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pätrick süskind: el perfume 1

marcel reich-ranicki

traducción de martín rodríguez baigorria

es algo que siempre se da o vuelve a darse: un escritor alemán que domina el alemán; un
narrador contemporáneo que sin embargo sabe narrar; un novelista que no nos fastidia con
el reflejo de su ombligo; un joven autor que a pesar de todo no es aburrido.
es cierto que él, patrick süskind, ya no puede pasar por muy joven. pues ha nacido en
1949, en starnberger see, en el corazón de baviera. curioso: antes, cuando todo era mejor,
los escritores alemanes hacían su entrada en el mundo de la literatura entre los veinte y los
veinticinco (thomas mann y hauptmann, heinrich mann y hermann hesse, schnitzler y
hofmannsthal). cuando böll y andersch, nossack y arno schmidt comenzaron, ya eran
considerablemente grandes. sabemos por qué: la guerra, el tercer reich, habían sido los
culpables de la demora. ¿y hoy? si bien todos nacieron después de 1945, nuestros jóvenes
escritores suelen ubicarse sin excepción entre los treinta y los cuarenta años. como no estoy
en condiciones de encontrar un motivo para esta demora, tuve que consultar a algunos
sólidos conocedores, y aun así, sigo sin saber nada al respecto. solamente sé que esta
demora es algo más que notable: es inquietante.
también patrick süskind pertenece a los que maduraron tardíamente. comenzó con una
obra cuyo éxito no se limitó a las fronteras de la república federal alemana: el drama
unipersonal el contrabajo, pieza de cabaret –dicho sin ánimo peyorativo-, hecha con
gracia y carisma, además de estar dotada con una leve e igualmente risueña melancolía.
tres cosas ya aparecían allí claramente: el humor de süskind, su placer furtivo a la hora de
jugar con el lenguaje, y su para nada sensiblera debilidad por los perjudicados y los que
perdieron el tren, que de algún modo recuerda a chejov.
uno de esos que perdieron el tren, alguien que ha sido cruelmente perjudicado por la
naturaleza, aparece en el centro de su libro el perfume. la novela empieza diciendo: “en el
siglo xviii vivió en francia uno de los hombres más geniales y abominables de una época
en que no escasearon los hombres abominables y geniales. aquí relataremos su historia”. 2
esta apertura, aparentemente sencilla, sugeriría más bien un programa estético, un
inconfundible –y tal vez recalcitrante- reconocimiento de la narración tradicional. süskind
escribe como si no hubiera leído a kafka ni oído hablar de joyce. hay que buscar sus
modelos en los novelistas del siglo xix, sobre todo en los autores franceses que van de
balzac a victor hugo. algo también debe haber aprendido de marcel proust, consciente o
inconscientemente.
lo que es seguro es que a este autor no le importó mucho preocuparse por la diversidad
de métodos y adquisiciones característicos de la prosa moderna, ni tampoco por sus
ingeniosas técnicas o trucos refinados. renuncia así al monólogo interior que, por lo
demás, en la literatura alemana ya había sido introducido a principios de siglo por
schnitzler. el cambio de perspectiva, ya conocido por tolstoi, tampoco parece necesitarlo.
1 reseña publicada originalmente en frankfurter allgemeine zeitung, 2/3/1985. reeditada en: rainer schirra
(ed.), die “bestenliste” 1985, frankfurt a. m., suhrkamp, 1985, p.53-58.
2 p. süskind, el perfume, trad. de p. gilart gorina, barcelona, seix-barral, 1993, p. 9.
el reproche de que el autor juega con el narrador omnisciente y de que por lo tanto sería
un tipo pasado de moda, le es sinceramente indistinto. comienza la historia de su
desagradable héroe con su nacimiento y la cierra con su muerte, relata linealmente y en
orden cronológico, no quiere saber nada de retrospectivas ni tampoco se desvía del tema.
a las narraciones que acaso alguien quisiera objetar como gozosas les teme este autor tan
poco como a esos pequeños idilios, libres antes que macabros.
no digo que hoy en día se deba narrar así. pero pienso que hoy también hay derecho a
hacerlo de este modo, suponiendo que eso se pudiera. y claro que la épica moderna no es
incondicionalmente buena, pero siempre sigue siendo moderna o al menos debería serlo.
¿para qué sirve la prosa de patrick süskind?
vaya aquí por lo pronto un ejemplo de su estilo: “las calles apestaban a estiércol, los
patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida
y excrementos de rata, las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin
ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a
edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. las chimeneas apestaban a
azufre, las curtidurías, a lejías cáusticas, los mataderos, a sangre coagulada. hombres y
mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia [...] apestaban los ríos, apestaban las plazas,
apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios.
el campesino apestaba como el clérigo, el oficial de artesano, como la esposa del maestro;
apestaba la nobleza entera y, sí, incluso el rey apestaba como un animal carnicero, y la
reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno...”.3
de esta forma, süskind demuestra que se le puede hacer justicia al hedor con frases
bellas y elegantes. el autor tiene un marcado sentido para el ritmo del lenguaje, alcanzado
con frecuencia mediante insistentes, aunque nunca molestas, repeticiones de palabras, las
que no producirán un efecto de golpeteo o machacoso, sin por eso pasar desapercibidas.
sus frases nunca son perezosas; incluso aun donde se extiende en largos periodos,
permanecen cristalinamente sin tacha. la dicción de süskind, maleable y gentil, es al
mismo tiempo precisa: la seductora armonía de muchas de sus páginas nunca es a costa de
la claridad de la expresión. la cautivadora musicalidad de esta prosa nos permite suponer
que, de todos los sentidos de este autor, es el del oído el que mejor ha desarrollado.
el hombre cuya escalofriante vida nos presenta la novela el perfume dispone de
habilidades que se deben a un único y en efecto extraordinario órgano sensorial: la nariz.
se trata de jean-baptiste grenouille, quien vino al mundo en el año 1738, en pleno de paris,
“en el lugar más maloliente de todo el reino”,4 o sea, un mercado donde el olor del
pescado podrido se mezcla con el hedor de los cadáveres del cementerio vecino.
grenouille, criatura increíblemente odiosa, aborto sin igual, hace pensar más bien en
otros individuos repulsivos, en una bestia que difícilmente podría ser olvidada, algo así
como un quasimodo, aquel repugnante niño expósito que en la novela de victor hugo sube
al campanario de notre-dame, o en el conde de gloster, a la sazón ricardo iii, hecho de tal
modo por la naturaleza que los perros ladran cuando pasa. ¿qué solución queda para estos
infelices más que convertirse en un villano y vengarse del mundo?
grenouille quiere vengarse también, aunque en comparación con el monstruo
shakespereano, de una manera distinta e inofensiva. el héroe de süskind, que en sí no
huele absolutamente a nada, agraciado con una nariz exquisita, se relaciona olfativamente
con todo, y no puede creer lo que escapa a su sentido del olfato; ansía, habla, y escribe en
3 ibid., p.9-10.
4 ibid., p.10.
torno a una revolución. pero lo que el minusválido venido del hedor quiere revolucionar,
es por lo pronto el mundo de los aromas.
tan cruel como solitario emprende el obsesionado grenouille su camino hacia el éxito y
el triunfo espectacular. no puede sentir o despertar ninguna clase de amor, ni tampoco
ninguna amistad o asociación. y süskind es lo suficientemente consecuente como para
renunciar al uso de una contrafigura. solamente algunos papeles secundarios aparecen en
el entorno del monstruo: una robusta matrona, un padre calvo, un duro maestro de
curtiembre, un perfumador sin talento, presentados con algunos mínimos pero brillantes
toques, y que no dejan de recordar aquí y allá a los siniestros personajes de e. t. a.
hoffmann.
también süskind ha logrado delinear con delicada precisión, y no sin furia o ironía, el
lóbrego trasfondo del parís del siglo xix. ¿acierta esta imagen? ¿de dónde proviene el
conocimiento del escritor sobre esta época? ¿qué fuentes históricas o literarias ha
tomado? ¿a qué debemos atribuir su fantasía? no puedo responder estas preguntas
directamente, y además me parecen cuestiones de segunda importancia. porque este autor
puede hacer creíble lo que quiere mostrar: con la ayuda de la extremada sensibilidad de su
prosa, nos ofrece una representación de una claridad agradable y de admirable valor.
pero el puro disfrute de la vida raras veces es para nosotros, los lectores de novelas
contemporáneas, algo que se pueda compartir. quien se haya ilusionado con la lectura de
la primera parte de esta novela, entonces deberá aceptar algunos desengaños. después de
producir una infinita cantidad de maravillosos perfumes y de ayudar a su tacaño
empleador a conseguir suficiente gloria y dinero, grenouille descubre que en las hierbas
de la ciudad habría una fórmula secreta para la elaboración de aromas florales, y así
nuestro protagonista no tardará en darle la espalda a parís. Ésta no fue, sin embargo, una
decisión feliz por parte del autor. ya que tan pronto como el héroe abandona la capital
francesa, allí mismo desaparecerá la inmediatez y sugestión de la novela, así como
también su cohesión y capacidad de convencimiento.
las vivencias de grenouille y sus aventuras son cada vez más fantásticas, si bien las ricas
imágenes y símbolos ofrecidos adolecen a su vez de una cierta arbitrariedad. salta a la
vista también que el reconocido estilista se permite ahora descripciones que no
precisamente dan muestras de un autocontrol draconiano: “su corazón era un castillo de
púrpura situado en un pedregoso desierto, oculto tras las dunas y rodeado de un oasis
pantanoso y de siete murallas de piedra. sólo volando se podía acceder a él. contenía mil
cámaras, mil bodegas y mil elegantes salones”.5 ahí fruncimos el ceño pensativamente y
pasamos algo sorprendidos a nuestra agenda del día.
en esta segunda mitad la prosa de süskind se vuelve un poco epigonal. ¿y a quién imita?
a nadie que no sea él mismo. el autor se repite. ¿pero por qué se le ha acabado el aliento?
creo que allí hay sin embargo otros argumentos convincentes. la biografía del hombre con
un olfato inigualable es encarada desde el principio como una parábola, siendo los
elementos propios de este tipo de relato aún discretos: triunfa una y otra vez el
temperamento artístico de un narrador que disfruta de entretener a sus lectores por todos
los medios, manteniendo así la excelencia. después, en cambio, pasa al revés: süskind se
esfuerza cada vez más en darle un efecto de parábola a su historia. Ésta será de hecho
cada vez más transparente, y lamentablemente también cada vez más molesta.
paradójicamente, esto también parecería agradar: allí donde süskind se entrega al impulso

5 ibid., p.122.
lúdico de su escritura es donde su estilo adquiere peso propio; pero allí donde se preocupa
por darle un sentido más profundo a su libro, es justamente donde éste se vuelve más
superficial, y también más artificial.
¿y en qué consiste ese sentido más profundo? el narrador épico tiene derecho a rehusar
responder una pregunta tan grosera, pero el crítico no puede escabullirse tan fácilmente. la
nostalgia de lo absoluto, sus causas y consecuencias: así se podría interpretar en pocas
palabras el colorido tapiz con el que süskind nos envuelve. al monstruo grenouille no lo
satisfacen los atractivos perfumes con los que él ha deleitado a parís. se encuentra a la
búsqueda de una fragancia con la que pueda fascinar y anestesiar a los hombres. ellos no
sólo deben aceptarlo como su igual, sino que deben “amarle con locura, con abnegación,
temblar de placer, gritar, llorar de gozo sin saber por qué...”.6
grenouille asesina muchachas inocentes para apropiarse de sus aromas y producir a
partir de eso el perfume “que hace que la gente lo ame”. finalmente, será descubierto y
condenado a muerte. pero cuando se presenta ante el repleto tribunal de ejecución,
acontece entonces un milagro: “a las monjas les parecía el salvador en persona; a los
seguidores de satanás, el deslumbrante señor de las tinieblas; a los cultos, el ser supremo;
a la doncella, un príncipe de cuento de hadas; a los hombres, una imagen ideal de sí
mismos. y todos se sentían reconocidos y cautivados por él en su lugar más sensible;
había acertado su centro erótico”.7 la proyectada ejecución degenera en una bacanal: el
asesino en masa “se había creado un aura propia, más deslumbrante y más efectiva que la
poseída por cualquier otro hombre. [...] a una señal suya, todos renegarían de su dios y le
adorarían a él, el gran grenouille”.8
de que se necesita mucha energía para escribir hasta el final una novela, de que en
alguna parte de la segunda mitad al autor le gustaría hacer otra cosa: de todo esto, thomas
mann se ha quejado muchas veces. evidentemente tampoco el principiante süskind parece
haber evitado ese problema: así, cada vez más debe hacer uso aquí y allá de motivos
tirados de los pelos, por pura necesidad. pero en contraste con el final de el perfume,
süskind ha logrado en todas las escenas donde, en su búsqueda constante de sensaciones,
el aromático grenouille no percibe nada más “que su propia aura”, una apoteosis de rango
mitológico, una grandiosa representación de la locura de masas y la corruptibilidad de los
hombres. más precisamente: el efecto, difícil de lograr, que ejerce un criminal
maravillosamente asqueroso y repugnante, proveniente de un pueblo civilizado de europa.
habría que preguntarse en qué clase de monstruo patrick süskind está pensando, o a qué
pueblo estaría mayormente dirigida su parábola.
es una suerte, en todo caso, poder afirmar finalmente que nuestra literatura tiene un
talento más. y encima, uno sorprendente.

6 ibid., p.147.
7 ibid., p.222.
8 ibid., p.223.