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Sistemas de reparto de presas y sistemas de parentesco entre grupos cazadores-

recolectores*

Alain Testart
Maison des Sciences de l'Homme
Artículo publicado en Man (N.S.) 1987, 22: 287-304

Este artículo propone que hay dos formas principales de reparto de presas entre grupos
cazadores-recolectores nómades. En una, la distribución es iniciada por el cazador mismo quien
reparte la presa. En la otra, el proceso es iniciado por personas que no son el cazador: luego de
la caza el cazador es desposeído de la presa que es apropiada por alguien más, quien luego la
reparte. Esta última forma se encuentra en Australia. De esta distinción se deriva una hipótesis
para explicar la diferencia entre sistemas de parentesco de aborígenes australianos y aquéllos de
otros grupos cazadores-recolectores.

Desde hace un tiempo sabemos que los grupos cazadores-recolectores comparten las presas
obtenidas. Los reportes más recientes han insistido en el hecho de compartir y en su alcance,
mostrando que la presa es usufructuada por un cierto número de gente aparte del cazador, es
decir, del productor.1 El compartir, entonces, es visto desde la perspectiva del consumo, es decir,
en términos de su destino final. Este artículo, sin embargo, se concentra en la forma en que este
destino final es alcanzado. Deseo mostrar, primero, que hay dos formas principales de repartir la
presa. En una, el sistema A, el acto de compartir es iniciado por el productor: el mismo cazador
reparte la presa. En la otra, el sistema B, el proceso es iniciado por personas distintas al
productor: luego de la caza, el cazador es desposeído de la presa, la cual es apropiada por
alguién más, quien luego la reparte. Estos dos sistemas se muestran en la figura I.

Sistema A P p o P p

Sistema B P p o P p

Figura I. Los dos sistemas de reparto de la presa. P simboliza al(os) productor(es), p a los otros. La flecha sobre
P representa el proceso de producción, las flechas por debajo muestran el movimiento de las partes en
el proceso de distribución.

En segundo lugar, deseo mostrar que los dos sistemas se basan en sociedades estructuradas
de manera muy diferente. En otras palabras, así como que las relaciones entre el productor y el
no-productor son diferentes en los dos sistemas, las estructuras socialles--fundamentalmente los
sistemas de parentesco--son completamente diferentes.

Sistema A

De alguna manera, este sistema parece ser el más simple, pero es en verdad el más
complejo. Al decir ésto no estoy tratando de proponer una paradoja. Hay menor riesgo de
desentendimiento en situaciones que son muy evidentemente complejas. En cambio, la
simplicidad aparente a menudo implica ignorar motivos y estructuras ocultos. Somos incapaces
de ver las dificultades, y entonces no nos hacemos preguntas. Por esta razón deseo
concentrarme en el primero de los sistemas y mostrar las categorías económicas involucradas,
aunque voy a sostener que no puede ser entendido sin referencia al sistema B.
El concepto de apropiación comunal ha sido frecuentemente usado con referencia a grupos
cazadores-recolectores, quienes comparten sus alimentos. El modelo del noble salvage y la idea
de comunismo primitivo han sido muy a menudo proyectados sobre evidencia inadecuada y
análisis insuficiente. Reiteradamente, lo que se afirma es que cada uno tiene el derecho a una
parte. Pero el análisis detallado revela un proceso muy diferente. Sólo la falta de estudios del
fenómeno ha permitido proponer: 'cada uno'...Documentación precisa como la que poseemos,
sin embargo, revela algo muy diferente.
Como ejemplo preliminar podemos considerar a los Shoshone de Nevada. Harris (1940: 47)
dice que 'el animal pertenece al hombre que lo asestó'. Pero se agrega inmediatamente a ésto el
dato de que esta propiedad era enteramente una cuestión de prestigio, ya que el animal era en
verdad ampliamente distribuido. Pareciera que los antropólogos que se enfrentan con sistemas
de reparto siempre vacilan entre la idea del cazador como dueño de la presa que él ha obtenido,
y la idea opuesta de que él no es su dueño--o, al menos, de que esta propiedad es de una forma
pura (una cuestión de prestigio)--ya que a la larga el cazador da su presa a otros. Pero uno sólo
puede dar lo que uno tiene, y nos vemos forzados a concluir que el cazador es el dueño del
resultado de su propio trabajo. Es porque el producto le pertenece que él lo puede repartir. El
regalo de este producto o, mejor, de parte de este producto es entonces uno de los usos posibles
de su propiedad. Al usar su propiedad de este modo, el dueño/dador deniega su valor de uso;
para el dador, el regalo es una forma de consumo, como lo es el acto de comerla o destruirla.
Es, en un doble sentido, una forma productiva de consumo. Antes que nada, aunque el dador
destruye el valor de uso del producto que es repartido, este valor permanece para el receptor,
para quien el regalo crea valor de uso. En segundo lugar, a través del acto de dar, el dador
recibe algo: ya la esperanza de recibir un regalo en agradecimiento, ya prestigio o el
afianzamiento de un vínculo con el receptor. El hecho de que el cazador reparta su presa no

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implica que él no sea el dueño desde el principio; todo lo que implica es que sólo era un dueño
temporario. Debemos concluir, entonces, que cuando el cazador reparte su presa, cuando es él
quien controla el proceso de distribución, lo que es apropiado es, sobre todo, el resultado de su
trabajo.
Dos preguntas se derivan de ésto:
1. Cómo se determina la identidad del productor? En otras palabras, quién es visto como
dueño? Aunque la respuesta es sencilla en el caso de cacería individual, el quid de la pregunta es
claro cuando varios cazadores participan de la caza.
2. En qué términos se realiza la repartición? Cómo se decide quién debería ser incluido en el
sistema de distribución?
La respuesta a estas preguntas varía claramente de cultura a cultura. Pero en todos los
ejemplos considerados un hecho central permanece invariable: siempre es el productor
(designado, de acuerdo con los términos culturales de la sociedad en cuestión, al final del
proceso de trabajo) quien es visto como dueño de la presa y quien, por lo tanto, preside sobre su
distribución.
El segundo ejemplo, los Esquimales de Ammassalik en la costa de Groenlandia, ha sido
seleccionado porque se dispone de una descripción extremadamente detallada del reparto de la
presa (Robbe 1975). Podemos empezar diciendo que en el caso de cacería individual la
apropiación ocurre como ocurre entre los Shoshone y no plantea problemas adicionales. En el
caso de cacería de focas, sin embargo: 'el animal pertenece enteramente a la persona que lo ha
capturado'. La foca es llevada a la aldea, donde la esposa del cazador la corta en dieciseis
pedazos, que son redivididos y distribuidos entre el cazador, su esposa, sus hijos, sus padres,
parientes políticos, siblings, las esposas de sus siblings, sus primos en primer grado y los
ancianos de la aldea.
Entonces, a quién va un animal capturado colectivamente? Robbe (1975) describe un caso
de distribución de oso que él ha observado:
Virtualmente todos los habitantes de la aldea estaban allí, parados alrededor
del animal en tres círculos casi concéntricos: Harald y los cinco participantes
(aquéllos que habían sido parte de la cacería), luego los otros hombres de la
aldea que iban a tomar parte en el descuartizamiento del oso, conocidos como
los avisivertit (de avigsivoq, 'el que descuartiza'), y finalmente las mujeres y
los niños.

Esto refuerza la impresión inicial y general de que todos y cada uno, no sólo los
productores, disfrutan de la presa. Pero este aparente comunismo alimentario no responde al
análisis. La descripción y explicación de Robbe muestran que el oso pertenece a:
1. 'el primer individuo que lo vio' (en este caso, el Harald mencionado arriba). Este dueño es
llamado el naniteq; sus derechos son perfectamente enendidos y respetados, pues él es el

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primero en abrir el oso una vez que ha sido cuereado y en tomar su parte--la más grande. El
obtiene la piel, la cabeza, el cuello, los cuartos traseros, la columna vertebral y las vísceras.;
2. los cinco participantes en la cacería, los ningertit, los que en efecto capturaron al oso.
Cada uno recibe o un pie o la cola;
3. los avigsivertit, los que no participaron en la cacería pero obtienen una parte pues
estaban presentes al momento de descuartizar al animal. Estos se dividen el resto, los cuartos
delanteros, los músculos del estómago y los flancos.
Lo expuesto presenta dos problemas. Primero, el hecho de que los que no participaron en el
proceso de trabajo (los avigsivertit) recibieran una parte contradice el principio de la
apropiación por el productor? Cada uno de ellos sólo obtuvo una porción mucho más pequeña
que el ningertit o los naniteq. Pero, y este es el punto crucial, las porciones que sí obtuvieron
'hubiesen pertenecido al ningertit si el animal hubiera sido descuartizado en el lugar de captura,
cuando cada uno de los participantes hubiese obtenido cinco partes'. Por lo tanto, nada del
animal va automáticamente y por derecho a los no-productores. Los cazadores podrían haber
descuartizado el animal en la zona de caza (y otros ejemplos dados por Robbe muestran que
ésto de hecho ocurre). Entonces, al llevar el animal entero a la aldea, los productores habían ya
hecho una elección, la de dar parte del animal a los no-productores, un regalo que de ninguna
manera menoscaba el principio de apropiación de la presa por los cazadores.
En segundo lugar, el naniteq es el primer individuo en ver al oso o sus huellas. 'Este
individuo, hombre, mujer o niño, no necesita verse involucrado en la captura del animal' (Robbe
1975). Aun cuando no haya contribuido a la muerte del oso, el naniteq participó efectivamente
en el proceso de trabajo, pues ningún oso hubiera sido capturado si él no lo hubiese visto. El
naniteq, por tanto, junto con los ningertit, es un participante en la cacería. Los límites impuestos
sobre el grupo de cazadores nos parece arbitrario y extraño. El número de ningertit se limita a
cinco: las primeras personas que logran tocar el animal. La posición preeminente del naniteq nos
parece extraña e injusta para con los que arriesgaron sus vidas al atacar al oso. Sin embargo,
esta reacción es parcialmente injustificada pues, en la totalidad de la actividad cinegética, la
ubicación de la presa es tan decisiva y a menudo más difícil que la matanza. No obstante, en
líneas generales, la división del animal entre los participantes en la cacería aún parece algo
arbitraria: por qué hay exactamente cinco ningertit? Por qué se designa ningertit a los primeros
cinco individuos que tocan el animal, si algunos de ellos tal vez sólo le infligieron heridas leves o
lo tocaron recién cuando ya estaba muerto? Por qué la persona que sólo por casualidad vio el
animal obtiene la mejor parte? Todo ésto nos parece arbitrario porque asumimos que el trabajo
debiera ser remunerado de acuerdo con su cantidad y sus calificaciones. Pero ello comporta
olvidar que la noción de trabajo abstracto, comparable y cuantificado sólo aparece
históricamente con el intercambio generalizado de mercancías, y no se aplica a las sociedades

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cazadoras-recolectoras. Así, el sistema de reparto entre el naniteq y los ningertit resulta una
solución original al problema de la división del producto del trabajo colectivo entre los
trabajadores de una sociedad donde la noción de trabajo abstracto no existe.
Así, ésta es la respuesta dada por los Esquimales de Ammassilik y su cacería de oso a la
primera de nuestras preguntas. Respecto de otras presas y en otras áreas esquimales se proveen
diferentes respuestas: de acuerdo con la situación, el dueño titular es o el primero en ver el
animal, o el primero en tocarlo o, nuevamente, la persona que lo ha matado. Estas son algunas
de las formas en que se define al productor-dueño. Ellas tienen dos elementos en común que son
importantes para nuestra argumentación:
1. El hecho de que el dueño es elegido entre los participantes en la cacería, es decir, entre
todos aquéllos que se vieron involucrados en el proceso de trabajo;
2. que tal elección se hace en base a una de las fases del proceso de trabajo. Es, por tanto, el
proceso de trabajo lo que domina el sistema entero.2
A primera vista, el sistema de los !Kung Bushmen [Bosquimanos] parece ser completamente
diferente. No es el cazador que ha matado al animal o el primero que lo ha tocado quien se lo
apropia, sino más bien el dueño de la primera flecha que penetró de manera suficientemente
profunda en la piel de animal como para que el veneno haga efecto (Marshall 1976: 358). Dado
que las flechas son los objetos de un importante sistema de intercambio, conocido como el
Hxaro (Wiessner 1982), el dueño (hombre o mujer) de la flecha, y por tanto de la presa, puede
no haber contribuido en absoluto en la cacería que le permite adquirir la presa. En la práctica,
este sistema es idéntico a los de los grupos cazadores-recolectores ya mencionados, pues quien
usa la flecha ha decidido cuándo usar una flecha que le pertenece, o que le fue prestada y
pertenece por tanto a otro (Marshall 1976: 359). En último análisis, es la persona que mata al
animal quien toma la decisión. Si usa una de sus propias flechas decide conservarlo o si usa una
que le ha sido prestada transfiere los derechos de propiedad al dueño de la flecha. Es lo mismo
que ceder la presa que se ha matado con una flecha propia. El hecho de que el cazador sea capaz
de transferir el derecho a un tercero a través de su elección de la flecha revela que es
fundamentalmente él quien detenta este derecho, así como el acto de regalar demuestra la
propiedad del objeto entregado.
En consecuencia, todo lo expuesto no invalida el hecho de que la presa pertenece a la
persona que la ha matado. En términos del primer tipo de distribución resultante, el cazador
dispone de su propia presa. Por su elección de la flecha decide ya conservarla para sí, ya darla a
otro: éste es el segundo nivel de distribución. Esta distribución determina la persona que es vista
por todos como el dueño de la presa y, por tanto, quien la distribuirá entre los miembros del
campamento. Esta otra distribución, a la que Marshall considera la primera, es nuestro tercer
nivel de distribución, y redivide el animal entre los cazadores y el dador de la flecha, cuando su

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dueño no es la persona que la confeccionó. Esta distribución, la primera que puede ser
considerada como un acto de compartir, implica el reparto del animal entre todos los
productores: los que han participado directamente en la cacería y la persona que ha participado
indirectamente contribuyendo a la confección de la flecha, uno de los medios de producción
usados. Debiera enfatizarse que el resultado de esta distribución pareciera anular el de la
segunda: si al final de la segunda los derechos del cazador parecen transferirse al dueño de la
flecha, en otras palabras, a quien no ha participado en la cacería, en la tercera distribución el
producto retorna nuevamente a los cazadores. Así, los productores obtienen el animal mientras
el dueño de la flecha obtiene el prestigio de haber presidido sobre la distribución. La presa es
nuevamente distribuida (la segunda distribución de Marshall y nuestra cuarta distribución) por
los que recibieron una parte, es decir, por los productores quienes la distribuyen entre sus
parientes: es sólo a este nivel que los que no contribuyeron en absoluto en la cacería son
incluídos. Los parientes, a su vez, redistribuyen. Para sintetizar, aquí como en otros casos, la
dirección de las sucesivas formas de distribución es, en último análisis, determinada por uno de
los estadios del proceso de trabajo.
El sistema de los Aka Pygmies, tal como lo describe Bahuchet (1984), parece ser muy
similar al sistema !Kung, ya que aquí el cazador puede usar un dardo que no le pertenece; en
este (bastante inusual) caso, es el dueño del dardo más que el cazador quien obtiene la presa.
Sino, el dueño de la presa es quien primero la asesta; es el arma en sí la que es vista como
responsable por la muerte, y el dueño de la presa es, por consiguiente, el dueño del arma. Es
éste quien descuartiza la presa y la reparte entre quienes han participado en la cacería;
finalmente, cada uno de los cazadores redistribuye entre su propio grupo familiar. Como en el
caso !Kung, el sistema de reparto establece una clara distinción entre los productores, quienes
reciben primero, y los parientes, quienes reciben en segundo lugar. Finalmente, ambos sistemas
comparten una similitud cultural en lo que hace al rol central del instrumento de producción (la
flecha o el dardo) y a la forma en que el dueño es designado, mientras que en el mundo esquimal
siempre es la acción del cazador lo que importa.
En todos estos casos, al final del proceso de trabajo el producto pertenece al productor
quien se designa según una forma específica y arbitraria de atribución. El productor dispone del
producto y finalmente distribuye las partes. En tales sociedades, el sistema de reparto es sólo un
fenómeno secundario si se lo compara con las relaciones sociales que determinan que el
producto retorne al productor. La insistencia en las instancias de reparto no debiera ocultar el
hecho crucial de que es el productor (a veces, colectivo) y no la comunidad el que se apropia del
producto.

Sistema B

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El sistema B es enteramente diferente. Dos observaciones iniciales pueden servir a manera
de introducción. Una proviene de un temprano texto de Dawson (1881: 22) quien observó que
entre los aborígenes australianos de Victoria: 'cuando un cazador lleva la presa al campamento,
renuncia a todo derecho sobre ella y debe hacerse a un lado, permitiendo que la mejor porción
sea regalada y contentándose con obtener la peor'. Una segunda observación proviene de
Mountford (1965: 17) quien, refiriéndose a los Pitjandjara de Australia central, afirma que:
'Cuando un aborígen llega al campamento con un canguro al que ha asestado con su dardo y que
ha acarreado probablemente por varias millas, arroja la carcasa del animal a los pies de otro
aborígen, se sienta a la sombra de un árbol, y aparentemente no se preocupa más por el asunto.'
Australia es fácilmente distinguible de las sociedades antes examinadas en dos aspectos: 1.
el cazador obtiene las peores partes; así, en términos de resultado, la distribución es desfavorable
para el cazador; 2. el cazador no preside sobre la distribución--no tiene control sobre su
producto. El problema que emerge, entonces, es el de quién preside sobre la distribución y cómo
es elegido. Las particulares formas de esta selección varían de una región a otra. Sin embargo,
quien preside es siempre alguien diferente al cazador, alguien que es elegido fuera del grupo que
ha participado en la cacería, alguien fuera del grupo de productores y alguien elegido
independientemente de los procedimientos vinculados a la cacería.
Entre los Wotjobaluk y otras tribus sudorientales, son los hombres mayores y ancianos
quienes reparten la comida entre todos (Howitt 1904: 764, 767). Entre los aborígenes de Groote
Eylandt, los hombres mayores reciben más que los jóvenes y en cada grupo local un hombre
específico, siempre el mismo, una especie de oficial permanente, preside sobre la distribución
(Tindale 1925: 82-3). En todos estos casos el cazador permanece al margen durante la
distribución, y el producto es completamente removido de su esfera, ya que la distribución es
organizada por quienes son socialmente definidos como independientes tanto del productor (en
su persona y en sus acciones) como del proceso de trabajo concreto.
En otras partes de Australia, se dan otras formas de reparto, formas en las que el producto
va, en forma total o parcial, a los parientes políticos del cazador. Este tipo de reparto, el cual es
frecuentemente mencionado, ha sido, sin embargo, rara vez adecuadamente descripto. En
algunos casos, parece que sólo el suegro actúa, como los ancianos entre los Wotjobaluk, como
distribuidor y representante general de todos los que no participaron en la cacería: entre los
Kurnai, el cazador le da el wombat que ha atrapado sin dividir (Fison & Howitt 1880: 262). En
otros casos, el mismo suegro se apropia del producto y, en su carácter de suegro, toma la presa
de su yerno. La descripción de Gould (1967: 53-7) del reparto de la presa entre los Ngatatjara
describe tal situación: cuando un animal del tamaño de un canguro es matado lejos del
campamento, es cocinado allí mismo. Primero es eviscerado y el hombre que lo ha matado toma
el corazón y el hígado a los que come en ese momento y lugar, 'pero, por supuesto, ésto no es

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más que un símbolo del acto de compartir que equivale a muy poca cantidad de carne'. Una vez
ue el animal es cocinado, se lo divide entre quienes estaban presentes en la partida de caza. No
es la persona que ha efectivamente matado al animal quien preside sobre la división, ni es él el
primero en recibir. Primero intervienen sus afines, su suegro y sus cuñados, quienes toman por sí
mismos y toman las mejores partes. Luego de ésto, eligen sus hermanos. Finalmente, el cazador
cuyo dardo alcanzó al animal oma el resto--que puede, de hecho, ser casi nada si la partida de
caza fue grande. Luego de esta división, todos regresan al campamento y redividen la carne que
recibieron entre otras clases de parientes.
La descripción de Gould muestra que, entre los Ngatatjara, el reparto procede3 de acuerdo
con un principio opuesto al que determina el reparto entre los esquimales o los !Kung. Entre los
allíltimos, es quien es considerado el cazador el que decide la distribución: los otros sólo
obtienen lo que éste les quiere dar. Entre los Ngatatjara, son los afines y luego los parientes
cosangíneos quienes toman primero, de forma que el cazador sólo obtiene lo que queda. Entre
los esquimales y los !Kung, la totalidad de los estadios de reparto sucesivos describe un
movimiento que se origina en el cazador como fuente última de decisión. Entre los Ngatatjara, el
movimiento se inicia en el punto que es más remoto respecto del cazador efectivo y se acerca
prograsivamente hacia él, luego de haber pasado por sus parientes más próximos, sus hermanos.
La forma de reparto entre los Ngatatja es diferente de la que se da entre los Wotjobaluk o
en Groote Eylandt. Entre los últimos, los ancianos o el distribuidor representan un eje fijo
independiente del proceso de trabajo concreto en torno al cual la apropiaciún se organiza. La
apropiación Ngatatjara se dá primero y sobre todo entre los parientes políticos del cazador y
está, por tanto, en relación con el cazador. Pero ésta es una diferencia puramente formal. Los
ancianos y el distribuidor son en verdad definidos independientemente del cazador, y están allí
como representantes de todos los que no participaron en la cacería. Representan, entonces, un
grupo que es definido en relación al cazador y en oposición a él. En todos estos casos, son los
no-productores en relación al proceso de trabajo concreto con el que se ven relacionados los
que se apropian del producto final.
Este principio es similar en los dos tipos de división que hemos examinado, las cuales son
versiones del mismo sistema de reparto. Las diferencias son de dos órdenes. En primer lugar, la
apropiación por los no-productores es, en un caso (el Wotjobaluk o Groote Eylandt), llevada a
cabo indirectamente a través de la mediación de una persona designada, mientras que en el otro
caso (el Ngatatjara) se da directamente, sin intermediarios. Ello demuestra que la existencia de
un distribuidor designado no es esencial para el sistema australiano, existencia que conlleva poca
importancia. La segunda diferencia se refiere a la identidad de los que tienen una posición
privilegiada dentro del sistema de apropiación: los ancianos en un caso y los parientes políticos
en el otro. El mismo principio subyace en ambas: en lo que hace a que el trabajador no se

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apropia del producto de su trabajo. Entre los Ngatatjara, os que se apropiasn primero son los
parientes más remotos, los parientes políticos, y los que se apropian último son los más
cercanos, las relaciones de sangre. Entre los Wotjobaluk y en Groote Eylandt, en la medida que
el distribuidor da primero y más a los ancianos, son éstos los que tienen prioridad en el proceso
de apropiación, es decir, los menos productivos, los más alejados del proceso de producción.
Las dos variantes reflejan una manera de afirmar de forma concreta y vívida que el producto no
es apropiado por el trabajador.
Este sistema establece de manera inmediata, como su condición básica, una oposición entre
productor y no-productor. Lejos de ser una oposición absoluta, la misma es una oposición
relativa a las inatancias específicas del proceso de trabajo es relación al cual se plantea el
problema de apropiación del producto. En otro proceso de trabajo, los trabajadores pueden
variar y la división entre productores y no-productores puede ser diferente. En las sociedades
aborígenes australianas, como en otras sociedades cazadoras-recolectoras nómades donde los
hombres trabajan, no hay una oposición absoluta entre un grupo de productores y otro de no-
productores. Los ancianos ciertamente no trabajan, pero han trabajado cuando eran jóvenes, y
los adultos que hoy los alimentan fueron alimentados por ellos en el pasado. El no-productor
actual es el productor del ayer o del mañana y vice versa. Desde una perspectiva global, a lo
largo de procesos de trabajo particulares y de la sucesión de las generaciones, la oposición de
los productores y los no-productores desaparece. En consecuencia, en estos sistemas de reparto
la no apropiación por el productor inmediato en el contexto de cada proceso particular se
resuelve, en un nivel general, en la apropiación por la comunidad como todo.

Sistemas de reparto y sistemas de parentesco.

Cada uno de estos sistemas establece una oposición entre productores y no-productores de
maneras muy diferentes. El sistema A, el cual plantea el principio de apropiación por el
productor, embarca al productor en una relación individual con su propio producto, por tanto, lo
embarca en una relación consigo mismo. El otro--es decir, el no-productor--sólo existe como
ausencia y término excluido, la persona que no tiene producto, que no es dueño. Es sólo en una
segunda fase, la de distribución, cuando el otro entra como fin potencial del proceso de
distribución: sólo participa al final y asume entonces un rol subordinado. El proceso de
distribución involucra una totalidad de movimientos que invariablemente parten del mismo
individuo, el cazador-productor, el dueño y distribuidor: las partes que de él se toman alimentan
la fábrica social total, con una fuerza que disminuye a medida que se aleja de su punto de
origen. En este contexto deben ubicarse las relaciones de parentesco: los parientes más cercanos
reciben más; los más lejanos reciben menos. Pueden ser puestos en el mismo grupo en lo que

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hace a su proximidad geográfica: los que estaban en el campamento durante la división reciben
una parte, mientras que los que estaban ausentes no obtienen nada. Tales relaciones de
parentesco o proximidad son siempre definidas en términos de cercanía y distancia respecto de
un mismo individuo, el productor-dueño y distribuidor, el ego del sistema de parentesco. Este es
el punto de referencia en relación al que todos los términos se ubican; es el origen de todos los
movimientos y el centro del sistema.
Es, por tanto, fácil ver que semejante sistema de división se corresponde claramente con
una terminología de parentesco de tipo esquimal. Existe isomorfismo entre uno y otra; ambos
son ego-centrados, con una definición semejante de todos los términos, de acuerdo con la
proximidad y distancia respecto de ego. Según el sistema de parentesco basado en el ego, los
parientes se organizan en círculos concéntricos; primero los más cercanos (padre, madre,
siblings, hijos), luego los parientes de primer grado (tíos, tías, primos, etc., según una
terminología que fusiona las dos líneas colaterales), lugo los parientes de segundo grado y así
sucesivamente. Es sabido que este tipo de sistema de parentesco se encuentra entre grupos
cazadores-recolectores que tienen una forma de reparto que coincide con el sistema A:
preponderante en el mundo esquimal y entre los !Kung Bushmen.3
Para concluir esta discusión sobre el sistema A, podemos decir que el parentesco en tales
sistemas:
1. no se relaciona con el principio de apropiación del producto por el productor en términos
de rol y función;
2. se organiza dentro de un sistema centrado en el ego que, en lo que hace a su forma, se
adecua a su función de reforzar la distribución.
En el sistema B, el parentesco es totalmente diferente. Ya que este sistema afirma la no
apropiación del producto por el productor, tiene que de alguna forma especificar quien está en
condiciones de apropiarse del producto: el tema de definición del otro es crucial para este
sistema. Este otro generalmente se define en términos de parentesco. Según una amplia gama de
fuentes (Fison & Howitt 1880: 262; Howitt 1904: 756 y ss.; Spencer & Gillen 1904: 609-11; J.
Falkenberg 1981: 46; etc.), la presa va al suegro del cazador. Sería un error ver al suegro como
una persona siempre individual, definida en relación con el cazador por una relación puramente
interpersonal. En los sistemas de parentesco australianos, la función sólo puede discutirse en
relación a la forma. Estos sistemas definen no la relación entre personas sino las relaciones entre
categorías de personas. Debemos recordar que éstos son sistemas de parentesco clasificatorios,
es decir, sistemas donde los elementos significativos son las 'clases' de parientes, una palabra que
usaré en el mismo sentido en que la etnografía australianista habla de 'clases' matrimoniales. Es
sólo en relación a estas clases que el principio de no apropiación por el productor--que es, en

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verdad, el de no apropiación por toda la clase al que el productor pertenece--puede ser
especificado.
Unos pocos ejemplos siven paa ilustrar este fenómeno. En toda Australia, los hermanos son
equivalentes: dos hermanos son siempre clasificados dentro de la misma clase de parientes.
Como resultado, el hermano del cazador pertenece a la clase excluida de la apropiación. Por
ejemplo, en Victoria sudoccidental, se dice que el cazador no recibe nada y que sus hermanos
son tratados de la misma forma (Howitt 1904: 765). Entre los Ngatatjara, los parientes políticos
toman primero y los hermanos al final. Los miembros de la sociedad son a menudo agrupados en
linajes y clanes de forma tal que (en términos de esta organización en clanes o linajes) todos los
de un mismo clan o linaje son lo mismo porque pertenecen a la misma clase genérica de
parientes. Así, entre los Maljangaba de New South Wales, la tribu es dividida en mitades
matrilineales y un hombre recibe muy poca carne de sus parientes maternos, pues éstos
pertenecen al mismo grupo de parentesco que él. Ese hombre recibe mucha más carne de su
padre, pues éste no es su pariente materno (Beckett 1967: 459). En el noreste de Arnhem land,
la sociedad está organizada en clanes patrilineales y, cuando un animal es matado por un dardo
dedicado a un clan específico, no son los miembros del clan sino aquéllos cuyas madres
provienen de ese clan los que tienen prioridad en la división de la carne (Thompson 1949: 269).
Por último, vimos que con frecuencia son los ancianos quienes se apropian de la carne y, aunque
los textos dicen poco al respecto (quizás porque la costumbre ha ido desapareciendo), ello
puede deberse no tanto a su edad sino a que están en una relación de parentesco con el cazador,
una relación que opone generaciones.
El sistema B, por tanto, presupone estas clases de parientes, estas clases matrimoniales,
mitades, clanes unilineales, niveles generacionales. También presupone una delimitación objetiva
de la sociedad, una división que existe antes e independientemente de ego. Los términos de
parentesco son siempre vistos en relación a un ego específico, refieren al punto de vista
subjetivo y particular de un ego determinado, pero aquí nos vemos confrontados a una totalidad
fija y objetiva que existe independientemente del sujeto.
La sociedad como todo es dividida de esta manera y organizada en clases, siendo cada una
de éstas sólo una parte de la misma totalidad. Estos sistemas de parentesco dividen dividen a la
sociedad de manera tal que nada permanece fuera del sistema. La clasificación es exhaustiva.
Dicas clases sólo tienen definiciones complementarias. Así, la no apropiación por el productor
siempre significa la apropiación por la clase que está en una relación complementaria con él en la
sociedad: relaciones sanguíneas y relaciones afinales, mitades exógamas, generaciones
alternadas; ello es así aun cuando estas biparticiones son intersectadas por otras que se
organizan en base a diferentes criterios de oposición. El prójimo y el extraño son definidos de
varias formas diferentes. Pero el principio que subyace al sistema B muestra que la apropiación

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pertenece al otro y que éste debe ser por tanto entendido como la parte complementaria dentro
del mismo sistema general de referencia. El suegro mencionado por las fuentes importa en tanto
signo claramente recognoscible y específico de tal "otro", pues el suegro representa la otra
mitad, la otra generación.
El sistema B presupone una cierta organización de la sociedad que define lo que puede
llamarse el lugar objetivo de la 'alteridad' u 'otreidad'. Esta es la única definición que explica la
no apropiación por el productor, no apropiación que le permite apropiar al otro. En
consecuencia, en el sistema B la estructura general y la organización básica de la sociedad es
puesta en marcha porque el producto, tomado del productor inmediato, tiene que ir al otro
extremo de la sociedad. Al hacerlo, tiene que atravesar cada una de las principales categorías en
las qe la sociedad es dividida. El sistema A, por su parte, sólo afecta una parte limitada de la
sociedad, la cual se centra en ego como productor y se organiza por referencia a él.
En consecuencia, las relaciones de parentesco jegan un rol toalmente diferene en estas
sociedades. En Australia (la única región en la que se encuentra el sistema B), las relaciones de
parentesco son esenciales para, y ubicadas antes que, el principio de apropiación. Podemos aquí
determinar la persona a la cual el producto va. En tal sentido, me parece que podemos dar
cuenta de la primacía de las relaciones de parentesco en Australia. Podemos entender también
por qué los sistemas de parentesco australianos, tal como se los conoce hasta el momento, son
del tipo clasificatorio iroqués, tipo que fusiona a hermanos y primos paralelos, y diferencia
aprimos paalelos y primos cruzados, con todas las sutilezas de una sociedad organizada en
clanes, mitades, secciones, etc., formas éstas que, aunque diversas, definen a una sociedad
estructurada en clases.

Conclusión

Quiero, a manera de conclusión, destacar tres cuestiones.

1. Sobre la prohibición de consumir la propia presa. La prohibición que impide al cazador


consumir su propia presa está extendida; se pueden encontrar numerosos ejemplos tanto entre
grupos cazadores-recolectores como entre horticultores de Siberia, Norte y Sud América y
Nueva Guinea.4 Es importante comprender que el sistema B, tal como ha sido descripto para
Australia, no puede ser reducido a esta simple prohibición ni puede ser deducido de ella.
Tal prohibición es, primero, limitada en sus efectos. Aunque afecta la circulación del
producto, no es el principio organizador de la sociedad, su estructura subyacente. Los mejores
ejemplos de ello provienen de California meridional y de Siberia, de los Lamut y de los
Yukaghir.5 En estos casos los cazadores intercambian lo obtenido entre ellos. El intercambio está
así acotado a los compañeros de cacería y no afecta la estructura de la sociedad, pues no hay

12
apropiación por parte de quienes están fuera del grupo que ha participado en la producción. En
el caso australiano, por su parte, el proceso mediante el cual la presa es quitada al cazador
atraviesa a la sociedad como todo. Puede entonces decirse que la diferencia entre la simple
prohibición de que el cazador consuma su presa y el sistema australiano corresponde a la
diferencia entre el tabú del incesto y la exogamia.
Por otra parte, tal prohibición puede explicarse simplemente, en términos de un conjunto de
creencias, como las que conciernen a los espíritus de los animales, los dueños de las especies, el
contacto entre el cazador y su presa, etc. Estas representaciones restringen al cazador y limitan
sus privilegios, ya sea en términos de la relación que supuestamente él tiene con el dueño de la
especie o algún animal clánico, ya sea por el respeto que debe prestar a los espíritus o almas de
los animales. Como resultado, el cazador debe tratar con respeto la piel del animal, abstenerse
de ciertas actividades degradantes, no comer su carne o, por otro lado, apaciguar y engañar al
animal atribuyendo el asesinato a otra persona. La prohibición podría entonces ser entendida
como efecto de una creencia ideológica determinada. Tales creencias son comunes tanto en Sur
y Norte América como en Siberia. Sin embargo, hasta donde he podido verificar, las mismas
están totalmente ausentes en Australia.
Al respecto, el material provisto por Bahuchet es particularmente interesante. El cazador
Aka no consume su presa. No obstante, esta prohibición sólo se aplica a casos en los que la
sangre ha sido derramada: si la presa ha sido golpeada, como cuando se captura presas
pequeñas, o si se la atrapado con una red, el cazador puede comerla. Esto claramente se aplica
al cazador que ha 'adquirido' la presa, la persona que es vista como su 'dueño'. Generalmente,
éste es la persona que ha golpeado primero a la presa. Pero cuando el arma usada pertenece a
una tercera persona, es ésta quien es el dueño y la prohibición de consumir la presa se refiere a
esta tercera persona y no a quien en verdad asestó el tiro. e ésto se desprenden dos comentarios.
Primero, la existencia del sistema B no puede vincularse con la prohibición que pesa sobre
el cazador de consumir la presa por él obtenida, ya que los Aka constituyen un ejemplo de un
grupo del sistema A para el que también opera una prohibición explícita de que el cazador (o,
más bien, el dueño del arma que ha asestado el primer golpe y ha derramado sangre) conssuma
la presa. Este tipo de prohibición no tiene nada que ver con los los sistemas de reparto de presa
A o B, y puede coexistir con ambos. La razón más básica es que tal prohibición afecta el
consumo, mientras que los sistemas de reparto se ubican antes que ésto, en un nivel económico
mucho más fundamental: el de la distribución que resulta del proceso social de producción. El
consumo de comida es, por tanto, sólo uno de los usos del producto (distinto al que involucra,
por ejemplo, su reparto y que implica otra forma de consumo del producto que para el
propietario no tiene nada que ver con el alimento). La prohibición de consumir el alimento sólo

13
compromete uno de los usos posibles del producto, pero no pone en cuestión los principios de
apropiación.
En segundo lugar, este ejemplo ilustra a la perfección el hecho de que la prohibición tiene
una base ideológica que, en este caso, proviene de un conjunto de creencias sobre la sangre. La
coexistencia de esta prohibición con el sistema B tiene que situarse en dos dominios diferentes--
uno ideológico y otro económico. No es que ambos dominios no puedan coexistir, sino más bien
que motivos ideológicos los refuerzan, resaltando algo que ya ha sido puesto de manifiesto por
una estructura económica basada en la no apropiación de la presa por el cazador. En este caso,
el motivo ideológico--de existir--no es esencial, es un agregado. Es probablemente por este
motivo que no está registrado en la etnografía australianista, sea porque no existe o porque es
tan insignificante que ha escapado a la observación. En el sistema A, por su parte, cupa una
posición central como lo que previene al cazador de consumir su presa.
En tercer lugar, la manera en que el 'adquiriente' es definido y la prohibición a que se lo
somete en lo que hace a consumir parte de lo que de él proviene responden a una lógica
diferente. La prohibición sobre el consumo se vincula con motivos ideológicos, mientras que los
modos de definir al 'adquiriente' se fundan en consideraciones de eficiencia. Es el arma que mata
(la red, el dardo, etc.) lo que es importante. Aquí, estamos en el dominio de lo técnico, de la
producción material. Esto es absolutamente congruente con el sistema A, en el cual, como
hemos visto, todo se origina en el proceso técnico de producción. Ello nos permite repetir, aun
en forma algo modificada, que los sistemas de reparto y las prohibiciones son fenómenos
distintos, no sólo por sus efectos y áreas de aplicación, sino en términos de su propia lógica.

2. En Australia. Creo haber demostrado que el sistema B es parte fundamental de las


estructuras sociales australianas. Quiero ahora proponer otra idea, y descubrir el principio que
opera en el sistema de reparto que organiza otras instituciones australianas.
La analogía con la exogamia es muy clara. El cazador no puede consumir su propia presa
(como alimento), de la misma manera que no puede consumir (sexualmente) mujeres de su
propio grupo. El sistema B y la exogamia presuponen el mismo tipo de estructura social, una
basada en divisiones en clases entre las cuales mujeres y presas circulan. Aquéllos que son
opuestos, es decir, los de la otra mitad, siempre son los que se apropian.
De la misma manera, los jóvenes son iniciados por la otra mitad. Generalmente, ésto
también rige para funerales, que caen bajo la responsabilidad de la otra mitad. Aunque sería muy
extenso, también podríamos mostrar que el totemismo australiano se organiza de acuerdo con
los mismos principios.En las ceremonias destinadas a aumentar los animales de caza, cada clan
es responsable por su totem, pero son otros los que se benefician.
Todas estas instituciones revelan, por tanto, que los mismos principios organizadores
subyacen en el sistema australiano en su totalidad. La idea es que hay una disyunción esencial

14
con los más próximos y una unión con los más lejanos. Aunque hace rato ya que ésto ha sido
advertido en relación con la exogamia y los sistemas matrimoniales, así como en parte también
con relación a fenómenos totémicos específicos, resta aún ser identificado dentro de la esfera
económica, y es precisamente ésto lo que he tratado de hacer en términos del reparto de presas.

3. Sobre conceptos marxistas. Por veinte años se han discutido extensamente las relaciones
sociales de producción, sin que haya sido posible dar una definición general y adecuada--
particularmente en la medida que el término se ha aplicado a sociedades sin clases y explotación
que son las que anto interesan a la antropología (Testart 1985: 17-53). Propongo la siguiente
definición: las relaciones sociales de producción son las que vinculan al productor y al no
productor, y las que determinan la forma en que el producto se divide entre ambos. Esto es sólo
una generalización que se basa en la demostración que Marx hace en El Capital, acerca de como
la totalidad de las estructuras económicas (el modo de producción) del capitalismo pueden ser
entendidas en términos de un hecho central: la extracción de plusvalía, la forma específica que el
trabajo excedente toma en el modo de producción capitalista. Las relaciones sociales capitalistas
pueden, por tanto, ser definidas como las relaciones entre los productores inmediatos (el
proletariado) y los no productores (los capitalistas), relaciones que determinan la división del
producto entre ellos, entre la parte que corresponde al trabajo necesario (la cual va al
proletariado) y el producto excedente (el cual va a los capitalistas).
Una vez que reconocemos ésto, es evidente que las relaciones sociales de producción entre
los cazadores-recolectores tienen que ubicarse en el sistema de reparto de la presa. En el sistema
A el producto el producto es dividido de tal forma que regresa in toto al productor inmediato.
Esto define las relaciones sociales de producción en sociedades como la de los Shoshone, los
esquimales o los !Kung. En el sistema B, por su parte, el producto es dividido de manera tal que
el productor es deprivado del producto en favor de otros. Esta no-apropiación por el productor
inmediatoen cada proceso específico de producción se resuelve por la apropiación colectiva de
toda la producción social por la comunidad como todo. Es ésto lo que define las relaciones
sociales de producción en las sociedades australianas. Existe, en consecuencia, una profunda
diferencia entre los cazadores-recolectores australianos y no australianos, grupos entre los que
funcionan modos de producción completamente diferentes.
Este comentario sólo es la piedra basal de una construcción teórica mucho más amplia que,
para dar cuenta de la totalidad de actividades económicas, tiene también que incluir otros
elementos: recolección, manufactura, la relación con la tierra, etc. He intentado abordar esos
otros elementos en otra parte (Testart 1985).

NOTAS

15
*
Este artículo fue presentado por primera vez en enero de 1985, en el seminario de Etnociencia del Laboratorio
Etnobotánico y Etnozoológico del Museo Natural Nacional y del UA 882 del CNRS. Su presente versión se ha beneficiado
enormemente gracias a los comentarios y a las discusiones con los miembros del seminario y, en particular, gracias a
material inédito suministrado por Pierre Robbe y Serge Bahuchet, cuando ellos ofrecieron sus propios seminarios durante
el mismo período (Ver Robbe 1984 y Bahuchet 1984). El artículo también fue presentado en su versión en inglés a la IV
Conferencia Internacional sobre Sociedades Cazadoras y Recolectoras (London School of Economics, 8-13 Septiembre
1986) y se ha beneficiado con los comentarios de muchos participantes. El artículo elabora, de manera algo diferente, las
tesis y la información dadas en el capítulo 2 de Communism primitif (1): économie et idéologie (París, Maison des
Sciences de l'Homme, 1985).
1
Es necesario aclarar de una vez por todas el término productor, tal como se lo aplica al cazador. Sin duda, este uso va en
contra de una larga tradición en Arqueología Prehistórica, que usa el término 'predadores' para describir grupos cazadores-
recolectores y que restringe el término productor a los grupos agricultores. Una oposición de este tipo puede tal vez ser
justificada en términos de los fines descriptivos que propone, pero es enteramente incorrecta en términos de análisis
económico. La caza es un proceso de producción de la misma manera en que lo es, por ejemplo, la extracción minera, ya
que es una actividad que requiere del uso de herramientas y produce un producto final que no estaba allí al iniciarse el
proceso de trabajo. La diferencia entre grupos cazadores-recolectores y agro-pastoriles puede quizás definirse en un nivel
muy general diciendo que los segundos cambian la naturaleza muy profundamente, creando campos, especies domésticas,
etc. Puede también definirse con más precisión en términos del proceso de trabajo, diciendo que el objeto de trabajo
(aquéllo a lo que se aplica el trabajo) es natural y dado para grupos cazadores-recolectores, mientras que es el resultado de
un trabajo previo para grupos agricultores y pastores. La diferencia reside en la naturaleza de la producción pero no en la
presencia o ausencia de producción. (Debiera quedar claro que uso aquí la terminología marxista que distingue el objeto,
los medios, y el resultado del trabajo en el proceso de trabajo).
2
Información adicional provista por Robbe en el seminario antes mencionado revela la existencia de un sistema jurídico
muy preciso y complejo. Pongo esta información en mis propios términos, que seguramente no serían los de él. Cualquiera
sea el animal y el tipo de cacería en juego, el reparto es organizado en relación con dos eventos principales: el transporte
de la presa desde la zona de caza hasta el campamento y el descuartizamiento del animal. Aquéllos que, como cazadores o
rpoductores, tienen derechos sobre el animal son los que estaban presentes durante su cacería; el transporte del animal
cierra esta primera fase de atribución. Las partes que en ella se distributen son pramente teóricas y representan os derechos
ganados sobre el animal, los cuales sólo serán definitivamente definidos cuando el animal es efectivamente descuartizado.
El descuartizamiento se produce o bien donde la cacería aconteció, o bien en el campamento, fuera o dentro de la casa del
dueño. De acuerdo con la ubicación geográfica del descuartizamiento, las partes que son adquiridas por cada uno de los
que tienen derechos como cazadores son diferentes. Una vez finalizado el descuartizamiento, las partes son
definitivamente adquiridas; cada una de las personas que tiene una de las partes posee derechos exclusivos e individuales
sobre ella, lo que no le impide redistribuirla entre el grupo familiar al que pertenece.
3
No hay suficiente espacio para discutir aquí el sistema de parentesco hawaiano, el cual también se da frecuentemente
entre grupos cazadores-recolectores con una forma de reparto del tipo del sistema A. No obstante, por razones que sería
muy engorroso discutir aquí, sólo tomo en cuenta grupos cazadores-recolectores nómades y excluyo no sólo a los
"almacenadores sedentarios" (Testart 1982a; 1982b), sino también a aquéllos como los Aka Pygmies a los que llamo "de
enclave", pues los mismos tienden a modelar sus sistemas de parentesco en base a los de sus vecinos agricultores (testart
1981). Estoy proponiendo una correlación estadística muy gruesa entre sistemas de reparto y de parentesco. Obviamente,
no hay una correspondencia estricta que sea válida para todos los grupos, pues es bien conocido que hay otros sistemas de
parentesco entre los Bushmen, los esquimales o entre los cazadores canadienses (para una discusión más detallada con
base estadística, ver Testart 1985: 231-4).
4
Jochelson 1910: 20; Levin & Vasil'yev 1964: 680; Clastres 1966: 21; 1972: 168-9; Kroeber 1925: 643, 684, 688;
Oosterwald 1961: 65; Haberland & Seyfarth 1974: 244; Hauser-Schaublin 1977: 72.
5
Kroeber, Levin y Vasil'yev, y Jochelson (ver nota 4).