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El origen del tiempo y el espacio

El tiempo y el espacio I

« Los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación se refieren al plano material-sensorial. En cambio ¿cuál es el objetivo de la Creación y cuál es nuestra función? se dirigen a lo espiritual, las causas »

Los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación carecen de sentido para nuestros Sabios, ya que el tiempo y el espacio son formas de percepción que surgen con el hombre. Las preguntas que siempre ocuparon a los Sabios de Israel son: ¿cuál es el objetivo de la Creación y cuál es la función del ser humano?

Cada una de estas líneas de pensamiento genera una forma diferente de percibir la realidad:

  • a) La búsqueda de respuestas a los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación,

conducen a un análisis exterior de la existencia, puesto que focalizan la atención humana en los procesos del ámbito material-sensorial descuidando el resto de la realidad.

  • b) En cambio, al preguntarnos ¿cuál es el objetivo de la Creación y cuál es nuestra

función?, dirigimos el pensamiento a des-cubrir el orden de causa-consecuencia que rige no

solamente los fenómenos del ámbito material-sensorial, sino que también la realidad espiritual.

Cuando decimos espiritual, como ya fue explicado, nos referimos al ámbito de la realidad que nos posibilita el acceso a las causas, en tanto que material son las consecuencias generadas por dichas causas (consultar "Espiritual y material").

Los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación se refieren al plano material- sensorial. En cambio ¿cuál es el objetivo de la Creación y cuál es nuestra función? se dirigen a lo espiritual, las causas, y es sólo a través de dicha forma del conocimiento que develaremos finalmente, también, el sentido espacial y temporal de la realidad.

El ámbito espiritual es un espacio «concreto» al que el ser humano puede tener acceso cuando toma decisiones basado en principios universales y objetivos y no sólo a partir de su sentir momentáneo (ver Principios universales).

El ámbito espiritual es el plano de las causas en el cual todo está en potencia y donde se produce la «concepción» de toda la realidad. Todo ser, fenómeno, objeto y aspecto de la vida es concebido en el ámbito espiritual; luego se encadenará a través del ámbito mental y emocional para manifestarse finalmente en el plano material-sensorial.

« Los sentidos no son sino canales a través de los cuales percibimos, pero luego debemos discernir la información receptada »

La aprehensión de la realidad espiritual, las causas, y todo el proceso que eso implica, exige un amplio y exhaustivo aprendizaje, ya que estamos acostumbrados a impresionarnos por las formas exteriores que nos llegan a través de los sentidos, olvidando muchas veces que nuestra percepción de la realidad es el resultado de un proceso en el cual los sentidos nos brindan tan sólo una lectura inmediata. Los sentidos no son sino canales a través de los cuales percibimos, pero luego debemos discernir la información receptada. Para comprender este concepto es necesario conocer los dos niveles de discernimiento que el ser humano realiza (Hakdamá Panim Masbirót 16):

1) Entre lo que nos hace sentir bien y lo que nos hace sentir mal.

2) Entre lo verdadero y lo falso.

El primer punto de discernimiento (lo que nos hace sentir bien y lo que nos hace sentir mal) es común a todos los reinos de la naturaleza y es de orden instintivo.

El segundo (lo verdadero y lo falso) es exclusivo del ser humano y requiere una elaboración intelectual, ya que nos exige ver objetivos a largo plazo.

El primero se refiere al ámbito sensible que conocemos a través de los sentidos. El segundo al inteligible alcanzable mediante la inteligencia, como lo explicamos en el item 26.

Cuando el hombre toma conciencia de dichos principios comienza a expandir su percepción de la realidad, dado que ahora ya no la limita a meras sensaciones, sino que puede acceder paulatinamente a las causas y luego al objetivo que hay por detrás de toda la realidad material-sensorial.

A pesar de que los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación no tienen sentido para nuestros Sabios, como fue ya explicado al comienzo del item, encontramos en los textos de nuestra tradición: la Torá, el Zóhar, Etz Jaím, etc. expresiones temporales, espaciales y antropomórficas.

Cuando los textos se expresan en términos temporales se refieren a causas y consecuencias; siendo «lo anterior» la causa y «lo posterior» el «efecto» de dicha «causa». Algo similar sucede con los términos espaciales: «alto», «elevado», indican cercanía al origen, al Infinito o Ein - Sof; mientras que «bajo», por el contrario, significa lejanía del origen. Lo elevado es el altruismo, pues nos acerca gradualmente a la forma original, a la Fuente Infinita que nutre en forma altruista a toda la realidad, al Kadósh Baruj Hú. El egoísmo, por el contrario, es lo bajo pues nos aleja de El.

El antropomorfismo que aparece en los textos tradicionales es una forma de expresión utilizada para que el ser humano comprenda, a partir de su realidad y experiencias en el plano material-sensorial, los conceptos espirituales que se encuentran «más allá» de lo temporal-espacial.

¿Qué es lo que el hombre desea?

Todos deseamos recibir plenitud, denominada en el lenguaje de la Kabalá : Luz / Or. Cada uno le confiere a la plenitud, a la Luz, un nombre. A veces la denominamos riqueza, otras salud, otras amor, etc. Cada nombre que le adjudicamos a la plenitud de la Luz responde a nuestras propias limitaciones. La plenitud de la Luz no es influenciada a causa de nuestros intereses temporales ni varía a raíz de los nombres que le adjudiquemos, de la misma forma que las leyes físicas como la gravedad, etc. no se ven afectadas por nuestros pensamientos ni estados de ánimo; lo que cambia es nuestra relación hacia la Luz. Cada nombre nos indica la forma en la cual recibimos la plenitud de la Luz. Todas las denominaciones que mencionamos, riqueza, amor,etc., son características temporales y espaciales, es decir materiales y densas de cómo percibimos la Luz. El lenguaje de la Kabalá nos introduce en sus propios códigos y terminología para denominar nuestra relación y recepción de la Luz/Or, los cuales están por encima de las influencias temporales y espaciales.

La recepción de la plenitud de la Luz, de lo completo, es la fuerza primigenia que mueve todos los procesos de la Creación. El deseo de recibir dicha plenitud es lo esencial y común a todos los seres, luego cada uno lo intelectualiza y limita dentro de su mente y/o emociones, transformándolo en algo intelectual y/o emocional. El deseo de recibir es la naturaleza básica de todo lo creado y es lo que nos hace limitar y dividir la realidad, alejándonos de lo que se encuentre fuera del área de nuestros intereses particulares. La Torá nos transmite que la mitzvá más importante es amar al prójimo como a nosotros mismos. Dicha mitzvá nos indica que hasta que el hombre no transforme su deseo de recibir en deseo de dar no logrará entender a su prójimo, a la vida, ni tampoco podrá conocer el objetivo para el que fue creado este mundo.

El Kadósh Barúj Hú sólo da, ya que ¿ de quién va a recibir ? Nosotros en cambio somos deseo de recibir. Cuando el hombre recibe para compartir y no por egoísmo comienza a entender a los otros hombres. De ese modo se transforma él mismo en "socio activo del programa de la Creación", que consiste en beneficiar a las creaturas en forma infinita.

La Voluntad, el Tiempo y el Espacio II

« El Kadósh Barúj Hú sólo da, ya que ¿de quién va a recibir? Nosotros en cambio somos deseo de recibir »

La recepción de la plenitud de la Luz, de lo completo, es la fuerza primigenia que mueve todos los procesos de la Creación. El deseo de recibir dicha plenitud es lo esencial y común a todos los seres, luego cada uno lo intelectualiza y limita dentro de su mente y/o emociones, transformándolo en algo intelectual y/o emocional. El deseo de recibir es la naturaleza básica de todo lo creado y es lo que nos hace limitar y dividir la realidad, alejándonos de lo que se encuentre fuera del área de nuestros intereses

particulares. La Torá nos transmite que la mitzvá más importante es amar al prójimo como a nosotros mismos. Dicha mitzvá nos indica que hasta que el hombre no transforme su deseo de recibir en deseo de dar no logrará entender a su prójimo, a la vida, ni tampoco podrá conocer el objetivo para el que fue creado este mundo.

El Kadósh Barúj Hú sólo da, ya que ¿ de quién va a recibir ? Nosotros en cambio somos deseo de recibir. Cuando el hombre recibe para compartir y no por egoísmo comienza a entender a los otros hombres. De ese modo se transforma él mismo en "socio activo del programa de la Creación", que consiste en beneficiar a las creaturas en forma infinita.

De acuerdo a la Kabalá, la Creación conforma el espacio donde se producen los movimientos y cambios activados por la voluntad y el deseo. Las dos coordenadas básicas de la Creación son el espacio y el tiempo, es decir que nuestro deseo de recibir se mueve dentro del ámbito de la Creación (espacio y tiempo) para lograr satisfacer sus ansias de plenitud.

El árbol de vidas I

« La vida en su esencia es una y única, pero al manifestarse temporal y espacialmente: nacimientos y muertes, cambios de estado (mineral, vegetal, animal y humana), es percibida en múltiples formas »

El "Arbol de las Vidas"- "Etz Jaím" abarca todos los planos en los cuales la vida se manifiesta. De allí la denominación Arbol de las Vidas , ya que el vocablo vida en hebreo es un plural sin singular. La vida es el conjunto de toda la realidad aun trascendiendo los límites del tiempo y el espacio.

Cuando la Torá se refiere a la vida, ello incluye los planos físico- sensoriales, emocionales y mentales (manifestación temporal y espacial) integrados a los planos espirituales.

La vida en su esencia es una y única, pero al manifestarse temporal y espacialmente :

nacimientos y muertes, cambios de estado (mineral, vegetal, animal y humana), es percibida en múltiples formas.

El vocablo lev (del hebreo: corazón) está conformado por las letras hebreas

particulares. La Torá nos transmite que la mitzvá más importante es amar al prójimo como a(*) en el capítulo I del Génesis/ Bereshít indicándonos los 32 caminos generales a través de los cuales la Voluntad Superior establece los límites temporales y espaciales de manifestación. El corazón/ lev es el instrumento / klí que puede percibir dichos límites, es decir las Leyes Superiores. El capítulo 2:10 de Pirkei Avót nos transmite que un buen corazón es lo que el hombre debe buscar permanentemente, ya que un buen corazón es el recipiente de todas las cualidades. " id="pdf-obj-3-52" src="pdf-obj-3-52.jpg">

cuyo valor

numérico es 32 (

particulares. La Torá nos transmite que la mitzvá más importante es amar al prójimo como a(*) en el capítulo I del Génesis/ Bereshít indicándonos los 32 caminos generales a través de los cuales la Voluntad Superior establece los límites temporales y espaciales de manifestación. El corazón/ lev es el instrumento / klí que puede percibir dichos límites, es decir las Leyes Superiores. El capítulo 2:10 de Pirkei Avót nos transmite que un buen corazón es lo que el hombre debe buscar permanentemente, ya que un buen corazón es el recipiente de todas las cualidades. " id="pdf-obj-3-58" src="pdf-obj-3-58.jpg">

=30 y

particulares. La Torá nos transmite que la mitzvá más importante es amar al prójimo como a(*) en el capítulo I del Génesis/ Bereshít indicándonos los 32 caminos generales a través de los cuales la Voluntad Superior establece los límites temporales y espaciales de manifestación. El corazón/ lev es el instrumento / klí que puede percibir dichos límites, es decir las Leyes Superiores. El capítulo 2:10 de Pirkei Avót nos transmite que un buen corazón es lo que el hombre debe buscar permanentemente, ya que un buen corazón es el recipiente de todas las cualidades. " id="pdf-obj-3-62" src="pdf-obj-3-62.jpg">

=2). 32 veces es mencionado el nombre Elokím (*) en el

capítulo I del Génesis/Bereshít indicándonos los 32 caminos generales a través de los cuales la Voluntad Superior establece los límites temporales y espaciales de manifestación. El corazón/lev es elinstrumento / klí que puede percibir dichos límites, es decir las Leyes Superiores. El capítulo 2:10 de Pirkei Avót nos transmite que un buen corazón es lo que el hombre debe buscar permanentemente, ya que un buen corazón es el recipiente de todas las cualidades.

El Arbol de las Vidas se conoce también como los 32 senderos de la Sabiduría compuestos por las 22 letras del alfabeto hebreo más las 10 sefirót.

Las letras son la energía básica, los elementos primordiales con los cuales conformamos nuestros pensamientos y articulamos el lenguaje. Las diez sefirót son las envolturas que cubren la plenitud de la Luz que se expande desde la Esencia del Creador (Atzmutó) con el objeto de que recibamos Su Luz. Cada sefirá manifiesta un grado general, un atributo de la Luz Infinita. Esto es similar a la luz del sol que es imposible mirar sin los lentes apropiados. Ante el esplendor del sol la luz de una vela se hace imperceptible, pero cuando el sol se oculta y anochece, la luz de la vela se hace visible. De la misma forma cada sefirá nos revela diferentes grados de la Luz Infinita y, grado a grado, sefirá tras sefirá, el hombre se acerca a la plenitud de la Luz Infinita. Es decir, sin las sefirót nos sería imposible recibir la plenitud de Su Luz, ya que no tendríamos existencia ni conciencia sino que sería todo Infinito, sin posibilidad de toma de conciencia por parte del deseo de la Neshamá.

(*)Elokím: uno de los 10 nombres generales mencionados en la Torá relacionado con la sefirá Guevurá / superación, y con todos los procesos de limitación y manifestación.

El árbol de vidas II

« Cuanto mayor es el trabajo del hombre en pos del refinamiento de sus deseos y voluntad de dar, traducidos en actos concretos, mayor será su aptitud para recibir los grados superiores de la Luz Infinita »

La conjunción de las veintidós letras del alfabeto hebreo sumado a las diez sefirót representan la expresión articulada de todos los aspectos de la vida expandidos desde la Esencia delCreador. Dicha conjunción establece los códigos fundamentales de la Kabalá, denominados por los Mekubalím (Sabios de la Kabalá): el lenguaje de las ramificaciones /sfát haAnafím (ver cap. "El lenguaje de la Sabiduría"). El lenguaje de las ramificaciones se articula a través de los conductos o ramas por los cuales fluye la energía de la vida (ver diagrama) De esta forma cada rama del Arbol de las Vidas se relaciona con su rama próxima hasta unirse todas ellas en el Infinito (Ein -Sof), la raíz que las generó. A través de la aplicación conciente del lenguaje de las ramificaciones / sfát haAnafím el hombre puede discernir en su voluntad y deseo, dándole así forma a sus pensamientos tal como está expuesto a continuación.

- La sefirá Jésed (entrega, generosidad

),

es la energía que sostiene a todos los procesos

... creativos tanto materiales como espirituales. Todo proceso creativo, todo comienzo, es generado por una entrega, por una voluntad.

- La sefirá Guevurá (superación, límite, coraje

)

, es la energía que limita y le da forma

... a Jésed / entrega . En el Etz Jaím (el Arbol de las Vidas), la sefirá Jésed está conectada a

la sefirá Guevurá por la letra alef ( 7) .

El Arbol de las Vidas se conoce también como los 32 senderos de la Sabiduría compuestosLuz que se expande desde la Esencia del Creador ( Atzmutó ) con el objeto de que recibamos Su Luz. Cada sefirá manifiesta un grado general, un atributo de la Luz Infinita. Esto es similar a la luz del sol que es imposible mirar sin los lentes apropiados. Ante el esplendor del sol la luz de una vela se hace imperceptible, pero cuando el sol se oculta y anochece, la luz de la vela se hace visible. De la misma forma cada sefirá nos revela diferentes grados de la Luz Infinita y, grado a grado, sefirá tras sefirá , el hombre se acerca a la plenitud de la Luz Infinita. Es decir, sin las sefirót nos sería imposible recibir la plenitud de Su Luz, ya que no tendríamos existencia ni conciencia sino que sería todo Infinito, sin posibilidad de toma de conciencia por parte del deseo de la Neshamá. (*)Elokím: uno de los 10 nombres generales mencionados en la Torá relacionado con la sefirá Guevurá / superación, y con todos los procesos de limitación y manifestación. El árbol de vidas II « Cuanto mayor es el trabajo del hombre en pos del refinamiento de sus deseos y voluntad de dar, traducidos en actos concretos, mayor será su aptitud para recibir los grados superiores de la Luz Infinita » L a conjunción de las veintidós letras del alfabeto hebreo sumado a las diez sefirót representan la expresión articulada de todos los aspectos de la vida expandidos desde la Esencia de l Creador . Dicha conjunción establece los códigos fundamentales de la Kabalá, denominados por los Mekubalím (Sabios de la Kabalá ): el lenguaje de las ramificaciones /sfát haAnafím (ver cap. "El lenguaje de la Sabiduría"). El lenguaje de las ramificaciones se articula a través de los conductos o ramas por los cuales fluye la energía de la vida (ver diagrama) De esta forma cada rama del Arbol de las Vidas se relaciona con su rama próxima hasta unirse todas ellas en el Infinito ( Ein -Sof ), la raíz que las generó. A través de la aplicación conciente del lenguaje de las ramificaciones / sfát haAnafím el hombre puede discernir en su voluntad y deseo, dándole así forma a sus pensamientos tal como está expuesto a continuación. - La sefirá Jésed (entrega, generosidad ), es la energía que sostiene a todos los procesos ... creativos tanto materiales como espirituales. Todo proceso creativo, todo comienzo, es generado por una entrega, por una voluntad. - La sefirá Guevurá (superación, límite, coraje ) , es la energía que limita y le da forma ... a Jésed / entrega . En el Etz Jaím (el Arbol de las Vidas), la sefirá Jésed está conectada a la sefirá Guevurá por la letra alef ( 7) . , primera letra del alfabeto hebreo (ver diagrama Nro. " id="pdf-obj-4-99" src="pdf-obj-4-99.jpg">

, primera letra del alfabeto hebreo (ver diagrama Nro.

Jésed - Guevurá es la primera dirección que surge en el Arbol de las Vidas, ya que Guevurá constituye las limitaciones que surgen en cualquier comienzo, es decir que ante cualquier iniciativa surge la correspondiente Guevurá. Esas limitaciones y "dificultades" generadas por Guevurá no representan un obstáculo, sino que nos ayudan a delimitar nuestro contacto con la realidad, haciéndonos discernir entre lo real y lo imaginario. Ante las limitaciones tomamos conciencia de cuán real es nuestra voluntad y deseo, percibiendo si éste se desvanece o se fortalece ante las dificultades.

  • - La sefirá Jojmá (sabiduría, pensamiento de la Creación

...

)

es la energía que nos ayuda a

sobreponer las limitaciones generadas por la sefirá Guevurá . La segunda dirección que

observamos en el Arbol Sefirótico es la letra bet (

Jésed - Guevurá es la primera dirección que surge en el Arbol de las Vidas, ya

) , segunda letra del alfabeto hebreo,

que conecta la sefirá Jésed con la sefirá Jojmá. Esto significa que ante las limitaciones generadas por Guevurá tendremos que sobreponernos elevando la sefirá Jésed a Jojmá. Debemos encontrar la sabiduría que nos ayude a superar las limitaciones y dificultades consolidando nuestra voluntad y deseo. Esto sucede siempre y cuando nuestra voluntad y deseo se encuentren en armonía con las leyes de la Creación. De lo contrario, toda esa realidad se desvanecerá en el tiempo y en el espacio sin que quede recuerdo alguno de ella.

Es interesante notar que Jésed y Guevurá se encuentran en el mismo plano mientras que Jojmá está en un plano superior. Ello ocurre constantemente en el ámbito espiritual :

para lograr llegar a la Jojmá / sabiduría debemos elevarnos por encima de nuestra realidad, o sea por sobre las dificultades y limitaciones. Tendremos que llevar nuestro grado de entrega, nuestro deseo de bien, a un plano superior transformando así nuestro egoísmo en altruismo. La Jojmá sola no es suficiente. A ella deben acompañar el entendimiento y la inteligencia a través de los cuales se aplica la sabiduría.

  • - La sefirá Biná (entendimiento, inteligencia

)

es la energía que consigue dar forma y

... discernimiento a la Jojmá /sabiduría, para que ésta pueda ser aplicada. Esto sucede cuando nuestra voluntad se proyecta por encima de nuestros intereses particulares, entonces surge la dirección guimel ( ) , tercera letra del alfabeto hebreo, logrando así extraer las limitaciones de lasefirá Guevurá y transformarlas en coraje y superación para elevarnos a la sefirá Biná.

Jésed - Guevurá es la primera dirección que surge en el Arbol de las Vidas, ya
  • - Kéter (corona

)

es la raíz desde la cual se genera la energía que vivifica los

... mundos. Kéter es el contacto con el Infinito / Ein - Sof. La cuarta dirección en el Arbol

Sefirótico es la letradalet , cuarta letra del alfabeto hebreo, que conecta la sefirá Kéter con Tiféret.

  • - La sefirá Tiféret (armonía, manifestación equilibrada del deseo y la voluntad de dar y

beneficiar ...

) es activada por la sefirá Kéter manifestando armonía y equilibrio sólo cuando

el trabajo del hombre es completo e íntegro en su contacto con Jésed/ generosidad y Guevurá /superación de los límites. Es entonces cuando el hombre recibe Jojmá y Biná, Sabiduría e Inteligencia Superior tanto en los planos espirituales como materiales, siendo que sus acciones se dirigen al beneficio colectivo y no a un mero acto egoísta. Este proceso se desarrolla inexorablemente abarcando la totalidad de los aspectos de la

Creación. Lo observamos al culminar cada ciclo de manifestación, es decir, en la resolución de las tensiones temporales de corto o largo alcance y, a veces, sólo al término de largos períodos.

El proceso de elevar Jésed y Guevurá a Jojmá y Biná, se puede comparar con el ejemplo del agricultor que con su esfuerzo y perseverancia trabaja la tierra, pero depende de las lluvias para obtener el fruto. Las lluvias, lo superior, traen beneficio al mundo como la sefirá Kéter al manifestarse en la sefirá Tiféret.

Cuanto mayor es el trabajo del hombre en pos del refinamiento de sus deseos y voluntad de dar, traducidos en actos concretos - mitzvót y no en mera especulación mental - mayor será su aptitud para recibir los grados superiores de la Luz Infinita, lluvias superiores provenientes de Kéter. Quien desea dar siempre tiene, puesto que su voluntad y deseos están en armonía con la Luz Infinita/Or Ein- Sof, y por lo tanto con las leyes objetivas que rigen la vida. Quien recibe Jojmá y Biná superiores, por su completitud e integridad, genera beneficio y

abundancia/shéfa a todos los seres. Esa abundancia/shéfa es la dirección dalet (

Creación. Lo observamos al culminar cada ciclo de manifestación, es decir, en la resolución de lasLuz Infinita/ Or Ein- Sof , y por lo tanto con las leyes objetivas que rigen la vida. Quien recibe Jojmá y Biná superiores, por su completitud e integridad, genera beneficio y abundancia/shéfa a todos los seres. Esa abundancia/ shéfa es la dirección dalet ( ) que trae armonía /Tiféret al mundo directamente de la fuente que la genera, la cual se halla representada en el Arbol de las Vidas por la sefirá Kéter . Es justamente Kéter , la corona, que está por encima de todo y nutre a todo con GENEROSIDAD SUPERIOR / JESED ELION . El arbol de vidas III « La Luz siempre está presente, mas para nosotros sólo se revela al revestirse en nuestros actos concretos (mitzvót) » L as sefirót de acuerdo al lenguaje de la Kabalá , son los conductos y recipientes espirituales que transmiten y revelan la Luz del Infinito, energía de vida que llena todos los mundos y seres. Todo ser, fenómeno, grado y manifestación de la realidad, está conformado por esta escala y gradación de recipientes de la Luz. Este sistema de transmisión - recepción de la Luz Infinita, que también se manifiesta en el mundo físico y el cuerpo, tiene su origen en los mundos espirituales. Allí las sefirót no están revestidas por materia física o corporal alguna, sino que manifiestan tendencias sutiles de la voluntad, es decir direcciones del fluido de la Luz. Estas características de los movimientos de la voluntad se revelan tanto al emitirse la Luz desde el Infinito hacia los mundos, como en la labor espiritual del hombre al elevar su voluntad y proyectar esa misma Luz en su dirección original. El libro del Zóhar define estos movimientos con los términos "de arriba hacia abajo" para la proyección de la Luz superior, y "de abajo hacia arriba" para nuestro trabajo espiritual. Los mismos conductos son los que transmiten la Luz en ambas direcciones, en tanto que es la voluntad la que rige este pasaje. Cada sefirá está compuesta por diez sefirót , ya que en la realidad cada partícula comprende a todo el sistema ( macro y micro). Para que cada sefirá reciba de otra superior su Luz, debe antes completar sus diez sefirót interiores. Estos órdenes y relaciones son, en definitiva, el código y lenguaje de la Torá . Los resultados de estas relaciones revelan distintos grados y las diferentes posibilidades de recepción de la Luz . " id="pdf-obj-6-38" src="pdf-obj-6-38.jpg">

) que trae

armonía/Tiféret al mundo directamente de la fuente que la genera, la cual se halla representada en el Arbol de las Vidas por la sefirá Kéter. Es justamente Kéter, la corona,

que está por encima de todo y nutre a todo con GENEROSIDAD SUPERIOR/ JESED ELION.

El arbol de vidas III

« La Luz siempre está presente, mas para nosotros sólo se revela al revestirse en nuestros actos concretos (mitzvót) »

Las sefirót de acuerdo al lenguaje de la Kabalá, son los conductos y recipientes espirituales que transmiten y revelan la Luz del Infinito, energía de vida que llena todos los mundos y seres. Todo ser, fenómeno, grado y manifestación de la realidad, está conformado por esta escala y gradación de recipientes de la Luz.

Este sistema de transmisión - recepción de la Luz Infinita, que también se manifiesta en el mundo físico y el cuerpo, tiene su origen en los mundos espirituales. Allí las sefirót no están revestidas por materia física o corporal alguna, sino que manifiestan tendencias sutiles de la voluntad, es decir direcciones del fluido de la Luz. Estas características de los movimientos de la voluntad se revelan tanto al emitirse la Luz desde el Infinito hacia los mundos, como en la labor espiritual del hombre al elevar su voluntad y proyectar esa misma Luz en su dirección original. El libro del Zóhar define estos movimientos con los términos "de arriba hacia abajo" para la proyección de la Luz superior, y "de abajo hacia arriba" para nuestro trabajo espiritual. Los mismos conductos son los que transmiten la Luz en ambas direcciones, en tanto que es la voluntad la que rige este pasaje. Cada sefirá está compuesta por diez sefirót, ya que en la realidad cada partícula comprende a todo el sistema ( macro y micro). Para que cada sefirá reciba de otra superior su Luz, debe antes completar sus diez sefirót interiores. Estos órdenes y relaciones son, en definitiva, el código y lenguaje de la Torá. Los resultados de estas relaciones revelan distintos grados y las diferentes posibilidades de recepción de la Luz .

La Luz siempre está presente, mas para nosotros sólo se revela al revestirse en nuestros actos concretos (mitzvót). La posición, estructura e interrelación de las sefirót dentro del Arbol de las Vidas, marca el recorrido y la forma de manifestación y recepción de la Luz

En la Creación todo obedece a las relaciones entre la Luz y sus recipientes (Or y klí), es decir la forma en que recibimos la plenitud Infinita (egoísmo o altruismo). Estos órdenes y relaciones de las diez sefirót obedecen a los distintos grados de revelación de la Luz dentro de las distintas vasijas, y conforman nuestro lenguaje de relación con la Luz.

La Percepción de la Realidad

« Respecto a Sí misma, la Realidad es Una, sin que se operen cambios en la Esencia »

La percepción de la realidad se conforma a partir de dos componentes básicos: «el que percibe» y «lo percibido». A «lo percibido» previo a la percepción lo llamamos Su Esencia, en hebreo Atzmutó, y a «los que perciben», quienes alcanzan ciertos grados de Su Esencia los denominamos almas, en hebreo neshamót.

Respecto a Sí misma, la Realidad es Una, sin que se operen cambios en la Esencia, tal cual

dice el versículo "Yo

La Luz siempre está presente, mas para nosotros sólo se revela al revestirse en nuestros actosklí ) , es decir la forma en que recibimos la plenitud Infinita (egoísmo o altruismo). Estos órdenes y relaciones de las diez sefirót obedecen a los distintos grados de revelación de la Luz dentro de las distintas vasijas, y conforman nuestro lenguaje de relación con la Luz. La Percepción de la Realidad « Respecto a Sí misma, la Realidad es Una, sin que se operen cambios en la Esencia » L a percepción de la realidad se conforma a partir de dos componentes básicos: «el que percibe» y «lo percibido». A «lo percibido» previo a la percepción lo llamamos Su Esencia, en hebreo Atzmutó , y a «los que perciben», quienes alcanzan ciertos grados de Su Esencia los denominamos almas, en hebreo neshamót . Respecto a Sí misma, la Realidad es Una, sin que se operen cambios en la Esencia, tal cual dice el versículo "Yo cambié". La realidad «es» independiente de la forma en que es percibida; los cambios son experimentados por el que percibe. Como ya vimos en el "el tiempo y el espacio" , la conciencia temporal-espacial de la realidad es una forma de percepción que surge con el hombre. Por ello, cuando nos referimos a la realidad espiritual y aún más, a la Esencia de toda la realidad - Atzmutó - no corresponde discernir en términos temporales y espaciales, tal como la mente simple los aprehende (ver items 29 , 30 y 31 ) . Ni siquiera las denominaciones más sutiles pueden definir los mundos espirituales en sí mismos, pues «Allí» no poseemos percepción alguna, dado que la dualidad conocedor-conocido carece de existencia. «Allí» no sólo se conoce, «Allí» se Es. Todo el lenguaje de la Sabiduría de la Kabalá se refiere a las diferentes formas en que la neshamá puede aprehender la plenitud de la Luz ( Or ), que la Esencia de toda la realidad manifiesta. Or y Klí « El Or y el klí (la plenitud y el deseo de recibirla) surgen y emanan de la Esencia del Creador (Atzmútó) » E l vocablo hebreo Or (Luz) designa a la Plenitud Infinita que se expande desde la Esencia del Creador ( Atzmútó ). Klí (instrumento-vasija) indica el deseo de recibir la Plenitud Infinita. Or se refiere al concepto de «lo percibido», mientras klí al de «el que percibe», explicados en la percepción de la realidad . El Or y el klí (la plenitud y el deseo de recibirla) surgen y emanan de la Esencia del " id="pdf-obj-7-29" src="pdf-obj-7-29.jpg">

cambié". La realidad «es» independiente de la forma en que

es percibida; los cambios son experimentados por el que percibe.

Como ya vimos en el "el tiempo y el espacio", la conciencia temporal-espacial de la realidad es una forma de percepción que surge con el hombre. Por ello, cuando nos referimos a la realidad espiritual y aún más, a la Esencia de toda la realidad -Atzmutó- no corresponde discernir en términos temporales y espaciales, tal como la mente simple los aprehende (ver items 29,30 y 31). Ni siquiera las denominaciones más sutiles pueden definir los mundos espirituales en sí mismos, pues «Allí» no poseemos percepción alguna, dado que la dualidad conocedor-conocido carece de existencia. «Allí» no sólo se conoce, «Allí» se Es.

Todo el lenguaje de la Sabiduría de la Kabalá se refiere a las diferentes formas en que la neshamá puede aprehender la plenitud de la Luz (Or), que la Esencia de toda la realidad manifiesta.

Or y Klí

« El Or y el klí (la plenitud y el deseo de recibirla) surgen y emanan de la Esencia del Creador (Atzmútó) »

El vocablo hebreo Or (Luz) designa a la Plenitud Infinita que se expande desde la Esencia del Creador (Atzmútó). Klí (instrumento-vasija) indica el deseo de recibir la Plenitud Infinita. Or se refiere al concepto de «lo percibido», mientras klí al de «el que percibe», explicados en la percepción de la realidad. El Or y el klí (la plenitud y el deseo de recibirla) surgen y emanan de la Esencia del

Creador (Atzmútó), sólo que «Allí» se encuentran en estado de unidad más allá de las dualidades transmisor-receptor, conocedor-conocido, perceptor-percibido.

Cuando la Luz que se expande de Su Esencia no es «percibida» por «el que percibe» recibe la calificación de «Or sin klí»; sobre esto no poseemos palabras ya que, ¿cómo podemos definir aquello que no logramos aprehender? Pero cuando el Or es alcanzado por un klí, ello significa que surge una «sub-realidad», que oculta y limita a la realidad original, al Infinito-Ein-Sof. Ello es similar al discípulo, quien precisará estudiar varias veces las enseñanzas recibidas y él mismo enseñarlas para alcanzar el nivel de su maestro. Hasta entonces sus intentos de comprender no son sino «sub-comprensiones» de lo que el maestro le ha enseñado.

El Ego - aní, la Esencia - Anojí

Si Lo conociera sería El (Baal Shem Tov)

« El Kadósh Barúj Hú es la máxima identidad de toda la realidad en «donde» todo y todos somos Uno »

Solamente en el Kadósh Barúj Hú «somos». Cuando la mente intenta conocer al Yo, en hebreo Anojí, llega a un punto impenetrable, dado que conocer nuestro Yo y conocer la Esencia es lo mismo (ver item 3).

El Kadósh Barúj Hú es la máxima identidad de toda la realidad en «donde» todo y todos somos Uno».

Así como el agua contenida en un recipiente al ser devuelta al océano se funde y unifica con el mar, así cada alma es parte inmanente de la Esencia Infinita.

En el ámbito espiritual conocimiento es fusión, en hebreo dvekút. Dvekút es lo que unifica al conocedor con el conocimiento y lo conocido. Para lograr la dvekút no es suficiente la especulación intelectual, es necesaria la vivencia, que se alcanza mediante el estudio de la leyes espirituales, la Torá, y la práctica de actos de bien: las mitzvót. De esa forma el hombre recrea en su vida la Realidad Infinita.

Si lo conociera sería El

« La Esencia es incognoscible y no posee nombre ya que todo nombre es un límite »

Del Kadósh Barúj Hú no tenemos aprehensión ni percepción en absoluto. Los cinco sentidos humanos sumados a lo máximo que nuestra imaginación pueda transmitirnos es, en el mejor de los casos, la manifestación del efecto de la actividad de la Esencia, pero nada pueden ofrecernos acerca de la Esencia en sí misma.

De acuerdo al judaísmo la Esencia es incognoscible y no posee nombre ya que todo nombre

es un límite, una definición, y aquí nos estamos refiriendo al principio generador de toda la realidad, el cual es atemporal y aespacial. Los textos tradicionales judíos nunca definen la Esencia, sino que los nombres y denominaciones allí mencionados se refieren a las diferentes formas y manifestaciones a través de las cuales la percibimos.

¿Quién Soy?

« El yo puede sobreponerse a la tristeza y transformarla en alegría »

Cuando decimos «yo» ¿dónde se «sitúa» nuestra conciencia?

En el cuerpo

en la emoción

, ¿Dónde «está» nuestro yo? ¿Yo soy mi cuerpo?

...

...

,

en el pensamiento ...

En la misma pregunta se encuentra la respuesta, en la propia formulación se realiza la distinción entre «yo» y «mi cuerpo». «Ese yo», la conciencia de mí mismo, es quien formula y responde la pregunta, siendo el cuerpo un instrumento a través del cual el yo se manifiesta.

Cuántas veces «ese yo» le impone al cuerpo actos en contra de «su deseo». ¿Quién es entonces ese «yo» que puede dirigir al cuerpo: mi emoción, mi

tristeza, mi alegría

?

El «yo» puede también sobreponerse a la tristeza y

... transformarla en alegría. Muchas veces conseguimos despertar fuerzas interiores para realizar determinados actos atravesando nuestras barreras emocionales,

inseguridades, etc.

¿Quién es entonces ese «yo» que puede dirigir a la emoción? ¿Es acaso el pensamiento que se piensa a sí mismo, o es «ese yo» quien se expresa a través del pensamiento haciéndome conciente de que soy, que existo?

El Límite de la Conciencia

« Si lo conociera sería El »

Cuando intentamos aprehender nuestra Esencia, llegar a nuestro Yo, percibimos que el pensamiento se diluye ante el interrogante de ¿quién soy? Esto sucede porque nuestro Yo más interior es «parte» de la esencia de toda la realidad, y así como el agua contenida en un recipiente al ser devuelta al océano se funde y unifica con el mar, así cada alma es parte inmanente de la Esencia Infinita.

Si lo conociera sería El, nos dice el Baal Shém Tov.

Cuando la mente intenta conocer al Yo llega a un punto impenetrable en el cual el pensamiento lo traduce como deseo de recibir. Ello se debe a que el Yo más

interior, Anojí (ver items 72 y85), sólo podrá surgir cuando la plenitud colme infinitamente al deseo de recibir. Mientras el deseo de recibir se encuentra separado de la plenitud la anhela incesantemente, generando pensamientos y formas mentales en su afán de asirla que, sin el entrenamiento espiritual adecuado, conducen a una percepción caótica de la realidad, impidiéndole al yo el «acceso» a la conciencia de sí mismo.

interior, Anojí (ver items 72 <a href=y 85 ) , sólo podrá surgir cuando la plenitud colme infinitamente al deseo de recibir. Mientras el deseo de recibir se encuentra separado de la plenitud la anhela incesantemente, generando pensamientos y formas mentales en su afán de asirla que, sin el entrenamiento espiritual adecuado, conducen a una percepción caótica de la realidad, impidiéndole al yo el «acceso» a la conciencia de sí mismo. El Ego - aní, la Esencia - Anojí La Conciencia de sí mismo « El hombre no es completo en su persona sino que necesita de su semejante y del resto de los componentes de la realidad para existir » E l hombre conoce comparando. No podemos conocer nada en sí mismo, sino que aprehendemos la realidad en base al contraste y a la analogía. Defino el frío a partir de la falta de calor, etc. El hombre no es completo en su persona sino que necesita de su semejante y del resto de los componentes de la realidad, oxígeno, alimento, bebida, etc. para existir, concretizar sus aspiraciones y completarse. El Kadósh Barúj Hú, máxima identidad y destino final de toda la realidad «Es» completo en Sí Mismo, ya que El «Es» y «Está» por encima de la realidad que El mismo genera. En hebreo hay dos formas para denominar al sí mismo, al yo: a) aní b) Anojí a) aní Es la percepción que limita la realidad a mi subjetividad. Esta forma de percepción crea una barrera que aisla al hombre del resto de la realidad y su verdadera esencia. b) Anojí Designa la percepción que me permite aprehender la realidad en forma objetiva, trascendiendo los límites que me impone el aní. La percepción de la realidad a través del Anojí me otorga acceso al estado en el cual el aní encuentra su resolución. Contrariamente al hombre en quien el aní y el Anojí conducen a dos formas de percibir la realidad, «en» el Kadósh Barúj Hú no existe tal oposición ya que El «Es» el que percibe, lo percibido y la percepción. " id="pdf-obj-10-18" src="pdf-obj-10-18.jpg">

El Ego - aní, la Esencia - Anojí

La Conciencia de sí mismo

« El hombre no es completo en su persona sino que necesita de su semejante y del resto de los componentes de la realidad para existir »

El hombre conoce comparando. No podemos conocer nada en sí mismo, sino que aprehendemos la realidad en base al contraste y a la analogía. Defino el frío a partir de la falta de calor, etc.

El hombre no es completo en su persona sino que necesita de su semejante y del resto de los componentes de la realidad, oxígeno, alimento, bebida, etc. para existir, concretizar sus aspiraciones y completarse. El Kadósh Barúj Hú, máxima identidad y destino final de toda la realidad «Es» completo en Sí Mismo, ya que El «Es» y «Está» por encima de la realidad que El mismo genera.

En hebreo hay dos formas para denominar al sí mismo, al yo:

  • a) aní

  • b) Anojí

  • a) aní

Es la percepción que limita la realidad a mi subjetividad. Esta forma de percepción crea una barrera que aisla al hombre del resto de la realidad y su verdadera esencia.

  • b) Anojí

Designa la percepción que me permite aprehender la realidad en forma objetiva, trascendiendo los límites que me impone el aní. La percepción de la realidad a través

del Anojí me otorga acceso al estado en el cual el aní encuentra su resolución.

Contrariamente al hombre en quien el aní y el Anojí conducen a dos formas de percibir la realidad, «en» el Kadósh Barúj Hú no existe tal oposición ya que El «Es» el que percibe, lo percibido y la percepción.

«En» el Kadósh Barúj Hú el aní y el Anojí están unificados, siendo esta unidad la más insondable y la finalidad de toda las realidades puesto que «Allí» no se percibe, «Allí» se «Es»

Bereshit

Bereshít «Existe la nada»

« Para los Sabios judíos las preguntas esenciales nunca han sido cuándo y dónde comenzó la Creación sino cuál es el objetivo de la Creación y cuál es la función del ser humano »

El libro Tikunei Zóhar nos explica que la primer palabra de la Torá: Bereshít abarca setenta grados generales de comprensión del acto de la Creación. Bereshít se traduce como «En el principio». Lo que la Kabalá nos revela es que ese principio se refiere a nuestra percepción, pero que «antes» hay otra realidad que existe más allá de la conciencia humana. Antes en términos espirituales significa causas y después consecuencias. Cuando observamos un objeto, un libro por ejemplo, tenemos ante nosotros el resultado de la elaboración intencionada de alguien que sintió deseo de expresar ciertas ideas; por lo tanto pensó, escribió y finalmente publicó el libro. Lo mismo sucede con todos los procesos, desde el detalle más pequeño hasta la Creación en su totalidad. Todo obedece a causas interiores- espirituales que posteriormente se manifiestan en la realidad material. Para captar esas causas el ser humano debe aprender a expandir su conciencia, a partir del mundo material- sensorial, al plano espiritual.

Deseo, luego pienso

Cuando nuestra conciencia se concentra únicamente en los sentidos sin tomar en cuenta la percepción inteligible, esta se torna extremadamente limitada y no consigue trascender nuestro ego. En cambio, cuando nuestro deseo de bien se proyecta más allá de nosotros, el pensamiento lo acompaña, pues al anhelar el bien del prójimo el deseo amplía considerablemente su área de acción: primero a nuestra familia, luego a amigos, comunidad y finalmente al mundo todo. Este esfuerzo activa un potencial desconocido para las personas creándoles la necesidad de alcanzar la sabiduría que armonice las acciones, las emociones y los pensamientos desembocando así, finalmente, en el plano de las causas: el espiritual.

¿Cuándo y dónde?

Para los Sabios judíos las preguntas esenciales nunca han sido cuándo y dónde comenzó la Creación sino cuál es el objetivo de la Creación y cuál es la función del ser humano. La búsqueda de respuestas a los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación

conducen a un análisis exterior de la existencia, puesto que focalizan la atención humana en el ámbito material-sensorial. En cambio, al preguntarnos ¿cuál es el objetivo de la Creación y cuál es nuestra función? dirigimos el pensamiento a des-cubrir el orden de causa- consecuencia que rige no sólo los fenómenos del ámbito material-sensorial, sino también la realidad espiritual. Esta actitud nos activa en forma constante planteándonos nuevos desafíos y compromisos concretos con el prójimo, lo que mantiene la conciencia en permanente expansión.

La ciencia de la conciencia

La Creación se presenta ante nuestra conciencia como una película de la que «perdimos» el comienzo. Ello nos provoca muchas preguntas ya que sin el conocimiento de las causas que generaron esta realidad ¿cómo podremos comprenderla y evaluarla? La ciencia habla de los límites del universo, o sea hasta dónde el espacio contiene cuerpos celestes, materia o alguna forma de manifestación de energía. Pero el propio espacio vacío, que le da el entorno al universo para que exista ¿no es acaso también una creación? ¿cómo surgió?

Nuestra conciencia no puede funcionar sin limites. Tiende siempre a definir un comienzo y un fin. Suponiendo que alcancemos el límite del universo y luego el final del propio espacio, tampoco sería ese el fin, ya que siempre hay «algo» después. O, suponiendo que el espacio es un inmenso balón que contiene a un universo que se expande ¿qué hay por fuera de ese balón?

¿Existe la nada? La lógica nos dice que no hay limite, siempre hay algo después. Similar sucede con el tiempo, antes del principio hay un antes… siempre hay un antes. La Torá entendida a través de la tradición interior de Israel, la Kabalá, nos enseña que ese proceso de retroceder en el tiempo y en las causas hasta el principio primero tiene un fin y es la Causa Primera, Causa que no tiene causa. Este concepto escapa a nuestra actual comprensión. La Causa de todas las causas es denominada por la Kabalá: Ein Sof cuyo significado es Infinito. Ein Sof define el estado que unifica a quien percibe con lo percibido y con la percepción. Quien percibe es el deseo, lo percibido es la plenitud (deseada) y la percepción designa el proceso a través del cual quien percibe aprehende a lo percibido. Estos tres aspectos se manifiestan ante nuestra percepción material-sensorial como espacio, energía y tiempo respectivamente. Ein Sof es el estado que armoniza a todos los espacios, energías y tiempos, siendo la Creación sólo una forma que el Ein Sof adopta ante nuestra percepción.

El principio de la conciencia humana

El comienzo que la Torá nos relata es el principio de nuestra forma de conciencia. Ya que la realidad la analizamos desde nuestra óptica, queramos o no estamos limitados a nuestros sentidos y a nuestra forma de percibir y comprender la realidad. La Kabalá nos enseña que podemos ampliar esos límites. Ya que el pensamiento es quien limita nuestra percepción y el deseo es quien limita al pensamiento. Pensamos en lo que queremos, lo que no deseamos no es parte de nuestra conciencia y es como si no existiera. Deseamos luego pensamos.

La voluntad unificadora

Cuando la tradición de Israel expresa que la Torá es revelada nos está diciendo que la Voluntad y Conciencia Infinita, Ein Sof, transmitió la sabiduría para unificar a todos los creados y les otorgó el potencial de captarla, similar a lo que sucede con los principios de la

naturaleza que el hombre no los crea, los des-cubre. El Uno sin segundo, el Kadósh Barúj Hú: Ein Sof es Quien propone el objetivo: la unificación de toda la realidad, ya que El es Uno y sólo quién posee la cualidad de Uno puede unir lo que parece opuesto. La diversidad es producto de nuestra conciencia egoísta que debemos unificar a través de la fuerza del Uno: el Amor. En hebreo Uno-Ejad y Amor-Ahava poseen el mismo valor numérico. El Amor Unifica, ya que amar es el desafío en realizar actos altruistas: mitzvot.

Dos fuerzas en una unidad

La Torá comienza expresándonos que «En el Principio creó Elokím los cielos y la tierra». Los cielos: la cualidad de dar, la tierra: quien recibe las lluvias provenientes de los cielos. O sea que El Principio-Bereshít nos enseña que hay dos fuerzas: dar y recibir que se revisten en variadas formas, femenino-masculino, bien-mal, etc., provenientes del Uno. Sólo cuando las percibimos como partes del Uno alcanzamos la Sabiduría que nos des-cubre como se complementan: recibir con el propósito de dar. Así como la tierra recibe las lluvias y da el

fruto, así los seres humanos debemos estar dispuestos a revelar la energía infinita en cada uno de nuestros actos. Entonces podemos recibir la Torá, el sistema espiritual que armoniza el dar y el recibir a través del altruismo: SU fuerza y la única capaz de unificar a toda la realidad.

Noaj «Un arca de altruismo»

« Nóaj define un espacio de acción, el arca que es construida de acuerdo a medidas exactas, para poder desarrollar en forma adecuada lo necesario, posible y por lo tanto imprescindible »

La tradición interior de Israel, la Kabalá, nos transmite que cada uno de los reinos de la naturaleza señala una conducta humana. Los componentes del reino mineral al carecer de movimiento propio, son comparables a los seres humanos cuando no desarrollan ningún tipo de iniciativa: la pasividad. Son las masas que reaccionan en bloque como el reino mineral en el cual sus integrantes no realizan movimientos individuales sino que se trasladan conjuntamente como los planetas. En el reino vegetal sus componentes desarrollan ciertos movimientos pero sólo en función de sí mismos, éstos representan la indiferencia. El movimiento de cada integrante del reino vegetal tiene como único objetivo su supervivencia individual, lo único que los activa son las necesidades propias. El reino animal señala el comienzo de la toma de conciencia del otro. Representa el ámbito de los seres humanos que actúan, pero en base a lo inmediato y pasajero sin tomar conciencia de la proyección ni del alcance de la vida . Se asemeja al animal que no posee sentido de la historia ni del futuro sino un poderoso instinto de preservación de la especie, vive en un presente continuo. El reino humano señala la aparición de la palabra y de un lenguaje capaz de articular aquello que es materia de puro conocimiento, sin intervención de los sentidos, la realidad inteligible, mental y espiritual que revela que la conciencia y por ende el deseo llegó a su máximo desarrollo, pues nuestra conciencia se expande en lo que deseamos. Ello sucede sólo en el ser humano, siendo que el reino mineral, vegetal y animal no fueron dotados con la facultad de abstracción que le permite al hombre captar relaciones complejas de causa y consecuencia. Los seres humanos poseen el potencial de desear lo infinito y de alcanzar, a través del discernimiento, la conciencia de la realidad espiritual. La potencialidad humana es tal que cuando transforma su deseo de recibir en deseo de dar, elevando lo mineral, lo vegetal y lo animal a lo humano, puede beneficiar al mundo en forma infinita alcanzando así lo divino.

Ser humano: un potencial infinito

La Torá expresa que los seres humanos fuimos creados a imagen y semajanza del Kadósh Barúj Hú, con el potencial de alcanzar la forma perfecta: Ein Sof, lo infinito, el altruismo que se expande a todo y a todos. La concretización de este objetivo requiere la didáctica espiritual que nos oriente firmemente en la dirección correcta. El altruismo, al igual que la Sabiduría que permite alcanzarlo, no se adquiere instantáneamente. Por ello es de suma importancia graduar el ritmo y las condiciones que acompañan todo proceso espiritual, social y educativo con el propósito de no generar circunstancias que corrompan y/o diluyan la efectividad del aprendizaje.

Lo innecesario, lo imposible y lo imprescindible

Cuando se ignora el objetivo de la vida se crean las condiciones para que surja lo innecesario. Así, los hombres construyen sistemas espirituales, sociales y educativos basados en justificar sólo sus necesidades inmediatas: el egoísmo, lo cual termina por corromperlos. De ello resulta una vida basada en ilusiones, que si bien a veces son posibles de lograr nunca terminan por satisfacer y que, una vez alcanzadas ya no son suficientes. Entonces aparecen nuevas necesidades aún más ilusorias que las anteriores acrecentando cada vez más el consumo de una realidad innecesaria e imposible de alcanzar que se desvanece constantemente. Esa realidad es la que la Torá describe en las generaciones previas al diluvio. Lo imprescindible, en cambio, es lo necesario, posible, y por lo tanto imprescindible. Nuestra labor consiste en educarnos y educar en pos del compromiso con el prójimo y con la sociedad activando todos los mecanismos necesarios y posibles para que surja el altruismo, posponiendo lo innecesario y lo imposible para el momento en que sea necesario y posible. Cuando lo innecesario, loimposible y lo imprescindible no están definidos, toda una generación corre el riesgo de olvidar su responsabilidad en el desarrollo integral de la humanidad.

Nóaj: definiendo las prioridades

La etapa que la Torá describe en la perashát Nóaj marca el comienzo del desarrollo espiritual humano y nos transmite una enseñanza aplicable tanto a nivel de una civilización como de un individuo. La Torá nos relata que Nóaj vivió en un mundo egoísta y despiadado al cual, a pesar de sus esfuerzos, no pudo ayudar a mejorar. Nóaj construye una arca para salvarse del caos, el diluvio que destruye a la civilización, con el objetivo de crear un mundo mejor. Nóaj define un espacio de acción, el arca que es construida de acuerdo a medidas exactas, para poder desarrollar en forma adecuada lo necesario, posible y por lo tanto imprescindible. Ese microcosmos, el arca, es el laboratorio donde va a ensayar cómo implementar el potencial humano en pos de alcanzar la forma superior. Entretanto fuera del arca el egoísmo genera un diluvio social y espiritual, Nóaj y su familia se dedican día y noche, casi sin dormir, a alimentar a todos los animales que convivían con ellos. Sus vidas eran únicamente dar, jésed, preparando así un mundo futuro. Nóaj y su familia salvaron a la humanidad de su extinción usando el sentido de preservación del reino animal al cual alimentaron. Nóaj nos enseña que ante una sociedad caótica lo primero que debemos proteger es el altruismo, la bondad aplicada consabiduría, aquello que nos eleva por sobre toda la Creación devolviéndonos nuestra imagen y semejanza. A partir de ello todo se puede salvar y reconstruir en nivel aun superior al anterior.

Lej-Lejá «Un copyright infalsificable»

«Así como la oscuridad no es sino la falta de luz, así la mentira no puede existir si no está apoyada en una verdad. Después que el pueblo de Israel reveló su sabiduría durante miles de años es muy sencillo cambiar el copyright. Pero los principios divino

El fruto prohibido Cada una de las personalidades y de las situaciones existenciales que la Torá nos describe señalan un potencial humano y los desafíos para alcanzarlo. Adám señala el principio del ser humano. Adám es creado en el Gan Eden en una situación ideal, allí tiene todo a su disposición sin prácticamente ningún esfuerzo. El único desafío de Adám era «no comer el

fruto antes de tiempo», al realizar la acción justa en el momento justo hubiera adquirido el discernimiento para trascender el tiempo y el espacio alcanzando el estado infinito de Ein Sof.

El desafío de la Creación La Torá en el libro de Bereshít - Génesis 2:4, nos enseña que el mundo fue creado para la acción. Por ello observamos que toda sabiduría, filosofía y corriente de pensamiento finalmente se materializa en actos concretos y en un modo de vida a través de cuatro formas generales:

a)Cuando el pensamiento y la emoción justifican nuestros deseos sin considerar las consecuencias que estos generen: egoísmo. b)Cuando la pasividad e inercia dan lugar a «espacios vacíos» que en última instancia son llenados por pensamientos, emociones y actos inconcientes: indiferencia. c)Cuando nos basamos en nuestros pensamientos y emociones para prever los efectos de nuestras acciones: buenas intenciones. d)Cuando discernimos en base a Principios Universales y Objetivos, previendo así, realmente, la consecuencia de nuestros actos: altruismo. Alcanzar el altruismo, la acción justa en el momento justo, era el desafío de Adám y falló.

La conciencia judía

Diez generaciones después de Adám, Nóaj se enfrenta ante el desafío de una generación perversa. Nóaj no logra cambiarla, pero sí logra salvarse junto a su familia cuidando así que el potencial altruista del ser humano tenga continuidad a través de su descendencia. Diez generaciones después Abraham Avinu, a partir de la experiencia de Nóaj, comprendió más profundamente la problemática humana. Su ideal no era sólo el de una conducta civilizada contra el salvajismo prediluviano. La idolatría contra la cual Abraham lucha es la del ser humano que rinde culto al mundo material y a sí mismo en oposición a una vida dedicada al prójimo como medio para alcanzar la armonía. Abraham Avinu es el primero en des-cubrir en toda su magnitud la voluntad altruista generadora de la conciencia judía. Abraham Avinu logra transmitir el concepto del altruismo no sólo con explicaciones intelectuales, sino que llega a nuestro interior ayudándonos a trascender los límites impuestos por la frialdad especulativa de la mente cuando no vibra en armonía con el corazón. Abraham Avinu reveló la Sabiduría que trasciende los límites intelectuales, como el amor, cuando es completo, sobrepasa toda dimensión. Por el contrario, lo que tiene medida es limitado y está destinado finalmente a transformarse en egoísmo.

El potencial humano Todo lo que revela Abraham Avinu estaba en potencia en Adám y en Nóaj. Cada uno de ellos enfrentó situaciones que lo desafiaron a revelar otra índole del potencial humano. Del mismo modo cada uno de nosotros se ve enfrentado a momentos en los que puede resolver los conflictos activando el potencial de Adám: discerniendo sin tener necesidad de experimentar o, como lo hiciera Nóaj: salvarse él sin poder ayudara otros. Abraham, en cambio, nos enseña que sólo ayudando al prójimo trascendemos el mal. Este esfuerzo altruista activa un potencial desconocido para las personas creándoles la necesidad de alcanzar la sabiduría que armonice las acciones, las emociones y los pensamientos desembocando así, finalmente, en el plano de las causas: el espiritual. Abraham comprendió que no se puede lograr ni siquiera la armonía individual en

un mundo injusto siendo que nuestra felicidad, en última instancia, es directamente proporcional a la felicidad de los que nos rodean. Esta actitud nos activa en forma constante planteándonos nuevos desafíos y compromisos concretos con el prójimo, lo que mantiene la conciencia en permanente expansión.

El camino de Abraham

Deja tu tierra, tu patria y la casa paterna y diríjete a la tierra que Habré de mostrarte

(Bereshít-Génesis 12:1). De acuerdo a la Kabalá Abraham representa el potencial humano de alcanzar la bondad superior. Ello se logra a partir de la trascendencia de tres ámbitos: tu tierra: los deseos innatos (instintivos), tu patria: las costumbres y forma de vida que esos deseos le generan, la casa paterna: el respeto por quien le inspiró una forma de vida idólatra, para poder dirigirse «a la tierra que Habré de mostrarte»: la voluntad en armonía con los principios superiores. AAbraham se le exige dejar todo lo que genera o pueda generar egoísmo y «partir» en pos del altruismo. El deseo es innato e inconciente, en cambio la voluntad es conciente y adquirida. El deseo en su forma instintiva es calificado por la Kabalá como la raíz del mal, el egoísmo que no evalúa las consecuencias de sus actos. En cambio, a través del trabajo conciente en el estudio de los principios superiores: Torá y el desafío en implementar lo aprendido a través de actos de bien: mitzvót es posible transformar el egoísmo «tu tierra, tu patria y la casa paterna» en voluntad de dar, altruismo: «dirígete a la tierra que Habré de mostrarte». El pueblo de Israel ha perpetuado esta forma de vida basado en el desafío de realizar actos de bien: mitzvót, las cuales le brindan al hombre parámetros concretos para evaluar la realidad y un camino seguro para lograr su plenitud y la finalidad para la cual fue creado. Así el mensaje judío se transmitió de generación en generación y su esencia universal sigue vigente e intacta hasta nuestros días. Amarás a tu prójimo como a ti mismo Vaicrá-Levítico 19:18 No hagas al prójimo lo que no quieras que te hagan a ti Talmud Babli, Shabat 31

¿Cómo entender la historia?

Para comprender la historia universal en toda su dimensión debemos saber que el concepto de estado y de pueblo que tiene occidente es completamente diferente al oriental. En oriente el concepto de pueblo identifica a un grupo humano con un lugar ancestral y una tradición espiritual que comenzó o que, de alguna forma, está ligada a ese lugar. La tierra es el espacio inherente a la identidad del pueblo ya que sin ésta no le es posible desarrollar el sistema espiritual que lo distingue como tal. La geografía para un pueblo tradicional no es sólo cuantitativa, es cualificada para una función determinada, ya que cada lugar señala una

situación existencial sagrada que atravesó el pueblo al conformar su identidad.

A través de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra (Bereshít-Génesis 12:3) Cuando se pone en duda el derecho del pueblo de Israel sobre la tierra de Israel no sólo se distorsiona la identidad judía sino que se le quita al mundo entero su identidad. Pretender desvirtuar la milenaria historia del pueblo de Israel y por lo tanto el derecho sobre su tierra, la originalidad de sus formas tradicionales y valores conduce al caos, ya que implicaría suponer que toda la historia universal y los valores más preciados que la humanidad posee se basan en una mentira.

Un copyright infalsificable

Así como la oscuridad no es sino la falta de luz, así la mentira no puede existir si no está

apoyada en una verdad. La sabiduría de Israel estableció las bases para crear una civilización justa en el mundo todo. Ella nos enseña los objetivos: la justicia, el bien, el altruismo y la forma de alcanzarlos: no asesinar, no robar, no adulterar, etc. Después de que el pueblo de Israel articuló su sabiduría durante miles de años, a través de la tradición escrita y oral, basado no en revelaciones personales sino en una revelación colectiva: Sinai (un pueblo entero es testigo de la entrega de la Torá), Mishná, Midrásh, Talmud, Kabalá, Halajá, etc. (miles de libros producto de miles de años de elaboración por miles de sabios hasta el presente) es muy sencillo cambiar el copyright. Pero este copyright no es proclive a la distorsión como lo son las leyes, los tratados y las resoluciones hechas por los hombres, son principios divinos e inherentes a la propia esencia del mundo.

Un milagro

La naturalidad de la conexión del pueblo de Israel con su tierra y su sabiduría resulta tan obvia, que es de esas verdades que toda la humanidad a través de toda la historia puede certificar. Y a pesar de ello es el hecho que más se ha puesto en duda. La existencia del

pueblo de Israel luego de miles de años de inquisiciones, holocaustos y todas las formas que la judeofobioa adquirió a los largo de la historia no ha conseguido apartarlo de su tierra y de su milenaria forma de vida. Y eso no depende de consensos, votaciones y/o estadísticas humanas, eso es un milagro como la vida misma es un milagro. Y los milagros sólo los hace el Uno: el Kadósh Barúj Hú.

Vaierá «La voz que escuchó Abraham»

« En un mundo en el que el sacrificio humano sigue siendo parte de las «prácticas espirituales», es imperioso que todos los que se dicen hijos de Abraham escuchen la misma voz que él escuchó diciéndole: No extiendas tu mano contra el niño y no le hagas na

Cuando experimentamos plenitud no diferenciamos entre ésta y el deseo de recibirla, los percibimos como uno. En cambio, la falta de plenitud provoca inmediatamente que surja el deseo. Ambos aspectos tienen su origen en el Kadósh Barúj Hú, sólo que "allí" se encuentran en estado de unidad, más allá de la dualidad Creador-Creación, conocedor- conocido, masculino-femenino, etc. Previo a la Creación la plenitud llena al deseo lo cual impide la manifestación de la voluntad de recibir, de esa forma el alma no puede tomar conciencia de todo su potencial, ya que recibe pasivamente. El acto de la Creación genera que el deseo de recibir se vacíe de Su plenitud, y posteriormente, en forma gradual, la recupere a través de su propia voluntad. Este proceso es lo denominado libre albedrío, a través del cual el alma logra restaurar la conciencia de la unidad deseo-plenitud, tal como lo expresa el profeta "En ese día El y Su nombre serán Uno (Zejaria 14:9). La Creación es el desafío en recuperar el estado de Plenitud Infinita. La Torá nos hace tomar conciencia de la forma en que debemos asumirlo y concretizarlo, ya que nos enseña a discernir entre lo esencial y lo superfluo para que los esfuerzos humanos no se desvíen del objetivo por el cual la humanidad fue creada.

Situaciones límite

Cuando atravesamos una situación límite descubrimos "de repente" que poseemos un potencial desconocido que normalmente nunca hubiéramos activado, y que ocurren "milagros", revelamos fuerzas fuera de lo común. La Creación misma es una situación límite para el alma: el vacío de plenitud. La vida nos enfrenta permanentemente a desafíos que nos hacen crecer y tomar conciencia de nuestra esencia y potencial. Abraham Avinu enfrentó y superó diez desafíos, su vida tuvo un único objetivo revelar el potencial humano en pos de su esencia.Abraham Avinu, el primer hebreo, reveló para la humanidad como trascender la mecanicidad egoísta del deseo, enseñando a través de cada acto de su vida como alcanzar lo increado y eterno, el altruismo que unifica a todo y a todos.

Orden y caos dos formas de percibir la realidad

Sin elección no hay desarrollo. La "tensión" generada por el propio esfuerzo en pos de la superación crea el "espacio" que posibilita el discernimiento que expande nuestra percepción de la realidad. Ese "espacio" es la conciencia que cada ser humano posee de la dimensión espiritual de la Creación. La Torá nos dice que Elokím puso a prueba a Abraham, "HaElokim nisa et Abraham (Bereshit-Génesis 22:1)". Elokím es uno de los diez nombres que la Torá utiliza para designar una de las formas en que la Energía Infinita es aprehendida por los seres humanos. El libre albedrío nos da la posibilidad de aprender, y siendo que el conflicto y la elección son necesarias en todo proceso educativo, podemos relacionarnos con Su energía, en este casoElokim, como la generadora de multiplicidad y caos -En el principio creó Elokím los cielos y la tierra, y la tierra estaba caótica- o, como la generadora de un orden con un plan y un objetivo preciso -como el descrito a partir de Bereshit-Génesis 1:4-. Cuando un arquitecto construye un edificio lo primero que debe hacer es preparar el terreno perforando y cavando. Ante la percepción de una persona que desconoce ese propósito y la forma de implementarlo, esta etapa necesaria y preparatoria, será percibida como caótica. Esa persona pensará que los trabajadores están simplemente destruyendo el paisaje. La realidad del Kadósh Barúj Hú es la Plenitud Infinita, pero para que los creados puedan acceder a ella manifestó la Creación, a través de la cual el alma alcanza gradualmente Su realidad. Es similar al estudiante que avanza de grado en grado hasta alcanzar el conocimiento que sus maestros ya poseen. El ritmo y el modo en que se desarrolla este aprendizaje depende, en primer lugar, de la forma en que percibimos la realidad: 1. Justificando nuestros instintos, deseos y debilidades 2. Discerniendo en base a Principios Universales y objetivos la consecuencia de nuestros actos. El aspecto 1. limita la realidad al ego, imposibilitándonos expandir nuestra realidad más allá de lo inmediato. En cambio, el esfuerzo en prever la consecuencia de cada uno de nuestros actos en pro del bien colectivo, aspecto 2., nos des-cubre el orden a través del cual el mundo fue creado.

La décima prueba de Abraham El episodio denominado erróneamente "el sacrificio de Itzják" Akedát Itzják- La ligadura de Izják es el décimo desafío que Abraham supera para conformar una nueva tendencia en la historia humana: el altruismo como forma de vida y medio para el desarrollo espiritual. Este proceso no se logra acumulando información o conocimiento, como lo hace un investigador científico, sino que Abraham supera en cada desafío otra índole del egoísmo humano alcanzando un estado de ser superior para transformarse así en un modelo para las futuras generaciones. Esta cadena continuará a través de su hijo Itzják, su nieto Iaacov, permaneciendo intacta y actual hasta el presente. Para comprender en profundidad los desafíos que atravesó Abraham y principalmente el décimo, Akedát Itzják, la Kabalá nos

enseña que los Patriarcas así como los Profetas y los verdaderos Sabios de Israel reproducen en sus vidas, como el átomo al universo, el anhelo humano en pos de su armonía.

Analogía espiritual Nos explica Rabí Moshé Jaím Luzzatto, conocido como el Ramajal, que lo primero que debemos saber es que tanto en la Creación del mundo como en su conducción el Kadósh Barúj Hú no manifiesta su Energía Infinita sino que actúa como los seres humanos, que hacen las cosas gradualmente. Si aplicase todo su poder no podríamos captar ninguna de sus acciones, mientras que el accionar gradual nos permite captarlas. Ello es a lo que se refiere el libro Etz Jaím al expresar que "El Infinito contrajo Su luz", o sea que no actuó con toda su potencialidad en la Creación sino en forma medida. La Energía Infinita puede revelarse de dos formas: manifestando todo su potencial o, gradualmente. El Kadósh Baúj Hú creó el mundo mediante la medida, entonces graduó su potencial infinito lo cual generó etapas y medidas con sus detalles que son lo que nosotros podemos comprender. En el lenguaje de la Kabalá, también denominada la Sabiduría de la Verdad, a Todo su Potencial lo denominamos Infinito-EinSof que es la Voluntad Superior. A las gradaciones las llamamos sefirót. EinSof contrajo Su Luz y así se revelaron las sefirót. La Sabiduría de la Kabalá se transmite en el lenguaje de las sefirót con sus respectivos niveles o gradaciones. Toda acción en el plano inferior tiene su raíz u origen en lo superior mediante la graduación sefirótica, por lo que cuando comprendemos cabalmente el desarrollo y concatenación de las sefirót podemos entender cuál es el origen de todas las creaturas y sus conductas. El Infinito-Ein Sof no lo podemos alcanzar directamente mediante el pensamiento ni la profecía. Pero, por medio de la gradación o sefirót podemos aprehenderlo con el entendimiento y la visión profética.

Akedát Itzják- la Ligadura de Itzják Así como en los procesos de la naturaleza cuando des-cubrimos una ley accedemos a un código que nos permite definir y reproducir un fenómeno, así en los mundos espirituales rigen principios que generan causas y consecuencias que ordenan la realidad en forma precisa. El desafío de la Akedát Itzják- la Ligadura de Izják manifiesta en la realidad material sensorial lo que sucede en el ámbito de la realidad espiritual denominado Olám haAkudim-Mundo de las Ligaduras (uno de los mundos incluidos en Adám Kadmón). "Allí" las sefirót, o sea las gradaciones, se encuentran ligadas o relacionadas sin poder manifestar sus características específicas. Es un plano sutil "donde" la conciencia simple no puede acceder, sólo las almas que poseen una poderosa fuerza de voluntad, como Abraham Avinu, logran discernir "allí" los grados de la Luz Infinita. Abraham representa la sefirá Jésed, el arquetipo del altruismo, la bondad con sabiduría, la energía que sostiene a todos los procesos creativos tanto materiales como espirituales. Todo proceso creativo, toda iniciativa es generada por Jésed: una poderosa fuerza de voluntad en la entrega. Itzják, su hijo, representa a la sefirá Guevurá, el arquetipo de la voluntad de superación, el coraje que logra implementar el Jésed. En su origen, en los mundos espirituales, Itzják esta ligado a Abraham, como Guevurá-superación, coraje está ligado a Jésed-bondad, voluntad en la entrega. Al igual que sin padres no puede haber hijos sinJésed no puede revelarse Guevurá, ese es el orden superior. Pero, en nuestra realidad, luego que Jésed y Guevurá atraviesan el estado de caos creativo -En el principio creó Elokím los cielos y la tierra, y la tierra estaba caótica- para manifestarse en la realidad material-sensorial, Jésed y Guevurá son percibidas

desligadas del orden superior y por ende la valentía y el coraje en lugar de ser parte del desafío para alcanzar la forma superior: el altruismo, pueden ser utilizados para el egoísmo. En nuestra realidad Jésed y Guevurá se desligan de su estado arquetípico permitiéndonos captarlas como independientes sin ninguna relación esencial. Akedát Itzják-la Ligadura de Izják representa la acción que reintegra Guevurá-el coraje, la superación manifestada por Itzják al Jésed-la bondad superior expresada por Abraham, religando la percepción caótica y egoísta humana a la arquetípica divina.

La misma voz que le habló a Abraham En un mundo en el que el sacrificio humano sigue siendo parte de las "prácticas espirituales", peor aun que en la época de Abraham e Itzják, hoy padres sacrifican orgullosos a sus hijos enviándolos al asesinato suicida, es imperioso que todos los que se dicen hijos de Abraham escuchen la misma voz que él escuchó diciéndole: Abraham, Abraham, y él respondió: héme aquí. Y Le dijo: No extiendas tu mano contra el niño y no le hagas nada… ya que a través tuyo y de tus descendientes la humanidad heredará el orden para alcanzar el objetivo para el cual los seres humanos fueron creados. Abraham e Itzják logran unificar bondad, sabiduría y coraje, instaurando así un modelo a seguir para las futuras generaciones en donde cada ser humano es valorizado como una pieza insustituible y sagrada para el logro de la armonía universal. Ellos nos enseñaron que la valentía consiste en el desafío de vivir una vida sabia y bondadosa amando al prójimo como a sí mismo, no sólo en teoría, sino a través de actos concretos: mitzvót. Y que los sacrificios que realizamos deben tener un único objetivo: lograr un mundo mejor como medio para alcanzar nuestra verdadera Esencia y Origen, pero valorizando lo sagrado que El nos dio como medio para alcanzarLo: la Vida. Lejaim!!!

5) Jaiei Sará «La forma arquetípica»

« Los conflictos son producto de una aprehensión distorsionada de la relación arquetípica Kéter-Jojmá- Biná, lo que traducido a la realidad material-sensorial se manifiesta en una percepción deformada de los roles masculino-femenino o sea del significado

Al final de la parashá Vaierá la Torá relata el nacimiento de Rivká, la futura esposa de Itzják. A continuación en la parashá Jaiei Sará la Torá comienza con el fallecimiento de Sará y finaliza con el de Abraham, los progenitores de Itzják . La Torá nos enseña que la vida es un eterno fluir, el fin de una etapa es el comienzo de otra. Cada generación representa un eslabón más que tiene como finalidad unificar a todos los seres humanos para que alcancen finalmente la armonía infinita, Ein Sof. Como vimos en el comentario a la parashá Lej-Lejá cada una de las personalidades y de las situaciones existenciales que la Torá nos describe señalan un potencial humano y los desafíos para alcanzarlo. Adám señala el principio del ser humano. Adám es creado en el Gan Eden en una situación ideal, allí tiene todo a su disposición sin prácticamente ningún esfuerzo. El único desafío de Adám era «no comer el fruto antes de tiempo», al realizar la acción justa en el momento justo hubiera adquirido el discernimiento para trascender el tiempo y el espacio alcanzando el estado de Ein Sof. A lo largo de la historia, cada individuo, matrimonio y generación se enfrenta, desde diferentes perspectivas, al desafío de Adám y Javá; la diferencia consiste en que Adám y Javá no poseían la experiencia de la equivocación para poder discernir. A partir de ellos, cada nueva generación que surge podrá utilizar la experiencia de sus

ancestros al enfrentarse nuevamente al desafío arquetípico humano.

La proyección del desafío edénico

La tradición escrita y oral de Israel recoge la experiencia y la elaboración de todas la generaciones de Sabios, hasta nuestros días, contemplando las diferentes personalidades y tendencias que conforman a los seres humanos, como medio para que la humanidad alcance el objetivo para la cual fue creada. Asi funciona la tradición de Israel: un pueblo que asume concientemente concretizar el desafío que Adám y Javá no lograron. Adám y Javá comprenden todo el potencial y todas las tendencias humanas que en el futuro cada individuo, familia y nación va a asumir. Cada generación y cada pueblo revela a lo largo de la historia un aspecto inherente a Adám y Javá. Los conflictos entre individuos y naciones reactivan nuevamente el desafío edénico. La diversidad de personalidades y tendencias que poseen los seres humanos, estaban ya en potencia en Adám y Javá, siendo esas perspectivas

imprescindible para conformar los diversos puntos de vista que nos enriquecen mutuamente. Si todos pensaríamos igual el hombre no se desarrollaría.

El gran puzzle universal

Cada vez que los seres humanos fallamos en superar «nuestro desafío» perdemos la armonía que habíamos logrado hasta ese momento, y aparentemente debemos comenzar todo nuevamente. Pero no es así, los logros permanecen en potencia y nos dan la experiencia para poder alcanzar un nivel aun mayor de armonía en la siguiente etapa. Esa aparente pérdida, como fue la del estado edénico, nos exige a todos tomar conciencia que las características y necesidades específicas de cada individuo, creado por el Kadósh Barúj Hú, son únicas, sagradas e imprescindibles para reconstruir el gran puzzle universal. Este proceso cíclico perdurará hasta que cada ser humano, por el camino de la conciencia o del

sufrimiento, se despoje de toda índole de egoísmo, entonces la humanidad alcanzará y concretizará finalmente su desafío arquetípico.

Abraham padre de numerosos pueblos

Abraham y Sara, los progenitores del pueblo de Israel, representan el modelo a partir del cual se van a revelar los componentes necesarios y la forma en que la humanidad, paulatinamente, alcanzará el discernimiento correcto para no repetir el error de Adám y Javá. En Bereshít-Génesis 17:4-5 el Kadósh Barúj Hú le dice a Abraham «serás padre de numerosos pueblos». Su hijo Ishmael, que concibiera con Agar, la sirvienta de su esposa Sara, generará las bases para todas las formas de percepción de la realidad que adoptarán, a excepción de Israel, todos los pueblos de oriente medio. Itzják hijo de su esposa Sara será quien continuará la cosmovisión de su padre. Posteriormente Iaacov, hijo de Itzják, y sus doce hijos, padres de cada una de las doce tribus de Israel, conformarán las bases del pueblo encargado de transmitir a lo largo de la historia la «percepción judía de la realidad». Los hijos que Abraham procreó posteriormente con sus concubinas serán quienes modelen la percepción oriental de la realidad. Esav, también nieto de Abraham será quien marque las pautas de la concepción del mundo que hoy conocemos como occidente. Abraham genera el escenario propicio para que surjan los desafíos que nos confrontan a las diversas formas de percepción de la realidad hasta que finalmente alcancemos la experiencia y sabiduría que nos conduzca a la armonía universal.

Sará: la forma arquetípica En los planos espirituales, el ámbito de las gradaciones que estudiamos en la parashá Vaierá, la sefirá Kéter indica la esencia en donde todo es Uno, inmediatamente Jojmá revela el conducto a través del cual fluye la energía infinita y posteriormente Biná señala la forma que la energía infinita va a adquirir. La sefirá Biná conforma el plano espiritual denominado Olam haBria-Mundo de la Creación, es el ámbito donde se definen las caracteírticas de la Neshamá-alma. Kéter nos indica al Kadósh Barúj Hú, Jojmá y Biná son los arquetipos del Hombre y la Mujer respectivamente. Jojmá y Biná, hombre y mujer poseen funciones complementarias. A través del hombre llega la simiente que la mujer cuida y desarrolla en su interior. La mujer le da forma a la energía infinita. A través de Abraham se revela el potencial infinito del Kadósh Barúj Hú, pero será el aspecto femenino quien determinará la forma que adquiera la energía infinita. Sará da a luz a Itzják la continuidad de Abraham, aquí aprendemos las raíces espirituales en que se basa la Halajá, código legal del pueblo de Israel, para determinar que judío es quien nace de madre judía. Toda la realidad proviene de la esencia Kéter y se revela en Biná a través de Jojmá. El Kadósh Barúj Hú creó a Adám y a Javá con el propósito de que alcancen la armonía universal, ellos fallaron en esa primera oportunidad, pero la humanidad recibió a través de la Torá la forma de alcanzarla.

Un lugar para todos

Los conflictos son producto de una aprehensión distorsionada de la relación arquetípica Kéter-Jojmá-Biná, lo que traducido a la realidad material-sensorial se manifiesta en una percepción deformada de los roles masculino-femenino o sea del significado esencial del dar y del recibir. Ello lo vemos a nivel de un matrimonio, cuando sus integrantes en lugar de complementarse compiten, también en las distorsiones de la

sexualidad, en la falta de capacidad de disfrutar, etc. A nivel universal son los conflictos que surgen cuando los hijos de Abraham -toda la humanidad- en lugar de comportarse de acuerdo a principios superiores que los conducen a unirse para concretizar el desafío arquetípico universal, compiten tratando de justificar lo que cada uno piensa y/o siente. El desafío arquetípico universal se concretizará cuando en conjunto y a partir de nuestras diferencias, que El creó con una función específica, nos unamos para revelar la armonía universal en la cual todos tenemos nuestro lugar.

Shemot

« Mientras más oscuro es un cuerpo, más luz absorbe y más energía generará. La sefirá Maljút señala el ámbito material-sensorial, donde el deseo alcanza su máxima intensidad. De ahí que el Zóhar la designa con el color negro indicándonos el mayor potencia

Surgió «un enviado» del Kadósh Barúj Hú ante Moshé, en el corazón del fuego dentro de la

zarza, y he aquí que esta ardía pero no se consumía…

Te enviaré a Paró, le dijo el Kadósh

Y si me dijeren: ¿Cuál es Su

.. Barúj Hú, y saca a Mi pueblo, los hijos de Israel de Egipto…

..

nombre?, ¿Qué habré de decirles?

Moshé alcanza a percibir una realidad que pasa desapercibida para el resto de los hombres. A partir de ello se transforma en un Profeta, un Líder que conduce a su pueblo a la libertad.

Lo esencial y sus vestiduras Encontramos en el Zóhar (parte tercera, pág. 152) la siguiente explicación: Los relatos de la Torá son sólo su vestidura, y quien piense que la vestidura es la Torá misma y que no hay nada más, es tan ignorante como el que juzga a las personas por su apariencia exterior pensando que la persona es su ropaje. La Torá, al igual que las personas, tiene vestimentas, cuerpo,neshamá (alma) y neshamá de la neshamá. Los relatos, son su ropaje, las mitzvót son su cuerpo, la neshamá es Israel que activa las mitzvót y por sobre todos se encuentra la Neshamá de la neshamá: el objetivo de la Torá, la armonía universal, el Kadósh Barúj Hú a Quien debemos llegar a través de la Torá.

La percepción de lo esencial

Los colores y las voces que logramos percibir son las frecuencias de luz y sonido que nuestro sistema visual y auditivo nos permiten captar. Sin la ayuda de aparatos especiales el espectro sensorial humano queda restringido a límites imposibles de trascender. La percepción sensorial implica que nos llegue cierta información a los órganos de los sentidos donde se convierten en impulsos nerviosos que se envían al cerebro. Allí se interpretan y disciernen los diferentes colores, sonidos, sensaciones, etc. Los cinco sentidos humanos sumados a lo máximo que nuestra imaginación pueda transmitirnos es, en el mejor de los casos, la manifestación del efecto de las actividades de la energía pero nada pueden ofrecernos acerca de la esencia misma de la energía que nos activa. Nuestros sentidos, emociones y pensamientos nos transmiten luz, calor, sonido, ideas, etc. hasta donde su alcance les permite, pero más allá de este ámbito hay otros aspectos de la realidad. La vida física es sólo una pequeña manifestación de nuestro ser. La luz del alma se expande en todo los ámbitos de la realidad.

La tonalidades del alma El alma, como estudiamos en la parashá Toldót, posee cinco grados generales de conciencia a través de los cuales aprehendemos el ámbito material-sensorial, el plano emocional, el pensamiento, la voluntad y la plenitud infinita. Cada uno de estos cinco grados se relaciona con las sefirót Maljút, Tiféret, Biná, Jojmá y Kéter respectivamente. Cada sefirá representa un grado de la Luz Infinita, como una serie de cristales a través de los cuales la Luz va adquiriendo más y más presencia. El Zóhar nos transmite una imagen de ese proceso designando a cada una de las sefirót como el resultado de la luz atravesando cristales de diferentes colores. Negro para Maljút, verde para Tiféret, rojo para Biná, blanco para Jojmá y transparente para Kéter.

La absorción de la Luz

La física nos enseña que los cuerpos oscuros se calientan más que los de colores claros cuando reciben luz. El negro absorbe los fotones y los transforma en energía térmica y el blanco los rechaza. Los colores que percibimos son las frecuencias de la luz que los cuerpos no han absorbido. Un objeto de color rojo significa que el cuerpo refleja las frecuencias que percibimos como rojo y absorbe las demás. Mientras más oscuro es un cuerpo, más luz absorbe y más energía generará. La sefirá Maljút señala el ámbito material-sensorial, donde el deseo alcanza su máxima intensidad, razón por la cual la recepción exige el mayor de los cuidados. De ahí que el Zóhar la designa con el color negro indicándonos el mayor potencial de recepción. Cuando queremos recibir algo del mundo material-sensorial no basta con involucrar apenas el pensamiento y la emoción, resulta imprescindible

concretizarlo a través de la acción. Lo mismo sucede con las buenas acciones, con las mitzvót. No es suficiente con pensar y/o sentirlas, sino que las debemos hacer. Hasta no llegar al mundo de la acción, a Maljút, no hay conciencia completa ni posibilidad de armonizar todos los aspectos de la vida ya que permanecemos en un plano intermedio y meramente especulativo. Cuando nuestros actos concretos también interactúan con las emociones y pensamientos, en armonía con los principios superiores -no asesinar, no robar, no adulterar, etc.- sólo entonces nuestra conciencia se expande positivamente en todos los aspectos de la vida. Así como los colores son las frecuencias de la luz que los cuerpos no han absorbido, así nuestra identificación con el mundo material-sensorial como un fin en sí mismo señala los aspectos del deseo que aun no hemos aprehendido a discernir.

Recibiendo todas las frecuencias

La Kabalá nos enseña que el Tzadík-Justo, el auténtico Profeta, Líder y Sabio es quién está identificado con Maljút. El no «rechaza ninguna frecuencia», él está dispuesto a enfrentar y discernir en todo para revelar finalmente el potencial de bien oculto que hay en cada situación. Vimos que cuanto más oscuro es un cuerpo más luz absorbe y más energía producirá. Así Moshé, considerado el más modesto de los seres humanos, es el modelo de Profeta y Líder, ya que es capaz de recibir todas las frecuencias de la Luz siendo que su objetivo es generar la energía para revelar la armonía universal.

2) Vaerá «¿Justificarnos o des-cubrirnos?»

«En un mundo con energía atómica, clonación humana, ingeniería genética, el hombre se ve enfrentado a mayores desafíos espirituales. Hoy, más que nunca, nuestra educación debe formar individuos conocedores, también, de los principios espirituales, orienta

Habló Elokím a Moshé diciéndole: Yo soy IHV”H (

concretizarlo a través de la acción. Lo mismo sucede con las buenas acciones, con las mitzvót.

). Yo me aparecí a Abrahám

) no Me he dado a

Itzják y Iaakóv como El Shakai, más por mi nombre IHV”H ( conocer.

Diferentes formas de una misma realidad

Toda la realidad que podemos percibir a través de nuestros sentidos e inteligencia no son sino las diferentes formas en que la Energía Infinita que nutre la vida se manifiesta. Sea a través de los fenómenos naturales que investiga la ciencia, los del pensamiento que se ocupa la sicología y la filosofía como en los espirituales que estudia la Torá y más profundamente la Kabalá, etc., todos ellos son diferentes formas en que el Kadósh Barúj Hú se revela ante los seres humanos. Lo que debemos establecer en forma precisa es el objetivo de toda la actividad humana: justificar el egoísmo o educar a los seres humanos a

des-cubrirse como partes de una sola humanidad integrada por pueblos e individuos que se complementan y necesitan mutuamente para alcanzar la armonía universal. La auténtica concepción y forma de vida judía transmitida por la Torá, principalmente en su comprensión interior a través de la Kabalá, conduce al hombre a expresar en cada acto que realiza la unidad inmanente de toda la realidad. «Lo material» y «lo espiritual», la ciencia, y la Kabalá, etc., pueden ser «buenas» o «malas» conforme al uso que hagamos de ellas. La apreciación de la realidad depende de los objetivos y no de definiciones teóricas desligadas de la actitud humana. Toda sabiduría se evalúa de acuerdo a su objetivo; sosteniendo que lo auténticamente espiritual es el camino hacia el logro de la voluntad altruista, y lo material

aquello que nos conduce al egoísmo. Ahora podemos comprender por qué muchas veces lo que parece en primera instancia «espiritual» no es más que codicia, dado que los objetivos son egoístas. Por el contrario, cuando se emplea concientemente el dinero, el tiempo, etc. en realizar actos de bien, mitzvót, «lo material» pasa a ser más espiritual que muchas «formas de espiritualidad», ya que el objetivo es el altruismo.

El desafío original Cuando los hombres des-cubren determinadas combinaciones para implementar la energía, deben tomar conciencia no sólo del aspecto técnico, del dinero que se obtendrá con la «venta de la fórmula», sino que también es imprescindible prever su correcta utilización para el bien de la humanidad. Este es el desafío al cual la Torá nos enfrenta desde el principio de la Creación: En el «Paraíso», en hebreo Gan Éden, el árbol de las vidas representa la fuente de la Sabiduría, y el árbol del conocimiento del bien y del mal la fuente de la experimentación. El primero nos señala la índole espiritual, lo interior, las causas y los objetivos, mientras que el segundo indica la manifestación exterior, las consecuencias en el plano material-sensorial. Cuando el hombre actúa de acuerdo al árbol de las vidas adquiere la Sabiduría para evitar el sufrimiento, ya que aprende a discernir entre el bien y el mal. Luego puede «probar» del árbol del conocimiento del bien y del mal, dándole la forma correcta a la manifestación de su voluntad: altruismo. El árbol del conocimiento del bien y del mal conforma el ámbito sobre el cual el hombre debe discernir aplicando el conocimiento adquirido de la Torá, que es el árbol de las vidas. Ante los controles de una poderosa fuente de energía se debe ser muy preciso. La misma energía puede crear o destruir, depende de la forma en que la utilicemos. En un mundo con energía atómica, clonación humana, ingeniería genética, etc. el hombre se ve enfrentado a mayores desafíos espirituales. Hoy, más que nunca, debemos brindar una educación integral que forme individuos conocedores, también, de los objetivos de la vida y la creación a fin de orientar el deseo humano en pos del altruismo. Los fenómenos naturales, los del pensamiento y los espirituales atraen en diferente forma e intensidad a los seres humanos. La distinción radica en el objetivo y por ende el lenguaje que de este se desprende al definir el área al cual cada disciplina se aboca.

Los significantes del lenguaje El rey Salomón nos expresa en su libro Mishlei-Proverbios 18:21 que la vida y la muerte están en la lengua . Cada palabra que articulamos imprime una dirección tanto hacia nuestro interior como hacia nuestro entorno. El hombre se autoimpresiona e impresiona a través de sus palabras, ya que éstas exteriorizan y refuerzan su actitud interior. El Rav Ashlag al comienzo de su comentario al libro Etz Jaím nos expresa que cuando nos ocupamos de temas referentes a la realidad espiritual carecemos de las palabras necesarias para poder expresarnos, ya que todo nuestro vocabulario tiene su origen en la experiencia de los sentidos y la imaginación. ¿Cómo podemos utilizar nuestro lenguaje para temas que no son perceptibles sensorialmente? Si tomamos la más sutil de las palabras como ser «luces», también ésta tiene su origen en la asociación con la luz del sol que es perceptible sensorialmente, o con la luz que se siente de la tranquilidad o la satisfacción. ¿Cómo podemos emplear un vocabulario así para ocuparnos de temas espirituales en los cuales estas palabras no nos pueden ofrecer conceptos verdaderos? Toda realidad guarda una armonía y una analogía, micro-macrocósmica, sistemas planetarios-átomos, etc. En el lenguaje de la Torá en general y en el de la Kabalá más

precisamente se utiliza dicha analogía basándose en las experiencias que describimos con nuestro lenguaje pero conectándolo a su significado metafísico. Así como el átomo refleja el movimiento del cosmos, así los fenómenos sensoriales reflejan una realidad superior. Es así que los Sabios inician a sus alumnos, transmitiéndoles el significado espiritual-altruista que la realidad material-sensorial atesora. Los verdaderos Sabios poseen el talento para enseñar la Sabiduría sin distorsionar su pureza espiritual, pues al percibir la realidad superior evitan toda corporización-limitación egoísta dirigiendo a la mente a discernir en el ámbito espiritual-altruista. Una vez comprendido el funcionamiento del lenguaje en su índole espiritual las imágenes descriptas en los textos de la Torá y la Kabalá adquieren ante los ojos del estudioso su verdadera dimensión.

¿Temer o no temer a los avances tecnológicos? Al final de la parashá Shemot el Kadósh Barúj Hú le dice a Moshé que le exija a Paró (Faraón egipcio) liberar al Pueblo de Israel de la esclavitud. Paró no sólo se niega sino que ordena aun más restricciones y sufrimientos sobre Israel. Moshé, desconcertado, le pregunta al Kadósh Barúj Hú: ¿Por qué has acarreado el mal a este pueblo y para qué me has enviado? ¿Cómo puede ser que si el Kadósh Barúj Hú me envió, no sólo que no logré Su cometido sino que ello generó una situación peor a la anterior? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué me ha enviado!? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué nos ayuda a descubrir energía atómica, ingeniería genética!?, etc. A continuación, al comienzo de la parashá

Vaerá el Kadósh Barúj Hú le contesta a Moshé Yo soy IHV”H ( Abrahám Itzják y Iaakóv como El Shakai, más por mi nombre IHV”H ( dado a conocer.

precisamente se utiliza dicha analogía basándose en las experiencias que describimos con nuestro lenguaje pero conectándoloparashá Shemot el Kadósh Barúj Hú le dice a Moshé que le exija a Paró (Faraón egipcio) liberar al Pueblo de Israel de la esclavitud. Paró no sólo se niega sino que ordena aun más restricciones y sufrimientos sobre Israel. Moshé, desconcertado, le pregunta al Kadósh Barúj Hú : ¿Por qué has acarreado el mal a este pueblo y para qué me has enviado? ¿Cómo puede ser que si el Kadósh Barúj Hú me envió, no sólo que no logré Su cometido sino que ello generó una situación peor a la anterior? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué me ha enviado!? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué nos ayuda a descubrir energía atómica, ingeniería genética!?, etc. A continuación, al comienzo de la parashá Vaerá el Kadósh Barúj Hú le contesta a Moshé Yo soy IHV”H ( Abrahám Itzják y Iaakóv como El Shakai , más por mi nombre IHV”H ( dado a conocer. ). Yo me aparecí a ) no Me he Nuestros Sabios explican que Moshé pregunta utilizando el nombre ELOKIM ( ) y el Kadósh Barúj Hú le responde con su nombre IHV”H ( ). El nombre ELOKIM ( ) indica la conciencia cuando percibe desde los límites- Din . IHV”H ( ) en cambio señala la conciencia en expansión- Rajamim . La situación que Moshé debió atravesar fue para su aprendizaje, para que expanda su conciencia y perciba plenamente que más allá de la voluntad humana hay principios espirituales y una Voluntad que ejecuta un Plan Superior. Moshé, a través de sus experiencias es preparado para ser el mayor de los Profetas, destinado a liberar a Israel de Egipto y revelar la Torá para que todo finalmente alcance la armonía universal. La historia prepara a la humanidad para que des-cubra, finalmente, la armonía que atesora cada una de las situaciones que la vida nos enfrenta. Por ello no debemos temer el avance tecnológico, ya que nada ni nadie puede detenerlo. Nuestro desafío es encauzarlo hacia el bien común, siendo que nos brinda la oportunidad para que revelemos un nuevo potencial espiritual. Pero para ello es fundamental prepararnos a través de una educación que integre lo material y lo espiritual como dos aspectos de una misma y única realidad, de la cual todo proviene: el Kadósh Barúj Hú. 3) Bo «La madurez de la conciencia» « Mitzráim-Egipto señala la raíz de todas las Galuiót-Diásporas y como es sabido no hay Diáspora, o sea dispersión, sino la que resulta por la falta de comprensión. El mal surge y resurge y la humanidad continúa sin comprender que repite los mismos errore " id="pdf-obj-27-29" src="pdf-obj-27-29.jpg">

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precisamente se utiliza dicha analogía basándose en las experiencias que describimos con nuestro lenguaje pero conectándoloparashá Shemot el Kadósh Barúj Hú le dice a Moshé que le exija a Paró (Faraón egipcio) liberar al Pueblo de Israel de la esclavitud. Paró no sólo se niega sino que ordena aun más restricciones y sufrimientos sobre Israel. Moshé, desconcertado, le pregunta al Kadósh Barúj Hú : ¿Por qué has acarreado el mal a este pueblo y para qué me has enviado? ¿Cómo puede ser que si el Kadósh Barúj Hú me envió, no sólo que no logré Su cometido sino que ello generó una situación peor a la anterior? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué me ha enviado!? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué nos ayuda a descubrir energía atómica, ingeniería genética!?, etc. A continuación, al comienzo de la parashá Vaerá el Kadósh Barúj Hú le contesta a Moshé Yo soy IHV”H ( Abrahám Itzják y Iaakóv como El Shakai , más por mi nombre IHV”H ( dado a conocer. ). Yo me aparecí a ) no Me he Nuestros Sabios explican que Moshé pregunta utilizando el nombre ELOKIM ( ) y el Kadósh Barúj Hú le responde con su nombre IHV”H ( ). El nombre ELOKIM ( ) indica la conciencia cuando percibe desde los límites- Din . IHV”H ( ) en cambio señala la conciencia en expansión- Rajamim . La situación que Moshé debió atravesar fue para su aprendizaje, para que expanda su conciencia y perciba plenamente que más allá de la voluntad humana hay principios espirituales y una Voluntad que ejecuta un Plan Superior. Moshé, a través de sus experiencias es preparado para ser el mayor de los Profetas, destinado a liberar a Israel de Egipto y revelar la Torá para que todo finalmente alcance la armonía universal. La historia prepara a la humanidad para que des-cubra, finalmente, la armonía que atesora cada una de las situaciones que la vida nos enfrenta. Por ello no debemos temer el avance tecnológico, ya que nada ni nadie puede detenerlo. Nuestro desafío es encauzarlo hacia el bien común, siendo que nos brinda la oportunidad para que revelemos un nuevo potencial espiritual. Pero para ello es fundamental prepararnos a través de una educación que integre lo material y lo espiritual como dos aspectos de una misma y única realidad, de la cual todo proviene: el Kadósh Barúj Hú. 3) Bo «La madurez de la conciencia» « Mitzráim-Egipto señala la raíz de todas las Galuiót-Diásporas y como es sabido no hay Diáspora, o sea dispersión, sino la que resulta por la falta de comprensión. El mal surge y resurge y la humanidad continúa sin comprender que repite los mismos errore " id="pdf-obj-27-45" src="pdf-obj-27-45.jpg">

). El nombre ELOKIM (

precisamente se utiliza dicha analogía basándose en las experiencias que describimos con nuestro lenguaje pero conectándoloparashá Shemot el Kadósh Barúj Hú le dice a Moshé que le exija a Paró (Faraón egipcio) liberar al Pueblo de Israel de la esclavitud. Paró no sólo se niega sino que ordena aun más restricciones y sufrimientos sobre Israel. Moshé, desconcertado, le pregunta al Kadósh Barúj Hú : ¿Por qué has acarreado el mal a este pueblo y para qué me has enviado? ¿Cómo puede ser que si el Kadósh Barúj Hú me envió, no sólo que no logré Su cometido sino que ello generó una situación peor a la anterior? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué me ha enviado!? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué nos ayuda a descubrir energía atómica, ingeniería genética!?, etc. A continuación, al comienzo de la parashá Vaerá el Kadósh Barúj Hú le contesta a Moshé Yo soy IHV”H ( Abrahám Itzják y Iaakóv como El Shakai , más por mi nombre IHV”H ( dado a conocer. ). Yo me aparecí a ) no Me he Nuestros Sabios explican que Moshé pregunta utilizando el nombre ELOKIM ( ) y el Kadósh Barúj Hú le responde con su nombre IHV”H ( ). El nombre ELOKIM ( ) indica la conciencia cuando percibe desde los límites- Din . IHV”H ( ) en cambio señala la conciencia en expansión- Rajamim . La situación que Moshé debió atravesar fue para su aprendizaje, para que expanda su conciencia y perciba plenamente que más allá de la voluntad humana hay principios espirituales y una Voluntad que ejecuta un Plan Superior. Moshé, a través de sus experiencias es preparado para ser el mayor de los Profetas, destinado a liberar a Israel de Egipto y revelar la Torá para que todo finalmente alcance la armonía universal. La historia prepara a la humanidad para que des-cubra, finalmente, la armonía que atesora cada una de las situaciones que la vida nos enfrenta. Por ello no debemos temer el avance tecnológico, ya que nada ni nadie puede detenerlo. Nuestro desafío es encauzarlo hacia el bien común, siendo que nos brinda la oportunidad para que revelemos un nuevo potencial espiritual. Pero para ello es fundamental prepararnos a través de una educación que integre lo material y lo espiritual como dos aspectos de una misma y única realidad, de la cual todo proviene: el Kadósh Barúj Hú. 3) Bo «La madurez de la conciencia» « Mitzráim-Egipto señala la raíz de todas las Galuiót-Diásporas y como es sabido no hay Diáspora, o sea dispersión, sino la que resulta por la falta de comprensión. El mal surge y resurge y la humanidad continúa sin comprender que repite los mismos errore " id="pdf-obj-27-49" src="pdf-obj-27-49.jpg">

) indica la conciencia cuando percibe desde los límites-Din. IHV”H (

precisamente se utiliza dicha analogía basándose en las experiencias que describimos con nuestro lenguaje pero conectándoloparashá Shemot el Kadósh Barúj Hú le dice a Moshé que le exija a Paró (Faraón egipcio) liberar al Pueblo de Israel de la esclavitud. Paró no sólo se niega sino que ordena aun más restricciones y sufrimientos sobre Israel. Moshé, desconcertado, le pregunta al Kadósh Barúj Hú : ¿Por qué has acarreado el mal a este pueblo y para qué me has enviado? ¿Cómo puede ser que si el Kadósh Barúj Hú me envió, no sólo que no logré Su cometido sino que ello generó una situación peor a la anterior? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué me ha enviado!? EL, que todo lo sabe ¡¿Para qué nos ayuda a descubrir energía atómica, ingeniería genética!?, etc. A continuación, al comienzo de la parashá Vaerá el Kadósh Barúj Hú le contesta a Moshé Yo soy IHV”H ( Abrahám Itzják y Iaakóv como El Shakai , más por mi nombre IHV”H ( dado a conocer. ). Yo me aparecí a ) no Me he Nuestros Sabios explican que Moshé pregunta utilizando el nombre ELOKIM ( ) y el Kadósh Barúj Hú le responde con su nombre IHV”H ( ). El nombre ELOKIM ( ) indica la conciencia cuando percibe desde los límites- Din . IHV”H ( ) en cambio señala la conciencia en expansión- Rajamim . La situación que Moshé debió atravesar fue para su aprendizaje, para que expanda su conciencia y perciba plenamente que más allá de la voluntad humana hay principios espirituales y una Voluntad que ejecuta un Plan Superior. Moshé, a través de sus experiencias es preparado para ser el mayor de los Profetas, destinado a liberar a Israel de Egipto y revelar la Torá para que todo finalmente alcance la armonía universal. La historia prepara a la humanidad para que des-cubra, finalmente, la armonía que atesora cada una de las situaciones que la vida nos enfrenta. Por ello no debemos temer el avance tecnológico, ya que nada ni nadie puede detenerlo. Nuestro desafío es encauzarlo hacia el bien común, siendo que nos brinda la oportunidad para que revelemos un nuevo potencial espiritual. Pero para ello es fundamental prepararnos a través de una educación que integre lo material y lo espiritual como dos aspectos de una misma y única realidad, de la cual todo proviene: el Kadósh Barúj Hú. 3) Bo «La madurez de la conciencia» « Mitzráim-Egipto señala la raíz de todas las Galuiót-Diásporas y como es sabido no hay Diáspora, o sea dispersión, sino la que resulta por la falta de comprensión. El mal surge y resurge y la humanidad continúa sin comprender que repite los mismos errore " id="pdf-obj-27-55" src="pdf-obj-27-55.jpg">

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cambio señala la conciencia en expansión-Rajamim. La situación que Moshé debió atravesar fue para su aprendizaje, para que expanda su conciencia y perciba plenamente que más allá de la voluntad humana hay principios espirituales y una Voluntad que ejecuta un Plan Superior. Moshé, a través de sus experiencias es preparado para ser el mayor de los Profetas, destinado a liberar a Israel de Egipto y revelar la Torá para que todo finalmente alcance la armonía universal. La historia prepara a la humanidad para que des-cubra, finalmente, la armonía que atesora cada una de las situaciones que la vida nos enfrenta. Por ello no debemos temer el avance tecnológico, ya que nada ni nadie puede detenerlo. Nuestro desafío es encauzarlo hacia el bien común, siendo que nos brinda la oportunidad para que revelemos un nuevo potencial espiritual. Pero para ello es fundamental prepararnos a través de una educación que integre lo material y lo espiritual como dos

aspectos de una misma y única realidad, de la cual todo proviene: el Kadósh Barúj Hú.

3) Bo «La madurez de la conciencia»

« Mitzráim-Egipto señala la raíz de todas las Galuiót-Diásporas y como es sabido no hay Diáspora, o sea dispersión, sino la que resulta por la falta de comprensión. El mal surge y resurge y la humanidad continúa sin comprender que repite los mismos errore

Dijo IHV”H (

D ijo IHV”H ( ) a Moshé: Ve a Paró que yo he insensibilizado su corazón

) a Moshé: Ve a Paró que yo he insensibilizado su corazón y el de sus

servidores para llevar a cabo Mis designios en medio de él. Y para que hayas de relatar a oídos de tu hijo y el hijo de tu hijo cómo Yo trascendí por sobre Egipto-Mitzraim y Mis

designios que puse allí y así sabrán que Yo soy IHV”H (

D ijo IHV”H ( ) a Moshé: Ve a Paró que yo he insensibilizado su corazón

).

Cuando deseamos resolver una dificultad surgen inmediatamente cantidad de pensamientos hasta que logramos encontrar el cabo que logre desatar el enjambre de ideas que inunda nuestra mente. Entonces, finalmente, tomamos una dirección y de repente lo complicado se torna simple ¡La solución estaba ahí! ¿Cómo no la percibimos? Así como el orden es anterior al caos, ya que el caos no es sino la falta de orden, así la solución existe antes de que la dificultad se manifieste y la respuesta antes de que la pregunta surja. No obstante, nos es de suma importancia resolver la dificultad para aprehender integralmente la solución y formular la pregunta indicada con el propósito de conocer la respuesta, tal como precisamos del caos para apreciar el orden. Tomamos conciencia del valor de las cosas cuando esas nos faltan. Necesitamos discernir en la multiplicidad para percibir la unidad, la armonía que se revela cuando ordenamos el caos.

La unidad dentro de la multiplicidad

Nuestro mundo se caracteriza por lo cuantitativo y a medida que nos retrotraemos en el tiempo la cantidad, sea de habitantes, productos, etc. disminuye cada vez más y más. La multiplicidad de componentes que integran la realidad puede ocultar o revelar a la causa que los produjo. La multiplicidad sería como un puente, mientras que para algunos es visto como aquello que los separa, para otros es percibido como objeto de unión. Complejidad y sofisticación ocultan una relación simple que en primera instancia aun no estamos preparados para percibir. De la misma forma que el uno precede a los demás números y la

unidad precede a la multiplicidad, existe una Causa que antecede a todas las causas.

El Uno sin segundo

El es Único y no tiene segundo y antes del Uno ¿qué puedes contar? Séfer Ietzirá-Libro de la Formación 1:7 La unidad es la conciencia del deseo en su estado original colmado por la plenitud que todos deseamos alcanzar. Ello es lo denominado en el lenguaje espiritual de Israel Ein Sof- Infinito. La Creación, en cambio, enmarca el lapso en que la conciencia del deseo está inmersa en la multiplicidad, en la pregunta que busca su respuesta, la plenitud. Ein Sof desactiva la búsqueda y activa la plenitud ya que así como la respuesta al ser comprendida colma la pregunta, el disfrute anula la búsqueda de placer, nadie pregunta lo que ya sabe ni busca lo que posee. Mientras que todo y todos no alcancemos el estado de Ein Sof la Creación permanece vigente. Posteriormente, la Creación como tal desaparece y con ella la búsqueda; entonces surge el disfrute infinito, el fin de los tiempos. La Creación brinda el espacio para que el deseo logre alcanzar lo infinito. El deseo prueba una y otra forma y, al ir descartando por conciencia o a través del sufrimiento, aprende a reconocer lo bueno y lo malo, lo que lo conduce a la plenitud y lo que lo aleja de ella.

Antes de la Creación

La conciencia infinita Ein Sof existe antes de que la Creación se manifieste. Ya vimos que el hombre percibe desde la multiplicidad hacia la unidad y así alcanza, a través de su libre

albedrío, la unidad original que antecede su búsqueda, tal como lo expresa el libro Etz Jaim: «Antes de la emanación de las emanaciones y la creación de las creaciones la Luz Infinita llena toda la realidad». O sea que antes de que surja el deseo y el pensamiento la plenitud llena toda la realidad. Para comprenderlo mejor tomemos como ejemplo a nuestras emociones: cuando alguien está alegre y luego, por determinada circunstancia entristece, no significa que la alegría dejó de existir sino que ese individuo perdió momentáneamente su capacidad de estar alegre. Al recuperar los estímulos que generan alegría desaparece la tristeza y la alegría ocupará nuevamente su lugar.

La unidad en la diferencia

Todo ser y aspecto que conforma la realidad tiene su raíz en la Esencia de toda la Realidad- Ein Sof, y es creado con una naturaleza que se manifiesta circunstancialmente de diversas formas. Por ejemplo, el calor que se encuentra en el agua caliente es circunstancial, en tanto que el calor del fuego es parte de su propia naturaleza. Fuego y agua son uno en la Esencia Infinita, sólo que al manifestarse revelan natural y circunstancialmente diversos aspectos de la Esencia. Similar sucede con el hombre que en su Esencia es uno con el Uno en el Ein Sof pero que al manifestarse en la Creación revela una individualidad -su naturaleza- que es a su vez su forma de alcanzar la Esencia, la Plenitud Infinita y el potencial de ser uno con el Uno.

El vacío El Kadósh Barúj Hú le dice a Moshé que se dirija a Paró, que se acerque a él y lo haga tomar conciencia que hay una Realidad Infinita. Moshé representa el discernimiento superior, Paró señala la conciencia del deseo limitada exclusivamente a sí mismo. Cuando el ser humano se identifica con el nivel de conciencia denominado Paró no percibe otro objetivo que a sí mismo y nunca encuentra armonía. Esa conciencia es necesaria transitoriamente, como un niño que en la primer etapa de su vida precisa reforzar su identidad y su ego. Pero cuando el hombre queda identificado con Paró a lo largo de toda su vida, ello señala que detuvo su desarrollo espiritual. Paró representa el Jalal Panúi-Espacio Vacío que describe la Kabalá y que surge posteriormente al Tzimtzúm-Contracción Original de la Plenitud Infinita. Esa conciencia sola no puede percibir al Ein Sof-Plenitud Infinita ya que surge posteriormente, producto delTzimtzúm y por ende se percibe a sí misma como el principio y el fin. Así genera una realidad de búsqueda permanente, no para encontrar sino para seguir buscando como saciarse a sí mismo. Encontrar, en cambio, significa compromiso y asumir obligaciones.

Psicología evolutiva

Durante su desarrollo el niño necesita de modelos, aprende y discierne a partir de lo que recibe de sus padres y maestros. Llega a un mundo que lo antecede y que es regido por principios que deberá incorporar y respetar. El desarrollo del niño implica proyectarse hacia su entorno. En cambio, cuando se transforma en joven y luego en adulto y continúa sin desarrollar otro objetivo que vaya más allá de sí mismo, la vida se convierte en una constante justificación, autismo, y por lo tanto se hace imposible expandir la conciencia y definir objetivamente qué está bien y qué está mal. Para tomar decisiones realmente altruistas debemos aprender a no justificar nuestras debilidades. La armonía universal, la denominada Gueulá -restauración del deseo humano a la plenitud infinita- surge cuando los hombres, con personalidades y tendencias diferentes, confrontamos nuestra naturaleza a

principios superiores objetivos. ¿Cómo podemos alcanzar esta sabiduría? En este punto se basa toda la discusión entre Moshé y Paró: Paró proclama que la mente humana puede determinar el bien y el mal de acuerdo a sus propios criterios. Moshé, en cambio, discierne en cómo implementar los principios superiores espirituales: No codiciar, no engañar, no robar, no adulterar, no asesinar, etc. que al ser objetivos pueden armonizar todas las tendencias existentes en los seres humanos pues no obedecen a intereses personales.

La expansión y la aprehensión de la Realidad En la parashá Shemót Paró le pregunta a Moshé ¿¡Quién es IHV”H (

principios superiores objetivos. ¿Cómo podemos alcanzar esta sabiduría? En este punto se basa toda la discusiónparashá Shemót Paró le pregunta a Moshé ¿¡Quién es IHV”H ( )!?, ) Najmanides-Ramban nos enseña que Paró tenía conciencia del concepto Elokim ( pero no de IHV”H. Elokim , como estudiamos en la parashá Vaerá , indica la conciencia cuando percibe desde los límites- Din . IHV”H, en cambio, señala la conciencia en expansión- Rajamím. Elokím señala cómo la realidad se manifiesta. IHV”H se refiere a cómo la aprehendemos. El Zóhar transmite este concepto cuando expresa «de arriba hacia abajo» y «de abajo hacia arriba». La Torá nos enseña a expandir la conciencia desde la realidad material-sensorial a la espiritual de «abajo hacia arriba», desde la multiplicidad hacia la unidad des-cubriendo en cada aspecto y tendencia existente otra forma de revelar la armonía universal. Por el contrario Paró, como un niño o una persona inmadura, limita la realidad a sí mismo: como yo siento y pienso así es la realidad y así seguramente todos piensan y sienten y si no, deberían hacerlo. Paró reduce la realidad a su mente, de «arriba hacia abajo». En lugar de «colocar» su cabeza en la Torá y discernir en los principios superiores, «pone» la Torá en su cabeza y limita todo a su concepción, a lo que le dicta «su lógica». Por ello Mitzráim- Egipto al igual que todas las civilizaciones e individuos que disciernen de esa forma, finalmente se aíslan de la Realidad y no son capaces de generar una continuidad espiritual. Lo trascendente en lo temporal El mal surge y resurge y la humanidad continúa sin tomar conciencia que repite incesantemente los mismos errores: justifica a Paró y culpa a Moshé. Nos enseñan nuestros Sabios que Mitzráim es la raíz de todas las Galuiót -Diásporas, de la concepción que reduce lo eterno a lo temporal «de arriba hacia abajo» transformando sistemáticamente las debilidades humanas en normas. A pesar de las dificultades y sufrimientos que en cada una de las Galuiót -Diásporas el pueblo de Israel vivenció, supo aprender de cada circunstacia discerniendo e incorporando nuevas experiencias. Quien conoce el objetivo de la Creación percibe cada situación como un eslabón más en pos de la Gueulá -restauración del deseo humano a la Plenitud Infinita. Esa visión es el resultado de miles de años de vida judía basada en el estudio de los Principios Universales- Torá y el desafío en realizar actos de bien- Mitzvót . Así Israel siempre supo des-cubrir lo trascendente en lo temporal inspirando a todos los hombres que buscan verdaderamente la Plenitud de la Luz Infinita para iluminar con altruismo a toda la humanidad. 4) Beshalaj - TuBishvat « Si te amo temo perderte, si no temo perderte significa que aun no te amo. El temor a sufrir produce movimiento en pos del conocimiento y el conocimiento produce amor y el amor des-cubre lo que nos une » " id="pdf-obj-30-9" src="pdf-obj-30-9.jpg">

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Najmanides-Ramban nos enseña que Paró tenía conciencia del concepto Elokim ( pero no de IHV”H. Elokim, como estudiamos en la parashá Vaerá, indica la conciencia cuando percibe desde los límites-Din. IHV”H, en cambio, señala la conciencia en expansión-Rajamím. Elokímseñala cómo la realidad se manifiesta. IHV”H se refiere a cómo la aprehendemos. El Zóhar transmite este concepto cuando expresa «de arriba hacia abajo» y «de abajo hacia arriba». LaTorá nos enseña a expandir la conciencia desde la realidad material-sensorial a la espiritual de «abajo hacia arriba», desde la multiplicidad hacia la unidad des-cubriendo en cada aspecto y tendencia existente otra forma de revelar la armonía universal. Por el contrario Paró, como un niño o una persona inmadura, limita la realidad a sí mismo: como yo siento y pienso así es la realidad y así seguramente todos piensan y sienten y si no, deberían hacerlo. Paró reduce la realidad a su mente, de «arriba hacia abajo». En lugar de «colocar» su cabeza en la Torá y discernir en los principios superiores, «pone» la Torá en su cabeza y limita todo a su concepción, a lo que le dicta «su lógica». Por ello Mitzráim-Egipto al igual que todas las civilizaciones e individuos que disciernen de esa forma, finalmente se aíslan de la Realidad y no son capaces de generar una continuidad espiritual.

Lo trascendente en lo temporal El mal surge y resurge y la humanidad continúa sin tomar conciencia que repite incesantemente los mismos errores: justifica a Paró y culpa a Moshé. Nos enseñan nuestros Sabios queMitzráim es la raíz de todas las Galuiót-Diásporas, de la concepción que reduce lo eterno a lo temporal «de arriba hacia abajo» transformando sistemáticamente las debilidades humanas en normas. A pesar de las dificultades y sufrimientos que en cada una de las Galuiót-Diásporas el pueblo de Israel vivenció, supo aprender de cada circunstacia discerniendo e incorporando nuevas experiencias. Quien conoce el objetivo de la Creación percibe cada situación como un eslabón más en pos de la Gueulá-restauración del deseo humano a la Plenitud Infinita. Esa visión es el resultado de miles de años de vida judía basada en el estudio de los Principios Universales-Torá y el desafío en realizar actos de bien-Mitzvót. Así Israel siempre supo des-cubrir lo trascendente en lo temporal inspirando a todos los hombres que buscan verdaderamente la Plenitud de la Luz Infinita para iluminar con altruismo a toda la humanidad.

4) Beshalaj - TuBishvat

« Si te amo temo perderte, si no temo perderte significa que aun no te amo. El temor a sufrir produce movimiento en pos del conocimiento y el conocimiento produce amor y el amor des-cubre lo que nos une »

Paró, el faraón egipcio, y sus tropas persiguen y acorralan al pueblo de Israel a orillas del mar. Ante semejante situación el pueblo de Israel le recrimina a Moshé: ¡Déjanos! Vamos (nuevamente) a servir a los egipcios. Moshé les responde: no teman y verán lo que IHV”H va a hacer.

A través de los tiempos la humanidad se ha visto reiteradamente enfrentada a situaciones límites sin haber tomado conciencia de cómo pudieron llegar a suceder ni de qué hacer para que no se repitan. Así se generaron etapas oscurantistas llenas de mística y miedos que produjeron formas demagógicas de subyugar a las masas ignorantes, lo que produjo muchos malentendidos sobre el propósito de la Torá y del trabajo espiritual de Israel. Nuestros Sabios nos enseñan que así como cada ciencia y arte posee un lenguaje específico así los aspectos más profundos de la Sabiduría siempre fueron expresados en un lenguaje alegórico y con características propias, lo cual hace imprescindible haber sido iniciado en dichos códigos para comprender su real significado y objetivo. Por dicha razón nos indicaron que no se utilizan agadót ni midrashím como fuentes halájico-jurídicas ya que son herméticos para el no iniciado. En la redacción del libro del Zóhar, Rabí Shimón encomendó a Rabí Aba que él sea quien escriba las explicaciones más profundas de la Sabiduría dado que sabía cómo exponerlas en forma alegórica. Nos relata nuestra tradición que en cada detalle de Sabiduría kabalística que revelaba, Rabí Shimón expresaba: ¡Ay de mí! si revelo, y ¡ay de mí! si no revelo. Si no revelo se ha de perder la Sabiduría, y si revelo, ¿sabrán como utilizarla? El dilema no era simple, pues de no revelarla, la Sabiduría tampoco llegaría a los alumnos verdaderos y, revelándola, fracasarían en su aplicación aquellos que no estuviesen espiritualmente preparados. Es así que Rabí Shimón eligió emplear una forma particular de transmisión a través de Rabí Aba quien era experto en la escritura alegórica; de modo tal que la Sabiduría esté suficientemente revelada para los capaces de acceder a ella y oculta para los que aún no están preparados. Sin embargo, en el Zóhar se nos asegura que la Sabiduría se revelará finalmente en su totalidad y el pueblo de Israel pondrá fin a su exilio, producto de la ignorancia y el miedo, que es básicamente de carácter espiritual.

En busca de un modelo

Los niños generalmente temen a la oscuridad, la soledad, etc. y buscan protección en sus padres y mayores. Cuando crecen, el conocimiento y la experiencia que adquieren de los adultos les permite superar aquellos temores de la infancia. Cuando los adultos no logran superar desafíos desarrollan temores, distorsionan su percepción de la realidad y detienen su crecimiento espiritual. Sea un niño o un adulto la causa del temor es la misma: la ignorancia, consecuencia de una percepción parcial de la realidad. El miedo surge para enseñarnos a buscar más allá de lo inmediato. Pretendemos limitar la realidad a lo que

conocemos, pero tarde o temprano la vida nos enfrenta a situaciones que nos superan y queramos o no finalmente deberemos resolver. El miedo no es sino el resultado de una vida concentrada en lo cotidiano sin tomar conciencia de los trascendente: los desafíos que expanden nuestra conciencia y percepción de la realidad. El miedo paraliza nuestro potencial de desarrollo y señala la falta de objetivos. Así como los niños se desarrollan imitando a sus padres y mayores, los adultos también necesitamos un propósito trascendente y un modelo de quién aprender.

El aprendizaje, en todas las etapas, se basa en superar conflictos. Temor y amor son los dos aspectos que inducen al aprendizaje. El temor me aleja y el amor me acerca. Temor y amor son formas de relacionarme tanto con el prójimo como con el Kadósh Barúj Hú. El temor me relaciona pero negativamente, hace que me vea separado del objeto temido; mientras que el amor me unifica al objeto amado. No obstante, el amor sin temor destruye los límites y el respeto. Hay un temor que es el comienzo, la etapa infantil del conocimiento, pero si una relación se basa sólo en temor y no desarrolla amor es incompleta. Si te amo temo perderte, si no temo perderte significa que aun no te amo. El temor a sufrir produce movimiento en pos del conocimiento y el conocimiento produce amor y el amor des-cubre lo que nos une. La Ketuba-Acuerdo de casamiento judío establece que el hombre debe respetar a su esposa aun más que a su propio cuerpo. Cuanto más respeto más amor. El amor es una energía tan poderosa que puede destruir si no se establecen los límites y la forma de implementarlos. De ahí lasmitzvót-preceptos de expansión y contención de la energía que determina la Halajá-Código legal judío en todo lo referente al cuidado que debemos tener en todas las formas que manifestamos nuestros deseos. El deseo en su forma instintiva es egoísmo y concluye en desprecio. En cambio el deseo depurado es el altruismo que genera amor.

Tu biShvat: lo espiritual en la naturaleza

El propósito del trabajo espiritual de Israel consiste en refinar el deseo de forma tal que cada uno de nuestros actos sea una expresión que potencie y proclame la unidad armónica de toda la realidad. Cuando actuamos, sentimos y pensamos aplicamos una dirección que puede construir o diluir nuestra conciencia de la armonía. En Tu biShvat aprendemos que los frutos de los árboles y todos los reinos de la naturaleza son una manifestación de la Luz Infinita a través de la cual podemos potenciar nuestra conciencia hasta alcanzar la Armonía

Universal. De acuerdo a la Torá toda actividad puede revelar lo sagrado, lo que une, si la implementamos con objetivos altruistas. Cuando comemos transformamos la energía del alimento en pensamientos, sentimientos y actos. De acuerdo a la forma en que lo hagamos estaremos colaborando a espiritualizar y revelar el bien que existe en cada aspecto de la realidad o, por el contrario, a ocultar la unidad armónica que rige toda la realidad. La Torá nos ayuda a des-cubrir en cada acción que realizamos, de qué forma lo sagrado se manifiesta y cómo el ser humano, centro y objetivo de la Creación, lo conecta y unifica.

El hombre y el árbol

Los árboles como los hombres tienen raíz, tronco, ramas y dan frutos. La raíz de los seres

humanos es la voluntad, la fuerza interior que nos sostiene. La tierra está siempre dispuesta a dar, depende del hombre que pueda extraer la vitalidad y transformarla en fruto. El deseo atrae hacia sí la plenitud, pero para que esta llegue a su destino debemos absorber las energías que estamos preparados para transformar en altruismo y posponer las que aun no alcanzamos la voluntad para dominar. Para ello la Torá nos brinda un sistema de discernimiento que entrena el deseo confrontándolo a principios superiores lo cual, por ende, desarrolla la voluntad. Las ramas son las emociones que se mueven con el viento (rúaj). Elevaciones y descensos emocionales que el hombre debe atravesar para que la vitalidad llegue al fruto: los actos de bien, las mitzvót que generan el altruismo que le permitirá al mundo, finalmente, alcanzar la Armonía Universal.

Tres clases de frutos - tres desafíos del alma

La tradición de Israel menciona tres clases de frutos que representan tres formas de discernimiento generales que los seres humanos atravesamos para resolver las dificultades y superar nuestros miedos. Los que son puro fruto, como la frutilla. Los que el fruto está por fuera y el carozo dentro, como la aceituna. Los que la cáscara está afuera y el fruto adentro, como la nuez. Cada uno manifiesta la dureza, la dificultad, el temor en una forma diferente. Nuestra tradición menciona 30 frutas generales, 10 de cada una de las características mencionadas que se relacionan con 30 sefirót, 10 de cada uno de los mundos-olamót: Briá, Ietzirá y Asiá respectivamente. Las del mundo-olam haBriá son puro fruto, representan el pensamiento donde podemos discernir y superar los temores del olam haIetzirá concretizando nuestros actos armónicamente en el olam haAsiá. En el plano mental comprendemos lo que debemos hacer y de no implementarlo dejamos un hueco, una falta en el interior del fruto, el carozo, un vacío en el corazón. La esencia del alma es Luz y bondad. Cuando lo que comprendemos no lo aplicamos en nuestra vida nuestra esencia no lo soporta y la Luz deja de fluir armónicamente. Los pensamientos se tornan entonces negativos y surge el sentimiento de culpa que activa las emociones y finalmente el miedo que paraliza. La cáscara que envuelve al fruto y nos sume en la oscuridad.

Savia espiritual

A través de la savia llega la energía que vivifica al árbol y le permite crecer y dar de sí sus

frutos, así la voluntad altruista nos impulsa a romper las cáscaras, el temor, el egoísmo y alcanzar la energía para dar «nuestro fruto». Como el árbol necesita de buena tierra, aire y agua para dar de sí, el hombre debe rodearse del ambiente que lo estimule a desarrollar su potencialidad. La raíz extrae su vitalidad de la tierra y cada árbol es parte indispensable de un ecosistema. Similar ocurre con cada hombre y grupo humano, se universalizan cuando proyectan su particularidad -dan su fruto- para el beneficio de toda la humanidad. Para ello necesitamos del ambiente mental-emocional adecuado y guías como Moshé Rabeinu que nos ayuden a revelar nuestra verdadera esencia.

Los desafíos que revelan

Israel -la conciencia- en pos de IHV”H -la Armonía Infinita- reiteradas veces transita por los mismos caminos cómodos y por lo tanto que no ofrecen ningún desafío. Moshé -el discernimiento superior- nos incentiva a desarrollarnos y expandir nuestra realidad a IHV”H -la Armonía Infinita-, pero como muchas veces no lo captamos, surge la esclavitud en Mitzráim, las cáscaras y durezas -los límites- que nos acorralan a orillas del mar. No obstante Moshé nos guía con mano firme, nos hace ver que las dificultades son sólo desafíos y la realidad es el objetivo que surge cuando las superamos.

4) Beshalaj - TuBishvat

« Si te amo temo perderte, si no temo perderte significa que aun no te amo. El temor a sufrir produce movimiento en pos del conocimiento y el conocimiento produce amor y el amor des-cubre lo que nos une »

Paró, el faraón egipcio, y sus tropas persiguen y acorralan al pueblo de Israel a orillas del mar. Ante semejante situación el pueblo de Israel le recrimina a Moshé: ¡Déjanos! Vamos (nuevamente) a servir a los egipcios. Moshé les responde: no teman y verán lo que IHV”H va a hacer.

A través de los tiempos la humanidad se ha visto reiteradamente enfrentada a situaciones límites sin haber tomado conciencia de cómo pudieron llegar a suceder ni de qué hacer para que no se repitan. Así se generaron etapas oscurantistas llenas de mística y miedos que produjeron formas demagógicas de subyugar a las masas ignorantes, lo que produjo muchos malentendidos sobre el propósito de la Torá y del trabajo espiritual de Israel. Nuestros Sabios nos enseñan que así como cada ciencia y arte posee un lenguaje específico así los aspectos más profundos de la Sabiduría siempre fueron expresados en un lenguaje alegórico y con características propias, lo cual hace imprescindible haber sido iniciado en dichos códigos para comprender su real significado y objetivo. Por dicha razón nos indicaron que no se utilizan agadót ni midrashím como fuentes halájico-jurídicas ya que son herméticos para el no iniciado. En la redacción del libro del Zóhar, Rabí Shimón encomendó a Rabí Aba que él sea quien escriba las explicaciones más profundas de la Sabiduría dado que sabía cómo exponerlas en forma alegórica. Nos relata nuestra tradición que en cada detalle de Sabiduría kabalística que revelaba, Rabí Shimón expresaba: ¡Ay de mí! si revelo, y ¡ay de mí! si no revelo. Si no revelo se ha de perder la Sabiduría, y si revelo, ¿sabrán como utilizarla? El dilema no era simple, pues de no revelarla, la Sabiduría tampoco llegaría a los alumnos verdaderos y, revelándola, fracasarían en su aplicación aquellos que no estuviesen espiritualmente preparados. Es así que Rabí Shimón eligió emplear una forma particular de transmisión a través de Rabí Aba quien era experto en la escritura alegórica; de modo tal que la Sabiduría esté suficientemente revelada para los capaces de acceder a ella y oculta para los que aún no están preparados. Sin embargo, en el Zóhar se nos asegura que la Sabiduría se revelará finalmente en su totalidad y el pueblo de Israel pondrá fin a su exilio, producto de la ignorancia y el miedo, que es básicamente de carácter espiritual.

En busca de un modelo

Los niños generalmente temen a la oscuridad, la soledad, etc. y buscan protección en sus padres y mayores. Cuando crecen, el conocimiento y la experiencia que adquieren de los adultos les permite superar aquellos temores de la infancia. Cuando los adultos no logran superar desafíos desarrollan temores, distorsionan su percepción de la realidad y detienen su crecimiento espiritual. Sea un niño o un adulto la causa del temor es la misma: la ignorancia, consecuencia de una percepción parcial de la realidad. El miedo surge para enseñarnos a buscar más allá de lo inmediato. Pretendemos limitar la realidad a lo que conocemos, pero tarde o temprano la vida nos enfrenta a situaciones que nos superan y queramos o no finalmente deberemos resolver. El miedo no es sino el resultado de una vida concentrada en lo cotidiano sin tomar conciencia de los trascendente: los desafíos que expanden nuestra conciencia y percepción de la realidad. El miedo paraliza nuestro

potencial de desarrollo y señala la falta de objetivos. Así como los niños se desarrollan imitando a sus padres y mayores, los adultos también necesitamos un propósito trascendente y un modelo de quién aprender.

El temor a IHV”H es el principio del conocimiento (Mishlei-Proverbios 1:7) El aprendizaje, en todas las etapas, se basa en superar conflictos. Temor y amor son los dos aspectos que inducen al aprendizaje. El temor me aleja y el amor me acerca. Temor y amor son formas de relacionarme tanto con el prójimo como con el Kadósh Barúj Hú. El temor me relaciona pero negativamente, hace que me vea separado del objeto temido; mientras

que el amor me unifica al objeto amado. No obstante, el amor sin temor destruye los límites y el respeto. Hay un temor que es el comienzo, la etapa infantil del conocimiento, pero si una relación se basa sólo en temor y no desarrolla amor es incompleta. Si te amo temo perderte, si no temo perderte significa que aun no te amo. El temor a sufrir produce movimiento en pos del conocimiento y el conocimiento produce amor y el amor des-cubre lo que nos une. La Ketuba-Acuerdo de casamiento judío establece que el hombre debe respetar a su esposa aun más que a su propio cuerpo. Cuanto más respeto más amor. El amor es una energía tan poderosa que puede destruir si no se establecen los límites y la forma de implementarlos. De ahí lasmitzvót-preceptos de expansión y contención de la energía que determina la Halajá-Código legal judío en todo lo referente al cuidado que debemos tener en todas las formas que manifestamos nuestros deseos. El deseo en su forma instintiva es egoísmo y concluye en desprecio. En cambio el deseo depurado es el altruismo que genera amor.

Tu biShvat: lo espiritual en la naturaleza

El propósito del trabajo espiritual de Israel consiste en refinar el deseo de forma tal que cada uno de nuestros actos sea una expresión que potencie y proclame la unidad armónica de toda la realidad. Cuando actuamos, sentimos y pensamos aplicamos una dirección que puede construir o diluir nuestra conciencia de la armonía. En Tu biShvat aprendemos que los frutos de los árboles y todos los reinos de la naturaleza son una manifestación de la Luz Infinita a través de la cual podemos potenciar nuestra conciencia hasta alcanzar la Armonía Universal. De acuerdo a la Torá toda actividad puede revelar lo sagrado, lo que une, si la implementamos con objetivos altruistas. Cuando comemos transformamos la energía del alimento en pensamientos, sentimientos y actos. De acuerdo a la forma en que lo hagamos estaremos colaborando a espiritualizar y revelar el bien que existe en cada aspecto de la

realidad o, por el contrario, a ocultar la unidad armónica que rige toda la realidad. La Torá nos ayuda a des-cubrir en cada acción que realizamos, de qué forma lo sagrado se manifiesta y cómo el ser humano, centro y objetivo de la Creación, lo conecta y unifica.

El hombre y el árbol

Los árboles como los hombres tienen raíz, tronco, ramas y dan frutos. La raíz de los seres

humanos es la voluntad, la fuerza interior que nos sostiene. La tierra está siempre dispuesta a dar, depende del hombre que pueda extraer la vitalidad y transformarla en fruto. El deseo atrae hacia sí la plenitud, pero para que esta llegue a su destino debemos absorber las energías que estamos preparados para transformar en altruismo y posponer las que aun no alcanzamos la voluntad para dominar. Para ello la Torá nos brinda un sistema de discernimiento que entrena el deseo confrontándolo a principios superiores lo cual, por ende, desarrolla la voluntad. Las ramas son las emociones que se mueven con el viento (rúaj). Elevaciones y descensos emocionales que el hombre debe atravesar para que la vitalidad llegue al fruto: los actos de bien, las mitzvót que generan el altruismo que le permitirá al mundo, finalmente, alcanzar la Armonía Universal.

Tres clases de frutos - tres desafíos del alma

La tradición de Israel menciona tres clases de frutos que representan tres formas de discernimiento generales que los seres humanos atravesamos para resolver las dificultades y superar nuestros miedos. Los que son puro fruto, como la frutilla. Los que el fruto está por fuera y el carozo dentro, como la aceituna. Los que la cáscara está afuera y el fruto

adentro, como la nuez. Cada uno manifiesta la dureza, la dificultad, el temor en una forma diferente. Nuestra tradición menciona 30 frutas generales, 10 de cada una de las características mencionadas que se relacionan con 30 sefirót, 10 de cada uno de los mundos-olamót: Briá, Ietzirá y Asiá respectivamente. Las del mundo-olam haBriá son puro fruto, representan el pensamiento donde podemos discernir y superar los temores del olam haIetzirá concretizando nuestros actos armónicamente en el olam haAsiá. En el plano mental comprendemos lo que debemos hacer y de no implementarlo dejamos un hueco, una falta en el interior del fruto, el carozo, un vacío en el corazón. La esencia del alma es Luz y bondad. Cuando lo que comprendemos no lo aplicamos en nuestra vida nuestra esencia no lo soporta y la Luz deja de fluir armónicamente. Los pensamientos se tornan entonces negativos y surge el sentimiento de culpa que activa las emociones y finalmente el miedo que paraliza. La cáscara que envuelve al fruto y nos sume en la oscuridad.

Savia espiritual

A través de la savia llega la energía que vivifica al árbol y le permite crecer y dar de sí sus

frutos, así la voluntad altruista nos impulsa a romper las cáscaras, el temor, el egoísmo y alcanzar la energía para dar «nuestro fruto». Como el árbol necesita de buena tierra, aire y agua para dar de sí, el hombre debe rodearse del ambiente que lo estimule a desarrollar su potencialidad. La raíz extrae su vitalidad de la tierra y cada árbol es parte indispensable de un ecosistema. Similar ocurre con cada hombre y grupo humano, se universalizan cuando proyectan su particularidad -dan su fruto- para el beneficio de toda la humanidad. Para ello necesitamos del ambiente mental-emocional adecuado y guías como Moshé Rabeinu que nos ayuden a revelar nuestra verdadera esencia.

Los desafíos que revelan

Israel -la conciencia- en pos de IHV”H -la Armonía Infinita- reiteradas veces transita por los mismos caminos cómodos y por lo tanto que no ofrecen ningún desafío. Moshé -el discernimiento superior- nos incentiva a desarrollarnos y expandir nuestra realidad a IHV”H -la Armonía Infinita-, pero como muchas veces no lo captamos, surge la esclavitud en Mitzráim, las cáscaras y durezas -los límites- que nos acorralan a orillas del mar. No obstante Moshé nos guía con mano firme, nos hace ver que las dificultades son sólo desafíos y la realidad es el objetivo que surge cuando las superamos.

adentro, como la nuez. Cada uno manifiesta la dureza, la dificultad, el temor en una forma

Shemot

5) Itró

« Cuando una persona está preocupada únicamente por sí mismo, se encuentra incapacitado para comenzar siquiera a pensar en la mitzvá de «Amarás al prójimo como a ti mismo»; por eso la revelación de la Torá aún no le es posible »

"Y viajaron desde Redifím y llegaron al desierto de Sinái y acamparon en el desierto e Israel acampó allí ante la montaña"

En el libro Shemót-Exodo, cuando se relata la preparación previa a la revelación de la Torá en Sinái, el texto repentinamente cambia del plural al singular cuando se refiere al pueblo de Israel. Nuestros Sabios explican que en ese momento eran como un sólo ser cuyo propósito consistía en ayudar a su prójimo, como diferentes órganos y células de un solo cuerpo. Ello, nos explica el Rav Áshlag, fue resultado de dos componentes, uno potencial y otro circunstancial:

  • a) Potencial

La tradición ancestral iniciada por Abraham les revelará a través de Itzják y Iaacóv, el

potencial de Israel para armonizar el ámbito material-sensorial con la realidad espiritual.

  • b) Circunstancial

La experiencia que acababan de sufrir siendo esclavos durante varias generaciones bajo el dominio egipcio. Así como la semilla posee en potencia los frutos que el árbol puede dar -siempre que creemos las circunstancias apropiadas: tierra fértil, suficiente agua, etc.- algo similar sucede con el ser humano. Las influencias del medio ambiente aceleran o retrasan la revelación del potencial interior. No siempre es posible comprender la forma en que estas influencias se revelan y la

situación en que se manifiestan. Lo que a veces parece negativo en el presente puede ser positivo en el futuro y viceversa. Nuestra responsabilidad consiste en hacer el máximo esfuerzo en proveer un sistema educativo que motive la revelación del potencial altruista que existe en cada alma.

¿Quién es sabio? Quien prevé lo que va a nacer

(Talmud de Babilonia tratado Tamid 32:1)

Quien conoce las causas, lo espiritual, puede prever las consecuencias, lo material, que cada pensamiento, sentimiento y acto van a generar. En esta área se centra la educación judía auténtica preparándonos para ver más allá del momento. Cuando el individuo comienza su trabajo espiritual se encuentra limitado a sí mismo a causa de su deseo de recibir egoísta. Todo ser y realidad con los cuales no se encuentre comprometido permanecerán en la condición de «lo no existente», ya que no lo afectan. Como un niño al cual lo único que lo motiva es que sus deseos se concreticen inmediatamente, puesto que aún no tiene la capacidad de ver a largo plazo y evaluar las consecuencias de sus actos, así sucede con el hombre; cuando todavía no desarrolló su espiritualidad todo está latente, pero aún no logró crear las circunstancias para que su potencial se revele.

Dos caminos

Dichas circunstancias pueden surgir a través de dos caminos: Por el camino de la

conciencia, manifestando nuestra potencialidad y decidiendo por propia voluntad como lo hizo Abraham Avinu, o a través de padecimientos como la esclavitud en Egipto, lo cual nos hace reflexionar y llegar a la conclusión de que sólo el compromiso con el prójimo conduce al bien colectivo. Hasta que el pueblo de Israel no alcanzó el grado de "amarás al prójimo como a ti mismo" la Torá no les fue revelada. Cuando aceptaron esta responsabilidad mutua, cada individuo se vio liberado de sus necesidades personales. Ya no temió por su existencia, tuvo la seguridad de que cada integrante del pueblo de Israel estaba dispuesto a ayudarlo. En cambio, antes de que esto sucediera, cuando se encontraban dispersos entre los pueblos, como durante la esclavitud en Egipto, dependían de otros para sus necesidades. Cuando el individuo está preocupado por sí mismo, se encuentra incapacitado para comenzar siquiera a pensar en la mitzvá de «Amarás al prójimo como a ti mismo»; por eso la revelación de la Torá aún no le es posible.

Una enseñanza siempre actual

Lo mismo se cumple en el presente, ya que la Torá nos habla de principios espirituales y por lo tanto siempre vigentes. El pueblo judío, al reunirse en la Tierra de Israel, tiene nuevamente la posibilidad de llevar a cabo la mitzvá de «Amarás al prójimo como a ti mismo», como en Har Sinái. Pero para que ello suceda todos debemos estar de acuerdo en la responsabilidad mutua como lo estuvimos en «ese momento». El desafío al cual la Torá y las mitzvót nos enfrentan es la superación del egoísmo, y por ende de la especulación mental que sólo tiende a justificarnos constantemente. La Torá y las mitzvót le brindan al hombre, si éste así lo desea y lo realiza en forma correcta, un sistema que lo entrena permanentemente para transformar sus instintos, emociones, pensamientos y deseos en altruismo. Nos relata el Midrásh que dos personas van a bordo de un barco, una de ellas comienza a hacer un agujero debajo de su propio sitio, perforando el barco. Su compañero le pregunta por qué hace eso, y aquél responde: ¡Qué te importa, estoy perforando bajo mi asiento! El compañero responde: ¡Moriremos juntos si el barco se hunde! (Vayerá Rabá 1, cap. 4). Quien no practica la miztvá de amar al prójimo como a sí mismo, no sólo se daña él sino que daña a sus semejantes y les impide recibir la Torá; pues en esta miztvá se encuentra la energía que nos fusiona con la Fuente original de la vida.

1) Vaikrá

« El amor que cada individuo profesa por sus seres queridos, su pueblo y su tradición es la expresión de lo esencial, lo que trasciende las palabras, lo inexplicable »

Los seres humanos poseemos en nuestra naturaleza el ansia de superación que logramos implementar cuando fortalecemos la confianza en nosotros mismos. Ese potencial se puede manifestar de diversas formas, tanto positivas como negativas. En general la superación personal surge a partir de la competencia por conseguir mayores logros materiales, intelectuales, deportivos, etc. Quien alcanza a poseer más, a batir más «records» obtiene más reconocimiento, «alcanza el éxito». Quienes no consiguen poseer mucho terminan por frustrarse pero, a su vez, quienes sí logran poseer mucho nunca están saciados. Así se construyen sociedades basadas en la envidia, el resentimiento y la frustración.

La Torá, implementada en su forma correcta, también nos desafía a superarnos, pero canalizando las energías en llevar a cabo de la mejor forma posible nuestras responsabilidades. Cuando todos asumimos responsabilidades nos unimos bajo un objetivo común. En cambio, cuando nos relacionamos con el prójimo exigiendo nuestros derechos, terminamos alejándonos cada vez más los unos de los otros. En el lenguaje espiritual de Israel las responsabilidades se denominan mitzvót, acciones destinadas a activar nuestro potencial de revelar armonía. El propósito del tercer libro de la Torá Vaikrá-Levítico al relatar el trabajo del Mishkán-Tabernáculo, es que tomemos conciencia cuando cometemos una transgresión en nuestras responsabilidades (lo traducido incorrectamente como pecado) y así retornemos sinceramente a asumirlas.

Las perspectivas de la verdad (basado en el Midrásh-Ialkút Iejezkél) Se le preguntó a la sabiduría, ¿cuál es el castigo de quien transgrede sus responsabilidades? El mal lo acosará. Se le preguntó a la profecía, ¿cuál es el castigo de quien transgrede sus responsabilidades? Ha de morir. Se le preguntó a la Torá ¿cuál es el castigo de quien transgrede sus responsabilidades? Que ofrezca un sacrificio y será perdonado. Se le preguntó a HaKadósh Barúj Hú ¿cuál es el castigo de quien transgrede sus responsabilidades? Que se arrepienta, reconozca su error y será perdonado. Si los principios espirituales son objetivos ¿cómo puede ser que encontremos cuatro respuestas diferentes a la misma pregunta? La verdad es la conclusión final de una elaboración que debe comprender todas las particularidades. Cada aspecto e implicancia que quede fuera de nuestra evaluación al discernir ¿qué es verdad y qué no? colaborará a que desvirtuemos nuestras conclusiones.

Cuatro niveles de trabajo del Mishkán El midrásh antes expuesto nos enseña cuatro discernimientos que debemos realizar para

liberarnos del mal: 1. «El mal lo acosará» 2. «Ha de morir» 3. «Que ofrezca un sacrificio y será perdonado» 4. «Que se arrepienta, reconozca su error y será perdonado»

  • 1. «El mal lo acosará». En el ámbito material-sensorial quien hace el mal se identifica con

el mal y genera más mal. El mal atrae al mal y el bien atrae al bien. Como nos enseñan

nuestros Sabios: Una mitzvá atrae a otra mitzvá, en cambio una transgresión atrae a otra transgresión. En este plano luchamos contra el mal haciendo el bien.

  • 2. «Ha de morir». En el plano emocional quien hace el mal siente que muere para el mundo

espiritual y la sociedad, ya que se desconecta de los principios espirituales y si su conducta

trasciende al dominio público se aisla socialmente. En este nivel el cargo de conciencia induce al arrepentimiento.

  • 3. «Que ofrezca un sacrificio y será perdonado». Sacrificio en hebreo se

dice korbán vocablo que proviene de lekarev-acercar. El sacrificio consiste en acercar a los alejados: la mente con la emoción y la acción. Cuando se piensa una cosa, se siente otra y se hace una tercera, finalmente se sufre. El discernimiento en base a principios superiores, en cambio, des-cubre la conducta que armoniza el pensamiento con la emoción y la acción. Así el código legal judío Halajá- establece la acción que debe realizar el transgresor para restaurar el daño cometido. Entonces se armoniza la percepción material-sensorial, la emocional y mental a través de la acción. Hasta que nuestra intención no se reviste en un acto concreto todo queda en el plano abstracto.

4. «Que se arrepienta, reconozca su error y será perdonado». En este plano se supera la percepción subjetiva y psicológica del mal, ya que la Torá prescribe una acción concreta, asumir una responsabilidad para corregir el daño causado. Cuando actuamos con conciencia que se arrepienta y reconozca su error- se activa todo nuestro potencial y así superamos la especulación intelectual, la fantasía y los cargos de conciencia que nos paralizan. De ahí la importancia del estudio de la Torá y la Kabalá, para que la conciencia de lo que hacemos se expanda permanentemente y no sea sólo activada por el miedo sino por el logro del objetivo de la Creación: alcanzar la Armonía Universal. Entonces surge lo realmente espiritual: la conciencia de la Unidad del hombre con su prójimo y con HaKadósh Barúj Hú. Al actuar en concordancia con los Principios Espirituales nos activamos a través de la Voluntad Superior, que es Su Esencia y la nuestra. Así surge la fusión con Quien da la Torá y la conciencia alcanza la Armonía y surge el Shalom en la conciencia de todos los seres.

Una lógica superior

«Que se arrepienta, reconozca su error y será perdonado». Nuestro sentido común concluye en que el midrash debería expresar primero que reconozca su error y luego que se arrepienta. Sin reconocer un error ¿cómo podemos arrepentirnos? Sucede que Quien da la Torá conoce la naturaleza humana mejor que los seres humanos. Si nos arrepentimos sólo cuando reconocemos nuestros errores nuestro desarrollo tendría límites. Un niño que toma dulces de una tienda no posee conciencia de lo que significa robar. Los padres le enseñan que eso está mal. Posteriormente esa norma incorporada en la conducta del niño lo hace reflexionar y en lugar de reaccionar instintivamente ante lo que desea comienza a prever la consecuencia de sus actos. Así gradualmente descubre que lo que hacía se denomina robar y que esa acción, finalmente, genera el mal para todos. El verdadero arrepentimiento resulta al confrontar principios superiores. El respeto por esos principios y por quienes los enseñan y cuidan genera un grado de discernimiento que no poseíamos. Ahora nos vemos forzados a tomar en cuenta elementos totalmente nuevos, entonces surge la posibilidad de desarrollo. Principios superiores es lo que de una forma u otra consideramos sagrado intocable, como no asesinar, no robar, no adulterar. El esfuerzo en no transgredirlos genera infinidad de pequeñas acciones, como cercos que ponemos ante el fuego para no quemarnos. De ahí el sistema de mitzvót que la Torá nos transmite para que no traspasemos límites que nos enfrentarían cara a cara con las transgresiones capitales expuestas en el Decálogo.

El corazón y la mente

El arrepentimiento lo induce el corazón y el reconocimiento del error la mente. Cuando amamos a alguien, el corazón inspira a la mente a desarrollar las estructuras que den soporte y continuidad a ese amor. El amor que cada individuo profesa por sus seres queridos, su pueblo y su tradición es la expresión de lo esencial, lo que trasciende las palabras, lo que no se puede explicar. Por ello el objetivo de la educación judía consiste en orientar esa fuerza esencial, ese amor, que HaKadósh Barúj Hú introdujo en nuestro corazón de modo que colabore a revelar la Armonía Universal.

Tsav

« Un fuego perpetuo habrá de arder sobre el altar »

El fuego del Mishkán-Tabernáculo no se apagaba nunca, aun cuando se trasladaba y también en Shabat, era perpetuo. El Mishkán como ya estudiamos en otras oportunidades señala al corazón. Así como el fuego del Mishkán es perpetuo también el corazón no interrumpe su trabajo un solo instante. El corazón es el centro de nuestro cuerpo, él es el encargado de implementar la circulación de la sangre propagando la vitalidad a cada rincón de nuestro organismo.

Un buen corazón

La tradición de Israel nos enseña que el mayor potencial humano se halla en un buen corazón. Cuando una persona es bondadosa decimos: tiene un buen corazón. ¿Por qué la Sabiduría de Israel tomó como modelo el corazón y no el cerebro? Del corazón aprendemos uno de los valores judíos más importantes. El corazón cuando trabaja da y cuando descansa recibe. Cuando se contrae abre la válvula aórtica y bombea sangre, cuando la sangre termina de salir se cierra la válvula y recién entonces recibe, a través de la coronarias, la sangre indispensable para su propia necesidad. Así los seres humanos cuando contraemos nuestro orgullo y arrogancia recién entonces percibimos las necesidades del prójimo y podemos realmente ayudarlos. El corazón surte a cada órgano con lo necesario, así el altruista piensa en cada momento en lo que el prójimo precisa y no para hasta que encuentra como ayudarlo. Cuando lo logra entonces se siente completo, ahora puede disfrutar y descansar, pero al igual que el corazón esa pausa es sólo una preparación para poder continuar su labor.

3) Shminí

« Nuestro cuerpo existe dentro de los límites tiempo-espacio y así como todo lo que se encuentra dentro de los dominios de la naturaleza, finalmente deberá morir. Nuestra alma pertenece a un mundo infinito, no conoce límites. El objetivo consiste en eleva

Nadáb y Abihú, hijos de Aharón, ofrecieron un fuego «extraño» que HaKadósh Barúj Hú no había pedido. Entonces surgió una energía que los consumió y ellos murieron.

Cuando tomamos decisiones importantes para nuestra vida o cuando aconsejamos a otros, debemos hacerlo basados en principios superiores y no simplemente en lo que creemos, sentimos y/o pensamos. Cuando se desconoce el orden y el ritmo en que debemos relacionarnos con la vida atraemos situaciones para las cuales aun no estamos preparados:

un fuego «extraño» .

Cuatro sabios «entraron» al PaRDéS: Ben Azái, Ben Zomá ,Ajer (Elishá Ben Abúya) y Rabí Akiva. Ben Azái vio y murió, Ben Zomá observó y enloqueció, Ajer cortó las amarras, Rabí Akiva salió en paz.

Talmud Babli Tratado Jaguigá 14.2

¿Por qué solamente Rabí Akiva logró entrar y salir en paz? En cuanto a los otros tres sabios ¿por qué uno perdió la vida, el segundo perdió la razón y el tercero perdió la comprensión superior abandonando el camino de la Torá? Para descifrar estos interrogantes debemos saber previamente qué es el mencionado «PaRDéS», y qué percibió cada uno de estos sabios.

El prado de la Sabiduría El vocablo PaRDéS significa literalmente prado. Este concepto que aparece en diversos textos tradicionales alude a las cuatro formas básicas de comprensión de la realidad. Las letras de dicha palabra conforman cuatro perspectivas a través de las cuales comprendemos la Torá. La primera inicial del vocablo PaRDéS -indica el Pshát, lo simple, el relato literal de la Torá. La segunda inicial alude al Remez -insinuación- que le da una dimensión más profunda al relato, dado que los personajes, las situaciones y todos los detalles presentados por la Torá , inclusive las letras, nos transmiten un mensaje. La tercer inicial nos indica el Drásh que proviene del verbo lidrósh-exigir. Esta lectura encierra una búsqueda en la cual el hombre exige el significado interior que el texto quiere transmitir. La última inicial del pardés nos indica el Sod, literalmente secreto. El Zóhar define al Sod como causa, ya que quien conoce la causa conoce la consecuencia, es decir el «secreto». El Sod nos revela los Principios Espirituales que rigen todos los ámbitos de la realidad.

Cuatro formas

Ben Azái, Ben Zomá, Ajer y Rabí Akiva nos indican cuatro formas generales de comprensión a que los hombres son proclives de arribar cuando quieren alcanzar la Plenitud de todo lo creado. Ben Azái vio y murió. Este sabio pensó que anulando la relación con el mundo material- sensorial el hombre alcanza el objetivo para el cual fue creado. La realidad material- sensorial es nociva cuando se transforma en un fin en sí misma, entonces se convierte en la fuente de todos los sufrimientos. En cambio, cuando la tomamos como un medio se transforma en el instrumento para que la Plenitud Infinita se expanda en todos los ámbitos de la realidad. La Torá no nos pide anular el deseo, ya que el deseo es el recipiente para recibir la plenitud (sin deseo no podemos disfrutar). La Torá nos enseña la forma correcta de relacionarnos con el deseo: altruismo. Ben Azái obvió el potencial que surge al confrontarnos con el desafío de armonizar todos los planos y aspectos de la realidad, lo cual hace fluir la plenitud a toda la Creación. Ben Zomá observó y enloqueció. Su intuición e imaginación fueron más poderosas que su discernimiento. Ben Zomá fue un sabio que se dedicaba a analizar decenas de veces un concepto hasta comprenderlo en sus detalles e implicancias más recónditas. Es imposible que el hombre aprehenda intelectualmente la medida de todo, ya que la realidad de HaKadósh Barúj Hú es infinita (Ein- Sof). El verdadero conocimiento espiritual trasciende todo límite. El acceso a la realidad espiritual es posible únicamente cuando trascendemos el ámbito de lo mensurable. Esto es similar al amor que para ser completo debe estar por sobre toda medida. Mientras medimos aún no hay amor, hay conocimiento.

Sólo cuando trascendemos la medida llegamos a la entrega, al amor que está más allá de todo límite. Entonces pasamos del conocer al ser. Ajer perdió la comprensión superior abandonando el camino de la Torá. Cuando el discernimiento es usado para justificar la debilidad humana en lugar de superarnos en pos de lo completo -el altruismo- perdemos el objetivo. Este sabio, influenciado por los griegos, realizó su discernimiento acorde al pensamiento filosófico, el cual se basa en adaptar las normas de conducta a las debilidades humanas. En cambio, cuando actuamos en base a principios objetivos- mitzvót, se activa armónicamente todo el potencial humano transformando el deseo de recibir inconsciente en voluntad conciente. La diferencia entre la

filosofía y la Torá reside en que la filosofía cambia nuestra forma de pensar, la Tora cambia nuestra forma de ser.

Rabí Akiva entró en paz, y salió en paz

Rabí Akiva logró la comprensión que nos permite armonizar la relación entre lo general y lo particular, el objetivo y la forma para lograrlo. El pensamiento es el resultado de cómo intelectualizamos la voluntad y el deseo. La voluntad y el deseo limitan o expanden la realidad de los hombres ya que son ellos los que le dan al pensamiento el marco donde actuar y desarrollarse. Esto es determinante hasta tal

punto que grandes sabios, como acabamos de ver, pueden quedar cautivados en diferentes ámbitos de la comprensión, limitando así su percepción de la realidad.

¿Cómo comprender la Kabalá? Los cuatro sabios que nos describe nuestra tradición representan cuatro formas de comprender la Sabiduría de la Kabalá y por lo tanto de aprehender la realidad, en donde sólo la cuarta conduce a la verdadera conciencia. Solamente en ese cuarto ámbito, el Sod (de la Kabalá ), el hombre puede lograr la libertad; siendo que sólo allí se enfrenta al desafío de revelar todo su potencial altruista.

Altruismo, nuestra verdadera esencia

Nuestro mundo finito recibe su vitalidad de un mundo superior-infinito. La recepción de la energía vital sólo es posible cuando depuramos los conductos a través de los cuales esa energía fluye. El altruismo genera la alegría que expande esos conductos y el egoísmo la tristeza que los contrae. Altruismo es el afán de procurar el bien del prójimo aun a costa del propio. Únicamente a

través de este gran esfuerzo la humanidad puede alcanzar la justicia y su armonía, siendo que altruismo es la cualidad de lo completo de HaKadósh Barúj Hú. El altruismo es nuestra verdadera esencia, que es luminosa e infinita; el egoísmo, por el contrario, es lo que nos identifica con lo finito y transitorio. Nuestro cuerpo existe dentro de los límites tiempo-espacio y así como todo lo que se encuentra en los dominios de la naturaleza finalmente deberá morir. Nuestra alma, en cambio, pertenece a un mundo infinito, no conoce límites. El objetivo consiste en elevar lo finito a su dimensión infinita. Nadáv y Abihú poseían un altísimo nivel espiritual, aun mayor que el de Moshé y Aharón, y a pesar de ello fallaron. Nadáv y Abihú señalan la poderosa atracción que ejerce lo infinito sobre los seres humanos. Moshé y Aharón la forma y el ritmo correcto de cómo acercarnos para no atraer situaciones para las que aún no estamos preparados: un fuego «extraño». El extraño a nuestra esencia es el egoísmo, producto de la autosuficiencia que nos incita a distorsionar la forma de implementar los principios espirituales y así, con «las mejores intenciones», nos induce a desvirtuar nuestras auténticas responsabilidades hacia el prójimo. De ahí la importancia de laHalajá -el código legal judío- una elaboración viva, producto de centenas de generaciones de sabios que nos enseñan la forma correcta de relacionarnos con el fuego más poderoso: nuestro deseo de recibir.

4) Tazría

« La energía de la vida manifestada a través de nuestros deseos es poderosísima, como lo es la fuerza del mar. Sin los límites adecuados, el mar puede destruirnos. En cambio, si construimos una represa que lo contenga y regule, esa misma energía puede dar

En el día octavo habrá de ser circuncidada la carne de su prepucio

Cinco niveles de conciencia

El alma posee cinco grados generales de conciencia denominados: Néfesh lo presente: el ámbito material sensorial-, Rúaj -lo inmediato: el plano emocional-, Neshamá -lo cercano:

el pensamiento-, Jaiá lo lejano: la voluntad- y Iejidá -lo trascendente: lo eterno, el plano espiritual-. Lo presente así como lo inmediato y lo cercano, instinto, emoción y pensamiento respectivamente, surgen naturalmente en cada momento de nuestro diario vivir. Lo lejano y trascendente, la voluntad para alcanzar los valores eternos-espirituales, en cambio, exige un

esfuerzo ya que debemos trascender nuestros instintos, emociones y pensamientos supeditándolos a través de la voluntad a principios eternos-espirituales. Estas cinco perspectivas señalan cinco grados a través de los cuales se manifiesta nuestro deseo. Cuando el Néfesh lo presente, la reacción instintiva-, Rúaj -lo inmediato, las emociones-, no se subordinan a la Neshamá: el pensamiento que puede discernir en la voluntad por captar lo trascendente, los seres humanos terminamos por justificarnos y adaptar la realidad a nuestras debilidades en lugar de expandirnos a lo eterno.

La materialización de la realidad Neshamá, el pensamiento, designa el discernimiento que puede aprehender los Principios Superiores. El vocablo Neshamá proviene del verbo respirar y designa el potencial humano que puede ser inspirado y activado por lo trascendente a través de la voluntad.

La actividad del Rúaj (que también significa viento y aliento) atrae la Neshamá de vidas (Nishmát Jaím) a través de las fosas nasales del hombre y lo hace poseedor de un Néfesh vivo. Luego, ese «aliento de luz» se densifica y vitaliza al cuerpo. La energía espiritual nos activa desde lo trascendente y cada ser, de acuerdo a su nivel de conciencia, la capta en la forma particular que le es necesaria para corregir su deseo egoísta. De ahí los diferentes desafíos que cada ser humano debe atravesar en su vida con el objetivo de alcanzar un modo superior de ser. El egoísmo es lo que nos separa de lo trascendente y que, cuando lo transformamos en altruismo accedemos a las formas superiores de ser fusionándonos así a la Fuente Infinita de Vida que es sólo voluntad de dar. A medida que el «aliento de luz» desciende desde los planos superiores luminosos va adquiriendo materialidad, es decir deseo de recibir hasta concretizarse en la respiración y el ritmo cardíaco. Luego, la sangre irriga todos los órganos del cuerpo dándoles vida y transformando dicho deseo en actos concretos. La labor espiritual en la Torá y las mitzvót transforma dichos actos concretos en altruismo. Debido a ello, el trabajo espiritual de Israel se concentra en la dirección superior del aliento y la respiración unificando así toda la multiplicidad del mundo material-sensorial con su Fuente Luminosa, causa y raíz de todo lo creado. De lo contrario disgregaríamos nuestra energía dado que al concentrarnos tan sólo en los procesos respiratorios y sensoriales limitamos la realidad a

nosotros mismos aumentando así el deseo de recibir, el egoísmo. Por esta razón, la denominación que la Kabalá emplea para designar a la energía de vidas es Luz-Or. El vocablo Or indica en sí mismo la dirección y objetivo al cual el hombre debe orientar su voluntad y deseo, la plenitud que abarca todo y a todas las creaturas, la Luz Infinita-Ein-Sof.

Néfesh significa impulso de fuego, la energía que provee calor y movimiento al cuerpo. Se expresa en el Kidúsh del séptimo día: «Shabat vainafásh» cuyo significado es que cesa el movimiento y el trabajo luego de terminada la Obra (la Creación), y llega el descanso (Shabat). El Sabio kabalista el Rabino I. L. Ashlag nos explica que el significado de esta frase es el siguiente: «Luego de finalizada la Creación el Néfesh se pierde dado que ya no hay más necesidad de él» (Or haBahír, pag. 226). Esto sucede porque el Néfesh es la dimensión de la Neshamá relacionado con la vida sensorial. Luego de la reintegración del deseo a su raíz, del klí al Or, también el Néfesh se integra a la Luz y entonces no se lo percibe como ente separado.

Brit Milá-circuncisión Mediante la circuncisión y la limitación sobre sus instintos, el hombre da el primer paso hacia la liberación de la dependencia de los deseos inferiores y egoístas. La energía de la vida manifestada a través de nuestros deseos es poderosísima, como lo es la fuerza del mar. Sin los límites adecuados, el mar puede destruirnos. En cambio, si construimos una represa que lo contenga y lo regule, esa misma energía puede dar luz al mundo entero. El libro «Tikunéi Zóhar» («Mlejet haSulám» pag. bet) nos transmite que mediante la circuncisión liberamos el Néfesh de la influencia más densa del deseo de recibir egoísta. El acto de quitar el prepucio mediante la circuncisión-brit milá señala la liberación del pensamiento, la emoción y los actos de la atracción que ejerce el ámbito material-sensorial cuando se transforma en un fin en sí mismo, impidiendo así la expansión del potencial altruista en todas las dimensiones del ser. El brit milá es una iniciación, pero para que el camino espiritual se concretice debemos sobreponernos a los diferentes aspectos que el egoísmo adopta en cada etapa de nuestra vida. Las tres meditaciones-tfilót diarias: shajarít - minjá - arbít, el Shabat, el conjunto de las festividades anuales: Pesaj - Shavuót - Sucót, etc. y todo el sistema de mitzvót que nos enseña laTorá nos dan el potencial para trascender el egoísmo. De esta forma se crean las condiciones que nos ayudan, si así lo deseamos, a encauzar nuestra energía hacia niveles superiores de altruismo ¿Cómo? Elevando el Néfesh lo presente: el ámbito material sensorial- a través del Rúaj -lo inmediato: el plano emocional- a la Neshamá -lo cercano: el pensamiento- y así discernir y aprehender a Jaiá lo lejano: la voluntad por alcanzar a Iejidá -lo trascendente: lo eterno, el plano espiritual. La energía de los instintos es ese mar, el Néfesh que cuando no aprendemos a encauzarlo adecuadamente es insaciable. En cambio, cuando le damos su justo lugar, nos proporciona la energía para traer Luz y Plenitud a todos los ámbitos de la vida.

5) Metsorá

« La sofisticada sutileza del poder de seducción puede engañar al más Sabio de los seres humanos cuando no discierne a partir de Principios Superiores »

La Torá le otorga importancia vital a lo que decimos. La palabra tiene el poder de elevar al hombre y a su prójimo cuando es empleada correctamente o de causar la degradación de una persona, una comunidad y hasta el mundo en su totalidad cuando es expresada como Lashón hará-calumnia. De ahí todas las mitzvót que la Torá nos transmite para ayudarnos a prevenir el lashón hará que, conciente o inconscientemente, tanto daño puede causar.

La vida y la muerte están en manos de la lengua (Mishlei-Proverbios) Nos enseñan nuestros sabios que si queremos saber en profundidad sobre un tema debemos analizarlo la primera vez que aparece en la Torá y estudiarlo con todas sus implicancias y comentarios tanto de la Torá escrita como la oral (Mishná, Talmud, Halajá, Kabalá, etc.) La primera vez que en la Torá aparece lashón hará es en Bershít-Génesis, en el episodio de la serpiente. La serpiente incita a Javá a comer del árbol prohibido el árbol del conocimiento del bien y del mal-. La serpiente hace razonar a Javá y le dice que es ridículo pensar que HaKadósh Barúj Hú creó algo malo para el hombre. Lo que dice la serpiente es verdad siendo que todo fue creado con Sabiduría y bueno en su tiempo. Pero lo que no le dice la serpiente es que para comer de ese árbol debe adquirir la Sabiduría para saber el momento indicado (en su tiempo).

El desarrollo espiritual

Adám y Javá estaban desnudos en el Gan Eden, ello nos quiere indicar que no tenían vergüenza. La falta de vergüenza se debía a que no percibían en sí carencia alguna. La sensación de carencia es la que impulsa a llenar el vacío. Quien se siente enfermo hará cualquier cosa para curarse mientras que quien se siente saludable no busca remedios. La función de percibir la carencia y buscar la forma de completarla es la forma en que los seres humanos nos desarrollamos espiritualmente. Adám y Javá carecían de ese discernimiento, no percibían en sí carencia alguna por lo que no podían cumplir con la misión para la que fueron creados. Adám y Javá recibían y disfrutaban todo los que había en el Gan Eden, pero para alcanzar el objetivo de la Creación: ser en HaKadósh Barúj Hú, debían transformar su recibir pasivo en dar, en altruismo, Su forma, ellos debían recibir con el propósito de dar.

Las fuerzas que despiertan el deseo

Serpiente en hebreo se dice najásh que proviene del verbo lenajésh-adivinar. Najásh señala las fuerzas que despiertan el deseo y la curiosidad, las cuales son positivas cuando discernimos en base a Principios Superiores, el árbol de las Vidas, la Torá. De lo contrario pueden causar daño y transformarse en un medio para justificar los deseos egoístas. El texto bíblico nos dice sobre el árbol del conocimiento del bien y del mal «asher nejmád haetz lehaskíl» que genera pasión desde lejos, a diferencia de los demás árboles ya que de su ingestión se logra lehaskil-el discernimiento superior: meta última de la creación. A continuación y luego de varios discernimientos Javá tomó del fruto, comió y también le dio a Adám. Nos dicen nuestros Sabios que comieron el fruto cuando aún no estaba maduro,

cuando Adám y Javá no tenían todavía los elementos y el poder para controlar sus impulsos. La Torá, el árbol de la Sabiduría, es lo que nos da los elementos para discernir en el árbol del conocimiento del bien y del mal. El nombre Javá proviene del concepto experimentar (javaiá). La Torá nos enseña cómo discernir correctamente, entonces evitamos la experiencia que puede dañarnos. Así como los padres que aman a sus hijos les transmiten su sabiduría y experiencia, así la Torá nos transmite mitzvótpara que sepamos cómo discernir y no adelantar situaciones para las cuales aún no estamos preparados.

El desafío de la serpiente

La sofisticada sutileza del poder de seducción puede engañar al más Sabio de los seres humanos cuando no discierne a partir de Principios Superiores. Superar el desafío de la serpiente y el árbol del conocimiento del bien y del mal es lo que nos da la sabiduría y la experiencia para desarrollarnos espiritualmente. Si Adám y Javá hubieran probado primero

del árbol de las Vidas -la Torá- podrían haber discernido correctamente en el árbol del conocimiento del bien y del mal, entonces la Creación hubiera tomado un rumbo diferente. Así sucede en el mundo y en la vida de cada ser humano: con las mejores buenas intenciones no es suficiente para evitar el lashón hará y el daño que directa o indirectamente puede causar. Precisamos de Principios Superiores Torá- entonces nuestra vida y el mundo podrán adquirir una dimensión superior.

Bamidbar

Los seres humanos somos activados por un impulso esencial a trascender los límites, el tiempo, el espacio, a superar la muerte.

La dualidad humana

El hombre puede tomar decisiones de dos formas: 1) Discerniendo entre lo que lo hace sentir bien y lo que lo hace sentir mal. 2) Discerniendo entre lo verdadero y lo falso. La primera opción es el producto de las resoluciones impulsivas basadas en los instintos, en la información que recibimos a través de los sentidos. El discernimiento sensible se basa en la impresión que nos causan las formas, los colores, los aromas, los gustos, etc. Aunque pueda parecer muy elaborado se basa en última instancia en los sentidos y desemboca en una forma de valorización de la realidad a partir de sensaciones. Lo que creo, lo que siento y no lo que es objetivamente la realidad. La segunda, en cambio, es la que nos eleva por sobre el reino animal, ya que requiere de un proceso que involucra una serie de causas y consecuencias de resolución no inmediata y por lo tanto de pensamiento abstracto. El hombre es la única creatura que posee escritura y memoria histórica. La búsqueda de la verdad es exclusiva del ser humano.

Cuerpo y alma Los seres humanos somos parte del mundo material pero también le somos extraños, ya que poseemos el potencial de trascender la naturaleza y de modificarla. Tanto a la naturaleza exterior, ríos, montañas, etc., como a la interior, nuestras debilidades y tendencias personales. El ser humano es la única creatura capaz de algo semejante, eso se debe a que el potencial del alma humana es infinito y por ello está por sobre el mundo que es finito. Nuestro cuerpo esta conformado por las mismas substancias que el mundo. Como está expresado en Bereshit (el libro del Genesis): del polvo fuiste sacado y al polvo volverás.

Ello nos otorga, como al resto de la creaturas, la percepción sensible. Pero el alma pertenece a otra dimensión, a la espiritual, de ahí el potencial humano de poder discernir en el ámbito inteligible.

No hay imposición en lo espiritual

El funcionamiento del plano espiritual es análogo al amor, cuando surge la imposición significa que en lugar de amor y espiritualidad hay deseo egoísta. Imponer es un síntoma de temor y debilidad, quienes carecen de los principios espirituales utilizan la fuerza para imponer lo que ellos creen y/o sienten: la percepción sensible separada de la inteligible: la ley de la selva, donde sobrevive el más fuerte. Sólo el estudio de los principios superiores, la meditación y reflexión espiritual conducen a los actos de bien que inspiran a los seres humanos a sobreponerse al mero discernimiento sensible y a unirse en pos del bien común. Ello fue, es y será lo que en definitiva

sobrevivirá ante todas las formas que el egoísmo adquiera en nuestro camino en pos de la Armonía Universal.

Religión o espiritualidad El hombre posee un deseo infinito y un cuerpo finito. Lo finito no puede contener a lo infinito. Formar una familia, desarrollar un proyecto, ser parte de un pueblo, una tradición, etc. son las formas en que el hombre concretiza ese impulso y se proyecta más allá de lo inmediato, a una dimensión atemporal y aespacial. Toda civilización surgió de a partir de ese impulso esencial, pero cuando lo inmediato, el egoísmo, eclipsa lo trascendente la espiritualidad se burocratiza y surge la religión. El vocablo religión proviene del latín re-ligare y significa volver a ligar aquello que ha sido desconectado. Este concepto no aparece en los textos de la tradición hebrea ni en nuestra tradición oral hasta la Edad Media. En este período los sabios judíos se vieron presionados a tomar parte en confrontaciones verbales a fin de demostrar la validez de la espiritualidad del pueblo de Israel. A raíz de ello Sabios tales como el Rabino, Médico y Poeta Iehudá Halevi (siglo X) en su libro «El Cuzarí» y Maimónides (siglo XIII), específicamente en su «Guía de los Perplejos», se vieron forzados a declarar que la Torá de Israel es también una religión. Para ello recurrieron al vocablo Dat , que significa norma e iniciación.

Principios espirituales

La espiritualidad de Israel consiste en la iniciación en las normas-mitzvót (no codiciar, no asesinar, etc.) que nos guían a sobreponernos a nuestros instintos y transformar los deseos egoístas en voluntad altruista. Las mitzvót son los Principios Objetivos Espirituales, como las leyes que rigen la naturaleza que el hombre no inventa sino que des-cubre, a partir de las

cuales se estructura armónicamente las relaciones del hombre con el prójimo y con la Energía Infinita que nos vivifica y que codificadas nos son transmitidas a través de la Torá . La palabra religión no es adjudicable al judaísmo, puesto que confunde y lleva a interpretarlo en base a doctrinas ajenas. El concepto religar implica el acto de volver a ligar dos o más cosas separadas. Así como nuestro hogar está conectado a la usina central de electricidad, así la Creación está permanentemente unida a su Fuente Infinita, de lo contrario no tendría existencia. La electricidad que activa los artefactos hogareños y la generada por la usina son en esencia la misma, la diferencia radica en la intensidad y forma en que se manifiesta. La Torá especifica que todos los aspectos de la vida son diversos

grados de una misma y única realidad Infinita, Ein-Sof, por ende contiene todos los estados posibles y es ilimitada e indivisible. La Creación es el proceso temporal-espacial, necesario, a través del cual el alma toma conciencia de su identidad y origen. Pero nuestra esencia, el alma, existe eternamente en un plano infinito, Ein-Sof. Allí es donde realmente somos, en HaKadósh Barúj Hú, hasta entonces el tiempo va consumiendo nuestra identificación con lo ilusorio hasta que finalmente tomamos conciencia de lo esencial, lo eterno e infinito.

¿Discrepancias de forma o de contenido?

La forma de implementar una ideología nos revela sus objetivos. En lo espiritual como en el amor la imposición no es efectiva. Tanto en el uno como en el otro es el libre albedrío, la decisión personal el único modo de alcanzar auténtica espiritualidad. Todos fuimos creados por la misma Energía Creadora, sólo que cada civilización lo articula

en su forma característica y le adjudica nombres particulares. A ese nivel la discusión sería semántica. Pero, más allá de las denominaciones que cada cultura le adjudique a lo que considera esencial, a la realidad espiritual, es la forma de implementar esos ideales lo que revela la veracidad de los objetivos. Cuando una civilización transmite sus ideales por imposición religiosa, como la inquisición o las «guerras santas» y no a través de una educación espiritual está revelando sus debilidades su temor e impotencia en inspirar a los seres humanos y en última instancia su falta de espiritualidad.

La valentía de vivir

El funcionamiento correcto de cualquier organismo y/o sistema se basa en la forma en que procesa la información. A nivel de la conciencia humana el procesamiento sería cómo la mente discierne la información que recibe. Cuando una civilización pierde la conciencia del objetivo humano todos sus sistemas educativos, que son los destinados a enseñar a discernir correctamente, se tornan obsoletos. Entonces el sentimentalismo, la imposición y el egoísmo ocupan el lugar de la conciencia, así la burocracia religiosa ocupa el lugar de la auténtica espiritualidad y los gobiernos se tornan corruptos en lugar de incentivar el altruismo. El amor por la vida es la esencia del alma lo que nos da la valentía de vivir intensamente y de arriesgarnos por un ideal. El terror suicida asesino o el asesinato en nombre de «valores espirituales», en cambio, incentiva el odio por la vida.

Altruismo, nuestra verdadera esencia

Nuestro mundo finito recibe su vitalidad de un mundo superior-infinito. La recepción de la energía vital sólo es posible cuando depuramos los conductos a través de los cuales esa energía fluye. El altruismo genera la alegría que expande esos conductos y el egoísmo la tristeza que los contrae. Altruismo es el afán de procurar el bien del prójimo aun a costa del propio. Únicamente a través de este gran esfuerzo la humanidad puede alcanzar la justicia y su armonía, siendo que altruismo es la cualidad de lo completo de HaKadósh Barúj Hú. El altruismo es nuestra verdadera esencia luminosa e infinita; el egoísmo, por el contrario, es lo que nos identifica con lo finito y transitorio. Nuestro cuerpo existe dentro de los límites tiempo-espacio y así como todo lo que se encuentra en los dominios de la naturaleza finalmente deberá morir. Nuestra alma, en cambio, pertenece a un mundo infinito, no conoce límites, ya que sabe que es infinita, de ahí la poderosa atracción que lo infinito

ejerce sobre los seres humanos. Pero es necesario aprehender la forma correcta para que este mundo se transforme en el espacio adecuado para ayudar a los hombres a revelar armónicamente lo esencial e indestructible, lo realmente infinito.

Bamidbar, en el desierto

El libro Bamidbar relata la travesía del pueblo de Israel por el desierto en su preparación para entrar en la Tierra Prometida. Esta travesía señala el itinerario espiritual del alma hasta alcanzar la conciencia superior. De esa generación que salió de Egipto sólo los menores de 20 años entrarán en la Tierra de Israel, quienes la idolatría pagana, «la religión de Egipto», sólo había afectado parcialmente en su forma de discernir. En cambio, los mayores de 20 años ya no podían diferenciar entre el discernimiento galútico y la percepción judía de la realidad que recibieron a través de la Torá. El galút aún era parte del estado espiritual de esa generación, por lo que no podían alcanzar el nivel espiritual que los hacía aptos para acceder a la tierra de Israel. Pero esa generación del desierto pensó más allá del momento, pensó en la continuidad y ese objetivo les dio la fuerza para formar a los primeros habitantes de Eretz Israel hace más de 3300 años. De una generación que conoció la amargura de la esclavitud surgieron los padres y abuelos de la generación que sí logró esa conciencia superior que unifica a la Tierra con el Pueblo y con la Torá, la conciencia de HaKadósh Barúj Hú en toda su dimensión. La Torá nos enseña que no importa qué tenemos y qué somos, ricos pobres o aún esclavos, lo importante es qué hacemos con ello. Esa es la grandeza de la Torá que le da al hombre la fuerza para ver más allá de sí mismo, la generación del desierto, del galút, reconoció sus límites e invirtió sus esfuerzos en que sus hijos alcancen lo que ellos no podían alcanzar. Ese es el secreto de quien sabe que su alma es infinita, el altruismo que hace que cada judío discierna a partir del objetivo, del futuro, a tal punto que está dispuesto a trascender sus intereses personales en pro de los ideales espirituales que guían a la humanidad a la Armonía Universal. Sólo laTorá es capaz de revelar ese potencial humano y unir a todas las generaciones bajo un objetivo común. El Zóhar nos dice 2000 años atrás que la Sabiduría Interior de Israel, la Kabalá se revelará finalmente en su totalidad, y el pueblo de Israel pondrá fin a su exilio que es básicamente de carácter espiritual y así el mundo comenzará ha retornar a su estado original en donde se cumplirá la profecía de Isaías: «Y convertirán sus espadas en arados, y sus lanzas en hoces. No levantará espada nación contra nación, ni se entrenarán más para la guerra».

2) Behaalotjá

Habló IHV”H a Moshé diciendo: Dile a Aharón que cuando encienda las siete lámparas de la menorá-candelabro lo haga de modo que iluminen hacia el frente.

La conciencia

El cerebro y la mente serían como la computadora y su sistema operativo respectivamente. Tanto en la computadora como en nuestra mente podemos «cargar» los programas que deseemos, o sea diferentes formas de estructurar y percibir la realidad. Esta interacción es la que genera nuestros pensamientos. Pero la computadora es sólo una máquina, no discierne en la información que recibe y tampoco busca un sentido a su «existencia». El ser humano posee conciencia y ello lo impulsa a buscar la verdad. Una de las definiciones de conciencia que da el Diccionario de la Real Academia es:

«Conocimiento interior del bien y del mal».

Acumular información o actuar instintivamente, poseer un cerebro y una mente no es garantía de desarrollar conciencia, debemos activarlos correctamente.

La menorá-candelabro también es un mecanismo de tubos donde se vierte el aceite pero si no se enciende e ilumina no pasa de ser un simple objeto decorativo. Lo mismo sucede con el hombre, mientras no «se encienda» e ilumine al prójimo no es más que un sofisticado mecanismo de carne y hueso. ¿Cómo surge la mente humana? y ¿Cómo surge la conciencia?

La experiencia sensorial

La ciencia nos enseña que el cerebro gobierna las actividades motoras y sensoriales utilizando sistemas de células llamadas neuronas. Las neuronas se encargan de elaborar y transmitir los mensajes a todo el organismo. Esto le brinda al cerebro información del cuerpo y de su entorno físico. Pero, ¿qué sucede con los aspectos emocionales e intelectuales, aquellos que nos diferencian de los reinos mineral, vegetal y animal y que nos permiten desarrollar escritura, sentido de la historia, plantearnos la necesidad de conocer los principios del universo, lo trascendente? Aunque se sabe en cuales zonas del cerebro se producen las representaciones visuales, auditivas o el lenguaje, la ciencia no sabe cómo se logra la representación de nuestros pensamientos y sensaciones. Los pensamientos y los sentimientos así como las sensaciones pueden ser inducidos, detenidos o alterados química y eléctricamente. Ello produce señales que pueden ser codificadas mediante técnicas como la tomografía. La conciencia, tomada desde esta perspectiva, sería apenas la de la experiencia sensorial, la conciencia corporal.

Dos mundos en armonía

El cerebro humano está conformado por dos hemisferios. El izquierdo es el dominante en la mayoría de las personas, es el que se relaciona con la facultad del lenguaje, matemática y lógica. El hemisferio derecho con la música, las artes, la intuición. Hasta el momento, los científicos han descubierto que la mayoría de nuestras percepciones conscientes se generan en la mitad izquierda. Estas dos mitades del cerebro están interconectadas, y de ser cortada dicha conexión la parte izquierda no tendría acceso a la derecha y viceversa. Con el propósito de corregir ciertos trastornos (en casos específicos mediante cirugía) se desconectan estos dos hemisferios cerebrales. A simple vista ello no afecta el comportamiento de los pacientes; nadie puede notar la diferencia entre ellos y el resto. La diferencia es tan sutil, que sólo es detectable a través de una prueba muy peculiar. Se sitúa al paciente frente a una pantalla y sobre una mesa se colocan algunos objetos.

Inmediatamente sobre la región izquierda de la pantalla se proyecta fugazmente uno de los objetos depositados sobre la mesa. Nuestro sistema visual está conformado de tal modo que cuando la imagen se proyecta sobre la mitad izquierda de la pantalla es percibida por la mitad derecha del cerebro. Tras la pregunta de qué vio sobre la pantalla, el encuestado responderá que no ha visto absolutamente nada. De acuerdo a lo antes expuesto, la mitad consciente del cerebro que genera el lenguaje es la izquierda y consecuentemente no «vio» nada, pues al no tener acceso al lenguaje no puede nombrarlo, no toma conciencia y le pasa desapercibido. La imagen llegó sólo a la mitad derecha del cerebro. Dado que la mitad izquierda está

desconectada de la derecha no pudo recibir la información, entonces la persona no tomó conciencia y contestó que no vio nada. Seguidamente se le pide al paciente que levante de la mesa el objeto que corresponde a la imagen que vio proyectada. Entonces la persona extiende su mano izquierda (controlada por la mitad derecha del cerebro) y levanta el objeto correspondiente. La mitad del cerebro que vio y actuó (derecha) no es la misma que contestó la pregunta (izquierda). La persona contestó con seguridad que no vio nada sobre la pantalla y que levantó el objeto porque se le ocurrió. Este simple experimento ilustra el concepto de lo que significa conciencia. Ambas personas realizan la misma acción por la misma razón, o sea, la orden de escoger el objeto proyectado sobre la pantalla. La diferencia reside en que el paciente que posee sus hemisferios cerebrales desconectados no tiene acceso consciente a la causa de su actitud, cree que él mismo decidió levantar el objeto. Las personas que no fueron sometidas a dicha intervención tienen plena conciencia de la causa de su acción y saben que no fue inducida por ellos mismos.

Conciencia y lenguaje

La conciencia surge a partir de un lenguaje que pueda describir la realidad que percibimos:

allí donde nuestro lenguaje no posee alcance no poseemos conciencia. El lenguaje es el instrumento y la mente es el espacio donde el hombre puede discernir sus pensamientos. Nuestra tradición (Séfer haIgaión, etc.) nos enseña que la percepción de la realidad se puede dividir en dos aspectos:

  • a) Lo sensible, alcanzable o cognoscible mediante los sentidos: el ámbito material-

sensorial.

  • b) Lo inteligible, alcanzable mediante la inteligencia:

los ámbitos mentales y espirituales.

Las formas exteriores estimulan los sentidos, otorgándole al hombre la percepción del ámbito material-sensorial. Sin embargo, cuando nuestro lenguaje no trasciende el ámbito material-sensorial limita al hombre a lo inmediato y empírico, o sea a los efectos que producen las impresiones exteriores en sus sentidos. La percepción mental y espiritual, en cambio, es el resultado de un proceso de discernimiento inteligente que desemboca, finalmente, en una comprensión más amplia de la realidad. Ejemplo: Cuando observamos un espacio iluminado concluimos en que debe haber una fuente luminosa de donde proviene dicha luz. La percepción mental y espiritual tiene el potencial de «ver» más allá de lo inmediato estableciendo una relación objetiva de causa- consecuencia en todos los ámbitos de la realidad. Cuando el hombre activa dicha forma de percepción comienza a expandir su conciencia, siendo que ahora ya no limita la realidad a meros efectos, sino que puede acceder paulatinamente a las causas y luego al objetivo que hay por sobre el ámbito material- sensorial.

El discernimiento

La función del intelecto es captar la verdad a través de un discernimiento basado en Principios Universales Objetivos que nos permita mayor certeza de que lo que captamos es correcto. El intelecto debe poder discernir y comprender cada acto y objeto en relación a los demás, para lo cual tendrá que efectuar dos acciones simultáneas: diferenciar y asemejar. Ambas son siempre realizadas en relación a un modelo. En el caso del judaísmo, el modelo es la fuente infinita del altruismo: HaKadósh Barúj Hú. De ahí que toda educación judía auténtica debe brindar los elementos necesarios para distinguir entre los actos que acercan y aquellos que alejan del altruismo.

Una conciencia única

La menorá-candelabro debe estar hecha de una sola pieza, o sea una conciencia única. La menorá representa al ser humano. Sus 7 brazos y los 3 pies en que se apoya señalan nuestra estructura perceptiva. Los 7 brazos están conformados por 3 tubos en «U» y uno central que desciende hasta la base donde se bifurca formando los 3 pies que le sirven de apoyo. El tubo exterior en forma de «U» representa los dos oídos, el intermedio a los ojos, el interior a las narinas y el tubo central a la boca que desciende y se ramifica en los tres orificios inferiores, umbilical, anal y genital. Ello nos enseña que nuestra percepción espiritual -la luz de las 7 lámparas, los orificios de la cabeza- depende de nuestra conducta moral y viceversa, la base de la menorá sus 3 pies -los orificios umbilical, anal y genital-. Los 7 brazos y los 3 pies señalan las 10 sefirót, base de todo el lenguaje de la Kabalá. Éste lenguaje designa en forma precisa los diversas modos en que podemos percibir la realidad espiritual. Así como el compositor puede plasmar en la partitura sus aprehensiones musicales así el estudioso de la Sabiduría e la Kabalá no deja pasar inadvertida la realidad espiritual, o sea que a través del lenguaje de la Kabalá aprendemos a articular y por lo tanto a tomar conciencia de la realidad en toda su dimensión.

Un lenguaje ancestral

Los Sabios y Profetas de Israel siempre cultivaron el estudio que da acceso al lenguaje de la conciencia. Por ello el concepto religión, que significa religar o de cierta forma volver a tomar conciencia, sólo fue comenzado a utilizarse cuando fuimos forzados a explicar nuestra espiritualidad a otras culturas. Para los Sabios y Profetas de Israel su «conexión» no está basada en una creencia sino en una Sabiduría que logra articular conscientemente la realidad espiritual. Por ello Israel nunca denominó a su espiritualidad religión (religar) o sea volver a unir aquello que fue separado. El lenguaje de la Kabalá posee el potencial de articular aquello que es materia de puro conocimiento, sin intervención de los sentidos, la realidad inteligible. Su dominio señala que la conciencia y por ende el deseo llegó a su máximo desarrollo, ya que nuestra conciencia se expande en lo que deseamos. Ello sucede sólo en el ser humano, siendo que el reino mineral, el vegetal y el animal no fueron dotados

con la facultad de abstracción que le permite al hombre captar relaciones lejanas de causa y consecuencia. El hombre posee el potencial de desear lo infinito y de alcanzar, a través del discernimiento, la conciencia de la realidad espiritual.

Shlaj Lejá

Libertad y dignidad son principios que gran parte de la humanidad considera la base de toda sociedad que se considere justa. Pero debemos recordar que no siempre fue así. La ignorancia y el miedo generadoras de aquellos imperios paganos e idólatras basados en el

sacrificio humano, la esclavitud y el abuso resurgen a través de toda la historia y no siempre son catalogados y condenados en su justa medida.

Cuando una sociedad sacraliza la muerte, sus «líderes» mantienen al pueblo en la ignorancia bajo gobiernos demagógicos sin sistemas de justicia ¿no es eso acaso una versión actualizada de aquel mismo paganismo e idolatría revestido en supuestos nacionalismos y pseudo espiritualidad?

Muchos analistas definen el período histórico que estamos viviendo como un conflicto de civilizaciones, cuya causa es la falta de valores compartidos. ¿Cómo se puede compartir valores con quienes los distorsionan?

Shlaj Lejá

Moshé envía a un grupo de 12 hombres a explorar Cnáan, la futura Eretz -Tierra de Israel. A su regreso, ellos relatan que realmente esa es la tierra que mana leche y miel y sus frutos son de un tamaños y una calidad fuera de lo común. Pero 10 de los 12 exploradores argumentan que los pueblos que habitan allí son muy fuertes e imposible de doblegar . Ellos se quejan ante Moshé y Aharón creando inseguridad en el pueblo y expresan: Para que afrontar tantos riesgos, todo este camino a través del desierto, mejor sería volver a la «seguridad» de Egipto.

La tierra de Abraham, Itzják y Iaacóv La Tierra de Cnáan es la futura Eretz-Tierra de Israel. El vocablo Cnáan posse similar raíz gramatical que el verbo lehajnía cuyo significado es doblegar, derrotar, vencer. El término eretz-tierra nos indica la voluntad y el deseo (trabajamos la tierra para que nos dé su fruto). En la tierra de Cnáan vivían 7 naciones (Deuteronomio 7:1) que practicaban el sacrificio humano y todo tipo de abominaciones. El pueblo de Israel tuvo que doblegarlas y así Cnáan se transformaría en la Tierra de Israel, la que HaKadósh Barúj Hú le prometió a Abraham, Itzják (…es a través de Itzjak que tu descendencia portará tu nombre -Génesis 21:12-, …confirmaré Mi pacto con Itzják como Pacto Eterno para con su descendencia - Génesis17:19-) y posteriormente su nieto Iaacóv padre de las doce tribus de Israel y toda su descendencia.

Siete medidas

Las 7 naciones representan 7 medidas del deseo manifestadas en forma egoísta, las cuales impiden que nuestro altruismo -atributo de Israel (ver Vaishlaj)- se manifieste. Las estructuras septenarias: 7 influencias astrales (Sol, Mercurio, Venus, Luna, Marte, Saturno y Júpiter), los 7 días semanales, los 7 orificios de la cabeza (2 ojos, 2 oídos, 2 fosas nasales y boca), etc., conforman las coordenadas tiempo-espacio a través de las cuales nuestro deseo se expresa. El desafío humano consiste en neutralizar las influencias negativas, representadas por estas 7 naciones o tendencias interiores conformando así el espacio para que nuestro deseo se manifieste constructivamente.

"Les daré corazón para que Me conozcan

"

. . .

Los 12 exploradores que Moshé envía a la tierra de Cnáan representan 12 formas de discernimiento temporal-espacial inteligibles que nuestro corazón adopta para conocer (los 12 meses y las 12 tribus).

Cada día y a cada instante estamos expuestos a diferentes impresiones mentales, emocionales, visuales, auditivas, etc. que inciden poderosamente sobre nuestro deseo. La mayoría de las personas asimilan casi automáticamente la información que reciben sin efectuar ningún tipo de evaluación. Solamente a través de un sistema educativo que nos enseñe a direccionar conscientemente nuestro discernimiento en pos del BIEN solucionaremos correctamente los dilemas en forma civilizada. A partir de allí podremos comenzar el trabajo de doblegar a estos 7 pueblos que habitan en nuestro interior y neutralizan nuestro potencial altruista. Las mitzvót son los actos que nos activan temporal y espacialmente (Shabat, Jaguim, Kashrút, conducta altruista, etc.) con el objeto de que nos enfrentemos conscientemente a las influencias temporales, la emocionalidad fluctuante y astral venciendo así nuestra percepción egoísta de la realidad y la vida. De este modo arribamos al nivel en donde el tiempo y el espacio no son más que coordenadas, a través de las cuales nuestra voluntad se expande para poder aprehender SU forma: el altruismo. El altruismo es la fuerza civilizadora, la que no depende de estados de ánimo ni de sentimientos pasajeros, sino que es una actitud de permanente conciencia en base a Principios Universales y Objetivos.

El único conflicto El Cristianismo primero y el Islam posteriormente se inspiraron en los Principios Civilizadores que nos legaron los profetas de Israel. Muchos de esos principios los podemos encontrar en las tradiciones espirituales y filosóficas de los diferentes pueblos que integran la gran familia humana. Estas culturas tomaron los objetivos de la tradición escrita de Israel, pero «ignoraron» el sistema para implementarlos transmitido a través de la tradición oral de Israel. Mishná, Talmud, Kabalá, Halajá, etc. recogen la tradición oral, que es miles de veces más extensa que la escrita, especificándo en forma precisa los códigos de comportamiento que conducen a superar y diluir toda forma de paganismo e idolatría. En la óptica de muchos intelectuales los conflictos que estamos atravesando serían la consecuencia de la falta de valores compartidos. ¿No será que estos conflictos surgen de la distorsión de esos Principios Universales y el único conflicto que azotó y aún acosa a la humanidad es el de la imposición egoísta en oposición de la fuerza civilizadora representada por los valores altruistas originales de la Torá?

Sabiduría y bondad, paz y justicia La libertad y la dignidad surgen cuando actuamos en armonía con los Principios Universales y Objetivos (no codiciar, no robar, no asesinar, no adulterar, el respeto por la vida, etc.). Los 2 exploradores que concibieron la viabilidad de entrar y vivir en la Tierra de Israel, o sea de construir un mundo basado en el altruismo, representan a nuestro discernimiento cuando es capaz de ver un orden superior. Uno de ellos fue Iehoshúa Bin Nun quien continúo, luego de Moshé, liderando al pueblo de Israel y lo condujo a su Tierra, la Tierra de Israel. La letra Nunde Iehoshúa Bin Nun sumada a las letras de Moshé resulta el

vocablo Neshamá, la conciencia superior del alma capaz de conducirnos a la Tierra que emana leche y miel, la destinada desde el principio de los tiempos a irradiar sabiduría y bondad, paz y justicia hacia el mundo todo: la Tierra de Israel.

Kóraj

Kóraj junto a 250 líderes comunitarios se presentaron delante de Moshé y Aharón exigiendo reestructurar ciertos principios de la Torá (Zóhar - Parashát Kóraj HaSulam). Moshé les explica que sus exigencias son contrarias a los Principios Espirituales. Kóraj y sus seguidores no aceptan sus argumentos y lo desafían. HaKadósh Barúj Hú le dice a Moshé que la comunidad debe alejarse de los rebeldes. Inmediatamente se abrió la tierra y los tragó. Los sobrevivientes comenzaron a murmurar contra Moshé, responsabilizándolo de la muerte de Kóraj y sus partidarios, entonces una plaga mató a otras catorce mil setecientas personas. Borrándose así el recuerdo de Kóraj y todos sus seguidores de la congregación de Israel.

Nuestro nacimiento y la vida son fenómenos independientes a nuestra voluntad. No pedimos nacer ni existir. A su vez, toda persona normal ama la vida. El fenómeno de la existencia engloba dos componentes, uno pasivo: el nacimiento y la vida y otro activo: el amor por la vida. El amor que cada individuo profesa por sus seres queridos, su pueblo y su tradición es su forma de relacionarse con lo esencial, lo que trasciende las palabras, aquello que no se puede explicar, como la vida misma. Cuando amamos, el corazón inspira a la mente a desarrollar las estructuras que den soporte y continuidad a ese amor. El objetivo de la educación judía consiste en orientar esa fuerza esencial, ese amor, al ámbito de la unidad donde comprendemos que nuestras diferencias son exteriores, secundarias, y que en última instancia todos somos parte de la misma Realidad Infinita. El único bien posible es aquel que nos incluye a todos. En hebreo Amor-Ahava y Uno- Ejad poseen el mismo valor numérico, 13. La Torá nos enseña que 13 son las medidas con las que se gobierna y comprende al mundo, 13 señala el Amor Superior, el altruismo, la única energía capaz de unificar y armonizar a los opuestos.

Re-conociéndonos Conciencia es la propiedad del alma de ir re-conociéndose en HaKadósh Barúj Hú, ya que «allí está» su origen e identidad. Así como los cuerpos y objetos materiales se separan temporal y espacialmente, las almas -entes incorpóreos- se separan cuando poseen objetivos disímiles. Cuanto mayor es la diferencia en el

objetivo, mayor será la distancia espiritual y, por lo tanto, diferente será la conciencia de la realidad. Por el contrario, cuando se comparte el mismo objetivo surge la unidad, la fusión en todos los ámbitos. Así cada alma, cuando des-cubre el deseo altruista, el bien colectivo, aun al hallarse cada una revestida en diferente cuerpo manifiesta un aspecto de la realidad infinita.

Memoria colectiva Los recuerdos son los componentes fundamentales de la identidad. Un individuo, una familia, una nación no pueden existir como tales sin memoria. Cuanto más recuerdos más intenso será el sentido de pertenencia e identidad. De ahí la insistencia de la Torá en mantener vivo el recuerdo: Recuerda el día que saliste de Mitzráim-Egipto todos los días de tu vida. No te olvides lo que vieron tus ojos el día que estuviste frente a HaKadósh Barúj Hú en Jorev (la entrega de la Torá). Recuerda el día de Shabat para santificarlo. Recuerda el acto de la Creación, etc. Recordar es evocar algo que conocemos. La Torá nos pide que recordemos las situaciones arquetípicas que activan el anhelo esencial del alma. Cuando las evocamos activamos nuestra memoria colectiva y, entonces, tomamos conciencia de nuestra identidad.

La conciencia de ser

Solamente en el Uno, en HaKadósh Barúj Hú «somos», pero para saberlo y serlo debemos recuperar esa conciencia. ¿Cómo hacerlo? Activando el lenguaje que evoca y activa ese recuerdo El estudio de la Torá, de la Kabalá y el desafío de realizar actos de bien- mitzvót nos da el lenguaje y las vivencias que activan nuestra memoria y el recuerdo de quiénes realmente somos.

¿Cómo percibir la realidad?

Podemos adoptar dos formas generales de percibir la realidad, una objetiva:

superar nuestras debilidades y otra subjetiva: justificarlas. Kóraj fue subjetivo, ello lo condujo a distorsionar la realidad espiritual, quiso «hacernos recordar» algo que no es verdad y por ello la tierra lo tragó. El Midrásh nos enseña que la boca destinada a tragar a Kóraj fue creada antes del mundo, o sea que todo lo que no esté dentro del Plan Universal finalmente

desaparecerá.

Torá: un objetivo universal

Los seres humanos fuimos creados con un propósito: ser cada vez mejores, más

altruistas. Cuando incentivamos sistemas educativos que justifican la debilidad humana en lugar de superarnos perdemos la conciencia de nuestro objetivo. La historia

demostró cómo grandes culturas desaparecieron y la sociedad degenera cuando la educación no consigue fortalecer la voluntad para que supere los instintos y deseos inferiores. La Torá y las mitzvót, en cambio, mantienen al ser humano alerta con respecto a esas formas de vida protegiendo a la humanidad para que el «antídoto contra el egoísmo» siga su camino. La Torá abarca setenta grados de comprensión y aplicación de las mitzvót, y no setenta interpretaciones como muchas veces se ha dicho. Debajo de estos setenta grados ya no hay más Luz sino que es todo oscuridad, egoísmo y autojustificación. En cambio, cuando ascendemos sobreponiéndonos a nuestras debilidades, cada grado es un nivel más intenso de la Luz Infinita. Tales grados son peldaños espirituales por los que el alma asciende gradualmente al ir transformando su deseo egoísta en altruismo, hasta finalmente ser en HaKadósh Barúj Hú.

Saber para Ser

Desde la perspectiva judía, el saber, lo intelectual, no es un fin en sí mismo, sino

un medio para desarrollar nuestra potencialidad de dar y beneficiar. El verdadero Sabio judío es el hombre que dedica su vida a profundizar en el estudio y la práctica de las leyes que logran armonizar al hombre con su semejante y con la Energía Infinita que nutre a toda la realidad. La Energía Infinita puede revelarse de dos formas: manifestando todo su potencial o gradualmente. HaKadósh Baúj Hú creó el mundo mediante la medida, entonces graduó su potencial infinito lo cual generó etapas y medidas a partir de las cuales nosotros podemos conocer y conocerLo estableciendo relaciones lógicas de causa y consecuencia. El conocimiento de esa sabiduría - Kabalá- es la llave para ser plenamente. La Kabalá es la Sabiduría que puede librarnos de las dudas y del creer sin argumentación lo cual genera ignorancia, miedo, y finalmente egoísmo. El desconocimiento de la sabiduría de la Kabalá fue y es la causa de que generaciones enteras busquen respuestas a sus interrogantes en la mística y en una intelectualidad sin corazón. Dichas respuestas conducen a una pseudo espiritualidad y a concluir que el mundo es caótico y regido por el azar. Así fue sistemáticamente desvirtuándose el judaísmo y provocando el desconocimiento de los objetivos de la Torá de Israel.

No hay nada nuevo bajo el sol El Rey Shlomó en su libro Kohélet (Eclesiastés) describió la vanidad en la que se ven sumidos los individuos que se encuentran distantes de la verdadera sabiduría y lo errado de sus caminos, consecuencia de su ignorancia. Quien contempla el mundo exteriormente, aparentemente no hay un orden ni tampoco justicia. Pero la sabiduría de la Kabalá nos permite entender el porqué de toda situación de modo profundo y abarcativo demostrándonos cómo todo

proviene de HaKadósh Barúj Hú y es parte de un proceso que tiene como objetivo revelar finalmente el bien absoluto.

5) Jukát

Habló IHV”H a Moshé y Aarón diciendo: Esta es la Ley-Jukat de la Torá

Antes de la teoría de la relatividad el hombre observaba al universo a través de una óptica cartesiana. El espacio y el tiempo, la materia y la forma, eran considerados valores independientes sin relación ni influencia entre sí. Después de la teoría de la relatividad la humanidad se confronta a parámetros de medición del tiempo y del espacio que hacen tambalear valores que parecían absolutos. De repente el hombre comprende que puede haber otra lógica, otra forma de percibir la realidad. Surge una nueva dimensión: el espacio- tiempo. Un fluir en el cual los parámetros son relativos al lugar y al tiempo desde donde se realiza la observación. También la conformación del universo en su proceso de expansión a través del espacio será relativa a la cantidad de materia presente en él. Cuanto más materia exista en determinado lugar del Universo, mas se curvará, se encogerá o estirará y el tiempo se hará mas lento.

La mente humana

La mente humana funciona como el universo: se expande tras los pensamientos y la

sabiduría adquiridas; ideas y vivencias conquistan el espacio mental vacío conformando nuestra conciencia.

«Y cuando surgió en Su Voluntad Simple crear los mundos y emanar la emanaciones…contrajo el espacio infinito en un punto central y encogió la luz….Y quedó espacio vacío… y el espacio era circular…Y la luz y el espacio adquirieron forma similar… Desde el espacio infinito se expande luz al espacio vacío… para dar realidad a las emanaciones, a las creaciones, a las formaciones y a las acciones… (Etz Jaím siglo XVI y basado en el Zóhar siglo III recogiendo tradiciones judías de textos como el Bahír, el Sefer Ietzirá, Raziel haMaláj de antigüedad insondable)

El universo de la Kabalá El universo que nos describe la Kabalá no es sólo el sensorial, la Kabalá nos describe el universo inteligible, el mental y el espiritual. Los movimientos del cosmos son análogos a los movimientos de la voluntad, los pensamientos, las emociones y los actos humanos. Sobre tres pilares el mundo se sustenta nos enseña nuestra tradición. Torá: el estudio de los principios del mundo sensible e inteligible. Avodá: la reflexión y meditación para que el hombre alcance a través de las vivencias espirituales conscientes, Mitzvót, la Realidad Infinita. Gmilút Jasadím: los actos de bien que conducen al altruismo armonizando así toda la realidad. Los Profetas y Sabios de Israel desde tiempos inmemorables percibieron este modelo del Universo. Mientras que la ciencia nos describe la realidad sensorial, la Torá nos dirige a un objetivo: comprometernos en cada uno de nuestros actos a ser parte activa del proceso civilizador que incluye a todo y a todos.

Tiempo, movimiento y conciencia

El movimiento en pos de un objetivo, sea en el plano material sensorial y/o en el inteligible, la mente y el alma, generan tiempo, pero el objetivo final de todo movimiento y por ende del proceso temporal es alcanzar lo infinito donde todos los tiempos se armonizan. El universo es la consecuencia de los principios que lo rigen. Basado en estos principios, inherentes al universo, que los hombres des-cubren inteligible y sensiblemente, se formulan leyes biológicas, físicas, sociales, espirituales, etc. La conciencia humana es el resultado de la sabiduría adquirida en su afán de aprehender la relación causa-consecuencia, o sea los principios, que rigen el universo.

Mecanismo cognoscitivo

Toda sabiduría y experiencia que no poseemos se encuentra fuera de nuestra conciencia y

dominio. Para lograr que se transforme en parte de nuestra realidad debemos atravesar dos etapas:

a) Desearla.

b) Adquirir la fuerza de voluntad para aprehenderla.

El deseo focaliza las potencias mentales y la voluntad implementa el movimiento en pos del objetivo. Estas dos etapas se alcanzan a partir de una educación que armonice la inteligencia mental y la emocional (en el lenguaje tradicional judío la mente con el corazón). La educación no es solamente un proceso intelectual, sino que involucra todas las potencialidades humanas.

Provéete de un maestro y conquista un amigo

El hombre, en todas las etapas de su desarrollo, aprende al comienzo por medio de la

imitación y luego a través de su propio discernimiento y elaboración. Por ello es fundamental que el proceso educativo se desarrolle en un ambiente de Sabiduría que incentive el altruismo, ya que es el altruismo el discernimiento que induce a la voluntad a trascender los límites del ego. Maestros interiorizados en los principios espirituales, así como amigos que nos sirvan de modelo orientándonos e inspirándonos son los componentes básicos de todo el proceso de aprendizaje. Tal como nos indica el tratado Pirkei Avot de la Mishná: Provéete de un maestro y conquista un amigo.

La función del pensamiento

El deseo es la fuerza innata en pos de conocimiento, posesión y/o disfrute de «una cosa». El deseo es anterior al pensamiento. Cuando el hombre piensa no hace más que articular y darle forma mental a su deseo. Posteriormente y a través de su esfuerzo podrá lograr un grado mayor de voluntad para alcanzar su objetivo y así expandir su conciencia. De acuerdo a la Sabiduría de la Kabalá el pensamiento no es la causa del deseo sino su consecuencia. La función del pensamiento consiste en discernir a partir de principios objetivos la consecuencias de nuestros actos.

Naasé venishmá (Haremos y comprenderemos) Exodo 24:7 Hasta que los pensamientos y emociones no se revisten y canalizan a través de actos concretos, todo queda en el plano de nuestra imaginación.

El acto es el comienzo del conocimiento y de la comprensión. Nuestra tradición nos transmite que la recepción de la Torá, la Ley-Jukat, los Principios Universales, se alcanzan a partir de la emuná. El pueblo de Israel aceptó previamente hacer, lo cual lo condujo al verdadero aprendizaje que surge de la confrontación entre las ideas, pensamientos y prejuicios con la práctica, para posteriormente comprender: naasé venishmá.

De la teoria a la práctica

Mientras no llevamos a la práctica nuestro proyecto todo queda en el plano ideal. La experiencia concreta nos desafía a trascender nuestras barreras mentales y emocionales. Sin aceptar a priori determinadas condiciones, no logramos forjar los límites dentro de los cuales conseguimos gradualmente desarrollar y ampliar nuestro espacio mental y emocional para, posteriormente, comprender. No se trata de una aceptación ingenua. Nos referimos a la actitud natural que adoptamos cuando conocemos algo nuevo: el deseo focaliza al pensamiento, luego la voluntad impulsa al discernimiento y así se expande gradualmente nuestra conciencia a nuevos ámbitos de sabiduría y experiencia.

Pensamientos y deseos Naasé venishmá, es la sabiduría que surge al confrontar nuestras ideas, pensamientos y prejuicios con la experiencia concreta, es la forma de conocimiento que conciente o inconscientemente todos los hombres emplean cuando finalmente trascienden el plano puramente especulativo e intelectual. Pero, dentro del ámbito espiritual, la vida de Torá, naasé venishmá pueden adquirir una dimensión totalizadora; dado que cuando la voluntad es aplicada a partir de principios objetivos -las mitzvót- y no para justificar la codicia en pos del ámbito material-sensorial, el ser humano logra armonizar su inteligencia mental con la emocional.

Movimiento material, movimiento espiritual

Cuando la Torá relata la creación del Sol y la Luna establece tres unidades básicas de tiempo para toda la humanidad. El día, el mes y el año se deducen de la observación sensorial a partir de los ciclos solares y lunares, la semana, en cambio, y por ende Shabat es un concepto que la Torá no toma de la naturaleza sino que replica en el tiempo la percepción sensorial humana, dos ojos, dos oídos, dos narinas y la boca; siete días y siete orificios situados en la cabeza. El desafío en la realización de las Mitzvót, que nos propone la Kabalá, involucra todo el potencial humano: pensamiento, emoción y acción, dándonos así la posibilidad de elevar nuestra percepción sensorial y temporal septenaria a una dimensión unitiva: el ámbito espiritual.

Entonces se activan las potencias del alma capaces de aprehender la Ley-Jukat de la Torá.

Disciplina espiritual

La Ley-Jukat de la Torá es un sistema integral de discernimiento sólo captable por los grados superiores de la neshamá. La especulación intelectual y la emocionalidad fluctuante no logran focalizar al pensamiento para aprehender conscientemente los Principios Superiores Espirituales. La Torá nos transmite a través de su sistema una disciplina que nos activa concientemente para que no olvidemos el objetivo cuando nos confrontamos a las diferentes situaciones

existenciales. La Tefilá -meditación objetiva-, la posibilidad de superar la influencia astral del planeta que rige cada día. El Shabat proyección al estado pre-Creación, el potencial de superar la influencia astral del sistema planetario. Rosh Jodesh -comienzo del mes- la superación de la influencia astral lunar. Rosh haShaná -principio de año- la superación de la influencia astral solar.

Espacios en el tiempo

El tiempo judío, nos des-cubre el funcionamiento de la mente y el del universo. Los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación carecen de sentido para nuestros Sabios, ya que el tiempo y el espacio son formas de percepción que surgen con el hombre. Las preguntas que siempre ocuparon a los Sabios de Israel son: ¿cuál es el objetivo de la Creación y cuál es la función del ser humano? La búsqueda de respuestas a los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación, conducen a un análisis exterior de la existencia, puesto que focalizan la atención humana en los procesos del ámbito material-sensorial aislados del resto de la realidad. En cambio, al preguntarnos ¿cuál es el objetivo de la Creación y cuál es nuestra función? dirigimos el pensamiento a des-cubrir el orden de causa-consecuencia que rige no solamente los fenómenos del ámbito material-sensorial, sino que también la realidad espiritual. En la concepción judía el tiempo no es un laberinto sin sentido. El tiempo posee forma, Tfilót, Shabat y Jaguim, que le otorgan dirección y sentido. Estos espacios en el tiempo revelan el proceso a través del cual el alma aprehende lo eterno:

el objetivo del tiempo, entonces puede avanzar concientemente en pos de la armonía universal.

Devarim

Devarím

A medida que el pueblo de Israel se acercaba a la Tierra Prometida, Moshé les describía las vivencias que experimentaron durante sus años en el desierto.

La forma en que cada persona ve el mundo es producto de la interacción de su personalidad, el medioambiente y la educación que recibió. Ello le impone una forma de ser que va más allá de su conciencia. El hombre cree en lo que ve y ve sólo aquello en lo que cree. La mayoría de los sistemas educativos tienen como objetivo describir la realidad, o más precisamente una percepción particular de la realidad. Conceptos tales como conciencia, amor, el fin con que o por que se hace algo son temas que generalmente no se abordan.

Un ámbito que integra y unifica

Nuestra vida se desarrolla dentro de un ecosistema biológico y sociocultural influyéndonos material, afectiva y mentalmente. Lo que sucede en cada uno de estos ámbitos desencadena procesos que repercuten haciendo que sea imposible entender siquiera un pequeño aspecto de la realidad, a menos que lo comprendamos integralmente. La vida, a pesar de estar compuesta por diversidad de aspectos, se nos presenta como un todo. Nuestra percepción de la realidad no se encuentra en los sentidos ni en el cerebro ni en el corazón, sino en un plano que integra y unifica a todos ellos. Es el ámbito denominado por laKabalá rujaní-espiritual, el mundo de la neshamá-alma.

Interactuando con otra dimensión

La esencia de todas las cosas es tal que hay una tendencia natural a la armonía. Salud y justicia señalan armonía mientras que enfermedad e injusticia denotan su falta. La armonía depende de la relación entre las partes y el todo. La salud es un todo, o se está sano o se está enfermo. Muchas personas viven enfermas tal vez porque en su vida interior hay conflictos sin resolver. Cuando una persona guarda rencores que le producen amarguras, entonces el cuerpo mismo asume una actitud que lo lleva a enfermarse. Para solucionar estas situaciones no es suficiente un tratamiento pasivo sobre el aspecto corporal, la persona precisa asumir un rol activo que lo involucre integralmente, espiritualmente, debe rever la forma en que se relaciona con la vida. El elemento dominante en los procesos de sanación es el poder interactuar con otra dimensión de la conciencia capaz de generar fé (ver emuná) que da lugar al optimismo. Una fuerza superior que trabaja junto conmigo: yo creo que la Fuente Infinita que sustenta la Vida, la Armonía Superior, participa en el restablecimiento del equilibrio integral de nuestra vida.

Una sutil armonía

La sensación de armonía, de satisfacción, implica tanto lo corporal, lo afectivo, lo mental y la dimensión trascendente del ser humano: lo espiritual. Cada ámbito retroactúa sobre el resto y la armonía depende de ese sutil equilibrio. La armonía está regulada no sólo por elementos tangibles conocidos, sino que también por influencias invisibles. Lo mental confiere cierta noción de la realidad pero también la limita. Por ello la experiencia y aprehensión interior de los símbolos y ritos, asociados al estudio conciente, nos ayudan a trascender las formas puramente intelectuales. El ritual organiza las influencias invisibles transportando a la persona a una dimensión que energiza la mente y la emoción. Sólo un objetivo trascendente puede generar la motivación para enfrentar la vida integralmente.

El todo y las partes

La lógica inmediata nos diría que el todo es la suma de sus partes. Pero la realidad nos

muestra que no es así. Procesadores, cables, dispositivos de video, etc. cuando son ensamblados de determinado modo conforman una computadora. Una computadora es muchísimo más que la suma de sus componentes. El ser humano es mucho más que la suma de huesos, tendones, carne, piel, corazón, cerebro, etc. El todo se conforma a través de sus partes, pero cuando alcanzamos el todo ingresamos a otra realidad que es absolutamente nueva y diferente a sus partes. Así cada ser humano a través de su particularidad es imprescindible para que surja la Armonía Universal

y cuando surge, el esfuerzo se transforma en placer sin distinguir uno del otro. El trabajo espiritual que aprendemos en la Torá y más precisamente en la Kabalá: el desafío en realizar mitzvót es análogo al esfuerzo de quien arma una gran estructura, el producto final es algo completamente nuevo que sobrepasa infinitamente al conjunto de sus componentes. Así también nuestras vidas y experiencias cuando se unen a un objetivo común con el prójimo generan una fuerza que nos abre la puerta a una nueva realidad.

Expansión y límite

El todo está en cada una de las partes y la parte está en el todo, pero de diferente forma. La

parte limita al todo, en cambio el todo expande a la parte. Parte y todo son dos formas de percibir la realidad. Cuando percibo desde el todo la conciencia se libera para percibir la unidad inmanente de toda la realidad. A medida que el pueblo de Israel se acercaba a la Tierra Prometida, Moshé les describía las vivencias que experimentaron durante sus años en el desierto. Moshé indica la conciencia espiritual de la neshamá capaz de percibir el Todo. Israel señala al deseo de la neshamá cuando discierne con el objetivo de alcanzar la conciencia del Todo. Israel representa el esfuerzo incesante de integrar la percepción material-sensorial, la emocional y la mental a la espiritual unificándolas. La Tierra Prometida designa al ámbito donde se logran las condiciones para aprehender la Armonía Universal. A medida que el pueblo de Israel, el discernimiento superior, se acercaba a la Tierra Prometida Moshé les hacía tomar conciencia del orden superior que fue marcando las vivencias que experimentaron durante sus años en el desierto. Cada una de las experiencias de Israel en el desierto, como cada uno de los aspectos que conforman la realidad, nos enseñan que cada vivencia es un componente, una pieza única del gran puzzle universal.

2) Vaetjanán

Dice Moshé: Trascienda ahora y he de ver la tierra buena que se encuentra más allá del Iardén, esa buena montaña y el Lebanón.

No existe el lenguaje perfecto en sí mismo. El lenguaje es la interacción entre la realidad y nuestra percepción de la realidad. Creemos que nuestras palabras transmiten una imagen idéntica a aquello a lo que nos referimos. Pero no es así, el lenguaje sólo evoca. Cuando quien escucha no posee vivencias similares a las de quien las relata, captará una imagen distante a la realidad transmitida Los seres humanos tendemos a justificar lo que nos proporciona seguridad. Así confundimos nuestra experiencia de la verdad con la verdad objetiva. La imagen que creamos en nuestra mente de las experiencias vividas son el resultado de la interacción de la Realidad, nuestra percepción y el lenguaje a través del cual la describimos. Nuestra percepción de la realidad se constituye a posteriori, en un segundo tiempo, a partir de un juicio de la realidad. Vemos o pensamos en algo y eso despierta nuestro interés, luego comenzamos a evaluarlo a discernir en ello. Surgen objetos buscados y re-encontrados en el exterior partir de la representación que formamos en nuestra imaginación. Pero hay una

primera percepción, el primer objeto a partir del cual surge el génesis perceptivo: la búsqueda de plenitud. Las vivencias que experimentamos nunca alcanzan esa imagen interior, la motivación primera, arquetípica, esencial, la que nos mueve. La vida es una búsqueda constante de esa plenitud, esa armonía denominada por cada persona de diferente forma; es el deseo arquetípico que en última instancia no es sino el anhelo porHaKadósh Barúj Hú.

El primer amor

La vida es impulsada por ese anhelo. La plenitud infinita «el Primer Amor» dejó una

impresión, un eco que resuena en nuestro interior impulsándonos a reconstruir el idilio edénco. Cuando buscamos comprensión, amor, paz, buscamos revivir esa impresión esencial, el ansia del alma por el Todo. Las carencias sociales, emocionales, etc., pueden dejarnos expuestos a fantasías que ejercen una poderosa fuerza sugestiva. Entonces los miedos crean fantasías, imágenes que suscitan creencias y supersticiones que nos cautivan llegando a poder dominarnos por completo. Son las ilusiones que eclipsan al amor verdadero, la idolatría que condena la Torá.

¿Dónde está la verdad?

La mayoría de las personas creen en lo que ven. Creen que lo que les transmiten sus

sentidos es la verdad y no siempre es así. Cuántas veces observamos una manzana hermosa, rozagante hasta tal punto que se nos hace «agua la boca», pero cuando la cortamos percibimos que está podrida. O, vemos una persona agradable, simpática, de excelente aspecto y a través del trato des-cubrimos que es depresiva, inconstante, una persona infeliz. Cuántos grupos e ideologías que pretenden lograr la justicia social con el pasar del tiempo demuestran ser más corruptos que aquellos a quienes ellos mismos critican.

El potencial humano

El conocimiento de la verdad es exclusivo del hombre. Pero, para que éste lo alcance debe activar correctamente el potencial que lo hace humano. La diferencia entre el hombre y el resto de las criaturas reside en los objetivos y en la forma de alcanzarlos. La mente humana permite deducir inteligiblemente lo que los sentidos no son capaces de captar. Pero como no todos los hombres activan esa poderosa forma de percibir, el potencial humano se expande en un ámbito que no puede saciarlo. La energía resultante de este fenómeno se denomina egoísmo y su principal víctima somos todos, focalizándose, finalmente, en quien la produjo.

Civilización y barbarie

Desde los albores de la humanidad dos fuerzas están en pugna: civilización y barbarie. Civilizado es el individuo y la sociedad que posee un sistema de discernimiento inteligible que le permite establecer códigos de justicia basados en Principios Objetivos Universales. Principios que conducen a la Armonía Universal, al altruismo. Bárbaros, en cambio, son aquellos individuos y sociedades que ignorando los Principios Objetivos Universales disciernen únicamente a partir de lo que le dictan sus sentidos, sin prever la consecuencia de sus actos, generando así el caos y por ende la falta de justicia.

Un sistema integral de discernimiento

Así como hay hombres que nacen con un talento especial para la ciencia o el arte, lo mismo

sucede en el plano espiritual. El talento, cuando es orientado correctamente, produce individuos que pueden des-cubrir los principios que rigen los diferentes ámbitos de la realidad. Un científico, un artista desarrollan sus obras basados en la inspiración, la experimentación y la actividad intelectual. En lo espiritual no es suficiente. Para acceder a la Sabiduría debemos educar nuestros instintos, emociones y pensamientos, sobreponiéndonos a la atracción que ejerce la realidad material-sensorial cuando se transforma en un fin en sí mismo. El auténtico Sabio de Israel no se basa en meras especulaciones para llegar a la Sabiduría y des-cubrir los principios y leyes espirituales. El estudio de la Torá en todos sus estratos: Halajá, Midrásh, Kabalá, etc., conjuntamente con la práctica de las mitzvót, es un proceso interior basado en recrear, vivenciar y superar las diferentes situaciones existenciales. Sólo cuando el hombre vive este proceso concientemente logra dichos principios y su aplicación en la vida. Moshé, el mayor profeta que existió, alcanzó hace 3300 años el sistema integral de discernimiento que armoniza la percepción sensible con la inteligible: la Torá. No codiciar, no asesinar, no adulterar, justicia, etc. son los principios capaces de darle a la humanidad su tan ansiada paz y armonía. Principios que representan las base de toda sociedad que se considere civilizada aún están aguardando ocupar el lugar que les corresponde dentro de los sistemas educativos, simplemente por que la mayoría de las personas sólo creen en lo que ven. Creen, sin discernir, en lo que les transmiten sus sentidos incentivando que la demagogia y el egoísmo se transformen en sus guías.

El testigo de la historia

El Kotel conoció los momentos trascendentes de la historia universal. Hace unos 2800 años Shlomó haMélej-el rey Salomón construye en «esa hermosa montaña» que vió Moshé el templo de Ierushalaim. El templo conectaba los cielos y la tierra, el dar y el recibir, y desde allí Shlomó haMélej el más sabio de los hombres inspiraba a los líderes a discernir inteligiblemente. 2400 años atrás un 9 de Av el Templo arde en llamas, Israel sale al exilio. 70 años después Israel retorna para reconstruir nuevamente el Gran Templo de Ierushalaim. Hace unos 1930 años el pueblo se deja arrastrar por la división y el odio, otro 9 de Av, los romanos conquistan Ierushalaim y queman el Templo. El pueblo de Israel es dispersado por todo el mundo. Casi 1900 años transcurren sin que el pueblo judío deje de anhelar la tierra de Israel, a Ierushalaim, al templo, y sucede un milagro: el estado de Israel. En 1967, otro milagro Ierushalaim vuelve a manos judías.

Miles de años no lograron extinguir los valores más preciados del Pueblo judío.

La seguridad esencial

La soberanía del pueblo de Israel en su tierra nos da una garantía, la seguridad de que los

valores esenciales de la humanidad no están en un museo sino que están vivos y que nada ni nadie los puede distorsionar. Dice Moshé:Trascienda ahora y he de ver la tierra buena que se encuentra más allá del Iardén, esa buena montaña y el Lebanón. La tierra buena es el altruismo, trascender el Iardén es superar los descensos (Iardén

= ieridá) esa buena montaña, el lugar del templo, desde donde es posible ver hasta Levanon, lo más profundo del corazón-lev.

El fin del exilio

El Zohár nos dice que finalmente la Sabiduría se ha de revelar en su totalidad, y finalizará el exilio que es primordialmente de carácter espiritual. Así observamos que de hecho el galút está llegando a su fin: el pueblo de Israel está retornando a la Tierra de Israel y la Sabiduría Interior de la Torá, la Kabalá, se está revelando como nunca antes. Esto se debe a que cuando lo interior-espiritual comienza a resolverse, lo material-exterior lo refleja; dado que, espiritual y material no son sino dos aspectos de una misma realidad. El retorno del pueblo de Israel a la tierra de Israel y la revelación y expansión de la Sabiduría de la Kabalá, es similar al nacimiento y desarrollo del ser humano. El nacimiento de un nuevo ser es producto del deseo y la voluntad de los padres de dar amor; a veces este

objetivo es realizado en forma conciente, otras inconscientemente. Cuando un alma llega al mundo primero manifiesta su cuerpo y luego se relacionará paulatinamente, con mayor o menor conciencia con sus deseos, emociones, pensamientos y voluntad. Lo mismo sucede con el pueblo de Israel: se manifiesta el deseo de regresar a la tierra de Israel, en algunos individuos con más y en otros con menos conciencia de la causa que motiva dicho retorno. La Tierra de Israel es nuestro cuerpo colectivo, el espacio donde se manifiestan nuestros deseos, emociones, pensamientos y voluntad. La tierra de Israel es el lugar en donde podemos concretizar integralmente nuestro objetivo. La Kabalá, la Sabiduría Interior del pueblo de Israel, nos ayuda a comprender los porqués, es decir el objetivo que nos une como pueblo, como «células que conforman el gran cuerpo de la humanidad». Por el contrario, sin conciencia del objetivo que nos une: transformar nuestro egoísmo en altruismo y así alcanzar nuestra Máxima Identidad, donde todos somos Uno, seremos como personas inconscientes que reaccionan sin comprender que cada ser humano es un engranaje único e insustituible en la construcción del bien y el logro de la Armonía Universal.

3) Ekev

No sólo de pan vive el hombre

Israel es una de las naciones más pequeñas cuantitativamente pero grandiosa cualitativamente. Para comprobarlo basta conocer su milenaria historia, las contribuciones en el campo espiritual, científico, social, etc. A través de los tiempos el pueblo de Israel así como los diferentes grupos que conforman la gran familia humana, han sido y son víctimas de una de las mayores debilidades que genera la ignorancia: la creencia ciega.

Informarse o deformarse

Los medios de comunicación nos bombardean sin descanso con alucinógenos informativos imposibles de digerir. La mayoría de los hombres se encuentran saturados de información carente de elementos para discernir si su fuente es honesta o tendenciosa. La noticia pasó a ser un producto de consumo masivo. Se ha convertido en una caótica masa de imágenes y discursos prácticamente imposibles de asimilar. El caos así creado tiene un orden propio: su «objetivo». Dentro de esa disonante sinfonía de

información hay temas que vuelven, el leitmotiv, el propósito de quienes manejan tendenciosamente los medios.

Saber o creer

Es muy fácil y cómodo tener «una opinión» y creer en la información sin hacer ningún esfuerzo en analizar su veracidad. Hay quienes son más responsables, adoptan una actitud más comprometida y verifican la objetividad de las fuentes de información, seleccionan las que creen auténticas, las confrontan y así se forman una opinión «más cercana» a la verdad. A pesar del esfuerzo tampoco podemos estar seguros de que la conclusión a la que arribamos es correcta, y como en cierto punto debemos creer o no en la información de que disponemos, terminamos dependiendo del discernimiento ajeno. Mientras que la información que recibimos no sea de una fuente auténtica no poseemos los elementos para evaluarla, somos meros consumidores del producto ya elaborado. A pesar de ello muchas son las personas que opinan sobre todos los temas como si fueran expertos cuando en realidad no hacen más que repetir lo leído y/o escuchado.

Sabios, Entendidos y Creyentes

En todas las áreas del conocimiento, los hombres se dividen en tres categorías generales:

sabios, entendidos y creyentes Un ejemplo simple para entender estos tres grupos es el siguiente: Padecemos de un fuerte dolor y vamos a consultar a nuestro médico, quien analiza los síntomas y luego nos receta un determinado medicamento y cierta dieta. El médico es un entendido, puesto que estudia a los sabios, que descubrieron las leyes y los principios terapéuticos, y de acuerdo a ello aplica la medicina. El paciente es un creyente,

dado que acata fielmente lo que el médico le prescribe y toma «ciegamente» sus medicamentos. Mientras el ser humano permanece en el ámbito de los creyentes no dispone del discernimiento para evaluar objetivamente ninguna sabiduría ni ninguna información, es un mero consumidor del producto ya elaborado.

No sólo de pan vive el hombre

El pan es el resultado de una elaboración. De acuerdo a cómo se realizó será el pan que llegue a nuestra mesa. Pan en hebreo se dice lejem, palabra que posee la misma raíz que guerra-miljama. No sólo de pan-lejem, la lucha por superarse, vive el hombre. Si el labrador trabaja la tierra y no llueve, la tierra no da su fruto pero, si él no trabaja por más que llueva nunca cosechará.

Nuestro esfuerzo no hace más que activar un potencial. Pero para que lo alcancemos completamente no es suficiente con creerlo debemos saberlo. El creyente consume el pan que otro elaboró, el sabio elabora su propio pan y tiene lo suficiente para sí mismo y para dar. Formar creyentes es la técnica de los dirigentes débiles, llámense espirituales o políticos, quienes utilizan la demagogia y la ignorancia para mantener a sus pueblos subyugados, focalizando su atención en pan y circo, y cuando eso no es suficiente también con judeofobia. La injusticia es y ha sido en todas las épocas el resultado de una percepción ciega y

creyente de la realidad. Es nuestra mayor responsabilidad invertir todas las fuerzas en desarrollar sistemas educativos que enseñen a discernir en forma altruista. Sólo estimulando debidamente al creyente que habita en nuestro interior surgirá el sabio capaz de irradiar la energía infinita que iluminará al mundo.

Reé.

Les Doy la bendición y la maldición

La situación que hoy atraviesa el mundo no es sustancialmente diferente a la de otras épocas. El aumento de la población y las comunicaciones acelera y pone de manifiesto cada vez más rápida e intensamente nuestras carencias y auténticos desafíos.

El denominado fenómeno de la globalización no es nuevo sino la ampliación de un proceso que comenzó con el hombre: primero a través del trueque, luego de un largo período desembocó en el mercantilismo y posteriormente en todas las formas que el comercio fue adquiriendo a lo largo de la historia.

La globalización de acuerdo a la comprensión de muchos de sus defensores y críticos, sería sólo un equivalente al concepto de internacionalización económica y por lo tanto un fenómeno únicamente materialista.

Globalización total

El oscurantismo religioso contemporáneo combinado con el desarrollo tecnológico dio lugar a una nueva y macabra etapa en la historia, la globalización del terrorismo. Esta

enfermedad espiritual nos está diciendo que la humanidad precisa activar, hoy más que nunca, sus valores esenciales incentivando el respeto por la vida, la justicia, los derechos y las obligaciones de cada ser humano.

El desafío de nuestra generación consiste en civilizar la globalización

Una oportunidad

La globalización brinda a cada individuo y nación la oportunidad de asumir un rol activo en

el desarrollo de la humanidad. La globalización no tiene por qué ser un proceso de disolución de las diferentes tradiciones y culturas. Por el contrario, la globalización tomada como una manifestación integral del fenómeno humano puede generar una nueva fuerza, la resultante de las características que individualizan a cada pueblo cuando revela su forma de colaborar con la humanidad.

¿Un fin o un medio?

No debemos temer a la globalización ni al avance tecnológico ya que pueden ser valiosos

instrumentos para que el bien se expanda. Nuestra responsabilidad consiste en incentivar una educación integral que prepare a los seres humanos a relacionarse con la globalización y la tecnología como un medio para alcanzar el verdadero desarrollo: el espiritual. El mal surge sólo cuando el progreso material se convierte en un fin en sí mismo.

¿Cómo civilizar la globalización?

La globalización es la oportunidad de asumir compromisos y revelar nuestro potencial, aquello que únicamente nosotros somos capaces de dar. Civilizar la globalización es posible expandiendo a través de sus redes sistemas educativos basados en los valores esenciales, universales y por lo tanto las aspiraciones comunes a toda la humanidad: no codiciar, no robar, no asesinar, justicia, el amor al prójimo, etc. Los valores esenciales tienen raíces antiguas y son válidos en cualquier tiempo y lugar; nuestra responsabilidad consiste en desarrollar el lenguaje y el sistema educativo que nos permita implementarlos hoy.

Lo esencial - lo natural - lo circunstancial

La ciencia confirmó en la época moderna lo que los sabios judíos enseñan desde hace miles de años: que todo el universo es energía que adopta diferentes formas. Energía es aquello que da existencia y activa la realidad. Es lo esencial que en diferente grado e intensidad constituye la naturaleza de las cosas. Todo ser y aspecto de la realidad provienen de la misma Esencia pero al manifestarse adoptan una naturaleza la cual se manifiesta circunstancialmente de diversas formas. Por ejemplo, el calor que se encuentra en el agua caliente es circunstancial, sin embargo el calor del fuego es parte de su propia naturaleza. Fuego y agua son esencialmente una energía única, pero al manifestarse revelan natural y circunstancialmente diversos aspectos de lo esencial. Similar sucede con los seres humanos quienes somos parte de una misma esencia -de esa energía única- pero que al manifestarse revela diferentes individualidades -naturalezas- que son a su vez diferentes formas de relacionarse y captar la Esencia. La sabiduría interior de Israel, la Kabalá, nos enseña que lo esencial es alcanzable sólo gradualmente a través de las circunstancias en que las diversas naturalezas interactúan. Nada ni nadie puede cambiar su naturaleza y nuestro desafío consiste en revelar lo esencial a partir de lo que somos. Las diferentes circunstancias provocan situaciones que debemos superar para alcanzar a partir de nuestra naturaleza lo esencial, lo que nos unifica.

Alcanzando lo esencial

Cuando el hombre aún ignora los principios espirituales pretende alcanzar lo esencial sin tomar en cuenta la diversidad de naturalezas ni las circunstancias. Muchos sistemas pretenden reducir lo esencial a su propia naturaleza. Esa percepción concluye que el único

valor de las circunstancias es generar situaciones para que todas las naturalezas se amolden a su propia naturaleza. La interacción de las diferentes naturalezas genera el escenario para que surjan las circunstancias que provocan la diversidad de situaciones existenciales a través de las cuales todos, finalmente, podremos alcanzar lo esencial. La globalización aplicada integralmente aprovecha las circunstancias que nos toca vivir para así activar positivamente nuestra naturaleza; entonces todos podremos alcanzar lo esencial, la bendición que nos da la Torá.

5) Shoftím

Jueces y guardianes instáurate para ti en todos tus pórticos…

La menorá-candelabro del milenario templo de Jerusalem representa al ser humano. Sus 7 brazos y los 3 pies en que se apoya señalan nuestra estructura perceptiva. Los 7 brazos

están compuestos por 3 tubos en «U» y uno central que desciende hasta la base donde se bifurca formando los 3 pies que le sirven de apoyo. El tubo exterior en forma de «U» representa los dos oídos, el intermedio a los ojos, el interior a las narinas y el tubo central a la boca que desciende y se ramifica en los tres orificios inferiores, umbilical, anal y genital. Ello nos enseña que nuestra percepción espiritual -la luz de las 7 lámparas, los orificios de la cabeza- depende de nuestra conducta moral -la base de la menorá sus 3 pies, los orificios umbilical, anal y genital- y viceversa. Éste sistema decimal adquiere su máximo desarrollo a través de las diez sefirót, base de todo el lenguaje de la Kabalá. Las diez sefirót comprenden diez ámbitos de discernimiento -el Decálogo y los pórticos que expresa la Torá- donde es necesario instaurar jueces y guardianes, o sea, refinar la comprensión y fortalecer la voluntad.

Un todo orgánico

Cada persona y civilización, como sucede con los campos de fuerza que estudiamos en física, es un todo orgánico que se expande influenciando aún más allá de su espacio corporal y de su propia conciencia. Queramos o no, sepámoslo o no, todo influye en todo. La realidad es dinámica y global, nada ni nadie existe aislado sino que hay un ecosistema que relaciona a todo, y a medida que avanza la historia ello sucede cada vez con más velocidad e intensidad. Por ejemplo: el sol no es solamente una partícula situada en un punto del universo, es una fuerza que influye sobre todo nuestro sistema planetario, con un punto de máxima concentración en ese astro. El sol es un campo gravitatorio que afecta a otros campos y que con su presencia influye al espacio y al tiempo, determinando así la forma en que se mueven los planetas y en algún grado el resto de los cuerpos celestes que pueblan el universo.

El campo de influencia de un cuerpo celeste, de un individuo, de una ideología, de una civilización, es una proyección en el espacio y el tiempo que influye en mayor o menor grado en toda la realidad.

Fuerzas extrañas

En un mundo de campos de fuerzas en el cual interactuamos y nos influimos recíprocamente no hay movimientos producidos por fuerzas extrañas. Pueden ser ajenas a nuestro conocimiento pero son partes inherentes a la realidad. Cuando se manifiestan no hacen sino que tomemos conciencia de su existencia. La realidad del mundo es el resultado de la interacción de todas las fuerzas que lo conforman, sean estas materiales, sensoriales, emocionales, mentales y/o espirituales. El hombre tiende a mistificar las fuerzas que desconoce y así surgen los misterios, demonios, mitos, la inestabilidad emocional, etc. resultado de una conciencia insuficiente o distorsionada de la realidad. La tradición de Israel posee una nomenclatura que no sólo nombra sino que le da significado a las situaciones existenciales. Todo posee un significado, por ello es que la Torá motiva las vivencias necesarias para que los seres humanos alcancen la armonía con el prójimo y así descubran que por sobre la aparente multiplicidad de fuerzas que rigen la realidad todo proviene y es parte de una Fuerza y Voluntad Única.

El lenguaje correcto

La conciencia de estos parámetros de influencia y su expresión en el lenguaje correcto

hacen desaparecer las supersticiones, sean éstas sensibles y/o inteligibles. El lenguaje

correcto suprime la imaginación fantástica, producto de las carencias en nuestra forma de expresarnos, que genera la falta de interacción objetiva con la realidad. El estudio correcto de la Sabiduría Interior de Israel, la Kabalá, nos permite el acceso a un lenguaje que no sólo nombra sino que nos activa en pos de la Fuente Infinita del Altruismo.

Un proceso de reflexión Las situaciones existenciales, el tiempo y el espacio a partir de ésta óptica adquieren un nuevo significado. El tiempo implica mucho más que el pasaje de un instante a otro, lo cual sucede naturalmente sin la intervención del hombre. Shabat y jaguim son lapsos cualitativos, así el tiempo se transforma en un proceso de reflexión activa lleno de desafíos para superar y no un mero devenir que observamos pasivamente.

Enfrentando nuestras debilidades

Todo aprendizaje presenta desafíos, pero deben ser los que surgen al confrontarnos a nuestras debilidades y equivocaciones y no aquellos que resultan de justificar nuestra subjetividad, miedos y supersticiones. El mal es una fuerza que nos paraliza. El bien, en cambio, nos proyecta a una dimensión en donde se hace posible revelar nuestras potencias con el propósito de armonizar todos los conflictos. Cuando discernimos a partir de principios universales des-cubrimos el funcionamiento del ecosistema material y espiritual que rige el mundo, entonces podemos evitar que surja el egoísmo producto de la ignorancia y la superstición, sea espiritual, psicológica y/o científica. La Torá nos desafía a tomar conciencia de esos principios y activa los actos altruistas que cada uno debe implementar para que la humanidad alcance su armonía.

Una reflexión espiritual

La tradición de Israel posee una brajá reflexión espiritual- donde se expresa que Hakadósh Barúj Hú formó al hombre con sabiduría y lo creó con orificios y cavidades, siendo que si alguna de las que está abierta se cerraría o viceversa el ser humano no podría

sobrevivir una sola hora. Sea a nivel físico como a nivel espiritual el hombre depende del discernimiento. El cuerpo discierne asimilando las substancias que lo alimentan y eliminando aquellas que le son tóxicas o innecesarias. El alma discierne a partir de Principios Superiores: Torá y el desafío en implementarlos: mitzvót. Así se desarrolla el discernimiento inteligible y el hombre puede aprender a distinguir el bien y alcanzar la voluntad para implementarlo. Ese discernimiento es el que la Torá nos pide que alcancemos cuando nos dice «jueces y guardianes instáurate para ti en todos tus pórticos».

Jaguim

El más simple y grandioso de todos los milagros

El 9 del mes hebreo de Av (este año el 2/3 de agosto del calendario gregoriano) recordamos, entre otras cosas, la destrucción del Templo de Jerusalem. Después de miles de años el pueblo de Israel continua enlutándose y ayunando en esta fecha.

Aprendemos de la Kabalá que sólo cuando lo interior se debilita lo exterior puede afectarlo. El Templo fue destruido por extraños, por enemigos. Pero nuestros sabios nos enseñan que la verdadera causa es nuestro egoísmo, el odio gratuito, y sólo el amor gratuito lo reconstruirá.

El Templo señala el corazón donde se alojan nuestros deseos, los objetivos más preciados y la fuerza infinita que nos une a nuestro prójimo, a nuestro Ser y máxima identidad. La destrucción del Templo fue la señal que el corazón judío estaba débil, apático y egoísta. Así como el Templo poseía el altar, donde se llevaban a cabo los sacrificios, las escalinatas en donde los Leviím entonaban sus cánticos y el Kósdesh Kodashím donde sólo entraba el Cohen haGadol (Sumo Sacerdote) en Iom Kipur, similar es a la estructura espiritual del hombre, posee instintos-néfesh, emociones-rúaj y pensamientos -neshamá (Ver más sobre la estructura)

El Templo se reconstruye armonizando nuestra alma particular con el alma colectiva y el centro de esa labor es el corazón. ¿Cómo lo hacemos? Transformando un corazón de piedra, el Templo destruido el 9 de Av, en uno de Luz.

Un corazón de piedra es un corazón insensible que no discierne entre el bien y el mal.

Corazón en hebreo se dice lev (

Aprendemos de la Kabalá que sólo cuando lo interior se debilita lo exterior puede afectarlo. El( Ver más sobre la estructura) El Templo se reconstruye armonizando nuestra alma particular con el alma colectiva y el centro de esa labor es el corazón. ¿Cómo lo hacemos? Transformando un corazón de piedra, el Templo destruido el 9 de Av , en uno de Luz. Un corazón de piedra es un corazón insensible que no discierne entre el bien y el mal. Corazón en hebreo se dice lev ( ), vocablo conformado por 2 letras lamed ( ) y bet ( ) que representan al número 32. El Séfer Ietzirá (Libro de la Formación) nos dice que por 32 caminos el Kadósh Barúj Hú creó el mundo. ¿Cuáles son los 32 caminos? Esos caminos se conforman de la conjunción de las 22 letras y las 10 cifras o sefirót . Los salmos de David nos expresan te di corazón para que me conozcas o sea 22 letras y 10 sefirót : el árbol de las vidas de la Kabalá . Discerniendo correctamente a través de los conceptos y las palabras que se conforman con las 22 letras del alfabeto hebreo y las 10 sefirót alcanzamos la sabiduría y la bondad para transformar el corazón de piedra, inerte e insensible, en uno de vida y de Luz. Nos enseña nuestra tradición que el tercer y definitivo Templo no será contruído por el hombre sino que «bajará pronto de los cielos». ¿Qué clase de milagro es ese? Es el más simple y grandioso de todos los milagros. Ya que el verdadero Templo surge cuando transformamos la indiferencia en amor y compromiso con lo que nos une, nos unió y nos unirá eternamente. Meguilát Ester « Ajashverosh se sintió deslumbrado inmediatamente por Ester como el deseo humano se siente naturalmente atraído por los ideales expresados en la Torá, pero aún no fue y no es suficiente para implementarlos » Introducción ¿Qué es la historia? La historia es una sucesión continua de causas y consecuencias, acciones y reacciones " id="pdf-obj-73-34" src="pdf-obj-73-34.jpg">

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Aprendemos de la Kabalá que sólo cuando lo interior se debilita lo exterior puede afectarlo. El( Ver más sobre la estructura) El Templo se reconstruye armonizando nuestra alma particular con el alma colectiva y el centro de esa labor es el corazón. ¿Cómo lo hacemos? Transformando un corazón de piedra, el Templo destruido el 9 de Av , en uno de Luz. Un corazón de piedra es un corazón insensible que no discierne entre el bien y el mal. Corazón en hebreo se dice lev ( ), vocablo conformado por 2 letras lamed ( ) y bet ( ) que representan al número 32. El Séfer Ietzirá (Libro de la Formación) nos dice que por 32 caminos el Kadósh Barúj Hú creó el mundo. ¿Cuáles son los 32 caminos? Esos caminos se conforman de la conjunción de las 22 letras y las 10 cifras o sefirót . Los salmos de David nos expresan te di corazón para que me conozcas o sea 22 letras y 10 sefirót : el árbol de las vidas de la Kabalá . Discerniendo correctamente a través de los conceptos y las palabras que se conforman con las 22 letras del alfabeto hebreo y las 10 sefirót alcanzamos la sabiduría y la bondad para transformar el corazón de piedra, inerte e insensible, en uno de vida y de Luz. Nos enseña nuestra tradición que el tercer y definitivo Templo no será contruído por el hombre sino que «bajará pronto de los cielos». ¿Qué clase de milagro es ese? Es el más simple y grandioso de todos los milagros. Ya que el verdadero Templo surge cuando transformamos la indiferencia en amor y compromiso con lo que nos une, nos unió y nos unirá eternamente. Meguilát Ester « Ajashverosh se sintió deslumbrado inmediatamente por Ester como el deseo humano se siente naturalmente atraído por los ideales expresados en la Torá, pero aún no fue y no es suficiente para implementarlos » Introducción ¿Qué es la historia? La historia es una sucesión continua de causas y consecuencias, acciones y reacciones " id="pdf-obj-73-40" src="pdf-obj-73-40.jpg">

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que representan al número 32. El Séfer Ietzirá (Libro de la Formación) nos dice que por 32

caminos el Kadósh Barúj Hú creó el mundo. ¿Cuáles son los 32 caminos? Esos caminos se conforman de la conjunción de las 22 letras y las 10 cifras o sefirót. Los salmos de David nos expresan te di corazón para que me conozcas o sea 22 letras y 10 sefirót: el árbol de las vidas de la Kabalá. Discerniendo correctamente a través de los conceptos y las palabras que se conforman con las 22 letras del alfabeto hebreo y las 10 sefirót alcanzamos la sabiduría y la bondad para transformar el corazón de piedra, inerte e insensible, en uno de vida y de Luz.

Nos enseña nuestra tradición que el tercer y definitivo Templo no será contruído por el hombre sino que «bajará pronto de los cielos». ¿Qué clase de milagro es ese? Es el más simple y grandioso de todos los milagros. Ya que el verdadero Templo surge cuando transformamos la indiferencia en amor y compromiso con lo que nos une, nos unió y nos unirá eternamente.

Meguilát Ester

« Ajashverosh se sintió deslumbrado inmediatamente por Ester como el deseo humano se siente naturalmente atraído por los ideales expresados en la Torá, pero aún no fue y no es suficiente para implementarlos »

Introducción

¿Qué es la historia?

La historia es una sucesión continua de causas y consecuencias, acciones y reacciones

generadas por el deseo humano. El deseo es innato e inconsciente y adopta ante nuestra percepción dos formas básicas: dar y recibir. La relación entre esas dos fuerzas es lo que produce todos los fenómenos, tanto en el ámbito material-sensorial, el emocional, el mental y el espiritual generando así infinidad de situaciones y conflictos que denominamos historia.

¿Cómo comprender la historia?

Para realizar una correcta evaluación de la historia es necesario sobreponernos a nuestra reacción momentánea de los acontecimientos y analizar la dirección que imprime cada situación en la concreción del objetivo humano. Hasta no percibir el lugar que ocupa cada «pieza» no tendremos conciencia de la función que desempeña cada uno de los aspectos que conforman la realidad y las situaciones históricas.

El objetivo

El deseo es imposible de anular, él es la fuerza que activa todos los procesos, es lo que nos

da «la conciencia de ser». Por ello debemos educarlo y darle la forma correcta: altruismo. Los seres humanos desde siempre anhelamos plenitud. Ella es posible de alcanzar cuando se toma conciencia de la verdadera identidad, origen y propósito. Este es un proceso en el cual la humanidad oscila indefectiblemente entre dos caminos: El camino de la conciencia, mediante la comprensión de los principios de causa y consecuencia que se generan a través de la historia. El camino del sufrimiento, consecuencia de la ignorancia y el egoísmo.

El camino de la conciencia

HaKadósh Barúj Hú es la denominación que utiliza la Sabiduría de Israel para designar la suprema conciencia e identidad de toda la realidad en «donde» todos «somos Uno». Nuestra conciencia del Yo, Anojí, así como la de la Esencia, mientras permanecemos identificados únicamente con el ámbito material-sensorial nos son completamente ajenas, dado que conocer nuestro Yo y conocer la Esencia es lo mismo. Conciencia es la propiedad del alma de ir re-conociéndose en HaKadósh Barúj Hú, ya que «allí está» su origen e identidad.

Distancia y cercanía espiritual

Así como los cuerpos y objetos materiales se separan temporal y espacialmente, así la humanidad se divide y confronta cuando posee objetivos disímiles. Cuanto mayor es la diferencia en el objetivo, mayor será la distancia espiritual y más heterogénea será la conciencia de la realidad. Por el contrario, cuando se comparte el mismo objetivo surge la unidad, la fusión en todos los ámbitos. Cuando los seres humanos nos unimos con el propósito de alcanzar el bien colectivo, nuestras diferencia se diluyen ante ese objetivo que

nos unifica así como se unifican los diferentes órganos asociándose para preservar la vida corporal.

El camino del sufrimiento

Cuando el individuo y la sociedad basan conciente o inconscientemente sus vidas en parámetros que conducen a justificar el egoísmo surge la decadencia y finalmente el sufrimiento. El camino del sufrimiento es el «camino corto que resulta largo» ya que aparentemente la satisfacción presente todo lo resuelve, pero finalmente se desemboca en la infelicidad individual y colectiva. Es el resultado de los sistemas espirituales, sociales y

educativos basados en la mera acumulación de información, o en el falso discernimiento en pos de objetivos ficticios, los cuales desvían la atención del hombre de la verdadera raíz de todo conflicto: el egoísmo.

El cambio

El único cambio capaz de modificar la conducta humana radica en la actitud interior, lo que

deseamos en nuestro corazón. El «mejor» sistema socio-político-económico está destinado a fallar si el hombre es egoísta, ya que los verdaderos cambios y conflictos se desarrollan en nuestro interior. El camino del sufrimiento está signado por una búsqueda permanente en el plano material-sensorial como un fin en sí mismo, el cual desemboca en sociedades insatisfechas que procuran permanentemente «nuevas experiencias». En dichas sociedades las personas son educadas casi exclusivamente a encontrar satisfacción en la realidad material-sensorial, olvidando el desarrollo espiritual que les brinde el componente para poder armonizar todos los ámbitos de sus vidas: el altruismo.

Cómo evaluar una situación

El camino del sufrimiento evalúa toda situación como buena o mala basado en el presente y no en relación al objetivo. O sea que el bien y el mal no deberían medirse sólo de acuerdo a

la situación en que se generan, en el presente, sino en relación al objetivo final. Cuando los padres le indican a sus hijos que estudien en lugar de jugar, los niños lo reciben como algo malo dado que en su fase actual de desarrollo la satisfacción momentánea no les permite ver el futuro. Lo que los niños reciben como algo malo, los padres lo imparten como algo bueno. Similar sucede con respecto al desarrollo espiritual de cada ser humano en particular y de la humanidad en general. El tiempo de existencia de cada situación es el período suficiente para que el crecimiento del egoísmo llegue hasta tal grado que la sociedad ya no pueda soportarlo. Es entonces que los hombres se unen, sobreponiéndose y destruyendo dicha situación bajo el propósito común de crear una nueva realidad que substituya a la anterior. Dicha realidad permanecerá el tiempo necesario hasta que los vestigios de egoísmo que hay en ella también se extingan, y así hasta la corrección final de la humanidad. Esto lo observamos a través de las guerras, revoluciones religiosas, políticas y sociales que la humanidad sufre al desilusionarse de los sistemas de vida en que invirtieron sus esfuerzos, por haberse basado tan sólo en la satisfacción presente sin prever los efectos a largo plazo. El fracaso de dichos sistemas es consecuencia directa del desconocimiento de la Esencia espiritual del ser humano, por lo cual desarrollan una educación concentrada casi exclusivamente en el ámbito material sensorial, o sea en una percepción parcial de la realidad. Es así que surgen generaciones de hombres, resultado de sistemas educativos que desconocen los objetivos de la vida y, más aún, ignoran la forma de alcanzarlos. Esta ignorancia incide para que los responsables de la educación colaboren, sin conciencia del alcance de sus decisiones, a justificar y estimular la debilidad humana en lugar de ofrecerle a los seres humanos desafíos en pos de su perfeccionamiento y modelos a imitar que lo conduzcan al bien: al altruismo.

El desarrollo de la humanidad

De acuerdo a la Sabiduría de la Kabalá toda situación que acerca a la humanidad a su objetivo, al altruismo, es buena, y mala la que la aleja. En este principio se basa la ley de desarrollo de la humanidad. Por ello muchas veces lo que parece malo momentáneamente

puede resultar bueno, puesto que lleva al hombre a transformarse y a buscar «nuevos

horizontes». En cambio, lo que en determinadas oportunidades parece bueno y cómodo en el presente, puede crearnos una percepción distorsionada de la realidad, que finalmente termina por diluir la voluntad sumiendo al hombre en estados depresivos y corrompiendo a la sociedad, como el ejemplo, y la posterior explicación de la relación entre padres e hijos antes expuesta.

Libre albedrío

Sin elección no hay desarrollo. La «tensión» generada por el propio esfuerzo en pos de la superación crea el «espacio» que posibilita el discernimiento, expandiendo así la conciencia humana. Lo anterior se asemeja a un rey que quiere darle el reino a su hijo, el príncipe. Sin la preparación adecuada el príncipe no sabrá elegir sus ministros ni juzgar correctamente cada situación. En cambio, a través del aprendizaje y el esfuerzo en conocer todas las

dificultades que su padre el rey enfrenta para gobernar y ser justo con todos los integrantes de su reino, adquirirá la experiencia que lo haga apto para un día ser rey.

Ecología espiritual

La ley de desarrollo de la humanidad actúa permanentemente activando los mecanismos necesarios para que surja la armonía. Es el hombre a través de sus excesos egoístas quien

rompe la ecología espiritual de la Creación, provocando así que rigurosamente la justicia universal devuelva el equilibrio que le permite al mundo subsistir.

Como vimos: sin elección no hay desarrollo. El esfuerzo en pos de la superación es lo que crea el «espacio» para que surja el discernimiento que expanda la conciencia humana hacia el bien universal, el altruismo que nos unifica con el Uno sin segundo: HaKadósh Barúj Hú.

Las festividades y el sentido de la historia

Cada una de las festividades de Israel nos enseña una perspectiva para que tomemos conciencia de otro aspecto de la vida, así como de los parámetros para comprender el sentido la historia. Purim nos transmite la medida más elevada a la cual el hombre debe aspirar: la alegría que surge a partir de la conciencia e implementación del objetivo final de bien. La verdadera alegría sólo se logra a través del altruismo, la tristeza es consecuencia directa del egoísmo. El hombre entristece cuando se concentra excesivamente en sí mismo; por el contrario, quien dirige su energía hacia el bien del prójimo nunca tiene tiempo para estar triste. Sólo quien tiene alegría puede dar. Ello se debe a que somos completos cuando nos asemejamos a lo completo, a nuestro origen, y como HaKadósh Barúj Hú sólo da, ya que ¿de quién va a recibir? cuando el hombre da se asemeja a su raíz, entonces siente vibrar en él la fuerza de lo completo. El ciclo anual de festividades del pueblo de Israel tiene como

propósito el desarrollo constante de un sistema socio-educativo que revele el potencial altruista humano.

Purim, Rosh Hashaná la Simjá Cada Purim nos desafía a revelar otro aspecto de la alegría. ¿Cómo? A través de una comprensión más profunda de la Meguilát Ester cuyo significado es revelar lo Oculto. La oscuridad es tan sólo la falta de Luz, por ello no debemos luchar contra la oscuridad sino poner Luz en nuestros actos. Cuando alcanzamos la alegría alcanzamos lo completo, el altruismo, Su medida. En toda la Meguilá no aparece el nombre de HaKadósh Barúj

Hú. Ello es similar a la Creación: no vemos lo completo debemos revelarlo. Como cuando el romano Turnus Rufus le preguntó a Rabí Akiva, ¿cuáles acciones son más bellas, las divinas o las humanas?. Tras responder las humanas Rabí Akiva colocó delante del romano espigas de trigo y pan preguntándole a su vez cuál prefería. La Creación manifiesta un potencial, un desafío que debemos revelar e implementar. Similar sucede cuando conocemos a alguien: no vemos su interior, sus intenciones, su alma a simple vista, sino que a medida que lo conocemos lo vamos captando. Ocultándose HaShém se revela, y otras veces se oculta revelándose, así también a veces lo hacemos los seres humanos ..

La Meguilá Meguilá significa revelar. La revelación a través de una historia. Hay un rey, una reina, un consejero del rey, una dinámica. A través de la lectura interior de la meguilá se nos revela otra dimensión de la realidad. De la misma forma es en toda la historia. La Meguilát Ester está compuesta por diez capítulos cada uno de los cuales indica una etapa espiritual en el proceso que realiza el alma en el mundo. Mundo en hebreo se dice olám y significa ocultamiento. Cuando observamos superficialmente el mundo parece caótico, sin dirección ni objetivo. Pero cuando lo observamos a la luz de la Torá y de la Kabalá des-cubrimos su propósito y el orden que lo rige: se revela lo oculto.

Un orden superior

El deseo egoísta cree que puede dominar al mundo ya que no percibe un orden superior. El mundo es el reino de la materia, de la multiplicidad, de sensaciones, emociones e ideologías tras las cuales este orden se oculta. Los diez capítulos que conforman la Meguilát Ester nos revelan el mecanismo de ese orden superior. Ajashverosh, el rey del imperio Persa, en el tercer año de su reinado (366 a.e.c.) creyó que había terminado el plazo profetizado por Irmiahu en que los judíos retornarían a la tierra de Israel luego de setenta años de exilio. Ajashverosh creyó que esos setenta años comprendían el lapso desde el exilio del rey Iehoiajín que sucedió unos años antes de la destrucción del Primer Templo de Jerusalem. Como no había señal alguna de que el pueblo de Israel se encontraba preparado para retornar a su tierra, Ajashverosh concluyó que esto era la prueba de que no hay profecía en Israel y por lo tanto no hay un orden superior ni relaciones objetivas de causa-consecuencia que rigen la realidad espiritual. Ajashverosh señala la percepción material-sensorial del mundo. Como la etimología hebrea de su

), jushim (
), jushim (

nombre lo indica: AJashveRosh (

) - los sentidos que nos

Hú. Ello es similar a la Creación: no vemos lo completo debemos revelarlo. Como cuando el

)-

transmiten la percepción sensible pero a su rosh (

)-cabeza le falta la letra Alef (

rosh, cabeza en hebreo es escribe con alef- indicándonos la percepción inteligible capaz de aprehender los principios superiores. Ajashveroshrepresenta al rey de este mundo, el deseo que, como vimos, es innato e inconsciente hasta que lo educamos a discernir en base a principios altruistas. Ajashverosh piensa que puede dominar al mundo, siendo que no percibe un orden superior. Hamán, primer ministro del rey, señala la manifestación del deseo cuando no posee límites, quiere todo y ahora. Mordejai y Ester, en cambio representan el discernimiento capaz de otorgarle a Ajashverosh la forma superior:

altruismo.

Durante el tercer año de su reinado, el rey Ajashverosh hizo un gran banquete con el propósito de exhibir su gran poder al mundo. En medio de la fiesta, el rey Ajashverosh hizo llamar a su esposa la reina Vashtí para que se presente, pero ella se rehusó, tras lo cual él se enojó. Consultó con sus consejeros y concluyó en hacerla matar.

En esta etapa Ajashverosh representa el deseo expresado únicamente a través de la percepción sensible; siente y actúa de acuerdo a lo que sus sentidos le dictan. Es la conciencia mínima que actúa sin prever la consecuencia de sus actos. Ello es lo denominado en el lenguaje espiritual de Israel Tumá.

Capítulo 2

Ajashverosh manda a sus servidores a buscar otra mujer con quien casarse, la futura reina.

Entre las seleccionadas se encontraba una bella mujer judía llamada Ester, quien hallaba gracia ante los ojos de todos los que la conocían.

El vocablo Vashtí implica trama, urdimbre, en otras palabras, maquinar cautelosamente algo contra alguien. Vashtí representa la relación instintiva con el deseo que está destinada finalmente a desaparecer. Entonces surge una nueva conciencia y una búsqueda en pos del ámbito que desarrolle todo el potencial humano. El nombre Ester significa ocultamiento y

contiene la Alef (

Durante el tercer año de su reinado, el rey Ajashverosh hizo un gran banquete con el

) que le falta a Ajashverosh para que su rosh

(
(

) - cabeza se

complete. La Alef señala el principio superior, la raíz de toda la realidad, lo oculto el

desafío en revelar todo nuestro potencial: el altruismo. Ester activa el pensamiento para que alcance el discernimiento inteligible y así aprehenda los principios superiores.

Luego de doce meses de preparación Ester se presentó ante Ajashverosh quien inmediatamente la amó coronándola como reina. Así Ester tomó el lugar de Vashtí en el año séptimo del reinado, en el mes de Tevét. Por consejo de Mordejai, líder de los judíos y quien la había adoptado, Ester no le revelaba a nadie su verdadera identidad.

El deseo altruista no se manifiesta en la Creacion automáticamente y en todo su potencial, sino que lo hace gradualmente, como en todo proceso educativo en el cual el discípulo incorpora los conocimientos en forma paulatina. Aunque, siempre existen «discípulos destacados», los sabios y profetas, quienes se adelantan y alcanzan el discernimiento superior para ayudar al resto. Ester, aconsejada por Mordejai, no le revelaba a nadie su verdadera identidad. Mordejai señala el discernimiento superior, el que conoce el objetivo de la Creación y quien sabe que hasta que los seres humanos no desean la Sabiduría Espiritual para alcanzar el altruismo de nada sirve querer dársela. Nadie puede dar lo que no posee y nadie puede recibir lo que no necesita. Así lo observamos en la historia. El Cristianismo primero y el Islam posteriormente se inspiraron en los principios de justicia que nos legaron los profetas de Israel. Muchos de esos principios los podemos encontrar en las tradiciones espirituales y filosóficas de los diferentes pueblos que integran la gran familia humana, así como en las declaraciones de derechos humanos de los organismos internacionales. El esfuerzo de los líderes de todos los tiempos en tratar de civilizar y otorgar un orden social y espiritual a sus pueblos los condujo naturalmente a la fuente original: La Torá (Pentateuco), los Profetas y los Escritos de Israel (lo tendenciosamente denominado «Antiguo» Testamento). La Sabiduría de Israel está compuesta por la tradición

escrita y la oral. Torá, Profetas y Escritos constituyen tan sólo la tradición escrita. Mishná ,Talmud, Kabalá, Halajá, etc. recogen la tradición oral que es miles de veces más extensa que la escrita. Los textos judíos que las diversas tradiciones utilizaron para formular «sus» objetivos y principios: paz, amor al prójimo, justicia social, armonía, etc., son parte de la tradición escrita judía y explican someramente la forma de implementarlos. Esa información la podemos encontrar en la tradición oral de Israel. Muchos «adoptaron» los Ideales Superiores que la Torá reveló, pero al no haber aceptado el estándar de altruismo que la Sabiduría de Israel propone para ser implementada terminaron adaptando y mezclando ideologías ajenas a la espiritualidad de Israel. Así continuaron pregonando los ideales judíos pero eludiendo lo más importante la forma de llevarlos a cabo, Torá y mitzvót. Ajashverosh se sintió deslumbrado inmediatamente por Ester como el deseo humano se siente naturalmente atraído por los ideales expresados en la Torá, pero aun no fue y no es suficiente para implementarlos.

Mordejai estaba en las afueras del palacio y escuchó el complot que dos de los servidores del rey estaban planeando: Matar a Ajashverosh. Seguidamente, Mordejai le avisó a la reina Ester quien le transmitió el mensaje al rey en nombre de Mordejai. Todo se descubrió y los conspiradores fueron colgados. Este evento fue registrado en el libro de las crónicas del reino.

Algunos piensan que se puede anular el deseo haciéndose monje o escapando de las responsabilidades. La humanidad ya sabe que eso no soluciona al mundo. Mordejai representa la expresión de la Tora en el mundo, prepara la salvación presente y futura del rey Ajashverosh y de su reino, del deseo y la implementación de los principios que logran el altruismo. Así como la salvación del rey por Mordejai quedó registrada, así la Sabiduría de la Torá está registrada desde hace también miles de años. Ajashverosh olvida el episodio en el que Mordejai salvó su vida. En la historia universal la humanidad también olvida la fuente de inspiración original de los principios civilizadores, hasta que los acontecimientos alcancen tal magnitud que necesite realmente implementarlos. En el presente, la manifestación del mal es tan intensa y constante que la humanidad comienza a tomar conciencia que los necesita como el sediento anhela el agua. Sólo cuando el hombre llega a la conclusión de que los Principios Altruistas que la Torá reveló son necesarios puede recibirlos y preguntar cómo implementarlos.

Capítulo 3

Después de todo ello el rey nombró como su Primer Ministro a un hombre llamado Hamán y ordenó que todos se prosternen ante él. Todos cumplieron la orden excepto Mordejai, lo que enfureció a Hamán. Al enterarse de que Mordejai pertenecía al pueblo judío, decidió que no era suficiente matar a Mordejai, ordenó asesinar a todos los judíos del reino. En el mes de Nisán del año duodécimo del reinado de Ajashverosh (357 a.e.c.), Hamán echó la suerte y resultó que los judíos deberían morir en el mes de Adar, once meses más tarde.

De la misma forma que Ajashverosh olvidó el episodio en el cual Ester y Mordejai salvaron su vida, así los hombres olvidan rápidamente que sólo el altruismo basado en la aplicación de los Principios Superiores puede salvar a la humanidad de su peor enemigo, el egoísmo. Cuando debemos resolver un problema, nuestro principal objetivo es lograr su resolución y

no simplemente encontrar el camino más corto o más sencillo. Primero debemos estar seguros de que el camino que elegimos llega a destino y luego analizaremos la forma más efectiva de transitarlo. Las dificultades son parte del camino. El altruismo basado en Principios Superiores es al parecer más difícil, pero es el único camino posible para resolver los problemas de la humanidad. El deseo humano es imposible de anular pues es la fuente de máximo placer. La Toráno nos exige anularlo sino expresarlo en forma superior: mitzvót, los actos altruistas basados en Principios Superiores. El mejor de los sistemas socio-político-económicos está destinado a fracasar mientras el hombre continúe siendo egoísta y corrupto y el «peor» de los sistemas socio-político-económicos finalmente va a funcionar si los seres humanos alcanzamos el altruismo. El egoísmo que debemos corregir es el que se encuentra en nuestro corazón. El rey olvidó que fue Mordejai quien lo salvó. En esta etapa, como muchas veces lo hacen los seres humanos, los líderes y gobernantes cuando no van más allá de lo inmediato, Ajashverosh adopta el camino cómodo y aparentemente fácil delegando sus responsabilidades a un administrador cuyo objetivo es su ego y una burocracia que no discierne en las necesidades de cada individuo sino que simplemente «funcione». Hamán señala esa burocracia que finalmente termina siendo cruel. El discernimiento egoísta, la barbarie no soporta la civilización cuyo objetivo se dirija hacia la acción altruista traducido en nuestro relato como Mordejai el judío. A Hamán, nuestro egoísmo, como a todos los líderes demagógicos, les molesta toda apertura que conduzca al discernimiento altruista. Ellos prefieren adoctrinar creyentes que crean en ellos. Es más cómodo creer que informarse para formarse, saber y dar. Formar creyentes es la técnica de los dirigentes débiles, llámense espirituales o políticos quienes utilizan la demagogia y la ignorancia para mantener a sus pueblos subyugados focalizando su atención en pan y circo y, cuando eso no es suficiente, también con judeofobia. La injusticia es y ha sido en todas las épocas el resultado de una percepción creyente de la realidad. El auténtico líder no es quien exige que creamos en él sino quien cree en nosotros. De ese modo activa lo mejor de cada individuo y así cada uno revela su potencial altruista. Líderes justos y sabios deben ser nuestra exigencia mínima. Pero para que ellos surjan debemos crear las condiciones necesarias invirtiendo nuestros esfuerzos en desarrollar sistemas educativos que enseñen justicia, altruismo y sabiduría.

Capítulo 4

Cuando Mordejai se enteró del complot contra su pueblo envió un mensaje a la reina Ester diciendo que era tiempo de actuar. Ella debía encontrar la forma de pedirle al rey por la

salvación de su pueblo. Ester le pidió a Mordejai que reúna a los judíos de Shushán, capital del Imperio, para que ayunen por ella durante tres días.

Ester y Mordejai representan dos formas complementarias de revelar lo completo. Una oculta y otra revelada respectivamente. Como el aspecto femenino y el masculino. Sin des- cubrir lo que une no se revela la completitud, y si no percibimos completitud no podemos actuar en forma altruista. El mundo oculta un orden superior que se nos revela cuando lo discernimos a la luz de Principios Espirituales. El mundo nos desafía a revelar su orden, a percibir la relación de causa-consecuencia que unifica todo a una Causa Única. La Torá unifica toda la realidad a través de las mitzvót, los actos de bien que nos enseñan a des-cubrir lo que nos une con el prójimo unificándonos en nuestro Origen y Máxima Identidad. Mitzvá es revelar el espacio para percibir lo que ya existe: la Alef. Estos aspectos

se manifiestan a través de Ester y Mordejai. El valor numérico del vocablo hebreo Ester es 661 cuyos dígitos suman 13. El de Mordejai 274 cuyos dígitos también suman 13. El

nombre de HaKadósh Barúj Hú

(
(

) IHV”H suma 26. Ester 13 más Mordejai 13

se manifiestan a través de Ester y Mordejai. El valor numérico del vocablo hebreo Ester es

)superior cuyo

suman 26. También la letra Alef ( valor numérico es 10, una vav (

) está compuesta por la letraiud (

) central cuyo valor numérico es 6 y otra iud inferior (

se manifiestan a través de Ester y Mordejai. El valor numérico del vocablo hebreo Ester es

)cuyo valor es 10. Ello también suma 26, 26 son la generaciones desde Adám a Moshé o sea que 26 generaciones transcurrieron hasta que se reveló la Torá a la humanidad. También 13 son las cualidades en que HaKadósh Barúj Hú se revela y 13 la forma en que el hombre debe imitarlo para ser en El. La Alef que suman Ester y Mordejai (26) le da

finalmente a AjashveRosh la manifestación correcta: la Alef de rosh

(
(

) que le falta

a Ajashverosh, al deseo en su manifestación primaria cuando se revela instintivamente. Ajashverosh, el deseo, tiene dos posibilidades de manifestación 1-Egoísmo-Tumá: Hamán y Vashti o 2- Altruismo-Kedushá: Ester y Mordejai. En Purim debemos elevar toda la realidad a su Esencia Infinita más allá del bien y del mal. Bien y mal es nuestra percepción de la realidad, enHaKadósh Barúj Hú no existe esa dicotomía. Es como la energía eléctrica, si coloco el dedo en el enchufe puedo sufrir graves lesiones si, en cambio, ubico los artefactos en la forma correcta disfruto de su energía. Así es con la energía de la vida, sin Principios Espirituales: mitzvót, el deseo puede destruir y causar sufrimiento en lugar de bienestar y placer. Ester pidió al pueblo de Israel que ante el decreto de Hamán ayunen. Ante una situación límite: vida o muerte, debemos intensificar el altruismo. Así como el mal emplea todos sus esfuerzos en destruir, nosotros debemos estar dispuestos a vivir cada instante de nuestra vida por el bien, el altruismo: la Tora e Israel, la fuerza civilizadora de la humanidad. Por ello la Tora nos prepara en cómo actuar ante cada situación: mitzvót. Ayunar significa en este caso utilizar toda nuestra energía y tiempo para revelar los valores espirituales aun a costa de sacrificios materiales.

Capítulo 5

En el tercer día del ayuno, la reina Ester invitó al rey y a Hamán a un banquete que ella

organizó. El rey curioso le preguntó a Ester qué es lo que deseaba y ella le respondió que al día siguiente prepararía otra fiesta para el rey y para Hamán y allí le contaría al rey su deseo. Hamán estaba contento por el honor que la reina le otorgaba pero al mismo tiempo no soportaba ver que Mordejai se negaba a prosternarse ante él. Zéresh, la esposa de Hamán y algunos amigos le aconsejaron que construya una horca gigante, y que al día siguiente le pida permiso al rey para colgar a Mordejai; así podría disfrutar sin preocupaciones la fiesta de la reina Ester.

Ajashverosh -el deseo- y Hamán -la manifestación egoísta del deseo- dependen de una u otra forma de los Principios Superiores. La Luz no es sino la falta de oscuridad. Sin Ester y Mordejai el deseo se consume a sí mismo. Ester que posee la Alef de Ajashverosh, conjuntamente con Mordejai -el potencial altruista- son quienes conducen al mundo, aunque aparente lo contrario. Lo oculto -la Alef- es quien domina todos los movimientos de lo revelado, dado que a través de los Principios Superiores el deseo encuentra su resolución. Hamán el egoísmo- construye su propia destrucción. La mentira finalmente cae en su propia trampa. Sus consejeros: los pensamientos y emociones egoístas en definitiva

abandonan a la persona ya que se sustentan en la mentira, y cuando ésta desaparece, desaparece su sustento y es como si nunca hubieran existido.

Capítulo 6

Aquella noche, impaciente por lo que la reina iba a contarle al día siguiente, el rey no consiguió conciliar el sueño y pidió que le lean del libro de las crónicas del reino. Allí estaba registrada toda la trama del intento fallido de asesinarlo y de cómo Mordejai le salvó la vida al contarle a Ester el plan de los traidores.

El deseo, ante las dudas y angustias, finalmente busca un orden y re-descubre la verdad que en su momento no estuvo preparado a comprender y aceptar. Los Principios Superiores - LaTorá escrita y oral- nos fue entregada pero, ¿ya la hemos comprendido y aceptado? Ello es similar a la educación: participamos de la clase pero debemos discernir para captar la enseñanza.

Ajashverosh, al tomar conciencia de que le debe la vida a Mordejai, le preguntó a sus servidores si Mordejai fue recompensado por su buena acción a lo que le respondieron negativamente. En ese preciso instante, Hamán que «casualmente» había ido al palacio para pedirle al rey que cuelguen a Mordejai se presentó ante Ajashverosh. Hamán, le preguntó el rey, ¿de qué forma se debería recompensar a un hombre que goza del favor del rey?. Hamán seguro de que Ajashverosh se estaba refiriendo a él le aconsejó que ese hombre debería ser vestido con los ropajes reales y ser paseado por la ciudad sobre el caballo del rey. En ese momento el rey Ajashverosh le ordenó a Hamán que haga todo esto con Mordejai, y sin tener opción, Hamán lo hizo.

Cuando el hombre toma conciencia de los valores que sustentan su vida retorna a su Esencia. Cuando Ajashverosh recuerda el episodio de su salvación por Mordejai, quiere otorgarle a él y a los Principios Superiores que Mordejai representa, el sitial que les corresponde. Pero como aun está identificado con el deseo de recibir egoísta, se aconseja con Hamán, su actual estado de conciencia. Y como el egoísmo sólo quiere recibir para sí siendo que no puede concebir un destinatario mejor, pide todo el honor. El egoísmo finalmente es destruido por el mismo sistema que él creó. El egoísmo evalúa toda situación como buena o mala basado en el presente y no en relación a un objetivo trascendente. Por ello toda cultura y civilización que basa su existencia únicamente en sí misma y en objetivos materialistas está destinada a desaparecer. Ellas son las civilizaciones mutantes de la historia que se van revistiendo en diferentes pueblos y culturas y que adoptan en cada período histórico nuevas formas hasta que surja la Armonía Universal y entonces todos los vestigios de egoísmo desaparezcan.

Luego de lo sucedido en el encuentro con el rey, Hamán volvió a su casa muy deprimido y le contó a su esposa Zéresh, a sus amigos y consejeros lo acontecido. Ellos le advirtieron que si Mordejai era judío seguramente fracasaría ante él. En ese momento los servidores del rey fueron a buscarlo para llevarlo a la fiesta que preparó la reina Ester.

El deseo egoísta también posee seres queridos, amigos y consejeros las acciones, sentimientos y pensamientos egoístas- que se desvanecen cuando la mentira llega a su fin. Ellos conforman la conciencia humana que sabe que la Verdad puede ser ocultada

temporalmente pero que, así como la oscuridad desaparece cuando llega la luz, así la Verdad siempre resurge cuando la mentira agota sus argumentos. Mordejai representa a esa Verdad, la que no pretende imponer sino inspirar a cada ser a utilizar su potencial en forma altruista. «Esa Verdad» puede ser temporalmente ignorada pero tarde o temprano sale con su Luz Infinita y entonces ya no hay fuerza que consiga eclipsarla.

Capítulo 7

Ya en el banquete, el rey le preguntó a la reina Ester cuál era su deseo. Quiero seguir con

vida al igual que mi pueblo, le respondió. Existe alguien que quiere matarnos. El rey le preguntó ¿quién podría querer algo así? Ester le respondió: ¡el malvado Hamán! En ese instante Hamán, en su desesperación le implora a la reina por su vida, tropieza y cae sobre ella. Al ver que Hamán se abalanzó sobre Ester, el rey se enfureció aun más y al enterarse de que Hamán había preparado una horca para colgar a Mordejai, decidió que Hamán será colgado en su propia horca.

Una vez que el deseo -el rey- des-cubre la Verdad y los Principios Superiores, para implementarlos dará todo por ello ya que sabe que constituyen la fuente de la Vida. El mal, el egoísmo desaparece cuando nos confrontamos con la Verdad. Pero no es tan simple, en ese momento debemos tener la fuerza de Ester y Mordejai y estar dispuestos a terminar con lo banal y todas las formas que el egoísmo adquiere en nuestra vida.