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LIDERAZGO MORAL Y GOBERNABILIDAD

Actualmente existe una mayor crisis fundamental de valores, que se manifiesta en las esferas
sociales, económicas y políticas de la vida humana.

Es así que muchas veces se puede identificar que el dinero, la capacidad organizativa, los
conocimientos no son aspectos que faltan para solucionar los graves problemas que afectan a
nuestra sociedad, sino la necesidad de ejercer un indispensable liderazgo moral en los diversos
niveles de gestión gubernamental y por supuesto en la administración privada.

El requisito fundamental para impulsar y conducir el desarrollo de la nación es el ejercicio de un


liderazgo moral comprometido con los valores de la justicia social, la equidad y verdadero
espíritu de servicio, para inspirar esfuerzos sostenidos en la lucha por lograr los cambios
presupuestarios y estructurales necesarios, así como desarrollar la capacidad de manejar
asuntos y responsabilidades gubernamentales con rectitud de conducta, basada en valores y
principios éticos, para realmente mejorar la calidad de vida de la población.

Es por ello que, urge la necesidad de formar líderes capaces de enfrentar con éxito los desafíos
del proceso de globalización, siendo esencial que los directivos de toda entidad pública y
privada asuman su rol como agentes transformadores y que no se dejen absorber por la rutina
de la mecánica administrativa.

En nuestra sociedad y en múltiples organizaciones podemos identificar ciertas formas


predominantes de liderazgo tales como: autocrático, paternalista, manipulador, transaccional y
sabelotodo entre otros, que siguen incapacitando a los grupos que dicen servir, en los que
todos tienden a buscar el control mediante la concentración del poder de decisiones en sus
propias manos, de tal manera que los otros sirvan a su voluntad.

Hoy más que en el pasado, todas las instituciones de nuestra sociedad requieren de un nuevo
estilo de liderazgo, caracterizado por mayores niveles de inteligencia emocional (control de
emociones) e inteligencia espiritual (virtudes y trascendencia), totalmente comprometido con
los valores y principios morales, basado en la investigación independiente de la verdad,
guiando el ejercicio de sus capacidades hacia el servicio del bien común.

El objetivo de este proceso es transformar las potencialidades latentes del individuo en una
realidad viviente en la cual los aspectos físicos, intelectuales y espirituales del ser humano
puedan alcanzar su más alta y noble expresión. Además el segundo aspecto de este propósito
tiene que ver con un complejo proceso de transformación social.

Consideremos que algunas de las principales actividades de un directivo se caracterizan por


tomar decisiones en contextos complejos e impredecibles, asegurar que sean resultables y
sostenibles, gestionar la innovación de productos, servicios y procesos, planificar, organizar,
dirigir y evaluar proyectos estratégicos y operativos, es decir aplicar las funciones del proceso
gerencial, además de conseguir que las “cosas” ocurran cada día y particularmente, liderar
equipos humanos.

En tal sentido, el desempeño de un verdadero liderazgo se debe distinguir por demostrar cada
día la capacidad de encauzar los esfuerzos de las personas hacia la obtención de metas
específicas, mediante el proceso de incentivar y ayudar a los demás a trabajar con entusiasmo
y buena disposición para alcanzar objetivos. Además, tener la firme convicción que el liderazgo
es el factor humano que ayuda a un grupo a identificar hacia donde se dirige y a promover el
bienestar de sus miembros para lograr la autorrealización deseada, a través del excelente
desarrollo de sus valiosos recursos.

Ing. Augusto Mansilla Rodríguez


Catedrático y Consultor en Gestión Empresarial
Gerente General de MBA Consultoría & Capacitación
Empresarial S.A.C.
amansilla@mbaconsultores.org www.mbaconsultores.org
Perú – Lima 11 de enero del 2008