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Pobreza y exclusión social: Conceptos y diagnósticos Mauricio Rojas Mullor Director de la Escuela de
Pobreza y exclusión social: Conceptos y diagnósticos Mauricio Rojas Mullor Director de la Escuela de

Pobreza y exclusión social:

Conceptos y diagnósticos

Mauricio Rojas Mullor

Director de la Escuela de Profesionales de Inmigración y Cooperación (EPIC) Profesor Asociado de Historia Económica de la Universidad de Lund (Suecia)

1. De la pobreza al bienestar como normalidad La pobreza no es algo nuevo en
1. De la pobreza al bienestar como normalidad La pobreza no es algo nuevo en

1. De la pobreza al bienestar como normalidad

La pobreza no es algo nuevo en la historia de la humanidad. Vivir en una condición de premura material fue la situación normal del género humano hasta que los progresos tecnológicos de la era moderna hicieron posible, para las amplias mayorías, tener acceso a niveles de consumo, salud, educación y bienestar en general impensables en épocas anteriores. Todavía para economistas clásicos como David Ricardo la pobreza, definida como un nivel de consumo que básicamente aseguraba la subsistencia, era el destino natural de las clases trabajadoras industriales 1 . Thomas Malthus profetizó, en su célebre Ensayo sobre los principios de la población publicado en 1798, la necesaria pobreza de la gran masa de los seres humanos dada la tendencia de la humanidad a reproducirse más allá de las posibilidades de la agricultura de producir alimentos a un ritmo que igualase la rapidez del crecimiento poblacional. A mediados del siglo XIX, Karl Marx basó su pronóstico sobre la necesaria caída del capitalismo en la pauperización del proletariado industrial, hecho que él consideraba como una “ley férrea” del desarrollo capitalista. Sin embargo, ya Marx veía esta pauperización como un hecho básicamente social, determinado no por la falta de medios sino por la distribución desigual de los resultados de la producción. Es por ello que su utopía comunista, hija del optimismo tecnológico que va cundiendo durante el siglo XIX, postula la salida definitiva de la humanidad de su estado de necesidad.

En todo caso, hasta esos tiempos la pobreza era considerada como la norma de la vida humana, tal como lo eran las enfermedades devastadoras, la falta de educación o de libertad religiosa y política. Esta normalidad comenzó a cambiar durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando se fue haciendo evidente que la industrialización iniciada en Gran

1 Adam Smith tenía una visión más optimista del asunto, haciendo patente en La riqueza de las naciones el mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de la población inglesa durante el siglo XVIII. Véase el capítulo VIII del Libro I, donde, manifestando su beneplácito por “esta mejora en las condiciones de las clases inferiores del pueblo”, expresará su famosa sentencia: “Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables.” Smith (1987), pp. 76-77.

Bretaña y luego replicada en diversas partes de Europa occidental estaba haciendo posible un significativo
Bretaña y luego replicada en diversas partes de Europa occidental estaba haciendo posible un significativo

Bretaña y luego replicada en diversas partes de Europa occidental estaba haciendo posible un significativo mejoramiento de los niveles generales de vida. Fue surgiendo así, paulatinamente, una nueva normalidad: la del bienestar como condición no sólo deseable sino también posible de la vida humana. Con ello apareció “el problema de la pobreza”, es decir, la pobreza considerada como algo atávico y anormal, una reminiscencia de épocas pasadas que debía y podía ser superada en sociedades dónde la abundancia se estaba convirtiendo en la regla.

A comienzos del siglo XX, en 1901, Seebohm Rowntree publicó Poverty: A Study of Town Life, un estudio pionero sobre la pobreza que se transformaría en el punto de partida y referencia de los futuros estudios sobre el tema. La razón de ello es doble. Por una parte, este estudio se basa en una amplia investigación empírica realizada en York, la ciudad natal de Rowntree, que abarcó nada menos que 11.560 familias lo que equivalía a unas dos terceras partes de todas las familias de York. La segunda razón es que para llevar adelante su investigación Rowntree elaboró una serie de conceptos y métodos de medición que pasarían a formar instrumentos centrales en prácticamente todos los estudios posteriores sobre el tema. Entre estos instrumentos está la elaboración de una “línea de pobreza”, lo que le permitió a Rowntree definir dos tipos de pobreza, la “pobreza primaria” y la “pobreza secundaria”. En pobreza primaria vivían aquellas “familias cuyo

ingreso total no era suficiente para obtener el mínimo necesario para mantener un

funcionamiento puramente físico. 2 Esto es lo que hoy llamamos pobreza absoluta. En pobreza secundaria vivían las familias que podían alcanzar ese mínimo pero que no disponían de excedentes.

En su estudio publicado en 1901 Rowntree llega a la conclusión de que el 27,84 por ciento de la población de York vivía bajo la línea de pobreza, lo que venía a confirmar el estudio publicado en 1886 por Charles Booth sobre la pobreza en Londres. Estos resultados fueron chocantes para una opinión pública que ya comenzaba a ver el bienestar como

2 Rowntree (1908), p. x.

normalidad. Sin embargo, la perspectiva optimista de Rowntree es evidente y queda plenamente reflejada en
normalidad. Sin embargo, la perspectiva optimista de Rowntree es evidente y queda plenamente reflejada en

normalidad. Sin embargo, la perspectiva optimista de Rowntree es evidente y queda plenamente reflejada en las palabras finales de su célebre obra:

“La oscura sombra de la filosofía maltusiana pertenece al pasado y ninguna visión sobre el estado final de las cosas sería actualmente aceptada si en la misma una multitud de hombres y mujeres está condenada por una ley inevitable a una lucha por la existencia tan severa como para atrofiar o destruir la partes más elevadas de su naturaleza.” 3

Posteriormente, Rowntree realizó dos nuevos estudios en York que mostraron con claridad una tendencia hacia la disminución de la pobreza hasta llegar a transformarse en un fenómeno marginal. En su estudio de 1936, Poverty and Progress, la pobreza había disminuido al 18 por ciento y en el de 1950, Poverty and the Welfare State, a tan sólo el 1,5 por ciento. Esto a pesar de que Rowntree había ampliado la “canasta de bienes” que determinaba la línea de pobreza. Estos estudios coincidían no sólo con la visión optimista del propio Rowntree sino con la idea cada vez más dominante durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial de que la pobreza era un hecho residual destinado a desaparecer como fruto del rápido progreso económico y las intervenciones del Estado del bienestar. Pronto se constataría, sin embargo, que la pobreza no era tan fácil de vencer como parecía.

2. El redescubrimiento de la pobreza

Esta visión tan optimista comenzó a ser desafiada en el país que era el epicentro mismo del desarrollo y la afluencia económica: Estados Unidos. Movimientos afroamericanos militantes y violentas revueltas urbanas obligaron a volver la mirada hacia el patio trasero de la abundancia: los 40 millones de pobres que a fines de los años 50 había en Estados

3 Ibid., p. 305.

Unidos, lo que constituía casi una cuarta parte de su población 4 . Entre los
Unidos, lo que constituía casi una cuarta parte de su población 4 . Entre los

Unidos, lo que constituía casi una cuarta parte de su población 4 . Entre los afroamericanos (“blacks” en la estadística oficial) el porcentaje de personas viviendo bajo la línea de pobreza estadounidense alcanzaba nada menos que el 55 por ciento 5 . Este redescubrimiento de la pobreza fue acompañado por una serie de estudios clásicos sobre el tema, como los de Oscar Lewis (1959, 1961 y 1968) que desarrollaron el concepto de “cultura de la pobreza”, el de John Kenneth Galbraith (1958) sobre lo que él llamó “la

sociedad opulenta” (the affluent society) y el de Michael Harrington titulado The Other

America: Poverty in the United States (1962). En su discurso sobre “el estado de la nación” de enero de 1964 el Presidente Lyndon Johnson hizo de la lucha contra la pobreza una parte central de su programa de gobierno bajo el dramático nombre de “Guerra contra la pobreza (War on Poverty). Esto llevó ese mismo año a la aprobación de una ley al respecto (Economic Opportunity Act) por el Congreso con la consecuente creación de un ente federal (Office of Economic Opportunity) dedicado a la lucha contra la pobreza. Después de esta iniciativa los estudios sobre la pobreza en Estados Unidos aumentaron de manera exponencial, pero la situación inicial –caracterizada por el chocante redescubrimiento de la pobreza– bien puede ser descrita usando las palabras de Daniel

Bell de 1968: “…cuando el tema de la pobreza surgió, nadie estaba realmente preparado, nadie tenía ningún tipo de datos, nadie sabía que hacer”. 6

Paradojalmente, el redescubrimiento de la pobreza se produjo en un periodo de rápida disminución de la misma tanto en Estados Unidos como en otras sociedades avanzadas. De acuerdo a la estadística oficial estadounidense, la pobreza disminuyó de 39,5 millones de personas en 1959 a 24,1 millones en 1969 7 . Por ello es que el verdadero shock llegó en los años 70 cuando se constató que la incidencia de la pobreza comenzaba de nuevo a crecer llegando a más de 35 millones de pobres en 1983, lo que correspondía al 15,2 por

4 La pobreza se mide en Estados Unidos a partir de una línea de pobreza fija que define el ingreso necesario para satisfacer las necesidades básicas de las personas. Se trata de una medida que parte del estándar de vida estadounidense y, en comparación con otras latitudes, es muy alta. Así, el censo del año 2000 mostraba por ejemplo que más del 70% de los pobres tenía coche, aire acondicionado, nevera, microondas, etc.

5 Los datos provienen de US Census Bureau (2010)

6 Citado en Patterson (1981), p. 78.

7 US Census Bureau (2010). Esta es la cifra más baja de pobres registrada en la historia de Estados Unidos.

ciento de la población de Estados Unidos. Pero esta era solamente la expresión cuantitativa de
ciento de la población de Estados Unidos. Pero esta era solamente la expresión cuantitativa de

ciento de la población de Estados Unidos. Pero esta era solamente la expresión cuantitativa de un fenómeno extremadamente complejo: la patología de la exclusión social o marginalidad –según el concepto habitualmente usado en esos tiempos para describir este fenómeno 8 – que tomaba formas nuevas y cada vez más peligrosas de expresarse, con un incremento dramático de las tasas de criminalidad, la drogadicción, los nacimientos extramaritales, las familias de madres solas y la dependencia de las ayudas sociales 9 .

La toma de conciencia acerca de lo que fue llamado “la nueva pobreza” llegó a Europa más tarde que a Estados Unidos pero el shock no fue menor. Las primeras estimaciones de la amplitud de la pobreza en la Comunidad Europea dieron una cifra de 30 millones para 1975, cifra que luego se vería incrementada por el fin definitivo del pleno empleo y el comienzo de una larga fase de desarrollo europeo caracterizada por una escasa creación de puestos de trabajo y un consecuente aumento de la exclusión laboral 10 .

3. Causas de la pobreza y la exclusión

El redescubrimiento de la pobreza y la existencia de diversas formas de exclusión o marginalidad social dieron origen a un amplio debate acerca de las causas de estos fenómenos. La mayoría de los enfoques propuestos inicialmente tenían dos puntos comunes de partida: a. que estábamos presenciando el ocaso de la “sociedad industrial” y la transición hacia una nueva forma de sociedad, basada en nuevas tecnologías, en la preeminencia del conocimiento como factor productivo, en la expansión de los servicios y en una creciente reestructuración de la vieja división internacional del trabajo entre centros industriales y periferias subdesarrolladas; y b. que las sociedades industriales avanzadas habían logrado alcanzar un alto nivel de cohesión socioeconómica, política y

8 El principal exponente de la teoría de la marginalidad es el sociólogo italiano-argentino Gino Germani. Véase por ejemplo Germani (1969) y (1973) 9 Véase Wilson (1985). 10 Ver Com (1981/769) y DGV (1989).

cultural que se estaba perdiendo – de manera permanente o durante una fase de transición–
cultural que se estaba perdiendo – de manera permanente o durante una fase de transición–

cultural que se estaba perdiendo – de manera permanente o durante una fase de transición– en el paso a la emergente sociedad posindustrial.

Los diversos enfoques planteados combinaban, teniendo los dos puntos anteriores como telón común de fondo, una serie muy amplia de factores explicativos, entre los cuales destacaban, combinándose de diversas maneras, el cambio tecnológico, los aspectos institucionales, los conflictos corporativos y los aspectos culturales. El mercado de trabajo ha estado en el centro del debate, pero también el Estado del bienestar, los flujos migratorios, las relaciones étnicas y raciales, la evolución o mejor dicho la disolución de la familia y el proceso de formación de subculturas. Incluso los argumentos de tipo biológico han jugado un papel importante en un debate que siempre ha tenido fuertes connotaciones político-ideológicas. El tema más controversial del debate ha sido el concepto de underclass, que alude a sectores degradados y excluidos socialmente que ya no pertenecen a ninguna de las clases establecidas de la sociedad. Pensadores sociales radicales como William Julius Wilson (1985 y 1993) y Anthony Giddens (1994) lo han usado, pero también críticos conservadores del Estado del bienestar como Charles Murray (1984 y 1990).

En un intento de capturar las ideas centrales de lo que ha sido un debate sumamente complejo se agruparán las distintas formas de explicar las causas de la pobreza y la exclusión en tres grandes categorías:

1. Teorías de la dislocación estructural

2. Teorías del dualismo estructural

3. Teorías de la exclusión institucional

1. Las teorías o enfoques que acentúan la dislocación estructural destacan, en general, la naturaleza disruptiva del desarrollo capitalista y, en particular, la intensidad del cambio estructural, con su consecuente impacto social, durante la transición de la sociedad industrial a la posindustrial. Este tipo de enfoques podría ser llamado schumpeteriano –la

principal metáfora explicativa en esta perspectiva no es otra que el famoso “ ventarrón de
principal metáfora explicativa en esta perspectiva no es otra que el famoso “ ventarrón de

principal metáfora explicativa en esta perspectiva no es otra que el famoso “ventarrón de la destrucción creativa” de Joseph Schumpeter 11 – y plantea que la presencia de tendencias a generar situaciones de pobreza, exclusión y vulnerabilidad es una expresión natural y recurrente de la dinámica esencial del cambio en una economía capitalista. La base de esta explicación está en el carácter cíclico del desarrollo de la economía de mercado, que refleja grandes ciclos de transformación tecnológica que comportan una reestructuración significativa de las economías y, consecuentemente, de las sociedades modernas. Por ello es que el elemento recurrente o cíclico es central en este enfoque, pudiendo el mismo verse agudizado, como muchos autores han postulado, por un elemento transicional de mayor magnitud asociado al paso a una sociedad posindustrial cada vez más globalizada y basada en la revolución de las tecnologías de la información.

Se trata, en lo fundamental, de un enfoque optimista acerca del desarrollo contemporáneo, pero que no deja de ver los costos y las tensiones provocadas por los períodos de intensa destrucción creativa y cambio estructural. Es a partir de esta constatación que los defensores de este enfoque a menudo proponen una serie de intervenciones correctivas o paliativas a fin de aliviar estos costos y tensiones que, de no ser suavizados, podrían llegar a amenazar la supervivencia misma del conjunto de la estructura social.

En esta perspectiva, la pobreza y la exclusión social son fenómenos recurrentes y connaturales del desarrollo económico pero no necesariamente deben llegar a plasmarse en una clase o grupo social formado por personas permanentemente empobrecidas o excluidas en la medida que se creen mecanismos adecuados para facilitar su salida de estas situaciones. En otras palabras, se trata de facilitar una gran movilidad social que haga de la caída en la pobreza o la exclusión una situación meramente pasajera . Esta es, de hecho, la situación de la inmensa mayoría de las personas que caen en la pobreza o el paro en economías dinámicas y flexibles. Así por ejemplo, casi dos terceras partes de los estadounidenses adultos caen en la pobreza por al menos un año en su vida pero sólo un

11 Para una reseña de la obra de Schumpeter véase, entre otros, Rojas (1991).

ínfima parte ellos cae en la pobreza crónica. Como veremos más adelante, esta ha sido
ínfima parte ellos cae en la pobreza crónica. Como veremos más adelante, esta ha sido

ínfima parte ellos cae en la pobreza crónica. Como veremos más adelante, esta ha sido la línea de argumentación predominante, pero no la única, dentro de la UE y sus antecesoras sobre estos temas.

2. Los enfoques que ponen el acento en el dualismo estructural pueden ser de naturaleza muy diversa, pero su diagnóstico sobre lo que son la pobreza y la exclusión social así como sobre sus consecuencias son mucho más pesimistas que en el caso del enfoque anterior. Esta perspectiva ha tenido muchos de sus principales exponentes en una tendencia altamente crítica, a menudo de inspiración marxista, al capitalismo o a la economía de mercado en sí misma. Lo que aquí se postula es la existencia de una

dinámica permanente de exclusión y polarización que trae a la memoria el diagnóstico

apocalíptico de Marx sobre el futuro del capitalismo 12 . Esta dinámica excluyente y polarizante se daría tanto a nivel de las economías nacionales como del sistema económico internacional. La Teoría de la Dependencia fue el exponente más contundente de este punto de vista en lo que se refiere a la economía internacional 13 . En el marco de las economías nacionales avanzadas este enfoque ha estado representado por diversas teorías acerca del mercado de trabajo fragmentado, segmentado o dual 14 .

Este tipo de enfoques sigue, en lo fundamental, la idea de Marx acerca de la necesidad de una reserva permanente de trabajo barato y flexible cuya función sería tanto presionar los salarios a la baja como estar disponible en los momentos álgidos del ciclo económico. Muchos de los defensores de este enfoque postulan que los trabajadores en el “Tercer Mundo” así como los inmigrantes provenientes de países pobres forman la columna vertebral de este “ejército de reserva” estratégico que le ofrece al capitalismo global un bienvenido suplemento de trabajo barato, utilizable a voluntad y bajo condiciones

12 Este diagnostico o profecía abunda en las obras de Marx, por ejemplo en sus célebres pasajes de El capital donde se habla de “la masa de la miseria, de la opresión, de la servidumbre, de la degeneración, de la explotación” que se acrecientan constantemente en el capitalismo. Véase Marx (1975), p. 953.

13 Para una exposición clásica de este punto de vista véase Frank 1967.

14 Para una sinopsis temprana sobre este tipo de teorías véase Cain (1976).

infrahumanas 1 5 . De acuerdo con este enfoque, la exclusión social en los “países
infrahumanas 1 5 . De acuerdo con este enfoque, la exclusión social en los “países

infrahumanas 15 . De acuerdo con este enfoque, la exclusión social en los “países ricos” forma parte de una dinámica global de polarización que, usando las palabras de Anthony Giddens, puede ser descrita de la siguiente manera:

Las clases marginales (underclasses) no son sólo bolsones de miseria dentro de las economías nacionales, son también las líneas de contacto y de choque entre el Tercer Mundo y el primero. El aislamiento social que separa a los grupos subprivilegiados del resto del orden social dentro de los países refleja la separación entre ricos y pobres a escala global y está causalmente unida con esa separación. La pobreza del Primer Mundo no puede ser abordada como si no tuviera conexión con las desigualdades a una escala mucho mayor.16

En todo caso, la idea central de estos enfoques radicales es que la pobreza, la desigualdad y la exclusión social son componentes funcionales del desarrollo capitalista, generando

categorías sociales permanentes y bien definidas, grupos o regiones excluidas y oprimidas

que se encuentran en una situación diametralmente opuesta al resto de la sociedad o del mundo. Se trata de grupos excluidos del bienestar y el poder pero a su vez incluidos en el sistema social como trabajadores explotados o explotables. Al mismo tiempo, estos enfoques postulan que solamente un cambio radical que afectase a la dinámica misma del sistema capitalista podría resolver el problema de los oprimidos y excluidos.

Otro enfoque radical, pero que a diferencia del anterior ve la exclusión estructural como un componente disfuncional del sistema capitalista moderno, es aquel que hace no mucho popularizó la idea del “fin del trabajo”, es decir, de un cambio estructural de carácter tecnológico y organizativo dentro del sistema imperante que llevaría a prescindir del aporte productivo de un número creciente de personas. Estos marginados formarían una periferia empobrecida y cada vez más amenazada de una estructura productiva que no los

15 Dos ejemplos clásicos de este punto de vista son Castles & Kosack (1973) y Piore (1979). Sobre el debate posterior véase Castles y Miller (1993). Una aplicación de esta perspectiva a la UE se encuentra en Miles y Thränhardt (1995) y Pugliese (1995). 16 Giddens (1994), p. 148.

necesita 1 7 . Jeremy Rifkin profetizó el advenimiento de “ un mundo casi sin
necesita 1 7 . Jeremy Rifkin profetizó el advenimiento de “ un mundo casi sin

necesita 17 . Jeremy Rifkin profetizó el advenimiento de “un mundo casi sin trabajadores” (a near-workerless world) 18 y Ulrich Beck pronosticó el surgimiento de “un capitalismo sin trabajo19 . Esto llevó a una serie de pronósticos de carácter abiertamente apocalípticos sobre el destino del mundo, profetizando un futuro donde la misma supervivencia física de los “prescindibles” estaba en peligro o un mundo plenamente “brasilianizado”, es decir, brutalmente dividido entre la superabundancia y la miseria 20 .

Por su parte, Manuel Castells en su célebre trilogía sobre “la era de la información” dibuja un escenario futuro en el que una parte significativa de la humanidad se ve condenada a la exclusión social y la irrelevancia económica. El autor no comparte la idea del fin del trabajo pero sí la de una división disfuncional del nuevo mundo de la era informática entre los incluidos y

“aquellas poblaciones y territorios privados de valor e interés para la dinámica del

capitalismo global. De ello se sigue la exclusión social y la irrelevancia económica de segmentos de sociedades, áreas de ciudades, regiones y países enteros,

constituyendo aquello que yo llamo ‘el Cuarto Mundo’ [

el nuevo sistema se caracteriza por una tendencia al incremento de la

desigualdad y la polarización social [

un número considerable de seres humanos, probablemente una proporción creciente, son irrelevantes ya sea como productores o consumidores desde el punto de vista de la lógica del sistema.” 21

]

Desde esta perspectiva,

]

Bajo el nuevo sistema de producción,

Castells complementa su visión de un nuevo mundo profundamente dividido acentuando los elementos de disfuncionalidad de los excluidos. Para esa creciente proporción de la humanidad que no cuenta quedarán básicamente dos alternativas: por una parte, lo que

17 Conocidos proponentes de este enfoque son Beck (1997), Forrester (1996), Martin y Schumann (1996) y Rifkin (1995). Para una presentación crítica de este enfoque véase Rojas (2004).

18 Rifkin (1995), p. xv.

19 Beck (1997), p. 85.

20 Estas son las visiones de Viviane Forrester (1996) y Ulrich Beck (1997) respectivamente.

21 Castells (1998), pp. 337 y 344.

el autor llama “ la conexión perversa ”, es decir, tratar de ligarse al sistema
el autor llama “ la conexión perversa ”, es decir, tratar de ligarse al sistema

el autor llama “la conexión perversa”, es decir, tratar de ligarse al sistema mundial mediante diversas formas de criminalidad; por otra parte, la “afirmación fundamentalista” de una identidad separada y en guerra con el sistema dominante. Esta última alternativa sería la más amenazante dado el potencial acceso de los grupos fundamentalistas “a

armas de exterminación masiva22 .

La idea de una exclusión estructural permanente no es, sin embargo, propiedad exclusiva de los enfoques radicales o neomarxistas. Durante los años 90 una teoría de la exclusión y la underclass basada en argumentos de carácter biológico fue formulada por influyentes pensadores conservadores. Su expresión más provocativa fue aquella que le dieron Richard Herrnstein and Charles Murray (1994) en su libro altamente controversial titulado The Bell Curve, cuyo subtítulo resume bien el mensaje de la obra: “Inteligencia y estructura de clase en la vida americana”. La argumentación, tal como la resume Robin Marris (1996), otro proponente de este enfoque, es la siguiente: La sociedad del conocimiento que está reemplazando a la sociedad industrial le da a la “inteligencia innata” y a las prestaciones educacionales un papel crucial en la determinación de las posibilidades de las personas de participar en la vida social. Esta es la razón por la cual estamos presenciando un proceso de profunda división de la sociedad en la que vemos una nueva “élite de los cerebros” ascendiendo a la cumbre de la sociedad mientras que una clase marginal o infraclase (underclass) es claramente discernible en el fondo de lo que cada vez más es una sociedad meritocrática”. Esta división puede ser mitigada pero no eliminada en la sociedad moderna. La clase marginalizada, formada por aquellos que son más y más innecesarios, aquellos excluidos “por un accidente de los genes, la fortuna o lo que sea ”, es un elemento disfuncional , un peso muerto que debe ser arrastrado, de maneras más o menos decentes, por el resto de la sociedad.

3. Los enfoques que pueden ser ubicados en el tercer grupo de la clasificación antes presentada son aquellos que subrayan los factores institucionales que estarían generando pobreza y exclusión. En este caso, lo determinante no es la tecnología en sí ni

22 Ibid., pp. 354-355.

tampoco el capitalismo, la globalización u otra fuerza semejante. Lo decisivo es el entorno institucional
tampoco el capitalismo, la globalización u otra fuerza semejante. Lo decisivo es el entorno institucional

tampoco el capitalismo, la globalización u otra fuerza semejante. Lo decisivo es el entorno institucional mediante el cual diversas sociedades se relacionan con los fenómenos antes mencionados, regulando así el acceso o la exclusión de distintos grupos sociales a las posibilidades que cada época ofrece. Las formas de exclusión institucional así generadas pueden ser inducidas o coercitivamente alcanzadas. El caso de la exclusión institucional inducida fue paradigmáticamente presentado por Charles Murray en su famosa obra

Losing Ground American Social Policy, 1950-1980 (1984). Según Murray, el sistema

público de ayuda social (welfare system, según la terminología estadounidense) es el responsable de que la gente voluntariamente elija tanto la exclusión como la dependencia del Estado y formas altamente destructivas de vida y organización familiar. Ayudas sociales excesivas o mal construidas han creado fuertes incentivos a no elegir la participación laboral o formas de familia más “normales”, es decir, biparentales. El mismo enfoque ha sido aplicado al caso británico por James Bartholomew (2004). Según este autor, el Estado del bienestar con sus sistemas y beneficios contraproducentes es el causante, entre otros males, del desempleo masivo, de una mayor criminalidad y amoralidad así como de la disolución creciente de la familia tradicional.

Este tipo de argumentos acerca de una marginalidad o exclusión inducida ha sido criticado pero a veces también complementado desde un punto de vista institucionalista por un enfoque que pone su énfasis en el elemento coercitivo o forzoso que conduce a la pobreza y la exclusión. Se trata de argumentaciones en las cuales estas situaciones no son una opción sino el resultado impuesto a quienes las padecen por una serie de obstáculos institucionales creados por coaliciones u organizaciones corporativas que tratan de defender su propios beneficios o privilegios excluyendo posibles competidores que pudiesen de alguna manera amenazar su posición en el mercado de trabajo o en la vida económica y social en general. En teoría económica se conoce esta situación como un conflicto entre insiders , o grupos establecidos, y outsiders , o grupos que buscan entrar en un determinado mercado, ya sea laboral o de otro tipo. Un mercado de trabajo fuertemente regulado es visto, en este enfoque, como un típico ejemplo de la creación de reglas defensivas por parte de las organizaciones que representan a los insiders a fin de

otorgarles una situación privilegiada respecto de aquellos sectores que pugnan por entrar en el mercado
otorgarles una situación privilegiada respecto de aquellos sectores que pugnan por entrar en el mercado

otorgarles una situación privilegiada respecto de aquellos sectores que pugnan por entrar en el mercado laboral formal o conseguir formas más estables y mejor remuneradas de trabajo, como ser inmigrantes o jóvenes.

Desde este punto de vista, la pobreza y la exclusión social son fenómenos que deben ser atacados por medio de reformas institucionales y legales que eliminen los obstáculos a la creación de mercados de trabajo más dinámicos, abiertos y menos discriminatorios. Este tipo de análisis forma la base de aquel diagnóstico que definió el problema del retraso relativo de Europa occidental respecto a otras economías avanzadas como “euroesclerosis”, es decir, como un exceso de regulación y rigidez que impedía la rápida adecuación a las circunstancias siempre cambiantes del mundo actual. Importantes documentos de la UE, como ser el Libro blanco de 1993 titulado Crecimiento,

competitividad, empleo - Retos y pistas para entrar en el siglo XXI y la Agenda 2000, han

basado gran parte de su diagnóstico sobre los logros tan poco satisfactorios de Europa en materia de crecimiento económico y creación de empleo en este tipo de argumentos 23 .

En muchos casos, elementos de las tres orientaciones o perspectivas teóricas aquí analizadas se mezclan de formas muy variadas y a veces incluso contradictorias. Este es, como ya tendremos la ocasión de verlo más adelante, el caso de muchos de los documentos que reflejan el pensamiento comunitario, que por su propia naturaleza es un terreno fértil para los compromisos y las combinaciones eclécticas en todo terreno, incluido por cierto uno tan espinoso y complejo como el de explicar las causas de la pobreza y la exclusión.

4. El concepto de pobreza

En lo anterior se ha realizado una breve presentación de la “historia de la pobreza” así como acerca del debate sobre las causas de la misma y de la exclusión social. Sin

23 Véase Com (1993/700) y (1997/6)

embargo, no se le ha dedicado mucha atención a la definición misma de los conceptos
embargo, no se le ha dedicado mucha atención a la definición misma de los conceptos

embargo, no se le ha dedicado mucha atención a la definición misma de los conceptos de pobreza y exclusión social, cosa necesaria para adentrarnos más adelante en el uso de estos conceptos en el pensamiento comunitario. En este y el siguiente apartado se hace por ello una reseña de la evolución de estos conceptos y su relación mutua. Luego cerraremos este análisis más general sintetizando los resultados de una serie de investigaciones empíricas sobre la presencia real de la pobreza y, sobre todo, de la exclusión social.

El concepto de pobreza, tal como el fenómeno que describe, posee una antigüedad respetable, ya sea en su acepción absoluta o relativa. Su etimología nos lleva a la palabra latina paupertas, que remite originalmente a la condición de pauperos que significa, literalmente, parir o engendrar poco 24 y se aplicaba al ganado y por derivación a la tierra pobre, es decir, de poco rendimiento. Podríamos decir, pobreza como falta de capacidad de producir, lo que sorprendentemente nos lleva al enfoque más moderno y en boga sobre la pobreza, es decir, aquel que lleva el sello del Premio Nóbel Amartya Sen 25 . En este enfoque antiguo-moderno el énfasis está puesto no tanto en el resultado, ser pobre en el sentido de no disponer de ingresos suficientes, sino en el ser pobre como imposibilidad de alcanzar un mínimo aceptable de realización vital por verse privado de las capacidades, posibilidades y derechos básicos para hacerlo 26 .

Esta pobreza podríamos definirla, usando la perspectiva de Sen, como pobreza de desarrollo humano. Este enfoque ha sido instrumentalizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), estableciendo una serie de criterios de satisfacción de necesidades básicas –esperanza de vida, logros educacionales e ingreso, que son la base del así llamado Índice de Desarrollo Humano (IDH)– que formarían la base de capacidades para permitir el

24 Sus raíces son paucus (poco) y parire (engendrar).

25 Sen ha desarrollado sus planteamientos en una gran cantidad de obras. Véase por ejemplo Sen (1992), (2000a) y

(2003).

26 En esta forma de definir la pobreza Sen se ha inspirado en Aristóteles y su idea del florecimiento de las capacidades humanas como ideal de una buena vida, es decir, una vida plena o plenamente realizada. Véase Sen (2003) y Sánchez

(2008).

“desarrollo humano, definido como el proceso de ampliación de las opciones de las personas y
“desarrollo humano, definido como el proceso de ampliación de las opciones de las personas y

“desarrollo humano, definido como el proceso de ampliación de las opciones de las personas y mejora de las capacidades humanas (la diversidad de cosas que las personas pueden hacer o ser en la vida) y las libertades, para que las personas puedan vivir una vida larga y saludable, tener acceso a la educación y a un nivel de vida digno, y participar en la vida de su comunidad y en las decisiones que afecten sus vidas.” 27

A partir de ello el PNUD ha elaborado un Índice de Pobreza Humana (IPH) que este

organismo de Naciones Unidas describe así: “En lugar de utilizar los ingresos para medir la pobreza, el IPH mide las dimensiones más básicas en que se manifiestan las privaciones:

una vida corta, falta de educación básica y falta de acceso a los recursos públicos y

privados. 28 La reducción a estos factores deja de considerar otros factores tan básicos para la realización de las propias potencialidades humanas (y no las impuestas por otro) como ser la libertad individual o el acceso a una información libre. Esto muestra la dificultad de instrumentalizar satisfactoriamente el amplio enfoque de Sen y lleva a absurdos como llegar a considerar que quienes viven bajo regímenes fuertemente autoritarios o simplemente totalitarios gozan de mayor “desarrollo humano” que quienes viven en sociedades que respetan las derechos y las libertades humanas. Así, según el IDH del informe para 2009 Kuwait permitiría a su población un desarrollo humano más alto que por ejemplo Portugal o la República Checa, y Cuba se ubica en mejor posición que Costa Rica o Rumania 29 .

A esta forma de ver la pobreza, centrada en las capacidades mismas para realizar las

propias potencialidades, se opone otra definición igualmente antigua, aquella que ve la pobreza y la condición de pobre (pauper ) como un estado de privación o falta de recursos

para poder adquirir una “canasta de bienes y servicios” necesaria para vivir ya sea una

27 PNUD (2010).

28 PNUD (2010a).

29 PNUD (2010b).

vida mínimamente saludable 3 0 o para asegurar una vida digna de acuerdo a las
vida mínimamente saludable 3 0 o para asegurar una vida digna de acuerdo a las

vida mínimamente saludable 30 o para asegurar una vida digna de acuerdo a las convenciones y estándares de una sociedad determinada. En el primer caso estamos frente a lo que se llama “pobreza absoluta” y es aún hoy la medida globalmente más usada para determinar la extensión de la pobreza, tal como lo muestran los cómputos realizados por el Banco Mundial en base a una “línea internacional de pobreza” 31 . En el segundo caso tenemos la así llamada “pobreza relativa”, que varía con el desarrollo social que va determinando en cada época y sociedad aquel mínimo de consumo bajo el cual se

cae en un estado de exclusión o imposibilidad de participar en la vida social. El ejemplo

clásico de esta forma de pobreza fue dado por Adam Smith en La riqueza de las naciones al escribir:

“Por mercancías necesarias entiendo no sólo las indispensables para el sustento de la vida, sino todas aquellas cuya carencia es, según las costumbres de un país, algo indecoroso entre las personas de buena reputación, aun entre las de clase inferior. En rigor, una camisa de lino no es necesaria para vivir. Los griegos y los romanos vivieron de una manera muy confortable a pesar de que no conocieron el lino. Pero en nuestros días, en la mayor parte de Europa, un honrado jornalero se avergonzaría si tuviera que presentarse en público sin una camisa de lino. Su falta denotaría ese deshonroso grado de pobreza al que se presume que nadie podría caer sino a causa de una conducta en extremo disipada. La costumbre ha convertido, del mismo modo, el uso de zapatos de cuero en Inglaterra en algo necesario para la vida, hasta el extremo de que ninguna persona de uno u otro sexo osaría aparecer en público sin ellos.” 32

30 Esta fue la base, como ya se dijo, del clásico estudio de Rowntree, quien para definir la línea de pobreza no sólo incluía la alimentación sino también el acceso a la vivienda, a prendas de vestir adecuadas y otros ítems absolutamente necesarios para poder “mantener un funcionamiento puramente físico”.

31 Esta línea fue tradicionalmente fijada en 2 dólares estadounidenses de 1985 per cápita, en paridad de poder adquisitivo, para definir la pobreza y en 1 dólar para definir la pobreza extrema. En agosto de 2008, la línea de pobreza extrema fue reajustada a 1,25 dólares. Esta cantidad refleja el promedio del mínimo de ingreso necesario para sobrevivir en los diez a veinte países más pobres del mundo. Banco Mundial (2010).

32 Smith (1987).

Otra forma muy común pero altamente dudosa de usar el concepto de pobreza relativa es
Otra forma muy común pero altamente dudosa de usar el concepto de pobreza relativa es

Otra forma muy común pero altamente dudosa de usar el concepto de pobreza relativa es simplemente haciéndolo sinónimo de la distribución del ingreso en un país dado. Esta pobreza relativa aparente acostumbra a ser definida a partir de un umbral de ingreso medido como porcentaje del ingreso medio del país respectivo. Así por ejemplo, es usual llamar pobres o “en riesgo de pobreza” a todos aquellos que disponen de menos del 60 por ciento del ingreso disponible medio de la sociedad en que viven. Actualmente se aceptan comúnmente tres categorías derivadas de esta forma de medir la pobreza: la población que dispone entre 50 y 60 por ciento del ingreso medio es catalogada como en “riesgo de pobreza”, aquella que dispone entre 40 y 50 por ciento de ese ingreso es catalogada como “pobre” y la que dispone de menos del 40 por ciento se encontraría en “pobreza extrema”. En 2007 dentro de la UE, que usa justamente estos porcentajes, el 6 por ciento de su población estaba en una condición de “pobreza extrema” (menos del 40% del ingreso disponible medio), esta cifra se elevaba al 10 por ciento si usamos la línea del 50 por ciento (pobreza) y al 17 por ciento si la línea se ubica en el 60 por ciento del ingreso medio. Sin embargo, el poco sentido que tiene este tipo de mediciones de la pobreza relativa aparente se hace evidente cuando constatamos que un luxemburgués se encontraba ese año “en riesgo de pobreza” pudiendo disponer de un ingreso de hasta 17.575 euros anuales mientras que el riesgo de pobreza de un rumano empezaba con apenas la décima parte, es decir, con 1.765 euros anuales del mismo poder adquisitivo 33 .

Esta forma de definir la pobreza puede llevar a resultados incluso más absurdos, como ser el poder constatar un gran aumento de la pobreza (relativa aparente) durante épocas de fuerte disminución de la pobreza (absoluta). Este es, por ejemplo, el caso de China durante los últimos tres decenios, durante los cuales un crecimiento económico espectacular ha sacado a más de 600 millones de chinos de la pobreza (absoluta) pero a la vez, en razón de una mayor desigualdad en la distribución del ingreso, ha aumentado rápidamente el número de pobres (relativos). En buenas cuentas, con esta medida de la pobreza relativa aparente podríamos llegar a considerar al país más pobre de la tierra como un país sin pobres si su distribución del ingreso fuese lo suficientemente pareja.

33 Eurostat (2010), p. 39.

El riesgo de este tipo de medidas de “la pobreza” y, en general, de toda
El riesgo de este tipo de medidas de “la pobreza” y, en general, de toda

El riesgo de este tipo de medidas de “la pobreza” y, en general, de toda la idea de la pobreza relativa ha sido bien apuntado por Amartya Sen, quién hace un llamado a no perder de vista el “núcleo irreductible de privación absoluta en nuestra idea de pobreza” 34 . El riego es llegar a una relativización total de “la pobreza” siguiendo la famosa frase de

Mollie Orshansky acerca de que “la pobreza, como la belleza, está en el ojo de quien la

percibe35 . El otro riesgo es banalizar, como ya hemos visto, la idea misma de la pobreza para transformarla en una condena de la desigualdad en general sin la más mínima relación con el estándar real de vida de la gente.

Este mismo riesgo existe en otro de los enfoques más influyentes sobre la pobreza, aquel que usa el término de “deprivation” (privación) para definir la pobreza 36 . Se trata de una medida relativa, que indica la ausencia de ciertos atributos, recursos o estatus que otras personas poseen. La privación relativa puede ser definida de manera objetiva, como una medición del “contenido real” de ese “tener menos que otro”, pero también de manera subjetiva, atendiendo fundamentalmente al sentimiento de tener menos que otros. Como tal podría ser llamada una medida de la envidia humana y de hecho, aplicando este criterio, cualquiera podría ser definido como pobre. Ahora bien, para transformar algo tan relativo en algo que realmente tenga que ver con la pobreza o la vulnerabilidad se requiere buscar un umbral de privación o de distancia respecto del nivel de vida normal de una sociedad que impida mínimos satisfactorios de desempeño o participación social. Peter Townsend apunta al respecto que es fundamental

“definir el estilo de vida generalmente compartido o aprobado en cada sociedad y

evaluar si [

hay un punto en la escala de la distribución de recursos por debajo

]

34 Sen (1992), p. 6 de la versión en Internet.

35 Mollie Orshansky es la célebre creadora de la línea de pobreza estadounidense. Ver Orshansky (1969).

36 Autores ya clásicos como Robert Merton (1938), Walter Runciman (1966) y Peter Townsend (1974) han desarrollado, de diferentes maneras, este concepto en sus obras.

del cual las familias encuentran dificultades crecientes [ costumbres, actividades y dietas que conforman ese
del cual las familias encuentran dificultades crecientes [ costumbres, actividades y dietas que conforman ese

del cual las familias encuentran dificultades crecientes [

costumbres, actividades y dietas que conforman ese estilo de vida.” 37

]

para compartir las

De esta manera estaríamos prácticamente de vuelta en la pobreza relativa tal como por ejemplo Adam Smith la trató. Sin embargo, el uso de este concepto tiene a mi parecer un valor importante si lo aplicamos en el sentido más clásico del término, aquel de privación relativa subjetiva elaborado por Robert Merton, ya que ello nos entrega elementos importantes para entender la dinámica de la formación de la conciencia y los conflictos sociales que habitualmente parten del sentimiento de privación más que de la privación o la pobreza en sí 38 . Otro autor clásico que resumió muy bien esta idea fue Karl Marx al escribir:

“Sea grande o pequeña una casa, mientras las que la rodean sean también pequeñas cumple todas las exigencias sociales de una vivienda, pero, si junto a una casa pequeña surge un palacio, la que hasta entonces era casa se encoge hasta quedar convertida en una choza […] y por mucho que, en el transcurso de la civilización, su casa gane en altura, si el palacio vecino sigue creciendo en la misma o incluso en mayor proporción, el habitante de la casa relativamente pequeña se irá sintiendo cada vez más desazonado, más descontento, más agobiado entre sus cuatro paredes.” 39

Más adelante veremos que la UE ha usado y usa prácticamente todos los enfoques y las definiciones de pobreza aquí reseñadas, con excepción de los de Amartya Sen y Robert Merton que son de más difícil implementación. El indicador más usado ha sido, en gran parte por la facilidad para medirlo, el de pobreza relativa aparente que, como ya lo hemos visto, más tiene que ver con la distribución del ingreso que con la pobreza. Sin embargo, con la Agenda de Lisboa y la creación de indicadores comunes de pobreza y de privación

37 Townsend (1974), p. 36.

38 Merton (1938) y (1980).

39 Marx (2010), el texto proviene de Trabajo asalariado y capital, publicado en 1849.

esta situación ha mejorado mucho y hoy se dispone de una gran cantidad de instrumentos
esta situación ha mejorado mucho y hoy se dispone de una gran cantidad de instrumentos

esta situación ha mejorado mucho y hoy se dispone de una gran cantidad de instrumentos para medir estas situaciones.

Ahora bien, la fortaleza del concepto de pobreza, cualquiera que sea su sentido, es, por una parte, el apelar a una noción de sentido común que todos creemos entender y, por otra, la relativa facilidad de crear indicadores que permiten discernir y contabilizar a “los pobres”. La creación de umbrales o líneas de pobreza o de privación ha sido un método muy efectivo para lograr estas mediciones, si bien la disputa es bastante álgida sobre cual tipo de concepto y línea de pobreza es el más adecuado 40 .

5. Evolución del concepto de exclusión social

Frente a las fortalezas del concepto de pobreza, donde finalmente podemos tanto definir como medir con bastante exactitud lo que estamos diciendo, surge aquella nebulosa conceptual y empírica que es el concepto de exclusión social 41 . Ya veremos que ese mismo carácter nebuloso fue uno de los factores que llevó a adoptarlo en el seno de la Comunidad para reemplazar la claridad y exactitud condenatoria del concepto de pobreza 42 .

El concepto de exclusión social, si bien alude a una realidad tan antigua como la pobreza, tiene una historia muy corta y en su novedad e indefinición está tal vez una de las principales explicaciones de su notable éxito. Era, en comparación con la pobreza ya tan analizada, definida y contada, un terreno abierto para nuevas incursiones tanto de investigadores como de políticos deseosos de hacerse con una parcela de ese territorio aún virgen. Las palabras de Else Oyen de 1997, citadas por Amartya Sen, parecen todavía

40 Para un buen resumen de este debate véase Sen (1992).

41 En un documento de Naciones Unidas se dice que habitualmente se lo describe como un concepto “nebuloso, equívoco, polivalente y polimorfo”. UN (2007), p. 1.

42 Como se dice en Gore y Figueiredo (1997, p. 44), “el gran peligro del despliegue de la noción de exclusión social fue el haber sido políticamente usada para hacer invisible la ‘pobreza genuina y desagradable’ al ocultarla bajo el paraguas de la exclusión social.”

hoy bastante acertadas para describir el ambiente de “excitación” que rodeó la introducción de este
hoy bastante acertadas para describir el ambiente de “excitación” que rodeó la introducción de este

hoy bastante acertadas para describir el ambiente de “excitación” que rodeó la introducción de este “concepto todavía por definir” y el comportamiento de sus entusiastas adherentes que con el nuevo concepto en sus manos “están ahora corriendo

por todas partes, organizando seminarios y conferencias para buscar un contenido investigable en un concepto paraguas (umbrella concept) que tiene una base teórica limitada43 .

Ahora bien, después de un par de decenios de entusiasmo y amplio uso del concepto de exclusión social seguimos esperando una definición relativamente coherente y compartida y, aún más, una implementación como instrumento de medida y estudio empírico de aquella realidad que el concepto dice denominar. Esto es lo que constata el Banco Mundial

en un informe sobre el tema: “A pesar de toda la bibliografía disponible sobre la exclusión social, no existe una clara definición o indicadores definidos sobre la exclusión social.44

Según una excelente revisión bibliográfica realizada para la Organización Mundial de la Salud en 2008, las definiciones del concepto de exclusión social se cuentan por decenas y sus puntos en común no pasan en realidad de algunas banalidades sobre sus características dinámicas, multidimensionales y relacionales, como si hubiese algún hecho social que no lo fuese 45 . Es por ello que Hilary Silver, una de las más destacadas analistas y proponentes del concepto de exclusión social, concluye su análisis de 2007 sobre el desarrollo del concepto diciendo:

El término es vago, ambiguo y disputado en cuanto a su contenido, permitiendo así su aplicación acomodaticia y flexible en contextos muy variados al precio de su precisión conceptual. Las dificultades para definir la exclusión social la hacen difícil de medir . 46

43 Oyen (1997), p. 63.

44 Banco Mundial (2007), p. 13.

45 Mathieson y otros (2008).

46 Silver (2007).

Amartya Sen, en una amplia reseña del concepto y su evolución no le ve ninguna
Amartya Sen, en una amplia reseña del concepto y su evolución no le ve ninguna

Amartya Sen, en una amplia reseña del concepto y su evolución no le ve ninguna diferencia ni ganancia sustancial respecto de los análisis acerca de la pobreza como privación de capacidades, excepto en cuanto a su acento sobre el carácter relacional del fenómeno que el concepto de exclusión naturalmente conlleva:

“… la real importancia de la idea de la exclusión social yace en la enfatización del rol de los fenómenos relacionales en la privación de capacidades y por ello en la experiencia de la pobreza […] La utilidad del enfoque de la exclusión social no reside […] en su novedad conceptual, sino su fuerte énfasis en el papel que los hechos relacionales juegan en la privación.” 47

Este aspecto es evidentemente central. La pobreza puede ser vista como algo dado, un estado en el cual ciertas personas se encuentran por diversas razones, entre otras las deficiencias personales, los accidentes del destino o condiciones objetivas impersonales como el bajo nivel de desarrollo de una sociedad o las inclemencias del clima. La exclusión social, por su parte, apunta al “ser excluido por otros” y como tal denuncia un proceso social en el cual una parte de la sociedad estaría activamente determinando la exclusión

de otra parte. Como dice Hilary Silver, “la exclusión implica por necesidad la existencia de los que excluyen (excluders), incluyendo instituciones y políticas de exclusión 48 . Se trata

por lo tanto de un discurso que fácilmente se hace condenatorio, con víctimas y victimarios, y por ello con una importante carga potencial de crítica social o incluso anti- sistema que ya tendremos ocasión de recordar.

En fin, no cabe duda de que estemos frente a una entelequia de difícil definición y por ella apta para “todo uso”. Sin embargo, el éxito del concepto y su importancia crucial dentro del pensamiento comunitario nos obliga a estudiarlo con mayor acuciosidad tratando de entender sus méritos y lo que puede diferenciarlo del concepto de pobreza o privación aportando así un valor agregado a la investigación y acción social.

47 Sen (2000), pp. 6 y 8. 48 Silver (2007), p. 3.

Empecemos haciendo un poco de historia del concepto. Sus orígenes se ubican en Francia, donde
Empecemos haciendo un poco de historia del concepto. Sus orígenes se ubican en Francia, donde

Empecemos haciendo un poco de historia del concepto. Sus orígenes se ubican en Francia, donde su uso explícito comienza ya a mediados de los años 60 del siglo recién pasado en un informe escrito por el Comisario General del Plan Pierre Massé (1964) 49 , para consagrarse a partir del libro publicado en 1974 por René Lenoir, Secretario de Estado para la Acción Social del gobierno gaullista francés, bajo el título de Les exclus: Un

Français sur dix 50 .

En su libro Lenoir presenta una larga lista de sectores vulnerables y elementos “socialmente inadaptados” que formarían la categoría de los excluidos: delincuentes, drogadictos, alcohólicos, asociales, inválidos, discapacitados mentales, familias monoparentales o con múltiples problemas, minorías étnicas mal integradas como los franceses musulmanes, etc. Tanto para Massé como para Lenoir y otros influyentes escritores de ese tiempo (entre ellos Raymond Arond con Les désillusions du progrès de 1969) se trataba de los olvidados del progreso, aquellos que habían quedado marginados en una sociedad cada vez más exitosa y con los que ya era hora de compartir los frutos del crecimiento económico. Tal como en Estados Unidos por esos tiempos, no se hablaba aún de la “nueva pobreza” sino de un residual humano que no encontraba cabida en una sociedad que los dejaba de lado.

El surgimiento en Francia de expresiones como “exclusión social” o “los excluidos” no es nada casual sino que apunta, como bien lo ha mostrado entre otros Hilary Silver (1994), a un ideal republicano que gira en torno a la idea de cohesión social y los problemas de la urbanización y la modernización como fuente de un eventual debilitamiento de los lazos que mantienen funcionando el tejido social. El exponente clásico de esta reflexión es Émile Durkheim, pero la misma encuentra su contraparte en el alemán Ferdinand Tönnies, ambos activos a fines del siglo XIX. Lo que aquí está en cuestión no es el tema de la

49 Ben Aziza (2004). Un año después se lo encuentra en el título mismo del libro de J. Klanfer (1965) L’Exclusion sociale: Étude de la marginalité dans les sociétés. Para estudios sobre el nacimiento del concepto véase, entre otros, Silver (1994), Estivill (2003), Béland (2007) y Mathieson (2008). 50 Lenoir (1974). Lenoir ha dicho que el genial título de su obra no fue invención suya sino de su editor.

pobreza, que de por sí no impide una fuerte cohesión e inclusión social, sino los
pobreza, que de por sí no impide una fuerte cohesión e inclusión social, sino los

pobreza, que de por sí no impide una fuerte cohesión e inclusión social, sino los factores que llevan a una ruptura del sentido de pertenencia en una determinada sociedad. No se trata de una perspectiva vertical o “clasista” –pobres-ricos, dominantes-dominados, burgueses-proletarios, señores-siervos, etc.– sino horizontal, es decir, no de un estar arriba o abajo en la estructura social sino adentro o afuera, incluido o excluido.

Este es el sentido a mi parecer legítimamente distintivo del concepto de exclusión social, que en parte se ha perdido al tratar de asimilarlo o, peor aún, sustituir al de pobreza que, como recién se planteó, alude a otro tipo de problemática que de hecho puede combinarse con la exclusión pero sin coincidir con ella ni hacerse sinónimos. Es por ello que una crítica como la ya resumida de Amartya Sen, que trata de subsumir el concepto de exclusión social en el de pobreza definido como privación de capacidades, no me parece pertinente. Efectivamente, y a pesar de su nebulosidad y dificultad para medirse empíricamente, la exclusión social define un terreno de investigación y preocupación social pleno de sentido, como fácilmente lo observamos al estudiar, por ejemplo, los conflictos nacionalistas/regionalistas, la temática de la inmigración, los guetos urbanos o el surgimiento de subculturas en las sociedades actuales. Pero para que esto sea así debe mantenerse la amplitud y especificidad del concepto sin reducirlo a lo económico o transformándolo en un sinónimo de pobreza o de la falta de trabajo (“exclusión del mercado de trabajo”). Ya veremos que el concepto de exclusión social ha corrido justamente esta suerte al difundirse de Francia a la UE y luego a otros países u ámbitos culturales. Se puede decir que conquistó un protagonismo internacional nunca antes ni siquiera soñado pero al precio de perder su alma y transformarse en esa nebulosa que es hoy por hoy.

En todo caso, si bien el concepto de exclusión fue acuñado en los años 60 y 70 no sería hasta la segunda mitad de los 80 cuando realmente cobraría su importancia en la escena política francesa. Se trata de los debates en torno a la propuesta, finalmente aprobada en diciembre de 1988, de crear el Ingreso Mínimo de Inserción (Revenu Minimum dInsertion – RMI). Es en este contexto que el tema de la exclusión/inclusión madura como para, bajo

la influencia de Jacques Delors y sus asesores, pasar a ocupar un rango privilegiado en
la influencia de Jacques Delors y sus asesores, pasar a ocupar un rango privilegiado en

la influencia de Jacques Delors y sus asesores, pasar a ocupar un rango privilegiado en el pensamiento comunitario reemplazando totalmente, al menos por un tiempo, al concepto de pobreza.

Posteriormente analizaremos esta evolución con mayor detalle limitándonos aquí a constatar que desde la poderosa plataforma de la Comunidad Europea el concepto de exclusión social iniciará una rápida expansión tanto en los Estados miembros de la misma como en una serie de organismos internacionales, como ser las Naciones Unidas, la Organización Internacional del Trabajo y el Banco Mundial 51 . En política, el ascenso de Tony Blair al gobierno británico le dará un nuevo empuje muy significativo, que se concretará en la creación, en diciembre de 1997, de la Social Exclusion Unit (SEU, “Unidad para la Exclusión Social”) como parte integrante de la Secretaría del Gabinete del Primer Ministro y en el nombramiento, en 1999, de un ministro para la exclusión social. Según

Melissa Benn la SEU era “la joya de la política laborista, su hijo administrativo preferido52 .

La verdad es que nunca antes ni después un gobierno le ha dado tal prominencia política

a la perspectiva de la exclusión social. Además, la iniciativa política de Blair implicará, al menos temporalmente, una ruptura en el “frente anglo-sajón” que tradicionalmente se ha mantenido escéptico respecto del nuevo concepto y firmemente anclado en las investigaciones clásicas sobre la pobreza.

Sin embargo, el concepto nunca logró implantarse en Estados Unidos ni tampoco en Asia,

y su presencia ha sido muy limitada en África o América Latina. En general se puede decir

que, fuera de Europa, el concepto de pobreza ha ganado el pulso que le entabló, hace ya un par de décadas, el de exclusión social. Incluso en la Unión Europea, si bien se sigue hablando mucho de exclusión social de hecho se sigue pensando en y midiendo la pobreza, la privación y la vulnerabilidad. Un hecho sintomático al respecto es que en el

nuevo programa estratégico de la UE, Europa 2020 , la iniciativa emblemática en materia

51 Para un recuento véase Estivill (2003). 52 Benn (200), p 309. La idea de crear la SEU fue lanzada durante el verano de 1997 por Peter Mandelson en un discurso donde hablaba de la existencia de 5 millones de personas viviendo en exclusión social y otros 3 millones más en condiciones de dramática privación. Véase Levitas (2005).

de lucha contra la pobreza y la exclusión social se llame simplemente Plataforma europea contra
de lucha contra la pobreza y la exclusión social se llame simplemente Plataforma europea contra

de lucha contra la pobreza y la exclusión social se llame simplemente Plataforma europea contra la pobreza 53 . Otro hecho que puede retratar el debilitamiento de la presencia del concepto de exclusión social es la degradación de la posición de la Unidad para la Exclusión Social dentro del gobierno británico en mayo de 2002 para luego, en junio de 2006, ser transformada en un organismo de menor tamaño y rango llamado Social Exclusion Task Force (“Fuerza Operativa para la Exclusión Social”). Actualmente es imposible ubicar este organismo en página Web del Gobierno británico.

6. Definiciones y mediciones de la exclusión social

La evolución anteriormente descrita nos permite acercarnos a las definiciones actualmente en boga del concepto de exclusión social para luego ver que nos dicen las investigaciones empíricas al respecto.

En términos generales las definiciones se mueven en un eje que va desde el sentido original francés del término, que se centra en la ruptura de lo que Durkheim llamaba lien social (“lazo social”) y que en sí mismo poco tiene que ver con la pobreza, a un sentido más inglés del concepto, en el que exclusión social se define como una suma de situaciones de privación o pobreza.

Una definición plenamente “francesa” de exclusión social es la siguiente que nos da Hilary Silver en un reciente repaso del desarrollo del concepto:

“Habitualmente, la exclusión social es definida como un proceso dinámico de ruptura multidimensional del lazo social a nivel individual y colectivo. Por lazo social entiendo las relaciones sociales, las instituciones y las identidades imaginadas de pertenencia que constituyen la cohesión, la integración o la solidaridad social. La exclusión social impide la plena participación en las actividades normativamente

53 Com (2010/2020), pp. 4 y 25.

prescritas de una sociedad determinada y niega el acceso a la información, los recursos, la
prescritas de una sociedad determinada y niega el acceso a la información, los recursos, la

prescritas de una sociedad determinada y niega el acceso a la información, los recursos, la sociabilidad, el reconocimiento y la identidad, erosionando la autoestima y reduciendo las capacidades para alcanzar metas personales.” 54

Como fácilmente se observa, componentes como la pobreza o la privación material juegan un rol muy limitado en esta definición, siendo vistos como resultados y no causas de la exclusión. En contraste, se incluyen de manera central elementos como la identidad, el sentimiento de pertenencia o la autoestima, propios de una definición verdaderamente clásica y holística de la exclusión.

Una conceptualización de tinte inglés, donde la exclusión social y la pobreza se hacen términos intercambiables, la encontramos en la Poverty Site de la connotada Joseph Rowntree Foundation:

“Hasta la llegada en 1997 del gobierno laborista, el término exclusión social había sido raramente o nunca usado para discutir temas de política social en el Reino Unido […] Una de las ventajas del término exclusión social es el ser razonablemente auto-explicativo, apuntando claramente a la alienación o desafiliación de cierta gente dentro de la sociedad […] Sin embargo, una de las consecuencias de introducir el término exclusión social fue que llevó a algunos a asumir que los bajos ingresos y la alienación eran fenómenos que estaban esencialmente desconectados y que, al desarrollar medidas políticas, se les podía (y debía) considerar separadamente. Esto, a su vez, llevó a la tendencia en ciertos círculos a devaluar la importancia de abordar temas relacionados con los bajos ingresos […] Como una reacción contra todo esto, esta página virtual usa siempre el término ‘pobreza y exclusión social’ sin hacer diferencias entre ellos.” 55

54 Silver (2007), p. 1. 55 Joseph Rowntree Foundation (2010).

La adopción por parte de la Comunidad Europea del término exclusión social a fines de
La adopción por parte de la Comunidad Europea del término exclusión social a fines de

La adopción por parte de la Comunidad Europea del término exclusión social a fines de los años 80 se caracterizó por una mezcla ecléctica de ambos enfoques, donde la idea original francesa fue pasada por el cedazo inglés. Así describen H. Silver y S. M. Miller este proceso:

“Cuando la UE adoptó la terminología de la ‘exclusión social’ del francés, su significado cambió sutilmente. Los expertos británicos de los Programas de la Pobreza trataron, por ejemplo, de reconciliar el énfasis francés en la exclusión social y cultural con su propio énfasis tradicional en la privación material y en los derechos sociales de la ciudadanía, viendo la pobreza como un impedimento para la participación plena en la sociedad […] El trabajo conceptual le cedió el paso a un compromiso político […] Dicho lisa y llanamente, la UE reformuló la exclusión como una inhabilidad para ejercer los ‘derechos sociales de los ciudadanos’ a un estándar básico de vida y como barreras a la ‘participación’ en las principales oportunidades sociales y ocupacionales de la sociedad.” 56

Este compromiso, donde el tinte inglés ha sido más marcado que el francés, es el que nos permite entender la evolución de las diversas definiciones que la UE ha ido dando del término exclusión social hasta llegar a la actualmente en uso, que por primera vez fue

presentada en el Informe conjunto sobre la inclusión social de 2003:

“Exclusión social es un proceso que relega a algunas personas al margen de la sociedad y les impide participar plenamente debido a su pobreza, a la falta de competencias básicas y oportunidades de aprendizaje permanente, o por motivos de discriminación. Esto las aleja de las oportunidades de empleo, percepción de ingresos y educación, así como de las redes y actividades de las comunidades. Tienen poco acceso a los organismos de poder y decisión y, por ello, se sienten

56 Silver y Miller (2003), p. 7.

indefensos e incapaces de asumir el control de las decisiones que les afectan en su
indefensos e incapaces de asumir el control de las decisiones que les afectan en su

indefensos e incapaces de asumir el control de las decisiones que les afectan en su vida cotidiana.” 57

Ahora bien, más allá del énfasis que se le dé a los diferentes componentes del concepto de exclusión social todos los enfoques acentúan ciertas características del mismo, en particular el tratarse supuestamente de un fenómeno multidimensional y acumulativo, es decir, en el que coincidirían, reforzándose mutuamente, una serie de procesos y situaciones de privación y exclusión que empujan a individuos y grupos “al margen de la sociedad”, amenazando así el lazo o la vinculación que los une con el resto de la sociedad. Además, la gran mayoría de los autores sitúan la pobreza y la falta de acceso al trabajo en el centro de esta “multidimensionalidad acumulativa”. Este tipo de presuposiciones teóricas han sido el punto de partida de una serie de análisis empíricos que han tratado de medir la existencia, características y extensión real de la exclusión social. A ellas les daremos ahora una mirada para ver si estamos ante algo más que un nuevo “fantasma que recorre Europa”, causando alarma generalizada, llenando seminarios y creando un ejército de investigadores, expertos y funcionarios cuya misión es combatirlo.

Para realizar esta reseña de los resultados de las investigaciones empíricas me basaré en

el trabajo de Hilary Silver al respecto 58 , en el cual se resumen las conclusiones de siete

investigaciones sobre la exclusión social 59 . Estas investigaciones tienen como base común

datos reunidos por estudios longitudinales tipo panel, basados en una muestra de hogares

e individuos que son seguidos durante una serie de años, permitiendo así captar la

dinámica real del desarrollo social. El estudio más importante a este respecto es el

European Community Household Panel (ECHP), llevado a cabo entre 1994 y 2001 60 . En

57 Com (2003/773), p. 9.

58 Silver (2007).

59 Se trata de Muffels y Fouarge (2001), Tsakloglou y Papadopoulos (2002), Apospori y Millar (2003), Barnes (2002), Gallie y Paugam (2000), Whelan, Layte y Maitre (2002) y Burchardt, Le Grand y Piachaud (2002), este último basado en el British Household Panel y los seis anteriores en el European Community Household Panel.

60 Este estudio involucró inicialmente a unas 130.000 personas adultas de 12 países de la Comunidad, a los que luego se sumaron Finlandia, Austria y Suecia. El ECHP recogió información sobre una amplia serie de aspectos: ingreso, situación laboral, logros educacionales, relaciones sociales de distinto tipo, situación de salud, situación familiar, vivienda, seguridad social, satisfacción en relación a diversas materias, etc.

este estudio se recopiló una amplia serie de datos longitudinales estandarizados, lo que permite seguir
este estudio se recopiló una amplia serie de datos longitudinales estandarizados, lo que permite seguir

este estudio se recopiló una amplia serie de datos longitudinales estandarizados, lo que permite seguir las trayectorias de los individuos u hogares estudiados y, además, comparar los resultados obtenidos en diversos países. Se trata por ello de una base de información óptima para estudiar procesos supuestamente multidimensionales y acumulativos.

Los resultados de las investigaciones reseñadas por Silver no dejan de sorprender y pueden sintetizarse en los siguientes puntos: a. la correlación entre pobreza, en particular la pobreza crónica, y otros indicadores de privación y exclusión es escasamente significante, señalando que se trata de fenómenos distintos; b. la correlación entre distintos indicadores de exclusión o ruptura social tampoco queda corroborada empíricamente; c. la existencia de procesos acumulativos de privación y exclusión parece ser un fenómeno muy poco común; d. la privación no es habitualmente múltiple sino que se trata de un solo factor; y e. no existe una base empírica para hablar de una underclass, es decir, un grupo significativo de personas permanente desaventajadas. Este es el resumen que la propia Silver hace de su reseña:

“… uno de los hallazgos más consistentes de los estudios sobre la exclusión es que ciertas facetas de la ruptura social no están asociadas con otras. Esto implica que los procesos de desventaja acumulativa –círculos viciosos, espirales descendentes, etc.– son más raros de lo que muchos suponen. Una cosa queda clara, la exclusión social es distinta de la pobreza crónica […] Whelan, Layte y Maitre […] muestran que sólo una pequeña proporción de los pobres permanente están expuestos a privaciones múltiples […] Más gente es pobre o vive en privación de una manera que los que viven la privación de una manera múltiple […] La correlación imperfecta entre las dimensiones de la exclusión social ilustra el hecho de que mucha gente está en trayectorias que, a diferente ritmo, los llevan o sacan de una situación social dada […] El hallazgo reiterado de una débil correlación entre las diversas dimensiones de la vida social contradice la antigua noción de una clase marginalizada (‘underclass’), un núcleo duro de gente permanentemente

desaventajada. A lo más, esto caracterizaría un porcentaje muy pequeño de la población de los
desaventajada. A lo más, esto caracterizaría un porcentaje muy pequeño de la población de los

desaventajada. A lo más, esto caracterizaría un porcentaje muy pequeño de la población de los países occidentales industrializados.” 61

En suma, parece que la tan mentada exclusión social no era más que un verdadero fantasma, una especie de ilusión colectiva creada por los alarmistas de siempre, nuestros miedos y la estadística habitual –que nos da cifras puntuales sobre algún fenómeno pero nada dice sobre si año tras año se trata de los mismos individuos– cuya certeza se disipa al seguir trayectorias reales de vida. Ni la multidimensionalidad, ni los procesos acumulativos, ni la privación múltiple, ni la coincidencia de la pobreza con la exclusión, ni la formación de una clase permanente de excluidos, nada de esto ha podido ser comprobado. Todo lo contrario, la evidencia indica con toda claridad que se trata de momentos en la vida de los individuos durante los cuales éstos se ven afectados por una u

otra privación o falta de inclusión que no los condena a caer en un círculo vicioso de degradación y exclusión ni a formar parte de una especie de clase de marginados o

excluidos. En suma, se trata de lo que ya sabíamos acerca de la pobreza en las sociedades modernas, es decir, que es mayoritariamente una situación temporal en el seno de sociedades constantemente cambiantes y con altos niveles de movilidad social, sociedades en las que, usando nuevamente el ejemplo de los Estados Unidos, la gran mayoría son pobres alguna vez pero sólo muy pocos lo son para siempre.

Estas constataciones no pueden sino dejarnos atónitos frente a la algarabía general causada por la exclusión social. El grito de combate lanzado ya en 1989 por la Comunidad Europea –recuérdese el dramático título de su primer documento oficial al respecto:

Combatir la exclusión social 62 – no parece encontrar una justificación en la estadística pura y dura. Sin embargo, la conclusión que a mi juicio corresponde sacar de lo dicho es doble. Por una parte, no hay duda que se ha exagerado sin límites sobre el tema de la exclusión social bajo el impulso inicial de aquella retórica, tan común en los años 80, acerca de lo que se llamó “la sociedad de los dos tercios” y perpetuada luego por una especie de

61 Silver (2007), p. 12. 62 C (1989/277).

inercia burocrática-institucional que fue creando, a través de subvenciones, un círculo creciente de interesados en
inercia burocrática-institucional que fue creando, a través de subvenciones, un círculo creciente de interesados en

inercia burocrática-institucional que fue creando, a través de subvenciones, un círculo creciente de interesados en mantener y ampliar la nueva perspectiva aún a falta de un asidero sólido empírico. Por otra parte, a pesar de ello sería un error descartar en su conjunto la idea de la exclusión social ya que, si bien con proporciones mucho más limitadas que las anunciadas por diversos pronósticos agoreros, apunta a un fenómeno de importancia en las sociedades contemporáneas.

7. La exclusión social profunda

Se trata de bolsones de privación y exclusión que, justamente por ser globalmente muy acotados y minoritarios, no pueden ser detectados ni menos aún estudiados mediante el tipo de herramientas usadas por los estudios antes mencionados. En muestras representativas de una sociedad en su conjunto los individuos que forman parte de estos bolsones de exclusión se diluyen quedando sólo como excepciones individuales. Sin embargo, cuando estas excepciones viven agrupadas se producen procesos que es necesario no perder de vista ya que pueden llegar a tener una significación social que es muy superior a la importancia meramente cuantitativa del número de personas que componen esos bolsones de exclusión.

Este punto es crucial no sólo desde el punto de vista de los métodos de investigación sino sobre todo para comprender lo que en otro contexto he definido como exclusión social profunda 63 , que siempre es colectiva y que se diferencia radicalmente de la vivida individualmente. Una cosa es ser desempleado o pobre, o tener un acceso limitado a una serie de recursos básicos y vivir una vida de gran aislamiento social, pero como una excepción en ambientes sociales mayoritariamente compuestos por personas que no viven esas situaciones; otra cosa muy distinta es hacerlo como parte de un colectivo que

63 El tema lo he tratado teórica y empíricamente en las tres versiones del Mapa de la exclusión (Utanförskapets karta) publicadas en Suecia entre 2004 y 2006. En ellos se estudiaba una amplia serie de áreas altamente segregadas de Suecia. Ver Rojas (2006).

abrumadoramente comparte esas características. En el primer caso tenemos un individuo en una situación difícil,
abrumadoramente comparte esas características. En el primer caso tenemos un individuo en una situación difícil,

abrumadoramente comparte esas características. En el primer caso tenemos un individuo en una situación difícil, que además vivirá bajo el estigma de un ambiente cultural donde la inclusión y participación social es la norma. En el segundo caso, se forma una cultura de

la exclusión y formas colectivas de vida y movilización social que reflejan la situación de

exclusión. En el primer caso estamos ante un hecho lamentable y sin duda digno de atención pero de limitada relevancia social; en el segundo estamos ante un hecho que, aunque en conjunto no abarque a demasiadas personas, puede dar origen a conflictos sociales de gran trascendencia y transformarse en una real amenaza para la cohesión social. Se puede producir así una verdadera ruptura del lazo social, pero no bajo la forma de la “anomia” de que nos habló Durkheim sino como la formación de una especie de cultura alternativa o incluso de una contracultura, una forma de aquella “cultura de la pobreza” de la que nos habló Oscar Lewis ya en los años 50 del siglo pasado 64 .

Dicho esto no hay que olvidar que el mismo problema estadístico ya antes comentado se da en el caso de las áreas de alta segregación, privación y exclusión. La imagen que nos entrega la estadística habitual oculta una de las características más destacadas de estas áreas, a saber, el alto nivel de renovación poblacional de las mismas. Este hecho es muy conocido en los estudios estadounidenses ya clásicos sobre los sorprendentes cambios que ha ido experimentando la composición poblacional y étnica de los guetos urbanos 65 , si bien su validez para ciertos grupos, como ser los afroamericanos, ha sido cuestionada 66 . Estudios realizados en Suecia muestran la misma característica: el recambio de población oscila entre una quinta y una cuarta parte de los habitantes de los barrios más destituidos, especialmente cuando estos se caracterizan por tener una alta proporción de población inmigrante 67 . El “gueto” es por ello en realidad algo muy distinto de los que la misma palabra gueto sugiere. No es un área cerrada y aislada sino el escenario de muchas aves de paso que encuentran en las áreas más pobres de la geografía urbana su primera residencia para luego continuar su viaje. Sin embargo, la investigación también muestra

64 Lewis (1959, 1961 y 1968).

65 Véanse por ejemplo los estudios reunidos en Park (1925).

66 Véase como ejemplo Massey y Denton (1993). 67 Andersson (2000).

que en las áreas de alta vulnerabilidad y privación va quedando un remanente permanente que
que en las áreas de alta vulnerabilidad y privación va quedando un remanente permanente que

que en las áreas de alta vulnerabilidad y privación va quedando un remanente permanente que sí puede ser descrito como “los excluidos” y que le dan su particular atmósfera social y cultural a esas áreas.

En todo caso, la existencia de bolsones de exclusión que hoy por hoy van tomando la forma de guetos urbanos con altas concentraciones de inmigrantes o minorías étnicas es un objeto de estudio y atención pública de alta relevancia, en el cual confluyen más y más los temas de la inclusión y la integración social. Por ello es pertinente que se siga trabajando en el tema de la exclusión social, pero para que este esfuerzo tenga sentido debe disponerse de un diagnóstico correcto de la “exclusión social profunda” y de las herramientas de medición y acción adecuadas en este caso.

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