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Los santos Profetas

Si algo tenemos que


conocer del Antiguo
Testamento, en forma
real y verdadera, es la
vida de los Santos
Profetas.
Francisco Martínez A.

Febrero 2009

Fotos de Colorado, Arkansas y Tennessee


En la S. Biblia se llama profeta al que trae
mensajes de Dios. Muchas veces los profetas
avisan cosas que van a suceder en el futuro, y
el Libro Sagrado insiste en que hay que
averiguar si lo que anuncian se cumple o no. Si
se cumple es buena señal, pero si lo que
profetizan no se cumple, es señal de que son
falsos profetas. El oficio principal de un
verdadero profeta es llamar al pueblo a la
conversión y anunciar los males que llegarán si
la gente no se convierte.
Otra de las señales para diferenciar un
verdadero profeta de uno falso es que el
profeta verdadero no acepta sino un solo
Dios, el Dios creador de cielos y tierra y no
rinde culto ni cree en ningún otro Dios.
Además el verdadero profeta se conoce
porque lleva una vida virtuosa, mientras que
los falsos profetas puede ser que por fuera
aparezcan hipócritamente como buenas
personas pero en su vida íntima no son nada
virtuosos.
No todos los profetas nos
han dejado sus visiones
en forma de escritos. De
Elías y Eliseo, por
ejemplo, sólo sabemos lo
que nos narran los libros
históricos del Antiguo
Testamento,
principalmente los libros
de los Reyes.
Los profetas se dividen en dos clases:
Profetas Mayores: los que escribieron
obras de bastantes páginas. Son cuatro:
Isaías y Jeremías, Ezequiel y Daniel. Y
Profetas Menores, o sea, aquellos cuyos
escritos son de muy pocas páginas.
Isaías:
Entre los poetas cuyos escritos poseemos es sin
duda, el mayor Isaías, hijo de Amós, de la tierra de
Judá, quien fue llamado al duro cargo de profeta
en el año 740 a. C., y cuya muerte ocurrió
probablemente bajo el rey Manasés (693-639).
Según una antigua tradición judía, murió aserrado
por la mitad a manos de los verdugos de este
impío rey. En 442 d. C. sus restos fueron
transportados a Constantinopla.
Isaías es el primero de los profetas
del A. T., desde luego por lo
acabado de su lenguaje, que
representa el siglo de oro de la
literatura hebrea, mas sobre todo
por la importancia de los vaticinios
que se refieren al pueblo de Israel,
los pueblos paganos y los tiempos
mesiánicos y escatológicos. Ningún
otro profeta vio con tanta claridad
al futuro Redentor, y nadie, como
él, recibió tantas ilustraciones
acerca de la salud mesiánica, de
manera que S. Jerónimo no vacila
en llamarlo "el Evangelista entre los
profetas".
La Obra consta de tres partes, que corresponden
a tres etapas distintas de la historia de Israel. - La
primera (cap. 1-39) es una colección de
profecías, exhortaciones y amonestaciones, que
tienen como punto de partida el peligro asirio, y
contiene vaticinios sobre Judá e Israel (2, 1-12,
6), oráculos contra las naciones paganas (13, 1-
23, 18); profecías escatológicas (24, 1-27, 13);
amenazas contra la falsa seguridad (28, 1-33,
24), y la promesa de la salvación de Israel (34, 1-
35, 10).
Entre las profecías descuellan las
consignadas en los cap. 7-12. Fueron
pronunciadas en tiempo de Acaz y tienen por
tema la Encarnación del Hijo de Dios, por lo
cual son también llamadas "El Libro de
Emmanuel".
Entre la primera y segunda parte media un
trozo de cuatro capítulos (36-39) que forma
algo así como un bosquejo histórico.
El capítulo 40 da comienzo
a la parte segunda del
Libro (cap. 40-55), con un
trasfondo muy distinto.
Proclama una especie de
liberación al pueblo
exiliado y desterrado en
Babilonia. Los oráculos de
este mensaje fueron
incorporados al libro de
Isaías.
La tercer parte
(cap. 56-66) reúne una colección de oráculos
pronunciados por varios profetas de la escuela
de Isaías, cuando el Resto de Israel ya había
regresado del exilio y trataba de instalarse en la
tierra de sus antepasados.
Fuera de eso, su objeto principal es anunciar el
misterio de la Redención y de la salud
mesiánica, a la cual precede la Pasión del
"Siervo de Dios", que se describe
proféticamente con la más sorprendente
claridad.
No es de extrañar que la crítica racionalista
haya atacado la autenticidad de la segunda
parte, atribuyéndola a otro autor posterior al
cautiverio babilónico.
Contra tal teoría que se
apoya casi exclusivamente en
criterios internos y
lingüísticos, se levanta no
sólo la tradición judía, cuyo
primer testigo es Jesús, hijo
de Sirac
(Ecl. 48, 25 ss.), sino también
toda la tradición cristiana.
Para la interpretación de
Isaías hay que tener presente
lo que hemos analizado
anteriormente
AMÓS:
Amós, el Profeta campesino
"Yo no soy profeta, ni hijo de profeta,
sino pastor y cultivador de sicómoros,
pero el Señor me sacó de detrás del rebaño
y me dijo: Ve a profetizar a mi pueblo Israel".
(Am 7,14-15)
Es un profeta sumamente antiguo. Vivió 770 años antes de
Cristo. Era un pastor y recolector de higos, al cual Dios lo
envió a avisar a las gentes de Israel que si no dejaban de
adorar a los ídolos y si los ricos seguían explotando a los
pobres, les llegarían terribles castigos. Las gentes no le
hicieron ningún caso, y hasta el Sumo Sacerdote Amasías de
Samaria trató de hacerlo callar.
Amós le anunció a este
hombre que a su familia la
iban a destruir y que a
Amasías lo llevarían al
destierro. Todo lo que
Amós anunció se cumplió
a la letra y el pueblo de
Israel fue llevado al
destierro y sus ricos
quedaron en la miseria por
no haber tenido compasión
de los pobres.
Amos ("carga"), vivía en la aldea de
Tecoa, que estaba situada a unos 8
kilómetros al sudeste de Belén y cerca de
20 km al sur de Jerusalén. Amos era
pastor de Tecoa o como el mismo se
describe "soy boyero y recojo higos
silvestres" y también declara que fue
llamado por Dios a profetizar a Israel. No
era un profeta reconocido, sino un
campesino que sintió el llamado de
advertir a su nación de las ruinas que su
comportamiento le acarrearían.
Profetiza en el norte (Israel) durante un breve
período en el reinado de Jeroboam II (784-740
A.C) y durante el tiempo de Uzias (780-740) de
ahí, y de la similitud de su nombre (Amos-Amoz),
hay quienes especulan que pudo haber sido
padre del profeta Isaías. Comienza a profetizar
dos años antes que sucediera un terremoto que
él quizá lo haya anunciado al declarar " El Señor
rugirá desde Sion".
Amos y Oseas fueron
profetas en la misma época
y aunque ambas
profetizaron acerca de los
pecados de Israel, hay
diferencia de estilo entre
ambos. Óseas es mas
ferviente, en tanto que Amos
presenta con gran calma su
declaración de los juicios de
Dios.
Amos nos habla de los juicios que iban a
caer sobre las naciones vecinas que habían
perjudicado a Israel. Los juicios se
proclaman contra: Damasco, los filisteos,
Tiro, Edom, Amon, Moab, Juda e Israel. El
libro termina con una promesa de
restauración futura de la nación.