Vous êtes sur la page 1sur 13

“Somos Mayordomos”

Mayordomía cristiana

Creemos que Dios es la fuente de toda bendición

material y espiritual. Todo lo que tenemos debemos solamente a Él. Por tanto, el cristiano está comprometido a servir a Dios con su tiempo, sus talentos y posesiones materiales para honrar a Dios y ayudar a otros.

La iglesia debe sostenerse por las ofrendas voluntarias

de sus miembros. Los cristianos deben contribuir con alegría y en forma regular mediante sus diezmos y ofrendas para la extensión del reino de Dios, para el

sostén de los ministerios de la iglesia, y para las

necesidades de los pobres.

Algunos Pasajes que nos ayudan

a entender los principios de la

Mayordomía Cristiana.

Deuteronomio 16:19-20; 25:15.

Malaquías 3:8-12.

1° Pedro 1: 18-19. Mateo 6:19-21;33-34. 1° Timoteo 6:3-10. Lucas 21:1-4.

Lucas 12:1621.

1° Corintios 4:1-2

Pacto de la Iglesia Evangélica

Bautista de Ramos Mejía.

Habiéndome unido a esta iglesia, creo firmemente que él ser añadido a la misma implica formar parte del Cuerpo de

Jesucristo. Por lo tanto, declaro ser mi propósito:

Primero: ser fiel a los principios del Nuevo Testamento y prácticas apostólica, asistiendo regularmente a los cultos religiosos, porque es deber de todo cristiano fiel hacerlo.

Segundo: como persona salvada y regenerada por el poder de la sangre de Jesucristo, he de confiar en su gracia para mantenerme en limpieza de vida, alma y corazón, renunciando a todo vicio y malas costumbres

mundanas que solo ofenden la santidad de Dios y afectan

mi dignidad como fiel cristiano.

Tercero: cultivar la vida cristiana mediante la devoción

diaria, por la lectura de la Palabra de Dios, la Biblia y la oración privada.

Cuarto: comprendiendo que la obra de Cristo debe ser extendida y sostenida porque así lo ordena el Señor

Jesucristo, como miembro de esta Iglesia he de contribuir

con mis diezmos y ofrendas voluntariamente para el sostén de la misma, según me prospere el Señor, de corazón alegre, considerando este acto como parte del culto y reconocimiento que debo a Dios.

Quinto: Ser un miembro del cuerpo de Cristo implica ser su testigo frente al mundo. Por lo tanto creo ser mi deber el

testificar del amor de Cristo entre mis familiares y prójimos

en general.

Sexto: como integrante del Cuerpo de Cristo he de vivir en completa armonía con mis hermanos en la fe, evitando

chismes y otras costumbres odiosas que fomentan la

desunión y la discordia.

Y finalmente, procuraré ser de un mismo corazón, compasivo, amando fraternalmente, misericordioso, amigable, no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuimos llamados para que podamos dejar bendición en herencia.