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5.

Géneros Literarios
Según el Concilio Vaticano II : "Géneros literarios son los modos de hablar de
que se sirven los escritores de una determinada época, para expresar sus
pensamientos".
En la Biblia hay muchos Géneros Literarios, o sea, maneras especiales de decir
las cosas y de narrar los acontecimientos. Y es muy importante conocer en qué
Género Literario esta escrito un pasaje de la Biblia, para entender qué es lo que
allí el autor quiere decir y significa.
Por ejemplo: si el pasaje está escrito en género Épico (épico o epopeya es la
narración de hechos muy gloriosos) usará números y comparaciones en
superlativos que no pretenden ser entendidos matemáticamente: "Los israelitas
eran tan numerosos como las arenas del mar". La plata en tiempos de Salomón
era "tan abundante en Jerusalen como las piedras".
Si el autor de un libro de la Biblia usa el género Apocalíptico (Apocalipsis es:
Descubrir lo que va a suceder), usará muchos símbolos (por ejemplo 7, 12, 40,
para significar algo que es completo) y muchas imágenes. Ver los libros de
Daniel y el Apocalipsis de San Juan.
Uno de los Géneros Literarios más usados en la Biblia es el Midrash que
consiste una reflexión religiosa acerca de hechos que la tradición narra para
sacar de ellos lecciones de santidad. Por ejemplo; Libro de Tobías, Jonás, Ruth,
Judit, etc.
6. Mensaje principal de algunos libros
o El Antiguo Testamento

Pentateuco ,Sapienciales, Históricos ,Profetas Mayores y Profetas Menores


El Pentateuco
. Génesis
. Exodo
. Levítico
. Números
. Deuteronomio
El Pentateuco, o, según lo llaman los judíos, el Libro de la Ley (Torah), encabeza
los 73 libros de la Biblia, y constituye la magnífica puerta de la Revelación
divina. Los nombres de los cinco libros del Pentateuco son: el Génesis, el Exodo,
el Levítico, los Números, el Deuteronomio, y su fin general es: exponer cómo
Dios escogió para sí al pueblo de Israel y lo formó para la venida de Jesucristo;
de modo que en realidad es Jesucristo quien aparece a través de los misteriosos
destinos del pueblo escogido.
El autor del Pentateuco es Moisés, profeta y organizador del pueblo de Israel,
que vivió en el siglo XV o XIII antes de Jesucristo. No solamente la tradición
judía sino también la cristiana ha sostenido siempre el origen mosaico del
Pentateuco. El mismo Jesús habla del "Libro de Moisés" (Mc., 12, 26), de la "Ley
de Moisés" (Lc., 24, 44), atribuye a Moisés los preceptos del Pentateuco (cf. Mt.,
8, 4; Mc., 1, 44; 7, 10; 10, 5; Lc. 5, 14; 20, 28; Juan 7, 19), y dice en Juan 5, 45:
"Vuestro acusador es Moisés, en quien habéis puesto vuestra esperanza. Si
creyeseis a Moisés, me creeríais también a Mí, pues de mí escribió él".
Fundada en estos argumentos, la Pontificia Comisión Bíblica el 27 de junio de
1906 ha determinado, con toda su autoridad, la integridad y genuinidad de los
Libros de Moisés, admitiendo, sin embargo, la posibilidad de que Moisés se
haya servido de fuentes existentes, y la otra, de que el Pentateuco en el decurso
de los siglos haya experimentado ciertas variaciones como, por ejemplo:
adiciones accidentales después de la muerte de Moisés, ora hechas por un autor
inspirado, ora introducidas en el texto a modo de glosas y comentarios,
sustitución de palabras y formas arcaicas; variantes debidas a los copistas, etc.
La misma Pontificia Comisión Bíblica ha inculcado, el 30 de junio de 1909, el
carácter histórico de los primeros tres capítulos del Génesis, estableciendo que
los sistemas inventados para excluir de éstos el sentido literal, no descansan en
fundamentos sólidos.
Todos los ataques de la crítica moderna contra la autenticidad y el carácter
histórico de los libros de Moisés han fracasado, especialmente los intentos de
atribuir el Pentateuco a tres o cuatro autores distintos (Elohista, Jahvista,
Código sacerdotal, Deuteronomio) y la teorías de la escuela evolucionista de
Wellhausen, que en el Pentateuco no ve más que un reflejo de ideas y mitologías
babilónicas, egipcias, etc. Una comparación exacta de los relatos bíblicos con los
extrabíblicos demuestra, muy al contrario, la superioridad absoluta de aquéllos
sobre éstos que, en general, no son sino pobres y desfigurados restos de la
Revelación primitiva.
Las fechas que los críticos asignan a los diversos autores por ellos inventados se
basan únicamente en suposiciones. Según ellos, en la historia del texto del
Pentateuco hubo "no sólo infinidad de elaboraciones, refundiciones y
redacciones, sino también invenciones a sabiendas, retoques, correcciones y
adiciones tendenciosas, interpolaciones, falsificaciones literarias y piadosos
embustes del género más sospechoso. Los críticos moderados hacen esfuerzos
convulsivos para salir del dilema: unos dicen que no hay derecho a aplicar a los
tiempos antiguos los conceptos actuales de la propiedad y actividad literaria;
otros opinan que el fin santifica los medios, y declaran que la alternativa de obra
de Moisés u obra de un "falsario", carece de sentido, o hablan con énfasis de la
profundidad de la sabiduría divina, cuyos caminos no nos es dado conocer sino
admirar; mas con estas escapatorias no logran poner en claro cómo una mala
compilación, así elaborada por los hombres, pudo llegar a los honores de Libro
sagrado" (Schuster-Holzammer).
Han, pues, de rechazarse todas las teorías que niegan el origen mosaico y
carácter histórico del Pentateuco, no sólo porque están en pugna con las reglas
de una sana crítica, sino también porque niegan la inspiración divina de la
Escritura.
Génesis significa "generación" u origen. El nombre nos indica que este primer
libro de la Revelación contiene los misterios de la prehistoria y los comienzos
del Reino de Dios sobre la tierra. Describe, en particular, la creación del
universo y del hombre, la caída de los primeros padres, la corrupción general, la
historia de Noé y el diluvio. Luego el autor sagrado narra la confusión de las
lenguas en la torre de Babel, la separación de Abraham de su pueblo y la historia
de este patriarca y de sus descendientes: Isaac, Jacob, José, para terminar con la
bendición de Jacob, su muerte y la de su hijo José. En esta sucesión de
acontecimientos históricos van intercaladas las grandes promesas mesiánicas
con que Dios despertaba la esperanza de los patriarcas, depositarios de la
Revelación primitiva.
Exodo, es decir, "salida", se llama el segundo libro, porque en él se narra la
historia de la liberación del pueblo israelita y su salida de Egipto. Entre el
Génesis y el Exodo median varios siglos, es decir, el tiempo durante el cual los
hijos de Jacob estuvieron en el país de los Faraones. El autor sagrado describe
en este libro la opresión de los israelitas; luego pasa a narrar la historia del
nacimiento de Moisés, su salvamento de las aguas del Nilo, su huida al desierto
y la aparición de Dios en la zarza. Refiere después, en la segunda parte, la
liberación misma, las entrevistas de Moisés con el Faraón, el castigo de las diez
plagas, el paso del Mar Rojo, la promulgación de la Ley de Dios en el Sinaí, la
construcción del Tabernáculo, la institución del sacerdocio de la Ley Antigua y
otros preceptos relacionados con el culto y el sacerdocio.
Levítico es el nombre del tercer libro del Pentateuco. Derívase la palabra
Levítico de Leví, padre de la tribu sacerdotal. Trata primeramente de los
sacrificios, luego relata las disposiciones acerca del Sumo Sacerdote y los
sacerdotes, el culto y los objetos sagrados. Con el capítulo 11 empiezan los
preceptos relativos a las purificaciones, a los cuales se agregan instrucciones
sobre el día de la Expiación, otras acerca de los sacrificios, algunas
prohibiciones, los impedimentos matrimoniales, los castigos de ciertos pecados
y las disposiciones sobre las fiestas. En el último capítulo habla el autor sagrado
de los votos y diezmos.
Números es el nombre del cuarto libro, porque en su primer capítulo refiere el
censo llevado a cabo después de concluida la legislación sinaítica y antes de la
salida del monte de Dios. A continuación se proclaman algunas leyes,
especialmente acerca de los nazareos, y disposiciones sobre la formación del
campamento y el orden de las marchas. Casi todos los acontecimientos referidos
en los Números sucedieron en el último año del viaje, mientras se pasan por alto
casi todos los sucesos de los treinta y ocho años precedentes. Descuellan algunos
por su carácter extraordinario; por ejemplo, los vaticinios de Balaam. Al final se
añade el catálogo de las estaciones durante la marcha a través del desierto, y se
dan a conocer varios preceptos sobre la ocupación de la tierra de promisión.
El Deuteronomio es, como expresa su nombre, "la segunda Ley", una
recapitulación, explicación y ampliación de la Ley de Moisés. El gran profeta,
antes de reunirse con sus padres, desarrolla en la campiña de Moab en varios
discursos la historia del pueblo escogido inculcándose los divinos
mandamientos. En el primero (1-4, 43), echa una mirada retrospectiva sobre los
acontecimientos en el desierto, agregando algunas exhortaciones prácticas y las
más magníficas enseñanzas. En el segundo discurso (4, 44-11, 32) y en la parte
legislativa (caps. 12-26), el legislador del pueblo de Dios repasa las leyes
anteriores, haciendo las exhortaciones necesarias para su cumplimiento, y
añadiendo numerosos preceptos complementarios. Los dos últimos discursos
(cap. 27-30) tienen por objeto renovar la Alianza con Dios, lo que, según las
disposiciones de Moisés, ha de realizarse luego de entrar el pueblo en el país de
Canaán. Los capítulos 31-34 contienen el nombramiento de Josué como sucesor
de Moisés, el cántico profético de éste, su bendición, y una breve noticia sobre
su muerte. El Deuteronomio es, según dice S. Jerónimo, "la prefiguración de la
Ley evangélica" (Carta a Paulino).
Los Libros Poéticos o Sapienciales
.Job
.Salmos
.Proverbios
.Eclesiastés
.El Cantar de los Cantares
.Sabiduría
.Eclesiástico
A los libros históricos sigue, en el Canon del Antiguo Testamento, el grupo de
los libros llamados didácticos (por su enseñanza) o poéticos (por su forma) o
sapienciales (por su contenido espiritual), que abarca los siguientes libros: Job,
Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría, Eclesiástico.
Todos éstos son principalmente denominados libros sapienciales, porque las
enseñanzas e instrucciones que Dios nos ofrece en ellos, forman lo que en el
Antiguo Testamento se llama Sabiduría, que es el fundamento de la piedad.
Temer ofender a Dios nuestro Padre, y guardar sus mandamientos con amor
filial, esto es el fruto de la verdadera sabiduría. Es decir, que si la moral es la
ciencia de lo que debemos hacer, la sabiduría es el arte de hacerlo con agrado y
con fruto. Porque ella fructifica como el rosal junto a las aguas (Ecli. 39, 17).
Bien se ve cuán lejos estamos de la falsa concepción moderna que confunde
sabiduría con el saber muchas cosas, siendo más bien ella un sabor de lo divino,
que se concede gratuitamente a todo el que lo quiere (Sab. 6, 12 ss.), como un
don del Espíritu Santo, y que en vano pretendería el hombre adquirir por sí
mismo. Cf. Job 28, 12 ss. La Liturgia cita todos estos libros, con excepción del de
Job y el de los Salmos, bajo el nombre genérico de Libro de la Sabiduría,
nombre con que el Targum judío designaba el Libro de los Proverbios (Séfer
Hokmah).
Los libros sapienciales, en cuanto a su forma, pertenece al género poético. La
poesía hebrea no tiene rima, ni ritmo cuantitativo, ni metro en el sentido de las
lenguas clásicas y modernas. Lo único que la distingue de la prosa, es el acento
(no siempre claro), y el ritmo de los pensamientos, llamado comúnmente
paralelismo de los miembros. Este último consiste en que el mismo
pensamiento se expresa dos veces, sea con vocablos sinónimos (paralelismo
sinónimo), sea en forma de tesis y antítesis (paralelismo antitético), o aún
ampliando por una u otra adición (paralelismo sintético). Pueden distinguirse, a
veces, estrofas.
Al género poético pertenece también la mayor parte de los libros proféticos y
algunos capítulos de los libros históricos, p. ej. la bendición de Jacob (Gén. 49),
el cántico de Débora (Jueces 5), el cántico de Ana (I Rey. 2), etc.
Los Libros Históricos
http://www.aciprensa.com/Biblia/josue.htm
.Josué
.Jueces
.Rut
.I y II Samuel
.I y II Reyes
.I y II Paralipómenos o Crónicas
.Esdras y Nehemías
.Tobías
.Judit
.Ester
.I y II Macabeos
Los Profetas Mayores
http://www.aciprensa.com/Biblia/isaias.htm
.Isaías
.Jeremías
.Lamentaciones
.Baruc
.Ezequiel
.Daniel
Profeta es una voz griega, y designa al que habla por otro, o sea en lugar de otro;
equivale por ende, en cierto sentido, a la voz "intérprete" o "vocero". Pero poco
importa el significado de la voz griega; debemos recurrir a las fuentes, a la
lengua hebrea misma. En el hebreo se designa al profeta con dos nombres muy
significativos: El primero es "nabí" que significa "extático", "inspirado", a saber
por Dios. El otro nombre es "roéh" o "choséh" que quiere decir "el vidente", el
que ve lo que Dios le muestra en forma de visiones, ensueños, etc., ambos
nombres expresan la idea de que el profeta es instrumento de Dios, hombre de
Dios que no ha de anunciar su propia palabra sino la que el Espíritu de Dios le
sopla e inspira.
Según I Rey. 9, 9, el "vidente" es el precursor de los otros profetas; y
efectivamente, en la época de los patriarcas, el proceso profético se desarrolla en
forma de "visión" e iluminación interna, mientras que más tarde, ante todo en
las "escuelas de profetas" se cultivaba el éxtasis, señal característica de los
profetas posteriores que precisamente por eso son llamados "nabí".
Otras denominaciones, pero metafóricas, son: vigía, atalaya, centinela, pastor,
siervo de Dios, ángel de Dios (Is. 21, 1; 52, 8; Ez. 3, 17; Jer. 17, 16; IV Rey. 4, 25;
5, 8; Is. 20, 3; Am. 3, 7; Ag. 1, 13).
El concepto de profeta se desprende de esos nombres. El es vidente u hombre
inspirado por Dios. De lo cual no se sigue que el predecir las cosas futuras haya
sido la única tarea del profeta; ni siquiera la principal. Había profetas que no
dejaban vaticinios sobre el porvenir, sino que se ocupaban exclusivamente del
tiempo en que les tocaba vivir. Pero todos -y en esto estriba su valor- eran
voceros del Altísimo, portadores de un mensaje del Señor, predicadores de
penitencia, anunciadores de los secretos de Yahvé, como lo expresa Amós: "El
Señor no hace estas cosas sin revelar sus secretos a los profetas siervos suyos"
(3, 7). El Espíritu del Señor los arrebataba, irrumpía sobre ellos y los empujaba
a predicar aún contra la propia voluntad (Is. cap. 6; Jer. 1, 6). Tomaba a uno que
iba detrás del ganado y le decía: "Ve, profetiza a mi pueblo Israel" (Am. 7, 15);
sacaba a otro de detrás del arado (III Rey. 19, 19 ss.), o le colocaba sus palabras
en la boca y tocaba sus labios (Jer. 1, 9), o le daba sus palabras literalmente a
comer (Ez. 3, 3). El mensaje profético no es otra cosa que "Palabra de Yahvé",
"oráculo de Yahvé", "carga de Yahvé", un "así dijo el Señor". La Ley divina, las
verdades eternas, la revelación de los designios del Señor, la gloria de Dios y de
su Reino, la venida del Mesías, la misión del pueblo de Dios entre las naciones,
he aquí los temas principales de los profetas de Israel.
En cuanto al modo en que se producían las profecías, hay que notar que la luz
profética no residía en el profeta en forma permanente (II Pedro 1, 20 s.), sino a
manera de cierta pasión o impresión pasajera (Santo Tomás). Consistía, en
general, en una iluminación interna o en visiones, a veces ocasionadas por algún
hecho presentado a los sentidos (por ejemplo, en Dan. 5, 25 por palabras
escritas en la pared); en la mayoría de los casos, empero, solamente puestas
ante la vista espiritual del profeta, por ejemplo, una olla colocada al fuego (Ez.
24, 1 ss.), los huesos secos que se cubren de piel (Ez. 37, 1 ss.); el gancho que
sirve para recoger fruta (Am. 8, 1), la vara de almendro (Jer. 1, 11), los dos
canastos de higos (Jer. 24, 1 ss.), etc., símbolo todos éstos que manifestaban la
voluntad de Dios.
Pero no siempre ilustraba Dios al profeta por medio de actos o símbolos, sino
que a menudo le iluminaba directamente por la luz sobrenatural de tal manera
que podía conocer por su inteligencia lo que Dios quería decirle (por ejemplo, Is.
7, 14).
A veces el mismo profeta encarnaba una profecía. Así, por ejemplo, Oseas debió
por orden de Dios casarse con una mala mujer que representaba a Israel,
simbolizando de este modo la infidelidad que el pueblo mostraba para con Dios.
Y sus tres hijos llevan nombres que asimismo encierran una profecía: "Jezrael",
"No más misericordia", "No mi pueblo" (Os. 1).
El profeta auténtico subraya el sentido de la profecía mediante su manera de
vivir, llevando una vida austera, un vestido áspero, un saco de pelo con cinturón
de cuero (IV Rey. 1, 8; 4, 38 ss.; Is. 20, 2; Zac. 13, 4; Mt. 3, 4), viviendo solo y
aun célibe, como Elías, Eliseo y Jeremías.
No faltaba en Israel la peste de los falsos profetas. El profeta de Dios se
distingue del falso por la veracidad y por la fidelidad con que transmite la
Palabra del Señor. Aunque tiene que anunciar a veces cosas duras: "cargas"; está
lleno del espíritu del Señor, de justicia y de constancia, para decir a Jacob sus
maldades y a Israel su pecado (Miq. 3, 8). El falso, al revés, se acomoda al gusto
de su auditorio, habla de "paz", es decir, anuncia cosas agradables, y adula a la
mayoría, porque esto se paga bien. El profeta auténtico es universal, predica a
todos, hasta a los sacerdotes; el falso, en cambio, no se atreve a decir la verdad a
los poderosos, es muy nacionalista, por lo cual no profetiza contra su propio
pueblo ni lo exhorta al arrepentimiento.
Por eso los verdaderos profetas tenían adversarios que los perseguían y
martirizaban (véase lo que el mismo Rey Profeta dice a Dios en el salmo 16, 4);
los falsos, al contrario, se veían rodeados de amigos, protegidos por los reyes y
obsequiados con enjundiosos regalos. Siempre será así: el que predica los juicios
de Dios, puede estar seguro de encontrar resistencia y contradicción, mientras
aquel que predica "lo que gusta a los oídos" (II Tim. 4, 3) puede dormir
tranquilo; nadie le molesta; es un orador famoso. Tal es lo que está
tremendamente anunciado para los últimos tiempos, los nuestros (I Tim. 4, 1
ss.; II Tim. 3, 1 ss.; II Pedr. 3, 3 s.; Judas 18; Mt. 24, 11).
Jesús nos previene amorosamente, como Buen Pastor, para que nos guardemos
de tales falsos profetas y falsos pastores, advirtiéndonos que los conoceremos
por sus frutos (Mt. 7, 16). Para ello los desenmascara en el almuerzo del fariseo
(Lc. 11, 37-54) y en el gran discurso del Templo (Mt. 23), y señala como su
característica la hipocresía (Lc. 12, 1), esto es, que se presentarán no como
revolucionarios antirreligiosos, sino como "lobos con piel de oveja" (Mt. 7, 15).
Su sello será el aplauso con que serán recibidos (Lc. 6, 26), así como la
persecución será el sello de los profetas verdaderos (ibid. 22 ss.).
En general los profetas preferían el lenguaje poética. Los vaticinios propiamente
dichos son, por regla general, poesía elevadísima, y se puede suponer que, por lo
menos algunos profetas los promulgaban cantando para revestirlos de mayor
solemnidad. Se nota en ellos la forma característica de la poesía hebrea, la
coordinación sintáctica ("parallelismus membrorum"), el ritmo, la división en
estrofas. Sólo en Jeremías, Ezequiel y Daniel se encuentran considerables trozos
de prosa, debido a los temas históricos que tratan. El estilo poético no sólo ha
proporcionado a los videntes del Antiguo Testamento la facultad de expresarse
en imágenes rebosantes de esplendor y originalidad, sino que también les ha
merecido el lugar privilegiado que disfrutan en la literatura mundial.
No es, pues, de extrañar que su interpretación tropiece con oscuridades. Es un
hecho histórico que los escribas y doctores de la Sinagoga, a pesar de conocer de
memoria casi toda la Escritura, no supieron explicarse las profecías mesiánicas,
ni menos aplicarlas a Jesús. Otro hecho, igualmente relatado por los
evangelistas, es la ceguedad de los mismos discípulos del Señor ante las
profecías. ¡Cuántas veces Jesús tuvo que explicárselas! Lo vemos aún en los
discípulos de Emaús, a los cuales dice El, ya resucitado: "¡Oh necios y tardos de
corazón para creer todo lo que anunciaron los profetas!" (Lc. 24, 25). "Y
empezando por Moisés, y discurriendo por todos los profetas, El les
interpretaba en todas las Escrituras los lugares que hablaban de El" (Lc. 24, 27).
Y aquí el Evangelista nos agrega que esta lección de exégesis fue tan íntima y
ardorosa, que los discípulos sentían abrasarse sus corazones (Lc. 24, 32).
Las oscuridades, propias de las profecías, se aumentan por el gran número de
alusiones a personas, lugares, acontecimientos, usos y costumbres
desconocidos, y también por la falta de precisión de los tiempos en que han de
cumplirse los vaticinios, que Dios quiso dejar en el arcano hasta el tiempo
conveniente (véase Jer. 30, 24; Is. 60, 22; Dan. 12, 4).
En lo tocante a las alusiones, el exégeta dispone hoy día, como observa la nueva
Encíclica bíblica "Divino Afflante Spiritu", de un conjunto muy vasto de
conocimientos recién adquiridos por las investigaciones y excavaciones,
respecto del antiguo mundo oriental, de manera que para nosotros no es ya tan
difícil comprender el modo de pensar o de expresarse que tenían los profetas de
Israel.
Con todo, las profecías están envueltas en el misterio, salvo las que ya se han
cumplido; y aun en éstas hay que advertir que a veces abarcan dos o más
sentidos. Así, por ejemplo, el vaticinio de Jesucristo en Mt. 24, tiene dos modos
de cumplirse, siendo el primero (la destrucción de Jerusalén) la figura del
segundo (el fin del siglo). Muchas profecías resultan puros enigmas, si el
expositor no se atiene a esta regla hermenéutica que le permite ver en el
cumplimiento de una profecía la figura de un suceso futuro.
Sería, como decíamos más arriba, erróneo, considerar a los profetas sólo como
portadores de predicciones referentes a lo por venir; fueron en primer lugar
misioneros de su propio pueblo. Si Israel guardó su religión y fe y se mantuvo
firme en medio de un mundo idólatra, no fue el mérito de la sinagoga oficial,
sino de los profetas, que a pesar de las persecuciones que padecieron no
desistieron de ser predicadores del Altísimo.
Nosotros que gozamos de la luz del Evangelio, "edificados en Cristo sobre el
fundamento de los Apóstoles y los Profetas" (Ef. 2, 20), no hemos de
menospreciar a los voceros de Dios en el Antiguo Testamento, ya que muchas
profecías han de cumplirse aún, y sobre todo porque S. Pablo nos dice
expresamente: "No queráis despreciar las profecías (I Tes. 5, 20). En la primera
Carta a los Corintios, da a la profecía un lugar privilegiado, diciendo: "Codiciad
los dones espirituales, mayormente el de la profecía" (I Cor. 14, 1); pues "el que
hace oficio de profeta, habla con los hombres para edificarlos y para
consolarlos" (I Cor. 14, 3).
Los Profetas Menores
http://www.aciprensa.com/Biblia/oseas.htm
.Oseas
.Joel
.Amós
.Abdías
.Jonás
.Miqueas
.Nahúm
.Habacuc
.Sofonías
.Ageo
.Zacarías
.Malaquías
Con Oseas comienza la serie de los doce Profetas Menores. Llámanse Menores
no porque fuesen profetas de una categoría menor, sino por la escasa extensión
de sus profecías, con relación a los Profetas Mayores.
o Nuevo Testamento

Los Santos Evangelios Hechos de los Apóstoles Cartas de San Pablo Carta a los
Hebreos Cartas Católicas Apocalipsis
Los Santos Evangelios
http://www.aciprensa.com/Biblia/mateo.htm
. San Mateo
. San Marcos
. San Lucas
. San Juan
La Iglesia Católica reconoce dos fuentes de doctrina revelada: la Biblia y la
Tradición. Al presentar aquí en parte una de esas fuentes, hemos procurado, en
efecto, que el comentario no sólo ponga cada pasaje en relación con la Biblia
misma —mostrando que ella es un mundo de armonía sobrenatural entre sus
más diversas partes—, sino también brinde al lector, junto a la cosecha de
autorizados estudiosos modernos, el contenido de esa tradición en documentos
pontificios, sentencias y opiniones tomadas de la Patrística e ilustraciones de la
Liturgia, que muestran la aplicación y trascendencia que en ella han tenido y
tienen muchos textos de la Revelación.
El grande y casi diría insospechado interés que esto despierta en las almas, está
explicado en las palabras con que el Cardenal Arzobispo de Viena prologa una
edición de los Salmos semejante a ésta en sus propósitos, señalando "en los
círculos del laicado, y aun entre los jóvenes, un deseo de conocer la fe en su
fuente y de vivir de la fuerza de esta fuente por el contacto directo con ella". Por
eso, añade, "se ha creado un interés vital por la Sagrada Escritura, ante todo por
el Nuevo Testamento, pero también por el Antiguo, y el movimiento bíblico
católico se ha hecho como un río incontenible".
Es que, como ha dicho Pío XII, Dios no es una verdad que haya de encerrarse en
el templo, sino la verdad que debe iluminarnos y servirnos de guía en todas las
circunstancias de la vida. No ciertamente para ponerlo al servicio de lo material
y terreno, como si Cristo fuese un pensador a la manera de los otros, venido
para ocuparse de cosas temporales o dar normas de prosperidad mundana, sino,
precisamente al revés, para no perder de vista lo sobrenatural en medio de "este
siglo malo" (Gál., 1, 4); lo cual no le impide por cierto al Padre dar por
añadidura cuantas prosperidades nos convengan, sea en el orden individual o en
el colectivo, a los que antes que eso busquen vida eterna.
Un escritor francés refiere en forma impresionante la lucha que en su infancia
conmovía su espíritu cada vez que veía el libro titulado Santa Biblia y recordaba
las prevenciones que se le habían hecho acerca de la lectura de ese libro, ora por
difícil e impenetrable, ora por peligroso o heterodoxo. "Yo recuerdo, dice, ese
drama espiritual contradictorio de quien, al ver una cosa santa, siente que debe
buscarla, y por otra parte abriga un temor indefinido y misterioso de algún mal
espíritu escondido allí... Era para mí como si ese libro hubiera sido escrito a un
tiempo por el diablo y por Dios. Y aunque esa impresión infantil —que veo es
general en casos como el mío— se producía en la subconsciencia, ha sido tan
intensa mi desolante duda, que sólo en la madurez de mi vida un largo contacto
con la Palabra de Dios ha podido destruir este monstruoso escándalo que
produce el sembrar en la niñez el miedo de nuestro Padre celestial y de su
Palabra vivificante".
La meditación, sin palabras de Dios que le den sustancia sobrenatural, se
convierte en simple reflexión —autocrítica en que el juez es tan falible como el
reo— cuando no termina por derivarse al terreno de la imaginación, cayendo en
pura cavilación o devaneo. María guardaba las Palabras repasándolas en su
corazón (Lc., 2, 19 y 51): he aquí la mejor definición de lo que es meditar. Y
entonces, lejos de ser una divagación propia, es un estudio, una noción, una
contemplación que nos une a Dios por su Palabra, que es el Verbo, que es Jesús
mismo, la Sabiduría con la cual nos vienen todos los bienes (Sab., 7, 11).
Quien esto hace, pasa con la Biblia las horas más felices e intensas de su vida.
Entonces entiende cómo puede hablarse de meditar día y noche (Salmo, 1, 2) y
de orar siempre (Lc., 18, 1), sin cesar (1 Tes., 5, 17); porque en cuanto él
permanece en la Palabra, las palabras de Dios comienzan a permanecer en él —
que es lo que Jesús quiere para darnos cuanto le pidamos (Juan, 15, 7) y para
que conquistemos la libertad del espíritu (Juan, 8, 31)— y no permanecer de
cualquier modo, sino con opulencia, según la bella expresión de San Pablo (Col.
, 3, 16). Así van esas palabras vivientes (I Pedro, 1, 23, texto griego) formando el
substrato de nuestra personalidad, de modo tal que, a fuerza de admirarlas cada
día más, concluimos por no saber pensar sin ellas y encontramos harto pobres
las verdades relativas —si es que no son mentiras humanas que se disfrazan de
verdad y virtud, como los sepulcros blanqueados (Mt., 23, 27)-. Entonces, así
como hay una aristocracia del pensamiento y del arte en el hombre de
formación clásica, habituado a lo superior en lo intelectual o estético, así
también en lo espiritual se forma el gusto de lo auténticamente sobrenatural y
divino, como lo muestra Santa Teresa de Lisieux al confesar que cuando
descubrió el Evangelio, los demás libros ya no le decían nada. ¿No es éste, acaso,
uno de los privilegios que promete Jesús en el texto antes citado, diciendo que la
verdad nos hará libres? Se ha recordado recientemente la frase del Cardenal
Mercier, antes lector insaciable: "No soporto otra lectura que los Evangelios y
las Epístolas".
Y aquí, para entrar de lleno a comprender la importancia de conocer el Nuevo
Testamento, tenemos que empezar por hacernos a nosotros mismos una
confesión muy íntima: a todos nos parece raro Jesús. Nunca hemos llegado a
confesarnos esto, porque, por un cierto temor instintivo, no nos hemos atrevido
siquiera a plantearnos semejante cuestión. Pero Él mismo nos anima a hacerlo
cuando dice: "Dichoso el que no se escandalizare de Mí" (Mt., 11, 6; Lc., 7, 23),
con lo cual se anticipa a declarar que, habiendo sido Él anunciado como piedra
de escándalo (Is., 8, 14 y 28, 16; Rom. 9, 33; Mt., 21, 42-44), lo natural en
nosotros, hombres caídos, es escandalizarnos de Él como lo hicieron sus
discípulos todos, según Él lo había anunciado (Mt., 26, 31 y 56). Entrados, pues,
en este cómodo terreno de íntima desnudez —podríamos decir de psicoanálisis
sobrenatural— en la presencia "del Padre que ve en lo secreto" (Mt. 6, 6),
podemos aclararnos a nosotros mismos ese punto tan importante para nuestro
interés, con la alegría nueva de saber que Jesús no se sorprende ni se incomoda
de que lo encontremos raro, pues Él sabe bien lo que hay dentro de cada hombre
(Juan, 2, 24-25). Lo sorprendente sería que no lo hallásemos raro, y podemos
afirmar que nadie se libra de comenzar por esa impresión, pues, como antes
decíamos, San Pablo nos revela que ningún hombre simplemente natural
("psíquico", dice él) percibe las cosas que son del Espíritu de Dios (I Cor., 2, 14).
Para esto es necesario "nacer de nuevo", es decir, "renacer de lo alto", y tal es la
obra que hace en nosotros —no en los más sabios sino al contrario en los más
pequeños (Lc., 10, 21)— el Espíritu, mediante el cual podemos "escrutar hasta
las profundidades de Dios" (I Cor., 2, 10).
Jesús nos parece raro y paradójico en muchísimos pasajes del Evangelio,
empezando por el que acabamos de citar sobre la comprensión que tienen los
pequeños más que los sabios. Él dice también que la parte de Marta, que se
movía mucho, vale menos que la de María que estaba sentada escuchándolo;
que ama menos aquel a quien menos hay que perdonarle (Lc., 7, 47); que (quizá
por esto) al obrero de la última hora se le pagó antes que al de la primera (Mt.,
20, 8); y, en fin, para no ser prolijo, recordemos que Él proclama de un modo
general que lo que es altamente estimado entre los hombres es despreciable a
los ojos de Dios (Lc., 16, 15).
Esta impresión nuestra sobre Jesús es harto explicable. No porque Él sea raro
en sí, sino porque lo somos nosotros a causa de nuestra naturaleza degenerada
por la caída original. Él pertenece a una normalidad, a una realidad absoluta,
que es la única normal, pero que a nosotros nos parece todo lo contrario porque,
como vimos en el recordado texto de San Pablo, no podemos comprenderlo
naturalmente. "Yo soy de arriba y vosotros sois de abajo", dice el mismo Jesús
(Juan, 8, 23), y nos pasa lo que a los nictálopes que, como el murciélago, ven en
la oscuridad y se ciegan en la luz.
Hecha así esta palmaria confesión, todo se aclara y facilita. Porque entonces
reconocemos sin esfuerzo que el conocimiento que teníamos de Jesús no era
vivido, propio, íntimo, sino de oídas y a través de libros o definiciones más o
menos generales y sintéticas, más o menos ersatz; no era ese conocimiento
personal que sólo resulta de una relación directa. Y es evidente que nadie se
enamora ni cobra amistad o afecto a otro por lo que le digan de él, sino cuando
lo ha tratado personalmente, es decir, cuando lo ha oído hablar. El mismo
Evangelio se encarga de hacernos notar esto en forma llamativa en el episodio
de la Samaritana. Cuando la mujer, iluminada por Jesús, fue a contar que había
hallado a un hombre extraordinario, los de aquel pueblo acudieron a escuchar a
Jesús y le rogaron que se quedase con ellos. Y una vez que hubieron oído sus
palabras durante dos días, ellos dijeron a la mujer: "Ya no creemos a causa de
tus palabras: nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es
verdaderamente el Salvador del mundo" (Juan, 4, 42).
¿Podría expresarse con mayor elocuencia que lo hace aquí el mismo Libro
divino, lo que significa escuchar las Palabras de Jesús para darnos el
conocimiento directo de su adorable Persona y descubrirnos ese sello de verdad
inconfundible (Juan, 3, 19; 17, 17) que arrebata a todo el que lo escucha sin
hipocresía, como Él mismo lo dice en Juan, 7, 17?
El que así empiece a estudiar a Jesús en el Evangelio, dejará cada vez más de
encontrarlo raro. Entonces experimentará, no sin sorpresa grande y creciente, lo
que es creer en Él con fe viva, como aquellos samaritanos. Entonces querrá
conocerlo más y mejor y buscará los demás Libros del Nuevo Testamento y los
Salmos y los Profetas y la Biblia entera, para ver cómo en toda ella el Espíritu
Santo nos lleva y nos hace admirar a Jesucristo como Maestro y Salvador,
enviado del Padre y Centro de las divinas Escrituras, en Quien habrán de unirse
todos los misterios revelados (Juan 12, 32) y todo lo creado en el cielo y en la
tierra (Ef., 1, 10). Es, como vemos, cuestión de hacer un descubrimiento propio.
Un fenómeno de experiencia y de admiración. Todos cuantos han hecho ese
descubrimiento, como dice Dom Galliard, declaran que tal fue el más dichoso y
grande de sus pasos en la vida. Dichosos también los que podamos, como la
Samaritana, contribuir por el favor de Dios a que nuestros hermanos reciban
tan incomparable bien.
El amor lee entre líneas. Imaginemos que un extraño vio en una carta ajena este
párrafo: "Cuida tu salud, porque si no, voy a castigarte". El extraño puso los ojos
en la idea de este castigo y halló dura la carta. Mas vino luego el destinatario de
ella, que era el hijo a quien su padre le escribía, y al leer esa amenaza de
castigarle si no se cuidaba, se puso a llorar de ternura viendo que el alma de
aquella carta no era la amenaza sino el amor siempre despierto que le tenía su
padre, pues si le hubiera sido indiferente no tendría ese deseo apasionado de
que estuviera bien de salud.
Nuestras notas y comentarios, después de dar la exégesis necesaria para la
inteligencia de los pasajes en el cuadro general de la Escritura —como hizo
Felipe con el ministro de la reina pagana (Hech., 8, 30 s. y nota)— se proponen
ayudar a que descubramos (usando la visión de aquel hijo que se sabe amado y
no la desconfianza del extraño) los esplendores del espíritu que a veces están
como tesoros escondidos en la letra. San Pablo, el más completo ejemplar en esa
tarea apostólica, decía, confiando en el fruto, estas palabras que todo apóstol ha
de hacer suyas: "Tal confianza para con Dios la tenemos en Cristo; no porque
seamos capaces por nosotros mismos... sino que nuestra capacidad viene de
Dios..., pues la letra mata, mas el espíritu da vida" (II Cor., 3, 4-6).
La bondad del divino Padre nos ha mostrado por experiencia a muchas almas
que así se han acercado a Él mediante la miel escondida en su Palabra y que,
adquiriendo la inteligencia de la Biblia, han gustado el sabor de la Sabiduría que
es Jesús (Sab., 7, 26; Prov., 8, 22; Ecli., 1, 1), y hallan cada día tesoros de paz, de
felicidad y de consuelo en este monumento —el único eterno (Salmo 118, 89)—
de un amor compasivo e infinito (cf. Salmo 102, 13; Ef., 2, 4 y notas).
Para ello sólo se pide atención, pues claro está que el que no lee no puede saber.
Como cebo para esta curiosidad perseverante, se nos brindan aquí todos los
misterios del tiempo y de la eternidad. ¿Hay algún libro mágico que pretenda lo
mismo?
Sólo quedarán excluidos de este banquete los que fuesen tan sabios que no
necesitasen aprender; tan buenos, que no necesitasen mejorarse; tan fuertes,
que no necesitasen protección. Por eso los fariseos se apartaron de Cristo, que
buscaba a los pecadores. ¿Cómo iban ellos a contarse entre las "ovejas
perdidas"? Por eso el Padre resolvió descubrir a los insignificantes esos
misterios que los importantes —así se creían ellos— no quisieron aprender (Mt.
11, 25). Y así llenó de bienes a los hambrientos de luz y dejó vacíos a aquellos
"ricos" (Lc. 1, 53). Por eso se llamó a los lisiados al banquete que los normales
habían desairado (Lc., 14, 15-24). Y la Sabiduría, desde lo alto de su torre,
mandó su pregón diciendo: "El que sea pequeño que venga a Mí". Y a los que no
tienen juicio les dijo: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que os tengo
preparado" (Prov., 9, 3-5).
Dios es así; ama con predilección fortísima a los que son pequeños, humildes,
víctimas de la injusticia, como fue Jesús: y entonces se explica que a éstos, que
perdonan sin vengarse y aman a los enemigos, Él les perdone todo y los haga
privilegiados. Dios es así; inútil tratar de que Él se ajuste a los conceptos y
normas que nos hemos formado, aunque nos parezcan lógicos, porque en el
orden sobrenatural Él no admite que nadie sepa nada si no lo ha enseñado Él
(Juan, 6, 45; Hebr., 1, 1 s.). Dios es así; y por eso el mensaje que Él nos manda
por su Hijo Jesucristo en el Evangelio nos parece paradójico. Pero Él es así; y
hay que tomarlo como es, o buscarse otro Dios, pero no creer que Él va a
modificarse según nuestro modo de juzgar. De ahí que, como le decía San
Agustín a San Jerónimo, la actitud de un hombre recto está en creerle a Dios por
su sola Palabra, y no creer a hombre alguno sin averiguarlo. Porque los
hombres, como dice Hello, hablan siempre por interés o teniendo presente
alguna conveniencia o prudencia humana que los hace medir el efecto que sus
palabras han de producir; en tanto que Dios, habla para enseñar la verdad
desnuda, purísima, santa, sin desviarse un ápice por consideración alguna.
Recuérdese que así hablaba Jesús, y por eso lo condenaron, según lo dijo Él
mismo. (Véase Juan 8, 37, 38, 40, 43, 45, 46 y 47; Mt., 7, 29, etc.). "Me atrevería
a apostar —dice un místico— que cuando Dios nos muestre sin velo todos los
misterios de las divinas Escrituras, descubriremos que si había palabras que no
habíamos entendido era simplemente porque no fuimos capaces de creer sin
dudar en el amor sin límites que Dios nos tiene y de sacar las consecuencias que
de ellos se deducían, como lo habría hecho un niño".
Vengamos, pues, a buscarlo en este mágico "receptor" divino donde, para
escuchar su voz, no tenemos más que abrir como llave del dial la tapa del Libro
eterno. Y digámosle luego, como le decía un alma creyente: "¡Maravilloso
campeón de los pobres afligidos y más maravilloso campeón de los pobres en el
espíritu, de los que no tenemos virtudes, de los que sabemos la corrupción de
nuestra naturaleza y vivimos sintiendo nuestra incapacidad, temblando ante la
idea de tener que entrar, como agrada a los fariseos que Tú nos denunciaste, en
el "viscoso terreno de los méritos propios"! Tú, que viniste para pecadores y no
para justos, para enfermos y no para sanos, no tienes asco de mi debilidad, de
mi impotencia, de mi incapacidad para hacerte promesas que luego no sabría
cumplir, y te contentas con que yo te dé en esa forma el corazón, reconociendo
que soy la nada y Tú eres el todo, creyendo y confiando en tu amor y en tu
bondad hacia mí, y entregándome a escucharte y a seguirte en el camino de las
alabanzas al Padre y del sincero amor a mis hermanos, perdonándolos y
sirviéndolos como Tú me perdonas y me sirves a mí, ¡oh, Amor santísimo!".
Otra de las cosas que llaman la atención al que no está familiarizado con el
Nuevo Testamento es la notable frecuencia con que, tanto los Evangelios como
las Epístolas y el Apocalipsis, hablan de la Parusía o segunda venida del Señor,
ese acontecimiento final y definitivo, que puede llegar en cualquier momento, y
que "vendrá como un ladrón", más de improviso que la propia muerte (1 Tes.,
5), presentándolo como una fuerza extraordinaria para mantenernos con la
mirada vuelta hacia lo sobrenatural, tanto por el saludable temor con que hemos
de vigilar nuestra conducta en todo instante, ante la eventual sorpresa de ver
llegar al supremo Juez (Marc., 13, 33 ss.; Lc., 12, 35 ss.), cuanto por la amorosa
esperanza de ver a Aquel que nos amó y se entregó por nosotros (Gál., 2, 20);
que traerá con Él su galardón (Apoc. , 22, 12); que nos transformará a
semejanza de Él mismo (Filip., 3, 20 s.) Y nos llamará a su encuentro en los
aires (1 Tes., 4, 16 s.) y cuya glorificación quedará consumada a la vista de todos
los hombres (Mt., 26, 64; Apoc. 1, 7), junto con la nuestra (Col., 3, 4). ¿Por qué
tanta insistencia en ese tema que hoy casi hemos olvidado? Es que San Juan nos
dice que el que vive en esa esperanza se santifica como Él (1 Juan, 3, 3), y nos
enseña que la plenitud del amor consiste en la confianza con que esperamos ese
día (1 Juan, 4, 17). De ahí que los comentadores atribuyan especialmente la
santidad de la primitiva Iglesia a esa presentación del futuro que "mantenía la
cristiandad anhelante, y lo maravilloso es que muchas generaciones cristianas
después de la del 95 (la del Apocalipsis) han vivido, merced a la vieja profecía,
las mismas esperanzas y la misma seguridad: el reino está siempre en el
horizonte" (Pirot).
No queremos terminar sin dejar aquí un recuerdo agradecido al que fue nuestro
primero y querido mentor, instrumento de los favores del divino Padre:
Monseñor doctor Paul W. von Keppler, Obispo de Rotenburgo, pío exegeta y
sabio profesor de Tubinga y Friburgo, que nos guió en el estudio de las Sagradas
Escrituras. De él recibimos, durante muchos años, el estímulo de nuestra
temprana vocación bíblica con el creciente amor a la divina Palabra y la
orientación a buscar en ella, por encima de todo, el tesoro escondido de la
sabiduría sobrenatural. A él pertenecen estas palabras, ya célebres, que hacemos
nuestras de todo corazón y que caben aquí, más que en ninguna otra parte,
como la mejor introducción o "aperitivo" a la lectura del Nuevo Testamento que
él enseñó fervorosamente, tanto en la cátedra, desde la edad de 31 años, como
en toda su vida, en la predicación, en la conversación íntima, en los libros, en la
literatura y en las artes, entre las cuales él ponía una como previa a todas: "el
arte de la alegría". "Podría escribirse, dice, una teología de la alegría. No faltaría
ciertamente material, pero el capítulo más fundamental y más interesante sería
el bíblico. Basta tomar un libro de concordancia o índice de la Biblia para ver la
importancia que en ella tiene la alegría: los nombres bíblicos que significan
alegría se repiten miles y miles de veces. Y ello es muy de considerar en un libro
que nunca emplea palabras vanas e innecesarias. Y así la Sagrada Escritura se
nos convierte en un paraíso de delicias (Gén., 3, 23) en el que podremos
encontrar la alegría cuando la hayamos buscado inútilmente en el mundo o
cuando la hayamos perdido".
Los Hechos de los Apóstoles
El libro de los Hechos no pretende narrar lo que hizo cada uno de los apóstoles,
sino que toma, como lo hicieron los evangelistas, los hechos principales que el
Espíritu Santo ha sugerido al autor para alimento de nuestra fe (cf. Luc. 1, 4;
Juan 20, 31). Dios nos muestra aquí, con un interés histórico y dramático
incomparable, lo que fue la vida y el apostolado de la Iglesia en los primeros
decenios (años 30-63 del nacimiento de Cristo), y el papel que en ellos
desempeñaron los Príncipes de los Apóstoles, San Pedro (cap. 1-12) y San Pablo
(cap. 13-28). La parte más extensa se dedica, pues, a los viajes, trabajos y
triunfos de este Apóstol de los gentiles, hasta su primer cautiverio en Roma. Con
esto se detiene el autor casi inopinadamente, dando la impresión de que
pensaba escribir más adelante otro tratado.
No hay duda de que ese autor es la misma persona que escribió el tercer
Evangelio. Terminado éste, San Lucas retoma el hilo de la narración y compone
el libro de los Hechos (véase 1, 1), que dedica al mismo Teófilo (Luc. 1, 1 ss.). Los
santos Padres, principalmente S. Policarpo, S. Clemente Romano, S. Ignacio
Mártir, S. Ireneo, S. Justino, etc., como también la crítica moderna, atestiguan y
reconocen unánimemente que se trata de una obra de Lucas, nativo sirio
antioqueno, médico, compañero y colaborador de S. Pablo, con quien se
presenta él mismo en muchos pasajes de su relato (16, 10-17; 20, 5-15; 21, 1-18;
27, 1-28, 16). Escribió, en griego, el idioma corriente entonces, de cuyo original
procede la presente versión; pero su lenguaje contiene también aramaísmos que
denuncian la nacionalidad del autor.
La composición data de Roma hacia el año 63, poco antes del fin de la primera
prisión romana de S. Pablo, es decir, cinco años antes de su muerte y también
antes de la terrible destrucción de Jerusalén (70 d.C.), o sea, cuando la vida y el
culto de Israel continuaban normalmente.
El objeto de S. Lucas en este escrito es, como en su Evangelio (Luc. 1, 4),
confirmarnos en la fe y enseñar la universalidad de la salud traída por Cristo, la
cual se manifiesta primero entre los judíos de Jerusalén, después de Palestina y
por fin entre los gentiles.
El cristiano de hoy, a menudo ignorante en esta materia, comprende así mucho
mejor, gracias a este Libro, el verdadero carácter de la Iglesia y su íntima
vinculación con el Antiguo Testamento y con el pueblo escogido de Israel, al ver
que, como observa Fillion, antes de llegar a Roma con los apóstoles, la Iglesia
tuvo su primer estadio en Jerusalén, donde había nacido (1, 1-8, 3); en su
segundo estadio se extendió de Jerusalén a Judea y Samaria (8, 4-11, 18); tuvo
un tercer estadio en Oriente con sede en Antioquía de Siria (11, 19-13, 35), y
finalmente se estableció en el mundo pagano y en su capital Roma (13, 1-28, 31),
cumpliéndose así las palabras de Jesús a los apóstoles, cuando éstos reunidos lo
interrogaron creyendo que iba a restituir inmediatamente el reino a Israel: "No
os corresponde a vosotros saber los tiempos ni momentos que ha fijado el Padre
con su potestad. Pero cuando descienda sobre vosotros el Espíritu Santo
recibiréis virtud y me seréis testigos en Jerusalén y en toda la Judea y Samaria y
hasta los extremos de la tierra" (1, 7 s.). Este testimonio del Espíritu Santo y de
los apóstoles lo había anunciado Jesús (Juan 15, 26 s.) y lo ratifica S. Pedro (1,
22; 2, 32; 5, 32, etc.).
El admirable Libro, cuya perfecta unidad reconoce aún la crítica más adversa,
podría llamarse también de los "Hechos de Cristo Resucitado". "Sin él, fuera de
algunos rasgos esparcidos en las Epístolas de S. Pablo, en las Epístolas Católicas
y en los raros fragmentos que nos restan de los primeros escritores eclesiásticos,
no conoceríamos nada del origen de la Iglesia" (Fillion).
S. Jerónimo resume, en la carta al presbítero Paulino, su juicio sobre este divino
Libro en las siguientes palabras: "El Libro de los Hechos de los Apóstoles parece
contar una sencilla historia, y tejer la infancia de la Iglesia naciente. Mas,
sabiendo que su autor es Lucas, el médico, "cuya alabanza está en el Evangelio"
(II Cor. 8, 18), echaremos de ver que todas sus palabras son, a la vez que
historia, medicina para el alma enferma".
Las Epístolas de San Pablo
http://www.aciprensa.com/Biblia/romanos.htm
.A los Romanos
.I a los Corintios
.II a los Corintios
.A los Gálatas
.A los Efesios
.A los Filipenses
.A los Colosenses
. I a los Tesalonicenses
.II a los Tesalonicenses
.I a Timoteo
.II a Timoteo
.A Tito
.A Filemón
Saulo, que después de convertido se llamó Pablo —esto es, "pequeño"—, nació
en Tarso de Cilicia, tal vez en el mismo año que Jesús, aunque no lo conoció
mientras vivía el Señor. Sus padres, judíos de la tribu de Benjamín (Rom. 11, 1;
Filip. 3, 5), le educaron en la afición a la Ley, entregándolo a uno de los más
célebres doctores, Gamaliel, en cuya escuela el fervoroso discípulo se
compenetró de las doctrinas de los escribas y fariseos, cuyos ideales defendió
con sincera pasión mientras ignoraba el misterio de Cristo. No contento con su
formación en las disciplinas de la Ley, aprendió también el oficio de tejedor,
para ganarse la vida con sus propias manos. El Libro de los "Hechos" relata
cómo, durante sus viajes apostólicos, trabajaba en eso "de día y de noche",
según él mismo lo proclama varias veces como ejemplo y constancia de que no
era una carga para las iglesias (véase Hech. 18, 3 y nota).
Las tradiciones humanas de su casa y su escuela, y el celo farisaico por la Ley,
hicieron de Pablo un apasionado sectario, que se creía obligado a entregarse en
persona a perseguir a los discípulos de Jesús. No sólo presenció activamente la
lapidación de San Esteban, sino que, ardiendo de fanatismo, se encaminó a
Damasco, para organizar allí la persecución contra el nombre cristiano. Mas en
el camino de Damasco lo esperaba la gracia divina para convertirlo en el más fiel
campeón y doctor de esa gracia que de tal modo había obrado en él. Fue Jesús
mismo, el Perseguido, quien —mostrándole que era más fuerte que él— domó su
celo desenfrenado y lo transformó en un instrumento sin igual para la
predicación del Evangelio y la propagación del Reino de Dios como "Luz
revelada a los gentiles."
Desde Damasco fue Pablo al desierto de Arabia (Gál. 1, 17) a fin de prepararse,
en la soledad, para esa misión apostólica. Volvió a Damasco, y después de haber
tomado contacto en Jerusalén con el Príncipe de los Apóstoles, regresó a su
patria hasta que su compañero Bernabé le condujo a Antioquía, donde tuvo
oportunidad para mostrar su fervor en la causa de los gentiles y la doctrina de la
Nueva Ley "del Espíritu de vida" que trajo Jesucristo para librarnos de la
esclavitud de la antigua Ley. Hizo en adelante tres grandes viajes apostólicos,
que su discípulo San Lucas refiere en los "Hechos" y que sirvieron de base para
la conquista de todo un mundo.
Terminado el tercer viaje, fue preso y conducido a Roma, donde sin duda
recobró la libertad hacia el año 63, aunque desde entonces los últimos cuatro
años de su vida están en la penumbra. Según parece, viajó a España (Rom. 15,
24 y 28) e hizo otro viaje a Oriente. Murió en Roma, decapitado por los
verdugos de Nerón, el año 67, en el mismo día del martirio de San Pedro. Sus
restos descansan en la basílica de San Pablo en Roma.
Los escritos paulinos son exclusivamente cartas, pero de tanto valor doctrinal y
tanta profundidad sobrenatural como un Evangelio. Las enseñanzas de las
Epístolas a los Romanos, a los Corintios, a los Efesios, y otras, constituyen,
como dice San Juan Crisóstomo, una mina inagotable de oro, a la cual hemos de
acudir en todas las circunstancias de la vida, debiendo frecuentarlas mucho
hasta familiarizarnos con su lenguaje, porque su lectura —como dice San
Jerónimo— nos recuerda más bien el trueno que el sonido de palabras.
San Pablo nos da a través de sus cartas un inmenso conocimiento de Cristo. No
un conocimiento sistemático, sino un conocimiento espiritual que es lo que
importa. Él es ante todo el Doctor de la Gracia, el que trata los temas siempre
actuales del pecado y la justificación, del Cuerpo Místico, de la Ley y de la
libertad, de la fe y de las obras, de la carne y del espíritu, de la predestinación y
de la reprobación, del Reino de Cristo y su segunda Venida. Los escritores
racionalistas o judíos como Klausner, que de buena fe encuentran diferencia
entre el Mensaje del Maestro y la interpretación del apóstol, no han visto bien la
inmensa trascendencia del rechazo que la sinagoga hizo de Cristo, enviado ante
todo "a las ovejas perdidas de Israel" (Mt. 15, 24), en el tiempo del Evangelio, y
del nuevo rechazo que el pueblo judío de la dispersión hizo de la predicación
apostólica que les renovaba en Cristo resucitado las promesas de los antiguos
Profetas; rechazo que trajo la ruptura con Israel y acarreó el paso de la salud a la
gentilidad, seguido muy pronto por la tremenda destrucción del Templo, tal
como lo había anunciado el Señor (Mt. 24).
No hemos de olvidar, pues, que San Pablo fue elegido por Dios para Apóstol de
los gentiles (Hech. 13, 2 y 47; 26, 17 s.; Rom. 1, 5), es decir, de nosotros, hijos de
paganos, antes "separados de la sociedad de Israel, extraños a las alianzas, sin
esperanza en la promesa y sin Dios en este mundo" (Ef. 2, 12), y que entramos
en la salvación a causa de la incredulidad de Israel (véase Rom. 11, 11 ss.; cf.
Hech. 28, 23 ss. y notas), siendo llamados al nuevo y gran misterio del Cuerpo
Místico (Ef. 1, 22 s.; 3, 4-9; Col. 1, 26). De ahí que Pablo resulte también para
nosotros, el grande e infalible intérprete de las Escrituras antiguas,
principalmente de los Salmos y de los Profetas, citados por él a cada paso. Hay
Salmos cuyo discutido significado se fija gracias a las citas que San Pablo hace
de ellos; por ejemplo, el Salmo 44, del cual el apóstol nos enseña que es nada
menos que el elogio lírico de Cristo triunfante, hecho por boca del divino Padre
(véase Hebr. 1, 8 s.). Lo mismo puede decirse de S. 2, 7; 109, 4, etc.
El canon contiene 14 Epístolas que llevan el nombre del gran apóstol de los
gentiles, incluso la destinada a los Hebreos. Algunas otras parecen haberse
perdido (1 Cor. 5, 9; Col. 4, 16).
La sucesión de las Epístolas paulinas en el canon, no obedece al orden
cronológico, sino más bien a la importancia y al prestigio de sus destinatarios.
La de los Hebreos, como dice Chaine, si fue agregada al final de Pablo y no entre
las "católicas", fue a causa de su origen, pero ello no implica necesariamente que
sea posterior a las otras.
En cuanto a las fechas y lugar de la composición de cada una, remitimos al
lector a las indicaciones que damos en las notas iniciales.
Las Cartas Católicas
http://www.aciprensa.com/Biblia/santiago.htm
.Epístola de Santiago
.Epístola I de San Pedro
.Epístola II de San Pedro
.Epístola I de San Juan
.Epístola II de San Juan
.Epístola III de San Juan
.Epístola de San Judas

La carta de Santiago es la primera entre las siete


Epístolas no paulinas que, por no señalar varias de ellas un destinatario
especial, han sido llamadas genéricamente católicas o universales, aunque en
rigor la mayoría de ellas se dirige a la cristiandad de origen judío, y las dos
últimas de S. Juan tienen un encabezamiento aún más limitado. S. Jerónimo las
caracteriza diciendo que "son tan ricas en misterios como sucintas, tan breves
en palabras como largas en sentencias".
El Apocalipsis
Apocalipsis, esto es, Revelación de Jesucristo, se llama este misterioso Libro,
porque en él domina la idea de la segunda Venida de Cristo (cf. 1, 1 y 7; I Pedro
1, 7 y 13). Es el último de toda la Biblia y su lectura es objeto de una
bienaventuranza especial y de ahí la gran veneración en que lo tuvo la Iglesia (cf.
1, 3 y nota), no menos que las tremendas conminaciones que él mismo fulmina
contra quien se atreva a deformar la sagrada profecía agregando o quitando a
sus propias palabras (cf. 22, 18).
Su autor es Juan, siervo de Dios (1, 2) y desterrado por causa del Evangelio a la
isla de Patmos (1, 9). No existe hoy duda alguna de que este Juan es el mismo
que nos dejó también el Cuarto Evangelio y las tres Cartas que en el Canon
llevan su nombre. "La antigua tradición cristiana (Papías, Justino, Ireneo,
Teófilo, Cipriano, Tertuliano, Hipólito, Clemente Alejandrino, Orígenes, etc.)
reconoce por autor del Apocalipsis al Apóstol San Juan" (Schuster-Holzammer).
Vigouroux, al refutar a la crítica racionalista, hace notar cómo este
reconocimiento del Apocalipsis como obra del discípulo amado fue unánime
hasta la mitad del siglo III, y sólo entonces "empezó a hacerse sospechoso" el
divino Libro a causa de los escritos de su primer opositor Dionisio de
Alejandría, que dedicó todo el capítulo 25 de su obra contra Nepos a sostener su
opinión de que el Apocalipsis no era de S. Juan "alegando las diferencias de
estilo que señalaba con su sutileza de alejandrino entre los Evangelios y
Epístolas por una parte y el Apocalipsis por la otra". Por entonces "la opinión de
Dionisio era tan contraria a la creencia general que no pudo tomar pie ni aún en
la Iglesia de Alejandría, y S. Atanasio, en 367, señala la necesidad de incluir
entre los Libros santos al Apocalipsis, añadiendo que "allí están las fuentes de la
salvación". Pero la influencia de aquella opinión, apoyada y difundida por el
historiador Eusebio, fue grande en lo sucesivo y a ella se debe el que autores de
la importancia de Teodoreto, S. Cirilo de Jerusalén y S. Juan Crisóstomo en
todas sus obras no hayan tomado en cuenta ni una sola vez el Apocalipsis (véase
en la nota a 1, 3 la queja del 4o. Concilio de Toledo). La debilidad de esa
posición de Dionisio Alejandrino la señala el mismo autor citado mostrando no
sólo la "flaca" obra exegética de aquél, que cayó en el alegorismo de Orígenes
después de haberlo combatido, sino también que, cuando el cisma de Novaciano
abusó de la Epístola a los Hebreos, los obispos de Africa adoptaron igualmente
como solución el rechazar la autenticidad de todo ese Libro y Dionisio estaba
entre ellos (cf. Introducción a las Epístolas de S. Juan). "S. Epifanio, dice el P.
Durand, había de llamarlos sarcásticamente (a esos impugnadores) los Alogos,
para expresar, en una sola palabra, que rechazaban el Logos (razón divina) ellos
que estaban privados de razón humana (a-logos)". Añade el mismo autor que el
santo les reprochó también haber atribuido el cuarto Evangelio al hereje Cerinto
(como habían hecho con el Apocalipsis), y que más tarde su maniobra fue
repetida por el presbítero romano Cayo, "pero el ataque fue pronto rechazado
con ventaja por otro presbítero romano mucho más competente, el célebre S.
Hipólito mártir".
S. Juan escribió el Apocalipsis en Patmos, una de las islas del mar Egeo que
forman parte del Dodecaneso, durante el destierro que sufrió bajo el emperador
Domiciano, probablemente hacia el año 96. Las destinatarias fueron "las siete
Iglesias de Asia" (Menor), cuyos nombres se mencionan en 1, 11 (cf. nota) y cuya
existencia, dice Gelin, podría explicarse por la irradiación de los judíos
cristianos de Pentecostés (Hech. 2, 9), así como Pablo halló en Éfeso algunos
discípulos del Bautista (Hech. 19, 2).
El objeto de este Libro, el único profético del Nuevo Testamento, es consolar a
los cristianos en las continuas persecuciones que los amenazaban, despertar en
ellos "la bienaventurada esperanza" (Tito 2, 13) y a la vez preservarlos de las
doctrinas falsas de varios herejes que se habían introducido en el rebaño de
Cristo. En segundo lugar el Apocalipsis tiende a presentar un cuadro de las
espantosas catástrofes y luchas que han de conmover al mundo antes del triunfo
de Cristo en su Parusía y la derrota definitiva de sus enemigos, que el Padre le
pondrá por escabel de sus pies (Hebr. 10, 13). Ello no impide que, como en los
vaticinios del Antiguo Testamento y aún en los de Jesús (cf. p. ej. Mt. 24 y
paralelos), el profeta pueda haber pensado también en acontecimientos
contemporáneos suyos y los tome como figuras de lo que ha de venir, si bien nos
parece inaceptable la tendencia a ver en estos anuncios, cuya inspiración
sobrenatural y alcance profético reconoce la Iglesia, una simple expresión de los
anhelos de una lejana época histórica o un eco del odio contra el imperio
romano que pudiera haber expresado la literatura apocalíptica judía posterior a
la caída de Jerusalén. A este respecto la reciente Biblia de Pirot, en su
introducción al Apocalipsis, nos previene acertadamente que "autores católicos
lo han presentado como la obra de un genio contrariado... a quien
circunstancias exteriores han obligado a librar a la publicidad por decirlo así su
borrador" y que en Patmos faltaba a Juan "un secretario cuyo cálamo hubiese
corregido las principales incorrecciones que salían de la boca del maestro que
dictaba". ¿No es esto poner aun más a prueba la fe de los creyentes sinceros ante
visiones de suyo oscuras y misteriosas por voluntad de Dios y que han sido
además objeto de interpretaciones tan diversas, históricas y escatológicas,
literales y alegóricas pero cuya lectura es una bienaventuranza (1, 3) y cuyo
sentido, no cerrado en lo principal (10, 3 y nota), se aclarará del todo cuando lo
quiera el Dios que revela a los pequeños lo que oculta a los sabios? (Lc. 10, 21).
Para el alma "cuya fe es también esperanza" (I Pedro 1, 19), tales dificultades,
lejos de ser un motivo de desaliento en el estudio de las profecías bíblicas,
muestran al contrario que, como dice Pío XII, deben redoblarse tanto más los
esfuerzos cuanto más intrincadas aparezcan las cuestiones y especialmente en
tiempos como los actuales, que los Sumos Pontífices han comparado tantas
veces con los anuncios apocalípticos (cf. 3, 15 s. y nota) y en que las almas,
necesitadas más que nunca de la Palabra de Dios (cf. Am. 8, 11 y nota), sienten
el ansia del misterio y buscan como por instinto refugiarse en los consuelos
espirituales de las profecías divinas (cf. Ecli. 39, 1 y nota), a falta de las cuales
están expuestas a caer en las fáciles seducciones del espiritismo, de las sectas, la
teosofía y toda clase de magia y ocultismo diabólico. "Si no le creemos a Dios,
dice S. Ambrosio, ¿a quién le creemos?".
Tres son los sistemas principales para interpretar el Apocalipsis. El primero lo
toma como historia contemporánea del autor, expuesta con colores
apocalípticos. Esta interpretación quitaría a los anuncios de S. Juan toda su
trascendencia profética y en consecuencia su valor espiritual para el creyente.
La segunda teoría, llamada de recapitulación, busca en el libro de S. Juan las
diversas fases de la historia eclesiástica, pasadas y futuras, o por lo menos de la
historia primera de la Iglesia hasta los siglos IV y V, sin excluir el final de los
tiempos. La tercera interpretación ve en el Apocalipsis exclusivamente un libro
profético escatológico, como lo hicieron sus primeros comentadores e
intérpretes, es decir S. Ireneo, S. Hipólito, S. Victorino, S. Gregorio Magno y,
entre los posteriores modernos, Ribera, Cornelio a Lápide, Fillion, etc. Este
concepto, que no excluye, como antes dijimos, la posibilidad de las alusiones y
referencias a los acontecimientos históricos de los primeros tiempos de la
Iglesia, se ha impuesto hoy sobre los demás, como que, al decir de Sickenberger,
la profecía que Jesús revela a S. Juan "es una explanación de los conceptos
principales del discurso escatológico de Jesús, llamado el pequeño Apocalipsis".
Debemos además tener presente que este sagrado vaticinio significa también
una exhortación a estar firmes en la fe y gozosos en la esperanza, aspirando a los
misterios de la felicidad prometida para las Bodas del Cordero. Sobre ellos dice
S. Jerónimo: "el Apocalipsis de S. Juan contiene tantos misterios como
palabras; y digo poco con esto, pues ningún elogio puede alcanzar el valor de
este Libro, donde cada palabra de por sí abarca muchos sentidos". En cuanto a
la importancia del estudio de tan alta y definitiva profecía, nos convence ella
misma al decirnos, tanto en su prólogo como en su epílogo, que hemos de
conservar las cosas escritas en ella porque "el momento está cerca (1, 3; 22, 7).
Cf. I Tes. 5, 20; Hebr. 10, 37 y notas. "No sea que volviendo de improviso os
halle dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad! (Marc. 13, 36
s.). A "esta vela que espera y a esta esperanza que vela" se ha atribuido la
riqueza de la vida sobrenatural de la primitiva cristiandad (cf. Sant. 5, 7 y nota).
En los 404 versículos del Apocalipsis se encuentran 518 citas del Antiguo
Testamento, de las cuales 88 tomadas de Daniel. Ello muestra sobradamente
que en la misma Biblia es donde han de buscarse luces para la interpretación de
esta divina profecía, y no es fácil entender cómo en visiones que S. Juan recibió
transportado al cielo (4, 1 s.) pueda suponerse que nos haya ya dejado, en los 24
ancianos, "una transposición angélica de las 24 divinidades babilónicas de las
constelaciones que presidían a las épocas del año", ni cómo, en las langostas de
la 5a. trompeta, podría estar presente "la imaginería de los
centauros", etc. Confesamos que, estimando sin restricciones la labor científica y
crítica en todo cuanto pueda allegar elementos de interpretación al servicio de la
Palabra divina, no entendemos cómo la respetuosa veneración que se le debe
pueda ser compatible con los juicios que atribuyen al autor incoherencias,
exageraciones, artificios y fallas de estilo y de método, como si la inspiración no
le hubiese asistido también en la redacción, si es verdad que, como lo declara el
Concilio Vaticano, confirmando el de Trento, la Biblia toda debe atribuirse a
Dios como primer autor

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Planta de Papiro

Papiro en formato de Rollo

PROCESO HISTÓRICO
El nombre que más se usa para designar a la Palabra de Dios es el de Biblia. La Biblia
no vendría hacer un solo libro, sino más bien un compendio de libros. La palabra
"Biblia" deriva del vocablo griego Bí - bli - a, que es plural de la palabra Biblión, que
significa "Los libros" o "Los Libritos". La procedencia del vocablo griego Biblia deriva
posiblemente de Biblos, este era un importante puerto comercial del Mediterráneo
Oriental donde se compraban papiros y otros materiales necesarios para escribir. En el
siglo primero se escribía sobre papiros. El papiro se obtenía de la planta del mismo
nombre. En el interior del tallo de la planta existen unos largos filamentos a partir de
los cuales se elaboraban los papiros utilizados para la escritura. En la antigüedad los
rollos de papiro constituían el vehículo más importante para la transmisión y
conservación del conocimiento humano. La nación que ha conservado mayor número de
papiros es Egipto. Ello se debe a que el papiro sólo resiste largo tiempo en climas muy
calientes y secos. Sólo siglos después (en el siglo IV) comenzará a utilizarse el
pergamino, formado por piel de animales, las cuales, convenientemente tratadas, se
reducían a hojas finas y lisas. En un primer momento los papiros se
utilizaban en el llamado formato “rollo”. Sólo se
escribía por una cara y para leer había que desenrollarlo hasta el lugar deseado. Los
judíos tenían la Torá escrita en rollos. Un rollo de fax se parece mucho a un rollo
antiguo Ya en la segunda mitad del siglo I los cristianos comienzan a utilizar el formato
códice, que es como los libros actuales. Se escribe por las dos caras, encuadernando los
papiros como los actuales libros. Las ventajas prácticas del formato códice eran
evidentes: se ahorraba papiro, puesto que se escribía en ambas

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Formato Códice

caras de las hojas; tenía un formato compacto y a menudo cabía en un bolsillo; era fácil
de manejar y podía hojearse de prisa buscando una referencia; era fácil de guardar y
también de ocultar en épocas de persecuciones. En concreto, y para los cuatro
Evangelios y los Hechos se necesitaba un sólo códice, en lugar de cinco rollos, con lo
que resultaba más fácil enviar los textos cristianos por todo el imperio.
GENERALIDADES
Nuestra Biblia en su conjunto agrupa a 66 libros escritos en tres idiomas: Hebreo,
Arameo y Griego, y en tres continentes: Asia, África y Europa. Fue escrito por unos 40
autores que vivieron en diferentes épocas, en un lapso de 1600 años, desde 1513 a. C.
Hasta cerca del año 98 d.C. La Biblia contiene 1,189 capítulos, 929 capítulos en el AT
y 260 en el NT. Y distribuidos en 594 capítulos antes del salmo 118 y 594 después del
salmo 118. El centro de la Biblia es el salmo 118: 8. El capítulo 29 del libro de Job es el
centro del AT y el capítulo 8 de Romanos es el centro del NT. Existen
3‟566,480 letras
, 773,693 palabras, 31,102 versículos y 3,573 promesas aproximadamente. El libro más
corto de toda la Biblia es la epístola de 2 Juan; contiene sólo un capítulo con trece
versículos. Por el contrario, el más extenso es el libro de los Salmos con 150 capítulos,
y el segundo es Isaías con 66 capítulos. El capítulo más grande es el salmos 119 y el
salmos 117 es el capítulo mas pequeño. El versículo más grande de toda la Biblia se
encuentra en el libro de Esther, en el capítulo 8, versículo 9; y el más pequeño es Éxodo
20:13 y Juan 11:35 (ambos versículos
tienen 9 letras si consideramos que la letra “LL” es una doble letra “L”).
El AT termina con una Maldición y el NT con una bendición. Según algunos estudios,
dicen que el libro de Isaías es la Biblia en miniatura. Veamos: Isaías tiene 66 capítulos,
la Biblia 66 libros. El 1er capítulo de Isaías comienza como Génesis: la desobediencia y
el pecado del hombre. El capítulo 40 de Isaías profetiza sobre Juan el bautista, y el libro
N° 40 de la Biblia es Mateo el cual habla de Juan el Bautista. El último capítulo de
Isaías termina en el verso 22. Dice: "Como los cielos nuevos y la nueva tierra" al igual
que Apocalipsis, y el último verso de Isaías termina sobre la condenación del hombre
impío, como también lo dice Apocalipsis. La notable unidad y coherencia de la Biblia
confirma que es auténtica y revela un solo autor: El Espíritu Santo (
2 Tim.
3: 16). La Biblia es el libro más antiguo del mundo que aún sobrevive. Cada año se
distribuyen unos sesenta millones de Biblias o porciones de ella. La primera edición
impresa con caracteres móviles salió de la prensa del inventor alemán Johanes
Gutemberg en el año 1455. Hasta entonces el que quería una Biblia, o parte de ella,
tenía que copiarla o pagar a quien se las copiase.

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Desde aquel año que Gutemberg dio es gran paso, se han impreso unos cuatro mil
millones de Biblias y porciones de ella, rompiendo así el record mundial en cuanto al
libro de mayor tirada impreso en el mundo. Es pues la Biblia también el libro del cual
más traducciones se hacen hasta la actualidad. El informe anual de lenguas de las
Escrituras, publicado por las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU), registra cada nueva
traducción de las Escrituras que se han añadido en el año pasado a las colecciones de los
depósitos de las dos bibliotecas de la Sociedad Bíblica. Estas bibliotecas son la de la
Sociedad Bíblica Americana en Nueva York y la de la Sociedad Bíblica Británica y
Extranjera, que custodia la Biblioteca de la Universidad de Cambridge. Esto quiere
decir que en la actualidad más del 90% de la humanidad tiene acceso a la Biblia en
forma íntegra o a una porción de ella en su propio idioma. De modo que este libro ha
traspasado las fronteras y rebasado las barreras raciales y étnicas.
Cuadro De Traducciones De Las SBU Al 31 De Diciembre Del 2003

CONTINENTE/REGIÓN

BIBLIAS

NT

PORCIONES

TOTAL

África
153

293

219

6
65

Asia

129

232

224

585

Australia/Pacífico

37

21
7

165

414

Europa

61

35

113

209

América del Norte

28

40

75
América Central / Sur y Caribe

26

263

115

404

Lenguas construidas

TOTAL

414

1.068

873

2.355

Una característica que debemos tomar en cuenta en el estudio de la Biblia, es que al


principio no existían divisiones entre capítulos y versículos, tampoco existían las comas,
los puntos y cualquier otro orden gramatical, ya que las primeras clases de gramáticas
surgieron en la Época del Renacimiento durante los siglos XV y XVI d.C. En los
manuscritos Hebreos más tempranos la Biblia estaba dividida en versos, pero los versos
no estaban numerados. Las divisiones en Capítulos fueron agregadas en las Biblias
Cristianas por el Arzobispo Inglés Stephen Langton después del año 1,200 y la
numeración de versículos se encuentra por primera vez en la Biblia de Bombers (1547).
Los términos Antiguo y Nuevo testamento sirve para hacer referencia a la "alianza" o
"pacto" sellado entre Dios y la raza humana; estos términos de Antiguo y Nuevo
Testamento sólo se empezaron a usar a fines del siglo II d.C. para designar a los libros
de las Sagradas Escrituras. El AT fue escrito en lenguajes muy distintos del castellano,
en su mayoría en la lengua Hebrea, este lenguaje hebreo originalmente se escribía sin
vocales; es decir sólo se usaba las consonantes, por eso que existen ciertas palabras que
son difíciles de encontrar su verdadero significado; por ejemplo el tetragrama HWHY
(en hebreo), YHWH (en castellano)
8

Ministerio D’CRISTO

que traducido podría ser: Jehová o Yahvé. En cambio el NT fue escrito en su mayoría
en griego, este lenguaje se asemeja un poco al castellano, por ejemplo la palabra
"baptismos" (en griego) se escribe bautismo (en castellano). Otro de los idiomas en que
fue escrita la Biblia es el arameo, que era una lengua de escritura muy similar al hebreo.
Después de la deportación de Babilonia se comenzó a utilizar este lenguaje entre los
judíos, tal es así que en los tiempos de Jesús el arameo era el idioma de uso común. El
evangelista Marcos tradujo varias palabras del Señor Jesús que fueron dichas en
arameo, como por ejemplo:

Talita Coiné = Niña levántate (Mr. 5: 41)

Corbán = Mi ofrenda a Dios (Mr. 7: 11)

Efata = Sé abierto (Mr. 7: 34)

Eloi, Eloi ¿lama sabactani? = Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has desamparado? (Mr.
15: 34)
SU SUPERVIVENCIA
La Biblia, empero, no sólo es única por su supervivencia durante los tiempos sin
imprenta, sino también por la supervivencia bajo muchas acometidas implacables.
Durante siglos hubo hombres que intentaron destruirla y quemarla. Reyes y césares
incluso líderes religiosos lo consiguieron con celo fanático. Diocleciano, en 303 d.C.,
ordenó la erradicación de todos los cristianos y su santo libro. Fue la mayor acometida
contra la Biblia: murieron cientos de miles de cristianos y casi todos los manuscritos de
la Biblia fueron destruidos. Sin embargo, la Biblia volvió a emerger rápidamente, y la
ironía de la historia fue que, 22 años después, Constantino, en el 1
er
concilio ecuménico, elevó la Biblia a autoridad infalible. Asimismo encargó a Eusebio
hacer 50 copias de la Biblia a costa del gobierno. Algo semejante ocurrió con
frecuencia. El racionalista francés, Voltaire, muerto en 1778, se atrevió a decir que la
Biblia, luego de 100 años, sólo sería una antigüedad; pero a los 50 años de su muerte, la
Geneva Bible Society inauguró su imprenta y casa para producir montones de Biblias.
Al Imperio Romano sucede la Edad Media. La Iglesia Romana privó al pueblo de la
Biblia tan eficazmente que durante siglos fue casi desconocida. Lutero, según nos dice,
ya era adulto cuando viera una Biblia. Por decisiones conciliares y anatemas papales, las
Biblias fueron quemadas en público, y lectores de la Biblia condenados, martirizados y
quemados vivos por la Inquisición. Luego de la Reforma, llegó un lento cambio al
respecto. En Alemania brotó una legión de racionalistas que concibió los ataques más
salvajes y violentos. Pero desde entonces la Biblia es más divulgada, leída y querida que
nunca. Los enemigos han muerto, sus acometidas fueron rechazadas, y la Biblia se
mantiene firme como una roca.

¿Qué libro puede comparársele? Es el más divulgado, porque es el más querido en la


tierra. Pero lo asombroso es que, al mismo tiempo, sea el más citado y criticado del
mundo. Ni un capitulo ni una línea se vio libre de crítica; ¿hay otro libro en la literatura
al que le ocurra esto? Sí, hay muchos que también han sido muy criticados; pero éstos
cayeron en el olvido.

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Existen hoy en día diferentes hipótesis sobre la autenticidad de la inspiración de Biblia


de entre las cuales sólo nos ocuparemos de dos de ellas: 1. Lo que creemos los
cristianos 2. Lo que creen los "liberales" (se les da este nombre a un grupo de personas
que distorsionan las sanas doctrinas de la Biblia).
CREENCIA DE LOS CRISTIANOS
Los cristianos nos añadimos a la creencia de lo que la tradición de los judíos piadosos
han creído, que los libros del AT. han sido inspiradas por Dios
(2 Tim.
3: 16
, 1 Ped.
1: 21
)
y escritos por Moisés y por los profetas, creemos que estos libros fueron escritos por
los hombres cuyos nombres aparecen en el encabezamiento de los libros, y que
escribieron en las fechas que tradicionalmente se han aceptado; es más creemos que las
palabras que el Señor Jesús declaró son eficaces y verdaderas y el Señor declaró que
Moisés escribió los libros de la Ley (
Lc
. 24: 27; 20:28;
Mr
. 12: 26 ;
Jn
. 7: 19). En cuanto al NT, Jesús dijo que sus enseñanzas eran las palabras de su Padre
(Jn
. 14: 10; 17: 14
)
. El apóstol Pedro hace referencia a las epístolas del
apóstol Pablo como “Escrituras”, catalogándolas así como parte de la Palabra de
Dios
(1 Ped
. 3: 15

16
).
Cito a continuación algunas evidencias del porqué la Biblia es divinamente inspirada,
escrita por Luisa Jeter en el libro ¿Cuál camino? Pág. 122.

Su admirable unidad de tema y falta de contradicciones a pesar de haber sido escrita


por unos cuarenta hombres distintos, en un período que abarca mil seiscientos años.
Su superioridad a todo lo demás producido por la raza humana en cuanto a moralidad,
literatura y leyes.

El cumplimiento de sus profecías y de sus promesas.

Su indestructibilidad.

Su universalidad. Puede satisfacer el corazón humano en toda época, lugar y condición


de vida.

Su referencia a verdades científicas desconocidas para los escritores.

Confirmación de la veracidad de sus partes históricas.

Su poder transformador en los que creen sus palabras.

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Ministerio D’CRISTO

Representación de un
Escriba

CREENCIA DE LOS LIBERALES


El otro grupo llamados "liberales" tal parece que se ciñen a las enseñanzas del apóstata
Wellhausen, Julio Wellhausen nació en Alemania en 1844 y murió en la ciudad de
Gottinga en 1918. Este hombre era profesor de teología, pero no creía en la intervención
sobrenatural o divina en la historia de la humanidad, renunció su fe en Dios y por tanto
en los milagros. Siendo ya un ateo por convicción dedicó muchos años de su vida al
estudio de los libros del AT. llegando a elaborar una teoría en la cual sostenía que la
mayoría de los libros del AT. recibieron su forma actual después del retorno de los
judíos de la cautividad en Babilonia en el año 536 a.C. Según Wellhausen, el Pentateuco
no lo escribió Moisés, sino más bien constituye una recopilación de libros que él mismo
inventó y que denomina: - Fuente Jehovista - Fuente Elohísta - Fuente Sacerdotal En
su opinión Moisés no escribió ninguno de los libros que llevan su nombre, ni Isaías, ni
Daniel escribieron los libros que llevan su nombre. Tal parece que Wellhausen adoptó
la teoría del médico Francés Jean Astruc quien presentó bajo el nombre de "
Hipótesis documental
" su teoría sobre el origen de la Biblia. En él procuraba demostrar por el análisis de los
estilos literarios del Pentateuco, que éste era sólo una recopilación de fragmentos de
mitos, leyendas y tradiciones, según Astruc, varios hombres lo escribieron siglos
después de Moisés, y señala que sus escritos han sido recopilados, corregidos y
atribuidos a Moisés. Lo más curioso de todo esto es que la teoría de éste ateo se ha
infiltrado en las esferas intelectuales del cristianismo y se ha convertido en maestro y
orientador de muchos evangélicos como católicos enseñando esto en seminarios e
Institutos Bíblicos. Las Escrituras son muy claras a la hora de afirmar que los cinco
primeros libros de la Biblia (el denominado Pentateuco) fueron obra de Moisés. En el
mismo Pentateuco se indica que Moisés lo escribió (
Ex
. 17:14; 24:4; 34:27;
Nm
. 33:1-2;
Dt
. 31:9 y 22) y este testimonio es repetido en otras partes del AT. (
Jos
. 1:7-8;
Jue
. 3:4;
1R
. 2:3;
2R
. 14:6; 21:8;
2 Cr
. 25:4;
Esd
. 6:16). Por si fuera poco, el testimonio de Jesús (
Mt
. 8:4;
Mr
. 7:10; 10:5;
Lc
. 20:37;
Jn
. 5:47; 7:19, etc.) y de los apóstoles (
Hch
. 3:22; 15:5-21, etc.) es unánime al respecto: el autor del Pentateuco fue el que señala la
Biblia, es decir, Moisés.

11

Ministerio D’CRISTO

Impresión de la p
rimera Biblia

La teología liberal ha insistido en que el libro de Isaías sólo fue escrito por este profeta
parcialmente. Según la misma, mientras que los primeros capítulos, en todo o en parte,
podían atribuirse a él, a partir del capítulo 40 nos encontraríamos con la obra de
distintos autores del siglo VI a.C., es decir, posteriores al menos en dos siglos a Isaías.
El NT niega rotundamente esta posibilidad y así atribuye a Isaías textos cuya autoría
niega la teología liberal (
Mt
. 3:3 cita de
Is
. 40:3:
Lc
. 4 de
Is
. 61:1 ss;
Mt
. 8:17 de
Is
. 53:4;
Mt
. 12:17 de
Is
. 42:14). Una vez más se impone la disyuntiva de elegir entre el testimonio de la Biblia
y el de la teología liberal. Dentro de los textos cuya autoría ha sido negada de manera
especial por los autores liberales se encuentra el libro de Daniel. El propio Jesús lo
atribuye a Daniel, un profeta del siglo VI a.C. (
Mt.
24:15) Por el contrarío, la teología liberal insiste en que no fue escrito sino en el siglo II
a.C., por un autor desconocido. Por lo tanto, sus profecías no son tales porque la obra
fue redactada con posterioridad. La teología liberal no sólo cuestionó los datos que la
Biblia proporciona acerca del AT sino que además atribuyó, de manera casi inmediata,
el carácter de falsificaciones a los escritos del NT, pocos de éstos, según el liberalismo
teológico, habían sido redactados por sus autores ya que, en realidad, se debían a la
mano de otros personajes anónimos que se habían ocultado bajo los mismos. Los
conceptos que imparte la teología liberal no serían cuestionados sino no existiera
abundante material histórico que echan por tierra todo tipo de argumentos contrarios a
la doctrina ortodoxa de la Biblia.

12

Ministerio D’CRISTO

A. PARA EL ANTIGUO TESTAMENTO


Llamamos "Antiguo Testamento" al conjunto de Libros Sagrados que los judíos
denominan tenakh. Torah, Nebi'im, Ketubim, que significa Ley, Profetas y Escritos, y
que constituyen, para judíos y cristianos, la más antigua fuente de revelación divina
escrita. Lamentablemente los escritos originales de la Biblia no sobreviven hoy en día,
probablemente se desintegraron a través del tiempo. Los escritores de la Biblia no
grabaron sus palabras en piedras o metales; si no que utilizaron materiales perecederos,
los más antiguos se escribieron sobre papiro y mucho más tarde los pergaminos, estos
dos materiales de escritura estaban amenazados por la humedad, el moho y varios tipos
de gusanos, teniendo a desaparecer con mayor facilidad el papiro. Cuando los escritos
originales dejaron de existir, estas copias se convirtieron en la base de los futuros
manuscritos y así sucesivamente fueron haciéndose copias de otras copias durante
siglos.
LOS SOFERINES
El término hebreo que traduce la palabra "copista" es So - Fér, que alude a la acción de
contar y registrar cada palabra. En el antiguo Israel ser copista o escriba llegó a ser una
profesión (
Esd
. 7: 6;
Sal
. 45: 1). Los copistas o soferines eran gentes profesionales que vivían entregados a su
labor. Sentían profunda reverencia por las palabras que copiaban. Poco después de
haberse escrito los originales, se tuvo la necesidad de realizarse copias, de hecho que en
esos tiempos no existía la fotocopiadora, sino que las copias se hacían a mano.
Se puede considerar a los “soferim” como los predecesores de los “masoretas”. A su vez
los soferines
son los herederos d
e los “Escribas” que copiaron
los rollos bíblicos en la época del exilio y el postexilio. Durante quinientos años los
soferines fueron colocando las bases para la futura vocalización y el establecimiento
de una “interpretación autorizada” rabínica.
Hillel (60 a.C. - 20 d.C.), era un sóferim, establecido en Jerusalén a finales
del siglo I a.C. Correspondió a la escuela de Hillel iniciar el proceso para “oficializar”,
en el seno del judaísmo, un grupo de textos de la Biblia hebrea empleados en su nativa
Babilonia. Ellos seleccionaron una sola tradición textual, que puede ser
llamada “Proto
-
Masorética” (anterior a los textos masoréticos); un texto que ya
llevaba existiendo homogéneamente algún tiempo

13

Ministerio D’CRISTO

A partir de aquel momento existió una fuerte tendencia entre los rabinos y escribas para
no permitir que se reprodujesen otras líneas de tradición textual (de
las Escrituras Hebreas), salvo los “Proto
-Masoréticos los otros fueron borradas a finales del siglo I d.C. y comienzos del siglo
siguiente, tan sólo quedaron reflejos de
estos textos, conservados en la versión de los “LXX”, el “Pentateuco Samaritano” y
en citas de escritos apócrifos o del NT. El personaje representativo del período posterior
a la destrucción del Templo de Jerusalén fue el rabino Akiba. Su m
ayor esfuerzo estuvo orientado a “fijar” el
texto consonántico de la Biblia hebrea. Akiba fue heredero del proceso iniciado en la
época de Hillel. Akiba, al igual que sus antecesores, mantuvo la preocupación por la
pureza textual, concretamente la conservación del texto heredado de las escuelas
rabínicas (el texto “Proto
-
Masorético”) y la “lista” difundida por círculos fariseos. Para
asegurar el predominio exclusivo de los Proto Masoréticos se dictaron Leyes
estrictísimas para su copiado. El movimiento orie
ntado hacia la “pureza” del texto floreció en la segunda
parte del siglo II d.C. bajo el liderazgo de Akiba. El biblista
José Salguero

sostienen que en el “segundo período de la historia


del texto hebreo del AT (siglo I d.C. al siglo V d.C.) se caracteriza por la fijación
definitiva del texto (consonántico).
Se elige una recensión y se eliminan las variantes, quedando así fijado un texto
uniforme que prevalece sobre los demás y se propaga rápidamente
. Ello fue obra de los „sóferim‟ o escribas, y será
perf
eccionado por los masoretas”.

LOS MASORETAS

El término “
masorah
” deriva de la raíz hebrea “atar”. Otros consideran que viene del verbo “transmitir”. El
término “masorah” significa “tradición”.

La “masorah”
comienza a desarrollarse alrededor del año 500 de la era cristiana y tiene vigencia hasta
el año 1000 D. de C.
A partir del siglo VI los “masoretas” toman el lugar de los “sóferim”, los
antiguos Escribas, a cuyo cargo estuvo el cuidado y transmisión del texto bíblico.
Además de la labor de copiado, los masoretas introdujeron un aparato textual a cuya luz
se interpretó la Sagrada Escritura. Los eruditos hebreos se dedicaron a incorporar y
unificar las tradiciones de puntuación, vocalización, acentuación y división de los textos
en hebreo, hasta ese momento de estructura consonántica. Sus copias manuscritas se
llamaban "textos masoréticos". La masorah cumple una doble función:

Conservar la integridad del texto.

Interpretar el texto.
Existieron tres “tradiciones” o “escuelas” de masoretas: una en
Babilonia
, otra en
Palestina
y otra en
Tiberiades
(Galilea). Con el pasar de los siglos fue

14
Ministerio D’CRISTO

imponiéndose
la “
tradición tiberiense
”. En Tiberiades convivieron a su vez dos “corrientes”, la de la familia de los
Ben Aser
, y la de los
Ben Neftalí
. Cada una representaba ciertos rasgos propios. Entre ambas prevaleció la de
Ben Aser
. El más famoso de los
Ben Aser
fue el último expositor de la escuela,
Aaron Ben

Moisés

Ben Aser
. A esta familia se atribuyen los Códices de Alepo y de San Petersburgo (los textos
masoréticos de mayor antigüedad disponibles). Los masoretas asumieron la
responsabilidad de realizar las copias de las Escrituras del AT. A fin de comprobar su
trabajo, los masoretas utilizaron diversos sistemas. Para no omitir ni una sola letra del
texto bíblico, iban al extremo de contar tanto las palabras como las letras de cada libro,
y después de copiar un libro, contaban las palabras de la copia, para estar seguros de que
no habían omitido ni añadido palabra alguna a la copia. Para darnos una idea de lo que
hacían los masoretas para preservar las escrituras, enlisto una serie de condiciones que
seguían a la hora de realizar su trabajo de copiar un manuscrito de las Escrituras del AT
a otro. Estas características, a ti y a mi nos deben dar un alto nivel de confianza en las
traducciones fieles que tenemos de la Biblia hoy en día lo que viene a corroborar el
origen sobrenatural de la Palabra puesto que ningún otro libro de la historia, es ni ha
sido transmitido como la Biblia. 1. Las pieles de los animales que se utilizaban para un
manuscrito debían ser de animales limpios. 2. Las pieles debían ser preparadas por un
judío. 3. Las piezas de pieles se debían unir por hilo hecho con pelo de animales
limpios. 4. Cada pergamino debía tener la misma cantidad de columnas y ellas del
mismo tamaño. 5. Las columnas debían tener un ancho de 30 letras y no menos de 48 o
más de 60 renglones. 6. La columna debía iniciar con una letra completa y terminar con
no menos de 4 palabras. 7. La tinta debía ser negra preparada de una forma especial. 8.
El copista estaba obligado a escribir todo copiando sin hacer nada de memoria. 9. El
espacio entre consonantes debía medirse con el ancho de un hilo o de un cabello 10. El
espacio entre secciones debía ser igual a nueve consonantes. 11. Entre cada libro debían
dejarse tres renglones de espacio. 12. El quinto libro de Moisés debía terminarse con
una línea completa. 13. El nombre de Dios no debía escribirse con una pluma recién
empapada y. 14. El escriba al copiar el manuscrito debía estar vestido con un atuendo
judío completo. Como vez ¿Es o no confiable las copias del AT del texto masorético?

15
Ministerio D’CRISTO

Se dice de los masoretas, calcularon que letra se encontraba a mitad del Pentateuco, que
frase se encontraba a mitad de cada libro y cuántas veces aparecía en las Escrituras
hebreas cada letra del alfabeto; pues se afirma que contaban las 815,140 letras de las
Escrituras hebreas. Tal minuciosidad garantiza un alto grado de fidelidad en la
preservación y pureza del texto original del AT. de la Palabra de Dios.
B. PARA EL NUEVO TESTAMENTEO
En los orígenes de la Iglesia, la regla de fe se encontraba en la enseñanza oral de los
apóstoles. Pasado el tiempo, se sintió la urgente necesidad de poner por escrito las
enseñanzas del Señor Jesús y los rasgos más sobresalientes de su vida. Este fue el
origen de los evangelios. Por otra parte los apóstoles alimentaban espiritualmente a los
fieles mediante cartas, según los problemas que iban surgiendo. Este fue el origen de las
Epístolas. A mitad del siglo I comenzaron a copiar y coleccionar los escritos
divinamente inspirados de los apóstoles y profetas novo testamentarios. Donde, primero
quizá Roma conocía el Evangelio de Marcos (que, como acompañante y expositor de
Pedro, escribió allí) y Siria tenía el Evangelio de Mateo, mientras que un grupo de
creyentes de diversos pueblos poseía el de Lucas, y Éfeso el de Juan, allí parecen ser
ensamblados estos 4 evangelios, a fines del siglo I, en un sólo volumen que fue
llamado “El Evangelio”.
Por aquella época, las cartas que Pablo había escrito a varias iglesias y personas ya
estaban coleccionadas, y una colección circuló por las iglesias bajo el titulo de
“El Apóstol”.
En esta colección, el libro Los Hechos de los Apóstoles era muy interesante como
ilustración; era un escrito de Lucas, que con su Evangelio debe haber formado un solo
libro. Junto a estos volúmenes, las cartas de
otros apóstoles y de “hombres apostólicos" así como Apocalipsis de Juan, fueron
reconocidas como de origen divino y admitidas en el canon del NT Ya en el siglo II d.C.
la Biblia no sólo estaba completamente escrita, sino que también comenzó a circular en
volúmenes completos. Esta Biblia contenía el AT en la versión griega Septuaginta, y el
NT griego en el que había sido escrito. Cuando en el siglo III, surgió el códex (Códice),
por primera vez fue posible compendiar la Biblia en un solo volumen. De tales Biblias
no ha quedado conservada ni una sola completa, en parte porque el material usado era
casi siempre el perecedero papiro, y en parte porque algunos césares (en concreto
Diocleciano, finales del siglo III) dieron batidas contra la Biblia y destruyeron grandes
cantidades de ellas.

16

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Los manuscritos son copias hechas a mano sobre pergaminos de piel de cordero, de
cabra o de asno.
A. MANUSCRITOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Antes del descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto a partir de 1947, no
poseíamos manuscritos del AT anteriores al siglo IX y X d.C. La colección más
completa existente hoy de esos manuscritos es la de la Biblioteca de Leningrado,
organizada por el judío ruso Abraham Firkowitsh (1785-1874). Mencionemos algunos
de los más importantes de ellos, que han servido en el pasado para la construcción del
texto hebreo:

El códice del Cairo (siglos VI - VII d.C.), contiene los profetas. En 1896 se descubre en
una cámara de la sinagoga de El Cairo llamada genizah, donde se almacenaban los
manuscritos bíblicos que ya no servían para el uso litúrgico unos 200.000 fragmentos

El códice de Alepo (año 930), está actualmente en Jerusalén; contiene todo el AT.

El códice de Leningrado (año 1008), fue la base del texto hebreo de la Biblia de Kittel,
que ha servido de base de muchas traducciones.

El códice del Pentateuco del Museo Británico (año 916).

El códice Reuchlin de los Profetas (año 1105).

El pequeño papiro de Nash (siglo I o II a.C.), contiene una parte del Decálogo y el
comienzo de la perícopa de Shemá (Oración que los judíos debían recitar todos los
días), descubierto en 1902 en Egipto. Hay muchos otros manuscritos, más que todo
fragmentarios. Estos son los más importantes que nos trasmiten el texto masorético.
Pero, con los descubrimientos de los rollos del Mar Muerto en el desierto de Judea a
partir del año 1947, (
Ver capítulo VII Los manuscritos de Qumrán
). Digamos sólo que contienen copias de prácticamente todos los libros del AT y que
algunos de sus manuscritos se remontan a los siglos I, II y posiblemente al III a.C.
B. MANUSCRITOS DEL NUEVO TESTAMENTO
Se conocen más de 5.300 manuscritos griegos antiguos que contienen el texto (completo
o incompleto) del NT Además han sobrevivido hasta hoy unos 10.000 manuscritos
antiguos con copias del NT en latín y otros 9.300 con versiones en siríaco, copto,
armenio, gótico y etíope, totalizando más de 24.000 manuscritos antiguos del NT, una
cantidad mucho mayor que la correspondiente a cualquier otra

17

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obra literaria de la Antigüedad, exceptuando el AT. Las variaciones del texto


encontradas en estos manuscritos son muy pequeñas y en lo sustancial no afectan a las
doctrinas cristianas principales. Los papiros, por su antigüedad, son muy importantes en
la historia de la transmisión del texto. Los más importantes son:

El papiro Ryland, descubierto por Roberts en 1920 y publicado en 1935. Es el


fragmento más antiguo del NT. fue hallado en Egipto y contiene unos versículos del
Evangelio de Juan (
Jn.
18: 31-33; 37-38); los papiros se conservaron mejor en Egipto gracias al clima muy
seco, desde unos 50 años, los expertos se han fijado en los papiros que rellenaron a las
momias de ese país. Se dice que cuando había un muerto y deseaban embalsamarlo y
convertirlo en momia según su costumbre, se sacaban sus entrañas y después se
rellenaban con toda clase de papiro que se tenia a la mano, así pues este evangelio de
Juan que fue escrito después que los otros tres evangelios, se encontraba ya de definido
entre los siglos I y II d.C.

Los fragmentos descubiertos por M. A. Chester Beatty, se trata de unas 30 hojas con
pasajes de los evangelios y los hechos. Como señalan los especialistas, establecer la
lista de los papiros neotestamentarios no ha sido una tarea sencilla. Sólo después de
muchas publicaciones y artículos se ha llegado a establecer la relación definitiva de
estos papiros. Es en 1947 cuando E. Brady invitó a los científicos a componer ya una
lista de los papiros griegos del Nuevo Testamento. Su sugerencia fue aceptada por
Metzger, quien ese mismo año publicó una primera lista de papiros en griego
correspondientes al NT, lista que cifró en un total de 54 papiros. En 1951 otro
especialista, llamado Maldfeld, elevó la lista a 62. En la actualidad la lista de papiros
del NT asciende a la cifra de 116. Estos papiros están numerados, y se les conoce por la
letra P seguida de un número: P1, P2, etc.

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Hay cuatro
clases de manuscritos griegos
: 1. los papiros (fragmentarios). 2. Los unciales o mayúsculos (códices) 3. los
minúsculos o cursivos (códices) 4. los leccionarios
Los Códices Unciales o Mayúsculos.-

Procede del latín “Uncia” que significa “Pulgada”. Están formados por mayúscul
as griegas sin espacio entre las palabras y sin signos de puntuación. Estas copias van del
siglo IV al siglo X, y son en número cerca de 700. Los principales manuscritos
unciales son:
El códice Vaticano (B).
Algunos eruditos sostienen que este manuscrito fue una de cincuenta copias de la
Biblia pedidas por el emperador Constantino a Egipto. Fue escrito en el siglo IV y está
escrito en
vitela
(Piel de vaca o ternera adobada y muy pulida, que sirve sobre todo para pintar o
escribir en ella). Fue depositado en la biblioteca del Vaticano desde 1475 - 1481, donde
todavía se encuentra. No se sabe con certeza cuál es su procedencia; la mayoría sitúa su
origen en Egipto o Alejandría, si bien hay otros que lo ubican en Cesarea. El texto está
escrito en tres columnas de escritura continua por página. Los acentos se han añadido
posiblemente el siglo X o XI. Contiene toda la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento)
con algunas lagunas. En concreto, los Hechos acaban en el capítulo 9:13. El comienzo
y el final del códice son defectuosos. Se conservan 591 páginas del AT y 142 del NT.
Probablemente trabajaron en este códice dos copistas en el AT y uno de ellos en el
Nuevo. El texto original del Códice Vaticano ha sido objeto de diversas correcciones.
Así se puede apreciar en las siguientes fotos:
19

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Tischendorf

Códice Sinaítico

El códice Sinaítico
(
). (Denominado Aleph, primera letra del alfabeto hebreo) Está escrito en vitela. Datado
en el siglo IV. Fue descubierto en 1848 por un joven alemán llamado Tischendorf en el
convento Santa Catalina del monte Sinaí. Se cree generalmente que fue escrito en
Egipto En 1844, cuando aún Tischendorf no tenía 30 años y era ya catedrático de la
Universidad de Leipzig, comenzó un viaje por el Cercano Oriente en busca de
manuscritos bíblicos. Mientras visitaba el monasterio de Santa Catalina en el monte
Sinaí, tuvo oportunidad de observar una cesta de basura que contenía algunas hojas de
pergamino, la cual iba a ser usada para alimentar el fuego de la estufa. Al examinarlas,
comprobó que se trataba de una copia de la Versión Septuaginta delAT. Tischendorf
logró retirar de la cesta no menos de 43 hojas, mientras los monjes
casualmente le comentaban que…
°dos cestas iguales acababan de ser quemadas en la chimenea!
Momentos más tarde, cuando le mostraron otras porciones del mismo códice (contenía
todo Isaías y el libro cuarto de Macabeos), él advirtió a los monjes que tales cosas eran
demasiado valiosas para alimentar el fuego. Con las 43 hojas que se le permitió retener,
las cuales contenían porciones del Primer Libro de Crónicas, Jeremías, Nehemías y
Esther, hizo una publicación en 1846, nombrando tales documentos como el códice
Federico Augustanus. En 1853, Tischendorf volvió a visitar el monasterio con la
esperanza de hallar otras porciones del mismo manuscrito. No obstante, la alegría
demostrada con el hallazgo anterior había hecho a los monjes más cautelosos, y no pudo
conseguir nada adicional al manuscrito. En el año de 1859, los viajes llevaron a
Tischendorf nuevamente al Monte Sinaí, esta vez bajo los auspicios del Zar de Rusia,
Alejandro II. El día anterior a su partida, Tischendorf presentó al abad del monasterio
una copia de la edición de la Septuaginta que recientemente había publicado en Leipzig.
Fue entonces cuando el abad le comentó que él también poseía una copia similar; y acto
seguido, sacó de su armario un manuscrito envuelto en una tela roja. Allí, ante los ojos
atónitos del erudito, reposaba el tesoro que por tanto tiempo había deseado encontrar.
Tratando de controlar sus emociones y aparentando normalidad, Tischendorf solicitó
hojear someramente el códice, y luego de retirarse a su aposento, pasó toda la noche en
el indescriptible gozo de estudiar el manuscrito, como declara su diario en latín
"quippe dormire nefas videbatur" Verdaderamente
20

Ministerio D’CRISTO

Monte de Santa Catalina

hubiera sido un sacrilegio dormir.


Durante esa noche, pudo comprobar que el documento contenía más de lo que hubiera
esperado, pues no sólo estaba la mayor parte del AT, sino que el NT se encontraba
completo, intacto y en excelente estado de preservación, con la adición de dos trabajos
cristianos del siglo II: La Epístola de Bernabé y una extensa porción del Pastor de
Hermas, conocido hasta entonces sólo por su título. La siguiente mañana, Tischendorf
trató sin éxito de comprar el manuscrito. Luego, pidió permiso para llevar el documento
a El Cairo a fin de estudiarlo, pero tampoco le fue concedido, y tuvo que partir sin él.
Más tarde, mientras se encontraba en El Cairo, lugar donde los monjes también tenían
un pequeño monasterio, Tischendorf solicitó al superior del mismo, para que éste
mandara por el manuscrito. El superior aceptó con la condición de que se
intercambiaran mensajeros beduinos, los cuales traerían y devolverían el manuscrito
cuaderno por cuaderno (ocho a diez hojas por vez), mientras Tischendorf procedía a
copiarlo. Teniendo por copistas a dos alemanes que se encontraban en El Cairo, un
farmacéutico y un bibliotecario, que tenían conocimientos del griego, y bajo la
cuidadosa supervisión de Tischendorf, éste comenzó su trabajo de transcribir las
110.000 líneas del texto, el cual terminó en un lapso de dos meses. La próxima etapa de
negociaciones, envolvió lo que en un eufemismo podríamos llamar "diplomacia
eclesial". Para ese tiempo, el cargo de mayor autoridad entre los monjes del Sinaí se
hallaba vacante. Tischendorf sugirió que sería muy ventajoso para ellos hacer un
apropiado regalo al Zar de Rusia, cuya influencia como protector de la iglesia griega
ellos de
seaban, y… ¿cuál podría ser mejor regalo que el viejo
manuscrito? Después de largas negociaciones, el precioso códice fue entregado a
Tischendorf para su publicación en Leipzig y para presentarlo al Zar en nombre de los
monjes. La publicación definitiva del códice fue hecha en el siglo XX por la
Universidad de Oxford (NT 1911; AT .1922). Luego de la revolución rusa, al no estar
interesada la Unión Soviética en la Biblia, y por necesidades económicas, negociaron su
venta con los encargados del Museo Británico por 100.000 Libras Esterlinas, cantidad
que fue pagada por mitades entre el Gobierno inglés y una suscripción popular, de
individuos y congregaciones en Inglaterra y Estados Unidos. Al finalizar el año 1933, el
manuscrito fue depositado en el Museo de Londres, donde permanece hasta hoy.
Aunque es un uncial muy antiguo, lamentablemente ha sido, corrompido por las manos
eclesiásticas.

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Ministerio D’CRISTO

El códice Alejandrino
(A). Cirilo Lucar, patriarca de Constantinopla, lo dio como presente a Carlos I de
Inglaterra. Se cree que este manuscrito fue escrito en la primera mitad del siglo V.
contiene una gran parte del AT e incluye la totalidad del NT. Es el mejor
representante del “Textus Receptus.
Además este códice armoniza con la masa de códices cursivos griegos Durante los
primeros siglos del cristianismo se desató una horrorosa persecución contra los
cristianos que duró hasta la llegada de Constantino. En el año 303 el emperador romano
Diocleciano decretó la destrucción de todos los libros cristianos. Quien no entregara a
las autoridades todos los escritos sagrados era condenado a muerte. Debido a las
persecuciones de los primeros siglos, hoy se conservan solamente algunos pocos
fragmentos del NT que datan de antes del siglo IV. Satanás se valió de la dificultad que
tuvieron que afrontar los cristianos de los primeros siglos y de la gran difusión de la
filosofía griega para desorientar y confundir a muchos.
El códice Bezae
(D). Data del siglo VI. Códice bilingüe con los textos griegos y latín de los
Evangelios Sinópticos y los Hechos. Teodoro de Beza lo obtuvo a partir del monasterio
de San Ireneo en Lyons, y lo presentó a la Universidad de Cambridge en 1581.
Otros códices
son: Códice Ephraemi Rescriptu (C), del siglo V; el Códice E, del siglo VIII, etc.
Los Cursivos o Minúsculos.-
Son manuscritos escritos en pequeñas letras en estilo corrido («
cursivas
»), superando los 2500 en número, y que datan desde el siglo IX hasta el siglo XV. Cada
uno de ellos está numerado. Los más importantes son: El 1 que data del siglo X, y
contiene todo el NT excepto el Apocalipsis, el 33, del siglo XI, contiene todo el NT
excepto el Apocalipsis, etc.

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Ministerio D’CRISTO

Los numerosos manuscritos han sido catalogados y ubicados en lo que los especialistas
llaman «familias de textos». Estas «familias» se formaron en relación con un centro
importante de la cristiandad antigua: Alejandría, Antioquía, Constantinopla, Cartago y
Roma. Las copias que se hicieron a partir de la primera copia de algún escrito bíblico
que llegó a Roma reflejan características peculiares a ese importante centro. Y así
sucede con el resto de lugares claves. Así tenemos las siguientes familias de textos:
1. Texto Alejandrino
Sus características son la brevedad y la austeridad. Esto es, el Alejandrino es
generalmente más corto que otras clases de texto, y no exhibe el grado de pulidez
gramatical que caracteriza al tipo de texto Bizantino y en menor grado al tipo de texto
Cesariense. Los dos principales testigos del tipo de texto Alejandrino son:
El códice Vaticano y

El códice Sinaítico
2. Texto Occidental
Este tipo de texto era corriente en Italia, Galia, África del norte y otras partes, incluido
Egipto. Puede también retrotraerse hasta el siglo segundo. Utilizado por varios de los
padres como fueron Cipriano, Tertuliano, Ireneo, y Tatiano, su presencia en Egipto está
demostrada por dos papiros: El papiro 38, cerca del 300 después de Cristo y el papiro
48, cercano al final del siglo III. Los manuscritos griegos más importantes que
representan el tipo de texto Occidental son:

El códice Bezae, del siglo V o VI, que contenía Evangelios y Hechos.

El códice Claromontanus, del siglo VI, que contenía Epístolas Paulinas y,

El códice Washingtonianus, del final del siglo IV, que contenía desde Marcos capitulo
1, versículo 1 hasta el capitulo 5, versículo 30. De igual manera, las viejas versiones
latinas son testigos notorios del tipo de texto Occidental, y se encuentran dentro de
grupos principales, tales como las formas africana, italiana e hispana del texto latino
antiguo. La característica principal del tipo de texto Occidental es su intensa paráfrasis
(comentarios).

23

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3. Texto Cesariense
Parece haberse originado en Egipto. Está respaldado por el papiro Chéster Beatty 45.
Fue traído quizá por Orígenes a Cesarea, donde fue utilizado por Eusebio y otros. De
Cesarea fue llevado a Jerusalén, donde fue usado por Cirilo y por armenios que en
épocas tempranas tenían una colonia en Jerusalén. Los misioneros armenios llevaron el
tipo de texto Cesariense a Georgia, donde influyó en la Versión Georgiana, como
también en el manuscrito griego del siglo IX, el códice Korideti. Parece, pues, que el
tipo de texto Cesariense tuvo una larga y accidentada carrera. De acuerdo con los puntos
de vista de la mayoría de eruditos, se trata de un texto oriental, y está caracterizado por
una mezcla de lecturas occidentales y alejandrinas.
4. Texto Bizantino
Lo caracteriza por aparecer completo y con mucha lucidez. Este tipo de texto, fue
llevado a Constantinopla, donde fue distribuido ampliamente a través de todo el Imperio
Bizantino. Su mejor representante hoy es el códice
Alejandrino
y la gran masa de manuscritos minúsculos. Así, durante el período transcurrido entre el
siglo VI hasta la invención de la imprenta en el siglo XV, el tipo de texto Bizantino fue
reconocido como el texto autorizado, fue el de mayor circulación y el más aceptado.
Este es el texto del NT más fidedigno que conoce la historia del cristianismo, ha sido
llamado a través de la historia con seis nombres diferentes:
Texto Bizantino

Texto Imperial

Texto Tradicional

Texto de la Reforma

Texto Mayoritario

Texto Recibido o Textus Receptus, el nombre más común que se le dio al texto
universal del NT a partir de finales del siglo XVI.

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Ministerio D’CRISTO

El primer NT griego impreso fue preparado por sabios españoles en 1514, bajo el
patrocinio del Cardenal Cisneros. Su preparación tomó casi diez años y fue publicado
junto con el AT. Tomó el nombre de

Biblia políglota complutense

, por estar en varias lenguas y haber sido publicada en Alcalá (Complutum, en latín). El
AT se imprimió en tres columnas asociadas con el texto hebreo, la Vulgata latina y la
versión griega de los Setenta. El NT aparecía en griego y latín. Sin embargo, esta no
fue la primera edición griega del NT que vio la luz pública. Su publicación sólo se
autorizó a partir de 1520.
El Textus Receptus o Texto Recibido
Mientas tanto el holandés Erasmo de Rótterdam (1469-1536) publicó por lo menos
cinco ediciones del texto griego del NT en 1516, que fue todo un éxito editorial. El
texto griego de Erasmo tuvo mucha importancia. Lutero y los traductores de los siglos
XVI y XVII, como Reina y Valera (español), Almeida (portugués), y la traducción al
inglés de la versión de King James, utilizaron el texto de Erasmo. Estéfano publicó
otras cuatro ediciones en los años de 1546 al 1551. Teodoro Beza también publicó diez
ediciones. Esta familia de Textos griegos se conoce con el nombre de
Textus Receptus
o más bien para nosotros
Texto Recibido
. Así se le llamó a la edición del Texto griego hecha por los hermanos Elzevir en el año
de 1633, quienes escribieron
en la presentación de su publicación la frase: “Así que aquí tenéis el texto ahora
recibido por todos (Textum ab Ómnibus Receptum) el cual te damos con nada
cambiado o corrompido” De aquí viene el término Textus Receptus.
Esta versión griega del NT y sus subsecuentes ediciones fueron ampliamente
difundidas, reconocidas y aceptadas como el texto normativo de la iglesia protestante.
Pablo Besson, misionero suizo muy documentado en esta materia, afirma que el TR
sirvió de base para traducir el NT de la versión llamada Peshitta. Esta versión fue hecha
alrededor del año 170 de la era actual. Este dato envuelve extraordinaria importancia en
lo que se refiere a la antigüedad del TR. A la versión Peshitta siguieron la Itala, la
Vulgata y otras, traducidas todas del TR. El Dr. Wilkinson nos dice que el primer editor
del TR fue Luciano de Antioquía, en el siglo III, quien sacó a muchos de la
incertidumbre en que se hallaban por causa de las ediciones y comentarios bíblicos del
filósofo Orígenes. El editor parisino Robert Etienne (Stephanus, en latín; 1503-1559)
usó el texto de Erasmo para su edición griega del NT al cual introdujo por primera vez
al aparato

Erasmo de Rótterdam

25

Ministerio D’CRISTO

Westcott

Hoth

crítico (lista de «variantes»), y la división en versículos, que seguimos utilizando hoy.


El Textus Críticus o Texto Crítico
Los británicos B. F. Westcott (1825-1901) y F. J. Hort (1828-1892) publicaron una
edición reconstruida del texto griego del NT que alcanzó reconocimiento internacional.
Este trabajo fue realizado durante el siglo XIX. El texto griego de Westcott y Hort fue
apenas variado por Nestle

y, partiendo de éste, se elaboró el NT Griego, publicado por las SB. Éste en cuya
edición colaboró incluso Carlo Martini, un (prelado católico). Según confesión de los
propios Westcott y Hort, la base de su texto griego del NT es, fundamentalmente el
contenido en los manuscritos conocidos como Sinaítico y Vaticano. Los defensores de
las nuevas versiones bíblicas insisten en la antigüedad y exactitud de estos dos
manuscritos que, supuestamente, justificarían alteraciones del texto bíblico. E. Nestle
(1851-1913) elaboró el moderno TR en su NT griego publicado en 1898, que realmente
es más bien ya el TC. En efecto, Nestle utilizó el texto griego producida por Westcott y
Hort, comparándolas con un gran número de variantes de otros manuscritos
neotestamentarios. Este trabajo fue complementado por su hijo E. Nestle (1883-1972) y
por K. Aland, quienes se unieron posteriormente. La edición del NT griego, que lleva
su nombre (Nestle-Aland), revisado y actualizado con el estudio de los papiros y
manuscritos recientemente descubiertos, ha llegado a ser el texto base de numerosas
traducciones modernas del NT. Naturalmente, al examinar siquiera sucintamente estos
datos surge una serie de preguntas obligadas. ¿Por qué Westcott y Hort prefirieron el
Sinaítico y el Vaticano como base de su texto del NT griego en lugar del TR? ¿Qué les
llevó a tomar una decisión así que contradecía la lógica, el conocimiento y la historia
del cristianismo a lo largo de casi dos milenios? ¿Se trató de un simple error? ¿De mera
ignorancia combinada con buena fe?, la elección de Westcott y Hort fue consciente pero
no se basó en la ignorancia, sino en motivaciones mucho más turbias y peligrosas. (Ver
Conspiración contra las Sagradas Escrituras escrito por el Dr. César Vidal Manzanares)

26

Ministerio D’CRISTO

El Textus Receptus es un texto mayoritario, más antiguo y más fiable:

Frente a las penosas características que padecen los manuscritos Sinaítico y Vaticano, el
TR del NT presenta unas notas de enorme interés.

1. El TR es un TM. Algo más del noventa y cinco por ciento de los manuscritos del NT
que han llegado hasta nosotros coinciden con el TR.
2.
El TR es un texto más antiguo. El TR no sólo es anterior al Siglo IV (siglo en que se
redactaron el Sinaítico y el Vaticano) sino que sirvió de base para las primeras
traducciones del NT a lenguas vulgares y fue el citado por los primeros autores
cristianos, los denominados Padres de la Iglesia.

Los ejemplos que se pueden mencionar al respecto son innumerables y tenemos que
limitarnos a unos pocos nada más. Baste decir que la Peshitta realizada en torno al 170
d.C.; es decir, unos dos siglos antes del Sinaítico y del Vaticano utilizó el TR; que la
iglesia gala del sur de Francia (177 d.C.) utilizó el TR. y que la Versión itálica (250
d.C.) Se valió del TR.

Ya más adelante, en pleno siglo IV, el TR siguió siendo preferido a textos como el
Sinaítico o el Vaticano que ya existían. Así la versión gótica (siglo IV) se valió del TR;
el Códice W de Mateo (siglo IV-V) reprodujo el TR y el Códice Alejandrino (siglo V)
sigue el TR.

No menos significativo es el caso de las citas del NT contenidas en los escritos de los
Padres de la Iglesia. Éstos pese a citar de memoria no pocas veces siguen de manera
aplastante el TR. Por ejemplo, el texto de
1 Timoteo 3:16
donde se afirma que "Dios fue manifestado en la carne" es citado de la misma manera
por Ignacio, Bernabé e Hipólito (siglo II), Diodoro de Tarso (m. 370), Gregorio de Nisa
(m. 394), Juan Crisóstomo (m. 407), Atanasio y Eutalio (siglo V), y un largo etcétera, ni
uno sólo de los Padres de la Iglesia se opone al texto como aparece en el TR.

De 254 manuscritos griegos, 252 presentan el término "Dios" como en el TR; dos leen
"hos" (el cual) y ni uno contiene "Cristo" como la Versión Popular.
3.
El TR es un texto más fiable. De todo lo anterior se desprende, de manera lógica, que el
TR es un texto mucho más fiable que el elaborado por Westcott y Hort a partir del
Sinaítico y del Vaticano. Con el TR coincidieron las citas del NT contenidas en los
Padres de la Iglesia y en los leccionarios, pero además también sirvió de base ya desde
el siglo II para las traducciones del NT a lenguas vulgares. No sólo eso. El TR fue
asimismo la base para la inmensa labor en favor de la difusión y lectura de la Biblia que
se inició a principios del siglo XVI. Fue el texto utilizado por la Biblia Políglota
Complutense publicada en Alcalá de Henares, España en 1522 y, posteriormente, por las
traducciones

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Ministerio D’CRISTO

bíblicas de Lutero al alemán (1522), de William Tyndale al inglés (1525), de Oliveton al


francés (1535), de Coverdale al inglés (1535), de Matthews al inglés (1537), de
Taverners (1539), de Ginebra (1557-60), de Reina al castellano (1569), al checo (1602),
de Diodati al italiano (1607) y del Rey Jaime al inglés (1611).

El TR constituyó la base asimismo para las ediciones del NT griego realizadas por
Erasmo (1516), Stephanus (1546-51), Beza (1598) y Elzevir (1624). Que así fuera tiene
una lógica indiscutible. Los eruditos, los reformadores, los teólogos que no pocas veces
tuvieron que arriesgar su vida y sus bienes optaron siempre por el TM, el TR, como
base para su estudio, su enseñanza y sus traducciones del NT. A fin de cuentas, ése era
el texto que contaba con el apoyo prácticamente unánime de la cristiandad, al menos,
desde el siglo II.

El abandono del Texto Mayoritario


La primera de ellas es el abandono del TM también conocido como Texto recibido o
TR del NT y su sustitución por un TC, este constituye actualmente la base para traducir
el NT en casi cualquier lengua sea quien sea quien realice la traducción. Así además de
servir para la VP, y la NVI, ha sido utilizado por versiones católicas como la Biblia del
Peregrino (1993) o la Biblia de la Casa de la Biblia (1993). Las dos ediciones
manuales más populares del texto griego hoy, la Nestle-Aland y la de las SBU
realmente varían poco del texto de Westcott y Hort
El Sinaítico y el Vaticano son textos corruptos
Para empezar, hay que señalar desde el principio que tanto el manuscrito Sinaítico
como el Vaticano constituyen textos del tipo que suele denominarse corrupto. Con esto
se quiere indicar que no sólo constituyen obras incompletas, sino que además han sido
objeto de alteraciones que invalidan sustancialmente su valor Por mencionar sólo
algunos datos al respecto debe señalarse que el Vaticano omite toda la I carta a Timoteo,
toda la segunda carta a Timoteo, toda la carta a Tito, casi todo el Génesis (Génesis 1 a
46:29), extensas porciones de Samuel, Reyes, Nehemías, los últimos doce versículos del
Evangelio de Marcos, la oración de Jesús en la cruz pidiendo el perdón de sus
enemigos, la agonía de Jesús en Getsemani, los últimos cuatro capítulos y medio de la
carta a los Hebreos, treinta y tres de los Salmos y un largo etcétera. Sin embargo, añade
libros apócrifos como Tobías, Judit o la historia de Bel y el dragón, todos ellos, por
cierto, contenidos en la VP Dios habla hoy. Asimismo en Job presenta adiciones en unos
400 versículos de acuerdo a las enseñanzas de un discípulo del hereje Marción. En
relación con el TR, omite al menos 2.877 palabras, añade 536, sustituye 935, cambia de
lugar 2.098 y modifica 1.132. En total contiene 7.578 divergencias.

Su importancia, sin embargo, es enorme ya que unas nueve décimas partes de las
alteraciones del NT griego en relación con el TR derivan de este manuscrito.

28

Ministerio D’CRISTO

En el caso del Sinaítico, el carácter de texto corrupto no es menor. De hecho, nos


encontramos con un documento en el que realizaron modificaciones no menos de diez
escribas diferentes a lo largo de un periodo no inferior a setecientos años.

Como señaló Tischendor, su descubridor, el Sinaítico contiene no menos de 14,800


alteraciones. No es extraño, por lo tanto, que sólo en los Evangelios omita unas cuatro
mil palabras, añada unas mil, y cambie de lugar y altere otras tres mil. Además de esto
contiene unas mil quinientas lecturas que no aparecen en otros manuscritos. En relación
con el TR, las diferencias llegan casi a la cifra de nueve mil, prácticamente una por
versículo. Como en el caso del Vaticano, las omisiones son asimismo frecuentes. Carece
de los finales de Marcos y de Juan; de treinta y nueve palabras en Juan 19:20-1, de
veinte palabras en Juan 20:5-6; de diecinueve palabras de Marcos 1:32-4; de catorce
palabras en Marcos 15:47; de pasajes como Juan 5:4; Mateo 16:2-3; Romanos 16:24;
Marcos 16:9-20; I Juan 5:7; Hechos 8:37; Génesis 23:19-24, 46; Números 5:27-7:20; I
Crónicas 9:27-19:27, etc.; de libros como Éxodo, Josué, I y II Samuel, I y II Reyes,
Oseas, Amós, Miqueas, Ezequiel, Daniel y Jueces. Sin embargo, añade apócrifos como
Bel y el Dragón. Tobías y Judit, todos ellos presentes en la VP Dios habla hoy.
Señalemos finalmente que además el Sinaítico y el Vaticano ni siquiera son coincidentes
entre si. El Vaticano contiene cerca de ocho mil alteraciones y el Sinaítico cerca de
nueve mil en relación con el TR pero esas variaciones ni siquiera son las mismas en los
dos manuscritos. De hecho, el Sinaítico y el Vaticano discrepan entre si no menos de
una docena de veces por página. Ciertamente, analizado desde un punto de vista
meramente científico y racional, resulta obvio que pretender fundamentar una versión
adecuada del NT griego correcta sobre manuscritos tan cargados de deficiencias resulta
menos que aceptable. De hecho, constituye un disparate sin paliativos.
El Sinaítico y el Vaticano son textos tardíos
Además de corruptos, tanto el Sinaítico como el Vaticano son manuscritos que, en
comparación con el TR, no sólo no resultan antiguos sino modernos. Pertenecientes
ambos al siglo IV, resultan posteriores ya a diversas traducciones de la Biblia anteriores,
a veces, incluso en dos siglos que partieron lógicamente no del Sinaítico y del Vaticano
sino de textos del NT griego más antiguos
El Sinaítico y el Vaticano son textos minoritarios
Al hecho de ser textos corruptos y tardíos, el Sinaítico y el Vaticano añaden otra
circunstancia negativa no menos importante. Nos referimos al hecho de que el Sinaítico
y el Vaticano encuentran un apoyo mínimo dentro del conjunto de manuscritos del NT
griego que han llegado hasta nosotros. De hecho, sólo menos de un cinco por ciento de
los 5,309 manuscritos que contienen, en todo o en parte, el texto griego del NT
coinciden, siquiera parcialmente, con el texto del Sinaítico o del Vaticano. Para colmo,
como ya indicarnos, ni siquiera estos dos manuscritos son totalmente coincidentes entre
si, ya que el número de discrepancias existentes entre el Sinaítico y el Vaticano resulta
espectacular.

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Diferencias entre el Texto Mayoritario y el Texto Minoritario


La edición de 1985 del Nuevo Diccionario Bíblico de Samuel Vila y Santiago Escuaín
afirma que el grupo más aceptado en la actualidad es el Egipcio (El Texto Alejandrino)
(Pág. 1144). Lo que equivale a decir que el texto más aceptado por los escolares para las
nuevas versiones y revisiones de la Biblia hoy en día es el Tm, no el Mayoritario.
Veamos un resumen de las diferencias entre estos dos grupos.

El códice Vaticano omite gran parte de los pasajes bíblicos que a la iglesia de Roma le
ha convenido suprimir.

En numerosos pasajes el manuscrito repite palabras y frases consecutivas. Una muestra


del descuido y la desidia con que fue copiado. Es más fácil encontrar dos versículos
consecutivos en los que estos manuscritos (Vaticano y Sinaítico)
difieren que dos en los que concuerden”.

El Dr. C. V. Manzanares dice que "ni uno solo de los padres de la Iglesia se opone al
texto del
NT como aparece en el TR.” David Otis Fuller afirma que las
más de 86,000 citas que hacen los padres de la iglesia concuerdan con el TR. A pesar de
esto el Tm es el más aceptado hoy en día.

Se cree que estos dos manuscritos (el Vaticano y e Sinaítico) fueron revisiones de los
escribas egipcios que se basaron en el TM. Así acomodaron la Biblia a las exigencias de
las creencias filosóficas muy difundidas en Alejandría en aquella época.

¿Por qué, si estos dos manuscritos que sólo coinciden en un 5% con la gran mayoría de
los más de 5,000 manuscritos existentes, y el TR que coincide en más del 90% de los
casos con todos los manuscritos que se conocen, se ha de descartar el TR y adoptar el
Tm
como el "más aceptado en la actualidad?” La
respuesta, según C. V. Manzanares, está en la gran influencia que ejercieron dos
exégetas y miembros del comité revisor de 1870, que además fueron los autores del
texto griego que ha servido de base para el que hoy tenemos de Eberhard Nestlé y Kurt
Aland. Estos exégetas fueron Brook Foss Westcott y Fenton John Anthony Hort. Estos
hombres fueron ocultistas, aceptaron las teorías de la evolución de Darwin, y negaron la
inerrancia y la infalibilidad de las Escrituras. Pasaron del liberalismo modernista al
ocultismo; se convirtieron en abiertos enemigos de la Palabra de Dios. Hicieron su
propia versión del texto griego, la que luego utilizaron Nestlé y Aland para revisarla y
hacer la edición del griego de la que se ha valido la editorial Clie para publicar el NT
Interlineal Griego-Español.

Cabe señalar aquí que el Dr. Henry Morris, fundador del Instituto del Creation
Research, ha aseverado que Eberhard Nestlé y Kurt Aland, al igual que Westcott y Hort,
eran partidarios de las teorías de la evolución, y que Nestlé y Aland se contaban entre
los teólogos escépticos de Alemania.

En su libro Una Historia Comprensible de la Biblia, Samuel Gipp hace mención de por
lo menos ocho miembros del comité revisor, sin contar a Westcott y Hort, que negaban
la inerrancia y la infalibilidad de la Biblia. Diferencias entre las versiones que se basan
en el TR y las que se basan en el Minoritario.

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Ministerio D’CRISTO

Interior de la cueva de Qumran

Tenemos base sólida y comprobada para creer que las Escrituras se han trasmitido
fielmente hasta la actualidad. Existen cerca de 6,000 Escrituras hebreas tanto íntegras
como fragmentos y más de 5,000 de las Escrituras cristianas en griego. Entre ellas
podemos mencionar los manuscritos descubierto en 1947 los cuales representan un
tesoro de valor incalculable. Se le ha calificado como "el mayor descubrimiento de los
tiempos modernos". En la primavera de 1947, a doce kilómetros al sur de Jericó en la
Costa Oeste del Mar Muerto, un pastor de cabras encontró en un cueva llamada
Qumrám, varias tinajas, que contienen en su interior rollos de la Biblia, cubiertos de
betún y cuidadosamente envueltos en tela. Escritas en varias lenguas: arameo, griego y
hebreo. La mayor parte fueron escritas en pergaminos, y los otros en papiro. Los
primeros siete manuscritos de los Pergaminos del Mar Muerto tiene una historia más
extraña que una ficción, aunque todos los detalles de los siguientes años probablemente
nunca se conocerán, lo siguiente es lo que se sabe: Después de colgar de un poste de una
tienda beduina por cierto periodo de tiempo, los siete pergaminos originales fueron
vendidos por separado a dos expertos árabes en Belén. De ahí cuatro fueron vendidos
(por una pequeña cantidad) al arzobispo Athanasius Jesche Samuel, de la Iglesia Siria
Ortodoxa en Jerusalén del monasterio de San Marco. Estudiosos de la Escuela
Americana de Investigación Orienta fueron quienes los examinaron, ellos fueron los
primeros en darse cuenta de su antigüedad. John Trever las fotografió a detalle y el gran
arqueólogo William F. Albright pronto anunciaría que los rollos pertenecían al periodo
entre 200 años a.C. y 200 años d.C. Entonces se hicieron los primeros anuncios de que
los manuscritos más viejos jamás descubiertos habían sido encontrados en el desierto de
Judá. Tres de los manuscritos encontrados en la cueva fueron vendidos a E. L.
Sukenik, arqueólogo de la Universidad Hebrea y padre de Yigal Yadin (general del
ejército israelí quien después se convertiría en un famoso arqueólogo y excavador

31

Ministerio D’CRISTO

de Masada y Hazor). La guerra egipcio-israelita de 1947-1949 hizo que los rollos


cayeran en el olvido. Finalmente todos los manuscritos llegaron a la Universidad
Hebrea bajo otro conjunto de circunstancias extrañas. Después de haber recorrido los
Estados Unidos con sus cuatro pergaminos y no haber encontrado comprador
interesado, Metropolitan Samuel publica un anuncio en el Wall Street Journal. Por
coincidencia (o ¿providencia divina?) Yigal Yadin se encontraba en Nueva York y leyó
el mensaje en el diario. A través de intermediarios pudo comprar estos invaluables
manuscritos por una cantidad cercana a los $250,000. En Febrero de 1955 el Primer
Ministro de Israel anuncia que el Estado de Israel había comprado los pergaminos y los
siete (incluyendo los comprados anteriormente por el profesor Sukenik) se conservarían
en un museo especial de la Universidad Hebrea llamado Santuario del Libro, donde se
pueden ver el día de hoy. A mediados de 1956 finalizada la sexta campaña, han sido
exploradas once grutas y excavadas la mayoría de las ruinas próximas a Khirbet Feshkra
y Khirbet Qumrán. Los siete pergaminos originales eran sólo el principio. Más de
Ochocientos rollos fueron en total descubiertos y miles de fragmentos de todos los
libros Bíblicos han sido encontrados excepto Esther, así como muchos otros textos no
bíblicos. Se estima que estos manuscritos fueron colocado en los jarrones entre el siglo
II y I a.C. por lo tanto tienen una antigüedad de mas de 2,000 años. El erudito romano
Plinio (24-69 d.C.) describió al monasterio de Qumrán como sede de una numerosa
colonia de Esenios, esta era una secta judía del siglo I a.C. que se llamaba a sí misma
Nueva Alianza. Los Esenios vivían en cuevas, en cabañas o en celdas, como los
antiguos hebreos. Sólo se reunían en el monasterio para realizar sus actos sagrados
comunes, para orar y para las comidas. Practicaban la humildad, según las
prescripciones de su secta. Algunos grupos creen que los Escenios son los predecesores
del cristianismo. Los siete manuscritos originales, de la que se ha llamado "cueva 1"
comprenden lo siguiente: 1) Una copia bien conservada de la profecía de Isaías
completa la copia más vieja de un libro del AT jamás descubierta. 2) otro fragmento de
Isaías. 3) Un comentario de los dos primeros capítulos de Habacuc el comentarista
explica el libro alegóricamente en términos de la hermandad Qumrán. 4) El "Manual de
la Disciplina" o "Norma de la Comunidad" la más importante fuente de información
acerca de la secta religiosa en Qumrán describe los requisitos para aquellos que deseen
ingresar a la hermandad. 5) los "Himnos de Acción de Gracias" una colección de
"salmos" devocionales de acción de gracias y alabanza a Dios.

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Ministerio D’CRISTO
6) el libro de Génesis parafraseado en arameo. 7) la "Norma de Guerra" que trata de la
lucha de los "hijos de la luz" y "los hijos de las tinieblas" a ocurrir en los "últimos
días". Una de las copias del libro de Isaías (la que estaba completa) fue sometida al
Carbono 14 (Isótopo radiactivo del carbono, que se forma en la atmósfera, el contenido
del carbono 14 permite fechar los restos arqueológicos), arrojando una antigüedad de
entre el año 202 y 107 a.C. El método Paleográfico (Ciencia que estudia la escritura y
signos de textos antiguos), mejorado en años recientes, se ha convertido en un método
bastante fiable, esta permitió una datación y comprobación absoluta de la fecha arrojada
por el Carbono 14, basándose en la comparación de la forma y la posición de las letras
con fuentes externas, como monedas e inscripciones fechadas. En un estudio varias
especialistas compararon el capítulo 53 de Isaías encontrado entre los rollos del Mar
Muerto con el texto masorético elaborado muchos años después. El resultado del cotejo
fue lo siguiente:
-
De las 166 palabras de Isaías 53, sólo se cuestionaron 17 letras.
-
10 de ellas son simplemente cuestión de ortografía que no afectan el sentido del
mensaje.
-
4 letras suponen cambios pequeños de estilo, como conjunciones.
-
Y las 3 letras restantes componen la palabra "Luz", que se había agregado en el verso
11 y que no afecta demasiado el sentido del mensaje. En mil años se puede decir que
apenas se ha cambiado una coma. También Habacuc y Salmos estaban completos. Se
han encontrado fragmentos de casi todos los libros del AT. Este descubrimiento fue
doble, no solo porque se encontraron los manuscritos más antiguos del AT, sino porque
además al cotejarlos con la versiones modernas de la Biblia pudo apreciarse que todo el
trabajo exegético, lingüístico y de comparación de manuscritos había valido la pena; los
textos modernos de la Biblia eran los mismos que los que se habían encontrado en
Qumrán. Este es uno de los buenos motivos para confiar en el cuidado y celo de los
masoretas en preservar los textos y la doctrina originales. Así pues, las pruebas
confirman que los copistas fueron muy fieles en su trabajo y profesión, claro que
cometieron pequeños errores; hay que entender que los escritores originales fueron
inspirados por el Espíritu Santo; pero los copistas y traductores no lo fueron, ellos
fueron motivados por su amor a Dios a realizar sus trabajos.

33

Ministerio D’CRISTO

La palabra "CANON" viene del griego "KANON", que significa vara, caña y por
extensión un instrumento de medida, una regla o norma. Se aplica el término a la lista
de libros normativos: el canon bíblico es el conjunto de los libros que la iglesia ha
reconocido como inspirados por Dios. En la actualidad existen dos cánones; pero de
hecho sólo uno de ellos es el verdadero. El Vaticano ha creado los términos
"Protocanónicos" y "Deuterocanónicos" para diferenciar o separar los libros del canon
que aceptan los hebreos. El término protocanónicos hace referencia a los libros en que
ambos tienen en común. El prefijo "Proto" se usa para denotar superioridad. En cambio
el término deuterocanónicos se refiere a los siete (07) libros que no forman parte del
canon hebreo. El prefijo "Deuto" significa segundo o inferior, también se le da el
nombre de "libros Apócrifos", el primero en dar este calificativo de apócrifo fue el
escritor católico Jerónimo (autor de la Biblia Vulgata Latina). El nombre apócrifo se
aplica entre los católicos a escritos de carácter religioso o si bien no fueron inspirados;
pero pretenden tener algún origen divino o fueron considerados como sagrados. Según
el Diccionario Lexus, edición 1996, la palabra "Apócrifo" viene hacer sinónimo de
falso; porque significa supuesto, falsificado o fingido.
El Canon de Antiguo Testamento
El canon judío de los Libros Sagrados ignoramos cuándo fue definitivamente cerrado.
Para unos sería en tiempo de Esdras y Nehemías (siglo V a.C.); para otros, en la época
de los Macabeos (siglo II a.C.). Lo cierto es que los judíos tenían en el siglo I de nuestra
era una colección de libros Sagrados, que consideraban como inspirados por Dios. Los
documentos literarios que tenían autoridad en el pueblo de Israel se fueron
multiplicando poco a poco. El libro de la ley de Moisés fue guardado al lado del arca
del pacto (
Dt.
31: 24 - 26), luego Josué, el sucesor de Moisés, adjuntó lo que él había escrito (
Jos.
24: 26). El profeta Samuel por su parte, consignó el derecho de los reyes en un libro que
puso ante el Señor (
1 Sam.
10: 25). Ezequías, rey, mandó coleccionar las sentencias de Salomón (
Prov.
25:1
).
Pero es sobre todo en la época de Josías, rey (640-608 a.C.), cuando se comienza a
hacer recurso a la autoridad de un texto escrito, cuyo carácter de código sagrado parece
que había sido reconocido oficialmente. Antes del reinado de Josías
no consta que la Ley mosaica haya gozado de una autoridad “canónica”
universalmente reconocida.

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Ministerio D’CRISTO

Sin embargo, después que el sumo sacerdote Helcías encontró en el templo del Señor
“el libro de la Ley” (
2 R.
22; 23;
2 Crón
34; 35), las cosas cambiaron radicalmente. No se sabe si el libro encontrado ha de ser
identificado con el Pentateuco entero, o más bien con sólo el Deuteronomio. Pero el
hecho es que, a
partir de este momento, “el libro de la Ley” fue considerado como algo muy sagrado
y como la colección de las leyes dadas por Dios a Israel. En los libros de los Reyes
encontramos ya las primeras citas explícitas de “la Ley de Moisés”
(
1 R.
2: 3;
2 R.
14: 6). Los profetas Isaías (
Is
30: 8
;
34: 16) y Jeremías (
Jer
36: 2-4
;
27-32) escribieron sus profecías. Y la obra del profeta Jeremías está inspirada
indudablemente en el espíritu de la reforma de Josías. Este mismo profeta tiene
citaciones de profetas anteriores (
Jer
26:18
;
49:14-16
= Miq
3: 12
; Abd
1: 4), lo cual parece indicar que ya existían colecciones de profecías. Después del
destierro babilónico tenemos testimonios escriturísticos importantes, de los cuales
podemos deducir que casi todos los libros protocanónicos estaban ya reunidos en
colecciones y eran considerados como canónicos. Los textos bíblicos de esta época nos
dan a conocer tres clases de Libros Sagrados: la
Ley (Torah), los Profetas (Nebi‟im) y los Escritos o Hagiógrafa (Ketubim).
El primer testimonio en este sentido es el del libro de Nehemías (8 - 9). En él se narra
que
Esdras
, sacerdote y escriba, leyó y explicó la
Ley de Moisés
delante del pueblo. Y, después de escuchar su lectura, el pueblo prometió con juramento
observarla, lo cual parece indicar que reconocían autoridad canónica al Pentateuco. El
profeta
Daniel

afirma que “estaba estudiando


en los libros
el número de los setenta años... que dijo Jehová a Jeremías profeta
”(
Dan.
9: 2
; Jer.
25: 11; 29: 10). Esto demuestra con bastante claridad que en aquel tiempo ya existía una
colección de Libros Sagrados. Para el año 132 a.C. se afirmaba que ya existía una triple
división de las Escrituras: La Ley, Los profetas y los otros escritos análogos. Los
hebreos siempre han creído que fue en los tiempos de Esdras y de Nehemías que se
estableció el Canon de la Biblia de los libros inspirados del AT. En el siglo I de nuestra
era se nos da ya claramente el
número
de los Libros sagrados y su triple división:
Ley, Profetas y Hagiógrafos
. Sin embargo, en algunos ambientes judíos existían ciertas dudas sobre la canonicidad
del Cantares, Proverbios, Ezequías y Ester. Para unos debían ser excluidos de la
colección de los Libros Sagrados y de la lección pública de la sinagoga; para otros
tenían la misma autoridad que los demás Libros Santos. Esto supone que ya por aquel
entonces habían sido recibidos en el canon del AT. El NT contiene innumerables citas
del AT, aunque no nombra explícitamente los libros. Parece que no se alude a los libros
de Rut, Esdras, Nehemías, Ester, Eclesiastés, Cantares, Abdías. Pero es indudable que
los autores del NT admitían y usaban los libros canónicos recibidos por los judíos.

35

Ministerio D’CRISTO

Josefo Flavio
(38-100 d.C.), en su libro
Contra Apión
(1: 7-8), compuesto hacia el año 97-98 d.C., escribe que los judíos no tenían millares de
libros en desacuerdo y contradicción entre sí, como sucedía entre los griegos, sino sólo
veintidós
, que eran justamente considerados como divinos y contenían la historia del pasado. Los
22 libros los distribuye de la siguiente manera:
cinco
de Moisés,
trece
de los profetas y
otros cuatro
libros que contenían himnos de alabanza a Dios y preceptos de vida para los hombres.
Este texto de Josefo Flavio es de gran importancia, aunque no nos dé los nombres de los
libros. Lo cual nos indica que en aquel tiempo ya se encontraba cerrado el canon de los
judíos. Este hecho parece que tuvo lugar, según la tradición rabínica, en la asamblea de
Yamnia (hacia el año 100 d.C.). Después de la destrucción de Jerusalén, los judíos
doctos se consagraron con gran ahínco a conservar lo que aún subsistía del pasado, en
modo especial las Sagradas Escrituras. A partir de la asamblea de Yamnia, quedó fijado
definitivamente el canon ya admitido desde hacía unos siglos antes. Son bastantes los
autores antiguos que atribuyen el canon de 24 libros del AT a Esdras. Por eso se le suele
llamar
canon esdrino
. Esta opinión fue de nuevo resucitada en el siglo XVI por el judío Elías Levita (1549),
el cual afirmó que Esdras
había sido ayudado en su labor por los “miembros de la Gran Sinagoga”
. A Elías Levita siguieron muchos protestantes y católicos, de tal forma que se convirtió
en la opinión común hasta nuestros días. Para los protestantes, Esdras habría cerrado de
modo definitivo el canon, de tal manera que en lo futuro no se permitió añadir más
libros; para los católicos, en cambio, la compilación canónica de Esdras no había sido
definitiva. Por eso, los judíos alejandrinos pudieron añadir más tarde los libros
deuterocanónicos. Josefo Flavio atribuye la formación del canon al tiempo de Artajerjes
I Longímano (465-425 a.C.), es decir, al período en que tuvo lugar la actividad religiosa
de Esdras y Nehemías.

Los judíos
palestinenses
admitían, en tiempo de Cristo, todos los libros protocanónicos como sagrados. Esto
parece estar fuera de toda duda. En tiempo de Cristo, existía ciertamente entre los judíos
una colección de Libros Sagrados del AT, a la que se atribuía la máxima autoridad
normativa. Jesucristo y los apóstoles recibieron también esta colección de libros con
suma reverencia y la aprobaron, considerándola como sagrada y normativa. Esto se
deduce de la manera de proceder de Cristo y de sus discípulos. Con frecuencia recurren
al testimonio de las Sagradas Escrituras, considerándolas como
palabra de Dios.
La colección de Libros Sagrados aceptada por Cristo contenía sin duda alguna todos los
libros
protocanónicos
admitidos entonces por los judíos. Entre éstos hay que incluir también siete libros
protocanónicos (Rut, Esdras, Nehemías, Ester, Eclesiastés, Cantares, Abdías, Nahum)
que no son citados en ningún lugar del NT.

36

Ministerio D’CRISTO

Nadie pone en duda que la Iglesia primitiva haya recibido como libros canónicos e
inspirados siguiendo el ejemplo de Jesucristo y de los apóstoles todos los
protocanónicos del AT.

El Canon de Nuevo Testamento


Los cristianos del primer siglo circularon documentos ya fuera escritos o aprobados por
los apóstoles que contenían una explicación autorizada de los relatos concernientes a la
vida y las enseñanzas de Jesús. Estos documentos muchas veces se citaban mutuamente
y presentaban el mismo mensaje del evangelio desde perspectivas distintas y en estilos
distintos. La actividad literaria de los autores del NT se extiende por un período de unos
sesenta años: entre los años 40 a 100, d.C. Cientos de otros documentos se escribieron
y se circularon, pero la Iglesia rechazó rápidamente los documentos ilegítimos y
estableció la autoridad de los que eran genuinos. Algunas cartas se perdieron como la
carta a Laodicea mencionada en
Col
4:16. Para ganar reconocimiento canónico, el libro debía pasar dos pruebas básicas.
Primero, debía tener un historial de "aprobación continua y amplia entre los cristianos".
Segundo, se esperaba que demostrara que, o bien había sido escrito por un apóstol, o
específicamente aprobado por los apóstoles. En el NT encontramos ya ciertos indicios
que parecen demostrar que se atribuía a los escritos de los apóstoles una autoridad
divina. En la
1 Tim
5: 18 tenemos el primer ejemplo de citación de las palabras de Jesús como Escritura
sagrada. La epístola de
2 Pe
3: 15-16 atribuye la misma autoridad a las epístolas de Pablo que a los escritos
proféticos. En los primeros siglos de la Iglesia aún no se había determinado cuáles
libros formarían el canon de la Biblia. Había mucha variedad en lo que se creía era
inspirado. En algunas ciudades del Medio Oriente rechazaban la carta a los Hebreos.
Además, en ese tiempo, había muchos escritos falsos. En Antioquía, en el año 200, se
utilizaba el llamado "Evangelio de Pedro" (considerado actualmente uno de los
evangelios apócrifos). Enemigos de la Iglesia trataron de sembrar confusión y
promover herejías a través de evangelios y epístolas falsas como por ejemplo el
"Evangelio de Tomás" (promovido por los gnósticos), el "Evangelio de Maria
Magdalena", cartas de San Pablo no escritas verdaderamente por él. Tres fueron las
causas
principales que aceleraron la formación del canon del Nuevo Testamento: 1) La
difusión de muchos apócrifos, que eran rechazados por la Iglesia a causa de las
doctrinas peligrosas que contenían;

37

Ministerio D’CRISTO

2) la herejía de Marción, que seguía un canon propio. Rechazaba todo el Antiguo


Testamento, y del Nuevo sólo admitía el evangelio de San Lucas y diez epístolas de San
Pablo;
3)
la herejía de los montanistas, que añadía nuevos libros al canon de la Iglesia y afirmaba
que había recibido nuevas revelaciones del Espíritu Santo.

Un hombre llamado Tacio trató de unir los distintos evangelios en uno sólo, quitando
lo repetido en ellos, pero no fue una idea aceptada por muchos. Todas estas cosas
urgieron la determinación del Canon del NT. Hacia fines del siglo II, la colección del
NT era casi la misma en las iglesias del Oriente y el Occidente. La primera lista de
libros compilados (un primer intento de decidir el canon), es conocida como "la Lista
Muratoriana" (170-180 d. C.) contenía los cuatro Evangelios, el Apocalipsis de Juan y
trece cartas de Pablo, pero omitía la Epístola a los Hebreos y las Epístolas de Pedro,
etcétera. Durante el período de 140 a 220 d. C., había dudas sobre Hebreos, Santiago, 2
Pedro, 2 y 3 de Juan y el Libro del Apocalipsis. Muchos creían en la inspiración de la
"Didajé" y de "El Pastor" de Hermas. Clemente de Alejandría en Stromata aceptó
como escritura inspirada la "Carta a Bernabé" y "El Pastor" de Hermas. Incluso citó "El
Apocalipsis de Pedro" como si fuera Escritura. Según Orígenes, se discutía Hebreos,
Santiago, 2 de Pedro, 2 y 3 de Juan, Judas en el período de 220 a 400. Serapión (obispo
de Antioquía, 190 d.C.) Prohibió a su jurisdicción leer el Evangelio de Pedro, sin
embargo la gente seguía apreciando este libro. Hacia fines del tercer siglo, salieron
otras listas diferentes por ejemplo de Mileto, Obispo de Sardis. Ireneo, Obispo de Lyon
en Adv. Haeres II, no reconoció la carta a Filemón; Tampoco Eusebio, Obispo de
Cesarea. En el Oriente, Juan Crisóstomo no dudaba de Segunda de Pedro, Tercera de
Juan, Judas y Apocalipsis. En el Concilio Romano, bajo la autoridad del Papa Dámaso
(366 - 384 d.C.), aparece la primera lista de la Iglesia católica. El Concilio de Hipona
(393 d.C.), convocado por el Papa Dámaso durante el asamblea de Roma en 382 d.C.,
representa la primera confirmación oficial del canon católico. En adelante, en las actas
de los concilios, lo mismo de los orientales que de los occidentales, y en los decretos
de los Papas (ejemplo Inocencio I) aparecen los libros del NT. En el Concilio de
Cártago (397) se ratificaron las decisiones de los concilios anteriores. Aún se necesitó
otro concilio (Cártago II en 419) para reafirmar el canon porque todavía había dudas
sobre las cartas de Santiago, Judas y Hebreos. Encontramos la lista de los 46 libros del
AT (Biblia católica) en el Decreto Número 36 de este concilio.

38

Ministerio D’CRISTO

Los cristianos evangélicos no aceptamos las decisiones de los católicos en cuanto al


canon del NT, ya que como vimos, el canon del NT, se encontraba formado durante el
siglo II, sólo que la Iglesia Católica normalizó los libros del NT (Aunque el canon del
NT fue confirmado oficialmente en su forma presente y final por el tercer concilio de
Cartago en el año 397).
CÁNONES DE LA BIBLIA El Canon Griego o Canon de Alejandría
En la versión griega llamada Septuaginta o versión de los LXX, se incluyeron libros que
se leían en sinagogas de Alejandría, los denominados libros
“deuterocanónicos”. Algunos libros no fueron traducidos, sino escritos directamente
en griego (Sabiduría y el segundo libro de Macabeos). Este canon tiene quince (15)
libros más que el Canon Hebreo y se clasifica en: 1. Legislación e historia 2. Poetas y
profetas
El Canon Hebreo o Canon de Palestina
Un grupo de rabinos que habían conseguido escapar del asedio de Jerusalén en el año 70
fundaron hacia el año 90 una escuela en Yamnia. Decidieron recopilar y ordenar los
libros que consideraban inspirados, tarea que finalizaron en el siglo II de nuestra era.
Sólo aceptaron los que habían sido escritos en hebreo; es decir solo treinta y nueve (39)
libros, excluyendo los deuterocanónicos. Estos libros se denominan

protocanónicos

. La Biblia hebrea contiene 24 libros y se dividen según el siguiente esquema: 1. Torah
(La ley); contiene los cinco libros de Moisés 2.
Nebi‟im (
Los profetas); Se dividen en:
o
Profetas Anteriores (Josué, Jueces, Reyes y Samuel)
o
Profetas Posteriores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce) 3. Ketubin (Los escritos);
contiene: Salmos, Proverbios, Job, cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés, Ester,
Daniel, Esdras

Nehemías y Crónicas Los 24 libros de la Biblia hebrea son los mismos 39 libros del AT
de los cristianos, la numeración se originó cuando se empezó a contar por separado cada
uno de los profetas menores y cuando se separaron en dos los libros de Samuel, Reyes,
Crónicas y Esdras

Nehemías.

39

Ministerio D’CRISTO

Como vemos la Biblia hebrea sólo acepta a treinta y nueve libros del AT como
inspirados por Dios y excluye los siete restantes y varios fragmentos del libro de Daniel
y de Esther que aceptan los católicos.
El Canon Católico
Los católicos mantienen como parte del AT los libros deuterocanónicos (pertenecientes
a la Biblia de los Setenta), pero no todos los quince libros sino sólo siete libros (07). El
canon católico quedó fijado definitivamente en el Concilio de Trento en 1546 y lo
ratificó el Vaticano I en 1870. En las Biblias católico romana y anglicana
se hallan una serie de libros que
se consideran valiosos, pero no inspirados.
Estos libros se llaman Apócrifos. Pero los libros Apócrifos nunca fueron reconocidos
como plenamente inspirados ni por los judíos ni por la iglesia primitiva.
El Canon Protestante
Durante la Reforma luterana del siglo XVI, rechazaron el canon recientemente aceptado
en el concilio de Trento. Inicialmente estos libros apócrifos fueron añadidos al final de
las Biblias, pero luego fueron retirados en el siglo XIX. Los cristianos sólo aceptamos
para el AT los treinta y nueve libros del canon Hebreo y los veintisiete libros del Canon
Católico para el NT. Estos son los únicos escritos que los cristianos consideramos
plenamente inspirados

La imprenta de Gutembert

40

Ministerio D’CRISTO

Los libros inspirados que componen el canon del AT. hebreo fueron escritos en hebreo,
por profetas hebreos y dirigidos al pueblo hebreo. Los llamados libros apócrifos no
fueron escritos en hebreo, ni por profetas hebreos inspirados por Dios, nunca formaban
parte del canon hebreo. Alrededor de los años 90 - 100 d.C. los israelitas convocaron a
un Concilio que se reunió en Jamnia, con el propósito de considerar la naturaleza de los
libros agregados a la versión griega. Había mucho desacuerdo entre los diferentes
grupos y sectas judíos. Los saduceos solamente confiaban en el Torá, los fariseos no
podían decidir sobre Ester, Cantares y Eclesiastés. Para determinar si un libro es o no
es inspirado, aquel Concilio estableció las bases siguientes: a) El libro debe estar de
acuerdo con la Ley de Moisés b) Debe haberse originado en Palestina c) Debe haber
sido escrito en hebreo d) Debe haberse escrito antes de la muerte del escriba Esdras.
Como los libros apócrifos no llenaban los requisitos establecidos por el Concilio, éste
determinó que no tenían derecho a formar parte del conjunto de libros inspirados por
Dios.

Cuando se hizo la primera traducción de los Escritos hebreos del AT. al idioma griego
(la Septuaginta) fueron agregadas estos libros apócrifos Filón de Alejandría era un judío
nacido aproximadamente el 20 a.C. El tenía una lista contemporánea de los escritos del
AT, dio citas de casi todos los libros del AT, pero no menciona ni uno de los apócrifos.
Los cristianos protestantes no los incluyen en la Biblia por varios motivos como estos:
a) Algunos de sus escritores niegan ser inspirados b) Ninguno de los libros es listado
por Cristo ni por los apóstoles c) No tenían lugar en el canon del AT. hebreo d)
Contienen doctrinas que contradicen las Sagradas Escrituras e) Esta lleno de errores y
falsedades f) La propia Iglesia Católica no los aceptaba como inspirados hasta antes del
Concilio de Trento (1545 - 1546) Martín Lutero y los demás reformadores decidieron
seguir la decisión judía de basar el canon del AT sobre el idioma hebreo y sacaron los
siete libros de su Biblia. Los llamaron "apócrifos" siguiendo la idea de Jerónimo. Así
comenzó la

41

Ministerio D’CRISTO

Biblia Protestante. En el tiempo de la Reforma, Lutero (1534) introdujo la idea de


calificar los varios libros del NT según lo que él consideraba su autoridad. Otorgó un
grado secundario a los siete libros
“Apócrifos”
del AT, pero no los quitó de la Biblia. Dijo que
no son iguales a las Sagradas Escrituras, pero sí son útiles y buenos
para leer.
Todo esto llevó a que la Sociedad Bíblica Inglesa tomara la determinación (3 mayo
1826) de no imprimir en adelante los libros Apócrifos junto con el resto de la Sagrada
Escritura.

TRIVIALIDADES DE LOS LIBROS APÓCRIFOS


Veamos a continuación algunos puntos de la naturaleza de los libros apócrifos.
TOBÍAS
.- Un ángel llamado Rafael (5: 4) se presenta ante Tobías, pero miente su nombre
diciendo llamarse Asarías (5: 13), luego el ángel le enseña que si se quema el corazón o
el hígado de un pez ante un hombre o una mujer atormentados por un demonio este
huye para siempre y si con la hiel del pez se untan los ojos con cataratas estos quedan
sanas (6: 8 - 9), más adelante Tobías se debe casar con una mujer que estuvo casada 7
veces, pero en la noche de bodas un demonio mataba a sus maridos, entonces el día de
la boda, de Tobías estando ya en la alcoba, Tobías recordó las palabras del ángel y la
puso en práctica y en efecto sucedió tal y como el ángel le enseñó (8: 2 - 3). En otra
parte dice: "Ya que la limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Los que dan
limosna tendrán larga vida" (12: 9). Todo esto que venimos considerando nos es más
que doctrina errónea y pagana que contradice las Sagradas Escrituras.
JUDIT
.- La versión católica de la Biblia de Jerusalén, tiene una nota que hace referencia al
verso dicho de Judit que dice: "Nabucodonosor nunca fue llamado rey se los Asirios ni
reinó en Nínive". En el libro de Judit comienza con una mentira que dice: "Hacia 12
años que Nabucodonosor, rey de Asiria, reinaba en la gran ciudad de Nínive....
“(
1: 1). En pocas palabras ni los católicos creen en la inspiración del libro de Judit. Los
católicos creen que el texto 13:18-20, se refiriere a María la madre de Jesús.
SABIDURÍA
.- En la versión griega lleva el titulo "La Sabiduría de Salomón", pero este libro fue
escrito alrededor del año 40 d.C, es decir, mil años después de que naciese Salomón, un
autor católico señala que este libro fue escrito para impedir que los judíos cayeran en el
escepticismo, el materialismo y la idolatría. Del capítulo 3: 5-6, los católicos
desprenden la existencia de un purgatorio

42

Ministerio D’CRISTO

ECLESIÁSTICO
.- Este libro contiene una introducción puesta por el que tradujo este libro del hebreo al
griego, él dice: "Mi abuelo Jesús, después de dedicarse con constancia a la lectura de la
ley, de los profetas y de los otros libros de nuestros antepasados, en lo que adquirió gran
competencia, se puso el también a escribir algo sobre materiales de doctrina y sabiduría.
Esta declaración del traductor nos dice que su abuelo se "propuso por su cuenta escribir
alguna cosa y lo escribió". Lo que escribió es bueno, representa mucha sabiduría, pero
no es Palabra de Dios.
BARUC
.-Este libro comienza diciendo que fue escrito por Baruc, hijo de Nerías (1: 1), este
Baruc vendría hacer el que escribía los libros de Jeremías en el año 582 a. C., pero en
realidad este libro fue escrito en el año 100 d. C. Aprox., la versión católica llamada
Biblia Latinoamericana dice en su introducción al libro: "El libro de Baruc fue escrito
entre los últimos libros de la Biblia; a lo mejor, en el último siglo a. C.". De modo que
ni los mismos teólogos católicos creen que Baruc hijo de Nerías y escribiente de
Jeremías haya escrito este libro porque resulta prácticamente imposible; por lo tanto el
libro comienza con una afirmación falsa.
LOS MACABEOS
.- En la introducción que aparece en la versión Nácar Colunga al segundo de los
Macabeos, dice:.."Un cierto Jasón de Cirene compuso sus cinco libros sobre Judas
Macabeo, nuestro autor los compendio este sólo libro". Este libro es rechazado por
judíos y cristianos por lo siguiente: a) Enseña que se puede ofrecer sacrificios por los
muertos (12:43- 45) b) Es un resumen de cinco libros escrito por otros autores. c) El
autor declara no haber escrito bajo inspiración divina, ya que termina diciendo: "Si la
narración ha sido buena y bien dispuesta, esto es lo que he deseado; mas si ha sido
mediocre o imperfecta, es que no podía hacer mejor...." (15: 38). d)
Los católicos
utilizan el texto de 2 Mac. 15: 13-14, para enseñar la doctrina de la intercesión de los
Santos para nosotros.
ESTER
.- En nuestra Biblia el libro de Ester consta de sólo 10 capítulos, pero en las Biblias
Católicas es difícil de saber esto, por ejemplo en la Biblia Latinoamericana inicia con el
Cáp.11, luego sigue el Cáp. 12 luego el 1,2,3 y después el 13, luego el 4, luego a través
en el 11. No estamos bromeando, sino cree usted mismo revise una Biblia Católica,
además en la introducción al libro dice: " El libro de Ester contiene en la Biblia griega
muchos trozos que no están en la Biblia hebrea. Algunos creen que estos trozos fueron
añadidos en la Biblia griega. Otros piensan al revés......".
DANIEL
.- Nuestra Biblia tiene 12 capítulos y las Biblias católicas tienen 14 capítulos. Los
autores católicos reconocen que los 2 últimos capítulos no fueron escritas en

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Ministerio D’CRISTO

hebreo, y que no son de la misma naturaleza que lo que Daniel escribió en hebreo. Esto
prueba que Daniel no escribió los otros 2 capítulos. Los padres de la Iglesia tampoco
aceptaron los libros Apócrifos entre ellos tenemos a Atanasio (373), Cirilo de Jerusalén
(386), Epifanio y Gregorio Nacianceno (389) y años más adelante también Carlostadio
(1520), negó a los libros apócrifos, seguido por Martín Lutero (1534) y luego Calvino
(1540). Incluso el papa Gregorio el Magno no aceptó la autenticidad de los libros
apócrifos.
-----------------------****------------------------
Los libros apócrifos no son inspirados por Dios; pero son útiles como libros de
Historia,
como dijo Martín Lutero “
no son iguales a las Sagradas Escrituras, pero sí son útiles y buenos para leer
”.
Pero no pueden ser considerados como libros inspirados por Dios. Los católicos tratan
de demostrar que son libros inspirados ya que en ellas se encuentran muchas de las
falsas doctrinas que predican. El autor católico M. Chasles dice:

"Siete libros del AT. (católico) no fueron admitidos en el número de las Escrituras por
los doctores de la ley en Jerusalén. En la época de Jesucristo, y de los Apóstoles,
Jerusalén tenía su Biblia hebrea, treinta y nueve libros. Los traductores de la versión
griega "tradujeron del hebreo los 39 libros que componen la Biblia hebrea de Jerusalén,
y luego agregaron otros siete libros de los que sólo tenían el original griego." Esta
sincera, franca y veraz declaración de un católico a los libros apócrifos los sitúa fuera
del catálogo de los libros inspirados y determinan que fueron "agregados" por quienes
no tenían autoridad para agregarlo. El Vaticano reconoce tácitamente que los libros
apócrifos no fueron escritos bajo inspiración divina. A los 39 libros que integran el
canon o catálogo hebreo, la Iglesia Católica Romana les da el calificativo de
protocanónicos, y a los siete libros llamados apócrifos les da el calificativo de
deuterocanónicos.
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Ministerio D’CRISTO

Traducir la Biblia con sus mas de 1100 capítulos no era tarea fácil, antiguamente se
demoraba un mes de trabajo para traducir solo una hoja, no obstante muchos hombres
de Dios se han entregado gustosos de traducir la Biblia a otros idiomas a pesar de que
esto los ponía en peligro y pasar penalidades y hasta perder la vida. Uno de los
principales problemas que tuvieron que afrontar los traductores bíblicos es que se
encontraban con lenguajes que no tenían escritura ni ningún tipo de representación
gráfica, había que aprenderse el lenguaje, luego inventar una forma de representarlos
gráficamente. Veamos a continuación algunos principales personajes de esta fabulosa
historia:

Ulfilas, al principio del siglo IV d.C. emprendió la traducción de la Biblia a una


lengua contemporánea pero sin escritura. Resolvió el problema inventando el alfabeto
gótico, de 27 caracteres, cuya base fueron los alfabetos griegos y latinos, esta traducción
fue terminada alrededor del año 381 d.C.

En el siglo IX, dos hermanos que hablaban el griego, llamados Cirilo (Conocido como
Constantino) y Metodio, decidieron traducir la Biblia para los pueblos de lengua eslava
y este idioma tampoco tenía escritura, de modo que los dos hermanos inventaron un
alfabeto sobre la cual elaboraron la Biblia y luego tuvieron que enseñar sus escritura a
todos los pueblos de habla eslava.

En Inglaterra en 1382, Juan Wiclyffe tradujo el NT de la Vulgata Latina al inglés, sus


escritos influyeron en Juan Hus, rector de la Universidad de Praga, a quien el
catolicismo lo persiguió sin piedad, muere al final quemado en la hoguera.

En 1517, Martín Lutero inicia la Gran Reforma y cuando el catolicismo intenta


perseguirlo unos príncipes alemanes lo apoyaron y los protegieron contra los esfuerzos
papales para poner fin a su vida. Estando escondido en los castillos de los príncipes
alemanes logra traducir la Biblia del griego al alemán.

En Inglaterra nace William Tyndale, este llegó a ser un joven muy estudioso. Ya en el
siglo XVI se dispuso a traducir la Biblia de los idiomas originales al Inglés, como
encontró oposición de parte el clero de la Iglesia Católica y del Estado, tuvo que huir a
Alemania, estando allí imprimió en 1526 el Nuevo Testamento en Inglés, luego
comenzó a introducirlos clandestinamente en sacos de arena a Inglaterra, lo cual
enfureció tanto a las autoridades que decidieron quemar los ejemplares en público. Los
difusores del NT de Tyndale eran puestos en prisión o quemados en la hoguera.
Posteriormente Tyndale fue traicionado por uno de sus colaboradores y antes de ser
quemado en la hoguera muere

45
Ministerio D’CRISTO

estrangulado, antes de morir exclamó: "


°
Señor, ábrele los ojos al rey de Inglaterra!".

En 1537 Piers Robert primo de Calvino traduce la Biblia al idioma Francés. Nada
detenía la labor de los traductores bíblico. Para 1,800 la Biblia se había traducida entera
o en parte a 68 idiomas. La Gran Reforma que había iniciado Martín Lutero, impulsó a
centenares de jóvenes ir a misiones con el objetivo de predicar y traducir las Escrituras.

Uno de estos misioneros fue el escocés Robert Moffat. En 1821 siendo de 25 años
fundó una misión entre los Tsuanes, de África meridional. Decidió aprender su lenguaje
que no tenía escritura, para ello tuvo que convivir entre ellos, no fue fácil para él; pero
perseveró y con el tiempo dominó el idioma, lo que le permitió elaborar un sistema de
escritura. En 1829, después de haber vivido 8 años con los Tsuanes, Moffat terminó de
traducir el evangelio de Lucas al idioma de los Tsuanes y para imprimir esa porción de
la Biblia tuvo que viajar unos 1,000 Kilómetros en un carro tirado por bueyes,
finalmente el evangelio se publicó en 1830. Ya en 1857 dirigió la traducción de toda la
Biblia al idioma de los Tsuanes. Gracias a hombres como Moffat los africanos hoy en
día tienen la Biblia en más de 600 idiomas.

Adoniram Judson, nacido y criado en los EE.UU., viajó a Birnania, donde comenzó a
traducir la Biblia al birmano en 1817. Judson demoró 18 años de minuciosa labor, ya en
1835 recién pudo imprimir la Biblia en el lenguaje birmano. No obstante mientras
Judson estaba en Birmania trabajando en su traducción, fue acusado de espionaje y lo
encerraron por casi 2 años en una cárcel infestada de mosquitos. Poco tiempo después
de ser librado, mueren su esposa y su pequeña hija víctimas d fiebre.

En 1807, cuando Robert Morrison contaba con 25 años de edad, viaja a China, donde
emprendió la tarea más difícil de traducir la Biblia al lenguaje chino. Morrison se
encontró con serios problemas ya que el lenguaje chino es el más complejo y difícil de
aprender, además la ley China prohibía, bajo pena de muerte a quién enseñara su idioma
a los extranjeros. Morrison, intrépido pero cauto, siguió estudiando el idioma
asolapadamente y en cuestión de poco tiempo logró aprenderlo. De día trabajaba para
una empresa y de noche se dedicaba a traducir la Biblia en secreto, con el constante
riesgo de ser descubierto. En 1,814, siete años después de su llegada tenía listo el NT
para imprimirla, cinco años más tarde con la ayuda de William Milme terminó del AT.

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Ministerio D’CRISTO

La palabra "Versión", viene del verbo "Verter", que significa traducir de un idioma a
otro. Unos cuantos siglos antes de Cristo, los judíos ya tenían la recopilación de los
textos bíblicos del AT. al que ellos llamaban: Los Escritos (
Ver capítulo X
:
El Canon de la Biblia
), a partir de esas Escrituras se hizo la primera versión o traducción a la lengua griega
que tuvo lugar alrededor del año 250 a.C., esta versión del AT. vino a llamársele la
"Septuaginta".
VERSIONES PRIMITIVAS (del 250 a.C. hasta el 400 d.C. )
1.
La Septuaginta
Mientras la primera semejanza del canon hebreo se empieza a formar, la lengua hebrea
comienza a morir y desapareció completamente para el año 135 a.C. Por esta razón
Jesús y sus contemporáneos en Palestina hablaban arameo, un dialecto del hebreo. Por
el año 605 a.C. , el Pueblo de Israel sufrió una dispersión o, como se le conoce
Bíblicamente, una "diáspora". El rey Nabucodonosor conquistó a Jerusalén y llevó a los
israelitas cautivos a Babilonia, comenzando la "Cautividad de Babilónica"
(2 Reyes 24,12 y 2 Reyes 25,1). Pero no todos los israelitas fueron llevado cautivos,
un "resto" quedó en Israel:
2 Reyes 25,12; 2 Reyes 25,22; Jeremías 40,11; Ezequiel 33,27. También un
número de Israelitas no fueron cautivos a Babilonia sino que fueron a Egipto: 2
Reyes 25,26; Jeremías 42,14; Jeremías 43,7.
El rey Ciro de Persia conquistó a Babilonia (2 Crónicas 36,20; 2 Crónicas
36,23) y dio la libertad a los israelitas de regresar a Israel, terminando así su
esclavitud. Algunos regresaron a
Palestina
(Esdras 1,5; 7,28 y Nehemías 2,11) pero otros se fueron a Egipto, estableciéndose, en
su mayoría, en la ciudad de
Alejandría
(fundada por Alejandro Magno en el 322 a.C., contaba con la biblioteca mas importante
del mundo en esa época). En esta gran ciudad convivían griegos, judíos y egipcios. Se
cree que estos judíos que vivían en esta ciudad (Alejandría - Egipto) fueron los que
tradujeron las Escrituras hebreas al griego. Una legendaria narración conocida como
carta de Arísteas (escrita hacia el año 125 a.C. ) cuenta que el rey de Egipto, Ptolomeo
II Filadelfo, gran amante de las letras, envió embajadores a Jerusalén para solicitar una
traducción de las Escrituras para su famosa biblioteca privada de Alejandría. A esta
delegación fueron enviados seis expertos por cada tribu de Israel, en total 72 (12 * 6 =
72) redondeando quedarían 70, de allí el nombre de Septuaginta o versión de los 70
(abreviada LXX = 70 en números romanos).

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Ministerio D’CRISTO

Esta traducción viene hacer el principio del error o la cucharada de Satanás, porque en
ella no sólo se tradujeron los 39 libros que conforman el canon hebreo, sino que se
añadieron quince (15) libros más que no habían sido escritas bajo inspiración divina.
Esta añadidura se hizo en forma paulatina.
2. Versiones Griegas Posteriores
a. La traducción de Aquila, este prosélito judío, quiso combatir las doctrinas cristianas
con su propia traducción. b. Revisión de la Septuaginta por Teodoción c. La versión de
Símaco.
3. Los Targumenes
Cuando los israelitas volvieron del exilio babilónico hablaban el lenguaje arameo.
Esdras y sus ayudantes leían la Ley al pueblo en Hebreo y la tenían que traducir (
Neh. 8: 8
). Al principio esta interpretación era solamente oral. Finalmente se fijó esta traducción
por escrito, este es el origen de los Targumenes.
4. Versión Peshita
Significa versión siriáca “Simple”, es una traducción del AT directamente del
original hebreo
5. Versión Itala (En Latín)
Es una traducción de los latinos de Italia aproximadamente en el año 250 d.C. Fue
traducida directamente de los textos originales de la Septuaginta, donde se agregaron los
libros apócrifos.
6. La Vulgata Latina
Damasco, obispo de roma, encomendó a Jerónimo (el católico más destacado de su
tiempo) a que prepararse la versión oficial de la Biblia, y este se fue hasta Belén, en
donde le dedicó cerca de 20 años de la vida entregado a la traducción de la Biblia
oficial, la cual vendría a llamarse la "Vulgata Latina" que vio la luz alrededor del año
400 d.C. Jerónimo tampoco era participe de la inclusión de los libros apócrifos; pero la
presión ejercida por los que estaban familiarizados con la versión Itala, terminaron
obligándolo. El 8 de abril de 1,546 en el Concilio de Trento se discutió el problema de
los libros apócrifos y se acordó excluir de la Vulgata 3 de los 10 libros que se habían
agregado en ella, las cuales son: 1. El Tercero de Esdras. 2. El cuarto de Esdras 3. La
Oración de Manasés

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Ministerio D’CRISTO

Como vemos a través de la historia, de los quince (15) libros apócrifos que fueron
añadidas en un principio en la versión griega, cinco (05) fueron excluidos en la versión
Itala y luego tres (03) mas de la versión Vulgata Latina, esto nos muestra que los que
agregaron estos libros procedieron de una manera irresponsable lo cual nos da a pensar
que de igual forma sucedieron con los siete (07) libros apócrifos restantes. No hay
ningún solo elemento de valor o de peso a favor de los libros apócrifos. A partir de la
Vulgata Latina, los Católicos (que era la religión cristiana caída en el paganismo)
hicieron que fuera prohibido la traducción de la Biblia, durante siglos escondieron la
Biblia de la lengua común de los pueblos, en el Concilio de Tolusa (1229) se aprobó que
los Laicos no leyeran la Biblia en el idioma común, todo aquel que protestaba o se
sublevaba a esto, era hombre muerto.
VERSIONES CONTEMPORÁNEAS (del año 400 d.C. hacia delante)
Mencionaré algunas Biblias importantes y luego trataremos a fondo algunas de ellas
1. Biblia Alfonsina
Fue la primera Biblia traducida al castellano en el 1280, fue traducida de la Vulgata
Latina. Bajo el auspicio de Alfonso X, el Sabio, Rey de Castilla y Aragón
2. Biblia Del Duque De Alba
Se tradujo al castellano en el 1430, el Antiguo Testamento se tradujo directamente del
Hebreo y Arameo por un rabino judío llamado Moisés Arragel
3. Biblia Latina De Gutemberg
Es llamada la Biblia de las 42 líneas, fue impreso en 1456 y es la primera Biblia
impresa. 4.
El Texto Griego De Erasmo De Rótterdam
(Ver capítulo ¿? Textos Griegos)
5. Versión Políglota Complutense
(Ver capítulo ¿? Textos Griegos)
6. Primera Traducción Al Español Por Francisco De Enzinas
(Ver capítulo ¿? Textos Griegos)
7. Biblia De Ferrara
Se tradujo el AT del hebreo al castellano en 1553 por los judíos Abraham Usqui y Yom
Tob Abias
8. Biblia De Juan Pérez De Pineda
El NT de Juan Pérez Pineda apareció en 1556. Se trata de una revisión del NT de
Encinas.

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Ministerio D’CRISTO

9. Biblia Del Oso


En 1569 Casiodoro de Reina tradujo de las lenguas originales la versión que todavía
circula después de muchas revisiones. Es la primera Biblia completa en Castellano
10. Revisión De La Obra De Casiodoro De Reina
(Ver Comentario)

La Biblia del Oso fue revisada por Cipriano Valera en 1602. Otras 1850, 1862, 1865,
1874, 1890, 1909 y la última revisión realizada por las Sociedades Bíblicas en 1960.
Valera dedicó veinte años de su vida a la tarea de cotejar la obra de Casiodoro con los
textos hebreos y griegos, también eliminó las notas marginales de la obra de Casiodoro
y agrupó todos los libros apócrifos.
11. Biblia Del Rey Jonás (King James)
Traducida al habla inglesa en 1611, En esta obra participaron 47 eruditos, todos ellos
pertenecientes a la Iglesia de Inglaterra y al partido de los puritanos. Fue revisada en
1613, 1629, 1638, 1683 y 1769, y sigue siendo impresa en grandes cantidades
12. Biblia De Felipe Scio
Traducida al castellano en 1793
13. Biblia De Torres Amat
Traducida al castellano en 1825
14. Versión moderna por h.b. Pratt
Traducida al castellano en 1893
15. Biblia Nácar Colunga
Biblia Católica, traducida al castellano en 1944
16. Biblia De Straubinger
Biblia Católica, traducida al castellano en 1944
17. Biblia Bover

Cantera
Biblia Católica, traducida al castellano en 1947
18. Biblia De Herder
Biblia Católica, traducida al castellano en 1964

50

Ministerio D’CRISTO

19. Biblia De Jerusalén


Traducida en 1956, en sus inicios apareció en fascículos. Esta traducción incluye notas
modernistas.
20. Biblia Latinoamericana
(Ver Comentario)
21. Biblia De Las Américas
Fue traducida en 1973 de la versión Inglesa
New American Standard
; pero cotejada cuidadosamente con el original griego.
22. Nueva Biblia Española
Biblia Católica, traducida al castellano en 1975 por Juan Mateos y Alonso Schökel
23. Dios Habla Hoy (Versión Popular)
(Ver Comentario)
24. Reina

Valera Actualizada
(Ver Comentario)
25. Nueva Versión Internacional
La Nueva Versión Internacional (NVI) publicada por la Editorial Vida en 1999, es
idéntica a la versión "Dios Habla hoy".
COMENTARIOS A CIERTAS BIBLIAS
LA BIBLIA LATINOAMERICANA
En 1972 se publicó la llamada Biblia para Latinoamérica. Traducida por sacerdotes
católicos sudamericanos que simpatizaban con Carlos Marx y trataron de que la Biblia
ayudara a los movimientos marxistas. Los traductores de esta Biblia niegan que el
Pentateuco sea inspirado por Dios. Entre el capítulo 2 de Génesis hay un comentario
que lleva como título "LA BIBLIA Y LA EVOLUCIÓN" y dice así: "........Pero ahora
preguntamos:
¿
Quién escribió esta página de la Biblia? La escribió uno de los sabios que rodeaban a
Salomón.............los sabios israelitas no empezaron [a escribir] de cero, sino que
aprovecharon [literaturas paganas antiguas]......allí se contaba como los dioses se habían
puesto celosos de la felicidad de los humanos, cómo habían traído sobre ellos un
diluvio......los sabios de Salomón tomaron ejemplo de ellos para hablar el hombre y de
Dios, pero lo hicieron a su manera. Así, por ejemplo, las leyendas afirmaban que los
dioses, celosos del hombre le habían quitado la planta de la inmortalidad con la ayuda
de una serpiente astuta. Los autores de la página bíblica transformaron esta leyenda y
junto con

51

Ministerio D’CRISTO

afirmar que el hombre muere por culpa suya, hicieron de la serpiente la figura del
demonio". Un poquito más adelante declara que el hombre desciende del animal y
aprueba la teoría de la evolución del ateo Darwin y dice así:
“..... ¿
Cómo se formó la raza humana y cómo se relaciona con las razas animales? Además,
afirmamos que la raza humana heredaron [su cuerpo] de sus antepasados animales. Raza
animal. Dios es el que ha impulsado y orientado toda la evolución de los seres vivos
para que aparecieran especies cada vez más perfeccionados y con un cerebro mejor
preparado."
DIOS HABLA HOY (VERSIÓN POPULAR)
Esta es una "Biblia" publicada por católicos y evangélicos (Biblia ecuménica). En pocas
palabras el Vaticano y las Sociedades Bíblicas Americanas se unieron para dar a luz esta
nueva versión de la Biblia que contiene los libros apócrifos. Es realmente extrañable el
proceder de la Sociedades Bíblicas ya que en 1826 acordó que no emplearía ninguno de
sus fondos para publicar los libros apócrifos por no encontrarse en el Canon Hebreo.
Por espacio de 153 años S.B se mantuvieron fieles al acuerdo tomado en 1826. Pero en
1979 ignorando aquel acuerdo, publicaron y están promoviendo esta nueva versión con
los libros apócrifos. Por espacio de varios años los evangélicos hemos venido diciendo
que las versiones católicas de la Biblia incluyen libros que no son inspirados por Dios y
ante esta afirmación los católicos nos dirán que tales libros en nuestra Biblias también
lo están. En esta versión de la Biblia se tomaron la libertad de sustituir y cambiar varios
textos como por ejemplo: - Atribuyen al agua del bautismo virtud regeneradora (
Tit. 3: 5
) - Eliminaron la palabra Satán, que aparece 18 veces en el texto original. - La divinidad
de Cristo sale muy mal parada en esta versión; pues en lugar de presentarlo como hijo
de una Virgen, lo presentan como hijo de una "Joven"; pero si Ud. Se da cuenta hay
mucha diferencia entre si decimos "virgen" o si decimos "joven", porque la virgen
puede o no puede ser joven (en el cual no hay problema); pero si decimos joven, esta
puede o no ser virgen (lo cual si es problema) (
Isaías 7: 14
). - Declara que Cristo proviene de una antigua familia; pero Miqueas habla de la
eternidad de Cristo. (
Miq. 5: 2
)

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Ministerio D’CRISTO
-
Filipenses 2: 6
dice que Cristo, aunque divino, no insistió en ser igual a Dios, cuando Pablo presenta a
Cristo como igual a Dios. El pueblo evangélico de habla castellano tiene mucho que
agradecer a las S.B. pero, lo que preocupa es que ellos pasan por alto el capítulo 22 y
verso 18 del libro de Apocalipsis donde dice: "....Si alguno añadiere a estas cosas Dios
traerá sobre él las plagas escritas en este libro".
REINA

VALERA ACTUALIZADA
El reverendo Domingo Fernández, pastor bautista con más de 60 años en el ministerio,
señala que ésta versión no es "Ni Reina, ni Valera" porque está impregnada de
desvirtuaciones y mutilaciones. El mismo Rev. Nos presenta una pequeña reflexión y
dice: "
¿
Qué pensaríamos de un pintor aficionado que se atreviese a meter sus pinceles en los
cuadros de Goya y de Velásquez, transformándolos o encuadrándolos en el molde de su
propio criterio o imaginación? El que quiere pintar un cuadro que lo pinte como se le
antoje; pero no debe pretender modificar o transformar los cuadros de otros pintores. Si
las S.B. quieren hacer otras versiones que lo hagan; pero deben respetar lo que otros han
hecho. Introducir un cambio radical en Reina - Valera sería injusto, inmoral e infame. Ya
tiene una versión popular, liberal y ecuménica.
¿
No les es suficiente? La inmensa mayoría de los cristianos de habla hispana queremos la
versión Reina - Valera tal como está ahora...............". Esta revisión nueva de Reina -
Valera, no se parece en nada en cuanto a la versión a la que estamos familiarizados, al
contrario se asemeja a la versión popular Dios Habla hoy. Según la Real Academia el
vocabulario o significado de las palabras no ha experimentado cambio alguno en los
últimos 20 años. Además
¿
Por qué actualizar el lenguaje de Reina - Valera si se hace caso omiso de la
actualización del Textus Receptus del que tradujo Casiodoro de Reina?
REINA - VALERA (1960)

De entre los libros que nacieron después de la Reforma, es importante destacar la


primera Biblia completa en Castellano, obra de Casiodoro de Reina y publicada en
1569, años más tarde, Cipriano de Valera revisó el trabajo de Casiodoro de Reina (en
1602) y desde entonces esta versión de la Biblia se llama "Reina - Valera". La obra de
Casiodoro de Reina es una verdadera joya del Siglo de Oro de la literatura castellana, es
considerada la reina de las traducciones castellanas.

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Ministerio D’CRISTO

Casiodoro de Reina
Cipriano de Valera

En la traducción del AT. Casiodoro utilizó en primer lugar el "Texto Masorético" que es
considerado el texto más fidedigno del AT., además tuvo entre sus manos la Biblia de
Ferrara (1533) y la versión del hebreo al latín del dominico Santes Pagnini. En lo que se
refiere al NT Casiodoro utilizó el
“Textus Receptus” que es considerado el mejor Texto
del NT La versión de Reina había incluido los 7 libros apócrifos aprobadas en el
Concilio de Trento y la revisión de Cipriano los había reagrupado y colocado antes del
NT pero gracias a la labor de las Sociedades Bíblicas Unidas que en 1861 dejaron de
imprimir esta sección de los libros apócrifos por no encontrarse en el canon hebreo,
luego se hizo otras revisiones en 1909, 1960 y 1995. Estas revisiones posteriores se
hicieron para poner el lenguaje de la Biblia al día ya que esta evoluciona. El castellano
que hablaba Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera ha experimentado un cambio muy
grande. En la revisión de 1,909 se cambiaron 60,000 palabras por sinónimos más
comunes. En la revisión de 1960 se introdujeron alrededor de 10,000 cambios, desde
allí el castellano ha experimentado pocos cambios, hasta que apareció la revisión de
1995 la cual objeto más adelante, ya que ella no mantiene el lenguaje original de Reina -
Valera.
Quieren Minar La Credibilidad De La R-V
(Por el Rev
.
Domingo Fernández)

Parece que a los "liberales" les estorba la versión Reina-Valera y quieren una versión
distinta, una versión "liberal" como ellos. Después de haber contado por espacio de 400
años con el respeto y la admiración de propios y extraños, nos vienen ahora con que la
Reina-Valera no es digna de confianza, que le han agregado pasajes que no se
encuentran en los textos originales. Vamos a demostrar que la acusación es falsa, injusta
e infame.
Motivo 1
Encuentran el primer motivo de acusación en
Juan 5:34
y dicen que la ultima parte del verso 3, y todo el 4, no se encuentra en algunos
manuscritos. He aquí el párrafo que impugnan: "que esperaban el movimiento del agua;
porque un ángel del Señor descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua;
y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano
de cualquier enfermedad que tuviese." Estas palabras aparecen en algunos

54

Ministerio D’CRISTO

manuscritos, y no aparece en otros. Esto indica que alguien eliminó este pasaje, o que
alguien lo añadió al texto original. ¿Por qué los "liberales" afirman que el pasaje fue
interpolado y no admiten la posibilidad de que fuese omitido? Porque lo primero
conviene a su plan de desacreditar la versión Reina-Valera: Pero vamos a demostrar que
las evidencias están a favor de la autenticidad del pasaje en cuestión. La narración
aceptada por los "liberales" dice que Jesús se acercó al estanque de Betesda, y encontró
allí una "multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos." Todos admiten que estas
palabras son auténticas. ¿Por qué se congregaba aquella multitud de enfermos en el
estanque de Betesda? La narración que aparece en el Evangelio de Juan dice que se
congregaban porque un ángel descendía de tiempo en tiempo, y agitaba el agua; y el que
primero descendía al estanque... quedaba sano de cualquier enfermedad. Si no es verdad
que el ángel descendía, y que tenía lugar una manifestación sanadora, ¿por qué se
congregaban allí los enfermos? Que nos contesten los impugnadores.

¿Qué resulta más lógico y sensato, que hayan quitado o que hayan añadido? Teniendo
en cuenta que este relato no se repite en ninguna otra parte de la Biblia, creemos que a
nadie se le hubiera ocurrido inventar que un ángel descendía de tiempo en tiempo al
estanque En cambio nos parece razonable que alguien, que no creía en la veracidad del
fenómeno expuesto, lo haya eliminado al copiar un manuscrito para uso personal.

Los críticos "liberales" aceptan que las palabras del versículo 7 forman parte del texto
original, pues bien, las palabras de este versículo confirman la veracidad del versículo 4.
Jesús preguntó a un paralítico si quería ser sano, y él contestó (verso 7) "Señor...no
tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entretanto que voy, otro
desciende antes que yo." Estas palabras dan por sentado que el versículo cuatro es
veraz. Así que si quieren eliminar el verso 4, tendrán que eliminar también el 7, y este
versículo aparece en todos los manuscritos.

Otra evidencia a favor de la autenticidad del pasaje en cuestión es que en la versión


Peshitta, traducida en el segundo siglo de la era actual, en la versión Itala y en la
Vulgata, aparecen las palabras que los críticos impugnan ahora. Y en los manuscritos en
que no aparecen son los de fecha posterior a las tres versiones mencionadas. Irineo, que
nació en el año 130 de la era actual citó el pasaje de Juan 5:1-11 tal como aparece ahora
en la versión Reina-Valera, y también citaron ese pasaje Tertuliano, que nació en el año
170 d.C. y Juan Crisóstomo, que nació en el 345 d.C. y Cirilo de Alejandría que nació
en el 412 d.C. Los que tuvieron en sus manos el Evangelio de Juan en los siglos II, III y
IV confirmaron la autenticidad del pasaje que venimos considerando, y esto demuestra
que las palabras de los versículos 3 y 4 de Juan no fueron interpoladas, sino eliminadas
por uno o más copistas en siglos posteriores.

Motivo 2
Los críticos "liberales" impugnan ahora el siguiente pasaje:
Juan 7:53
a
8:11
. El pasaje que trata de la mujer adúltera. La versión católica de Nácar-Colunga tiene

55

Ministerio D’CRISTO
una nota que dice: "Este pasaje se halla omitido en bastantes códices" y agrega después:
"Esto no significa que no sea auténtico e inspirado, sino que lo omitieron por temor de
que diera ocasión para abusar de la indulgencia del Salvador en favor de los adúlteros."
Podemos estar bien seguros de que el citado pasaje forma parte del texto original. La
narración tiene que ser auténtica porque revela una sabiduría sobrenatural. Ningún ser
humano hubiera inventado una salida como la que Jesús dio a la trampa que le tendieron
los escribas y fariseos.

Tengamos presente que el que sacaba una copia para su uso personal estaba en libertad
de omitir del texto original lo que le viniese en gana.

Hace algunos años encontramos en una librería de segunda mano una Biblia que parecía
estar en buenas condiciones de conservación. Cuando la hojeamos descubrimos que le
faltaba el libro de Apocalipsis. Alguien, con mucha curiosidad, había cortado las hojas
una a una. No quería de seguro el mencionado libro en su Biblia. Conozco a un pastor
que dijo: "Si yo pudiera eliminar de la Biblia la historia de Rahab la ramera, lo haría.
Me molesta encontrar en la Biblia esa narración." Si ese pastor hubiera vivido en los
tiempos cuando las Biblias se copiaban a mano, le hubiera sido fácil dejar fuera la
narración que trata de Rahab. Y hay bastante semejanza entre la narración de la mujer
adúltera y la historia de Rahab.

Motivo 3
Pasemos ahora a considerar el último pasaje de los muchos que impugnan los críticos de
la Reina-Valera, que es
1 Juan 5:7-8
. De este pasaje faltan, en algunos manuscritos, las siguientes palabras:"...en el cielo, el
Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo, y estos tres son uno. Y tres son los que dan
testimonio en la tierra..." Creemos que únicamente una persona o grupo de personas
movido o movidos por una cuestión doctrinal podrían dejar fuera la mitad del versículo
7 y la mitad del 8.

En la Vulgata Latina aparece una nota relacionada con las palabras que faltan en
algunos manuscritos, y dice que en los escritos de los llamados Padres de la Iglesia
aparecen los versos 7 y 8 tal como están en la Vulgata y en la Reina-Valera. La
mencionada nota atribuye la omisión que se encuentra en algunos manuscritos a los
arrianos, que prevalecieron por espacio de cien años, desde fines del siglo III y la mayor
parte del siglo IV. Los arrianos no creían en la Trinidad, y como
1 de Juan 5:7
menciona al Padre, el Verbo y al Espíritu Santo (formando una unidad: Unidad de
naturaleza, la Divinidad), este pasaje estorbaba a los arrianos (discípulos y seguidores
de Arrio) y resulta lógico que lo hayan dejado fuera del manuscrito.

Las palabras relacionadas con la Trinidad (


1 Juan 5:7
) que los críticos impugnan ahora, estaban en el NT en el año 170 d.C. Cuando
tradujeron el siriaco Peshitta. Esas palabras estaban en el manuscrito del NT que San
Jerónimo tuvo en sus manos cuando tradujo la versión Vulgata, allá por el año 390 C.
Los manuscritos en que no aparecen son los posteriores a esta época, y esto demuestra
que el Apóstol Juan escribió las palabras en cuestión, y que alguien las dejó fuera
porque así convenía a los que enseñaban lo contrario.
56

Ministerio D’CRISTO

Los críticos "liberales" o "modernistas" martillan constantemente que los manuscritos


en los que aparecen los pasajes que ellos impugnan son superiores a los manuscritos que
están de acuerdo con la versión Reina-Valera. Esta clasificación de los manuscritos en
"buenos" y "malos," o superiores e inferiores nos parece intencionada y sin fundamento.

Puede ser que un material sea superior (pergamino) y otro material inferior (papiro),
pero si el manuscrito contiene el NT completo ¿por qué no ha de ser bueno? Para los
"liberales" los buenos son los que convienen a sus propósitos. Los que están de acuerdo
con la versión Reina-Valera son malos, son inferiores.

En lo que a su contenido se refiere, el TEXTO RECEPTUS, del que tradujo Casiodoro


de Reina, sirvió de base para la traducción Peshitta, (170 d.C. ) y a la luz de esta
realidad histórica se puede afirmar que el TEXTO RECEPTUS es el más antiguo de que
se tiene conocimiento. El hecho de que todos los pasajes que le impugnan a la Reina-
Valera forman parte de la Vulgata desde el año 400, constituye otra evidencia digna de
tomarse en cuenta.

¿Qué pretenden los que insisten en que Reina-Valera no es digna de confianza porque
contiene, según ellos, pasajes espurios o añadidos? Sí, señores, ¿qué pretenden?
Pretenden socavar la confianza en nuestra versión. ¿A quién sirven los que se empeñan
en destruir la credibilidad y la confianza en la versión que ha circulado en los pueblos
de habla castellana en los últimos 200 años? Estamos seguros de que no sirven a Dios.
Supongamos que un cristiano recién convertido escuche a uno de esos críticos; ¿qué
pensará de la Biblia? ¿Qué resuelve el machacar que la versión Reina-Valera tiene
interpolaciones y errores?

------------------------*******---------------------- Tenemos la firma convicción de que la


mano de Dios ha sido muy providencial guardando su Palabra a través de los tiempos y
que su poder se ha manifestado preservando su Palabra pura en diversos idiomas, en
cuanto al castellano se refiere podemos confiar plenamente en la revisión Reina - Valera
del lenguaje usado por Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, donde el mensaje de
Dios permanece puro sin omisiones ni añadiduras. Esta versión de la Biblia es la más
amada en el habla castellana, durante el transcurso de ella el pueblo evangélico creció
abundante, ella vio nacer a muchos pueblos y grupos evangélicos. No intento decir con
esto que sólo la Reina

Valera es palabra de Dios, hay muchas otras ediciones protestantes y católicas que son
muy buenas, es bueno tener para nuestro estudio personal distintas traducciones, allí
cuando el pasaje no es tan claro en Reina

Valera podemos recurrir a otra edición y salirnos de dudas.
57

Ministerio D’CRISTO

Reseña Histórica de las traducciones de la Biblia


AÑO

ANTIGUO TESTAMENTO

NUEVO TESTAMENTO

LA BIBLIA

De 1513 a
413
a.C.

Se escribieron los libros

2
50
a.C.

aprox.

la primera versión en griego


(L a Septuaginta)

Del 50 al
90
d.C.

Se escribieron los libros

170
d.C.

Versión
Peshitta
250
d.C.

Versión Itala (en Latín)

400
d.C.

Vulgata Latina

1280
d.C.

Biblia Alfonsina

1430
d.C
.

Biblia del Duque de Alba

1455
d.C.

Biblia Latina de Gutemberg

1516
d.C.

Primera Versión impresa del texto


griego por Erasmo de Rótterdam

1520
d.C.

Versión Políglota Complutense del


Cardenal Cisneros

1543
d.C.

Primera traducción a
l español
por Francisco de Enzinas

1553
d.C.

Biblia de Ferrara (Traducida


por Judíos)

1556
d.C.

Biblia de Juan Pérez de


Pineda

1569
d.C.

Biblia del Oso, primera Versión


completa en castellano, obra de
Casiodoro de Reina

1602
d.C.

Revis
ión de la obra de Casiodoro
de Reina por Cipriano de Valera

1604
d.C.
Biblia del rey Jonás (King James,
hecho por 40 expertos de
Inglaterra)

1793
d.C.

Biblia de Felipe Scio

1825
d.C.

Biblia de Torres Amat

1893
d.C.

Versión moderna por


H.B. Pratt

1944
d.C.

Biblia Nácar Colunga

1944
d.C.

Biblia de Straubinger

1947
d.C.

Biblia Bover

Cantera
1964
d.C.

Biblia de Herder

1966
d.C.

Dios Habla Hoy (Versión


Popular)

1967
d.C.

Biblia de Jerusalén

1971
d.C.

Bibl
ia Latinoamericana

1976
d.C.

Nueva Biblia Española

1978
d.C.

Dios Habla Hoy (Versión Popular)

1995
d.C.

Reina

Valera Actualizada

1999
d.C.

Nueva Versión Internacional, por


Editorial

Vida