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CAD CHILE, MC, DOCUMENTOS, MARZO DE 2012

Transcripción al castellano de la reseña aparecida en la revista NEW LEFT REVIEW, 5, de septiembre-octubre de 2000. Traducción realizada por el Equipo Internacional del Colectivo Acción Directa, CAD, de Chile.

del Colectivo Acción Directa , CAD, de Chile. Las 1318 corporaciones que forman el núcleo de

Las 1318 corporaciones que forman el núcleo de la economía capitalista mundial. Las compañías súper-conectadas están en rojo, mientras que las que están muy conectadas aparecen en amarillo. El tamaño del punto representa sus ganancias (Imagen de PLoS One, en: http://www.newscientist.com/articleimages/mg21228354.500/0- revealed--the-capitalist-network-that-runs-the-world.html)

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NEW LEFT REVIEW 5, SEP - OCT 2000

RESEÑAS
RESEÑAS

Michael Hardt and Antonio Negri, Empire

Harvard University Press: Cambridge, Mass. and London 2000, $35

478 pp, 0 674 25121 0

Gopal Balakrishnan sobre Michael Hardt y Antonio Negri, Imperio. La globalización como un nuevo orden romano, a la espera de sus primeros cristianos. 1

GOPAL BALAKRISHNAN 2

EL IMPERIO DE HARDT Y NEGRI

VISIONES VIRGILIANAS

En la última década, una serie de trabajos que ofrecen una visión exhaustiva del estado del mundo luego del fin de la Guerra Fría han animado el tenor de la corriente principal de la vida intelectual. Estos aportes han intentado capturar la experiencia de la victoria Americana 3 sobre el Comunismo, y otros adversarios menores en casa y en el exterior. Concebidos en el espíritu de los antiguos retratos monumentales, en que se representa a un comandante principesco observando reflexivamente afuera del lienzo y con un campo de batalla todavía humeante de fondo, el género ha sido una especialidad de la Derecha Americana (o de un indistinguible Centro). Sus muchos autores Fukuyama, Nye, Huntington, Luttwak, Friedman, Brzezinski- se han apoderado de la oportunidad de dimensionar toda la extensión de la hegemonía estadounidense

1 Ver artículo original en: http://newleftreview.org/A2275 2 El autor es sociólogo, profesor asociado del Departamento de Historia de la Conciencia, Facultad de Humanidades de la U. de California Santa Cruz, EEUU. Es miembro del comité editorial de la revista de izquierda New Left Review. Es creador de variados e interesantes trabajos sobre política interna estadounidense e internacional, las guerras imperiales, la democracia de baja intensidad actual, críticas a otros autores marxianos, etc. 3 Recordemos que los estadounidenses se han apropiado del gentilicio ‘Americano’, como si fuese una propiedad natural e inequívoca de ellos y a despecho de los otros millones de seres humanos que habitamos el continente Americano. Lo utilizaremos en adelante sólo para respetar la transcripción del texto guía. (Esta nota y las siguientes son todas de este equipo traductor).

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en los campos de la geopolítica, la economía y la cultura de masas. Eso era lo esperado. Con todo, lo que a menudo es más notable en este cuerpo de trabajo

no

es tanto su triunfalismo craso en algunos casos, una carga exagerada- como

el

candor esporádicamente brutal con el que se registran las ásperas realidades

del entrante Siglo Americano. Un cuasi tono de augurio aún un toque de sic transit- 4 acecha en las profundidades de los lienzos. En diversos grados, esos son los peligros de la relajación o de la arrogancia que son típicamente el leitmotiv de los capítulos finales [o concluyentes N de los T]. Totalizaciones comparables desde la Izquierda, han sido pocas y distantes entre sí; diagnosticando ellas un presente más uniformemente sombrío. En el mejor de los casos, la alternativa a la rendición o al autoengaño ha parecido ser un combativo pero lúcido pesimismo, orientando el pensamiento para una Larga Marcha en contra del nuevo orden de cosas. En este escenario, la aparición de Imperio representa un quiebre espectacular. 5 Michael Hardt y Antonio Negri provocadoramente vuelcan el dictamen de que las dos últimas décadas han sido un período de fracasos punitivos para la Izquierda. Luego de años de vivir en el

exilio en Francia, Negri cumple ahora la pena que recibió en Italia al comenzar la década de los ochenta, durante del desmoronamiento de la Extrema Izquierda, escribiendo como un recluso del sistema penitenciario Romano que alguna vez, bajo el fascismo, retuvo a Gramsci. Pero la obra que él y Hardt han escrito le debe muy poco a la precedente de los Cuadernos de la Cárcel. 6 Pocos mensajes podrían estar más adelantados que ese áspero cálculo estratégico del argumento de Imperio. Su tema central es que, pareciendo lo contrario, vivimos en una temporada primaveral de los pueblos, un mundo que nos desborda con energías insurgentes. En un período donde otros simplemente se ponen a buscar resquicios, Hardt y Negri anuncian una época dorada.

Imperio desarrolla su provocadora temática en una atractiva variedad de registros. La colaboración entre el teórico literario americano y el filósofo político italiano ha producido una extraña y graciosa obra, de extraordinario vigor imaginativo y una riqueza de referencia intelectual. Teórica y hasta cierto punto arquitectónicamente, Hardt y Negri se autositúan en la línea de las “Mil Mesetasde Deleuze y Guattari. 7 Su obra cruza libremente los límites disciplinarios, aventura reflexiones sobre derecho, cultura, política y economía, con un repertorio de conceptos que recorren desde el canon de la filosofía clásica europea

a los hallazgos contemporáneos de la ciencia social y estudios culturales

americanos, por no hablar de cierto halo de Céline o Kafka, Herman Melville o

4 Latinazgo proveniente de Así pasa (la gloria del mundo)’, que hace referencia a la fugacidad del poder o de la fama. La cursiva del mismo y las siguientes, lo están en el texto original.

5 La obra Imperio” se puede encontrar en nuestro blog: acciondirectachile.blogspot.com

6 Se refiere al famoso “Quaderni del Carcere”, del revolucionario italiano Antonio Gramsci (1891-1937), texto de 2.828 páginas manuscritas y que éste redactara mientras estuvo detenido por el fascismo itálico. En esta fundamental obra marxiana, Gramsci se enfoca en la función educativa y política de los intelectuales partiendo de un análisis histórico y crítico de la intelectualidad italiana.

7 Hace referencia a “A thousand plateaus: capitalism and schizophrenia”, obra de 1987 de Gilles Deleuze y Félix Guattari. En castellano, este interesante trabajo se puede encontrar en:

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Robert Musil. Aún contrariando la intuición de sus conclusiones, Imperio es en sus propios términos una obra de intensidad visionaria. Hardt y Negri abren su caso con el argumento de que, a pesar que los sistemas de poder basados en el Estado-nación están rápidamente deshaciéndose en los campos de batalla del capitalismo mundial, la globalización no puede ser entendida como un simple proceso de desregulación de los mercados. Lejos de su extinción, las regulaciones hoy en día proliferan y se entrelazan para formar un orden supranacional acéfalo al cual los autores optan por llamar ‘Imperio’. El término, como ellos lo utilizan, no se refiere a un sistema en el cual los flujos tributan desde la periferia hacia las grandes capitales, sino que lo hacen una figura más Foucaultiana una red difusa y anónima de poder globalizante. Hardt y Negri afirman que los tendones de éste gobierno fantasmagórica sus flujos de personas, de información y de riqueza- simplemente son demasiado ingobernables como para ser monitoreados desde los centros de control metropolitano. La relación de sus orígenes añade unos pocos relevantes matices a una historia que ya es familiar. Un antiguo mundo estatista, de una clase gobernante y un proletariado, de un núcleo dominante y una periferia sujeto, se está despedazando y en su lugar está emergiendo un menos dicotómico y más intrincado patrón de desigualdad. ‘Imperio’ podría ser descrito como la Gestalt planetaria de estos flujos y jerarquías. La lógica de esta totalidad volátil escapa y transgrede todas las divisiones heredadas del pensamiento político: del Estado y la sociedad, de la guerra y la paz, del control y la libertad, del núcleo y la periferia; inclusive la distinción entre acción sistémica y antisistémica se difumina más allá de su reconocimiento. El advenimiento de este Imperio no es pues solamente un episodio trascendente en la historia mundial, es un evento de considerable importancia ontológica, anunciado aquí en la voz de una profecía apasionada. El orden político de ésta última etapa del capitalismo tiene una misión universal de pacificación, comparable a la de aquellos Imperios del pasado que se esforzaron por abarcar el mundo conocido. Virgilio es citado para expresar la magnitud absoluta de este cambio. “La era final que el oráculo predijo ha llegado; / el gran orden de los siglos ha nacido otra vez”. 8 Si bien Hardt y Negri perciben una clara ruptura entre este sistema y los colonialismos basados en el Estado que lo precedieron, ellos sitúan el grueso del linaje en genealogías más antiguas para éste Imperio posmoderno. Aquellos que quieran comprender el nuevo universo deberían echar una mirada a los escritos de Polibio, quien procuró explicar a sus estupefactos contemporáneos cómo era que Roma había ascendido para llegar a ser el amo del mundo Mediterráneo. Polibio sostenía que Roma había trascendido los inestables ciclos de la polis clásica porque su constitución combinaba monarquía, aristocracia y democracia en proporciones que moderaron el potencial degenerativo inherente a cualquier forma pura de gobierno. Hardt y Negri arguyen que el nuevo orden mundial puede ser considerado como una estructura análoga, en la cual la supremacía nuclear estadounidense representa la monarquía, la riqueza económica del G7 y de las corporaciones transnacionales la aristocracia, y el Internet el principio democrático La Bomba, el Dinero y el Éter componen la versión contemporánea de la constitución de la República Romana,

8 En “Imperio” (p. 142 del texto en castellano), sus autores toman ésta cita de Virgilio para mostrar el sentido de la paz inmanente y que requiere ser impuesta por un imperio, en el caso, la paz exigida por el imperio romano.

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al día siguiente de su aplastamiento de Cartago. Pero sí esta utilización de Polibio sugiere un Imperio a las puertas de un dominio de siglos, otras alusiones clásicas Montesquieu o Gibbon- dan a entender su eclipse o declinación: tropos no sólo de orden universal, sino de la decadencia, la transvaloración y del desplome de los limites [sic]. En este registro, Hardt y Negri asimilan a los revolucionarios potenciales de hoy con los cristianos del Imperio Romano tardío, testimoniando el inexorable cumplimiento del orden terrenal de cosas y el comienzo de una nueva y rejuvenecedora era de migraciones bárbaras. Los paralelismos con el Mundo Antiguo, elemento central en la estrategia retórica de Imperio, oscilan entre significados alternativos: ¿apuntan estos al ascenso o a la caída de las fortunas del capitalismo mundial? En general, el libro sugiere esto último. El Imperio, insisten sus autores, no surgió de la derrota de los desafíos sistémicos del capital. Por el contrario, su existencia se erige como un rotundo, sino paradójico, testimonio de las heroicas luchas de masas que sacudieron el antiguo régimen eurocéntrico de Estados nacionales y colonialismo. Recorre el trabajo una fervorosa creencia en que el capitalismo contemporáneo, aunque aparentemente impermeable al desafío antisistémico, en la práctica es vulnerable en todos los puntos a la revuelta y a la rebelión. La importancia creciente del trabajo intelectual, inmaterial, en sectores de la economía de alto valor agregado está perfilando un trabajador colectivo con incrementados poderes subversivos. Un inextirpable deseo plebeyo de emancipación es alimentado por la maleabilidad cada vez más evidente de todas las relaciones sociales y por la permeabilidad de todas las fronteras. Esta multitud global, que abarca a todos aquellos que trabajan o que son sólo pobres, desde los científicos en computación de Palo Alto a los habitantes de los tugurios de Sao Paulo, ella ya no se imagina a las comunidades como naciones integrales. Sin embargo, la mera heteroglosia o la hibridización no vienen a ofrecer ninguna alternativa perspicaz. Para la ideología del Imperio, le ha de convenir una estética complaciente y multicultural que desactive las posibilidades revolucionarias de la globalización. Lejos de ser oposición, los entusiastas académicos por la diversidad articulan la lógica inclusiva de un orden espontáneo que no depende más de metafísicas de diferencia natural y jerárquica. Los multiculturalistas no son los únicos en la izquierda en estar francamente desengañados. Hardt y Negri también cuestionan inclusive la idea de que la mayoría de las intachables ONGs son organismos de la sociedad civil mundial enfrentados contra los poderes establecidos. Antes bien, ellas deben ser comparadas con los dominicos y los franciscanos de la sociedad feudal tardía, funcionando como ‘las campañas de caridad y las órdenes mendicantes del Imperio’. Las mediáticas cruzadas por parte de Amnesty International o de Médecins Sans Frontières [Médicos Sin Fronteras] juegan un rol esencial en la movilización de la opinión pública detrás del intervencionismo humanitario. No es de extrañar que su crítica a la jerga de ellos se base fuertemente en los escritos de Carl Schmitt:

El concepto tradicional de guerra justa implica la banalización de la guerra y la celebración de misma como un instrumento ético, ideas ambas que fueron rechazadas resueltamente por el pensamiento político moderno y la comunidad internacional de Estados-nación. Estas dos características tradicionales han reaparecido en nuestro mundo

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postmoderno (…) Hoy día el enemigo, al igual que la guerra misma, viene a ser a la vez banalizado (reducido a un objeto de represión policial rutinaria) y absolutizado (como el enemigo, una amenaza absoluta al orden ético).

El Imperio es un orden mundial en un ‘permanente estado de emergencia y excepción, justificado por la apelación a los valores esenciales’. Aunque poderosa y concisa, la formulación es difícil de conciliar con la insistencia de Hardt y Negri de que el Imperio es una estructura constitucional coherente, un sistema jurídico encerrado en sí mismo del tipo imaginado por Hans Kelsen. Una constitución sumida en un permanente estado de excepción no puede formar parte de un sistema legal auto-enclaustrado y es, de hecho, sólo nominalmente un orden jurídico. Sin embargo, el intento de definir al Imperio como un sistema constitucional plantea un segundo y aún más grave problema. ¿Qué poder constituyente le dio origen, o decide cómo el derecho internacional es interpretado y cuando puede ser suspendido? Es un pensamiento generalizado que si el sistema mundial contemporáneo puede ser descrito como un imperio, es debido a la abrumadora concentración del poder económico, diplomático y militar en manos americanas. Hardt y Negri, no obstante, rechazan cualquier idea acerca de que Estados Unidos puede ser descrito como un poder imperialista. Por Imperio, con mayúsculas y sin artículo definido, 9 se excluye cualquier imperialismo basado en el Estado. A pesar que ellos reconocen que EEUU esta en la cima de la jerarquía del poder internacional, conjuran la importancia de este hecho con una serie de supuestos dudosos: una negación de que el concepto ‘metafísico’ de soberanía tenga alguna asidero en la era postmoderna del Imperio, junto con la afirmación de que un sistema político sin un centro de decisión pueda ser plausiblemente llamado un imperio; y finalmente, una declaración de fe de que, contrariamente a todas las apariencias, el poder constituyente del Imperio, la fuerza que le dio origen y faculta sus múltiples redes de control, es la ‘multitud’; es decir, los condenados de la tierra. No es en la forma de un ‘pueblo’ o una ‘nación’ –siendo estas ficciones metafísicas del estatismo-, si no que dispersos, hablando un lenguaje no común, encerrados en sus trabajos-jaulas: es en esta condición que la multitud es plenamente poderosa. Los pobres del mundo, sus omnipresentes desposeídos, forman un sujeto colectivo ya existente, pero no son conscientes de ello. Cómo, en ese caso, ellos habrían constituido un Imperio no es explicado. Es una conjetura razonable que la variable mesiánica en esta visión deriva de un pasado italiano más que de un presente americano. Alrededor de la mitad de los setentas, Negri llegó a la conclusión de que la clase obrera industrial ya no era un agente de la revolución social. Fuera de una creciente frustración de la ultraizquierda de cara a la estancada lucha de clases, él delineó una innovadora relectura de los Grundrisse de Marx, en la cual disolvía cualquier núcleo proletario duro en una mancomunidad más amplia de los desposeídos y excluidos. Estos últimos, sostuvo, eran esenciales para la reproducción del capital y más propensos a revueltas volátiles. Su predicción de que un nuevo trabajador social

9 Recordar que en el inglés existen situaciones en que no se utiliza el artículo definido (o determinado) the y un caso, como éste del texto, es cuando uno se refiere a objetos en general. Tal artículo se podría utilizar si supiéramos de quién o de qué estamos hablando.

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se estaba conformando, si bien en una mayor armonía con la realidad que con ciertas ortodoxias marxistas de entonces, estimuló también un temerario salto adelante hacia una concepción drásticamente simplificada de la estrategia revolucionaria como una violenta prueba de fuerza con el Estado. El fallo de esta tentativa de ‘transformar a los pobres en proletarios y a los proletarios en un ejército de liberación’ no llevó a Negri por la ruta de la renuncia. Lo que parece haber sucedido en su lugar es que llegó eventualmente a rechazar cualquier concepción residual de la política como un campo estratégico. En la era del Imperio, los revolucionarios no requieren distinguir más entre las tácticas y la estrategia, entre posición y maniobra, eslabones débiles de otros invulnerables; ahora pueden contar con un deseo popular por la liberación que, aunque difuso, lo impregna todo, al mismo tiempo que con una intuición episódica acerca de los amigos y de los enemigos. Mientras que las antiguas clases y las luchas de liberación nacional enviaron ondas de choque de larga duración a través del sistema interestatal, en la óptica contemporánea del Imperio las intifadas son de breve duración, los medios de comunicación dependientes y las luchas no se despliegan a través de los nacionales, ni decir de los mundiales, mundos de la mano de obra. En esta celebrada era de la comunicación, las luchas se han vuelto casi incomunicables. Tal imagen penetrante y sombría de los estallidos de la ira de clases, propia de una publicación por entregas, garantiza el tratamiento en profundidad. No obstante, Hardt y Negri la disipan, con una visión provocadora de dos, tres, muchos disturbios en Los Ángeles. En este sentido, su libro reproduce los horizontes del actualizado escenario del nuevo activista contra-cultural, en donde un cinismo paralizante ha sido desterrado, pero a menudo a expensas de la capacidad para hacer una evaluación desapasionada del balance de fuerzas en general, sin hablar de la conceptualización de un camino hacia el poder. Hardt y Negri sugieren que tales preocupaciones leninistas son irrelevantes para las rebeliones en contra del Imperio, el cual aprovecha exitosamente la lógica simbólica de la política postmoderna. En este espacio alternativo, la historia universal se desdobla como una secuencia de descubrimientos fortuitos casi mágicos. Por fortuna, sí bien las luchas locales ya no desencadenarán tanto horizontal como ascendentemente la secuencia revolucionaria en espiral, ellas ahora pueden inmediatamente catapultarse hasta el nivel global como acontecimientos imprevistos por los medios de comunicación de masas. Por esta ruta vertical más directa, el centro virtual del Imperio puede ser atacado por cualquier punto. Sólo porque el Imperio es un sistema de medios de comunicación de masas dirigidos de publicidad política, es que es permanentemente vulnerable a los efectos de acontecimientos desestabilizantes, marginales, que se escurren del control de aquellos que fabrican el consenso. El Imperio es una sociedad del espectáculo, al parecer impulsado por la obtención de la felicidad pero en realidad basada en la movilización de los deseos que están íntimamente unidos al miedo al fracaso, la exclusión y la soledad. De manera intrigante, Hardt y Negri sugieren que este orden social fantasmal, basado en falsas promesas y en un modo vicario, perturbado, de existencia en el mundo, es vano para el futuro. En un apéndice explicativo de Maquiavelo, mantienen que ha llegado el tiempo de componer grandes manifiestos, los cuales fuercen a abrir un espacio vacante para la intervención transformadora y que atraigan a la multitud para que irrumpa de

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un extremo a otro. Tomando la sugestión de Althusser, sostienen que Maquiavelo invocó a las masas en la representación trascendente de un príncipe ideal, ya que éste suponía que la acción colectiva sólo podía ser imaginada en la forma mediatizada de un agente singular; sin embargo, la tarea consiste ahora en desmitificar estas mediaciones osificadas los líderes, partidos y sindicatos- y reclamar su escondido poder para la multitud. Esta es la política de la sociedad del espectáculo, en la que las masas buscan solamente las experiencias más inmediatas de empoderamiento e intervención, aún si estas sólo son episódicas. Un epigrama de Spinoza resume el objetivo del libro: el profeta crea su propio pueblo. Los pensamientos de Maquiavelo respecto a la profecía tienen un matiz diferente, lejos de las comodidades de cualquier teología de la liberación, antigua o nueva:

Debe tenerse en cuenta que no hay nada más difícil de llevar a cabo, ni de éxito más dudoso, ni más peligroso de manejar, que iniciar un nuevo orden de cosas. Para el reformador hay un enemigo en todos aquellos que se benefician del viejo orden, y sólo defensores tibios en todos aquellos que se beneficiarían del nuevo orden, tibieza que surge en parte por el temor a sus adversarios, que tienen las leyes a su favor; y en parte por la incredulidad de la humanidad, la que no cree en nada nuevo hasta que haya tenido la experiencia efectiva de ello.

Apenas si necesitamos recordar la conclusión: todos los profetas armados han vencido y los desarmados han fracasado. En los setentas, Negri podría haber comprendido este pasaje como una clarinada a los enfrentamientos frontales con el Estado. Décadas más tarde, Imperio ofrece por el contrario un optimismo de la voluntad que sólo puede ser sostenida mediante el borrado milenario de la distinción entre el armado y el desarmado, entre el poderoso y el impotente despreciable. No es sino hasta cerca del final del libro que Hardt y Negri explican lo que les lleva a manifestar el poder primordial de la multitud indefensa: El Imperio, aparentemente al mando en todas partes, es incapaz de refrenar el flujo planetario de los trabajadores en busca de puestos de trabajo y de una vida mejor en los países ricos. La remodelación de las relaciones sociales por dondequiera, así como la inmigración en esta escala, revelan la hostilidad de la multitud al sistema de las fronteras nacionales y su aspiración tenaz de libertad cosmopolita. La multitud debe ser capaz de decidir sí, cuándo y dónde moverse. Debe tener también el derecho de quedarse inmóvil y disfrutar de un lugar en vez de verse forzada constantemente a estar en movimiento. El derecho general a controlar su propio movimiento es la demanda última de la multitud por una ciudadanía global.’ De acuerdo con su trasfondo ontológico, el Imperio no desarrolla ningún programa sustentable para los agraviados y ofendidos del mundo. Lógicamente, sin embargo, su propuesta más distintiva (el derecho a una renta básica garantizada ocupa el segundo lugar) es la abolición de todos los controles de inmigración: ¡papeles para todos! 10 Para Hardt y Negri, ésta es una demanda que abre la posibilidad de rejuvenecer el núcleo políticamente estancado del capitalismo global. Pero el deseo de vivir, trabajar y criar sus familias en tierras más opulentas sin duda encuentra su verdadero

10 En el original dice, en francés: papiers pour tous!

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manifiesto en la inscripción al pie de la Estatua de la Libertad, manteniendo a firme la promesa de libertades enteramente prosaicas. En El Lexus y el Olivo, Thomas Friedman argumenta que la globalización trae la democracia en su estela, en parte porque se nutre de un actualmente irresistible deseo de los consumidores y potenciales consumidores su versión de la multitud- de ser parte del sistema, en una dialéctica que somete a la democracia a una cada vez más estrecha disciplina del mercado. Imperio puede ser leído como el Lexus y el Olivo de la extrema izquierda. Ambos libros arguyen que la globalización es un proceso potenciado desde abajo. Friedman describe una dispensa ubicua alentada por la especulación de los fondos de pensiones, el libertinaje de las tarjetas de crédito y el recurso universal del estilo de vida americano. Crudo y exagerado, el libro efectivamente retrata las realidades sociales que no siempre son las más sutiles, a su manera desmitifica las compasiones azucaradas de la hora. Desde un nivel cultural incomparablemente más alto, Negri y Hardt a menudo no logran alcanzar este nivel de realismo y terminan refundiendo algunas de las mitologías del liberalismo americano. Friedman no deja la menor duda sobre el poder supremo de los EEUU como banquero y gendarme mundial; de hecho, se refriega con gusto chauvinista lo que Hardt y Negri suelen metafísicamente sublimar. No obstante, mientras que ellos restan importancia al puño de hierro de los EEUU en la arena mundial, le otorgan a América un papel central más gratificante como un laboratorio de innovación política interna. A juicio de ellos, tanto el apogeo como la antítesis del Imperio descansan en el inclusivo y expansivo republicanismo de la constitución de los EEUU, que hace tiempo derrama el fetichismo europeo de una nación homogénea. Es en este espíritu que se cita a Hegel -‘América es el país del futuro, y su importancia histórica mundial se tiene todavía que revelar en las épocas que se avecinan… Es la tierra deseada para todos aquellos que están cansados del arsenal histórico de la vieja Europa’- y Tocqueville es felicitado por profundizarle, con un ejemplar entendimiento de la importancia de la democracia de masas americana. Existe aquí un eco de viejas ilusiones. Imperio valientemente defiende la posibilidad de un manifiesto utópico para estos tiempos, en los que el deseo de otro mundo enterrado o disperso en la experiencia social podría encontrar un lenguaje auténtico y un punto de concentración. Sin embargo, para ser políticamente eficaz, cualquier reclamo de este tenor debe hacer un balance de las realidades implacables de esa misma realidad, sin tener que recurrir al éxtasis teórico.