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Santas Mujeres en brazos mientras donde cae su quiero, Refugio de tanto hermano que se fue

Sangre una rosa ha germinado, porque Santa con ella al Cielo. Que siguen siendo Hermandad
Genoveva, venciendo todo cansancio, ha los cofrades que se fueron, los que nunca
llegado hasta Sevilla, que ansiosa la está volverán aunque estén en el recuerdo.
esperando, o por el Beso de Judas, que llega de Puede que alguno de ellos vaya rezando en
Santiago, y un Jesús ante Caifás, que viene de silencio preguntando por qué ha muerto el ser
San Gonzalo traído por costaleros que justa que tanto quería. Y obtendrá una respuesta que
fama ganaron moviendo como ellos solos saben a otros cofrades nos dieron: que ha muerto
mover a los barcos, o a encontrarse con las porque Él y Ella querían tenerlo en el cielo,
Aguas que de San Bartolomé llegaron. porque Ellos también le amaban y por eso le
Y porque hay Dolorosas, como siempre, eligieron de prioste, Cruz de Guía, penitente o
bajo palio, del Rocío, de las Mercedes, de la costalero, para formar cofradía con los herma-
Salud con su barrio, de Tristezas, Guadalupe o nos más buenos. Y seguirá su camino, sintiendo
de las Aguas, rostro hacia el cielo elevado...
El penitente lo sabe y las evoca en silencio
tras su Jesús de las Penas mientras de repente
sale una oración de su pecho:
Cuánto me pierdo, Señor, por ir detrás de tu
paso. Cuánto me pierdo, Señor, de ver este
Lunes Santo... aunque sé que si lo pierdo es mu-
cho más lo que gano porque te veo todo el
tiempo mientras vamos caminando, Tú cargado
con tu cruz y yo con mi cruz cargado, Tú derra-
mando el perdón y yo el perdón aguardando.
Cuánto me pierdo, Señor, y cuánto me voy
ganando, Jesús Mío de las Penas, mi Dios al que
quiero tanto, con tu rostro tan delante, con tu
rostro tan cercano que aunque se cierren mis
ojos tengo en ellos tu retrato, y sueño con que de
pronto tu sangre estoy restañando, y pienso que
con mi cruz también la tuya levanto, y te quito
esa corona que te ha hecho tanto daño, y te
ayudo a incorporarte, tomándote de la mano...
Jesús Mío de las Penas, déjame seguir soñan-
do, que al enjugarte la sangre Tú la mía estás
enjugando, que al levantarte la cruz quitas la mía
de mis brazos, que al quitarte la corona no hay ya
espinas a mi paso, que nunca fui más feliz que al
tomarte de la mano en ese sueño bendito de
tarde de Lunes Santo.
Y me pierdo hasta a tu Madre que detrás
viene en su paso, que es Virgen de mis Dolores y un nudo en el pecho al notar que está a su lado
alivio de mis quebrantos, refugio de mis pesares ése que se fue a los cielos.
y consuelo de mis llantos, que es olor de azahar e Tras ellos nos ha llegado Nuestra Madre de
incienso entre la cera quemada o de la vela los Cielos, Nuestra Virgen de Dolores, llevada
apagada por el viento. por costaleros que se esfuerzan incansables
Porque detrás han llegado hasta nosotros porque es su trabajo un rezo, el mismo de
nuevos nazarenos, otros cristianos vestidos con aquellos otros que piden un mundo nuevo en
ese ruán tan negro que el Lunes Santo protege que la Verdad de Cristo y la de su Santa Madre
sus más profundos secretos mientras que la cera sean para todos ejemplo de Caridad y Justicia, de
blanca va iluminando el sendero de la más Amor cristiano y sincero, de rechazar violencias,
Limpia de todas, diana de sus desvelos, amor de acabar con los entuertos, de tender la mano a
entre sus amores, Musa de todos sus sueños, todos con nuestra ayuda ofreciendo, al que
Dolor que nos estremece y que aliviar siempre cercanos nos tiene y al que tengamos muy lejos,
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que somos todos hermanos y así sentirnos nueve meses diste en tu vientre cobijo, de aquel
debemos, no en tarde de Lunes Santo, sino en que se nos marchó porque Dios así lo quiso para
cualquier otro tiempo. hacernos comprender que a la Muerte había
Mirad a La que nos llega, disfrutad de este vencido. Y todos te entienden Madre al
momento, porque los más hermosos claveles comprender el suplicio que ha provocado ese
palidecen en sus andas. Las luces y el oro fino no llanto en tan injusto castigo. Pasa en silencio tu
se ven, porque es su cara la que al llegar a este imagen, los ojos enrojecidos como los de toda
Templo nos ha robado los ojos, ha paralizado el madre que sufrió perder un hijo. Y en la noche
alma, ha vuelto el grito en silencio, ha quebrado silenciosa del Lunes Santo divino, todos lloran
las gargantas, ha detenido hasta el tiempo, ha tu Dolor. Madre, Sevilla llora contigo.
arrancado nuestras lágrimas, ha robado al sol la Termina la Estación de Penitencia a esta
luz, ha llegado a la mañana, tras volver la tarde Santa Iglesia Catedral y la Hermandad de
Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santí-
sima de los Dolores comienza su regreso
dejando tras ella un halo de especial recogi-
miento, de oración en la calle, de cristianismo
viejo, de austeridad cofrade, de mesura en el
esfuerzo, de templanza en la fe, de prudencia en
el lucimiento, que muy por encima de éste están
los sentimientos que inspiran una oración:
Dios te Salve, Reina y Madre, Virgen Mía de
los Dolores, llena de Misericordia, Vida,
Dulzura y Esperanza nuestra, que iluminas con
tu Luz de Sevilla las tinieblas, que le das vida a su
gente, que acabas con su tristeza y le otorgas la
esperanza de alcanzar la vida eterna.
Dios te Salve. A Ti llamamos los hijos de
Eva, por Ti suspiramos los hijos de esta tu tierra
que te aman como nadie y que su vida te en-
tregan. Suspiran por Ti, gimiendo y llorando en
este valle con lágrimas que quieren borrar las
tuyas, las que tus ojos derraman, que quieren
con dolor propio borrar el que hay en tu cara.
Sé pues, Señora, Abogada nuestra. Si tu Do-
lor no queremos sácanos de la tristeza, si tus
Lágrimas borramos borra Tú también aquellas
que nuestros ojos derraman por lo agreste de la
senda. Y después de este destierro, muéstranos a
Jesús, caído hoy bajo el peso del madero, y que
está aguardando, Vivo, que lleguemos hasta el
cielo. Él es el fruto bendito de tu vientre. Y
en noche y la noche en madrugada. Miradla, que como Madre, recuerda, que somos también tus
no podrán hacerlo sus nazarenos, pero repetid hijos, y pecadores ayer venimos arrepentidos
con ellos lo que dicen sus silencios: para implorar a tus pies tener el Perdón Divino.
Aunque sin verla la veo y le digo entre sus- ¡Oh Clementísima!, ¡oh Piadosa!, ¡oh
piros: Cirios blancos te preceden, cirios blancos Misericordiosa Siempre Dulce Virgen María!,
van contigo y entre luces y claveles, mi Virgen de Señora Nuestra, ruega por nosotros, Santa
los Dolores, llegas Tú, Flor de Dolor y Martirio, Madre de Dios, para que seamos dignos de
con ese puñal clavado, con tus brazos alcanzar y gozar las promesas de Nuestro Señor
extendidos, que están queriendo alargarse por Jesucristo, Señor Nuestro de las Penas, Jesús
retener a tu Hijo, que se sienten impotentes, Mío, Redentor, que nos ha de perdonar porque
quebrados por el vacío de ese cuerpo que sin amamos a su Madre, Virgen Mía de los Dolores,
vida se apartó de tu camino, de aquel a quien que en nuestras almas está. AMEN.

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