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ÉL, LA VERDADERA PASCUA

“Estaba cerca la fiesta de la Pascua –esta es una narración de san Lucas, en el capítulo 22- los príncipes de los sacerdotes y escribas buscaban cómo quitarle de en medio, porque temían al pueblo. Entró Satanás en Judas, llamado Iscariote que era el número de los doce, fue a tratar con los príncipes de los sacerdotes y los oficiales sobre la manera de entregárselo, ellos se allegaron y convinieron con él en darle dinero. Puestos de acuerdo, buscaban la ocasión para entregárselo sin ruido. Llegó el día de los ácimos en que habían que sacrificar la Pascua y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id y preparadnos la Pascua, para que la comamos”.

Id y preparadnos la Pascua, para que la comamos”. Sabemos que la Pascua celebraban los judíos,

Sabemos que la Pascua celebraban los judíos, el día sábado siguiente a estos acontecimientos que anuncia el Señor. Pero como Él iba a ser en adelante el Verdadero Cordero Pascual, se ofrece. En esto tampoco no hay coincidencia, se ofrece precisamente en la Pascua, en la fiesta de los judíos, se ofrece Él para siempre y de allí en adelante habrá cambiado todo el curso de la historia. Y esa Nueva Pascua del Señor, Él la celebra con sus discípulos y está celebrando hoy y nosotros la celebramos siempre.

“Envió a Pedro y a Juan diciendo: Id y preparadnos la Pascua, para que la comamos”. Él debía comer la Pascua según la costumbre tradicional, y Él no la celebra

el sábado, la celebra el día jueves. “Ellos le dijeron: ¿donde quieres que la preparemos?

Díjoles Él: entrando en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre con cántaro de agua, seguidle hasta la casa en que entre y decid al amo de la casa: el Maestro te dice, ¿donde está la sala en que he de comer la Pascua con mis discípulos? Él les mostrará una sala grande aderezada, preparadla allí. E idos encontraron al que les había dicho y

prepararon la Pascua”.

De tal manera que el Señor como en ninguna ocasión, fijémonos también en éste detalle sumamente importante, Él no escogió digamos, los lugares a donde iba a ir y dijo a Sus apóstoles: bueno vayan ustedes a tal lugar y prepárenme esto, prepárenme esta otra cosa, prepárenme mi estadía. No, Él en esta ocasión es la única en la cual dice a Sus apóstoles esto: vayan y hagan esto, van a encontrarse. Él lo veía, Él lo ve evidentemente todas las cosas y veía ese hombre que venía desde este lugar, desde este sitio iba a la ciudad, entonces al paso le encuentra a la puerta de la ciudad estos dos apóstoles Pedro y Juan, le encuentran y le dicen, le dan el recado que les había dicho el Señor; y él se vuelve e inmediatamente prepara la Pascua.

Y la preparación era una preparación pues muy detallada hasta cierto punto, tenían primero que poner un cordero, el cordero pascual luego lechugas y una salsa especial, panes ácimos y vino. Bueno todo eso era el preparativo de la Pascua del Señor. Entonces como era una persona conocida aquella a quien el Señor les enviaba a Pedro

y a Juan, entonces el hace tal cual quiere el Señor. Y los apóstoles le dicen

sencillamente que prepare para la Pascua y él sabía como debían preparar esa Pascua.

Entonces allí sucede lo que van ustedes a escuchar: cuando llegó la hora, se puso a

la mesa y los apóstoles con Él, -cuando les envió era más o menos las 9 de la mañana,

había tiempo suficiente para que la Pascua esté lista a eso de las 5 o 6 de la tarde- y los apóstoles con Él y díjoles: “Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros,

antes de padecer. Porque os digo, no la comeré más hasta que sea cumplida en el Reino de Dios”.

Miren un deseo, un deseo que se cumple del Señor, pero ese deseo ¿qué significa para nosotros? ¡TODO! ¡Lo más grande que nos ha dado Cristo, es decir el resumen de todo, el compendio de todo que Él había ofrecido a Sus apóstoles! Él quiso resumir, condensar en una sola cosa y luego esto, es lo que le hace a Él decir esto: he deseado pero insistentemente, he deseado profundamente este momento para realizar esto.

Y dice: “Porque os digo, no la comeré más hasta que sea cumplida en el Reino de

Dios. Entonces tomando el cáliz dio gracias y dijo: tomadlo y distribuidlo entre vosotros, porque os digo que desde ahora no beberé del fruto de la vid hasta que llegue al Reino

de Dios. Tomando el pan dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo

que es entregado por vosotros, haced esto en memoria mía”.

Miren, aquí primero hay una diferencia en el primer acto: Él les distribuye un poco de vino, un poco de vino en el cual no dijo ninguna palabra; pero después Él va hacer otra cosa sobre ese otro vino que tenían también en la mesa, pero sobre el primero no dijo nada, sobre el segundo si va a decir algo, algo trascendental, algo que nosotros debemos tener presente profundamente. Él hace completa diferencia entre un acto y otro, Él dice así mismo, después de haber cenado.

Miren ustedes, habían cenado, habían comido, habían tomado del pan, habían comido el cordero pascual y luego ya se había verificado la cena y entonces cuando el Señor toma el pan nuevamente y el cáliz, ese cáliz sobre el cual va a hacer -digamos- un acto realmente mágico, pero de esa magia Divina convirtiendo, transformando ese cáliz y ese pan en su carne y sangre que es derramada por vosotros.

ese pan en su carne y sangre que es derramada por vosotros. “Mirad la mano del

“Mirad la mano del que me entrega, está comiendo conmigo a la mesa, porque el Hijo del Hombre va según está decretado, pero ¡ay! de aquel con quien, por quien será entregado. Ellos comenzaron a preguntarse unos a otros, sobre quien de ellos sería el que había de haber hecho esto.”

Voy únicamente a completar esta narración, tomando también de Marcos este mismo pasaje, que relata en estos términos: “Mientras comía –dice- tomó pan y diciendo lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, este es mi cuerpo. Tomando el cáliz después de dar gracias se le entregó y bebieron de él todos y les dijo: Esta es mi sangre de la alianza, que es entregada por vosotros. En verdad os digo, que ya no beberé del fruto de la vid hasta que el día que lo beba de nuevo en el Reino de Dios”.

Voy a relatarles también lo que dice el evangelista Mateo, sobre este mismo hecho trascendental en la vida del Señor, dice así: “Mientras comía Jesús tomó pan, lo bendijo,

lo partió y dándoselo a los discípulos dijo: Tomad y comed, este es mi cuerpo. Y

tomando un cáliz y dando gracias se los dio diciendo: Bebed de él todos, porque está es

mi sangre de la alianza que será derramada por muchos para remisión de los pecados.

Yo os digo no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que lo beba con vosotros de nuevo en el Reino de mi Padre. Y dicho los himnos, salieron del Monte de

los Olivos".

Entonces bien, aquí tenemos -ya digamos- el complemento, la realización total de Su promesa. Pero de esa promesa que Él la hizo después de la multiplicación de los panes

y de los peces y Él da esa solemnidad absoluta a este acto de Su Presencia en

medio de nosotros por la celebración de la Santa Eucaristía, bajo esos dos signos, signos trascendentales necesarios para alimentar la vida del hombre:

signos del pan y signos del vino. Y Él los consagra diciendo: Tomad y comed, tomad

y bebed y luego haced esto en memoria mía; ordenándoles que los apóstoles celebren también la Santa Eucaristía.

¡Esto es lo que nosotros conmemoramos! ¡Y esto lo decimos y lo repetimos en el lugar en donde se realizó este acto de la Cena del Señor! Nosotros tenemos que tener presente esto y tenemos que con nuestra mente acordarnos cuando tengamos pues la dicha de asistir a cualquier Celebración Eucarística, acordarnos de la Cena de los apóstoles, de la Pascua del Señor, de esa Pascua en que no comen los apóstoles solamente el cordero pascual y no come por última vez el Señor, sino de esa Pascua en que se da a nosotros LA VERDADERA PASCUA: ÉL, el Hijo de Dios en persona, bajo los signos del pan y del vino.

¡Aquí tienen ustedes la consumación del Amor de Él, el escoger una forma, escoger un modo pero no podía ser otra cosa, que asimilarse a nosotros! Escoger el modo -digamos- de asimilarse a nosotros, inclusive materialmente. Porque, ¿qué es ese vino del cual ustedes han participado esta mañana? ¿Qué significa para ustedes, también ese poquito de pan, ese pedacito de pan que ustedes tomaron esta mañana, qué hace? ¡Permanece en nosotros, se asimila íntimamente, se asimila como cualquier sustancia! Ese pan y ese vino se convierten en algo absolutamente nuestro y aun corporalmente nos nutre: sí, ese pan y ese vino que recibimos. Pues bien, el Señor quiere con eso que nosotros recordemos que así como Él nos nutre aun físicamente con ese pedacito de pan y se convierte en nuestra propia sustancia, se transforma en células de nuestro cuerpo, en células vivas, así quiere Él también que ese signo que representa ese pan y ese vino, ese signo sea una realidad para nosotros. Es decir que Él, que se comunica bajo ese signo, entonces nutra también nuestro espíritu, viva en nuestro espíritu, fructifique en nuestro espíritu y luego se haga otro yo en nuestro espíritu, para que podamos decir también como Pablo: vivo no yo, sino que Cristo vive en mí. ¡Este es el significado de ese gran misterio! Quiso Él unirse a nosotros, pero unirse mediante un signo y darnos todo el VALOR que necesitamos en esta batalla de la vida, en estos problemas, en tantas cosas que nosotros podemos tener entonces; Él quiso darnos bajo esa señal del pan y del vino que se asimilan completamente en nosotros.

Y señal que la da precisamente en la hora más grande que tenía entonces el pueblo judío, la Pascua; no había fiesta más grande. Y en esa fiesta se da Él como el verdadero maná, como el verdadero pan del cielo, maná y pan que no puede dar sino el único y verdadero Maestro, Cristo. Todo maestro después de Él, que no tome de Él, que tome de Su vida, esa vida. Que no se tome de Su ser, ese ser. Que no tome de Su actividad, su actividad. Que no tome sus palabras, de Sus palabras. Que no tome su pensamiento, de Su pensamiento; sencillamente ¡NO ES DIGNO DEL SEÑOR!

Porque nosotros tenemos que ir a Cristo, sí, tenemos que ir a Cristo. Y Él se

sirve de instrumentos. Pero esos instrumentos tienen que estar también unidos a Cristo

y vivir como Él quiere, aun cuando tengan como Pedro tantos problemas y tantas

dificultades, y como los apóstoles aunque sean unos cobardes. Y sin embargo Él, para demostrar Su poder, Su admirable Gloria, escoge para darse a Sí mismo de hombre, por eso dijo a Sus apóstoles: Haced esto en memoria mía. Y esto es lo que dice Él también en toda celebración el sacerdote, por ínfimo que sea, allí está presente el Señor para darse a Sus hermanos.

Padre CÉSAR A. DÁVILA G. Fundador de AEA (En el Cenáculo-Jerusalén)