aunque sea brevemente, aquellos sentimientos que son considerados como inaceptables en el medio social.

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