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Todos tenemos un sistema ideológico.

Consiste en las ideas representaciones que tenemos de las


cosas, así como la actitud que desarrollamos al respecto. Las ideas son producto de nuestro entorno:
la familia, la posición socioeconómica que detentamos (lugar que se ocupa en el proceso de
producción), la educación, la religión, los hábitos y costumbres, hasta el papel que juegan los medios
de comunicación.

¿Qué nos enseñan en la familia? Valores como respetar, por ejemplo, la autoridad paterna; que
siempre, o casi siempre, es autoritaria e inflexible; que debemos respetar las palabras, ideas y
propuestas de los mayores. Así se va modelando nuestra personalidad y la visión que tenemos de las
cosas. Nos imponen, u adoctrinan, religiosamente; nos imponen, por tanto, una visión de hechos,
procesos y circunstancias: los testigos de Jehová, por ejemplo, desprecian los valores patrios.

El Estado, con sus escuelas, institutos y academias, hace todo lo posible por adoctrinarnos en las
ideas de quienes detentan el poder público. La orientación de los planes y programas de estudio
pueden forjar, a la larga, un ciudadano pasivo o reflexivo; pueden forman un ciudadano conformista
con lo que recibe o crítico ante los hechos. Pero, además, el Estado responde a los intereses de
grupos y camarillas y oculta la verdad.

El papel de los medios de comunicación es determinante. Somos, como seres humanos pensantes,
fácil presa de los mensajes. Lo fuimos, de pequeños, de nuestros padres; luego de nuestros maestros
y compañeros; y no se puede soslayar la influencia que, en todo momento, ejercen los medios de
comunicación sobre nosotros. Nos destruyen valores e imponen otros; nos ocultan o distorsionan la
realidad, nos manipulan al influirnos en el conocimiento de la realidad. Nos dominan, nos inducen a
tomar decisiones, como quien dice, controlan nuestras mentes y acciones.

La geometría ideológica. De pronto nos vemos enfrentados a una decisión ideológica. ¿Que somos?
Nos enseñan que el mundo puede dividirse en dos: en derechistas o izquierdistas, y que algunos
-listos, listos-, crean la ficción del centro derecha o la centro izquierdista. No quieren ser los extremos
porque les hace perder clientes, como sucede con los partidos políticos. Sin embargo, hay una
confusión en la identificación ideológica.

LOS APARATOS IDEOLÓGICOS


Esteinou (1992) define como aparatos ideológicos aquellos instrumentos que sirven para la
reproducción coyuntural del sistema. A través de ellos, la estructura global de la formación social
alcanza su estabilidad autoritaria y vertical por medio de la acción cultural. Sobre éstos, dirá, se
construye el soporte de la sociedad capitalista: la fuerza de trabajo asalariada y el sector subalterno
en general.

Los aparatos ideológicos generan un proceso de conservación y reproducción de las formas


capitalistas coetáneas a través del proceso de socialización. Este proceso, en una sociedad de clases,
es una internalización de la ideología dominante de la sociedad. Siendo su objetivo la reproducción de
las relaciones sociales de producción.

Según este autor, el aparato ideológico hegemónico ha ido cambiando respecto al desarrollo de la
sociedad capitalista. El aparato ideológico hegemónico se caracteriza porque tiene un poder
dominante en el subconsciente del individuo, debido a que en sus profundidades psíquicas se
encuentran las representaciones de los conjuntos sociales.

Por tanto, la hegemonía no se reproduce por la acción de un solo aparato, sino por un sistema
complejo de instituciones o redes ideológicas, a través de múltiples acciones culturales.

Durante la etapa mercantilista, la clase terrateniente basaba su riqueza en la forma de producción


feudal. La iglesia, en ese entonces, se erigía en la institución encargada de integrar orgánicamente a
la sociedad.
Con la secularización de la sociedad, la escuela se convierte en el nuevo aparato ideológico
hegemónico. Antonio Gramsci, la considera como el principal aparato ideológico dominante del Estado
Capitalista Moderno, porque ha terminado por reemplazar al antiguo aparato ideológico hegemónico.
La Escuela contribuye a reproducir la fuerza de trabajo y colabora en la reproducción de la ideología
dominante.

Con la llegada de la fase monopolista del desarrollo capitalista los medios de comunicación se han
convertido en los nuevos aparatos de hegemonía dominante. Dentro de ella se encuentra la fase
monopolista y colonialista, la cual desarrolla el telégrafo y la prensa. En la actual fase transnacional,
los medios de comunicación electrónicos ejercen una tarea cultural dominante. Ya que con la actual
tecnología de información, los medios son una auténtica Escuela Electrónica, por el amplio proceso de
educación cotidiana que ejerce sobre los individuos.

Los medios de comunicación masiva han convertido al estado convencional del siglo diecinueve en un
estado geométricamente ampliado a través de su capacidad ideológica y de consenso. La amplia
difusión ideológica permite dirigirse simultáneamente a millones de receptores heterogéneos,
ubicados en regiones disímiles y polarizadas.

La función de los aparatos de difusión de masas es multisocializar la conciencia de los agentes


sociales, en las etapas más elementales y primarias de su desarrollo. Para esto existen dos tipos de
formaciones o reproducciones discursivas que contribuyen a mantener las relaciones dominantes: el
discurso publicitario difunde la ideología de la satisfacción de las necesidades básicas y con ello
realiza el ciclo de acumulación de capital y, mediante el discurso noticioso o propagandistico,
distribuye la ideología de información objetiva, vinculada a los agentes sociales con las coordenadas
culturales. Se aprecia, entonces, que el uso de los medios de difusión se ha vuelto indispensable,
incluso en las campañas políticas, así como en momentos de crisis y de anarquía total.

MANIPULACION DEL PENSAMIENTO


Como seres humanos estamos expuestos a la manipulación. Ya Juan Jacobo Rousseau, en el
Contrato Social, describe y explica como la demagogia -el arte de convencer con las palabras-, hace
daño a la sociedad: los demagogos con su habilidad pueden confundir al pueblo. Basta recordar el
juicio a Sócrates: acusado de pervertir a la juventud, los sofistas lo llevan a juicio y convencen, vaya
pues, al pueblo de que es mala su enseñanza y lo obligan a suicidarse.

La opinión pública se manipula. Es cierto: los mensajes de los medios tienen un origen; se gestan,
nacen pues, en quienes tienen la capacidad para difundirlos, para hacerlos llegar a la gente. Un día,
un compañero periodista, hizo patente el que, por no ser el dueño del papel y la tinta del periódico, no
podía publicar sus ideas.

Es una verdad incuestionable: los medios difunden verdades; lamentablemente, en ocasiones, no es


la verdad del pueblo; sino de quienes por su posición de líder, por su posición económica o política,
tiene oportunidad de hacer declaraciones y que sean tomadas en cuenta por la radio, la televisión o
los periódicos.

Los medios cumplen funciones concretas. Facilitan el crear prestigio o consolidar un status social, de
ahí que muchos busquen salir en las paginas sociales o que asisten a uno u otro evento; otros
evidencian éxitos y logros empresariales o profesionales o políticos. Pero también, hay la función que
causa desprestigio: se informa de hechos malos, delictivos, de corrupción, de ineficiencias, de realizar
acciones que van en contra de la moral o de la ley.

Una función, importante, de los medios tiene relación con los valores. Al presentar hechos,
situaciones, eventos, donde participan ídolos musicales, artistas, lideres, profesionistas, trabajadores,
refuerzan, aniquilan o transforman el conjunto de valores de la sociedad. Provocan la adopción e
imitación de conductas; da pie para que, otros mas, simplemente renieguen de lo que hasta ese
momento creen y defienden. Las telenovelas, por ejemplo, inculcan a los niños antivalores: les hacen
creer que algunos hechos son normales en la vida; como el que, un hombre o mujer, tenga un amante.
Mas grave, aún, la mediatización del pensamiento. Los medios llegan a encasillarnos en esquemas de
conducta; nos adoctrinan según los requerimientos del Estado o de grupos poderosos. Plaza Sésamo,
en la década de los setenta, fue acusado de ser un programa de adoctrinamiento capitalista; hacían
ver, a los niños, el valor de la propiedad privada, que tenia que respetarse... contrario a lo que
manifestaban los socialistas sobre la propiedad social de los medios de producción.

La mediatización induce a creer en lo que no existe. Hablamos en otras líneas de las mentiras que se
forjan con tal de sostener una situación. Vale que, en cuanto puedan, vean la película Escándalo en la
Casa Blanca. Ahí podrán ver como, en la practica, muchas situaciones políticas son como una
producción cinematográfica: escenarios, actores, efectos especiales... y todo es pura mentira, que el
pueblo, nosotros pues, nos los tragamos sin chistar.

Somos, pues, prisioneros de la manipulación del pensamiento.

FORTALEZA DE LAS IDEAS


Consecuencias de la ignorancia. La historia muestra que, ahí donde el pueblo es ignorante, se
enquistan gobiernos que los explotan. Al menos eso, y cosas mas, se dijeron de cuando Porfirio Díaz
fue el dictador: que el mejor ciudadano era el ignorante. Porque se le puede manipular, se le puede
inducir u obligar, a la aceptación de hechos y situaciones que hasta denigran su condición de ser
humano.

El ignorante es presa fácil del fanatismo. Todo aquel individuo que no recibe educación, o que no la
completa, quizá sepa leer y escribir, como no ha desarrollado su capacidad de pensar, de razonar, es
cultivo para el fanatismo. Es fácil de convencer; su actitud puede ser moldeada y no acepta
explicaciones. Aquí el papel fundamental de los medios es significativo: la intención de una u otra
noticia, reportaje o crónica a veces es muy obvia, puede provocar la aceptación o rechazo de algo,
alguien... el rumor, esparcido en los medios, hace mucho daño y a veces no hay forma de acallarlo.

La educación es el arma contra el fanatismo. La educación nos ayuda a desarrollar nuestra capacidad
intelectual; nos proporciona herramientas para el cultivo de la inteligencia y desarrollo de la capacidad
de razonar, de pensar. A mayor educación, esta comprobado, es menor el riesgo de caer en fanatismo
o de permitir que se vulneren nuestros derechos cívicos y políticos. Al conocer, no tan fácilmente
somos presa de los rumores, o de las informaciones tendeciosas o calumniosas.

Calidad del libre albedrío. Al decir que la familia, la educación, la religión y los medios de
comunicación determinan nuestros valores e ideas, decimos una verdad. Pero, también es cierto, que
en el ejercicio de nuestro libre albedrío, que nadie nos obliga, o no debe obligarnos, a escoger una u
otra religión; como tampoco a profesar, unas u otras ideas sobre la política, la economía, la cultura y
sociedad; como tampoco se nos obliga a militar en un partido u organización política.

Si ya fuimos, o somos, capaces de darle un sentido a nuestra vida, el problema ya no es grave. No,
porque aprovechando las oportunidades de la vida, nos forjamos una meta, nos preparamos para ella;
en esta coyuntura nuestras ideas tienen que ser, o son, firmes; tendremos menor oportunidad de
titubear, precisamente porque sabemos lo que deseamos, lo que buscamos. Así es como podemos
escapar al fanatismo y a la manipulación de nuestros pensamientos, de nuestras ideas y podemos
escapar a ser presas de intereses que no conocemos. Recorremos un camino que deseamos y no
que nos imponen.

LAS TEORÍAS SOBRE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN


Muchos autores han revisado la relación existente entre los medios de comunicación y la política. Sin
embargo, estos análisis siempre se han limitado principalmente a tres cuestiones. En primer lugar, han
establecido relaciones entre los medios de comunicación y la capacidad de estos en llevar adelante, o
al menos ayudar a concretar, distintas políticas en diversos regímenes. En estos estudios, los medios
de comunicación son vistos como simples herramientas que sirven en mayor o menor medida a los
intereses de distintos grupos sociales. No me refiero solo a aquellas teorías que tratan la relación
entre la ejecución de políticas y los medios, sino también a aquellos que ven a los medios como una
forma de poder infraestructural o ideológico, como sería el ejemplo de teóricos como Michel Foucault
quien analiza como emergen, se entrecruzan y reestructuran las tácticas que hacen posible la
gubernamentalidad pero no explica como es que estas influyen en la creación del Estado. En segundo
lugar, se ha visto a los medios de comunicación como instrumentos que cambian la naturaleza de los
lazos sociales. Esto es, instrumentos que redefinen la manera en que los hombres se relacionan. En
estos análisis, los medios ya no son vistos como meras herramientas de un grupo social sino como
una esfera autónoma que influye en todo los hombres. En esta corriente entrarían autores como John
B. Thompson quien argumenta que el desarrollo de los medios de comunicación ha transformado el
estatuto espacial y temporal de la vida social, creando nuevas formas de acción e interacción extrañas
a la idea de compartir un espacio físico común. En tercero y último lugar, se ha analizado a los medios
de comunicación como una de las variables que ayudan a entender el surgimiento de una nueva
esfera en la que se desarrolla la sociedad civil moderna hasta alcanzar alguna de sus características
actuales. Esta línea de pensamiento corresponde a la escuela habermasiana.

Según la definición de Habermas, la esfera pública es, un espacio jurídicamente privado en el que
individuos sin estatus oficial buscan persuadirse los unos a los otros, mediante la argumentación
racional y la crítica, en torno a asuntos de interés general. Esta esfera se origina en Europa en el siglo
XVIII y se desencadena y evoluciona, primero con la imprenta y luego con los posteriores medios de
comunicación (radio, televisión, etc.).

LA CAPACIDAD DE EXTERNALIZAR SU PODER (VENDER UNA IMAGEN, DENTRO Y AFUERA)


Esta propiedad requiere, obtener el reconocimiento como unidad soberana dentro de un sistema de
relaciones interestatales. Para esto, es necesario que tenga la capacidad institucional de reclamar
para sí, exitosamente, el monopolio de la fuerza en un territorio delimitado y lo que es más importante
aún, que tenga una política de comunicación para que el resto de los Estado lo respete. Para lograr la
consolidación territorial es necesario determinar cuales son sus fronteras, estas serán hasta donde
llegue su sistema de poder. En este esquema, el monopolio de la fuerza, solo representa el aspecto
violento, la última instancia y por lo tanto su parte más importante. Sin embargo, al igual que la fuerza,
la capacidad de formar una imagen, y comunicarla, tendrá un rol fundamental en este proceso. Es
necesario que el estado sea capaz de "mostrar" en el exterior que es capaz de resolver sus conflictos
internos. Es un elemento simbólico de tipo "propagandístico" que consiste en difundir la idea que
dentro de un territorio existe una suerte de unidad. Los medios de comunicación han sido de suma
importancia en este proceso. En primer lugar porque estos determinan la capacidad y la velocidad con
la que los Estados se comunican, al menos que lo hagan a través de las armas. Los medios de
comunicación cambian la relación tiempo espacio. Los Estados que se han independizado más
recientemente, dada la velocidad del flujo de información, han logrado externalizar su poder mucho
más velozmente que aquellos que lo hicieron hace doscientos años. En segundo lugar, los medios de
comunicación también son necesarios para establecer los límites. El Estado no puede solo llegar
hasta sus fronteras para imponerse por la fuerza, también necesita hacerlo para cobrar impuestos y
para informar a los pobladores de esas zonas remotas. Todos los Estados se jactaron de tener,
primero una radio, y luego una antena televisiva de alcance nacional. Esto no debe ser visto como un
dato menor. Argentina y Chile estuvieron realmente envueltos en una competencia para determinar
quien llegaba primero a transmitir su señal radial hasta la zona cordillerana. Incluso hoy, la cadena
nacional argentina comienza sus transmisiones diciendo "....... Radio Nacional transmitiendo en directo
para toda la República Argentina, Islas Malvinas, Georgeas y Sándwich del Sur". Como tratando de
advertir, no llega nuestro poder militar, pero si lo hace nuestro poder ideológico.

INSTITUCIONALIZAR LA AUTORIDAD (CANALES PARALELOS)


La capacidad de institucionalizar la autoridad implica ". Imponer una estructura de relaciones de poder
que garantice su monopolio sobre los medios organizados de coerción". La idea central de este punto
es la necesidad de crear una burocracia estatal. El Estado necesita institucionalizar la autoridad para
generar, y que sean respetadas, las reglas de juego. A la vez, esto implica la existencia de un sistema
que por medio de las instituciones logre evitar posibles crisis de legitimidad y que permita que el
liderazgo no se desgaste constantemente. La existencia de reglas de juego implica que una demanda
deba recorrer un gran camino hasta constituirse en algo de carácter nacional. Crea mecanismos
intermedios que incluso pueden ser vistos como válvulas de escape que evitan que toda demanda sea
capaz de erosionar al régimen.

En este caso la relación con los medios de comunicación es menos directa. Sin embargo, sigue
siendo de mucha importancia. La aceptación de las reglas de juego solo puede ser impuesta por la
fuerza durante un tiempo limitado. Si fuera necesario utilizarla sistemáticamente el costo de esta se
vería por encima de la capacidad de la mayoría de los Estados. Los medios de comunicación sirven
para informar las reglas y por lo tanto reducen los costos de la imposición de éstas. Sin embargo, esta
no es toda la relación. Los medios de comunicación no solo informan reglas preestablecidas sino que
también crean reglas de juego nuevas que repercuten en la misma burocracia estatal. La aparición de
nuevos medios de comunicación, como la imprenta, el telégrafo, el teléfono e incluso Internet,
terminan revolucionando la mayoría de las instituciones a tal punto que vuelven obsoletas ciertas
áreas y crean otras nuevas que antes hubieran carecido de sentido. Incluso no solo la estructura de
las instituciones sufre cambios, sino que cambian las mismas propiedades y sentidos de estas.

LA CAPACIDAD DE DIFERENCIAR SU CONTROL


Esta se lleva a cabo"... a través de la creación de un conjunto funcionalmente diferenciado de
instituciones públicas con reconocida legitimidad para extraer establemente recursos de la sociedad
civil, con cierto grado de profesionalización de sus funcionarios y cierta medida de control centralizado
sobre sus variadas actividades". La idea en este atributo es que se van definiendo instituciones,
estableciendo sus límites, que permiten materializar la dominación y extraer recursos de la sociedad
civil. Es la diferenciación funcional de las agencias burocráticas del Estado.

En este punto, el rol de los medios de comunicación es sumamente secundario ya que estos
simplemente representan una de las tantas esferas que el estado intenta regular, sobre todo en su
comienzo, con el objetivo de lograr su monopolio y utilizarlo, no para diferenciarse funcionalmente,
sino para extender lo que Bourdieu denomina el "poder simbólico" . Esto es un poder capaz de influir
en las acciones de los otros y crear acontecimientos reales a través de los medios de producción y
transmisión de las formas simbólicas (como el lenguaje, los símbolos y la ideología). Para que el
Estado logre controlar esta esfera, tarea que ha demostrado ser imposible, es necesario quitarles
dicho atributos a instituciones que lo han ejercido históricamente como las instituciones religiosas, las
instituciones educativas y las instituciones mediáticas. Sin embargo, aquí los medios de comunicación
no representan una herramienta que contribuya, directamente, a que el Estado lleve adelante una
diferenciación funcional.

CAPACIDAD DE INTERNALIZAR UNA IDENTIDAD COLECTIVA (ROL CENTRAL DE LOS


MEDIOS)
Esta se lleva adelante mediante la emisión de símbolos que refuerzan los sentimientos de pertenencia
a una comunidad y permiten, en consecuencia, el control ideológico como mecanismo de dominación..
Implica la creación de hitos comunes que supuestamente se forman de un pasado compartido.

En este atributo los medios de comunicación se tornan en la herramienta imprescindible del Estado.
Estos se vuelven esenciales para difundir aquellas supuesta cuestiones comunes. Desde la prensa
hasta la televisión, todos los medios han sido utilizados con este fin en mayor o menor grado en los
distintos países. En Estados Unidos, luego de la guerra de secesión se utilizaron todos los métodos
posibles para crear y difundir "El día de acción de gracias".

El principal método que utilizó el Estado para controlar los medios de comunicación fue el de
quitárselo, en la medida que pudo, a las instituciones que antes lo ostentaban (como la Iglesia y La
Escuela). El estado fue comprobando como a mayor manipulación de los medios de comunicación
obtenía mas velozmente una identidad colectiva.

La capacidad de internalizar una identidad colectiva probó ser uno de los métodos más eficientes para
garantizar la dominación a tal punto que se convirtió en uno de los principales objetivos de algunos
gobiernos, para implementar con un menor costo sus políticas. En la Argentina, a lo largo de los dos
primeros gobiernos peronistas (1946-1955) se produce en el sistema educativo argentino lo que
algunos teóricos, tanto Escudé como Plotkin, han denominado "politización" de los contenidos
escolares. Entendiendo este fenómeno como la introducción y enseñanza obligatoria en los distintos
niveles del sistema, sobre todo a partir de 1949, de contenidos de corte político-partidario. Las
reformas llevadas a cabo en los planes y programas de estudio así como en los libros de texto de la
época dan clara cuenta de esto.

La gran fuerza que otorga el control ideológico, producto de esta internalización de una identidad
colectiva, radica en el hecho que permite ejercer el poder desde su punto más sutil. Una instancia
donde quien es manipulado ni siquiera reconoce la existencia de dicha dominación. A medida que los
medios se compejizan permiten que esta relación se agudice.

LA FORMACIÓN DEL ESTADO MODERNO Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN


A pesar de la relación existente entre los medios de comunicación y los atributos que hacen a la
estatidad, la utilización de los medios de comunicación como variable independiente para explicar la
formación del Estado moderno parece ser insuficiente. Distintos autores han utilizado dicha variable
para explicar el surgimiento de lo que podríamos denominar el nacionalismo. Sin embargo, los medios
de comunicación no parecen ser indispensables más que en una sola de las condiciones que hacen al
Estado moderno: esto es, su condición de nación.

Los medios de comunicación como variable independiente principalmente se enfrentan ante dos
obstáculos: en primer lugar, su incapacidad de explicar como influye en los Estados antes de que
estos se constituyan en Estados nacionales.

En segundo lugar, parecería ser que los medios de comunicación implican para el Estado un arma de
doble filo, ya que si bien contribuyen inicialmente a potenciar la estatidad del mismo, éstos
evolucionan a un ritmo superior que el Estado, creando nuevas demandas pero sin modificar la
esencia misma de éste. Es solo uno de los tantos escenarios posibles que el Estado deba modificar
sus características para adaptarse y sobrevivir. El surgimiento de nuevas formas de organización
institucional, como pueden ser los organismos supranacionales, hasta el momento no han
representado una alternativa capaz de sustituirlo. Si lo hicieran, podríamos hablar de los medios de
comunicación como una variable independiente ya que esta nos serviría para explicar, junto con sus
atributos, el pasaje de una forma a otro Hasta El momento, los medios de comunicación han mostrado
ser tanto una herramienta, como una esfera autónoma creadora de canales alternativos tanto de
control como de exigencia de demandas .Este parece ser su límite.

ELITES Y MEDIOS: CONFLUENCIAS


Niklas Luhman, mantiene una teoría de la Opinión Pública que nos permite ampliar la reflexión
sobre las relaciones entre medios de comunicación y sistema político en la construcción del discurso
ideológico sobre la realidad cotidiana. La realidad de nuestras sociedades, señala Luhman, es cada
vez más compleja y ello podría traer consigo una dispersión desorganizada de las preocupaciones de
los individuos y grupos, que tendría consecuencias disgregadoras para el propio sistema social. La
Opinión Pública es, por tanto, un mecanismo de simplificación de tal complejidad, una reducción de la
atención social a unos cuantos temas comunes. Y esta "tematización" está gererada por la
comunicación pública desarrollada por el sistema político. Por eso, sólo cuando la opinión pública
ofrece un simple eco centralizado de la actividad política puede desarrollarse una política que no sea
mantenida como identidad impuesta.

Los medios de comunicación reducen ese complejo mundo en que vivimos a noticias, incluyen
o excluyen de nuestro conocimiento (y preocupaciones) determinados temas. Además la propia
narratividad periodística vuelve a ser una estrategia discursiva de jerarquización, de asignación de
importancia a unos u otros asuntos; el espacio que una noticia ocupa en los medios, el lugar donde se
sitúa dentro de ese meta-relato que es un periódico o un telediario y, por supuesto, el que sea o no
objeto de seguimiento a lo largo de un periodo contribuyen a su tematización. Pero lo significativo en
la teoría de Luhman es la señalada vinculación entre la comunicación pública (prioritariamente
desarrollada a través de los medios) y el sistema político. Que Luhman considere que eso es funcional
para el sistema y que, por tanto, carezca de valoraciones morales sobre lo que él llama Opinión
Pública, no impide que de sus mismo análisis pueda concluirse que es un ejemplo particularmente
adecuado sobre cómo a través del "libre juego de la sociedad civil" (de las actividades del sistema
político y del mediático en este caso), se recompone el discurso ideológico dominante.

Una de las condiciones de estabilidad y legitimidad de los sistemas parlamentarios, radica en


su capacidad para construir liderazgos políticos sólidos. En la medida en que el principal escenario en
el que se publifica la política son los medios de comunicación, estos constituyen una pieza
insustituible en la fijación de tales liderazgos. La creación de líderes forma parte de la difusión de las
rutinas parlamentarias, pero puede presentarse también como un problema vital ante situaciones de
crisis. La evolución de los países del Este tras la "caída del muro", es un ejemplo de ello. En esas
condiciones la legitimidad del sistema representativo no es suficiente (ni tiene el tiempo suficiente)
para generar liderazgos estables. Es necesario construir rápidamente un clima de opinión mayoritario
y el centro estratégico para hacerlo debe ser (está siendo) el de los medios de comunicación.
La consolidación de la Monarquía española, ha sido un ejemplo elocuente de cooperación
entre el sistema político y el de los medios de comunicación.

El reverso de la medalla radica en la exclusión de los elementos no integrables a la periferia


del sistema, de la que se ha hablado en la primera parte del artículo. En muchas ocasiones en que
aparecen temas que ganan legitimidad sobre prácticas sociales exteriores al sistema político, es
habitual que los medios proporcionen justamente el (o los) punto(s) de vista del mundo institucional.
Ese es el caso, por ejemplo de las temáticas desarrolladas por los movimientos sociales. En
ocasiones, las estrategias de exclusión adquieren hasta forma legal. El artículo 20 de la Constitución
española, al tratar la libertad de expresión en los medios de comunicación públicos, limitó el acceso a
los mismos a los grupos sociales y políticos significativos y la posterior legislación básica sobre la
rediotelevisión acentuó tal limitación reduciendo el derecho de acceso sólo para los más significativos.

En lo que es mucho más que un matiz al binomio "influencia de los medios/predisposiciones


sociales ya existentes", una parte de la investigación académica anglosajona ha enfatizado la tesis del
reforzamiento selectivo, es decir , que los medios refuerzan de manera selectiva unas actitudes
previas, pero no otras. Los medios actúan, en primer lugar, en la fijación de definiciones selectivas
sobre un determinado asunto y, en segundo lugar, esa definición refuerza o contrarresta algunos de
los discursos que se encuentran compitiendo en el público sobre ese tema.

CONFLUENCIA CONFLICTIVA

La comunidad entre el discurso ideológico del sistema político y el de los medios de


comunicación es palpable en todos los casos analizados. Pero, ¿significa eso que estos no sean sino
portavoces de aquél?. Es evidente que los partidos en el poder (sea central o autonómico) utilizan su
capacidad de control sobre las radiotelevisiones públicas para favorecer sus propios intereses. Es
también claro que existen acuerdos entre determinados partidos y determinados medios de
comunicación para desarrollar determinadas estrategias políticas.
Pero todo ello no es sino un reflejo de las luchas por el poder dentro del sistema
parlamentario, es decir, dentro de los principios y los discursos de reducción de la racionalidad
democrática a dicho sistema, combinado con luchas de espacio y de influencias políticas entre grupos
de comunicación. Pero en un sentido más general -que es el que interesa en este artículo- el carácter
de la relación entre unos y otros queda mejor definido si hablamos de confluencia conflictiva.

La primera causa estructural de la confluencia es de carácter económico, radica en la


posibilidad misma de acceso a la propiedad de los medios. Sólo una minoría dominante en el plano
económico tiene posibilidad de acceder a dicha propiedad y está en condiciones de intervenir en los
procesos de concentración corporativa, nacional e internacional, que hoy viven las industrias de la
comunicación. Como se sabe, el flujo de relaciones e incluso identidades entre tal minoría y las élites
políticas es muy estrecho, aún considerando la relativa autonomía o, también en este caso, la
existencia de confluencias conflictivas entre ambas.
Pero se trata de un hecho innegable. C. Offe (1973: 70) señala con razón que ...la validez de
símbolos y de sus correspondientes estilos de vida, depende de su capacidad efectiva para
establecerse en el mercado. Ello indica, a la inversa, las dificultades estructurales de quienes no
forman parte de tales minorías para entrar en el mercado comunicativo.

Debe añadirse una causa sociológica. Por su nivel económico y su estatus social, el staff
decisivo de los medios de comunicación coincide en nivel, relaciones y aspiraciones con el de las
élites políticas. Esto genera un flujo importante de relaciones entre ambos, de influencias mutuas, que
conforma visiones del mundo similares sobre multitud de cuestiones básicas. Podríamos decir que el
discurso ideológico que se produce tiene una base fundamental en ese flujo de relaciones.

Existe, además, un mutuo condicionamiento para el desarrollo de sus actividades. En la


medida en que los medios de comunicación son un lugar prioritario de publicación de la política y, más
aún, de la conversión de propuestas y actuaciones políticas en temas mantenidos y prolongados a lo
largo del tiempo, el sistema representativo se ve necesitado del mediático. Pero, al mismo tiempo, los
medios necesitan de las fuentes institucionales, ya que de otro modo no podrían garantizar la
producción diaria de un periódico o de varios servicios informativos radio televisivos sin riesgos de
descoyuntar las condiciones organizativas (horarios, secciones, etc.) que condicionan tal producción y
sin miedo a ser devorados por la competencia.

Esa dependencia que tiene el periodismo de la estabilidad de unas determinadas fuentes y del
acomodo a unas exigencias productivas, tiene como consecuencia que la imagen del mundo que
construyen los medios de comunicación sea distorsionada de la realidad y reproduzca constantemente
los discursos ideológicos dominantes. Pero también, que esto no sea tanto debido a una manipulación
consciente y cotidiana de las noticias derivada de las presiones y maniobras del poder político, sino de
lo que se llama "distorsión involuntaria" y que las propias necesidades productivas imponen de una
forma constante, permanente, al periodismo.

De hecho, lo que enfáticamente se llama "profesionalidad" no es más que una cobertura


ideológica (eso sí, autolegitimadora de la actividad periodística y legitimadora de ésta ante la
sociedad) de esa dependencia que la producción de noticias tiene respecto a las exigencias
productivas.

Esas mismas condiciones organizativas que determinan las relaciones entre fuentes
institucionales y medios, provoca que estos -como señala G. Grossi- no son un mero canal, son más
bien coproductores (...), no se limitan a transmitir la política ni a convertirla en más placentera, sino
que contribuyen a definirla.

Si los medios contribuyen a que en la ideología democrática se sustituya la participación social


por la del ciudadano miembro de la Opinión Pública, lo pueden hacer en la medida en que ellos
aparezcan como representantes de tal Opinión Pública y, en consecuencia, como instrumentos de
control sobre el sistema político.

Y no se trata sólo de una falacia; los medios tienen también intereses de poder específicos,
propios, que se materializan precisamente en su capacidad para imponer al sistema representativo (o
al menos negociar con él) temas prioritarios y agenda política. La tentación del Ciudadano Kane no es
sólo una ficción. El prestigio de un medio y la propia capacidad de acceso a fuentes estables de
información tiene más garantías si cuenta con ese poder negociador, que si se limita a ser un
correveidile de algunas instancias políticas (en lo que una causa añadida, pero nada menor, es la
influencia de ello en tiradas de ejemplares y audiencias).

Por eso, los intereses específicos del sistema mediático generan en ocasiones estrategias
comunicativas que chocan con los intereses y con la "opinión pública" deseada por el sistema político
y pueden resultar perjudiciales para su legitimidad. Los escándalos financieros o las ramas de
terrorismo estatal son dos casos significativos, en los que la agenda temática de los medios de
comunicación ha podido imponer una agenda de la política desequilibradora, al menos, para el
sistema representativo.

Además, estas características e intereses específicos de los medios, hacen que la cobertura
con la que se producen y la significación que se otorga a determinados acontecimientos e incluso
serie de acontecimientos tematizados en el tiempo, pueda ser permeable a las presiones sociales
sobre el ejercicio de la democracia, incluso si estas chocan con los intereses generales del sistema
político. O, al menos, que en el propio sistema de medios de comunicación, se abran controversias
entre discursos ideológicos legitimadores y deslegitimadores de tales alternativas.

No obstante lo fundamental a destacar es el lugar de los medios como un sistema de


producción y reproducción de tal discurso, esta es la función que de forma sistemática y generalizada
ejercen. Pero aún en este sentido debe subrayarse el carácter de confluencia conflictiva entre sistema
político y sistema de medios. Retomando la señalada propuesta de S.Hall, diríamos que se trata de un
"proceso reproductivo muy complejo", que debe ser contemplado como interrelaciones dentro del
"libre juego" y de la autonomía de instancias sociales (medios) y políticas, pero cuyo resultado es la
"recomposición de la ideología como una estructura de dominación". Es decir, debemos situar el
problema en los términos de construcción y ejercicio de la hegemonía.
BIBLIOGRAFÍA

 Michel Foucault, "Genealogía del poder", Ensayo: La Gubernamentalidad, Exposición realizada en


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 Oscar Oszlak, "formación histórica del Estado en América Latina: elementos teórico-
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 Enciclopedia Encarta 2002


REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE
UNIVERSIDAD “SANTA MARÍA”
NÚCLEO ORIENTE
BARCELONA – EDO. ANZOÁTEGUI

INFLUENCIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN LOS APARATOS IDEOLÓGICOS DEL


ESTADO
BARCELONA, 08 de mayo de 2002