Vous êtes sur la page 1sur 8

I.E.S. Bachiller Sabuco

Dto. de Filosofía

Profesor

Ricardo González López

1

Dto. de Filosofía Profesor Ricardo González López 1 1.- EL EMPIRISMO 12.- EL EMPIRISMO: DAVID HUME

1.- EL EMPIRISMO

12.- EL EMPIRISMO:

DAVID HUME

David Hume es una de las más destacadas figuras de la Ilustración, y también el máximo representante de la corriente filosófica denominada empirismo. El término empirismo viene del griego empeiria, que significa experiencia. El empirismo establece fundamentalmente que todo el conocimiento válido procede únicamente de la experiencia sensible. Por tanto, se enfrenta radicalmente a los racionalistas, ya que para estos la experiencia es un conocimiento ilusorio y engañoso e insuficiente. Otros destacados representantes del empirismo británico son Locke y Berkeley.

2.- JOHN LOCKE (S.XVII)

En su "Ensayo sobre el entendimiento humano" investiga el origen de las ideas. Frente a la concepción cartesiana de la mente cargada de conocimientos al nacer, recoge la teoría aristotélica de la tabula rasa, según la cual la mente al nacer es como un papel en blanco. No hay nada en el entendimiento que antes no haya estado en los sentidos. La razón, por tanto, se abastece de la experiencia, en la cual se fundamenta todo nuestro conocimiento. Rechaza las ideas innatas, aunque admite, no obstante, la claridad y distinción de las ideas, así como las adventicias y facticias: "La razón no pone los cimientos, si bien con frecuencia erige una construcción majestuosa y eleva hasta el cielo las cimas del saber".

Trata también de delimitar el alcance de nuestro conocimiento para establecer las condiciones de posibilidad del conocimiento cierto, estableciendo que todo el conocimiento está limitado por la experiencia, tanto en extensión (no puede trascender sus límites) como en cuanto a certeza (solo es cierto el conocimiento procedente de la experiencia).

3.- GEORGE BERKELEY (S.XVIII)

El empirismo de Berkeley se apoya en el de Locke y lo acentúa, desarrollando un proceso escéptico que culmina en Hume. Para Berkeley, las posibilidades del conocimiento humano no rebasan los límites de la percepción; de ahí que no pueda afirmarse la existencia real de la materia independientemente de sus cualidades, al no ser percibida. La única sustancia es la mente que percibe, existiendo solo ideas y sustancias pensantes.

En su obra "Principios del conocimiento humano" rechaza la teoría de las ideas de Locke, considerando incoherente la tesis de que nuestras ideas representan algo distinto de ellas mismas, puesto que si solo conocemos ideas, no podemos afirmar que sean necesariamente representaciones de objetos. Solo podemos afirmar con certeza que existen ideas, no que existan objetos. Por tanto, niega la existencia de la sustancia corpórea. No hay dos entidades, de una parte las cosas y de otra las percepciones e ideas, como defendía Locke, sino que las cosas son las percepciones.

1

I.E.S. Bachiller Sabuco

Dto. de Filosofía

Profesor

Ricardo González López

2

La sustancia material es incognoscible, es una noción ficticia perpetuada a través de los tiempos. Los cuerpos son lo que se percibe que son, y no algo que esté tras lo que se percibe. Su única realidad consiste en se percibidos (esse est percipi). Este ser activo percipiente es lo que se denomina alma o yo.

En suma, Locke eliminó la noción de sustancia, mientras Berkeley descartó la sustancia material, pero mantuvo la noción de sustancia espiritual o mente, entidad necesaria para la percepción de las ideas. Hume ni siquiera reconocerá el espíritu o mente, no dejando nada más que un haz de percepciones como constituyente del alma humana.

4.- DAVID HUME

4.1.- VIDA Y OBRAS DE HUME

Hume nace en 1711 en Edimburgo (Escocia). Estudia Derecho en la Universidad de esta ciudad. Pronto abandonó la abogacía, pues según confiesa en su breve autobiografía, escrita poco antes de su fallecimiento y publicada póstuma por su amigo A. Smith, “sentía una insuperable aversión hacia todo lo que no fueran investigaciones filosóficas”.

En 1734 se traslada a Francia e ingresa en el colegio de La Flèche, donde escribe su obra cumbre: “Tratado de la naturaleza humana”. Regresa a Londres en 1937, donde publica el Tratado… de forma anónima, sin obtener éxito. Decepcionado al comprobar que la obra no había tenido la acogida que esperaba, reconoce en su autobiografía: “Jamás intento literario alguno fue más desgraciado que mi Tratado… Ya salió muerto de las prensas, sin alcanzar siquiera la distinción de provocar murmullos entre los fanáticos. Pero pronto me recuperé del revés, y proseguí mis estudios con gran ardor. En 1742 se imprimió la primera parte de mis Ensayos, la obra fue recibida favorablemente, lo que pronto me hizo olvidar por completo mi fracaso anterior.”

En efecto, los “Ensayos morales y políticos” tuvieron una acogida más favorable. En realidad la acogida del

Tratado no fue tan indiferente, pero Hume tenía pretensiones de alcanzar fama literaria, lo que no pudo lograr con el Tratado, ya que el estilo es muy criticable, incluso para el propio autor: “Siempre tuve la idea de que mi fracaso al publicar el Tratado se había debido mas a la exposición que al contenido, y de que había cometido la indiscreción de haberlo llevado a la imprenta demasiado pronto. Por tanto refundí la primera parte de esa obra, y el resultado

a volver a escribir la primera parte del “Tratado

con la esperanza de que una nueva redacción más sencilla y

es lo que le animó

fue la “Investigación sobre el entendimiento humano”. La acogida favorable de los “Ensayos

,

clara lo hiciese más aceptable para el público, pero no lo logró, y tuvo que reconocer que: “esta obra no tuvo mucho más éxito que el Tratado”.

no obtuviese la acogida popular que su autor deseaba, algunos lectores captaron pronto

las implicaciones en el campo de la moral y la religión, desatándose unas severas críticas, llegando incluso a pedir la excomunión de Hume en 1776. Esto no debió sorprenderle, pues en el Tratado I, IV, 7, 1 confiesa: “Me he

expuesto a la enemistad de todos los metafísicos, lógicos, matemáticos y hasta teólogos. ¿Podría extrañarme entonces de los insultos que debo recibir? Cuando miro a mi alrededor presiento por todas partes disputas, contradicciones, iras, calumnias y difamación”. Hume era consciente de lo revolucionario de su sistema, y este es otro factor que provoca su desengaño al constatar que el Tratado suscitaba indiferencia, y apenas era leído. Buscaba expresamente la polémica, la cual empezó a surgir hacia 1770.

Aunque el “Tratado

Posteriormente publica las “Investigaciones sobre los principios de la moral” en 1752,

de forma más clara y concisa, y que pasó

inadvertida, aunque Hume la consideró como su obra maestra: “En mi opinión es sin comparación el mejor de mis escritos. Sean históricos, filosóficos o literarios. Sin embargo, a la gente le pasó inadvertida la obra, y ni siquiera se enteró de su existencia”.

reelaboración de la segunda parte del “Tratado

Sus últimas obras publicadas fueron “Historia de Inglaterra”, en seis volúmenes que aparecieron entre 1754 y 1762, y “Diálogos sobre la religión natural”, escrita en 1750 y publicada póstuma en 1779, pues Hume rehusó publicarla por su contenido escéptico. Esta obra en principio suscitó fuertes reacciones críticas, pero pronto fue cayendo en el olvido.

4.2.- EL “TRATADO DE LA NATURALEZA HUMANA

4.2.1.- PROPÓSITO DEL “TRATADO

El objetivo último de Hume radica en la lucha contra el fanatismo y la superstición religiosa. “Hablando en general, los errores en materia de religión son peligrosos, losa de la

2

I.E.S. Bachiller Sabuco

Dto. de Filosofía

Profesor

Ricardo González López

3

Filosofía, solamente ridículos”. Tratado I, IV, 7. Las convulsiones religiosas de su época, que desembocaron en guerras y matanzas, le inducen a pensar en la posibilidad de establecer razonablemente un espíritu de tolerancia. Para ello, lejos de inventar un estado ideal perfecto, como Platón, Hobbes, Moro, se propone conocer la naturaleza humana, para saber cómo piensan y actúan los seres humanos, y adecuar las instituciones sociales a ese conocimiento real y efectivo.

Hume es representante del individualismo burgués, que pasa por la negación de entidades supraempíricas, y ha observado que todos los intentos racionalistas han desembocado en el dogmatismo. En el título de su obra capital se expresan los propósitos del autor: "Tratado de la naturaleza humana como intento de introducción del método experimental de razonamiento a los principios morales". Se trata de aplicar a los temas humanos el método de Newton, que ya había demostrado su validez en el campo de las ciencias físico-naturales, y tratar de constituir una Ciencia de la Naturaleza Humana.

Para Hume, la naturaleza humana es la única ciencia del hombre, a la cual se vinculan todas las demás, incluso aquellas que parecen más independientes, como las matemáticas, física, religión natural, porque también estas forman parte de los conocimientos humanos y caen bajo el juicio de las facultades humanas: “Todas las ciencias se relacionan en mayor o menor grado con la naturaleza humana (…) incluso las matemáticas, la filosofía natural y la religión natural dependen de algún modo de la ciencia el hombre, pues están bajo la

comprensión de los hombres y son juzgadas según las facultades y las capacidades de estos”. Por eso, el único camino para llevar adelante la investigación filosófica es dirigirla directamente hacia su centro, que es la naturaleza humana, desde la cual podrá después moverse hacia la conquista de las demás ciencias, todas relacionadas con ella en mayor o

", en el que trata

menor grado. Este es el propósito del "Tratado de la naturaleza humana de edificar un sistema completo de las ciencias sobre una base segura.

4.2.2.- ORIGEN EMPÍRICO DEL CONOCIMIENTO

En el Tratado de la naturaleza humana, Hume reduce todo el conocimiento a percepciones, y comienza clasificando todas las percepciones del espíritu humano mediante dos divisiones:

4.2.2.1.- PRIMERA DIVISIÓN: Impresiones / ideas

a) Impresiones son las percepciones que inciden con mayor fuerza y evidencia en la conciencia, son todas las sensaciones, pasiones, emociones, tal como aparecen directa y primariamente en el espíritu, esto es, las pertenecientes al conocimiento sensible.

b) Ideas o pensamientos son las imágenes debilitadas de las anteriores, representaciones o copias de impresiones surgidas cuando pensamos y razonamos.

La diferencia entre impresión e idea es la que existe entre sentir y pensar. Para Hume, toda idea deriva de la correspondiente impresión, no existiendo ideas o pensamientos de los cuales no se haya tenido previamente una impresión, y en esto radica el límite del conocimiento: la razón puede componer las ideas de los modos mas arbitrarios y fantásticos, pero siempre procederán en última instancia de impresiones: “La razón no puede nunca engendrar por sí sola una idea original”.

4.2.2.2.- SEGUNDA DIVISIÓN: Simples / complejas

A continuación, divide todas las percepciones, tanto las impresiones como las ideas, en simples y complejas, según puedan o no separarse o dividirse en partes. Cada idea tiene siempre una impresión simple correspondiente, y viceversa.

Se pregunta si las impresiones se derivan de las ideas, o al contrario. Examinando el orden en que aparecen, encuentra evidente como regla general que las impresiones anteceden siempre a las ideas, y que todas las ideas simples proceden de sus correspondientes impresiones, esto es, las ideas son precedidas de otras percepciones mas vívidas, de las cuales se derivan y a las que representan, y este es el primer principio que Hume establece en su ciencia de la naturaleza humana: todo el conocimiento procede de la experiencia. Este primer principio representa el rechazo de las ideas innatas del racionalismo, a la vez que establece los límites del conocimiento humano.

3

I.E.S. Bachiller Sabuco

Dto. de Filosofía

Profesor

Ricardo González López

4

4.2.2.3.- MEMORIA E IMAGINACIÓN

A continuación analiza las facultades que producen las ideas, distinguiendo dos: memoria e imaginación,

diferenciadas por el grado de dependencia con respecto a las impresiones.

La memoria se encuentra en el primer nivel, conservando las ideas simples en su orden y disposición

correspondientes con las impresiones originarias.

La imaginación, por el contrario, produce ideas desvinculadas directamente de las impresiones correspondientes, esto es, mientras que la memoria respeta el orden espacio-temporal de las impresiones, no sucede igual con la imaginación, y esto constituye el segundo principio de la naturaleza humana: La imaginación posee un poder creativo para mezclar las ideas, trastocando y alterando el orden de las cosas. Pero la imaginación opera siempre en virtud de principios generales de asociación, basados en “una especie de atracción, que tiene en el mundo mental efectos tan extraordinarios como en el natural”. Hume, inspirándose en Newton, concibe en la mente humana una especie de atracción o gravitación, que puede ser formulada en tres leyes: semejanza (un cuadro con el original); contigüidad en el espacio y en el tiempo (una casa con sus habitaciones); y causa- efecto (herida-dolor).

4.2.3.- LA ASOCIACIÓN DE IDEAS Y EL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD

4.2.3.1.-RELACIONES ENTRE IDEAS Y CUESTIONES DE HECHO

4.2.3.1.1.- RELACIONES ENTRE IDEAS

Son enunciados demostrativos, que no se refieren a hechos objetivos y no se relacionan directamente con el

mundo empírico, sino que se refieren a las relaciones mismas de las ideas entre sí establecidas por la imaginación

y la memoria mediante principios de la naturaleza humana comunes a todas las personas. Se trata de enunciados

acerca de relaciones de semejanza, oposición, cualidad y cantidad, y pueden ser elaborados por mera operación del pensamiento, con independencia de lo que pueda existir en el mundo objetivo. Son juicios analíticos, en los que

el predicado se incluye o está comprendido en el sujeto, son tautologías y tienen carácter universal y necesario. Ej:

“el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos”.

4.2.3.1.2.- CUESTIONES DE HECHO

Son enunciados probables, en los que la verdad del predicado no está incluida en la del sujeto, sino que su verdad o falsedad depende de la experiencia mediante relaciones de tiempo/lugar, identidad y causalidad, si bien las dos primeras solo son variaciones de la relación causal. En consecuencia, afirma que “todos los razonamientos concernientes a cuestiones de hecho parecen fundarse en la relación causa-efecto”.

¿Qué validez

tienen las proposiciones sobre cuestiones de hecho? En suma, ¿puede ser universal y necesario el enunciado basado en el principio de causalidad.

En este punto surgen las interrogantes: ¿Que pruebas existen acerca de la relación causal?

4.2.3.2.- CRÍTICA DEL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD

La verdad o falsedad de las cuestiones de hecho depende de la inferencia causal, y esta de la experiencia. Ya

Locke analizó el principio de causalidad, concluyendo que la idea de relación causa-efecto nos viene dada por la experiencia, que nos muestra en determinadas ideas la producción constante de otras ideas. Pero no hace hincapié en la crítica de la causalidad, que entiende como "aquello que hace que otra cosa comience a existir", sino que tan

solo insiste en que la idea de causa proviene de la experiencia, y se forma mediante un razonamiento.

En idéntico sentido, Hume afirma que el principio de causalidad no proviene de un razonamiento, sino solamente de la experiencia. Nadie, pues, frente a un objeto que para él sea nuevo, podrá describir sus causas y efectos antes de haberlos experimentado (ejemplo de Adán con el agua y el fuego). Pero la experiencia solo se refiere a hechos pasados, y nunca a futuros, pues el futuro no ha sido todavía experimentado. Por tanto, no podemos afirmar que la causalidad sea una conexión necesaria, sino tan solo que ocurre una sucesión o continuidad de fenómenos:

"Estamos determinados solo por la costumbre a suponer que el futuro es conforme al pasado. Cuando veo una

bola de billar moviéndose hacia otra, mi mente es inmediatamente llevada por el hábito al usual efecto, y anticipa

mi visión al concebir a la segunda bola en movimiento. No hay nada en esos objetos, abstractamente considerados

e independientemente de la experiencia, que me lleve a formar una tal conclusión: e incluso después de haber tenido experiencia de muchos efectos repetidos de este género, no hay argumento alguno que me determine a

suponer que el efecto será conformable a la pasada experiencia (

No es, por tanto, la razón la que es la guía de

la vida, sino la costumbre. Ella sola determina a la mente, en toda instancia, a suponer que el futuro es

conformable al pasado."

)

En suma, la conexión entre causa y efecto es arbitraria, y no puede tomarse como fundamente de ninguna

previsión futura, no pudiendo ser demostrado como necesario y absolutamente válido el vínculo entre causa y

4

I.E.S. Bachiller Sabuco

Dto. de Filosofía

Profesor

Ricardo González López

5

efecto: “El efecto es totalmente distinto de la causa y, por tanto, no puede descubrirse en ella”. Según Hume, la idea de causalidad se deriva de las siguientes relaciones:

a) contigüidad (causa y efecto son contiguos).

b) sucesión o prioridad ( el efecto sigue siempre a su causa, o lo que es igual, la causa antecede al efecto).

c) unión o repetición constante con que causa y efecto se presentan (ante la aparición de uno de los objetos, el espíritu está habituado o acostumbrado a considerar su acompañante usual).

4.2.4.- LA COSTUMBRE Y LA CREENCIA

No obstante, el ser humano fundamenta todo el conocimiento en la relación causal, en base al principio de hábito o costumbre, que explica la unión que establecemos entre los hechos, pero no su conexión necesaria. Esto es, la percepción habitual de innumerables casos particulares basados en las relaciones de contigüidad, sucesión y repetición constante, tanto en la experiencia cotidiana como en la científica, nos conducen a generalizar y creer en una conexión necesaria entre los acontecimientos. Por esto esperamos que ocurran en el futuro efectos semejantes a los que hemos experimentado en el pasado, lo cual es para Hume completamente indemostrable. En consecuencia, es tan solo la costumbre o hábito la que confiere a la relación causal toda su necesidad: "Todos nuestros razonamientos sobre causas y efectos se derivan únicamente de la costumbre, y la creencia es más bien un acto de la parte sensitiva, y no de la parte cognitiva de nuestra naturaleza".

La costumbre nos conduce a la creencia de que en el futuro volverán a repetirse los acontecimientos pasados. No podemos tener certeza racional sobre las cuestiones de hecho, sino mera creencia, que es tan solo el resultado de la costumbre o hábito, y no consiste en un conocimiento de tipo racional, sino que se trata de un sentimiento o instinto que acompaña a una asociación de ideas. Dicha asociación se impone a la mente convirtiéndola en principio regulador de nuestras acciones. No constituye un principio de justificación científica o filosófica, sino únicamente una guía práctica para la vida, como el instinto para los animales. En consecuencia, todo el conocimiento de la realidad permanece en el campo de la mera posibilidad, y no del conocimiento científico rigurosamente exacto y cierto.

4.2.5.- RECHAZO DE LA SUBSTANCIA

Entiende el término sustancia como la realidad que mantiene cualidades o accidentes, subsistiendo a los

posibles cambios. En el "Tratado

/ de reflexión. La idea de sustancia debe provenir de una de ellas. No procede de las impresiones de sensación,

pues entonces tendría color, sabor, etc. Tampoco de las impresiones de reflexión, pues estas se reducen a las pasiones y emociones.

",

L. I secc. 2ª, divide nuevamente las impresiones en dos grupos: de sensación

En suma, no poseemos impresión de la sustancia, y nuestra idea de ella carece de validez objetiva. Si no existe objetivamente la sustancia, no existen ninguna de las tres sustancias del racionalismo: mundo, alma y Dios.

4.2.6.- LA CREENCIA EN LA EXISTENCIA DEL MUNDO CORPÓREO

No niega la realidad del mundo externo, sino que la reduce a nuestras impresiones. ¿Existe algo distinto e independiente de las percepciones? La idea de existencia debe derivarse de una percepción distinta de la del objeto, o bien debe darse en la misma percepción del objeto. Lo primero no es posible, por tanto la existencia carece de valor objetivo.

No se trata de que niegue la existencia de los cuerpos con independencia de nuestras percepciones, sino que somos incapaces de probar tal existencia. Solo podemos investigar qué nos induce a la creencia en la existencia continua e independiente de los cuerpos, como algo distinto de nuestras mentes y percepciones, pero de nada sirve preguntarnos si existe o no el cuerpo. Hume encuentra que esta creencia no se debe a los sentidos ni a la razón, sino a la imaginación, en base a los rasgos de constancia y coherencia que poseen las impresiones de objetos: “Es evidente que nuestros sentidos no presentan sus impresiones como imágenes de algo distinto, independiente o externo, ya que no nos transmiten sino una simple percepción, y no nos entregan la mas mínima referencia a algo más allá. Los sentidos son incapaces de engendrar la noción de existencia continua de sus objetos cuando estos dejan de manifestarse”.

En conclusión, no existe justificación racional que explique esta creencia, pero tampoco podemos suprimirla, volviendo a creer por instinto: "Apuesto a que cualquiera que sea en este momento la opinión del lector, dentro de una hora estará convencido de que existe tanto un mundo externo como un mundo interno".

4.2.7.- LA CREENCIA EN EL YO

La creencia en el espíritu humano como sustancia idéntica y perdurable es ficticia e infundada como lo son las cosas externas. El espíritu humano está constituido por una pluralidad de percepciones ligadas entre sí por

5

I.E.S. Bachiller Sabuco

Dto. de Filosofía

Profesor

Ricardo González López

6

relaciones de semejanza y causalidad: "Podemos observar que lo que llamamos mente no es nada más que un amontonamiento o colección de distintas percepciones, unidas por ciertas relaciones".

No existe la impresión del yo, y si una impresión cualquiera hace surgir la idea del yo, esa impresión debe ser constante e invariable a lo largo de toda nuestra vida. Pero no hay tales impresiones, y por tanto concluye escépticamente: "La humanidad no es más que un haz o colección de diferentes percepciones que se suceden unas

a otras con una rapidez inconcebible y están en flujo y movimiento perpetuos". "Todos estos sutiles y refinados

problemas acerca de la identidad personal no tienen posibilidad alguna de poder ser resueltos".

4.2.8.- LA CREENCIA EN DIOS

No poseemos impresión de Dios, luego no podemos establecer directamente con certeza la existencia de Dios. En cuanto a establecerla indirectamente, por medio de pruebas o demostraciones, en las "Investigaciones sobre el entendimiento humano" critica las basadas en la causalidad, pues considera que una causa no puede ser conocida solamente por sus efectos.

En los "Diálogos sobre la religión natural", critica el argumento ontológico. No poseemos en nosotros la idea innata de Dios, puesto que Hume niega (siguiendo a Locke) la existencia de toda idea innata, considerando además que la existencia no es materia de demostración o prueba: "No hay un ser cuya existencia esté demostrada".

Hume no es teísta ni ateo, sino agnóstico, pues afirma que no podemos conocer con certeza si Dios existe o

no.

4.2.9.- EL RECHAZO DE LA METAFÍSICA

En conclusión, Hume niega la validez de la Metafísica, ya que rechaza la existencia de la sustancia, y los temas fundamentales de la Metafísica, mundo, alma y Dios, no son objeto de conocimiento cierto, sino de mera creencia. Su opinión sobre la Metafísica se expresa en la frase siguiente:

"Si, cuando recorremos las librerías, encontramos un libro sobre temas divinos o metafísicos, podemos preguntarnos: ¿contiene algún razonamiento abstracto que se refiera a la cantidad o al número? No. ¿Contiene

algún razonamiento experimental que se refiera a hechos reales o a la existencia? No. Pues entonces, arrojémoslo

al fuego, pues no contiene nada más que sofismas e ilusiones".

5.- LA MORAL

Los brillantes resultados que se estaban obteniendo en la aplicación del método experimental a las ciencias de la naturaleza, llevaron a Hume a intentar una empresa semejante en el estudio de la naturaleza humana y en el campo de la Moral, tal y como expresa en el subtítulo de su obra fundamental: "Tratado de la naturaleza humana como intento de introducción del método experimental de razonamiento a los principios morales". En el tercer libro del Tratado…, afirma que La moral es un tema que nos interesa sobre todos los demás.

Hume es famoso sobre todo por su Teoría del Conocimiento: el análisis del entendimiento, de la causalidad, de la identidad del Yo y el rechazo de toda Metafísica. Pero su Teoría del Conocimiento representa solo el primer peldaño de la ciencia del ser humano que pretende desarrollar, tratando de llevar a cabo en el ámbito de la Moral lo mismo que Galileo y Newton habían conseguido en el ámbito de las ciencias naturales, pues piensa que "la Filosofía Moral está en las mismas condiciones que lo estaba la Filosofía natural con respecto a la astronomía antes de Copérnico".

y profundizando en el estudio de la

naturaleza humana, se ocupa en principio del estudio de las pasiones, esto es, de las emociones y afectos en general. Hume entiende el término pasión, no como una fuerte emoción incontrolada o desenfrenada, sino que designa a las emociones y afectos en general. Divide las pasiones en directas e indirectas. Las primeras son aquellas que surgen inmediatamente de la experiencia del placer o del dolor, por ejemplo la pena, la alegría, la

esperanza, el terror, la desesperación y la seguridad. El dolor ocasionado por una

Tras el análisis gnoseológico del L.I del "Tratado

",

6

I.E.S. Bachiller Sabuco

Dto. de Filosofía

Profesor

Ricardo González López

7

enfermedad puede producir pasiones como pena, esperanza y temor. Las pasiones directas se derivan "de un impulso natural o instinto, como es el deseo de castigo a nuestros enemigos y de felicidad para nuestros amigos, el hambre, la lujuria, y otros apetitos corporales.

Las pasiones indirectas no proceden simplemente de los sentimientos de placer o dolor, sino de lo que Hume llama una doble relación entre impresiones e ideas, por ejemplo, el orgullo, la humildad el amor y el odio.

Tras el estudio de las pasiones, establece que la razón por sí sola no puede producir nunca acción alguna, no puede motivar un acto de la voluntad. Hume minimiza el papel de la razón en la moral. Reconoce que todos reflexionamos, razonamos y discutimos sobre problemas y decisiones morales, pero mantiene que, en última instancia, las distinciones morales no se derivan de la razón, que por sí sola no puede ser la única causa inmediata de nuestros actos, ni tampoco puede darse una lucha entre la razón y las pasiones, ya que "la razón es solamente esclava de las pasiones, y no puede pretender otra misión que servirlas y obedecerlas".

La Moral produce o impide las acciones, y el juicio moral es algo cuya existencia se comprueba constantemente por la experiencia. Resulta evidente que las personas emiten juicios morales, se trata de un hecho empírico que no necesita ser probado . Si la razón no puede determinar nuestro comportamiento, y los juicios morales sí, entonces estos no provienen de la razón. ¿De dónde proceden? Hume concluye que su fundamento radica en los sentimientos, que son las fuerzas que realmente determinan nuestras acciones. El

juicio moral se funda en el sentimiento, pues sentimos satisfacción ante una acción virtuosa

y dolor ante una viciosa, y de este modo la aprobamos o rechazamos. La virtud moral es

definida como "toda acción o cualidad mental que produce el sentimiento placentero de la aprobación", y el vicio como lo contrario. Al afirmar la subordinación de la razón a los sentimientos, Hume adopta una postura antirracionalista. No es la razón sino la propensión

y la aversión, guiándose por la experiencia de dolor o placer, las principales fuentes de la

acción humana.

Hume no admite que existan leyes eternas de Justicia, ni que esta pueda depender de un contrato social o pacto, ya que es precisamente la Justicia la que origina los contratos y obliga a las personas en sus promesas. Tampoco admite que se pueda derivar del ser (de lo que es el ser humano, de su naturaleza) el deber ser (el obrar conforme bien moral): “Nada es menos filosófico que esos sistemas según los cuales la virtud es algo idéntico a lo natural, y el vicio a lo no natural”. Por el contrario, la Justicia es una virtud artificial, que depende de la utilidad que se siente en función del interés para el bien común, y esta utilidad o interés para la vida social sí es real, y en ello recae el sentimiento de aprobación o reprobación sobre las acciones. Las personas establecen las leyes de Justicia preocupándose de ellos mismos y del interés público. Pero esta preocupación no surge de un razonamiento sobre las relaciones eternas y necesarias de las ideas sino de nuestras impresiones y sentimientos: "El sentido de Justicia, por consiguiente, no se funda en las ideas, sino en las impresiones."

En suma, el fundamento de las cualidades morales consiste en su utilidad para la vida social; la aprobación que recae sobre ciertos sentimientos o ciertas acciones y la reprobación de otros sentimientos y acciones se fundan en el reconocimiento implícito o explicito de su utilidad social. Las reglas de la Justicia, las cuales imponen límites precisos en la distribución y en el uso de los bienes, deben su origen a la utilidad que tienen para la vida de la sociedad. Esta utilidad social también fundamenta el valor que reconocemos en las virtudes: humanitarismo, benevolencia, amistad, sociabilidad, fidelidad, sinceridad, etc. Todas las virtudes radican así en la naturaleza humana, que no puede permanecer indiferente al bienestar de sus semejantes ni juzgar por sí mismo, sin ulterior consideración, que sea un bien lo que promueve la felicidad de sus semejantes y un mal lo que tiende a

7

I.E.S. Bachiller Sabuco

Dto. de Filosofía

Profesor

Ricardo González López

8

procurar su infelicidad. El bienestar y la felicidad individual están estrechamente unidos al bienestar y felicidad colectiva.

8