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Borrador: [ ] 16 de octubre de yyyy

Aprendizaje

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Naturaleza del aprendizaje.

Sin memoria no podemos aprender y sin aprender no podemos vivir. Si el organismo


no acumulase experiencias en la memoria, para recordarlas en las nuevas situaciones
(proceso al que llamamos aprendizaje) no podría utilizar ningún medio que lo
protegiese del peligro ni podría alcanzar los medios de obtener satisfacción. A la
pregunta ¿Por qué aprendemos?, no puede darse más que una respuesta: porque
aprender es esencial para la vida.

Pero la cuestión puede plantearse en otra forma que encierra un importante problema:
aprendemos porque a ello nos fuerza el ambiente, como indicaba Locke, el recién
nacido es como una tabula rasa, como una página en blanco sobre la que la vida
escribe sus jeroglíficos. Esta idea ha determinado, hasta nuestros días, el amplio
concepto de aprendizaje. El aprendizaje se logra con experiencia, se perfecciona con
la práctica y las cosas aprendidas dejan huellas que se relacionan entre sí. Sin
embargo, lo que se aprende no sólo procede del exterior sino que el proceso de
aprendizaje aparece en toda criatura desde la más inferior hasta el hombre; podría
incluso decirse que hasta las células aprenden.

Existen tres diferencias fundamentales entre la forma de aprender de los organismos


inferiores y la de los superiores: la complejidad de los estímulos recibidos, la de las
respuestas aprendidas y la permanencia de lo aprendido. No sabemos lo que puede
aprender un animal en condiciones normales porque no comprendemos la mente
animal. Sin embargo, ciertos experimentos han demostrado que hasta los animales
más inferiores aprenden ciertas reacciones, por ejemplo, la amiba aprende a esquivar
un rayo de luz, la anémona de mar a distinguir lo que es alimenticio de lo que no lo es,
la lombriz de tierra a recorrer un laberinto en forma de T, y así sucesivamente.

Maduración.

El aprendizaje y la maduración presentan aspectos similares. El aprendizaje ocurre


durante el período de maduración, como lo demuestra una curiosa experiencia con el
renacuajo. Colocados varios huevos de rana en un recipiente de agua fueron
transformándose en renacuajos, los que pasado algún tiempo comenzaron a nadar, se
dividieron los huevecillos de rana en dos grupos uno de los cuales fue colocado en
agua pura y el otro en un anestésico (cloroformo diluido en agua). En este último
medio los huevecillos se desarrollaron normalmente, pero los renacuajos
permanecieron paralizados. Así pues, el grupo testigo comenzó a nadar, mientras el
anestesiado quedó inmóvil. Según la teoría de que la aprendizaje depende únicamente
de las fuerzas ambientales y de la práctica, desarrollándose de movimientos causales,
los renacuajos movilizados no deberían aprender a nadar; pero a los pocos momentos
de extraer del agua el anestésico, los renacuajos paralizados comenzaron a nada tan
bien como el grupo normal lo que demuestra que no aprendieron a nadar impulsados
por las fuerzas ambientales o la práctica, es decir, por estímulos externos, sino por
capacidades adquiridas durante la maduración. Esta y el aprendizaje es una misma
cosa, procediendo el último de los estímulos endógenos.

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Existen actividades que no se aprenden, que existen ya al nacer. El niño recién nacido
puede agarrar un dedo o un lápiz con tanta fuerza como para soportar su propio peso.
También puede, al nacer, mover la cabeza, los brazos y las piernas, así como
succionar, deglutir y otras actividades que no ha aprendido. El proceso de maduración
y aprendizaje aparece ya en el embrión. Un aparato registrado colocado sobre el
abdomen de la madre indica que el feto puede reaccionar a un sonido fuerte y brusco
con enérgicos movimientos que parecen de miedo o de retracción. Si le estímulo
sonoro se repite durante cierto tiempo la reacción se va debilitando hasta desaparecer.
El embrión, acostumbrado al sonido, "aprende" a no reaccionar.

Las reacciones entre maduración y aprendizaje aparecen con gran claridad en el


desarrollo infantil, observando cómo las distintas capacidades y formas de conducta
van aprendiéndose en un orden definido de meses o años, semejante para todos los
niños (Gesell, 1940). Esta orden de desarrollo no es correlativo con la enseñanza o la
práctica, sino y de la afectividad del aprendizaje depende más bien del grado de
maduración alcanzada cuando tiene que ser logrado. Así, a la pregunta ¿Por qué
aprendemos?, podemos contestar también: debido al proceso de maduración,
desarrollándose el aprendizaje de acuerdo con las leyes del organismo, dictadas dentro
y no a través de las fuerzas del ambiente sugeridas desde el exterior. Así pues, el
hombre no nace con una página en blanco sino que trae consigo ciertas capacidades,
el alfabeto del organismo. Las fuerzas externas lo inducen a formar palabras con esas
letras, y lo que así aprende es resultado del ambiente.

Condicionamiento.

Según muchos psicólogos, los reflejos condicionados constituyen el mecanismo


esencial de todo aprendizaje y todas las demás formas de él no serían sino
derivaciones del condicionamiento. Si un niño oye por primera vez un sonido extraño
como el de una sirena, tal estímulo puede no dejaron huella alguna en su memoria, y
que se desvanezca gradualmente como los demás ruidos que llegan hasta él desde la
ventana. Sin embargo, si la sirena suena muy a menudo, la repetición del estímulo
dejará, probablemente, una huella; el niño recordara el sonido, lo aprenderá y, cuando
menos lo esperemos, lo oiremos imitar ese ruido. Si el niño se asusta al oír por
primera vez dicho ruido puede no necesitar que se repita para recordarlo. La energía
de una repetición es sustituida por la energía de una emoción: el miedo. En el primer
caso el sonido es aprendido por repetición, en el segundo se aprende por conexión con
una respuesta emocional. Cuando el niño oye la sirena todos los días a las doce,
aprende a relacionar ambos hechos y sabe que el sonido de la sirena significa que es
mediodía. Si le dan el alimento a las doce y media establece una cadena de
asociaciones: sirena-medio día-preparación para la comida. El estímulo lo aprende
entonces no sólo como un sonido, sino también como un símbolo del medio día y
como punto de partida para disponerse a comer, referencia que puede determinar sus
actividades. La conexión entre el estímulo y su significado está condicionada, aunque
arbitrariamente, por la repetición. Tan arbitraria resulta la relación entre sirena y
mediodía como la que resulta de una combinación de sonidos tales como m-a-d-r-e y
una persona determinada. Pero cuando se repite, el niño sonríe cuando oye esa
arbitraria combinación de sonidos. Si el niño siente miedo de la sirena, la conexión
entre el sonido y la emoción se experimenta directamente. El aprendizaje por
experiencia directa es más rápido y fuerte que el condicionado (Hilgard, 1940).

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Si una persona desea aprender algo trata de reforzar la impresión mediante alguna
experiencia; si ha de aprender sílabas sin sentido usará el ritmo, la semejanza de
sonido o ambos. Cuando yo supe que los conos de la retina reaccionaban al color y los
bastones a la luz trate de recordarlos mediante un recurso mnemotécnico: conos =
color, luego bastones = luz.

El aprendizaje está condicionado generalmente por el mundo exterior (mundo


objetivo), pero también estarlo desde dentro (mundo subjetivo). Cuando el niño dice
"da" se oye a sí mismo y establece una conexión entre un sonido y un "acto complejo
vocal-motor". Así, el mecanismo del lenguaje se desarrolla mediante la
autoestimulación y la imitación por repeticiones. La imitación social desempeña un
importante papel en el proceso del aprendizaje (Miller, N. y Dollard, J., 1941).

Intensidad. Una experiencia registrada por la memoria se refuerza cuando va ligada a


otra. Esta última puede ser repetición de la primera, pero puede también tratarse de un
estímulo distinto recibido simultáneamente con aquél. Una "suma" de estímulos en
diferentes partes del cuerpo vigoriza frecuentemente la respuesta. Esta facilitación se
pone de manifiesto especialmente si un solo estímulo es demasiado débil para
producir una reacción. En tal caso, dos estímulos, uno de los cuales está por debajo
del umbral, pueden sumarse y dar lugar a la respuesta. Dos estímulos eléctricos,
demasiado débiles cada uno de ellos para provocar una respuesta, pueden, si son
recibidos por distintos puntos del cuerpo, producir una respuesta refleja consistente en
que el sujeto se rasque. Este fenómeno puede ser comparado con el efecto psicológico
de la "gota que hace desbordar el vaso" que ocurre cuando un pequeño incidente que
habitualmente no produce reacción alguna saca a una persona de quicio debido a que
se produce en el momento en que, por una causa precedente, el sujeto está en el
umbral de la reacción emocional. Por otra parte, hay casos en que uno de los dos
estímulos puede producir respuesta mientras los dos juntos no la producen, debido a
que la segunda respuesta obstaculiza, inhibe o equilibra a la primera. Así pues, parece
que la respuesta es un estímulo y la retención de su respuesta por la aprendizaje
depende de la intensidad, estando ésta determinada por la relación de los estímulos
entre sí.

Contigüidad. Si dos estímulos (a + b) se producen juntos, el recuerdo de uno (a) trae


al otro a la mente. El proceso del aprendizaje ha sido comparado a una cadena de
reacciones o a una máquina en la que las ideas irían ligadas una a otra como por una
polea de transmisión; si dos ideas aparecen juntas, a evoca a b y ésta ha aquella. Sin
embargo, el proceso del aprendizaje no es estático sino dinámico, como veremos a
continuación.

1. Tomemos como ejemplo la asociación "notación musical" (a) conocida por su


encadenamiento o "música" (b). El estímulo "notación musical" (a) sugiere la
asociación "música" (b), pero, en cambio, este último no nos recuerda necesariamente
al primero (a), pues puede sugerir, por ejemplo, piano, concierto, músicos, etcétera.
Por lo tanto "a" evocan a "b", pero "b" no evoca necesariamente a "a". Esta diferencia
es causada por lo que nosotros llamamos "órbita" de las asociaciones. La palabra
"notación" tiene pocos enlaces, de los cuales el más importante sería música, y en
cambio esta última es una palabra-estímulo que posee gran número de enlaces.

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2. Si vemos un paquete de cigarrillos los asociados con el acto de fumar, pero si
acabamos de fumarnos uno, tal asociación no aparece. Esta cadena de asociación está,
en este caso, determinada por la "intención".

3. Si vemos un cigarrillo tirado en la calle no nos evoca el acto de fumar, porque


la situación en que aparece es distinta de la habitual.

4. Si no somos fumadores la vista del cigarrillo no despierta ninguna asociación,


porque el estimuló no ejerce sobre nosotros ninguna atracción.

5. Si el fumar nos produce náuseas, la vista del cigarrillo puede provocarnos una
respuesta emocional de disgusto.

Práctica.

La ingenua creencia de que el aprendizaje es una simple cuestión de práctica es


equivocada. En algunos casos el grado de aprendizaje depende del número de ensayos
o respuestas. En otros casos, de un exceso de práctica puede resultar la repulsión por
el estímulo, con el consiguiente aumento del olvido. La gráfica del progreso del
aprendizaje proporciona curvas muy irregulares. Las curvas más importantes son la
convexa, que marca un rápido aumento seguido de una disminución en el nivel de
mejoramiento (aceleración positiva) y la cóncava que marca un descenso al comenzar
pero con mejoría progresiva conforme se hacen más ensayos (aceleración positiva).
Tanto la cóncava como la convexa pueden aparecer en la misma gráfica, separadas
por una "meseta". Esta última es la parte de la curva que indica no haber ni un
aumento ni disminución, sino un estancamiento.

Ensayo y error. La segunda cuestión que planteamos es: ¿Cómo aprendemos? Cuando
el concepto de máquina se aplica a las funciones humanas, los procesos mentales se
aplican a base de afirmar que a tal estímulo corresponde determinada respuesta, sin
tener en cuenta la intención. El aprendizaje es, así considerado, como un mecanismo
que, al recibir un estímulo en la mente, devuelve la respuesta, igual que una máquina
automática que arroja goma de mascar, chocolate o caramelos, según la ranura en que
depositemos una moneda, así se supone que funciona la mente, en forma más
complicada pero con las mismas normas rígidas. Ya expusimos una teoría para
explicar porque aprendemos. Sin embargo, el organismo humano no es estático como
una máquina automática, sino que es dirigido por ciertas fuerzas, del mismo modo que
la máquina se mueve mediante un dínamo. Debemos exponer una teoría dinámica que
relacione la respuestas condicionadas de la máquina traga monedas con el movimiento
de la dínamo. Esta teoría es la de ensayo y error. La dínamo impele al organismo a
moverse por explosiones sucesivas. ¿Cómo se determinan estos movimientos?
(McGeoch, 1942).

Si colocamos un animal en una caja provista de una puerta que, al abrirla, lo dejase en
libertad, y si el animal descubren la clave para abrirla, tal descubrimiento debe
considerarse como resultado de su raciocinio. Pero, ¿ha de ser así necesariamente?
¿No haría lo mismo una máquina ciega? puesta en marcha. una dínamo, una de sus
palancas acertaría por casualidad a tirar de una cuerda que abriría la puerta y la
dínamo girando saldría de la caja. Thorndike (1906) construyó una especie de prisión
de este género, una caja en la que la puerta se abre mediante un resorte que salta

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cuando se coloca una cuerda o a se oprimió un botón disimulado. Un gato colocado en
esta jaula trata de alcanzar un pescados situado fuera de su alcance más allá de los
barrotes de la jaula; el animal muerde los barrotes, intenta pasar la cabeza entre ellos y
efectúa otra serie de movimientos, uno de los cuales, por casualidad, aprieta el botón
que abre la puerta y alcanza así el pescado. El movimiento correcto ha sido hecho
después de "ensayos y errores". A la vez siguiente, el movimiento adecuado aparece
más pronto, y así, en cada ensayo, el gato hace cada vez menos movimientos
inadecuados hasta qué, por último, acaba por oprimir el botón directamente. El
aprendizaje se consiguió por eliminación sucesiva de respuestas infructuosas.
Análogos experimentos se hicieron con ratas a las que se les colocaba en un laberinto
a la salida del cual había una cajita con alimento. la rata efectuaba movimientos
totalmente inadecuados hacia adelante y atrás, a derecha e izquierda, al azar por
completo. Todas estas ideas y venidas frustraron los movimientos de ensayo y error y
sólo un movimiento correcto habría de conducir a la salida, no sólo hacia la libertad
sino también al alimento, es decir, a un objeto satisfactorio. Mediante repeticiones el
movimiento acertado llegó a fijarse y la reacciones inadecuadas fueron eliminadas
gradualmente. Así, el proceso de aprendizaje de la rata podría ser explicado
mecánicamente, por azar y fijación. Los laberintos se han utilizado para estudiar
diversos aspectos del aprendizaje.

Watson (1928) distingue en los animales tres formas básicas de aprender: 1) Hábitos
motores. El animal aprende, en esta forma, normas explícitas de conducta. 2) Hábitos
sensoriales, que consisten en acciones diferenciales a diversos estímulos externos. 3)
Hábitos de reacción retardada, que abarcan reacciones complejas retrasadas durante
cierto periodo de tiempo.

Placer y dolor. Otra teoría semejante a la del ensayo y el error que es la del placer y el
dolor. La consecución de un fin procura placer o satisfacción y todos los movimientos
que lo estorban son rechazados por la insatisfacción que producen. Pero este concepto
tan simple no explica cómo puede ser capaz el animal de modificar sus movimientos
al azar y llegar a aprender. Debemos llegar a la conclusión de que la rata no solo
conecta los pasadizos del laberinto que no son convenientes, sino que recuerda estas
conexiones. Además, se deduce también que cada movimiento que evoca a una
insatisfacción es eliminado, en tanto que se retiene en los satisfactorios. Sin embargo,
no es éste el caso, la experiencia ha demostrado que tanto los hechos satisfactorios
como los insatisfactorios pueden ser retenidos u olvidados. Nos enfrentamos, de
nuevo, con dos problemas básicos: ¿Cómo se retiene y como se eliminan ciertos
actos?

Proximidad y frecuencia. En el fenómeno del aprendizaje intervienen dos factores:


proximidad y frecuencia, lo que significa que si entre varias experiencias relacionadas
entre sí, una de ellas es vuelta a experimentar posteriormente, la que ha ocurrido más
recientemente será probablemente la que reaparezca de nuevo. Según Watson, Las
reacciones de los animales sólo están determinadas por el azar y la probabilidad, se
favorecen los movimientos que conducen al éxito y se producen con más frecuencia
que los que llevan al fracaso. Si cada prueba favorable termina al dar cierta vuelta, por
ejemplo la izquierda, este movimiento será el más reciente cuando el animal
comiencen una nueva prueba. Sin embargo, otros experimentos han demostrado que
muchas ratas aprenden no sólo cuando la proximidad o la frecuencia son los factores

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directos sino también cuando son los inhibidores. De nuevo nos encontramos con que
no sabemos porqué se eliminan las respuestas erróneas.

Se han hecho insistentes intento para determinar la naturaleza del aprendizaje. Watson
destruyó el órgano de la visión de una rata, después el del olfato, luego el sentido del
oído, posteriormente el del tacto, excluyendo la sensación de contacto mediante
anestesia del hocico y de la planta de las patas. A pesar de eliminar todos estos
órganos que pueden ayudar al aprendizaje, la rata encontró el camino en el laberinto
también como antes.

Discernimiento.

Todas estas teorías que tratan de explicar el aprendizaje por medio de una cadena de
reflejos no consideran la verdadera manera de actuar de la rata. Si los movimientos
son inmutables y encadenados, no deberían aparecer si cambiasen las circunstancias.
Cuando el animal ha aprendido el camino andado también lo encontrará, aunque
inundemos el laberinto y tenga que salir nadando. Cuando un laberinto contiene varios
caminos de igual longitud que llevan a la salida, el animal procede en distintos
ensayos por distintos caminos. Esto indica que lo decisivo es la meta y no los caminos
fijos, supongamos que el animal aprende un complicado camino serpenteante hacia la
salida y que entonces quitamos una pared a causa de la cual había que dar un largo
rodeo. ¿Seguiría la rata el antiguo camino o se lanzaría por el nuevo e inexplorado?
La experiencia demuestra que la rata sigue muy pronto el camino más corto. Se
emplearon toda clase de medios que impidiesen al animal ciertos movimientos. A
pesar de todo, ciertos animales, especialmente los perros, no perdieron la orientación.
Un animal sólo reacciona mediante reflejos condicionados si dicha reacción es
favorable al organismo. Si una araña en su tela oye el sonido de un diapasón, se deja
caer colgada de un hilo utilizando su virtual respuesta defensiva. Esta reacción
aparece después de muchas repeticiones, pero la araña acaba por dejarse caer menos
regularmente hasta que dejar de hacerlo del todo pasando algunos días.

Si un mono observa a un hombre buscando una moneda que se le ha perdido y lo ve


gateando por el suelo mirando a uno y otro lado tratando de encontrarla hasta dar con
ella, el animal deduce que el hombre a encontrado la moneda mediante movimientos
hecho al azar. Esperamos que el mono no llegue a la conclusión de que todas las
investigaciones del hombre están basadas en movimientos causales. Cuando
buscamos una moneda hacemos movimiento sin dirección fija, lo mismo que el mono
o el gato encerrados en un laberinto. Pero la forma de buscar una moneda no es la
prueba más apropiada para demostrar que el discernimiento del hombre en
determinadas condiciones, como tampoco lo es el laberinto para comprobar la
conducta animal. Wolfgang Kohler (1925) encerró a un chimpancé en una jaula en la
que previamente había colocado dos cañas de bambú encajables una en otra. Frente a
la caja puso un plátano, fuera del alcance del chimpancé. Cuando el animal alcanzó la
fruta con la ayuda de una caña, o si ésta resultaba demasiado corta, encajándola en la
otra, demostró discernimiento, es decir, "resolvió el problema" como un ser humano.
En otro experimento el mono recogió el plátano, que estaba atado al techo de la jaula,
construyendo una escala con dos cajas vacías poniendo una encima de otra. Aplicaba
entonces un proceso del aprendizaje en condiciones nuevas. El discernimiento en

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condiciones distintas no se basa en reacciones mecánicas aisladas, sino en la
formación de un concepto.

Motivación.

Las observaciones de que un animal aprende no sólo mediante respuestas


condicionadas, no sólo al azar por el método de ensayo y error sino también por la
comprensión de una nueva situación a la que es capaz de establecer relaciones y de
transcribir los resultados a otras nuevas experiencias, indica que la norma mecanicista
es inadecuada. El problema del aprendizaje es más complicado de lo que parece a
primera vista. El aprendizaje de los animales en un laberinto está tan fuera de lo
natural como el de las personas antes las sílabas sin sentido. Si se detienen
artificialmente los procesos de orden más elevado no puede sorprendernos que no
parezcan. Limitando las reacciones del hombre y de los animales a un pequeño
número, como ocurre en las máquinas, observaremos, en realidad, solamente
reacciones parecidas a las de una máquina. Dando a las reacciones humanas y
animales la libertad que tiene el organismo en condiciones naturales, observaremos
que son totalmente diferentes de las de una máquina. Incluso las condiciones que
pueden resultar perfectas en el laboratorio pueden no serlo en la vida cotidiana. Dése a
un animal alimento al mismo tiempo que suena una campana y repítase esto una y otra
vez y la saliva acabará fluyendo ante el solo estímulo de la campana. Al contrario, si
se explica a un niño una y otra vez lo que tiene que hacer, establece el reflejo como
con el sonido de la campana y nada puede resultar. La educación sería muy fácil si
pudiera conseguirse por los reflejos condicionados. Pero en la vida real el factor que
condiciona el aprendizaje está ligado con otros muchos que incluso pueden ser más
fuertes que aquel, como ocurre, a por ejemplo, en los niños en los que el resentimiento
por la agresión inhiben la respuesta. Por otra parte, los factores no condicionados
pueden causar una respuesta inmediata por surgir el "discernimiento".

Hay un factor que ninguna teoría del aprendizaje puede excluir, y es la motivación.
Enciérrese a un animal en una jaula y sus actos están motivados por el impulso a la
libertad; para aprender una labor ya sea sencilla o difícil el motivo pueden ser
alcanzar el placer que proporciona el alimento o evitar el dolor que ha acarrea el
castigo. Las motivaciones humanas son distintas de los animales y en los seres
humanos varían con la edad. A las generalizaciones sobre el ser humano a distintas
edades -primera y segunda infancia, edad adulta- hay que agregar las que resultan de
los factores sexuales, los raciales, las determinantes culturales, la situación social, los
factores económicos y el estado de salud, sin mencionar los elementos hereditarios.
Además, en cada caso, la motivación depende de los rasgos de la personalidad
individual. Así, siendo la motivación un importante factor del aprendizaje, dependen
de condiciones que al relacionarse entre sí dan lugar a innumerables tipos.

Los experimentos con animales han hecho comprensibles ciertos mecanismos del
aprendizaje, pero no han revelado su proceso más íntimo. Constituye una falacia
utilizar las relaciones de los animales para explicar las funciones humanas,
especialmente en la suposición de que los actos de los irracionales son básicamente de
la misma clase que los humanos. Lloyd Morgan llamó la atención sobre el peligro de
caer en el antropomorfismo, esto es, de querer explicar las reacciones de los animales
comparándolas con las más altas funciones humanas. Pero quizá un peligro mayor es

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el del animalismo, el decir, el querer explicar los actos humanos comparándolos con
los de los animales por medio de simples principios mecánicos. Los procesos
simbólicos del hombre, su capacidad para expresarse verbal y gráficamente crean un
abismo infranqueable entre los seres racionales y los irracionales. Además, las
diferencias entre el cerebro del hombre y el de los animales y otras muchas
diferencias orgánica los hacen en alto grado incomparables.

A fin de agrupar las motivaciones de acuerdo con su influencia sobre la aprendizaje,


vamos a citar algunas clasificaciones:

1. Una motivación básica para el aprendizaje, el placer o el dolor, es común al


hombre y a los animales.

2. La motivación por imitación aparece con más frecuencia en el hombre que en


los animales, aunque los animales jóvenes pueden aprender de sus padres por
imitación (por ejemplo, el vuelo entre los pájaros). La imitación no necesita del
discernimiento, pero puede ser comprendida como la repetición siega de cierta
actividad observada en otro ser.

3. La motivación del aprendizaje por competencia es el principio que se basa la


teoría de la supervivencia del más apto. Los animales aprovechar la debilidad de sus
enemigos con los que compiten para apoderarse del alimento o de la hembra. La
competencia estimula al hombre a aprender técnicas con las que conseguir el éxito y
poderío.

4. La motivación de aprender por el deseo de alcanzar un fin. El mono que


consiguió una técnica para alcanzar la fruta aprende a dominar una situación
utilizando la caña y a perfeccionarla encajando una caña en otra. El aprendizaje
humano difiere del del animal porque aquél crea una cadena de situaciones para
alcanzar un fin. Por ejemplo, un estudiante puede aprender de durante el bachillerato
con el fin de pasar a la universidad o para desarrolla su personalidad o sencillamente
para obtener una buena posición social.

5. Aprender por deseo de adquirir conocimientos. Esta motivación sólo pertenece


a la especie humana. Sólo el hombre aprende por aprender, para adquirir
conocimientos, por interés objetivo. La motivación es el factor selectivo y organizador
del proceso de aprendizaje.

Se han obtenido interesantes datos acerca del aprendizaje humano observando a


estudiantes que aprendían el alfabeto Morse. Anotando semanalmente los progresos
que hacían se encontró que avanzaban por etapas. En el primer periodo el sujeto
aprende los signos de la clave, los puntos y rayas que forman las letras; en el
siguiente, concibe las palabras como una unidad sin necesidad de deletrearlas. En la
etapa final se establece el "hábito de las frases" y se aprenden frases completas. Así
pues, el aprendizaje se desarrolla comenzando por la adquisición de elementos
aislados hasta conseguir la combinación de estos en una estructura. Como ya vimos al
estudiar la memoria el aprendizaje va unido al proceso de estructuración. En las
etapas en que se desarrollan unidades y configuraciones, el estudiante parecen no
progresa durante largo tiempo; sin embargo, durante esta aparente detención el
proceso de estructuración continúa y, repentinamente aparece el progreso. Una

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observación semejante se hizo con estudiantes que aprendían a escribir a máquina.
Todos los investigadores han confirmado que el proceso de estructuración continúa
cuando se interrumpe la práctica. Después de un intervalo la capacidad parece ser más
fuerte y precisa mientras el hábito innecesario la hace decaer. Así, en el proceso del
aprendizaje el material se organiza más y más, las interrelaciones se desarrollan y la
percepción interna es similar a la externa, determinando unidades integradas y no
partes aisladas.

Aprendizaje mecanicista y organicista.

Mientras la teoría mecanicista afirma que la aprendizaje establece en el cerebro


localizaciones limitadas, el concepto organicista se basa en la equipotencialidad de las
regiones encefálicas. El aprendizaje no puede ser comparado con un conmutador que
establece mecánicamente las conexiones, sino que se basa en la capacidad de generar
para prender relaciones. Según la teoría de la generalización, el aprendizaje requiere
discernimiento. Mientras la teoría mecanicista acentúa la hipótesis de que el
aprendizaje, la incorporación de material a la memoria, se obtiene sin motivación, por
la repetición de un estímulo o por el apoyo que recibe a través de otro, la teoría
organicista hace hincapié en que el material no sólo es impulsado hacia nosotros
desde fuera sino también integrado por nosotros mismos desde dentro. El aprendizaje
ser explica no por el azar sino por la motivación. Esta motivación puede tener tres
orígenes: por necesidades del organismo, por deseos inconscientes o por un propósito
determinado. Así, el aprendizaje está determinado por un fin. Aprendemos para
conseguir algo. Esta dirección hacia la consecución de un fin no puede ser
comprendida, sin embargo, únicamente como una actividad racional o como
funcionamiento mental: el organismo actúa como un todo. El aprendizaje no puede
desligarse de otras funciones orgánicas, pues forma una unidad con la memoria, la
atención, las emociones y la imaginación. Además, el aprendizaje está también
relacionado con la actividad biológica. Ya hemos expuesto las relaciones entre
madurez y aprendizaje. El grado de eficiencia del aprendizaje aumenta con la edad
hasta los 25 años, permanece estacionario hasta los 45 aproximadamente y desde
entonces, por lo general, declina. También está relacionado el aprendizaje con el
estudio físico del individuo; mejorando como resultado de la extirpación de las
amígdalas y de las vegetaciones adenoideas, por la expulsión de lombrices y, en
general, por el buen estado de salud.

Según las ideas organicistas, el aprendizaje es una parte integral del organismo.
Habiendo usado un cubo para simbolizar la teoría mecanicista del aprendizaje,
podemos usar una esfera como símbolo de la idea organicista, pues en dicha figura
geométrica cada punto de su superficie está a igual distancia del centro. El punto de
vista organicista, caracterizado por los conceptos de equipotencialidad, simultaneidad
en indivisibilidad, necesita del concepto de unidad del organismo dirigido por un
centro. De este centro depende el aprendizaje que entrelaza las asociaciones en un
modelo mental.

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