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Desafíos de la Política que quiero para Chile

Alberto Precht Rorris ©


Esta ponencia fue publicada en la revista Dialegs N27, Barcelona 2005, prohibida su
reproducción sin autorización del autor, edición modificada por el autor.

Soy un joven, chileno, humanista cristiano, ex dirigente estudiantil de la Universidad de


Chile, profundamente comprometido con nuestra causa común y convencido de la importancia
que tiene el definir y fundar una nueva forma de hacer y entender el mundo, inquieto al darme
cuenta que esto no se ve reflejado en las políticas publicas impulsadas por nuestros gobiernos, y
por la forma en que todos como sociedad estamos dirigiendo nuestros destinos.
Hoy vivimos tiempos de oscuridad en la práctica política. Sin descaro se habla de que en
la política no existe fair play y ni menos amigos. Es triste constatarlo, es triste ver como las
formaciones políticas viven encerradas, y lejánas a su razón de ser.
Es por esto, que esta ponencia intentara representar una mirada humanista
de la realidad actual, (luces y sombras), señalando cuales son algunos de los nuevos desafíos
que debemos enfrentar. Por último, humildemente intentaré dar algunos principios de solución
para enfrentar esta nueva realidad.

- Hacia donde vamos en un mundo de paradojas, oportunidades y amenazas:

Nuestro mundo ha cambiado a una velocidad realmente desconcertante. En sólo una década
hemos experimentado una serie de trasformaciones que parecen tener una profundidad
trascendental. El mundo hoy es aparentemente unipolar, mejor dicho el poder se traslado de la
lucha comunista-libre mercadista a una incipiente pugna occidente-oriente, el sistema económico
con variaciones no menos importantes, se construye desde la base bajo los mismos presupuestos.
Nuestras democracias en general no tienen altos niveles de participación, vivimos en la época de
la privatización y del individualismo y surgen nuevas amenazas para la humanidad como el
terrorismo a gran escala, la guerra preventiva y modelos autoritarios con fuerte arraigo popular.
Este panorama parece devastador y no se condice con lo que debería ser, ya que la democracia
ha tenido una expansión nunca vista, no existen grandes totalitarismos políticos como los vividos
en décadas pasadas, el bienestar económico en muchas partes es indudable, vivimos en un

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mundo comunicado, sabemos lo que pasa a miles de kilómetros y al segundo lo que sucede, la red
inunda nuestras vidas, y cada día se cuestionan aspectos que parecian incuestionables.
Esta situación debería ser y es a mi juicio la época de las oportunidades y de las igualdades, sin
embargo, si no lo entendemos así y seguimos temiendo al desafío, será la época de la pre-
destinaciòn y de la angustia, al menos para la gran parte de la humanidad; ¡Que curioso es esto!;
la era donde existe más libertad económica, mas libertad de movimiento y de información ….

El drama de los jóvenes en las Universidades Chilenas, es que sienten que sus vidas ya están
escritas, estudiar, casarse, jubilar, morir, pero en un clima de absoluta incerteza. Vivimos en un
individualismo donde los grandes ideales son escondidos, por vergüenza o por que el tiempo en
la sociedad actual es un bien cada vez más escaso. A contrario de lo que sucedía en el pasado, la
inversión de ese tiempo libre prioritariamente se dedica a actividades de crecimiento individual.
Dentro de este panorama no extraña que solo el 0,1% de los jóvenes chilenos participen de una
organización política, y que sean más de dos millones los que no se encuentran habilitados para
ejercer el sufragio.
La participación juvenil y su relación con la política, nos lleva a preguntarnos ¿el si es una
apatía con la vida o que las formas de hacer política han quedado obsoletas?. Me inclino más por
la segunda, porque hoy todavía los jóvenes, se manifiestan contra la guerra, participan de
actividades al servicio social, integran diversos movimientos, se insertan en una sociedad de
redes, en comunidades virtuales, negocian en red, son corresponsales ciudadanos, postean en
blogs, se miran a través de fotologs, hablan por Messenger. Pero no participan de la política al
menos de la formal, tienen opinión, tienen ideas, pero están en la periferia de nuestras
preocupaciones, el mundo ha cambiado, la forma de hacer política, partido y gobierno parecen
estáticas y miedosas, tapándose los ojos y sólo reaccionando, no creando o atisbando.

Sin duda este panorama de lejanía entre política y sociedad se debe en gran parte a la falta de
consecuencia, la decadencia ética y programática que hemos venido sufriendo. Si bien hemos
logrado electoralmente mantenernos estables, hemos sufrido la perdida de la credibilidad ante el
electorado juvenil, que nos ve como una manga de oportunistas capaces de hacer cualquier cosa
con tal de obtener o conservar el poder, con militantes que cada día, en mayor numero, se ven

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envueltos en diversos casos delictuales, y por otro lado con un discurso cada día mas lejano de lo
que los valores que decimos representar.
A mi juicio el gran problema es que hemos sido cobardes, corto plazistas y nos hemos quedados
anclados en el pasado, pasado que inevitablemente comienza a morir y que nos deja sin
programas y sin respuestas y ni siquiera atisbos de respuestas a un mundo que requiere, ingenio,
innovación y constante inquietud.
La decadencia programática también ha sido increíble. No es raro que no exista pronunciamiento
de fondo de los partidos sobre inumerables temas. Entonces es lógico el resultado: la militancia
se cansa y los buenos militantes se van. Por otra parte, para ingresar los partidos no se requiere
nada más que una firma, y adquirir un trocito del tan ansiado poder es muy fácil, cosa muy
tentadora para muchos, y así surgen personajes como los “operadores” tan de moda en estos días.

No quiero por ningún motivo que se entienda, que pienso que el poder es malo. Al contrario, creo
que hoy nos hemos olvidado que el poder debe estar al servicio del Bien Común y que si ganar
una elección nos llevara a hacer las cosas mal o no somos capaces de dirigir un país, es mejor no
ejercerlo, y juntar las fuerzas necesarias, formando una militancia preparada y a la altura de las
necesidades de nuestros pueblos.

En la concertación, hemos sido conformistas o temerosos y no hemos tenido la mirada de largo


plazo que fue la que nos llevo a ser la fuerza política mas importante de los ultimos años en
nuestro país, con éxitos tan notables.
Tenemos una historia que cualquiera la envidiaría, doctrinas riquísimas y muy completas. Sin
duda, tenemos un gran pasado, pero queridos amigos, estimo no será novedad el señalarles que
tenemos un futuro muy incierto, en un esquema de izquierdas y derechas muy distinto al que fue
nuestro entorno de incubación.

Todo esto nos debiera llamar a una profunda reflexión, en esta gran y hermosa comunidad que
formamos. Lo peor que nos podría pasar es que los acontecimientos nos superen y no retomar el
camino. ¡Hasta cuando continuamos con ese miedo!, ¿cuando es el momento?, el momento es
hoy.

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- ¿Que hacer? Algunas ideas para el debate sobre nuestro futuro.

Lamentablemente parece que muchas veces defendemos más las propias instituciones que lo que
ellas debieran representar. Uno de los primeros desafíos es el de volver a ser militantes de
causas, no meramente de instituciones.
Las instituciones son pasajeras, las ideas las trascienden.
Lamentablemente muchas veces se nos olvida esto, y lamentablemente las instituciones se alejan
muchas veces del pensamiento que finalmente es su razón de existir. Sin embargo, las
instituciones, en este caso los partidos políticos producen identificación y cariño entre los que lo
conforman. Por lo tanto, el desafío primario junto con ser militante de causas, es el de intentar
que las instituciones ya existentes sean portadores reales del pensamiento, y crear nuevas, con su
innovación total, redefinir, inventar, crear, no anclarnos a viejas formulas de cómo hacer política,
el como hacer política es algo que debemos juntos construir y que las políticas que se impulsan
desde su interior sean inspiradas y reflejo de estas ideas.

Es por eso que resalto la importancia del debate interno, la creación de nuevos referentes que
sean disruptivos e inovadores. Debemos redefinirnos o estaremos condenados a la división o a la
desaparición, y mientras tanto Chile pierde la oportunidad de dar saltos aún mayores. El llamado
«debate de fondo » o debate acerca del mundo, y del mundo que queremos crear, ha sido
postergado y no se ve como importante, más importante es mantener el poder y sin duda esto
lleva a una enorme distancia entre lo que se encuentra escrito y lo que se practica en la acción
política, y una gran distancia entre la realidad y la acción política. Esto junto con ser de gran daño
interno, también es caldo de cultivo para que nuestros adversarios nos puedan atacar fácilmente,
y lamentablemente no tenemos muchas veces defensa alguna.
En esta nueva política que queremos crear se debe fortalecer la democracia interna de los partidos
e instituciones y abrirlos a la sociedad, pero para que eso suceda lo mínimo es que nos demos en
conjunto un marco en el cual debemos actuar. La transparencia debe ser tal, que no deben existir
defensas corporativas, que debe valorarse la disidencia, las instituciones de un partido debe ser
funcionales a lo que este quiere para Chile, no lo que una “casta” de apernados quieren para ellos.

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El ser militante de causas también conlleva el rechazo al caudillismo y a las divisiones internas
de carácter individual. Las personas encarnamos ideas y proyectos. No podemos ser nosotros
mismos el fin, lo importante no es que tal o cual gane una elección si no para que la gana. Los
que ejercemos de alguna forma roles de dirigencia, debemos aprender que la vida en comunidad,
parte por nuestro propio actuar. Debemos ser lo suficientemente humildes como para saber
asumir diversos roles y formar verdaderos equipos comunitarios de servicio, como también ser lo
suficientemente valientes en los momentos que debemos tomar roles de liderazgo. Sin duda hoy
en política, debido al descrédito del que goza nuestra actividad, el no tomar roles protagónicos,
muchas veces es conveniente desde el punto de vista individual, pero eso también es renunciar al
deber con Chile.
Un segundo punto que es fundamental, es rescatar lo que denomino política de los afectos. Esto
no es otra cosa que creer y hacer todo lo posible para formar verdaderas comunidades, entre los
que decimos formar parte de una misma causa. La política debe ser hecha entre redes
colaborativas, con mayor y menor grado de afianzamiento. Miles son los ejemplos de redes
colaborativas exitosas, por que no crear una red de ciudadanos comprometidos con Chile.
Los afectos hoy se han perdido, debemos volver a la fraternidad y a la camaradería que era tan
propia de nosotros, los que nos decimos demócratas.
Nunca se me olvidara cuando niño, en plena dictadura de Pinochet, los democratacristianos se
reunían en sus casas, íbamos las familias enteras, se formaron grandes amistades, hoy eso
contrasta con lo que se vive en cada elección partidaria interna, llegando a decirse ya con soltura,
que el peor enemigo de un democratacristiano es otro democratacristiano.
Este punto nos compete fundamentalmente a las nuevas generaciones. Debemos ser nosotros los
que cultivemos amistades firmes y buenas relaciones aun con nuestros adversarios internos y
externos.

La importancia de la convicción y la firmeza en el discurso y la consecuencia con el actuar es


uno de los puntos que debemos rescatar. No debemos tener vergüenza de lo que somos, y decirlo
sin problema. Al menos en Chile existe un gran déficit de ánimo y de convicción. La vieja
militancia continua por cariño, muchas veces y la nueva que es muy escasa, se divide
dramáticamente entre los que buscan un trabajo y los que han entrado a los partidos por razones
de carácter histórico o ideológico.

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Esta convicción en el discurso y en la acción debe notarse en el día a día, en nuestros trabajos,
en las Universidades, con nuestros amigos, es decir, en todo ámbito de nuestra vida. Un
convencido atrae a los que titubean y los convence, no debemos avergonzarnos de ser pocos en
un comienzo., Nunca por otra parte fuimos muchos cuando se empezó a escribir esta historia, la
de cada uno de los que estamos en esta sala. Es en tiempos difíciles donde más necesitamos, el
decir las cosas directamente, no tener miedo y criticar, siempre con la propuesta, escuchar, y
construir nuevas realidades que den respuesta a esas angustias y preocupaciones tan propias de
nuestra época.
Nuestro movimiento debe tener ciertas particularidades que no podemos perder de vista. Me
refiero en específico a su esencia pluriclasista y su opción preferencial por los más pobres y a su
carácter emprendedor solidario.
Siempre nuestro llamado debe ser a integrar, no a dividir, menos por posiciones de clases. Esto
nos propone un gran desafío a volver a escuchar e incluir a los diversos actores de la sociedad, en
una política de no discriminación y de diálogo. No podemos encerrarnos en elites políticas, ni
menos volver la política lejana a las personas. En parte el descrédito actual de la política, surge
de la lejanía aparente o real que existe entre quienes seguimos este camino y los que
representamos.
Nadie dijo que esto era fácil , si no por el contrario, acá deben estar los mejores, pero los mejores
no deben encerrarse en si mismos o en discusiones excluyentes. Deben ejercer la democracia
desde sus propias acciones. Podría decirse que el descrédito de la política se debe a que no
hemos sido capaces de democratizar la acción política. Un político debe ser humilde y abierto
por una parte pero no debe caer en el extremo opuesto, es decir en el populismo.
Quisiera señalar un desafío que para mi es uno de los fundamentales, el tener mirada de largo
plazo.
Esto sin duda, es de extrema dificultad en un mundo que avanza cada día mas rápido, que los
mismos hombres, donde lo que ayer era acertado al día siguiente queda obsoleto. Esto nos ha
llevado a un terrible conformismo e inmediatismo o por otra parte a la inacción. Debemos ser
capaces de retomar la agenda a largo plazo, pensar nuestras acciones políticas mas allá de la
siguiente elección. Las elecciones no son nada más que el reflejo de un momento. Son de suma
importancia, pero ninguna elección es definitiva. Lo son las políticas populistas e inmediatistas,

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que nos llevan a obtener triunfos de importancia electoral pero producen grandes perdidas en el
capital moral de las colectividades políticas.
En los últimos años me temo que han sido sucesivas las veces no solo en Chile si no en el resto
del mundo en que no hemos tenido muchas veces una visión mínima de los países que
queremos. Debemos retomar las metas de largo aliento por incomprendidas que sean, no olvidar
que nuestro triunfo no se basa solamente en ganar eventos electorales. Debemos atrevernos a
planificar y pensar políticas a futuro. En resumen debemos volver a ser un proyecto que
trascienda lo electoral.
Este esfuerzo debe transformarse en políticas públicas para los mas diversos temas, elaboradas
en comunidad, desde nosotros mismos y que deben ser debatidas, y posteriormente de ser
aceptadas, aplicadas. No sacamos nada con escribir, si esto no es puesto en practica por los que
corresponda.
El trabajo, sin duda es inmenso, por lo cual es de importancia que sea hecho con gran entrega. Es
esta la entrega que debemos esperar tanto de las nuevas como de las antiguas generaciones, ya
que la tarea histórica aun esta inconclusa y lejana y se vera todavía mas lejana en caso de
desfallecer o errar el camino.

A modo de conclusión quisiera expresar mi más absoluto convencimiento de la urgencia de este


emprendimiento. Solo con valentía, sabiduría y dedicación el futuro de nuestro país y del mundo
será distinto, y tal como ayer nos levantamos contra las grandes atrocidades, y fuimos capaces de
proponer con las manos desarmadas caminos de paz para la humanidad, hoy debemos volver a
ponernos de pie, buscar nuevos reclutas en esta causa que si es vivida con amor, encamina al ser
humano como persona a lo que mas busca en esta vida... la felicidad personal vivida en
comunidad.